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Reconocimiento oficial a Cataluña: un fracaso total

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Reconocimiento oficial a Cataluña: un fracaso total

Fecha 14/12/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras el discutido referéndum realizado por las autoridades catalanas, en el cual se impuso la opción independentista, comenzó la parte más difícil, que es validarse como estado. Si bien Cataluña cuenta con un territorio y con población, es discutible si tiene los medios necesarios para defender sus límites. Junto a eso, el secesionismo catalán ha contado con escaso, por no decir nulo, apoyo internacional. De esta forma, no queda otro camino que llegar a la conclusión que la independencia, por ahora, ha sido un fracaso total.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de diciembre de 2017

(Fotografía: Francesc_2000 / Flickr)

De hecho, ningún estado de peso ha siquiera insinuado algún atisbo de duda respecto a la integridad territorial de España, mientras que apenas se difundieron rumores (falsos) respecto a eventuales apoyos de países a la decisión unilateral de Cataluña o, más bien, de su cúpula. De esta forma, el sueño independentista de Carles Puigdemont y otros se enfrentó con la realidad. Y no solo desde el punto de vista de la política interna de España, es decir, la legalidad y legitimidad del referéndum y otras acciones, sino que también visto desde la política exterior o, si se prefiere, diplomacia. En este sentido, sin duda fue un duro revés para las aspiraciones de Puigdemont.

Para tener un mejor panorama sobre la situación, en lo que se refiere a los reconocimientos realizados por los demás estados del mundo, vale la pena analizar cuáles fueron las reacciones de los diversos gobiernos. Sin embargo, antes de eso es importante comparar este proceso con lo acontecido con Sudán del Sur y Kosovo, dos estados que nacieron en el siglo 21 y que fueron los últimos en conseguir su anhelada independencia a pesar de ser parte de un país previamente establecido.

(Fuente: Periodismo Internacional)

Solo para tener una noción, la independencia de Sudán del Sur se produjo el 9 de julio de 2011 y ese mismo día el nuevo estado contaba con el apoyo y reconocimiento de 58 países. A fines de julio los reconocimientos eran más de 100 y a fines de 2011 ya eran 122. En la actualidad, 130 estados reconocen, oficialmente, a Sudán del Sur como un igual. 

Respecto a Kosovo, el 17 de febrero de 2008 se produjo la declaración unilateral de independencia kosovar, la cual fue reconocida por un solo país en el mismo día, pero luego sumó muchos apoyos. Tanto así, que al terminar febrero ya eran 21 estados los que reconocían a Kosovo, mientras que a fines de 2008 la lista sumaba 53 países.  Actualmente, 110 estados le han dado el mismo rótulo a Kosovo.

Muy diferente es la situación de Cataluña, que no sumó reconocimientos en los últimos dos meses y que los únicos que la han apoyado son entidades como la Asamblea de Córcega (Francia), el Movimiento Autónomo de Kabilia (Argelia) y las autodenominadas repúblicas de Nagorno-Karabakh y Osetia del Sur (Asia Central). Para tener una mayor idea de los reconocimientos, a continuación se entregan algunos datos estadísticos.

En total, 186 estados o entidades territoriales han sido investigados, de los cuales 90 (48,13%) apoya a España a través del respeto a la integridad territorial y/o de su Constitución política. Solo cuatro (que no son países) avalaron la declaración unilateral de independencia de Cataluña (2, 15%), mientras que 14 tuvieron una postura poco definida (7,52%, siete neutrales y otros tantos difusos). Por último, 78 estados (41,94%) no han difundido comunicados oficiales o bien no fue posible encontrarlos.

(Fuente: Periodismo Internacional)

Poniendo énfasis en quienes apoyaron a España, 32 países son de Europa (35,56%), mientras que 14 corresponden a África (5,56%), 20 a América (22,22%), 23 a Asia (25,56%) y uno a Oceanía (1,11%). En cuantos a los países de los cuales no se tiene información, 33 provienen de África (42,30%), en tanto 18 son de Asia (23,08), diez de Oceanía (12,82%), diez de América (12,82%) y siete de Europa (8,97). Por último, los neutros y difusos tienen como principal grupo de origen a Europa (seis, 42,86%), Asia (cinco, 35,71%), América (dos, 14,29%) y África (uno, 7,14%).

Porcentualmente, el apoyo hacia España fue mayor en Europa, ya que el 71,11% de los países europeos investigados respaldaron a la nación española. Más atrás quedaron América (62,5%), Asia (50%), África (29,17%) y Oceanía (9,09%).

De las cifras presentadas, se pueden realizar algunas conclusiones. La primera, que la mayoría de Europa rechazó la independencia unilateral de Cataluña y, todo lo contrario, apoyó al gobierno español. Además, se puede decir que América también se mostró favorables a la postura de España. La segunda, relacionada con lo anterior, es que los principales avales del gobierno español estuvieron, porcentualmente hablando, en Europa y América, dejando más atrás a regiones que tienen menores relaciones históricas y diplomáticas con España. La tercera, que la información recogida obedece, en forma más o menos esperable, a la diplomacia española, es decir, los gobiernos con mayor cercanía –por motivos sociales, históricos, comerciales, culturales, geográficos y políticos- dieron a conocer, oficialmente, sus posturas, mientras que otros –por ejemplo, estados africanos y oceánicos- no consideraron tan importante dar a conocer sus posturas sobre esta situación. La cuarta, que en Europa y, particularmente, en la Unión Europea (UE) no existe una postura común entre todos los estados. Es así que siete gobiernos europeos publicaron declaraciones difusas o neutras, lo cual, en ciertos casos –como los de Bélgica y Escocia-, es entendible.

Para terminar, la última y evidente conclusión, es que la declaración unilateral de independencia de Cataluña no tuvo apoyo en el mundo. Y no solo en los primeros días, sino que también en los dos o tres meses siguientes. Así las cosas, queda la impresión que este proceso tuvo comienzo y, al parecer, por ahora no tendrá mayor avance. Con la respuesta diplomática observada, es evidente que los independentistas catalanes deberán cambiar sus estrategias, buscar un formato de mayor autonomía, pero sin tanta independencia o, simplemente, abandonar el sueño de una Cataluña independiente.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

*La lista de estados y unidades territoriales o de otro tipo analizadas es de uso privado. Interesadas(os) en dicho listado pueden pedirla a raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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La UE y su deuda con los refugiados

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La UE y su deuda con los refugiados

Fecha 2/10/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En los últimos días se ha debatido mucho (quizás demasiado) sobre las elecciones legislativas alemanas y el cuarto período de Angela Merkel a la cabeza de la política alemana (y europea). Entre otros temas, se ha dicho que ha sido el triunfo del “europeísmo” y se ha alabado la valentía de Merkel para enfrentar el tema de la migración.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de octubre de 2017

(Columna de opinión publicada en Cooperativa.cl)

(Fuente: Freedom House)

Sin embargo, cabe poner paños fríos y analizar la real situación de los refugiados en la Unión Europea (UE). Según datos de la Comisión Europea, la UE debió haber reasentado y reubicado a 182.504 refugiados al 26 de septiembre del presente año. Parecía ser un bonito compromiso –aunque las cifras son mínimas si se comparan con la cantidad de refugiados acogidos por Turquía, Líbano, Jordania y otros países de Medio Oriente, que superan los 4.000.000-, pero todo terminó mal, ya que la UE falló y no cumplió su promesa. Claro, pues apenas reasentó y reubicó al 25,49% del total comprometido. En una sola palabra, vergonzoso.

Cabe decir, en honor a la justicia, que hubo estados que sí respondieron. Por ejemplo, en el ítem de la reubicación (desde Grecia e Italia) Malta acogió al 113% de lo pactado, mientras que Finlandia (94%) e Irlanda (92%) estuvieron muy cerca de la meta fijada. La Alemania de la alabada Angela Merkel obtuvo un discreto 28%, mientras que Francia y España alcanzaron indignos 22% y 14%, respectivamente. Peor aún, hubo otros miembros de la UE que tuvieron menos de 10% y hubo otros que se negaron a recibir refugiados.

Si vemos el tema de los reasentamientos (desde fuera de la UE), los números mejoran bastante –diez países llegaron al 100%, dentro de los cuales está Alemania, y otros cinco mostraron cifras superiores al 80%, dentro de los cuales está Francia-, pero esto no borra la triste realidad. Y es que ese 25,49% de cumplimiento no se puedo soslayar, ni esconder o tapar. La crisis humanitaria está viva y lo acontecido con los reasentamientos y reubicaciones confirma, una vez más, que la política exterior de la UE en el tema de las migraciones ha fracasado.

