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Reporte – Crisis política y social de Malí

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Reporte – Crisis política y social de Malí

Fecha 9/08/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 5 de junio comenzaron una serie de manifestaciones en Bamako, capital maliense, pero también en otras ciudades del país. Aquello parecía un movimiento espontáneo que, como muchos otros, quizás terminaría diluyéndose por su falta de consistencia. Sin embargo, civiles, opositores al actual gobierno de Ibrahim Boubacar Keita (IBK) e incluso figuras religiosas lograron, con gran éxito, unirse y desafiar a IBK.  A casi dos meses del inicio de esta nueva etapa, que no es más que la continuidad o, si se prefiere, una consecuencia del conflicto que estalló en 2012, el M5-RFP (coalición integrada por el Movimiento del 5 de Junio y la Agrupación de Fuerzas Patrióticas) sigue poniendo sobre la mesa la necesidad de reformas sociales y políticas.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de agosto de 2020

(Fuente: Agencias)

La historia es bastante conocida. Casi en paralelo a la caída de Muammar al Gaddafi, miles de mercenarios, provenientes de Malí y Níger, vuelven a su país de origen. Así, comienza a organizarse una nueva rebelión tuareg en el Sahel, aunque esta vez centrada en Malí y, específicamente, en el norte del territorio maliense. Meses después, en marzo de 2012, un golpe de estado puso fin al régimen de Amadou Toumani Touré. Tras esto, Dioncounda Traoré, presidente de la Asamblea Nacional, es nombrado como el nuevo mandatario de Malí. Luego, a fines de abril, se produjo una nueva intentona golpista, aunque esta vez sin éxito. A partir de entonces, se generó la confluencia de tres variables, que son la fragilidad institucional del país, la mencionada “rebelión tuareg” y la entrada al conflicto de diversos grupos terroristas (principalmente Al Qaeda del Magreb Islámico, Movimiento por la Unidad de la Jihad en África Occidental y Ansar Dine).

Durante los siguientes años, Malí fracasaría en su intento de recuperar el control de todo su territorio, pero, aún peor, también sucumbiría al auge del terrorismo. Todo esto fue creando un escenario perfecto para un deterioro generalizado de la calidad de vida de la población del país. Así, en septiembre de 2013, asumió como presidente el experimentado Ibrahim Boubacar Keita (conocido como IBK), quien sería reelegido en agosto de 2018. En ambas elecciones, Keita derrotó a Soumaila Cissé.

En abril del presente año se llevaron a cabo unas polémicas legislativas, ya que se acusó a la Corte Constitucional de favorecer al partido de Ibrahim Boubacar Keita y, además, se pusieron en duda 31 resultados. Sin embargo, días antes, el 25 de marzo, la situación ya se había enrarecido, luego que Soumaila Cissé fuese raptado. En paralelo, los problemas mencionados previamente (terrorismo, deterioro de la calidad de vida y disputa por el territorio) seguían siendo parte del debate nacional. De esta forma, lo acontecido en los comicios legislativos y la “desaparición” de Cissé fueron los ingredientes perfectos para generar una “bomba de tiempo”. Esto último ocurrió casi dos meses después, ya que el 5 de junio comenzaron a desarrollarse una serie de protestas en todo Malí, las cuales crecieron en violencia y tensión durante julio. Hasta hoy, se estima que al menos 11 manifestantes fallecieron durante los choques con las fuerzas policiales.

Detrás de estas protestas se encontraba una alianza formada por el Movimiento del 5 de Junio y la Agrupación de Fuerzas Patrióticas (M5-RFP). Dicha coalición integraba a la sociedad civil -incluso hubo manifestaciones realizadas por mujeres-, a la oposición política y a religiosos. De hecho, el imam Mahmoud Dicko es considerado como uno de los grandes pilares y organizadores de este movimiento político-social.

Cuando todo parecía llegar a un punto sin retorno, Ibrahim Boubacar Keita declaró, el 5 de julio, que estaba dispuesto a disolver la Asamblea Nacional y conformar un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, su propuesta no fue aceptada y se mantuvieron las manifestaciones. En los siguientes días, las protestas se intensificarían y, tras la muerte de civiles, se tomó la decisión de realizar plegarias en vez de protestas. Además, el 11 de julio, el primer ministro de Malí prometió que lo antes posible se generaría un “gobierno de apertura”. Luego, ante la inminente llegada del Eid al Kbir, conocida como Tabaski en las comunidades musulmanas de África Occidental, se hizo un llamado a la calma. Aprovechando esta “pausa”, una delegación de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) intentó generar un consenso y, por ende, una solución pacífica. Lamentablemente, el 20 de julio se anunciaba que la misión había fracasado en su intento. Acto seguido, cinco presidentes de países vecinos (Costa de Marfil, Ghana, Níger, Nigeria y Senegal) dieron continuidad a lo hecho por la delegación de la Cedeao. Lamentablemente, nuevamente no hubo acuerdos.  

¿Qué pide el movimiento?

Entre las principales demandas se encuentran la renuncia de Ibrahim Boubacar Keita y la disolución de la Asamblea Nacional y la Corte Constitucional. Además, el M5-RFP exige investigaciones independientes sobre la violencia contra civiles, la cual, según dicho movimiento, habría generado 23 muertos.

Cabe consignar que la partida de Keita no fue parte de las peticiones en un primer momento, pero tras los choques, que derivaron en fallecidos, el movimiento sumó la renuncia de IBK como algo insoslayable.

Como respuesta a lo que pide el M5-RFP, IBK removió a los miembros de la Corte Constitucional y su hijo renunció a su puesto como diputado. Sin embargo, al no querer disolver la Asamblea Nacional, ni tampoco presentar su renuncia, el M5-RFP siguió adelante con sus peticiones.

…..qué sugieren los mandatarios de la Cedeao

Tras las visitas de una delegación del organismo regional y de cinco mandatarios, el lunes 27 de julio se llevó a cabo una cumbre extraordinaria (a través de videoconferencia), en la cual estuvieron los 15 jefes de estado y gobierno de los países miembros.

En resumen, la Cedeao recomienda al gobierno de Malí que nombre un gobierno de unidad nacional -cuyo poder sería compartido por IBK, la oposición y la sociedad civil- y que haga efectiva la renuncia inmediata de los 31 diputados que lograron sus escaños gracias a la polémica decisión de la Corte Constitucional. Sobre este último órgano, sugieren que se realice una restructuración del mismo, pero dentro del marco legal establecido por la Constitución de Malí. En este sentido, la Cedeao propone que, una vez que se lleve a cabo la elección parcial (por los 31 asientos) de la Asamblea Nacional, sea esta la que designe sus tres representantes. En caso de bloqueo, el presidente Ibrahim Boubacar Keita podría ampararse en los poderes excepcionales que le otorga el artículo 50 de la Constitución y nominar a los nueve integrantes de la Corte Constitucional.

La Cedeao también pidió una investigación formal sobre los disturbios ocurridos en Bamako y que dejaron un saldo de al menos 11 muertos (según algunas fuentes, los fallecidos serían hasta 23). En paralelo, el comunicado final de la cumbre puso énfasis en la necesidad de redoblar los esfuerzos en la búsqueda y el rescate de Soumaila Cissé.

Junto a lo anterior, la Cedeao apuesta por la creación de un “Comité de Seguimiento”, el cual tendría como objetivo verificar que las medidas sugeridas se lleven a cabo. Este “Comité de Seguimiento” contaría con la participación de la Unión Africana y la ONU, a lo cual se sumaría la presidencia de la Cedeao. Por último, este comité estaría integrado por representantes de la sociedad civil, Parlamento, gobierno, M5-RFP, mujeres, jóvenes y magistrados.

Se contemplan sanciones para quienes cometan actos en contra del proceso de normalización y la fecha límite para desarrollar esta propuesta sería el 31 de julio. En pocas palabras, se le pide a las partes en conflicto que actúen con rapidez y que lleguen a un acuerdo lo antes posible, para así comenzar la reconstrucción política y social de Malí.

……y la respuesta del movimiento a la propuesta de la Cedeao

Junto con declarar que el proyecto elaborado por los mediadores no tomaba en cuenta el contexto sociopolítico del país y los riesgos que implica el mandato de Ibrahim Boubacar Keita, el M5-RFP rechazó la propuesta de la Cedeao. También, lamentó que lo ofrecido por la Cedeao no fuese muy diferente a lo que ya presentó IBK.

Al respecto, volvieron a decir que la renuncia del actual presidente es parte de la solución, algo que la Cedeao considera innecesario y, aún más, como una “línea roja” que no debe ser cruzada.

Por medio de un comunicado, generado el 23 de julio, el M5-RFP se comprometió a organizar manifestaciones dentro del marco legal (respetando a la Constitución, resoluciones adoptadas a nivel internacional y acuerdos intercomunitarios) y en un contexto absolutamente pacífico.  Además, afirmó que evitaría generar un vacío de poder, para así asegurar que las discusiones con IBK no impliquen mayor inseguridad para la población del país. El texto entregado a la Cedeao termina con algo importante y es que el M5-RFP espera contar con el apoyo de la Cedeao en su “búsqueda de seguridad, paz y prosperidad socioeconómica, a través de la restauración de un Malí democrático, republicano y laico”.

El 28 de julio, el movimiento nuevamente rechazó la propuesta de la Cedeao, aunque ese mismo día se produjo un encuentro entre el primer ministro de Malí, Boubou Cissé, y el imam Mahmoud Dicko. En esta reunión, llevada a cabo en la casa de Dicko, el representante del gobierno maliense le pidió al líder religioso que se implique en la propuesta de IBK, para que así logre convencer al M5-RFP de integrarse al gobierno de unidad nacional. Al día siguiente se vivió una dura jornada para el proceso de acercamiento, ya que la oposición volvió a pedir la salida de IBK y cerró la puerta a la propuesta de Cissé. Junto a eso, los 31 diputados involucrados en la polémica legislativa anunciaron que no dejarían sus cargos. En paralelo, el primer ministro aseguró que no renunciará, a menos que el presidente se lo pida. En resumen, todo llegó a punto cero, lo cual adquirió mayor gravedad una vez que el M5-RFP anunciara que el lunes 3 de agosto retomaría la desobediencia civil. En este sentido, el 30 de julio llegaría algo de calma, ya que Mahmoud Dicko declaró que se podría encontrar una solución que no contemplara la renuncia de IBK. Junto a lo anterior, mencionó que la salida del primer ministro podría ser una parte del compromiso. Empero, el imam aparecería, unos días más tarde, llamando a una gran marcha el 11 de agosto y pidiendo que fuese una “convocatoria histórica”.

Comentarios sobre la situación de Malí

Mientras el M5-RFP y el gobierno mantienen su “gallito”, el país sigue sin progresar y, peor aún, la situación amenaza con agravarse. De hecho, según datos del último Afrobarómetro, del 23 de julio, el 86% de los encuestados consideró que Malí va en una “mala dirección”. Al respecto, parece haber un consenso nacional sobre el delicado contexto, ya que Sikasso es la región donde hay una mejor percepción, pero aún así el 78% optó por la respuesta “mala dirección”. A nivel político, el asunto es bastante similar, ya que el 90% de los cercanos a la oposición considera que el país va en una “mala dirección”, mientras que los simpatizantes del gobierno y aquellos que no se identifican con ningún bando suman 82% y 85%, respectivamente.

