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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

Fecha 10/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile dio a conocer la noticia del cierre de las misiones diplomáticas chilenas en Dinamarca, Grecia, Rumania, Siria y Argelia. Fue una noticia que generó sorpresa, pues no hubo mayores explicaciones por parte de la cancillería de Chile. De hecho, la información se difundió a través de un medio nacional. Más allá de esto, ¿qué se puede analizar de la decisión de cerrar la Embajada de Chile en Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de junio de 2020

Antes de vislumbrar las proyecciones del asunto, es necesario recordar que África tiene una mínima importancia para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Minrel) y esto ha sido la tendencia histórica en la diplomacia chilena. Actualmente, el estado chileno tiene apenas siete representaciones en territorio africano, que son las embajadas en Argelia, Egipto, Marruecos (norte de África), Ghana (África Occidental), Kenya, Etiopía (Cuerno de África) y Sudáfrica (África Austral). Si proporcionalmente ya parece insuficiente (solo hay misiones diplomáticas en siete de los 54 estados africanos), se debe agregar que la Embajada de Chile en Etiopía en realidad se cuelga de la presencia chilena en la ONU y responde, más bien, a la necesidad de tener presencia en un organismo internacional. La situación en Kenya es bastante similar, mientras que en Ghana y Marruecos se comparte la sede diplomática con Colombia. En resumen, es evidente que la política exterior chilena no le da mucha importancia, ni recursos, a su proyección en África.

Ahora, dentro de este contexto, es importante revisar, brevemente, cómo ha sido el historial diplomático de Chile con el Magreb. Al respecto, el puntapié inicial fue en 1961, cuando Chile estableció relaciones diplomáticas con Marruecos y Túnez, situación que repitió con Argelia, en 1962, al reconocerlo como un estado independiente. En 1963, Chile nombraría embajadores en Argelia y Túnez, mientras que en Marruecos optó por tener un encargado de Negocios. A su vez, en 1964, Argelia nombraría a su primer embajador en Chile. Cabe mencionar que el estado chileno inició sus nexos diplomáticos con Mauritania en 1965, en tanto que con Libia lo hizo en 1971. Como se puede ver, Chile tuvo un cierto interés en generar vínculos con estos nacientes países, pero no pasó de ser un gesto inicial.

En el caso de Marruecos, la primera embajada chilena residente se estableció en 1977, pero poco tiempo después sería cerrada y recién en 1998 volvería a abrir. Argelia y Chile vivieron una “luna de miel” entre 1970 y 1973, pero los nexos entre ambos estados se cortarían tras el golpe de estado militar ocurrido en Chile. En cuanto a Túnez, dicho país pareció tener mayor relevancia estratégica para Chile, especialmente en la década de 1960, pero poco a poco perdió peso. Con el regreso de la democracia a Chile, en 1990, las cosas cambiarían. Así fue que Argelia y Chile retomarían sus nexos, Marruecos y Chile los estrecharían y, por contrapartida, Chile anunciaría, en 2000, el cierre de su misión diplomática en Túnez. Quedaba claro, entonces, que la política chilena apostaría por los dos grandes del Magreb, es decir, Argelia y Marruecos.

Sin embargo, aquello tampoco sería un gran cambio, pues durante el siglo XXI la diplomacia chileno estuvo enfocada en sus históricos vínculos y también en otros emergentes. Estos últimos, principalmente, comerciales. Es así que Chile comenzó, en la década de 1990, su apuesta por la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) y, en este sentido, se enfocó en potencias con las cuales ya tenía buenos nexos (Europa y Estados Unidos), pero también en mercados emergentes como Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y otros países asiáticos (especialmente del Asia-Pacífico y Sudeste Asiático). En este escenario, remarcando el nulo interés por África, no se firmaron TLC con países africanos, ni tampoco acuerdos de otra índole.  En lo político, el asunto tampoco se modificó mucho.

Algunos datos sobre la relación diplomática entre Chile y el Magreb

La relación entre las dos partes ha sido poco densa e, incluso, con un comportamiento irregular. Argelia y Marruecos concentran casi toda la actividad del vínculo entre Chile y sus pares magrebíes, dejando en un segundo plano, bastante irrelevante, a Libia, Mauritania y Túnez. De hecho, tomando en consideración la información oficial publicada en las Memorias del Minrel -la cual llega hasta 2017-, en los últimos diez años los números son contundentes. En este sentido, la agenda bilateral Chile-Magreb muestra que entre Argelia y Marruecos suman el 88.79% del total de hitos durante el período 2008-20017. [1] Si bien la actividad diplomática de Chile con estos dos estados es bastante pareja, con Marruecos parece ir adquiriendo algo más de peso. Esto se refleja, por ejemplo, con el hecho de que, en los últimos cinco años, Marruecos concentra 26 hitos, en tanto que Argelia llega solo a 15.

Lo mencionado anteriormente también se ve reflejado en los acuerdos, de diversa índole, firmados entre Chile y sus pares magrebíes. Si con Argelia tiene dos tratados, con Marruecos llega a siete. Esto demuestra, por un lado, que las relaciones con los dos principales países magrebíes no tienen mucha densidad y que, por el otro lado, Marruecos ha ido generando un mayor acercamiento. La puesta en marcha del Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones, por más que el proyecto parezca estar estancado, y la visita del rey Mohammed VI, en 2004 y que fue la primera de un monarca de un “país árabe” a Chile, parecen consolidar que Marruecos tomó la delantera respecto de sus vecinos magrebíes.

En cuanto al comercio, durante el período 2013-2018, Chile registra una balanza comercial de 41,4 millones de dólares con Argelia, mientras que con Marruecos es de 97,2 millones de la divisa estadounidense. Además, se debe mencionar que hace algunos años hubo acercamientos para analizar la factibilidad de un TLC entre Chile y Marruecos, lo cual confirma que el nexo con los marroquíes parece ser más atractivo para la parte chilena.

El enredo del Sahara Occidental

Si hay algo que le importa por igual a Argelia y Marruecos, aquello es el asunto del Sahara, un conflicto que sigue impidiendo la unidad magrebí, pero que, en términos diplomáticos, es uno de los pilares de la política exterior de ambos estados. En este contexto, pensar que América Latina o, si se prefiere, Sudamérica quedarían fuera de aquello sería un error. Para Argelia y Marruecos son más importantes otras regiones del mundo, pero la lucha diplomática por el Sahara Occidental no cesa.

Al respecto, América Latina tiene una importancia histórica, ya que, en el pasado, muchos países de la región apoyaron al Polisario e incluso llegaron a reconocer a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD). Sin embargo, con el paso del tiempo, Marruecos fue ganando terreno en el subcontinente latinoamericano. Tanto así, que si hace algunas décadas el Polisario contaba con el sustento de 29 estados latinoamericanos y caribeños, hoy solo diez mantienen dicha postura[2]. Además, Argentina, Brasil y Chile, tres importantes países de la región, nunca reconocieron a la RASD, ni tampoco se pusieron del lado del Polisario. Hoy, el apoyo regional que conserva el Polisario se encuentra muy amenazado, ya que se basa, principalmente, en un asunto ideológico. Esto último se relaciona con gobiernos que adhirieron a la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez y que, entre otras cosas, retomaba ciertas fidelidades o lealtades diplomáticas generadas en la época de la Guerra Fría. En resumen, es un asunto ideológico, lo cual puede variar con la caída de los actuales mandatarios. Es lo que ocurrió, en enero del presente año, con Bolivia, ya que tras la caída de Evo Morales -uno de los firmes sustentos de la revolución bolivariana- el nuevo gobierno optó por romper relaciones con la RASD. Esto permite concluir que los apoyos de Cuba, México y Venezuela podrían correr riesgo. Junto a eso, en Ecuador y Panamá se han visto posturas ambiguas y cambiantes, lo cual demuestra que el terreno latinoamericano podría cambiar y empeorar para el Polisario y, por ende, Argelia.

¿Por qué Chile tomó la decisión de cerrar su misión diplomática en Argel?

Comprendiendo el contexto que rodea a las relaciones entre Chile y los estados magrebíes, quizás se pueda tener más claridad a la hora de intentar entender cuál fue el motivo que llevó al gobierno chileno a bajar la cortina de la Embajada de Chile en Argelia.

Oficialmente, fue para bajar los gastos -el estado chileno se ahorraría entre 3.000 y 4.000 millones de pesos anuales por el cierre de las cinco misiones diplomáticas en cuestión-, pero quedan algunas dudas. Primero, hace años que se escucha, en los pasillos del Minrel, pero también en los medios, que la política exterior y la diplomacia chilena están en “modernización” o “restructuración”. Sin embargo, todavía no queda claro cuál es ese nuevo paradigma, ni tampoco cuáles serían sus pilares. Básicamente, se mantiene la tradicional postura de participación en foros internacionales, de apego al multilateralismo, de consolidar los vínculos económico-comerciales y de respetar al derecho internacionales. Sobre África, se han hecho algunos tímidos anuncios, pero casi ninguno se ha concretado (salvo algunos acuerdos y acercamientos con pocos estados). Es así que vuelve a aparecer la pregunta, es decir, ¿por qué se cerró la Embajada de Chile en Argelia?

Por ahora, habría que asumir que fue por un costo económico, pero que esto último va asociado a una decisión política -y esto sí es una novedad- de restarle relevancia a Argelia y de consolidar a Marruecos como polo en el norte de África. De hecho, en entrevistas o artículos publicados en medios se puede apreciar que las autoridades chilenas suelen referirse a Marruecos como una “puerta de entrada hacia África”. Además, Marruecos ingresó, como observador y en 2014, a la Alianza del Pacífico.

En los últimos años, Chile ha confirmado su apoyo a la resolución pacífica, acorde a los formatos y las decisiones de la ONU, del conflicto del Sahara Occidental, pero parece ser que, poco a poco, comienza a inclinarse hacia el plan marroquí. Es así que, en enero de 2018, la Cámara de Diputados de Chile reiteró que considera a la propuesta marroquí (de autonomía para el Sahara) como un “esfuerzo serio y creíble”.

En resumen, el cierre de la Embajada de Chile en Argel debe ser visto como una decisión administrativa, pero que, en el fondo, refleja una intención política. Ambos estados (Argelia y Marruecos) están involucrados en un conflicto y, por más que Chile no tenga un rol relevante en dicho asunto, cerrar la misión diplomática chilena en uno de esos países genera un nuevo escenario político y diplomático. Es muy probable que a Argelia le preocupe lo ocurrido, pues Chile se aleja de su postura en el asunto del Sahara, pero tampoco es que pierda tanto. Al contrario, Marruecos sí puede considerar como un triunfo de su diplomacia este gesto chileno. La unión de distintas señales permite concluir que esto sea, quizás, parte de una nueva postura del estado chileno. Sin embargo, también puede que sea un mero hecho administrativo que refleje el descuido de la diplomacia chilena respecto de sus pares. Todo esto se esclarecerá cuando se comunique cuál será la nueva política exterior de Chile y, particularmente, en el contexto africano.

Por último, tal vez sea momento que Argelia revise su política exterior, ya que durante los últimos años del gobierno de Abdelaziz Bouteflika sufrió diversos reveses diplomáticos. Argelia es un referente africano, pero ha perdido peso e influencia en África y en otras regiones. A la inversa, la diplomacia marroquí ha estado muy activa y eso le ha significado avanzar en el asunto del Sahara, pero, aún más importante, recuperar espacios en África y América Latina y el Caribe.


[1] Elaboración propia, basándose en la información obtenida en las Memorias del Minrel.

[2] Cuba, Ecuador, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela son los únicos estados que mantienen el apoyo. A la inversa, los países que se alejaron de dicha postura son Antigua y Barbuda, Bolivia, Barbados, Colombia, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Haití, Jamaica, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Suriname.