Los motivos son diversos –existencia de criterios de selección poco atinados, falta de cohesión política al interior de la UE, carencia de mecanismos punitivos para los estados miembros que no cumplen o se niegan a asumir los acuerdos comunes, voluntad política y más empatía y solidaridad, entre otros- y es momento que el bloque de integración europeo analice la situación y reflexione sobre lo acontecido. Las crisis humanitarias siguen muy presentes en Irak, Siria, Afganistán, Libia, Sudán del Sur, Eritrea, Yemen y Palestina (por dar algunos ejemplos) y las medidas (léase, las políticas establecidas) tomadas por la UE han estado lejos de ser soluciones para estos conflictos, en lo cuales, vale recordar, el bloque europeo ha tenido mucha responsabilidad. Es cosa de ver lo que está ocurriendo en Libia, donde queda la impresión que la intervención francesa está empeorando la situación, y en Siria, donde Turquía, Irán y Rusia, aparentemente, han dejado a la UE en un segundo plano de influencia. Además, la fórmula de pagar a terceros para que éstos se hagan cargo del problema es una demostración de la pérdida de humanidad de países que olvidan su historia reciente, en la cual millones de sus habitantes –todos ellos refugiados o inmigrantes- fueron acogidos por países del “Tercer Mundo”.

Mientras, el fenómeno migratorio seguirá dejando muertos, heridos, violados y, en definitiva, una estela de abusos y sufrimiento. Solo por dar una cifra, al 25 de septiembre se registraban 4.147 inmigrantes muertos en el mundo, de los cuales el 64% corresponde a la famosa (y triste) ruta del Mediterráneo. Como se puede ver, el problema está en las mismas puertas de Europa, pero esta última aún no reacciona y sigue repitiendo, año tras años, fracasos en sus políticas.

Pero eso no importa, pues acaba de ganar Angela Merkel y eso augura buenos tiempos para la Unión Europea y el “europeísmo”. Si en medio de eso siguen muriendo personas, eso da lo mismo.

Solo son iraquíes, sirios, senegaleses, afganos o eritreos. Y ellos no cuentan.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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El Mediterráneo y la desidia del mundo

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El Mediterráneo y la desidia del mundo

Fecha 1/09/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Las imágenes hablan por sí solas. Las cifras, también. Por ejemplo, ya son cerca de 300.000 personas las que han cruzado el Mediterráneo  -a lo cual se deben sumar más de 2.500 muertos- y, todas ellas, escapando de alguna desgracia. Muchos, de la guerra, otros de persecuciones étnicas y no faltan quienes se van de sus países por motivos religiosos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 1 de septiembre de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

También, varios miles optan por buscar nuevos rumbos ante la destrucción de sus Estados y el auge del terrorismo. Y cómo olvidar a los seres humanos que dejan su tierra ante la falta de oportunidades laborales, las precarias condiciones de higiene, la hambruna y/o la pobreza.

Sin embargo, parece ser que el debate de hoy no se centra en la urgente necesidad de acoger a todas estas personas. Claramente, la discusión se establece en la categorización de todos esos seres. Ahora dicen que un refugiado no es lo mismo que un inmigrante y que un demandante de asilo es diferente a los dos rótulos recientemente mencionados. Y, desde un punto de vista legal o, si se prefiere, técnico, no hay duda que tienen razón. Empero, cabe preguntarse si acaso todos escapan, finalmente, de lo mismo. Y ahí todos los casos llegan a la misma raíz.

Cualquiera se puede dar cuenta que escaparse de la guerra es mucho más duro que dejar el país por la falta de higiene, pero, en ambos casos, el final será el mismo, es decir, la muerte.

Por ende, la categorización que realizan organismos como el ACNUR y ciertos gobiernos europeos –además de periodistas, académicos y políticos- no es más que una excusa para cerrarle la puerta de entrada a Europa a miles de seres humanos que sólo buscan sobrevivir.

En Eslovaquia, por ejemplo, ya se dejó en claro que prefieren cristianos. Si antes no querían negros ahora sí los aceptarían, pero sólo si son cristianos. Al respecto, el argumento eslovaco es indigno. “Acá no tendrán mezquitas, ¿cómo podrían integrarse?”. Si esto último no es un eufemismo para no decir “no queremos musulmanes”, ¿qué es?

Y tal es la urgencia de la Unión Europea, que acordaron una cumbre de ministros para el 14 de septiembre. La gran pregunta, entonces, es saber cuántos más morirán en los próximos 14 días. Pero no sólo se trata de muertes, sino que también de cuántas personas serán humilladas y engañadas en el trayecto que los lleve a Europa. Tal cual decía una inmigrante –que tuvo la suerte de entrar a Europa-, “lo peor es la humillación que uno sufre”.

Por último, unas palabras sobre las responsabilidades en este drama. Partamos por Europa o, si se prefiere, la Unión Europea. Diversos gobiernos del Viejo Continente invadieron o apoyaron invasiones en países como Afganistán e Irak. Luego, en los años más cercanos, avalaron los derrocamientos de dictadores de países como Libia, Túnez, Egipto, Siria y Yemen (los mismos a los cuales antes les daban ayudas económicas y los recibían con honores en visitas oficiales).

Aún más, no sólo les bastó con derribar a dichos gobernantes, sino que estuvieron de acuerdo en dinamitar el tejido político-social de aquellos estados y de abrir una caja de Pandora demasiado peligrosa. Hoy, el terrorismo avanza a grandes pasos y ya casi no se habla de Al Qaeda, sino que del Estado Islámico. “Curiosamente”, estos grupos operan en los países en los cuales Estados Unidos y Europa suelen intervenir.

La responsabilidad del Viejo Continente no se detiene ahí. De hecho, el drama de la inmigración en el Mediterráneo tiene al menos dos décadas de existencia, en las cuales murieron, como mínimo unas 24.000 personas. No hay cifras precisas, pero las diversas fuentes entregan números que, en ningún caso, bajan de 22.000 muertos.

¿Qué hizo la Unión Europea para frenar este proceso? Además de la Política Europea de Vecindad, la creación de Frontex o de operaciones fallidas como Tritón, entre otros, poco más. Junto a eso, algunos millones de euros por aquí y por allá, entrega de recursos y tecnología a cambio que los países del norte de África frenaran los flujos migratorios y la inoperante fundación de la Unión por el Mediterráneo. Alguien dirá que ha habido muchas más iniciativas y, seguramente, tendrá razón, pero si hablamos de proyectos concretos y exitosos, la respuesta será otra.

Sin embargo, los gobiernos europeos y la UE no son los únicos responsables. Los países magrebíes, los africanos subsaharianos y aquellos ubicados en Medio Oriente y la Península Arábiga también tienen mucho que decir al respecto.

En este sentido, no pueden seguir usando el argumento de “la colonización nos dejó demasiado dañados” para explicar la ausencia de gobiernos que den libertades a sus ciudadanos. La inoperancia de la Unión Africana, la casi inexistente Unión del Magreb Árabe y la eterna división de los estados árabes del Medio Oriente también son parte del problema y  no se debe soslayar el apoyo de países como Arabia Saudita y Qatar hacia grupos terroristas.

Y qué decir de la incapacidad de muchos de dichos estados –del Magreb, África Subsahariana y Medio Oriente y la Península Arábiga- para frenar al islamismo, ese mismo que no es sinónimo de terrorismo, pero que, evidentemente, acerca a los jóvenes a las posturas más conservadoras y/o radicales.

Los gobiernos de estos países no han sido capaces de frenar el desempleo de los jóvenes o de aumentar aún más la participación de la mujer en la vida cotidiana y laboral. Tampoco ofrecen perspectivas y, por lo mismo, muchos optan por dejar su país. Y si tampoco hay libertad de prensa o de expresión, ¿acaso eso es culpa de Europa? Y la endémica corrupción, ¿también es responsabilidad del imperialismo estadounidense o de la colonización europea?

Vayamos a Estados Unidos. Llevó su poderío militar hacia países lejanos como Irak, Afganistán y Siria, para luego lavarse las manos y ver cómo Europa se llena de inmigrantes o como quieran llamarles. Luego, algunas donaciones y apoyo diplomático, pero nada más que eso.

Veamos la Cooperación Sur-Sur. ¿Qué han hecho, por ejemplo, los países latinoamericanos al respecto?, ¿qué han hecho las agrupaciones de Derechos Humanos?, ¿qué han hecho organismos regionales?, ¿alguna vez intentaron concretar una ayuda permanente para los inmigrantes?. ¿se organizaron para recibir inmigrantes, en forma oficial, a través de planes de acogida?, ¿y qué decir, por ejemplo, de la Cumbre Sudamérica-Países Árabes?

