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“Occidente” fallará…….nuevamente

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“Occidente” fallará…….nuevamente

Fecha 12/09/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Una coalición de 40 países anunció, con bombos y platillos, que luchará contra el temido Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, en inglés). De confirmarse las informaciones, veremos, nuevamente, a Estados Unidos y Francia, entre otros, metiendo sus narices (y mucho más que eso) en una complicada zona como Medio Oriente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de septiembre, 2014

Fotografía: AP

Fotografía: AP

A priori, se puede inferir que esta iniciativa podría estar condenada al fracaso. Esto último, por razones evidentes. Primero, se tratará de un esquema ya repetido y que, en los últimos casos, no dio resultados. Es cosa de ver lo que ha acontecido, por dar algunos ejemplos, en Libia, Siria y el mismo Irak. Segundo, el tiempo se ha encargado de confirmar que el mal llamado “mundo árabe” –concepto bastante general y que olvida las particularidades étnicas de cada país- suele ser, debido a sus notables desuniones, incapaz de ir más allá de la superficie. Tercero, se intentará apagar el fuego con bencina. Cuarto, queda la impresión que los gobiernos involucrados no tienen una clara idea sobre quién es su rival. Quinto, el campo de acción de ISIS también se estaría expandiendo a otras zonas y a través de alianzas con células terroristas que operan, de forma independiente o conectadas entre sí, en el Magreb.

Así, y ad portas de una nueva intervención militar, que seguramente se materializará con ataques aéreos (para así evitar bajas en el terreno) y con más destrucción, cabe poner énfasis en los últimos fracasos de las propuestas hechas por “Occidente”–otro concepto que amerita una revisión por parte de los académicos- en la resolución de conflictos en zonas o continentes como África y Medio Oriente. Por eso, vale la pena realizar una rápida revisión de ciertos casos emblemáticos.

En la mal llamada “Primavera Árabe” –concepto difuso, poco académico y alejado de la realidad- cayeron Zine el Abidine Ben Alí (en Túnez), Muammar Al Ghaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Ali Saleh (Yemen). Y aunque cada uno de estos países ha desarrollado (y desarrolló y desarrollará) un proceso diferente, todos ellos tienen en común que el accionar de las “potencias occidentales” no fue más que un error. No sólo porque durante años le dieron la mano a estos dictadores, sino que después, y mediante la clásica vuelta de chaqueta, optaron por apoyar a las “masas” (otro concepto confuso) que querían sacar del poder a los mencionados líderes. Luego, vendría el descalabro en los estados mencionados.

En la actualidad, Libia tiene dos parlamentos (uno en Tripoli y otro en Benghazi) y dos gobiernos (uno islamista y otro de “unidad nacional”); Egipto nos ha recordado al Gatopardo; Yemen no logra salir de su frágil y casi inexistente institucionalidad democrática; y Túnez ha sufrido para intentar lograr la estabilidad política (la social no debería restablecerse  en el corto y mediano plazo). A eso, hay que sumar la guerra civil en Siria y, por supuesto, el caos imperante en Irak post invasión estadounidense y retirada de las tropas. Todo esto ha servido, además, como un detonante de algo que ya existía, pero que en las condiciones actuales encontró un camino más llano para avanzar. Se trata del terrorismo, tráfico de armas y otras preocupantes situaciones.

Como se puede ver, donde hubo intervención europea-estadounidense, sólo se generó desorden y se profundizaron los conflictos internos de los países y las regiones afectadas. Como última muestra, la guerra en Malí.

Por eso, no se cae en una exageración, ni tampoco en un panfleto político, cuando se afirma que las iniciativas europeo-estadounidenses sólo han fracasado. Si esto último es algo que se quería provocar (desde la perspectiva de las teorías conspirativas) o si simplemente se trató de un mal manejo de la situación (visión simplista, pero que no debe ser descartada) es otro tema y no viene al caso examinarlo en esta columna.

Es así que ahora, en momentos en los cuales se anuncia una coalición internacional (frase conocida) es importante recordar que este tipo de campañas suelen demostrar y confirmar que “Occidente” no es un interlocutor válido para solucionar problemas en África y Medio Oriente.

“Occidente” falló, falla y fallará. A menos que cambie sus paradigmas.

