Reflexiones
sobre la "normalidad" en la
relación chileno-peruana
(Fotografía:
Agencias)
Al
leer cualquier artículo académico sobre
la relación bilateral entre Chile y
Perú, en los últimos 30 ó 40 años, se
pueden observar determinados elementos
que componen un ethos de la misma, además
de vocablos que se repiten constantemente,
no importando el tiempo histórico ni
la nacionalidad del autor. “Guerra del
Pacífico”, conflicto, expansionismo/revanchismo,
armas y problemas, son algunos de las
palabras o conceptos que más se repiten.
Siendo así, salta de inmediato una pregunta
que tiene el deber de ser tanto respondida
como analizada con detenimiento: ¿es
acaso aquel escenario, la “normalidad”
en la relación bilateral? Veamos.
Lester Cabrera Toledo
3 de febrero, 2010
En primer lugar, conviene señalar que
algo que se considera normal, guarda una
relación con una serie de hechos o acontecimientos
que repiten en forma mayoritaria y constante
en un período de tiempo determinado. Es
decir, se concibe como algo “normal” en
términos estadísticos, lo que más veces
sucede. Siendo así, lo “normal” no necesariamente
es sinónimo de positivo o negativo. ¿Qué
sucede entonces en la relación antes señalada?
Lo
“normal”, dentro de estos 40 años de relación
bilateral ha sido la cooperación y una
interdependencia que ha ido en constante
aumento, más allá del discurso popular
en que se catalogan mutuamente como “enemigos
naturales”. Por ejemplo, múltiples autores
de ambas nacionalidades observan con recelo
las acciones del otro país y establecen
como marco de análisis o eventual explicación
de ciertos acontecimientos, como se señaló
en un comienzo, hechos o vocablos que
pre-disponen una imagen negativa sobre
el “otro”, distorsionando el real ambiente
que se ha evidenciado en gran parte de,
por ejemplo, los últimos 40 años de relación.
Lo anterior es faltar a la rigurosidad
analítica sobre una relación tan compleja
como chileno-peruana.
No
obstante, dentro de aquella falta de rigurosidad
analítica, también se destacan algunos
elementos, como por ejemplo el nivel mismo
del discurso en el cual se manejan las
imágenes de amigo/enemigo, y que en el
fondo otorga argumentos “estructurales”,
válidos o no, al discurso tanto popular
como práctico. Es decir, se racionaliza
una problemática académica en la relación,
se transfiere al nivel popular (en sentido
geopolítico de O’Tuathail), y se materializa
a través de la práctica política de la
esfera o nivel gobernante, creando un
ciclo que se ha mantenido en el tiempo.
Por lo tanto, lo que varía en este sentido
es el nivel de problematización que representa
“el otro” sobre los valores y sentimientos
que pueda percibir de uno, en el discurso
formal, y su posterior traspaso a los
otros niveles de análisis (popular y práctico).
El
problema real surge cuando esta problematización
no surge necesariamente del discurso formal,
sino que directamente del práctico, es
decir de las esferas gubernamentales.
A partir de este hecho, el ciclo cambia
radicalmente, así como también la intensidad
(negativa o positiva del mismo). Las manifestaciones
populares son producto en forma general
de la manera en como el discurso práctico
enfrenta las dificultades sobre el particular,
estableciendo con ello nuevos niveles
e imágenes sobre la dialéctica amigo/enemigo.
En este sentido, la controversia por la
delimitación marítima puede inscribirse
dentro de esta categoría, mientras que
la imagen de país expansionista/revanchista
en términos amplios, se enmarca dentro
del enfoque señalado con anterioridad.
Retomando
entonces el enunciado del presente artículo,
si bien dichos vocablos pre-determinan
la relación hacia una “normalidad” negativa,
aquella no se concentra “normalmente”
en los hechos ni en las formas de intercambio
sino que, por lo general, se observan
dentro de la lógica discursiva de las
partes. Pero sin perjuicio de aquello,
se puede observar como algo “normal” en
la misma, una tendencia a maximizar lo
negativo y minimizar lo positivo, no importando
esto último en el nivel en que se clasifique
o mire.
La
realidad impone una “normalidad” negativa
a la relación bilateral, y como se han
visto en los acontecimientos recientes,
aquello cada vez pasa a ser una normalidad
negativa a una positiva, con una tendencia
sobre la primera. Lo importante es entonces
en primer lugar, romper la inercia. Tarea
para las próximas generaciones de políticos
y académicos chilenos y peruanos.
Lester Cabrera
Toledo