Terminemos con el mundo. Según las últimas cifras, 2014 fue el año con más desplazados en la historia. La cifra (59,5 millones, aproximadamente) da escalofríos. Cuánto sufrimiento y cuánta guerra en el mundo. Y cuántos morirán de hambre. Cuántos fallecieron, anónimamente, por el Ébola. Cuántos se deshidratarán hasta la muerte. Cuántos morirán por las radiaciones tóxicas de las armas usadas en diversas partes del planeta. Cuántos animales sufren por lo mismo. Cuánta destrucción en el planeta.

Por eso, lo que ocurre en el Mediterráneo es sólo el reflejo de un mundo perdido. No importa la persona. Lo único relevante es lo económico. Lo otro importante es relacionarse con aquel de similar visión y no con quienes tienen una cultura, una religión o un color de piel diferente.

Así, imposible que el drama del Mediterráneo termine. Y, tristemente, el mundo se encamina a tener muchos más mediterráneos.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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La UE y el peligroso ingreso a la dimensión desconocida

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La UE y el peligroso ingreso a la dimensión desconocida

Fecha 19/03/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Si antes fueron España, Portugal, Grecia e Irlanda, ahora lo es Chipre, otro estado miembro de la Unión Europea (UE) que ha necesitado el rescate financiero por parte del bloque de integración del Viejo Continente. El problema es que se mantiene la tendencia de salvar a los bancos, aunque esta vez en forma realmente preocupante.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 19 de marzo, 2013

Agencias

Agencias

La situación ya es conocida. Chipre necesita cerca de 17.000 millones de euros y la Unión Europea acordó entregarle 10.000. El resto lo tendrá que conseguir el propio gobierno de la isla mediterránea, el cual anunció que esa suma se obtendrá a partir de un impuesto especial que se cobrará en las cuentas de ahorro existentes en los bancos chipriotas.

Aún cuando Nikos Anastasiades, presidente de Chipre, ha dicho que la medida fue tomada por el gobierno chipriota, todos apuntan a Alemania –específicamente, Angela Merkel-, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Unión Europea. No hay dudas, según una buena parte de la población de la pequeña ínsula, que ellos fueron los artífices de la idea de pasar a llevar algo que, además, se había prometido no se violaría.

Existía la garantía de no afectar a los ahorradores de menos de 100.000 euros, pero rápidamente se olvidó aquello y así fue que el pasado sábado se anunció que las cuentas con más de 100.000 euros recibirían un impuesto del 9.9% y que las de menos de 100.000 tendrían que pagar el 6.75%.

Evidentemente, fue un error. Ciertamente, en lo humano, pues una solución así no sólo es macabra, sino que además supone entender que la UE sigue castigando a la población común y corriente, la misma que ya ha sufrido bastante a causa de la mala gestión de los políticos y de un sistema injusto que no ha sabido reinventarse.

Tan evidente fue la equivocación, que ya el lunes se hablaba de eliminar el impuesto al grupo de ahorradores con menos de 100.000 euros. A cambio, se aumentaría a cerca del 12.5% a quienes tienen más de 100.000 euros. Con esto, se buscaba disminuir el número de cuentas afectadas, ya que, por ejemplo, en España cerca del 90% de los depósitos pertenecían al grupo de menos de 100.000 euros.  Si bien las cifras varían de un país a otro, es probable que en Chipre la situación sea relativamente parecida.

Sin embargo, esto sigue siendo una mala vía de escape, ya que no importa si alguien ha logrado acumular mucha o poca plata. Lo esencial es que paguen los bancos y el sistema, pero no las personas.

Hoy, las medidas adoptadas, en conjunto, por la UE y el gobierno chipriota no han logrado calmar a la gente y, todo lo contario, han empezado a crear un ambiente de inseguridad y, peor aún, se quebró la confianza. De ahí que miles de ahorradores fuesen, diariamente, a los cajeros automáticos para retirar el máximo de 800 euros permitido por día.

La molestia es evidente. Los chipriotas no sólo se sienten abandonados por su gobierno, sino que, principalmente, por la Unión Europea. Y aunque la demostración de ayer (lunes) no contó con la presencia de miles de personas, los cerca de 500 manifestantes mostraban letreros con consignas como “Fuck Europe” o, aún más lejos, usaban carteles con el símbolo nazi en vez de las estrellas de la bandera de la UE.

Esto último no es algo nuevo, pues el sentimiento anti Unión Europea es algo común en los países que han sido rescatados. Su población ve en Angela Merkel una líder negativa, que sólo se preocupa de defender  sus intereses personales, los de Alemania y los de los bancos. Se sienten traicionados por un bloque de integración que aseguraba protegerlos, pero que ahora, en medio de la crisis, parece tomar partido por las bancas y los grupos de poder.

Más allá de esto, el escenario es complejo, pues ya hay países que se han sentido incómodos con esta modalidad de rescate. Reino Unido está preocupado por la situación de sus funcionarios públicos y sus militares (que son cerca de 3.000) -que trabajan en suelo chipriota- y, en caso de verse afectados por la retirada de sus ahorros, serán protegidos y compensados.

Donde también hay mucha molestia es en Rusia, país en el cual el primer ministro, Dmitry Medvedeev, no tuvo problemas en declarar que lo que está ocurriendo en la isla mediterránea parece ser “una simple confiscación de dinero ajeno”. Y claro que tienen motivos para estar preocupados, ya que los depósitos rusos en bancos chipriotas representan entre el 20% y 25% del total de la isla (unos 80.000 millones de euros).

Y en este punto amerita detenerse, ya que no es descabellado pensar que la rudeza de la Unión Europea hacia Chipre sea producto de esta situación. Por sus leyes, el sistema financiero chipriota se ha convertido en una especie de paraíso fiscal en Europa, lo cual habría generado que muchos de esos millones procedentes de Rusia no sean más que lavado de dinero o, como mínimo, ingresos de dudosa reputación.

Por eso, queda la impresión que la UE está aprovechando este contexto para castigar aquel sistema –en el cual, además, existe un bajo impuesto social-, pero el problema es que con eso no sólo se le da una advertencia a los depósitos rusos y al mecanismo fiscal de Chipre, sino que se perjudica a los chipriotas comunes y corrientes.

Y eso es, justamente, lo peligroso del asunto. Ya no se trata de cesantía, sueldos más bajos, disminución del gasto social o el recorte de la inversión en Salud y Educación, sino que ahora se trata de meterse donde nadie lo había hecho, es decir, los ahorros. Por eso, es momento que la Unión Europea y el gobierno chipriota recapaciten.

Así como el rescate de cada país ha tenido características diferentes, se ha mantenido la constante de salvar a los bancos y al sistema que generó toda esta tremenda crisis. Los gobiernos de turno han perdido la presidencia, pero más allá de eso no han sufrido, mientras que el ciudadano común ha visto que su nivel de vida sigue en franca decadencia.

Más allá de lo estrictamente económico y técnico –para lo cual están los analistas de aquellos ámbitos-, queda la impresión que la Unión Europea están entrando en una dimensión desconocida, en la cual se conjugan intereses personales (reelecciones políticas) e intereses nacionales (mantener el liderazgo regional). En este sentido, los dardos seguirán apuntando hacia Alemania, un país que ha llevado a la UE hacia una segunda recesión, pero sin aún tener claridad sobre cuándo se podrá salir de este abismo político, social y económico.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

 

 

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Los inmigrantes en el Mediterráneo y el silencio de las agrupaciones de DD.HH.

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Los inmigrantes en el Mediterráneo y el silencio de las agrupaciones de DD.HH.

Fecha 12/03/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Mar Mediterráneo es conocido, entre otros motivos, por su rica historia de intercambios culturales, por su gran atractivo turístico y por ser el punto de encuentro y desencuentro entre el norte de África y el sur de Europa.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de marzo, 2013

inmigrantes-clandestinosSin embargo, una macabra realidad se esconde detrás de una dura, fría y triste cortina. Se trata de la inmigración clandestina, aquella que afecta a miles de africanos -en su mayoría subsaharianos, aunque también se cuentan magrebíes-, quienes se juegan la vida en busca de una mejor existencia.

El procedimiento ya es conocido. Dejan sus países de origen para radicarse, temporalmente, en el Magreb y, particularmente, en Marruecos, Túnez y Libia. Luego, aguantan el racismo, la precariedad de sus viviendas, el hacinamiento y  la falta de trabajo estable, entre otros.

“Vivimos en una casa, en la medina de Rabat, y ahí dormimos entre diez y 15 personas. El número depende, pues siempre hay algunos que se van a otra parte o que logran intentar cruzar hacia Europa”, me comentó, alguna vez, Mame, una senegalesa de 24 años.

Ella trabajaba en la calle, vendiendo artesanía, cremas, cinturones, billeteras y relojes, entre otros artículos. En tres oportunidades perdió todos los materiales de venta, ya que la Policía suele realizar “redadas”. La llevaron detenida y aunque siempre los liberan, pierden todos los objetos con los cuales intentan ganar el dinero suficiente para, algún día, subirse a un bote inflable o una patera.

