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Abiy Ahmed, un digno y merecido ganador del Premio Nobel de la Paz

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Abiy Ahmed, un digno y merecido ganador del Premio Nobel de la Paz

Fecha 11/10/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Más allá de lo que digan los eternos críticos, que nunca encuentran algo bueno y que siempre ven dobles lecturas donde no las hay, el Premio Nobel de la Paz sigue siendo un importante hito anual. No solo porque es un potente símbolo, sino que por el hecho de premiar, en forma concreta, a quienes luchan por un mejor mundo. Suena cliché, pero es real.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de octubre de 2019
(originalmente publicado en Cooperativa.cl)

Sin embargo, es cierto que ciertas nominaciones o premiaciones habían generado polémica en los últimos. Por ejemplo, los premios entregados a Barack Obama (2009) y la Unión Europea (2012). Junto a ellos, la nominación de Greta Thunberg en la presente versión del Premio Nobel de la Paz.

Es por eso que darle el Premio Nobel de la Paz a Abiy Ahmed, actual primer ministro de Etiopía, no solo es algo justo, sino que también un tremendo espaldarazo para esta importante institución. Al respecto, cabe resaltar lo más evidente, es decir, Ahmed firmó la paz con la vecina Eritrea y puso término al “estado de guerra” que imperaba desde 2000. En este sentido, es necesario recordar que Etiopía y Eritrea enfrentaron una guerra entre 1998 y 2000, la cual finalizó con el Acuerdo de Argel (2000). Sin embargo, las tensiones se mantuvieron hasta 2018, año en el cual ambas partes acordaron dejar atrás décadas de conflicto y, entre otras cosas, asumir las fronteras establecidas en el Acuerdo de Argel.

Apenas ocurrido esto, algo tan básico como realizar llamadas telefónicas desde un país al otro pudo concretarse. Después, seguirían otros hitos, como reapertura de embajadas, apertura de fronteras, creación de comisiones, visitas recíprocas, circulación de personas y, lo principal, un aire de paz en una zona (el Cuerno de África) que ha sufrido por males como el terrorismo, la sequía, las disputas fronterizas y la carencia de una integración social, política y económica.

Pero esto no fue todo, ya que los “nuevos aires” impulsados por Abiy Ahmed –quien también realizó grandes reformas internas, tendientes a democratizar al estado etíope y a buscar un equilibro étnico- llegaron a los demás países de la región. Es así que Eritrea y Somalía restablecieron sus relaciones diplomáticas, en tanto que Djibouti y Eritrea destrabaron su situación y, tras diez años, normalizaron sus nexos. Por si fuese poco, Eritrea, Etiopía y Somalía firmaron un acuerdo de cooperación política, económica, social, cultural y securitaria, a lo cual sumaron la generación de una comisión conjunta tripartita. Todo esto, promoviendo la paz regional. Lo anterior ha sido acompañado por otros movimientos, los cuales han incluido avances en los vínculos bilaterales de los estados de la región y, quizás lo principal, en los asuntos multilaterales del Cuerno de África. Y aunque ha habido algunos problemas, como la disputa marítima entre Kenya y Somalía o una polémica entre Eritrea y Djibouti (la cual fue solucionada), no se puede negar que los progresos han sido evidentes.

Además, se han creado diversos proyectos de integración, los cuales incluyen líneas ferroviarias, creación de más vuelos entre los países de la región, mayor comercio, construcción de autopistas, inversión en puertos, seguridad fronteriza, lucha contra el terrorismo y disminución de visados para los africanos.

Hoy, a pesar que falta mucho para que el Cuerno de África pueda respirar tranquilo, el trabajo de Abiy Ahmed asegura que, más allá de las dificultades que han aparecido y seguirán emergiendo, el proceso va bien encaminado. Etiopía y sus vecinos comienzan a recibir más apoyo internacional –lo cual debe ser tomado con precaución, pues las potencias ya se muestran sus dientes en la lucha geopolítica por esta importante región- y empiezan a tejer una red de vínculos diplomáticos que deberían llevarlos a fortalecer la integración regional y africana. Eso sí, habrá que tener cuidado con las “ayudas” y los “buenos consejos” de las potencias externas y, como se ha dicho en el último tiempo, todo deberá basarse en la premisa de “buscar soluciones africanas para los problemas africanos”.

En resumen, que un conflicto histórico, como el que mantenían Eritrea y Etiopía, haya llegado a su fin es una noticia esperanzadora y, por supuesto, merecedora del reconocimiento internacional. Por eso, a celebrar el Premio Nobel de la Paz recibido por Abiy Ahmed, el “reformista”. Que sus pares regionales se contagien e inicien la apertura, sin miedos, hacia una democratización política, social y comercial. Es lo que necesita África.

Es lo que necesita el mundo actual.

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La invisibilidad de África en Chile: el caso de la (des)igualdad genérica

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La invisibilidad de África en Chile: el caso de la (des)igualdad genérica

Fecha 27/12/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El pasado 18 de octubre, Paul Kagame, presidente de Rwanda, se convirtió en noticia obligada, ya que hizo un cambio de gabinete y en este último apostó por la igualdad genérica. Así, estará conformado por 50% de mujeres e igual proporción de hombres. La situación llamó la atención, pero tampoco sorprendió tanto, pues Rwanda tiene una tasa de participación femenina muy alta en el ámbito legislativo. De hecho, el 61,3% de quienes integran el Parlamento de Rwanda son mujeres.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 27 de diciembre de 2018

(Fotografía: Getty Images)

Días después, otro país africano, ahora Etiopía, causó revuelo, ya que, por primera vez en su historia, nombró (a través de su Parlamento) a una mujer como presidenta del país. Si bien es un cargo simbólico –el que tiene el poder es el primer ministro-, no deja de ser un dato relevante. Tanto así, que Sahle-Work Zewde es, en la actualidad, la única jefa de estado de África.