En cuanto al gobierno, IBK llegó a tener un 75% de aprobación, pero luego fue bajando. Esto se debe al hecho de no poder concretar una serie de medidas y reformas sociales. Por ejemplo, según un Afrobarómetro de julio de 2018, en apenas cuatro ítems había un respaldo popular sobre ciertos asuntos. Se trata de la prevención de la violencia política en el período electoral (66%), mejoramiento de los servicios de salud básicos (62%), prevención de conflictos violentos entre comunidades (61%) y el fomento de los derechos y las oportunidades a favor de las mujeres (61%). En los restantes 15 temas, la aprobación fue igual o menor a 50%, destacando la mala evaluación en estabilidad de los precios (79%), reducción de la brecha entre ricos y pobres (78%), mejoramiento de la vida de los pobres (75%), creación de empleos (74%), suministro fiable de electricidad (71%), lucha contra la corrupción en la administración pública (71%), seguridad alimentaria para todos (66%), gestión de la economía (65%), tomar en cuenta las necesidades de los jóvenes (64%) y reducción de la criminalidad (63%). Como se puede ver, hay un alto rechazo en temas tan importantes como pobreza, desigualdades, corrupción, alimentación y seguridad, demostrando que, tal cual expresó la analista Niagalé Bagayoko, se trata de una “crisis multidimensional”.

Respecto a lo anterior, es necesario mencionar que hay asuntos que se vienen desarrollando hace varios años, como la brecha entre ricos y pobres. Así, en 2001, el 66% de los encuestados consideraba que el gobierno de aquel entonces lo estaba haciendo “mal” o “muy mal” en la lucha contra la desigualdad. En 2005, la cifra llegaba a 67% y en 2008 trepaba a un histórico 83%, en tanto que en 2012, en plena crisis política y social (especialmente en seguridad), se mantenía muy alto (80%). En 2014 y 2017 llegaría a 75 y 79%, respectivamente. Los números hablan por sí solos y demuestra que el problema de la gran brecha entre los más ricos y los más pobres no es responsabilidad de IBK, sino que de todos quienes han gobernado en los últimos 15 años.  Lo mismo ocurre con la gestión de la economía (62% en 2008, 69% en 2012, 56% en 2014 y 65% en 2017), mejoramiento de las condiciones de vida de los pobres (77% en 2008, 75% en 2012, 71% en 2014 y 75% en 2017) y la creación de empleos (55% en 2005, 72% en 2008, 73% en 2012, 68% en 2014 y 65% en 2017). Al revisar las cifras, se puede concluir que IBK no lo ha hecho mucho mejor que sus antecesores, pero tampoco lo ha hecho peor.

Se puede decir, entonces, que es un proceso que se mantiene desde hace mucho tiempo.  Hay una crisis política que se arrastra desde 2012, agravada por la situación de la seguridad. A pesar de esto, sigue habiendo un alto grado de apoyo al sistema de elecciones, ya que, en 2014, el 85% estaba a favor de elegir candidatos por medio de votaciones. En 2017, la cifra era 81%. En ambos casos, bastante parecido a lo que se podía apreciar en 2002 (82%), 2005 (86%), 2008 (81%) y 2012 (82%). Sin embargo, sería importante conocer la opinión de la gente sobre la transparencia de los procesos electorales. Esto, pues, en 2014, el 83% pensaba que las elecciones se habían desarrollado con plena transparencia o con pequeños problemas, mientras que en 2017 había bajado al 76%. Tras la polémica que ocurrió en las legislativas de 2020, ¿cuál sería el nuevo porcentaje? Lo mismo pasa con la Comisión Electoral, con una confianza, por parte de los encuestados, de 40% en 2012, 68% en 2014 y 51% en 2017.

En cuanto a la democracia, un 62% la apoyaba en 2012, mientras que aquella cifra aumentaría en 2014 (75%) y luego bajaría en 2017 (67%). En paralelo, el rechazo a las dictaduras de un hombre se mantiene sobre 80% desde 2012, con históricos montos de 86% y 87% en 2014 y 2017, respectivamente. La mayoría también suele mirar con recelo a los gobiernos de partido único (77% en 2012, 84% en 2014 y 76% en 2017) y a los regímenes militares (58% en 2012, 64% en 2014 y 66% en 2017). En resumen, se puede llegar a la conclusión que hay un evidente rechazo al trabajo de los políticos e incluso de instituciones como la Comisión Electoral, pero que aún se mantiene un fuerte apego respecto de la democracia. Sin embargo, ese descontento (un 61% consideraba, en 2017, no estar satisfecho con el funcionamiento de la democracia) debe ser tomado en cuenta, pues indican que no debe haber una reformulación del sistema, pero sí reformas urgentes.

Relacionado con lo anterior, a pesar de la desconfianza respecto de los políticos y de la violencia en ciertas regiones del país, se debe destacar que la libertad de expresión sigue teniendo una buena percepción por parte de la gente. De todas maneras, se debe poner atención al hecho que, según un Afrobarómetro de diciembre de 2018, el 40% se consideraba “nada libre” o “no muy libre” a la hora de expresar sus opiniones. Este resultado es mayor que aquellos de 2008 (15%), 2012 (30%) y 2014 (24%). Entrando en profundidades, es importante tomar en cuenta que apenas el 55% de los jóvenes entre 18 y 35 años declaró que se siente “algo libre” o “totalmente libre” en este ítem, mientras que los hombres (63%) se sienten con mayor libertad que las mujeres (54%). A estos datos se debe agregar que aquellos que nunca vivieron en la pobreza (68%) se sienten más libres que quienes tienen han vivido bajo una elevada pobreza (51%).

Algo de importancia es la participación en reuniones comunitarias. En este punto, lo más destacable es la diferencia entre el medio urbano y rural. En el primero, el 47% estaría dispuesto a participar, mientras que en el segundo la cifra llega a 70%. Al respecto, los resultados son de 2017 y cabe preguntarse cuáles serían los porcentajes hoy, tomando en cuenta que ha habido mucha violencia intercomunitaria. Más allá de eso, lo concreto es que en los sectores rurales -que es donde hay más choques entre comunidades- hay un mayor grado de participación en encuentros comunitarios, lo cual se podría explicar, entre otros motivos, por la desconfianza hacia los políticos y las fuerzas de seguridad, por un lado, y por el sentimiento de pertenencia a su comunidad, por el otro lado. Situación similar se vive a la hora de asociarse con otros para discutir un problema. En este ítem, el medio rural volvió a superar al urbano, ya que la respuesta afirmativa fue de 55% y 39%, respectivamente. Algo que llama la atención es que apenas el 46% de las personas entre 18 y 35 años se asociaría con otros para hablar sobre algún conflicto o situación problemática, en tanto que en el mayor porcentaje de intención positiva se ubica en el rango de 36 a 55 años, aunque apenas un 57%. Esto permite entender el por qué de los violentos choques ocurridos durante junio y julio en Bamako y otras ciudades del país. Claramente, mucha gente ya no tiene ganas de sentarse a debatir sobre los problemas que los afectan. Por último, la cantidad de ciudadanos que iría a una protesta o manifestación es otro tema que debe ser analizado. En este sentido, en 2012, el 73% decía que nunca lo haría, pero luego bajaría bastante en 2014 (46%) y 2017 (52%). A la inversa, en 2012, el 20% dijo no haber asistido a una manifestación en los últimos 12 meses, pero que lo haría si se presentara la oportunidad, lo cual varió bruscamente en 2014 y 2017, llegando a un 44% y 37%. A su vez, el porcentaje de personas que fue a una protesta se mantuvo estable (entre el 7% y 10%). Estos números permiten concluir que la gente está más dispuesta a ir a la calle y expresar lo que siente. Es algo que va de la mano con lo que ha ocurrido en la actual crisis, ya que la sociedad civil ha tenido un importante rol en las manifestaciones organizadas por el M5-RFP.

Conclusiones

Sin dudas, la respuesta del gobierno de IBK ha sido tardía, pero lo importante es que poco a poco empieza a generar cambios. Por ejemplo, se nombró a los nuevos integrantes de la Corte Constitucional, que era una de las peticiones del M5-RFP. Además, se formó un nuevo gabinete, acotado y con la misión, bajo el mando del primer ministro, de generar un gobierno de unidad nacional. Al respecto, la “hoja de ruta” de IBK tiene como una de las grandes prioridades lograr que el M5-RFP entre a este nuevo gobierno. En paralelo, se puso énfasis en retomar las condiciones mínimas que permitan el retorno de la “paz social”, lo cual incluye, entre otras medidas, una investigación sobre las muertes ocurridas en julio y la aplicación del artículo 39 del personal de Educación. En este contexto, es urgente que se siga avanzando en las principales reivindicaciones de los manifestantes, para así ir mejorando el clima político y social.  

Relacionado con esto último, es necesario generar un punto de encuentro entre el actual gobierno y la oposición, pero también entre la clase política en general y las necesidades del ciudadano común. Por eso, será vital que el M5-RFP comprenda que debe ceder y acercar las posiciones ante un gobierno que, tarde y presionado por la situación, finalmente optó por apostar por el diálogo y buscar una solución que evite un descalabro de la institucionalidad democrática del país. La naciente Coalición por el Sahel podría ser integrada en el proceso de estabilización del país.

En cuanto a la solución, esta debe ser generada por los actores directos del conflicto en Malí. Sin embargo, la participación de actores regionales, como la Cedeao parece ser apropiada. Es momento que los organismos de integración africanos demuestren que están a la altura y que no necesitan los buenos oficios de organismos multilaterales externos (UE, Estados Unidos, etc.). Al respecto, el rol de la ONU debe ser de observador y mediador, pero no más que eso. No se debe olvidar que la presencia militar ha generado rechazo hacia ciertos países, pero también hacia la injerencia extranjera. En este punto, es relevante que se evite un escenario como el que vive Libia, donde diversos actores se han involucrado. Esto ha distorsionado al conflicto en sí, pues a este mismo -que es lo central del asunto- se han sumado las pugnas geopolíticas entre otros estados ajenas al conflicto principal. Es así que el fracaso de la Cedeao ha sido un paso atrás, pero el regreso de Goodluck Jonathan, como mediador, podría fortalecer los esfuerzos llevados a cabo por la Cedeao. Así, es fundamental que este bloque de integración siga apoyando el proceso de diálogo de Malí y no solo para conseguir la estabilidad de dicho país, sino que también para seguir avanzando en la anhelada búsqueda de mayor democracia en la región. En resumen, se debe encontrar una solución debido al contexto nacional y regional.

La solución del conflicto debe tener una mirada amplia y de largo plazo. Si bien la crisis política y la inseguridad son los detonantes del actual proceso, este no es más que una consecuencia o una continuidad de aquel que comenzó en 2012. Así, se deben buscar soluciones a distintos problemas y, por lo mismo, se deberá involucrar a diversos sectores políticos y sociales. Aún más, hay temas (como el terrorismo) que merecen tener una visión regional, pues ningún país podrá ponerle fin sin la ayuda de sus vecinos.

Es fundamental que todas las partes involucradas comprendan que la defensa de la democracia y de su institucionalidad deben estar por sobre los intereses particulares de uno u otro grupo. Malí logró construir una incipiente democratización en los años 90, pero en el siglo XXI fue sufriendo una progresiva destrucción de lo conseguido. Esto último, entre otros motivos, por el mal desempeño de los políticos.