“Puedo llegar a ganar 2.000 dirhams (unos 115.000 pesos chilenos) en un mes, pero a veces es mucho menos. Como arrendamos una casa entre muchos, al final no gasto más de 500 dirhams mensuales en mis cosas, asi que el resto lo puedo ahorrar”, confiesa Mame, nacida en Dakar y que no sabe cuándo volverá a ver a su familia.

En diversas ocasiones fui a comer al lugar en la cual ella vivía con muchos senegaleses. Muy generosos, compartían su comida conmigo, mientras me invitaban a escuchar su música y a ver el canal nacional de Senegal. Los fui conociendo y me di cuenta que eran personas de gran fuerza, con mucho sufrimiento a cuestas y con la esperanza de mejorar su vida.

“Quiero ir a Noruega, trabajar ahí, juntar plata y con eso volver a Dakar. Ahí me compraré una casa. He dejado mi país para conseguir este objetivo y eso haré”, me comentó ella, una morenaza que bien podría trabajar como modelo, gracias a su 1.78 de estatura y su hermoso rostro.

Un día pasé a saludarla, pero me di cuenta que no estaba en su “puesto de trabajo”, ahí en la Avenida Mohamed V de Rabat. Recorrí el sector y no la encontré. Sus amigos me comentaron que había desaparecido. Me dio pena no poder despedirme de ella y su clásico amigo, el gigantón Lamine, un senegalés que parecía basquetbolista.

Varios meses después, Mame me agregó como amigo en Facebook y Skype. Ahí supe que estaba viva y ella se encargó de contarme su drama. Pagó para ser transportada hacia Europa. Primero, viajó hasta Nador, una ciudad ubicada en el noreste de Marruecos, muy cercana a Argelia. Desde ahí, se subió a una patera y, en pleno viaje, esta débil embarcación sucumbió ante la fiereza de las corrientes que dominan en el Mediterráneo.

Quedaron a la deriva en medio de las olas y cuando el umbral de la agonía los perseguía, entonces pudieron ser rescatados por la guardia costera española. “Nos dijeron, en el hospital, que 15, 20 ó 30 minutos más y hubiésemos muerto por hipotermia”, relató mi amiga Mame.

Una vez dados de alta, fueron derivados a un centro policial y tras eso se decidió enviar de regreso a todos, salvo a Mame y su compañero Lamine. Los llevaron a un centro de acogida en un pueblo cercano a Madrid y desde ahí saltaron hacia Barcelona. Allá encontraron alojamiento en casa de un familiar de Lamine y, por ahora, no pasan penurias.

Sin embargo, al no tener documentos, no pudieron buscar trabajo. Varios meses después lograron recuperar su carnet de identidad, el pasaporte y otros papeles, pero de nada les ha servido, pues la crisis europea los ha hecho enfrentarse a la dura realidad del desempleo. A pesar de todo, Mame y Lamine siguen vivos, algo que muchos otros viajeros clandestinos no pueden contar.

Entre 1988 y 2012, más de 20.000 personas murieron intentando cruzar desde África o las Islas Canarias hacia España. Es un promedio de 2.2 inmigrantes fallecidos en forma diaria durante este período.

Sólo en 2011, al menos 1.500 africanos perdieron la vida al intentar cruzar el Mediterráneo y la mayoría de ellos en condición de “ahogados” o “desaparecidos”. Es que muchos de ellos ni siquiera logran ser recuperados de las aguas. Son verdaderos detenidos desaparecidos, pero no por una dictadura, sino que por la frialdad y la desorganización de los políticos de turno.

Algunos han elaborado programas de ayuda y la Unión Europea ha ido creando diferentes iniciativas, como Eurosur, pero aquello no es suficiente. Muchos inmigrantes que son recuperados en tierras españolas son devueltos a Marruecos y desde ahí son enviados a Argelia. Y en este último los llevan al sur del territorio argelino, “liberándolos” en pleno Sahara. De ahí, que caminen y sobrevivan, si es que lo logran.

Esta realidad es ignorada por muchos medios y gobiernos, los cuales nada hacen para encontrar una solución. Lo peor de todo es que muchas agrupaciones de Derechos Humanos no luchan por la vida de estos inmigrantes.

Claro, pues no son víctimas de una dictadura y no se trata de un asunto político. Por eso, no les interesa y, con ello, queda demostrado que los paladines de la defensa de los Derechos Humanos no son más que marionetas ideológicas.

Que esos negros miserables se ahoguen, da lo mismo. Total, son sólo negros y hay millones de ellos en el mundo.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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Implicancias del triunfo de François Hollande en Francia

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Implicancias del triunfo de François Hollande en Francia

Fecha 8/05/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Como ya es tradición, las elecciones presidenciales francesas estuvieron marcadas Seguir leyendo

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Presidenciales en Francia: ¿cómo entender un posible triunfo del socialismo?

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Presidenciales en Francia: ¿cómo entender un posible triunfo del socialismo?

Fecha 13/03/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El próximo 22 de abril se llevarán a cabo las elecciones presidenciales francesas, tras la cual se sabrá si el centroderechista Nicolas Sarkozy tendrá un segundo mandato o si el socialismo logrará retomar el poder.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de marzo, 2012

Al respecto, cabe consignar que el escenario no es el mismo de los últimos comicios presidenciales –por más que algunas tendencias en la intención de voto se repitan- y que uno de los grandes dilemas (para la izquierda) es cómo conseguir la victoria, siendo que los sondeos previos le dan más del 50% de los votos a la centroderecha, derecha y ultraderecha francesa.

Según la última encuesta, realizada por Ifop, François Hollande –candidato del Partido Socialista- ganaría la primera vuelta con un 29% de apoyo. Tras él quedaría el actual presidente (Sarkozy), que llegaría al 27% del total de preferencias. La nacionalista y ultraderechista Marine Le Pen obtendría el 17% y más atrás quedarían el centrista François Bayrou (11.5%) y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon (9.5%).

En una hipotética segunda vuelta, Hollande ganaría con el 55%, dejando a Sarkozy con sólo el 45% -cifra que puede considerarse positiva para el actual presidente, ya que hace un tiempo los sondeos , lo cual suena contradictorio si se toma en cuenta que la suma de votos (en la primera vuelta) le daría un 55.5% a la centroderecha, la derecha y la ultraderecha unidas. Las cifras mencionadas no varían mucho en los diversos sondeos que se han realizado en las últimas semanas.

En este sentido, es importante destacar que cerca del 40% de los encuestados reconoció no tener claro aún por quién votará. Además, es muy probable que haya una importante fuga de votos desde los seguidores de Bayrou hacia Hollande. ¿Por qué? Simplemente, pues algunos de ellos no están dispuestos a ver un nuevo mandato del actual presidente galo.

¿Existe la posibilidad que seguidores de la ultraderecha opten por el candidato socialista en un hipotético balotaje? Nunca se puede asegurar algo, pero salvo excepciones aquello no debiese ser el natural proceso. Mucho más razonable y probable es que de aquí a mayo Le Pen pierda una importante cantidad de preferencias ante la fuerte irrupción de Mélenchon, que ha tenido un gran progreso. Tanto así, que el postulante izquierdista superó, hace algunos días, la barrera histórica del 10%, lo cual confirma que su apoyo va en franco ascenso.

Jean-Luc Mélenchon ha tenido un discurso inteligente y estratégico, el cual le ha significado ganar muchos votos en los sectores más pobres de la sociedad. Estos últimos solían simpatizar con Marine Le Pen, pero el hábil Mélenchon les ha recordado que “nosotros somos los que hemos luchado, históricamente, por los pobres y no la ultraderecha”.

La teoría del avance de Mélenchon adquiere mayor potencia si se toma en cuenta que hace un año las encuestas le daban entre un 20% y un 24% a la candidata ultraderechista, mientras que Mélenchon sólo recibía entre un 4% y 5%.

En junio de 2011, Hollande ya lideraba con un 26.5%, en tanto que Sarkozy y Le Pen (20.5%) luchaban por el segundo puesto. Mélenchon ya trepaba al 7% y desplazaba a Bayrou (6%).

A fines de 2011, Bayrou remontaba y llegaba al 11%, lo cual coincidía con la baja de Hollande (entre 27% y 29%, es decir, una caída de hasta diez o 12 puntos porcentuales). Sarkozy ganaba unos votos (25%) y Le Pen comenzaba su declive (entre el 16% y 20%).

