Archivo de etiquetas | "Argelia"

Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

Etiquetas: , , , , , , , ,

Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

Fecha 10/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile dio a conocer la noticia del cierre de las misiones diplomáticas chilenas en Dinamarca, Grecia, Rumania, Siria y Argelia. Fue una noticia que generó sorpresa, pues no hubo mayores explicaciones por parte de la cancillería de Chile. De hecho, la información se difundió a través de un medio nacional. Más allá de esto, ¿qué se puede analizar de la decisión de cerrar la Embajada de Chile en Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de junio de 2020

Antes de vislumbrar las proyecciones del asunto, es necesario recordar que África tiene una mínima importancia para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Minrel) y esto ha sido la tendencia histórica en la diplomacia chilena. Actualmente, el estado chileno tiene apenas siete representaciones en territorio africano, que son las embajadas en Argelia, Egipto, Marruecos (norte de África), Ghana (África Occidental), Kenya, Etiopía (Cuerno de África) y Sudáfrica (África Austral). Si proporcionalmente ya parece insuficiente (solo hay misiones diplomáticas en siete de los 54 estados africanos), se debe agregar que la Embajada de Chile en Etiopía en realidad se cuelga de la presencia chilena en la ONU y responde, más bien, a la necesidad de tener presencia en un organismo internacional. La situación en Kenya es bastante similar, mientras que en Ghana y Marruecos se comparte la sede diplomática con Colombia. En resumen, es evidente que la política exterior chilena no le da mucha importancia, ni recursos, a su proyección en África.

Ahora, dentro de este contexto, es importante revisar, brevemente, cómo ha sido el historial diplomático de Chile con el Magreb. Al respecto, el puntapié inicial fue en 1961, cuando Chile estableció relaciones diplomáticas con Marruecos y Túnez, situación que repitió con Argelia, en 1962, al reconocerlo como un estado independiente. En 1963, Chile nombraría embajadores en Argelia y Túnez, mientras que en Marruecos optó por tener un encargado de Negocios. A su vez, en 1964, Argelia nombraría a su primer embajador en Chile. Cabe mencionar que el estado chileno inició sus nexos diplomáticos con Mauritania en 1965, en tanto que con Libia lo hizo en 1971. Como se puede ver, Chile tuvo un cierto interés en generar vínculos con estos nacientes países, pero no pasó de ser un gesto inicial.

En el caso de Marruecos, la primera embajada chilena residente se estableció en 1977, pero poco tiempo después sería cerrada y recién en 1998 volvería a abrir. Argelia y Chile vivieron una “luna de miel” entre 1970 y 1973, pero los nexos entre ambos estados se cortarían tras el golpe de estado militar ocurrido en Chile. En cuanto a Túnez, dicho país pareció tener mayor relevancia estratégica para Chile, especialmente en la década de 1960, pero poco a poco perdió peso. Con el regreso de la democracia a Chile, en 1990, las cosas cambiarían. Así fue que Argelia y Chile retomarían sus nexos, Marruecos y Chile los estrecharían y, por contrapartida, Chile anunciaría, en 2000, el cierre de su misión diplomática en Túnez. Quedaba claro, entonces, que la política chilena apostaría por los dos grandes del Magreb, es decir, Argelia y Marruecos.

Sin embargo, aquello tampoco sería un gran cambio, pues durante el siglo XXI la diplomacia chileno estuvo enfocada en sus históricos vínculos y también en otros emergentes. Estos últimos, principalmente, comerciales. Es así que Chile comenzó, en la década de 1990, su apuesta por la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) y, en este sentido, se enfocó en potencias con las cuales ya tenía buenos nexos (Europa y Estados Unidos), pero también en mercados emergentes como Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y otros países asiáticos (especialmente del Asia-Pacífico y Sudeste Asiático). En este escenario, remarcando el nulo interés por África, no se firmaron TLC con países africanos, ni tampoco acuerdos de otra índole.  En lo político, el asunto tampoco se modificó mucho.

Algunos datos sobre la relación diplomática entre Chile y el Magreb

La relación entre las dos partes ha sido poco densa e, incluso, con un comportamiento irregular. Argelia y Marruecos concentran casi toda la actividad del vínculo entre Chile y sus pares magrebíes, dejando en un segundo plano, bastante irrelevante, a Libia, Mauritania y Túnez. De hecho, tomando en consideración la información oficial publicada en las Memorias del Minrel -la cual llega hasta 2017-, en los últimos diez años los números son contundentes. En este sentido, la agenda bilateral Chile-Magreb muestra que entre Argelia y Marruecos suman el 88.79% del total de hitos durante el período 2008-20017. [1] Si bien la actividad diplomática de Chile con estos dos estados es bastante pareja, con Marruecos parece ir adquiriendo algo más de peso. Esto se refleja, por ejemplo, con el hecho de que, en los últimos cinco años, Marruecos concentra 26 hitos, en tanto que Argelia llega solo a 15.

Lo mencionado anteriormente también se ve reflejado en los acuerdos, de diversa índole, firmados entre Chile y sus pares magrebíes. Si con Argelia tiene dos tratados, con Marruecos llega a siete. Esto demuestra, por un lado, que las relaciones con los dos principales países magrebíes no tienen mucha densidad y que, por el otro lado, Marruecos ha ido generando un mayor acercamiento. La puesta en marcha del Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones, por más que el proyecto parezca estar estancado, y la visita del rey Mohammed VI, en 2004 y que fue la primera de un monarca de un “país árabe” a Chile, parecen consolidar que Marruecos tomó la delantera respecto de sus vecinos magrebíes.

En cuanto al comercio, durante el período 2013-2018, Chile registra una balanza comercial de 41,4 millones de dólares con Argelia, mientras que con Marruecos es de 97,2 millones de la divisa estadounidense. Además, se debe mencionar que hace algunos años hubo acercamientos para analizar la factibilidad de un TLC entre Chile y Marruecos, lo cual confirma que el nexo con los marroquíes parece ser más atractivo para la parte chilena.

El enredo del Sahara Occidental

Si hay algo que le importa por igual a Argelia y Marruecos, aquello es el asunto del Sahara, un conflicto que sigue impidiendo la unidad magrebí, pero que, en términos diplomáticos, es uno de los pilares de la política exterior de ambos estados. En este contexto, pensar que América Latina o, si se prefiere, Sudamérica quedarían fuera de aquello sería un error. Para Argelia y Marruecos son más importantes otras regiones del mundo, pero la lucha diplomática por el Sahara Occidental no cesa.

Al respecto, América Latina tiene una importancia histórica, ya que, en el pasado, muchos países de la región apoyaron al Polisario e incluso llegaron a reconocer a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD). Sin embargo, con el paso del tiempo, Marruecos fue ganando terreno en el subcontinente latinoamericano. Tanto así, que si hace algunas décadas el Polisario contaba con el sustento de 29 estados latinoamericanos y caribeños, hoy solo diez mantienen dicha postura[2]. Además, Argentina, Brasil y Chile, tres importantes países de la región, nunca reconocieron a la RASD, ni tampoco se pusieron del lado del Polisario. Hoy, el apoyo regional que conserva el Polisario se encuentra muy amenazado, ya que se basa, principalmente, en un asunto ideológico. Esto último se relaciona con gobiernos que adhirieron a la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez y que, entre otras cosas, retomaba ciertas fidelidades o lealtades diplomáticas generadas en la época de la Guerra Fría. En resumen, es un asunto ideológico, lo cual puede variar con la caída de los actuales mandatarios. Es lo que ocurrió, en enero del presente año, con Bolivia, ya que tras la caída de Evo Morales -uno de los firmes sustentos de la revolución bolivariana- el nuevo gobierno optó por romper relaciones con la RASD. Esto permite concluir que los apoyos de Cuba, México y Venezuela podrían correr riesgo. Junto a eso, en Ecuador y Panamá se han visto posturas ambiguas y cambiantes, lo cual demuestra que el terreno latinoamericano podría cambiar y empeorar para el Polisario y, por ende, Argelia.

¿Por qué Chile tomó la decisión de cerrar su misión diplomática en Argel?

Comprendiendo el contexto que rodea a las relaciones entre Chile y los estados magrebíes, quizás se pueda tener más claridad a la hora de intentar entender cuál fue el motivo que llevó al gobierno chileno a bajar la cortina de la Embajada de Chile en Argelia.

Oficialmente, fue para bajar los gastos -el estado chileno se ahorraría entre 3.000 y 4.000 millones de pesos anuales por el cierre de las cinco misiones diplomáticas en cuestión-, pero quedan algunas dudas. Primero, hace años que se escucha, en los pasillos del Minrel, pero también en los medios, que la política exterior y la diplomacia chilena están en “modernización” o “restructuración”. Sin embargo, todavía no queda claro cuál es ese nuevo paradigma, ni tampoco cuáles serían sus pilares. Básicamente, se mantiene la tradicional postura de participación en foros internacionales, de apego al multilateralismo, de consolidar los vínculos económico-comerciales y de respetar al derecho internacionales. Sobre África, se han hecho algunos tímidos anuncios, pero casi ninguno se ha concretado (salvo algunos acuerdos y acercamientos con pocos estados). Es así que vuelve a aparecer la pregunta, es decir, ¿por qué se cerró la Embajada de Chile en Argelia?

Por ahora, habría que asumir que fue por un costo económico, pero que esto último va asociado a una decisión política -y esto sí es una novedad- de restarle relevancia a Argelia y de consolidar a Marruecos como polo en el norte de África. De hecho, en entrevistas o artículos publicados en medios se puede apreciar que las autoridades chilenas suelen referirse a Marruecos como una “puerta de entrada hacia África”. Además, Marruecos ingresó, como observador y en 2014, a la Alianza del Pacífico.

En los últimos años, Chile ha confirmado su apoyo a la resolución pacífica, acorde a los formatos y las decisiones de la ONU, del conflicto del Sahara Occidental, pero parece ser que, poco a poco, comienza a inclinarse hacia el plan marroquí. Es así que, en enero de 2018, la Cámara de Diputados de Chile reiteró que considera a la propuesta marroquí (de autonomía para el Sahara) como un “esfuerzo serio y creíble”.

En resumen, el cierre de la Embajada de Chile en Argel debe ser visto como una decisión administrativa, pero que, en el fondo, refleja una intención política. Ambos estados (Argelia y Marruecos) están involucrados en un conflicto y, por más que Chile no tenga un rol relevante en dicho asunto, cerrar la misión diplomática chilena en uno de esos países genera un nuevo escenario político y diplomático. Es muy probable que a Argelia le preocupe lo ocurrido, pues Chile se aleja de su postura en el asunto del Sahara, pero tampoco es que pierda tanto. Al contrario, Marruecos sí puede considerar como un triunfo de su diplomacia este gesto chileno. La unión de distintas señales permite concluir que esto sea, quizás, parte de una nueva postura del estado chileno. Sin embargo, también puede que sea un mero hecho administrativo que refleje el descuido de la diplomacia chilena respecto de sus pares. Todo esto se esclarecerá cuando se comunique cuál será la nueva política exterior de Chile y, particularmente, en el contexto africano.

Por último, tal vez sea momento que Argelia revise su política exterior, ya que durante los últimos años del gobierno de Abdelaziz Bouteflika sufrió diversos reveses diplomáticos. Argelia es un referente africano, pero ha perdido peso e influencia en África y en otras regiones. A la inversa, la diplomacia marroquí ha estado muy activa y eso le ha significado avanzar en el asunto del Sahara, pero, aún más importante, recuperar espacios en África y América Latina y el Caribe.


[1] Elaboración propia, basándose en la información obtenida en las Memorias del Minrel.

[2] Cuba, Ecuador, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela son los únicos estados que mantienen el apoyo. A la inversa, los países que se alejaron de dicha postura son Antigua y Barbuda, Bolivia, Barbados, Colombia, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Haití, Jamaica, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Suriname.

Artículos relacionados:

Comentarios (0)

Lecciones de Argelia y Sudán

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Lecciones de Argelia y Sudán

Fecha 11/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy


Con apenas unos días de diferencia, el argelino Abdelaziz Bouteflika y el sudanés Omar al Bashir debieron dejar el poder en sus respectivos países. Algunos dirán que eran presidentes y otros afirmarán que eran autócratas o tipos autoritarios. Sin embargo, es justo decir, en honor a la verdad, que la mano de hierro del sudanés no tiene comparación respecto a lo hecho por su par argelino, pero no se puede esconder que el régimen de Bouteflika excedió los tiempos y terminó por colmar la paciencia de los argelinos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de abril de 2019

Bouteflika estuvo en el poder durante 20 años (1999-2019) y al Bashir lo superó en diez (1989-2019). Fueron gobernantes que, con diferentes estilos y en contextos muy particulares, pasarán a la historia por haber caído gracias a las protestas pacíficas del ciudadano común y a la intervención de las fuerzas armadas. Estas últimas, dejaron de apoyar a ambos y optaron por ponerse al lado de la gente. Claro, dirán que lo hicieron en forma estratégica, para así no perder sus regalías, es decir, buscarán un modelo democrático (o que al menos se acerque más a la democracia), pero sin perder su influencia y poder. La gran pregunta, en caso que esto sea así, es si los argelinos y sudaneses estarán dispuestos a eso. El pueblo está cansado y ya perdió el miedo.