Parece ser que el imam Mahmoud Dicko no tiene intenciones de ser presidente o algo así. De hecho, le acomoda estar por detrás de los poderes, para así controlar y “fiscalizar” a quienes toman las decisiones. Será necesario contar con su presencia al momento de negociar con grupos terroristas, especialmente con aquellos que cuentan con buenas relaciones con Dicko. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la islamización del conflicto político y social sería un gran retroceso. Si bien resulta erróneo establecer la participación del imam solo en el plano religioso, no se debe olvidar lo que ha ocurrido, por ejemplo, con los islamistas en Marruecos, Túnez y Egipto. En todos estos casos, supieron aprovechar el descontento transversal de la sociedad, para luego llegar al poder e intentar realizar reformas tendientes a una sociedad más conservadora o, si se prefiere, más “islamizada”. Esto no quiere decir que en Malí vaya a pasar eso mismo -las comparaciones no son recomendables-, pero es importante ir viendo si Dicko y los islamistas tienen otras intenciones.

En medio de un contexto regional muy preocupante y con diversas amenazas -sequía, choques intercomunitarios, terrorismo, inmigración, inestabilidad sociopolítica y conflictos en zonas cercanas-, Malí no se puede dar el lujo de caer y generar otro “tierra de nadie”. Es importante que el Estado recupere el control territorial, para que así pueda ejercer su poder y, por ende, sus medidas en materia de seguridad. Sin embargo, al igual como ha pasado en otros países de la zona, se debe tomar mucho cuidado a la hora de reforzar la seguridad, ya que ha habido diversos casos de violaciones a los derechos humanos, llegando incluso a cometer verdaderas matanzas contra civiles (por parte de las fuerzas estatales y de grupos terroristas), pero también se han producido intensas confrontaciones entre las comunidades que habitan en la región.

El M5-RFP comienza a dar señales de evidentes diferencias y una demostración de aquello es el tema de la renuncia de IBK. Mientras los sectores más duros no ceden en su afán de sacar al actual presidente, otros grupos, incluyendo al mismo Mahmoud Dicko, no tienen como principal prioridad la partida del actual mandatario. Esto último puede generar, con el desgaste propio del paso del tiempo, una fractura al interior del M5-RFP. Además de lo anterior, no se debe olvidar que este movimiento tiene mucha adhesión en Bamako, pero no así en otras regiones del país. Desde este punto de vista, la misión de la Cedeao fracasó en su intento de generar acuerdos, pero significó un apoyo fundamental para IBK, ya logró validarlo como presidente. Esta situación se refuerza con la reciente declaración de la Unión Africana, que apostó por sumarse a las propuestas elaboradas por la Cedeao. En resumen, si IBK logra manejar bien la relación con el M5-RFP, el actual conflicto podría tener, eventualmente, un mejor futuro.

Un tema que no se debe olvidar son las elecciones de 2023, ya que si bien el movimiento parece ser espontáneo y con objetivos de corto plazo, sí puede haber líderes, partidos políticos o grupos que estén pensando en los comicios presidenciales de 2023. Es el caso, por ejemplo, de la Coordinación de Movimientos, Asociaciones y Simpatizantes del imam Mahmoud Dicko (CMAS), una agrupación formada en enero de 2020 y que tiene como objetivo las elecciones legislativas, que aún no tienen fecha, e incluso las presidenciales de 2023.

Si bien la pandemia del Covid-19 no ha sido un detonante de la actual crisis, puede jugar un rol. Esto, pues una mala gestión del gobierno agravaría las tensiones, pero un buen manejo permitiría que IBK ganara más apoyo.  

Por último, la situación actual del país es el reflejo de un proceso histórico que mezcla una deficiente administración del Estado y crisis de confianza respecto de las instituciones estatales y políticas. Lo que actualmente ocurre es la explosión de un material acumulado durante años, período en el cual no se solucionaron grandes problemas en temas como educación, salud, justicia, servicios básicos (agua y electricidad), descentralización y gobernabilidad. Aún peor, a partir de 2012 se sumó una crisis en la seguridad, la lucha contra el terrorismo y el control efectivo del territorio. En este escenario, el Estado y la población de Malí deben actuar con rapidez, fomentar la puesta en marcha de medidas concretas y consolidar una política de diálogo y acuerdos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl


 

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Abiy Ahmed, un digno y merecido ganador del Premio Nobel de la Paz

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Abiy Ahmed, un digno y merecido ganador del Premio Nobel de la Paz

Fecha 11/10/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Más allá de lo que digan los eternos críticos, que nunca encuentran algo bueno y que siempre ven dobles lecturas donde no las hay, el Premio Nobel de la Paz sigue siendo un importante hito anual. No solo porque es un potente símbolo, sino que por el hecho de premiar, en forma concreta, a quienes luchan por un mejor mundo. Suena cliché, pero es real.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de octubre de 2019
(originalmente publicado en Cooperativa.cl)

Sin embargo, es cierto que ciertas nominaciones o premiaciones habían generado polémica en los últimos. Por ejemplo, los premios entregados a Barack Obama (2009) y la Unión Europea (2012). Junto a ellos, la nominación de Greta Thunberg en la presente versión del Premio Nobel de la Paz.

Es por eso que darle el Premio Nobel de la Paz a Abiy Ahmed, actual primer ministro de Etiopía, no solo es algo justo, sino que también un tremendo espaldarazo para esta importante institución. Al respecto, cabe resaltar lo más evidente, es decir, Ahmed firmó la paz con la vecina Eritrea y puso término al “estado de guerra” que imperaba desde 2000. En este sentido, es necesario recordar que Etiopía y Eritrea enfrentaron una guerra entre 1998 y 2000, la cual finalizó con el Acuerdo de Argel (2000). Sin embargo, las tensiones se mantuvieron hasta 2018, año en el cual ambas partes acordaron dejar atrás décadas de conflicto y, entre otras cosas, asumir las fronteras establecidas en el Acuerdo de Argel.

Apenas ocurrido esto, algo tan básico como realizar llamadas telefónicas desde un país al otro pudo concretarse. Después, seguirían otros hitos, como reapertura de embajadas, apertura de fronteras, creación de comisiones, visitas recíprocas, circulación de personas y, lo principal, un aire de paz en una zona (el Cuerno de África) que ha sufrido por males como el terrorismo, la sequía, las disputas fronterizas y la carencia de una integración social, política y económica.

Pero esto no fue todo, ya que los “nuevos aires” impulsados por Abiy Ahmed –quien también realizó grandes reformas internas, tendientes a democratizar al estado etíope y a buscar un equilibro étnico- llegaron a los demás países de la región. Es así que Eritrea y Somalía restablecieron sus relaciones diplomáticas, en tanto que Djibouti y Eritrea destrabaron su situación y, tras diez años, normalizaron sus nexos. Por si fuese poco, Eritrea, Etiopía y Somalía firmaron un acuerdo de cooperación política, económica, social, cultural y securitaria, a lo cual sumaron la generación de una comisión conjunta tripartita. Todo esto, promoviendo la paz regional. Lo anterior ha sido acompañado por otros movimientos, los cuales han incluido avances en los vínculos bilaterales de los estados de la región y, quizás lo principal, en los asuntos multilaterales del Cuerno de África. Y aunque ha habido algunos problemas, como la disputa marítima entre Kenya y Somalía o una polémica entre Eritrea y Djibouti (la cual fue solucionada), no se puede negar que los progresos han sido evidentes.

Además, se han creado diversos proyectos de integración, los cuales incluyen líneas ferroviarias, creación de más vuelos entre los países de la región, mayor comercio, construcción de autopistas, inversión en puertos, seguridad fronteriza, lucha contra el terrorismo y disminución de visados para los africanos.

Hoy, a pesar que falta mucho para que el Cuerno de África pueda respirar tranquilo, el trabajo de Abiy Ahmed asegura que, más allá de las dificultades que han aparecido y seguirán emergiendo, el proceso va bien encaminado. Etiopía y sus vecinos comienzan a recibir más apoyo internacional –lo cual debe ser tomado con precaución, pues las potencias ya se muestran sus dientes en la lucha geopolítica por esta importante región- y empiezan a tejer una red de vínculos diplomáticos que deberían llevarlos a fortalecer la integración regional y africana. Eso sí, habrá que tener cuidado con las “ayudas” y los “buenos consejos” de las potencias externas y, como se ha dicho en el último tiempo, todo deberá basarse en la premisa de “buscar soluciones africanas para los problemas africanos”.

En resumen, que un conflicto histórico, como el que mantenían Eritrea y Etiopía, haya llegado a su fin es una noticia esperanzadora y, por supuesto, merecedora del reconocimiento internacional. Por eso, a celebrar el Premio Nobel de la Paz recibido por Abiy Ahmed, el “reformista”. Que sus pares regionales se contagien e inicien la apertura, sin miedos, hacia una democratización política, social y comercial. Es lo que necesita África.

Es lo que necesita el mundo actual.

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Mohamed Morsi, el reflejo del verdadero Egipto

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Mohamed Morsi, el reflejo del verdadero Egipto

Fecha 17/06/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Nacido en el sector oriental del delta del Nilo, Mohamed Morsi Isa Al-Ayyat se convirtió en unos de los símbolos de la Hermandad Musulmana de Egipto y, al convertirse en el primer (y, hasta ahora, único)] historia del Egipto moderno. Su historia estuvo llena de dulce y agraz, pero, quizás, se le recordará por haber liderado una etapa que pareció un espejismo más que un período concreto de nuevos tiempos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de junio de 2019

Mohamed Morsi estudió ingeniería en la Universidad de El Cairo y siempre destacó por sus buenos resultados universitarios. Tras terminar sus estudios de ingeniería, en 1975, tres años más tarde obtuvo el grado de magíster en ingeniería metalúrgica. En 1978, optó por viajar a Estados Unidos y ahí continuó con su profundización, alcanzando, en 1982, un doctorado en ingeniería en la Universidad de Carolina del Sur.  Luego de realizar clases en esta última casa de estudios, Morsi regresó a Egipto, donde también desarrolló trabajo docente. En eso estuvo hasta 2010, aunque, desde mucho antes, también empezó a convertirse en un importante actor político de la era de Hosni Mubarak.

Claro, pues fue parte de la oposición y uno de los hitos de su ascendente carrera política llegó en 2000, cuando, siendo un candidato independiente, logró ingresar al Parlamento egipcio. Su agrupación, la Hermandad Musulmana, estaba prohibida durante el mandato de Mubarak, asi que su figura siempre estuvo ligada al movimiento islamista. Sin embargo, en 2005 le tocaría caer, ya que Mubarak organizó un fraude electoral para así disminuir el peso ganado por la Hermandad Musulmana, la cual, entre las sombras y con candidaturas “independientes”, seguía avanzando en el poder legislativo de Egipto. Para peor, en 2006 sería encarcelado durante siete meses y cinco años más tarde correría la misma suerte. Finalmente, con el fin de la era Mubarak, no solo recuperó su libertad personal, sino que también entró con gran poder a la arena política egipcia.

Así, a pesar que la Hermandad Musulmana afirmó que no tenía intenciones de tener un candidato a la presidencia, en julio de 2012, con cerca del 52% de los votos, Mohamed Morsi se convirtió en el primer presidente de Egipto elegido por votación democrática. Se generó, en medio de un proceso de cambios político-sociales que afectó a muchos países del mundo árabe, la esperanza de ver algo diferente. Si Nasser y Anwar el Sadat habían representado al sueño del socialismo panarabista y la apertura hacia Occidente y el capitalismo, respectivamente,, Morsi parecía ser el encargado de generar un sistema democrático y alejado de los cuarteles. De hecho, su popularidad era muy alta y normalmente estuvo sobre el 50%. Empero, su mandato tenía fecha de inicio y vencimiento, pues el poder seguía estando en las mismas manos de siempre. Y aunque intentó cambiar esto, lo cual le significó tener aciertos, pero también grandes errores –como haberse entregado, en noviembre de 2012, poderes totales, reviviendo el miedo de las dictaduras y, peor aún, una de tipo islamista-, su caída fue cosa de tiempo.

