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Lecciones de Argelia y Sudán

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Lecciones de Argelia y Sudán

Fecha 11/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy


Con apenas unos días de diferencia, el argelino Abdelaziz Bouteflika y el sudanés Omar al Bashir debieron dejar el poder en sus respectivos países. Algunos dirán que eran presidentes y otros afirmarán que eran autócratas o tipos autoritarios. Sin embargo, es justo decir, en honor a la verdad, que la mano de hierro del sudanés no tiene comparación respecto a lo hecho por su par argelino, pero no se puede esconder que el régimen de Bouteflika excedió los tiempos y terminó por colmar la paciencia de los argelinos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de abril de 2019

Bouteflika estuvo en el poder durante 20 años (1999-2019) y al Bashir lo superó en diez (1989-2019). Fueron gobernantes que, con diferentes estilos y en contextos muy particulares, pasarán a la historia por haber caído gracias a las protestas pacíficas del ciudadano común y a la intervención de las fuerzas armadas. Estas últimas, dejaron de apoyar a ambos y optaron por ponerse al lado de la gente. Claro, dirán que lo hicieron en forma estratégica, para así no perder sus regalías, es decir, buscarán un modelo democrático (o que al menos se acerque más a la democracia), pero sin perder su influencia y poder. La gran pregunta, en caso que esto sea así, es si los argelinos y sudaneses estarán dispuestos a eso. El pueblo está cansado y ya perdió el miedo.

Si bien años atrás cayeron Ben Alí (Túnez), Hosni Mubarak (Egipto); Ali Abdullah Saleh (Yemen) y Muammar al Gaddafi (Libia), lo ocurrido en Argelia y Sudán es muy simbólico. Básicamente, porque el proceso de caída de Bouteflika y al Bashir –especialmente en el caso del primero- fue menos sangriento. Mientras en Argelia no hubo muertos, en Sudán sí lo hubo (11 o 14, según distintas fuentes), pero al menos se evitó un choque frontal entre diversos grupos (civiles y estatales).

Sin embargo, ahora vendrá lo más difícil y, en este sentido, hay que tener mucha habilidad política. Hoy, las transiciones de ambos países están lideradas por los jerarcas militares, los mismos que fueron parte de los gabinetes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir. Por ende, es natural que aparezcan dudas sobre hacia dónde irá el buque. En el caso argelino, ya se estableció que el 4 de julio habrá elecciones presidenciales y en ella no podrá participar el actual presidente interino (un cercano a Bouteflika). A su vez, la situación sudanesa es más incierta, pues recién ahora cayó el régimen de al Bashira. Por ahora, solo se sabe que habrá una transición de dos años (a cargo de los militares) y que, además, la Constitución será disueta. Junto a esto, habrá liberación de presos políticos, estado de emergencia por tres meses y toque de queda por un mes.

Al analizar lo que ocurre en Argelia y Sudán, se puede ver con claridad que la gente o, si se prefiere, el pueblo rechaza cualquier continuidad de los regímenes que acaban de caer. Esto es sumamente comprensible, pero, al mismo tiempo, muy peligroso. Es una espada de doble filo, pues ese ímpetu democrático puede ser el motor de una transición exitosa, pero también corre el riesgo de convertirse en una piedra de tope. Es muy complicado pensar en transar o ceder luego de dos o tres décadas dominado por dictadores (Al Bashir) u autócratas (Bouteflika), pero es necesario para que el paso desde una dictadura (o régimen autoritario) hacia una democracia sea lo más pacífico posible y, por ende, tenga un excelente resultado. Hemos visto lo ocurrido en Libia y esto debe ser puesto como ejemplo de cuán mal se pueden hacer las cosas. Al mismo tiempo, se puede examinar la transición chilena como un modelo interesante. No por cuestiones económicas –ya sabemos que fue la base de un sistema que tiene ahogado a la mayoría de los chilenos-, pero sí por la habilidad de haber salido de una larga dictadura, haber pasado con éxito los primeros años de frágil institucionalidad democrática y, finalmente, haber sido capaz de establecer una democracia como tal. Claro que se pueden mejorar aspectos, pero no se puede dudar que las dificultades propias del proceso fueron abordadas de buena forma.

Ahora, Areglia y Sudán deberán enfrentar la parte más compleja, que es dejar los festejos y empezar a trabajar para que todo lo acontecido genere cambios reales y no termine siendo, como en el caso de Egipto, una movida propia del Gatopardo. En este sentido, será un gran desafío para los argelinos y sudaneses, pero también para los países vecinos. En caso de necesitarse mediaciones, será fundamental que los mediadores sean estados del Magreb y del Cuerno de África, que son los espacios geopolíticos donde se desenvuelven Argelia y Sudán, respectivamente. Y si esto no fuese posible, entonces la Unión Africana debiese ser el organismo encargado de apoyar estos procesos. La injerencia extranjera, es decir, la participación de las grandes potencias (Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia) y aquellas de tipo emergente (Turquía, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán), debería ser evitada, para así no cometer los mismos errores del pasado, lo cual se ha visto –con historias, contextos y actores muy diferentes- en Siria, Afganistán, Irak, Libia y Malí. No se debe olvidar que los intereses geopolíticos son muy poderosos y que los estados más fuertes pueden asumir cambios en los liderazgos internos, pero que nunca estarán dispuestos a perder o poner en riesgos sus intereses (económicos, políticos, militares, etc.).

Por último, lo acontecido en Argelia y Sudán puede significar que lleguen nuevos aires en los procesos de integración del Magreb y del Cuerno de África, respectivamente. Mientras Argelia se ha visto involucrada en el conflicto del Sahara –apoyando al Polisario y, de esta forma, manteniendo con vida a un choque generado por el colonialismo y la Guerra Fría-, Sudán ha sido un factor de división en el siempre denso y complejo tejido diplomático del Cuerno de África. Es así que un gobierno argelino dispuesto a dialogar con Marruecos y establecer una política de dos velocidades (una dedicada al asunto del Sahara y otra que promueve la integración regional) aportaría mucho para el sueño de integración magrebí. En paralelo, los cambios generados por los nuevos tiempos de Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía, han generado expectación en el Cuerno de África, especialmente porque, al menos en el nivel diplomático, se ha avanzado en el camino de la solución de conflictos. Por ejemplo, la normalización de los nexos entre Etiopía y Eritrea y los avances (pequeños, medianos o grandes) en disputas como aquellas entre Egipto, Sudán y Etiopía (represa en el Nilo), Kenya y Somalia (límites marítimos), Djibouti y Eritrea (conflicto fronterizo) y Somalía y Somaliland (este último, una autoproclamada república cuyo territorio es parte de Somalía).

Además de esto, existen diversos proyectos de integración en infraestructura, lo cual tiene que ir acompañado de una base sólida de entendimiento entre los países de la región. Es así que en el Magreb se está avanzando en el proyecto de un tren magrebí –por ahora incluiría a Marruecos, Argelia y Túnez- y hace tiempo que se está llevando a cabo la carretera transahariana, mientras que, en el Cuerno de África, hace poco fue inaugurada la línea de ferrocarril que une a Etiopía con Djibouti, pero existen otras iniciativas ferroviarias como las líneas Etiopía-Eritrea, Etiopía-Kenya y Kenya-Sudán del Sur. Por si fuese poco, estos proyectos ferroviarios involucran a Rwanda, República Democrática del Congo, Tanzania, Burundi y Uganda, lo cual generaría una gran conectividad terrestre en África Oriental. ¿Algo más? Claro, porque existe el deseo de construir el “Corredor Lamu” –que incluiría, entre otras cosas, carreteras, puertos, líneas de tren y un oleoducto-, el cual uniría a Kenya, Sudán del Sur, Etiopía y Uganda.

En resumen, el fin de los regímenes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir dejan una serie de lecciones y desafíos. Dentro de las primeras, la importancia de realizar manifestaciones pacíficas (y persistentes), la necesidad de actuar en forma rápida cuando una situación amenaza con transformarse en un choque violento, aprender a escuchar a la gente, comprender que los tiempos actuales necesitan soluciones democráticas y no dictatoriales y asumir que ningún tipo de gobierno puede mantenerse en el tiempo si no toma medidas que favorezcan a la mayoría y no a las élites. Entre los segundos, cómo construir nuevas institucionalidades democráticas, entender que las democracias africanas o asiáticas no tienen por qué ser iguales a las de “Occidente”, implicar a todos los segmentos políticos y étnicos en los procesos de democratización y fomentar la creación de un nuevo sistema interno que permita establecer, en el largo plazo, buenas relaciones con los vecinos. Todo lo anterior, comprendiendo que se vive en un mundo globalizado y en el cual los estados (o estados-nación) van perdiendo fuerza ( y a veces soberanía) respecto de los bloques de integración (regional, continental o mundial).

En este contexto, es de esperar que los procesos de Argelia y Sudán terminen bien. Aquello sería un bálsamo en zonas que, en las últimas décadas, han vivido procesos complejos y, normalmente, acompañados de violencia, fragmentación e inestabilidad. Mientras África no solucione sus problemas, la dependencia de los capitales extranjeros seguirá siendo una realidad y, entonces, la utilización de sus recursos naturales (y las riquezas generadas por éstos) permanecerá bajo la voluntad de las potencias o, si se prefiere, de las grandes empresas que los exploran y explotan.

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East Africa’s railway project: Nyerere’s dream in the hands of foreigners?

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East Africa’s railway project: Nyerere’s dream in the hands of foreigners?

Fecha 23/02/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

If someone still doubts about China’s important influence in Africa, the best is to point out that the Asian country is the first economic partner of the African continent since 2009. This is a fact that is well known (inside and outside of Africa) and one of the dimensions of this phenomena can be seen through an analysis of the infrastructure issue.

Raimundo Gregoire Delaunoy | February 21st, 2018

(Fotografía: Peter Ulrich)

Last year, in September, Zambia launched a mega-road project, which was financed by a Chinese company and through a loan of China’s EximBank. Previously, China financed other massive infrastructure projects in Nigeria, Ethiopia, Kenya, Angola, Tanzania, Algeria, Egypt, Djibouti and Democratic Republic of Congo, among others. 

But one of the most emblematic projects is the Tanzania-Zambia Railway (Tazara), which was funded by China and was inaugurated in 1976. It was one of Julius Nyerere’s dreams for the integration of Eastern Africa and, luckily, he was able to see the results of such an important railway. Nearly five decades after it was launched, the railway will be modernized –with access to a mega-port in Bagamoyo- thanks to the Chinese and Omani funds. Therefore, the connectivity of the Tanzania-Zambia section will be improved.

But the good news continues in Eastern Africa, as other key railway projects have been constructed or announced. For example, Rwandan and Tanzanian governments have committed to concretise the Isaka-Kigali Standard Gauge Railway (SGR) project, while Nairobi-Mombasa high-speed railway started its activities in 2017. This latter may be connected in the future with the recently launched Ethiopia-Djibouti railway –also funded by Chinese companies-, which has strengthened the trade route that has been used by landlocked Ethiopia since the independence of Eritrea in 1993.   Also, there is the intention of linking up the Nairobi-Mombasa railway with Uganda, Rwanda and South Sudan.

At the same time, there are studies that currently examine the viability and the possibilities of other railway projects, which would link up the existing lines with other in countries that, until now, have not been part of these mega-projects. For example, Burundi and Democratic Repúblic of Congo should be taken into account for the next initiatives.

In this context, Eastern Africa should face, in the nearby future, a full of expectation scenary, as the railway map of the region would improve the trade conditions and the people’s mobility. Thus, the commercial balance should be bigger and the economic resources should rise. And this is what Julius Nyerere wanted in the 60’s and 70’s, when he dreamt of a one-country Africa or at least an Africa of regional integration blocks. He always vowed for African unity and against the fragmentation of the states and/or the continent. One of his key projects was the railway but he was aware that to develop this dream it was nearly impossible without counting with loan from foreigner countries. And this is what is currently happening in Africa and, particularly, in Eastern Africa. The biggest loaner is China (82.5 percent of the costs of the railway projects between 2000 and 2014 were covered by China’s EximBank) but there are countries like Turkey, United Arab Emirates, Oman and, lately, Morocco who have shown interest in exploring Eastern African market.

