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Acercamiento Sudán-Israel: ¿un nuevo triunfo diplomático de Trump?

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Acercamiento Sudán-Israel: ¿un nuevo triunfo diplomático de Trump?

Fecha 23/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Gracias a la mediación del gobierno de Estados Unidos, liderado por su presidente, Donald Trump, se ha generado un nuevo hito en la agitada y siempre importante diplomacia de Medio Oriente. Así es que, siguiendo los pasos de Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, Sudán se convirtió en el tercer país “árabe” que, durante 2020, establece relaciones diplomáticas con Israel.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 23 de octubre de 2020

(Star Vision News)

Uno de los ejes de la política exterior de Donald Trump ha sido involucrarse, activa y directamente, en Medio Oriente y, particularmente, en el conflicto árabe-israelí. Es así que sus esfuerzos han estado dirigidos a conseguir nuevos reconocimientos de Israel y, específicamente, la generación de vínculos diplomáticos oficiales entre dicho país y sus pares árabes. Al respecto, todo se concretó el 13 de agosto del presente año, día en el cual Emiratos Árabes Unidos e Israel anunciaron el establecimiento de relaciones diplomáticas, lo cual fue seguido, el 15 de septiembre, por la normalización de los nexos entre Bahrein e Israel. Estos últimos, consolidarían el acercamiento el 18 de octubre, ya que en esa fecha generaron vínculos diplomáticos. En ambos casos, la injerencia y participación de Estados Unidos fue fundamental.

Luego de lo ocurrido con Emiratos Árabes Unidos, una serie de proyecciones y rumores empezaron a circular, los cuales intentaban dilucidar cuáles serían los siguientes estados del “mundo árabe” que seguirían los pasos de Emiratos Árabes Unidos. Se dijo que Arabia Saudita -por ser aliado de Estados Unidos y tener nexos secretos o subterráneos con Israel- podría ser un buen candidato, pero también se mencionó, entre otros, a Sudán, Bahrein, Omán e incluso Marruecos. Finalmente, Bahrein despejó las dudas y se sumó a la lista que integran Egipto (relaciones diplomáticas con Israel desde 1979), Jordania (1994) y Emiratos Árabes Unidos (2020). Tras la normalización entre Bahrein e Israel, se repitió el mismo ejercicio y nuevamente aparecieron los mismos nombres. Varios gobiernos comunicaron, en forma clara, que no reconocerían a Israel, ni tampoco establecerían vínculos diplomáticos. Así fue que Kuwait, Omán, Marruecos y Argelia, por dar algunos ejemplos, anunciaron que no cambiarían su postura respecto del conflicto palestino-israelí. Empero, con mucha fuerza se apuntó a Sudán, cuyo gobierno de transición entregó unas declaraciones algo difusas y que, desde esa perspectiva, permitió que aumentaran las especulaciones sobre un eventual avance de Estados Unidos e Israel en Sudán.

En septiembre y octubre, Sudán y Estados Unidos profundizaron las negociaciones y el diálogo sobre dos hechos fundamentales. Los africanos insistieron en que su contraparte estadounidense los sacara de la lista de patrocinadores del terrorismo, mientras que los norteamericanos buscaban un acuerdo sobre la indemnización por atentados ocurridos en 1998 (contra embajadas de Estados Unidos en Dar es Salaam, Tanzania, y Nairobi, Kenya) y 2000 (contra un destructor que estaba en las costas de Yemen). Al final, Sudán y Estados Unidos acordaron que el primero pagaría una indemnización de 355 millones de dólares, gracias a lo cual también se confirmó que Sudán sería eliminado del listado de países que apoyan al terrorismo. En medio de todo esto, diversas fuentes y distintos investigadores aseguraban que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Sudán e Israel estuvo sobre la mesa y que, de hecho, habría sido parte de las condiciones para alcanzar el acuerdo. Más allá de esto, lo concreto es que el 23 de octubre se produjo el anuncio, por parte del gobierno de Estados Unidos, de la normalización entre Sudán e Israel. Así, ambos estados generarían relaciones diplomáticas, algo que, de todas formas, aún no está confirmado. Básicamente, pues la normalización debe ser aprobada por el Consejo Legislativo, un órgano que aún no se ha conformado en Sudán. Esto último, pues el país se encuentra en pleno proceso de transición, la cual finalizará con elecciones en 2022. Al respecto, no se debe soslayar que el Consejo Legislativo estará integrado por diversos sectores de la sociedad civil y esto permite concluir que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Sudán e Israel podría quedar detenido. Por ejemplo, según el último sondeo de Arab Opinion Index, el 79% de los ciudadanos sudaneses encuestados aseguró que se oponía al reconocimiento de Israel, mientras que apenas un 13% se mostraba favorable a reconocer al estado israelí. Una demostración de aquello es que el sábado 24 de octubre hubo protestas, por el anuncio de normalizar los nexos con Israel, en las calles de Khartoum.

Volviendo al tema del acercamiento entre Sudán e Israel, es importante mencionar que Estados Unidos ha tenido una activa participación y, en este sentido, ha sido un nuevo triunfo para Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Eso sí, queda la gran duda de cuánta validez tendrán estos progresos diplomáticos. Primero, pues, a días de las elecciones presidenciales estadounidenses, es lógico pensar que todos estos movimientos obedecen a la campaña electoral del actual mandatario de Estados Unidos. Junto a eso, queda la interrogante sobre qué pasaría en caso que Trump no logre la reelección. ¿Habrá una continuidad de la política exterior de Trump respecto de Israel?, ¿se le harán modificaciones o simplemente se tomará otra dirección en los asuntos de Medio Oriente? Luego, también es necesario mencionar que el reconocimiento de Israel, como un estado y una parte legítima al momento de dialogar, es fundamental para conseguir una solución a los antagonismos existentes en Medio Oriente. Sin embargo, para que esto ocurra, también debe ir acompañado de gestos por parte del estado israelí. Así, lo deseable sería que se anunciara el término de las anexiones, el establecimiento de los límites previos a 1967, el cese de las violaciones a los derechos humanos y, finalmente, llamar a negociaciones sobre la situación de Jerusalén y, específicamente, de Jerusalén Este. En la medida que Israel no haga esto, cualquier tipo de acercamiento con otros estados árabes carecerá de legitimidad y, de hecho, podría ser interpretado como un deseo de perpetuar el actual estado del conflicto.