Aunque el PIB de Egipto tuvo un leve crecimiento (pasó de 1,8% a 2,2%), la incapacidad de frenar los precios del gas y de la alimentación le pasó la cuenta. Además, sus polémicas medidas, la inestabilidad político-social del país y el abierto quiebre con parte de la izquierda y grupos pro-Mubarak, le dieron aún más fuerza a la oposición que empezó a construirse en torno a él. Junto a lo anterior, los indicios de una islamización de la sociedad o, si se prefiere, de una “islamización conservadora”, no ayudaron a que lograse salir a flote. Así, tras fuertes protestas en la histórica Plaza Tahrir y con un ultimátum de los militares, Morsi sufrió un golpe de estado, el 3 de julio de 2013, y debió resignarse a poner fin a la era de la Hermandad Musulmana en la presidencia egipcia. Como en una película, el sueño de desvaneció y todo el mundo fue testigo de una metamorfosis que nunca fue tal. Todo cambió, pero para que nada se modificara. En un abrir y cerrar de ojos, Mohamed Morsi estaba detenido, condenado y acusado, entre otras cosas, de realizar espionaje a favor de Qatar o de matar protestantes. Incluso, se le condenó a muerte y pasó sus últimos seis años privado de libertad, mientras que Hosni Mubarak era liberado en 2017.

Al momento de su muerte, la cual aún no ha sido clarificada, Morsi se encontraba, para variar, en un tribunal. Durante años estuvo enfermo y la gravedad de sus males minaron su salud, la cual nunca recibió, según consigna Human Rights Watch, los mínimos y más básicos cuidados. Murió en vida y, con eso, aumentó la histórica consigna épica de la Hermandad Musulmana. Sin pensarlo, y a pesar de realizar un mal gobierno y no entender el juego político, ni los ritmos del nuevo proceso egipcio, entró a la historia de su agrupación como un mártir. Como uno de los tantos mártires de la Plaza Tahrir.

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Lecciones de Argelia y Sudán

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Lecciones de Argelia y Sudán

Fecha 11/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy


Con apenas unos días de diferencia, el argelino Abdelaziz Bouteflika y el sudanés Omar al Bashir debieron dejar el poder en sus respectivos países. Algunos dirán que eran presidentes y otros afirmarán que eran autócratas o tipos autoritarios. Sin embargo, es justo decir, en honor a la verdad, que la mano de hierro del sudanés no tiene comparación respecto a lo hecho por su par argelino, pero no se puede esconder que el régimen de Bouteflika excedió los tiempos y terminó por colmar la paciencia de los argelinos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de abril de 2019

Bouteflika estuvo en el poder durante 20 años (1999-2019) y al Bashir lo superó en diez (1989-2019). Fueron gobernantes que, con diferentes estilos y en contextos muy particulares, pasarán a la historia por haber caído gracias a las protestas pacíficas del ciudadano común y a la intervención de las fuerzas armadas. Estas últimas, dejaron de apoyar a ambos y optaron por ponerse al lado de la gente. Claro, dirán que lo hicieron en forma estratégica, para así no perder sus regalías, es decir, buscarán un modelo democrático (o que al menos se acerque más a la democracia), pero sin perder su influencia y poder. La gran pregunta, en caso que esto sea así, es si los argelinos y sudaneses estarán dispuestos a eso. El pueblo está cansado y ya perdió el miedo.

Si bien años atrás cayeron Ben Alí (Túnez), Hosni Mubarak (Egipto); Ali Abdullah Saleh (Yemen) y Muammar al Gaddafi (Libia), lo ocurrido en Argelia y Sudán es muy simbólico. Básicamente, porque el proceso de caída de Bouteflika y al Bashir –especialmente en el caso del primero- fue menos sangriento. Mientras en Argelia no hubo muertos, en Sudán sí lo hubo (11 o 14, según distintas fuentes), pero al menos se evitó un choque frontal entre diversos grupos (civiles y estatales).

Sin embargo, ahora vendrá lo más difícil y, en este sentido, hay que tener mucha habilidad política. Hoy, las transiciones de ambos países están lideradas por los jerarcas militares, los mismos que fueron parte de los gabinetes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir. Por ende, es natural que aparezcan dudas sobre hacia dónde irá el buque. En el caso argelino, ya se estableció que el 4 de julio habrá elecciones presidenciales y en ella no podrá participar el actual presidente interino (un cercano a Bouteflika). A su vez, la situación sudanesa es más incierta, pues recién ahora cayó el régimen de al Bashira. Por ahora, solo se sabe que habrá una transición de dos años (a cargo de los militares) y que, además, la Constitución será disueta. Junto a esto, habrá liberación de presos políticos, estado de emergencia por tres meses y toque de queda por un mes.

Al analizar lo que ocurre en Argelia y Sudán, se puede ver con claridad que la gente o, si se prefiere, el pueblo rechaza cualquier continuidad de los regímenes que acaban de caer. Esto es sumamente comprensible, pero, al mismo tiempo, muy peligroso. Es una espada de doble filo, pues ese ímpetu democrático puede ser el motor de una transición exitosa, pero también corre el riesgo de convertirse en una piedra de tope. Es muy complicado pensar en transar o ceder luego de dos o tres décadas dominado por dictadores (Al Bashir) u autócratas (Bouteflika), pero es necesario para que el paso desde una dictadura (o régimen autoritario) hacia una democracia sea lo más pacífico posible y, por ende, tenga un excelente resultado. Hemos visto lo ocurrido en Libia y esto debe ser puesto como ejemplo de cuán mal se pueden hacer las cosas. Al mismo tiempo, se puede examinar la transición chilena como un modelo interesante. No por cuestiones económicas –ya sabemos que fue la base de un sistema que tiene ahogado a la mayoría de los chilenos-, pero sí por la habilidad de haber salido de una larga dictadura, haber pasado con éxito los primeros años de frágil institucionalidad democrática y, finalmente, haber sido capaz de establecer una democracia como tal. Claro que se pueden mejorar aspectos, pero no se puede dudar que las dificultades propias del proceso fueron abordadas de buena forma.

Ahora, Areglia y Sudán deberán enfrentar la parte más compleja, que es dejar los festejos y empezar a trabajar para que todo lo acontecido genere cambios reales y no termine siendo, como en el caso de Egipto, una movida propia del Gatopardo. En este sentido, será un gran desafío para los argelinos y sudaneses, pero también para los países vecinos. En caso de necesitarse mediaciones, será fundamental que los mediadores sean estados del Magreb y del Cuerno de África, que son los espacios geopolíticos donde se desenvuelven Argelia y Sudán, respectivamente. Y si esto no fuese posible, entonces la Unión Africana debiese ser el organismo encargado de apoyar estos procesos. La injerencia extranjera, es decir, la participación de las grandes potencias (Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia) y aquellas de tipo emergente (Turquía, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán), debería ser evitada, para así no cometer los mismos errores del pasado, lo cual se ha visto –con historias, contextos y actores muy diferentes- en Siria, Afganistán, Irak, Libia y Malí. No se debe olvidar que los intereses geopolíticos son muy poderosos y que los estados más fuertes pueden asumir cambios en los liderazgos internos, pero que nunca estarán dispuestos a perder o poner en riesgos sus intereses (económicos, políticos, militares, etc.).

Por último, lo acontecido en Argelia y Sudán puede significar que lleguen nuevos aires en los procesos de integración del Magreb y del Cuerno de África, respectivamente. Mientras Argelia se ha visto involucrada en el conflicto del Sahara –apoyando al Polisario y, de esta forma, manteniendo con vida a un choque generado por el colonialismo y la Guerra Fría-, Sudán ha sido un factor de división en el siempre denso y complejo tejido diplomático del Cuerno de África. Es así que un gobierno argelino dispuesto a dialogar con Marruecos y establecer una política de dos velocidades (una dedicada al asunto del Sahara y otra que promueve la integración regional) aportaría mucho para el sueño de integración magrebí. En paralelo, los cambios generados por los nuevos tiempos de Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía, han generado expectación en el Cuerno de África, especialmente porque, al menos en el nivel diplomático, se ha avanzado en el camino de la solución de conflictos. Por ejemplo, la normalización de los nexos entre Etiopía y Eritrea y los avances (pequeños, medianos o grandes) en disputas como aquellas entre Egipto, Sudán y Etiopía (represa en el Nilo), Kenya y Somalia (límites marítimos), Djibouti y Eritrea (conflicto fronterizo) y Somalía y Somaliland (este último, una autoproclamada república cuyo territorio es parte de Somalía).

Además de esto, existen diversos proyectos de integración en infraestructura, lo cual tiene que ir acompañado de una base sólida de entendimiento entre los países de la región. Es así que en el Magreb se está avanzando en el proyecto de un tren magrebí –por ahora incluiría a Marruecos, Argelia y Túnez- y hace tiempo que se está llevando a cabo la carretera transahariana, mientras que, en el Cuerno de África, hace poco fue inaugurada la línea de ferrocarril que une a Etiopía con Djibouti, pero existen otras iniciativas ferroviarias como las líneas Etiopía-Eritrea, Etiopía-Kenya y Kenya-Sudán del Sur. Por si fuese poco, estos proyectos ferroviarios involucran a Rwanda, República Democrática del Congo, Tanzania, Burundi y Uganda, lo cual generaría una gran conectividad terrestre en África Oriental. ¿Algo más? Claro, porque existe el deseo de construir el “Corredor Lamu” –que incluiría, entre otras cosas, carreteras, puertos, líneas de tren y un oleoducto-, el cual uniría a Kenya, Sudán del Sur, Etiopía y Uganda.

En resumen, el fin de los regímenes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir dejan una serie de lecciones y desafíos. Dentro de las primeras, la importancia de realizar manifestaciones pacíficas (y persistentes), la necesidad de actuar en forma rápida cuando una situación amenaza con transformarse en un choque violento, aprender a escuchar a la gente, comprender que los tiempos actuales necesitan soluciones democráticas y no dictatoriales y asumir que ningún tipo de gobierno puede mantenerse en el tiempo si no toma medidas que favorezcan a la mayoría y no a las élites. Entre los segundos, cómo construir nuevas institucionalidades democráticas, entender que las democracias africanas o asiáticas no tienen por qué ser iguales a las de “Occidente”, implicar a todos los segmentos políticos y étnicos en los procesos de democratización y fomentar la creación de un nuevo sistema interno que permita establecer, en el largo plazo, buenas relaciones con los vecinos. Todo lo anterior, comprendiendo que se vive en un mundo globalizado y en el cual los estados (o estados-nación) van perdiendo fuerza ( y a veces soberanía) respecto de los bloques de integración (regional, continental o mundial).

En este contexto, es de esperar que los procesos de Argelia y Sudán terminen bien. Aquello sería un bálsamo en zonas que, en las últimas décadas, han vivido procesos complejos y, normalmente, acompañados de violencia, fragmentación e inestabilidad. Mientras África no solucione sus problemas, la dependencia de los capitales extranjeros seguirá siendo una realidad y, entonces, la utilización de sus recursos naturales (y las riquezas generadas por éstos) permanecerá bajo la voluntad de las potencias o, si se prefiere, de las grandes empresas que los exploran y explotan.

