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Guinea en busca de más democratización y libertad

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Guinea en busca de más democratización y libertad

Fecha 20/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El domingo 18 de octubre se llevó a cabo la primera vuelta de la elección presidencial en Guinea. Lo ocurrido en este proceso electoral es fundamental para el avance de la estabilidad en el país y África Occidental.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 20 de octubre de 2020

(Agencias)

A nivel interno, entre 1958 (independencia) y 1984 tuvo un régimen de partido único (bajo el mando de Ahmed Sékou Touré), el cual terminó con el golpe de estado de 1984. Luego, entre 1984 y 2008 (régimen de Lansana Conté), se estableció un período autoritario. En diciembre de 2008, falleció Conté y ocurrió un nuevo golpe de estado. Sin embargo, la junta militar cumplió el compromiso de organizar elecciones presidenciales dentro de dos años. Así, en diciembre de 2010, Alpha Condé venció y se convirtió en el primer presidente guineano elegido democráticamente. El país entraba, en teoría, a una etapa de mayor democratización, pero, con el paso del tiempo, Condé se fue transformando en un mandatario autoritario. Así, tras ganar los comicios presidenciales de 2015, tuvo un segundo mandato y en marzo de 2020 organizó un referéndum constitucional. A través de este último, aumentó el período de cinco a seis años, pero se mantuvo el máximo de diez años (un mandato y una reelección). Sin embargo, Alpha Condé consiguió un «reseteo» de los registros previos y, en caso de ganar, podría llegar a gobernar hasta 2032.

En este contexto, desde 2019 se han producido diversas y multitudinarias manifestaciones en Conakry, capital de Guinea. Una de ellas, en diciembre del año pasado, tuvo una adhesión de un millón de personas, aproximadamente. Lamentablemente, también ha habido mucha violencia y, según diversos informes de organizaciones nacionales e internacionales, han muerto entre 50 y 93 manifestantes.

En cuanto a la elección presidencial, la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) validó 12 candidaturas, de las cuales dos (16,67%) corresponden a mujeres. En 2015, hubo ocho candidaturas y solo participó una mujer, (12,5%).

Los principales contendientes son Alpha Condé y Cellou Dalein Diallo, quienes se enfrentaron en las presidenciales de 2010 y 2015, siempre con triunfo para Condé. En 2010 lo hizo en una reñida elección -definida en la segunda vuelta y con el 52.52% de los votos-, mientras que en 2015 se impuso, con un mayor margen (57.85%), en la primera vuelta.

Los resultados oficiales no serán publicados antes del miércoles 21 de octubre. Mientras, Cellou Dalein Diallo se declaró vencedor y Alpha Condé no respalda dicha afirmación y espera los números finales.

Es importante recordar que África Occidental tiene países con buenos índices democráticos (Ghana y Benín, por dar dos ejemplos), pero también hay otros que han sufrido por la inestabilidad política y social. Es el caso, por ejemplo, de Togo (con una dictadura familiar de años), Gambia (fin de la dictadura en 2017), Guinea-Ecuatorial (dictadura desde 1979), Malí (golpes de estado en abril de 2012 y agosto de 2020) y Costa de Marfil (elecciones el 31 de octubre, en un contexto de desorden político y social, con protestas, violencia e incluso muertos). Además, Burkina Faso y Níger, al igual que Costa de Marfil, tendrán elecciones presidenciales a fines del presente año, las cuales también serán claves.

Por último, la Comunidad Económica de África Occidental (Cedeao) sigue con atención este proceso electoral, pero también la situación en los otros países de la región. Este importante bloque regional tiene la misión de demostrar que puede jugar un rol positivo y concreto en las crisis y los conflictos de sus estados miembros.

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El fútbol, una vía para la igualdad genérica en Marruecos

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El fútbol, una vía para la igualdad genérica en Marruecos

Fecha 12/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace algunas décadas, el deporte más popular del mundo parecía ser un asunto de ciertos países y reservado solo para los hombres. Sin embargo, en los últimos 30 años y, particularmente, en los últimos dos decenios, la práctica del balompié no solo se extendió por todas las regiones del planeta, sino que además atrajo la atención de las mujeres. Tanto así, que la rama femenina cada vez suma más jugadoras profesionales, amateurs y recreacionales, algo que se puede apreciar en Marruecos, donde el asunto va más allá de lo netamente deportivo y aparece como un elemento de igualdad entre mujeres y hombres.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de octubre de 2020

(Agencias)

Según el Reporte de Fútbol Femenino de la FIFA de 2019, 13,36 millones de mujeres y niñas juegan fútbol organizado a nivel mundial. De ellas, 3,12 millones de jugadoras juveniles (menores de 18 años) se encuentran registradas, en tanto que, en el caso de las adultas, la cifra bordea el millón (945.068). En paralelo, existen 63.126 entrenadoras en todo el mundo y 80.545 árbitros, equivalentes al 7% y 10%, respectivamente, del total mundial.