Si bien años atrás cayeron Ben Alí (Túnez), Hosni Mubarak (Egipto); Ali Abdullah Saleh (Yemen) y Muammar al Gaddafi (Libia), lo ocurrido en Argelia y Sudán es muy simbólico. Básicamente, porque el proceso de caída de Bouteflika y al Bashir –especialmente en el caso del primero- fue menos sangriento. Mientras en Argelia no hubo muertos, en Sudán sí lo hubo (11 o 14, según distintas fuentes), pero al menos se evitó un choque frontal entre diversos grupos (civiles y estatales).

Sin embargo, ahora vendrá lo más difícil y, en este sentido, hay que tener mucha habilidad política. Hoy, las transiciones de ambos países están lideradas por los jerarcas militares, los mismos que fueron parte de los gabinetes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir. Por ende, es natural que aparezcan dudas sobre hacia dónde irá el buque. En el caso argelino, ya se estableció que el 4 de julio habrá elecciones presidenciales y en ella no podrá participar el actual presidente interino (un cercano a Bouteflika). A su vez, la situación sudanesa es más incierta, pues recién ahora cayó el régimen de al Bashira. Por ahora, solo se sabe que habrá una transición de dos años (a cargo de los militares) y que, además, la Constitución será disueta. Junto a esto, habrá liberación de presos políticos, estado de emergencia por tres meses y toque de queda por un mes.

Al analizar lo que ocurre en Argelia y Sudán, se puede ver con claridad que la gente o, si se prefiere, el pueblo rechaza cualquier continuidad de los regímenes que acaban de caer. Esto es sumamente comprensible, pero, al mismo tiempo, muy peligroso. Es una espada de doble filo, pues ese ímpetu democrático puede ser el motor de una transición exitosa, pero también corre el riesgo de convertirse en una piedra de tope. Es muy complicado pensar en transar o ceder luego de dos o tres décadas dominado por dictadores (Al Bashir) u autócratas (Bouteflika), pero es necesario para que el paso desde una dictadura (o régimen autoritario) hacia una democracia sea lo más pacífico posible y, por ende, tenga un excelente resultado. Hemos visto lo ocurrido en Libia y esto debe ser puesto como ejemplo de cuán mal se pueden hacer las cosas. Al mismo tiempo, se puede examinar la transición chilena como un modelo interesante. No por cuestiones económicas –ya sabemos que fue la base de un sistema que tiene ahogado a la mayoría de los chilenos-, pero sí por la habilidad de haber salido de una larga dictadura, haber pasado con éxito los primeros años de frágil institucionalidad democrática y, finalmente, haber sido capaz de establecer una democracia como tal. Claro que se pueden mejorar aspectos, pero no se puede dudar que las dificultades propias del proceso fueron abordadas de buena forma.

Ahora, Areglia y Sudán deberán enfrentar la parte más compleja, que es dejar los festejos y empezar a trabajar para que todo lo acontecido genere cambios reales y no termine siendo, como en el caso de Egipto, una movida propia del Gatopardo. En este sentido, será un gran desafío para los argelinos y sudaneses, pero también para los países vecinos. En caso de necesitarse mediaciones, será fundamental que los mediadores sean estados del Magreb y del Cuerno de África, que son los espacios geopolíticos donde se desenvuelven Argelia y Sudán, respectivamente. Y si esto no fuese posible, entonces la Unión Africana debiese ser el organismo encargado de apoyar estos procesos. La injerencia extranjera, es decir, la participación de las grandes potencias (Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia) y aquellas de tipo emergente (Turquía, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán), debería ser evitada, para así no cometer los mismos errores del pasado, lo cual se ha visto –con historias, contextos y actores muy diferentes- en Siria, Afganistán, Irak, Libia y Malí. No se debe olvidar que los intereses geopolíticos son muy poderosos y que los estados más fuertes pueden asumir cambios en los liderazgos internos, pero que nunca estarán dispuestos a perder o poner en riesgos sus intereses (económicos, políticos, militares, etc.).

Por último, lo acontecido en Argelia y Sudán puede significar que lleguen nuevos aires en los procesos de integración del Magreb y del Cuerno de África, respectivamente. Mientras Argelia se ha visto involucrada en el conflicto del Sahara –apoyando al Polisario y, de esta forma, manteniendo con vida a un choque generado por el colonialismo y la Guerra Fría-, Sudán ha sido un factor de división en el siempre denso y complejo tejido diplomático del Cuerno de África. Es así que un gobierno argelino dispuesto a dialogar con Marruecos y establecer una política de dos velocidades (una dedicada al asunto del Sahara y otra que promueve la integración regional) aportaría mucho para el sueño de integración magrebí. En paralelo, los cambios generados por los nuevos tiempos de Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía, han generado expectación en el Cuerno de África, especialmente porque, al menos en el nivel diplomático, se ha avanzado en el camino de la solución de conflictos. Por ejemplo, la normalización de los nexos entre Etiopía y Eritrea y los avances (pequeños, medianos o grandes) en disputas como aquellas entre Egipto, Sudán y Etiopía (represa en el Nilo), Kenya y Somalia (límites marítimos), Djibouti y Eritrea (conflicto fronterizo) y Somalía y Somaliland (este último, una autoproclamada república cuyo territorio es parte de Somalía).

Además de esto, existen diversos proyectos de integración en infraestructura, lo cual tiene que ir acompañado de una base sólida de entendimiento entre los países de la región. Es así que en el Magreb se está avanzando en el proyecto de un tren magrebí –por ahora incluiría a Marruecos, Argelia y Túnez- y hace tiempo que se está llevando a cabo la carretera transahariana, mientras que, en el Cuerno de África, hace poco fue inaugurada la línea de ferrocarril que une a Etiopía con Djibouti, pero existen otras iniciativas ferroviarias como las líneas Etiopía-Eritrea, Etiopía-Kenya y Kenya-Sudán del Sur. Por si fuese poco, estos proyectos ferroviarios involucran a Rwanda, República Democrática del Congo, Tanzania, Burundi y Uganda, lo cual generaría una gran conectividad terrestre en África Oriental. ¿Algo más? Claro, porque existe el deseo de construir el “Corredor Lamu” –que incluiría, entre otras cosas, carreteras, puertos, líneas de tren y un oleoducto-, el cual uniría a Kenya, Sudán del Sur, Etiopía y Uganda.

En resumen, el fin de los regímenes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir dejan una serie de lecciones y desafíos. Dentro de las primeras, la importancia de realizar manifestaciones pacíficas (y persistentes), la necesidad de actuar en forma rápida cuando una situación amenaza con transformarse en un choque violento, aprender a escuchar a la gente, comprender que los tiempos actuales necesitan soluciones democráticas y no dictatoriales y asumir que ningún tipo de gobierno puede mantenerse en el tiempo si no toma medidas que favorezcan a la mayoría y no a las élites. Entre los segundos, cómo construir nuevas institucionalidades democráticas, entender que las democracias africanas o asiáticas no tienen por qué ser iguales a las de “Occidente”, implicar a todos los segmentos políticos y étnicos en los procesos de democratización y fomentar la creación de un nuevo sistema interno que permita establecer, en el largo plazo, buenas relaciones con los vecinos. Todo lo anterior, comprendiendo que se vive en un mundo globalizado y en el cual los estados (o estados-nación) van perdiendo fuerza ( y a veces soberanía) respecto de los bloques de integración (regional, continental o mundial).

En este contexto, es de esperar que los procesos de Argelia y Sudán terminen bien. Aquello sería un bálsamo en zonas que, en las últimas décadas, han vivido procesos complejos y, normalmente, acompañados de violencia, fragmentación e inestabilidad. Mientras África no solucione sus problemas, la dependencia de los capitales extranjeros seguirá siendo una realidad y, entonces, la utilización de sus recursos naturales (y las riquezas generadas por éstos) permanecerá bajo la voluntad de las potencias o, si se prefiere, de las grandes empresas que los exploran y explotan.

Comentarios (0)

El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

Etiquetas: , , , , , , ,

El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

Fecha 3/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El martes 3 de abril, el Consejo Constitucional de Argelia anunció que el mandatario argelino –quien estuvo en el poder durante 20 años- hizo efectiva su renuncia y, por ende, se declaró al cargo vacante. Ahora, Abdelkader Bensalah, presidente del Consejo de la Nación –cargo que ocupa hace 17 años-, debería ser el encargado de asumir la presidencia interina de Argelia. En teoría, debería organizar elecciones en tres meses más y sin que pueda presentarse como candidato presidencial. Más allá de esto, lo concreto es que se consolidó la salida de Abdelaziz Bouteflika, pero, al mismo tiempo, comienza lo más difícil. ¿Habrá un cambio total?, ¿Bouteflika y sus aliados gobernarán desde las sombras?, ¿hacia dónde irá Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de abril de 2019

Tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en 2013, Abdelaziz Bouteflika prácticamente no apareció más en público y, cuando lo hizo, quedó la impresión que las secuelas físicas le impedirían gobernar. Sin embargo, Bouteflika –héroe de la independencia argelina y líder de la transición que puso fin a la década sangrienta de los años 90- permaneció en el poder por casi seis años más. Demasiado tiempo y eso, inevitablemente, le pasó la cuenta. No solo por su delicado estado de salud, sino que, lo principal, por sus evidentes problemas para tomar las riendas de Argelia. Esto significó que se profundizaran ciertos problemas –como la precariedad laboral, la excesiva dependencia de la economía argelina del petróleo, necesidad de reformas institucionales, democratización del sistema político, demandas étnicas y las relaciones exteriores, entre otros-, generando la sensación que el estancamiento argelino no tendría solución.

De esta forma, la gente se aburrió y salió a las calles. Fueron al menos seis semanas seguidas en las cuales se organizaron pacíficas y ordenadas protestas en Argel, pero también en otras ciudades del país. A pesar de ser un movimiento amorfo –sin líderes claros, ni tampoco peticiones consolidadas, salvo pedir la partida de Bouteflika y sus cercanos-, su unidad y persistencia le permitieron conseguir el objetivo. Tanto así, que se puso término a la era de Abdelaziz Bouteflika como presidente de Argelia.

Aunque la alegría es evidente, no se le debe dar demasiado espacio, pues de inmediato aparecen las dudas. La primera, quizás la más relevante, es quién liderará durante el proceso de transición. Esto último, pues muchos argelinos ya han anunciado que no quieren a los integrantes del círculo íntimo de Bouteflika –su hermano Said, Ahmed Ouyahia, Abdelmalek Sellal, Bachir Tartag y el general Gaid Salah, entre otros-, es decir, quieren un nuevo marco político en el cual los viejos estandartes ligados a la era Bouteflika queden fuera.

Luego, cabe preguntarse qué pasará con el movimiento, social y espontáneo, que emergió y generó la caída de Bouteflika. Al no tener una cabeza, ni tampoco dos, tres o cuatro, el escenario parece difuso. Recuerda, en cierta medida, al movimiento 20 de Febrero marroquí, el cual comenzó con mucha fuerza, pero después, cuando había que mostrar organización clara y propuestas bien definidas, desapareció. Básicamente, porque no tenía cohesión. Ciertamente, son dos países con sus propias realidades y en contextos diferentes, pero la comparación es necesaria para recordar que la oposición debe ser capaz de aglutinarse en torno a un objetivo común (lo cual lo consiguieron), pero también necesitan tener la capacidad de transformarse en un grupo político. En caso contrario, la transición quedará en las manos de los políticos, los mismos que generan tanta desconfianza.

Otra duda razonable tiene que ver con la institucionalidad democrática de Argelia. En este sentido, lo primero es ver si realmente terminará la “era Bouteflika” o si detrás de los muros gobernarán los mismos de siempre. Ya lo dijo el propio Abdelaziz Bouteflika, quien, al anunciar que dejaría el poder, aseguró que estaría atento al proceso de transición. En pocas palabras, él (o sus cercanos) vigilarán de cerca todo lo que ocurra. Y esto tiene dos lecturas. La positiva, que le interesa que el país evite el caos y asuma que debe haber un nuevo modelo político-social. La negativa, que desconfían de una democracia plena, ya sea por el temor a un eventual auge de los islamistas, su intención de no soltar el poder, la incapacidad de los nuevos líderes, la lucha antiterrorista, los ánimos revanchistas o la fuerza de las demandas separatistas o étnicas, entre otros. Además de lo anterior, Argelia tendrá el gran desafío de levantar un marco institucional nuevo y ajustado a los tiempos actuales. Y esto es aún más complejo cuando la institucionalidad ha estado marcada por el sello de un gobierno que ha dominado durante 20 años.  Liberarse de muchas ataduras y costumbres no será fácil y eso requerirá de mucha sapiencia y manejo político. En este contexto, será relevante conocer cuáles son las principales carencias –por más evidentes que parezcan algunas, como una mayor democratización- y cuáles son las percepciones de los argelinos. Establecer una buena sintonía entre gobernar y escuchar a la gente es una gran tarea y esto debiese marcar a la agenda política argelina. Relacionado con lo anterior, aparece la pregunta sobre el rol que cumplirán las fuerzas armadas argelinas en todo este proceso. Según lo visto en las últimas semanas, las demandas de la población generaron buena sintonía entre los militares, quienes, al mismo tiempo, parecen no querer intervenir demasiado y buscan un proceso que no los convierta en protagonistas, pero solo en la medida que sus deseos y la institucionalidad básica del país no se vean afectados.

