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Cuarto Mundo y Globalización




Mucho se habla y se polemiza sobre el proceso de globalización actual con sus consecuencias y efectos contraproducentes para los pueblos Tercermundistas que, desde mis perspectivas, continúan despeñándose por unos muros asimétricos que ya se han convertido en abismales e inhóspitos barrancos por los que cada vez más retroceden, sin límites de espacio y tiempo, a las estrecheces infrahumanas de lo que pudiera ya calificarse como una situación de Cuarto Mundo.

Lázaro Rosa
19 de julio, 2008

Si bien es cierto que en el seno de los países emergentes se ha configurado un grupo de estados de vanguardia representados por Rusia, China, India, Turquía y Brasil, que continuamente manifiestan un ascendente y estable crecimiento en el orden económico (no en el aspecto social pues aún en estas mismas naciones se observan marcados niveles de pobreza) no se concibe que en nuestros tiempos sigamos hablando de un Tercer Mundo cuando en la práctica, en las décadas más recientes, la brecha que siempre ha separado a las naciones pobres de las pudientes e industrializadas, se ha hecho cada vez mayor ampliándose, de tal manera, que por sus ásperas diferencias parece que coexisten dos planetas dentro de nuestra propia aldea global. Las naciones ricas del norte siempre han conformado el núcleo central del avance tecnológico en el mundo relegando a un plano insignificante a las que se encuentran ubicadas en las zonas meridionales.

La llamada globalización no ha sido otra cosa que el acrecentamiento de la disparidad existente entre los sujetos gestores de las relaciones internacionales actuales, fundamentalmente, a la hora de tomar decisiones que puedan promover cambios en el panorama político mundial. Es un proceso que viene dado, antes que nada, por el desarrollo acelerado de las altas tecnologías que han despuntado, sobre todo, en el área de las comunicaciones, permitiendo que un comunicador social, desde una supuesta oficina en Bilbao, esté bien actualizado o en contacto ininterrumpido, con los corresponsales que informan sobre los acontecimientos que se estén produciendo en la remota isla de Timor Oriental. Esto es sólo un ejemplo.

El mundo hoy en día parece más pequeño que nunca, es algo indudable, se han acortado todas sus distancias. Pero esta realidad no ha conllevado a que los crónicos problemas sociales y de marginación que padecen las naciones sureñas de Latinoamérica, África y el Asia de los monzones hayan sido resueltos sino que, por el contrario, se han multiplicado de una manera alarmante.

Mientras se habla de que Suecia y Noruega tienen evidentes y elevados logros en materia de desarrollo humano que hacen de estas dos naciones escandinavas paraísos de acogida para los niños recién nacidos, en el Oriente Medio, en Colombia y en el África nororiental y central, se registran a diario miles de muertes entre civiles indefensos por los efectos de las guerras tribales y los atentados terroristas de los ya conocidos grupos sectarios y extremistas.

Esto tiene su propia expresión en Irak, ya sea por la guerra entre comunidades religiosas como los Sunníes y Chiítas, o, por los combates y emboscadas sangrientas que llevan a cabo los insurgentes armados en contra de los ocupantes militares estadounidenses. Por otro lado, en Afganistán, los rebeldes talibanes (con sus tácticas de lucha de guerrillas) combaten apelando a la violencia, en sus formas más cruentas, por derrocar al gobierno de este país que se sostiene apuntalado por las potencias del mundo occidental. Al Qaeda se empeña en atacar y contraatacar con sus acciones suicidas en diferentes partes del planeta y no cesa de hostigar y amedrentar a los ciudadanos norteamericanos a través de los mensajes y videos grabados, por su líder, en internet. De otra parte, el cuerno africano, en especial Somalia, se asemeja a un polvorín donde se dan constantes masacres por los frecuentes estallidos de unos choques civiles internos que en ocasiones parecen ponerse totalmente fuera de control. Con tales antecedentes debemos hacernos entonces la siguiente pregunta ¿a qué tipo de globalización es la que estamos asistiendo en nuestros días?