En cuanto al rol de las asociaciones nacionales, el 91% afirmó estar promocionado al fútbol femenino a través de las redes sociales y los medios tradicionales. Junto a eso, 74 asociaciones reciben exposición mediática semanal y 81 usan el sistema de streaming para transmitir fútbol femenino. Cabe agregar que las redes sociales más usadas son Facebook (135 de las 210 asociaciones), Instagram (103), Twitter (84), Youtube (71), Otras (40) y Snapchat (16).

En relación al trabajo de las asociaciones, 76% tiene una estrategia específica para el fútbol femenino y el 49,5% ha implementado un departamento o sección de fútbol femenino. La participación en cargos también merece atención, ya que las mujeres representan el 28% de los puestos administrativos y el 25% de los puestos más relevantes (presidenta, secretaria general y jefa de departamento o sección).

Algo muy interesante es el hecho que el 74% de las asociaciones trabajan con ONG, para así conseguir, a través del fútbol, un impacto positivo en la vida de mujeres y niñas. En este asunto, destacan temas como lucha contra el racismo, inclusión a la mujer en el deporte, lucha contra las desigualdades genéricas, vida sana, empoderamiento de la mujer, deporte inclusivo, integración de personas con capacidades diferentes, protección de las niñas, rechazo al acoso sexual, prevención del bullying y fair-play, entre otros. Estas políticas han generado diversos efectos positivos y uno de eso es la percepción que tienen los niños del fútbol femenino. Por ejemplo, la Confederación de Fútbol de Oceanía implementó, en 2010, Just Play -un proyecto deportivo de desarrollo social-, el cual ha beneficiado a 300.000 niñas y niños de 11 países diferentes. Dentro de sus resultados destaca que, en 2010, el 53% de los niños disfrutaba jugar fútbol con niñas, mientras que en 2019 la cifra subió al 72%. Este caso demuestra que, más allá del fútbol competitivo, existen otras instancias aún más importantes, pues generan profundos impactos sociales, los cuales provocan cambios en los paradigmas existentes.

Por último, vale la pena revisar, brevemente, cómo es la realidad del fútbol femenino en los mundiales. Al respecto, la Copa del Mundo es el principal torneo del fútbol internacional y en ella participan 32 selecciones, en la rama masculina, y 24 en la femenina. En este sentido, no hay una gran diferencia respecto del proceso histórico de participantes en estos eventos. De hecho, recién en 1998, cuando el fútbol se había desarrollado en prácticamente todos los países, los mundiales de hombres pasaron a tener 32 escuadras. Si el auge del fútbol femenino continúa su escalada, entonces no sería raro que en dos o tres mundiales ya tengan 32 escuadras en la fase de grupos.

Donde sí se pueden apreciar diferencias es en la cantidad de equipos que compiten en las eliminatorias mundialistas. Para el Mundial de Rusia 2018, la participación de las selecciones fue muy alta en el caso de los hombres, con 208 de 210 combinados nacionales (99%) siendo parte del proceso. A la inversa, en el caso de las mujeres solo estuvieron presentes 140 de los 210 elencos (67%). Sobre esto último, la Confederación Sudamericana de Fútbol (100%), la Confederación de Fútbol de Oceanía (100%) y la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (85%) tuvieron los mejores registros, dejando más atrás a la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (77%), la Confederación Asiática de Fútbol (48%) y a la Confederación Africana de Fútbol (44%).

En el caso de los torneos juveniles (sub-20 y sub-17), el escenario es similar. A nivel sub-20, las cifras de selecciones participantes en proceso eliminatorios fueron 180 en los hombres (86%) y 122 en las mujeres (58%), en tanto que, tratándose de los campeonatos sub-17, los números llegaron a 184 (88%) y 127 (60%), respectivamente.

La realidad del fútbol femenino en tierras africanas

En África, se estima que 563.554 mujeres juegan en algún tipo de fútbol organizado. De ellas, 73.306 menores de 18 años se encuentran registradas y 66.626 adultas también están en los registros. Además, 26 de las 54 asociaciones tiene una selección adulta activa y cerca de 30 países cuentan con ligas nacionales femeninas. Los principales torneos continentales de selecciones son la Copa Africana de Naciones, el torneo de clasificación a los Juegos Olímpicos y las eliminatorias para los mundiales sub-20 y sub-17. En cuanto a campeonatos de clubes, se ha anunciado la creación de una Champions League a partir de 2021. En paralelo, se llevan a cabo copas regionales, como la Cosafa, Cecafa, Ouest A, Unaf y Ouest B).