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La inmigración en Chile, un fracaso político y social

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La inmigración en Chile, un fracaso político y social

Fecha 26/10/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Si hace uno o dos años los inmigrantes parecían estar muy contentos en Chile, hoy la situación ha cambiado mucho. Si bien todavía muchos extranjeros que llegaron en busca de una mejor vida dicen estar contentos por aquella decisión, otros tantos reflexionan sobre el sentido de llegar a este país. Y, por supuesto, están aquellos que ya se fueron a su lugar de origen o que tomaron la determinación de irse apenas puedan.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 26 de octubre de 2018

(Fotografía: Agencias)

Al respecto, cabe pensar, brevemente, qué ha pasado con la inmigración en Chile. Partamos por lo básico, que son las políticas migratorias del estado chileno. Lo primero que resalta es que en este proceso inédito para Chile (hace algunos años había 300.000 o 400.000 inmigrantes en situación legal y ahora son más de un millón) ha habido muchos errores en la manera que los gobiernos de turno y los políticos han abordado este tema. Es cierto que el cambio de la tendencia migratoria fue muy brusco, pues el país pasó de ser un territorio lejano a los grandes procesos migratorios a uno que, de la noche a la mañana, recibía miles de haitianos, venezolanos, ecuatorianos, colombianos, dominicanos y otros latinoamericanos. También, aunque en mucha menor cantidad, europeos (principalmente españoles), palestinos y sirios.

Sin embargo, el grado de improvisación es pavoroso. Recién a mediados de 2017 y durante el presente año se ha intentado enfrentar, aunque sea tibiamente, el problema de los flujos migratorios. El estado, y en eso hay que ser muy claro, ha sido incapaz de ofrecer buena calidad de vida la mayoría de los inmigrantes que llegaron a Chile. Dejemos a un lado a los profesionales –que vienen de países como Argentina, Venezuela o España-, ya que ellos pertenecen a una burbuja privilegiada, y pongamos el foco en lo más masivo, es decir, los ciudadanos de Haití, Venezuela, Colombia y República Dominicana, por dar algunos ejemplos. Así, se han encontrado con serios problemas que no solo los azotan a ellos, sino que también a los chilenos. Por ejemplo, cerca del 80% de los trabajadores de nacionalidad chilena gana menos de 400.000 pesos mensuales y las cifras de cesantía (que han oscilado entre el 9% y 10% en los últimos años) no reflejan la realidad de la precariedad laboral (mucha gente trabajando sin contrato, sueldos contrarios a toda ética laboral y abusos de diversa índole, o sea, explotación laboral). Obviamente, los inmigrantes, aquellos que venían en busca del “sueño chileno”, se enfrentaron a esta dura realidad.

A eso sumemos, por dar otro ejemplo, el racismo que se ha producido. Muchos de los inmigrantes han reconocido que sufren o han sufrido discriminación por su color de piel, su etnia o su condición socioeconómica. A este hecho se suma otro tipo de racismo, uno más disimulado y peligroso, ya que está anclado en lo más profundo del inconsciente de una parte de la sociedad chilena. Cuando se les pregunta por los negros que han llegado a Chile (y aquí muchos quizás digan que el término “negro” es racista, aunque, claramente, no lo es), muchos dicen que serán un aporte, pues en algunos años más tendremos grandes atletas o porque la selección de fútbol tendrá jugadores rápidos, altos y fuertes. Entonces, la pregunta brota en forma espontánea. ¿Acaso no aportan con su rica cultura?, ¿no son un aporte en el plano intelectual?, ¿su capacidad de esfuerzo no suma para levantar a un país que, aunque a muchos les duela, está de capa caída? Parece ser que, para muchos, la raza negra solo entrega su físico y no su forma de pensar, su historia y sus costumbres. Un racismo etnocentrista y que, como en muchos otros ámbitos, tiene una clara raíz eurocentrista, es decir, los europeos blancos son dioses y los indígenas y negros son unos salvajes. A esto sumemos la estigmatización que sufren ciertas comunidades. Es cierto que algunos inmigrantes latinoamericanos han ingresado a Chile para cometer delitos, pero representan a un porcentaje mínimo del total de los delincuentes. En este sentido, vale recordar que entre 2013 y 2017 el promedio de extranjeros expulsados fue de 1.237 por año, es decir, una cifra pequeña en comparación a los foráneos que viven en territorio chileno. Además, siempre se apunta con el dedo a los colombianos y dominicanos, pero estos últimos, por ejemplo, registran 181 expulsiones en el período 2013-2017, mientras que los argentinos totalizan 178. ¿Alguien menciona que los trasandinos son unos delincuentes? Nadie. Y eso está bien, porque no se puede generalizar, pero esto último sí ocurre con los dominicanos que, vaya sorpresa, suelen ser negros o mulatos.

Pasemos a otro asunto, que es la situación legal de los inmigrantes. Es muy bueno que se hayan creado distintos tipos de visas, pues eso va en la dirección correcta y es lo que están haciendo los países que están a años luz de Chile en materia migratoria. Sin embargo, nuevamente aparecen graves vacíos o falencias. Por ejemplo, muchos inmigrantes piden visa de residencia definitiva y reciben un carnet de identidad provisorio, el cual tiene una duración de seis meses. El problema es que no se puede renovar y la entrega de visa –en el caso de quienes tienen la suerte que su solicitud sea aceptada- demora al menos diez meses. Esto genera un espacio de cuatro a ocho meses en el cual el extranjero está en condición legal –tiene el papel que demuestra que está esperando la respuesta a su solicitud de visa-, pero, al mismo tiempo, se encuentra en tierra de nadie. No puede ser ingresado como carga de alguien que tenga una isapre, no puede sacar beneficios en ciertas comunas donde residen (les piden el carnet de identidad), pierden oportunidades laborales (en muchos trabajos exigen visa definitiva entregada) e incluso se les complica el tema del pago, pues no pueden sacar boleta o, simplemente, no tienen cómo recibir el pago por sus servicios, ya que en ocasiones les exigen una cuenta bancaria. Así, algunos tienen la suerte de poder contar con la cuenta corriente de algún conocido, pero esto choca con otro tema legal, que es pagarle a alguien que no trabaja en un lugar determinado. Y esto, obviamente, complica a quienes quieren darle condiciones serias de trabajo.

Antes de terminar, es importante mencionar lo que ha ocurrido con los refugiados sirios, algunos de los cuales, hasta el día de hoy, siguen reclamando por lo que han sufrido en Chile. Algunos han logrado integrarse, pero otros siguen sin trabajo y no logran tener los recursos necesarios para vivir por su cuenta. Acusan, algunos de ellos, que el estado chileno los abandonó. Si es cierto o no, es difícil saberlo (habría que analizar cada caso), pero, más allá de quién es responsable, nos encontramos, nuevamente, ante otro fracaso o, como mínimo, un proceso de integración que no logró consolidarse en su 100%.

Por último, la guinda de la torta es la iniciativa del gobierno que busca darle algo de dignidad a los ciudadanos haitianos que quieren volver a su país, luego de pasar penurias durante su estadía en territorio chileno. Dada la situación actual, parece razonable que los ayuden al retorno, pero esto debe ser motivo de reflexión y análisis. Durante 2017 se le abrió la puerta a miles de haitianos, en una política migratoria que podría ser calificada como irresponsable y que, en realidad, no merece ser llamada “política migratoria”. Nunca pensaron en la calidad de vida de los caribeños que viajaban llenos de ilusiones. Se les engañó y este plan de devolución es una demostración de otro fracaso en el asunto de la inmigración en Chile.

En medio de este contexto, diversas organizaciones o grupos pertenecientes a la sociedad civil han acogido a los inmigrantes, para así ayudarlos a subsistir en medio de la difícil situación que enfrentan. Solo por mencionar un caso, cabe resaltar lo que hace el Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI), el cual realizar cursos de español gratuitos, asistencia médica sin costos, asesoría legal, alojamiento, apoyo en la búsqueda laboral, capacitación para los migrantes, atención a los refugiados, actividades recreativas, talleres de diversa índole e incluso investigación del fenómeno migratorio. Todo esto, que es notable, refleja, nuevamente, el fracaso del estado, pues ¿no debiese ser este último el encargado de dar eso a los inmigrantes y refugiados?

Resumiendo, Chile no está preparado para un flujo migratorio tan potente y repentino. El estado chileno ni siquiera es capaz de darle una buena calidad de vida a sus ciudadanos –quienes sufren por el alto costo de la vida y la precariedad laboral, entre otros males-, asi que obviamente no iba a ser posible que los inmigrantes pudiesen insertarse de buena forma en Chile. Es momento, entonces, que Chile, con gran dolor, ponga pausa al proceso migratorio. Lo primero es desarrollar y mejorar la situación laboral de Chile (y no solo de Santiago y las grandes ciudades). En paralelo, se debe seguir avanzando, a pasos gigantes, en temas esenciales como educación y salud. Luego, se debe modernizar el aparato estatal. Y, finalmente, se tiene que modificar, con urgencia, la política migratoria y el marco regulatorio de los inmigrantes. Una vez que eso pase, Chile podrá volver a abrirle la puerta a los extranjeros. Y, como humilde sugerencia, se deben estudiar a fondo los buenos y malos ejemplos de políticas migratorias en el mundo.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Las relaciones ítalo-chilenas tras la Segunda Guerra Mundial: un clásico ejemplo de pragmatismo

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Las relaciones ítalo-chilenas tras la Segunda Guerra Mundial: un clásico ejemplo de pragmatismo

Fecha 13/12/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Chile nunca ha sido un actor importante en la política mundial y aquello ha sido la lógica consecuencia de, entre otro factores, su historia, su ubicación geográfica y su importancia geopolítica respecto al “centro” político y diplomático.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de diciembre de 2014

Lo primero, pues el actual territorio chileno logró constituirse como país recién en el siglo 19 y, además de eso, nunca fue una potencia económica, ni, aún menos, política. En comparación a Europa, Chile es una nación de historia más reciente, a pesar que muchos estados europeos lograron consolidarse como países independientes después de lo que lo hizo Chile. Lo segundo, porque el territorio chileno presenta una estructura geográfica bastante particular y sumamente inhóspita para los eventuales exploradores y conquistadores. Por el norte, mucho sol, escasas lluvias, desierto y montaña. Por la zona austral, hielos, frío y existencia de tierras “quebradas”, las cuales dieron origen, por ejemplo, a fiordos e islas deshabitadas. En la zona sur, frío e intensas precipitaciones a lo largo de buena parte del año. Además de eso, era una franja con fronteras naturales. Desierto (norte); hielos patagónicos y mar (sur); Océanco Pacífico (oeste) y Cordillera de los Andes (este). En este contexto, sólo el centro y el centro-sur parecían ser los lugares menos hostiles y más agradables para vivir. Lo tercero, al ubicarse en la periferia (en el sentido utilizado en el estudio de las Relaciones Internacionales), nunca tuvo gran relevancia en lo geopolítico a nivel mundial. Claro, en la región sí la tuvo, pero recién en el siglo 21 empezó a tener una mayor importancia y, esencialmente, pensando en el Océano Pacífico y en el comercio que transita por dicha zona marítima.

En este sentido, parece lógico que las potencias europeas (y aquellos países que soñaban con tener aquel rótulo) no se interesasen mucho en establecer nexos diplomáticos y políticos con los diferentes gobiernos de Chile. Durante décadas, Chile estuvo centrado en su desarrollo y en sus litigios con los países vecinos. La mayor prueba de aquello fueron las guerras que tuvo contra Perú y Bolivia en el siglo 19. A esto se debe agregar que Latinoamérica y, particularmente, Sudamérica estaba en pleno proceso de restructuración en la época poscolonialista. En este contexto, es evidente que los nexos entre Europa y Sudamérica fueron más bien escasos –salvo aquellos de las luchas independentistas- y de escasa profundidad durante el siglo 19.

Ya en la nueva centuria, las cosas empezarían a cambiar. Especialmente, tras el período de entre guerras y el término de la Segunda Guerra Mundial. Así fue que se produjo un fuerte flujo migratorio desde Europa hacia Sudamérica y, básicamente, hacia países como Argentina, Brasil, Uruguay y, en menor medida, Venezuela. Otros, como Chile, recibieron inmigrantes provenientes del Viejo Continente, pero en mucha menor medida. Así, mientras en Buenos Aires se registraron más de 6.000.000 de inmigrantes europeos durante las primeras décadas del siglo 20, las cifras del caso chileno fueron escuálidas en comparación a las de la capital argentina. Por ejemplo, en 1920, los inmigrantes europeos representaban el 1,83% del total de la población chilena. Los datos no variarían mucho en las siguientes décadas, con 1,48% (1930), 1,28% (1940), 0,98% (1952) y 0,87% (1960). En todos estos censos, la población de inmigrantes europeos nunca superó los 70.000.