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El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

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El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

Fecha 3/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El martes 3 de abril, el Consejo Constitucional de Argelia anunció que el mandatario argelino –quien estuvo en el poder durante 20 años- hizo efectiva su renuncia y, por ende, se declaró al cargo vacante. Ahora, Abdelkader Bensalah, presidente del Consejo de la Nación –cargo que ocupa hace 17 años-, debería ser el encargado de asumir la presidencia interina de Argelia. En teoría, debería organizar elecciones en tres meses más y sin que pueda presentarse como candidato presidencial. Más allá de esto, lo concreto es que se consolidó la salida de Abdelaziz Bouteflika, pero, al mismo tiempo, comienza lo más difícil. ¿Habrá un cambio total?, ¿Bouteflika y sus aliados gobernarán desde las sombras?, ¿hacia dónde irá Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de abril de 2019

Tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en 2013, Abdelaziz Bouteflika prácticamente no apareció más en público y, cuando lo hizo, quedó la impresión que las secuelas físicas le impedirían gobernar. Sin embargo, Bouteflika –héroe de la independencia argelina y líder de la transición que puso fin a la década sangrienta de los años 90- permaneció en el poder por casi seis años más. Demasiado tiempo y eso, inevitablemente, le pasó la cuenta. No solo por su delicado estado de salud, sino que, lo principal, por sus evidentes problemas para tomar las riendas de Argelia. Esto significó que se profundizaran ciertos problemas –como la precariedad laboral, la excesiva dependencia de la economía argelina del petróleo, necesidad de reformas institucionales, democratización del sistema político, demandas étnicas y las relaciones exteriores, entre otros-, generando la sensación que el estancamiento argelino no tendría solución.

De esta forma, la gente se aburrió y salió a las calles. Fueron al menos seis semanas seguidas en las cuales se organizaron pacíficas y ordenadas protestas en Argel, pero también en otras ciudades del país. A pesar de ser un movimiento amorfo –sin líderes claros, ni tampoco peticiones consolidadas, salvo pedir la partida de Bouteflika y sus cercanos-, su unidad y persistencia le permitieron conseguir el objetivo. Tanto así, que se puso término a la era de Abdelaziz Bouteflika como presidente de Argelia.

Aunque la alegría es evidente, no se le debe dar demasiado espacio, pues de inmediato aparecen las dudas. La primera, quizás la más relevante, es quién liderará durante el proceso de transición. Esto último, pues muchos argelinos ya han anunciado que no quieren a los integrantes del círculo íntimo de Bouteflika –su hermano Said, Ahmed Ouyahia, Abdelmalek Sellal, Bachir Tartag y el general Gaid Salah, entre otros-, es decir, quieren un nuevo marco político en el cual los viejos estandartes ligados a la era Bouteflika queden fuera.

Luego, cabe preguntarse qué pasará con el movimiento, social y espontáneo, que emergió y generó la caída de Bouteflika. Al no tener una cabeza, ni tampoco dos, tres o cuatro, el escenario parece difuso. Recuerda, en cierta medida, al movimiento 20 de Febrero marroquí, el cual comenzó con mucha fuerza, pero después, cuando había que mostrar organización clara y propuestas bien definidas, desapareció. Básicamente, porque no tenía cohesión. Ciertamente, son dos países con sus propias realidades y en contextos diferentes, pero la comparación es necesaria para recordar que la oposición debe ser capaz de aglutinarse en torno a un objetivo común (lo cual lo consiguieron), pero también necesitan tener la capacidad de transformarse en un grupo político. En caso contrario, la transición quedará en las manos de los políticos, los mismos que generan tanta desconfianza.

Otra duda razonable tiene que ver con la institucionalidad democrática de Argelia. En este sentido, lo primero es ver si realmente terminará la “era Bouteflika” o si detrás de los muros gobernarán los mismos de siempre. Ya lo dijo el propio Abdelaziz Bouteflika, quien, al anunciar que dejaría el poder, aseguró que estaría atento al proceso de transición. En pocas palabras, él (o sus cercanos) vigilarán de cerca todo lo que ocurra. Y esto tiene dos lecturas. La positiva, que le interesa que el país evite el caos y asuma que debe haber un nuevo modelo político-social. La negativa, que desconfían de una democracia plena, ya sea por el temor a un eventual auge de los islamistas, su intención de no soltar el poder, la incapacidad de los nuevos líderes, la lucha antiterrorista, los ánimos revanchistas o la fuerza de las demandas separatistas o étnicas, entre otros. Además de lo anterior, Argelia tendrá el gran desafío de levantar un marco institucional nuevo y ajustado a los tiempos actuales. Y esto es aún más complejo cuando la institucionalidad ha estado marcada por el sello de un gobierno que ha dominado durante 20 años.  Liberarse de muchas ataduras y costumbres no será fácil y eso requerirá de mucha sapiencia y manejo político. En este contexto, será relevante conocer cuáles son las principales carencias –por más evidentes que parezcan algunas, como una mayor democratización- y cuáles son las percepciones de los argelinos. Establecer una buena sintonía entre gobernar y escuchar a la gente es una gran tarea y esto debiese marcar a la agenda política argelina. Relacionado con lo anterior, aparece la pregunta sobre el rol que cumplirán las fuerzas armadas argelinas en todo este proceso. Según lo visto en las últimas semanas, las demandas de la población generaron buena sintonía entre los militares, quienes, al mismo tiempo, parecen no querer intervenir demasiado y buscan un proceso que no los convierta en protagonistas, pero solo en la medida que sus deseos y la institucionalidad básica del país no se vean afectados.

Uno de los temas más potentes son las eventuales propuestas de políticas para el desarrollo interno y respecto de las relaciones internacionales. Dentro de las primeras, aparecen casos emblemáticos como una mayor diversificación de la economía argelina, el destino de las exportaciones petroleras, la lucha contra el desempleo de los jóvenes, la situación en Kabilia, la discriminación a los bereberes, los choques étnicos en el sur, el fenómeno migratorio y la lucha contra el terrorismo y el tráfico de personas. En cuanto a las segundas, por ejemplo, ¿qué pasará con el conflicto del Sahara y, por ende, con el apoyo al Polisario?, ¿se le dará un mayor espacio a la integración magrebí?, ¿qué pasará con África Subsahariana?, ¿cambiarán los vínculos con Europa?, ¿se mantendrá la alianza con Rusia?, ¿se buscará una mayor relevancia en los asuntos africanos?

Todo esto se podría resumir que lo que está ocurriendo es una verdadera Caja de Pandora y, por ende, todo debe ser realizado con mucha prudencia y estrategia. Además, será necesaria una gran capacidad de equilibro entre la necesidad imperiosa de grandes cambios, pero que, al mismo tiempo, vayan acompañados de políticas de mediano y largo plazo. Las transiciones políticas no son fáciles y en muchos casos suelen fracasar o tomar más tiempo de lo deseado. El problema es que en ocasiones esto trae consigo un contexto de confusión y caos –a veces con muertes y fracturas o fisuras sociales difíciles de solucionar-, asi que será importante que quienes lideren el nuevo proceso político-social de Argelia comprendan la realidad argelina, pero que también estudien los ejemplos de transiciones exitosas.

En este punto, la sociedad civil deberá asumir que no todas sus propuestas podrán ser puestas en marcha y, entonces, tendrán que comprender que ceder no será sinónimo de aflojar, sino que de ayudar a mantener el equilibrio. Si se empieza a pedir una limpieza total, aquello puede ser peligroso y poco realista. La sugerencia es que los representantes de la era Bouteflika consoliden su retirada y dejen a emisarios más jóvenes (y mejor evaluados por la población) en la mesa de negociaciones con los nuevos liderazgos sociales y políticos del país. Y estos dos últimos también deberán buscar lo mejor de sí, es decir, líderes reflexivos, capaces de transar y con reales intenciones de construir un mejor país. Por último, los militares deberán mostrar un comportamiento prudente, es decir, lo más alejados posible del proceso político. Sin embargo, pensar en verlos totalmente fuera es inviable, ya que han sido parte fundamental del aparato político argelino desde su independencia. Tanto así, que si Abdelaziz Bouteflika dejó el poder fue porque, entre otras cosas, las fuerzas armadas argelinas ya no veían con buenos ojos su permanencia.

Si lo anterior no se cumple, entonces Argelia podría entrar en una fase peligrosa, en la cual diversos problemas político-sociales saldrían a la superficie y, por ende, con el evidente riesgo de generar estallidos a nivel nacional y local. Y eso no es lo que necesita Argelia, ni tampoco el Magreb, el Sahel y la Europa Mediterránea.

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La invisibilidad de África en Chile: el caso de la (des)igualdad genérica

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La invisibilidad de África en Chile: el caso de la (des)igualdad genérica

Fecha 27/12/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El pasado 18 de octubre, Paul Kagame, presidente de Rwanda, se convirtió en noticia obligada, ya que hizo un cambio de gabinete y en este último apostó por la igualdad genérica. Así, estará conformado por 50% de mujeres e igual proporción de hombres. La situación llamó la atención, pero tampoco sorprendió tanto, pues Rwanda tiene una tasa de participación femenina muy alta en el ámbito legislativo. De hecho, el 61,3% de quienes integran el Parlamento de Rwanda son mujeres.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 27 de diciembre de 2018

(Fotografía: Getty Images)

Días después, otro país africano, ahora Etiopía, causó revuelo, ya que, por primera vez en su historia, nombró (a través de su Parlamento) a una mujer como presidenta del país. Si bien es un cargo simbólico –el que tiene el poder es el primer ministro-, no deja de ser un dato relevante. Tanto así, que Sahle-Work Zewde es, en la actualidad, la única jefa de estado de África.

Pero esto no es todo, pues el reformador Abiy Ahmed –que se ha convertido, sin dudas, en uno de los grandes personajes políticos del año- ya había dado otro paso, pues la semana anterior había nombrado a su gabinete y en éste optó, al igual que Kagame, por la paridad genérica. Así, diez de sus integrantes son mujeres y la misma cantidad corresponde a hombres. Aún más, se la jugó nombrando a una representante femenina en cargos tan importantes –e históricamente reservados para alguien del género masculino- como en el Ministerio de Defensa.

Para tener una mayor noción sobre lo acontecido en Etiopía y Rwanda, cabe revisar algunas cifras. Según datos de la Unión Interparlamentaria, en 2017 había apenas seis países (a nivel mundial) con 50% o más de mujeres en jefaturas ministeriales. En dicho listado, resaltaban Rwanda (7°, con 47,4%), Sudáfrica (9°, 41,7%) y Uganda (19°, 36,7%).

Respecto de la participación parlamentaria femenina, solo dos estados tenían, en su Parlamento unicameral o su Cámara Baja, una tasa de 50% o más, destacando Rwanda (1°, 61,3%), Senegal (7°, 42,7%), Sudáfrica (9°, 42%), Namibia (12°, 41,3%), Mozambique (13°, 39,6%), Etiopía (17°, 38,8%) y Angola (19°, 38,2%).

¿Dónde se ubica Chile en estos rankings? En el primero, aparece en el puesto 22°, con un 34,8% de ministerios a cargo de mujeres, en tanto que en el segundo figura en el lugar 128°, con un débil 15,8%. ¿Cuál es la media mundial? En el caso de los ministerios, la tasa de participación femenina es 18,3%, mientras que en el ámbito parlamentario es 23,3%.