Uno de los temas más potentes son las eventuales propuestas de políticas para el desarrollo interno y respecto de las relaciones internacionales. Dentro de las primeras, aparecen casos emblemáticos como una mayor diversificación de la economía argelina, el destino de las exportaciones petroleras, la lucha contra el desempleo de los jóvenes, la situación en Kabilia, la discriminación a los bereberes, los choques étnicos en el sur, el fenómeno migratorio y la lucha contra el terrorismo y el tráfico de personas. En cuanto a las segundas, por ejemplo, ¿qué pasará con el conflicto del Sahara y, por ende, con el apoyo al Polisario?, ¿se le dará un mayor espacio a la integración magrebí?, ¿qué pasará con África Subsahariana?, ¿cambiarán los vínculos con Europa?, ¿se mantendrá la alianza con Rusia?, ¿se buscará una mayor relevancia en los asuntos africanos?

Todo esto se podría resumir que lo que está ocurriendo es una verdadera Caja de Pandora y, por ende, todo debe ser realizado con mucha prudencia y estrategia. Además, será necesaria una gran capacidad de equilibro entre la necesidad imperiosa de grandes cambios, pero que, al mismo tiempo, vayan acompañados de políticas de mediano y largo plazo. Las transiciones políticas no son fáciles y en muchos casos suelen fracasar o tomar más tiempo de lo deseado. El problema es que en ocasiones esto trae consigo un contexto de confusión y caos –a veces con muertes y fracturas o fisuras sociales difíciles de solucionar-, asi que será importante que quienes lideren el nuevo proceso político-social de Argelia comprendan la realidad argelina, pero que también estudien los ejemplos de transiciones exitosas.

En este punto, la sociedad civil deberá asumir que no todas sus propuestas podrán ser puestas en marcha y, entonces, tendrán que comprender que ceder no será sinónimo de aflojar, sino que de ayudar a mantener el equilibrio. Si se empieza a pedir una limpieza total, aquello puede ser peligroso y poco realista. La sugerencia es que los representantes de la era Bouteflika consoliden su retirada y dejen a emisarios más jóvenes (y mejor evaluados por la población) en la mesa de negociaciones con los nuevos liderazgos sociales y políticos del país. Y estos dos últimos también deberán buscar lo mejor de sí, es decir, líderes reflexivos, capaces de transar y con reales intenciones de construir un mejor país. Por último, los militares deberán mostrar un comportamiento prudente, es decir, lo más alejados posible del proceso político. Sin embargo, pensar en verlos totalmente fuera es inviable, ya que han sido parte fundamental del aparato político argelino desde su independencia. Tanto así, que si Abdelaziz Bouteflika dejó el poder fue porque, entre otras cosas, las fuerzas armadas argelinas ya no veían con buenos ojos su permanencia.

Si lo anterior no se cumple, entonces Argelia podría entrar en una fase peligrosa, en la cual diversos problemas político-sociales saldrían a la superficie y, por ende, con el evidente riesgo de generar estallidos a nivel nacional y local. Y eso no es lo que necesita Argelia, ni tampoco el Magreb, el Sahel y la Europa Mediterránea.

Comentarios (0)

La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Fecha 7/11/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A propósito del 43er aniversario de la Marche Verde, el rey Mohammed VI realizó su tradicional discurso, aunque, a diferencia de otras ocasiones, tuvo un mensaje directo y conciliador para la vecina Argelia. ¿Será que ambos estados finalmente logren destrabar un conflicto que no solo los afecta a ellos, sino que a todo el Magreb?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 7 de noviembre de 2018

Hace 45 años, España dejó el Sahara y con eso se inició un problema que hasta hoy no tiene solución. Si bien la paz se ha establecido y no se han registrado enfrentamientos armados en más de dos décadas, el tema sigue siendo un gran dolor de cabeza para los directos implicados (Marruecos y Argelia), el Magreb –especialmente para la integración magrebí- y los refugiados.

En los últimos años, la situación no ha variado mucho. Se cambió al enviado especial de la ONU, se superaron algunas polémicas (como la decisión marroquí de expulsar al personal de la Minurso, para luego permitir su regreso) e incluso se intentó llevar el conflicto del Sahara al seno de la Unión Africana (asunto que no prosperó), pero, en su esencia, el problema sigue existiendo y, peor aún, mantiene el statu quo que lo ha caracterizado por largo tiempo.

Sin embargo, algunos hechos permiten tener una luz de esperanza respecto de una posible solución o, como mínimo, un eventual acercamiento que pueda generar las bases de un futuro y fructífero diálogo.

El discurso del rey Mohammed VI

En su habitual discurso del 6 de noviembre, el monarca marroquí recordó la gesta de quienes, con un Corán y una bandera, lograron devolverle el Sahara (provincias del Sur para el reino marroquí) a Marruecos, pero lo llamativo no fue eso –ya es parte de la retórica existente-, sino que los guiños que realizó a Argelia y, particularmente, a Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino.

Con frases como “las relaciones se encuentran en una situación inaceptable” o “desde mi entronización he llamado a la normalización de ellas”, Mohammed VI dejó en claro que en esta oportunidad quería ir más allá de lo usual y planteó, con hechos concretos, su postura de buscar una solución a los quebrados y débiles nexos entre Marruecos y Argelia. En este sentido, se puede destacar su gran propuesta, que es la creación de un mecanismo político conjunto de diálogo y concertación. Sobre este último, el rey mencionó que su estructura, formato y naturaleza se debe convenir entre ambas partes, agregando que Marruecos está abierto a propuestas e iniciativas que Argelia quiera sugerir en este asunto, pero también sobre la forma de mejorar las relaciones entre ambos estados.

En el plano retórico, Mohammed VI insistió en la necesidad de consolidar las relaciones –por medio de un diálogo franco y directo- sobre una base de confianza, solidaridad y buena vecindad. En esta dirección va su petición de reabrir las fronteras terrestres que ambos países tienen, las cuales fueron cerradas en 1994 y que ha generado, entre otras dificultades, la división de familias que viven en ciudades o pueblos fronterizos.

El encuentro de Génova

El alemán Horst Kohler, enviado de la ONU para el Sahara Occidental, tomó la decisión de darle un nuevo impulso al empantanado conflicto y para eso buscó retomar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, las cuales estaban congeladas desde 2012. En este contexto, Kohler no solo consiguió el visto bueno de ambas partes, sino que también invitó a participar en el diálogo a Argelia y Mauritania, los cuales, a su vez, aceptaron participar como observadores.

Si entre el 5 y 6 de diciembre ocurrirá algo novedoso o si se repetirá la tendencia de estas negociaciones –que normalmente suelen dejar escasos o inexistentes avances en concreto- aún está por verse. Sin embargo, es necesario destacar que, a diferencia de otras instancias de diálogo desarrolladas en anteriores años, ahora habrá un contexto regional o multilateral. Básicamente, pues Kohler ha integrado, con gran habilidad, a Argelia y Mauritania en la mesa de diálogo. Y estos último son actores regionales, pues ambos, por uno u otro motivo, siempre han estado implicados en este conflicto. Por ejemplo, los acuerdos de Madrid –los cuales cedían la administración- dejaron una parte del territorio bajo tutela de Mauritania, el cual, tras los enfrentamientos armados con el Polisario, decidió no reivindicar parte del territorio legado por España. A su vez, Argelia ha sido el principal soporte –político, económico y militar- del Frente Polisario. Es de esperar, entonces, que la visión del asunto como un conflicto regional traiga positivas modificaciones.

El contexto argelino

En 2019 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Argelia y, una vez más, Abdelaziz Bouteflika irá por la reelección, la cual, de ser conseguida, le otorgaría un quinto mandato. A pesar que parte de la sociedad y de los partidos políticos avalan esto, se ha ido generando una oposición que, aunque fragmentada, comienza a presionar por cambios reales y no modificaciones cosméticas. Es así que el asunto del Sahara podría ser una buena forma de demostrarle a los argelinos que el continuismo de Bouteflika no significa más de lo mismo y que Argelia puede ser un actor regional y africano de relevancia. A sabiendas de su delicado estado de salud, muchos dudan sobre sus reales capacidades, pero un avance en pos de un verdadero acercamiento con Marruecos sería bienvenido en buena parte de la sociedad argelina y en un importante sector de la política de aquel país.

Junto a esto, se pueden detectar ciertos movimientos subterráneos, al interior del gobierno argelino, que permiten concluir que podrían venir aires de cambio (aunque sean pequeños) sobre el asunto del Sahara. En paralelo, los cambios en las fuerzas armada de Argelia también podrían tener influencia, pues en caso de llegar un general pragmático, la situación podría tener un vuelco.

Y, finalmente, no debe soslayarse el sentido mensaje que envió Abdelaziz Bouteflika al rey Mohammed VI luego del dramático accidente ferroviario ocurrido hace unas semanas en las cercanías de Kenitra.

Precisiones finales

El llamado hecho por Mohammed VI no solo parece oportuno, sino que lógico. El Magreb, inserto en las lógicas regionales del Mediterráneo y el Sahel, enfrenta una serie de desafíos y conflictos que necesitan la puesta en marcha de propuestas y soluciones de tipo bilateral y multilateral. Entre otros temas, destacan la seguridad, la inmigración, la integración, las relaciones Sur-Norte del Mediterráneo, el desempleo juvenil y la lucha contra el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Además de estos importantes asuntos, claro está, resalta el gran tema, que es el conflicto del Sahara.

Dada la situación actual, tomando en cuenta las respuestas a las propuestas generadas, resulta imprescindible que Argelia y Marruecos –las grandes potencias del Magreb y dos referentes de África- unan sus conocimientos, capacidades y esfuerzos en pos de obtener mejores soluciones a los conflictos que minan un mayor desarrollo de dichos estados y de la región magrebí. Junto a esto, el comercio intramagrebí, que representa no más de un 5%, parecer ser una buena posibilidad a la hora de pensar en decisiones que permitan generar, poco a poco, más trabajo y más ingresos en las arcas estatales.

Además, el Magreb tiene la obligación de retomar la senda de la integración, la cual tuvo como punto culmine la creación de la Unión del Magreb Árabe, pero que desde aquel lejano entonces –su fundación fue en 1989- solo ha sabido de fracasos y fantasmas. Un Magreb unido y potente se encontraría en mejores condiciones a la hora de negociar con su vecino del norte (Unión Europea) y podría soñar con un desarrollo de toda la región. Si el gasoducto Maghreb-Europe se ha desarrollado en paralelo al congelamiento diplomático entre Marruecos y Argelia, ¿por qué no pensar que dicho modelo de cooperación energética pueda ser aplicado en toda la relación entre ambos países?

Es así que el conflicto del Sahara debe ser mirado con objetividad y pragmatismo. Se trata de un problema heredado de la época colonial y exacerbado por la disputa existente en la Guerra Fría. Por lo mismo, no es un conflicto propio del siglo 21 y su solución es obligatoria. Respecto de esto último, quizás sea momento de asumir que, hoy, es inviable la creación de un nuevo estado magrebí y que es igual de complicado realizar un referéndum de autodeterminación –, principalmente, por las dificultades que siempre han existido a la hora de establecer el universo de votantes y de definir quiénes son saharauis-, razones que hacen necesario reglar el asunto basándose en la propuesta marroquí, pero con nuevas ideas que puedan aportar Argelia, Mauritania, la Organización de Naciones Unidas u otros implicados como la Unión Africana y la Unión Europea. En pocas palabras, se trata que los estados involucrados sean capaces de ceder, para así llegar, finalmente, a un acuerdo conveniente para todas las partes.