So, the big challenge for Eastern Africa will be how to balance the need of funds with the independence of the region. As Julius Nyerere said, in 1968, “once that a nation has sold its freedom in exchange of economic assistance or when it has accepted the control of the foreign forces, that nation is lost”.

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30ma Sesión Ordinaria de la Asamblea de la UA: interesantes proyectos y proceso olvidados

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30ma Sesión Ordinaria de la Asamblea de la UA: interesantes proyectos y proceso olvidados

Fecha 2/02/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Este importante encuentro, realizado entre el 22 y 29 de enero, en Addis Abeba, Etiopía, dejó una serie de positivas iniciativas, pero también puso en un costado temas de gran importancia que actualmente azotan a ciertas regiones de África.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 31 de enero de 2018

(Fuente: Comisión de la Unión Africana)

Al inicio de esta cumbre, algunos de los grandes temas eran la inmigración, los conflictos político-sociales, la reforma del organismo panafricano, el espionaje chino, la creación de un mercado único y la puesta en marcha de un espacio aéreo común. Una vez finalizada este encuentro interafricano, el balance es esperanzador, pero, al mismo tiempo, deja algunas dudas.

En concreto, se deben celebrar algunos anuncios claves, como el establecimiento de un Mercado de Transporte Aéreo Africano –al cual adhirieron, de inmediato, 23 estados de África-, los avances en pos de la generación de un Área Continental de Libre Comercio –que volverá a ser analizada en marzo próximo- y la adopción de un protocolo para el tratado que establecerá la Comunidad Económica Africana en relación a la libre circulación de personas. También, son importantes la ampliación de diez a 15 miembros en el Comité de Ministros de Finanzas –basado en principios de distribución equitativa por geografía y con sistema rotativo-, el refuerzo del Grupo de Contacto sobre Libia y los progresos en el proceso de estudio de la reforma de la Unión Africana.

¿Algo más? Sí, pues hubo buenas noticias en temas como cambio climático, igualdad de género, lucha contra la desnutrición –con ambiciosas metas de cara a 2025, apostando a tener cifras menores a 10% en tópicos como malnutrición o hambruna- y la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD).

Sin embargo, quizás las principales espinas tengan que ver con dos temas fundamentales. El primero, sobre los conflictos que se están viviendo en África, ya que se mencionó lo ocurrido en Libia y en Sudán del Sur, pero no hubo grandes avances en las situaciones de países como República Democrática del Congo, Egipto, Etiopía o Nigeria, por dar algunos  casos. Lo mismo sobre la inmigración, pues se extrañó algún paso adelante en términos concretos con, por ejemplo, anuncio de nuevas medidas o de novedosos proyectos a seguir analizando en próximas reuniones. El segundo, sobre la discusión relativa al financiamiento de la Unión Africana –que depende, esencialmente, de la Unión Africana-, dado que el actual sistema choca con las aspiraciones de tener un organismo de integración continental libre de las presiones de otras regiones u poderes. Es así que la propuesta de Paul Kagame (impuesto de un 0,2% a las importaciones, la cual ha sido puesta en marcha por 22 de los 54 estados africanos) pudo haber sido contrapuesta con fuerzas con aquellas que busque recaudar impuestos a través de las trasnacionales y, especialmente, aquellas de origen extranjero. Es un debate ideológico, pero que tiene que ser relevante al momento de pensar en un organismo de integración que en sus orígenes buscaba la independencia. Los tiempos han cambiado y lo urgente es contar con los recursos económicos, pero quizás haya que ver otras opciones.

Finalmente, se echó de menos un mayor debate sobre lo acontecido con el espionaje chino. Según una investigación del diario francés Le Monde, China habría espiado a la Unión Africana al menos durante el período 2012-2017, lo cual debe ser investigado a fondo. El asunto es llamativo, dado que, entre otras cosas, China fue el principal soporte económico para la nueva sede de la Unión Africana, ubicada en la capital etíope.

Por último, y pensando en el futuro, es urgente que la Unión Africana siga avanzando, con profundidad, en la elaboración de bloques de integración que logren mejorar sus velocidades. Los distintos organismos integracionistas aún no logran calzar del todo entre sí y eso genera que las grandes decisiones del continente deban adoptarse a nivel de la UA y no a través de los votos de los bloques de integración. Esto último es fundamental, pues las votaciones entre 12, 13 ó 14 unidades son más fáciles que aquellas que cuentan con el voto de los 54 estados africanos.

Mientras, África debe seguir mirando con esperanzas su futuro. El solo hecho de no contar con Robert Mugabe en la última cumbre fue algo positivo. Empero, aún quedan muchos dictadores o gobernantes autoritarios en África. Y eso es algo que debe mejorar. Se avanzó mucho en comparación a décadas previas, pero es algo que, junto a la corrupción, puede estar incluido en la lista de las fallas africanas que han impedido un mayor y mejor desarrollo en la calidad de vida del continente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Reconocimiento oficial a Cataluña: un fracaso total

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Reconocimiento oficial a Cataluña: un fracaso total

Fecha 14/12/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras el discutido referéndum realizado por las autoridades catalanas, en el cual se impuso la opción independentista, comenzó la parte más difícil, que es validarse como estado. Si bien Cataluña cuenta con un territorio y con población, es discutible si tiene los medios necesarios para defender sus límites. Junto a eso, el secesionismo catalán ha contado con escaso, por no decir nulo, apoyo internacional. De esta forma, no queda otro camino que llegar a la conclusión que la independencia, por ahora, ha sido un fracaso total.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de diciembre de 2017

(Fotografía: Francesc_2000 / Flickr)

De hecho, ningún estado de peso ha siquiera insinuado algún atisbo de duda respecto a la integridad territorial de España, mientras que apenas se difundieron rumores (falsos) respecto a eventuales apoyos de países a la decisión unilateral de Cataluña o, más bien, de su cúpula. De esta forma, el sueño independentista de Carles Puigdemont y otros se enfrentó con la realidad. Y no solo desde el punto de vista de la política interna de España, es decir, la legalidad y legitimidad del referéndum y otras acciones, sino que también visto desde la política exterior o, si se prefiere, diplomacia. En este sentido, sin duda fue un duro revés para las aspiraciones de Puigdemont.

Para tener un mejor panorama sobre la situación, en lo que se refiere a los reconocimientos realizados por los demás estados del mundo, vale la pena analizar cuáles fueron las reacciones de los diversos gobiernos. Sin embargo, antes de eso es importante comparar este proceso con lo acontecido con Sudán del Sur y Kosovo, dos estados que nacieron en el siglo 21 y que fueron los últimos en conseguir su anhelada independencia a pesar de ser parte de un país previamente establecido.

(Fuente: Periodismo Internacional)

Solo para tener una noción, la independencia de Sudán del Sur se produjo el 9 de julio de 2011 y ese mismo día el nuevo estado contaba con el apoyo y reconocimiento de 58 países. A fines de julio los reconocimientos eran más de 100 y a fines de 2011 ya eran 122. En la actualidad, 130 estados reconocen, oficialmente, a Sudán del Sur como un igual. 

Respecto a Kosovo, el 17 de febrero de 2008 se produjo la declaración unilateral de independencia kosovar, la cual fue reconocida por un solo país en el mismo día, pero luego sumó muchos apoyos. Tanto así, que al terminar febrero ya eran 21 estados los que reconocían a Kosovo, mientras que a fines de 2008 la lista sumaba 53 países.  Actualmente, 110 estados le han dado el mismo rótulo a Kosovo.

Muy diferente es la situación de Cataluña, que no sumó reconocimientos en los últimos dos meses y que los únicos que la han apoyado son entidades como la Asamblea de Córcega (Francia), el Movimiento Autónomo de Kabilia (Argelia) y las autodenominadas repúblicas de Nagorno-Karabakh y Osetia del Sur (Asia Central). Para tener una mayor idea de los reconocimientos, a continuación se entregan algunos datos estadísticos.

En total, 186 estados o entidades territoriales han sido investigados, de los cuales 90 (48,13%) apoya a España a través del respeto a la integridad territorial y/o de su Constitución política. Solo cuatro (que no son países) avalaron la declaración unilateral de independencia de Cataluña (2, 15%), mientras que 14 tuvieron una postura poco definida (7,52%, siete neutrales y otros tantos difusos). Por último, 78 estados (41,94%) no han difundido comunicados oficiales o bien no fue posible encontrarlos.

(Fuente: Periodismo Internacional)

Poniendo énfasis en quienes apoyaron a España, 32 países son de Europa (35,56%), mientras que 14 corresponden a África (5,56%), 20 a América (22,22%), 23 a Asia (25,56%) y uno a Oceanía (1,11%). En cuantos a los países de los cuales no se tiene información, 33 provienen de África (42,30%), en tanto 18 son de Asia (23,08), diez de Oceanía (12,82%), diez de América (12,82%) y siete de Europa (8,97). Por último, los neutros y difusos tienen como principal grupo de origen a Europa (seis, 42,86%), Asia (cinco, 35,71%), América (dos, 14,29%) y África (uno, 7,14%).

Porcentualmente, el apoyo hacia España fue mayor en Europa, ya que el 71,11% de los países europeos investigados respaldaron a la nación española. Más atrás quedaron América (62,5%), Asia (50%), África (29,17%) y Oceanía (9,09%).

De las cifras presentadas, se pueden realizar algunas conclusiones. La primera, que la mayoría de Europa rechazó la independencia unilateral de Cataluña y, todo lo contrario, apoyó al gobierno español. Además, se puede decir que América también se mostró favorables a la postura de España. La segunda, relacionada con lo anterior, es que los principales avales del gobierno español estuvieron, porcentualmente hablando, en Europa y América, dejando más atrás a regiones que tienen menores relaciones históricas y diplomáticas con España. La tercera, que la información recogida obedece, en forma más o menos esperable, a la diplomacia española, es decir, los gobiernos con mayor cercanía –por motivos sociales, históricos, comerciales, culturales, geográficos y políticos- dieron a conocer, oficialmente, sus posturas, mientras que otros –por ejemplo, estados africanos y oceánicos- no consideraron tan importante dar a conocer sus posturas sobre esta situación. La cuarta, que en Europa y, particularmente, en la Unión Europea (UE) no existe una postura común entre todos los estados. Es así que siete gobiernos europeos publicaron declaraciones difusas o neutras, lo cual, en ciertos casos –como los de Bélgica y Escocia-, es entendible.

Para terminar, la última y evidente conclusión, es que la declaración unilateral de independencia de Cataluña no tuvo apoyo en el mundo. Y no solo en los primeros días, sino que también en los dos o tres meses siguientes. Así las cosas, queda la impresión que este proceso tuvo comienzo y, al parecer, por ahora no tendrá mayor avance. Con la respuesta diplomática observada, es evidente que los independentistas catalanes deberán cambiar sus estrategias, buscar un formato de mayor autonomía, pero sin tanta independencia o, simplemente, abandonar el sueño de una Cataluña independiente.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

*La lista de estados y unidades territoriales o de otro tipo analizadas es de uso privado. Interesadas(os) en dicho listado pueden pedirla a raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Libertad de expresión, terrorismo y respeto a los demás

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Libertad de expresión, terrorismo y respeto a los demás

Fecha 8/01/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Comencemos por lo obvio. El atentado terrorista ocurrido en las oficinas de Charlie Hebdo no tiene justificación alguna. Por donde se le mire es una aberración. Cobarde, cruel e inhumano. Ninguno de esos apelativos podría ser puesto en duda. Nadie puede morir por el hecho de publicar o decir algo, incluso si aquello publicado pueda ser considerado una estupidez, una falta de respeto o una provocación. Si a alguien le molesta, existen, por ejemplo, las protestas pacíficas y los tribunales.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 8 de enero de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Calle de los cónsules en Rabat, Marruecos. (Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Calle de los cónsules en Rabat, Marruecos. (Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Pasemos al segundo punto, que es el más subjetivo. Charlie Hebdo publicaba caricaturas y, lo más importante, mensajes escondidos en un dibujo. Amparado en la “libertad de expresión”, no tenía problemas en pasar a llevar las creencias de otras personas. En particular, dado el contexto actual, se trata de las caricaturizaciones del profeta Muhammad (conocido como Mahoma en español), del Corán y, finalmente, del Islam. Al respecto, no fue una azarosa publicación, sino que varias. Algunas de ellas, incluso riéndose de la matanza de personas, como aconteció en una famosa portada (sobre Egipto, en 2013) en la cual se veía a un musulmán asesinado por balas, las cuales atravesaban un Corán. Dicha imagen iba acompañada de la frase “El Corán es una mierda. No para las balas”.

