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Los desafíos de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, nuevo presidente de Mauritania

Fecha 18/06/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras el conteo de votos de la segunda vuelta electoral, los resultados dieron por ganador a Sidi Ould Cheikh Abdallahi,  ex ministro del anterior presidente y dictador mauritano Maaouya Ould Taya.  ¿Cuál será el devenir de la política en la nación islámica?, ¿será capaz de mantener hasta las últimas consecuencias un gobierno democrático, que continúe con el proceso de democratización en Mauritania?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 18 de junio de 2007

sidi-ould-cheikh-abdallahiA fines de marzo se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Mauritania. Aquello no sólo era importante desde el punto de vista político, ya que entregaría el nombre del nuevo Presidente de la nación africana, sino que también era un hecho histórico, pues nunca antes se había realizado un «desempate» en la República Islámica de Mauritania.

El proceso comenzó el 11 de marzo pasado, día en el cual veinte candidatos participaron en las elecciones presidenciales, de los cuales sólo los dos de mayor votación definirían en una hipotética segunda vuelta. Finalmente, ocurrió algo previsible y ningún candidato obtuvo más del 25% de los votos. Sidi Ould Cheikh Abdallahi (24,79%) y Ahmed Ould Daddah (20,68%) se ubicaron en el primer y segundo lugar de las preferencias, respectivamente, y de esta forma llegaron al balotaje del domingo 25 de marzo.

Luego de la primera vuelta, la población apenas pudo conocer los procedimientos democráticos, los cuales eran muy novedodos para una nación que se familiarizaba más con dictaduras o gobiernos de partido único. Tanto así, que muchos electores ni siquiera fueron a votar en la segunda ronda electoral, pensando que aquello no los incluía o que era, simplemente, una sumatoria de votos. El hecho concreto es que Sidi Ould Cheikh Abdallahi -ex ministro del anterior presidente Ould Taya- obtuvo un estrecho triunfo ante Ahmed Ould Daddah, uno de los principales detractores y opositores del regimen autoritario de Maaouya Ould Taya. Visto como uno de los mejores represenantes del antiguo gobierno, Sidi Ould obtuvo un 52, 85% de los votos, lo cual le permitió transformarse como el nuevo Presidente de la República Islámica de Mauritania.

Cabe recordar que el proceso democrático mauritano comenzó en agosto de 2005, cuando el coronel Ely Ould Mohammed Vall aprovechó un viaje del entonces Presidente Ould Taya para derrocarlo, tras 21 años de gobierno, represión y elecciones fraudulentas. La promesa del militar fue que establecería un mandato de transición durante los próximos dos años, luego del cual se realizarían elecciones libres y transparentes. Además, se comprometió a no participar en dichos comicios y aseguró que los militares dejarían el poder tras ese período.

Las promesas se fueron cumpliendo, realizando enmiendas a la Constitución, aumentando las libertades personales y promoviendo el multipartidismo. El año pasado se llevó a cabo un referéndum acerca de las modificaciones constitucionales y, también, se desarrollaron las elecciones parlamentarias. Todo siguió su curso, hasta que tuvieron lugar las elecciones presidenciales, de primera y segunda vuelta.

Ahora, sólo queda por dilucidar qué ocurrirá con Mauritania, un país que ha podido llegar a una democracia, a pesar de los difíciles momentos acaecidos en las décadas de los ochenta y noventa. Ciertamente lo importante es destacar que el espíritu democrático y el respeto hacia la Constitución han triunfado, pero no será fácil lidiar con una serie de problemas.

En primer lugar, el ganador de las elecciones tendrá que revertir su derrota ante los electores de Nouakchott -capital de Mauritania- que dieron por vencedor a Ahmed Ould Daddah con un 52,67% contra un 47,32% de Sidi Ould Cheikh Abdallahi.