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Implicancias de la reelección de Obama en el mundo árabe-magrebí

Fecha 21/11/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 6 de noviembre pasado se concretó la reelección de Barack Obama, actual presidente de Estados Unidos. A partir de eso, ya se puede empezar a vislumbrar lo que podría modificarse (o no) en el Magreb y el Mashrek.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 21 de noviembre, 2012

Fotografía: AP

Fotografía: AP

El contexto ya es conocido. A fines de 2010 comenzó un proceso de cambios en el mundo árabe y magrebí, lo cual trajo como consecuencia la caída de dictadores como Muammar al Gaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Zine el Abidine Ben Alí (Túnez).

Junto a eso, llegó la curiosa “transición democrática” de Yemen y, en paralelo, ciertos países árabes y magrebíes lograron enfrentar de mejor forma el nuevo camino. Ahí se cuentan, con diferentes matices, Marruecos, Argelia, Jordania y Omán, por dar algunos ejemplos.

Ayer, hablar del proceso de cambios significaba referirse a Siria, país que está sumido en una terrible guerra civil. Quiérase o no, este conflicto es el que se estaba llevando toda la atención, desplazando lo que al mismo tiempo ocurre en Bahrein y Mauritania, países que en cualquier minuto pueden “reventar”.

Incluso las clásicas tensiones al interior del Líbano pasaron a un segundo plano, algo que también se repetiría, en una zona mucho más lejana. Se trata de la famosa rebelión tuareg de Malí, la cual, hoy por hoy, ha convertido a este país en un cuasi estado fallido.

Las informaciones, provenientes desde Malí,  dan a entender que los rebeldes laicos del MNLA han perdido terreno frente a los islamistas radicales de Ansar Dine, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y del Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO). Todo estos grupos tienen nexos con Boko Haram (Nigeria) y Al Shabaab (Somalía).

Resumiendo, ayer, la atención estaba puesta en la guerra civil de Siria y, en menor medida, en la inminente intervención militar de Malí (aprobada por la ONU).

Hoy, con una nueva y agresiva operación de Israel en Gaza, el contexto ha cambiado. Las miradas se centran en Medio Oriente y es ahí donde cabe preguntarse qué influencia pueda tener Estados Unidos en este conflicto.

La respuesta no es difícil de imaginar. El gobierno de Barack Obama ya declaró que le da un total apoyo a Israel y, con eso, desechó la opción de haber dado un giro histórico.

Aún más, Obama desaprovechó la oportunidad de haberse convertido en una especie de Recep Tayyip Erdogan de Estados Unidos, es decir, un líder admirado y respetado por el mundo árabe y magrebí.

En este contexto, la reelección de Barack Obama no trae consigo un cambio en la política exterior de Estados Unidos, ni tampoco en los nexos de los países involucrados en este conflicto, que ya no puede ser catalogado como “árabe-israelí”, pues involucra a otros actores. Como Turquía o Irán, por ejemplo.

Lo que sí es cierto es que Estados Unidos puede tener, eventualmente, una fuerte implicancia, pues si sigue apoyando fuertemente a Israel, podría generarse un conflicto a gran escala.  Y si bien se dio a conocer la noticia de una tregua, eso está lejos de ser la solución al asunto en cuestión.

Así, sólo Egipto podría evitar el gran descalabro. Mohammed Mursi ha sido un hábil político y ha sabido aunar a las potencias regionales (Irán, Egipto, Arabia Saudita y Turquía) en el grupo de “reflexión” sobre los asuntos de Medio Oriente.

Si la postura egipcia –que se ha acercado a África, que ha puesto límites a Estados Unidos y que va encaminado a un modelo de Islam político moderado como el turco-  es la que finalmente prima, entonces será una gran derrota para Estados Unidos e Israel.

Parece ser, entonces, que el gobierno de Barack Obama no será capaz de asumir el desafío de adaptarse al nuevo mundo árabe y magrebí.  La sombra de Israel sigue dominando en el Congreso estadounidense.

Y eso, nadie lo puede y/o quiere cambiar.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Gaza, una historia de violencia

Fecha 3/01/2008 por Nicole Saffie Guevara

“Es la locura aquí”, me dijo por Facebook un joven palestino que vive en Belén. Aunque distante a 86 kilómetros, en Cisjordania se respira un clima tenso debido a los ataques en Gaza. Esa estrecha franja de tierra, de apenas 360 kilómetros cuadrados, es el lugar más densamente poblado del planeta. Allí, su millón y medio de habitantes trata de sobrevivir en medio de la destrucción, el hambre y el miedo.