En este contexto, es probable que otros gobiernos del “mundo árabe” establezcan relaciones diplomáticas con Israel, pero también es evidente que muchos otros no lo harán. Es el caso de Argelia, Marruecos, Líbano y Kuwait, quienes han expresado, con claridad, sus posturas. Lo de Omán es incierto, pues hubo un cambio en la dirección del país (un nuevo sultán) y habrá que ver si su política de neutralidad será mantenida. Qatar, como aliado de Turquía, seguramente no modificará su posición respecto de Israel, en tanto que Irak y Siria tampoco deberían realizar acercamientos. En este escenario, cabe agregar que Líbano e Israel acordaron resolver sus disputas limítrofes en el mar Mediterráneo, lo cual permite ver que los avances diplomáticos israelíes no solo apuntan a los vínculos diplomáticos oficiales, sino que también a conseguir acuerdos en materias complejas y de históricas dificultades. En línea con esto último, Israel es parte del recientemente lanzado Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, el cual incluye a Chipre, Egipto, Grecia, Jordania e Italia. Además, Francia pidió ingresar al mismo. Esta alianza, teóricamente por los recursos naturales, es también un nuevo frente de combate entre Turquía y diversos países de dicha región, dentro de los cuales está Israel. En este contexto, sería interesante ver qué postura podría tener el Líbano. Si bien es cierto que un avance en las relaciones con Israel podría ser muy peligroso -el país se encuentra sumido en una profunda crisis, económica y social-, la integración regional podría ser beneficiosa para aumentar el Producto Interno Bruno (PIB). Así, la definición de los límites marítimos con Israel, podrían permitir al gobierno libanés la exploración y eventual explotación de los recursos gasíferos.

Turquía es, sin duda, el gran perdedor en esta oportunidad. Si bien hay otros derrotados, empezando por Palestina e Irán, Recep Tayyip Erdogan ha sufrido un duro revés, ya que, tras la caída de Omar al Bashir y la llegada de un gobierno de transición, el gobierno turco deseaba aumentar los nexos con Sudán y, en particular, aumentar su presencia e injerencia en dicho país. Esto último, continuando su lucha contra el bloque integrado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes. En los últimos años, especialmente en la última década, los dos principales estados de la Península Arábiga han iniciado una fuerte y ascendente penetración en la geopolítica del Cuerno de África y Turquía deseaba contrarrestar el poder que estaba obtenidos sus dos rivales, con los cuales se enfrenta, además, en Libia (principalmente, Emiratos Árabes Unidos), el Mediterráneo Oriental (Emiratos Árabes Unidos) y en el conflicto palestino-israelí.

Por último, el acercamiento entre Sudán e Israel debiese traer consecuencias en el Cuerno de África. Básicamente, pues, en el largo plazo, los puertos de Eritrea, Djibouti y Somalía (también la región de Somaliland) tendrán que reacomodar sus fichas ante un eventual desarrollo de la infraestructura portuaria sudanesa. Además, Etiopía y Somalía habían acordado invertir en cuatro puertos del mar Rojo, lo cual podría chocar con eventuales inversiones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos e Israel en los puertos y las costas de Sudán. Esto último se sumaría a la compleja presencia de diferentes países en la región, lo cual ha generado roces entre los gobiernos del Cuerno de África. Finalmente, Sudán podría maximizar su explotación petrolera y recuperar su importante rol en la zona. Sobre esto, queda la interrogante en relación al posible uso de Sudán como vía de entrada hacia países de la región que tienen buenos vínculos con Sudán.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

Fecha 30/09/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Apoyado por el gobierno de Donald Trump, el estado israelí ha conseguido establecer relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (agosto de 2020) y Bahrein (septiembre de 2020), dos países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) y aliados de Arabia Saudita en la Península Arábiga. Tras estos avances, se ha rumoreado con cuáles podrían ser los siguientes  estados “árabes” o “musulmanes” en generar vínculos oficiales con Israel y, en este sentido, Marruecos ha aparecido en algunos artículos, columnas de opinión y análisis. ¿Será posible esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 30 de septiembre de 2020

Antes de responder la pregunta, es necesario revisar la historia de los nexos entre Marruecos e Israel, los cuales, vale la pena recordarlo, no son oficiales (no hay relaciones diplomáticas establecidas), ni tampoco tienen una gran profundidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el sultán Mohammed V enfrentó a las potencias dominantes y desafió al nazismo. En aquel entonces, el líder marroquí declaró, ante estupefactos periodistas:

“No apruebo, para nada, las nuevas leyes anti-judíos y rechazo asociarme a una medida que desapruebo. Les informo que, como en el pasado, los israelíes seguirán bajo mi protección”.

Aquellas palabras eran un reflejo de la permanente postura, de Mohammed V, de no solo oponerse a leyes que menoscabaran los derechos de los judíos, sino que también de defenderlos e incluso negarse a darle una lista de ciudadanos marroquíes judíos al mariscal Philippe Petain (régimen de Vichy). Durante la década de 1940, el sultán expresaría su rechazo a medidas sectarias o discriminatorias:

“Acá no hay judíos. Solo hay marroquíes”.

La historia es aún más antigua, ya que, la presencia judía en el norte de África se remonta a más de 2.000 años. Sin embargo, tras la expulsión de judíos desde España, importantes asentamientos se registraron en el Magreb. En Marruecos, se estima que la colonia judía llegó a tener cerca de 300.000 integrantes y que, en las cercanías de la independencia marroquí, en 1956, el total había bajado, pero seguía siendo bastante importante (280.000 habitantes). Con el paso de las décadas y ante los diversos sucesos geopolíticos de la región y el mundo- fin de la Segunda Guerra Mundial, creación del estado de Israel y Guerra de los Siete Días, entre otros- la población judía emigró de Marruecos y se asentó en Israel, pero también en Francia, Estados Unidos y Canadá. Actualmente, la comunidad de judíos sigue presente en Marruecos, pero con una pequeña representación de unas 2.500 o 3.000 personas, aproximadamente (la colonia judía más numerosa en los países del “mundo árabe”).

Entre otros reconocimientos, el matrimonio judío es oficial en Marruecos, el rey Mohammed VI pidió que la Shoah (“Holocausto”) sea parte de los textos escolares y existen 54 sinagogas en todo el territorio marroquí. Mohammed VI, actual rey, ha fomentado el diálogo entre civilizaciones y religiones, lo cual ha quedado de manifiesto con diferentes medidas adoptadas por el monarca. En 2020, se inauguró la nueva Beyt Dakira (“Casa de la Memoria”), que es una prueba viva del patrimonio cultural judío en Marruecos y, específicamente, en Essaouira. Además, Mohammed VI anunció, en 2019, la construcción de un Museo de la Cultura Judía en Fez y ha restaurado sinagogas, cementerios y antiguos barrios judíos. Estos proyectos se deben sumar a otros desarrollados antes de la llegada al trono del actual monarca. De hecho, su padre, Hassan II, inauguró, en 1997, el Museo del Judaísmo Marroquí de Casablanca. Cabe mencionar que estos proyectos (museos) son inéditos en el “mundo árabe”. Por último, no se debe olvidar que André Azoulay, consejero real de Hassan II y Mohammed VI es parte de la comunidad judía marroquí.