En los últimos años, el fútbol femenino africano ha ido sumando hitos en su proceso de consolidación. Por ejemplo, Sudán realizó su primera liga local en 2019 (con 19 equipos y una final que contó con 6.000 espectadores), Malí revivió su torneo nacional tras tres años de pausa y Togo, en 2017, también tuvo su primer campeonato. Además, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anunció la puesta en marcha de un plan de desarrollo de este deporte, lo cual se llevará a cabo durante el período 2020-2023 y basado en cinco ejes (desarrollo, competencias, promoción, profesionalización y liderazgo e inclusión social).

En cuanto al desarrollo del fútbol, los países más fuertes -en términos deportivos- son Nigeria, Camerún, Ghana, Sudáfrica y Guinea Ecuatorial. Luego, aparecen otras selecciones como Malí, Costa de Marfil, Zambia y República Democrática del Congo. Como se puede ver, los países magrebíes no destacan en el fútbol femenino africano y es por eso que el desarrollo de esta actividad parecer ser algo necesario. Y no solo pensando en la competencia, sino que, lo más importante, como una vía hacia la igualdad genérica, la disminución de la pobreza y la integración de la mujer en diversos espacios que, históricamente, han sido considerados típicamente masculinos.

El Magreb: fútbol femenino en desarrollo

Argelia comenzó el proceso de masificación en la década de 1990, aunque las turbulencias internas -guerra civil e inestabilidad política- generaron el estancamiento del fútbol femenino. Tras su primer partido internacional (contra Francia, en 1998), en 2009 se lanzó un nuevo campeonato local, el cual reagrupaba a todos los equipos del país. Si bien en 2020 se anunció una reorganización de la liga local, la Federación Argelina de Fútbol (FAF) anunció que los equipos solo podrían tener un máximo de tres jugadoras mayores de 30 años. Esta medida causó mucha polémica y fue catalogada como discriminatoria y contraria a la igualdad genérica.

En Túnez, el tema es bastante nuevo, ya que recién en 2004 se creó la sección femenina y, también, el torneo local. En 2006, la selección de Túnez jugaría su primer partido internacional. Lamentablemente, la precariedad también se nota en el territorio tunecino, pues apenas hay un centro de formación en el país y la competencia nacional estuvo congelada durante algunos años (2017-2020).

En Mauritania, el fútbol femenino competitivo recién comenzó en 2017, año en el cual contó con recursos entregados por la FIFA. Dos años más tarde, gracias a la clasificación de la selección masculina a la Copa Africana de Naciones, se tomó la determinación de crear un combinado nacional femenino. El primer encuentro fue contra Djibouti y luego disputó un torneo amistoso contra Bolivia, España e India. La buena noticia es que la Federación de Fútbol de la República Islámica de Mauritania (FFRIM) generó un proyecto de desarrollo del fútbol femenino.

En Libia, el fútbol femenino tuvo un renacer tras la caída de Muammar Al Ghaddafi (2011), aunque sin dar grandes pasos. En 2016, la selección libia jugó su primer encuentro internacional, pero aún no hay una liga local y, de hecho, para armar la selección se nominan jugadores de escuelas y lugares similares.

En cuanto a resultados, ninguna selección magrebí ha logrado clasificar a la Copa del Mundo o a los Juegos Olímpicos. En este contexto, lo más destacado han sido las clasificaciones a la Copa Africana de Nacionales, en la cual han participado Argelia (cinco ocasiones), Marruecos (dos) y Túnez (una). Sin embargo, ninguna escuadra pudo pasar la fase de grupos.

El fútbol femenino en Marruecos

El primer torneo se realizó en 2002, pero con un sistema regional. Recién en la temporada 2007/08 se puso en marcha un nuevo formato, según el cual los equipos de las diversas regiones se dividían en dos grupos (Sur y Norte). En cuanto a la selección femenina marroquí, esta dio sus primeros pasos en 1998 y desde entonces ha estado activa, aunque sin grandes logros.

En 2018, se llevó a cabo, en Marruecos, el Primer Simposio sobre el Fútbol Femenino, el cual fue organizado por la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y contó con el patrocinio del rey Mohammed VI. Aquel sería un momento histórico, pues fueron las primeras piedras de un camino que se consolidaría dos años más tarde. Así fue que, en 2020, la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) firmó contratos de objetivos con Liga Nacional de Fútbol Femenino (LNFF), 12 ligas regionales y la Dirección Técnica Nacional. Dentro de otros compromisos, habrá un apoyo de 60 millones de dirhams anuales durante los próximos cuatro años, a lo cual se sumará un apoyo técnico y financiero a lo clubes, las jugadoras y las federaciones regionales. Además, a partir de la temporada 2020/21, habrá torneos de Primera División (D1) y Segunda División (D2), pero también un campeonato nacional sub-17 y torneos regionales en categorías de juveniles.

