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Libertad de expresión, terrorismo y respeto a los demás

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Libertad de expresión, terrorismo y respeto a los demás

Fecha 8/01/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Comencemos por lo obvio. El atentado terrorista ocurrido en las oficinas de Charlie Hebdo no tiene justificación alguna. Por donde se le mire es una aberración. Cobarde, cruel e inhumano. Ninguno de esos apelativos podría ser puesto en duda. Nadie puede morir por el hecho de publicar o decir algo, incluso si aquello publicado pueda ser considerado una estupidez, una falta de respeto o una provocación. Si a alguien le molesta, existen, por ejemplo, las protestas pacíficas y los tribunales.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 8 de enero de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Calle de los cónsules en Rabat, Marruecos. (Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Calle de los cónsules en Rabat, Marruecos. (Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Pasemos al segundo punto, que es el más subjetivo. Charlie Hebdo publicaba caricaturas y, lo más importante, mensajes escondidos en un dibujo. Amparado en la “libertad de expresión”, no tenía problemas en pasar a llevar las creencias de otras personas. En particular, dado el contexto actual, se trata de las caricaturizaciones del profeta Muhammad (conocido como Mahoma en español), del Corán y, finalmente, del Islam. Al respecto, no fue una azarosa publicación, sino que varias. Algunas de ellas, incluso riéndose de la matanza de personas, como aconteció en una famosa portada (sobre Egipto, en 2013) en la cual se veía a un musulmán asesinado por balas, las cuales atravesaban un Corán. Dicha imagen iba acompañada de la frase “El Corán es una mierda. No para las balas”.

Años antes, en Dinamarca, ocurrió algo parecido. Se crearon diversas caricaturas de Muhammad y fueron publicadas por un diario danés. Una de estas ilustraciones mostraba al profeta con una bomba en su turbante. Como era de esperar, se produjo la lógica molestia en el universo musulmán y, por supuesto, llegaron las protestas. A partir de entonces, y luego que apareciesen serias amenazas de muerte por parte de islamistas radicales, el medio danés optó por lo sano y dejó de jugar con fuego.

Antes de volver al presente, cabe realizar un breve recordatorio. Para los musulmanes, la figura de Muhammad es sagrada y está prohibido dibujarlo. Dicha postura, como cualquier otra, merece ser respetada, especialmente en países en los cuales existen importantes comunidades musulmanas. Sin embargo, es aquí donde ciertos grupos europeos –desde nacionalistas acérrimos hasta pseudo intelectuales que piensan que reírse de los demás es parte de la libertad de expresión- han demostrado su total falta de respeto y, peor aún, su nula capacidad de entender cómo funcionan las sociedades actuales. Si a alguien no le interesan las religiones o, particularmente, el Islam, entonces no tiene por qué leer el Corán o ayunar durante Ramadan. Nadie lo obligará a eso.

Sin embargo, es aquí donde aparece el famoso etnocentrismo. Que en Europa, Estados Unidos, Chile u otros países se permita caricaturizar o, derechamente, reírse de figuras religiosas sagradas, aquello no significa que eso sea bueno y, además, aceptable para todos. Es así que se trata de entender que en el mundo existen muchas más visiones fuera de las europeas o estadounidenses. O, si se prefiere, “occidentales”. Y es aquí donde muchos no logran entender que la publicación de burlas hacia figuras sagradas no es humor, sino que, todo lo contrario, un acto violento que, obviamente, pone aún más obstáculos en la ya difícil convivencia entre musulmanes y “europeos no musulmanes”. Otro clásico ejemplo es el uso del velo, que para muchos ciudadanos “occidentales” es sinónimo de represión y de barbarie musulmana. Sin embargo, aquellas personas nunca se ponen en la otra vereda y nunca intentan entender cómo funciona el pensamiento en otras regiones del mundo. Si así lo hicieran, podrían entender que el uso de un velo no es sinónimo de represión. En algunos casos, claro que sí, pero en muchos otros es una simple costumbre, un hábito, una moda, un gusto o, incluso, una forma de, por ejemplo, esconder el pelo desordenado.

Otro punto que merece ser analizado es la campaña mediática que se ha realizado a partir del atentado terrorista de ayer. Se ha dicho que esto vulnera la libertad de expresión o, incluso más potente, que atenta contra las libertades individuales. Al respecto, cabe preguntar si prohibir el uso de ciertas vestimentas a las mujeres musulmanas no es un acto que va contra las libertades de expresión o contra las libertades personales. Esto último es algo que ocurrió en Francia y que, peor aún, fue confirmado, en 2014, por la Corte Europea de los Derechos del Hombre (CEDH). Lo mismo sobre la prohibición de usar velo en las escuelas públicas, lo cual se estableció en 2004. Como se puede ver, las libertades no sólo han sido violadas por terroristas, sino que, también, por legisladores y políticos.

Y qué decir sobre el famoso slogan “democracias europeas”. Las mismas que reclaman que los terroristas atentan contra los principios democráticos, pero que olvidan su apoyo reciente a dictadores como Muammar al Gaddafi, Zine El Abidine Ben Ali o Hosni Mubarak. Y parece ser que tampoco recuerdan que tropas francesas actualmente están presentes en Malí o que “Occidente” apoyó a las milicias islamistas que intentaron e intentan derrocar a Bashar Al Assad (quien, en 2008, se paseó por Paris en la inauguración de la Unión por el Mediterráneo). O qué decir de la postura de la Unión Europea, incluida Francia, sobre el reconocimiento de Palestina como estado. Ni siquiera se han atrevido a dar ese paso para permitir que los palestinos tengan un país oficialmente constituido.

Por eso, para entender y proyectar el atentado en Charlie Hebdo hay que analizar todos los factores involucrados. Y ahí aparecen, entre otros, la xenofobia, la Islamofobia, la marginación social y la maquiavélica política exterior de Francia y otros países europeos. En paralelo, en la otra vereda, el islamismo radical, los nefastos gobiernos que promueven el odio a “Occidente” y otros tantos líderes, gobernantes o grupos que apoyan a organizaciones terroristas como Hamas o Hizbullah. Y, en medio de eso, se encuentra el doble stándard de Europa y, particularmente, Francia, que ostentan un discurso de respeto hacia todas las culturas y religiones, pero que en la práctica no se concreta. Como mayor demostración, la persistente negativa –en el último tiempo- por parte de Alemania y Francia sobre la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Y a eso sumemos los factores históricos, como el colonialismo, el auge del islamismo radical, los atentados del 11 de Septiembre de 2001, la lucha por los recursos naturales, las invasiones a Irak y Afganistán y un largo etcétera.

Usando datos estadísticos, también se puede comprobar que el proceso ha tenido fallas por ambas partes. Por un lado, el auge del terrorismo (de grupos islamistas radicales) es innegable y el número de ataques ha aumentado en la última década. Por el otro lado, los ataques “islamófobos” (en Europa) también han seguido creciendo. En 2013 la cifra aumentó en un 47% respecto a 2012 y en este último aumentó en un 57% respecto a 2011.

Por último, los medios también deben realizar un mea culpa. Reírse de alguien, de una religión o de una figura sagrada no ayuda a construir una paz duradera, sino que genera más odio y, por lo tanto, allana el campo para que desequilibrados y sádicos –como los que realizaron el atentado en las oficinas de Charlie Hebdo- hagan de las suyas.

Todo lo anterior, para evitar tergiversaciones o lecturas alejadas del mensaje original del presente texto, tiene por objetivo demostrar que lo ocurrido ayer es parte de un proceso. Y esto no es jugar a la “Teoría del Empate”, sino que intentar analizar los hechos como parte de un todo. Matar a alguien nunca tendrá justificación, pero esto es producto de una mala relación entre dos visiones que no logran crear un marco de paz.

Como reflexión final, es momento que políticos y ciudadanos comprendan que el fenómeno actual (terrorismo de los islamistas radicales) no tiene una fácil, ni tampoco rápida solución. Igualmente, es muy preocupante el auge de los movimientos xenófobos e “islamófobos”. Y ambos procesos se unen en un mismo camino. Por eso, hay que empezar a trabajar formando una base de diálogo, comprensión y, lo principal, respeto. Siempre se habla de tolerancia, pero lo que realmente permite tener sólidos cimientos es respetar al otro, es decir, no aceptarlo, sino que mirarlo como un igual.

Mientras aquello no pase, entonces la comunicación seguirá siendo confusa y, peor aún, agresiva, devastadora y letal. Así, el reto es fomentar la circulación de ideas, conocer al otro y dejar de lado los prejuicios y las construcciones mediáticas de la realidad.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Chechenia, un conflicto histórico revivido con el término de la Guerra Fría

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Chechenia, un conflicto histórico revivido con el término de la Guerra Fría

Fecha 2/12/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En la actualidad, la región conocida como el Cáucaso es una zona geopolítica de gran relevancia y no sólo para Rusia, sino que también para sus vecinos –algunos de la ex URSS y otros que son potencias regionales o internacionales- y para aquellos países que lideran misiones contra el terrorismo internacional y para quienes tienen intereses en los recursos naturales –gas y petróleo- existentes en la zona circundante.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de diciembre de 2014

Fotografía: El País (España)

Fotografía: El País (España)

Esta situación no es nueva, pues el Cáucaso siempre fue una región apetecida y, en este sentido, Chechenia nunca escapó a dicha lógica. De ahí que desde tiempos lejanos fuese motivo de invasiones e intentos de conquista y dominación. Este hecho histórico es esencial al momento de analizar el proceso secesionista (o independentista) iniciado en 1991, es decir, en las postrimerías de la Guerra Fría y en pleno fin y desmembramiento de la Unión de República Socialistas Soviéticas. Al respecto, es importante detenerse en este punto, pues para algunos podría parecer que el conflicto entre Rusia (o la URSS) y Chechenia comenzó en la década de 1990, algo que, tal cual intentará demostrar el presente trabajo, no se aplica. Junto a eso, se tendrá como objetivo establecer que aunque el conflicto venía de mucho antes, sí fue parte de la Guerra Fría y, particularmente, que la gestación del proceso de independencia de 1991 estuvo directamente relacionado con el término de la Guerra Fría.

En este sentido, es necesario revisar, en una primera instancia, las raíces históricas del proceso, las cuales llevan el estudio hasta el siglo 18, pero, siendo purista, hasta los siglos 14 y 15, época en la cual penetró el Islam en la región. Luego, y siempre pensando que el estudio cumpla con criterios de extensión, se entregarán datos esenciales de la historia de Chechenia y su conflicto con los invasores y, posteriormente, respecto a los anhelos de conquista por parte de la Rusia zarista, la URSS y la Rusia post derrumbe de la URSS. Tras eso, se examinará la cronología del conflicto y, finalmente, se elaborarán un resumen y las más importantes conclusiones.

 

Informaciones básicas y contexto histórico

 

Antes de examinar la historia de Chechenia y su conflicto con Rusia, es importante recordar algunos datos esenciales sobre esta región independentista. Ubicada en el centroeste del Cáucaso Norte, Chechenia se encuentra en una privilegiada (y estratégica) posición, ya que se encuentra en el corredor –en el cual también están otras repúblicas pertenecientes a Rusia como Ingushetia, Daguestán, Osetia del Norte, Kabardino Balkaria y Abjazia- que une el Mar Caspio con el Mar Negro. Con un territorio que no tiene una exacta delimitación (los datos oscilan entre 12.000 y 18.000 kilómetros cuadrados) y una población de aproximadamente 1.000.000 (en 1989) y de 1.300.000 (en 2010), Chechenia es una de las 21 repúblicas de la actual Rusia[1].

Con montañas en el sur y tierras bajas en el norte, sus principales actividades económicas son el petróleo, el ganado y la agricultura. Su geografía no es un mero dato, pues, como se verá más adelante, ha sido muy importante durante los conflictos y, particularmente, en las guerras que han ocurrido en Chechenia. Con una mayoría de población chechena (95.3%)[2] y una gran presencia del Islam[3] (sufíes y sunitas de corriente Hanafi y Shafi). Sin embargo, no se debe olvidar que la población chechena tuvo una histórica tradición pagana, la cual aún existe en Chechenia. Así es que el Islam se mezcla con tradiciones étnicas y paganismo. Esto último tiene como base a dos hechos esenciales. Por un lado, la progresiva islamización[4] de la población -que se desarrolló por etapas, empezando en el siglo 7 y finalizando en el siglo 19, aunque ya en el siglo 18 estaba muy avanzada- y, por el otro, la particular estructura social de los chechenos, quienes, originalmente, eran los habitantes autóctonos de la región y cuyos primeros testimonios de asentamiento datan de al menos hace 6.000 años.

En este punto, vale la pena detenerse, brevemente, en la estructura de la sociedad chechena. Al respecto, ésta se basa en las tribus y los clanes, las cuales se dividían entre los habitantes de las tierras bajas y aquellos de las montañas. La conformación sería con una estructura clánica (llamada taip), las cuales funcionan sobre la base de nexos sanguíneos de hasta 12 generaciones. Cada taip se forma a partir de dos o tres pueblos de 400 a 600 habitantes cada uno. A su vez, poseen un Consejo de Ancianos y sus propias leyes. Los taip se dividen en subclanes (ne’ke), los cuales tienen entre diez y 50 familias. Completando la estructura, cada clan es reagrupado en tribus (llamadas tukhum) y que son divididas por zonas (en las tierras bajas o las montañas). Finalmente, cada tukhum tiene dialectos, tabúes, sistemas de tributos y prácticas poligámicas propias (Arquilla; Karasik; 1998).

A la importancia de la estructura clánica –que poco a poco ha ido perdiendo potencia debido a la gran cantidad de clanes-, se debe sumar la importancia del Islam en el comportamiento cotidiano y general de la población chechena. Básicamente, pues en ciertos litigios o problemas se aplica la Sharia[5] (ley islámica). Además, en el día a día existen cánones rígidos sobre el comportamiento en lo público[6].

Por último, cabe tomar en cuenta un dato estadístico que adquiere gran relevancia. Se trata de los grupos étnicos del Cáucaso Norte[7], de los cuales destacan 24 según el censo realizado por el gobierno ruso en 2010. Según dicho estudio, en el Cáucaso Norte se contaban 9.506.593 habitantes, de los cuales la mayoría étnica eran los rusos (3.178.128, 33.43%). Luego, venían los chechenos (1.335.183, 14.04%) y los avaros (863.884, 9.09%). El resto, es decir, 21 grupos étnicos, sumaban el 43.44%. Estas cifras demuestran que: 1) los rusos son el grupo étnico más grande en el Cáucaso Norte; 2) los rusos son una minoría si se toma en cuenta que cerca del 66% de la población en dicha zona no es étnica rusa; 3) dejando a un lado a los rusos, los chechenos son el grupo étnico más importante de la región; 4) los chechenos son los únicos (descontando a los rusos) que superan el millón de habitantes en la zona.

Teniendo estas cifras, aparece la lógica pregunta sobre cómo era la situación en los anteriores censos (1989 y 2002). Al respecto, los datos muestran que la población rusa ha sufrido un progresivo descenso en las repúblicas el Cáucaso Norte. Tomando el caso de Chechenia, en 1989 los rusos equivalían al 24.8%, para luego bajar al 3.7% (en 2002) y 1.9% (2010)[8]. En términos numéricos, la población rusa fue de 269.130 (1989), 40.645 (2002) y 24.382 (2010). En la vecina Ingushetia, la tendencia fue similar con 24.641 (1989), 5.559 (2002) y 3.321 (2010).

Por último, en 1989, en la República de Chechenia-Ingushetia había 898.212 checheno-ingushetios (70.15%), 293.771 rusos (22.94%) y 88.446 de otras etnias (6.91%). Además, se contabilizaban 297.674 nativos de Chechenia-Ingushetia viviendo en otra república[9].

Los números expuestos en los párrafos previos permiten concluir que en Chechenia siempre hubo una amplia mayoría de chechenos –los cuales, en su gran mayoría, eran musulmanes- y aquella tendencia se fue radicalizando con el paso del tiempo y, por supuesto, de las dos guerras y los posteriores conflictos con Rusia. Esta lógica conclusión no debe ser subestimada, pues es importante al momento de entender por qué nunca ha podido ser pacificada, ni domada, esta región.

Como última observación, estos datos adquieren aún mayor relevancia si se toma en cuenta que la población chechena tenía (y tiene) una fuerte cohesión social y un “sentimiento checheno” bastante firme, especialmente a través del Islam.

Teniendo en claro estas precisiones, es momento de revisar, someramente, la historia de Chechenia y el contexto histórico en el cual comenzó el proceso secesionista de 1991.

 

El conflicto en sí

 

Esta parte del trabajo se dividirá en tres puntos. El primero, será sobre una revisión de los principales hechos históricos ocurridos en Chechenia hasta el inicio del proceso independentista de 1991. El segundo, enfocado en el término de la Guerra Fría, la caída de la URSS y el surgimiento de la Comunidad de Estados Independientes. El tercero, y último, será la cronología del conflicto, es decir, de la primera guerra (1994 – 1996) y la segunda guerra (1999 – 2003). Entendiendo que este trabajo pretende enfocarse en la importancia que tuvo la Guerra Fría en el conflicto checheno, no se entrará en mayores análisis más allá de 2003.

 

Hitos en la historia de Chechenia

Los habitantes originales de la actual Chechenia se asentaron ahí hace cerca de 3.000 años (como mínimo) y se caracterizaban por el pastoreo y la ya mencionada estructura clánica de su sociedad. A partir del siglo 16 comenzarían los constantes intentos de conquista por parte de diversas fuerzas extranjeras, dentro de las cuales destacaron los turcos otomanos, los persas y los rusos. En este contexto, el primer hito ocurrió en 1556, año en el cual el zar Ivan IV empezó a mostrar un gran interés por la zona. Sin embargo, en 1585, Chechenia sería conquistada por el Imperio Turco Otomano, lo cual trajo como consecuencia las reivindicaciones rusas.

Ya en pleno siglo 18, los rusos derrotaron a los turcos otomanos en 1774 y, diez años después, comenzarían las primeras grandes revueltas de los chechenos hacia los avances rusos. Entre 1817 y 1864 se desarrolló la Guerra del Cáucaso, en la cual las fuerzas rusas realizaron atrocidades como destrucción de pueblos y masacre de niños y mujeres. Hechos como estos quedarían en el recuerdo de la población chechena y esto permitió que, posteriormente, se hiciera aún más sólida la construcción del pensamiento nacionalista checheno. Es así que se pueden tomar en consideración dos figuras, muy presentes en Chechenia, que son la brutalidad de las fuerzas rusas y el carácter de resistencia generado por el imam Shamil.

Tras la Guerra del Cáucaso, las cosas se calmaron un tanto, pero no hubo que esperar mucho para ver nuevos e importantes movimientos en la zona. Así fue que en 1917, aprovechando las consecuencias de la Revolución Rusa, surgió la República Montañosa del Cáucaso Norte –una confederación que intentó unir a los pueblos caucásicos en un solo organismo-, aunque en 1924 se puso fin a otro intento pancaucásico, la República Autónoma Socialista Soviética de las Montañas, que había nacido en 1921. Ya en la década de 1930, Chechenia fue integrada como parte de la organización administrativa rusa, ya que en 1936 pasó a ser parte de la República Autónoma de Chechenia-Ingushetia.

En 1944 se produjo el desmantelamiento de la república y la deportación masiva de chechenos –además de otros cuatro grupos étnicos, los cuales debieron irse a Kazajstán y Kirguistán- y recién en 1956 comenzaría el retorno de los deportados. Esto último, en pleno proceso de “destalinización” establecido por Nikita Kruschev. Las deportaciones hechas por Stalin también dejaron un amargo recuerdo en la población chechena y esto también se fue sumando a la narrativa local. En 1957 se restableció la República Autónoma de Chechenia-Ingushetia, aunque el retorno de los deportados trajo consigo nuevos problemas en la región. Básicamente, dónde reinsertar a una población que, previamente, tenía sus casas y que ahora estaban en manos de otras familias o personas.

El ánimo independentista se aplacaría durante las siguientes décadas, hasta que en los años 80 nuevamente empezaría a surgir, con más fuerza, el sentimiento nacionalista. Así fue que emergió la Asociación de los Pequeños Pueblos (ASPP), en 1988, tras lo cual vino el nacimiento de la Confederación de los Pueblos del Cáucaso (COPC), en 1991. Esta última era pancaucásica. Por último, y ya en el importante 1991, se creó el Congreso Nacional del Pueblo Checheno (CNPC), el cual se constituyó al interior de la República de Chechenia-Ingushetia.

 

El término de la Guerra Fría, el desplome de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el nacimiento de la Comunidad de Estados Independientes

En 1991, y ya ad portas de la inevitable caída de la URSS, Boris Yeltsin estableció la ley de Rehabilitación de los Pueblos Reprimidos. Sin embargo, de poco le sirvió, pues su principal efecto fue exaltar el sentimiento nacionalista. En este contexto, el fallido golpe de estado de agosto del mismo año se convirtió en el principal trampolín hacia la declaración de independencia de Chechenia, la cual tendría lugar en noviembre de 1991. La cronología del conflicto muestra que en la parte final de 1991 comenzaron grandes cambios en el ex espacio soviético. Entre ellos, la separación de la República de Chechenia-Ingushetia (Ingushetia optó, vía referéndum, por quedarse al interior de la Federación Rusa)[10], el triunfo de Dzhokhar Dudayev en las presidenciales de la República de Chechenia-Ingushetia[11], y la declaración de independencia de la República de Chechenia[12]. Tras eso, Boris Yeltsin envió tropas a la zona, pero las fuerzas chechenas lograron resistir y Yeltsin debió retirar las fuerzas enviadas.

Durante los siguientes tres años, la República de Chechenia funcionaría como un estado de facto. Durante aquel período se producirían la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en diciembre de 1991, y el proceso de conformación de la Federación Rusa. Respecto a esto último, en marzo de 1992 todas las repúblicas autónomas de la ex URSS firmaron un acuerdo de federación, salvo Tatartsán y Chechenia. Mientras Tatarstán finalmente firmó un acuerdo bilateral con Rusia[13], en 1994, la postura de Chechenia se fue radicalizando en pos de su objetivo independentista. Mientras, en 1992, Dudayev endureció su postura y creó una Constitución, que incluía un Parlamento y un presidente.

En este período previo a la primera guerra y posterior a la declaración de independencia de Chechenia, Dudayev intentó establecer un funcionamiento basado en el Islam como factor de cohesión social (en Chechenia y el Cáucaso Norte) y en la posibilidad de reformular y reinstalar la República de la Montaña de 1917. En paralelo a eso, la República de Chechenia empezó a experimentar una nueva forma de presión por parte de Rusia. Básicamente, el gobierno de Yeltsin –que entendía que nuevos ataques armados mermarían su imagen internacional- optó por el bloqueo económico, lo cual se sumó al apoyo que dio a los opositores del gobierno checheno[14]. Con el tiempo, la situación económica empezó a empeorar (en territorio checheno) y eso se sumó a la incapacidad de las autoridades chechenas de establecer una república democrática. Así, comenzaban a producirse importante fisuras internas, mientras que, en paralelo, las mafias iban aumentando su poder. Junto a a ellas, corruptos militares y civiles obtenían beneficios de la situación.[15] Todo esto permitía que la construcción mediática de la realidad, por parte de Rusia, tuviese más credibilidad. En este punto, cabe recordar que los chechenos siempre han tenido que cargar con el estereotipo de “mafiosos”, “ladrones” o “corruptos”.

Hacia 1993, Dudayev ya tenía una fuerte oposición interna, la cual muchas veces expresaba su descontento en las calles. El clamor popular pedía, entre otras cosas, el buen funcionamiento del estado y, cansado por las críticas, Dudayev optó por suprimir al Parlamento y aumentar, aún más, el poder del presidente.

En este contexto, el camino hacia la lucha armada parecía pavimentarse con mucha solidez. Al respecto, no se debe olvidar que Chechenia tenía (y sigue teniendo) una gran importancia geopolítica para Rusia. En primer lugar, era una zona de paso del comercio mundial de petróleo, lo cual le daba una gran relevancia. En segundo lugar, Chechenia tenía una posición muy estratégica, pues se ubicaba entre al Mar Negro y el Mar Caspio. En tercer lugar, la pérdida de Chechenia significaba perder una zona que tenía gran valor como frontera directa con otras potencias de la zona –Irán y Turquía-, pero también con la vecina Georgia, con quien Rusia tenía serios problemas. En cuarto lugar, una revuelta chechena que terminase con la independencia de la región en disputa podría ser un ejemplo para otras zonas que bien podrían iniciar procesos secesionistas.

Lo anterior debe ser entendido, además, en el contexto mundial y regional que estaba gestándose a comienzos de la década de 1990. En este sentido, es importante mencionar ciertas coyunturas de la época que son claves para entender el juego político de entonces.

  • Desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS): con la caída del muro de Berlín se inició un proceso de gran velocidad que terminó con el violento fin de la URSS. Esto trajo consigo el problema de la diferencia de todas las unidades administrativas que integraban a la URSS, las cuales fueron adoptando diversos caminos en la nueva realidad político-social. Así, los estados bálticos fueron los primeros en apelar a su derecho a la independencia e inauguraron el rápido proceso que generó el nacimiento de 15 nuevos estados. En la otra vereda, otros, como Tatarstán y Chechenia, pusieron muchas trabas para dicho proceso. Finalmente, Tatarstán se sumó a la federación, en tanto que Chechenia fue la única república autónoma que mantuvo firme su decisión de luchar por la independencia.
  • Fin de la Guerra Fría y caída del comunismo: con el fin de dictaduras que parecían eternizarse y con la división de antiguos países en nacientes estados, no era ilógico pensar que aquello pudiese suceder con la URSS. Y, de hecho, así fue.
  • El surgimiento de un incipiente sentimiento anti-islámico: la revolución del Shá en Irán, en 1979, y la invasión de Irak a Kuwait (1990) se convirtieron en hechos históricos que generaron el espacio necesario para que ciertos líderes occidentales “satanizaran” al Islam y, particularmente, a los grupos islamistas con aspiraciones políticas. Esto, sumado al clásico estereotipo ruso de los chechenos, fue un detonante de la radicalización del conflicto entre chechenos y rusos. Además, en un país de tradición cristiana, Chechenia podría ser el primer intento de construcción de un estado independiente islámico en el territorio de la ex URSS. Y eso, ciertamente, era un gran riesgo para Moscú.
  • Los errores de la administración política de la nueva Rusia: las disputas entre Mikhail Gorbachov, presidente de la URSS, y Boris Yeltsin, presidente de Rusia, no sólo generaron una crisis interna, sino que, lo principal, dejaron el campo libre para que Dudayev se consolidara como una figura de poder en la República de Chechenia. En pocas palabras, el líder checheno supo aprovechar el momento de caos y, gracias a eso, sacó a la superficie el nacionalismo checheno y su derecho a la independencia.
  • El fracaso del movimiento pancaucásico: la decisión de Ingushetia de dejar la República de Chechenia-Ingushetia y, posteriormente, fundar la República de Ingushetia fue un duro golpe para el movimiento pancaucásico. Particularmente, fue aún más potente para Chechenia, ya que había más similitudes (o, si se prefiere, menos diferencias) étnico-religiosas con los ingushes que con otras repúblicas autónomas del Cáucaso Norte.