¿Un acercamiento imposible?

Mirando hacia atrás, lo más cercano a un acercamiento entre Marruecos e Israel fue el acuerdo de intercambiar oficinas de enlace, iniciativa que se llevó a cabo entre 1994 y 2000 (con una sede marroquí en Jerusalén y otra israelí en Rabat). Con el inicio de la Segunda Intifada, el recientemente entronizado Mohammed VI congeló dicho acercamiento, que, en realidad, era un legado de su padre, Hassan II.

A pesar de lo expresado en el párrafo anterior y de los vínculos históricos mencionados previamente, parece ser improbable que Marruecos establezca relaciones diplomáticas con Israel. Al respecto, hay varios motivos que explicarían la postura marroquí sobre este asunto.

Primero, el rey Mohammed VI ha optado por una política estatal de permanente apoyo a Palestina y, particularmente, hacia la población palestina. De hecho, Marruecos es uno de los países que más apoya a Palestina y, como demostración de aquello, rechazó, oficialmente, el “acuerdo del siglo” propuesto por Donald Trump en 2020. Además, la causa palestina es muy popular entre la población marroquí y, en una época de demandas sociales en el Magreb -incluyendo a Marruecos-, un eventual acercamiento con Israel sería muy mal visto y, seguramente, generaría protestas masivas en las calles de las grandes ciudades marroquíes.  Por último, si bien es el monarca quien tiene la palabra final en este tipo de asuntos, es importante recordar que el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista) tiene a su cargo el actual gobierno marroquí y su postura, respecto de Palestina, es de total rechazo a Israel.

Luego, desde un punto de vista estrictamente diplomático, Marruecos y Palestina han compartido reconocimientos mutuos. Mientras la monarquía marroquí defiende el derecho a tener un estado palestino, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) apoya la integridad territorial de Marruecos. Por ende, ya en términos más conceptuales, el nexo entre las dos partes se convierte en una relación de tipo “win-win”, lo cual permite concluir que sería poco probable mover piezas que generen un desajuste en el vínculo y en los intereses de los dos estados involucrados.

Relacionado con lo anterior, no se debe olvidar que Marruecos enfrenta, en términos diplomáticos, a Argelia y al Polisario. Esto último, por el siempre complejo conflicto del Sahara Occidental. En este contexto, cabe consignar que la diplomacia marroquí ha obtenido grandes éxitos en las últimas décadas -apoyo de diversos países, disminución de la cantidad de estados que reconocen a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática, consolidación del proyecto de autonomía como una vía razonable y regreso a la Unión Africana, entre otros- y siempre se han movido con mucha prudencia en su política exterior. Es así que establecer relaciones diplomáticas con Israel sería un paso hacia atrás en su política exterior respecto del asunto del Sahara. Básicamente, porque Argelia y el Polisario usarían un eventual acercamiento (entre Marruecos e Israel) para demostrar que Marruecos no busca soluciones pacíficas y que avala a estados que realizan ocupación de territorios. En consecuencia, parece imposible que el rey Mohammed VI tome la decisión de generar vínculos diplomáticos con Israel.

Sobre este mismo punto, se ha comentado que a Marruecos le convendría establecer relaciones con Israel, pues así ganaría el apoyo de Estados Unidos. En este tema, cabe resaltar dos hechos. Primero, que el nexo entre Marruecos y Estados Unidos es antiguo y valorado por ambas partes. Segundo, que un eventual sustento estadounidense tampoco cambiaría mucho el panorama en el conflicto del Sahara Occidental. Si se toma en consideración al Consejo de Seguridad de la ONU, es probable que Rusia vete cualquier resolución que busque modificar el actual estado del territorio en disputa, razón por la cual el apoyo de Estados Unidos no sería tan relevante. Junto a lo anterior, Marruecos ha conseguido que su postura sea aceptada o que al menos la mayoría de los países declaren que esperan una solución al interior del marco establecido por la ONU, es decir, ha logrado que casi ningún estado apueste por algún proyecto derechamente contrario a las aspiraciones marroquíes. En paralelo, la única región donde aún debe mejorar su presencia es América Latina y ahí Estados Unidos no tiene gran influencia y menos aún con el actual presidente (Donald Trump). Resumiendo, establecer relaciones diplomáticas con Israel a cambio del apoyo de Estados Unidos en el asunto del Sahara Occidental parece ser una estrategia con la cual Marruecos ganaría poco y perdería mucho.  

Finalmente, no se debe dejar a un lado que Emiratos Árabes ya confirmó las relaciones diplomáticas con Israel y que Arabia Saudita tiene buena comunicación con la parte israelí. A eso se debe sumar el hecho que Bahrein -un permanente aliado de Arabia Saudita- también firmó el establecimiento de vínculos diplomáticos con Israel. Esto adquiere gran relevancia, pues Marruecos ha tenido tensos momentos, durante los últimos años, con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, razón por la cual resulta poco probable que Mohammed VI decida sumarse a una iniciativa liderada por dos estados con los cuales no tiene, actualmente, un buen vínculo a nivel diplomático.

Comentarios finales y proyecciones

La densidad y frecuencia de las relaciones entre Marruecos e Israel no debería variar mucho, ya que la postura marroquí está muy clara. Primero, en su política exterior (apostar por el multilateralismo y las soluciones bajo el aval de la ONU) y, segundo, la diplomacia marroquí ha dejado en claro que no tiene una posición beligerante, respecto de Israel, pero que tampoco se sentará a dialogar en la medida que no cesen las colonias israelíes, que no se reconozca a Palestina como estado (con los límites previos a 1967) y que Jerusalén Este no sea establecida como capital de Palestina.

En este sentido, lo esperable es que se mantengan los vínculos “secretos” en asuntos como inteligencia, armamento o agricultura y que, eventualmente, en el futuro más lejano, se genere un acuerdo para tener vuelos directos entre Marruecos e Israel. Sobre esto último, el establecimiento de vuelos comerciales no sería contradictorio, ni tampoco una demostración de un acercamiento entre ambas partes, y mantendría la línea histórica de las relaciones entre Marruecos e Israel. La única gran diferencia es que sería una medida con menos “secretismo”, pero entendiendo que se trata más bien de un asunto de nexos históricos entre poblaciones judías viviendo en Marruecos y ciudadanos israelíes de origen marroquí. Esto último, cabe resaltarlo, es la base de la relación entre ambas partes y, por ende, más que un vínculo entre estados es uno que se lleva a cabo entre grupos específicos de la población de uno y otro país. Además, en el caso de Marruecos, no busca establecer relaciones diplomáticas con un estado (Israel), sino que reivindicar y mantener un elemento histórico (el judaísmo) de la cultura marroquí.