Nicole Saffie Guevara | 3 de enero, 2008

Majdi Fathi / APA

Majdi Fathi / APA

Claro que la historia de violencia que afronta este territorio no se acota al actual ataque israelí, sino que se remonta a varias décadas atrás. Con la creación del Estado de Israel en 1948, Gaza y Cisjordania se transformaron en los últimos retazos que quedaron de la Palestina histórica, donde se establecieron miles de refugiados, quienes huyeron de la violencia o fueron expulsados de sus hogares por el ejército israelí.

Casi dos décadas más tarde, en la Guerra de los Seis días de 1967, Israel cruzó la llamada “línea verde” o frontera con Gaza y Cisjordania, tomando posesión de ambos territorios. Sólo con los Acuerdos de Oslo, a principios de los noventa, se creó la Autoridad Nacional Palestina, entidad que estaría a cargo de ambas zonas. Sin embargo, en la práctica se trataba de un control bastante limitado, acotado sólo a un cuerpo policial y al poder administrativo. Las fronteras, la fuerza militar y el espacio aéreo y marítimo, permanecían en manos israelíes.

Con el fracaso de Oslo, debido a una serie de incumplimientos en la implementación del acuerdo, sobrevivino la frustración del pueblo palestino. Y con ella, la segunda Intifada o levantamiento popular en el año 2000 (la primera fue en 1987), a raíz de la provocativa visita del entonces líder del partido conservador Likud, Ariel Sharon.

Durante los años de Intifada, la violencia del ejército israelí se hizo sentir sobre la población civil palestina. Proliferaron los check points o puestos de control, que restrigen la libre circulación por el territorio, impidiendo a las personas acudir a sus trabajos, colegios, universidades, visitar a sus parientes e incluso ir al hospital; también fueron cada vez más frecuentes los toques de queda, los embargos de alimentos y comenzó la construcción del muro, aislando a cientos de poblados entre sí y expropiando tierra en forma arbitraria.

Gaza entonces sufrió múltiples ataques, como la destrucción de su puerto y aeropuerto, viviendas y una serie de edificios públicos. A ello se sumó un conjunto de medidas que sólo hacían más insufrible la vida cotidiana, como fue la prohibición de acercarse a la playa. Con varios kilómetros de costa, la gente no podía pescar para aliviar la pobreza de más de 60%, y los niños ni siquiera podían poner un pie en la arena, pese a que el hacinamiento se hace cada vez más insoportable.

La situación pareció aliviarse un tanto en 2005, con el desalojo de los asentamientos judíos y sus 6.900 colonos que vivían en Gaza. Entonces resurgieron las esperanzas en la población de por fin vivir en paz. Sin embargo, la ilusión no duró mucho. Las cosas cambiaron completamente en 2006, con la llegada al poder de Harakat al-Muqáwama al-Islamiya, más conocido como Hamas.

El Movimiento de Resistencia Islámico es una organización nacionalista islamista sunní, que tiene como objetivo el establecimiento de un estado islámico en la región histórica de Palestina (la que comprende el Estado de Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza) con capital en Jerusalén. Gracias a su extendida red de ayuda social -que incluye desde hospitales y escuelas hasta actividades culturales-, Hamas logró imponerse al debilitado Al Fatah, el partido liderado por Yasser Arafat, acusado de corrupción.

Entonces, Israel anunció a los cuatro vientos que no estaba dispuesto a negociar con Hamas, por no considerarlo como un actor válido, lo que terminó por liquidar a la ya moribunda Hoja de Ruta -la iniciativa de paz de Naciones Unidas, Unión Europea, Rusia y Estados Unidos. Luego, las luchas internas por el poder no se hicieron esperar. Ante la negativa del movimiento islámico de formar un gobierno de unidad nacional, en la práctica se crearon dos gobiernos palestinos: uno de Al Fatah en Cisjordania, liderado por Abu Mazen, y el otro de Hamás en Gaza, con Ismail Haniya a la cabeza.

Ante esto, la estrategia de Israel fue aislar completamente a Gaza. Nadie puede entrar ni salir del territorio. Esto no sólo es válido para las personas, sino también para alimentos, materiales de construcción, medicamentos, insumos y toda clase de elementos necesarios para la vida diaria. Con los check points cerrados para cruzar a Israel y la frontera con Egipto clausurada, proliferaron los túneles secretos hacia el vecino árabe. Por allí se dice que no sólo pasan armas para Hamas, sino una serie de productos que se venden en el mercado negro, hciendo un poco más soportable la vida de la población.