Habiendo realizado la etapa previa del conflicto armado y entendiendo ciertas particularidades propias de la época, cabe darle una mirada a la línea de tiempo del choque entre Chechenia y Rusia. Si bien pueden faltar algunos hitos, la siguiente cronología refleja, en buena medida, el proceso de guerra vivido en la zona durante dos períodos.

Cronología del conflicto: Primera Guerra (1994 – 1996)

  • Noviembre de 1994: oposición chechena intentó tomar Grozny y terminar con el movimiento separatista.
  • 9 de diciembre de 1994: Boris Yeltsin envía tanques y tropas a Chechenia para restablecer el orden. Inicio de la Primera Guerra Checheno-Rusa (1994-1996). Según datos oficiales, al finalizar el conflicto se contabilizaron entre 40.000 y 100.000 muertos. Los chechenos se replegaron en las montañas y los rusos controlaron una destruida Grozny.
  • Enero de 1996: Doky Zavgayev es elegido como nuevo presidente de Chechenia. Dudayev no acepta los resultados. En abril, Dudayev es asesinado por un misil ruso.
  • Agosto de 1996: Separatistas comandados por Shamil Basayev recapturan Grozny. Días después, se firma el Acuerdo de paz de Khassaviourt.
  • Noviembre de 1996: Los emisarios de cada bando acuerdan el cese al fuego, pero también el retiro de tropas rusas y la postergación de la independencia chechena para cinco años más.
  • Enero de 1997: Aslan Maskhadov (moderado) gana las presidenciales, derrotando a Shamil Basayev.

Cronología del Conflicto: Segunda Guerra (1999 – 2009)

  • Febrero de 1999: ante el auge de los islamistas radicales, el presidente checheno fija la introducción de la sharia en los próximos tres años.
  • Julio de 1999: tropas rusas y guerrilleros chechenos chocan en el límite de Chechenia y Daguestán. Basayev mantiene su objetivo de crear un estado islámico.
  • Agosto de 1999: Gobierno de Chechenia se aleja de los combatientes radicales. A fines de mes, atentados adjudicados a los chechenos generan una nueva ofensiva rusa. Comienza la Segunda Guerra Checheno-Rusa. Vladimir Putin, nuevo primer ministro, anuncia “guerra contra el terrorismo”.
  • Septiembre de 1999: tras cuatro años, Grozny es nuevamente bombardeada por los rusos. Maskhadov decreta la ley marcial.
  • Octubre de 1999: Rusia deja de negociar con Mashkadov y sólo reconoce a un grupo pro-ruso, en Moscú, como interlocutor válido.
  • Diciembre de 1999: Rusia pide que la gente abandone Grozny, mientras que los guerrilleros chechenos piden luchar hasta el final.
  • Febrero de 2000: los rebeldes chechenos abandonan Grozny y Putin anuncia el fin de las operaciones. En las montañas siguen algunos enfrentamientos. Cerca de 100.000 efectivos rusos en la zona.
  • Marzo de 2000: Putin gana la presidencial rusa.
  • Mayor de 2000: Putin declara que Chechenia será gobernada desde Moscú. Maskhadov sigue como líder de los separatistas. Mufti Akhmed Kadyrov es nombrado jefe ejecutivo checheno.
  • Julio de 2000: atentados suicidas en ciudades chechenas.
  • Agosto de 2000: atentado en el metro de Moscú
  • Diciembre de 2000: nuevo atentado
  • Marzo de 2001: nuevo atentado suicida
  • Abril de 2001: gobierno pro-ruso comienza a funcionar en Grozny.
  • Julio de 2001: Rusia reconoce, por primera vez, crímenes a gran escala.
  • Noviembre de 2001: por primera vez, se reúnen representantes separatistas y rusos. Posibilidad de acuerdo.
  • Abril y mayo de 2002: nuevos ataques, uno contra soldados rusos y otro contra civiles.
  • Agosto de 2002: helicóptero ruso es derribado. Mueren 80 de los 132 efectivos.
  • Octubre de 2002: toma de un teatro moscovita. Mueren 130 rehenes y 41 de los 50 terroristas.
  • Diciembre de 2002: atentado suicida en la sede del gobierno pro-ruso (en Grozny) deja 80 muertos.
  • Marzo de 2003: referéndum sobre nueva constitución y ley electoral. Gana el “Sí”, pero Maskhadov no los reconoce.

 

A partir de entonces, comenzaría el proceso de “chechenización”, es decir, la estrategia rusa de poner gobernantes chechenos pro-rusos en los puestos más importantes del gobierno checheno. Junto a eso, una lucha cruda contra los islamistas radicales, quienes, finalmente, cayeron bajo el rótulo de “terroristas”. Sin embargo, lo que aconteció a partir de 2004 no es objeto de estudio de este trabajo

 

Conclusiones

 

  • Causas del conflicto son diversas y son una combinación de lo histórico con las coyunturas de cada momento. Ni siquiera el “odio étnico” (Hughes, 2001) puede ser considerado como la única fuente del conflicto. De hecho, la radicalización de la situación fue aumentando en la medida que ambas partes adoptaron posiciones extremas. En esta línea, las violaciones a los Derechos Humanos se convirtieron en una tendencia sin límites por ambos bandos.
  • En un contexto regional e internacionales cambiante, la independencia de la República de Chechenia era una medida con alcances difíciles de establecer y, por lo mismo, para la Federación Rusa era un gran riesgo permitir la “fuga” de una república autónoma de su territorio. Junto a esto, y siempre dentro del campo de la geopolítica, Chechenia era una salida hacia Turquía e Irán, pero, también y en menor escala, un paso hacia Medio Oriente.
  • El “vacío” de poder en el proceso que unió a la URSS y Rusia allanó el camino del proceso independentista de Dudayev.
  • Guerra de Chechenia dejó en evidencia las falencias del Ejército ruso en la Primera Guerra. Además, ha sido un factor de división de la sociedad y la política rusa, especialmente al empezar la Primera Guerra Checheno-Rusa.
  • Aparición de los islamistas radicales se produce como una consecuencia del aislamiento de la república, del fomento al carácter islámico de la región y por la radicalización de las posturas. Además, este fenómeno se radicalizó tras los atentados del 11 de Septiembre y la posterior “lucha internacional contra el terrorismo”.
  • El conflicto de Chechenia no puede ser analizado sin tomar en cuenta la existencia de recursos energéticos, entendiendo a estos últimos como la producción petrolera de Chechenia (no muy relevante) y el paso del mismo proveniente de otros países.
  • El conflicto de 1991 se inicia en medio de tres grandes hitos: fin de la Guerra Fría, caída de la URSS y caída del muro de Berlín. Soslayar estos hitos no parece ser recomendable en un estudio del conflicto y, particularmente, tratándose de la parte del mismo que explota en la década de 1990.
  • Conflicto no puede ser entendido sin la historia: siempre hubo luchas y la era de Stalin fue nefasta para el conflicto.
  • En la actualidad, el conflicto de Chechenia se ha “islamizado” –a través de la presencia de islamistas radicales-, pero no se debe olvidar que tiene una raíz histórica, lo cual se suma a las coyunturas de la diversas fases del proceso.
  • Un aspecto fundamental para entender parte del conflicto tiene que ver con la estructura social de los chechenos. Y aunque con el tiempo se fue debilitando la relevancia del sistema “clánico-tribal”, es indudable que a comienzos de la década de 1990 era muy importante.
  • Hay que distinguir conceptos como “separatistas”, “rebeldes”, “terroristas”, “pro-rusos” y “moderados”. Muchas veces se mezclan las definiciones y eso lleva a la confusión en el estudio del conflicto.
  • Analizando la historia del conflicto, se puede concluir que hubo, por parte de los rusos, una campaña del terror y de estigmatización hacia los chechenos
  • La política rusa ha sido, salvo excepciones, equivocada, pero eso se une a la inexistencia de un discurso único en Chechenia. Esto va directamente relacionado con el hecho que hubo divisiones internas (en ambas partes). Al respecto, Dudayev no fue capaz de darle más institucionalidad a Chechenia y ese fue un punto de partida que jugó en contra de las aspiraciones independentistas. En la otra vereda, es indudable que Rusia falló, pues era el gobierno central quien debía solucionar el conflicto, pero nunca tuvo estrategias definidas sobre cómo abordar el asunto.
  • Por último, y habiendo revisado los orígenes del conflicto y el desarrollo del mismo (antes, durante y después de la Guerra Fría) se puede concluir que la hipótesis central del presente trabajo se cumple. Así, se establece que el conflicto de Chechenia no comenzó en 1990, sino que siglos antes. Junto a eso, es evidente que aunque explotó en 1991, fue parte de la Guerra Fría y, en consecuencia, el proceso de independencia de 1991 no puede ser examinado sin relacionarlo con las coyunturas propias de la Guerra Fría y el desplome de la URSS.

 

Bibliografía

Libros

  • “Ethnic Relations in Post Soviet Russia: Russians and non Russians in the North Caucasus”. Foxall, Andrew. Octubre de 2014.
  • “Ethnic Dynamics and Dilemmas of the Russian Republic”. Henze, Paul B. 1991.
  • “El conflicto de Chechenia: una guía introductoria”. Taibo, Carlos. Madrid, 2000.
  • “El laberinto checheno: Diario de una corresponsal de guerra”. Nivat, Anne. Barcelona, 2000.

 

Informes y papers

  • “Una década de posguerra fría en el Cáucaso: las guerras en Chechenia”. Sainz, Nora. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, número 59, páginas 105-122.
  • “El conflicto en Chechenia: ¿Un Kosovo en el Cáucaso?”. Toro, Agustín. Revista de Estudios Internacionales, IEI, volumen 33, número 130. Santiago, 2000.
  • “El conflicto en Chechenia”. Chelysheva, Oksana. Jornadas Internacionales QUIEN NO TIENE MEMORIA NO TIENE FUTURO. Barcelona, 2006.
  • “Chechenia como reflejo de las dinámicas políticas de Rusia”. Serra, Francesc. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, número 96, páginas 115-126. Barcelona, 2011.
  • “Chechnya: the causes of a protracted post-soviet conflicto. Hughes, James. LSE Research Online. Londres, 2001.
  • “La guerre russotchétchène, un conflit sans fin. Minassian, Gaïdz. France Diplomatie.
  • “Tipología de los conflictos postsoviéticos”. Urjewicz, Charles. Anuario Internacional CIDOB 1994 (edición 1995). Grandes temas: el espacio postsoviético. Barcelona, 1995.
  • “Chechnya: A glimpse of a future conflict?. Arquilla, John & Karasik, Theodore. Studies in Conflict & Terrorism.
  • “Chechenia: De zona de conflicto a frágil pirámide de naipes”. Brouwers, Jessie. FRIDE. 2007.
  • “The North Caucasus: The Challenges of Integration (I), Ethnicity and Conflict”. International Crisis Group, Europe Report N°220. 2012.

 

[1] La división administrativa de Rusia, creada en 1993, tiene 46 provincias (oblasts), 21 repúblicas (respublika), cuatro distritos autónomos (okrugs), nueve territorios (krays), una provincia autonóma y dos ciudades federales (Moscú y San Petesburgo). Fuente: CIA World Factbook

[2] “The North Caucasus: The challenges of integration (I), ethnicity and conflict”. International Crisis Group. Europe Report N°220, 19 de octubre de 2012.

[3] 5.94% de la población chechena no es musulmana. Fuente: “Differential Demographics: Russia’s Muslim and Slavic Populations”. PONARS Policy Memo No.388. Twigg, Judyth. Virginia Commonwealth University. Diciembre de 2005.

[4] “The North Caucasus: The challenges of integration (I), ethnicity and conflict”. International Crisis Group. Europe Report N°220, 19 de octubre de 2012

[5] “The North Caucasus: The challenges of integration (I), ethnicity and conflict”. International Crisis Group. Europe Report N°220, 19 de octubre de 2012

[6] Ejemplos: forma de vestirse y ayuno durante Ramadan.

[7] Datos del censo obtenidos a partir de “The North Caucasus: The challenges of integration (I), ethnicity and conflict”. International Crisis Group. Europe Report N°220, 19 de octubre de 2012. Los porcentajes de la población, así como el análisis de los datos corresponden a elaboración propia del autor del presente trabajo.

[8] “Ethnic Relations in Post Soviet Russia: Russians and non Russians in the North Caucasus”. Foxall, Andrew. Octubre de 2014.

[9] “Ethnic Dynamics and Dilemmas of the Russian Republic”. Henze, Paul B. 1991.

[10] Así, se creó la República de Ingushetia.

[11] Realizados en octubre. Dudayev ganó con el 85% de los votos, aunque el proceso fue puesto en duda por diversos sectores, incluyendo a Moscú.

[12] En noviembre de 1991 y, por supuesto, no reconocida por Boris Yeltsin.

[13] El País, España. 16 de febrero de 1994: http://elpais.com/diario/1994/02/16/internacional/761353206_850215.html

[14] La postura rusa fue bastante poco clara durante el período 1991-1994, ya que junto con el bloqueo y el apoyo a los opositores de Dudayev, estableció negociaciones con ciertos líderes importantes de Chechenia.

[15] “The North Caucasus: The challenges of integration (I), ethnicity and conflict”. International Crisis Group. Europe Report N°220, 19 de octubre de 2012.

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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Fecha 10/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Islam ya se instaló en la superficie de la mesa cotidiana de diálogo y, al menos hoy, es imposible no darle la importancia que merece. En los nuevos tiempos, aquella religión está lejos de tener influencia en lo estrictamente religioso y, de hecho, sus raíces han crecido y se han establecido en el ámbito político.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de enero, 2014

mohammed-morsiEsto último no es novedad, pues el proceso comenzó hace décadas. Hace 86 años atrás se fundó la Hermandad Musulmana –en Egipto y en medio de los efectos colonizadores de las grandes potencias en la mayoría del mundo árabe-musulmán- y, desde entonces, el “Islam político” fue ganando cada vez más fuerza.

Entrar en detalles históricos no viene el caso –para eso se necesitaría escribir una enciclopedia de varios tomos-, pero lo que sí es apropiado es intentar comprender lo que está sucediendo con los islamistas, entendiéndolos como actores de la política y dejando a un lado lo netamente religioso.

Marcados por el hecho de pasar más tiempo en la lista de los partidos u organizaciones ilegales, la Hermandad Musulmana egipcia logró llegar al poder en 2012, pero unos meses más tarde recibió un duro golpe. Claro, pues el actual gobierno militar de Egipto –que en 2013 realizó un golpe de estado- los declaró como un grupo terrorista. Aquello no debiese sorprender, ya que bajo la era de Hosni Mubarak tuvieron duros reveses y siempre estuvieron apabullados por el gobierno dictatorial. Además, sus medidas, una vez al mando del país, dejaron mucho que desear y demostraron que lo que menos les importaba era la estabilidad del país y las libertades (entre ellas, la religiosa) de su población.

Obviamente, la Hermandad Musulmana no es la panacea y aunque muchos partidos políticos islamistas están ligados, de una u otra forma, a esta organización, hay otros que están fuera de esa órbita. Nuevamente, no viene al caso una explicación sobre los tipos de islamismo político, pero lo importante es ver qué está pasando con los islamistas que lograron llegar al poder o que al menos han participado en elecciones.

En la actualidad, su auge está en caída y eso no es noticia, pues es algo que viene aconteciendo en los últimos meses. En Marruecos, el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo un gran triunfo y eso le permitió acceder al gobierno, el cual tiene como principal figura al primer ministro. Lamentablemente, para los islamistas de la lámpara (aparece en su logo), su líder, Abdelilah Benkirane, ha tenido que enfrentar no sólo el descontento de la gente, sino que también el de otros partidos políticos y el del mismo rey Mohammed VI. Tanto así, que Benkirane tuvo que formar un nuevo gobierno.

En Argelia, los islamistas no fueron capaces de quedar en los dos primeros lugares de las legislativas realizadas en 2013, mientras que en Túnez llegaron al poder, pero sus erráticas medidas les significó tener grandes rivales. Hoy, la sociedad tunecina está fuertemente dividida por el tema religioso y una buena parte de ella acusa al actual –que acaba de caer- y anterior gobierno de estar detrás del descalabro, el mismo que, entre otras cosas, se ha visto representado por el auge de los islamistas más radicales y por la aparición de asesinatos políticos (supuestamente en manos de los fundamentalistas). Que en la nueva Constitución –la cual recién se está elaborando- se haya dejado a un lado la sharia como fuente principal del Derecho es una gran derrota para los islamistas más conservadores y radicales.

En Libia, bueno, el caos es total y es difícil establecer juicios o conclusiones en tan poco espacio. Sin embargo, no se puede desconocer que la progresiva y escondida islamización de ciertos miembros del Congreso Nacional General –el cual tiene el poder en forma transitoria- ha tenido un fuerte rechazo en diversos grupos de la población y la política libia. Por lo mismo, no ha tenido un camino llano hacia el establecimiento de sus pretensiones, algo que también se explica por la actual coyuntura social del país.

Por último, el caso de Mauritania es más auspicioso (para los islamistas), aunque en un contexto muy sui generis. En las recientes elecciones legislativas y municipales, Tawassoul –partido islamista que compitió por primera vez en los comicios y que es parte de la oposición- se consolidó como una interesante fuerza, pero sin pasar de los 16 asientos en la Asamblea Nacional (de un total de 146).

Hecha esta breve (quizás demasiado corta) explicación, es necesario revisar los puntos por los cuales los islamistas han caído en desgracia. Al respecto, todo se puede aglutinar en tres conceptos, que son conservadurismo, agresión pasiva y violación de las libertades personales.

Cada grupo o partido lo hará en distinta forma, pero, finalmente, todos apuntan a lo mismo, es decir, la imposición de una corriente religiosa (ellos parten de la base que todos son musulmanes). Esto último, a su vez, tiene como grandes representantes a hechos ya conocidos. Por ejemplo, establecimiento de la sharia, sumisión de la mujer, manejo de los programas de televisión y de los manuales de Educación en los colegios, satanización de ciertas conductas y vestimentas, etcétera. Nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, los islamistas moderados deberían ser la base para todos estos grupos y partidos, pero, lamentablemente, la mayoría de ellos apuesta por seguir otros modelos. Entre ellos, el de la Hermandad Musulmana. Y, como se ha visto, aquello sólo asegura problemas y división social.

Por eso, es momento que los islamistas comprendan que lo único que les puede ayudar a seguir en el poder (o llegar a éste en ciertos casos) es asumir que deben gobernar bajo un sistema de alianzas y que, para ellos, tendrán que ceder ante los grupos más liberales de la sociedad. El pragmatismo, entre otros factores, fue lo que les permitió gobernar, pero la ausencia de este concepto en sus gobiernos ha sido, justamente, lo que les provocó la gran crisis.

Resumiendo, la opción pasa por volver a lo pragmático o, cosa poco probable, apostar a un cambio radical de sus bases y entender que la renovación es algo necesario para todos los actores políticos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Marruecos y la bienvenida al Ramadán

Fecha 12/08/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Desde la salida del sol de hoy, los musulmanes marroquíes han iniciado el ayuno correspondiente al mes sagrado del Islam.  Es así que por las calles de Tánger se pueden apreciar cambios, ya que durante el día se cierran algunos locales comerciales, mientras que la gente también modifica sus actividades.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de agosto, 2010
Desde Tánger, Marruecos 

comida-ramadanQuizás lo más duro sea el hecho que el Ramadán de 2010 tendrá lugar en pleno verano, lo cual hace que para la gente sea muy difícil aguantar el ayuno en medio de temperaturas que fácilmente pueden superar los 40 grados.

A modo de demostración, ayer hubo 39ºC en Tánger, 44º en Marrakesh, 41º en Rabat, 37º en Casablanca y 40º en Fez.  Es por eso que este año las condiciones climáticas harán bastante cuesta arriba la celebración del Ramadán.

Sin embargo, la población musulmana de Marruecos (cercana al 99% del total, según datos oficiales, pero porcentaje menor de acuerdo a lo visto en terreno) no encuentra excusas y cumple con uno de los cinco pilares fundamentales del Islam, que es el ayuno durante Ramadán.

Es así que mujeres y hombres, de diversas edades, dejarán de tomar líquido y comer, pero tampoco tendrán sexo, ni fumarán durante las cerca de 13 horas que separan la salida de la puesta del sol.

Las únicas excepciones son personas con características especiales.  Por ejemplo, las embarazadas, los ancianos, los enfermos, mujeres que estén en el período menstrual y las niñas y los niños.  En algunos países musulmanes se permite que ciertos trabajadores puedan tomar agua, debido a que realizan labores a pleno sol.

Si bien el Ramadán se inicia con el primer ayuno, se puede apreciar un ambiente especial en los días previos.  Los mercados se llenan con más personas de lo normal y los precios de ciertos productos aumentan bastante.  La gente se toma muy en serio este mes y lo comentan con los extranjeros que se acercan a preguntarle sobre el Ramadán.

Luego, en la primera jornada de ayuno, se ve menos gente caminando por las calles, muchos negocios cierran o abren más tarde –especialmente aquellos como cafés y restaurants- y el ritmo de la ciudad se va acelerando en la medida que se acerca el momento de la puesta del sol.

Una vez que se va la luz solar, comienza una nueva etapa, en la cual las familias se reúnen (muchas veces invitando amigos y cercanos), para así preparar una abundante comida.  En torno a los alimentos -de los cuales destacan la harira (una exquisita sopa), los dátiles, la leche y pasteles- se genera una instancia de conversación y generosidad.  Las personas se acercan y comparten mucho, celebrando y agradeciendo a la vida.

Y así, luego de eso, la sociedad marroquí retoma las actividades cotidianas, pudiendo tomar líquido, fumar, tener sexo o comer lo que quieran.  En la parte final de la jornada nocturna, mucha gente decide salir a pasear por las calles, ir a tomar un helado o ir a una plaza de juegos.

La vida se prolonga hasta más tarde de lo común, hasta que al dormirse se prepara un nuevo día de ayuno.  Y así, durante todo el Ramadán, que finalizará el próximo 10 de septiembre.  Siempre con un gran sentido espiritual y recordando que este mes sagrado es mucho más que el ayuno.

Se trata de purificar el cuerpo, de compartir con los demás, de ponerse en el lugar de aquellos que diariamente luchan para poder comer o tomar y, finalmente, de acercarse más a sus convicciones y creencias religiosas.

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy

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Elecciones presidenciales en Irán, ¿una bomba de tiempo?

Fecha 20/06/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Apenas conocidos los primeros resultados de la primera vuelta electoral, la inquietud se apoderó de la esfera política y social iraní. Claro, porque el actual presidente, el conservador Mahmoud Ahmadinejad, obtenía un aplastante triunfo sobre su principal rival, el «reformista» Mir Hossein Moussavi. En paralelo, diversos gobiernos daban cuenta de su postura ante los hechos y comenzaba el debate acerca de si realmente hubo un fraude electoral.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 20 de junio, 2009

Murad Sezer/Reuters

Murad Sezer/Reuters

Ha pasado más de una semana y las protestas en las calles no sólo se mantienen, sino que adquieren cada vez más fuerza, al igual que la represión de las mismas por parte de las fuerzas policiales.  Este dato no deja de ser algo accidental o meramente anecdótico y es una importante demostración del descontento existente en las calles de Teherán.  De hecho, tras la revolución del Shá, en 1978, no se tenían recuerdos de manifestaciones tan potentes, inagotables y violentas como las que se están realizando en estos momentos.

Es así que lo acontecido el fin de semana pasado, en las elecciones presidenciales, deja espacio a muchas dudas.

Primero, porque se suponía que la disputa entre Ahmadinejad y Moussavi sería muy reñida y con un pequeño margen de diferencia.  Tanto así, que se especulaba con una posible segunda vuelta electoral.  Sin embargo, aquello no aconteció, pues según las cifras oficiales, el actual mandatario iraní obtuvo cerca del 63% de los votos, en tanto que su contendiente apenas sumó un 34% de las preferencias.  Estos números, ciertamente, dan cabida a una serie de cavilaciones y reflexiones.

En un primer momento, se pudo pensar que se trataría de la espontánea respuesta de los electores que debían resignarse ante una clara derrota, pero que en vez de hacerlo, recurrían a la violencia.  Se trata de un razonamiento bastante lógico, pero tras este pensamiento se esconde un motivo de peso.  En países como Irán, donde existe represión, la gente no realiza maniobras tan arriesgadas, a menos que sea algo que sobrepase los límites de la paciencia o que tenga relación con aspectos elementales como los derechos humanos, las precarias condiciones de vida, las injusticias sociales, la falta de modernización y la imposición de paradigmas que no todos comparten, entre otros.  Y no es que el gobierno iraní padezca todos estos males, pero sí presenta varios síntomas relativos a este tipo de “malas administraciones”.

El asunto es que la violenta respuesta del pueblo de Irán ha sido el espejo perfecto para externalizar una serie de situaciones que mantienen con inseguridad y disconformidad a la sociedad iraní.  Y este punto va más allá de los problemas económicos a los cuales ha tenido que hacer frente Mahmoud Ahmadinejad (como la inflación, por dar un ejemplo) o de la eterna lucha del actual presidente iraní por llegar hasta el final con su plan de energía nuclear.

No queda duda que el estilo conservador y la rebeldía ante Occidente, algo propuesto por Ahmadinejad,  le ha servido para generar muchos simpatizantes, pero, al mismo tiempo, ha captado firmes detractores.  Dentro de este último grupo se encuentran muchas mujeres, cansadas de las estrictas leyes islámicas, pero también trabajadores que no ven una justa repartición de los ingresos obtenidos por los recursos naturales (especialmente gas y petróleo).  A ellos se suman estudiantes universitarios, que parecen agotados de una sociedad y una política conservadora.  Y, finalmente, desde el exilio, los miles de iraníes diseminados por el mundo.  Desde Francia, Estados Unidos e Inglaterra, por dar tres ejemplos, llegaron las voces de alerta y reclamo ante los últimos comicios presidenciales.

Por eso, lo que está ocurriendo en las calles de Teherán debiese ser un llamado de atención para el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, quien debiese asumir que la situación es muy delicada y que en cualquier momento se le puede complicar aún más.  Sí, porque las dudosas elecciones no sólo han sido impugnadas por el pueblo iraní, sino que también por importantes sectores o destacadas personalidades de Irán.  Personajes como Shirin Ebadi –ganadora del Premio Nobel de la Paz-, algunos líderes religiosos menores y diversos activistas y políticos han demostrado la preocupación por lo que está aconteciendo.  Incluso, se ha dicho (aunque no hay confirmación oficial) que Ali Larijani, presidente del Parlamento iraní, habría criticado y responsabilizado al primer ministro de Irán por la ola de protestas y violencia.

En paralelo, gobiernos de distintos países han llamado a la calma, mientras que otros, como Canadá y Francia, han ido más allá y han considerado como funesto y lamentable el accionar de Mahmoud Ahmadinejad y del líder espiritual, Ali Khamenei.  Por contrapartida, China ha entregado un firme respaldo al ganador de las elecciones, cosa que también han realizado gobiernos de otros estados, como Venezuela y Cuba.  Estados Unidos sólo se ha remitido a decir que “el mundo está viendo todo”, mientras que el Reino Unido e Israel han declarado que no se referirán mucho respecto a esta situación.