Respecto del comercio, no sería raro ver un aumento en los intercambios entre Marruecos e Israel, así como tampoco sería extraño que se avanzara, siempre en forma acotada y secreta, en la eventual cooperación en temas como seguridad y lucha contra la desertificación.

Finalmente, no se debe olvidar que, ad portas de la elección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump ha volcado su política exterior hacia temas complejos como el conflicto palestino-israelí y el litigio marítimo entre Líbano e Israel. En consecuencia, queda la sensación que, por ahora, los acercamientos con Israel son parte de la campaña presidencial de Trump y no reflejan, hasta ahora, un cambio en la política exterior estadounidense sobre Medio Oriente. En este contexto, es evidente que Marruecos tomará en cuenta eso y será aún más precavido.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Comentarios sobre el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel

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Comentarios sobre el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel

Fecha 15/08/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En una potente noticia, aunque nada sorpresiva, el gobierno de Estados Unidos anunció que Emiratos Árabes Unidos e Israel establecerían relaciones diplomáticas. De inmediato, diversos mandatarios, líderes o grupos dieron a conocer su postura sobre este asunto, lo cual demostró, una vez más, que Israel genera mucha división al interior del “mundo árabe”, pero también de la “comunidad internacional”.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de agosto de 2020

(Agencias)

El hecho en sí es muy importante, pero no es una sorpresa. Lo primero, pues Emiratos Árabes Unidos no solo se convertiría en el tercer país árabe en tener relaciones diplomáticas con Israel, sino que, además, en el primero de la Península Arábiga y del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC). Lo segundo, porque desde hace un tiempo se ha conocido la estrategia israelí de sumar apoyos o al menos nexos con estados del “mundo árabe” o incluso del “universo musulmán”. En su momento, se sospechó de sus intenciones en África, lo cual quedó de manifiesto, en enero de 2019, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Chad. En aquel entonces, incluso se especuló con una intención secreta, por parte de Israel, de alcanzar algún acuerdo o avance con Sudán. Sin embargo, aquello quedó en el olvido.

Ahora, respecto de los nexos entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, hay datos que permitían entender el acercamiento entre ambas partes. Por ejemplo, desde 2015 que Israel tiene una representación oficial en la Agencia Internacional de Energías Renovables, ubicada en Dubai, para la Dubai World Expo 2020 se había construido un pabellón israelí y se está construyendo una sinagoga en la isla de Saadiyat. Junto a lo anterior, el intercambio comercial y el apoyo en seguridad también han ido al alza. Últimamente, Emiratos Árabes Unidos pidió ayuda a Israel en la lucha contra la pandemia del Covid-19 (a lo cual también se sumaron Bahrein y Kuwait). Tampoco se debe olvidar que, en octubre de 201, la ministra de Cultura y Deportes de Israel, Miri, Regev, se convirtió en la primera autoridad israelí en visitar Emiratos Árabes Unidos, lo cual fue seguido por viajes de los ministros de Comunicación y Asuntos Exteriores.

En paralelo, hace meses que se han filtrado informaciones sobre el acercamiento de Israel respecto de países árabes. Uno de ellos ha sido Arabia Saudita, especialmente bajo la administración de Donald Trump en Estados Unidos. El otro es Emiratos Árabes Unidos, que ahora da un paso adelante y establece este compromiso de inaugurar, oficialmente, relaciones diplomáticas con Israel. Sobre esto último, vale la pena revisar qué han dicho diversos gobiernos de la región. Mientras Egipto, Jordania, Bahrein y Omán celebraron este acuerdo, Palestina -que incluso llamó a su embajador en Emiratos Árabes Unidos-, Turquía -que amenazó con suspender los nexos con Emiratos Árabes Unidos o con al menos llamar a su embajador en dicho país- e Irán lo rechazaron. Otros, como Líbano, Qatar, Kuwait y Arabia Saudita han permanecido en silencio. A su vez, Al Fatah y Hizbullah, como era de esperar, se mostraron contrarios al establecimiento de relaciones entre Emiratos Árabes e Israel. Fuera de Medio Oriente, Pakistán aseguró que su postura se definirá según lo que ocurra con los derechos y las aspiraciones de Palestina, pero también con la paz, seguridad y estabilidad de la región. España, Francia, la Unión Europea, Reino Unido y Alemania también se sumaron a las felicitaciones por el acuerdo, en tanto que la ONU declaró que aprueba cualquier iniciativa que busque la paz. En esta misma línea, China, Japón e India declararon su satisfacción por iniciativas que tengan como objetivo la paz regional, aunque recalcando que apoyan la causa palestina.

¿Por qué este acuerdo?

La pregunta del momento tiene que ver con el motivo que explicaría el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Emiratos Árabes Unidos e Israel. La respuesta no tiene un argumento, sino que varios, y es necesario revisar cuáles podrían ser las razones de este acercamiento.

Primero, es importante destacar que los países del GCC no han tenido, históricamente, un choque directo con Israel. A diferencia de lo acontecido con los estados de Medio Oriente, los cuales se han enfrentado militarme -en coaliciones o en forma individual- con Israel, los miembros del GCC solo han sido rivales indirectos de la parte israelí. Esto ha significado, por ejemplo, que hayan apoyado económicamente o con ayuda humanitaria a Palestina, Jordania, Egipto y otros. En este sentido, Emiratos Árabes Unidos no representa un giro de 180 grados, sino que más bien la lógica consecuencia de un proceso histórico. Esto último, pues durante las últimas décadas y especialmente a partir de 2011, los países de la Península Arábiga han ido ganando terreno en el tablero diplomático y geopolítico de las zonas cercanas, es decir, el Cuerno de África, el mar Rojo y, por supuesto, Medio Oriente. Sobre esta última, el cambio se explica por el hecho que los históricos o tradicionales referentes de la región han caído en desgracia. Es lo que pasó con Egipto, hace muchos años, y, posteriormente, con Irak y Siria, ambos desgarrados por las guerras y la intervención extranjera. En este escenario, se produjo un vacío de “influencias” y esto fue aprovechado por potencias regionales emergentes como Irán, Turquía y Arabia Saudita, a las cuales se suma Israel.