Las violaciones a los derechos humanos se están dando hoy con inusitada frecuencia, incluso, dentro de las naciones altamente industrializadas del primer mundo donde en lo fundamental los inmigrantes se tropiezan a diario con nuevas manifestaciones de discriminación y racismo de tipo cultural. Los propios EE.UU se han valido de este proceso global para imponer en el mundo los fuertes sellos de su influencia y sus legítimos estilos de una moda muy seguida en todos los patrones de la vida social, más que nadie, por los jóvenes.

Volviendo al tema de la discriminación cultural debo decir que es frustrante conocer el hecho de que para los anglófonos del mundo técnicamente avanzado los refugiados que llegan a sus países (proviniendo de otras lenguas y nacionalidades y por no hablar fluidamente el idioma inglés) son mirados y considerados como individuos de segunda categoría y rebajados en su condición humana. Esa una pena pero hasta esos límites se ha llegado. En algunas naciones europeas y en América del Norte están resurgiendo con extraordinaria fuerza los grupos neonazis. Incluso en la nueva Rusia estas organizaciones han llevado a cabo linchamientos de personas, generalmente jóvenes, pertenecientes a minorías o grupos étnicos del interior de este gigantesco (multicultural país) que tiene extensiones territoriales continentales.

Hablando en términos políticos, pasando a otro tema, debe tenerse en cuenta que no menos graves en la actualidad es la decisión del gobierno de los EE.UU de emplazar un polémico escudo antimisiles dentro de países de Europa Oriental, específicamente, en la República Checa y Polonia. Según la Casa Blanca este escudo es vital para proteger a América del Norte y a los países de la Unión Europea de un eventual ataque nuclear por parte de Irán.

Ahora bien, existe el problema de que Rusia se opone de una manera encendida a esta decisión tomada por Washington, alegando que su seguridad nacional se ve seriamente amenazada en su parte europea. Por esta razón el presidente Vladimir Putin le ha propuesto muchas veces a su colega estadounidense George Bush el reemplazo de Chequia y Polonia por una base militar rusa en su vecina Azerbaiyán. De esta manera los dos países (EE.UU y la Federación Rusa) desarrollarían un proyecto de protección conjunta pero, al parecer, la idea del Kremlin no ha sido bien recibida por los altos funcionarios de la Casa Blanca que hasta el momento siguen prestando oídos sordos ante las proposiciones de Moscú.

A mi juicio la verdadera preocupación de Washington se debe al vigoroso crecimiento económico de potencias regionales como China, la India y la misma Rusia y, a la constante ampliación de las fronteras de estas poderosas naciones emergentes en el ámbito de sus intercambios comerciales. El mismo mandatario estadounidense ha reconocido públicamente, en varias ocasiones, que es muy difícil llevar una estrecha relación con estos crecientes gigantes.

Los EE.UU se preocupa más que nada por tener el control de las nuevas y vastas reservas de hidrocarburos que recientemente han sido descubiertas bajo las aguas del inmenso lago Caspio y en los territorios de las ex repúblicas soviéticas del Asia Central. Téngase en cuenta que para la administración Bush los asuntos referentes a las reservas de crudo que aún puedan quedar en el planeta son considerados como temas prioritarios y de seguridad nacional para su país.

Otro punto muy delicado que suscita interés en mi análisis es, precisamente, la situación que se está dando con Irán. Esta nación se ve cada día más aislada dentro del contexto político mundial debido a la postura de bloqueo y sanciones que, a través de los organismos internacionales como la ONU, mantienen la administración Bush y sus contrapartes europeos al continuar presionando al gobierno ultranacionalista de Mahmoud Ahmadinejad, como consecuencia del desarrollo de su ya mencionado programa de energía nuclear.

