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La preocupante amenaza del terrorismo en África

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La preocupante amenaza del terrorismo en África

Fecha 15/02/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos años, hablar de grupos terroristas significaba mencionar a Al Qaeda, la Jemaah Islamiyah, Hizbullah o ETA, por dar algunos clásicos (y algo manoseados) ejemplos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de febrero, 2013

boko-haramSin embargo, a través de diversos hechos –algunos súbitos y otros absolutamente esperables- fueron apareciendo nuevas agrupaciones cuyo principal modo de acción operaba en base al terror. Aún más, no sólo se produjo este cambio, sino que también se modificó el mapa de los grupos terroristas.

Así como ayer se miraba a los “objetivos occidentales”, hoy eso está alejado de la realidad, pues los atentados, ataques suicidas y toma de rehenes, entre otros, ya son casi cotidianos en lugares normalmente olvidados como Asia Central, Filipinas y África.

En relación a este último, cabe realizar una breve mirada superficial sobre su actual situación, especialmente en el centro-norte del continente.

El Sahel seguramente será uno de los grandes focos, ya que a los problemas generales de dicha zona –hambruna, sequía, narcotráfico, comercio de humanos, terrorismo y rebeldes tuaregs- se sumará, en lo específico la durísima situación que afecta a Malí, en la cual luchan el estado maliense (lo que queda de él) y las fuerzas internacionales (lideradas por Francia) contra Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unidad Yihadista del África Occidental (MUJAO), Ansar Dine, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y otros grupos que, en cosa de días, aparecen.

Mientras AQMI y MUJAO son grupos terroristas, Ansar Dine ha recibido el rótulo de “yihadista”, concepto poco claro, pero que hace referencia al pensamiento radical de sus adeptos. Como demostración de aquello, Ansar Dine es una rama escindida del laico MNLA.

Este conflicto, que tiene una importante variable terrorista involucrada, afecta  a países cercanos como Mauritania, Burkina Faso, Níger, Libia, Argelia, Senegal, Nigeria y Chad.

A su vez, llegará al Magreb –zona que incluye al norte de África, menos Egipto-, una región que ya lidia con sus propios problemas, los cuales derivan del actual proceso de cambios. Los “barbudos” ya hacen de las suyas en Túnez, algo que también debiese suceder en Libia (una vez que llegue la estabilidad). Argelia vive en su mundo interno, pero su política del “status quo” ya no le servirá, pues la rebelión tuareg llegó a sus fronteras, igual como hace años ocurre con grupos terroristas y partidos islamistas. El reciente caso de In Amenas (toma de rehenes por parte de terroristas ligados a AQMI.) dejó en claro que el “fantasma” terrorista sigue vivo en territorio argelino.

En cuanto a Marruecos, tiene más tranquilidad, pero en los últimos meses se han desmantelado una serie de células terroristas ligadas a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y no se debe olvidar que en 2011 se produjo un atentado en Marrakesh. Y Mauritania, bueno, las posibilidades de un nuevo golpe de estado están a la vuelta de la esquina en un país que vive en permanente lucha contra el terrorismo.

Estas dos regiones (Sahel y Magreb) se encuentran ligadas a Nigeria y Somalía. ¿Por qué? Básicamente, pues grupos terroristas que operan en estos países tienen nexos con AQMI, Mujao y Ansar Dine, que realizan lo propio en el Magreb, el Sahel y, según afirman los servicios de inteligencia, en África Occidental.

Mientras Boko Haram ha sido el gran dolor de cabeza de Nigeria, Al Shabaab ha hecho lo mismo, pero en la atribulada y acéfala Somalía. Si bien Al Shabaab ha perdido mucho en el territorio somalí, Boko Haram sigue poderoso en Nigeria.

Lo preocupante es que Boko Haram, Al Shabaab, AQMI y MUJAO tendrían nexos de cooperación entre sí, algo que ha quedado de manifiesto en la actual situación en Malí. Así es que, por ejemplo, se ha informado que miembros de Boko Haram han transitado por Burkina Faso, Senegal e incluso Malí. También se ha dicho que diversos combatientes “yihadistas” fueron entrenados en “zonas perdidas” del Sahel y en parte del territorio nigeriano, donde suele haber campos de entrenamiento.

Mirando el mapa de África, se puede establecer una especie de “rectángulo del terror”, cuyos ejes serían el Magreb (norte), el Sahel (sur), Somalía (este y siempre conectado con Yemen) y Malí (oeste).

De ahí que sea tan relevante lo que está ocurriendo con Al Shabaab, que ha perdido control de Mogadiscio (capital somalí) y Kismayo (importante puerto) y ha cedido parte de los territorio que había logrado dominar. El problema es que la lucha contra Al Shabaab ya ha tenido repercusiones en Kenya, asi que no será fácil de eliminarlo, por más que esté debilitado.

