Brasil
intenta imponer su política en América
Latina
Brasil nació como un imperio.
A comienzos del siglo XIX, luego de
la invasión napoleónica a la península
Ibérica, la casa de Braganza se trasladó
a Río de Janeiro en donde se coronó
emperador a Pedro I. A fines de la
década del 90 del siglo XX, Brasil
retomó algunas de sus ambiciones imperialistas
pero las adaptó a la época del reinado
del capital financiero al expandir
sus empresas por todo el continente
sudamericano y los préstamos a los
gobiernos latinoamericanos a través
del Banco Nacional de Desarrollo Económico
y Social (BNDES).
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
21 de diciembre, 2008
Precisamente, esta
entidad contribuyó a acrecentar la discordia
entre Ecuador y Brasil por la deuda
contraída a raíz de la construcción
de la central hidroeléctrica de San
Francisco que una vez finalizada va
a aportar el 12 % de la energía consumida
por Quito.
Hace quince días la ministra de Exteriores
ecuatoriana Elsa Viteri anunció que
va su país va a llevar a un tribunal
internacional el caso de la deuda ilegal
adquirida por gobiernos anteriores y
que Ecuador va a caer en un “default
responsable”, y va a honrar solamente
sus compromisos legítimos.
Una gran parte de esta deuda se generó
cuando el BNDES le realizó un préstamo
a la empresa brasileña Odebretch para
la construcción de la usina de San Francisco,
cuya terminación se vio aplazada en
octubre cuando el presidente ecuatoriano
Rafael Correa expulsó a la compañía
acusándola de corrupta. De acuerdo con
el contrato, la deuda con el BNDES iba
a ser reconocida por el Estado Ecuatoriano,
pero Correa considera que ese compromiso
es ilegítimo, ya que Odebretch no cumplió
con la construcción de la central hidroeléctrica.
La deuda que Ecuador le cuestiona al
BNDES es la mitad de los US$ 500 millones
que recibió, mientras que el conjunto
de los países latinoamericanos le deben
al mismo banco US$ 1.900 millones. Argentina
es el principal deudor con US$ 630 millones,
por eso nuestro país sería el principal
afectado si el gobierno brasileño cumple
las amenazas de cortar los préstamos
a los países latinoamericanos si se
llegara a conformar un bloque de países
morosos incobrables.
Los miembros del ALBA (Alternativa
Bolivariana para las Américas) como
Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia
y Honduras apoyaron la decisión de Correa
y denunciaron el plan expansionista
económico brasileño en el continente.
En tanto, Venezuela y Bolivia también
anunciaron que también van a auditar
parte de su deuda.
Sin embargo, si nos detenemos a analizar
el origen de varias de las deudas más
importantes que tienen los países latinoamericanos
con los bancos brasileros, casi todas
están relacionadas con el sector energético.
Por ejemplo, la semana pasada Fernando
Lugo, presidente de Paraguay, siguió
el camino de su par ecuatoriano y anunció
que podría desconocer la deuda por la
construcción de la central hidroeléctrica
de Itaipú contraída en 1985 durante
la dictadura del General Stroessner.
Lugo no tiene base política suficiente
dentro de su país como para oficializar
la propuesta que le hizo a Lula acerca
de que cada Estado deba pagar un porcentaje
proporcional a la cantidad de energía
utilizada en Itaipú, ya que el Partido
Colorado la vetaría inmediatamente.
Paraguay sólo utilizó un 3 % de la energía
de Itaipú desde 1985, mientras que Brasil
aprovechó el 97 % restante.
Por ahora la posición argentina consiste
en mantener el silencio, ya que si llegase
a cuestionar alguno de los préstamos
otorgados por el BNDES, debería aceptar
la desigualdad que hay con respecto
a la otra represa binacional que comparte
Paraguay - Yacyretá - ya que el gobierno
de Lugo pretende también revisar el
acuerdo firmado con nuestro país.
El sector energético ha ido creciendo
en Brasil desde hace una década. Hasta
el año pasado las escasas reservas de
petróleo lo llevaron a desarrollar junto
con los EE.UU. una política conjunta
de biocombustibles para poder repartirse
el mercado mundial. Asimismo, el descubrimiento
de importantísimos campos submarinos
de hidrocarburos sumado a la expansión
de Petrobrás en todo el continente impulsaron
a Brasil al lugar de potencia mundial
energética y en el líder indiscutido
de la región, que además influye directamente
sobre las políticas energéticas de sus
vecinos.
El canciller brasileño, Celso Amorim,
justificó su exigencia de cobrar hasta
el último centavo y de no ceder ante
las presiones del ALBA con esta frase:
“No somos una potencia colonial, sólo
nos regimos por las reglas del mercado
internacional”. Estas palabras confirman
el tipo de relación que Brasil pretende
tener con el resto del continente.
A partir de mañana va a comenzar en
Salvador, Bahía, la Primera Cumbre de
América Latina y el Caribe sobre integración
y desarrollo, en donde no puede estar
exento el tema de las deudas de los
países latinoamericanos con el BNDES.
Sería una lástima que América Latina
no aprovechara la oportunidad de integrarse
legítimamente para hacer frente a la
crisis, evitando caer en otra esfera
de influencia de dominación financiera,
encabezada en esta oportunidad por Brasil.
Maximiliano Sbarbi
Osuna
Periodista y Director
sitio Panorama Mundial de
Historia y Actualidad
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