Una medición más permite profundizar en el tema de la (des)igualdad genérica en África y Chile. Según el Índice de Brecha de Genero de 2018, el cual es publicado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), tres países africanos se ubican entre los 20 primeros del listado. Se trata de Rwanda (6°), Namibia (10°) y Sudáfrica (19°). A ellos se deben agregar Burundi (31°), Uganda (43°), Zimbabwe (47°) y Mozambique (49°), quienes integran el selecto grupo de los 50 mejores del mundo.

Por ítem, dado que el índice del WEF involucra a cuatro variables, siguen llegando buenas noticias provenientes de África. Es así que en «participación económica y oportunidad» destacan Benín (4°), Burundi (5°), Guinea (7°), Camerún (8°), Namibia (12°), Botswana (13°), Ghana (25°), Rwanda (30°), Kenya (37°), Zimbabwe (40°), Liberia (41°) y Madagascar (48°), mientras que en «logros educacionales» resaltan Botswana, Lesotho -los cuales comparten el primer lugar con otros 24 estados del mundo- y Namibia (42°). A su vez, en «salud y supervivencia», Angola, Botswana, Eswatini, Kenya, Lesotho, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Uganda y Zimbabwe se ubican en el grupo de 40 países que se posicionan en la primera plaza a nivel mundial. Por último, en «empoderamiento político», África vuelve a sobresalir, ya que Rwanda (4°), Sudáfrica (17°) y Namibia (20°) están entre los 20 primeros, en tanto que Mozambique (26°), Senegal (30°), Uganda (32°), Burundi (40°), Tanzania (43°) y Liberia (47°) aparecen en el segmento de los 50 mejores.

¿Qué ocurre con Chile en el índice del Foro Económico Mundial? A nivel general, ocupa el casillero número 54, es decir, es superado por siete estados africanos. En lo particular, Chile tiene sus mejores resultados en «empoderamiento político» y «logros educacionales», ubicándose en los puestos 31° y 37°, respectivamente. Algo más atrás aparece en «salud y supervivencia» (59°) y, en algo preocupante, queda bastante lejos en «participación económica y oportunidad», donde se queda con el lugar 120°.

En resumen, lo que ocurre con Etiopía, Rwanda y otros países de África amerita mayor difusión, pues dichos estados, al igual que Chile y la mayoría de los países del mundo, están en plena lucha por la igualdad genérica. Además, uno de los temas principales de debate ha sido, justamente, la participación de las mujeres en diversos ámbitos como la política, el mercado laboral y la educación. Por eso, genera tristeza que, nuevamente, se le entregue poca visibilidad a lo que pasa con los estados africanos, en particular, y con África, en general. Hace unos días, la prensa chilena no tuvo problemas en informar sobre un accidente ferroviario en un país de dicho continente, pero ahora, que es momento de mostrar hechos esperanzadores y positivos (índices o cifras que posicionan a ciertos países de África entre los mejores del mundo y superando a Chile), ya no hay tanta cobertura.

Como siempre, África termina siendo un continente del cual llegan pocas buenas noticias y muchas de las malas. Y, aunque muchos no lo crean, de las primeras hay muchas, solo que parecen ser invisibles en el lejano Chile.

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Fecha 7/11/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A propósito del 43er aniversario de la Marche Verde, el rey Mohammed VI realizó su tradicional discurso, aunque, a diferencia de otras ocasiones, tuvo un mensaje directo y conciliador para la vecina Argelia. ¿Será que ambos estados finalmente logren destrabar un conflicto que no solo los afecta a ellos, sino que a todo el Magreb?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 7 de noviembre de 2018

Hace 45 años, España dejó el Sahara y con eso se inició un problema que hasta hoy no tiene solución. Si bien la paz se ha establecido y no se han registrado enfrentamientos armados en más de dos décadas, el tema sigue siendo un gran dolor de cabeza para los directos implicados (Marruecos y Argelia), el Magreb –especialmente para la integración magrebí- y los refugiados.

En los últimos años, la situación no ha variado mucho. Se cambió al enviado especial de la ONU, se superaron algunas polémicas (como la decisión marroquí de expulsar al personal de la Minurso, para luego permitir su regreso) e incluso se intentó llevar el conflicto del Sahara al seno de la Unión Africana (asunto que no prosperó), pero, en su esencia, el problema sigue existiendo y, peor aún, mantiene el statu quo que lo ha caracterizado por largo tiempo.

Sin embargo, algunos hechos permiten tener una luz de esperanza respecto de una posible solución o, como mínimo, un eventual acercamiento que pueda generar las bases de un futuro y fructífero diálogo.

El discurso del rey Mohammed VI

En su habitual discurso del 6 de noviembre, el monarca marroquí recordó la gesta de quienes, con un Corán y una bandera, lograron devolverle el Sahara (provincias del Sur para el reino marroquí) a Marruecos, pero lo llamativo no fue eso –ya es parte de la retórica existente-, sino que los guiños que realizó a Argelia y, particularmente, a Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino.

Con frases como “las relaciones se encuentran en una situación inaceptable” o “desde mi entronización he llamado a la normalización de ellas”, Mohammed VI dejó en claro que en esta oportunidad quería ir más allá de lo usual y planteó, con hechos concretos, su postura de buscar una solución a los quebrados y débiles nexos entre Marruecos y Argelia. En este sentido, se puede destacar su gran propuesta, que es la creación de un mecanismo político conjunto de diálogo y concertación. Sobre este último, el rey mencionó que su estructura, formato y naturaleza se debe convenir entre ambas partes, agregando que Marruecos está abierto a propuestas e iniciativas que Argelia quiera sugerir en este asunto, pero también sobre la forma de mejorar las relaciones entre ambos estados.

En el plano retórico, Mohammed VI insistió en la necesidad de consolidar las relaciones –por medio de un diálogo franco y directo- sobre una base de confianza, solidaridad y buena vecindad. En esta dirección va su petición de reabrir las fronteras terrestres que ambos países tienen, las cuales fueron cerradas en 1994 y que ha generado, entre otras dificultades, la división de familias que viven en ciudades o pueblos fronterizos.

El encuentro de Génova

El alemán Horst Kohler, enviado de la ONU para el Sahara Occidental, tomó la decisión de darle un nuevo impulso al empantanado conflicto y para eso buscó retomar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, las cuales estaban congeladas desde 2012. En este contexto, Kohler no solo consiguió el visto bueno de ambas partes, sino que también invitó a participar en el diálogo a Argelia y Mauritania, los cuales, a su vez, aceptaron participar como observadores.

Si entre el 5 y 6 de diciembre ocurrirá algo novedoso o si se repetirá la tendencia de estas negociaciones –que normalmente suelen dejar escasos o inexistentes avances en concreto- aún está por verse. Sin embargo, es necesario destacar que, a diferencia de otras instancias de diálogo desarrolladas en anteriores años, ahora habrá un contexto regional o multilateral. Básicamente, pues Kohler ha integrado, con gran habilidad, a Argelia y Mauritania en la mesa de diálogo. Y estos último son actores regionales, pues ambos, por uno u otro motivo, siempre han estado implicados en este conflicto. Por ejemplo, los acuerdos de Madrid –los cuales cedían la administración- dejaron una parte del territorio bajo tutela de Mauritania, el cual, tras los enfrentamientos armados con el Polisario, decidió no reivindicar parte del territorio legado por España. A su vez, Argelia ha sido el principal soporte –político, económico y militar- del Frente Polisario. Es de esperar, entonces, que la visión del asunto como un conflicto regional traiga positivas modificaciones.

El contexto argelino

En 2019 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Argelia y, una vez más, Abdelaziz Bouteflika irá por la reelección, la cual, de ser conseguida, le otorgaría un quinto mandato. A pesar que parte de la sociedad y de los partidos políticos avalan esto, se ha ido generando una oposición que, aunque fragmentada, comienza a presionar por cambios reales y no modificaciones cosméticas. Es así que el asunto del Sahara podría ser una buena forma de demostrarle a los argelinos que el continuismo de Bouteflika no significa más de lo mismo y que Argelia puede ser un actor regional y africano de relevancia. A sabiendas de su delicado estado de salud, muchos dudan sobre sus reales capacidades, pero un avance en pos de un verdadero acercamiento con Marruecos sería bienvenido en buena parte de la sociedad argelina y en un importante sector de la política de aquel país.

Junto a esto, se pueden detectar ciertos movimientos subterráneos, al interior del gobierno argelino, que permiten concluir que podrían venir aires de cambio (aunque sean pequeños) sobre el asunto del Sahara. En paralelo, los cambios en las fuerzas armada de Argelia también podrían tener influencia, pues en caso de llegar un general pragmático, la situación podría tener un vuelco.

Y, finalmente, no debe soslayarse el sentido mensaje que envió Abdelaziz Bouteflika al rey Mohammed VI luego del dramático accidente ferroviario ocurrido hace unas semanas en las cercanías de Kenitra.

Precisiones finales

El llamado hecho por Mohammed VI no solo parece oportuno, sino que lógico. El Magreb, inserto en las lógicas regionales del Mediterráneo y el Sahel, enfrenta una serie de desafíos y conflictos que necesitan la puesta en marcha de propuestas y soluciones de tipo bilateral y multilateral. Entre otros temas, destacan la seguridad, la inmigración, la integración, las relaciones Sur-Norte del Mediterráneo, el desempleo juvenil y la lucha contra el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Además de estos importantes asuntos, claro está, resalta el gran tema, que es el conflicto del Sahara.

Dada la situación actual, tomando en cuenta las respuestas a las propuestas generadas, resulta imprescindible que Argelia y Marruecos –las grandes potencias del Magreb y dos referentes de África- unan sus conocimientos, capacidades y esfuerzos en pos de obtener mejores soluciones a los conflictos que minan un mayor desarrollo de dichos estados y de la región magrebí. Junto a esto, el comercio intramagrebí, que representa no más de un 5%, parecer ser una buena posibilidad a la hora de pensar en decisiones que permitan generar, poco a poco, más trabajo y más ingresos en las arcas estatales.

Además, el Magreb tiene la obligación de retomar la senda de la integración, la cual tuvo como punto culmine la creación de la Unión del Magreb Árabe, pero que desde aquel lejano entonces –su fundación fue en 1989- solo ha sabido de fracasos y fantasmas. Un Magreb unido y potente se encontraría en mejores condiciones a la hora de negociar con su vecino del norte (Unión Europea) y podría soñar con un desarrollo de toda la región. Si el gasoducto Maghreb-Europe se ha desarrollado en paralelo al congelamiento diplomático entre Marruecos y Argelia, ¿por qué no pensar que dicho modelo de cooperación energética pueda ser aplicado en toda la relación entre ambos países?

Es así que el conflicto del Sahara debe ser mirado con objetividad y pragmatismo. Se trata de un problema heredado de la época colonial y exacerbado por la disputa existente en la Guerra Fría. Por lo mismo, no es un conflicto propio del siglo 21 y su solución es obligatoria. Respecto de esto último, quizás sea momento de asumir que, hoy, es inviable la creación de un nuevo estado magrebí y que es igual de complicado realizar un referéndum de autodeterminación –, principalmente, por las dificultades que siempre han existido a la hora de establecer el universo de votantes y de definir quiénes son saharauis-, razones que hacen necesario reglar el asunto basándose en la propuesta marroquí, pero con nuevas ideas que puedan aportar Argelia, Mauritania, la Organización de Naciones Unidas u otros implicados como la Unión Africana y la Unión Europea. En pocas palabras, se trata que los estados involucrados sean capaces de ceder, para así llegar, finalmente, a un acuerdo conveniente para todas las partes.

