30
años de la revolución iraní
Testigos
recuerdan los sucesos de aquel lejano
1979
(Fotografías:
Saraouch Ahmad y Amira Saud)
Esta semana se cumplieron
30 años de la instauración de la República
Islámica de Irán, tras la revolución
de 1979, que generó la caída de la monarquía
del Sha Mohamed Reza Palhavi. Con el
debut del régimen religioso liderado
por el carismático Ayatollah Jomeini,
miles de iraníes opositores huyeron
del país, siendo recibidos en otros
estados. Chile no fue una excepción
y una veintena de iraníes se refugiaron
en territorio chileno. Siete de ellos
accedieron a contar a Periodismo Internacional
lo que significó en sus vidas vivir
bajo aquella teocracia que rompió sus
lazos con Europa y Estados Unidos.
Carlos Saldibia
4 de abril, 2009
El 16 de enero de 1979 el sha Reza Pahlevi
abandonó Irán tras meses de revueltas
populares contra la monarquía, lo que
desencadenó la victoria de la oposición
comunista y religiosa liderada por el
ayatolá Ruhollah Jomeini. El líder chiíta
volvió a Teherán desde su exilio en París
y fue recibido por 12 millones de iráníes
que se tomaron las calles para recibirlo
con júbilo.
Tras aterrizar su Air France, el gran
ayatollah anunció la formación de un gobierno
provisional, al que le seguirían elecciones
generales. En marzo, tras semanas de enfrentamiento,
los últimos soldados de la guardia imperial
del sha se entregaron y Jomeini convocó
a un referéndum para instaurar la primera
república islámica del mundo, que fue
aprobada por el 98% de los votos y que
esta semana cumple 30 años.
Pero los festejos por la huída del sha
y la llegada del régimen de los ayatollahs,
que traería la democracia, terminaron
abruptamente. Tras la instauración de
la república se erradicó toda usanza considerada
“occidental”. La mujer debió cubrirse
el cabello y se prohibieron el alcohol
y la música disco, particularmente los
Bee Gees.
Es innegable que no hay una sola posición
frente a los cambios producidos tras la
revolución. Algunos partidarios de aquel
proceso defienden que “el legado del regimen
religioso" y enfatizan que el ayatollah
puso orden el en país, erradicó los disturbios
y solucionó los problemas de pobreza y
corrupción “de 2000 años de reinado despótico”.
En tanto sus detractores manifiestan,
también sin dudas, que la antigua Persia
se sumió “en un oscurantismo medieval
del cual empezó a salir sólo en los años
90.
Omid Habibinia es un connotado periodista
iraní especializado en temas de investigación
y radicado en Suiza. Es corresponsal de
medios estadounidenses y ex-empleado de
la República Islámica del Irán de Radiodifusión
y su biografía aparece en wikipedia. Cuando
estalló la revolución tenía 13 años y
era un asiduo lector de revistas censuradas.
Recuerda que a fines de febrero de 1979
su casa fue atacada por una turba de religiosos
violentos armados de machetes. En ese
momento estaba de visita una niña muy
joven de unos 19 años, muy atractiva,
de cabello rojo suelto, por supuesto que
sin velo. Recuerda que cuando irrumpieron
en la vivienda, buscando comunistas, con
una piedra le rompieron la cabeza y recuerdo
su cabello cubierto de sangre. “Ella había
venido a vendernos revistas extranjeras
del mercado negro. Casi la matan a golpes.
Teníamos armas en casa y los espantamos.
Mi familia era pro fadaiyan, un movimiento
de izquierda. Por nuestra formación laica,
a Jomeini nunca le creímos mucho, desconfiábamos
de él. Pero la mayoría pensaba que de
llegar al gobierno adoptaría una democracia
estilo francesa, con derechos de la mujer
y la libertad de expresión. Estábamos
muy entusiasmados con el cambio de gobierno,
pero en menos de diez meses el régimen
era una dictadura terrible y comenzamos
forzosamente a una nueva vida restrictiva”,
relata desde Zurich.