Aquí es obligatorio detenerse y analizar algunas variables involucradas. Lo primero es mencionar que el conflicto palestino-israelí sigue siendo un protagonista esencial de Medio Oriente, pero que en la zona en cuestión han surgido una serie de otras disputas. A los conflictos armados (como los de Siria e Irak) y la histórica pugna árabe-israelí se han sumado nuevos elementos. El auge de Turquía, bajo la era de Recep Tayyip Erdogan, ha marcado hitos en la región, pero no solo su presencia ha sido fundamental, sino que también su alianza con Qatar, para así luchar contra Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Básicamente, por visiones opuestas sobre el islamismo, ya que mientras Turquía y Qatar apoyan a la Hermandad Musulmana, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos se alejan de dicha postura. Esto se enreda aún más cuando se agrega el choque hegemónico entre los estados que promueven un islam sunita (liderados por Arabia Saudita) y aquellos que fomentan la rama chiíta (Irán).

Acerca del motivo por el cual Emiratos Árabes Unidos optó por establecer relaciones diplomáticas con Israel, hay varios elementos a tomar en cuenta. Primero, era evidente que el nexo entre ambos había progresado y ya no era una sorpresa para nadie. En este sentido, lo lógico era oficializar el vínculo. Ahora, el por qué de esto es lo que merece análisis. Emiratos Árabes Unidos apuesta por convertirse en un actor más relevante en la política de Medio Oriente, pues así podría, por un lado, transformarse en el primer país árabe que logre un retroceso de la política israelí en Palestina -principalmente por la política de colonias y anexiones- y, por el otro, ganar terreno en la geopolítica de la zona e intentar afirmar sus intereses. Una buena relación con Israel no solo permitiría aumentar el intercambio comercial, sino que, eventualmente, llegar al mar Mediterráneo. Esto último, por medio de diversos proyectos de integración en el ámbito de la infraestructura.

Junto a lo anterior, Emiratos Árabes Unidos puede ocupar el rol que Arabia Saudita no logra ejercer del todo, es decir, como un mediador confiable y validado por la “comunidad internacional”. Esto, pues al régimen saudí se le conoce por las duras leyes, las violaciones a los derechos humanos y la tremenda desigualdad genérica. Además, Arabia Saudita es vista como un país hermético y donde existen pocas libertades personales y de expresión. Así, cualquier intento de negociación en la cual participe Arabia Saudita puede ser puesta en duda o, derechamente, rechazada. Así es que Emiratos Árabes Unidos representa a un país más abierto y en el cual hay espacio para la mezcla cultural entre los diversos extranjeros que viven ahí. Junto a eso, se ha abierto al mundo y ha dado fuertes pasos para convertirse en un lugar turístico.

Desde otra perspectiva, se ha mencionado o, si se prefiere, se ha planteado que el acuerdo firmado entre Emiratos Árabes Unidos e Israel sería una especie de alianza contra Irán, pero en realidad esto no es así. Si bien Irán ha sido un contendiente permanente, hoy el principal rival de Emiratos Árabes Unidos es Irán, con quien tiene una disputa hegemónica, religiosa y comercial. Por lo mismo, lo ocurrido parece ser más bien una medida “pro-Israel” más que una de tipo “anti-Irán”.

Finalmente, no se debe descartar que esta decisión esté unida a los conflictos de Libia y el Mediterráneo Oriental. Sobre lo primero, es conocido el antagonismo entre Turquía y Emiratos Árabes Unidos en el conflicto libio, ya que mientras el primero apoya al general Khalifa Haftar, el segundo se puso del lado del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), que es reconocido internacionalmente. Al respecto, el acuerdo con Israel vendría a profundizar la grieta en las relaciones entre emiratíes y turcos. En cuanto a la situación del Mediterráneo Oriental, Turquía tiene grandes rivales en esa zona -no solo por los recursos energéticos, sino que también por procesos históricos como la invasión y ocupación del norte de Chipre y disputas marítimas con Grecia- y uno de ellos es Israel, país que es parte de la alianza que han formado Chipre, Egipto, Francia y Grecia. En este escenario, Emiratos Árabes Unidos podría sumarse con mayor protagonismo a este grupo. De hecho, en mayo de este año participó en una reunión de ministros de asuntos exteriores, la cual finalizó con una declaración oficial que, entre otras cosas, rechazaba y condenaba el actuar de Turquía respecto de Chipre, Grecia y Libia.

¿Quiénes ganan y pierden?

Es evidente que Israel y Estados Unidos son los grandes vencedores, aunque más bien se trata de una victoria obtenida por Benjamin Netanyahu y Donald Trump. Esto adquiere aún mayor relevancia si se considera que ambos enfrentan escenarios políticos inciertos. De hecho, Trump intentará ir por un segundo mandato en las elecciones presidenciales que se harán a fines del presente año y este acuerdo es, por ahora, su único gran logro en asuntos internacionales.

Luego, es evidente que Emiratos Árabes Unidos también gana en este asunto. Aumenta su radio de influencia y apuesta por convertirse en un interlocutor de mayor valor que Arabia Saudita. Además, podrá seguir reforzando los nexos comerciales y acelerar la cooperación en otros ámbitos, tal cual ya lo venía haciendo con Israel.

Egipto pierde, pues vuelve a demostrar que muchas veces parece estar más cercano a Israel y Estados Unidos que de sus vecinos árabes. Su profunda dependencia de los recursos económicos entregados por el gigante norteamericano le significan tener un radio de acción limitado, especialmente cuando se encuentra en medio de un proceso político y social plagado de inestabilidad.

Irán y Turquía también han sido derrotados, ya que su gran rival forjó una alianza con otro contendiente. Sin embargo, esto les puede servir para exacerbar su discurso anti-Israel y, por ende, generar mayor simpatía entre los sectores más radicales o menos abierto a generar una solución pacífica que implique sumar a Israel como un estado valido. De todas maneras, este “triunfo” para ellos significaría una polarización del conflicto y, por ende, una derrota para todos.

Finalmente, el gran perdedor es Palestina, que ve como Israel suma apoyo de un estado árabe. Es una nueva derrota diplomática y, tal cual han expresado ciertos dirigentes, una “traición. Quizás sea momento que los políticos palestinos reflexiones sobre las divisiones internas y el fracaso de su diplomacia en la región.

Comentarios finales

Confirmado el acuerdo y entendiendo que lo principal es que las dos partes comenzarán a profundizar su relación bilateral y que se suspenden, momentáneamente, las anexiones por parte de Israel, quedan algunas interrogantes. Por ejemplo, si la política de anexión de territorios será retomada en el mediano o corto plazo, ya que el mismo Netanyahu aseguró que esto “sigue estando sobre la mesa”. Relacionado con este punto, cabe preguntarse cuál sería la postura de Emiratos Árabes Unidos en caso que Israel decidiera continuar con las anexiones.