Por último, vale la pena recordar los postulados del tanzano Julius Nyerere, quien en los años sesenta y setenta planteaba que si la independencia de África derivaba en fragmentación, entonces el desarrollo del continente estaría en grave peligro. Por lo mismo, Nyerere sugería, con una cuota de pragmatismo político, que se debía apostar por los organismos de integración regional. Y a esto último debe apostar el Magreb. Las riquezas naturales abundan -petróleo, gas, fosfato, frutas, verduras, pesca, un mercado de casi 100 millones de personas y energía solar, entre otros-, pero falta la voluntad política para que el sueño del gran Magreb se cumpla. Y mientras se busque una solución al conflicto del Sahara, los gobiernos magrebíes debiesen avanzar en otros aspectos de la integración, como la infraestructura, el intercambio académico-cultural, la cooperación en turismo, el establecimiento de posturas comunes en los foros multilaterales, la unión de fuerzas en temas como la inmigración y el terrorismo y, uno de los más importantes, la libre circulación de personas y bienes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

Fecha 2/11/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Según el informe realizado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), los estados del Magreb no tuvieron una buena ubicación en este ranking, el cual mide cuatro elementos (participación económica y oportunidad, alcance en educación, salud y sobrevivencia y empoderamiento político) y realiza medición en 144 países.

(Fotografía: Dennis Jarvis / Licencia Creative Commons. Edición: Periodismo Internacional)

Los números magrebíes no fueron muy positivos, ya que el mejor ubicado fue Túnez, que apareció en el 117° lugar. Más atrás quedaron Argelia (127°), Mauritania (132°) y Marruecos (136°), en tanto que Libia no es parte del ranking, ya que no fue examinado.

De todas formas, el Magreb tuvo su mejor desempeño en empoderamiento político, ya que ahí Túnez quedó en el casillero 55, Mauritania ocupó el número 57, Argelia trepó hasta el 86 y Marruecos escaló y finalizó en el 100. A la inversa, el ítem peor evaluado fue participación económica y oportunidad, donde todos se posicionaron entre el 130 y el 140. Cabe destacar que Túnez lideró en las cuatro categorías.

A nivel africano, 21 países quedaron mejor posicionados que los estados magrebíes, listado que incluye a Rwanda (4°), Namibia (13°),  Burundi (22°), Mozambique (29°), Uganda (45°), Botswana (46°), Zimbabwe (50°), Tanzania (68°), Ghana (72°), Lesotho (73°), Kenya (76°), Madagascar (80°), Camerún (87°), Cabo Verde (89°), Senegal (91°), Malawi (101°), Swazilandia (105°), Mauricio (112°), Guinea (113°), Etiopía (115°) y Benín (116°).

A nivel árabe, Túnez, Argelia, Mauritania y Marruecos tuvieron desempeños más parecidos a los de sus pares. De hecho, Túnez fue el segundo mejor posicionado, mientras que Argelia, Mauritania y Marruecos quedaron ubicados en los puestos 4°, 8° y 11° en el segmento “Medio Oriente y África del Norte).

Así las cosas, el Magreb tendrá que seguir trabajando en pos de reducir la brecha de género, de manera que la mujer no solo logre integrarse en las sociedades magrebíes, sino que además lo haga con plenas igualdades y en diversos ámbitos de la vida cotidiana. 

Para ver el informe completo, ingrese aquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de noviembre de 2017
@Ratopado

Comentarios (0)

Cómo recibe el Magreb al 2014

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Cómo recibe el Magreb al 2014

Fecha 18/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Empezando este nuevo año, y sin que eso tenga gran validez en los análisis y las investigaciones, cabe realizar un somero resumen acerca de las presentes tendencias que se pueden apreciar en los cinco países magrebíes. Al respecto, y en algo que no sorprende, se pueden encontrar positivas y negativas señales, las cuales, lógicamente, corresponden a las naturales consecuencias de los actuales procesos que se están desarrollando en la región.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de enero, 2014

banderas-paises-umaClasificando estas coyunturas, todas ellas podrían ir bajo un mismo rótulo, es decir, fenómenos político-sociales. Y aunque no todos pueden ser incluidos en el proceso de cambios iniciado a fines de 2010 y comienzos de 2011, la mayoría de ellos tienen que ver con eso.

Los choques entre los Tebu y Zawy en Libia

Consumada la caída de Muammar al Gaddafi, rápidamente llegó el caos al territorio libio, lo cual se tradujo, entre otras cosas, con choques étnico-tribales en el sur –particularmente en el sureste- de Libia. Es así que las ciudades de Kufra, en 2012, y Sabha, en 2013, fueron testigos de la violencia entre los Zway y los Tebu.

Mientras los primeros son de origen árabe y tuvieron, bajo la era de Gaddafi, una posición de poder, los segundos pertenecen a etnias negroides y siempre acusaron la represión del dictador libio. Aún más, estos últimos afirmaban que bajo la administración Gaddafi siempre se dejó en un segundo plano a quienes no tenían un origen árabe o árabe-bereber.

Durante los últimos años estos choques tuvieron episodios críticos, los cuales terminaron con cientos de muertos y varios prisioneros (por ambas partes en conflicto). Sin embargo, en los últimos días llegaron buenas noticias o, como mínimo, esperanzadores indicadores. Claro, pues se reunieron los “ancianos” de ambos lados y acordaron el intercambio de detenidos. Así, queda la impresión que se estableció un primer paso hacia lo que podría ser un acuerdo de paz.

Es de esperar que las futuras negociaciones se lleven a cabo con normalidad –dentro del actual contexto que se vive- y que vayan apareciendo nuevas soluciones. En relación a esto último, será imprescindible la participación del Congreso General Libio (CGL) o al menos del gobierno de transición, ya que el tejido “invisible” de la estructura político-social del país tiene directa relación con la formación tribal del territorio. Y así como destaca este choque entre los Tebu y los Zawy, también está el problema de la autoproclamada autonomía de Cirenaica y de las fuertes presiones que están ejerciendo los bereberes libios.

En conclusión, la nueva Libia no podrá ser construida con éxito si no se trabaja a fondo en un sistema que permita la sana convivencia entre las diferentes etnias y vertientes religioso-políticas.

La nueva Constitución tunecina

Atribulados por la agresiva irrupción de los salafistas y complicados por la aparición de asesinatos políticos, el anterior gobierno –liderado por Rached Gannouchi- se vio obligado a renunciar en pos del bien común. Hoy, con nuevo ministro recientemente nominado –el islamista moderado Jomaa-, aparece el primer gran desafío de la administración, es decir, aprobar el borrador de la nueva Constitución de Túnez y, por ende, generar las instancias que permitan la aprobación popular de la misma carta.

Al respecto, en los últimos días se han ido conociendo algunos de los puntos que serán incluidos o que quedarán fuera. En este sentido, uno de los puntos más importantes tiene que ver con la igualdad entre “ciudadanas y ciudadanos”, lo cual es un establecimiento implícito de la igualdad genérica. Si bien esto es un avance, especialmente si se toma en cuenta la tradición tunecina de darle muchos derechos a las mujeres, queda la duda sobre el alcance que tendrá este principio.

A pesar que la mayoría de las organizaciones feministas y que buena parte de la sociedad considera que esto es un progreso, algunos sectores han hecho un llamado a mantener la prudencia. Esto último, pues el ideal, según ellos, habría sido reconocer, expresamente, la “igualdad entre mujeres y hombres” y no entre “ciudadanas y ciudadanos”. Además, no hubo una especial mención en el tema de la herencia.

Otro aspecto llamativo ha sido el reforzamiento de Túnez como una “república” que velará por la libertad de expresión. Junto a eso, se volvió a confirmar al árabe como la lengua oficial del país y se excluyó a la charia como fuente principal del Derecho.

Y, al igual que en el anterior punto, es bueno detenerse un poco en este asunto. Claro, ha sido fundamental que la ley islámica no sea el eje de la jurisprudencia, pero no se puede soslayar el hecho que el artículo estaría dejando un evidente vacío legal.

¿Qué se entiende por la frase “la charia no será fuente principal”?, ¿será que en algunos casos se le tomará en cuenta?, ¿se podrá acceder a ella bajo ciertas circunstancias? En fin, son diversas las preguntas, pero lo concreto es que a pesar de quedar relegada a un segundo o tercer plano, no fue eliminada de cuajo como fuente y eso puede generar eventuales problemas. Como siempre, todo quedará en manos de los jueces y sus interpretaciones de las leyes.

Por último, aún no se menciona lo que ocurrirá respecto a las reivindicaciones de los bereberes, quienes a pesar de representar menos del 10% de la población ya se han organizado en pos de mejorar su status. Al igual que en otros países magrebíes, ellos quieren un reconocimiento oficial, pero que no se quede en las letras, sino que vaya a un plano práctico y cotidiano.

La nueva política de inmigración marroquí

Hace algunos días se consolidó, por parte del gobierno del Reino de Marruecos, el compromiso de mejorar la situación respecto al drama de la inmigración en el Mediterráneo.

En este sentido, cabe recordar que en junio de 2013 se produjo un acuerdo de asociación entre Marruecos y la Unión Europea (UE) –el primero de este nivel firmado entre la UE y un país mediterráneo-, a través del cual ambas partes se comprometían a implementar una serie de medidas que permitan trabajar de mejor forma en el tránsito de personas por el Mediterráneo.

Gracias a esto es que hace pocos días llegó el anuncio del gobierno marroquí –impulsado por el rey Mohammed VI-, en el cual se consolidaba la regularización de miles de inmigrantes clandestinos. Es así que para dicha misión se implementaron, a partir del 1 de enero de 2014, las “Oficinas de Extranjeros”.

En total, se estima que entre 24.000 y 40.000 “sin papeles” –en su mayoría africanos subsaharianos- podrán quedarse en territorio marroquí y, lo principal, con la posibilidad de vivir y trabajar con normalidad. Además de eso, se le dio el carácter de refugiado a 850 ciudadanos del África Subsahariana.

Sin duda alguna, un gran golpe de Marruecos, pero en el buen sentido, ya que se ven las primeras medidas oficiales en torno a un tema tan delicado como el de la inmigración. Y no sólo por el hecho de haber un gran flujo (desde África hacia Europa), sino que por el drama humanitario. Esto último, pues según diversas cifras, al menos 20.000 inmigrantes clandestinos han muerto en aguas mediterráneas en los últimos 15 a 20 años.

¿El acercamiento entre el Polisario y Marruecos?

Para nadie es una sorpresa que Christopher Ross tiene mucho que ganar en el caso del Sahara Occidental, una zona que es reclamada por Argelia

y el Polisario, pero que, en la práctica, es parte del territorio marroquí.
Mientras Marruecos afirma que lo suyo es acorde a Derecho, el Polisario –que cuenta con el apoyo de Argelia- insiste en que el “pueblo saharaui” (concepto bastante difuso por lo demás) debería decidir su status.

Con el paso de los años, la postura marroquí ha ido ganando adeptos y apoyos, en tanto que el proyecto de Argelia y el Polisario se ha ido debilitando. Hace unos días, Paraguay anunció que eliminará el reconocimiento oficial a la República Árabe Sahrawi Democrática (RASD), lo cual está lejos de ser un mero simbolismo.

Claro, pues si a fines de la década de 1980 la RASD contaba con el apoyo de casi 90 países, hoy la cifra no supera los 30 ó 32 estados. Junto a eso, la mayoría de los gobiernos que mantienen su aval a dicho estado de facto (no ha sido reconocido por la ONU) pertenecen a lo que se conoció como la “órbita comunista” en la Guerra Fría, con lo cual la teoría de la “ideologización del conflicto” cada vez adquiere más potencia.

Más allá de estos datos, se dio a conocer, en las últimas semanas, la noticia de un posible encuentro entre el Polisario y Marruecos. Aquella reunión sería en un país europeo, en los primeros meses de 2014 y, he aquí la novedad, sin la participación de Argelia.

Tomando en cuenta que la ONU no ha descartado la posibilidad de la autodeterminación, pero que ha dado un gran impulso al proyecto marroquí (una avanzada autonomía para el Sahara Occidental), aquel posible encuentro generaba algunas ilusiones.

Sin embargo, rápidamente llegó un comunicado oficial por parte del Polisario, en el cual negaba todas estas informaciones. Como era de esperar, por lado y lado aparecieron los rumores y las declaraciones, pero lo concreto es que finalmente se volvió, como ya es costumbre, a un punto muerto en las negociaciones.

¿Qué irá a pasar en el mediano plazo? Difícil saberlo, aunque en realidad no tanto.

Bouteflika, en busca del cuarto mandato

Hace años que se habla sobre el precario estado de salud de Abdelaziz Bouteflika, actual presidente de Argelia, pero, a pesar de eso, el mandatario no entrega el poder y se mantiene al mando del control de su país. Sin embargo, en 2013 pasó varios meses hospitalizado en Francia y, por lo mismo, se pensó que podría ser el momento del adiós (de la política) de Bouteflika.

Pero no, aquello estuvo lejos de suceder y el casi octogenario argelino anunció que irá, nuevamente, por una reelección en las presidenciales del presente año. En caso de ganar, obtendría su cuarto período como presidente de Argelia.

Si bien este anuncio no cambia mucho las cosas –en el corto plazo-, en el futuro sí podría traer grandes consecuencias. En este sentido, ya se están llevando a cabo las clásicas tratativas previas a todo proceso electoral y será interesante ver lo que ocurra en los siguientes meses.