En enero de 2012, Bayrou lograría uno de sus mejores resultados (14%) y Mélenchon doblaba su rendimiento y llegaba al 8.5%. Sarkozy ya se adelantaba en unos siete puntos a Le Pen y Hollande se consolidaba en el primer lugar. Fue en este momento que las tendencias quedaron muy claras. La segunda vuelta sería, sin dudas, entre el candidato socialista y el actual presidente, alejando el fantasma (y el horror) de ver a un miembro de la familia Le Pen en balotaje (2002, año en el cual Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, “humilló” a Lionel Jospin y lo dejó en tercer lugar).

Reflexiones previas a las presidenciales

  • Nicolas Sarkozy ha podido mantenerse en carrera gracias a la crisis económica de la Unión Europea. A pesar de no tener grandes números, la economía francesa ha tenido una relativa estabilidad y eso es apreciado por el electorado.
  • La fuerza de la ultraderecha ha comenzado a bajar y es muy probable que el día de la elección llegue a cerca del 15%. Por contrapartida, la izquierda podría aspirar al 11% o incluso 12%.
  • Es evidente que François Hollande es el gran favorito para ganar las presidenciales.
  • Los comicios presidenciales estuvieron muy marcados por la caída de Dominique Straus-Kahn, que era el natural candidato del socialismo. Sus problemas han hecho reflexionar a los votantes, pues ¿qué tipo de gobierno quiere?, ¿un socialismo burgués tipo DSK?, ¿una derecha “consecuente”, pero con tintes xenófobos? Difícil decisión.
  • La inmigración ha sido un tema central en las campañas y no es casualidad que en el último tiempo Sarkozy comenzara a proponer fuertes medidas contra el flujo migratorio. Con esto, seguramente pretende sumar más votos en la primera vuelta y así “asustar” a los socialistas.
  • Si bien la centroderecha y la derecha suman más del 50% de los votos, no se debe olvidar la debacle sufrida en las elecciones cantonales, en las cuales el UMP tuvo una dura y humillante derrota.
  • En un momento en el cual los ciudadanos europeos han castigado a los gobiernos socialistas, por su mal manejo en cuestiones económicas, la caída de Nicolas Sarkozy podría significar muchas cosas. Entre ellas, que la crisis económica no es patrimonio del socialismo. También, que los franceses no sólo votan en función del dinero. Esto último sería un potente mensaje para Europa.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy

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@Ratopado
Fotografía: Nicolas Sarkozy (Licencia Creative Commons)

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Lavapiés, el centro de la multiculturalidad madrileña

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Lavapiés, el centro de la multiculturalidad madrileña

Fecha 26/10/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Si alguien hubiese logrado viajar en el tiempo y conocer los inicios de este barrio, cuya fecha se remonta al siglo 14, seguramente se sorprendería al ver la nueva realidad de este emblemático sector de Madrid. Es que atrás quedó aquella historia en la cual los judíos eran mayoría en esta zona y, también, el origen del nombre de este sector. Claro, ya no se ven seguidores del judaísmo lavándose los pies antes de ingresar a la sinagoga y, todo lo contrario, es mucho más común ver a un musulmán, un hindú o un cristiano. El tiempo pasa, las personas también y así es que el Lavapiés moderno se caracteriza por ser un punto de encuentro entre las diversas colonias de inmigrantes que han llegado a España en las últimas décadas.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 26 de octubre, 2010. Desde Madrid, España

Al ir en uno de los vagones del metro de Madrid y acercarse a la estación Lavapiés se puede respirar un aire diferente. Si bien en toda la ciudad se pueden ver personas de distintas culturas y regiones del mundo, es en las cercanías de esta terminal donde se aprecia una real magnitud del suceso de las migraciones modernas.

Ahí, en este lugar, se combinan colores, olores, mirada, vestimentas, físicos y creencias, los cuales muchas veces generan confusión. Claro, porque cuesta saber si al frente está un paquistaní, un indio o un bangladesí o si aquella mujer negra junto a su hija llena de trenzas es africana o de algún país latinoamericano. Lo mismo con los magrebíes, que aunque en su mayoría son marroquíes, bien podrían ser tunecinos, libios, argelinos o incluso mauritanos.

Y así, suma y sigue la pluralidad del nuevo Madrid y, específicamente, del barrio Lavapiés, antiguamente conocido por las juderías y hoy punto de expresión de los nuevos tiempos.

El abanico cultural, bajo la huella del inmigrante

 

Según el Ministerio de Trabajo e Inmigración español, actualmente residen en España 4.789.034 extranjeros, los cuales cuentan con tarjeta de residencia y, por lo mismo, son contabilizados como inmigrantes legales. Rumanos, marroquíes, ecuatorianos, colombianos y británicos ocupan los primeros cinco lugares en presencia. En términos estadísticos, los extranjeros con situación al día representan el 11.03% de la población total del país y esto es algo que se puede apreciar al recorrer las vías que circundan al Lavapiés, sector en el cual se aprecian habitantes de cerca de 90 colonias foráneas diferentes.

Caminando por Servet, Amparo, Toledo, Sombrerete, Cabestreros, Mesón de Paredes y Lavapiés, entre otras calles del barrio, el viajero encontrará una puerta de entrada hacia la multiculturalidad. Ahí, cada cual con sus tradiciones y vestimentas, aparecerán africanos, asiáticos, americanos y europeos. Con países de origen tan diversos como Senegal, Guinea Ecuatorial, Burkina Faso, Marruecos, Gambia, El Líbano, Iraq, Irán, China, Paquistán, India, Bangladesh, Ecuador, Perú, Uruguay, Italia o Rumania. En un pequeño espacio convergen musulmanes, cristianos, budistas, confucionistas e hinduistas, pero también se reúnen negros, blancos, indígenas, árabes, persas, indoeuropeos, mestizos, mulatos y zambos. Y si de lenguas se trata, entonces están el español, italiano, francés, inglés, chino, árabe, bengalí, hindi, persa, rumano y portugués, entre otros.

Junto con lo anterior, tampoco debe olvidarse que en este sector viven españoles –algunos que suelen trabajar en el ámbito artístico-, lo cual permite generar el contraste entre los “locales” y los “visitantes”. Y así, el arcoiris va aumentando sus colores y tonalidades, dejando una atractiva estela para el viajero.

Y aunque todas las colonias y los españoles se respetan y conviven en armonía, no existe una gran fraternidad. Todo lo contrario, cada grupo se preocupa de lo suyo (el comercio) y resulta poco frecuente ver amistades entre personas de distintas nacionalidades. Las diferencias culturales hacen que de un lado y otro se miren con desconfianza, especialmente inmigrantes de determinadas nacionalidades, quienes, por su seguridad, prefieren no hablar del tema. Sin embargo, la situación se da en casos puntuales y la mayoría de la gente que trabaja y vive en este sector dice estar muy tranquila, pero aclarando que este es un espacio laboral y no social.

El viajero no debe tomar esto con temor, pues la situación no afecta al visitante y además es una gran experiencia ver en persona la destrucción del mito que los extranjeros siempre se unen. De todas formas, tampoco se debe exagerar y existen muchos casos de sana convivencia entre inmigrantes de distintas colonias.

Es el caso, por ejemplo, del matrimonio compuesto por Carmen Abigail, proveniente de Guinea Ecuatorial, y Nisar, oriundo de Paquistán, quienes llevan 35 y 25 años en España, respectivamente.

“Hace dos años abrimos nuestra peluquería, en la cual ofrecemos productos afro-americanos, (en la calle Lavapiés nº 52º) y nos va bastante bien”, cuenta la mujer, que dice tener 50 años.

Mientras, su marido complementa diciendo que “es algo muy bueno el intercambio cultural, pues yo soy paquistaní, ella es guineana y vivimos en España. Además, la vida en este barrio es bonita, pues hay mucha variedad cultural”.

Quizás el caso de esta pareja permita ilustrar lo que es Lavapiés, es decir, cuna de encuentros culturales, religiosos y raciales, y punto obligado para todo caminante que desee conocer y acercarse a diversas formas de ver la vida. Y la gran gracia es que puede hacer eso sin tener que ir a lugares que muchas veces pueden ser muy lejanos o inhóspitos, sino que aquello tiene ubicación en una de las ciudades más agradables del mundo.

Sus estrechas calles, con sus nombres escritos sobre baldosas en las paredes de cada esquina, la tranquilidad del ambiente, el aire cosmopolita, la fusión de diversos mundos en uno solo y la cercanía con otros barrios de interés lo convierten en un interesante y atractivo punto de la capital española.

Por último, la variedad de precios es amplia, pero por lo general es bastante más barato que ir al centro de Madrid o a los sectores de mayor riqueza de la ciudad.

Comercio, fuente de ingreso y variedad para el turista

 

Al dar una vuelta por el barrio, el caminante podrá darse cuenta, rápidamente, que se trata de una zona residencial, pero con varias manzanas llenas de negocios. Tiendas de artesanía, supermercados de comida específica, joyerías, venta de ropa, jugueterías y un sin fin de variedades irán apareciendo en las angostas callejuelas de Lavapiés.