Pero esto no es todo, pues el reformador Abiy Ahmed –que se ha convertido, sin dudas, en uno de los grandes personajes políticos del año- ya había dado otro paso, pues la semana anterior había nombrado a su gabinete y en éste optó, al igual que Kagame, por la paridad genérica. Así, diez de sus integrantes son mujeres y la misma cantidad corresponde a hombres. Aún más, se la jugó nombrando a una representante femenina en cargos tan importantes –e históricamente reservados para alguien del género masculino- como en el Ministerio de Defensa.

Para tener una mayor noción sobre lo acontecido en Etiopía y Rwanda, cabe revisar algunas cifras. Según datos de la Unión Interparlamentaria, en 2017 había apenas seis países (a nivel mundial) con 50% o más de mujeres en jefaturas ministeriales. En dicho listado, resaltaban Rwanda (7°, con 47,4%), Sudáfrica (9°, 41,7%) y Uganda (19°, 36,7%).

Respecto de la participación parlamentaria femenina, solo dos estados tenían, en su Parlamento unicameral o su Cámara Baja, una tasa de 50% o más, destacando Rwanda (1°, 61,3%), Senegal (7°, 42,7%), Sudáfrica (9°, 42%), Namibia (12°, 41,3%), Mozambique (13°, 39,6%), Etiopía (17°, 38,8%) y Angola (19°, 38,2%).

¿Dónde se ubica Chile en estos rankings? En el primero, aparece en el puesto 22°, con un 34,8% de ministerios a cargo de mujeres, en tanto que en el segundo figura en el lugar 128°, con un débil 15,8%. ¿Cuál es la media mundial? En el caso de los ministerios, la tasa de participación femenina es 18,3%, mientras que en el ámbito parlamentario es 23,3%.

Una medición más permite profundizar en el tema de la (des)igualdad genérica en África y Chile. Según el Índice de Brecha de Genero de 2018, el cual es publicado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), tres países africanos se ubican entre los 20 primeros del listado. Se trata de Rwanda (6°), Namibia (10°) y Sudáfrica (19°). A ellos se deben agregar Burundi (31°), Uganda (43°), Zimbabwe (47°) y Mozambique (49°), quienes integran el selecto grupo de los 50 mejores del mundo.

Por ítem, dado que el índice del WEF involucra a cuatro variables, siguen llegando buenas noticias provenientes de África. Es así que en «participación económica y oportunidad» destacan Benín (4°), Burundi (5°), Guinea (7°), Camerún (8°), Namibia (12°), Botswana (13°), Ghana (25°), Rwanda (30°), Kenya (37°), Zimbabwe (40°), Liberia (41°) y Madagascar (48°), mientras que en «logros educacionales» resaltan Botswana, Lesotho -los cuales comparten el primer lugar con otros 24 estados del mundo- y Namibia (42°). A su vez, en «salud y supervivencia», Angola, Botswana, Eswatini, Kenya, Lesotho, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Uganda y Zimbabwe se ubican en el grupo de 40 países que se posicionan en la primera plaza a nivel mundial. Por último, en «empoderamiento político», África vuelve a sobresalir, ya que Rwanda (4°), Sudáfrica (17°) y Namibia (20°) están entre los 20 primeros, en tanto que Mozambique (26°), Senegal (30°), Uganda (32°), Burundi (40°), Tanzania (43°) y Liberia (47°) aparecen en el segmento de los 50 mejores.

¿Qué ocurre con Chile en el índice del Foro Económico Mundial? A nivel general, ocupa el casillero número 54, es decir, es superado por siete estados africanos. En lo particular, Chile tiene sus mejores resultados en «empoderamiento político» y «logros educacionales», ubicándose en los puestos 31° y 37°, respectivamente. Algo más atrás aparece en «salud y supervivencia» (59°) y, en algo preocupante, queda bastante lejos en «participación económica y oportunidad», donde se queda con el lugar 120°.

En resumen, lo que ocurre con Etiopía, Rwanda y otros países de África amerita mayor difusión, pues dichos estados, al igual que Chile y la mayoría de los países del mundo, están en plena lucha por la igualdad genérica. Además, uno de los temas principales de debate ha sido, justamente, la participación de las mujeres en diversos ámbitos como la política, el mercado laboral y la educación. Por eso, genera tristeza que, nuevamente, se le entregue poca visibilidad a lo que pasa con los estados africanos, en particular, y con África, en general. Hace unos días, la prensa chilena no tuvo problemas en informar sobre un accidente ferroviario en un país de dicho continente, pero ahora, que es momento de mostrar hechos esperanzadores y positivos (índices o cifras que posicionan a ciertos países de África entre los mejores del mundo y superando a Chile), ya no hay tanta cobertura.

Como siempre, África termina siendo un continente del cual llegan pocas buenas noticias y muchas de las malas. Y, aunque muchos no lo crean, de las primeras hay muchas, solo que parecen ser invisibles en el lejano Chile.

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