Gira
COSAT, mucho más que tenis y resultados
(Fotografía:
Iván Zapata)
Año
a año, el tenis sudamericano sigue desarrollándose
y si bien aún faltan cosas por mejorar,
no se pueden soslayar ciertos factores
que son primordiales a la hora de entender
el por qué de ciertos avances. Es ahí
dónde aparece el papel de la Confederación
Sudamericana de Tenis (COSAT), organismo
que se ha preocupado de darle cada vez
más realce a la gira COSAT, un circuito
de torneos juveniles de comienzos de cada
temporada y que es un paso de gran relevancia
para el crecimiento personal y deportivo
de quienes participan en el.
Raimundo Gregoire Delaunoy
17 de enero, 2010
Como ya es habitual, el primer trimestre
de cada año es testigo de la realización
de una cadena de 11 torneos sudamericanos,
distribuidos en los diez países de la región.
Se trata de la gira COSAT de comienzos de
temporada, cuya gran relevancia, para muchos,
es que entrega cupos para los equipos de
la Confederación
Sudamericana de Tenis (COSAT), los cuales
irán de viaje por Europa y Marruecos en
la época estival del hemisferio norte.
Sin embargo, la trascendencia de esta gira
de campeonatos juveniles bien puede ser
mirada desde otro prisma. Ciertamente, algunos
se fijarán en los resultados y en el ranking,
algo prácticamente inevitable y entendible,
pero la principal importancia de estos eventos
va mucho más allá de las estadísticas.
Alguien podría dudar de aquella aseveración
y es por eso que se debe ponér enfásis en
un hecho que muchas veces es olvidado. Durante
la gira COSAT se trabaja con niñas y niños
o, como mucho, con adolescentes. Esto quiere
decir que son personas aún en proceso de
formación y, especialmente, son seres que
están definiendo ya no sus valores, pero
sí su personalidad y su carácter.
Entonces,
quienes omitan trabajar en la parte psicológica
y emocional de sus tenistas estarán cometiendo
un error, pues cabe preguntarse de qué sirve
tener un gran campeón en la cancha, si fuera
de ella es un torpe emocional, en el mejor
de los casos, o un mal competidor, en la
peor de las situaciones.
Es así que se debe valorar el hecho que
durante tres meses (enero, febrero y marzo),
tenistas juniors de Sudamérica tienen la
posibilidad de disputar 11 campeonatos en
su propio continente, pero con la gran atracción
que en los cuadros de singles y dobles se
encuentran con rivales provenientes de Europa,
Asia, África y Norteamérica. Es
así que el nivel de exigencia es muy alto
y supera la media sudamericana, razón por
la cual esta gira parece casi imprescindible
para los jugadores de esta región, y, al
mismo tiempo, se genera una instancia de
intercambio entre personas de diversas culturas.
Por cerca de 12 semanas, niñas y niños de
12 a 18 años tienen la oportunidad de viajar,
conocer otros países e intercambiar opiniones
con tenistas provenientes de diferentes
países, muchos de los cuales nunca han conocido
en su vida.
Además,
las niñas y los niños tienen la posibilidad
de salir de su casa y tener que aprender
a manejarse sin ayuda de adultos, algo de
vital relevancia, pues permite que los tenistas
vayan madurando. Esto último trae como consecuencia
la necesidad de aprender otros idiomas,
adquirir mayor sentido de la responsabilidad,
desarrollar la tolerancia a lo diferente
y, en definitiva, ampliar el horizonte de
mira. Se trata de ver al mundo con otros
ojos. Crecer, mejorar y conocerse a fondo.
En
definitiva, la gira COSAT permite un desarrollo
holístico de quienes son parte de ella,
pues combina todas las variables de interés
en un solo evento. Tenis, resultados, estadísticas,
cultura, viajes, madurez, tolerancia y responsabilidad.
Esas son algunas de las enseñanzas que deja
esta cadena de 11 campeonatos consecutivos.
Y eso es algo cuyo legado va mucho más allá
de una cancha, una raqueta, un torneo o
una copa. El tenista, tarde o temprano,
se retira.
La persona, sigue viva.
Raimundo Gregoire
Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl