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Lecciones de Argelia y Sudán

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Lecciones de Argelia y Sudán

Fecha 11/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy


Con apenas unos días de diferencia, el argelino Abdelaziz Bouteflika y el sudanés Omar al Bashir debieron dejar el poder en sus respectivos países. Algunos dirán que eran presidentes y otros afirmarán que eran autócratas o tipos autoritarios. Sin embargo, es justo decir, en honor a la verdad, que la mano de hierro del sudanés no tiene comparación respecto a lo hecho por su par argelino, pero no se puede esconder que el régimen de Bouteflika excedió los tiempos y terminó por colmar la paciencia de los argelinos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de abril de 2019

Bouteflika estuvo en el poder durante 20 años (1999-2019) y al Bashir lo superó en diez (1989-2019). Fueron gobernantes que, con diferentes estilos y en contextos muy particulares, pasarán a la historia por haber caído gracias a las protestas pacíficas del ciudadano común y a la intervención de las fuerzas armadas. Estas últimas, dejaron de apoyar a ambos y optaron por ponerse al lado de la gente. Claro, dirán que lo hicieron en forma estratégica, para así no perder sus regalías, es decir, buscarán un modelo democrático (o que al menos se acerque más a la democracia), pero sin perder su influencia y poder. La gran pregunta, en caso que esto sea así, es si los argelinos y sudaneses estarán dispuestos a eso. El pueblo está cansado y ya perdió el miedo.

Si bien años atrás cayeron Ben Alí (Túnez), Hosni Mubarak (Egipto); Ali Abdullah Saleh (Yemen) y Muammar al Gaddafi (Libia), lo ocurrido en Argelia y Sudán es muy simbólico. Básicamente, porque el proceso de caída de Bouteflika y al Bashir –especialmente en el caso del primero- fue menos sangriento. Mientras en Argelia no hubo muertos, en Sudán sí lo hubo (11 o 14, según distintas fuentes), pero al menos se evitó un choque frontal entre diversos grupos (civiles y estatales).

Sin embargo, ahora vendrá lo más difícil y, en este sentido, hay que tener mucha habilidad política. Hoy, las transiciones de ambos países están lideradas por los jerarcas militares, los mismos que fueron parte de los gabinetes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir. Por ende, es natural que aparezcan dudas sobre hacia dónde irá el buque. En el caso argelino, ya se estableció que el 4 de julio habrá elecciones presidenciales y en ella no podrá participar el actual presidente interino (un cercano a Bouteflika). A su vez, la situación sudanesa es más incierta, pues recién ahora cayó el régimen de al Bashira. Por ahora, solo se sabe que habrá una transición de dos años (a cargo de los militares) y que, además, la Constitución será disueta. Junto a esto, habrá liberación de presos políticos, estado de emergencia por tres meses y toque de queda por un mes.

Al analizar lo que ocurre en Argelia y Sudán, se puede ver con claridad que la gente o, si se prefiere, el pueblo rechaza cualquier continuidad de los regímenes que acaban de caer. Esto es sumamente comprensible, pero, al mismo tiempo, muy peligroso. Es una espada de doble filo, pues ese ímpetu democrático puede ser el motor de una transición exitosa, pero también corre el riesgo de convertirse en una piedra de tope. Es muy complicado pensar en transar o ceder luego de dos o tres décadas dominado por dictadores (Al Bashir) u autócratas (Bouteflika), pero es necesario para que el paso desde una dictadura (o régimen autoritario) hacia una democracia sea lo más pacífico posible y, por ende, tenga un excelente resultado. Hemos visto lo ocurrido en Libia y esto debe ser puesto como ejemplo de cuán mal se pueden hacer las cosas. Al mismo tiempo, se puede examinar la transición chilena como un modelo interesante. No por cuestiones económicas –ya sabemos que fue la base de un sistema que tiene ahogado a la mayoría de los chilenos-, pero sí por la habilidad de haber salido de una larga dictadura, haber pasado con éxito los primeros años de frágil institucionalidad democrática y, finalmente, haber sido capaz de establecer una democracia como tal. Claro que se pueden mejorar aspectos, pero no se puede dudar que las dificultades propias del proceso fueron abordadas de buena forma.