El objetivo es convertir al fútbol en el deporte más practicado por las mujeres en Marruecos. En este sentido, se espera llegar a al menos 89.802 jugadoras registradas de aquí a 2024. También incluye la formación de 1.000 directivos técnicos y el desarrollo de una economía del fútbol femenino. Junto a lo anterior, se entregará una subvención (para el correcto funcionamiento) de 1.200.000 de dirhams a la Primera División, 800.000 a la Segunda División y 100.00 para las ligas regionales (para el desarrollo).

Otra gran novedad es que se aplicará el Código de Trabajo y, por ende, todas las jugadoras de equipos adultos deberán tener un contrato. Por si fuese poco, se estableció un sueldo mínimo de 350 y 260 euros mensuales para las futbolistas de Primera y Segunda División, respectivamente.

En lo deportivo, se plantea clasificar al Mundial de 2023 y a los Juegos Olímpicos de 2024, pero también se desea ganar alguna Copa Africana de Naciones (en alguna categoría juvenil) y clasificar, en forma permanente, al torneo adulto.

Como un perfecto complemento para este programa, el 10 de octubre de 2020 se produjo un hito en el fútbol femenino marroquí. Esto último, pues Bouchra Karboubi arbitró el partido entre Moghreb Athlétic Tétouan y Olympique Khouribga. De esta forma, fue la primera vez que una mujer tuvo el rol principal de árbitro en un duelo válido por el torneo de Primera División del fútbol masculino marroquí. Y eso no fue todo, ya que uno de los dos árbitros asistentes fue Fatiha Jarmouni.

Todo lo mencionado anteriormente se plantea como una manera de promover la igualdad entre mujeres y hombres, pero también para derribar estereotipos y paradigmas antiguos y machistas. La intención es que las mujeres se integren, a través del deporte, con aún más fuerza en la sociedad y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades laborales. En resumen, se trata de luchar contra la discriminación genérica y darle a la mujer el rol que merece, es decir, los mismos derechos e iguales oportunidades que los hombres.

Es así que el proyecto de desarrollo del fútbol femenino marroquí va en línea con las directrices del rey Mohammed VI, quien en 2004 lanzó la Moudawana (Código de la Familia) y, posteriormente, en 2008, establecería el Día de la Mujer (10 de octubre). Junto a esto, el monarca ha puesto como gran prioridad la igualdad genérica y ha promovido, aunque todavía sin conseguir los objetivos, la paridad entre sexos en cargos políticos.

Lamentablemente, al igual que en otros países magrebíes, las viejas costumbres, la tozudez de los grupos islamistas y la negativa de sectores conservadores han hecho imposible avanzar a mayor velocidad en el desarrollo del fútbol femenino marroquí, pero, aún más importante, en otros ámbitos de la vida. Por eso, es de esperar que los proyectos de Marruecos y Mauritania sean un ejemplo para la región, de manera que las mujeres, a través del fútbol, puedan ocupar más espacios en la sociedad y así se avance hacia la anhelada igualdad entre mujeres y hombres.

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

Fecha 30/09/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Apoyado por el gobierno de Donald Trump, el estado israelí ha conseguido establecer relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (agosto de 2020) y Bahrein (septiembre de 2020), dos países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) y aliados de Arabia Saudita en la Península Arábiga. Tras estos avances, se ha rumoreado con cuáles podrían ser los siguientes  estados “árabes” o “musulmanes” en generar vínculos oficiales con Israel y, en este sentido, Marruecos ha aparecido en algunos artículos, columnas de opinión y análisis. ¿Será posible esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 30 de septiembre de 2020

Antes de responder la pregunta, es necesario revisar la historia de los nexos entre Marruecos e Israel, los cuales, vale la pena recordarlo, no son oficiales (no hay relaciones diplomáticas establecidas), ni tampoco tienen una gran profundidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el sultán Mohammed V enfrentó a las potencias dominantes y desafió al nazismo. En aquel entonces, el líder marroquí declaró, ante estupefactos periodistas:

“No apruebo, para nada, las nuevas leyes anti-judíos y rechazo asociarme a una medida que desapruebo. Les informo que, como en el pasado, los israelíes seguirán bajo mi protección”.

Aquellas palabras eran un reflejo de la permanente postura, de Mohammed V, de no solo oponerse a leyes que menoscabaran los derechos de los judíos, sino que también de defenderlos e incluso negarse a darle una lista de ciudadanos marroquíes judíos al mariscal Philippe Petain (régimen de Vichy). Durante la década de 1940, el sultán expresaría su rechazo a medidas sectarias o discriminatorias:

“Acá no hay judíos. Solo hay marroquíes”.

