Desequilibrio,
la visión de un cubano
(Fotografía:
Time.com)
De ninguna manera Castro podrá ser
absuelto por la historia. No afirmo esto
por el único hecho de estar hablando desde
la acera de sus acérrimos detractores,
sino, sencillamente, porque la justicia
y la razón no deben correr el riesgo de
absolver a caudillos enfermos por sus
persistentes delirios de grandeza.
Lázaro Rosa
8 de enero, 2008
En primer lugar, sean cuáles hayan sido
sus méritos personales ¿qué fue lo que justificó
que este hombre haya secuestrado el poder
político en Cuba para estarlo dirigiendo
aún desde la cama, a sus ochenta y dos años
y con una enfermedad irreversible, después
de casi cinco décadas de haber gobernardo
la isla a la manera de un cuartel? ¿Qué
fue lo que justificó que este señor haya
puesto en una ocasión al planeta al borde
de una guerra nuclear (crisis caribeña de
los misiles de 1962) en la cual Cuba, precisamente,
hubiese sido el primer objetivo en desaparecer
junto con su pueblo?. ¿Es qué acaso Castro
se adueñó del poder para incrementar sus
agravios seudorevolucionarios por medio
de sus continuas batallas ideológicas?.
De nada sirvió entonces que los cubanos
saliéramos de ese bien conocido general,
y mestizo, llamado Fulgencio Batista. ¿Qué
ganamos entonces con quitarnos de encima
a una dictadura de economía próspera, que
llegó incluso a conservar intacto nuestro
ancestral nacionalismo, para caer en manos
de un pertinaz guerrillero que ha conducido,
al aniquilamiento, a todo aquel que ha pretendido
interponerse entre los férreos caminos de
su fraguada revolución universal?
Para catalogar, con ánimo
de sinceridad, estos cincuenta años de dominio
Castrista en la isla, hay que tratar de
ser lo más objetivo que se pueda y echar
a un lado el odio y las diferencias doctrinales.
Al comparar la Cuba de 1958 con la actual
casi todos se van a los terrenos de la educación,
la salud pública y la economía, sin tener
en cuenta otros aspectos, de vital importancia
para la sociedad, que también han sido vulnerados
durante la oscura etapa comunista.
Por ejemplo ¿quién habla de las familias
cubanas y su descomposición por factores
ideológicos? ¿Antes de que llegara Castro
al poder se notaba en la nación tanto odio
entre los propios miembros de los grupos
familiares?.
¿Antes de 1958 se veían
en el país tantos divorcios entre los jóvenes,
tantos choques generacionales en los hogares
y, a la vez, se observaba ese gran número
de padrastros por familias que existen hoy?.
¿Había tanto deterioro en el aspecto moral,
tanta vulgaridad en los individuos, tantos
chismes y descréditos unidos a esa inmensa
cantidad de profesionales dedicándose a
la prostitución como apreciamos en la actualidad?.
La respuesta, sencillamente, es NO.
Las muy populares escuelas
en el campo sirvieron para que los niños,
apenas cumpliendo los doce años de edad,
estuvieran lejos de sus hogares, del control
de sus padres, y quedaran bajo la costudia
de unos profesores que muchas veces se iban--
o se van-- a la cama con sus propias alumnas
que no pasan de ser menores. Bien pronto
comenzó a notarse que estos recónditos centros,
lejos de constituirse en santuarios de educación,
nobleza y correcto comportamiento ético,
se convirtieron en una dinámica y experimental
categoría de nuevos prostíbulos rurales.
Lo dice, con conocimiento de causa, alguien
que estuvo becado en ellos desde el séptimo
grado. En la Cuba de hoy, para ser sincero,
prácticamente no queda una familia que,
de una u otra forma, no se haya visto desgajada,
desarticulada, producto de la manipulación
del castrismo.
Conocí en mi pueblo a “revolucionarios”
y miembros del Partido Comunista a los que
la seguridad del estado les dio a escoger
entre su supuesta lealtad a la revolución,
o, pasarse a las filas del enemigo por el
único hecho de seguir apoyando y relacionándose
con un hermano, o un primo, que disentía,
pacífica y abiertamente, del sistema. Ahora
bien, preguntémonos con franqueza ¿Se pueden
aceptar estos tipos de adoctrinamiento dentro
de una sociedad honrada que se haya propuesto
una clara misión de humanidad?. Estoy convencido
que no, en primer lugar los monopolios caudillistas
carecen de todo concepto de humanismo, en
ellos sólo prevalecen con exaltación y renovada
validez los discursos mediatizados de sus
líderes.
