Participante
del Congreso Mundial de Ciencias Políticas
comenta reacciones tras su presentación
(Fotografía:
EMOL)
Durante
la realización del 21º Congreso Mundial
de Ciencia Política en la ciudad de Santiago
de Chile, tuve el privilegio de exponer
un trabajo denominado “Percepción mutua
y códigos geopolíticos en la relación
Chile-Perú”, el cual estaba inserto dentro
de un panel sobre conflictos en la región.
Pero el presente artículo no trata de
aquella investigación, sino de las consecuencias
que se generaron en la audiencia después
de la exposición, la cual en un principio
se debe señalar que era bastante heterogénea
en cuanto a nacionalidades y pensamiento.
Lester Cabrera Toledo
20 de julio, 2009
Fue
una de las primeras premisas que se esbozaron
tanto en el panel como en la audiencia.
La inquietud puede ser incluso concebida
como un acto de auto-reflejo. Preguntaron
“¿considera usted que la estrategia de “regionalismo
abierto” que ha aplicado Chile ha dado resultados
en Sudamérica?”. La respuesta fue muy sincera.
Chile ha aplicado una estrategia de “regionalismo
abierto”, tomando como elemento rector el
aspecto económico, lo cual se refleja en
la adopción de diversos Acuerdos de Complementación
Económica (ACE) con los diferentes países
de la región. Pero para una integración
en esta área del mundo, Chile no solamente
sostener vínculos comerciales, sino que
también políticos, y es en aquella área
donde el país falla en forma drástica y
contundente. Es más, en muchas ocasiones
(y en esto se tomó el ejemplo de la relación
con el Perú) el comercio bilateral puede
ser muy asimétrico, creando con ello una
percepción de “invasión” de capitales foráneos
en directo perjuicio de los nacionales,
con lo cual, la imagen de Chile sale en
ciertos aspectos dañada (al respecto, conviene
destacar el caso Luchetti hace algunos años).
La
sensación que tuvo el discussant (de origen
estadounidense) del panel fue de conciliación
ante la exposición. Señaló, y como se ha
expresado en variada literatura de la temática
abordada, que la relación entre Chile y
Perú le evoca una especie de analogía con
la relación que en su momento tuvieron Francia
y Alemania o este último país y Polonia,
después de la Segunda Guerra Mundial. Para
muchos en la audiencia, incluyendo al suscrito,
dicho argumento se aleja bastante de la
realidad del modus vivendi de la relación,
aunque generalmente (y por no decir siempre)
se toma como punto de inflexión en la relación
la Guerra del Pacífico. Ante esta nueva
arista del debate, se analizó el asunto
con una interrogante: “¿acaso necesitan
tener múltiples conflictos bélicos, como
sucedió entre Francia y Alemania, para darse
cuenta con la integración ganan ambos?”.
La respuesta se generó en forma muy simple
y espontánea, es necesario mirarnos a los
ojos, y no a los bolsillos como sucede hoy
por hoy.
Pero
aquella respuesta no generó un asentamiento
general con la cabeza en la audiencia. Una
mujer chilena, con acento que parecía provenir
desde el otro lado de la Cordillera de los
Andes, otorgó un punto de vital importancia
y casi completamente ignorado por el panelista.
Señaló en forma clara: “tal vez antes de
preocuparnos del proceso de percepción mutua
entre los países de Sudamérica, ¿no será
más necesario que los países se miren hacia
adentro, a sí mismos?” No puedo negarlo,
aquella interrogante me tomó en un primer
momento de sorpresa, por ningún motivo por
lo descabellado, sino porque aquel es el
punto de inicio de los frecuentes roces
bilaterales, para no sensibilizar con el
tema a toda la región de “Costaguana”. Entonces,
apreciando los aspectos geográficos de la
“Costaguana” chilena, se pudo dilucidar
una respuesta breve, pero con un alto nivel
de determinismo ratzeliano. Indudablemente,
la geografía moldea la forma en como los
pueblos y los países se perciben a ellos
mismos, tomando como patrón de referencia
la existencia de otros pueblos similares.
Siendo así, Chile ha sido catalogado comúnmente
como “una isla”, por el tema de la Cordillera
y el desierto. Pero en nuestros tiempos,
aquello no es más que una simple excusa
con muy poco valor. Es cierto, un nacional
de Argentina al sentir un movimiento telúrico
tendrá una reacción muy diferente a que
pueda tener un chileno, pero exceptuando
aquello, ¿cómo nos explicamos que seamos
uno de los países que más interconexión
tiene con el resto del mundo? Ambigüedades
dejadas para un café posterior.
La
trilateralidad de la relación entre Chile
y Perú quedo demostrada por el público y
el panel. No se puede hablar de Chile y
Perú sin considerar, aunque sea en forma
tangencial a la mediterránea Bolivia. Se
interrogó al panelista el porque de la no
inclusión de la república altiplánica en
el estudio, fundamentalmente por el momento
de re-ordenamiento de vínculos entre estos
3 países, y la relación actual que tiene
Bolivia con Chile. Incluir a Bolivia hubiera
sido criminal con los restantes miembros
del panel, pero no por ello interesante,
y como el tiempo del debate aún corría lento,
se permitió un desvíe necesario. No puede
considerarse un re-ordenamiento geopolítico
entre Chile-Perú-Bolivia, porque simplemente
un Presidente catalogue a su par de “gordo”.
Basta a que asuma en Perú un indígena o
algún miembro del movimiento etnocacerista
para que se vuelvan a los antiguos sueños
de revanchisme. Por lo tanto, si bien se
considera relevante el tema de los discursos,
no pueden hacerse proyecciones rigurosas
en el tiempo que vinculen a Chile.
Pero
el tema es sobre las percepciones, y un
panelista argentino dio el pitazo final
en el debate. Señaló a modo personal, que
un familiar muy cercano a él, de nacionalidad
boliviana, hablaba constantemente muy mal
de Chile, tomando a este país como usurpador
y expansionista. Siendo así, un deciente
directo de aquel familiar contrajo nupcias
con una persona de nacionalidad chilena,
lo cual produjo inmediatamente una especie
de “erradicación” de la tradicional familia.
Y finalizando la idea frente a la audiencia
señaló: “gran parte de los argentinos también
consideramos a los chilenos como expansionistas”.
Un
par de segundos de silencio, hasta que un
chileno señaló “nosotros lo mismo de ustedes”.
La
hermandad duró 1 hora y 55 minutos en forma
exacta.