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Irán en la mira



 

Washington aún sigue metido en su atolladero político en el Medio Oriente por su incapacidad de lograr una estrategia coherente que conlleve al progreso de la estabilidad en Irak, escenario donde han muerto más de cinco mil de sus soldados, y no logra alcanzar los objetivos que conduscan a una paz duradera.

Lázaro Rosa
6 de octubre, 2008

En este país (Irak) la insurgencia armada se mantiene en pie de guerra y cobra cada día, con sus planeadas acciones suicidas, una mayor cantidad de víctimas entre la población civil y los militares invasores estacionados en su territorio. Por estos años, sin haber encontrado una solución viable ante la trágica problemática iraquí, el gobierno de George W. Bush ha estado aventurándose a una situación extremadamente delicada y compleja nada menos que con el vecino Irán, a sabiendas de las nocivas consecuencias que podrían traerles aparejadas unas acciones intervencionistas en esta última nación. Los EE.UU, a pesar de todo su poderío como superpotencia militar no es infalible, y esto es algo que hay que tener siempre presente.

Potencias emergentes como Rusia y China están a favor de un diálogo diplomático permanente con Teherán para resolver las diferencias existentes con el régimen de los Ayatolas por la vía pacífica, mientras, la Casa Blanca se empeña en pasar de inmediato al empleo de los métodos de fuerza y para ello planea bombardeos aéreos contra las instalaciones estratégicas iraníes. El arrogante vicepresidente estadounidense Richard Cheney, junto a su comandante en jefe George Bush, es partidario de abandonar el diálogo con Irán para implementar unas medidas de contención que estén respaldadas por el uso de los medios militares del pentágono. Sin embargo la flamante secretaria de estado Condolleza Rice ha favorecido siempre la diplomacia pero sin dejar de enseñar los dientes.

En general el panorama mundial cada día se ha visto más ensombrecido por las tensiones existentes entre los involucrados en el proyecto de sancionar duramente a Teherán y, de otro lado, por la negativa del país centro asiático de abandonar su programa de enriquecimiento de uranio. Washington se contradice a si mismo en su postura y proyección internacional. Por una parte condena enérgicamente al gobierno iraní, para que abandone su programa nuclear, por considerarlo una amenaza a sus intereses regionales, y por la otra se niega a apoyar la resolución de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) para lograr que el Oriente Medio sea una zona completamente limpia de armamentos atómicos. Esta situación es una muestra vergonzosa del doble rasero de la política exterior estadounidense, está claro que el único país de la región que posee armamento atómico es Israel, sin embargo Washington nunca condena a Tel Avit por esta razón, sino que, por el contrario, le brinda todo su apoyo . Se trata, antes que nada, de que Israel es su gran aliado regional y con los EE.UU siempre ha prevalecido en las relaciones internacionales el oscuro lema:"haz lo que yo digo y no lo que yo hago".

Para el mandatario iraní Mahmud Ahmadineyad el mejor camino para la solución de los conflictos en el Medio Oriente es que sean evacuadas todas las tropas extranjeras de ocupación que se mantienen en la región y en especial los soldados estadounidenses que están desplegados en Irak. La administración Bush piensa todo lo contrario, pues, según la Casa Blanca, la garantía del orden político en esa inestable zona (el oriente medio) sólo podrá lograrse por el mantenimiento a largo plazo de sus soldados en el lugar. Se cree que Irán tiene planes concretos de atacar a Israel en el caso de que este último país bombardee sus instalaciones nucleares con el visto bueno de la administración Bush. Así lo ha confirmado el general Mohamed Alavi, comandante adjunto de las fuerzas aéreas iraníes, en una comparecencia ante la prensa. Esta declaración fue calificada de inútil y provocativa por voceros del gobierno estadounidense, dado las difíciles coyunturas por las que atraviesan en la actualidad las relaciones persas con el mundo occidental en estos momentos sumamente tensos y delicados.