Si hiciéramos un ligero análisis de la
personalidad de Fidel Castro sin mucho esfuerzo
llegaríamos a la conclusión de que éste
y Rafael Leonidas Trujillo, han sido bastante
parecidos a hermanos gemelos. Mujeriegos,
amantes de placeres, altivos, arrogantes,
cabilderos, tercos, egocéntricos y, desde
luego, seguiríamos con una cadena de etcéteras
que desbordaría un volumen ensayístico de
más de 300 páginas ilustradas. A la hora
de enfocar o visualizar los logros del proceso
político cubano debemos preguntarnos, antes
que nada: ¿cuáles fueron los propósitos
que se escondieron tras la imposición de
sus medidas tan radicales?¿cuáles han sido
en realidad los beneficios que han traído
las mismas? ¿Mejoró realmente el pueblo
con los cambios políticos implementados
o estos sólo han servido para sostener,
de cierta manera, la distorsionada imagen
de un hecho histórico que se vio secretamente
torcido desde su misma raíz?.
Cualquier individuo medianamente analítico
se podría hacer además otra pregunta: ¿De
qué ha valido que el Castrismo haya llevado
a sus aulas universitarias a más de un millón
de personas, si muchas de ellas, después
de graduadas, no encuentran nunca un trabajo
afín con su especialidad y son puestas a
realizar funciones que nada tienen que ver
con sus perfiles? En Cuba es bastante común
encontrarse el fenómeno de que un ingeniero
industrial esté dirigiendo una granja avícola
,o que un ingeniero agrónomo se desempeñe
como administrador de una pizzería. Parece
ser que estos aspectos se han manejado por
las autoridades con mucho recelo para evitar
que puedan estropear la buena impresión
causada a nivel internacional, aunque, en
el fondo, todo realmente continúa sosteniéndose
en el vacío. ¿De qué le ha valido al Castrismo
el haber llevado a un millón de personas
a sus aulas universitarias, cuando una gran
mayoría de esos profesionales no dudan,
muchas veces, en llegar a prostituirse ante
el abominable hecho de observar que una
simple chiquilla (la que apenas cuenta con
conocimientos de un noveno grado) al juntarse
con un turista español comienza a vestir,
a calzar y alimentarse mucho mejor que ellos?.
Es muy duro ver que después de tanto quemarse
las pestañas una muchachita cualquiera disfrute
de unos bienes que ellos, los universitarios,
no pueden ni soñar en adquirir dentro de
la Cuba Fidelista.
Desde mi punto de vista, y, que conste
he tratado de ser lo más objetivo posible,
estos cincuenta años de Fidelismo no han
hecho otra cosa que prostituir de manera
insospechada a la sociedad cubana (cuando
hablo de prostituir no solamente me refiero
a la acción de una entrega por dinero sino,
en general, a todos los tipos de actuaciones
indecorosas).
Posiblemente sea esta la primera ocasión
en la historia moderna donde alcancemos
a notar, que los mismos que asisten a ese
errado proceso caribeño que se autocalifica
de evolutivo, miren aterrados, en silencio,
que en las propias entrañas del sistema,
como algo muy propio y natural, se advierta
el hecho lamentable de que la mitad de los
jóvenes que corren tras turistas extranjeros,
con clarísimos propósitos de obtener beneficios
materiales, sean muchas veces egresados
de alguna universidad.
Claro, yo estoy viviendo en el Canadá,
una potencia económica y liberal del primer
mundo donde no se conoce un panorama tan
horrible como el que acabo de narrar. Por
ello entiendo ,perfectamente, que al apretar
el hambre en la isla, a muchos ni les interese
abordar un tema tan complejo como el de
la moral. Por esta sencilla razón mis críticas
no van dirigidas a mis compatriotas jóvenes
sino a las teatralizaciones ideologizadas
del Castrismo que son las que provocan,
a fin de cuentas, estos bochornosos comportamientos.
Sin ser gurú, desde hace algún tiempo me
ronda una premonición: cuando una sociedad
pierde su rostro original y verdadero como
consecuencias del pánico, de ese miedo perenne
que la ha arrastrado hasta adquirir la fea
costumbre de actuar siempre por debajo de
la mesa, por detrás del telón, algo muy
serio y pernicioso puede estar aguardando
por sus inquilinos a la vuelta de la esquina.
Lázaro Rosa
Cubano residente en Alberta,
Canadá
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