La política de Italia en Chile

Antes de analizar las relaciones políticas entre ambos países, cabe revisar algunos datos sobre la inmigración italiana en Chile. Al respecto, en el censo de 1920 había 12. 358 italianos en Chile, es decir,  el 10,26% del total de extranjeros en el país. Luego, en el censo de 1930 había 11.070  italianos (10,50%) viviendo en territorio chileno, mientras que en 1940 la cifra bajó a 10.619 (9,90%). Por último, en 1952, la comunidad italiana representaba al 11,2% del total de extranjeros residentes en Chile. Estos datos reflejan que la presencia italiana en Chile era bastante poco relevante, pero que, al mismo tiempo, era una de las colonias de inmigrantes más grandes del país. La mayoría de los italianos se establecieron en Santiago y normalmente estuvieron en el segundo o tercer lugar del ranking de las comunidades europeas residentes en Chile. La principal era la española y en ocasiones la alemana ocupaba el segundo puesto, aunque en otras era la italiana.

Si a nivel de población la presencia italiana era escasa en Chile, en el marco político era aún menor. Esto último, por lo mencionado en párrafos anteriores. En este sentido, un cambio en esta relación fue lo acontecido tras la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual Italia empezó a mirar con otros ojos a Latinoamérica. Básicamente, pues entendía que la renovación de los nexos con esta región le podría servir en su política de reinserción en la política mundial y, aún más específico, le podría ser útil en su afán de reposicionarse en el nuevo mundo. Junto a eso, el historial de fuerte inmigración italiana hacia Latinoamérica –particularmente a países como Argentina, Brasil y Venezuela- era algo que jugaba a favor de sus intereses políticos o, si se prefiere, geopolíticos. Como se puede ver, la postura italiana de acercarse a Latinoamérica no fue un acto de beneficencia o hermandad, sino que, esencialmente, una mera política de intereses propios. En este contexto, los objetivos eran, en primer lugar, el reposicionamiento post Segunda Guerra Mundial y, en segundo lugar, la obtención de recursos económicos, especialmente a través de las remesas.

Sin embargo, Italia rápidamente comprendió que sus estrategias chocarían con aquellas de Estados Unidos, quien ya se encontraba muy bien posicionado en Latinoamérica y que tenía, además, mucha más influencia. Así fue que Italia optó, nuevamente, por el pragmatismo y buscó un acercamiento que no generase “ruido” con Estados Unidos, una de las dos grandes potencias del entonces mundo bipolar dominado por los estadounidenses y los soviéticos.  Además de eso, el nuevo escenario político-social latinoamericano y la fuerte presencia de la Guerra Fría en la región obligaron a los gobiernos italianos a tomar otro camino y acercarse más hacia la clásica distancia respecto a Latinoamérica. A continuación, se examinarán, brevemente, algunos de los factores que influyeron en las relaciones entre Chile e Italia.

–          Contexto político de cambios en Latinoamérica: ya en la década de 1960, la región empezaba a dar los indicios del nuevo proceso político que se estaba gestando en la mayoría de los países latinoamericanos. En este contexto, la nueva modalidad diplomática de Italia (acercarse a Latinoamérica) se hacía muy compleja, ya que las divisiones al interior de la región se fueron adquiriendo cada vez más potencia. En tal escenario, el objetivo pragmático de Italia se complicaba. En el caso particular de Chile, la llegada al poder de un presidente de la Democracia Cristiana sólo ayudó para generar un mayor lazo “político-partidista” y no así entre dos gobiernos, lo cual quedó de manifiesto con la historia vivida en Chile a partir de 1970.

–          Guerra Fría: en un mundo bipolar y dominado por dos grandes potencias, Latinoamérica no escapó a dicha tendencia. Así, empezaron a desarrollarse procesos político-sociales de tipo socialista (muchos de ellos con un fuerte sentimiento antiestadounidense), pero, en paralelo, se comenzaba a pavimentar el camino de las dictaduras que a partir de la década de 1970 serían dominantes.  En el caso chileno, la llegada al poder de Salvador Allende y la radicalización de las posturas políticas internas dejaron en claro que el clima no era el mejor para las intenciones diplomáticas italianas. Dicha situación adquirió aún mayor volumen luego que el gobierno de Allende se acercara a Cuba y, por ende, ayudara a sacarla del aislamiento en el cual se encontraba. Cierto es que Chile no era un país muy relevante, pero en aquel entonces, los inicios de un “pansocialismo latinoamericano” se posicionaban como un gran obstáculo para el pragmatismo diplomático italiano.

–          Pobreza: Latinoamérica se encontraba en un momento –en la segunda mitad del siglo 20- en el cual sus países ya no luchaba por su independencia, pero sí por mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Con alto índices de cesantía, hambruna, desempleo y analfabetismo, lo cual iba acompañado de pobres infraestructuras, como en el caso de Chile,  impidieron un mayor acercamiento a nivel diplomático y, especialmente, a través de la cooperación en proyectos económicos. Esto último, pues dada la inestabilidad social y política de los países, sumado a la pobreza existente, se hacía difícil establecer grandes (y prósperos) negocios o nexos comerciales.

–          Intervenciones de Estados Unidos en Panamá y República Dominicana: la presencia visible e invisible del gobierno estadounidense se hizo evidente con las intervenciones de Estados Unidos en dos países de la región. Lo ocurrido en Panamá y República Dominicana sepultó las ya casi nulas esperanzas italianas de tener algún grado de influencia en la región. Además, estas intervenciones estadounidenses generaron un sentimiento “anticolonialista” o incluso “antiimperialista”, lo cual no era el clima ideal para un gobierno europeo que buscaba establecer nexos pragmáticos con la región.  Dicha situación era aún más complicada –desde la perspectiva italiana- en un país que tenía altas probabilidades de caer bajo el poder del socialismo allendista, es decir, aquel que veía con mejores ojos acercarse a la Unión Soviética que a Estados Unidos o a la Europa Occidental.

–          Pequeño historial de nexos migratorios: tal cual se analizó en párrafos anteriores, la inmigración italiana tuvo una escasa importancia en Chile. Esto último, en comparación a lo acontecido, por ejemplo, en Argentina, Brasil y Venezuela. Este factor histórico-cultural seguramente influyó en la decisión de priorizar los acercamientos políticos con aquellos países que, además de ser más grandes en población, tenían un mayor nexo cultural con Italia.  En términos económicos, era más interesante buscar mercados de muchos millones más de eventuales consumidores y, en paralelo, las remesas tenían más valor (especialmente por su volumen) proviniendo de aquellos estados en los cuales las comunidades italianas eran mucho mayores y de cientos de miles. Como se vio en el caso chileno, los ciudadanos italianos residentes en Chile no solían pasar de los 12.000 ó 13.000 en los diferentes censos.

 

En definitiva, se podría concluir que el objetivo italiano de estrechar lazos con Latinoamérica correspondió a una política pragmática que buscaba beneficios políticos y económicos. Sin embargo, dicho objetivo no logró cumplirse por una serie de factores –algunos coyunturales y otros histórico-sociales- que generaron un clima adverso para las pretensiones italianos en Latinoamérica y, particularmente, Sudamérica. En el caso de Chile, su escasa relevancia para las pretensiones italianas permitió que Italia rápidamente olvidara a los gobiernos chilenos, especialmente tras el proceso de inestabilidad político-social vivido en Chile y en la región. Otra conclusión es que Latinoamérica estaba más llana a dialogar y conectarse con el “Tercer Mundo” –un igual en lo político, económico y social- antes que con las clásicas potencias dominantes, lo cual incluía a los países europeos más poderosos. Por último, se puede concluir que la relación ítalo-chilena, durante el período 1950 – 1970, estuvo marcada por el fuerte pragmatismo italiano y por la incapacidad chilena de establecer las condiciones necesarias para encontrar puntos de acuerdo entre ambas posturas. En este sentido, parece apropiado el concepto de una relación “político-partidista”, bajo el alero de la Democracia Cristiana de ambos países y sin mayores bases sólidas a nivel político-gubernamental.

 

Bibliografía y otras fuentes

–          “Ampliando miradas: Chile y su historia en un tiempo global”. Purcell, Fernando; Riquelme Alfredo. Instituto de Historia PUC. Santiago, 2009.

–          “Las relaciones diplomáticas y político-partidistas ítalo-chilenas durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva”. Nocera, Raffaele. Instituto de Historia PUC. Santiago, 2009.

–          “Latin America’s Cold War”. Brands, Hal. Universidad de Harvard. Cambridge (Estados Unidos) y Londres, 2010.

–          Censos de población históricos de Chile. Instituto Nacional de Estadísticas. Santiago. 1920, 1930, 1940, 1952  y 1960.

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Chile-Perú en La Haya, una buena radiografía

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Chile-Perú en La Haya, una buena radiografía

Fecha 27/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Nunca escribo en primera persona, pero esta vez lo haré. Al empezar, dejaré en claro que soy un ignorante en el ya famoso y (harto) manoseado asunto del diferendo marítimo entre Perú y Chile, el cual hoy, por fin, será resuelto.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 27 de enero, 2014

palacio-la-monedaHabrán pasado casi seis años desde que se dio inicio a este litigio y, ya en la recta final, cabe reflexionar sobre algunos aspectos. Y no se trata de lo técnico –ya expresé mi desconocimiento al respecto-, sino que de la variable sociológica, si así se puede decir.

Durante el último mes se ha visto un desfile de especialistas. Periodistas, economistas, abogados, cientistas políticos, sociólogos, ingenieros, diplomáticos, políticos, etc. Una larga lista de personas, de las cuales queda la impresión que muchos dicen lo mismo y pocos logran ir más allá y elaborar lo que todos queremos, es decir, juicios y observaciones basados en un estricto conocimiento del tema.

Si nos preguntáramos cuántos de aquellos “especialistas” han sido un aporte, deberíamos concluir que muy pocos lo fueron. Ante la pregunta de cuántos oportunistas hemos visto pasar por los medios (escritos, radiales y televisivos), la respuesta es absolutamente distinta. Claro, pues tendríamos que decir que son muchos. Y eso, claramente, agota. Es una nueva (y nada novedosa) señal que la investigación en Chile está estancada en el fondo de un pantano.

Esto último, pues pocos profesionales realmente se dedican a trabajar e investigar en un par de tópicos o una o dos regiones específicas. Si el asunto del momento es el diferendo marítimo, pues seré experto en eso. Si después es noticia lo que ocurre en Siria, me disfrazaré de experto en Medio Oriente. Y si de repente explota un tema político-económico en Europa, entonces seré un gran europeísta. Bueno, ya, y si tengo que ir a hablar de Al Qaeda y África, también lo haré. Y si me ponen a los China, Japón, Vietnam y las dos Coreas, también.

Así, rodeados de una especie chilena muy típica, los “multiespecialistas”, llego a este 27 de enero con la sensación que pude haber aprendido más sobre este tema, el de La Haya, pero que no lo hice porque cuando vi columnas, artículos y entrevistas pocas veces encontré algo diferente. Digamos, cosas que no aparezcan en Wikipedia o en una rápida búsqueda en Google.

Entonces, uno reflexiona sobre por qué los medios no contactan a quienes más saben en estos hitos. ¿Por qué debemos ver las mismas caras en este diferendo, siendo que antes las vimos en Siria (guerra civil), Grecia (crisis económica), Estados Unidos (Obama) y Sudáfrica (Mandela)?, ¿no hay más profesionales que tengan conocimientos?

Este punto da para largo y, al ser esta una columna, no se puede profundizar más, pero dejo la reflexión en el aire. Ahora, paso de inmediato al siguiente tema, es decir, el nacionalismo y el llamado a la unidad en un momento como este.

Sobre lo primero, durante años y décadas se ha olvidado, a las regiones extremas del país. Mientras en Talca, Concepción, La Serena o Puerto Montt reclaman contra el “yugo” de Santiago, esas mismas voces ni se preocupan de lo que ocurre con sus “hermanos menores”, o sea, Arica, Parinacota, Iquique, Aisén, Punta Arenas y Puerto Natales, por dar algunos ejemplos.

Es una triste realidad, pero en Chile no hay un sentimiento de unidad nacional –basado en el regionalismo-, sino que cada cual busca su beneficio y reclama cuando algo les afecta a ellos y no a sus vecinos. Por eso, que ahora aflore el nacionalismo parece ser exagerado y sumamente contradictorio.

Igual que el famoso “llamado a la unidad” por parte de los políticos, los mismos que hace unos meses atrás se sacaban los ojos y se desgarraban con tal de agarrar un puesto en el Congreso chileno. Y son los mismos que durante décadas se han llenado sus bolsillos sobre la base de hablar mucho y hacer poco. Especialmente en zonas extremas, como en la de Arica.