Ahora, Areglia y Sudán deberán enfrentar la parte más compleja, que es dejar los festejos y empezar a trabajar para que todo lo acontecido genere cambios reales y no termine siendo, como en el caso de Egipto, una movida propia del Gatopardo. En este sentido, será un gran desafío para los argelinos y sudaneses, pero también para los países vecinos. En caso de necesitarse mediaciones, será fundamental que los mediadores sean estados del Magreb y del Cuerno de África, que son los espacios geopolíticos donde se desenvuelven Argelia y Sudán, respectivamente. Y si esto no fuese posible, entonces la Unión Africana debiese ser el organismo encargado de apoyar estos procesos. La injerencia extranjera, es decir, la participación de las grandes potencias (Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia) y aquellas de tipo emergente (Turquía, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán), debería ser evitada, para así no cometer los mismos errores del pasado, lo cual se ha visto –con historias, contextos y actores muy diferentes- en Siria, Afganistán, Irak, Libia y Malí. No se debe olvidar que los intereses geopolíticos son muy poderosos y que los estados más fuertes pueden asumir cambios en los liderazgos internos, pero que nunca estarán dispuestos a perder o poner en riesgos sus intereses (económicos, políticos, militares, etc.).

Por último, lo acontecido en Argelia y Sudán puede significar que lleguen nuevos aires en los procesos de integración del Magreb y del Cuerno de África, respectivamente. Mientras Argelia se ha visto involucrada en el conflicto del Sahara –apoyando al Polisario y, de esta forma, manteniendo con vida a un choque generado por el colonialismo y la Guerra Fría-, Sudán ha sido un factor de división en el siempre denso y complejo tejido diplomático del Cuerno de África. Es así que un gobierno argelino dispuesto a dialogar con Marruecos y establecer una política de dos velocidades (una dedicada al asunto del Sahara y otra que promueve la integración regional) aportaría mucho para el sueño de integración magrebí. En paralelo, los cambios generados por los nuevos tiempos de Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía, han generado expectación en el Cuerno de África, especialmente porque, al menos en el nivel diplomático, se ha avanzado en el camino de la solución de conflictos. Por ejemplo, la normalización de los nexos entre Etiopía y Eritrea y los avances (pequeños, medianos o grandes) en disputas como aquellas entre Egipto, Sudán y Etiopía (represa en el Nilo), Kenya y Somalia (límites marítimos), Djibouti y Eritrea (conflicto fronterizo) y Somalía y Somaliland (este último, una autoproclamada república cuyo territorio es parte de Somalía).

Además de esto, existen diversos proyectos de integración en infraestructura, lo cual tiene que ir acompañado de una base sólida de entendimiento entre los países de la región. Es así que en el Magreb se está avanzando en el proyecto de un tren magrebí –por ahora incluiría a Marruecos, Argelia y Túnez- y hace tiempo que se está llevando a cabo la carretera transahariana, mientras que, en el Cuerno de África, hace poco fue inaugurada la línea de ferrocarril que une a Etiopía con Djibouti, pero existen otras iniciativas ferroviarias como las líneas Etiopía-Eritrea, Etiopía-Kenya y Kenya-Sudán del Sur. Por si fuese poco, estos proyectos ferroviarios involucran a Rwanda, República Democrática del Congo, Tanzania, Burundi y Uganda, lo cual generaría una gran conectividad terrestre en África Oriental. ¿Algo más? Claro, porque existe el deseo de construir el “Corredor Lamu” –que incluiría, entre otras cosas, carreteras, puertos, líneas de tren y un oleoducto-, el cual uniría a Kenya, Sudán del Sur, Etiopía y Uganda.

En resumen, el fin de los regímenes de Abdelaziz Bouteflika y Omar al Bashir dejan una serie de lecciones y desafíos. Dentro de las primeras, la importancia de realizar manifestaciones pacíficas (y persistentes), la necesidad de actuar en forma rápida cuando una situación amenaza con transformarse en un choque violento, aprender a escuchar a la gente, comprender que los tiempos actuales necesitan soluciones democráticas y no dictatoriales y asumir que ningún tipo de gobierno puede mantenerse en el tiempo si no toma medidas que favorezcan a la mayoría y no a las élites. Entre los segundos, cómo construir nuevas institucionalidades democráticas, entender que las democracias africanas o asiáticas no tienen por qué ser iguales a las de “Occidente”, implicar a todos los segmentos políticos y étnicos en los procesos de democratización y fomentar la creación de un nuevo sistema interno que permita establecer, en el largo plazo, buenas relaciones con los vecinos. Todo lo anterior, comprendiendo que se vive en un mundo globalizado y en el cual los estados (o estados-nación) van perdiendo fuerza ( y a veces soberanía) respecto de los bloques de integración (regional, continental o mundial).