También, surge la incertidumbre sobre lo que harán los demás estados árabes respecto de sus nexos con Israel. Es bastante probable que Arabia Saudita siga los pasos de Emiratos Árabes Unidos, lo cual podría ser imitado, en el mediano plazo por otros países del Consejo de Cooperación del Golfo.

Se debe tomar en cuenta que la decisión de Emiratos Árabes Unidos, en caso de no haber sido consensuada con sus pares del “mundo árabe”, podría generar, eventualmente, un quiebre al interior de la Liga Árabe, pero también entre los países que conforman al “mundo árabe” y al “universo musulmán”. De hecho, ya son evidentes las diferencias con Turquía, Irán y Palestina. Habrá que ver qué postura adoptarán, por ejemplo, los países del Magreb y aquellos del Cuerno de África, como Sudán y Somalía.

Finalmente, lo acontecido no significa un gran cambio en términos diplomáticos, ni en las alianzas previamente existentes. Simplemente, se trata de la oficialización de algo que se había hecho evidente y que, por lo mismo, generó sus efectos hace un tiempo atrás. Es así que hoy, esto no genera grandes modificaciones, pero sí deja de manifiesto que un tercer país árabe optó por sumarse a la lista de aquellos que establecieron relaciones diplomáticas con Israel.

Las condiciones de vida de los palestinos, el reconocimiento de Palestina como estado, la disputa por Jerusalén, la contienda por los Altos del Golán, la situación de los refugiados palestinos, el accionar de grupos terroristas (como Hizbullah) y la influencia de terceros (como Irán o Estados Unidos) sigue igual que antes. Para peor, lo hecho por Emiratos Árabes Unidos puede dejar abierta la puerta para que se normalice establecer vínculos diplomáticos con Israel sin haber exigido, como mínimo, la eliminación de la política de anexiones y la necesidad de reconocer a un estado palestino con las fronteras previas a 1967. Desde esta perspectiva, el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel sería un gran retroceso para el respeto a los derechos humanos.

Eso sí, se debe dejar en claro que para llegar a una solución pacífica y justa es importante que Israel sea reconocido como estado. Sin embargo, esto no debe ser a cualquier precio y debe incluir un mínimo de límites, que son los expresados en el párrafo anterior.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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“Occidente” fallará…….nuevamente

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“Occidente” fallará…….nuevamente

Fecha 12/09/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Una coalición de 40 países anunció, con bombos y platillos, que luchará contra el temido Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, en inglés). De confirmarse las informaciones, veremos, nuevamente, a Estados Unidos y Francia, entre otros, metiendo sus narices (y mucho más que eso) en una complicada zona como Medio Oriente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de septiembre, 2014

Fotografía: AP

Fotografía: AP

A priori, se puede inferir que esta iniciativa podría estar condenada al fracaso. Esto último, por razones evidentes. Primero, se tratará de un esquema ya repetido y que, en los últimos casos, no dio resultados. Es cosa de ver lo que ha acontecido, por dar algunos ejemplos, en Libia, Siria y el mismo Irak. Segundo, el tiempo se ha encargado de confirmar que el mal llamado “mundo árabe” –concepto bastante general y que olvida las particularidades étnicas de cada país- suele ser, debido a sus notables desuniones, incapaz de ir más allá de la superficie. Tercero, se intentará apagar el fuego con bencina. Cuarto, queda la impresión que los gobiernos involucrados no tienen una clara idea sobre quién es su rival. Quinto, el campo de acción de ISIS también se estaría expandiendo a otras zonas y a través de alianzas con células terroristas que operan, de forma independiente o conectadas entre sí, en el Magreb.

Así, y ad portas de una nueva intervención militar, que seguramente se materializará con ataques aéreos (para así evitar bajas en el terreno) y con más destrucción, cabe poner énfasis en los últimos fracasos de las propuestas hechas por “Occidente”–otro concepto que amerita una revisión por parte de los académicos- en la resolución de conflictos en zonas o continentes como África y Medio Oriente. Por eso, vale la pena realizar una rápida revisión de ciertos casos emblemáticos.

En la mal llamada “Primavera Árabe” –concepto difuso, poco académico y alejado de la realidad- cayeron Zine el Abidine Ben Alí (en Túnez), Muammar Al Ghaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Ali Saleh (Yemen). Y aunque cada uno de estos países ha desarrollado (y desarrolló y desarrollará) un proceso diferente, todos ellos tienen en común que el accionar de las “potencias occidentales” no fue más que un error. No sólo porque durante años le dieron la mano a estos dictadores, sino que después, y mediante la clásica vuelta de chaqueta, optaron por apoyar a las “masas” (otro concepto confuso) que querían sacar del poder a los mencionados líderes. Luego, vendría el descalabro en los estados mencionados.

En la actualidad, Libia tiene dos parlamentos (uno en Tripoli y otro en Benghazi) y dos gobiernos (uno islamista y otro de “unidad nacional”); Egipto nos ha recordado al Gatopardo; Yemen no logra salir de su frágil y casi inexistente institucionalidad democrática; y Túnez ha sufrido para intentar lograr la estabilidad política (la social no debería restablecerse  en el corto y mediano plazo). A eso, hay que sumar la guerra civil en Siria y, por supuesto, el caos imperante en Irak post invasión estadounidense y retirada de las tropas. Todo esto ha servido, además, como un detonante de algo que ya existía, pero que en las condiciones actuales encontró un camino más llano para avanzar. Se trata del terrorismo, tráfico de armas y otras preocupantes situaciones.

Como se puede ver, donde hubo intervención europea-estadounidense, sólo se generó desorden y se profundizaron los conflictos internos de los países y las regiones afectadas. Como última muestra, la guerra en Malí.

Por eso, no se cae en una exageración, ni tampoco en un panfleto político, cuando se afirma que las iniciativas europeo-estadounidenses sólo han fracasado. Si esto último es algo que se quería provocar (desde la perspectiva de las teorías conspirativas) o si simplemente se trató de un mal manejo de la situación (visión simplista, pero que no debe ser descartada) es otro tema y no viene al caso examinarlo en esta columna.

Es así que ahora, en momentos en los cuales se anuncia una coalición internacional (frase conocida) es importante recordar que este tipo de campañas suelen demostrar y confirmar que “Occidente” no es un interlocutor válido para solucionar problemas en África y Medio Oriente.

“Occidente” falló, falla y fallará. A menos que cambie sus paradigmas.