Por último, no se puede olvidar el principal asunto. Conocida la bipolaridad del chileno, pero también su inevitable tendencia a ver todo en negro y gris, se ha generado una tremenda y terrible ola de pesimismo. Y así, llegamos al pensamiento de las últimas semanas. “Chile va a perder y punto. No hay más destino que una dura derrota, porque siempre ha sido así”.

Y aquella sensación es real, pero más que por un eventual traspié en La Haya, es por dos hechos históricos. El primero, a nivel diplomático, Chile mira en menos a sus vecinos regionales y aquello nos significó, finalmente, el autogol de llegar a La Haya. El segundo, normalmente se ha perdido –en todo sentido-, porque pocas veces se ha pensado en ganar y nunca se ha logrado construir una sociedad fraternal y generosa. Más allá de si se gana o no este litigio, hace rato que Chile se anota derrotas. En lo ético y en lo humano. Ganamos en lo material, pero sufrimos tremendas goleadas en lo espiritual.

El día que la mentalidad chilena cambie, en todo ámbito, dejaremos de estar en La Haya, no tendremos “multiespecialistas” en los medios, entenderemos que el concepto “nación” se vive en lo cotidiano (lejos de los ambientes hostiles) y, finalmente, progresaremos como país, en lo general, y como personas, en lo particular.
Raimundo Gregoire Delaunoy
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El último negus, una muerte invisible para Chile

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El último negus, una muerte invisible para Chile

Fecha 22/08/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Los rumores sobre el “crítico estado” de su salud llegaron a su fin la madrugada de ayer. Ya no fue posible desmentir un hecho demasiado evidente y así fue que el gobierno de Etiopía anunció el fallecimiento de Meles Zenawi, primer ministro y una especie de neo negus.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 22 de agosto, 2012

Con 57 años, entró en la lista de los millones de etíopes que mueren antes de llegar a la famosa Tercera Edad, demostrando que la calidad de vida de quienes nacen y viven en Etiopía sigue siendo muy feble y aleatoria.

A Meles Zenawi se le recordará por dos de sus principales caras, es decir, la del autoritario, por no decir dictatorial semblante, y la del desarrollo de la infraestructura y la Economía del país.

En 1974, siendo aún un joven estudiante de Medicina, apoyó el golpe de estado realizado por Mengistu Haile Mariam,  pero con el tiempo se convirtió en un ícono de la oposición y la guerrilla que luchó contra  uno de los terribles dictadores que azotaron África y el mundo en plena Guerra Fría.

En algo muy simbólico, Zenawi promovió la unión entre el Movimiento Democrático del Pueblo Etíope (MDPE) y el Frente Popular de la Liberación del Tigré (FPLT), lo cual fue clave en la cohesión del movimiento guerrillero en Etiopía.  Mientras el MDPE era el representante de la población ahmara – segundo grupo etnolingüístico mayoritario en el país-, el FPLT representaba la zona del Tigré o Tigray, una región separatista y perteneciente a una variable etno-lingüística minoritaria.

Esto permitió que en 1991 se pusiera fin, lucha armada mediante, a la dictadura de Mengistu Haile Mariam –cuya represión dejó entre 40.000 y 200.000 muertos, según estimaciones- y que Zenawi quedase al mando del país como presidente de transitorio.
Con el tiempo, su dominio sería legitimado y legalizado. En 1995 sería nombrado primer ministro de la República

Democrática Federal de Etiopía, con lo cual se iniciaría el camino post transición y, en paralelo, su eterno gobierno, que, en total, sumaría 21 años.

Hoy, el legado de Meles Zenawi deja dos mochilas. Una, en la cual aparecen la estrecha relación con Estados Unidos, el trabajo común con el Fondo Monetario Internacional, los progresos en infraestructura y el desarrollo y crecimiento de la Economía nacional.

En la otra, pueden apreciarse su dictadura, la supresión de la libertad de prensa –fue considerado uno de los “depredadores” de medios- y un agridulce equilibrio interno y regional en el Cuerno de África.

Meles Zenawi no significó una ruptura con el tradicional sistema de gobierno del histórico Imperio o Reino de Etiopía, pues, en la práctica, mantuvo casi el mismo formato -un fuerte autoritarismo- sobre el cual basaban su poder los llamados “negus”, es decir, emperador o “rey de reyes”.

Por eso, con el fallecimiento de Zenawi, Etiopía enfrentará el desafío de construir una democracia que vaya más allá de la teoría y que en la práctica pueda llevarse a cabo en forma pacífica y organizada.

Y es aquí donde aparecen las dudas, pues, como ha sucedido con otros dictadores (Ejemplo: Saddam Hussein en Iraq y Muammar Al Gaddafi en Libia), el equilibrio étnico descansaba sobre un brazo de fierro. Entonces, es momento de preguntarse si los nuevos liderazgos serán capaces de lidiar con las distintas etnias, religiones y regiones del país.

Hablar de la “nueva Yugoslavia” parece ser un juicio apresurado y poco criterioso, pero es un escenario que tampoco debe descartarse del todo. Eritrea ya se independizó, vía referéndum, en 1993, dejando a Etiopía sin salida al mar.

Entonces, habrá que ver con especial atención lo que pueda ocurrir con Oromo, Tigré u Ogadén, históricos bastiones del separatismo etíope. Al mismo tiempo, será interesante analizar el rol que puedan tener los amharas, que han sido los tradicionales dueños del poder.

Pero la inestabilidad también podría llegar desde los países vecinos. Etiopía fue un fiel aliado de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo y, de hecho, las fuerzas etíopes ingresaron en dos oportunidades a territorio somalí, para así luchar contra Al Shabaab.

Gracias a la intervención de uno de los mejores (si es que no es el mejor) ejércitos africanos, los islamistas radicales de Al Shabaab –que además están ligados a Al Qaeda y, según se dice, también a Boko Haram de Nigeria y, eventualmente, Ansar Dine de Malí-  perdieron el control de Mogadishu, la capital de Somalía.

Y no sólo eso, pues Etiopía formaba parte del tejido que agrupaba a los gobiernos de Kenya, Djibouti y al reciente Sudán del Sur en su oposición al tridente Sudán – Eritrea – milicias islamistas somalíes.

Etiopía es un gigante africano y, como tal, tiene un especial rol en su región, que es el inestable y dañado Cuerno de África. Por eso, lo que ocurra en la nueva Etiopía, no sólo deberá ser analizada desde el prisma del equilibrio y el orden interno, sino que también pensando en cómo trabajar para darle paz y estabilidad a la zona adyacente.

Un fracaso en estas tareas significará que los más de 100 millones de habitantes del Cuerno de África seguirán azotados por sequías, hambrunas, guerras civiles y regionales, enfermedades y el egoísmo de quienes buscan tomar el poder antes de pensar en quienes diariamente sufren.

Lamentablemente, esto pasó, pasa y pasará desapercibido en Chile.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
Fotografía: Licencia Creative Commons

 

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Entrevista a Kambiz Jalali, embajador de Irán en Chile

Fecha 24/02/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

“Los iraníes vivimos con la naturaleza y ella es parte de nuestra vida”

Iran Daily Brief

Iran Daily Brief

Tras las rejas de seguridad aparece una bonita y amplia casa, aunque bastante sencilla y con una agradable sensación de tranquilidad.  Árboles, el canto de los pájaros y así, repentinamente, se abre la puerta de la residencia oficial del Sr. Kambiz Jalali, embajador de la República de Irán en Santiago, Chile.

Una agradable mujer avisa que el máximo representante de la misión iraní en tierra chilena pronto llegará.  Es así que, apenas unos minutos más tarde, aparece la figura de este hombre.  Su pausado andar, su profunda mirada y la tranquilidad de su hablar ya entregan bastante acerca de su personalidad. 

Muy educado, bastante agradable y siempre bajo un signo de reflexión.  Da la impresión que mientras se le hacen preguntas, va analizando a la persona que tiene al frente.  Es que así es él, una persona magnética y enigmática. Culturalmente, algo distante, pero muy cercano en su trato.  Tal cual lo es su país, la República de Irán.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 24 de febrero, 2010
Entrevista realizada en la Embajada de Irán
Santiago, Chile

¿Qué representa para usted, en su concepto,  la República Islámica de Irán?

Está ubicada en Medio Oriente y tiene un territorio de 1.648.000 kilómetros cuadrados.  Tiene cerca de 70 millones y para mí es tan antiguo como la historia y tan fresco como la mañana.

Quisiera que me contara qué siente la población iraní respecto a Persia y la historia de Irán.

Estamos orgullosos de nuestra historia, que tiene cerca de 15.000 años de antigüedad.  Fue el primer imperio del mundo y el más grande en la historia del ser humano.  En casi 1.400 años Irán cambió y pasó a ser un país islámico, pero también tiene una historia previa de 1.600 años como un pueblo zoroastrista y monoteísta.  Estamos orgullosos de nuestra historia, pero también de lo que es ahora, es decir, una república islámica.

Ya que hablaba del Zoroastrismo, quisiera que me contara sobre la situación actual de esta religión en Irán.

El zoroastrismo tiene 3.750 años de antigüedad en Irán.  Zoroastro fue el primer profeta monoteísta y todo empezó en el norte de Irán, específicamente, en Azerbaiyán.  Ahora, los zoroastrianos viven en Irán y son parte de nuestra sociedad, aunque también se les puede ver en una parte de Azerbaiyán.

Hablando de religión, en Irán existen minorías religiosas y, en este sentido, me gustaría saber cómo conviven entre sí y respecto a la mayoría musulmana.

Todos tienen los mismos derechos, sin discriminación.  Los judíos, cristianos y zoroastrianos tienen representación en el parlamento.  Vivimos con los judíos desde hace casi 2.700 años, con una gran convivencia.  Con los cristianos y zoroastrianos ocurre lo mismo.  Viven felices y en paz, entre ellos, y también con el resto de la población musulmana.

La vida en Irán, una mirada general

En ciertas partes del mundo, la población parece estar alejada de la realidad de otros países o continentes.  Es así que muchas veces aparecen las preguntas acerca de cómo es vivir en regiones bastante lejanas y, en teoría, diferentes.

Justamente, esto es algo que ocurre con la República Islámica de Irán, que para muchos se trata de un país atractivo, aunque desconocido.  Es por esto que aparecen distintas versiones respecto a cómo es la sociedad iraní y, en este sentido, qué mejor que conocer la visión del Sr. Jalali.

Muchas veces la gente ve a Irán como un país diferente y lejano culturalmente.  ¿Qué le diría a esas personas?

En mi visión, creo que parte de la cultura del ser humano es la misma.  Creo que todos pensamos lo mismo.  Queremos justicia e igualdad y estamos en contra de todo tipo de discriminación.

Quisiera que me hablara sobre las razones que permiten explicar una teocracia como la existente en Irán.

Siempre ha sido un país religioso.  Tiene una historia religiosa y siempre monoteísta.  Empezó con Zoroastro, por casi 1.600 años, para luego cambiar, durante 1.400 años, a un mundo islámico.  Es por esto que la religión no es algo nuevo en Irán.  Llevamos 1.400 años como un pueblo islámico y los iraníes han aceptado esta religión, pues la gente percibe al Islam como algo justo, equilibrado, pacífico e incluyente para todas las personas.  En la visión islámica, todos somos iguales y nadie tiene preferencia sobre otros. 

Respecto a las minorías étnicas, como los árabes, azeríes, baluches y otros, ¿cómo esa la convivencia?

Todos son iraníes.  Baluches, kurdos, turcos y todos son iraníes, sólo que su dialecto es diferente.  Pero todos son parte de Irán, aunque cada región del país tiene sus raíces.  Hace miles de años que vivimos juntos, todos somos iraníes y la única diferencia es el dialecto.

¿Cómo es la vida en Irán fuera de las grandes ciudades?

Hay muchos nómades, que se mueven con su ganado.  También hay pueblos que viven en partes rurales.  Sin embargo, respecto a necesidades como agua, sanidad y médicos, tienen acceso a todo lo que necesiten.  En cuanto a los nómades, cuando ellos se mueven, también los acompañan escuelas, es decir, los profesores se van con ellos.  Ahora, ciertamente la vida rural es muy diferente a lo que se ve en las grandes ciudades.  Todo es más sencillo y con un ambiente más sano.  Tienen aire limpio, no hay polución y no hay mucho tráfico.  Es la ventaja que tienen las zonas rurales.