Cuenta que la sociedad iraní de la época
se dividió en dos grupos polarizados:
los que estaban a favor de la religión
estricta y los detractores silenciosos.
“A nadie le importó mucho el cierre de
las discotecas, ya que realmente no había
ánimo para fiestas, había gente desaparecida
o arrestada y al mismo tiempo buscaban
reclutar jóvenes para refozar el ejército.
El miedo estaba por doquier. La mayoría
de los personeros de confianza del sha
fueron ejecutados, sin juicios, pero hubo
también caza de brujas. Recuerdo que un
tío tenía una imprenta y vendíamos un
periódico de izquierda entre los detractores
del gobierno, salia una vez a la semana
y se agotaba. En el mercado negro se vendía
a buen precio, ya que los religiosos controlaban
todos los medios de comunicación. Un día
allanaron la casa de una hermana y descubrieron
decenas de periódicos, la detuvieron y
fue horrible. Las mujeres eran las mas
descontentas y tal vez las más activas,
ellas iban a las calles, a vender periódicos
prohibidos”, detalla el reportero.
Cuando empezó el régimenm, el periodista
iraní Souroush Ahmadi, que hoy reside
en Canadá, tenía cinco años. Pero aún
recuerda las sirenas de las ambulancias,
los disparos y la voz de la gente en la
calle que pedía a la sha a abandonar el
poder. “El movimiento anti sha se inició
en 1965, cuando el ayatollah Jomeini emitió
un discurso de lucha contra el régimen
en la ciudad de Qom, por lo que fue exiliado.
Desde entonces creció el número de activistas
contra la dictadura del sha, con varios
partidos políticos. Tengo la impresión
que el sha abandonó el país para que la
violencia de las calles no aumentara,
pues él no quería que muriera más gente”,
señala a Periodismo Internacional desde
Suiza.
Recuerda también haber visto correr sangre
por las calles y que los enfrentamientos
entre revolucionarios y adherentes del
sha eran cruentos. “Las armas llegaron
a las calles y ambas partes empezaron
a dispararse mutuamente. Eso es lo que
más captó la televisión y la radio. El
Partido Comunista estaba envuelto en la
revolución, pero cuando Jomeini llegó
al poder los tiró al tacho de la basura”
sentencia hoy.
Cuenta que tras el referéndum del 29
de marzo de 1979 salió otra cara de la
moneda: “la gente feliz votó "Sí"
a la república islámica y de repente se
nos dijo que el alcohol estaba prohibido
y que las mujeres usarían velo. ¿Quién
estaría a gusto de ser castigados por
beber una lata de cerveza? El panorama
más divertido se transformó en ir a un
restaurante con familiares y amigos del
mismo sexo”, lamenta.
La editora londinense
del Irán Journalism and Media Center,
Farida N, en febrero de 1979, cuando comenzó
la revolución estaba en Estados Unidos,
durmiendo el aeropuerto esperando que
se abriera el terminal aéreo de Teheran
para poder tomar un vuelo y saber de su
familia. Con escasa incertidumbre pensaba
que estaba todo perfecto, pues habia caído
la dictadura del sha. “Estabamos muy emocionados,
teníamos grandes esperanzas. Me crié en
una familia política. Mi familia estaba
en contra de la dictadura del sha y mis
hermanos eran activistas en Estados Unidos.
Nadie se imaginaba que las cosas resultarían
de otra manera. Estaban feliz de que el
sha hubiese huído y que un nuevo régimen
democrático tendría vida por fin. Los
primeros meses creo que fueron los mejores
meses de la revolución. Se le llamó la
primavera de la libertad”.