La historia es aún más antigua, ya que, la presencia judía en el norte de África se remonta a más de 2.000 años. Sin embargo, tras la expulsión de judíos desde España, importantes asentamientos se registraron en el Magreb. En Marruecos, se estima que la colonia judía llegó a tener cerca de 300.000 integrantes y que, en las cercanías de la independencia marroquí, en 1956, el total había bajado, pero seguía siendo bastante importante (280.000 habitantes). Con el paso de las décadas y ante los diversos sucesos geopolíticos de la región y el mundo- fin de la Segunda Guerra Mundial, creación del estado de Israel y Guerra de los Siete Días, entre otros- la población judía emigró de Marruecos y se asentó en Israel, pero también en Francia, Estados Unidos y Canadá. Actualmente, la comunidad de judíos sigue presente en Marruecos, pero con una pequeña representación de unas 2.500 o 3.000 personas, aproximadamente (la colonia judía más numerosa en los países del “mundo árabe”).

Entre otros reconocimientos, el matrimonio judío es oficial en Marruecos, el rey Mohammed VI pidió que la Shoah (“Holocausto”) sea parte de los textos escolares y existen 54 sinagogas en todo el territorio marroquí. Mohammed VI, actual rey, ha fomentado el diálogo entre civilizaciones y religiones, lo cual ha quedado de manifiesto con diferentes medidas adoptadas por el monarca. En 2020, se inauguró la nueva Beyt Dakira (“Casa de la Memoria”), que es una prueba viva del patrimonio cultural judío en Marruecos y, específicamente, en Essaouira. Además, Mohammed VI anunció, en 2019, la construcción de un Museo de la Cultura Judía en Fez y ha restaurado sinagogas, cementerios y antiguos barrios judíos. Estos proyectos se deben sumar a otros desarrollados antes de la llegada al trono del actual monarca. De hecho, su padre, Hassan II, inauguró, en 1997, el Museo del Judaísmo Marroquí de Casablanca. Cabe mencionar que estos proyectos (museos) son inéditos en el “mundo árabe”. Por último, no se debe olvidar que André Azoulay, consejero real de Hassan II y Mohammed VI es parte de la comunidad judía marroquí.

¿Un acercamiento imposible?

Mirando hacia atrás, lo más cercano a un acercamiento entre Marruecos e Israel fue el acuerdo de intercambiar oficinas de enlace, iniciativa que se llevó a cabo entre 1994 y 2000 (con una sede marroquí en Jerusalén y otra israelí en Rabat). Con el inicio de la Segunda Intifada, el recientemente entronizado Mohammed VI congeló dicho acercamiento, que, en realidad, era un legado de su padre, Hassan II.

A pesar de lo expresado en el párrafo anterior y de los vínculos históricos mencionados previamente, parece ser improbable que Marruecos establezca relaciones diplomáticas con Israel. Al respecto, hay varios motivos que explicarían la postura marroquí sobre este asunto.

Primero, el rey Mohammed VI ha optado por una política estatal de permanente apoyo a Palestina y, particularmente, hacia la población palestina. De hecho, Marruecos es uno de los países que más apoya a Palestina y, como demostración de aquello, rechazó, oficialmente, el “acuerdo del siglo” propuesto por Donald Trump en 2020. Además, la causa palestina es muy popular entre la población marroquí y, en una época de demandas sociales en el Magreb -incluyendo a Marruecos-, un eventual acercamiento con Israel sería muy mal visto y, seguramente, generaría protestas masivas en las calles de las grandes ciudades marroquíes.  Por último, si bien es el monarca quien tiene la palabra final en este tipo de asuntos, es importante recordar que el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista) tiene a su cargo el actual gobierno marroquí y su postura, respecto de Palestina, es de total rechazo a Israel.

Luego, desde un punto de vista estrictamente diplomático, Marruecos y Palestina han compartido reconocimientos mutuos. Mientras la monarquía marroquí defiende el derecho a tener un estado palestino, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) apoya la integridad territorial de Marruecos. Por ende, ya en términos más conceptuales, el nexo entre las dos partes se convierte en una relación de tipo “win-win”, lo cual permite concluir que sería poco probable mover piezas que generen un desajuste en el vínculo y en los intereses de los dos estados involucrados.