Y quizás en algo realmente importante, el Consejo de Guardianes declaró que podrían llevar a cabo un recuento aleatorio del 10% de los votos válidamente emitidos el fin de semana pasado.  Esto último permite inferir que la posibilidad de un fraude electoral no es tan lejana, pues este organismo es uno de los de mayor influencia en la política iraní.  Constituido por seis líderes religiosos e igual cantidad de juristas, uno de sus deberes es velar por el correcto funcionamiento de los procesos electorales y el hecho que asumir una revisión de los escrutinios está admitiendo, aunque sea en forma indirecta, que las sospechas no son un mero capricho.  Alguien podrá decir que se trata de un tongo, ya que el Consejo de Guardianes es presidido por el ayatollah Ahmadjanati, que apoya al actual mandatario iraní, pero de todas formas es un antecedente al cual habrá que poner atención.

Mientras, las detenciones de opositores al régimen de Ahmadinejad siguen aumentando, al igual que el control mediático, lo que ha significado, por ejemplo, que se hayan censurado páginas web que entregaban informaciones diferentes a las de los medios oficiales.  Lo mismo ha ocurrido con los periodistas extranjeros, a quienes se les ha dicho que deben abandonar el país y no se les permite cubrir el devenir de las protestas.  Esto último tiene como objetivo “tapar” la cruda realidad, que es la dura represión con la cual las fuerzas policiales están sofocando las manifestaciones públicas, que siguen pidiendo la anulación de los comicios.

Según cifras oficiales, ya han muerto cerca de 20 personas, pero se estima que el total de víctimas sería cercano a 150.  Nada de extrañar, si se toma en cuenta el mensaje entregado por Ali Khamenei, líder espiritual de Irán y que está por sobre el poder político de la nación, quien declaró que “en caso de sangre derramada, ustedes (los opositores) serán los responsables”.  Aquella frase, expresada el jueves pasado, no deja de ser alarmante, pues da pie a una libre actuación de los Guardianes de la Revolución y de las milicias Basijs, los principales cuerpos de fuerzas leales al guía espiritual y al presidente del país.

Bajo este contexto, cabe preguntarse qué irá a pasar con este proceso, que cada vez se hace más intenso, violento y preocupante.  Aún más, si se toma en cuenta el hecho que Mir Hossein Moussavi afirmó que seguirá hasta el final y que está dispuesto a todo con tal de ganar esta lucha.  Da la impresión que ninguna de las partes involucradas en el conflicto entregará su brazo a torcer y eso es, justamente, lo peligroso de este asunto.

Ha llegado el momento en el cual Mahmoud Ahmadinejad y Ali Khamenei acepten que su discurso nacionalista, anti-occidental y pro-islamista les dio ciertos frutos, pero que ya no se puede seguir manteniendo.  La sociedad iraní ha dicho que no quiere esto, que busca nuevos cambios y paradigmas más acorde a la realidad del Irán de hoy.  Es cierto, sigue siendo una teocracia, pero quizás ya no todos lo desean.  Así como en 1979 se optó por eliminar el camino pro-occidental, quizás hoy el espíritu sea otro.  Sin embargo, así no lo entienden Ahmadinejad y Khamenei, que seguirán defendiendo a ultranza su “revolución.  Sí, porque en definitiva se trata de eso, implantar un nuevo momento histórico en la vida de Irán.

Claro que no será fácil, pues tendrán en Moussavi a un duro contrincante, que también intenta establecer un cambio, quizás no tan radical, pero donde sí se busca una mayor apertura hacia Estados Unidos y la Unión Europea.

Esa es la lucha de Irán.  Ya no tiene que ver con su plan nuclear, ni de las relaciones con Israel o con el colonialismo occidental.

La primera piedra ha sido arrojada.  La segunda, también.

¿Cuántas más vendrán?

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Fotografía: Murad Sezer / Reuters

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Tensión entre Irán y el Reino Unido, un «problemita» demasiado problemático

Fecha 10/05/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Las relaciones entre Irán y las principales potencias occidentales están en un punto muerto. El pasado viernes 23 de marzo, las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria detuvieron a 15 marinos británicos, acusándolos de haber ingresado en forma ilegal a las aguas jurisdiccionales iraníes. ¿Qué se puede esperar en el corto plazo? ¿acaso este nuevo problema es una fase más del lógico proceder de ambos países?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de mayo, 2007

bandera-reino-unido-quemadaTras la captura y apresamiento de los 15 militares -catorce hombres y una mujer- el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán declaró que los detenidos estaban en buenas condiciones y que sus familiares, así como el gobierno británico podrían estar tranquilos al respecto.

La primera reacción por parte del Reino Unido fue exigir la inmediata liberación de sus militares, rechazando el accionar del gobierno iraní y catalogándolo como algo arbitrario e injusto. Según Tony Blair, Primer Ministro del Reino Unido, la embarcación británica cumplía con una inspección de rutina, avalada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), dentro de la zona marítima iraquí y jamás habrían sobrepasado la frontera, invadiendo territorio iraní.

Por contrapartida, Irán respondió con un reclamo formal ante la encargada de negocios del Reino Unido en Teherán. Además, la nación persa argumentó que los marinos habrían penetrado en forma ilegal al interior de la zona en cuestión y que, por lo mismo, los han apresado para someterlos a interrogatorios, en los cuales los acusados habrían reconocido y aceptado las acusaciones formuladas por el gobierno de Irán.

Curiosamente, al día siguiente Mahmoud Ahmadinejad, Presidente de la República Islámica de Irán, suspendió su viaje a Estados Unidos, ausentándose de la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, que realizaría una votación acerca de posibles nuevas sanciones al estado asiático, debido al incumplimiento de las obligaciones impuestas por la misma organización respecto al tema del enriquecimiento de Uranio.

Durante el fin de semana, hubo «fuego cruzado» de palabras, pero ninguna de ambas partes retrocedió en sus posturas, lo cual dejó a la deriva y sin solución al actual foco de enfrentamiento entre las dos naciones.

El lunes la situación cambió, aunque se agravó luego que el principal responsable de los asuntos navales de Irak, el General Hakim Yesam, declarara que los marinos británicos habían sido, efectivamente, detenidos fuera del territorio marítimo iraquí. Aún más, Yesam dijo que los militares europeos habían detenido a un barco mercantil en aguas iraníes, para luego abordarlo y, en consecuencia, provocando la intervención de las fuerzas navales de Irán.

El principal problema de este asunto es que este choque se produce en medio de la tensión existente entre Irán y el Reino Unido, Estados Unidos y otros integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, a propósito del programa nuclear iraní y su negativa para detenerlo. De hecho, el sábado pasado el organismo dependiente de la ONU confirmó el establecimiento de nuevas sanciones económicas y comerciales a Irán, ante lo cual la el estado islámico reaccionó diciendo que a partir de ahora suspendería su colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

Cabe preguntarse, entonces, qué irá a suceder en el corto plazo, ya que al problema de la crisis nuclear se suman el tema de los marinos británicos y el rechazo ruso hacia las restricciones impuestas a Irán por parte del Consejo de Seguridad. Además, a pesar que la ulterior resolución de este último organismo contó con la aprobación de todos sus miembros, es sabido que Sudáfrica, Qatar e Indonesia han mostrado ciertas dudas respecto al proceso y sus procedimientos. De hecho, los representantes qataríes e indonesios propusieron un «desarme total en Medio Oriente», lo cual incluía a Israel.

Pero la división más importante se encuentra dentro de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, ya que Rusia y China han sido las principales piedras de tope para las intenciones de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que buscan poner término al enriquecimiento de Uranio de Irán, acusándolo de tener serias intenciones de construir armas nucleares.

A nivel de rumores, se dice que Estados Unidos tendría elaborado un plan de ataque a puntos estratégicos en Irán. Al mismo tiempo, Irán ha señalado que no va a paralizar su programa nuclear, alegando su inocencia y el derecho a realizar actividades destinadas a la producción de nuevos métodos energéticos que puedan ayudar a su desarrollo. Y ante las constantes amenazas de sus rivales, Mahmoud Ahmadinejad se ha encargado de dejar en claro que continuarán hasta el final de las consecuencias y que están preparados para todos, incluso para una agresión física. Es por esto que las declaraciones hechas hoy por Tony Blair sólo sirvieron para aumentar la tensión, luego que dijera que «espero que consigamos que (las autoridades iraníes) se den cuenta de que tienen que liberarlos………si no, pasaremos a una fase diferente».

En definitiva, puede sonar a exageración decir que el problema de los marinos detenidos pueda transformarse en un bomba de tiempo. Sin embargo, no sería la primera vez que las grandes potencias de Occidente esperan por un mínimo detalle o un hecho de poca envergadura para así tener la justificación de un ataque armado. Especialmente cuando se trata de invadir un territorio rico en recursos naturales como gas y petróleo.

Ahora bien, seguramente el gobierno del Reino Unido esperará un tiempo y evitará un choque directo, pero la presión ejercida por Estados Unidos y, en menor medida, por la Unión Europea puede ser un impulso fatal. También es importante destacar que George W. Bush y Tony Blair están viviendo su último mandato y, por lo mismo, quizás no les tiemble la mano a la hora de optar por una nueva partida de ajedrez. Ya no en Afganistán, en Iraq o en Somalía, sino que en Irán.

Y ganas de atacar a la nación islámica no les faltan.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Timbuctú, ni tan lejos…

Fecha 19/03/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Más de alguna vez habrán escuchado expresiones como «más lejos que el Timbuctú» o «ándate al Timbuctú». Dichas frases hacen referencia a la lejanía y al aislamiento de esta mítica ciudad, que en tiempo pasados fue un gran centro religioso y comercial, pero que hoy sólo es el vestigio de grandes tiempos pasados.