Pero señala que pronto las cosas cambiaron,
tras el referéndum de marzo del 79. Se
recibieron muy mal las nuevas medidas,
a nadie le gustó, excepto a los elementos
religiosos. A la mayoría de los jóvenes
no les gustó la idea de verse obligados
a todo y no poder hacer nada. “Algunas
cosas son exageradas. No es totalmente
cierto que las mujeres no podían andar
solas. Yo estuve allí y podía andar sola
en todas partes, aunque, más tarde, hubo
casos donde hombres y mujeres eran detenidos
si andaban juntos y no estaban casados”
señala.
“Recuerdo haber ido a una exposición
de alfombras con mi madre y un primo en
1980 y de pronto un auto negro nos detuvo
en la puerta de la exposición. Tenía un
hombre al volante y dos mujeres armadas
y vestidas como monjas sacaron a mi madre
del auto. Una le pidió sus documentos
y la otra le dijo "dígale a su hija
que se ponga bien su pañuelo en la cabeza
para que su pelo quede totalmente cubierto
y luego le dijo que se quite el lápiz
labial, es muy fuerte. Las mujeres del
Pasdaran eran peores que los hombres en
la república islámica” enfatiza.
En Estación Central, en el centro de
Santiago de Chile, vive Leyla con su hija.
Ella, a sus 66 años señala que algunas
cosas son exageradas, pero otras no. “Cuando
sacaron al sha, la gente, hasta entonces,
había tenido un estilo de vida muy occidental.
Los cambios fueron muy drásticos y con
una total mentalidad religiosa. En oposición
al gobierno del sha, que promovía los
valores occidentales, el gobierno islámico
defendía valores más tradicionales de
la sociedad iraní. A la gente le gustó
esa forma de identidad nacional. Los manifestantes
gritaban “Margbar Amrika”, que quiere
decir "Muerte América", y se
prohibió todo, el alcohol, la música disco
y la ropa de moda. Esto fue bien recibido
por la gente, que al inicio apoyó las
reformas. Era una contra reacción a la
era del sha. Pero los islámicos se apoderaron
del poder, eliminando a las demás organizaciones
que sacaron al sha. Los revolucionarios
juzgaron a todo colaborador del sha.
Primero fueron ejecutados
los generales del sha y luego siguieron
policías, militares, ministros y parlamentarios.
Exigían que el sha volviera a Irán para
juzgarlo. Los tribunales se radicalizaron
contra los opositores, como mi esposo”,
cuenta desde un mall en el sector centro
de Santiago, a donde llegó hace casi 20
años, cansada del sistema. “Hubo un referéndum
organizado por los islámicos para saber
si el pueblo quería una nueva constitución
y una teocracia y la mayoría de los iraníes
votaron a favor. Ahí supe que la alegría
se había convertido en una revolución
islámica que iba a radicalizarse cada
día más. Yo diría que tras la toma de
la embajada de Estados Unidos en Teherán,
por estudiantes islámicos, el gobierno
formado por diferentes movimientos rindió
su sumisión total a Jomeini y su visión
sobre la sociedad”.
Pero en torno a la considerada primera
republica islámica del mundo no hay posiciones
unívocas. Rashid Ganfarbor tiene buenos
recuerdos de la revolución y de su régimen.
Llegó a Chile en 1987, como empleado de
una empresa minera que quería negociar
insumos. A sus 58 años se ve risueño y
alegre. La “Yabaan” fue histórica, salimos
millones a la calle, el transporte se
detuvo, salimos a gritar y abrazarnos
para recibir al ayatollah. “Él era un
gran líder religioso y un gran hombre
en la historia del persa, muy significativo
para el mundo musulmán. Jomeini colocó
un primer ministro y ayudó a la gente,
también les dio un mensaje de paz. Se
prohibió el alcohol, porque para los musulmanes
beber alcohol es algo prohibido. Pero
junto con ellos había grupos que estaban
molestos y que no querían esas nuevas
reglas”, señala.