Mientras que los EE.UU continúa buscando apoyo (dentro de los organismos internacionales) para una tercera ronda de sanciones contra el gobierno de Ahmadineyad, en especial en medio del Consejo de Seguridad de la ONU, Teherán permanece renuente en su postura de no querer suspender su enriquecimiento de uranio y defiende sus claros argumentos de que su país tiene todo el derecho de desarrollar su programa nuclear con fines pacíficos.Los EE.UU e Irán no tienen relaciones diplomáticas desde diciembre de 1979, cuando un grupo de militantes islámicos retuvieron como rehenes a los funcionarios de la embajada estadounidense, en la capital iraní, por más de un año.

Volviendo al tema, hay otra circunstancia que llama mucho la atención sobre el comportamiento de Washington en la región del Asia Central y es que el pasado 6 de septiembre (del 2007) aviones israelíes penetraron el espacio aéreo de Siria y dispararon sus cohetes contra objetivos desconocidos, en una operación sumamente secreta, que ni los mismos pilotos, a la hora de despegar sus aparatos, sabían cuáles eran sus misiones y fueron informados de ellas una vez que estaban en el aire. En una reciente conferencia de prensa varios periodistas le preguntaron a Bush por estos incidentes y el mandatario estadounidense omitió todo tipo de referencia a los hechos. Es decir que en esta problemática, donde estuvo enrolado Israel como protagonista central, la Casa Blanca prefirió hacerse de la vista gorda. Es conocido por todos que Siria es un aliado de Irán en la región y que, por esta razón, mantiene agudas discrepancias con Washington y Tel Avit. Al gobierno de Damasco se le acusa, junto a Teherán, de suministrar equipos y armamentos a los insurgentes iraquíes que mantienen en jaque a las fuerzas norteamericanas de ocupación. Ahora bien, lo que habría que cuestionarse en estos momentos es si los EE.UU tuvo alguna justificación moral, o política, para perpetrar su costosa e irreparable invasión contra Irak en el año 2003, cuando se ha comprobado en la actualidad que el régimen de Sadam Hussein no tenía ninguna posibilidad real de construir armamento nuclear.

Ninguno de los argumentos dados por Washington para estos efectos ha sido creíble. Las acusaciones de que Hussein estaba planeando construir el arma atómica, eran totalmente falsas e infundadas. Los norteamericanos tenían que proteger sus cuantiosos intereses estratégicos controlando las vastas reservas de crudo con que cuenta la zona. Recuérdese que Irak posee los segundos yacimientos de petróleo más grandes del mundo y tanto para el presidente George Bush, como para sus aliados occidentales y los halcones del pentágono, era de vital importancia establecer en Bagdad a un socio político y salir de un enemigo peligroso e impredecible como Sadam Hussein. Sin embargo, hasta nuestros días, esta nación (Irak) ha seguido siendo una zona ingobernable donde los atentados terroristas conllevan a una inestabilidad total que impide el logro de la paz y, con ello, el buen funcionamiento en general de un clima positivo para el desarrollo de los pueblos en el ámbito del Oriente Medio.

En estos momentos una agresión de los EE.UU a Irán, vecino fronterizo de Bagdad, no haría otra cosa que alejar por muchos años, quizás hasta por muchas décadas, todas las esperanzas de que la región pueda conducirse por los caminos de una convivencia basada en el respeto mutuo entre las naciones. Sería como reactivar, y de cierta manera justificar, echando más y más leña al fuego, las acciones suicidas e irreversibles del terrrorismo internacional y de los extremistas islámicos. Teherán no va a quedarse con los brazos cruzados y desataría todo su poderío y respuesta militar contra lsrael y las compañías estadounidenses establecidas dentro del contexto geográfico del Asia Central y en todo el mundo, eso hay que darlo como un hecho seguro. Irán buscará la manera de asestar una respuesta asimétrica en contra de los intereses estratégicos de los EE.UU en todo el Oriente Medio, destruyendo los pozos de petróleo de países vecinos como Kuwait, y trayendo con ello una inestabilidad devastadora para el mercado enérgetico y de combustibles a nivel mundial. Washington no puede perder la cabeza y abandonar el diálogo con el gobierno persa. Teherán puede resultar un hueso mucho más difícil de roer para los estadounidenses que lo que constituyó el Irak de Sadam Hussein. Aquí hay demasiados intereses vitales en juego. Rusia y china necesitan también de Irán. La primera de estas naciones para seguirle vendiendo al gobierno de Ahmadineyad su nueva tecnología nuclear, la cual le proporciona extraordinarias ganancias. La segunda para lograr el abastecimiento sostenido de petréleo que tanto necesita para mantener su indetenible nivel de crecimiento económico que sobrepasa el 10 % anual y la ha llevado a convertirse en una potencia de primer orden a escala mundial.