¿En qué parte del país se encuentran los nómades?, ¿qué origen étnico tienen?

Hay bajtiaris, kashgíes, baluches y kurdos.  Cada uno de estos grupos tiene su idioma, sus ceremonias, bailes, ritos y trajes típicos.  

Hablando de la cultura iraní, los persas desarrollaron importantes estudios de astronomía y por eso quisiera saber cuál es la situación actual de la astronomía en Irán y cómo lo hacen para compatibilizar el estudio de los astros con la religión.

Es interesante y me recuerda el cuento de los reyes magos.  Lo de la astronomía en Irán no es algo nuevo y está involucrado en la historia de Irán.  Casi todos los iraníes de los últimos 2.500 años tienen una relación entre las estrellas y la vida personal.  Creemos que Dios ha creado el cielo y el universo, de manera que cada estrella es símbolo de alguna persona.  El universo es inmenso y está encima de nosotros.  Es un símbolo del poder de Dios y por eso la astronomía tiene una larga historia en Persia y ahora en Irán.  En general, los astros tienen gran importancia en las culturas asiáticas, como China, Japón e India.

En este sentido, ¿cree que el iraní, en general, tiene una buena relación con la naturaleza?

Sí, los lazos son muy estrechos, porque nosotros vivimos con la naturaleza y ella es parte integrante de nuestra vida, especialmente en zonas rurales y en las ciudades más chicas.  Además, Irán tiene distintos climas y en cada momento puedes encontrar, al mismo tiempo, lugares con -10°C y otros con 30°C.  En algunas regiones podrás ir al mar y en otras tendrás la opción de esquiar en las montañas.  También, una parte del país está en el desierto y es así que tenemos diversidad climática y geográfica.

Relacionado con lo último, ¿piensa que la variedad climática y geográfica se ve reflejada en los habitantes de cada una de las diversas regiones?

Desde el punto de vista de la gastronomía hay diferencias.  Por ejemplo, en el norte están más acostumbrados a comer pescados, mariscos y vegetales, mientras que en el centro se come carne roja.  La vestimenta también es diferente.  Piense que el norte de Irán es similar al sur de Chile, asi que hay limones, arroz y hojas de té.  Están más dedicados a la agricultura, mientras que en el sur y el este hay más ganadería.

La cultura, algo esencial en la cultura iraní

La información acerca de la República Islámica de Irán suele ser bastante subjetiva y, en ocasiones, bastante precaria.  Sin embargo, y a pesar de eso, pocos pueden soslayar la importante e histórica influencia cultural de la antigua Persia y del actual Irán.  Es así que su historia ha entregado grandes avances, intensos estudios e imperecederos legados, tal cual sugiere el embajador.

¿Cómo ve la expresión cultural de su país?

Tiene una historia de casi 15.000 años, dividido en tres partes: pre-Islámica, Islámica y actual.  Cada una tiene sus particulares características.

En Irán siempre ha existido un gran impulso a la cultura y el arte en general, ¿de dónde viene esta tendencia?

Irán es un país cultural.  El espíritu literario viene de la poesía y toda la historia del país está llena de grandes poetas del mundo, como Hafiz y Saadi.  La poesía iraní es muy famosa y es una de las primeras del mundo en desarrollarse.  La medicina también ha sido algo muy relevante en la historia iraní y ya hemos hablado del cine anteriormente.  Y ahí también está la filosofía.  Es una historia de 3.000 años y podemos decir que Irán es cuna de cultura.

Me interesa hablar del cine iraní.  En las últimas dos décadas ha tenido un gran desarrollo la industria cinematográfica iraní, aunque siempre con mucha sencillez y, por lo mismo, contrastando con el cine más comercial.  ¿Por qué se produce este fenómeno del cine iraní?

Después de la Revolución Islámica dejamos el cine tipo Hollywood, más comercial, acercándonos hacia un paradigma más filosófico.  Los temas son más sencillos, pero explican la realidad de las vidas de la gente.  El estilo iraní podría ser catalogado como “cine arte” y su influencia es que muestra temas muy sencillos, pero muy comunes para toda la gente del mundo.  Por eso, muchos se sienten identificados en este tipo de cine.  Digamos que las películas iraníes permiten que cada cual pueda sentirlo y verlo. 

Más allá de la parte cultural o artística, también hay muy buena ingeniería, química y otras materias.  ¿Cree que esto demuestra la preocupación en general por los estudios?

Seguro.  Actualmente, casi 45 millones de iraníes son menores de 35 años, pero todos son graduados de la universidad.  En todas las ramas, tenemos un capital humano inmenso.  Por ejemplo, la capacidad universitaria en Irán es cercana a 3.000.000 alumnos por año y el 68% de ellos son mujeres.  Es así que en Irán hay una gran capacidad de tener seres humanos educados.  En todas las ramas, no sólo en lo científico. 

Me gustaría que me explicara, a grandes rasgos, cómo funciona el sistema universitario en Irán.

Hay universidades estatales y privadas, pero también hay estudios online, es decir, a través de Internet.  Los alumnos más destacados ingresan a los establecimientos del estado, que son los mejores y, además, son gratuitos.  Pero para poder entrar a estas universidades, deben dar exámenes de ingreso, los cuales son muy exigentes.  Los estudiantes que tienen éxito en estas pruebas pueden ir a las universidades estatales, mientras que los otros deben ir a las privadas.

¿Cómo definiría a la música iraní?

Primero, se debe decir que tiene una gran historia.  Es un estilo relajante, filosófico y con mucho ánimo.  Siempre ha ganado premios internacionales, por su estilo profundo e influyente. 

Respecto al deporte, uno se pregunta por qué Irán no logra destacar en deportes masivos a nivel mundial.

En relación a los deportes, los practicamos todos, pero ciertamente faltan campeones mundiales en algunas disciplinas como tenis y golf.  En fútbol somos potencia asiática, mientras que el vóleibol y básquetbol están desarrollándose.  Ahora, sí, nos faltan campeones internacionales en estos deportes y usted tiene razón en eso. Por contrapartida, en lucha libre y artes marciales, Irán es muy fuerte, lo mismo que en el levantamiento de pesas.  Recordemos que la lucha libre es deporte nacional en Irán, al igual que la equitación y el polo.  Este último nació en Irán. Por ejemplo, cada musulmán debe aprender arquería, natación y equitación.  Los demás deportes son un asunto de gusto personal. 

Reflexiones finales

Entrar en la dimensión real de la historia de la humanidad es algo que parece imprescindible, aunque, en paralelo, puede ser un tanto difícil.  Sin embargo, no puede olvidarse todo lo que ha ocurrido en los miles de años que tiene este planeta, dentro de lo cual destaca la existencia y desarrollo de notables civilizaciones.

Una de ellas fue el Imperio Persa, que aunque hoy ya no existe como tal, sigue muy presente con otro nombre, es decir, la República Islámica de Irán.  Y, al igual que hace décadas, siglos o milenios atrás, el territorio iraní sigue siendo cuna de estudios y desarrollo.

Por más que se generen construcciones mediáticas de realidad y visiones subjetivas sobre este país, lo mejor será intentar conocerlo en persona.  Entonces, quizás las palabras del Sr. Kambiz Jalali permitan generar mayor precisión respecto a lo que cualquiera podría encontrar en tierras que, contrario a lo que muchos piensan, tienen bastante más que petróleo y gas.

“Su gente es muy hospitalaria y amistosa.  Quienes vayan a Irán disfrutarán por las buenas relaciones que tendrán con la gente de allá.  En la parte turística, hay patrimonio de la humanidad y ahí aparecen grandes monumentos históricos de 3.000 ó 2.500 años.  Hay un buen desarrollo del ecoturismo y así se puede conocer desierto, bosque, montañas, etcétera.  En pocas palabras, Irán es un país que no es posible imaginarlo, pero que tiene muchos encantos”, expresa el embajador, para luego terminar la entrevista y, amablemente, mantener una cordial conversación durante algunos minutos más.

Luego, lo mismo del principio, pero ahora a la inversa.  Volver a ver los árboles, nuevamente escuchar el canto de los pájaros y así cruzar el umbral de la puerta de entrada y salida.  La bandera iraní sigue flameando.  Su historia, también.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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La oposición avanza de cara a las presidenciales de Chile

Fecha 27/11/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En poco menos de tres semanas se llevarán a cabo los esperados comicios, tras los cuales se conocerá, en primera o segunda vuelta, el nombre del nuevo mandatario de la República de Chile.  En un comienzo, una serie de diversos candidatos asomaron en el horizonte de este proceso electoral, pero hoy sólo quedan cuatro nombres.  De ellos, cada vez adquiere mayor fuerza el de Sebastián Piñera, aunque su victoria no es segura y su triunfo dependerá, en cierta medida, de lo profundas que puedan ser las divisiones en el oficialismo. 

Raimundo Gregoire Delaunoy | 27 de noviembre, 2009

sebastian-pineraSegún los últimos resultados de la encuesta CEP, publicados el miércoles 11 de noviembre, la política chilena estaría siendo testigo del fin de un ciclo.  Claro, porque el candidato opositor Sebastián Piñera –respaldado por la Alianza por Chile-, obtendría el 36% de los votos en primera vuelta, mientras que los otros tres postulantes al sillón presidencial quedarían bastante más atrás.  Eduardo Frei –candidato oficialista de la Concertación de Partidos por la Democracia- ganaría el 26% de las preferencias, Marco Enriquez-Ominami –ex concertacionista y ahora independiente- llegaría al 19% de las votaciones y, por último, Jorge Arrate –representante de la izquierda chilena-  alcanzaría un 5% de los escrutinios.  El resto (14%) iría para los nulos y blancos, un dato no menor.

Si bien estas tendencias no sorprenden, es necesario realizar un breve análisis, ya que se produjeron algunos interesantes movimientos.

Lo primero es destacar que se vuelve a confirmar la opción de una primera vuelta con Sebastián Piñera como vencedor y en la cual los dos candidatos ex – concertacionistas  y el postulante de la Concertación deberán luchar por el segundo cupo del balotaje.  Respecto a esto, queda claro que la disputa está entre Eduardo Frei y Marco Enríquez Ominami.

Luego, es importante darse cuenta que el candidato de la oposición (Piñera) mantiene con firmeza el apoyo de sus adeptos, pues en mayo de 2009 contaba con el 37% de las preferencias, mientras que en la encuesta de octubre sólo perdió un punto porcentual.  La cara opuesta de la moneda es lo que vive el postulante del oficialismo (Frei), ya que mantuvo la tendencia a la baja.  Si en mayo tenía el 30% de los votos, en agosta había bajado al 28% y ahora lo hizo hasta el 26%.  En cuanto a los otros dos aspirantes a la presidencia de Chile, ambos pueden celebrar, ya que Enríquez-Ominami aumentó del 17% al 19%, en tanto que Arrate avanzó del 1% al 5%.

Sin embargo, los festejos del candidato independiente Marco Enríquez-Ominami debiesen ser mesurados.  Es cierto que ha logrado aumentar notablemente el apoyo de los ciudadanos, pero queda la sensación que podría faltarle algo de tiempo para igualar o superar a Eduardo Frei.  La pregunta del momento es si será capaz de eliminar los siete puntos porcentuales que lo separarían del postulante oficialista.

Otro punto que merece análisis es el hecho que ningún de los cuatro candidatos logra marcar diferencias en la primera vuelta, lo cual vuelve a afianzar el postulado que se está de cara a una elección presidencial en la cual la ciudadanía votará por “lo menos malo”.  Este último concepto queda reflejado en el 14% de votos nulos y blancos que arroja la encuesta CEP.

También, y a pesar de lo anterior, ha quedado demostrado que quien corre con mayor ventaja para ser el nuevo presidente de la República de Chile es Sebastián Piñera, pues en una hipotética segunda vuelta vencería tanto a Frei como a Enríquez-Ominami.  En un balotaje ante el primero, Piñera obtendría el 43% de los votos, mientras que su contrincante llegaría al 37% de las preferencias.  En cuanto a una definición con el segundo, el presidenciable de la oposición alcanzaría el 40% de los escrutinios, en tanto que su contendiente tendría el 37% de la votación.

Ahora, más allá de estas conclusiones -establecidas a partir de la prestigiosa encuesta realizada por el Centro de Estudios Políticos (CEP)- lo importante es darse cuenta de otras tendencias que se han podido apreciar.