Recuerda que en esos años no había ninguna
mezquita en Santiago, pero que trajo sus
propios implementos religiosos desde Shiraz,
a 800 kilometros de Teherán, para sus
oraciones diarias. “En los días previos
al estallido de la revolución los militares
del sha disparaban a la gente en las manifestaciones,
mataron mucha gente, cuando llegó el ayatollah
Jomeini. Los enfrentamientos continuaron
los días posteriores, pero pronto se conformó
un nuevo gobierno que tomo el control
de los ejércitos”, rememora.
Souroush Ahmadi visito Irán hace un par
de años y cuenta que desde entonces hasta
ahora las cosas han cambiado. No por nada
el presidente estadounidense ha buscado
instancias de diálogo con el gobierno
iraní. Según experimentó, el reportero
dice que “hoy no se usa el shador como
antes, pero en las oficinas públicas todavía
se exige. Se puede encontrar fácilmente
alcohol, pero la venta es ilegal y si
eres sorprendido por la policía serás
castigado. Yo diría que la mayoría de
la gente no reza, que es lo más importante
para un musulmán. Me parece que la gente
tampoco es feliz, aunque las minorías
pueden vivir una vida tranquila. Tenemos
muchos cristianos y judíos en Irán y tengo
muchos amigos entre ellos. Ellos tienen
un miembro en el parlamento de Irán para
defender sus derechos y que a veces están
exentas de estas llamadas reglas islámicas
en la sociedad. Pueden beber, pero no
en público. Las mujeres no tienen derecho
al divorcio en Irán. Sólo los hombres
tienen derecho a hacerlo. En muy raras
ocasiones, cuando el marido es un adicto
o una padece locura, se puede pedir el
divorcio de otro modo”, describe el reportero.
Pero a pesar de lo sucedido hace 30 años,
hoy Irán no es el mismo. La testigo, hoy
chileno-iraní, cuenta que se habla de
la existencia de un barrio rojo en los
suburbios de Teherán y nuestro contacto
en Zurich datea que en el mercado negro
se puede hallar whisky a buen precio.
Asimismo, en 1999 Irán restableció relaciones
diplomáticas con el Reino Unido y el presidente
Jatamí visitó Italia y Francia, convirtiéndose
en el primer jefe de gobierno de la república
islámica que viajó al Viejo Continente.
Con Estados Unidos, con el que comparte
décadas de enemistad, inició una tímida
reconciliación que se rompió con el cuestionable
gobierno de George Bush, pero que Barack
Obama planea retomar.
En julio de 2003 miles de estudiantes
se manifestaron en varias ciudades para
apoyar los planes de reforma de Jatami
y denunciar las políticas radicales de
la corriente conservadora, lo que provocó
la detención de casi 4.000 universitarios.
La crisis se agravó en enero de 2004 después
que el Consejo de Guardianes rechazara
levantar el veto sobre más de 2.000 candidatos
reformistas, así como postergar las elecciones
del 20 de febrero. El 25 de junio de 2005
se celebraron comicios presidenciales,
ganados, contra todo pronóstico, por el
ultraconservador Mahmoud Ahmadinejad,
derrotando a su rival Rafsanyani, al obtener
el 61,6 % de los votos.
El 15 de diciembre de 2006, los partidarios
de Ahmadinejad sufrieron una derrota en
el distrito de Teherán al ganarles los
partidarios del actual alcalde de Teherán,
Mohamed Bagher Ghalibaf. La corriente
ultraconservadora está dividida actualmente
en dos grupos, uno partidario de Ahmanidejad
y otros de Ghalibaf. En febrero de 2008
el Consejo de los Guardianes de la Constitución
aceptó las candidaturas de 4.500 candidatos
de los 7.597 que presentaron una solicitud
para participar en los comicios legislativos
de marzo siguiente. Y en marzo de 2008
las corrientes conservadoras iraníes obtuvieron
la mayoría de los 290 escaños del Parlamento
en las elecciones.