Años antes, en Dinamarca, ocurrió algo parecido. Se crearon diversas caricaturas de Muhammad y fueron publicadas por un diario danés. Una de estas ilustraciones mostraba al profeta con una bomba en su turbante. Como era de esperar, se produjo la lógica molestia en el universo musulmán y, por supuesto, llegaron las protestas. A partir de entonces, y luego que apareciesen serias amenazas de muerte por parte de islamistas radicales, el medio danés optó por lo sano y dejó de jugar con fuego.

Antes de volver al presente, cabe realizar un breve recordatorio. Para los musulmanes, la figura de Muhammad es sagrada y está prohibido dibujarlo. Dicha postura, como cualquier otra, merece ser respetada, especialmente en países en los cuales existen importantes comunidades musulmanas. Sin embargo, es aquí donde ciertos grupos europeos –desde nacionalistas acérrimos hasta pseudo intelectuales que piensan que reírse de los demás es parte de la libertad de expresión- han demostrado su total falta de respeto y, peor aún, su nula capacidad de entender cómo funcionan las sociedades actuales. Si a alguien no le interesan las religiones o, particularmente, el Islam, entonces no tiene por qué leer el Corán o ayunar durante Ramadan. Nadie lo obligará a eso.

Sin embargo, es aquí donde aparece el famoso etnocentrismo. Que en Europa, Estados Unidos, Chile u otros países se permita caricaturizar o, derechamente, reírse de figuras religiosas sagradas, aquello no significa que eso sea bueno y, además, aceptable para todos. Es así que se trata de entender que en el mundo existen muchas más visiones fuera de las europeas o estadounidenses. O, si se prefiere, “occidentales”. Y es aquí donde muchos no logran entender que la publicación de burlas hacia figuras sagradas no es humor, sino que, todo lo contrario, un acto violento que, obviamente, pone aún más obstáculos en la ya difícil convivencia entre musulmanes y “europeos no musulmanes”. Otro clásico ejemplo es el uso del velo, que para muchos ciudadanos “occidentales” es sinónimo de represión y de barbarie musulmana. Sin embargo, aquellas personas nunca se ponen en la otra vereda y nunca intentan entender cómo funciona el pensamiento en otras regiones del mundo. Si así lo hicieran, podrían entender que el uso de un velo no es sinónimo de represión. En algunos casos, claro que sí, pero en muchos otros es una simple costumbre, un hábito, una moda, un gusto o, incluso, una forma de, por ejemplo, esconder el pelo desordenado.

Otro punto que merece ser analizado es la campaña mediática que se ha realizado a partir del atentado terrorista de ayer. Se ha dicho que esto vulnera la libertad de expresión o, incluso más potente, que atenta contra las libertades individuales. Al respecto, cabe preguntar si prohibir el uso de ciertas vestimentas a las mujeres musulmanas no es un acto que va contra las libertades de expresión o contra las libertades personales. Esto último es algo que ocurrió en Francia y que, peor aún, fue confirmado, en 2014, por la Corte Europea de los Derechos del Hombre (CEDH). Lo mismo sobre la prohibición de usar velo en las escuelas públicas, lo cual se estableció en 2004. Como se puede ver, las libertades no sólo han sido violadas por terroristas, sino que, también, por legisladores y políticos.

Y qué decir sobre el famoso slogan “democracias europeas”. Las mismas que reclaman que los terroristas atentan contra los principios democráticos, pero que olvidan su apoyo reciente a dictadores como Muammar al Gaddafi, Zine El Abidine Ben Ali o Hosni Mubarak. Y parece ser que tampoco recuerdan que tropas francesas actualmente están presentes en Malí o que “Occidente” apoyó a las milicias islamistas que intentaron e intentan derrocar a Bashar Al Assad (quien, en 2008, se paseó por Paris en la inauguración de la Unión por el Mediterráneo). O qué decir de la postura de la Unión Europea, incluida Francia, sobre el reconocimiento de Palestina como estado. Ni siquiera se han atrevido a dar ese paso para permitir que los palestinos tengan un país oficialmente constituido.

Por eso, para entender y proyectar el atentado en Charlie Hebdo hay que analizar todos los factores involucrados. Y ahí aparecen, entre otros, la xenofobia, la Islamofobia, la marginación social y la maquiavélica política exterior de Francia y otros países europeos. En paralelo, en la otra vereda, el islamismo radical, los nefastos gobiernos que promueven el odio a “Occidente” y otros tantos líderes, gobernantes o grupos que apoyan a organizaciones terroristas como Hamas o Hizbullah. Y, en medio de eso, se encuentra el doble stándard de Europa y, particularmente, Francia, que ostentan un discurso de respeto hacia todas las culturas y religiones, pero que en la práctica no se concreta. Como mayor demostración, la persistente negativa –en el último tiempo- por parte de Alemania y Francia sobre la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Y a eso sumemos los factores históricos, como el colonialismo, el auge del islamismo radical, los atentados del 11 de Septiembre de 2001, la lucha por los recursos naturales, las invasiones a Irak y Afganistán y un largo etcétera.

Usando datos estadísticos, también se puede comprobar que el proceso ha tenido fallas por ambas partes. Por un lado, el auge del terrorismo (de grupos islamistas radicales) es innegable y el número de ataques ha aumentado en la última década. Por el otro lado, los ataques “islamófobos” (en Europa) también han seguido creciendo. En 2013 la cifra aumentó en un 47% respecto a 2012 y en este último aumentó en un 57% respecto a 2011.

Por último, los medios también deben realizar un mea culpa. Reírse de alguien, de una religión o de una figura sagrada no ayuda a construir una paz duradera, sino que genera más odio y, por lo tanto, allana el campo para que desequilibrados y sádicos –como los que realizaron el atentado en las oficinas de Charlie Hebdo- hagan de las suyas.

Todo lo anterior, para evitar tergiversaciones o lecturas alejadas del mensaje original del presente texto, tiene por objetivo demostrar que lo ocurrido ayer es parte de un proceso. Y esto no es jugar a la “Teoría del Empate”, sino que intentar analizar los hechos como parte de un todo. Matar a alguien nunca tendrá justificación, pero esto es producto de una mala relación entre dos visiones que no logran crear un marco de paz.

Como reflexión final, es momento que políticos y ciudadanos comprendan que el fenómeno actual (terrorismo de los islamistas radicales) no tiene una fácil, ni tampoco rápida solución. Igualmente, es muy preocupante el auge de los movimientos xenófobos e “islamófobos”. Y ambos procesos se unen en un mismo camino. Por eso, hay que empezar a trabajar formando una base de diálogo, comprensión y, lo principal, respeto. Siempre se habla de tolerancia, pero lo que realmente permite tener sólidos cimientos es respetar al otro, es decir, no aceptarlo, sino que mirarlo como un igual.

Mientras aquello no pase, entonces la comunicación seguirá siendo confusa y, peor aún, agresiva, devastadora y letal. Así, el reto es fomentar la circulación de ideas, conocer al otro y dejar de lado los prejuicios y las construcciones mediáticas de la realidad.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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La peligrosa integración sudamericana

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La peligrosa integración sudamericana

Fecha 29/08/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En medio de la crisis política (y social) de Paraguay, los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay, todos miembros plenos del Mercado Común del Sur (Mercosur), realizaron una rápida partida de ajedrez que terminó con un rotundo jaque mate al Congreso paraguayo.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 29 de agosto, 2012

Aprovechándose de la situación, Cristina Fernández, Dilma Rousseff y José Mujica no dudaron en darle una mano a Hugo Chávez, permitiendo el ingreso de Venezuela (como miembro pleno) al Mercosur.

Esto último es algo que estaba trabado desde 2006, ya que para que un país se integre al Mercosur, la adhesión debe ser aprobada por cada uno de los estados que son parte de este bloque de integración.

Es así que el gobierno de Paraguay no había podido dar el “Sí”, bajo la era del destituido Fernando Lugo, ya que el Congreso paraguayo había votado en contra del ingreso venezolano.

Lo paradójico, pero también inaceptable, es que en una “movida express”, Fernández, Rousseff y Mujica olvidaron las terribles condenas que realizaron a lo que ellos mismos bautizaron como “golpe de estado” y, beneficiándose de aquel suceso, lograron aprobar la entrada de Venezuela al Mercosur.

Esto fue posible, ya que Paraguay fue suspendido de dicho bloque de integración y, en consecuencia, se contaba con la unanimidad necesaria para que “el vecino del norte” tuviese el camino llano hacia el Mercosur.

Sin embargo, este procedimiento no es legal, pues va en contra del Tratado Constitutivo del Mercosur, según el cual se necesita la unanimidad de los miembros para aprobar nuevos ingresos y, como se sabe, Paraguay no fue excluido, sino que suspendido.

Sudamérica no está unida, pero sí bajo el influjo de la ideología

Lo ocurrido con el Mercosur demuestra, una vez más, que no existe un verdadero espíritu sudamericano y que, todo lo contrario, lo único que se está construyendo son febles tejidos ideológicos.

Mientras, Chile, Colombia y Perú (además de México) están reafirmando una “Alianza del Pacífico”, sustentada, principalmente, en el reciente Acuerdo del Pacífico (firmado en 2012), Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela se han unido en pos de una “Alianza anti Estados Unidos”.

Bolivia y Ecuador se mantienen en la Comunidad Andina –de la cual también son parte Colombia y Perú- y han mantenido una postura más neutra respecto a los bloques de integración y siguen trabajando en pos de la consolidación de la Comunidad Andina.

En este contexto, cabe mencionar el gran peligro que constituye el Mercosur “proteccionista” o “antiimperialista”, como algunos lo han bautizado. Esto, pues cabe preguntarse, en primer lugar, qué ocurriría, por ejemplo, si Paraguay normaliza su situación (es decir, que Unasur acepte al actual mandatario) y, en consecuencia, quiera levantar su suspensión al interior del Mercosur.

El escenario ya se vislumbra muy complejo, pues el gobierno paraguayo, bajo la presidencia de Federico Franco, ya está haciendo valer la oposición del Congreso de Paraguay y ha declarado que oficializará el rechazo de su país a la adhesión venezolana.

Segundo, el Mercosur de hoy está construido en base a un tejido ideológico y eso no hace más que darle debilidad a los cimientos de este mecanismo de integración. ¿Qué ocurriría si Hugo Chávez pierde las elecciones de octubre?, ¿y si el gobierno uruguayo –donde ya hubo divisiones internas por el ingreso de Venezuela- se aleja de las posturas más extremas de los otros miembros?

Tercero, y quizás lo más grave de todo, los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay pasaron a llevar los principios fundamentales y el espíritu democrático del Mercosur, ya que permitieron el ingreso venezolano a través de un procedimiento contrario a lo que establece el Tratado Constitutivo del Mercosur. En pocas palabras, la ideología o, si se prefiere, las intenciones u objetivos son más fuertes que los reglamentos.

Más allá de estas interrogantes, lo concreto es que esta alianza no tiene buen futuro, ya que su destino depende mucho del gran gigante sudamericano.  En este sentido, Brasil no va a perder sus importantes nexos con el Pacífico, pues hacerlo sería un gran paso atrás en su intención de ser una potencia mundial en las relaciones internacionales y comerciales.

Es evidente, a menos que las aguas estén demasiado turbias y Dilma Rousseff tenga otras intenciones (escenario poco probable), que el gobierno brasileño no podrá prescindir del apoyo sudamericano.

En cuanto a la otra vereda, la del Acuerdo del Pacífico, tiene algo a su favor y es que es una asociación económica-comercial y no está basada en ideologías. La mayor muestra es que Chile y Perú, en pleno desarrollo del litigio en La Haya, no cesan en sus negociaciones para diversos acuerdos en, justamente, el ámbito del Comercio.

Por eso, el Mercosur sólo está dañando la integración sudamericana. En específico, está cambiando el motivo inicial de existencia del Mercosur  y, seguramente, afectará las negociaciones con la Unión Europea. A nivel general, está sentando las bases para un futuro quiebre en la unión del subcontinente.