¿Qué irá a pasar con los islamistas, que obtuvieron el tercer lugar en las últimas legislativas?, ¿logrará unirse la oposición en torno al objetivo común de sacar del poder a Abdelaziz Bouteflika?

Hay miles de interrogantes y las miradas apuntarán hacia lo que ocurra en este gigante. Argelia es una gran potencia regional y de haber grandes cambios tras las presidenciales es posible que el Magreb tenga nuevos horizontes. Y, por supuesto, el conflicto en Malí, también.

Y algo que no debe dejar de tomarse en cuenta es el nombre de Abdelmalek Sellal. Según algunos, aunque nada oficial, el actual primer ministro de Argelia sería el candidato de Bouteflika en caso que este último opte por no presentarse a las presidenciales.

En Mauritania, elecciones boicoteadas y el debut de los islamistas

En medio de la férrea oposición que genera Mohammed Ould Abdelaziz –actual presidente, pero que llegó al poder tras haber dado un golpe de estado-, en noviembre pasado se llevó a cabo la primera ronda de las elecciones legislativas y municipales en Mauritania.

Tal cual se había anunciado, la oposición boicoteó los comicios, aunque un partido de dicho bloque optó por participar. Se trata de Tawassoul, agrupación islamista que debutaba en estas lides y que obtuvo el tercer lugar de las legislativas (con 12 escaños en la Asamblea Nacional y el 10% de los votos).

Y aunque no hubo grandes sorpresas en este proceso, queda de manifiesto que los próximos meses podrían ser fundamentales en el juego político mauritano. Sí, pues se supone que a mediados de año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales y aquello podría ser, en caso de perder el actual mandatario, un positivo avance en la siempre truncada transición política de la República Islámica de Mauritania.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Fecha 10/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Islam ya se instaló en la superficie de la mesa cotidiana de diálogo y, al menos hoy, es imposible no darle la importancia que merece. En los nuevos tiempos, aquella religión está lejos de tener influencia en lo estrictamente religioso y, de hecho, sus raíces han crecido y se han establecido en el ámbito político.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de enero, 2014

mohammed-morsiEsto último no es novedad, pues el proceso comenzó hace décadas. Hace 86 años atrás se fundó la Hermandad Musulmana –en Egipto y en medio de los efectos colonizadores de las grandes potencias en la mayoría del mundo árabe-musulmán- y, desde entonces, el “Islam político” fue ganando cada vez más fuerza.

Entrar en detalles históricos no viene el caso –para eso se necesitaría escribir una enciclopedia de varios tomos-, pero lo que sí es apropiado es intentar comprender lo que está sucediendo con los islamistas, entendiéndolos como actores de la política y dejando a un lado lo netamente religioso.

Marcados por el hecho de pasar más tiempo en la lista de los partidos u organizaciones ilegales, la Hermandad Musulmana egipcia logró llegar al poder en 2012, pero unos meses más tarde recibió un duro golpe. Claro, pues el actual gobierno militar de Egipto –que en 2013 realizó un golpe de estado- los declaró como un grupo terrorista. Aquello no debiese sorprender, ya que bajo la era de Hosni Mubarak tuvieron duros reveses y siempre estuvieron apabullados por el gobierno dictatorial. Además, sus medidas, una vez al mando del país, dejaron mucho que desear y demostraron que lo que menos les importaba era la estabilidad del país y las libertades (entre ellas, la religiosa) de su población.

Obviamente, la Hermandad Musulmana no es la panacea y aunque muchos partidos políticos islamistas están ligados, de una u otra forma, a esta organización, hay otros que están fuera de esa órbita. Nuevamente, no viene al caso una explicación sobre los tipos de islamismo político, pero lo importante es ver qué está pasando con los islamistas que lograron llegar al poder o que al menos han participado en elecciones.

En la actualidad, su auge está en caída y eso no es noticia, pues es algo que viene aconteciendo en los últimos meses. En Marruecos, el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo un gran triunfo y eso le permitió acceder al gobierno, el cual tiene como principal figura al primer ministro. Lamentablemente, para los islamistas de la lámpara (aparece en su logo), su líder, Abdelilah Benkirane, ha tenido que enfrentar no sólo el descontento de la gente, sino que también el de otros partidos políticos y el del mismo rey Mohammed VI. Tanto así, que Benkirane tuvo que formar un nuevo gobierno.

En Argelia, los islamistas no fueron capaces de quedar en los dos primeros lugares de las legislativas realizadas en 2013, mientras que en Túnez llegaron al poder, pero sus erráticas medidas les significó tener grandes rivales. Hoy, la sociedad tunecina está fuertemente dividida por el tema religioso y una buena parte de ella acusa al actual –que acaba de caer- y anterior gobierno de estar detrás del descalabro, el mismo que, entre otras cosas, se ha visto representado por el auge de los islamistas más radicales y por la aparición de asesinatos políticos (supuestamente en manos de los fundamentalistas). Que en la nueva Constitución –la cual recién se está elaborando- se haya dejado a un lado la sharia como fuente principal del Derecho es una gran derrota para los islamistas más conservadores y radicales.

En Libia, bueno, el caos es total y es difícil establecer juicios o conclusiones en tan poco espacio. Sin embargo, no se puede desconocer que la progresiva y escondida islamización de ciertos miembros del Congreso Nacional General –el cual tiene el poder en forma transitoria- ha tenido un fuerte rechazo en diversos grupos de la población y la política libia. Por lo mismo, no ha tenido un camino llano hacia el establecimiento de sus pretensiones, algo que también se explica por la actual coyuntura social del país.

Por último, el caso de Mauritania es más auspicioso (para los islamistas), aunque en un contexto muy sui generis. En las recientes elecciones legislativas y municipales, Tawassoul –partido islamista que compitió por primera vez en los comicios y que es parte de la oposición- se consolidó como una interesante fuerza, pero sin pasar de los 16 asientos en la Asamblea Nacional (de un total de 146).

Hecha esta breve (quizás demasiado corta) explicación, es necesario revisar los puntos por los cuales los islamistas han caído en desgracia. Al respecto, todo se puede aglutinar en tres conceptos, que son conservadurismo, agresión pasiva y violación de las libertades personales.

Cada grupo o partido lo hará en distinta forma, pero, finalmente, todos apuntan a lo mismo, es decir, la imposición de una corriente religiosa (ellos parten de la base que todos son musulmanes). Esto último, a su vez, tiene como grandes representantes a hechos ya conocidos. Por ejemplo, establecimiento de la sharia, sumisión de la mujer, manejo de los programas de televisión y de los manuales de Educación en los colegios, satanización de ciertas conductas y vestimentas, etcétera. Nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, los islamistas moderados deberían ser la base para todos estos grupos y partidos, pero, lamentablemente, la mayoría de ellos apuesta por seguir otros modelos. Entre ellos, el de la Hermandad Musulmana. Y, como se ha visto, aquello sólo asegura problemas y división social.

Por eso, es momento que los islamistas comprendan que lo único que les puede ayudar a seguir en el poder (o llegar a éste en ciertos casos) es asumir que deben gobernar bajo un sistema de alianzas y que, para ellos, tendrán que ceder ante los grupos más liberales de la sociedad. El pragmatismo, entre otros factores, fue lo que les permitió gobernar, pero la ausencia de este concepto en sus gobiernos ha sido, justamente, lo que les provocó la gran crisis.

Resumiendo, la opción pasa por volver a lo pragmático o, cosa poco probable, apostar a un cambio radical de sus bases y entender que la renovación es algo necesario para todos los actores políticos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

La preocupante amenaza del terrorismo en África

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,

La preocupante amenaza del terrorismo en África

Fecha 15/02/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos años, hablar de grupos terroristas significaba mencionar a Al Qaeda, la Jemaah Islamiyah, Hizbullah o ETA, por dar algunos clásicos (y algo manoseados) ejemplos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de febrero, 2013

boko-haramSin embargo, a través de diversos hechos –algunos súbitos y otros absolutamente esperables- fueron apareciendo nuevas agrupaciones cuyo principal modo de acción operaba en base al terror. Aún más, no sólo se produjo este cambio, sino que también se modificó el mapa de los grupos terroristas.

Así como ayer se miraba a los “objetivos occidentales”, hoy eso está alejado de la realidad, pues los atentados, ataques suicidas y toma de rehenes, entre otros, ya son casi cotidianos en lugares normalmente olvidados como Asia Central, Filipinas y África.

En relación a este último, cabe realizar una breve mirada superficial sobre su actual situación, especialmente en el centro-norte del continente.

El Sahel seguramente será uno de los grandes focos, ya que a los problemas generales de dicha zona –hambruna, sequía, narcotráfico, comercio de humanos, terrorismo y rebeldes tuaregs- se sumará, en lo específico la durísima situación que afecta a Malí, en la cual luchan el estado maliense (lo que queda de él) y las fuerzas internacionales (lideradas por Francia) contra Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unidad Yihadista del África Occidental (MUJAO), Ansar Dine, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y otros grupos que, en cosa de días, aparecen.

Mientras AQMI y MUJAO son grupos terroristas, Ansar Dine ha recibido el rótulo de “yihadista”, concepto poco claro, pero que hace referencia al pensamiento radical de sus adeptos. Como demostración de aquello, Ansar Dine es una rama escindida del laico MNLA.

Este conflicto, que tiene una importante variable terrorista involucrada, afecta  a países cercanos como Mauritania, Burkina Faso, Níger, Libia, Argelia, Senegal, Nigeria y Chad.

A su vez, llegará al Magreb –zona que incluye al norte de África, menos Egipto-, una región que ya lidia con sus propios problemas, los cuales derivan del actual proceso de cambios. Los “barbudos” ya hacen de las suyas en Túnez, algo que también debiese suceder en Libia (una vez que llegue la estabilidad). Argelia vive en su mundo interno, pero su política del “status quo” ya no le servirá, pues la rebelión tuareg llegó a sus fronteras, igual como hace años ocurre con grupos terroristas y partidos islamistas. El reciente caso de In Amenas (toma de rehenes por parte de terroristas ligados a AQMI.) dejó en claro que el “fantasma” terrorista sigue vivo en territorio argelino.

En cuanto a Marruecos, tiene más tranquilidad, pero en los últimos meses se han desmantelado una serie de células terroristas ligadas a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y no se debe olvidar que en 2011 se produjo un atentado en Marrakesh. Y Mauritania, bueno, las posibilidades de un nuevo golpe de estado están a la vuelta de la esquina en un país que vive en permanente lucha contra el terrorismo.

Estas dos regiones (Sahel y Magreb) se encuentran ligadas a Nigeria y Somalía. ¿Por qué? Básicamente, pues grupos terroristas que operan en estos países tienen nexos con AQMI, Mujao y Ansar Dine, que realizan lo propio en el Magreb, el Sahel y, según afirman los servicios de inteligencia, en África Occidental.

Mientras Boko Haram ha sido el gran dolor de cabeza de Nigeria, Al Shabaab ha hecho lo mismo, pero en la atribulada y acéfala Somalía. Si bien Al Shabaab ha perdido mucho en el territorio somalí, Boko Haram sigue poderoso en Nigeria.

Lo preocupante es que Boko Haram, Al Shabaab, AQMI y MUJAO tendrían nexos de cooperación entre sí, algo que ha quedado de manifiesto en la actual situación en Malí. Así es que, por ejemplo, se ha informado que miembros de Boko Haram han transitado por Burkina Faso, Senegal e incluso Malí. También se ha dicho que diversos combatientes “yihadistas” fueron entrenados en “zonas perdidas” del Sahel y en parte del territorio nigeriano, donde suele haber campos de entrenamiento.

Mirando el mapa de África, se puede establecer una especie de “rectángulo del terror”, cuyos ejes serían el Magreb (norte), el Sahel (sur), Somalía (este y siempre conectado con Yemen) y Malí (oeste).

De ahí que sea tan relevante lo que está ocurriendo con Al Shabaab, que ha perdido control de Mogadiscio (capital somalí) y Kismayo (importante puerto) y ha cedido parte de los territorio que había logrado dominar. El problema es que la lucha contra Al Shabaab ya ha tenido repercusiones en Kenya, asi que no será fácil de eliminarlo, por más que esté debilitado.

El problema es que Boko Haram, AQMI y MUJAO parecen estar muy activos, bien preparados y con una importante capacidad de ataque y, por supuesto, defensa. En este sentido, la “guerra” contra ellos estará condenada a su fin si no se unen las fuerzas militares de Francia, Mauritania, Argelia y Chad.

Los franceses tienen la tecnología, la disciplina y los recursos económicos, mientras que mauritanos y chadianos son los únicos que saben pelear en la difícil geografía saheliana. Los argelinos son potencia regional (magrebí y saheliana) y llevan años luchando contra el terrorismo.