Relacionado con lo anterior, no se debe olvidar que Marruecos enfrenta, en términos diplomáticos, a Argelia y al Polisario. Esto último, por el siempre complejo conflicto del Sahara Occidental. En este contexto, cabe consignar que la diplomacia marroquí ha obtenido grandes éxitos en las últimas décadas -apoyo de diversos países, disminución de la cantidad de estados que reconocen a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática, consolidación del proyecto de autonomía como una vía razonable y regreso a la Unión Africana, entre otros- y siempre se han movido con mucha prudencia en su política exterior. Es así que establecer relaciones diplomáticas con Israel sería un paso hacia atrás en su política exterior respecto del asunto del Sahara. Básicamente, porque Argelia y el Polisario usarían un eventual acercamiento (entre Marruecos e Israel) para demostrar que Marruecos no busca soluciones pacíficas y que avala a estados que realizan ocupación de territorios. En consecuencia, parece imposible que el rey Mohammed VI tome la decisión de generar vínculos diplomáticos con Israel.

Sobre este mismo punto, se ha comentado que a Marruecos le convendría establecer relaciones con Israel, pues así ganaría el apoyo de Estados Unidos. En este tema, cabe resaltar dos hechos. Primero, que el nexo entre Marruecos y Estados Unidos es antiguo y valorado por ambas partes. Segundo, que un eventual sustento estadounidense tampoco cambiaría mucho el panorama en el conflicto del Sahara Occidental. Si se toma en consideración al Consejo de Seguridad de la ONU, es probable que Rusia vete cualquier resolución que busque modificar el actual estado del territorio en disputa, razón por la cual el apoyo de Estados Unidos no sería tan relevante. Junto a lo anterior, Marruecos ha conseguido que su postura sea aceptada o que al menos la mayoría de los países declaren que esperan una solución al interior del marco establecido por la ONU, es decir, ha logrado que casi ningún estado apueste por algún proyecto derechamente contrario a las aspiraciones marroquíes. En paralelo, la única región donde aún debe mejorar su presencia es América Latina y ahí Estados Unidos no tiene gran influencia y menos aún con el actual presidente (Donald Trump). Resumiendo, establecer relaciones diplomáticas con Israel a cambio del apoyo de Estados Unidos en el asunto del Sahara Occidental parece ser una estrategia con la cual Marruecos ganaría poco y perdería mucho.  

Finalmente, no se debe dejar a un lado que Emiratos Árabes ya confirmó las relaciones diplomáticas con Israel y que Arabia Saudita tiene buena comunicación con la parte israelí. A eso se debe sumar el hecho que Bahrein -un permanente aliado de Arabia Saudita- también firmó el establecimiento de vínculos diplomáticos con Israel. Esto adquiere gran relevancia, pues Marruecos ha tenido tensos momentos, durante los últimos años, con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, razón por la cual resulta poco probable que Mohammed VI decida sumarse a una iniciativa liderada por dos estados con los cuales no tiene, actualmente, un buen vínculo a nivel diplomático.

(Fuente elaboración propia)

Comentarios finales y proyecciones

La densidad y frecuencia de las relaciones entre Marruecos e Israel no debería variar mucho, ya que la postura marroquí está muy clara. Primero, en su política exterior (apostar por el multilateralismo y las soluciones bajo el aval de la ONU) y, segundo, la diplomacia marroquí ha dejado en claro que no tiene una posición beligerante, respecto de Israel, pero que tampoco se sentará a dialogar en la medida que no cesen las colonias israelíes, que no se reconozca a Palestina como estado (con los límites previos a 1967) y que Jerusalén Este no sea establecida como capital de Palestina.

En este sentido, lo esperable es que se mantengan los vínculos “secretos” en asuntos como inteligencia, armamento o agricultura y que, eventualmente, en el futuro más lejano, se genere un acuerdo para tener vuelos directos entre Marruecos e Israel. Sobre esto último, el establecimiento de vuelos comerciales no sería contradictorio, ni tampoco una demostración de un acercamiento entre ambas partes, y mantendría la línea histórica de las relaciones entre Marruecos e Israel. La única gran diferencia es que sería una medida con menos “secretismo”, pero entendiendo que se trata más bien de un asunto de nexos históricos entre poblaciones judías viviendo en Marruecos y ciudadanos israelíes de origen marroquí. Esto último, cabe resaltarlo, es la base de la relación entre ambas partes y, por ende, más que un vínculo entre estados es uno que se lleva a cabo entre grupos específicos de la población de uno y otro país. Además, en el caso de Marruecos, no busca establecer relaciones diplomáticas con un estado (Israel), sino que reivindicar y mantener un elemento histórico (el judaísmo) de la cultura marroquí.

Respecto del comercio, no sería raro ver un aumento en los intercambios entre Marruecos e Israel, así como tampoco sería extraño que se avanzara, siempre en forma acotada y secreta, en la eventual cooperación en temas como seguridad y lucha contra la desertificación.

