Igualdad genérica,
no basta con reclamar
(Fotografía:
Raimundo Gregoire Delaunoy)
Por Raimundo Gregoire Delaunoy
11 de enero, 2010
Actualmente, hablar de tenis en Chile
significa referirse a Marcelo Ríos, Fernando González
y Nicolás Massú. Y si no son ellos, bueno, ahí están
Paul Capdeville, Adrián García o representantes de
otras generaciones como Hans Gildemeister, Ricardo
Acuña, Pedro Rebolledo, Jaime Fillol, Patricio Cornejo,
Belus Prajoux o Luis Ayala.
Hoy, mientras los medios siguen repitiendo que no
hay recambio y que tras Nicolás Massú y Fernando González
no habrá más alegrías en el tenis, una serie de jóvenes
tenistas están cumpliendo, silenciosamente, un excelente
proceso, en vías de llegar con buenos argumentos al
profesionalismo. Y, contrario a lo que muchas veces
se piensa, todo indica que ha llegado el momento en
que las mujeres tomen la batuta del tenis nacional.
La famosa generación de 1992 -integrada por Daniela
Seguel, Camila Silva, Cecilia Costa, Belén Ludueña
y Fernanda Brito- es la gran esperanza del momento,
pues desde hace algunas temporadas han obtenido importantes
resultados a nivel sudamericano y mundial.
Afortunadamente, la realidad nos muestras que finalmente
llegaron los recursos económicos para que estas jugadoras
logren llevar a cabo un proceso como corresponde y,
desde esa perspectiva, ya no habrá derecho a reclamar.
Durante años se peleó por la igualdad genérica en
Chile y ahora, como una gran demostración de los avances,
la Asociación de Deportistas Olímpicos (ADO) ha apostado
por las mujeres en el tenis. Mientras ningún tenista
masculino recibe apoyo económico por parte de ADO,
ya son cuatro las jugadoras beneficiadas (Seguel,
Costa, Ludueña y Brito), en tanto que una quinta (Silva)
cuenta con el respaldo de un anónimo mecenas.
Por eso, es el momento que las cinco tenistas de la
generación de 1992 sepan valorar esta ayuda y se den
cuenta de la gran responsabilidad que están adoptando.
La igualdad de género puede concretarse, pero para
eso ellas deberán demostrar que quienes han creído
en ellas no están equivocados.
Sí, pues la equidad genérica es una deuda de todos
y eso incluye a las mismas tenistas, que muchas veces
prefieren el camino fácil del reclamo antes que seguir
esforzándose.
Es así que nunca se debe olvidar que junto a los derechos
vienen los deberes. Y eso es lo que estas jugadoras
deben recordar.
En pocas palabras, profesionalismo.
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