Y además de eso, sería ideal sumar fuerzas provenientes de Marruecos y Senegal, importantes líderes en el Magreb y el África Occidental, respectivamente.

Pero ojo, que no es llegar y atacar. Etiopía lo hizo en Somalía y aunque, por ahora, significó el repliegue de Al Shabaab, también significó, en su momento, un fortalecimiento de aquel grupo terrorista.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado
Fotografía: Flickr

Comentarios (0)

¿La excepción marroquí?

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

¿La excepción marroquí?

Fecha 27/08/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Desde que el proceso de revoluciones magrebíes y árabes comenzara, a fines de 2011, se ha repetido una frase, respecto a Marruecos,  que tiene mucho de cierto, pero, al mismo tiempo, se trata de un juicio poco profundo y subjetivo.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 27 de agosto, 2012

Mientras en Libia cayó Muammar al Gaddafi, en Túnez ocurrió lo mismo con Zine El Abidine Ben Alí. Ambos tuvieron el mismo final, pero con procesos y contextos muy diferentes.

En paralelo, en Mauritania la situación político-social se hace cada vez más inestable y ya son muchos los que están pidiendo el fin de la era del golpista Mohammed Ould Abdelaziz.

Y, en algo que no sorprende, Argelia sigue estando dominada por los militares y esa maquiavélica y egoísta forma de gobernar que tiene Abdelaziz Bouteflika, que de presidente sólo tiene el nombre, pues no tiene un gran apego a la democracia y, además, el verdadero poder argelino sigue estando en manos de las fuerzas armadas.

Así, en este contexto, algunos han bautizado la realidad marroquí como una “excepción”. Esto último, pues consideran que Marruecos ha vivido un proceso muy diferente (lo cual es cierto) y que esto ha significado que el reino cherifiano esté exento de las grandes turbulencias que azotan al Magreb, al Sahel o a los estados árabes (lo cual no es cierto).

Sí, es cierto que el rey Mohammed VI ha sido un hábil estratega y también es verdadero que el monarca ha logrado generar importantes avances en el desarrollo del país, incluso en el cuestionado ámbito social. La mano de fierro de Hassan II no debe ser olvidada y la llegada al trono de su hijo debe ser entendida como una especie de transición monárquica.

Sin embargo, esto no significa que Marruecos esté fuera del mundo de los cambios y las luchas, especialmente en lo relativo a mejorar la calidad de vida de los cerca de 34 millones de marroquíes que viven en el milenario Reino de Marruecos.

Por eso, es necesario decir algunas cosas. Primero, la represión de las manifestaciones callejeras no ha sido brutal, salvo algunas excepciones, y, aún más, muchas de ellas se han llevado a cabo en forma pacífica, lo cual es un mérito de todas las partes involucradas.

Segundo, las elecciones legislativas fueron transparentes y, en este sentido, se repitió la tendencia observada en el referéndum que permitió modificar la Constitución marroquí.

Tercero, Marruecos ha sabido enfrentar el proceso de cambios que llegó a la región y, a diferencia de sus vecinos magrebíes, fue capaz de mover bien las piezas a lo largo y ancho del tablero de ajedrez. En algunos casos, con un evidente interés social y, en otros, con la intención de generar movimientos políticos que permitan cambiar ciertas cosas, pero sin entrar en profundidades.

Cuarto, y relacionado con lo anterior, el rey Mohammed VI ha perdido poderes tras las modificaciones realizadas en la nueva Constitución –destacando un primer ministro con más prerrogativa que antes-, pero, a pesar de eso, sigue siendo la última voz en las materias más importantes.

Quinto, el Movimiento 20 de Febrero fue incapaz de responder a las expectativas y eso es algo lógico. Claro, pues se trata de un grupo sin sólidas bases, ni potentes argumentos. En pocas palabras, son jóvenes que tienen un bonito discurso y que luchan por algo justo, como es una mejor calidad de vida,  pero que no están preparados para asumir un liderazgo. No tienen experiencia, no están bien organizados y su postura de “buscar cambios políticos sin tener ideología” ha sido un completo error. Tal cual lo fue, por ejemplo, el boicot al referéndum constitucional, tras el cual el gran beneficiado fue Mohammed VI.

Los “diplomados cesantes” y los ex combatientes del Tindouf tampoco han podido establecer grandes cambios, aunque en el caso de los primeros consiguieron ciertos resultados. Así es que algunos de ellos fueron reposicionados en ciertos trabajos públicos.

Sexto, el Sahara Occidental no es un problema al interior de Marruecos. Por más que sea un tema tabú, una gran parte de la población considera que este territorio es parte del Reino de Marruecos y no una república independiente. Que Argelia –en su política de generar inestabilidad regional y, particularmente, en sus vecinos magrebíes- y que el Polisario –una organización poco y nada democrática, en la cual hay elementos que generan inseguridad para el Magreb y el Sahel- intervengan en un conflicto en el cual no tienen voz, ni voto, es otro asunto.

El pueblo saharaui no existe y no es más que un discurso mediático cuyo fin es construir una realidad deforme. Lo que ocurra en el Sahara Occidental es un asunto entre el gobierno marroquí, su gente y los nómades que solían deambular por aquella zona.  ¿Hubiese sido bueno realizar un referéndum hace 20 años atrás? Sí, pero ya no se hizo y, hoy, el contexto sugiere mantener el proyecto de autonomía avanzada.

Séptimo, que va ligado con lo anterior, esta iniciativa puede ser un dolor de cabeza para Marruecos, pues en el Rif siempre ha habido un sentimiento nacionalista rifeño. No quiere decir que dicha zona sea separatista, pero sí se sienten “especiales”. Una autonomía avanzada para el Sahara Occidental podría generar que en el Rif se pidiera lo mismo. Y esto último quizás sería bueno para el equilibrio del Reino de Marruecos. No se trata de desmembrar al país, sino que de darle una organización acorde a las circunstancias.

Octavo, Marruecos es un país que entrega muchas libertades a su población, pero no es la panacea. Aún hay temas pendientes en, por ejemplo, la libertad de prensa, la libre expresión sobre ciertos temas y la libertad de credo.

Noveno, los bereberes (imazighen, como les gusta denominarse en su propia lengua, que es el tamazight) sí tienen un status mucho más avanzado que en Argelia, Túnez y Libia. Básicamente, pues el bereber ha sido incluido, a la par del árabe, como lengua oficial del país. Esta es una medida inédita en el Magreb, aunque aún falta ver cómo implementarán el estudio del tamazight en las escuelas y en los colegios marroquíes. Esta nueva posición de los bereberes será real si lo escrito en el papel se lleva a cabo en la práctica.

Décimo, la situación de la mujer ha mejorado bastante en Marruecos. Suelen vestir con libertad, tienen acceso al trabajo y con el establecimiento de la Mudawana ganaron muchos derechos y quedaron en un mejor nivel. Sin embargo, las mujeres aún no logran la anhelada igualdad frente al hombre. El caso de Amina (la adolescente que se suicidó tras ser obligada a casarse con su violador, el cual podía evitar la cárcel si los padres de la menor aceptaban que ella y él se casaran) ha remecido a ciertos grupos de la sociedad marroquí y ha dejado en evidencia que aún hay cosas por mejorar.

Por último, el desarrollo económico del país es evidente, pero el problema, al igual que en la mayoría de los estados emergentes, sigue siendo una justa redistribución de la riqueza. En Marruecos la gente no muere de hambre y con muy poco (un euro o menos incluso) puede comer y sobrevivir. Sin embargo, los estudios y la salud (de calidad) son caros e inabordables para la mayoría.

Además, es importante que la lucha contra la corrupción sea total, ya que esta última está muy presente en ciertos ámbitos y, por lo mismo, es un obstáculo para una buena distribución de las riquezas nacionales.

Resumiendo, el Reino de Marruecos goza de estabilidad político-social a nivel interno y está lejos de llegar a una fractura nacional, tal cual ha ocurrido en los demás países magrebíes. También, se han generado nuevas políticas, en los últimos años, que han permitido avanzar en aspectos macroeconómicos, sociales y, en menor medida, políticos.

Sin embargo, muchos de los “males” existentes en Argelia, Libia, Túnez y Mauritania están presentes en Marruecos. En un menor nivel, sí, pero ahí están y eso no puede ser olvidado. Por eso, más que hablar de una “excepción marroquí”, sería aconsejable referirse al “caso marroquí”.

Así, quedaría en claro que el Reino de Marruecos está en una posición avanzada y privilegiada respecto de sus vecinos regionales, pero que eso, en ningún caso, significa que la prosperidad sea patrimonio de cada uno de los cerca de 34 millones de marroquíes.

Es así que la gran apuesta de Marruecos es seguir progresando, pues tiene todo para convertirse en un modelo regional y continental.  Y, con eso, ser una voz respetada en foros internacionales.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy

 

Comentarios (1)

abdelhadi-boucetta

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

Entrevista a Abdelhadi Boucetta, embajador de Marruecos en Chile

Fecha 17/03/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

“Una nueva cumbre de la Unión del Magreb Árabe debería ser una iniciativa demasiado importante, ya que el bloque está prácticamente paralizado desde hace unos 15 años”

Erick Belair / Yofui.com

Erick Belair / Yofui.com

Como en anteriores ocasiones, el recibimiento es fraternal, cálido y amable.  Da la impresión de estar en un lugar conocido, afable y acogedor.  Es aquí donde Abdelhadi Boucetta abre las puertas de la Embajada de Marruecos en Chile, dando inicio a un interesante diálogo con el embajador marroquí.  Diversos tópicos y diferentes miradas.  La visión del Marruecos de hoy.  Su política interna y sus relaciones con el mundo.  Los procesos de integración.  Y, por supuesto, el Sahara.  De todo se habló en esta grata conversación.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de marzo, 2008
Entrevista realizada en la Embajada de Marruecos
Santiago, Chile

Qusiera comenzar con un hecho actual.  Hace un tiempo los presidentes de Túnez y Mauritania se reunieron y hablaron sobre la posibilidad de realizar una nueva Cumbre de la Unión del Magreb Árabe.  ¿Qué piensa de esto?

Debería ser una iniciativa muy importante, porque la Unión del Magreb Árabe está prácticamente paralizada desde hace 14-15 años, asi que para los países y pueblos del Magreb Árabe una integración regional a través de una unión puede ser un punto muy positivo para el desarrollo de esta zona.  Además, para la Unión Europea, la Unión del Magreb Árabe podría ser un bloque muy importante, ya que aquí viven cerca de 100 millones de personas.  Hemos intentado acercarnos a Argelia, con quien tenemos las fronteras cerradas después de mucho tiempo, pero no ha habido una respuesta positiva por parte de nuestros hermanos argelinos y pienso que este tipo de cosas impide tener una verdadera Unión del Magreb Árabe.  Esta falta de comunicación, pero particularmente entre Argelia y Marruecos, es una piedra de tope.

Al analizar un poco la historia del Magreb, uno puede ver que hay países, como Marruecos y Túnez, que han tomado un camino muy diferente al de Libia y Argelia.  Estos últimos se han centrado mucho más en el contexto árabe y africano, mientras Marruecos y Túnez se han abierto al mundo.  Entonces, las relaciones magrebíes son muy inestables y cabe preguntarse de quién es la responsabilidad de esta situación.  ¿Es algo que incumbe a todos o sólo a los que se encierran en su marco regional?

Escúcheme, no puedo hablar de otros países, sólo puedo referirme a Marruecos.  Nuestra política siempre ha sido de apertura.  Marruecos es un país que trabaja mucho sobre las libertades públicas, libertad económica, liberación de la mujer, acceso a la salud y de un mejor vivir para la población.  Luchamos de manera firme contra la precariedad y hay una serie de asuntos que en estos momentos se analizan en el país.  Por ejemplo, los derechos humanos, que tiene un reflejo en el proceso de reconciliación que se está gestando, después de todo lo que ocurrió en los años duros de Marruecos.  Se trata de una comisión similar a la Comisión Valech de Chile y ha hecho avances extraordinarios, reconocidos por todas las instituciones y ONGs internacionales que trabajar en esta materia.  La situación de la familia y particularmente el rol de la mujer en la sociedad ha tenido un vuelvo muy grande tras la entrada en vigor de la Mudawana, una ley que ha sido considerada como revolucionaria y, específicamente, tratándose de un país árabe y musulmán.  La mujer tiene, prácticamente, los mismos derechos que el hombre.  Hemos avanzado mucho en temas como los niños, el divorcio, el matrimonio, el acceso a trabajo, etc.  Entonces, nosotros estamos en pleno movimiento y con una dinámica de modernización y apertura hacia el mundo.  La política exterior marroquí es, igualmente, una política de apertura hacia todo lo que ocurre en el mundo.  Y nosotros continuaremos ofreciendo todo lo que podamos en pos de asegurar la estabilidad, la seguridad y la paz en el mundo.