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Implicancias de la reelección de Obama en el mundo árabe-magrebí

Fecha 21/11/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 6 de noviembre pasado se concretó la reelección de Barack Obama, actual presidente de Estados Unidos. A partir de eso, ya se puede empezar a vislumbrar lo que podría modificarse (o no) en el Magreb y el Mashrek.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 21 de noviembre, 2012

Fotografía: AP

Fotografía: AP

El contexto ya es conocido. A fines de 2010 comenzó un proceso de cambios en el mundo árabe y magrebí, lo cual trajo como consecuencia la caída de dictadores como Muammar al Gaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Zine el Abidine Ben Alí (Túnez).

Junto a eso, llegó la curiosa “transición democrática” de Yemen y, en paralelo, ciertos países árabes y magrebíes lograron enfrentar de mejor forma el nuevo camino. Ahí se cuentan, con diferentes matices, Marruecos, Argelia, Jordania y Omán, por dar algunos ejemplos.

Ayer, hablar del proceso de cambios significaba referirse a Siria, país que está sumido en una terrible guerra civil. Quiérase o no, este conflicto es el que se estaba llevando toda la atención, desplazando lo que al mismo tiempo ocurre en Bahrein y Mauritania, países que en cualquier minuto pueden “reventar”.

Incluso las clásicas tensiones al interior del Líbano pasaron a un segundo plano, algo que también se repetiría, en una zona mucho más lejana. Se trata de la famosa rebelión tuareg de Malí, la cual, hoy por hoy, ha convertido a este país en un cuasi estado fallido.

Las informaciones, provenientes desde Malí,  dan a entender que los rebeldes laicos del MNLA han perdido terreno frente a los islamistas radicales de Ansar Dine, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y del Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO). Todo estos grupos tienen nexos con Boko Haram (Nigeria) y Al Shabaab (Somalía).

Resumiendo, ayer, la atención estaba puesta en la guerra civil de Siria y, en menor medida, en la inminente intervención militar de Malí (aprobada por la ONU).

Hoy, con una nueva y agresiva operación de Israel en Gaza, el contexto ha cambiado. Las miradas se centran en Medio Oriente y es ahí donde cabe preguntarse qué influencia pueda tener Estados Unidos en este conflicto.

La respuesta no es difícil de imaginar. El gobierno de Barack Obama ya declaró que le da un total apoyo a Israel y, con eso, desechó la opción de haber dado un giro histórico.

Aún más, Obama desaprovechó la oportunidad de haberse convertido en una especie de Recep Tayyip Erdogan de Estados Unidos, es decir, un líder admirado y respetado por el mundo árabe y magrebí.

En este contexto, la reelección de Barack Obama no trae consigo un cambio en la política exterior de Estados Unidos, ni tampoco en los nexos de los países involucrados en este conflicto, que ya no puede ser catalogado como “árabe-israelí”, pues involucra a otros actores. Como Turquía o Irán, por ejemplo.

Lo que sí es cierto es que Estados Unidos puede tener, eventualmente, una fuerte implicancia, pues si sigue apoyando fuertemente a Israel, podría generarse un conflicto a gran escala.  Y si bien se dio a conocer la noticia de una tregua, eso está lejos de ser la solución al asunto en cuestión.

Así, sólo Egipto podría evitar el gran descalabro. Mohammed Mursi ha sido un hábil político y ha sabido aunar a las potencias regionales (Irán, Egipto, Arabia Saudita y Turquía) en el grupo de “reflexión” sobre los asuntos de Medio Oriente.

Si la postura egipcia –que se ha acercado a África, que ha puesto límites a Estados Unidos y que va encaminado a un modelo de Islam político moderado como el turco-  es la que finalmente prima, entonces será una gran derrota para Estados Unidos e Israel.

Parece ser, entonces, que el gobierno de Barack Obama no será capaz de asumir el desafío de adaptarse al nuevo mundo árabe y magrebí.  La sombra de Israel sigue dominando en el Congreso estadounidense.

Y eso, nadie lo puede y/o quiere cambiar.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Gaza, una historia de violencia

Fecha 3/01/2008 por Nicole Saffie Guevara

“Es la locura aquí”, me dijo por Facebook un joven palestino que vive en Belén. Aunque distante a 86 kilómetros, en Cisjordania se respira un clima tenso debido a los ataques en Gaza. Esa estrecha franja de tierra, de apenas 360 kilómetros cuadrados, es el lugar más densamente poblado del planeta. Allí, su millón y medio de habitantes trata de sobrevivir en medio de la destrucción, el hambre y el miedo.

Nicole Saffie Guevara | 3 de enero, 2008

Majdi Fathi / APA

Majdi Fathi / APA

Claro que la historia de violencia que afronta este territorio no se acota al actual ataque israelí, sino que se remonta a varias décadas atrás. Con la creación del Estado de Israel en 1948, Gaza y Cisjordania se transformaron en los últimos retazos que quedaron de la Palestina histórica, donde se establecieron miles de refugiados, quienes huyeron de la violencia o fueron expulsados de sus hogares por el ejército israelí.

Casi dos décadas más tarde, en la Guerra de los Seis días de 1967, Israel cruzó la llamada “línea verde” o frontera con Gaza y Cisjordania, tomando posesión de ambos territorios. Sólo con los Acuerdos de Oslo, a principios de los noventa, se creó la Autoridad Nacional Palestina, entidad que estaría a cargo de ambas zonas. Sin embargo, en la práctica se trataba de un control bastante limitado, acotado sólo a un cuerpo policial y al poder administrativo. Las fronteras, la fuerza militar y el espacio aéreo y marítimo, permanecían en manos israelíes.

Con el fracaso de Oslo, debido a una serie de incumplimientos en la implementación del acuerdo, sobrevivino la frustración del pueblo palestino. Y con ella, la segunda Intifada o levantamiento popular en el año 2000 (la primera fue en 1987), a raíz de la provocativa visita del entonces líder del partido conservador Likud, Ariel Sharon.

Durante los años de Intifada, la violencia del ejército israelí se hizo sentir sobre la población civil palestina. Proliferaron los check points o puestos de control, que restrigen la libre circulación por el territorio, impidiendo a las personas acudir a sus trabajos, colegios, universidades, visitar a sus parientes e incluso ir al hospital; también fueron cada vez más frecuentes los toques de queda, los embargos de alimentos y comenzó la construcción del muro, aislando a cientos de poblados entre sí y expropiando tierra en forma arbitraria.

Gaza entonces sufrió múltiples ataques, como la destrucción de su puerto y aeropuerto, viviendas y una serie de edificios públicos. A ello se sumó un conjunto de medidas que sólo hacían más insufrible la vida cotidiana, como fue la prohibición de acercarse a la playa. Con varios kilómetros de costa, la gente no podía pescar para aliviar la pobreza de más de 60%, y los niños ni siquiera podían poner un pie en la arena, pese a que el hacinamiento se hace cada vez más insoportable.