En este contexto, es de esperar que los procesos de Argelia y Sudán terminen bien. Aquello sería un bálsamo en zonas que, en las últimas décadas, han vivido procesos complejos y, normalmente, acompañados de violencia, fragmentación e inestabilidad. Mientras África no solucione sus problemas, la dependencia de los capitales extranjeros seguirá siendo una realidad y, entonces, la utilización de sus recursos naturales (y las riquezas generadas por éstos) permanecerá bajo la voluntad de las potencias o, si se prefiere, de las grandes empresas que los exploran y explotan.

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El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

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El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

Fecha 3/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El martes 3 de abril, el Consejo Constitucional de Argelia anunció que el mandatario argelino –quien estuvo en el poder durante 20 años- hizo efectiva su renuncia y, por ende, se declaró al cargo vacante. Ahora, Abdelkader Bensalah, presidente del Consejo de la Nación –cargo que ocupa hace 17 años-, debería ser el encargado de asumir la presidencia interina de Argelia. En teoría, debería organizar elecciones en tres meses más y sin que pueda presentarse como candidato presidencial. Más allá de esto, lo concreto es que se consolidó la salida de Abdelaziz Bouteflika, pero, al mismo tiempo, comienza lo más difícil. ¿Habrá un cambio total?, ¿Bouteflika y sus aliados gobernarán desde las sombras?, ¿hacia dónde irá Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de abril de 2019

Tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en 2013, Abdelaziz Bouteflika prácticamente no apareció más en público y, cuando lo hizo, quedó la impresión que las secuelas físicas le impedirían gobernar. Sin embargo, Bouteflika –héroe de la independencia argelina y líder de la transición que puso fin a la década sangrienta de los años 90- permaneció en el poder por casi seis años más. Demasiado tiempo y eso, inevitablemente, le pasó la cuenta. No solo por su delicado estado de salud, sino que, lo principal, por sus evidentes problemas para tomar las riendas de Argelia. Esto significó que se profundizaran ciertos problemas –como la precariedad laboral, la excesiva dependencia de la economía argelina del petróleo, necesidad de reformas institucionales, democratización del sistema político, demandas étnicas y las relaciones exteriores, entre otros-, generando la sensación que el estancamiento argelino no tendría solución.

De esta forma, la gente se aburrió y salió a las calles. Fueron al menos seis semanas seguidas en las cuales se organizaron pacíficas y ordenadas protestas en Argel, pero también en otras ciudades del país. A pesar de ser un movimiento amorfo –sin líderes claros, ni tampoco peticiones consolidadas, salvo pedir la partida de Bouteflika y sus cercanos-, su unidad y persistencia le permitieron conseguir el objetivo. Tanto así, que se puso término a la era de Abdelaziz Bouteflika como presidente de Argelia.

Aunque la alegría es evidente, no se le debe dar demasiado espacio, pues de inmediato aparecen las dudas. La primera, quizás la más relevante, es quién liderará durante el proceso de transición. Esto último, pues muchos argelinos ya han anunciado que no quieren a los integrantes del círculo íntimo de Bouteflika –su hermano Said, Ahmed Ouyahia, Abdelmalek Sellal, Bachir Tartag y el general Gaid Salah, entre otros-, es decir, quieren un nuevo marco político en el cual los viejos estandartes ligados a la era Bouteflika queden fuera.

Luego, cabe preguntarse qué pasará con el movimiento, social y espontáneo, que emergió y generó la caída de Bouteflika. Al no tener una cabeza, ni tampoco dos, tres o cuatro, el escenario parece difuso. Recuerda, en cierta medida, al movimiento 20 de Febrero marroquí, el cual comenzó con mucha fuerza, pero después, cuando había que mostrar organización clara y propuestas bien definidas, desapareció. Básicamente, porque no tenía cohesión. Ciertamente, son dos países con sus propias realidades y en contextos diferentes, pero la comparación es necesaria para recordar que la oposición debe ser capaz de aglutinarse en torno a un objetivo común (lo cual lo consiguieron), pero también necesitan tener la capacidad de transformarse en un grupo político. En caso contrario, la transición quedará en las manos de los políticos, los mismos que generan tanta desconfianza.

Otra duda razonable tiene que ver con la institucionalidad democrática de Argelia. En este sentido, lo primero es ver si realmente terminará la “era Bouteflika” o si detrás de los muros gobernarán los mismos de siempre. Ya lo dijo el propio Abdelaziz Bouteflika, quien, al anunciar que dejaría el poder, aseguró que estaría atento al proceso de transición. En pocas palabras, él (o sus cercanos) vigilarán de cerca todo lo que ocurra. Y esto tiene dos lecturas. La positiva, que le interesa que el país evite el caos y asuma que debe haber un nuevo modelo político-social. La negativa, que desconfían de una democracia plena, ya sea por el temor a un eventual auge de los islamistas, su intención de no soltar el poder, la incapacidad de los nuevos líderes, la lucha antiterrorista, los ánimos revanchistas o la fuerza de las demandas separatistas o étnicas, entre otros. Además de lo anterior, Argelia tendrá el gran desafío de levantar un marco institucional nuevo y ajustado a los tiempos actuales. Y esto es aún más complejo cuando la institucionalidad ha estado marcada por el sello de un gobierno que ha dominado durante 20 años.  Liberarse de muchas ataduras y costumbres no será fácil y eso requerirá de mucha sapiencia y manejo político. En este contexto, será relevante conocer cuáles son las principales carencias –por más evidentes que parezcan algunas, como una mayor democratización- y cuáles son las percepciones de los argelinos. Establecer una buena sintonía entre gobernar y escuchar a la gente es una gran tarea y esto debiese marcar a la agenda política argelina. Relacionado con lo anterior, aparece la pregunta sobre el rol que cumplirán las fuerzas armadas argelinas en todo este proceso. Según lo visto en las últimas semanas, las demandas de la población generaron buena sintonía entre los militares, quienes, al mismo tiempo, parecen no querer intervenir demasiado y buscan un proceso que no los convierta en protagonistas, pero solo en la medida que sus deseos y la institucionalidad básica del país no se vean afectados.

Uno de los temas más potentes son las eventuales propuestas de políticas para el desarrollo interno y respecto de las relaciones internacionales. Dentro de las primeras, aparecen casos emblemáticos como una mayor diversificación de la economía argelina, el destino de las exportaciones petroleras, la lucha contra el desempleo de los jóvenes, la situación en Kabilia, la discriminación a los bereberes, los choques étnicos en el sur, el fenómeno migratorio y la lucha contra el terrorismo y el tráfico de personas. En cuanto a las segundas, por ejemplo, ¿qué pasará con el conflicto del Sahara y, por ende, con el apoyo al Polisario?, ¿se le dará un mayor espacio a la integración magrebí?, ¿qué pasará con África Subsahariana?, ¿cambiarán los vínculos con Europa?, ¿se mantendrá la alianza con Rusia?, ¿se buscará una mayor relevancia en los asuntos africanos?

Todo esto se podría resumir que lo que está ocurriendo es una verdadera Caja de Pandora y, por ende, todo debe ser realizado con mucha prudencia y estrategia. Además, será necesaria una gran capacidad de equilibro entre la necesidad imperiosa de grandes cambios, pero que, al mismo tiempo, vayan acompañados de políticas de mediano y largo plazo. Las transiciones políticas no son fáciles y en muchos casos suelen fracasar o tomar más tiempo de lo deseado. El problema es que en ocasiones esto trae consigo un contexto de confusión y caos –a veces con muertes y fracturas o fisuras sociales difíciles de solucionar-, asi que será importante que quienes lideren el nuevo proceso político-social de Argelia comprendan la realidad argelina, pero que también estudien los ejemplos de transiciones exitosas.

En este punto, la sociedad civil deberá asumir que no todas sus propuestas podrán ser puestas en marcha y, entonces, tendrán que comprender que ceder no será sinónimo de aflojar, sino que de ayudar a mantener el equilibrio. Si se empieza a pedir una limpieza total, aquello puede ser peligroso y poco realista. La sugerencia es que los representantes de la era Bouteflika consoliden su retirada y dejen a emisarios más jóvenes (y mejor evaluados por la población) en la mesa de negociaciones con los nuevos liderazgos sociales y políticos del país. Y estos dos últimos también deberán buscar lo mejor de sí, es decir, líderes reflexivos, capaces de transar y con reales intenciones de construir un mejor país. Por último, los militares deberán mostrar un comportamiento prudente, es decir, lo más alejados posible del proceso político. Sin embargo, pensar en verlos totalmente fuera es inviable, ya que han sido parte fundamental del aparato político argelino desde su independencia. Tanto así, que si Abdelaziz Bouteflika dejó el poder fue porque, entre otras cosas, las fuerzas armadas argelinas ya no veían con buenos ojos su permanencia.