El problema es que Boko Haram, AQMI y MUJAO parecen estar muy activos, bien preparados y con una importante capacidad de ataque y, por supuesto, defensa. En este sentido, la “guerra” contra ellos estará condenada a su fin si no se unen las fuerzas militares de Francia, Mauritania, Argelia y Chad.

Los franceses tienen la tecnología, la disciplina y los recursos económicos, mientras que mauritanos y chadianos son los únicos que saben pelear en la difícil geografía saheliana. Los argelinos son potencia regional (magrebí y saheliana) y llevan años luchando contra el terrorismo.

Y además de eso, sería ideal sumar fuerzas provenientes de Marruecos y Senegal, importantes líderes en el Magreb y el África Occidental, respectivamente.

Pero ojo, que no es llegar y atacar. Etiopía lo hizo en Somalía y aunque, por ahora, significó el repliegue de Al Shabaab, también significó, en su momento, un fortalecimiento de aquel grupo terrorista.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado
Fotografía: Flickr

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Malí, una caja de Pandora

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Malí, una caja de Pandora

Fecha 18/01/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

No es una novedad, ni tampoco algo sorprendente, pero ya se oficializó la intervención militar que tendrá lugar en pleno Sahel y que tiene por objetivo, aparentemente, la recuperación de la estabilidad político-social de un país.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 26 de diciembre, 2012

REUTERS/Adama Diarra

REUTERS/Adama Diarra

Se trata de las fuerzas internacionales que, según se ha dicho, a comienzos del segundo semestre de 2013 intervendrán el norte de Malí, territorio que se ha convertido en tierra de todos y de nadie en el último año.

La historia ya es conocida. Hace más de un siglo que ya existen antecedentes sobre las rebeliones tuareg en Malí, las cuales, año tras año y década tras década, han sido subestimadas e ignoradas –salvo excepciones- por los gobiernos (sahelianos y magrebíes) involucrados.

En 1963, 1990 y 2007 se originaron tres de los más famosos alzamientos de los tuaregs –en la era de África independiente-, pero en 2011 se produjo, quizás, la más potente de todas las revueltas de estos nómades.

En paralelo a eso, el gobierno de Amadou Toumani Touré fue víctima de un golpe de estado, liderado por militares y de esta forma comenzó a gestarse el ambiente propicio para que se iniciara una nueva rebelión tuareg. La acefalía gubernamental de Malí fue fundamental para que entrara en escena el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), un grupo que aunaba a los tuaregs que estaban dispuestos a luchar por su independencia.

El problema es que la precaria institucionalidad de Malí no sólo atrajo a los rebeldes tuareg, sino que también a los islamistas radicales y, particularmente, a quienes ven al terrorismo como una forma de conseguir sus objetivos.

Fue así que en cosa de meses aparecieron Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento por la Unidad y la Jihad en África Occidental (MUJAO). A ellos se sumaría Ansar Dine, una facción islamista de los tuaregs, grupo que se desprendería de los laicos del MNLA.

Cerrando el círculo, no se debe olvidar que el Sahel es una zona en la cual abunda el tráfico de drogas y personas.

Con todos estos elementos, Malí se ha convertido en un cuasi estado fallido. La parte septentrional (conocida como Azawad, que es el territorio reivindicado por el MNLA) está en disputa por el MNLA, islamistas radicales, terroristas, contrabandistas y traficantes, mientras que la zona al sur del Azawad está en dominio del gobierno transitorio de Malí, que poco y nada puede hacer al respecto.

Dicha situación ha generado mucha preocupación en los países directamente involucrados (Mauritania, Malí, Níger, Libia y Argelia), pero también en otros cercanos como Burkina Faso, Nigeria, Senegal y Marruecos. Es así que la Unión Africana (UA) y la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) apostaron por enviar una fuerza africana a la zona en disputa.

Tras el lobby necesario, se obtuvo el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU y, quizás más relevante aún, se cuenta con el estricto aval de Francia y, en menor medida, de Alemania.

Así las cosas, parece evidente que la vía de la intervención marcha a paso seguro y, en ese sentido, ya se empiezan a consolidar las especulaciones. Por ejemplo, Francia finalmente enviará 400 efectivos militares, contradiciendo su postura inicial de “sólo ayudar en el aspecto logístico”. Esto último reafirma el interés que tiene Francia en su antigua colonia, pero no desde un punto de vista altruista, sino que a partir de los intereses económicos.