Irán es una república teocrática con una población, en la actualidad, de más de setenta millones de habitantes. Su jefe de estado Mahmud Ahmadineyad es un político conservador y ultranacionalista que no se cansa de proclamar en sus discursos sus deseos de destruir a la nación de Israel y esto llama mucho la atención y crea grandes alarmas en los gobiernos de Occidente. Teherán, en el presente, está llevando a cabo un rearme militar sin precedentes basado en sus propias producciones nacionales, ejemplo de ello ha sido la construcción de un nuevo missil que puede alcanzar hasta dos mil kilómetros de distancia. El pasado 21 de septiembre esta nación islámica (Irán) celebró unos gigantescos desfiles en los que mostró ante el mundo sus flamantes fuerzas armadas, con la presencia, en la tribuna principal, del presidente del país. Con ello recordaba el inicio de la primera guerra del golfo que fue el escenario bélico donde se viera enfrentada contra Irak de 1980 a 1988.

Durante estas conmemoraciones los vehículos blindados iraníes llevaban inscriptos en sus costados los lemas: muerte a Israel y muerte a los EE.UU. Simultáneamente, al mismo tiempo, el país desarrollaba grandes maniobras bélicas de mar y tierra, enviándole a sus enemigos políticos la clara señal de que estaba preparado para hacerle frente a cualquier agresión de cualquiera potencia foránea. Fue una misiva directa que llegó hasta los repletos buzones de correo de la Casa Blanca. Lo más sorprendente de toda esta situación es que, a pesar de estar bloqueado económicamente y aislado del resto del mundo, como consecuencia del enfrentamiento a Washington y en general a Occidente, Irán ha sabido desarrollar por si solo todo su industria nacional de defensa que le permitiría responder ante los ataques desde el exterior. Desde luego, esto último, no creo que deba ocurrir por el bien de las relaciones globales internacionales.

La tirantés del momento es muy grave y puede que hasta llegue a ponerse en una situación aún más
candente. No obstante, para algunos observadores políticos, la real posibilidad de un ataque directo de los EE.UU a la República Teocrática de los Ayatolas es un hecho muy distante. Lo cierto es que aún Washignton continúa estremeciéndose de los nervios, llorando tristemente a sus muertos en Irak, como para estar también de momento planificando una nueva aventura bélica contra el estado de los Persas. Debemos recordar que ya se aproximan las nuevas elecciones presidenciales en los EE.UU y todo parece indicar que el partido republicano (producto de la misma situación creada en el Oriente Medio) ha perdido popularidad y aceptación dentro del electorado. Esto queda demostrado por el hecho de que, en la actualidad, el senado estadounidense está dominado por los demócratas.

En su visita reciente a la ONU el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad solicitó permiso para visitar las obras de reconstrucción en el área donde se encontraban las destruidas torres gemelas pero, ante semejante petición, los políticos estadounidenses se alarmaron por lo que la policía de la ciudad de New York dio su negativa al pedido del líder nacionalista. La rivalidad entre Irán y los EE.UU ha llegado, en nuestros días, hasta tal punto que en el senado estadounidense se llevó a votación si la Guardia Revolucionaria Islámica (cuerpo élite dentro del ejército iraní al que Washington vincula con los brotes imparables de violencia que se están viviendo en Irak) puede ser considerada, o, no, una organización terrrorista.

Por cierto la candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, dio el si, como senadora, durante este período de votaciones. Sin lugar a dudas vivimos hoy, más que nunca, dentro de un mundo extremadamente complejo y cargado de contradicciones.

Lázaro Rosa
Licenciado en Educación y Profesor de Historia del Mundo Contemporáneo. Cubano radicado en Canadá.

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