Si lo anterior no se cumple, entonces Argelia podría entrar en una fase peligrosa, en la cual diversos problemas político-sociales saldrían a la superficie y, por ende, con el evidente riesgo de generar estallidos a nivel nacional y local. Y eso no es lo que necesita Argelia, ni tampoco el Magreb, el Sahel y la Europa Mediterránea.

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Fecha 7/11/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A propósito del 43er aniversario de la Marche Verde, el rey Mohammed VI realizó su tradicional discurso, aunque, a diferencia de otras ocasiones, tuvo un mensaje directo y conciliador para la vecina Argelia. ¿Será que ambos estados finalmente logren destrabar un conflicto que no solo los afecta a ellos, sino que a todo el Magreb?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 7 de noviembre de 2018

Hace 45 años, España dejó el Sahara y con eso se inició un problema que hasta hoy no tiene solución. Si bien la paz se ha establecido y no se han registrado enfrentamientos armados en más de dos décadas, el tema sigue siendo un gran dolor de cabeza para los directos implicados (Marruecos y Argelia), el Magreb –especialmente para la integración magrebí- y los refugiados.

En los últimos años, la situación no ha variado mucho. Se cambió al enviado especial de la ONU, se superaron algunas polémicas (como la decisión marroquí de expulsar al personal de la Minurso, para luego permitir su regreso) e incluso se intentó llevar el conflicto del Sahara al seno de la Unión Africana (asunto que no prosperó), pero, en su esencia, el problema sigue existiendo y, peor aún, mantiene el statu quo que lo ha caracterizado por largo tiempo.

Sin embargo, algunos hechos permiten tener una luz de esperanza respecto de una posible solución o, como mínimo, un eventual acercamiento que pueda generar las bases de un futuro y fructífero diálogo.

El discurso del rey Mohammed VI

En su habitual discurso del 6 de noviembre, el monarca marroquí recordó la gesta de quienes, con un Corán y una bandera, lograron devolverle el Sahara (provincias del Sur para el reino marroquí) a Marruecos, pero lo llamativo no fue eso –ya es parte de la retórica existente-, sino que los guiños que realizó a Argelia y, particularmente, a Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino.

Con frases como “las relaciones se encuentran en una situación inaceptable” o “desde mi entronización he llamado a la normalización de ellas”, Mohammed VI dejó en claro que en esta oportunidad quería ir más allá de lo usual y planteó, con hechos concretos, su postura de buscar una solución a los quebrados y débiles nexos entre Marruecos y Argelia. En este sentido, se puede destacar su gran propuesta, que es la creación de un mecanismo político conjunto de diálogo y concertación. Sobre este último, el rey mencionó que su estructura, formato y naturaleza se debe convenir entre ambas partes, agregando que Marruecos está abierto a propuestas e iniciativas que Argelia quiera sugerir en este asunto, pero también sobre la forma de mejorar las relaciones entre ambos estados.

En el plano retórico, Mohammed VI insistió en la necesidad de consolidar las relaciones –por medio de un diálogo franco y directo- sobre una base de confianza, solidaridad y buena vecindad. En esta dirección va su petición de reabrir las fronteras terrestres que ambos países tienen, las cuales fueron cerradas en 1994 y que ha generado, entre otras dificultades, la división de familias que viven en ciudades o pueblos fronterizos.

El encuentro de Génova

El alemán Horst Kohler, enviado de la ONU para el Sahara Occidental, tomó la decisión de darle un nuevo impulso al empantanado conflicto y para eso buscó retomar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, las cuales estaban congeladas desde 2012. En este contexto, Kohler no solo consiguió el visto bueno de ambas partes, sino que también invitó a participar en el diálogo a Argelia y Mauritania, los cuales, a su vez, aceptaron participar como observadores.

Si entre el 5 y 6 de diciembre ocurrirá algo novedoso o si se repetirá la tendencia de estas negociaciones –que normalmente suelen dejar escasos o inexistentes avances en concreto- aún está por verse. Sin embargo, es necesario destacar que, a diferencia de otras instancias de diálogo desarrolladas en anteriores años, ahora habrá un contexto regional o multilateral. Básicamente, pues Kohler ha integrado, con gran habilidad, a Argelia y Mauritania en la mesa de diálogo. Y estos último son actores regionales, pues ambos, por uno u otro motivo, siempre han estado implicados en este conflicto. Por ejemplo, los acuerdos de Madrid –los cuales cedían la administración- dejaron una parte del territorio bajo tutela de Mauritania, el cual, tras los enfrentamientos armados con el Polisario, decidió no reivindicar parte del territorio legado por España. A su vez, Argelia ha sido el principal soporte –político, económico y militar- del Frente Polisario. Es de esperar, entonces, que la visión del asunto como un conflicto regional traiga positivas modificaciones.