Esto se explica porque, dada la gran cantidad de inmigrantes, que normalmente no encuentran sus productos típicos fuera de su país, se hace necesario tener un espacio “propio”. En paralelo, los mismos foráneos se ven obligados a invertir en este negocio, pues saben que cuentan con una clientela fija, al mismo tiempo que van atrayendo a los curiosos turistas.

Dentro de este gran abanico de opciones, lo que más abunda es la oferta gastronómica, junto a la venta de artesanía, joyas, alimentación y servicios de cosmética y peluquería. En menor cantidad, pero también visibles, se pueden encontrar comerciantes de ropa, juguetes, relojes y una serie de los más diversos accesorios.

En las calles Amparo y Sombrerete se pueden visitar joyerías, tiendas étnicas y locales de artesanía, además de supermercados de comida halal (para musulmanes, pero cualquier persona puede comprar). Estos últimos, también aparecen en Lavapiés entre los números 30 y 50.
La venta de alimentación africana, paquistaní, latina, árabe y de otras culturas se puede apreciar en Lavapiés, a las altura del 80.

Por último, en calles como Toledo, Caravaca y Mesón de Paredes también existen negocios de diversa índole, como carnicerías, pescaderías y tiendas de rubros menos conocidos.

Dónde comer

 

En relación a los restaurants o pequeños locales de comida, muchos se encuentran en la calle Lavapiés. Lo que más abunda es la gastronomía india, con el Baisakhi (Lavapiés nº 42), el Shapla (a un costado del anterior) y el Anarkoli (Lavapiés nº 46), pero quizás el más recomendable sea el Calcuta, ubicado en Lavapiés nº 48 y atendido por su amable dueño, un bangladesí que hace cuatro años y medio llegó a España en busca de una mejor vida. La especialidad de su restaurant es el Tandoori, comida basada en las variadas especias de la India y que suele ir acompaña por vegetales y/o carne. Por cerca de 20 euros, el viajero tendrá un buen plato, algo para tomar y un postre.

Una de las curiosidades de Lavapiés es que muchos locales gastronómicos son atendidos por inmigrantes oriundos de Bangladesh. Así como aquello sucede en la comida india, también es muy común verlo en los clásicos locales de venta de kebap. Como demostración, en la calle Lavapiés, en los números 39, 43 y 53, se encuentran picadas de comida turca. Este tipo de negocios son ideales para el turista que desea gastar poco y comer rápido, pues por seis a diez euros y en menos de 20 minutos ya estará en condiciones de proseguir la marcha.

Para los amantes de los sabores africanos se recomiendan dos lugares y ambos de gastronomía senegalesa. El Baobab, ubicado en la esquina de Cabestreros con Mesón de Paredes, es un pequeño local, algo rústico y con una corta lista de platos. Sin embargo, todo está bien cocinado y por no más de diez a 15 euros se puede pasar un buen momento. Esta picada es ideal para quienes busquen algo más humilde y sin grandes decoraciones. Mientras, en calle Amparo nº 61 se encuentra el Touba Lamp Fall, que además de tener el servicio de comida, es una frutería y carnicería. Sus dueños son amables, pero el local no genera tanta confianza como el Baobab, razón por la cual se sugiere ir al primero.

Ahora, si de algo típico español se trata, lo mejor es ir al Andy’s Bar (calle San Carlos con Lavapiés), un lugar pequeño, pero que cuenta con mesas en la calle (con quitasoles) y que es bastante ordenado y limpio. La especialidad de este local son las tapas, las cañas, las copas y el café.

Por último, al inicio de la calle Lavapiés se pueden visitar la “Pizzeria Della Cabeza” (Lavapiés nº 6) y el Albahia (Lavapiés nº 3), que ofrecen comida italiana y marroquí, respectivamente. Ambos son bastante higiénicos, bien presentados y con buenos precios, pero se recomienda, por sobre todo, ir al “Albahia”.

La calidez de Kira, su dueño y anfitrión, la hermosa y sencilla decoración, la tranquilidad del lugar y la amplia cantidad de mesas hacen de este pequeño restaurant una gran experiencia. Los valores de los platos varían entre los tres y 12 euros, en tanto que las infusiones, cafés y jugos van desde uno y medio hasta diez de la divisa europea. Los dulces cuestan un euro. Se sugiere comer la ensalada magrebí y el tabulé (una ensalada en base a cous cous), además de un exquisito té marroquí.

Recomendación especial

 

En las afueras del barrio Lavapiés se pueden visitar el Museo Reina Sofía y el mercado de El Rastro. En el primero destaca el arte español del siglo 20, pero además de eso se realizan diferentes actividades culturales, en tanto que el segundo es famoso por ser un mercado que sólo abre los domingos y festivos y que se encuentra en el centro histórico de Madrid. El horario de atención es de 9:00 a 15:00 horas y se sugiere probar las tostas y la amplia gama de charcutería.

CONSEJOS

– Tómese un día libre para recorrer a fondo Lavapiés. Se sugiere ir a partir del mediodía, almorzar en alguno de los restaurants o picadas y luego caminar por sus calles.
– Evite ir con cosas de valor.
– Sea selectivo al momento de hablar con la gente. Es mejor que converse con quienes trabajan en los locales antes que cualquier persona.
– Tenga cuidado con las fotos. Recuerde que la ley española protege a los menores de edad. También, a las musulmanas y a muchos comerciantes les molesta mucho que les fotografíen.
– Si va en verano, hidrátese y lleve protector solar, además de un buen gorro.
– En caso que le ofrezcan hachís, simplemente siga caminando. Si lo molestan demasiado, vaya donde la Policía.
– Si le preguntan de dónde es, diga que es madrileña(o).
– Respete los espacios, no intente formar confraternidades y disfrute de la experiencia.

CÓMO LLEGAR

Lo más fácil es tomar la Línea 3 del metro y bajarse en la estación Lavapiés. Al salir a la calle, se llega a una pequeña plaza (del mismo nombre) y ahí mismo está el barrio Lavapiés. Se puede llegar en taxi o micro (línea M1, Glorieta de Embajadores) pero lo más conveniente es el metro.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado
Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy

 

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UE

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Unión, ¿o (des)Unión Europea?

Fecha 3/09/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras la creación, en 1951, de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) y luego de los consiguientes tratados que dieron origen a la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957, y la Comunidad Europea (CE), en 1986, todo este proceso de integración del Viejo Continente llegó a su punto culmine con el Tratado de Maastricht, firmando en 1992 y que dio origen a lo que actualmente se conoce como Unión Europea (UE).  Un bloque original de seis estados terminó ampliándose a 27, con lo cual se generó una Europa pacífica, democrática y solidaria entre sí.  Sin embargo, lo que parecía ser un cuento de hadas ha dado muestras de importantes fisuras y, lo más preocupante, ha entregado señales contradictorias respecto a la anhelada y destacada fraternidad europea.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre, 2010

UELa actual expulsión de gitanos desde Francia, medida adoptada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy,  y la anterior, hecha por el gobierno de Silvio Berlusconi, en 2008, son una clara muestra de los nuevos tiempos de la Unión Europea.

La situación es peor aún si se consigna, tal cual asegura Robert Kushen, director ejecutivo del European Roma Rights Center, que Alemania, Dinamarca y Suecia también están llevando a cabo la xenófoba e inhumana acción del retorno obligado de miles de romaníes.

Esta tendencia quizás sea el mejor ejemplo, lamentablemente, de lo que podría llamarse el desmembramiento de los valores de igualdad, apertura, tolerancia y sana convivencia al interior de la Europa integrada.

Al respecto, cabe consignar que desde la parte legal no se están pasando a llevar preceptos, pues los ciudadanos rumanos y búlgaros no gozan de libertad de movimiento pleno, al menos hasta 2013.  Esto es algo que se acordó al momento que Bulgaria y Rumania ingresaron a la Unión Europea y es una postura que comparten Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Malta, y el Reino Unido.

Sin embargo, la gran pregunta es cómo puede haber una contradicción tan grande en el bloque de integración europeo, que, por un lado, promueve la fraternidad y la solidaridad, pero, por el otro, no tiene problemas en expulsar a ciudadanos europeos, pues los gitanos rumanos y búlgaros son, guste o no, parte de la población del Viejo Continente.  Que tengan libertad para moverse por Europa durante tres meses, pero que en caso de no obtener un trabajo sean devueltos a sus países no sólo es algo incoherente –según los valores esenciales de la UE- sino que se convierte en una desgraciada política poco humanitaria, injusta y, por sobre todo, racista.