Es realmente preocupante ver la falta de consistencia por parte de los candidatos, quienes parecen estar más preocupados de ir modificando sus programas de gobierno, según lo que declaren sus contendientes, antes que ser fieles a sus principios.  Es así que vemos  a los aspirantes a la presidencia realizando “ofertones” que saben no podrán ser llevados a la práctica en un hipotético gobierno.

Aún más grave es ver el tipo de disputas entre los postulantes, quienes normalmente han caído en las descalificaciones personales y, peor todavía, muchas veces sin un real motivo para agredir.

Por último, algo de gran relevancia es el grado de división que pueda tener el oficialismo, representado –por más que la Concertación lo niegue- en las candidaturas de Eduardo Frei, Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate.  Este punto es tan importante, pues este puede ser el factor que incline la balanza hacia el lado de Sebastián Piñera o de alguno de los otros candidatos.

Para nadie es un misterio que el bloque concertacionista está dividido, pues es algo que ya quedó de manifiesto con el hecho que Enríquez-Ominami y Arrate tuviesen que renunciar a sus partidos políticos para poder presentarse como candidatos presidenciales.  Sin embargo, la gran pregunta es saber hasta qué punto llega esta fractura.

En el último debate, Jorge Arrate sugirió una alianza entre Frei, Enríquez-Ominami y él mismo, para así evitar la llegada al poder de Piñera.  Dichas palabras no cayeron bien en el presidenciable de la oposición (algo lógico), pero tampoco fueron bien vistas por Marco Enríquez-Ominami y, en menor medida, por Eduardo Frei.

Queda la impresión, entonces, que el triunfo de Sebastián Piñera no pasa tanto por el apoyo que logre captar, sino que, más bien, por la división de la Concertación, un bloque que tras 20 años en el poder parece desmembrarse en forma irreversible.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Adiós a Miguel Serrano

Fecha 27/05/2009 por Sergio Cortés Beltrán

El pasado 28 de febrero de 2009 falleció Miguel Serrano Fernández, uno de los más grandes escritores chilenos de la última centuria. Desde muy temprano, sus obras y actividades estuvieron marcadas por una profunda y especial visión del mundo. Recuerdo haber leído con regocijo su libro «Ni por mar ni por tierra», que data de la década del cincuenta, en que utilizando un cita de Píndaro, sobre los eternos hielos, Serrano narra su viaje real e imaginario, pero desde ya iniciático, a aquel espacio por entonces desconocido y sobre el que ciertos países, incluido el nuestro, reclamaban y reclaman soberanía: la Antártica.

Sergio Cortés Beltrán | 27 de mayo, 2009

Agencias

Agencias

Desde esta temprana obra, Serrano mantuvo una constante, y yo diría, en ocasiones, obsesiva visión de las cosas. En sus quehaceres como escritor, periodista y diplomático siempre estas ideas estuvieron presentes costara lo que costara. Buen ejemplo de ello fue su adhesión al nazismo. Serrano nunca negó ser un convencido y ferviente partidario de dicha ideología política, pero en una vertiente esotérica, como la solía llamar. Aquella que ensalzando a la raza aria la vinculaba a la antigua India, los ritos nórdicos, los antiguos germanos, los cátaros, los caballeros templarios y estirando un poco el elástico-el comentario es mío- al pueblo araucano, es cosa de ver el libro «Raza Chilena» de Nicolás Palacios que marcó época en la primera mitad del siglo veinte en nuestro país y que influyó en Serrano.

Su militancia y adscripción al nacionalsocialismo le llevó a perder amistades, prestigio e incluso patrimonio familiar, producto de su inclusión en las llamadas listas negras elaboradas por el gobierno de Estados Unidos y que tenían por fin congelar los activos de empresas y personas ligadas a las potencias del Eje. No es mi intención exculpar a Miguel Serrano de su militancia en una ideología política tan repugnante y de tan nefasta memoria sino destacar el hecho de que asumió las consecuencias por dicha participación y se responsabilizó por ello, a pesar de que pudiese estar muy equivocado – como al tratar de negar la evidencia sobre holocausto y justificar lo injustificable-. Como bien lo indico el escritor español Javier Cercas en libro Soldados de Salamina es perfectamente posible ‘ser un gran escritor y un grandísimo hijo de putas’, ambas cosas no se excluyen. No es requisito para ser gran escritor ser buena persona y al hacer crítica literaria siempre es conveniente tener presente este importante y, las más de las veces, olvidado detalle.

Retomando nuestro tema, su trayectoria como escritor fue marcada, sin lugar a dudas, por la diplomacia. Sus misiones como embajador en la India, Austria y Yugoslavia al servicio de gobiernos tan disímiles como el de Carlos Ibáñez del Campo –que facilitó su ingreso al servicio exterior- , el de Jorge Alessandri y el de Eduardo Frei Montalva, le permitieron instalarse durante largos períodos en el extranjero y hacer amistades con personas que marcarían el resto de su vida, sólo por mencionar algunos y sin afán de ser exhaustivo: Jawarhalal Nehru, Indira Gandhi, Carl Gustav Jung, Herman Hesse y el Dalai Lama.

Miguel Serrano es quizás uno de los escritores chilenos que ha sabido mejor describir la naturaleza de nuestro país y explorar el insondable mundo de los sueños que cada hombre lleva dentro de sí. Hace ya mucho tiempo lo primero había sido destacado por Luis Oyarzún quien señaló que Serrano hizo aparecer en sus libros a la naturaleza no como algo inanimado e inerte, sino que como algo vivo, que posee su propio sentido y existencia. Esta capacidad para hacer trascender las cosas y sus permanentes búsquedas del fin último de las mismas transforman a Miguel Serrano en un grande, y si a ello agregamos que es capaz de tener una prosa limpia, clara y atractiva el logro es mucho mayor.

No existe otra forma de confirmar lo hasta aquí señalado que leyendo sus páginas, en especial recomiendo su libro «Memorias de Él y Yo» – los cuatro tomos son imperdibles y, tal vez, sin temor a exagerar las mejores memorias escritas en Chile-, «Las Visitas de la Reina de Saba», «El Círculo Hermético» y el ya mencionado «Ni por mar, ni por tierra».

Vale la pena recordar aquellas bellas palabras que el doctor Carl Gustav Jung hizo a Miguel Serrano a propósito de su libro «Las Visitas de la Reina de Saba» –al que calificó como un sueño dentro de otros sueños- :

“Si alguna vez usted tiene la suerte y el dolor, la gloria y el drama, de encontrarse con la Reina de Saba en este mundo, no cometa el error (el crimen, digamos) de casarse con ella, porque se destruirían ambos. La Reina de Saba es para el amor, no para el matrimonio (…) El Amor es un licor que hay que beber en un vaso de cognac, pequeño, y de un solo sorbo. Si usted pretende hacerlo en un vaso de cerveza, se envenena y muere…”

Thomas Mann decía que las citas son una forma de agradecimiento, de manera que para terminar esta despedida y para homenajearle hago una cita que resume sus pensamientos y búsquedas:

(…) no le interesaba lo que los seres humanos pudieran decir con palabras; le interesaba su silencio. “Hay gente que habla muy bien; pero, en cambio, tienen mal silencio. Y es el silencio lo que importa. La preparación para el gran silencio…”

No fue otra cosa lo que hizo Miguel Serrano en su vida: prepararse para el gran silencio y trascender por medio de un acto –la escritura- que no es más que dar sin recibir y sin esperar respuesta: amar a fin de cuentas.

 

Sergio Cortés
Abogado Universidad de Chile

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Entrevista a Abdelhadi Boucetta, embajador de Marruecos en Chile

Fecha 17/03/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

“Una nueva cumbre de la Unión del Magreb Árabe debería ser una iniciativa demasiado importante, ya que el bloque está prácticamente paralizado desde hace unos 15 años”

Erick Belair / Yofui.com

Erick Belair / Yofui.com

Como en anteriores ocasiones, el recibimiento es fraternal, cálido y amable.  Da la impresión de estar en un lugar conocido, afable y acogedor.  Es aquí donde Abdelhadi Boucetta abre las puertas de la Embajada de Marruecos en Chile, dando inicio a un interesante diálogo con el embajador marroquí.  Diversos tópicos y diferentes miradas.  La visión del Marruecos de hoy.  Su política interna y sus relaciones con el mundo.  Los procesos de integración.  Y, por supuesto, el Sahara.  De todo se habló en esta grata conversación.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de marzo, 2008
Entrevista realizada en la Embajada de Marruecos
Santiago, Chile

Qusiera comenzar con un hecho actual.  Hace un tiempo los presidentes de Túnez y Mauritania se reunieron y hablaron sobre la posibilidad de realizar una nueva Cumbre de la Unión del Magreb Árabe.  ¿Qué piensa de esto?

Debería ser una iniciativa muy importante, porque la Unión del Magreb Árabe está prácticamente paralizada desde hace 14-15 años, asi que para los países y pueblos del Magreb Árabe una integración regional a través de una unión puede ser un punto muy positivo para el desarrollo de esta zona.  Además, para la Unión Europea, la Unión del Magreb Árabe podría ser un bloque muy importante, ya que aquí viven cerca de 100 millones de personas.  Hemos intentado acercarnos a Argelia, con quien tenemos las fronteras cerradas después de mucho tiempo, pero no ha habido una respuesta positiva por parte de nuestros hermanos argelinos y pienso que este tipo de cosas impide tener una verdadera Unión del Magreb Árabe.  Esta falta de comunicación, pero particularmente entre Argelia y Marruecos, es una piedra de tope.

Al analizar un poco la historia del Magreb, uno puede ver que hay países, como Marruecos y Túnez, que han tomado un camino muy diferente al de Libia y Argelia.  Estos últimos se han centrado mucho más en el contexto árabe y africano, mientras Marruecos y Túnez se han abierto al mundo.  Entonces, las relaciones magrebíes son muy inestables y cabe preguntarse de quién es la responsabilidad de esta situación.  ¿Es algo que incumbe a todos o sólo a los que se encierran en su marco regional?

Escúcheme, no puedo hablar de otros países, sólo puedo referirme a Marruecos.  Nuestra política siempre ha sido de apertura.  Marruecos es un país que trabaja mucho sobre las libertades públicas, libertad económica, liberación de la mujer, acceso a la salud y de un mejor vivir para la población.  Luchamos de manera firme contra la precariedad y hay una serie de asuntos que en estos momentos se analizan en el país.  Por ejemplo, los derechos humanos, que tiene un reflejo en el proceso de reconciliación que se está gestando, después de todo lo que ocurrió en los años duros de Marruecos.  Se trata de una comisión similar a la Comisión Valech de Chile y ha hecho avances extraordinarios, reconocidos por todas las instituciones y ONGs internacionales que trabajar en esta materia.  La situación de la familia y particularmente el rol de la mujer en la sociedad ha tenido un vuelvo muy grande tras la entrada en vigor de la Mudawana, una ley que ha sido considerada como revolucionaria y, específicamente, tratándose de un país árabe y musulmán.  La mujer tiene, prácticamente, los mismos derechos que el hombre.  Hemos avanzado mucho en temas como los niños, el divorcio, el matrimonio, el acceso a trabajo, etc.  Entonces, nosotros estamos en pleno movimiento y con una dinámica de modernización y apertura hacia el mundo.  La política exterior marroquí es, igualmente, una política de apertura hacia todo lo que ocurre en el mundo.  Y nosotros continuaremos ofreciendo todo lo que podamos en pos de asegurar la estabilidad, la seguridad y la paz en el mundo.

Hoy, debido a su apertura al mundo, a los cambios sociales y a las buenas relaciones con otras regiones y países, Marruecos podría ser considerado como un modelo para los países magrebíes.  Entonces, ¿cree que Marruecos pueda ser el camino a seguir en el Magreb?

Nosotros trabajamos en Marruecos, pero de ahí a ser considerado como modelo, bueno, eso no es nuestra decisión.  Son aquellos que desean vivir esa experiencia los que deben decidir si somos o no un modelo, porque cada país tiene sus particularidades y, entonces, cada uno decide seguir un modelo que sea el mejor para preservar sus intereses y la estabilidad.  Nosotros tenemos nuestras particularidades y utilizamos los medios necesarios para mantener la estabilidad que conoce Marruecos después de mucho tiempo.  Todo el trabajo que hacemos y los caminos que hemos abierto son para una mejor condición  para la población.  Ese es el objetivo esencial de nuestra política.