Hoy, debido a su apertura al mundo, a los cambios sociales y a las buenas relaciones con otras regiones y países, Marruecos podría ser considerado como un modelo para los países magrebíes.  Entonces, ¿cree que Marruecos pueda ser el camino a seguir en el Magreb?

Nosotros trabajamos en Marruecos, pero de ahí a ser considerado como modelo, bueno, eso no es nuestra decisión.  Son aquellos que desean vivir esa experiencia los que deben decidir si somos o no un modelo, porque cada país tiene sus particularidades y, entonces, cada uno decide seguir un modelo que sea el mejor para preservar sus intereses y la estabilidad.  Nosotros tenemos nuestras particularidades y utilizamos los medios necesarios para mantener la estabilidad que conoce Marruecos después de mucho tiempo.  Todo el trabajo que hacemos y los caminos que hemos abierto son para una mejor condición  para la población.  Ese es el objetivo esencial de nuestra política.

¿Cuál es la importancia de Marruecos en el Magreb?

Todos los países magrebíes son importantes, aunque claramente el motor lo constituyen Argelia y Marruecos, así como Alemania y Francia lo han hecho en la Unión Europea.  Entonces, es importante que existan relaciones sólidas e intercambios entre los estados magrebíes.  Si no tenemos eso, será muy difícil lograr una verdadera unión.

Tengo entendido que existe un proyecto de una Universidad del diálogo en el Magreb…

Escuche, hay una idea que está en vías de circular y es la creación de una universidad interreligiosa.  El movimiento fue iniciado por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, por el mandatario turco Abdullah Gül y con el apoyo de la ONU, dentro del contexto de la Alianza de Civilizaciones.  Existe un grupo de alto nivel constituido por importantes personalidades políticas del mundo, dentro de los cuales se cuenta un consejero judío de su majestad el rey Mohammed VI, algo inédito en un país musulmán.  Todo aquello que tenga una naturaleza de acercamiento de civilizaciones, culturas y religiones es bienvenido, especialmente en este mundo de hoy, tan lleno de turbulencias.  Existe una tendencia a encerrerarse dentro de las fronteras, de no abrir las puertas a los otros y de rechazar a los demás.  Por eso, hay que luchar por el proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, que es defendido por la comunidad internacional y la ONU.  En eso estamos ahora.

A grandes rasgos, ¿cómo ve la situación del mundo árabe?

Nosotros tenemos una posición importante dentro del mundo árabe y de la Liga Árabe.  Sin embargo, adentro del mundo árabe hay problemas y dificultades.  Existen muchos conflictos como los que ocurren en el Sahara, Iraq, Líbano, la cuestión palestino-israelí y árabe israelí, Chad, Libia y Somalía.  Entonces, es importante tener una unión y un espacio para ésta.  Por ejemplo, el Consejo de la Cooperación del Golfo y la Unión del Magreb Árabe.  Es una contribución a la estabilidad del mundo árabe.  La Unión por el Mediterráneo podría ser importante también.  Es importante tener estabilidad.

Una parte de la política mundial sigue pensando en un mundo occidental europeo-cristiano y otro oriental.  Entonces, ven muy difícil una comprensión entre Europa y los países árabes y musulmanes.  Vemos el Proceso de Barcelona, la Unión por el Mediterráneo y la Unión del Magreb Árabe, ¿se podría decir que estos son ejemplos que demuestran la capacidad de diálogo entre árabes, musulmanes y europeos?

Claro que se puede vivir juntos.  Cada uno con sus particularidades e identidad.  La preservación de la identidad es algo esencial para el diálogo.  Es importante que cada uno defienda su identidad y que esté dispuesto a dialogar con el otro.  La política marroquí siempre ha sido, y lo vuelvo a repetir, una política de apertura, diálogo y alianzas.  El choque de civilizaciones, del cual tanto hablan, no lo considero como tal.  Es un choque de ignorancias, porque esas personas ni siquiera se conocen entre ellos.  Cuando haya diálogo, comunicación y conocimiento del otro, entonces ya no habrá choque.  Ocurriá una osmósis y eso es importante.  Toda la política de Marruecos , desde siempre, ha incluido el conflicto de Medio Oriente, por ejemplo, y siempre con ideas de acercamiento y apertura.  Nosotros luchamos para que haya paz definitiva entre dos estados de la región de Medio Oriente.  Palestina e Israel.  Ese es el factor esencial para la paz en esta parte del mundo.

Hoy, el terrorismo está muy presente, especialmente, en Argelia.  Tomando en cuenta esto, ¿puede existir una política regional, no sólo entre los magrebíes, sino que también con los estados mediterráneos, para luchar contra el terrorismo?

Claro que es posible.  Sólo falta la voluntad política para hacerlo, ya que la lucha contra el terrorismo se ha convertido en un fenómeno global y, por lomismo, no puede ser sino que global.  Una lucha a lo largo del mundo es lo lógico, ya que el terrorismo se nutre, igualmente, de los problemas y defectos.  A nivel mundial, regional, local, internacional.  En forma frecuente, se mueven en la brecha del descontento y la desunión.  El terrorismo es un fenómeno que se alimenta de los problemas existentes en el planeta.  Es por que que es bueno acercarse para resolver este problema.  Es un fenómeno complicado y tomaría mucho tiempo comenzar a unirse para luchar contra el terrorismo.

Marruecos tienes buenas relaciones con países tan diversos como Malí, Mauritania, Senegal, Estados Unidos, España y Bélgica, por dar algunos ejemplos.  Entonces, quisiera saber qué opina respecto a la posición de Marruecos dentro del contexto mediterráneo, africano, mabgrebí, árabe y, en general.

Marruecos es un país árabe y africano, que tiene como prioridad la consolidación de la Unbión del Magreb Árabe.  Evidentemente, tenemos informes abiertos acerca del mundo diverso que nos rodea.  Nuestras relaciones con los países árabes son ejemplares, con los africanos es muy profunda.  Todos los proyectos que se han hecho, decididos por su majestad el rey Mohammed VI, han estado en el nivel de los países menos desarrollados de África.  Nuestra política con los africanos es muy digna, porque hemos, por ejemplo, suprimido la deuda externa de los países menos avanzados del continente.  Es algo que muy pocos han hecho en todo el mundo.  Nuestra apertura en el Mediterráneo es histórica y antigua.  Por siempre, Marruecos ha sido un pueblo atlántico y mediterráneo.  Nuestra apertura al Mediterráneo es muy importante.  Hemos apoyado la propuesta del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de la Unión por el Mediterráneo, declarada en marzo, en Tánger, en la visita de Sarkozy en Marruecos.  Esta Unión por el Mediterráneo ha sido aceptada por todos los miembros de la Unión Europea y empezó a tomar forma.  El Proceso de Barcelona también ha sido muy importante.  Siempre hemos sido un elemento activo de este proyecto, porque reafirma y consolida las relaciones entre el norte y el sur del Mediterráneo, entendiendo a ambas regiones como complementarias.  Eso tiene que vivirse en la comunión.

¿Cómo calificaría las relaciones entre España y Marruecos?

Bueno, España y Marruecos, como lo hemos dicho siempre, están condenados a entenderse, debido a la geografía.  Esta última determina muchas cosas y, frecuentemente, determina la historia.  Somos países vecinos y hay fricciones, como es entendible.  Son diferencias que relevan el peso de la historia, pero en estos momentos tenemos una dinámica muy positiva con España.  Existe, evidentemente, un problema con la inmigración, pero aquello no sólo compete a Marruecos y España, sino que es una temática global.  Prontamente tendremos una población de 200 millones de personas que seguirán emigrando hacia el norte.  Estos inmigrantes vendrán de países del sur y, específicamente, desde África.  Y, justamente, el paso de entrada más importante es Marruecos, en África, y España, en Europa.  Entonces, tiene que haber una unión a nivel internacional, para ayudar a estos países a controlar la inmigración ilegal.  Nosotros estamos por el desarrollo de los países del sur, hemos suprimido la deuda externa, para así mantener la población de esos países en su lugar natural de vida.  Pero, aparece de ese problema de inmigración, que es global, también hay otros asuntos con España.  Está el tema de la pesca, algunos problemas con marroquíes que viven en territorio español y otros puntos importantes.  Sin embargo, siempre hay una solución y el medio es el diálogo.  Podemos hablar de todo, podemos encontrar solución a todo.  Sólo es necesario dialogar, comunicarse y estar preparados para encontrar soluciones mediante las conversaciones.  Cada cual tendrá que hacer concesiones, porque no todos pueden ganar, y es importante discutir de igual a igual.  Las soluciones, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre han sido encontradas después de las guerras.  Entonces, es importante darse cuenta que no es necesario pasar de nuevo por estos hechos  y que lo relevante es discutir desde el comienzo y así evitar la guerra.  Tenemos el ejemplo de Europa, con países que lucharon entre sí y que tuvieron terribles conflictos armados.  Sin embargo, ellos se sentaron para hablar y hoy vemos a una Europa modelo de integración y unión, sin fronteras y con plena apertura, a pesar de todo lo acontecido en el pasado.

¿Cómo calificaría las relaciones entre Marruecos y Chile?

Tenemos una muy buena relación con Chile y, particularmente, después de la visita del rey de Marruecos en 2004, que fue la primera vez en la historia que un jefe de estado árabe visitaba Chile.  Es algo muy importante, porque la primera visita de un rey marroquí es, al mismo tiempo, la primera de un gobernante árabe.  En esa ocasión se firmaron acuerdos de cooperación en agricultura, pesca y cultura.  Tenemos un acuerdo sobre el diálogo político entre ambos países y, también, exista una dinámica de inversiones.  Actualmente, inversores chilenos están interesados en invertir en el sector pesquero y agrícola marroquí.  Tenemos una comisión mixta, entonces existe una dinámica realmente interesante, basada en el diálogo y la cooperación.  Es una buena señal.

China es el cuarto socio comercial de Marruecos y posee, además, una gran presencia en África.  Por lo mismo, algunas personas piensan que esto es muy bueno, aunque otras afirman que hay que ser más cuidadoso con la presencia china en África.  ¿Qué piensa usted respecto a esta situación?, ¿existe realmente un riesgo o sólo son ideas en el aire?

No se puede olvidar que China es un mercado enorme y una economía en pleno crecimiento.  La economía china debe frenar un poco el ritmo de crecimiento, para así no desestabilizar la situación económica mundial.  El mercado chino es demandante de todo y la presencia china en África es importante, porque África es un continente en el cual están las reservas más grandes de materias primas en el mundo, algo que es demasiado relevante para el desarrollo de China y otros países.  No creo que exista un peligro, porque lo que está ocurriendo es una reformulación de todo el equilibrio mundial.  No se trata solamente de la presencia china y obviamente China no será el único factor que va a cambiar las cosas en el mundo.  Es cierto que China ha aumentado su presencia en África y, también, en otras partes.  Uno puede verla en América Latina, en Asia y en Europa.  China está por todas partes, algo que es normal.  Es un fenómeno que comienza a desarrollarse y por eso la integración es importante, ya que un país de 100.000 habitantes no puede negociar con la China, porque ese mercado no será importante para la economía china.  Sin embargo, un grupo regional puede entregar y recibir algo de China.

Hablaba de China, porque hay países que critican el actuar chino en el caso de Darfur.  En Sudán, China está muy presente económicamente, pero dejan aparte el contexto político y no se involucran mucho en la crisis sudanesa.  Entonces, algunos exigen que China también tenga un rol activo en el proceso de paz.  ¿Qué opina de esto?

Es muy sabido que la política exterior de China se basa en la no injerencia en políticas internas de los países y de siempre tomar una postura equilibrada.  Es algo muy sabio, pero también de interés, porque China no quiere verse involucrada en conflictos.  Lo que quiere China es mantener buenas relaciones con todos y por eso creo que su accionar en temas como Kosovo y Darfur va a ser muy moderado.  China no puede darse el lujo de enfriar o perder relaciones potenciales con otros estados, sea quien sea.

Si analizamos el devenir del gobierno marroquí y las informaciones publicadas en diversos medios, podríamos decir que existe una apertura cultural en Marruecos, pero también hacia el exterior.  ¿Piensa que eso puede ayudar a que los marroquíes tomen conciencia de sus valores culturales y, también, para que otros estados se acerquen a la cultura marroquí?

La cultura marroquí es muy conocida en el mundo y tenemos muchas cosas para mostrar, compartir y defender.  La cultura marroquí está enraizada en la historia.  La cultura es el punto principal de unión con los otros y, particularmente, con los países que geográficamente están ubicados lejos de Marruecos.  Por ejemplo, el objetivo de las jornadas culturales marroquíes que hemos organizado el año pasado en Chile fue, justamente, un hecho que posibilitó mostrar la cultura marroquí y eso es importante, porque la gente no conoce bien el lenguaje de otras naciones.  Las personas siempre aprenden las palabras vulgares.  En la cultura de los otros, uno aprende lo malo, pero siempre hay muchas cosas muy buenas e interesantes que no se conocen bien.  Entonces, lo más conocido son asuntos negativos.  La gente aprende los insultos, pero no, por ejemplo, la filosofía del lenguaje.  Por eso es importante acercar la cultura y el lenguaje a los otros, para que haya un mayor y mejor conocimiento.  Las relaciones culturales determinan, frecuentemente, todas las relaciones políticas, comeciales y sociales establecidas entre los países.  Se trata del conocimiento de pueblo a pueblo, de la cultura y no de un país a otro.  Son las costumbres, los hábitos, las tradiciones y los pueblos.