Por eso, no extraña que al interior del gobierno francés ya haya serias disputas por esta medida, que a algunos ministros ha causado gran desagrado.  Lo mismo para la Iglesia Católica y diversas asociaciones gitanas.  Mientras, la Unión Europea, con demasiada lentitud y parsimonia, ha decidido que Francia explique esta iniciativa, para ver si se toman medidas.  La interrogante es, ¿se atreverá el bloque europeo a sancionar a uno de los pilares de esta unión?

La desunión en otros ámbitos

Lamentablemente, la (des)Unión Europea se puede apreciar, y con aún mayor claridad, en otros aspectos de gran relevancia.  El primer tema tiene relación con los evidentes conflictos internos y con las fuertes diferencias de opinión de los estados miembros ante importantes asuntos comunitarios.  El fracaso de la Constitución, con los emblemáticos “No” de Francia y Holanda, en 2005, fue un duro golpe para el conglomerado europeo, pero, por si eso fuera poco, el Tratado de Lisboa, finalmente firmado en 2009, pasó por diversas zozobras.  Mientras República Checa y Polonia hicieron ruido y generaron angustia ante un posible rechazo o aceptación mediante concesiones, en Irlanda la situación fue bastante más clara y los irlandeses, en junio de 2008, le dijeron “No” a este documento, que buscaba reemplazar a la fallida Constitución.  El cambio de algunas normas que disgustaban, un fuerte lobby europeo y una gran campaña del gobierno irlandés finalmente lograron que en octubre de 2009 Irlanda diera el ansiado “Sí”.  La Unión Europea volvía a respirar.

Pero eso no es todo, pues en Reino Unido –país que no ha querido cambiar su moneda por el euro, en otra señal a tomar en cuenta- cada cierto tiempo aparece el rumor de un referéndum para ver si el país se mantiene en la Unión Europea.

Respecto a los asuntos políticos exteriores de la UE, el tema de la adhesión de Turquía al bloque de integración quizás sea el gran dolor de cabeza respecto a las ampliaciones (asunto que por las circunstancias actuales ya es problemático).  Por cerca de medio siglo, Turquía y Europa han firmado diversos acuerdos, de toda índole, pero quizás el momento más relevante fue en diciembre de 2004, cuando el Consejo Europeo concluyó que Turquía cumplía con satisfacción los criterios políticos de Copenhague y, consecuencialmente, sugería el comienzo de las negociaciones de adhesión, las cuales se iniciaron, oficialmente en octubre de 2005.

A partir de entonces, Turquía pasó a ser motivo de conflictos al interior de la Unión Europea, especialmente luego que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel llegasen a la presidencia de Francia y Alemania, respectivamente.  Mientras Sarkozy y Merkel –apoyados por –Austria, Bélgica y Holanda- han sido enfáticos respecto a que Turquía no puede ser parte de la Unión Europea, otros países como España, Italia, Portugal y Reino Unido aseguran que los turcos tienen un espacio en la Unión Europea y que sería una deshonra para Europa no cumplir la palabra.

Esta serie de disputas internas ha tenido como principal consecuencia que las posiciones de la UE y Turquía se han polarizado.  Según un estudio del German Marshall Fund, realizado en 2009, sólo el 19% de los europeos consideraba como “positivo” el ingreso de Turquía a la Unión Europea, mientras que los turcos también variaron sus posturas.  Si en 2004 un 73% creía que la adhesión a la UE era “buena”, en 2009 apenas un 48% mantenía esa postura.

La situación de las ampliaciones podría ser aún más compleja si Croacia e Islanda consiguen su ingreso definitivo, ya que el gobierno turco comienza a perder la paciencia y últimamente ha dicho, con claridad que “si no nos quieren en Europa, estaremos felices con nuestros amigos musulmanes”, haciendo énfasis en los cada vez mayor acuerdos e intercambios con países de Asia Central.

Otros asuntos de relevancia son la inmigración y el racismo.  Al respecto, la creación, en octubre de 2009, de un marco legal común a la política migratoria de la Unión Europea causó división.  La dureza de las nuevas normas provocó gran rechazo en partidos de izquierda europeos y muchos gobiernos tampoco estuvieron muy de acuerdo.  Por ejemplo, Dinamarca no quiso sumarse a esta iniciativa.

Justamente, esta normativa, según muchos, está orientada a ordenar el asunto migratorio, lo cual es cierto y, además, muy necesario, pero no deja de ser posible que detrás de esto haya una matriz xenófoba.  Dicha teoría se confirma con lo que ocurre con los gitanos, con africanos y latinoamericanos.  El concepto “Eurabia”, el interminable conflicto del velo y la segregación social de “hijos de inmigrantes” siguen siendo una piedra de tope para la Unión Europea.

Por último, el asunto de Kosovo –con 31 estados europeos reconociendo su independencia-, la falta de una voz clara respecto al mundo árabe-musulmán  y la apatía de algunos sobre el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” han mostrado otros ejemplos de división.

Es por eso que los ciudadanos europeos comienzan a dudar sobre este bloque de integración que los aunaba bajo ciertos preceptos bastante nobles, pero que hoy no han traído consigo buenas consecuencias, ni más fraternidad.

Por último, según el Eurobarómetro 73, publicado en agosto reciente, un 49% cree que es “positivo” estar en la UE, pero hace tres años era un 58%.  Un 53% cree que su país se ha beneficiado por el ingreso a este bloque, pero en 2007 era un 59%.  Las cifras no mienten y los hechos tampoco.

La Unión Europea enfrenta una fase clave y sin saber hacia dónde va el buque.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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ue-alc-2010

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Una cumbre intrascendente, pero de gran relevancia

Fecha 5/06/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace algunas semanas culminó un nuevo encuentro entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, algo que se ha repetido en seis ocasiones desde 1999.  Y aunque la integración de estas dos zonas tan grandes es algo que a priori puede ser catalogado como positivo, la evidencia ha ido demostrando que estas negociaciones, basadas en principios económicos, presentan algunas vallas de difícil salto y que, con el tiempo, se han convertido en grandes dificultades para esta iniciativa que busca aunar conceptos entre latinoamericanos, caribeños y europeos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 5 de junio, 2010

ue-alc-2010Algunos podrán decir que es muy negativo decir que las relaciones eurolatinoamericanas no pasan por un buen momento, pero otros podrían asegurar que aquello no es más que la realidad.  Y, también, estarán quienes afirmarán que los nexos se han mantenido dentro de los márgenes acostumbrados.

En honor a la objetividad y, dependiendo del prisma con el cual se observe, los tres postulados mencionados podrían ser ajustados a lo que efectivamente sucede.  Es por eso que se puede catalogar como ambiguo el proceder entre ambos bloques.

Primero, porque a pesar de algunos logros concretados tras la VI Cumbre UE/ALC quedó en evidencia que se negocia en busca de beneficios económicos, pero, en paralelo, se intentan imponer medidas tendientes a limitar ciertas conductas.  Esto último tiene que ver, por ejemplo, con el pedido de Argentina en orden a revisar el tema de las Islas Malvinas.  También, tiene relación con las políticas migratorias del organismo europeo hacia los viajeros latinoamericanos.

Quizás esto último sea lo más importante, ya que mientras el asunto de las Malvinas tiene un carácter más político, aquello relativo a las condiciones de ingreso a Europa cae dentro de lo que se conoce como “temas humanitarios”.

¿Se puede hablar de igualdad si a los habitantes de una parte se les impide la entrada a un lugar determinado sólo por tener rasgos indígenas?

Ciertamente, no.  Y, lamentablemente, eso es lo que ocurre en la práctica.  Es cosa de sentarse a ver la diferencia de tratos en el aeropuerto de Barajas.  Los sudamericanos blancos, de apellidos europeos y con una profesión seguramente podrán ingresar a tierras del Viejo Continente, en tanto que aquel peruano, ecuatoriano o boliviano de piel café, con el pelo negro y de baja estatura seguramente deberá esperar que un milagro le permita pasar las barreras.

Las medidas establecidas en contra de los miles de latinos que van a Europa como delincuentes son necesarias y positivas, pero se debe entender que cuando se cae en discriminaciones raciales se produce un fuerte problema.  Y en el caso de la Unión Europea es aún peor, ya que se genera una contradicción muy fuerte.

Por un lado se habla de igualdad entre latinoamericanos y europeos, pero, por el otro, aquello sólo es una hermosa retórica.  Queda demostrado, entonces, que si se trata de obtener beneficios económicos da lo mismo si se conversa con un latino de origen caucásico o aborigen.  Sin embargo, llegada la hora de compartir cultura, cambia el paradigma y se produce una terrible discriminación.

Otro elemento que permite reafirmar la ambigüedad del proceso de integración entre la Unión Europea y Latinoamérica tiene que ver con asuntos pendientes aún sin resolución y que, normalmente, son tapados con un dedo.