Por eso, es hora que el mundo entienda que este conflicto pudo y debió tener una solución diplomática, pero que los gobiernos regionales y las potencias presentes en la zona (Estados Unidos y Francia) no quisieron o no fueron capaces de escuchar a los tuareg y negociar una salida pacífica.

En este contexto, la intervención militar en el norte de Malí quizás sea necesaria, pero no se debe olvidar que ésta puede generar un conflicto de alcances difíciles de prever y, peor aún, tal vez se convierta en un nuevo nicho de intervención fallida.

El robo de recursos naturales, la destrucción de estados y el abandono tras la división social y la ruina económica están a la vuelta de la esquina.

Y no son novedad en África.

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Malí, de la rebelión tuareg a la intervención militar

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Malí, de la rebelión tuareg a la intervención militar

Fecha 10/10/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En algo nada novedoso, grupos nómades del Sahel (aunque cada vez más cercanos a una especie de “semi nomadismo”) iniciaron un nuevo proceso de alzamiento y lucha por sus demandas.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de octubre, 2012

Aquello comenzó en enero de 2012, motivado por distintos factores político-sociales y económicos, y gatillado, en buena parte, por la caída de Muammar al Gaddafi en Libia. Esto último permitió que diversos mercenarios tuareg regresara desde territorio libio cargados del armamento y el dinero suficiente para poder llevar a cabo una nueva rebelión tuareg.

No es primera vez que ocurre algo así y, de hecho, ya a comienzos del siglo XX existen pruebas históricas sobre revueltas tuareg. En pleno período de descolonización africana, los tuareg mantuvieron su interminable deseo de lucha, aunque uno de los principales hitos llegaría en 1990, año en el cual se daría inicio a una de las más recordadas rebeliones impulsadas por estos habitantes autóctonos de esta zona.

Al respecto, cabe recordar algunas cosas que son de gran relevancia y que muchas veces son desconocidas. Los tuareg son parte de los pueblos bereberes, es decir, son una de las diversas ramas de las poblaciones indígenas de buena parte del Norte de África y del Sahel.

Históricamente, se trata de un pueblo nómade y que se distribuye, en forma irregular, a través del territorio de Argelia, Burkina Faso, Libia, Malí, Níger e, incluso, en el norte de Nigeria.

Los bereberes tienen su lengua, pero cada grupo tiene su propio dialecto. Suelen ser buenos comerciantes y, en algo lamentable, es común que sufran el olvido de sus gobiernos. Es por esto que han tenido que alzar su voz, y también las armas, para luchar por sus derechos. Eso es, justamente, lo que está ocurriendo en Malí, un país que va camino a la acefalía político-administrativa.

A fines de marzo de 2012, y ya con dos meses de rebelión tuareg en el norte del país, el presidente Amadou Toumani Traoré sufrió un golpe de estado. Según los militares golpistas, este hecho era la natural consecuencia de un pésimo manejo del alzamiento tuareg por parte de Touré.

Apenas unas semanas más tarde, el Movimiento Nacional para la Libertad del Azawad (MNLA) realizó la declaración de independencia del Azawad (que es la zona norte de Malí), tras lo cual se dio inicio al gran descalabro. El país quedó dividido en dos. El Azawad controlado por los rebeldes tuareg del MNLA y el resto bajo el mando de los golpistas. En medio de esto, los fieles al anterior presidente intentaban el retorno al poder de su mandatario.

La caída de Amadou Toumani Traoré (conocido como ATT) y la llegada al poder de los militares golpistas estuvo lejos de ser una solución a la crisis y, de hecho, allanó el camino hacia la división del territorio.

Así fue que los islamistas radicales de Ansar Dine no dudaron en aprovechar su oportunidad y en cosa de semanas ya se habían convertido en protagonistas del caos político y social. Entendiendo que las condiciones del país permitirían un buen avance, Ansar Dine fue desplazando al MNLA y le quitó dominio en gran parte del norte de Malí.

Luego, se produjo la entrada en escena de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y del Movimiento para la Unidad y la Jihad en África Occidental (MUJAO), quienes lograron consolidar una nefasta, sórdida y confusa alianza con Ansar Dine.

El MNLA, que en un momento anunció un sorpresivo pacto con Ansar Dine, finalmente quedó solo, ya que su carácter laico e independentista chocaba con el de los grupos islamistas radicales, que pregonaban la imposición de la sharia (ley islámica) y que no buscaban un separatismo del Azawad.

Un peligroso status quo

Han pasado los meses y la situación no ha cambiado mucho. Burkina Faso está intentando mediar, pero en paralelo se han descubierto inquietantes señales que apuntan a conexiones de los islamistas radicales con el gobierno de Argelia. A su vez, este último acusa a Marruecos de estar ayudando a los rebeldes, aunque, hasta el momento, no hay pruebas concretas de aquello. Mientras, las informaciones han dado a conocer extraños movimientos de guerrilleros y líderes islamistas radicales de Ansar Dine o del Mujao en Costa de Marfil, Senegal y Mauritania.

La Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) ya tiene planes de intervenir el norte de Malí, pero no ha encontrado el apoyo suficiente. Alemania y, especialmente, Francia sí están a favor de una fuerza conjunta (por parte de los países miembros de la CEDEAO), pero aún no se ha conseguido el aval de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, el gobierno transitorio (de Malí) y la Unión Africana realizan un fuerte lobby y todo indica, gracias al sustento galo, que tarde o temprano se “intervendrá” el Azawad.

Evidentemente, hay muchas conexiones y muchos objetivos subterráneos, los cuales seguramente nunca serán conocidos, pero lo que está por venir puede ser un momento bisagra en este conflicto.  Los intereses económicos son muy fuertes (en Malí y en países vecinos), los recursos energéticos están muy presentes en este asunto y, la geopolítica también marca una fuerte presencia.

Sin embargo, lo mencionado anteriormente es muy importante, pero no alcanza a tener la relevancia de la variable étnico-religiosa y social de esta situación.

Las reivindicaciones de los rebeldes tuareg deben ser analizadas y, posteriormente, puestas en la mesa de los gobiernos de los países sahelianos, pero también de los magrebíes y de los africanos subsaharianos que tienen directa influencia en esta región.

Mientras no se enfrente este asunto, los tuareg, de tanto en tanto, harán de las suyas y, tal cual ocurrió ahora, los terroristas, los traficantes, las empresas y los gobiernos con intereses específicos harán lo propio.

Por eso, gran parte de la responsabilidad de lo que está aconteciendo recae en la incapacidad de los bloques regionales de integración, los cuales no han podido o, peor aún, no han querido enfrentar este conflicto, que ya tiene muchas décadas de existencia.

Informaciones previas al inicio de la rebelión tuareg de 2012 ya daban cuenta de un posible alzamiento por parte de los tuareg. Y cuando se llegó a la agonía del régimen de Muammar al Gaddafi, la especulación ya se convertía en un hecho concreto.

¿Por qué los países del Sahel no quisieron negociar con el MNLA?, ¿por qué Argelia decidió apoyar a los rebeldes?, ¿por qué los golpistas de Malí no tuvieron capacidad de reacción?

Estas son algunas de las interminables preguntas que brotan en medio de este problema.

El horizonte del Azawad, ¿hacia dónde va?

Hoy, para algunos, existe una opción que podría ser una solución. A través de la mediación de Blaise Campaoré, presidente de Burkina Faso, se está postulando la idea de un MNLA que pida el derecho a la autodeterminación y no a la independencia.  Esto último podría permitir que ciertas potencias apoyen esta moción y así se tenga un postura común. Sin embargo, la gran pregunta es cómo realizar un referéndum en una zona de nadie.

Entonces, ahí se vuelve a la intervención militar y, lógicamente, aparecen ciertas dudas. Por ejemplo, ¿por qué están demorando algo que evidentemente se llevará a cabo?, ¿cuántas tajadas del comercio de los recursos energéticos se llevarán las potencias que intervendrán el norte de Malí?, ¿cuántas transnacionales se posicionarán en esta zona?, ¿con qué cara Argelia se uniría a una fuerza multinacional si su gobierno ha sido cómplice del actual caos?

Y, la principal interrogante, es saber quién dirigiría al nuevo Malí, sea éste una república federal con un Azawad con grandes poderes o un país con una zona desmembrada. Y si ocurriese esto último, ¿quién gobernaría en el Azawad y cómo eliminar a cada uno de los islamistas radicales que por ahí pululan?

Por eso, es momento, por más que ya sea demasiado tarde, que los países sahelianos y magrebíes asuman la tarea de encontrar una solución para todos los problemas que afectan al Magreb y Sahel. Ahí tenemos tráfico (de drogas y personas), inmigración clandestina y pasos migratorios, nidos terroristas (campos de entrenamiento), secuestros, luchas étnico-religiosas, desertificación avanzada y reconstrucción de fronteras y sistemas político-administrativos.

Y todo eso es nada en comparación al gran drama del Sahel. Según los últimos datos (de septiembre), 393.431 personas han tenido que dejar su casa (118.795 desplazados internos y 274.636 refugiados en países vecinos) y cerca de 4.6 millones de personas están en riesgo de inseguridad alimenticia.

¿Algo más? Sí, pues faltan 113.4 millones de dólares para cubrir las necesidades sanitarias y alimenticias más básicas y urgentes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
Fotografía:  Licencia Creative Commons

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