Por último, vale la pena recordar los postulados del tanzano Julius Nyerere, quien en los años sesenta y setenta planteaba que si la independencia de África derivaba en fragmentación, entonces el desarrollo del continente estaría en grave peligro. Por lo mismo, Nyerere sugería, con una cuota de pragmatismo político, que se debía apostar por los organismos de integración regional. Y a esto último debe apostar el Magreb. Las riquezas naturales abundan -petróleo, gas, fosfato, frutas, verduras, pesca, un mercado de casi 100 millones de personas y energía solar, entre otros-, pero falta la voluntad política para que el sueño del gran Magreb se cumpla. Y mientras se busque una solución al conflicto del Sahara, los gobiernos magrebíes debiesen avanzar en otros aspectos de la integración, como la infraestructura, el intercambio académico-cultural, la cooperación en turismo, el establecimiento de posturas comunes en los foros multilaterales, la unión de fuerzas en temas como la inmigración y el terrorismo y, uno de los más importantes, la libre circulación de personas y bienes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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30ma Sesión Ordinaria de la Asamblea de la UA: interesantes proyectos y proceso olvidados

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30ma Sesión Ordinaria de la Asamblea de la UA: interesantes proyectos y proceso olvidados

Fecha 2/02/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Este importante encuentro, realizado entre el 22 y 29 de enero, en Addis Abeba, Etiopía, dejó una serie de positivas iniciativas, pero también puso en un costado temas de gran importancia que actualmente azotan a ciertas regiones de África.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 31 de enero de 2018

(Fuente: Comisión de la Unión Africana)

Al inicio de esta cumbre, algunos de los grandes temas eran la inmigración, los conflictos político-sociales, la reforma del organismo panafricano, el espionaje chino, la creación de un mercado único y la puesta en marcha de un espacio aéreo común. Una vez finalizada este encuentro interafricano, el balance es esperanzador, pero, al mismo tiempo, deja algunas dudas.

En concreto, se deben celebrar algunos anuncios claves, como el establecimiento de un Mercado de Transporte Aéreo Africano –al cual adhirieron, de inmediato, 23 estados de África-, los avances en pos de la generación de un Área Continental de Libre Comercio –que volverá a ser analizada en marzo próximo- y la adopción de un protocolo para el tratado que establecerá la Comunidad Económica Africana en relación a la libre circulación de personas. También, son importantes la ampliación de diez a 15 miembros en el Comité de Ministros de Finanzas –basado en principios de distribución equitativa por geografía y con sistema rotativo-, el refuerzo del Grupo de Contacto sobre Libia y los progresos en el proceso de estudio de la reforma de la Unión Africana.

¿Algo más? Sí, pues hubo buenas noticias en temas como cambio climático, igualdad de género, lucha contra la desnutrición –con ambiciosas metas de cara a 2025, apostando a tener cifras menores a 10% en tópicos como malnutrición o hambruna- y la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD).

Sin embargo, quizás las principales espinas tengan que ver con dos temas fundamentales. El primero, sobre los conflictos que se están viviendo en África, ya que se mencionó lo ocurrido en Libia y en Sudán del Sur, pero no hubo grandes avances en las situaciones de países como República Democrática del Congo, Egipto, Etiopía o Nigeria, por dar algunos  casos. Lo mismo sobre la inmigración, pues se extrañó algún paso adelante en términos concretos con, por ejemplo, anuncio de nuevas medidas o de novedosos proyectos a seguir analizando en próximas reuniones. El segundo, sobre la discusión relativa al financiamiento de la Unión Africana –que depende, esencialmente, de la Unión Africana-, dado que el actual sistema choca con las aspiraciones de tener un organismo de integración continental libre de las presiones de otras regiones u poderes. Es así que la propuesta de Paul Kagame (impuesto de un 0,2% a las importaciones, la cual ha sido puesta en marcha por 22 de los 54 estados africanos) pudo haber sido contrapuesta con fuerzas con aquellas que busque recaudar impuestos a través de las trasnacionales y, especialmente, aquellas de origen extranjero. Es un debate ideológico, pero que tiene que ser relevante al momento de pensar en un organismo de integración que en sus orígenes buscaba la independencia. Los tiempos han cambiado y lo urgente es contar con los recursos económicos, pero quizás haya que ver otras opciones.

Finalmente, se echó de menos un mayor debate sobre lo acontecido con el espionaje chino. Según una investigación del diario francés Le Monde, China habría espiado a la Unión Africana al menos durante el período 2012-2017, lo cual debe ser investigado a fondo. El asunto es llamativo, dado que, entre otras cosas, China fue el principal soporte económico para la nueva sede de la Unión Africana, ubicada en la capital etíope.

Por último, y pensando en el futuro, es urgente que la Unión Africana siga avanzando, con profundidad, en la elaboración de bloques de integración que logren mejorar sus velocidades. Los distintos organismos integracionistas aún no logran calzar del todo entre sí y eso genera que las grandes decisiones del continente deban adoptarse a nivel de la UA y no a través de los votos de los bloques de integración. Esto último es fundamental, pues las votaciones entre 12, 13 ó 14 unidades son más fáciles que aquellas que cuentan con el voto de los 54 estados africanos.

Mientras, África debe seguir mirando con esperanzas su futuro. El solo hecho de no contar con Robert Mugabe en la última cumbre fue algo positivo. Empero, aún quedan muchos dictadores o gobernantes autoritarios en África. Y eso es algo que debe mejorar. Se avanzó mucho en comparación a décadas previas, pero es algo que, junto a la corrupción, puede estar incluido en la lista de las fallas africanas que han impedido un mayor y mejor desarrollo en la calidad de vida del continente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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African countries processes to follow in 2018

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African countries processes to follow in 2018

Fecha 28/12/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

With the arrival of a new year, it is important to analyze some important topics that will fill the African agenda of international and specifically, interafrican, issues during the current year. So, this article will present some countries that should be tracked in 2018 as they will possibly face important changes and strong (and sometimes hard) sociopolitical processes.

Raimundo Gregoire Delaunoy | December 28th, 2017

(Fotografía: Agencias)

Only by looking the electoral calendar of Africa for 2018 it seems that it will be an important year. There will be nine presidential elections and 15 legislative ones, which will be complemented with others like local elections, referendums or municipal processes. Even more, Cameroon, Egypt, Democratic Republic of Congo, Mali, Madagascar, Mauritius, Sierra Leona, South Sudan and Zimbabwe will choose a new President. So, just talking about elections it will be a year full of expectations.

At the same time, there are key events that are developing in Africa and that, obviously, will be part of 2018’s agenda por this continent. For example, the dispute of the Nile, the tasks of the new chief of the MINURSO, the immigration issues in Northern Africa but also in Eastern and Central Africa, the transformation of the African Union, advances in the African integration, the rise of terrorism, the drug traffic routes and the fight against hunger, among others. Different and tough challenges for a continent that has improved in a lot of aspects but that still confronts eternal social conflicts and, surely, a lack of a deeper integration as a whole. As Julius Nyerere declared, the fragmentation of Africa still causes damage to the path that will give Africans better life conditions.

In the following paragraphs, the context of different countries will be analyzed, so that the study of such a huge continent can be realized in a less dense way.

Egypt

Abdelfatah Al Sisi’s announcement of running for the presidential election – which should be held on Mars 26th– confirmed what all Egyptians knew, it is, he will not hold out­ the power and he will continue with his ambitions. And if there was any doubt in relation to his rivals, now everything is clear, as all of the other candidates have ended their presidential dream and al Sisi’s victory is only a matter of time.

It is true that he saved the country from the Muslim Brotherhood -a group that tried to be seen as a moderate islamist political party but that finally tried to establish changes that would have conducted Egyptian society into a more conservative one- but Egypt still faces the problem of discrimination against women, Christian minorities (nearly 10% of the country’s population) and secular sectors of the society.­ Also, the threat of terrorism is very active in the Egyptian territory and specially in the Sinai. The attacks of last months are a demonstration of this and reflect the fragile security context of the country. The situation worsens if the analysis deepens in topics like the economic reality of Egypt, the corruption and the strong-hand leadership of al Sisi, who never hesitates before sending to prison political rivals, islamists, ONGs representatives and anyone who opposes to him.

Even if the lack of civilian liberties has been a problem through decades, there was a hope that after Hosni Mubarak’s fall a new paradigm could be established, specially in freedom to express, religious liberty and, maybe the most important, the end of that deep and strong relation between politics and military in the government or power. Sadly, none of those situations have changed and, even worse, Egypt faces 2018 with lot of problems and big challenges in those issues. Then, it will be a key moment for the future of the country. The reforms are waiting and al Sisi has the opportunity to rectify the path and give, once again, hope to the Egyptians.

Libya

If there is a country that faces a crucial year for its social, political and economic re-order, it is Libya. Since the fall of Muammar al Gaddafi (in 2011), the former stable country has become into a semi-failed state. Two governments and two Parliaments, slavery, immigration crisis, difficulties for the oil production and social discontent. Also, the strong menace of Al Qaida of the Islamic Maghreb (AQIM) and the Islamic State, among other terrorist groups. So, the Libyan scenario doesn’t seem to be very well during 2018. Nevertheless, there are some challenges for the Maghrebian country.

During the last months was revealed the existence of numerous human-trafficking networks and, even worse, the practice of slavery in the Libyan territory. The dramatic issue generated summits, meetings and political compromises in Sub-Saharan Africa, the Maghreb, the European Union and the Organization of the United Nations (ONU), among others. However, this conflict should be solved as possible and, therefore, has to be one of the priorities for the Libyan authorities.

The problem is that in 2018 the expectations turn around two sociopolitical key facts, it is, the reconciliation process that brings with itself a new Constitution for the country and the correct realization of the presidential and legislative elections. Thus, the first step is to work for the re-construction of the state infrastructure, as with this goal being achieved all the further projects should be faced with more strength and order. This is why the oil situation is other of the key topics for Libya in 2018. Since 2017, the numbers of oil production and exportation have been showing a positive trend, so one of the ambitions should be the consolidation of this process. With oil, new Constitution, national reconciliations and a stronger and better state apparatus, the other challenges –as fight against immigration (and slavery), terrorism, separatism and ethnic conflicts (tebou and amazigh claims) should be developed in a better context, it is, one with high levels of chaos and violence but at least with the hope given by a newly created process of rebirth of the Libyan state and society.

South Sudan

The peace talks have failed and the future of the country will be shaped, once again, by violence, poverty and other conflicts associated to the main problem, that is, hunger, displacement and immigration. To avoid this, or at least soften the consequences, the efforts of the international community (and the government, of course) should be directed to the cessation of hostilities. In this scenario, the AU5 (an African Union commission of five countries) will have the great opportunity to recover the path and return the trust to an African solution as external powers like the European Union have not been able to establish as a trustful partner in this process.

The Nile conflict

Recently, Sudan, Egypt and Ethiopia met in the Ethiopian capital, Addis Abeba, to solve the dispute about the Grand Ethiopian Renaissance Dam (GERD), which has been involving these three countries and other ones, as Eritrea, in the conflict. While the image of seeing the governments of the three named states trying to find a final agreement is a positive step, the fact that Sudanese troops were deployed in the Eritrean border makes it impossible to assure that the problem will be ended in a peaceful way. Even more, the “Nile Conflict” involves countries that normally have faced diplomatic and/or military confrontations. That is the case, for example, of the ties between Sudan and Egypt, Ethiopia and Eritrea, Sudan and Eritrea and Ethiopia and Egypt. So, it is clear that a little spark could start a big fire and, therefore, the “Nile Conflict” should be solved as soon as possible.