Mientras el Acuerdo del Pacífico y la Comunidad Andina –que, sin dudas, es el mecanismo de integración más avanzado de Sudamérica- no son una tranca para la Unasur, un Mercosur ideologizado sí lo será.

Por eso, es momento que los gobiernos sudamericanos analicen la situación y se den cuenta que mientras existan bloques ideológicos, nunca habrá una verdadera integración en Sudamérica.

También, será necesario que la región reflexione sobre el establecimiento de organismos cuyos nexos sean construidos en base a los asuntos comerciales, pues eso también es parte de un peligroso juego.

En fin, lo concreto es que, de momento, Sudamérica ha perdido de vista el real significado del manoseado, pero no por eso innecesario, concepto de “unión sudamericana”.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
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UE

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Unión, ¿o (des)Unión Europea?

Fecha 3/09/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras la creación, en 1951, de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) y luego de los consiguientes tratados que dieron origen a la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957, y la Comunidad Europea (CE), en 1986, todo este proceso de integración del Viejo Continente llegó a su punto culmine con el Tratado de Maastricht, firmando en 1992 y que dio origen a lo que actualmente se conoce como Unión Europea (UE).  Un bloque original de seis estados terminó ampliándose a 27, con lo cual se generó una Europa pacífica, democrática y solidaria entre sí.  Sin embargo, lo que parecía ser un cuento de hadas ha dado muestras de importantes fisuras y, lo más preocupante, ha entregado señales contradictorias respecto a la anhelada y destacada fraternidad europea.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre, 2010

UELa actual expulsión de gitanos desde Francia, medida adoptada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy,  y la anterior, hecha por el gobierno de Silvio Berlusconi, en 2008, son una clara muestra de los nuevos tiempos de la Unión Europea.

La situación es peor aún si se consigna, tal cual asegura Robert Kushen, director ejecutivo del European Roma Rights Center, que Alemania, Dinamarca y Suecia también están llevando a cabo la xenófoba e inhumana acción del retorno obligado de miles de romaníes.

Esta tendencia quizás sea el mejor ejemplo, lamentablemente, de lo que podría llamarse el desmembramiento de los valores de igualdad, apertura, tolerancia y sana convivencia al interior de la Europa integrada.

Al respecto, cabe consignar que desde la parte legal no se están pasando a llevar preceptos, pues los ciudadanos rumanos y búlgaros no gozan de libertad de movimiento pleno, al menos hasta 2013.  Esto es algo que se acordó al momento que Bulgaria y Rumania ingresaron a la Unión Europea y es una postura que comparten Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Malta, y el Reino Unido.

Sin embargo, la gran pregunta es cómo puede haber una contradicción tan grande en el bloque de integración europeo, que, por un lado, promueve la fraternidad y la solidaridad, pero, por el otro, no tiene problemas en expulsar a ciudadanos europeos, pues los gitanos rumanos y búlgaros son, guste o no, parte de la población del Viejo Continente.  Que tengan libertad para moverse por Europa durante tres meses, pero que en caso de no obtener un trabajo sean devueltos a sus países no sólo es algo incoherente –según los valores esenciales de la UE- sino que se convierte en una desgraciada política poco humanitaria, injusta y, por sobre todo, racista.

Por eso, no extraña que al interior del gobierno francés ya haya serias disputas por esta medida, que a algunos ministros ha causado gran desagrado.  Lo mismo para la Iglesia Católica y diversas asociaciones gitanas.  Mientras, la Unión Europea, con demasiada lentitud y parsimonia, ha decidido que Francia explique esta iniciativa, para ver si se toman medidas.  La interrogante es, ¿se atreverá el bloque europeo a sancionar a uno de los pilares de esta unión?

La desunión en otros ámbitos

Lamentablemente, la (des)Unión Europea se puede apreciar, y con aún mayor claridad, en otros aspectos de gran relevancia.  El primer tema tiene relación con los evidentes conflictos internos y con las fuertes diferencias de opinión de los estados miembros ante importantes asuntos comunitarios.  El fracaso de la Constitución, con los emblemáticos “No” de Francia y Holanda, en 2005, fue un duro golpe para el conglomerado europeo, pero, por si eso fuera poco, el Tratado de Lisboa, finalmente firmado en 2009, pasó por diversas zozobras.  Mientras República Checa y Polonia hicieron ruido y generaron angustia ante un posible rechazo o aceptación mediante concesiones, en Irlanda la situación fue bastante más clara y los irlandeses, en junio de 2008, le dijeron “No” a este documento, que buscaba reemplazar a la fallida Constitución.  El cambio de algunas normas que disgustaban, un fuerte lobby europeo y una gran campaña del gobierno irlandés finalmente lograron que en octubre de 2009 Irlanda diera el ansiado “Sí”.  La Unión Europea volvía a respirar.

Pero eso no es todo, pues en Reino Unido –país que no ha querido cambiar su moneda por el euro, en otra señal a tomar en cuenta- cada cierto tiempo aparece el rumor de un referéndum para ver si el país se mantiene en la Unión Europea.

Respecto a los asuntos políticos exteriores de la UE, el tema de la adhesión de Turquía al bloque de integración quizás sea el gran dolor de cabeza respecto a las ampliaciones (asunto que por las circunstancias actuales ya es problemático).  Por cerca de medio siglo, Turquía y Europa han firmado diversos acuerdos, de toda índole, pero quizás el momento más relevante fue en diciembre de 2004, cuando el Consejo Europeo concluyó que Turquía cumplía con satisfacción los criterios políticos de Copenhague y, consecuencialmente, sugería el comienzo de las negociaciones de adhesión, las cuales se iniciaron, oficialmente en octubre de 2005.

A partir de entonces, Turquía pasó a ser motivo de conflictos al interior de la Unión Europea, especialmente luego que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel llegasen a la presidencia de Francia y Alemania, respectivamente.  Mientras Sarkozy y Merkel –apoyados por –Austria, Bélgica y Holanda- han sido enfáticos respecto a que Turquía no puede ser parte de la Unión Europea, otros países como España, Italia, Portugal y Reino Unido aseguran que los turcos tienen un espacio en la Unión Europea y que sería una deshonra para Europa no cumplir la palabra.

Esta serie de disputas internas ha tenido como principal consecuencia que las posiciones de la UE y Turquía se han polarizado.  Según un estudio del German Marshall Fund, realizado en 2009, sólo el 19% de los europeos consideraba como “positivo” el ingreso de Turquía a la Unión Europea, mientras que los turcos también variaron sus posturas.  Si en 2004 un 73% creía que la adhesión a la UE era “buena”, en 2009 apenas un 48% mantenía esa postura.

La situación de las ampliaciones podría ser aún más compleja si Croacia e Islanda consiguen su ingreso definitivo, ya que el gobierno turco comienza a perder la paciencia y últimamente ha dicho, con claridad que “si no nos quieren en Europa, estaremos felices con nuestros amigos musulmanes”, haciendo énfasis en los cada vez mayor acuerdos e intercambios con países de Asia Central.

Otros asuntos de relevancia son la inmigración y el racismo.  Al respecto, la creación, en octubre de 2009, de un marco legal común a la política migratoria de la Unión Europea causó división.  La dureza de las nuevas normas provocó gran rechazo en partidos de izquierda europeos y muchos gobiernos tampoco estuvieron muy de acuerdo.  Por ejemplo, Dinamarca no quiso sumarse a esta iniciativa.

Justamente, esta normativa, según muchos, está orientada a ordenar el asunto migratorio, lo cual es cierto y, además, muy necesario, pero no deja de ser posible que detrás de esto haya una matriz xenófoba.  Dicha teoría se confirma con lo que ocurre con los gitanos, con africanos y latinoamericanos.  El concepto “Eurabia”, el interminable conflicto del velo y la segregación social de “hijos de inmigrantes” siguen siendo una piedra de tope para la Unión Europea.

Por último, el asunto de Kosovo –con 31 estados europeos reconociendo su independencia-, la falta de una voz clara respecto al mundo árabe-musulmán  y la apatía de algunos sobre el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” han mostrado otros ejemplos de división.

Es por eso que los ciudadanos europeos comienzan a dudar sobre este bloque de integración que los aunaba bajo ciertos preceptos bastante nobles, pero que hoy no han traído consigo buenas consecuencias, ni más fraternidad.

Por último, según el Eurobarómetro 73, publicado en agosto reciente, un 49% cree que es “positivo” estar en la UE, pero hace tres años era un 58%.  Un 53% cree que su país se ha beneficiado por el ingreso a este bloque, pero en 2007 era un 59%.  Las cifras no mienten y los hechos tampoco.

La Unión Europea enfrenta una fase clave y sin saber hacia dónde va el buque.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Una cumbre intrascendente, pero de gran relevancia

Fecha 5/06/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace algunas semanas culminó un nuevo encuentro entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, algo que se ha repetido en seis ocasiones desde 1999.  Y aunque la integración de estas dos zonas tan grandes es algo que a priori puede ser catalogado como positivo, la evidencia ha ido demostrando que estas negociaciones, basadas en principios económicos, presentan algunas vallas de difícil salto y que, con el tiempo, se han convertido en grandes dificultades para esta iniciativa que busca aunar conceptos entre latinoamericanos, caribeños y europeos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 5 de junio, 2010

ue-alc-2010Algunos podrán decir que es muy negativo decir que las relaciones eurolatinoamericanas no pasan por un buen momento, pero otros podrían asegurar que aquello no es más que la realidad.  Y, también, estarán quienes afirmarán que los nexos se han mantenido dentro de los márgenes acostumbrados.

En honor a la objetividad y, dependiendo del prisma con el cual se observe, los tres postulados mencionados podrían ser ajustados a lo que efectivamente sucede.  Es por eso que se puede catalogar como ambiguo el proceder entre ambos bloques.

Primero, porque a pesar de algunos logros concretados tras la VI Cumbre UE/ALC quedó en evidencia que se negocia en busca de beneficios económicos, pero, en paralelo, se intentan imponer medidas tendientes a limitar ciertas conductas.  Esto último tiene que ver, por ejemplo, con el pedido de Argentina en orden a revisar el tema de las Islas Malvinas.  También, tiene relación con las políticas migratorias del organismo europeo hacia los viajeros latinoamericanos.

Quizás esto último sea lo más importante, ya que mientras el asunto de las Malvinas tiene un carácter más político, aquello relativo a las condiciones de ingreso a Europa cae dentro de lo que se conoce como “temas humanitarios”.

¿Se puede hablar de igualdad si a los habitantes de una parte se les impide la entrada a un lugar determinado sólo por tener rasgos indígenas?

Ciertamente, no.  Y, lamentablemente, eso es lo que ocurre en la práctica.  Es cosa de sentarse a ver la diferencia de tratos en el aeropuerto de Barajas.  Los sudamericanos blancos, de apellidos europeos y con una profesión seguramente podrán ingresar a tierras del Viejo Continente, en tanto que aquel peruano, ecuatoriano o boliviano de piel café, con el pelo negro y de baja estatura seguramente deberá esperar que un milagro le permita pasar las barreras.

Las medidas establecidas en contra de los miles de latinos que van a Europa como delincuentes son necesarias y positivas, pero se debe entender que cuando se cae en discriminaciones raciales se produce un fuerte problema.  Y en el caso de la Unión Europea es aún peor, ya que se genera una contradicción muy fuerte.

Por un lado se habla de igualdad entre latinoamericanos y europeos, pero, por el otro, aquello sólo es una hermosa retórica.  Queda demostrado, entonces, que si se trata de obtener beneficios económicos da lo mismo si se conversa con un latino de origen caucásico o aborigen.  Sin embargo, llegada la hora de compartir cultura, cambia el paradigma y se produce una terrible discriminación.

Otro elemento que permite reafirmar la ambigüedad del proceso de integración entre la Unión Europea y Latinoamérica tiene que ver con asuntos pendientes aún sin resolución y que, normalmente, son tapados con un dedo.

Por parte del Viejo Continente, los derechos humanos siguen siendo un tema difuso.  Mientras realizan una férrea defensa de éstos, caen en violaciones a los mismos preceptos que ellos postulan como inquebrantables.  Las políticas de migración vuelven a aparecer en este horizonte y no sólo en relación a los latinoamericanos, sino que, particularmente, en relación a los inmigrantes africanos.  También, porque muchas veces caen en la tentación de darle lecciones sobre Derechos Humanos a los latinos, pero ellos mismos han sido bastante subjetivos en tratar sus temas al interior.

El colonialismo también se mantiene como otro problema sin solución.  Guayana Francesa, Islas Malvinas y la gran cantidad de islas convertidas en territorios de ultramar por Francia y el Reino Unido aún generan incomodidad.  Si se desea una verdadera integración, el primer paso es sentarse a conversar sobre asuntos como estos.  Sin embargo, ahí vuelve a aparecer la crítica hacia ambos lados.  A los europeos, por no ser capaces de aceptar este diálogo y, a los latinoamericanos, por no oponer mayor resistencia y hacer vista gorda ante la posibilidad de firmar acuerdos económicos.

Pero quizás el principal responsable de todo esto sea la misma Latinoamérica, incapaz de generar una postura común, sea favorable o no a lo propuesto por la Unión Europea.  ¿Acaso existe una verdadera unión entre los países latinoamericanos?, ¿se puede hablar de una integración real si existen Mercosur, Caricom, Aladi, Comunidad Andina, Alba, Unasur y Sica, entre otros mecanismos integracionistas, pero a pesar de eso las disputas se mantienen y los problemas siguen sin encontrar solución?

Claramente hay un quiebre en Latinoamérica y eso queda demostrado por la fragmentación de sus zonas geográficas.  Centroamérica, el Caribe y Sudamérica están separados y trabajan cada cual por su cuenta.  Quizás el caso más emblemático sea el de Sudamérica y, de hecho, es el subcontinente que aún no logra consolidar hechos verdaderamente de peso con la Unión Europea.

De ahí que los europeos hayan optado por negociaciones directas con países (Colombia y Perú, por dar ejemplos) o con bloques regionales (Mercosur y Comunidad Andina).

La desunión americana es absoluta y de eso deberían preocuparse los líderes continentales.  Brasil parece estar más preocupado de consolidar su ingreso a las grandes ligas mundiales.  Cuánto gustaría ver la actitud brasileña mostrada en las negociaciones con Irán, pero en los conflictos sudamericanos como el litigio entre Argentina y Uruguay (por las papeleras), las odiosidades entre Colombia y Ecuador y Venezuela o, por último, el asunto marítimo de Chile y Perú.

Y qué decir del gobierno argentino, que está más preocupado de la imagen exterior antes que de solucionar sus problemas internos.  Otro caso corresponde a Venezuela, que no cede en su propósito de seguir instaurando una revolución bolivariana que cada vez tiene menos adeptos y que, a la inversa, sigue generando más conflictos y división.

Quizás lo único rescatable es que a pesar del abanico de tendencias políticas, Sudamérica ha logrado vivir en cierta armonía.  Pero claro, siempre aparece algún presidente dispuesto a romper ese equilibrio.  Como Alan García y la demanda marítima.  Un desastre la postura peruana.  La contracara es lo que ha acontecido entre Bolivia y Chile, quienes dejaron de mandarse mensajes por la prensa y desde hace algunos años dialogan acerca de la salida al mar para Bolivia.  Sin embargo, todo lo positivo que puede tener eso queda empañado ante la inexistencia de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Por último, a Latinoamérica le ha faltado generosidad, para así adoptar posturas comunes.  Ahora, en este punto cabe analizar la realidad con mayor precisión.

Si bien se necesita una voz única, es importante reflexionar acerca de cuán factible es eso, tomando en cuenta las evidentes diferencias culturales entre caribeños, centroamericanos y sudamericanos.

Un proceso de integración que debe ser revisado

Debido a lo anteriormente expuesto surge un llamado de alerta para la Unión Europea y Latinoamérica.  ¿No será que equivocaron el camino al intentar reunir 60 estados en un solo bloque de integración, que de por sí presenta barreras como las distancias geográficas, sociales, culturales y económicas?

Bajo este contexto, cabe reflexionar acerca de la VI Cumbre UE/ALC, para así darse cuenta de por qué el proceso de integración está entrampado hace años.  En este sentido, aparecen varias conclusiones.

La primera, existe una desconfianza mutua a nivel social y eso afecta las relaciones, pues a nivel político se ve algo, pero bajo el prisma de los pueblos se observa otra cosa.  Queda la impresión que el europeo medio no ve con muy buenos ojos al latinoamericano, mientras que este último comienza a sentir el rechazo proveniente desde el Viejo Continente y eso genera, a su vez, resentimiento.

En segundo lugar, para garantizar el éxito de los objetivos, hay que reprogramar a estos últimos.  Si se busca un mero intercambio comercial, entonces las negociaciones y los discursos deben ser más claros al respecto.  Esto último queda de manifiesto ante la pregunta de cuál es la integración que se piensa desarrollar.  Por momentos, parece sólo económica, pero en otros puede dar la impresión que es algo más social.  Y a veces, una combinación de los dos o de otras variables.  Falta claridad.

Relacionado con lo anterior, quizás lo más razonable sea esperar a que Latinoamérica y la Unión Europea deciden trabajan en conjunto, pero a través de bloques subregionales.  Esto quiere decir que el camino son diálogos entre el bloque europeo  y Sica, Caricom y Unasur.  Cada cual con sus respectivas particularidades y entendiendo que los latinoamericanos podrán tener muchas cosas en común, pero también grandes diferencias de todo ámbito.  Es así que es deber de Latinoamérica trabajar bien y organizarse para poder conversar con plenas formalidades con la Unión Europea.

Que Mercosur, Comunidad Andina y Alba se unan en un organismo.  Que Unasur sea la instancia de unión y conversación con otras regiones del mundo.  Pero para eso se debe trabajar intensamente en la compleja labor de darle una seria institucionalidad a Unasur.  Mientras aquello no ocurra, será difícil negociar con la Unión Europea.  Es por eso que los sudamericanos deben hacer un mea culpa al respecto, pues Centroamérica y el Caribe han sido más sabido y han logrado entender la velocidad y la tendencia del proceso integracionista con la Unión Europea.

Por último, Unión Europea y Latinoamérica deben definir sus prioridades, pues si se desea tener buenos resultados en este proyecto, se le debe dedicar más tiempo y con mayor convicción.  ¿Qué importa más a Europa?, ¿el Mediterráneo, Latinoamérica o los problemas con Rusia?  Ninguno de estos temas es excluyente y todos son igual de importantes, pero ante los hechos la conclusión es evidente, es decir, los asuntos mediterráneos y los tensos nexos con el gobierno ruso ponen toda la atención de los europeos.  Y desde cierto punto de vista aquello es entendible, pero, entonces, mejor terminar las tareas pendientes y luego lanzarse en busca de nuevos desafíos.

Lo mismo para Latinoamérica, que debe redefinir las prioridades.  Antes de salir al mundo e intentar demostrar que es una región con grandes virtudes, primero tiene que definir con claridad sus objetivos. Mientras países como Brasil, Chile y Méjico buscan asociaciones con los grandes países del mundo, otros como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela mantienen las esperanzas en la revolución bolivariana.  El factor “Irán” también tiene una importante incidencia en la zona, pues una postura cada vez más proclive hacia el régimen iraní puede dañas los nexos con Europa.

Argentina sigue con sus voladores de luces y al proyecto del tren de alta velocidad ahora se suma el submarino nuclear.  Parece que el gobierno argentino no entiende cuáles son las prioridades internas y externas.

Perú sigue generando ruidos y conflictos en la región, no sólo con Chile, sino que también con Bolivia y Ecuador, involucrándolos en problemas que, en algunos casos, no tienen gran relación con aquellos países.

Colombia se desvela en su lucha contra el narcotráfico, pero en pos de aquel objetivo se olvida de sus vecinos, quienes, a su vez, también aportan polvorín a la zona septentrional de Sudamérica.

Y así, suma y sigue.  Falta más claridad y definición en las prioridades sudamericanas y europeas.

Por eso,  más allá que la Unión Europea firmara acuerdos o estableciera trabajos conjuntos con Chile, Méjico, Perú, Colombia, Centroamérica y el Caribe, lo que más quedó en evidencia en la VI Cumbre UE/ALC es que no hubo grandes avances.

Y esa es la gran paradoja de este último encuentro, porque a pesar de ser una reunión intrascendente adquirió gran relevancia, pues develó todas las ambigüedades y falencias existentes en este proceso de integración.

Y eso es demasiado trascendente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

 

 

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Ahdesión a la Unión Europea: Croacia avanza y Turquía se estanca

Fecha 29/12/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El último informe entregado por la Comisión dio cuenta del actual contexto en el cual se encuentran los diversos procesos integracionistas del bloque europeo. Lo más destacable es el notable avance de Croacia, mientras Turquía y Macedonia siguen sumando más dificultades que facilidades en su intento de adhesión a la UE. Así las cosas, todo parece indicar que de aquí al 2010 el número de integrantes de la Unión Europea pasará de 27 a 28.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 29 de diciembre, 2008

turquia_croacia_ue_portadaEn octubre de 2005, Turquía y Croacia iniciaron, oficialmente, las negociaciones de adhesión. Posteriormente, en febrero de 2008, la Antigua República Yugoslava de Macedonia alcanzaría el mismo status de turcos y croatas. Así las cosas, estos tres estados se convertirían en los principales candidatos –en estos momentos- que pugnan por ingresar a la Unión Europea (UE). Obviamente, cada uno de estos países tiene una historia distinta con la UE y eso se refleja en los distintos procesos que han tenido.

Mientras Turquía lleva cerca de 50 años en pos de su sueño europeo, Croacia y ARY Macedonia son nacientes repúblicas y por ello se entiende que su peregrinar europeo es apenas incipiente. Sin embargo, estas notables diferencias no se hacen tan evidentes a la hora de analizar el camino de la ampliación de la Unión Europea. Puede sonar paradójico –para alguien que no conozca mucho el tema-, pero el sentido común hace pensar que el próximo estado miembro del principal bloque europeo no será Turquía, sino que Croacia. Cuesta entenderlo, pero esa es la realidad del momento.

Es por eso que el informe anual entregado por la Comisión -dirigido al Consejo y el Parlamento Europeo- adquiere gran relevancia, ya que permite establecer, a ciencia cierta, hacia dónde va el asunto de las próximas ampliaciones de la Unión Europea. Primero, en relación a los estados que ya están en las negociaciones de adhesión –Turquía, Croacia y ARY Macedonia- y, segundo, tomando en cuenta los potenciales candidatos como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia, todos pertenecientes a los Balcanes Occidentales.

En este sentido, es importante consignar que el informe anual acerca de la estrategia de ampliación y los desafíos para 2008 – 2009 da cuentas de ciertos aspectos que deben ser resaltados. Algo esencial es poner énfasis en uno de los principales mandatos, según el cual se necesita un consenso para las ampliaciones. Esta orden o recomendación hecha por la Comisión obviamente tiene una directa relación con lo sucedido en el caso de Turquía, país que no cuenta con el apoyo de todos los integrantes de la Unión Europea. Aún más, la Comisión aclara que se deben llevar a cabo ciertas mejoras, dentro de las cuales se incluye la necesidad de “cumplir lo pactado”. Nuevamente, otra alusión al caso turco y la negativa, por ejemplo, de Francia y Alemania al ingreso de Turquía en el seno del bloque europeo. En paralelo, el informe pide “condicionalidad justa y rigurosa”, además de una “mejor comunicación con el público” y la “capacidad de integrar nuevos miembros”. Por último, se pone de manifiesto que el imperio de la ley y el buen gobierno son “esenciales para ingresar a la UE” y que salvo Turquía, Croacia y ARY Macedonia, los “demás estados serán candidatos cuando lo demuestren”.

Turquía o una ampliación que complica

Tras ciertos acontecimientos ocurridos en el último año, el gobierno turco se ha convertido en un activo y relevante participante de la política internacional. Sabiendo que el actuar en las relaciones exteriores es un factor determinante en su entrada a la Unión Europea, Turquía ha recuperado su liderazgo regional. Si anteriormente se le conocía por ser la segunda mayor potencia militar de la OTAN (sólo superada por Estados Unidos), ahora puede jactarse de tener un rol bastante más benigno y alentador.

A diferencia de otros momentos, el gobierno turco ha tomado conciencia de sus responsabilidades como eje de conexión entre Europa y Medio Oriente. Es así que Turquía ha tenido una creciente y relevante participación en el proceso de paz de dicha zona. Trabajando en pos de una reconciliación y un entendimiento entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel, el gobierno turco no ha cesado en sus intentos de mostrarle al mundo que Turquía siempre busca la armonía regional. Por eso su intensa labor en el acercamiento entre Siria e Israel, el cual se ha producido gracias a la mediación del gobierno turco. Pero su política exterior no sólo ha estado destinada a Medio Oriente, ya que Turquía tuvo un relevante rol en el último conflicto entre Georgia y Rusia, originado en Osetia del Sur. Por último, y en algo que puede y debiera traer positivas consecuencias en su proceso de adhesión a la Unión Europea, el presidente de Turquía, Abdullah Gül viajó, en septiembre pasado, a la vecina Armenia. Este hecho no pasó desapercibido, ya que Gül se convirtió en el primer mandatario turco en visitar Armenia, país con el cual Turquía mantiene un antiguo conflicto por el genocidio armenio ocurrido a comienzos de siglo veinte.

Siguiendo con el aspecto internacional, Turquía ha consolidado su importancia estratégica debido a su posición geopolítica, algo que también tiene una directa relación con el tema energético y, en particular, con el proyecto del gasoducto Nabucco, que permitiría a Europa abastecerse de gas, pero sin depender de Rusia.

En definitiva, el activo e inteligente accionar de Turquía en la política exterior le ha significado establecerse como un estado capaz de prevenir y resolver conflictos, lo cual ha fortalecido aún más su robusta imagen de potencia regional. Quizás la única gran deuda sea el tema kurdo, pero es algo que poco a poco comienza a entregar señales positivas. La última de ellas fue la confirmación de la creación de un canal de televisión kurdo que será transmitido por la señal turca.

En cuanto a los aspectos internos, Turquía logró salir adelante de un duro 2008, en el cual hubo tensión política. Claro, porque el Procurador General intentó dejar fuera de acción al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), del cual son militantes el presidente, Abdullah Gül, y el primer ministro, Reccep Tayip Erdogan. Además, el Tribunal Constitucional revocó la medida del libre uso del velo en las universidades, algo que generó disconformidad en el AKP, que siempre recibe acusaciones de no respetar el laicismo. Afortunadamente, el gobierno turco supo manejar bien aquel momento de tensiones y así evitó lo que pudo ser una crisis política y social de peso.

Se han producido avances en la libertad de expresión y, de hecho, se hizo una enmienda al famoso artículo 301º del Código Penal. De todas formas, aún falta mucho camino por andar en lo relativo a este ítem, ya que el ejercicio del periodismo, sólo por dar un ejemplo, sigue siendo una tarea bastante difícil, por las barreras y la censura existentes. También se destacaron los esfuerzos y progresos en los derechos de las comunidades no musulmanas. Por contrapartida, se debe seguir fortaleciendo la institucionalidad democrática, hay que trabajar en los Derechos Humanos y se debe mantener el tranco modernizador del estado. Además, los derechos de la mujer y una mayor reglamentación de los partidos políticos se han convertido en dos puntos que necesitan atención especial.

Finalmente, la economía turca ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica, aunque con un crecimiento a una tasa menor. El sector banquero de Turquía no se ha visto seriamente afectado por la crisis mundial, pero el financiamiento externo de la economía turca aumenta la vulnerabilidad ante los sucesos internacionales. Se ha comprobado que Turquía posee una economía de mercado en los términos expuestos por los Criterios de Copenhague y debería estar en condiciones de competir al interior de la Unión Europea en un mediano plazo.

En conclusión, Turquía sigue mostrando avances e importantes progresos en su objetivo de ingresar a la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de adhesión está lejos de acercarse a la etapa final, ya que sólo ocho de los 35 capítulos han sido abiertos y algunos temas de gran peso siguen sin poder resolverse. Los Derechos Humanos, la libertad de expresión, la resolución de conflictos con países como Chipre y Armenia y la cuestión kurda siguen siendo grandes barreras y por ello parece imposible una adhesión de Turquía en el corto e incluso en el mediano plazo. Eso, sin siquiera contar el rechazo de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel a la integración de Turquía en el bloque europeo.

Ampliación en los Balcanes Occidentales

Tras la independencia de Kosovo, se pensó que esta región podría verse afectada, no sólo en lo geopolítico, sino que también en otros aspectos como, justamente, el proceso de integración en la Unión Europea. Como ya es sabido, Eslovenia es la única república de la Antigua Yugoslavia que ha sido aceptada en la UE. Esto último siempre ha sido un espejo para los demás estados de la zona, quienes ven los positivos efectos que ha generado esta adhesión al pueblo esloveno. Ahora, es cierto que los euroescépticos ponen especial atención a temas como la pérdida de identidad, la falta de una regulación justa en el conflicto balcánico y, ahora último, un nuevo orden tras el surgimiento de Kosovo independiente. Sin embargo, los países de los Balcanes Occidentales mantienen su postura de acercamiento al principal bloque europeo.

De todas formas, el camino se torna cuesta arriba, ya que, según el Informe de la Comisión, todavía existen carencias que hacen imposible un mayor avance en el proceso de adhesión de estados como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia. La consolidación de las instituciones, la construcción de un verdadero estado y el buen gobierno siguen siendo una deuda de la mayoría de estos países. A ellos se suman las deficiencias en seguridad, estabilidad y prosperidad de los pueblos. Por si fuera poco, el diálogo político debe ser reforzado (especialmente en asuntos étnicos), mientras que los asuntos de vecindad y fronteras deben ser resueltos en su totalidad.

Las políticas sociales y de empleo aún son insuficientes, lo cual se suma a temas económicos como la inflación, el déficit fiscal y el desempleo. También, se debe llevar a cabo un reforzamiento del imperio de la ley, al mismo tiempo que la lucha contra la corrupción y el crimen organizado debe ser erradicado, algo que hasta el momento no se ha podido lograr. Por último, el Informe Anual 2008 de la Comisión estableció que los desafíos macroeconómicos para la región han aumentado, algo que se intensificará durante 2009, debido a la crisis financiera y económica mundial.A continuación, un breve resumen de la situación de los países balcánicos:

Albania

El país ha mostrado ciertos progresos en algunas reformas políticas claves, pero el imperio de la ley y el correcto funcionamiento de la instituciones del estado siguen siendo los principales desafíos. Lo mismo ocurre con la administración y la capacidad de reforzamiento, que todavía no están a la altura de los cánones establecidos por la Unión Europea.

ARY Macedonia

El gobierno macedonio ha mostrado avances en la reforma judicial y policial, pero algo más importante aún es que ha cumplido con los requisitos delineados por el Acuerdo de Estabilidad y Asociación. Sin embargo, la últimas elecciones parlamentarias estuvieron afectadas por irregularidades y violentos incidentes. Además, falta consolidar un diálogo político constructivo y una acción determinada en miras a la implementación total de reformas de acuerdo a los requerimientos de una posible negociación para la adhesión.

Bosnia-Herzegovina

El consenso en reformas prioritarias sigue siendo el principal déficit. También existen problemas en torno al Acuerdo de Paz Dayton-Paris, ya que ciertos elementos constitucionales establecidos por este arreglo han sido puestos en duda por líderes claves. Algunas reformas relacionadas con el proceso de adhesión a la Unión Europea se han estancado.

Croacia

Las negociaciones para la adhesión han entrado en la fase final, lo cual ha permitido demostrar a la región que la posibilidad de ser miembro de la Unión Europea es una realidad, pero que requiere de muchos esfuerzos y, lo principal, del cumplimiento de los requisitos esenciales. Si todo se desarrolla con normalidad, Croacia debiese ingresar al bloque europeo a fines de 2009 o durante el primer semestre de 2010.

Kosovo

22 de los 27 estados miembros de la Unión Europea han reconocido a la república kosovar, lo cual debiese facilitar el accionar de la misión EULEX. Según el Informe Anual 2008 de la Comisión, la situación de Kosovo es «sui generis» y no se puede considerar como un precedente para otras hipotéticas independencias de facto. Otro punto importante tiene que ver con la Constitución Política de Kosovo, ya que según el reporte elaborado por la Comisión, la ley fundamental kosovar está en línea con los estándares europeos. En paralelo, se destaca el trabajo realizado en legislación clave, aunque todavía quedan tareas pendientes como la consolidación de las instituciones estatales, el reforzamiento del imperio de la ley y el diálogo y reconciliación entre las diversas comunidades.

Montenegro

Se han llevado a cabo importantes reformas políticas y la implementación de un acuerdo interino avanza en todos sus aspectos. De todas formas, se necesitan más cambios en la reforma judicial y una mayor fuerza del imperio de la ley. Por último, la capacidad de reforzamiento y la administración deben mejorar.

Serbia

El gobierno serbio ha confirmado su compromiso a cooperar con el Tribunal Criminal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY) y esto ha quedado demostrado con el arresto de Radovan Karadzic, uno de los criminales de guerra más buscados y que estaba prófugo desde 1996. Sin embargo, aunque se trata de un gran paso hacia adelante, aún falta mucho por realizar en el tema de los crímenes de guerra y las limpiezas étnicas ocurridas antes y durante la Guerra de la ex-Yugoslavia. Serbia ha mostrado capacidad administrativa para tener progresos en pos de ingresar a la Unión Europea, pero en los últimos años el ritmo de las reformas se estancó. Todavía hace falta una reforma judicial y una mayor lucha contra la corrupción, especialmente en el ámbito de la prevención.

Unión Europea de 28 estados, lo más lógico de aquí al mediano plazo

Tomando en consideración el contexto actual, lo establecido en el Informe Anual 2008 y la evidencia histórica de los procesos de adhesión a la UE, todo hace pensar que salvo Croacia, ninguno de los otros países debería ingresar al bloque europeo, al menos de aquí al 2015.

Nadie tiene una bola de cristal que permita asegurar hechos, pero sí se puede establecer que Croacia, tal cual lo indica el reporte elaborado por la Comisión, está en la fase final de este camino de integración. Por contrapartida, Turquía sigue entrampado entre sus problemas y la reticencia de ciertos estados emblemáticos como Alemania y Francia. Con apenas ocho de los 35 capítulos abiertos, el ritmo de las negociaciones es demasiado lento y, peor aún, nada hace presagiar que esta velocidad vaya a aumentar. En cuanto a la Antigua República Yugoslava de Macedonia, ésta se encuentra recién en las primeras etapas del proceso de adhesión. En este sentido, deberá trabajar bastante, especialmente en lo que respecta a la institucionalidad y seguridad democrática.

Por último, da la impresión que Albania llegará a ser candidato a la ampliación en el corto plazo, pues ha evidenciado importantes avances. Lo mismo para Bosnia-Herzegovina y, en menor medida, Serbia y Montenegro. Casa aparte es el de Kosovo, que recién está intentando consolidarse como estado independiente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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Unión por el Mediterráneo, ¿y ahora qué?

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Unión por el Mediterráneo, ¿y ahora qué?

Fecha 15/09/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace cerca de dos meses se realizó la mediática Cumbre de Paris, cuyo objetivo era darle mayor potencia al proyecto ideado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.  Ahora, más allá de opiniones y visiones subjetivas, lo importante es intentar dilucidar hacia dónde va la naciente Unión por el Mediterráneo, que todavía no pasa de ser una incipiente iniciativa del mandatario galo.  En este sentido, se hace imperioso analizar, ya sin la euforia post cumbre, la verdadera esencia del ahora denominado “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de septiembre, 2008

Reuters

Reuters

Muchos insisten en que el concepto de hoy y las próximas décadas será la integración.  Local, regional, continental y mundial.  Económica, política y cultural.  Comercial y tecnológica.  Y así, sucesivamente, buscando diversos puntos en los cuales gobiernos de diversos países puedan complementar sus carencias y fortalezas.