¿Cuál es la importancia de Marruecos en el Magreb?

Todos los países magrebíes son importantes, aunque claramente el motor lo constituyen Argelia y Marruecos, así como Alemania y Francia lo han hecho en la Unión Europea.  Entonces, es importante que existan relaciones sólidas e intercambios entre los estados magrebíes.  Si no tenemos eso, será muy difícil lograr una verdadera unión.

Tengo entendido que existe un proyecto de una Universidad del diálogo en el Magreb…

Escuche, hay una idea que está en vías de circular y es la creación de una universidad interreligiosa.  El movimiento fue iniciado por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, por el mandatario turco Abdullah Gül y con el apoyo de la ONU, dentro del contexto de la Alianza de Civilizaciones.  Existe un grupo de alto nivel constituido por importantes personalidades políticas del mundo, dentro de los cuales se cuenta un consejero judío de su majestad el rey Mohammed VI, algo inédito en un país musulmán.  Todo aquello que tenga una naturaleza de acercamiento de civilizaciones, culturas y religiones es bienvenido, especialmente en este mundo de hoy, tan lleno de turbulencias.  Existe una tendencia a encerrerarse dentro de las fronteras, de no abrir las puertas a los otros y de rechazar a los demás.  Por eso, hay que luchar por el proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, que es defendido por la comunidad internacional y la ONU.  En eso estamos ahora.

A grandes rasgos, ¿cómo ve la situación del mundo árabe?

Nosotros tenemos una posición importante dentro del mundo árabe y de la Liga Árabe.  Sin embargo, adentro del mundo árabe hay problemas y dificultades.  Existen muchos conflictos como los que ocurren en el Sahara, Iraq, Líbano, la cuestión palestino-israelí y árabe israelí, Chad, Libia y Somalía.  Entonces, es importante tener una unión y un espacio para ésta.  Por ejemplo, el Consejo de la Cooperación del Golfo y la Unión del Magreb Árabe.  Es una contribución a la estabilidad del mundo árabe.  La Unión por el Mediterráneo podría ser importante también.  Es importante tener estabilidad.

Una parte de la política mundial sigue pensando en un mundo occidental europeo-cristiano y otro oriental.  Entonces, ven muy difícil una comprensión entre Europa y los países árabes y musulmanes.  Vemos el Proceso de Barcelona, la Unión por el Mediterráneo y la Unión del Magreb Árabe, ¿se podría decir que estos son ejemplos que demuestran la capacidad de diálogo entre árabes, musulmanes y europeos?

Claro que se puede vivir juntos.  Cada uno con sus particularidades e identidad.  La preservación de la identidad es algo esencial para el diálogo.  Es importante que cada uno defienda su identidad y que esté dispuesto a dialogar con el otro.  La política marroquí siempre ha sido, y lo vuelvo a repetir, una política de apertura, diálogo y alianzas.  El choque de civilizaciones, del cual tanto hablan, no lo considero como tal.  Es un choque de ignorancias, porque esas personas ni siquiera se conocen entre ellos.  Cuando haya diálogo, comunicación y conocimiento del otro, entonces ya no habrá choque.  Ocurriá una osmósis y eso es importante.  Toda la política de Marruecos , desde siempre, ha incluido el conflicto de Medio Oriente, por ejemplo, y siempre con ideas de acercamiento y apertura.  Nosotros luchamos para que haya paz definitiva entre dos estados de la región de Medio Oriente.  Palestina e Israel.  Ese es el factor esencial para la paz en esta parte del mundo.

Hoy, el terrorismo está muy presente, especialmente, en Argelia.  Tomando en cuenta esto, ¿puede existir una política regional, no sólo entre los magrebíes, sino que también con los estados mediterráneos, para luchar contra el terrorismo?

Claro que es posible.  Sólo falta la voluntad política para hacerlo, ya que la lucha contra el terrorismo se ha convertido en un fenómeno global y, por lomismo, no puede ser sino que global.  Una lucha a lo largo del mundo es lo lógico, ya que el terrorismo se nutre, igualmente, de los problemas y defectos.  A nivel mundial, regional, local, internacional.  En forma frecuente, se mueven en la brecha del descontento y la desunión.  El terrorismo es un fenómeno que se alimenta de los problemas existentes en el planeta.  Es por que que es bueno acercarse para resolver este problema.  Es un fenómeno complicado y tomaría mucho tiempo comenzar a unirse para luchar contra el terrorismo.

Marruecos tienes buenas relaciones con países tan diversos como Malí, Mauritania, Senegal, Estados Unidos, España y Bélgica, por dar algunos ejemplos.  Entonces, quisiera saber qué opina respecto a la posición de Marruecos dentro del contexto mediterráneo, africano, mabgrebí, árabe y, en general.

Marruecos es un país árabe y africano, que tiene como prioridad la consolidación de la Unbión del Magreb Árabe.  Evidentemente, tenemos informes abiertos acerca del mundo diverso que nos rodea.  Nuestras relaciones con los países árabes son ejemplares, con los africanos es muy profunda.  Todos los proyectos que se han hecho, decididos por su majestad el rey Mohammed VI, han estado en el nivel de los países menos desarrollados de África.  Nuestra política con los africanos es muy digna, porque hemos, por ejemplo, suprimido la deuda externa de los países menos avanzados del continente.  Es algo que muy pocos han hecho en todo el mundo.  Nuestra apertura en el Mediterráneo es histórica y antigua.  Por siempre, Marruecos ha sido un pueblo atlántico y mediterráneo.  Nuestra apertura al Mediterráneo es muy importante.  Hemos apoyado la propuesta del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de la Unión por el Mediterráneo, declarada en marzo, en Tánger, en la visita de Sarkozy en Marruecos.  Esta Unión por el Mediterráneo ha sido aceptada por todos los miembros de la Unión Europea y empezó a tomar forma.  El Proceso de Barcelona también ha sido muy importante.  Siempre hemos sido un elemento activo de este proyecto, porque reafirma y consolida las relaciones entre el norte y el sur del Mediterráneo, entendiendo a ambas regiones como complementarias.  Eso tiene que vivirse en la comunión.

¿Cómo calificaría las relaciones entre España y Marruecos?

Bueno, España y Marruecos, como lo hemos dicho siempre, están condenados a entenderse, debido a la geografía.  Esta última determina muchas cosas y, frecuentemente, determina la historia.  Somos países vecinos y hay fricciones, como es entendible.  Son diferencias que relevan el peso de la historia, pero en estos momentos tenemos una dinámica muy positiva con España.  Existe, evidentemente, un problema con la inmigración, pero aquello no sólo compete a Marruecos y España, sino que es una temática global.  Prontamente tendremos una población de 200 millones de personas que seguirán emigrando hacia el norte.  Estos inmigrantes vendrán de países del sur y, específicamente, desde África.  Y, justamente, el paso de entrada más importante es Marruecos, en África, y España, en Europa.  Entonces, tiene que haber una unión a nivel internacional, para ayudar a estos países a controlar la inmigración ilegal.  Nosotros estamos por el desarrollo de los países del sur, hemos suprimido la deuda externa, para así mantener la población de esos países en su lugar natural de vida.  Pero, aparece de ese problema de inmigración, que es global, también hay otros asuntos con España.  Está el tema de la pesca, algunos problemas con marroquíes que viven en territorio español y otros puntos importantes.  Sin embargo, siempre hay una solución y el medio es el diálogo.  Podemos hablar de todo, podemos encontrar solución a todo.  Sólo es necesario dialogar, comunicarse y estar preparados para encontrar soluciones mediante las conversaciones.  Cada cual tendrá que hacer concesiones, porque no todos pueden ganar, y es importante discutir de igual a igual.  Las soluciones, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre han sido encontradas después de las guerras.  Entonces, es importante darse cuenta que no es necesario pasar de nuevo por estos hechos  y que lo relevante es discutir desde el comienzo y así evitar la guerra.  Tenemos el ejemplo de Europa, con países que lucharon entre sí y que tuvieron terribles conflictos armados.  Sin embargo, ellos se sentaron para hablar y hoy vemos a una Europa modelo de integración y unión, sin fronteras y con plena apertura, a pesar de todo lo acontecido en el pasado.

¿Cómo calificaría las relaciones entre Marruecos y Chile?

Tenemos una muy buena relación con Chile y, particularmente, después de la visita del rey de Marruecos en 2004, que fue la primera vez en la historia que un jefe de estado árabe visitaba Chile.  Es algo muy importante, porque la primera visita de un rey marroquí es, al mismo tiempo, la primera de un gobernante árabe.  En esa ocasión se firmaron acuerdos de cooperación en agricultura, pesca y cultura.  Tenemos un acuerdo sobre el diálogo político entre ambos países y, también, exista una dinámica de inversiones.  Actualmente, inversores chilenos están interesados en invertir en el sector pesquero y agrícola marroquí.  Tenemos una comisión mixta, entonces existe una dinámica realmente interesante, basada en el diálogo y la cooperación.  Es una buena señal.

China es el cuarto socio comercial de Marruecos y posee, además, una gran presencia en África.  Por lo mismo, algunas personas piensan que esto es muy bueno, aunque otras afirman que hay que ser más cuidadoso con la presencia china en África.  ¿Qué piensa usted respecto a esta situación?, ¿existe realmente un riesgo o sólo son ideas en el aire?

No se puede olvidar que China es un mercado enorme y una economía en pleno crecimiento.  La economía china debe frenar un poco el ritmo de crecimiento, para así no desestabilizar la situación económica mundial.  El mercado chino es demandante de todo y la presencia china en África es importante, porque África es un continente en el cual están las reservas más grandes de materias primas en el mundo, algo que es demasiado relevante para el desarrollo de China y otros países.  No creo que exista un peligro, porque lo que está ocurriendo es una reformulación de todo el equilibrio mundial.  No se trata solamente de la presencia china y obviamente China no será el único factor que va a cambiar las cosas en el mundo.  Es cierto que China ha aumentado su presencia en África y, también, en otras partes.  Uno puede verla en América Latina, en Asia y en Europa.  China está por todas partes, algo que es normal.  Es un fenómeno que comienza a desarrollarse y por eso la integración es importante, ya que un país de 100.000 habitantes no puede negociar con la China, porque ese mercado no será importante para la economía china.  Sin embargo, un grupo regional puede entregar y recibir algo de China.

Hablaba de China, porque hay países que critican el actuar chino en el caso de Darfur.  En Sudán, China está muy presente económicamente, pero dejan aparte el contexto político y no se involucran mucho en la crisis sudanesa.  Entonces, algunos exigen que China también tenga un rol activo en el proceso de paz.  ¿Qué opina de esto?

Es muy sabido que la política exterior de China se basa en la no injerencia en políticas internas de los países y de siempre tomar una postura equilibrada.  Es algo muy sabio, pero también de interés, porque China no quiere verse involucrada en conflictos.  Lo que quiere China es mantener buenas relaciones con todos y por eso creo que su accionar en temas como Kosovo y Darfur va a ser muy moderado.  China no puede darse el lujo de enfriar o perder relaciones potenciales con otros estados, sea quien sea.

Si analizamos el devenir del gobierno marroquí y las informaciones publicadas en diversos medios, podríamos decir que existe una apertura cultural en Marruecos, pero también hacia el exterior.  ¿Piensa que eso puede ayudar a que los marroquíes tomen conciencia de sus valores culturales y, también, para que otros estados se acerquen a la cultura marroquí?

La cultura marroquí es muy conocida en el mundo y tenemos muchas cosas para mostrar, compartir y defender.  La cultura marroquí está enraizada en la historia.  La cultura es el punto principal de unión con los otros y, particularmente, con los países que geográficamente están ubicados lejos de Marruecos.  Por ejemplo, el objetivo de las jornadas culturales marroquíes que hemos organizado el año pasado en Chile fue, justamente, un hecho que posibilitó mostrar la cultura marroquí y eso es importante, porque la gente no conoce bien el lenguaje de otras naciones.  Las personas siempre aprenden las palabras vulgares.  En la cultura de los otros, uno aprende lo malo, pero siempre hay muchas cosas muy buenas e interesantes que no se conocen bien.  Entonces, lo más conocido son asuntos negativos.  La gente aprende los insultos, pero no, por ejemplo, la filosofía del lenguaje.  Por eso es importante acercar la cultura y el lenguaje a los otros, para que haya un mayor y mejor conocimiento.  Las relaciones culturales determinan, frecuentemente, todas las relaciones políticas, comeciales y sociales establecidas entre los países.  Se trata del conocimiento de pueblo a pueblo, de la cultura y no de un país a otro.  Son las costumbres, los hábitos, las tradiciones y los pueblos.