En segundo lugar, deberá afrontar con alturas de mira una situación que se presta para los abusos políticos. Se trata de la mayoría parlamentaria, ya que la coalición de 18 partidos que apoyó al reciente ganador cuenta con 55 de los 95 escaños del Parlamento, mientras que la Unión de Fuerzas Democráticas (RDF) -el único apoyo de su opositor-  posee sólo 15 asientos.

En tercer lugar, deberá convivir con la presión de realizar un buen gobierno, amagado por la historia militar de la política mauritana.  El peso de ser el primer gobierno democrático y que no tenga a un miembro de las Fuerzas Armadas como Presidente desde 1978 será una permanente preocupación y, de no saber asimilarlo, puede tener un alto costo para sus pretensiones.  De hecho, muchos especialistas califican como muy probable la posibilidad de que Elly Ould Mohammed Vall decida presentarse como candidato en las próximas elecciones.

En cuarto lugar, deberá hacer frente al Partido Republicano para la Democracia y la Renovación (PRDR), que corresponde a la nueva versión del antiguo Partido Republicano Democrático y Social (PRDS), y que fue el fiel aliado de Maaouya Ould Taya. La pregunta es si acaso Sidi Ould Cheikh Abdallahi será capaz de soslayar el hecho que él fue Ministro del antiguo régimen, avalado por este mismo partido.  La sombra de su pasado será un constante motivo de dudas y ataques por parte de sus opositores, razón por la cual se verá en la obligación de mantener el equilibrio de fuerzas políticas.

Afortunadamente, dicho grupo no sólo disminuyó notablemente su influencia política en el Parlamento (en 2001 obtuvo 64 puestos, mientras que en 2006 y con la nueva denominación sólo alcanzó 7 asientos), sino que también ha cambiado algunas de sus directrices, especialmente en el tema israelí. De hecho, el año pasado hicieron una declaración pública en la cual criticaban el actuar de Israel en la invasión al Líbano, lo cual demuestra que han dejado a un lado el accionar pro-Israel que tanto impulsó Ould Taya.

En quinto lugar, el nuevo gobierno tendrá el desafío de involucrar a las diversas etnias que componen al pueblo mauritano. Es así que deberá eliminar las barreras existentes entre los árabes y bereberes -apoyados por el anterior gobierno de Taya y que constituyen cerca del 70% de la población- y los mauritanos del sur –de tipo negroide, representando al 30% de los habitantes-, olvidados y desperfilados durante los 21 años de mandato de Maaouya Ould Taya.

En sexto lugar, será el momento ideal para insertar a Mauritania dentro del mundo económico, intentando minimizar la dependencia de su economía en la agricultura y la pesca, la primera de ellas menguada por la avanzada desertificación de ciertas zonas del país y, también, amenazada por las plagas de langostas. Para ello, será necesario insistir en la explotación de recursos minerales -cobre, hierro y oro- y la exploración de fuentes energéticas como el petróleo y el gas.

Finalmente, tendrá la obligación de mejorar la pésima imagen que tiene Mauritania en lo que respecta a la política exterior. Bajo el mandato de Ould Taya se empobrecieron las relaciones con países limítrofes como Malí y Senegal (con este último tuvo serios problemas en 1989) y, además, se enfriaron aún más los contactos con Marruecos, al apoyar y reconocer con firmeza a la República Árabe Saharawi Democrática.  También, deberá demostrar que el apoyo brindado por parte del gobierno de Taya a Iraq en la Guerra del Golfo de 1991 fue un error y, por lo mismo, tiene la obligación de restituir sus relaciones con los países árabes, las cuales fueron muy cuestionadas por parte de estos últimos tras el mencionado caso de Iraq y el apoyo mauritano a Israel.

Seguramente vendrán inmensos desafíos, pero como ya se mencionó anteriormente, lo principal es dar cuenta de un proceso democrático como pocos. Ha sido un ejemplo para la atribulada política africana y, también, sirve para que Occidente deje de estigmatizar a África como un continente de barbarie.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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