Finalmente, no se debe olvidar que, ad portas de la elección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump ha volcado su política exterior hacia temas complejos como el conflicto palestino-israelí y el litigio marítimo entre Líbano e Israel. En consecuencia, queda la sensación que, por ahora, los acercamientos con Israel son parte de la campaña presidencial de Trump y no reflejan, hasta ahora, un cambio en la política exterior estadounidense sobre Medio Oriente. En este contexto, es evidente que Marruecos tomará en cuenta eso y será aún más precavido.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Abdelmalek Droukdel: profile of a key jihadist in the Maghreb and the Sahel

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Abdelmalek Droukdel: profile of a key jihadist in the Maghreb and the Sahel

Fecha 6/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

On June 5, Florence Parly, Ministry of the French Armed Forces, announced that Al Qaeda of the Islamic Maghreb’s chief was killed -together with other important members of his inner circle- two days before, during a military operation carried on by the French Army. Without any doubt it was a shocking information, especially for the jihadist movement that Abdelmalek Droukdel used to lead in the Maghreb and Sahel regions. With the Algerian chief dead, it is necessary to know a bit more about his role in Northern Africa’s terrorist scenary.

Raimundo Gregoire Delaunoy | June 6, 2020

Abdelmalek Droukdel was born in Meftah, southern Algeria, on 20 April 1970, in a very religious family. He completed school studies and then obtained a bachelor degree in the University of Bilda (1989-1993). At the same time, he was preparing his way towards jihadism and terrorism, something he had already begun at the end of the 80s, when he even went to fight the Soviet troops during Soviet Union’s invasion of Afghanistan. His first steps toward an extremist group are dated in 1993, when he started having contact with the Movement of the Islamic State (MEI). After that, in the 90s, he advanced to the ranks of the Armed Islamic Group (GIA) and, in 2001, to the Salafist Group for the Preaching and Combat (GSPC). In 2004, he became the leader of this latter one, which he finally merged with Al Qaeda, forming, in 2006, the known movement of the Al Qaeda of the Islamic Maghreb (AQMI).

Droukdel’s role in Mali’s fragmentation

After Muammar Al Ghadaffi’s fall and murder, in October 2011, hundreds or even thousands of veteran and young fighters, now armed with the arms that they received as Ghadaffi’s mercenaries, started to escape to other bordering countries, such as Mali. This latter one was the perfect place for Tuaregs that came from Libya and wanted to revive, once again, the dream of an independent State. Therefore, in 2011 they founded the National Movement for the Liberation of the Azawad (MNLA) and in March 2012 they defeated the Malian government and declared the birth of the Azawad, which is an independent State for the Tuareg people.

(Fuente: Agencias)

With a direct collision of governmental forces, Tuareg independentists, jihadists and terrorist groups, the ground was prepared for the irruption of Abdelmalek Droukdel’s into Mali’s arena. After merging with Ansar Eddine (AE) -group that received AQMI’s financial, logistical and military help since 2011-, AQMI decided to form an alliance with AE and the Movement for the Unity and Jihad in Western Africa (Mujao), something that was concretised in 2012. Since then, Malian, French and international troops and installations have been objectives of this terrorist merge, consolidating Droukdel’s change from a local to a regional terrorist leader.

His last years

With less power and control than before, he needed to recover importance, as the Islamic State had won a lot of ground in Africa and even provoqued a fracture in the ranks of AQIM, with important members leaving the group and joining the IS. Even worse, the intervention of France in Mali, since 2013, weakened the strength of AQIM and Droukdel, making him to disappear from the main scenes. According to local sources and medias, Droukdel was capable to enter Tunisia in 2016, where he established his operation center. Nevertheless, he was still active and, in fact, was planning his return to Algeria, country in which he seemingly hid before being able to pass the Tunisian border. The consolidation of the Western Africa as a jihadist hub was one of his goals as Droukdel only controlled some feuds in Kabilya and the Sahara region.

In this context, his last victory was the creation, thanks to the ties with Iyad ag-Ghali -an important islamist leader in Mali- of the Group for the Support of Islam and Muslims (GSIM). It was a merge of different terrorist associations that, according to some sources, had nearly 2.000 fighters and that counted with the presence of Mokhtar Belmokhtar’s Al Mourabitoun, Ansar Eddine and Macina. Eventhough it was a great moment for the jihadist movements in Africa, Droukdel’s weakened status and influence seemed to be evident as he did not participate in the ceremony and was not part of the official photo. Instead, he sent an envoy.

Some final comments

He never received training in Yemen or Afghanistan, being a strange case in Al Qaeda. His ideological thought was a mixture between Arab nationalism and islamism (political islam) and he had the capacity to make alliances with groups that shared with him the same goals. That explains, for example, his close collaboration with jihadist groups in Mali and his plans to extend his collaboration to other terrorist cells in Western Africa.

