FAIL (the browser should render some flash content, not this).

 

Crisis de gobernabilidad e identidad en Argentina



(Fotografía: Jerusalem This Week)

Sin lugar a dudas, observar y comparar a Argentina con los mismos parámetros que hace 10 años atrás, hoy en día es inviable e, incluso, descabellado. La parálisis en la gestión gubernamental que ha sumido al país por cerca de 8 años en la más gran incertidumbre, ha generado serias consecuencias al interior de los diferentes grupos sociales que integran el gran Estado argentino, provocando además crisis de identidad en una completa generación de argentinos. Lo anterior, aunque tenga ribetes apocalípticos, es simplemente la visión del acontecer actual con un punto de vista objetivo y realista, en conjunto con los hechos que han acontecido en aquel país desde comienzos del presente siglo.

Por Lester Cabrera Toledo
18 de noviembre, 2008


Obviamente, aquello es a su vez, producto de otras circunstancias y decisiones que se tomaron décadas atrás, especialmente en el primer período de la administración Menem. Pero no obstante aquello, se ve un punto de inflexión entre las anteriores administraciones, la crisis de los años 2001-2002, y las posteriores administraciones, el cual puede ser considerado como de no retorno, e incluso un “fin de la historia” a la Argentina. Los hechos avalan aquella hipótesis. Dichos como “que se vayan todos”, no es precisamente una muestra de continuismo o incentivo de alternancia en el poder político por la ciudadanía, sino simplemente una opción radical, frente a una clase política altamente desgastada y deslegitimada por sus propios gobernados.

Esta problema de gobernabilidad que se arrastra desde la crisis económica que azotó al país hace casi 6 años aproximadamente, tal como se mencionó antes, no solamente se puede visualizar en el escalafón político de la nación, sino que también en la sociedad misma, generando así una crisis de identidad, tanto con el gobierno de turno, como con los diferentes grupos intermedios que componen la sociedad. Bajo el anterior prisma, es posible entender con una mayor claridad, las actuales crisis que enfrenta el país: el conflicto del agro, y las iniciativas gubernamentales para estatizar los fondos privados de pensiones.


Los Kirchner y los conflictos actuales

Néstor Kirchner, a los ojos del no nativo argentino, puede percibirse como un verdadero “salvador” del país, tomando en cuenta la pésima condición en que heredó a la Argentina al asumir el gobierno, y como dejó al país al finalizar su mandato. Obviamente, esto también tiene sus bemoles, ya que las críticas a su gestión también son múltiples y de diversa índole. Por lo tanto, tampoco parecía extraño el hecho de que su esposa y Senadora, asumiera el gobierno como una forma de continuidad y de respaldo al saliente mandatario. Pero aquello no significaba necesariamente que tuviera el mismo grado de adhesión, así como también el mismo estilo de gobernar. Y es ahí donde se encuentra el meollo del asunto.

Cristina Fernández de Kirchner está actualmente enfrascada en problemas que no son propios de su administración, sino que derivan, como ya se mencionó, de la crisis económica de comienzos de siglo, así como también, a opinión de algunos analistas, del despilfarro económico acontecido durante las dos administraciones anteriores. Aquello, sumado a los consecuentes problemas de gobernabilidad, han aumentado las diferentes crisis de identidad en el pueblo argentino, manifestándose principalmente en la dicotomía gobierno y grupos intermedios, tales como el sector agrícola, y ahora los pensionados.

La pugna además, no queda delimitada en aquellas esferas, sino que hace participe a la sociedad en su conjunto, aumentando las divergencias y conflictos entre las posturas contrapuestas, al mismo tiempo que se sigue abriendo una brecha importante en el pueblo argentino. Lo anterior no significa una guerra civil ni mucho menos, pero tampoco se puede negar que el grado de conflictividad ha ido en creciente aumento, a medida que transcurre la administración de la señora K.

Para algunos, esta crisis pasa simplemente por mirar el actual funcionamiento económico del gobierno. Aquello significaría entonces, dejar de lado otros problemas que están en el fondo del sistema, y que sobrepasan la contingencia económica, como por ejemplo la excesiva burocracia y la alta corrupción. Tal vez, ese sea el principal problema de esta crisis, mirar sólo una cara de la moneda.


¿Y dónde queda la imagen país?

“Argentina tiene que ser reconstruida desde cero”, plantea un importante catedrático argentino para una cadena internacional de noticias. Argumenta que gracias al pésimo manejo macroeconómico, Argentina se encuentra al borde del default. Por lo tanto, y para evitar una crisis similar a la acontecida a comienzos del presente siglo, el Estado necesita recursos frescos. Pero como no ha cumplido con sus obligaciones internacionales, es muy difícil poder recobrar las confianzas para pedir créditos externos. ¿Y si se agrega además, el escándalo de la valija con fondos venezolanos, supuestamente, para el financiamiento de la campaña de la actual mandataria? ¿Dónde queda la imagen de la clase gobernante albiceleste, a ojos de la comunidad internacional?

Lo anterior no debiera importar en demasía. Geopolíticamente hablando, Argentina es un país de gran importancia, principalmente para Sudamérica, tanto por sus habitantes, como por su territorio. Es un Estado con niveles de Desarrollo Humano alto, y con recursos naturales que le permiten tener buenas expectativas de crecimiento. Pero una cosa es tener la materia prima, y otra muy distinta es saber elaborarla y darle valor agregado. He ahí el principal problema de Argentina. Enfrascados en nimiedades, y con una falta de visión en el largo plazo, se están pagando crudas consecuencias de lo que hubieran podido ser, versus lo que son realmente ahora.


Lester Cabrera Toledo

VOLVER