FAIL (the browser should render some flash content, not this).

 

En la isla de los dulces guerreros




(Fotografía: El Nuevo Herald)

 

La reciente visita oficial de la presidenta Michelle Bachelet a Cuba en viaje comercial y cultural –participación de Chile en la Feria del Libro de La Habana- ha confirmado y, a mi juicio, sobrepasado, los peores vaticinios que se hicieron -de izquierda a derecha, con excepción de ciertos nostálgicos de los socialismos reales y del partido comunista por cierto- antes de su partida.

Sergio Cortés Beltrán
28 de febrero, 2009


Esto porque se sospechaba que no habría ni negocios –con un país en bancarrota e inmerso en la más absoluta pobreza- ni cultura – ya que ésta es la primera víctima en una dictadura totalitaria como la cubana (no olvidarse del caso de Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Carlos Franqui, Norberto Fuentes y tantos otros)- y, además, porque se temía que las ya tensas relaciones dentro de la Concertación podrían acentuarse al re-actualizarse antiguas querellas y disputas sobre el papel de la revolución cubana en nuestra historia patria durante los años de la guerra fría.

Ciertas declaraciones ya auguraban dichos malos vaticinios. La presidenta Bachelet previo a su viaje sostuvo en Chile que la Cuba de los hermanos Castro, Dulces guerreros cubanos[1] como les llamó Norberto Fuentes, era una ‘democracia diferente’(sic). De estos dichos se colgó el secretario general del partido comunista chileno Guillermo Teillier al decir que en Cuba existía libertad de expresión.

Ya en La Habana, la presidenta de Chile, olvidando el protocolo, corrió al trote a ver al padre –hoy devenido abuelo y tirano vitalicio- de la revolución latinoamericana y luego describió emocionada –así se notaba en su voz- su entrevista personal con el dulce guerrero, destacando que, además, de encontrarse muy bien de salud, aún mantenía sus dotes oratorios –le hizo un soliloquio de una hora y media- y sus enormes conocimientos sobre política, en especial la de Chile.

Acto seguido, el dulce guerrero se despachó un artículo en que reveló el contenido de la conversación privada -monólogo debió haber dicho- con la presidenta de Chile y no conforme con ello dio su abierto apoyo a la demanda marítima boliviana en desmedro de la postura chilena. A estas alturas del viaje ya la chambonada era completa y superaba los peores pronósticos de los agoreros del pesimismo –como desde La Moneda suelen llamar a sus críticos-.

Pero faltaba algo más, los dulces guerreros cubanos añadieron una guinda a la torta. En la actividad cultural, denominada Feria del Libro de La Habana, el otro dulce guerrero, Raúl Castro se tomó una fotografía con la presidenta Bachelet en el stand de Chile mostrando el libro del escritor nacional Roberto Ampuero, ‘Nuestros Años Verde Olivo”, memoria amarga del autor sobre sus años vividos en la isla, y que es, además, un libro que se encuentra prohibido y censurado en Cuba. No obstante, para los flashes, para los nostálgicos de los socialismos reales y para Guillermo Teillier aquella era la muestra más clara de que en Cuba existe la más amplia libertad de expresión.

Como todos ustedes, estimados lectores, pueden suponer, las críticas arreciaron. Pero me interesa sólo destacar lo señalado por el presidente de la democracia cristiana, quien calificó el viaje como bochornoso, y lo señalado por el escritor Roberto Ampuero, quien dijo que lo realizado por Michelle Bachelet en Cuba fue indigno. A mi juicio, ambos están en lo cierto, fue bochornoso e indigno lo ocurrido en Cuba. Quizás desde los viajes de Pinochet al exterior que no eramos testigos de un bochorno tan grande, recuérdese solamente el viaje del general a los funerales de Franco en España, su fallida visita a Marcos en Filipinas y su postrer viaje a Inglaterra donde terminó enjuiciado y preso.

Fue indigno, además, porque la presidenta de Chile no estuvo a la altura de la dignidad de su cargo y se comportó ante el líder cubano igual como una adolescente lo hace ante su más admirado actor o cantante. No olvidemos que ya la presidenta Bachelet venía habituándonos a este tipo de extravagancias al recibir con carácter de visitas de estado a personajes como Miguel Bosé o el ‘Puma’ José Luis Rodríguez. En su visita a Cuba, Michelle Bachelet exageró la nota y se excedió. Se expuso demasiado y cayó en el juego y las trampas que le tendieron los dulces guerreros. Su excesivo, infantil y nostálgico izquierdismo –ese mismo que la hace alabar como una época dorada la Alemania de Honecker, como un modelo de libertad e independencia el régimen comunista de Vietnam y como una democracia diferente la dictadura vitalicia, personal y gerontocrática de los hermanos Castro- se volvió en su contra, ya que fue funcional a los intereses de Cuba –al ayudar a mejorar su imagen en el tema de los derechos humanos y de las libertades publicas- y comprometió seriamente los intereses de Chile en cuanto a su política de defensa de los derechos humanos y en el tema de la salida al mar para Bolivia.

Nadie discute que la presidenta Bachelet cuenta con un enorme carisma y simpatía, pero en política ellos no bastan. Y si a estos insuficientes atributos le agregamos ignorancia, imprudencia y frivolidad el resultado lo vimos en directo y transmitido por TV al mundo entero en su visita a la isla de los dulces guerreros.

[1] Fuentes, Norberto, Dulces Guerreros Cubanos, Editorial Seix Barral, 2000. En este libro se narra la persecución que sufrieron generales y revolucionarios cubanos de primera hora y el mismo autor a finales de la década de los ochenta, cuando los hermanos Castro decidieron aplacar y poner fin a cualquier intento reformista similar a los que tenían lugar en la URSS y en los países del Este de Europa. El desenlace es bastante conocido: se hicieron juicios muy similares a los montados por Stalin con elevadas penas de cárcel para los disidentes y se fusiló al general Ochoa y el coronel De la Guardia.

Sergio Cortés Beltrán
Abogado, Universidad de Chile

VOLVER