Cameroon, Democratic Republic of Congo, Mali and Zimbabwe: recovery through presidential elections

For different reasons, this countries have been fighting for establishing a re-order of its social, political and economic situation. In Cameroon, the Anglophone region –which waves the flag of separatism- continues to give strong headaches to the government and riots that still generate disorder and, the worst, deaths. In the Democratic Republic of Congo, the challenge of eradicating the ‘Kabila Clan’ from the control of the country has been a very tough issue. So, the main goal in this giant state should be the organization and development of transparent and democratic elections. In Mali, another African semi-failed state, the division is still a great obstacle in the process of re-order of a country that has been facing conflicts –separatism of the Azawad region, rise of terrorism groups that formerly were not active in the Malian territory, consolidation of the governments power and drug and human trafficking- since 2012. Finally, in Zimbabwe, the end or Robert Mugabe’s era was a very good step but the next challenges seem to be even more difficult and heavy. The construction of a new state –as Mugabe was the only leader in the independent Zimbabwe-, which implies the modernization of the political structure and a huge change in the Zimbabwean social map is just the beginning of a long process.

So, these countries will need to do well in the presidential elections that will be held during 2018. Not only for having a president but, the most important, to return the hope of a better future for their population. Wars, divisions and corruption should be left aside and the African community should be able to help in this process. The same for the United Nations.

The Horn of Africa and the challenge of facing intern and extern sources of conflicts

Al Shabaab’s presence in Somalia is just enough to be worried about this region but if we add the recent political (and social) convulsions in Kenya –due to the still contested presidential election’s results- the outlook gets darker. Unfortunately, the Yemen conflict and the Arab-Iran-Turkey crisis have splitted into the Horn of Africa and, specially, into Somalia, a country that needs the help of states like United Arab Emirates, Saudi Arabia, Qatar and Turkey. About this latter context, the situation seems to be very cloudy, as the net of political supports has been changing in the last months and still is in motion.

Therefore, 2018 should be an opportunity to demonstrate that Somalia and Kenya –but also Ethiopia, which has given some tiny hints of a depressurization of the social and political situation- can reach balanced and strategic diplomacy objectives, in order that the Horn of Africa can avoid more tension in the region and, in consequence, to prevent a high risk of conflict. The decision that will be made in relation to Al Shabaab, ties with external powers, the Nile issue and political reconciliation will be key elements.

The Maghrebian context

Algeria, Morocco and Mauritania can be categorized as countries that have maintained the status quo and, also, the equilibrium in their social and political aspects. Surely, with risks –among others, Bouteflika’s health and Kabilia’s movement in Algeria; the social protests in the Rif and the raise of the life’s cost in Morocco; and the authoritarian rule of Abdelaziz in Mauritania- but with some stability. Different is the situation of Libya (already analyzed) and Tunisia. This latter has confronted economic crisis, political disfunction and protests of Tunisians that year after year lose hope of the country’s recovery.

Nevertheless, there is a silent topic that should be observed with a lot of care during 2018. It is the relation between Morocco and the Polisario and Algeria, which should change as in 2017 two important facts took place. The first, and most important, the official return of Morocco into de African Union. The second, the appointment of the Canadian Colin Stewart  and the German Horst Kohler as the new head of the MINURSO and as the new General Secretary Personal Envoy for Western Sahara, respectively.

With these movements and the permanent hostilities witnessed along 2018, the Sahara conflict should not be forgotten. Even if the risk of a military conflict is nearly nonexistent, the political consequences of this issue could threaten, once again, the political cohesion of the Maghreb and regional blocks of integration, including the African Union.

Countries looking for the democratization of their state and society

For different reasons, Equatorial-Guinea, Central African Republic, Angola, South Africa and Madagascar have the obligation of advancing towards democracy and/or social reconstruction. In Equatorial Guinea, Teodoro Obiang Nguema has been in power for 38 years and is the oldest African governor. In December, he faced another coup attempt and, as all the previous ones, he survived. However, the opposition will not stop their fight, even if the use of military abuses (detentions and repression) is one of the most recurrent strategies of the current government in order to confront the political and social rivals.

Central African Republic is still facing one of the most difficult and long peace processes in Africa, so in 2018 the goal is to achieve more objectives and to continue fostering arrangements, reconciliation and social peace. Concerning, Angola, South Africa and Madagascar, they will have new challenges. In Angola, there is a new (and younger) president, while in South Africa the corruption scandals are a big threat to Zuma’s era. Finally, Marc Ravalomanana, ousted and exiled president of the country, will try to return to power after he suffered a coup d’etat in 2009. He will do that amid political, economic and social crisis, so the scenario does not seem to be very calm in 2018.

Nigeria, the big leader in trouble

Oil? Not really. Sure it will be one of the most important topics, which explains many of economic,political or social processes that take place in Nigeria, but during 2018 the agenda should keep a special place for the territory conflicts. The first of them is one already known and is the current presence of Boko Haram in different regions of the country and, mainly, in the northeast part of the territory. Nevertheless, the main issue will be the territorial disputes between farmers (of Central region of Nigeria) and nomadic herdsmen (coming from the North), a conflict that should worsen due to the difficulties to find the necessary amount of water for agricultural activities and works. The clashes have already erupted and only in 2016 they took the life of nearly 2.500 people, a number that should be analyzed with special attention in a country that has within its margins more than 100 ethnical groups and also faces the threat of separatists from Biafra and terrorists of Boko Haram.

Liberia, with the hope of better times

With George Weah recently sworned as the new President of the country, Liberia starts a new political cycle, in which a former football star will be in charge of changing the country’s image but, the most important, of strengthening the sociopolitical transition that has been taking place in the westerner African state. The challenge will be very big, the same as the hopes and expectations of seeing a well carried transition in this state used, unfortunately, to see riots, political division and lack of democracy.

Final comments

Apart from the conflicts that were described in the previous paragraphs, it should be said that Africa, as a continent, will be facing problematic trends or contexts such terrorism, integration difficulties, fight against corruption, fragile situation of some states, economic growth, gender equality, relations with the European Union and United States of America and the advance of Turkey, China, Qatar, Saudia Arabia, Iran and United Arab Emirates.

These big challenges will be an opportunity for Africa, a continent that should demonstrate to itself and to the world –particularly, to the major powers- that African countries and leaders have the capacity and the will to affront this situations. In this context, the reform of the African Union, specially those about the origin of the funds, should have an important place and weight in the African agenda of 2018.

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¿Por qué no existe Somalía?

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¿Por qué no existe Somalía?

Fecha 16/10/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El reciente fin de semana estuvo bastante tranquilo en Chile, pero en el lejano –física y mediáticamente- Cuerno de África todo pareció, una vez más, como la peor de las pesadillas. Claro, pues un grupo terrorista volvió a estremecer a una región y a un país que, lamentablemente, se han tenido que acostumbrar a vivir en medio de brutales ataques.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 16 de octubre de 2017

(Fuente: AMISOM)

En esta ocasión, se trató de Somalía, en cuya capital se produjo el peor atentado terrorista de su historia. Así, en un concurrido sector de la capital explotó un “camión-bomba”, dejando un triste e impresionante saldo de al menos 315 muertos y 400 heridos. A pesar que todavía no hay reivindicación del ataque, todo apunta a que el grupo terrorista Al Shabaab estaría detrás de esto.

Distante de todo este drama, en Chile la noticia llegó con retraso y poca cobertura. No hubo enviados especiales, ni tampoco un corresponsal (no los hay en África). No hubo programas especiales en la radio o la televisión, ni tampoco análisis. Simplemente, se publicó una nota, la cual, a su vez, se adquiere a las grandes agencias de noticias. En este escenario, cabe preguntarse por qué importa tan poco que mueran africanos y por qué importa tan poco que fallezcan musulmanes. Esto último, pues si en alguna parte de Europa Occidental, Estados Unidos, Rusia o Japón, por dar algunos ejemplos, se produce un ataque bastante menor (en ciertos casos, sin víctimas fatales), la cobertura de los medios es inmensamente más grande.

Alguien dirá que el periodismo vive de la proximidad, pero ¿acaso dicho paradigma no ha quedado obsoleto en un mundo globalizado y ultra conectado? Alguien dirá que se debe aplicar el paradigma de la cercanía, pero ¿acaso internet y las nuevas tecnologías no nos facilitan la comunicación? También, no faltará quién justifique esto apelando a que África es para los africanos y Sudamérica es para los sudamericanos. Sin embargo, si esto fuese así, ¿por qué los medios informan tanto sobre Europa, Estados Unidos y Rusia, por dar algunos ejemplos?

Y lo peor de todo es que también está el argumento comercial, o sea, decir que las noticias en África (y en otras partes del mundo) no venden. Dirán que a nadie le interesa saber sobre África y Somalía, pero eso es parte de los mitos. Al respecto, quisiera mencionar que en un trabajo en el cual participé (y perdonen por hablar en primera persona, pues nunca lo hago) durante más de un año escribí artículos sobre asuntos internacionales. Al terminar mi trabajo había un recuento con los contenidos más leídos y he aquí la gran sorpresa. Entre los cinco primeros había dos sobre Libia, uno sobre Costa de Marfil, uno sobre la muerte de Osama Bin Laden y otro que tenía relación con los problemas de Chile con Perú o Bolivia. Ciertamente, una muestra no permite elaborar juicios categóricos, pero lo importante es que esto fue en un medio importante, lo cual permite, como mínimo, poner en duda el paradigma impuesto que establece que a nadie le interesa saber sobre África.

También, y dado que he trabajado en temáticas africanas (particulamente, aquellas del Magreb, Sahel y, en menor medida, Cuerno de África), en diversas ocasiones he recibido la misma pregunta por parte de conocidos, amigas(os), estudiantes, etc. ¿Qué preguntan? Básicamente, dónde pueden encontrar más información sobre África. Esto demuestra, una vez más, que hay interés. Todo esto me recuerda debates sobre la cobertura de deportes en Chile. He sido testigo de debates en los cuales editores y periodistas dicen que no pueden transmitir básquetbol, vóleibol, atletismo o gimnasia porque sacan dos, cuatro o seis puntos de rating. Al respecto, ¿acaso la gente va a ver algo que se muestra a cuentagotas, en ocasiones en horarios complicados y sin una gran publicidad o difusión? Lo mismo ocurre sobre África, pues se informa de vez en cuando y, normalmente, cuando hay un drama. O un escándalo.

Por último, y dejando de lado esta reflexión sobre el rol de los medios, es necesario mencionar otro aspecto importante y que es aún más potente y profundo. ¿Por qué hay ciudadanos de primer y segundo orden?, ¿por qué en Chile, un país con más similitudes a los procesos históricos vividos en África y Asia que con aquellos acontecidos en Europa y Estados Unidos, se sigue alejando de dichos continentes? Es notable que Chile tenga excelentes relaciones con la Unión Europea, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, pero es preocupante que ciertas regiones del planeta parezcan invisibles. El mundo de hoy debe tender hacia la integración y hacia el conocimiento mutuo. Los africanos se nutren de los estereotipos creados para los latinoamericanos y nosotros, al mismo tiempo, nos hemos alimentado de los estereotipos generados para los africanos. Eso no puede seguir.

Mientras, en la lejana Mogadiscio, se siguen contando cadáveres y se intenta establecer las identidades de las personas asesinadas. Fueron 315 muertos y 400 heridos, pero no habrá cadenas, ni slogans tipo “Je suis Somalie”.

Somalía no existe y, con ello, nosotros tampoco.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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