En Marruecos, el turismo, la agricultura y la pesca siguen siendo las principales fuentes económicas.  Entonces, quisiera saber si cree que algunos aspectos de la economía marroquí aún están subdesarrollados o que al menos necesiten un mayo trabajo específico.

La economía del país tiene aspectos muy importantes.  Tenemos sectores productivos como la agricultura, la pesca, el turismo y la minería.  Existe un Código de Inversiones que es muy liberal y ventajoso para los inversores extranjeros y nacionales.  Hay una tendencia  muy positiva por parte de los inversores extranjeros que se establecen en Marruecos.  Eso es un signo importante de estabilidad, de la existencia de un entorno de negocios importante y que es provechoso para los proyectos.  Claro que todavía hay cosas por mejorar, tenemos un tejido económico cada vez mejor en calidad, que atrae a muchos inversores de otros países hacia Marruecos.  Por ejemplo, hay chilenos que están interesados en realizar inversiones en el sector agrícola y pesquero.  También, están los estadounidenses, chinos coreanos y europeos.  Tenemos cerca de mil empresas españolas que se han instalado en Marrucos y unas 800 compañías francesas.  Renault, por ejemplo, va a instalar la usina de fabricación más grande en el norte de Marruecos, cerca de Tánger.  Entonces, hay un movimiento que es interesante.  Estamos en camino a contstruir uno de los más grandes puertos del Mediterráneo, el Tánger-Med, cerca del Estrecho de Gibraltar, que es muy importante en la ruta comercial y, hay que mencionarlo, es una de las más relevantes de todas las vías de comercio en el mundo.  Canal de Suez, Tánger-Med, Panamá.  Esa es la ruta ideal para el mercado asiático, americanos, europeo y africano.  Estamos en la zona de cruce de cinco continentes y es una posición estratégica.  En consecuencia, la cooperación con España es esencial, lo mismo que la estabilidad del sur del Mediterráneo.

Quisiera hablar un poco sobre la sociedad marroquí.  Marruecos es un país musulmán, pero con minorías cristianas y judías.  Lo positivo es que existe una tolerancia religiosa y, por ejemplo, la Unión Europea ha reconocido los evidentes progresos y el buen andar de Marruecos.    La gente tiene, en general, libertad para vivir y elegir y la Mudawana es una demostración.  Sin embargo, quisiera saber si cree que aún hay aspectos por mejorar.

La sociedad marroquí ha sido siempre muy tolerante y pluralista.  En Marruecos se pueden ver los distintos tipos físicos que existen en el mundo.  Desde la raza negra subsahariana hasta el prototipo escandinavo.  Por ejemplo, en las montañas del Rif viven mujeres y hombres que son muy parecidos a los habitantes de Suecia, Finlandia y Noruega.  En Marruecos están todos los tipos.  Escandinavo, negro, árabe, bereber, latino, etc.  Entonces, por definición, la sociedad marroquí es pluralista, multiétnica, multicultural y siempre mantienendo el diálogo entre las etnias, tribus y razas diferentes.  De por sí es una mezcla que ha existido a lo largo de toda la historia.  Podemos ver rutas de inmigración humana, de las más importantes, que pasan por Marruecos.  África, Medio Oriente, Europa y el acceso al Atlántico.  Es por esto que el territorio marroquí se ha convertido en un espacio de cruces, en el cual se conocen personas de diversas culturas, razas y religiones.  Siempre se ha hablado de Marruecos como un país de tolerancia y convivencia.  Por ejemplo, durante la presencia árabe en Andalucía, aquella región era considera como el modelo de convivencia y tolerancia en todo el mundo.  Judíos, cristianos y musulmanes vivían en una sociedad absolutamente abierta y respetuosa.  Además, hubo grandes desarrollos en las ciencias, la filosofía, la astronomía, en asuntos de sociedad y en códigos civiles, por ejemplo.  Hoy, todavía podemos ver nuevas Andalucías en este mundo y Marruecos es, justamente, una de esas nuevas Andalucías.

Marruecos es un país democrático, estable, en el cual los militares no tienen una gran influencia y, finalmente, donde sólo el terrorismo es una amenza.  Desde ese punto de vista, ¿cree que Marruecos es un ejemplo que desmitifica a los países árabes y africanos como centros neurálgicos de conflictos y problemas?

Como le decía, son los otros quienes deben decir “decido seguir a Marruecos como ejemplo”.  Nosotros trabajamos para dar, digamos, algo mejor a nuestro pueblo, que es lo más importante.  Buscamos facilitar las condiciones de vida y que haya un verdadero estado de derecho en todo el territorio del país.  Muchas organizaciones han reconocido nuestros esfuerzos orientados hacia ciertas áreas.  Y esto es una realidad extraordinaria para un país aún en vías de desarrollo.  Es la apuesta que hemos hecho, adoptada por su majestad el rey Mohammed VI, para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Quisiera hablar de uno de los temas más complicados, es decir, el Sahara.  En marzo pasado se realizó la cuarta ronda de negociaciones y las posturas siguen siendo muy claras por lado y lado.  ¿Cómo vislumbra este asunto?

La historia del Sahara es muy simple y no es necesario complicarse.  Para nosotros, se trata de un grupo de separatistas marroquíes, apoyados por Argelia y que desean crear un nuevo estado en la región, para así facilitar el acceso de Argelia al Océano Altántico y encerrar a Marruecos dentro de una presencia hegemónica argelina.  Para nosotros se trata de un asunto de integración y soberanía nacional y nunca abandonaremos esto, porque un país no negocia su soberanía, ni tampoco su integridad territorial.  Es cosa de revisar la historia.  Y cuando el Frente Polisario y los argelinos hablan de la decolonización, ¿de qué hablan?, ¿qué fue colonizado?, ¿acaso un estado que se llamaba Sahara?.  Eso no existe, no había ningún país llamado Sahara al momento de la colonización europeo.  Lo colonizado era un territorio marroquí y la decolonización significa devolver los terrenos conquistados a la patria original.  Ese es el objetivo del acuerdo que firmamos con España, en Madrd.  Los saharawis son tribus que se mueven a lo largo y ancho del Sahara.  Están en Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí y Chad.  Están en toda la continuidad de la zona sahariana.

Marruecos habla de una autonomía.  ¿Cree que ese sea el camino?

Ya hemos entregado un proyecto de autonomía y estamos muy abiertos a la negociación, pero no podemos ir más lejos, ya que no podemos negociar nuestra soberanía e integridad nacional.  La autonomía es una solución.  Queremos hablar con los separatistas y no sé si algún otro país ha hecho eso, pero nosotros sí.  Estamos abiertos a todas las soluciones y negociaciones, pero nuestra soberanía e integridad no se negocia.  También, debemos decir que el problema del Sahara es entre Marruecos y Argelia y no entre el Frente Polisario y Marruecos, porque el Frente Polisario es Argelia.

Entonces, ¿el conflicto del Sahara sería un obstáculo para una verdadera Unión del Magreb Árabe?

Sí.  De momento que se firmó la creación de la Unión del Magreb Árabe, en Marrakesh, en 1989, todos los jefes de estado se comprometieron a respetar la soberanía e integridad territorial de los países firmantes.  Todo eso quedó muy claro, entonces empezar un proceso de creación de un nuevo estado adentro de esta unión es aberrante.  Personalmente, no veo que la Organización de Estados Americanos, por ejemplo, vaya a crear un nuevo país en América.  Tampoco veo que las organizaciones internacionales apoyen la creación de las FARC como un estado.  En Asia tampoco se puede pedir el nacimiento de un nuevo país.  Entonces, la situación del Sahara podría crear precedentes peligrosos para el mundo.

¿Se puede encontrar una solución al problema del Sahara?

En política todo es posible.  La solución depende de Marruecos y Argelia.  Cuando nuestros vecinos deseen encontrar la solución al conflicto del Sahara, entonces habrá solución.  Ahora, si Argelia continúa apoyando la creación de un nuevo estado en el Magreb, ella misma tendrá problemas en su territorio.  Ellos tienen el asunto de la Kabilia y los tuaregs, que luchan por su independencia.  De hecho, existe una guerra contra los tuaregs de Malí y Argelia.  Eso puede entregar una inestabilidad a toda la región del Sahara.  La solución al problema del Sahara contribuirá a darle estabilidad a la zona y a lucha de mejor forma contra el terrorismo.  Ahora, si desean crear un estado saharawi, entonces eso debiera incluir a todo el Sahara.  Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, Chad, Sudán, Libia y Egipto.  El Sahara es eso y no solamente el Sahara marroquí.  Entonces por qué tiene que ser Marruecos quien entregue una parte de su territorio.  Por qué no lo hace otro país.

Quisiera saber si usted cree que lo acontecido en Kosovo podría ser un precedente para el conflicto del Sahara.  Le pregunto esto, porque el Polisario ha dicho que esto sería así…

Es algo que no tiene relación.  El problema es, por ejemplo, que Argelia apoya la autodeterminación del Sahara, pero se declara en contra de la independencia de Kosovo.  Entonces, qué quiere decir esto.  Es una contradicción y lo que les interesa es preservar las relaciones con Rusia.  Son intereses y no principios.  Hablando de Kosovo, es algo absolutamente diferente, porque es toda la región de los Balcanes la que ha sufrido con las masacres y se trata de un país dividido y con muchas diferencias étnicas.  Los kosovares y los serbios, por ejemplo, son dos religiones, dos etnias y dos culturas.  Sin embargo, en el Magreb y el Sahara, es una sececión de un grupo minoritario muy pequeño de Marruecos, pero que habla la misma lengua y que tiene la misma cultura y religión de los marroquíes.  Lo que quiero decir es que el asunto de Kosovo es una excepción y no la regla.   Es un problema muy especial, muy sui generis y que no se va a repetir.  No podemos seguir ofreciendo independencias a todos grupo humano que tenga una cultura, un idioma y hábitos diferentes, porque así llegaríamos a tener una infinidad de países en el mundo.  La integración es la opción.

Kosovo, Osetia del Sur, el Sahara, etc., ¿estos movimientos sólo existirían para hacer ruido, ya que carecerían de una base lógica?

Nada de lógica. Nada.  Todo lo que ha pasado en el espacio soviético, igualmente, es un problema.   Es la desintegración de un país y eso es un enorme problema para el mundo.  Sin embargo, no podemos empezar a revisar todos los tratados antiguos y no podemos permitir eso, porque si empezamos, entonces nunca terminaremos.  Tenemos que encontrar soluciones integrales y hay que modificar el nuevo concepto de soberanía.  No estamos en el siglo 19, eso es tiempo pasado.  Con Internet y la tecnología no podemos quedarnos encerrados en las fronteras.

Entonces, ¿cree que la integración no sólo es el futuro en África y el Magreb, sino que en todo el mundo?

Escuche. Escuche, la futura lucha del mundo va a ser por la sobrevivencia, por la salud, por la distribución del agua y para compartir.  La lucha no será por conquistas de territorios o por la creación de nuevos estados.  Existen peligros mucho más importantes para la humanidad…

En ese contexto, ¿la integración sería la mejor solución?

Es la solución.  La integración con autonomías al interior de los países, esa es la opción.  Existen, por ejemplo, las autonomías españolas que en realidad son verdaderos países al interior de uno, pero eso se realiza porque existen particularidades muy especiales.  En todos los estados hay diferentes costumbres, culturas, personas, etc., pero todos viven en el mismo país.  En Chile, la gente es difererente, pero no vemos una división entre los del norte y los del sur.  Acá todos son chilenos.  También puede ver lo mismo en el caso de Alsacia y el País Vasco.

Para terminar, ¿cómo ve a Marruecos en el futuro?

Tenemos que trabajar en el presente para asegurar el futuro.  Veo a Marruecos en el contexto de la globalización y esto es muy importante.  Por eso, hay que reducir la brecha digital existente entre el norte y el sur.  Tenemos que realizar más inversiones en tecnología y educación.  Debemos trabajar unidos en temas como la salud, prevención de riesgos, etc.  Por ejemplo, los virus no atacan países, sino que regiones.  Tenemos que luchar contra las amenazas externas y no contra estados.  Los fenómenos climáticos, la salud, las diferencias económicas y la contaminación.  Esa es nuestra lucha.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

[…] Seguir leyendo

Encuestas

La integración político-social africana es:

View Results

Cargando ... Cargando ...

Podcast