Ésta es la situación en que se encontraba Gaza al momento del bombardeo israelí. Israel alega que Hamas transgredió la tregua de paz lanzando cohetes kassam, y con ello, amenazando la seguridad de la población cercana a la frontera. La respuesta fue aplastante: una lluvia de misiles cayó sobre Gaza, destruyendo no sólo bases militares, sino también viviendas, universidades y edificios públicos.

Sin embargo, la razón de fondo va mucho más allá de proteger a la población. Lo que busca Israel es sacar a Hamas del poder, un grupo que desde el principio ha sido visto como una amenaza para la estabilidad del Estado. Y para lograrlo, el Gobierno israelí está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Así lo demuestra el llamado a filas a 6.500 reservistas del Ejército y las declaraciones de los altos mandos de que éste es sólo el comienzo.

Por supuesto que Israel no está solo. Como es de costumbre, cuenta con el apoyo de Estados Unidos. Pese a que el nuevo Presidente, Barack Obama, no ha hecho ninguna declaración pública ante los recientes ataques de Israel, es conocida la postura de Hillary Clinton, su próxima secretaria de Estado, de respaldar las acciones de Israel y de negarse a negociar con Hamas si éste no reconoce a Israel y no abandona la violencia.

Mientras, más de quinientos palestinos inocentes ya han muerto. Y la cifra sigue aumentando cada día. ¿Quién protege a estas personas, cuyo único “pecado” es tratar de sobrevivir? Porque eso es lo que más impresiona de los palestinos: no importa cuántos ataques reciban, cuántos check points cierren sus caminos, cuántos toques de queda limiten su vida cotidiana… ellos siguen ahí, resistiendo, intentando resguardar lo único que les queda: su tierra.

Nicole Saffie Guevara
Periodista y Magíster en Relaciones Internacionales

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arafat

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Sobre tablas y Palestina

Fecha 28/06/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hasta que cayó el caudillo.  Así de simple.  La muerte de Yasser Arafat fue una película demasiado corta e imprevista, aunque letal.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 de junio, 2006

Chrs Harris / Times

Chrs Harris / Times

Ahora, quedará un gran vacío en la cúpula de la nación palestina, la cual deberá asumir con gran madurez dos hechos de gran trascendencia: el deceso de su máximo líder y la gran oportunidad histórica de cumplir el sueño palestino, entregando un estado al pueblo de la vieja Palestina.

Y como ocurre con todo hecho importante e histórico, las piezas del tablero de ajedrez comienzan a moverse.  Las mal denominadas “potencias” mundiales ya han dado muestras de lo que será su postura y axioma principal frente al fallecimiento del Presidente de la Asociación Nacional Palestina (ANP).  Sin embargo, lo más importante radica en el asunto medular, que es saber cómo se resolverá la “cuestión palestina”, es decir, encontrar una solución salomónica, que permita la instauración de Palestina como estado y, al mismo tiempo, paz en Medio Oriente.

Es en este punto donde aparece con gran fuerza la figura de Ariel Sharon, Primer Ministro de Israel, quien durante años endosó la responsabilidad del conflicto palestino-israelí a Yasser Arafat, acusándolo de ser un terrorista.  Lo cierto es que tras la muerte del “rais”, Sharon deberá demostrarle al mundo que ahora sí es posible darle un punto final a la violencia.  Sin embargo, quedan muchas dudas de cuán flexible será el accionar del gobierno israelí, por cuanto las ideas y los conceptos de Ariel Sharon descansan en un maquiavélico sionismo.

El rol de la ONU también será fundamental y tendrá una doble cara.  Por un lado, deberá velar por el correcto funcionamiento del proceso de pacificación del Medio Oriente y, por otro lado, tendrá la gran posibilidad de recuperar su vigencia como organización, tras ser ignorada como autoridad en la invasión estadounidense en Irak.

Finalmente, aparecen los países más influyentes –como Francia, Alemania, EE.UU., Reino Unido, China, Rusia y Japón-, los cuales mediante su activa diplomacia podrán dejar un precedente y sentar las primeras bases para un Medio Oriente en paz.

En conclusión, se trata de lograr establecer el punto de partida en este largo proceso.  Sin embargo, mientras hayan dos naciones, pero solamente un estado y un pueblo errante, entonces todo será un sueño y, peor aún, una quimera.

Mientras tanto, la partida de ajedrez ha comenzado y cada cual estudia bien sus movimientos.

Que en Palestina e Israel el tablero termine en tablas.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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