His mentor was Abou Mousab al Zarqawi, a former leader of Al Qaeda in Irak. He had a strong character and was a tough person. Nevertheless, he had excellent oratory skills and, therefore, he used to be seen as a charismatic leader. Also, he was very ambitious and cold-blooded, as he did not have any problem to eliminate or leave aside other member, that is what happened with Mokhtar Belmokhtar, a veteran jihadist  that was “expelled” from AQIM in 2012 due to ‘ideological differences’ (according to Droukdel).

His harsh line can be seen with the fact that he transformed the SGPC into a terrorist group that could attack and kill civilians. Then, as AQIM, he did not have any problem to kidnap algerians or foreigners in order to demand randsoms.  He was also an intelligent leader, which allowed him to obtain massive sums of funds and to increase the number of terrorist incidents in which AQIM had a direct participation.

His main legacy was to expand jihadism through Africa, especially in the Maghreb and the Sahel. He was able to organize and carry on attacks in Algeria, Burkina Faso, Mali, Mauritania and Morocco, always fighting against foreign activities and spreading the roots of radical islam.

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El “Día de África”, un momento para celebrar y reflexionar

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El “Día de África”, un momento para celebrar y reflexionar

Fecha 1/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 25 de mayo de 1963, los nacientes estados africanos pusieron la primera piedra en el largo camino de la integración regional. En aquel entonces, 32 países decidieron unirse bajo el alero de la Organización de la Unidad Africana (OUA), un organismo que se gestó en Addis Abeba, Etiopía, y que emergía en plena Guerra Fría. Además, el escenario regional era muy particular, con millones de africanos luchando contra el colonialismo y el Apartheid, para así lograr concretar el anhelo de una África independiente y capaz de crear sus propias vías.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 25 de mayo de 2020

Basada en el panafricanismo de aquellos años, el respeto a los Derechos Humanos y el multilateralismo propuesto por la Organización de Naciones Unidas (ONU), la OUA fue creciendo en la medida que nuevos estados fueron apareciendo. El camino no fue fácil, ya que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Estados Unidos se involucraron en los diversos procesos africanos. Con esto, lo cual fue responsabilidad de élites locales corruptas e ideologizadas, la integración regional entró en una época de retrocesos. El factor Gaddafi generó divisiones y confusión, la disputa ideológica destruyó a buena parte del continente y diversas dictaduras permitieron que los conflictos se convirtiesen en los verdaderos protagonistas del contexto sociopolitico africano. Una demostración de aquello fue la aceptación de la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD) -un estado que no existe como tal- como miembro de la OUA. Esto trajo como consecuencia el retiro de Marruecos, en 1985, de dicho organismo, generando un nuevo quiebre y un estancamiento del proceso de integración continental.

En paralelo, diversos bloques subregionales fueron emergiendo, los cuales comenzaron, en algunos casos, a tener mayor relevancia que la OUA. A fines del siglo XXI, era evidente que África había vencido al colonialismo y al Apartheid, pero también que la integración del continente necesitaba nuevos aires y, más que eso, una estructura más moderna y acorde a los nuevos tiempos que se vivían en África. De esta forma, en 1999 tuvo lugar la Declaración de Sirte y en 2002, en Durban, Sudáfrica, nació la Unión Africana. Con 52 estados, más la autodenominada RASD, la UA se convirtió en el principal proyecto de todo un continente, al cual se sumaron Sudán del Sur (2011) y Marruecos (2017). Este último, regresando después de 32 años de ausencia.

Hoy, la Unión Africana tiene todo el derecho (y el deber) de festejar un nuevo aniversario del “Día de África”. Si bien persisten grandes problemas (pobreza, sequía, desigualdades de diverso tipo, terrorismo e inestabilidad sociopolítica, entre otros), es evidente que ha habido grandes progresos. Con sus idas y vueltas, la democracia se ha ido consolidando, mientras que los pobres comienzan a disminuir, especialmente en ciertos países o algunas regiones en particular. La integración subregional ha avanzado con un interesante ritmo, en tanto que la infraestructura ha ido mejorando. La actual pandemia del Covid-19 es un buen ejemplo, ya que se esperaba que fuese una tortura para África, pero la misma OMS ha declarado, este 25 de mayo, que es la región menos afectada. De hecho, el continente representa al 1.5% del total de infectados en el mundo y al 0.1% de todas las muertes.

Claro que quedan muchos desafíos por delante, pero África debe dejar de ser mirada como el “patito feo” o “patio trasero” de todos. Así, la Agenda 2063 y el Área Continental Africana de Libre Comercio (AfCFTA) son dos de los grandes proyectos que tendrán como misión consolidar los avances de África.

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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