Relaciones
Chile-Perú: mutuamente dependientes
“Chile, país hermano”, me dijo con
un tono un tanto irónico un oficial de
policía internacional, en el aeropuerto
Jorge Chávez de Lima. Me miró detenidamente
y me preguntó, entre divertido y desafiante:
“El pisco, ¿es chileno o peruano?”… Entonces
recordé que incluso la papeleta de inmigración
prohíbe la entrada de cualquier bebida
alcohólica no peruana que tenga la denominación
“Pisco”. Claramente no era momento para
bromas.
Por Nicole Saffie Guevara
26 de febrero, 2008
Ese tema, tan recurrente en el país vecino, es sólo un elemento más en nuestra compleja relación. Irremediablemente marcada por la Guerra del Pacífico, conflicto bélico que pese a haber acontecido en un lejano siglo diecinueve (1879-1884), sus huellas siguen frescas no sólo en la memoria colectiva de los peruanos, sino en las mismas calles de Lima.
Basta pasear por Barranco, donde junto al famoso “Puente de los suspiros” se encuentra una pequeña iglesia que sólo mantiene en pie su fachada; del resto del edificio apenas queda parte de su estructura de adobe. El guía se apresura a decir al grupo de turistas "canadienses, australianos, estadounidenses y tres chilenos" que la capilla fue destruida por el Ejército de Chile durante su invasión a la capital peruana.
En el barrio de Miraflores aún se pueden ver las trincheras que usaron para defenderse los soldados peruanos; y los comentarios sobre tan funesto hecho son recurrentes por cualquier guía turístico, ya sea que el lugar que se visite sea la Plaza Mayor, el Museo de Arte o el malecón que bordea la playa.
Sin embargo, la ira que causó la invasión a Lima en el pasado, ahora es provocada por una nueva “invasión”: la de los capitales e inversiones chilenas. Falabella, Ripley, Casa&Ideas, Farmacias Ahumada, Rosen y Lan, son sólo una pequeña muestra de la larga lista de empresas nacionales que se han instalado en el país vecino.
La indignación máxima de la población fue provocada recientemente con la compra por 500 millones de dólares de los supermercados Wong, todo un símbolo del nacionalismo peruano, por Cencosud, la empresa de retail chilena encabezada por Horst Paulmann. “Mucha gente ya no compra en Wong desde que lo compraron los chilenos”, me dijo una chica limeña.
En un país donde el eslogan que más dividendos rinde es “Producto 100% peruano”, se puede comprender la molestia que causa en la gente que sus empresas sean compradas por extranjeros, peor aún si éstos son sus vecinos del sur. Los que, además, son el foco constante de las ácidas críticas de los más diversos columnistas en las páginas principales del diario El Comercio, el equivalente limeño de El Mercurio.
Sin embargo, un hecho es irrefutable: Ambos países se necesitan mutuamente. Entre los años 2002 y 2007, las exportaciones peruanas a Chile crecieron de 202 millones de dólares a 1.6 billones. Por otra parte, si bien las exportaciones chilenas al país vecino tuvieron un incremento menor "de 466 millones a 1 billón en el mismo periodo", las inversiones sí han aumentado notablemente, alcanzando los 1.27 billones de dólares sólo el año pasado. Esto representa un 26% de las inversiones chilenas en el exterior y cuadriplica el monto invertido en el mercado peruano en 2006.
El carácter de urgencia al Congreso que solicitó la Presidenta Michelle Bachellet para el Tratado de Libre Comercio con Perú, es otro elemento que demuestra la importancia que tienen las relaciones comerciales con nuestro vecino, pese a la reciente demanda que éste presentó ante la Corte de Justicia de la Haya, para resolver el tema de los límites marítimos.
Es que, a pesar de los problemas políticos y el recelo con que se mira muchas veces a Chile, ambos países se necesitan mutuamente. Esto lo saben los peruanos, en especial los limeños de barrios como San Isidro, Miraflores o La Molina, que deben aprender a convivir cada vez más con sus nuevos vecinos chilenos, mientras comen galletas Costa y toman vino Concha y Toro.