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La nueva era




(Fotografía: DMI Blog)

 

Preguntado en una ocasión sobre la cultura occidental el genio de Gandhi respondió: creo que es una buena idea. ¿Quién podría entonces dudarlo?. Solamente aquellos ególatras que no tienen ni el más mínimo respeto por el natural clamor de cambios que crece innato en el interior de las naciones, lo más preciado de esta cultura es que puede evitar el inmobilismo dentro de las sociedades que a ella se abrazan lanzándolas al éxito y la prosperidad.

Lázaro Rosa
24 de enero, 2008


Claro, a veces se notan dentro de ella visibles etapas de caídas, como en el caso bien cercano de la situación actual de los EE.UU, que nos llevan a plantear con un suspiro casi melancólico: este colosal país ha tenido presidentes y, presidentes. No obstante a esto la gran unión norteña ha dado muestra de algo imperecedero a través de su largo tiempo de existencia. Su fidelidad y apego a los principios democráticos y su inquebrantable fé en los mismos.

Imaginémonos por un sombrío instante que el presidente saliente George W. Bush haya intentado cambiar la constitución de su país para que se le permitiese continuar gobernando de manera vitalicia como se trata de hacer hoy mismo en Venezuela (que horror). Gracias a Dios Bush entró a gobernar y al cumplir sus dos mandatos permitidos, bien o mal, sin reticencia alguna, ya se salió.

En mi modesta opinión es a este sabio espejo de gobiernos alternativos y periódicos al que hay que asomarse. En él se pueden encontrar el genuino sentir de las amplias mayorías y la gran posibilidad de labrar los campos auténticos del bienestar común. Si una nación como Canadá se hubiera inclinado por el mal camino de las violaciones de derechos humanos y el totalitarismo, quizás hoy estuviera asfixiándose en la misma encrucijada donde se hallan inmersas Bolivia y Haití. Afortunadamente, para mi nueva tierra de residencia, dentro de sus fronteras no ha ocurrido nunca semejante desastre.

El pasado 20 de Enero abandonó Bush hijo la Sala Oval de la Casa Blanca. Están de fiesta los chivos dictadores (también los que tienen alma de ellos aunque en la práctica no lo sean) y además los que abogan por cambios en diferentes sectores de la sociedad estadounidense y en muchos otros lugares de un mundo, que en la actualidad, se ve profundamente golpeado por fuertes crisis económicas y agudos conflictos bélicos.

Al finalizar la etapa de lo que fuera la Guerra Fría, con la desaparición del bloque socialista del este europeo y la URSS, muchos llegamos a creernos que los nuevos ánimos de paz y entendimientos lograrían apoderarse en su totalidad de todos los caminos efectivos dentro de nuestra llamada Aldea Global, sin embargo no ocurrió nunca nada parecido.

Es posible que George W. Bush haya sido muy mal aconsejado a la hora de tomar ciertas determinaciones. De ello quizás se desprendieran los graves errores que cometió en muchos aspectos de la política y las relaciones internacionales que llevaron a que Washington, en lugar de atraer y hacer nuevos amigos, acrecentera, con inusitada rapidez, el número de sus adversarios. Realmente esto es una posición bastante incómoda incluso para una superpotencia económica y militar.

De una parte el terrorismo de Al Qaeda, de otra la permanente y desangrante guerra en Irak a la cual muchos analistas aún tratan de encontrarle el motivo verdadero de su estallido. La situación descontrolada que se está dando en Afganistán y la violencia en el Próximo Oriente. La ridícula vigencia del llamado socialismo del siglo XXI, en la cercana Caracas, de manos del aprendiz de dictador Hugo Chávez, una China que parece no ceder ni un ápice con respecto a la ausencia de libertades en su extenso territorio y su negativa a una apertura al pluripartidismo al igual, penosamente, que lo que está ocurriendo en mi Cuba natal. Todos estos son sólo algunos ejemplos destacables dentro de una realidad mundial colmada, desbordada, carcomida, por coyunturales o infinitos enfrentamientos.

Y es precisamente en medio de todo este desgarrador contexto exterior que llega el primer hombre afroamericano a encabezar el actual gobierno de los EE.UU. El joven presidente hace promesas de grandes cambios, entre ellos el de retirar lo antes posible a las tropas estadounidenses de Irak y clausurar la prisión de la base naval de Guantánamo, además crear de inmediato tres millones de empleos y hacer reformas de salud, educación así como establecer nuevos programas sociales.

Obama plantea que su nación ha demostrado su grandeza cuando ha sabido enfrentar los tiempos duros y difíciles de su historia saliendo victoriosa de ellos. Que con responsabilidad y deseos el pueblo estadounidense puede ser autor de las grandes transformaciones que se necesitan en un momento tan crucial como el actual. El recién estrenado mandatario continúa planteando en sus elocuentes discursos que se ha arribado a una “Nueva Era” en la cual se podrá renovar el viejo sueño americano, de momento deteriorado. Pues, que así sea.

Mientras el nuevo líder prestaba su juramento el pasado día Veinte, muchos de sus seguidores tenían lágrimas emotivas en los ojos y la euforia rebosaba las calles de Washington cuando miles de personas gritaban y coreaban su nombre: Barack, Barack, Barack…A lo largo de la avenida Pensilvania, por donde caminara sonriente y saludando a la multitud acompañado de su esposa, la nueva primera dama, Michelle. Sin embargo, sin caer en realismos extremos y deprimentes, a Obama le esperan años sumamentes delicados y complejos. Quizás algunos de los que hoy lo apoyan, en el día de mañana lo denigren. Por muy inteligente y decidido que sea este joven hombre, nunca podrá hacerse un mago. A mi juicio los cambios y las mejorías comenzarán a notarse de una manera gradual y paulatina.

Con todo y lo anteriormente dicho no tengo ninguna clase de dudas de que ese gran pueblo, el heredero de Lincoln, saldrá airoso y adelante de esta cruda circunstancia por la que está atravesando. Por ello, con la más auténtica sinceridad, le deseo a Barack Obama el más rotundo de todos sus éxitos.

Que Dios lo ayude en la difícil y grandiosa empresa de construir un mundo con más aliados y menos adversarios.

Lázaro Rosa
Cubano residente en Alberta, Canadá

 

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