Negociaciones
de paz entre Siria e Israel
¿Verdadero
intento o maniobra de mutua conveniencia?
(Fotografía:
Jerusalem This Week)
Las Alturas del Golán son la piedra
de toque en cada intento de negociación
siria-israelí. Sin embargo, un acuerdo
de paz entre ambos países involucra
mucho más que tierra: disminuir la presión
interna, desviar la atención internacional
y ganar el apoyo de Estados Unidos,
son algunos de los factores que se entremezclan
con otras piezas clave como Hezbollah,
Hamas, Irán y los palestinos, en un
puzzle de difícil solución.
Por Nicole Saffie Guevara
18 de octubre, 2008
Mona se va a casar con
un famoso actor de la televisión siria,
pero está triste. En el preciso momento
en que contraiga matrimonio no podrá ver
nunca más a su familia en el Golán. Como
el territorio, ocupado por Israel desde
la Guerra de los Seis Días en 1967, es
reclamado por Siria, sus ciudadanos no
pueden cruzar la frontera. Esta problemática
situación, tema central de la película
“La novia siria”, no es más que una pequeña
muestra del complejo escenario que se
vive en la zona.
Similar en tamaño al cerro San Cristóbal,
el Golán es una meseta de 2.814 metros
entre la frontera de Israel, Siria, Líbano
y Jordania, que conforma un territorio
tremendamente apetecido por sus condiciones
estratégicas. Gracias a su altura, es
posible divisar Damasco y dominar militarmente
Galilea. Por tanto, para Israel ésta es
una zona clave para resguardar su seguridad.
Pero no sólo es fundamental para la defensa,
sino también es una importante reserva
de agua, elemento vital en esta desértica
región. Parte de este territorio rodea
el mar de Galilea, principal fuente de
agua dulce de Israel desde donde nace
el río Jordán éste aporta el 60% de su
agua potable; y aquí, por cierto, es
donde se encuentra el único centro de
esquí israelí. También posee recursos
hidroeléctricos. Sus tierras son bastante
fértiles y, de hecho, han dado lugar a
una exitosa industria vitivinícola. El
ganado también pasta entre los cerros,
especialmente en las zonas más altas.
Su población alcanza aproximadamente
las 40.400 personas –de acuerdo a cifras
de la Oficina Central de Estadísticas
de Israel, de septiembre de 2007. Allí
conviven unos 19.300 drusos –minoría religiosa
que se considera a sí misma como árabe-,
19.000 colonos judíos y 2.100 musulmanes.
Apenas el 10% de los drusos son ciudadanos
israelíes, mientras que la gran mayoría
conserva su ciudadanía siria, pese a que
de esta manera debe sufrir bastantes más
trabas burocráticas, como dificultades
para entrar y salir del Golán. Los colonos,
por su parte, viven en comunidades agrícolas
(kibutz y moshav), formando parte del
Consejo Regional. Y los musulmanes residen
principalmente en el pueblo de Ghajar,
en la frontera con El Líbano, claro que
la mayoría de ellos posee la ciudadanía
israelí.
El Golán fue ocupado por el Ejército
israelí en 1967 y luego, en 1973 en la
Guerra de Yom Kippur. Ocho años más tarde,
Israel incorporó esta zona como parte
de su territorio, conformando el Distrito
Norte, y quedando bajo su sistema legal,
administrativo y jurisdiccional. Sin embargo,
esta decisión fue declarada como “nula
y sin valor” por la resolución 497 del
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas,
en diciembre de 1981.
De ahí que en la zona existan más de
mil “cascos azules” o fuerzas de paz de
la ONU, pertenecientes a la UNDOF (The
United Nations Disengagement Observer
Force), establecida en 1974 para mantener
el alto el fuego en el área. Ellos son
los únicos individuos que pueden cruzar
libremente la frontera siria-israelí,
de modo de aliviar los problemas de la
población drusa.
Desde entonces que las posiciones de ambos
países han sido irreconciliables. Para
Siria, las Alturas del Golán son parte
de su territorio y deben ser devueltas.
Mientras que Israel argumenta que ésta
es una zona indispensable para defender
su territorio, por lo que es fundamental
mantenerla bajo su poder.
Los intentos de reconciliación
Pese a lo anterior, hace ocho años ambos
países iniciaron un proceso de acercamiento,
a través de la mediación suiza. Sin embargo,
los esfuerzos resultaron infructuosos.
La diferencia entre lo que los sirios
deseaban y lo que los israelíes ofrecían,
resultó ser demasiado grande.
Por un lado, Siria exige que Israel devuelva
hasta el último centímetro de tierra de
las Alturas del Golán. Por otro, Israel
pide que su vecino corte todos sus vínculos
con la organización islámica libanesa
Hezbollah o "Partido de Dios";
además de mantener una franja de seguridad
de 100 metros al otro lado del río Jordán.
Luego, en 2002 los países árabes ofrecieron
una oferta global de paz, que en realidad
nunca ha sido tomada en serio por Israel:
reconocimiento diplomático por los 22
países de la Liga Árabe a cambio de su
retirada completa de los territorios ocupados
en 1967 (Cisjordania, Franja de Gaza y
las Alturas del Golán).
Es por todo esto que sorprende que ambos
países decidieran nuevamente iniciar conversaciones
de paz, esta vez con la mediación de Turquía.
Incluso el primer ministro israelí Ehud
Olmert afirmó que era un “deber nacional”
abrir las negociaciones con Siria. “Estoy
contento de que las dos partes hayan decidido
hablar, pero no me hago ilusiones; las
negociaciones no serán fáciles. Es posible
que duren mucho tiempo y conlleven concesiones
dolorosas”, declaró a la prensa a mediados
de este año.
¿Por qué un nuevo intento? Porque ambos
gobiernos pueden sacar buenos dividendos.
Para partir, si Israel negocia un acuerdo
sobre el Golán, no sólo obtiene la paz
con Damasco, sino que lograría debilitar
a Hezbollah, uno de sus principales enemigos,
puesto que la organización se quedaría
sin la vital ayuda siria. Por otra parte,
Olmert también lograría desviar la atención
de las duras críticas que ha enfrentado
su Gobierno, por sus fracasos en las negociaciones
con los palestinos y algunos escándalos
de corrupción. Un logro como ésta también
le daría un fuerte espaldarazo a su debilitada
coalición de Gobierno.
Por su parte, para los sirios, un acuerdo
como éste significaría que Estados Unidos
debe dar su respaldo, enviando nuevamente
un embajador a Damasco, retomando así
los contactos diplomáticos a alto nivel.
Esto permitiría a Siria salir del “Eje
del mal”, pasando de ser un “enemigo”
a un “amigo” a los ojos de Washington.
Además, para el presidente Bashar Assad
sería el elemento disuasorio perfecto
para disminuir la presión interna por
los altos precios de los alimentos y la
presión externa por las intervenciones
en el Líbano. Por lo demás, un acuerdo
de este tipo también reforzaría el papel
de Siria en el mundo árabe, el cual cada
día ha ido tomando mayor peso.
De ahí que predecir un diagnóstico resulte
bastante arriesgado. Sin embargo, lo que
sí es posible asumir es que habrá que
esperar hasta el recambio de gobierno,
tanto de Estados Unidos como de Israel,
para ver qué camino toman estas negociaciones.
Mientras, los habitantes del Golán tendrán
que seguir esperando o contentarse, a
lo más, con mirar las tierras más allá
del “check point” israelí con la esperanza
de cruzar la valla algún día y poder regresar,
al igual que Mona en la “Novia siria”.