Bajo este paradigma –el de la integración regional- el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha comenzado una interminable campaña en pos de obtener el apoyo necesario para llevar a cabo uno de sus grandes proyectos.  Se trata de la Unión por el Mediterráneo, una iniciativa que aun cuando se encuentra en pañales, al menos ya dio sus primeros pasos hace poco más de un mes, momento en el cual 43 jefes de estado y gobierno se reunieron en la capital francesa.  Nadie puede discutir que la organización de la Cumbre de Paris fue un éxito y que el proyecto de Sarkozy ha comenzado en buen pie.  Sin embargo, es importante navegar por aguas más profundas e iniciar un análisis objetivo y exhaustivo, para así tomar una radiografía perfecta al “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

En este sentido, la gran relevancia de la Cumbre de Paris fue que permitió establecer tres cosas.  Primero, que tras esta reunión se llegó a resultados concretos (pocos, pero no por eso dejan de ser reales).  Segundo, este evento permitió que se dieran a conocer, directa o indirectamente, hechos puntuales y coyunturas de gran relevancia, no sólo para este proceso, sino que también para otros.  Tercero y final, el encuentro realizado en la capital francesa sirvió para develar una serie de dudas y para dar cuenta de ciertas proyecciones a futuro.

De lo poco, ¿bueno?

Tras el término de la Cumbre de Paris se elaboró una declaración final en la cual se establecían conclusiones y, lo principal, las principales decisiones adoptadas en consenso.  Al respecto, era importante saber cuáles serían los acuerdos obtenidos, especialmente en temas o áreas que de por sí son conflictivas o, por decirlo de otra forma, causan divisiones o visiones diferentes.

Uno de estos asuntos era, lógicamente, el Proceso de Paz en Medio Oriente.  En este sentido no extraña que la declaración final se retrasara, justamente, por la reticencia de los países árabes, que buscaban imponer sus términos en torno a la conformación de este proyecto mediterráneo.  Dichos estados querían que la Liga Árabe pudiese tener un rol activo en este proceso, cosa que no causaba gran alegría entre los europeos.  Sin embargo, finalmente se acordó incluir a este organismo como observador, pero no se incluyó en la declaración final un reconocimiento expreso sobre el estado palestino.

Otro punto polémico tenía que ver con el movimiento de personas, algo que, por ejemplo, causa grandes dudas en el gobierno argelino liderado por su presidente, Abdelaziz Boutlefika.  Sobre este asunto no se llegó a acuerdos y eso, justamente, una piedra de tope, ya que antes del inicio de esta cumbre Argelia ya había expresado ciertos temores.

Ahora, más allá del tema del traslado humano y de las disputas entre árabes e israelíes, se lograron ciertos avances, que permitieron elaborar proyectos concretos y resoluciones definitivas.

Lo más relevante lo constituye la conformación, poco a poco, de toda la estructura de este Proceso de Barcelona renovado.  Para empezar, se decidió darle un nuevo bautizo a este proyecto, que ahora será conocido como “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Esto último tiene que ver con el hecho que al gobierno español no le agradaba mucho la idea de una Unión por el Mediterráneo, mientras que a Francia no le interesaba mucho mantener el nombre de un proyecto que, según Nicolas Sarkozy y el mismo Hosni Mubarak, había fallado y que era necesario actualizarlo y mejorarlo.  Debido a esta pequeña lucha se optó por una decisión salomónica, que aunque no era el del absoluto agrado, al menos dejaba a ambas partes conformes.  La diplomacia utilizada en este ámbito fue demasiado fina, lo que llevó al mandatario galo a decir que “no se trata de borrar el Proceso de Barcelona, sino que de complementarlo”.

Si bien la nomenclatura es importante, lo relevante es ver cuáles fueron, efectivamente, las medidas concretas que se adoptaron tras la Cumbre de Paris.  En este sentido, se estableció que este proyecto funcionará con una copresidencia, una de la ribera norte y otra del sur.  Quienes debutaron con este nombramiento fueron los presidentes de Francia y Egipto, Nicolas Sarkozy y Hosni Mubarak, respectivamente.  Además, se realizará una reunión anual de ministros de Relaciones Exteriores y cada dos años tendrá lugar una cumbre del bloque.  También, se dio origen a la secretaría, pero quedó en suspenso la elección de la sede de aquella institución.  Al respecto, este asunto se zanjará en la próxima reunión de ministros, a realizarse en noviembre próximo, en la ciudad portuguesa de Lisboa.  Las candidaturas ya han sido presentadas –en forma formal o informal- y se trata de cinco países. Barcelona (España), Rabat (Marruecos), Ciudad de Túnez (Túnez) y Malta se disputarán este honor y, por ejemplo, el mismo día de la cumbre el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo el anuncio respecto a la postulación de Barcelona como sede de la secretaría.  Finalmente, el secretariado será la institución encargada del financiamiento y de supervisar la ejecución de los diversos proyectos elaborados.

Párrafo aparte para las iniciativas a las cuales se comprometieron los asistentes a la Cumbre de Paris.  Se trata de seis ideas que serán puestas en marcha lo antes posible.  Los proyectos son los siguientes:

  • Descontaminación del Mediterráneo
  • Autopistas del mar y construcción de infraestructura terrestre en la ribera sur
  • Plan de energía solar
  • Programa de protección civil
  • Universidad euromeditarránea, con sede en Eslovenia
  • Apoyo al desarrollo de las empresas

De esta forma, se dieron los primeros pasos en pos de darle una estructura sólida a este proceso, aunque, objetivamente, aún falta mucho por delante.  Por ejemplo, cabe preguntarse de dónde se sacarán los fondos económicos.  Ya se sabe que el Banco Europeo de Inversión (BEI) será una de las instituciones que colaborará en forma estrecha con la puesta en marcha de este proyecto, pero quedan dudas respecto a cuánto podrá ayudar, ya que desde 2002 a la fecha el BEI ha invertido siete millones de euros en el Mediterráneo.

De momento, no queda más que observar si las primeras piedras que se han puesto en este camino serán suficientes para ir construyendo una sólida base, que, a su vez, permita la consolidación del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Lo que demuestra la Cumbre de Paris

Teniendo en claro cuáles fueron os avances en concreto de la Cumbre de Paris, es importante dar cuenta de algo que incluso puede ser más importante que aquellos logros obtenido en el encuentro realizado en la capital francesa.  Se trata de navegar en profundidades y develar tendencias que superficialmente son imposibles de ser reconocidas.

Problemas de cohesión

Lo primero es decir que parece imposible soslayar los serios problemas de cohesión que posee el proyecto ideado por el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.  Si intentar olvidar lo difícil que es intentar unir a 43 gobiernos en un solo bloque, aún más complicado es disfrazar u ocultar las grandes falencias de este proyecto, especialmente si se trata de implantar la cohesión necesaria para darle éxito a esta iniciativa.  Al respecto, los diversos actores involucrados en el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” presentan evidentes señales de fisuras internas.

En Europa, no todos ven con los mismos ojos el proyecto mediterráneo.  Para empezar, no se puede olvidar que el plan original de Sarkozy tuvo que ser modificado, para así lograr el apoyo de Alemania y muchos otros países europeos.  Ahora, el hecho de haber incluido a la Unión Europea en este proyecto no significa que no exista un cisma al interior de este bloque.  De hecho, existe un importante grado de reticencia por parte de algunos mandatarios europeos.  Además, las directrices políticas de los estados son bastante disímiles y, por ejemplo, no se pueden comparar las posturas de José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolas Sarkozy.  Mientras el primero ha trabajado arduamente por una mayor y mejor comunicación y cooperación con el Magreb y, particularmente, con Marruecos, el segundo ha generado leyes cuyo objetivo es endurecer el sistema de migraciones.  Siguiendo con este punto, la nueva ley de inmigración de la Unión Europea mostró las evidentes diferencias entre los miembros del bloque.  Aún más, el hecho que el Consejo de Europa la haya rechazado demuestra que mientras algunos buscan un trato digno para los inmigrantes, otros, simplemente, no quieren saber más de este asunto.  Es por eso que es necesario reflexionar acerca de cuán factible es juntar a los 27 estados miembros de la Unión Europea en un proyecto que los uniría con los que, para algunos, se trataría de países con una población amenazadora.

Ahora, la Unión Europea no es el único bloque que presenta problemas de cohesión.  En este sentido, es importante destacar la división existente al interior de la Unión del Magreb Árabe (UMA).  Mientras Marruecos y Túnez ven con buenos ojos el proyecto mediterráneo, Argelia y Libia tienen muchas dudas respecto a esta iniciativa y, de hecho, para el líder libio, Muammar al Ghadaffi, el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” es sinónimo de problemas, división y amenazas para el mundo árabe y africano.  En resumen, se podría decir que existen tres posturas entre los miembros de la UMA.  La oposición extrema liderada por Libia, la tibia reticencia de Argelia y el apoyo incondicional de Túnez y Marruecos.  Mauritania aparece un tanto aislada y seguramente seguirá así, ya que tiene asuntos mucho más importantes a los cuales dedicarse como, por ejemplo, el golpe de estado realizado por los militares hace cerca de un mes.  Sin embargo, más allá de todas estas diferencias, lo concreto es que el Magreb dio señales evidentes respecto a que ellos desean un rol principal en este proyecto y que no se repita la tendencia histórica de los países europeos, que, generalmente, terminan controlando el desarrollo de los procesos.

Conflictos persistentes

Otra conclusión, bastante palpable, es la continuidad de ciertos choques o focos conflictivos.  Algunos con mayor intensidad, otros sin tanto eco, pero siempre impidiendo un equilibrio en las relaciones entre países, bloques o regiones.  Al interior del Magreb, Argelia y Marruecos aún mantienen tensos vínculos, debido a diferencias en ciertas políticas y, particularmente, por el asunto del Sahara Occidental.    Cerca de ahí, en Mauritania, un golpe de estado realizado hace cerca de un mes ha puesto en jaque el proceso de incipiente democratización de aquel país y amenaza con transformarse en tierra pantanosa, algo que favorecería el accionar de células terroristas.  Esto último ya es un problema bastante serio en Argelia.

En Medio Oriente, las evidentes y lógicas diferencias entre los estados árabes e Israel han quedado expuestas ante los ojos de todos los asistentes de la Cumbre de Paris.  En algo que era obvio y que se mantendrá durante muchos años más, el gobierno israelí aún no ha podido solucionar sus conflictos con Palestina, Siria y Líbano.  En la medida que esta situación se mantenga en el tiempo parece imposible que se pueda aglutinar en un solo bloque a árabes a israelíes.  Si bien es cierto que se han realizado esfuerzos para llegar a acuerdos, todavía no hay grandes hechos concretos que permitan vislumbrar una salida positiva.  Tanto así, que la firma y lectura de la Declaración de la Cumbre de Paris se retrasó ante las exigencias de los países árabes respecto a la cuestión palestino-israelí.

En pleno mar Mediterráneo, otros dos conflictos siguen con vida.  Se trata de la división de Chipre y la lucha por recursos petrolíferos entre Libia, Malta y Argelia.  El primero de ellos ha sido un verdadero dolor de cabeza para Turquía, que en este asunto ha encontrado una barrera para su proceso de adhesión a la Unión Europea.  En cuanto al segundo problema, es una situación que sin ser grave, ni categórica, sí causa cierto temor, ya que estas viejas disputas impiden un mayor entendimiento y desarrollo económico de la región.

Por último, el accionar de la Unión Europea en el conflicto árabe-israelí deja en claro, que aquel bloque desea una paz que sea beneficiosa para sus intereses.  Por eso, hasta el momento, la postura del bloque europeo ha sido bastante ambigua y poco definida.  Son capaces de establecer sanciones económicas para los territorios palestinos y, al mismo tiempo, de elaborar un discurso conciliador, pero muchas veces omiten las matanzas realizadas por las ofensivas israelíes al interior de las fronteras palestinas.  Además, con la llegada de Nicolas Sarkozy al poder en Francia y con una cada vez mayor actitud recelosa hacia los árabes y musulmanes, da la impresión que Europa comienza a tomar una postura más favorable a Israel.

No todos están con este proyecto

Uno de los aspectos más fundamentales y evidentes ha sido el hecho que este proceso ha generado diversas posturas y velocidades.  Mientras algunos gobiernos se han convertido en bastiones de este proyecto, otros sólo se limitan a seguir a la masa.  En paralelo, algunos estados han dejando en claro que tienen dudas respecto al funcionamiento y/o la utilidad de esta iniciativa y, finalmente, aparecen los escépticos.

Esta situación, en honor a la objetividad, no debiera sorprender, ya que es evidente que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, no tiene el mismo nivel de relaciones con todos los jefes de estado y/o gobierno involucrados en este proyecto.  Además, su discurso pro-israelí genera ciertas dudas en los estados árabes, especialmente en aquellos donde la relación con Francia nunca ha sido fluida, como es el caso de Argelia.