Para ser sinceros debemos reconocer que ni la misma Agencia Internacional de Energía Atómica, hasta el día de hoy, ha podido tener evidencias que puedan hacernos pensar que en las instalaciones nucleares iraníes se estén desarrollando secretamente materiales militares de destrucción masiva. Es algo difícil de comprender entonces cuáles serán las razones morales que tiene el presidente estadounidense para que junto a sus halcones militares del pentágono esté planeando bombardeos sorpresivos con el fin de destruir los objetivos estratégicos iraníes incluyendo sus reactores atómicos. Máxime cuando otras naciones de la misma área (aliadas por supuesto de EE.UU) cuentan con armamento de tipo nuclear y no se enfrentan a campañas agresivas similares. Me refiero, por ejemplo, a Pakistán.

Además, en su visita última al subcontinente indio George Bush suscribió con el primer ministro Dr Monmahan Singh, un acuerdo bilateral mediante el cual los EE.UU les comenzaría a vender a Nueva Delhi plantas nucleares con las más avanzadas y altas tecnologías. Aquí, antes que nada, se notan los fuertes intereses económicos estadounidenses. La política exterior de esta superpotencia nunca pierde su pragmatismo que depende, al cien por ciento, de su abultada agenda comercial. Los EE.UU llevan siempre a sus enemigos a las esquinas, contra las cuerdas, del convulso panorama actual de las relaciones internacionales. Sin embargo a sus amigos, hagan estos las fechorías que hagan, les acepta sus acciones irresponsables y sus excusas evasivas.

Necesito retroceder un poco en el tiempo para recordar que la Guerra Fría fue un escenario de grandes tensiones político-ideológicas entre los bloques, diametralmente opuestos, integrados por los países del este de Europa que conformaron el Pacto de Varsovia y, del otro lado, los estados miembros de la OTAN. Este fue un escenario donde se vivió, a diario, bajo los efectos del alto espionaje secreto llevado a cabo por la KGB soviética y la CIA. Donde hubo además un desarrollo vertiginoso de la carrera armamentista sobre todo en lo referente a la construcción de los más novísimos y costosos equipos de aniquilamientos masivos.

En esta etapa de la historia las cosas nunca pasaron de las amenazas y las aguas jamás desbordaron el tenebroso río de lo que pudo haber sido una cruda y lamentable confrontación atómica entre Washington y Moscú. Durante esta época lo que nunca pudo hacerle la extinta Unión Soviética a los EE.UU (ni aún poseyendo la primera sus insuperables misiles intercontinentales SS- 20) lo llegaría a efectuar tiempos más tardes la organización terrorista Al Qaeda, liderada por el árabe Osama Bin Laden, al destruir las torres gemelas del World Trade Center de la ciudad de New York.

Muchos creíamos, hasta llegábamos a asegurar, que tras la caída del muro de Berlín y la desaparición del comunismo de la Europa Oriental, el planeta se convertiría en un paraíso donde primara la paz y la solidaridad internacional. En una aldea feliz donde nunca se repetirían hechos como los de la Primavera Sangrienta de Praga pero, a decir verdad, la vida práctica, se encargó de demostrarnos que estábamos del todo equivocados, muy alejados de la rotunda realidad.

Todo lo contrario, en nuestros tiempos se han visto resurgir nuevas tensiones globales y se está observando un acelerado rearme armamentístico por parte de una nación como Rusia que ahora construye submarinos atómicos, de quinta generación, provistos de misiles Bulova que cuentan con diez hiperpoderosas cabezas nucleares cada uno. Israel y otros estados también siguen construyendo, más recientemente, armamentos de destrucción masiva dado que las cinco antiguas potencias tradicionales no han continuado con la reducción de sus ya conocidos y enormes arsenales nucleares. ¿Estamos observando entonces el desarrollo de una nueva versión de otro tipo de Guerra Fría de baja intensidad?. Esta pregunta puede que nos venga a la mente cuando vemos las grandes tensiones que existen ahora entre naciones vecinas como la India y Pakistán.