La situación pareció aliviarse un tanto en 2005, con el desalojo de los asentamientos judíos y sus 6.900 colonos que vivían en Gaza. Entonces resurgieron las esperanzas en la población de por fin vivir en paz. Sin embargo, la ilusión no duró mucho. Las cosas cambiaron completamente en 2006, con la llegada al poder de Harakat al-Muqáwama al-Islamiya, más conocido como Hamas.

El Movimiento de Resistencia Islámico es una organización nacionalista islamista sunní, que tiene como objetivo el establecimiento de un estado islámico en la región histórica de Palestina (la que comprende el Estado de Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza) con capital en Jerusalén. Gracias a su extendida red de ayuda social -que incluye desde hospitales y escuelas hasta actividades culturales-, Hamas logró imponerse al debilitado Al Fatah, el partido liderado por Yasser Arafat, acusado de corrupción.

Entonces, Israel anunció a los cuatro vientos que no estaba dispuesto a negociar con Hamas, por no considerarlo como un actor válido, lo que terminó por liquidar a la ya moribunda Hoja de Ruta -la iniciativa de paz de Naciones Unidas, Unión Europea, Rusia y Estados Unidos. Luego, las luchas internas por el poder no se hicieron esperar. Ante la negativa del movimiento islámico de formar un gobierno de unidad nacional, en la práctica se crearon dos gobiernos palestinos: uno de Al Fatah en Cisjordania, liderado por Abu Mazen, y el otro de Hamás en Gaza, con Ismail Haniya a la cabeza.

Ante esto, la estrategia de Israel fue aislar completamente a Gaza. Nadie puede entrar ni salir del territorio. Esto no sólo es válido para las personas, sino también para alimentos, materiales de construcción, medicamentos, insumos y toda clase de elementos necesarios para la vida diaria. Con los check points cerrados para cruzar a Israel y la frontera con Egipto clausurada, proliferaron los túneles secretos hacia el vecino árabe. Por allí se dice que no sólo pasan armas para Hamas, sino una serie de productos que se venden en el mercado negro, hciendo un poco más soportable la vida de la población.

Ésta es la situación en que se encontraba Gaza al momento del bombardeo israelí. Israel alega que Hamas transgredió la tregua de paz lanzando cohetes kassam, y con ello, amenazando la seguridad de la población cercana a la frontera. La respuesta fue aplastante: una lluvia de misiles cayó sobre Gaza, destruyendo no sólo bases militares, sino también viviendas, universidades y edificios públicos.

Sin embargo, la razón de fondo va mucho más allá de proteger a la población. Lo que busca Israel es sacar a Hamas del poder, un grupo que desde el principio ha sido visto como una amenaza para la estabilidad del Estado. Y para lograrlo, el Gobierno israelí está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Así lo demuestra el llamado a filas a 6.500 reservistas del Ejército y las declaraciones de los altos mandos de que éste es sólo el comienzo.

Por supuesto que Israel no está solo. Como es de costumbre, cuenta con el apoyo de Estados Unidos. Pese a que el nuevo Presidente, Barack Obama, no ha hecho ninguna declaración pública ante los recientes ataques de Israel, es conocida la postura de Hillary Clinton, su próxima secretaria de Estado, de respaldar las acciones de Israel y de negarse a negociar con Hamas si éste no reconoce a Israel y no abandona la violencia.

Mientras, más de quinientos palestinos inocentes ya han muerto. Y la cifra sigue aumentando cada día. ¿Quién protege a estas personas, cuyo único “pecado” es tratar de sobrevivir? Porque eso es lo que más impresiona de los palestinos: no importa cuántos ataques reciban, cuántos check points cierren sus caminos, cuántos toques de queda limiten su vida cotidiana… ellos siguen ahí, resistiendo, intentando resguardar lo único que les queda: su tierra.

Nicole Saffie Guevara
Periodista y Magíster en Relaciones Internacionales

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arafat

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Sobre tablas y Palestina

Fecha 28/06/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hasta que cayó el caudillo.  Así de simple.  La muerte de Yasser Arafat fue una película demasiado corta e imprevista, aunque letal.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 de junio, 2006

Chrs Harris / Times

Chrs Harris / Times

Ahora, quedará un gran vacío en la cúpula de la nación palestina, la cual deberá asumir con gran madurez dos hechos de gran trascendencia: el deceso de su máximo líder y la gran oportunidad histórica de cumplir el sueño palestino, entregando un estado al pueblo de la vieja Palestina.

Y como ocurre con todo hecho importante e histórico, las piezas del tablero de ajedrez comienzan a moverse.  Las mal denominadas “potencias” mundiales ya han dado muestras de lo que será su postura y axioma principal frente al fallecimiento del Presidente de la Asociación Nacional Palestina (ANP).  Sin embargo, lo más importante radica en el asunto medular, que es saber cómo se resolverá la “cuestión palestina”, es decir, encontrar una solución salomónica, que permita la instauración de Palestina como estado y, al mismo tiempo, paz en Medio Oriente.

Es en este punto donde aparece con gran fuerza la figura de Ariel Sharon, Primer Ministro de Israel, quien durante años endosó la responsabilidad del conflicto palestino-israelí a Yasser Arafat, acusándolo de ser un terrorista.  Lo cierto es que tras la muerte del “rais”, Sharon deberá demostrarle al mundo que ahora sí es posible darle un punto final a la violencia.  Sin embargo, quedan muchas dudas de cuán flexible será el accionar del gobierno israelí, por cuanto las ideas y los conceptos de Ariel Sharon descansan en un maquiavélico sionismo.

El rol de la ONU también será fundamental y tendrá una doble cara.  Por un lado, deberá velar por el correcto funcionamiento del proceso de pacificación del Medio Oriente y, por otro lado, tendrá la gran posibilidad de recuperar su vigencia como organización, tras ser ignorada como autoridad en la invasión estadounidense en Irak.

Finalmente, aparecen los países más influyentes –como Francia, Alemania, EE.UU., Reino Unido, China, Rusia y Japón-, los cuales mediante su activa diplomacia podrán dejar un precedente y sentar las primeras bases para un Medio Oriente en paz.

En conclusión, se trata de lograr establecer el punto de partida en este largo proceso.  Sin embargo, mientras hayan dos naciones, pero solamente un estado y un pueblo errante, entonces todo será un sueño y, peor aún, una quimera.

Mientras tanto, la partida de ajedrez ha comenzado y cada cual estudia bien sus movimientos.

Que en Palestina e Israel el tablero termine en tablas.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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