Ahora, cabe preguntarse quiénes son los “mediterránescépticos” o, más simple, contrarios al nuevo cariz que adoptó el Proceso de Barcelona.  El primero en aparecer es el líder libio Muammar al Gaddafi, que en todo momento ha dejado en claro que ni él, ni su gobierno se prestarán para una iniciativa como esta.  De hecho, el pasado 10 de junio –casi un mes antes de la realización de la Cumbre de Paris- Gaddafi se reunió con los presidente de Argelia, Mauritania, Siria y Túnez y con el primer ministro de Marruecos.  En aquella ocasión, el coronel Gaddafi dio a entender su postura y analizó, junto a los otros representantes de naciones árabes el proyecto propuesto por Nicolas Sarkozy.  Tras considerar como una afrenta este proceso, el líder libio se despachó frases como “nosotros no somos hambrientos, ni perros para que nos echen huesos” o “nos toman por idiotas.  Nosotros no pertenecemos a Bruselas.  Nuestra Liga Árabe está en El Cairo y nuestra Unión Africana en Addis Abeba”.

En todo caso, más allá de estas expresiones, que puedan parecer mediáticas o de simple perogrullo, hay algo que dijo Gaddafi y que es, finalmente, el principal acontecimiento que molesta, específicamente, a los países árabes y magrebíes (africanos).  Claro, porque Gaddafi declaró que “la Unión Europea persigue su cohesión y por eso ha rechazado el proyecto inicial del presidente francés.  Claramente no querían una división al interior del bloque”.  En este sentido, es importante analizar con mayor profundidad esta frase, porque tiene mucho de cierto.  Nadie podría juzgar a la Unión Europea por preocuparse de su unidad y, de hecho, aquello es algo positivo.  Sin embargo, alguien podría preguntarse por qué los europeos propulsan y apoyan un proyecto que si bien ya no produciría divisiones internas en su bloque, sí podría generarlas en el contexto, árabe, africano y magrebí.  De esta forma, se entiende la molestia de ciertos líderes como Gaddafi, Bouteflika o Al Assad, quienes ven un doble stándard por parte de la Unión Europea.  En pocas palabras, se trata de saber por qué ellos hablan de la unidad, si al final sólo les interesa mantener su cohesión y no la de los otros bloques involucrados en este proyecto.

Ahora, directamente relacionado con esta situación, se puede establecer la existencia de un “club de los rebeldes”.  A la cabeza de este grupo está, era que no, Muammar al Ghaddafi, apoyado por los presidentes de Argelia y Siria, Abdelaziz Boutlefika y Bashar Al Assad, respectivamente.  Ahora, estos tres gobiernos no están solos en su cruzada, ya que reciben el apoyo de otros estados como Mauritania y Turquía.  En el caso mauritano, las cosas cambiaron mucho desde que se produjo el golpe de estado militar, asi que el asunto mediterráneo ha pasado a un segundo o tercer plano de relevancia.  En cuanto a los turcos,  existe mucho recelo respecto a este proyecto, ya que se piensa que podría una maniobra cuyo fin fuese dejar, definitivamente, fuera de la Unión Europea a Turquía.  Además, existen severas dudas respecto al carácter mediterráneo de este país, ya que si bien tiene costas en este mar, sus relaciones políticas, económicas y sociales están orientadas, en muchos casos, hacia otras regiones como Asia Central, el mundo musulmán, los estados turcomanos y, últimamente, África.

Por último, no se puede dejar de mencionar que al Mashrek no le interesa esta iniciativa y parece estar mucho más enfocado en solucionar los problemas existentes en Medio Oriente y seguir puliendo un bloque en el Golfo.

Avances en relaciones entre países

Un aspecto positivo de la Cumbre Euromediterránea de Paris es el hecho que esta reunión sirvió para que produjeran necesarios e imprescindibles acercamientos entre estados que no poseen buenos nexos entre sí.  Es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre entre Francia y Siria, Libia y Siria e Israel y Líbano.  Las relaciones entre dichos países han tenido serios inconvenientes en los últimos años y es por eso que un aproximamiento a nivel gubernamental se consideraba esencial para mantener con vida las esperanzas de un cierto éxito para este proceso que recién comienza.

Al respecto, quizás en este ámbito se establecieron los hechos concretos más relevantes y cuyo alcance va mucho más allá del espacio mediterráneo e involucra, directamente, al conflicto árabe-israelí y a todo lo que acontece en Medio Oriente.  Lo de Francia y Siria es muy positivo, ya que ambos países mantenían bloqueadas sus relaciones desde 2005, año del asesinato del entonces primer ministro libanés Rafik Hariri.  Igual de esperanzador ha sido el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Siria y Líbano, algo inédito desde que ambos países lograran su independencia en 1943.  Si bien este hecho se produjo el 13 de agosto, un mes antes, en Paris, ambos gobiernos ya habían anunciado que estaban en serias negociaciones para iniciar el camino diplomático entre los dos países.  Por último, y aunque sólo fueron declaraciones, no se puede dejar de mencionar que el presidente sirio, Bashar Al-Assad, y el primer ministro israelí, Ehud Olmert, dejaron abierta la opción a un diálogo, algo que ya ha comenzado desde hace un tiempo gracias a la mediación de Turquía.

Reinserción de Egipto en el contexto mediterráneo

Si bien siempre se ha dicho que Egipto es uno de los países más importantes dentro del contexto africano, árabe, musulmán y mediterráneo, las relaciones que aquel estado mantiene con gobiernos europeos ha sido un tema de gran relevancia.  A sabiendas de las buenas conexiones existentes entre Egipto y Estados Unidos, era necesario establecer lo mismo, pero con la Unión Europea.  Ahora, hasta el momento no se puede decir que egipcios y europeos gozan de una gran relación, pero al menos se le está empezando a dar mayor poder e importancia al gobierno egipcio en el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

No es coincidencia que la primera copresidencia de este bloque haya quedado en manos, justamente, de Francia y Egipto.  En este sentido, hay que destacar la figura de Hosni Mubarak, un líder que, como ya se ha hecho costumbre, sirve para demostrar el doble discurso de los europeos.  Claro, porque al igual que en otras naciones árabes y/o musulmanas, la Unión Europea apoya a un presidente que claramente ha caído en violaciones a los derechos civiles de su población.  Sin embargo, Europa parece preferir esta situación en la medida que se mantenga un gobierno laico en Egipto u otros estados árabes.  Es por esto que surge la pregunta, ¿realmente existe una conciencia democrática?, ¿o sólo se trata de buscar los beneficios personales?  Da la impresión que se trata de lo segundo y por eso, aunque suene majadero, no es una mera casualidad ver a Egipto teniendo un rol protagónico.

Finalmente, cabe consignar que cuando se inició el Proceso de Barcelona original, muy pocos estados árabes estaban con esta iniciativa.  Hoy, la situación ha cambiado y ahora el único que no está es Libia.  Por eso, nuevamente aparece como fundamental el rol que pueda cumplir Egipto en la primera copresidencia correspondiente a la ribera sur del Mediterráneo.  ¿Será capaz Hosni Mubarak de torcer la mano de Muammar al Gaddafi?, ¿logrará seguir frenando las revoluciones religiosas y sociales que amenazan con explotar en países como Argelia y Líbano?, ¿podrá el gobierno egipcio establecer nexos con una Mauritania bajo el poder de los militares?  Estos y muchos otros serán los desafíos que tendrá Egipto.  Y siempre bajo la firme observación de Europa.

Conclusiones y proyecciones

Entendiendo la etapa previa a la Cumbre de Paris, el desarrollo de la reunión y el paso de los meses, se pueden elaborar un comentario u observación final.  Si bien el nuevo formato del original Proceso de Barcelona ha demostrado mayor acción y presencia -básicamente gracias a la campaña del presidente francés Nicolas Sarkozy-, nada hace presagiar que esta iniciativa está encaminada al éxito.  En paralelo, tampoco se puede decir que es la crónica de una muerte anunciada.  Sin embargo, existen evidentes señales que sugieren prudencia a la hora de pensar en un futuro positivo para el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Claro, ya se realizó una primera reunión con 43 jefes de gobierno y/o estado, pero aquello aún no es suficiente para sentir que la base de este proyecto es sólida y con una importante garantía de permanencia en el tiempo.  Alguien dirá que ya cuenta con una secretaría, con una copresidencia y con seis proyectos de alto vuelo.  Empero, hay que hacer un cuestionamiento lógico respecto a cómo concretar las iniciativas y los planes ideados en la Cumbre de Paris.  Por ejemplo, preguntarse de dónde vendrán los recursos económicos o qué sienten los pueblos de los 43 estados involucrados en esta unión mediterránea.  ¿Realmente existirá un apoyo por parte de las masas en cada uno de los países involucrados?, ¿podrá aportar la Unión Europea con dinero si ya tiene hecho su presupuesto hasta 2013?, ¿será capaz el Banco Europeo de Inversión de soportar todo el costo económico?, ¿estará dispuesto a hacerlo?

Otro asunto muy importante es saber si aquellos proyectos de infraestructura en la zona costera magrebí tendrán un alto impacto en el ecosistema de la región.  Se debe realizar un estudio profundo, que permita estar seguro que lo que se construirá sólo traerá beneficios y no turbulencias para los estados involucrados.  En países como Argelia, Egipto y Túnez un estallido social podría agudizar más la inestabilidad política de sus gobiernos y aquello traería nefastas consecuencias para Europa.  El riesgo de enfrentamientos ideológicos es demasiado grande y un error en la concepción de los proyectos euromediterráneos podría, en vez de aunar posturas, agudizar las divisiones ya existentes entre la ribera sur y norte.

En este sentido, cabe preguntarse qué sucederá con los diversos bloques regionales que de una u otra forma tienen nexos con el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Por ejemplo, ¿será capaz la Unión Europea de sobrellevar su división interna?, ¿afectará esto al equilibrio europeo?

Misma pregunta debe hacerse respecto a la Unión por el Magreb Árabe (UMA), un organismo que está prácticamente paralizado desde hace cerca de 15 años.  Es por esto que el cuestionamiento apunta a la nueva realidad de la UMA, que deberá definir, en conjunto, qué importancia le darán a la unión mediterránea recientemente planteada.  Será interesante ver cómo dialogan entre sí Argelia y Marruecos, líderes de la región, pero que aún mantienen una disputa por el Sahara Occidental.  Hay que ver cómo lo hacen estos países para convivir en un proyecto euromediterráneo tomando en cuenta que ya arrastran difíciles relaciones con sus vecinos.  Aparte, ¿qué ocurrirá con la UMA?, ¿se debilitará o fortalecerá en caso que el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” sea un éxito o fracaso?

Tampoco se puede soslayar lo expresado por Muammar al Gaddafi y que fue respaldado, implícitamente, por el presidente senegalés Abdoulaye Wade.  El asunto tiene que ver con la principal advertencia hecha por el líder libio, quien asegura que este proyecto podría generar divisiones al interior del mundo africano y árabe.  Es así que Wade fue bastante claro, al decir que “la idea de una Unión por el Mediterráneo, si se realiza, permitirá a África del Norte arrimarse a Europa, pero será una barrera que aislará a África del Sur del Sahara.  De eso, los africanos deben estar muy conscientes”.

Los conflictos regionales son otro factor a tomar en cuenta y que permite no ser tan optimista respecto al devenir del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Claro, porque en los alrededores y en la misma cuenca mediterránea, una serie de problemas y litigios fronterizos deben convivir, obligatoriamente.  Existen focos conflictivos de gran preocupación y que pueden influir en las relaciones entre los estados involucrados y, por ende, al interior de esta nueva unión mediterránea.  Sólo basta recordar el conflicto palestino-israelí, el proceso de paz en Medio Oriente, la crisis interna del Líbano, la división de la isla de Chipre, las disputas por yacimientos petrolíferos entre Malta y Argelia y, por supuesto, la rebeldía de Libia y la reticencia de Turquía.  Todo eso, sin siquiera contar el conflicto del Sahara, el eterno problema de la inmigración clandestina e ilegal y, relacionado con esto último, las consecuencias de la última ley de inmigración aprobada por la Unión Europea.

Todo eso hace ver que la realidad empírica demuestra una mayor probabilidad o tendencia hacia la división, más que a la unión.  Ese será, entonces, el verdadero desafío del naciente “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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