Hoy en día es muy difícil augurar para nuestra aldea global un futuro de paz por las siguientes razones: de una parte el terrorismo internacional con sus acciones vandálicas, marcadas por el sectarismo, que cobran cada vez más vidas humanas inocentes. De otro lado las impredecibles luchas que se pueden dar en diferentes regiones geográficas, como consecuencias de los actos que llevan a cabo los movimientos separatistas y ultranacionalistas, al interior del territorio de varias naciones.

Con la desaparición de la Unión Soviética, en la Rusia actual, en los años noventa se llegó a una guerra intestina que trajo consigo la muerte de miles y miles de civiles y que ciudades enteras quedaran arrasadas, como el caso de Grozny, la capital de Chechenia. También surgió otro conflicto de alta intensidad entre Azerbaiyán y Armenia por el control de Nagorn y Karabaj. Esta última contienda produjo la muerte de casi treinta mil personas y cerca de un millón de refugiados. Parece que nuestro planeta sigue convertido en una tribu incendiaria que no conoce el reposo de las guerras. Lamentablemente esa es nuestra actualidad de cara a los acontecimientos.

La globalización se ha dado como un proceso envuelto en tinieblas que continúa trayendo muy buenas cosechas para unos pocos países del área privilegiada del eje central de la tierra, mientras, a la gran mayoría de las naciones pequeñas y atrasadas del África, Latinoamérica y el sur de Asia, las ha arrastrado hasta las exclusiones sociales propias de un desvirtuado Cuarto Mundo.

La emigración anual desde los países pobres hacia los ricos lejos de disminuir se hace un fenómeno ascendente con sus secuelas cada vez más nocivas y alarmantes. Si hace una década atrás los emigrantes que escapaban en un año desde África y América Latina, hacia Europa y Norteamérica, se contaban en dos millones, ya en nuestros días esa cifra puede que se haya triplicado.
La situación económica en general del continente africano tiene en la actualidad como rasgo característico la desintegración. Las necesidades vitales de la población, si miramos al seno de esta gigantesca región geográfica, no son compensadas con los productos que se elaboran dentro de sus fronteras. Increíblemente en esta zona la economía sigue siendo extractiva y depredadora con el medio natural, casi al cien por ciento, además de encontrarse sumida mayormente en un grado de subsistencia.

En el África los servicios de todo tipo son de pésima calidad y los gobiernos de las diferentes naciones apenas ofrecen prestaciones a sus pueblos. En este continente aún los ferrocarriles y las carreteras datan, en su gran mayoría, de la pasada etapa colonial cuando fueron construidos. En un país como Costa De Marfil la mortalidad infantil es de 118,3 por cada 1000 nacidos vivos y la esperanza de vida al nacer es solamente de 45,4 años. El analfabetismo en este lugar alcanza el 39,2 % entre los hombres y el 61,4 % en las mujeres dado que el gasto en educación representa tan sólo el 4,6 % del PIB. Estos datos tienen una gran similitud con el resto de los países del África Subsahariana, tomados en su conjunto, donde además las violaciones a los derechos humanos se dan de una manera constante.

Quiero citar también el caso de Bangladesh (en el Asia de los monzones) donde la realidad social, política y económica es duramente crítica. Esta nación casi vive en una situación de tragedia humanitaria nacional, agravada por las grandes catástrofes naturales, los ciclones, que padece año tras año. Aquí una excesiva densidad demográfica (la población pasa de los ciento cuarenta millones de personas para un territorio que es apenas del tamaño de Cuba) hace que sus habitantes mal vivan teniendo las carencias más absolutas de todos los productos básicos e indispensables que se necesitarían para lograr un adecuado, mínimo, nivel de desarrollo humano.

No sé si coincidirán con mis puntos de vista. Después de este somero análisis que he hecho del mundo actual yo sigo asegurando que el proceso de globalización de nuestros días beneficia, como siempre lo ha sido, a un grupo de países mientras, la gran mayoría, se ve eclipsada de los grandes éxitos tecnológicos.

Lázaro Rosa
Licenciado en Educación y Profesor de Historia del Mundo Contemporáneo. Cubano radicado en Canadá.

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