En Marruecos, el turismo, la agricultura y la pesca siguen siendo las principales fuentes económicas.  Entonces, quisiera saber si cree que algunos aspectos de la economía marroquí aún están subdesarrollados o que al menos necesiten un mayo trabajo específico.

La economía del país tiene aspectos muy importantes.  Tenemos sectores productivos como la agricultura, la pesca, el turismo y la minería.  Existe un Código de Inversiones que es muy liberal y ventajoso para los inversores extranjeros y nacionales.  Hay una tendencia  muy positiva por parte de los inversores extranjeros que se establecen en Marruecos.  Eso es un signo importante de estabilidad, de la existencia de un entorno de negocios importante y que es provechoso para los proyectos.  Claro que todavía hay cosas por mejorar, tenemos un tejido económico cada vez mejor en calidad, que atrae a muchos inversores de otros países hacia Marruecos.  Por ejemplo, hay chilenos que están interesados en realizar inversiones en el sector agrícola y pesquero.  También, están los estadounidenses, chinos coreanos y europeos.  Tenemos cerca de mil empresas españolas que se han instalado en Marrucos y unas 800 compañías francesas.  Renault, por ejemplo, va a instalar la usina de fabricación más grande en el norte de Marruecos, cerca de Tánger.  Entonces, hay un movimiento que es interesante.  Estamos en camino a contstruir uno de los más grandes puertos del Mediterráneo, el Tánger-Med, cerca del Estrecho de Gibraltar, que es muy importante en la ruta comercial y, hay que mencionarlo, es una de las más relevantes de todas las vías de comercio en el mundo.  Canal de Suez, Tánger-Med, Panamá.  Esa es la ruta ideal para el mercado asiático, americanos, europeo y africano.  Estamos en la zona de cruce de cinco continentes y es una posición estratégica.  En consecuencia, la cooperación con España es esencial, lo mismo que la estabilidad del sur del Mediterráneo.

Quisiera hablar un poco sobre la sociedad marroquí.  Marruecos es un país musulmán, pero con minorías cristianas y judías.  Lo positivo es que existe una tolerancia religiosa y, por ejemplo, la Unión Europea ha reconocido los evidentes progresos y el buen andar de Marruecos.    La gente tiene, en general, libertad para vivir y elegir y la Mudawana es una demostración.  Sin embargo, quisiera saber si cree que aún hay aspectos por mejorar.

La sociedad marroquí ha sido siempre muy tolerante y pluralista.  En Marruecos se pueden ver los distintos tipos físicos que existen en el mundo.  Desde la raza negra subsahariana hasta el prototipo escandinavo.  Por ejemplo, en las montañas del Rif viven mujeres y hombres que son muy parecidos a los habitantes de Suecia, Finlandia y Noruega.  En Marruecos están todos los tipos.  Escandinavo, negro, árabe, bereber, latino, etc.  Entonces, por definición, la sociedad marroquí es pluralista, multiétnica, multicultural y siempre mantienendo el diálogo entre las etnias, tribus y razas diferentes.  De por sí es una mezcla que ha existido a lo largo de toda la historia.  Podemos ver rutas de inmigración humana, de las más importantes, que pasan por Marruecos.  África, Medio Oriente, Europa y el acceso al Atlántico.  Es por esto que el territorio marroquí se ha convertido en un espacio de cruces, en el cual se conocen personas de diversas culturas, razas y religiones.  Siempre se ha hablado de Marruecos como un país de tolerancia y convivencia.  Por ejemplo, durante la presencia árabe en Andalucía, aquella región era considera como el modelo de convivencia y tolerancia en todo el mundo.  Judíos, cristianos y musulmanes vivían en una sociedad absolutamente abierta y respetuosa.  Además, hubo grandes desarrollos en las ciencias, la filosofía, la astronomía, en asuntos de sociedad y en códigos civiles, por ejemplo.  Hoy, todavía podemos ver nuevas Andalucías en este mundo y Marruecos es, justamente, una de esas nuevas Andalucías.

Marruecos es un país democrático, estable, en el cual los militares no tienen una gran influencia y, finalmente, donde sólo el terrorismo es una amenza.  Desde ese punto de vista, ¿cree que Marruecos es un ejemplo que desmitifica a los países árabes y africanos como centros neurálgicos de conflictos y problemas?

Como le decía, son los otros quienes deben decir “decido seguir a Marruecos como ejemplo”.  Nosotros trabajamos para dar, digamos, algo mejor a nuestro pueblo, que es lo más importante.  Buscamos facilitar las condiciones de vida y que haya un verdadero estado de derecho en todo el territorio del país.  Muchas organizaciones han reconocido nuestros esfuerzos orientados hacia ciertas áreas.  Y esto es una realidad extraordinaria para un país aún en vías de desarrollo.  Es la apuesta que hemos hecho, adoptada por su majestad el rey Mohammed VI, para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Quisiera hablar de uno de los temas más complicados, es decir, el Sahara.  En marzo pasado se realizó la cuarta ronda de negociaciones y las posturas siguen siendo muy claras por lado y lado.  ¿Cómo vislumbra este asunto?

La historia del Sahara es muy simple y no es necesario complicarse.  Para nosotros, se trata de un grupo de separatistas marroquíes, apoyados por Argelia y que desean crear un nuevo estado en la región, para así facilitar el acceso de Argelia al Océano Altántico y encerrar a Marruecos dentro de una presencia hegemónica argelina.  Para nosotros se trata de un asunto de integración y soberanía nacional y nunca abandonaremos esto, porque un país no negocia su soberanía, ni tampoco su integridad territorial.  Es cosa de revisar la historia.  Y cuando el Frente Polisario y los argelinos hablan de la decolonización, ¿de qué hablan?, ¿qué fue colonizado?, ¿acaso un estado que se llamaba Sahara?.  Eso no existe, no había ningún país llamado Sahara al momento de la colonización europeo.  Lo colonizado era un territorio marroquí y la decolonización significa devolver los terrenos conquistados a la patria original.  Ese es el objetivo del acuerdo que firmamos con España, en Madrd.  Los saharawis son tribus que se mueven a lo largo y ancho del Sahara.  Están en Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí y Chad.  Están en toda la continuidad de la zona sahariana.

Marruecos habla de una autonomía.  ¿Cree que ese sea el camino?

Ya hemos entregado un proyecto de autonomía y estamos muy abiertos a la negociación, pero no podemos ir más lejos, ya que no podemos negociar nuestra soberanía e integridad nacional.  La autonomía es una solución.  Queremos hablar con los separatistas y no sé si algún otro país ha hecho eso, pero nosotros sí.  Estamos abiertos a todas las soluciones y negociaciones, pero nuestra soberanía e integridad no se negocia.  También, debemos decir que el problema del Sahara es entre Marruecos y Argelia y no entre el Frente Polisario y Marruecos, porque el Frente Polisario es Argelia.

Entonces, ¿el conflicto del Sahara sería un obstáculo para una verdadera Unión del Magreb Árabe?

Sí.  De momento que se firmó la creación de la Unión del Magreb Árabe, en Marrakesh, en 1989, todos los jefes de estado se comprometieron a respetar la soberanía e integridad territorial de los países firmantes.  Todo eso quedó muy claro, entonces empezar un proceso de creación de un nuevo estado adentro de esta unión es aberrante.  Personalmente, no veo que la Organización de Estados Americanos, por ejemplo, vaya a crear un nuevo país en América.  Tampoco veo que las organizaciones internacionales apoyen la creación de las FARC como un estado.  En Asia tampoco se puede pedir el nacimiento de un nuevo país.  Entonces, la situación del Sahara podría crear precedentes peligrosos para el mundo.

¿Se puede encontrar una solución al problema del Sahara?

En política todo es posible.  La solución depende de Marruecos y Argelia.  Cuando nuestros vecinos deseen encontrar la solución al conflicto del Sahara, entonces habrá solución.  Ahora, si Argelia continúa apoyando la creación de un nuevo estado en el Magreb, ella misma tendrá problemas en su territorio.  Ellos tienen el asunto de la Kabilia y los tuaregs, que luchan por su independencia.  De hecho, existe una guerra contra los tuaregs de Malí y Argelia.  Eso puede entregar una inestabilidad a toda la región del Sahara.  La solución al problema del Sahara contribuirá a darle estabilidad a la zona y a lucha de mejor forma contra el terrorismo.  Ahora, si desean crear un estado saharawi, entonces eso debiera incluir a todo el Sahara.  Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, Chad, Sudán, Libia y Egipto.  El Sahara es eso y no solamente el Sahara marroquí.  Entonces por qué tiene que ser Marruecos quien entregue una parte de su territorio.  Por qué no lo hace otro país.

Quisiera saber si usted cree que lo acontecido en Kosovo podría ser un precedente para el conflicto del Sahara.  Le pregunto esto, porque el Polisario ha dicho que esto sería así…

Es algo que no tiene relación.  El problema es, por ejemplo, que Argelia apoya la autodeterminación del Sahara, pero se declara en contra de la independencia de Kosovo.  Entonces, qué quiere decir esto.  Es una contradicción y lo que les interesa es preservar las relaciones con Rusia.  Son intereses y no principios.  Hablando de Kosovo, es algo absolutamente diferente, porque es toda la región de los Balcanes la que ha sufrido con las masacres y se trata de un país dividido y con muchas diferencias étnicas.  Los kosovares y los serbios, por ejemplo, son dos religiones, dos etnias y dos culturas.  Sin embargo, en el Magreb y el Sahara, es una sececión de un grupo minoritario muy pequeño de Marruecos, pero que habla la misma lengua y que tiene la misma cultura y religión de los marroquíes.  Lo que quiero decir es que el asunto de Kosovo es una excepción y no la regla.   Es un problema muy especial, muy sui generis y que no se va a repetir.  No podemos seguir ofreciendo independencias a todos grupo humano que tenga una cultura, un idioma y hábitos diferentes, porque así llegaríamos a tener una infinidad de países en el mundo.  La integración es la opción.

Kosovo, Osetia del Sur, el Sahara, etc., ¿estos movimientos sólo existirían para hacer ruido, ya que carecerían de una base lógica?

Nada de lógica. Nada.  Todo lo que ha pasado en el espacio soviético, igualmente, es un problema.   Es la desintegración de un país y eso es un enorme problema para el mundo.  Sin embargo, no podemos empezar a revisar todos los tratados antiguos y no podemos permitir eso, porque si empezamos, entonces nunca terminaremos.  Tenemos que encontrar soluciones integrales y hay que modificar el nuevo concepto de soberanía.  No estamos en el siglo 19, eso es tiempo pasado.  Con Internet y la tecnología no podemos quedarnos encerrados en las fronteras.

Entonces, ¿cree que la integración no sólo es el futuro en África y el Magreb, sino que en todo el mundo?

Escuche. Escuche, la futura lucha del mundo va a ser por la sobrevivencia, por la salud, por la distribución del agua y para compartir.  La lucha no será por conquistas de territorios o por la creación de nuevos estados.  Existen peligros mucho más importantes para la humanidad…

En ese contexto, ¿la integración sería la mejor solución?

Es la solución.  La integración con autonomías al interior de los países, esa es la opción.  Existen, por ejemplo, las autonomías españolas que en realidad son verdaderos países al interior de uno, pero eso se realiza porque existen particularidades muy especiales.  En todos los estados hay diferentes costumbres, culturas, personas, etc., pero todos viven en el mismo país.  En Chile, la gente es difererente, pero no vemos una división entre los del norte y los del sur.  Acá todos son chilenos.  También puede ver lo mismo en el caso de Alsacia y el País Vasco.

Para terminar, ¿cómo ve a Marruecos en el futuro?

Tenemos que trabajar en el presente para asegurar el futuro.  Veo a Marruecos en el contexto de la globalización y esto es muy importante.  Por eso, hay que reducir la brecha digital existente entre el norte y el sur.  Tenemos que realizar más inversiones en tecnología y educación.  Debemos trabajar unidos en temas como la salud, prevención de riesgos, etc.  Por ejemplo, los virus no atacan países, sino que regiones.  Tenemos que luchar contra las amenazas externas y no contra estados.  Los fenómenos climáticos, la salud, las diferencias económicas y la contaminación.  Esa es nuestra lucha.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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