Por parte del Viejo Continente, los derechos humanos siguen siendo un tema difuso.  Mientras realizan una férrea defensa de éstos, caen en violaciones a los mismos preceptos que ellos postulan como inquebrantables.  Las políticas de migración vuelven a aparecer en este horizonte y no sólo en relación a los latinoamericanos, sino que, particularmente, en relación a los inmigrantes africanos.  También, porque muchas veces caen en la tentación de darle lecciones sobre Derechos Humanos a los latinos, pero ellos mismos han sido bastante subjetivos en tratar sus temas al interior.

El colonialismo también se mantiene como otro problema sin solución.  Guayana Francesa, Islas Malvinas y la gran cantidad de islas convertidas en territorios de ultramar por Francia y el Reino Unido aún generan incomodidad.  Si se desea una verdadera integración, el primer paso es sentarse a conversar sobre asuntos como estos.  Sin embargo, ahí vuelve a aparecer la crítica hacia ambos lados.  A los europeos, por no ser capaces de aceptar este diálogo y, a los latinoamericanos, por no oponer mayor resistencia y hacer vista gorda ante la posibilidad de firmar acuerdos económicos.

Pero quizás el principal responsable de todo esto sea la misma Latinoamérica, incapaz de generar una postura común, sea favorable o no a lo propuesto por la Unión Europea.  ¿Acaso existe una verdadera unión entre los países latinoamericanos?, ¿se puede hablar de una integración real si existen Mercosur, Caricom, Aladi, Comunidad Andina, Alba, Unasur y Sica, entre otros mecanismos integracionistas, pero a pesar de eso las disputas se mantienen y los problemas siguen sin encontrar solución?

Claramente hay un quiebre en Latinoamérica y eso queda demostrado por la fragmentación de sus zonas geográficas.  Centroamérica, el Caribe y Sudamérica están separados y trabajan cada cual por su cuenta.  Quizás el caso más emblemático sea el de Sudamérica y, de hecho, es el subcontinente que aún no logra consolidar hechos verdaderamente de peso con la Unión Europea.

De ahí que los europeos hayan optado por negociaciones directas con países (Colombia y Perú, por dar ejemplos) o con bloques regionales (Mercosur y Comunidad Andina).

La desunión americana es absoluta y de eso deberían preocuparse los líderes continentales.  Brasil parece estar más preocupado de consolidar su ingreso a las grandes ligas mundiales.  Cuánto gustaría ver la actitud brasileña mostrada en las negociaciones con Irán, pero en los conflictos sudamericanos como el litigio entre Argentina y Uruguay (por las papeleras), las odiosidades entre Colombia y Ecuador y Venezuela o, por último, el asunto marítimo de Chile y Perú.

Y qué decir del gobierno argentino, que está más preocupado de la imagen exterior antes que de solucionar sus problemas internos.  Otro caso corresponde a Venezuela, que no cede en su propósito de seguir instaurando una revolución bolivariana que cada vez tiene menos adeptos y que, a la inversa, sigue generando más conflictos y división.

Quizás lo único rescatable es que a pesar del abanico de tendencias políticas, Sudamérica ha logrado vivir en cierta armonía.  Pero claro, siempre aparece algún presidente dispuesto a romper ese equilibrio.  Como Alan García y la demanda marítima.  Un desastre la postura peruana.  La contracara es lo que ha acontecido entre Bolivia y Chile, quienes dejaron de mandarse mensajes por la prensa y desde hace algunos años dialogan acerca de la salida al mar para Bolivia.  Sin embargo, todo lo positivo que puede tener eso queda empañado ante la inexistencia de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Por último, a Latinoamérica le ha faltado generosidad, para así adoptar posturas comunes.  Ahora, en este punto cabe analizar la realidad con mayor precisión.

Si bien se necesita una voz única, es importante reflexionar acerca de cuán factible es eso, tomando en cuenta las evidentes diferencias culturales entre caribeños, centroamericanos y sudamericanos.

Un proceso de integración que debe ser revisado

Debido a lo anteriormente expuesto surge un llamado de alerta para la Unión Europea y Latinoamérica.  ¿No será que equivocaron el camino al intentar reunir 60 estados en un solo bloque de integración, que de por sí presenta barreras como las distancias geográficas, sociales, culturales y económicas?

Bajo este contexto, cabe reflexionar acerca de la VI Cumbre UE/ALC, para así darse cuenta de por qué el proceso de integración está entrampado hace años.  En este sentido, aparecen varias conclusiones.

La primera, existe una desconfianza mutua a nivel social y eso afecta las relaciones, pues a nivel político se ve algo, pero bajo el prisma de los pueblos se observa otra cosa.  Queda la impresión que el europeo medio no ve con muy buenos ojos al latinoamericano, mientras que este último comienza a sentir el rechazo proveniente desde el Viejo Continente y eso genera, a su vez, resentimiento.

En segundo lugar, para garantizar el éxito de los objetivos, hay que reprogramar a estos últimos.  Si se busca un mero intercambio comercial, entonces las negociaciones y los discursos deben ser más claros al respecto.  Esto último queda de manifiesto ante la pregunta de cuál es la integración que se piensa desarrollar.  Por momentos, parece sólo económica, pero en otros puede dar la impresión que es algo más social.  Y a veces, una combinación de los dos o de otras variables.  Falta claridad.

Relacionado con lo anterior, quizás lo más razonable sea esperar a que Latinoamérica y la Unión Europea deciden trabajan en conjunto, pero a través de bloques subregionales.  Esto quiere decir que el camino son diálogos entre el bloque europeo  y Sica, Caricom y Unasur.  Cada cual con sus respectivas particularidades y entendiendo que los latinoamericanos podrán tener muchas cosas en común, pero también grandes diferencias de todo ámbito.  Es así que es deber de Latinoamérica trabajar bien y organizarse para poder conversar con plenas formalidades con la Unión Europea.

Que Mercosur, Comunidad Andina y Alba se unan en un organismo.  Que Unasur sea la instancia de unión y conversación con otras regiones del mundo.  Pero para eso se debe trabajar intensamente en la compleja labor de darle una seria institucionalidad a Unasur.  Mientras aquello no ocurra, será difícil negociar con la Unión Europea.  Es por eso que los sudamericanos deben hacer un mea culpa al respecto, pues Centroamérica y el Caribe han sido más sabido y han logrado entender la velocidad y la tendencia del proceso integracionista con la Unión Europea.

Por último, Unión Europea y Latinoamérica deben definir sus prioridades, pues si se desea tener buenos resultados en este proyecto, se le debe dedicar más tiempo y con mayor convicción.  ¿Qué importa más a Europa?, ¿el Mediterráneo, Latinoamérica o los problemas con Rusia?  Ninguno de estos temas es excluyente y todos son igual de importantes, pero ante los hechos la conclusión es evidente, es decir, los asuntos mediterráneos y los tensos nexos con el gobierno ruso ponen toda la atención de los europeos.  Y desde cierto punto de vista aquello es entendible, pero, entonces, mejor terminar las tareas pendientes y luego lanzarse en busca de nuevos desafíos.

Lo mismo para Latinoamérica, que debe redefinir las prioridades.  Antes de salir al mundo e intentar demostrar que es una región con grandes virtudes, primero tiene que definir con claridad sus objetivos. Mientras países como Brasil, Chile y Méjico buscan asociaciones con los grandes países del mundo, otros como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela mantienen las esperanzas en la revolución bolivariana.  El factor “Irán” también tiene una importante incidencia en la zona, pues una postura cada vez más proclive hacia el régimen iraní puede dañas los nexos con Europa.

Argentina sigue con sus voladores de luces y al proyecto del tren de alta velocidad ahora se suma el submarino nuclear.  Parece que el gobierno argentino no entiende cuáles son las prioridades internas y externas.

Perú sigue generando ruidos y conflictos en la región, no sólo con Chile, sino que también con Bolivia y Ecuador, involucrándolos en problemas que, en algunos casos, no tienen gran relación con aquellos países.

Colombia se desvela en su lucha contra el narcotráfico, pero en pos de aquel objetivo se olvida de sus vecinos, quienes, a su vez, también aportan polvorín a la zona septentrional de Sudamérica.

Y así, suma y sigue.  Falta más claridad y definición en las prioridades sudamericanas y europeas.

Por eso,  más allá que la Unión Europea firmara acuerdos o estableciera trabajos conjuntos con Chile, Méjico, Perú, Colombia, Centroamérica y el Caribe, lo que más quedó en evidencia en la VI Cumbre UE/ALC es que no hubo grandes avances.

Y esa es la gran paradoja de este último encuentro, porque a pesar de ser una reunión intrascendente adquirió gran relevancia, pues develó todas las ambigüedades y falencias existentes en este proceso de integración.

Y eso es demasiado trascendente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

 

 

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