Timbuctú es una ciudad fundada en el 1100 por los tuareg, que llegaron a acampar en una zona de pozos, para así obtener algo muy preciado en esta árida región: agua. Ubicada en el centro de Malí, posee una rica cultura e interesante historia, que la transforman en un importante objeto de estudio. El diseño de sus mezquitas le ha otorgado gran fama y es así que está incluida dentro del programa patrimonial de la UNESCO.Desde sus orígenes estuvo controlada por diversos pueblos y reinos y así como los Tuareg (nómadas «camelleros») se establecieron ahí en el 1100, en el siglo XIII serían expulsados y el Imperio Malí convertiría a este pueblo en un gran centro comercial del África noroccidental. A fines de esta centuria, el sultán Mansa Musa construiría la mezquita Djingereyber, que es el símbolo del estilo saheliano, basado en el método del lodo-seco.

La época dorada llegaría bajo la dinastía de los Askia, momento en el cual se estima que el total de habitantes era cercano a 100.000, destacando diversas etnias como los bereberes, árabes, mauritanos y tuaregs.

En 1591 los ejércitos marroquíes se tomarían la ciudad con la intención de obtener grandes ganancias económicas, seducidos por los miles de relatos que se habían escrito acerca de las riquezas del Timbuctú. Sin embargo, no pudieron cumplir con lo deseado y ya por el año 1700 la ocupación morisca fue desapareciendo en forma progresiva.

Posteriormente, los franceses conquistarían la zona -tras derrotar a los tuaregs- e iniciarían un período de colonización que se prolongó desde 1893 hasta 1960.

Cabe consignar que durante siglos estuvo prohibida la entrada de no musulmanes al Timbuctú y, de hecho, este fue uno de los grandes problemas a los cuales debió enfrentarse el Imperio francés.

Finalmente, luego de la independencia de Malí (como país) y la apertura de este estado hacia el mundo, Timbuctú se ha transformado en un lugar de gran relevancia turística. Hoy, su población estable no supera los 20.000 habitantes, pero el gran legado cultural, comercial y arquitectónico se puede apreciar en sus añosas, polvorientas y estrechas calles y, por supuesto, en sus más famosas construcciones: sus mezquitas, la gran muralla y la Universidad Islámica, ubicada en lo que antes fue la Mezquita Sankore.

Entonces, y conociendo un poco de la historia del Timbuctú, es necesario preguntarse qué tan ciertas eran las expresiones que hacían mención a lo inexpugnable y lejano de este gran centro histórico, en pleno corazón del África saheliana.

Por años estuvo entregada al mundo islámico, pero realmente no estaba perdida en medio de la nada. Ciertamente era de difícil acceso, pero tampoco se constituyó como un enclave perdido y es por eso que hoy podemos disfrutar de la leyendas, los mitos e históricos relatos del Timbuctú.

Ni tan lejos, ni tan cerca……simplemente ahí.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Irán e Iraq, dos países con una gran responsabilidad

Fecha 16/01/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A lo largo de su historia, el mundo musulmán ha luchado por un sitial que ellos consideran merecido. Más allá de ser escuchados y entendidos en sus mensajes, se han preocupado por expandir sus ideas y, en los últimos sesenta años, han expresado en forma clara que ellos no vienen a ser los acompañantes de Occidente. Quieren poder. Necesitan ejercer influencias. Auguran tiempos mejores. Sin embargo, ¿por qué han fracasado en este intento?, ¿cómo se explica, a grandes rasgos la débil unión -si es que existe- entre dichos estados?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 16 de enero, 2006

ahmadinejad-talabaniDurante el siglo veinte las naciones islámicas parecieron estar condenadas a un lugar secundario dentro de la política internacional. Si bien hubo ciertos hechos que remecieron el contexto mundial, la gran mayoría de los países musulmanes estuvieron centrados en sus disputas internas y, salvo casos excepcionales, poco peso tuvieron en los conflictos internacionales de gran escala.

Sin embargo, la cuestión palestina, la expansión demográfica del Islam en África, el reformismo islámico en Irán, la llegada de Saddam Hussein al poder en Iraq y el nacimiento de Al Qaeda tendieron a cambiar el clima político de Medio Oriente y, más que eso, establecieron un nuevo mapa dentro del universo islámico y, por supuesto, del mundo.

Lamentablemente, la guerra entre Irán e Iraq confirmó que ambos países representaban –en aquel entonces- dos ejes distintos de poder y, lo más importante, se mostraban ante el mundo occidental como dos estados de población mayoritariamente musulmana, pero con matices que, en vez de aunarlos, los dividían. Mientras el ayatollah Jomeini destacaba por su rigurosidad y devoción religiosa, Hussein aparecía ante el mundo como un seguidor del Islam, pero casi por obligación. Se podría decir que ambos líderes seguían y profesaban la misma religión, mas la manera de sentir dicho credo era distinta. El primero era un fiel devoto, en tanto que el segundo rozaba los límites del laicicismo. De todas formas, tanto Irán como Iraq se establecieron como los máximos referentes del chiísmo y, consecuencialmente, su accionar significó una modificación total y radical dentro del mapa político internacional y, también, al interior del mundo islámico.

Si en 1979 el derrocamiento del shá y los consecuentes paradigmas políticos del gobierno teocrático iraní trajeron consigo un aislamiento de Irán, en 1991 la Guerra del Golfo Pérsico vino a demostrar, por un lado, la peligrosidad y belicosidad del régimen de Hussein y, por otro lado, dio claras luces acerca del interés occidental en los gobiernos de los países petroleros, dentro de los cuales destacaban Irán e Iraq.

Pero más allá de estos hechos, lo realmente importante es darse cuenta de las profundas diferencias existentes entre dos países, que por medio de sus políticas nacionales se convirtieron en íconos y ejes del Islam. Y esta influencia no sólo se limita a lo político, sino que también se arrastra hacia lo religioso y, aún más importante, a lo social. Ahora bien, cuesta entender que dos naciones fronterizas, islámicas y de mayoría chiíta puedan haber llegado a tener tales disimilitudes -las cuales quedaron de manifiesto en la larga guerra sostenida entre ambos durante 1980 y 1988- y, aún más, parece ilógico que tanto Irán como Iraq no hayan realizado mayores gestiones para pulir sus diferencias y buscar un frente común ante, lo que ellos han denominado, la prepotencia, la decadencia y el materialismo occidental. Y es este punto en particular –la división entre ambas naciones- lo que ha impedido que el mundo islámico logre estabilizarse y ordenarse como un bloque uniforme, al menos en lo que a sus posturas frente a Occidente se refiere.

Ya es sabido que intentar descubrir nexos culturales entre los cerca de 1.200 millones de musulmanes es un imposible y, aún más, un absurdo. Sin embargo, sí se puede aspirar a juntarlos en torno a una idea o un concepto común, que tenga directa relación con su postura frente al mundo occidental. Y para lograr esto se hace imperioso contar con países que estén dispuestos a asumir el liderazgo en torno a esta misión.

Entonces, cabe preguntarse quiénes podrían asumir un rol tan importante como es el de reordenar el seno interno de la política internacional islámica. Iraq está inmerso en una guerra civil entre chiítas y sunitas y, al mismo tiempo, presenta el problema de la ocupación de las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos; Irán parece estar más preocupado de continuar con sus planes nucleares que de abrirse al mundo; Arabia Saudita mantiene su apertura hacia Europa y Norteamérica y, en particular, mantiene nexos con empresas occidentales; Turquía pugna por ingresar a la Unión Europea; y, finalmente, Egipto está sumido en lo que es el discutido mandato de Hosni Mubarak y el triunfo de la Fraternidad Musulmana en las últimas elecciones parlamentarias.

 

Resumiendo, se puede apreciar que los países que podrían o, más bien, deberían tomar la batuta en torno a una unión islámica no están en condiciones de hacerlo y, por lo tanto, pensar en un mundo musulmán reorganizado es algo un tanto utópico. Y esto último no es tan ilógico, si se piensa que ni siquiera conflictos como la invasión estadounidense en Iraq o la eterna lucha del pueblo palestino por conformar un estado propio han suscitado el apoyo unánime de todas las naciones islámicas. La situación es aún más incierta si se toman en cuenta conflictos como el que tienen Argelia y Marruecos por el Sahara Occidental o la lucha del pueblo afgano contra los talibanes en Afganistán. Y qué decir de las pugnas internas entre los miembros de la Liga Árabe.

En conclusión, mientras los propios musulmanes no resuelvan sus conflictos, no podrán lograr lo que ha sido uno de sus grandes anhelos, como es aunarse en pos de un objetivo común: la independencia frente al poderío de Occidente. Y gran responsabilidad de este fracaso lo tienen países como Irán e Iraq, que son naciones dominantes y de gran influencia, no sólo por su historia, sino que también por su importancia en el mapa geopolítico y religioso. Ahora, ha llegado el momento en que ambos estados asuman que el siglo veintiuno viene a entregarles el protagonismo que tanto han buscado.

Dependerá de ellos si son capaces de recibir esta oportunidad histórica y tomar las decisiones que les permitan trazar los nuevos límites de la política internacional.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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