El contexto argelino

En 2019 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Argelia y, una vez más, Abdelaziz Bouteflika irá por la reelección, la cual, de ser conseguida, le otorgaría un quinto mandato. A pesar que parte de la sociedad y de los partidos políticos avalan esto, se ha ido generando una oposición que, aunque fragmentada, comienza a presionar por cambios reales y no modificaciones cosméticas. Es así que el asunto del Sahara podría ser una buena forma de demostrarle a los argelinos que el continuismo de Bouteflika no significa más de lo mismo y que Argelia puede ser un actor regional y africano de relevancia. A sabiendas de su delicado estado de salud, muchos dudan sobre sus reales capacidades, pero un avance en pos de un verdadero acercamiento con Marruecos sería bienvenido en buena parte de la sociedad argelina y en un importante sector de la política de aquel país.

Junto a esto, se pueden detectar ciertos movimientos subterráneos, al interior del gobierno argelino, que permiten concluir que podrían venir aires de cambio (aunque sean pequeños) sobre el asunto del Sahara. En paralelo, los cambios en las fuerzas armada de Argelia también podrían tener influencia, pues en caso de llegar un general pragmático, la situación podría tener un vuelco.

Y, finalmente, no debe soslayarse el sentido mensaje que envió Abdelaziz Bouteflika al rey Mohammed VI luego del dramático accidente ferroviario ocurrido hace unas semanas en las cercanías de Kenitra.

Precisiones finales

El llamado hecho por Mohammed VI no solo parece oportuno, sino que lógico. El Magreb, inserto en las lógicas regionales del Mediterráneo y el Sahel, enfrenta una serie de desafíos y conflictos que necesitan la puesta en marcha de propuestas y soluciones de tipo bilateral y multilateral. Entre otros temas, destacan la seguridad, la inmigración, la integración, las relaciones Sur-Norte del Mediterráneo, el desempleo juvenil y la lucha contra el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Además de estos importantes asuntos, claro está, resalta el gran tema, que es el conflicto del Sahara.

Dada la situación actual, tomando en cuenta las respuestas a las propuestas generadas, resulta imprescindible que Argelia y Marruecos –las grandes potencias del Magreb y dos referentes de África- unan sus conocimientos, capacidades y esfuerzos en pos de obtener mejores soluciones a los conflictos que minan un mayor desarrollo de dichos estados y de la región magrebí. Junto a esto, el comercio intramagrebí, que representa no más de un 5%, parecer ser una buena posibilidad a la hora de pensar en decisiones que permitan generar, poco a poco, más trabajo y más ingresos en las arcas estatales.

Además, el Magreb tiene la obligación de retomar la senda de la integración, la cual tuvo como punto culmine la creación de la Unión del Magreb Árabe, pero que desde aquel lejano entonces –su fundación fue en 1989- solo ha sabido de fracasos y fantasmas. Un Magreb unido y potente se encontraría en mejores condiciones a la hora de negociar con su vecino del norte (Unión Europea) y podría soñar con un desarrollo de toda la región. Si el gasoducto Maghreb-Europe se ha desarrollado en paralelo al congelamiento diplomático entre Marruecos y Argelia, ¿por qué no pensar que dicho modelo de cooperación energética pueda ser aplicado en toda la relación entre ambos países?

Es así que el conflicto del Sahara debe ser mirado con objetividad y pragmatismo. Se trata de un problema heredado de la época colonial y exacerbado por la disputa existente en la Guerra Fría. Por lo mismo, no es un conflicto propio del siglo 21 y su solución es obligatoria. Respecto de esto último, quizás sea momento de asumir que, hoy, es inviable la creación de un nuevo estado magrebí y que es igual de complicado realizar un referéndum de autodeterminación –, principalmente, por las dificultades que siempre han existido a la hora de establecer el universo de votantes y de definir quiénes son saharauis-, razones que hacen necesario reglar el asunto basándose en la propuesta marroquí, pero con nuevas ideas que puedan aportar Argelia, Mauritania, la Organización de Naciones Unidas u otros implicados como la Unión Africana y la Unión Europea. En pocas palabras, se trata que los estados involucrados sean capaces de ceder, para así llegar, finalmente, a un acuerdo conveniente para todas las partes.

Por último, vale la pena recordar los postulados del tanzano Julius Nyerere, quien en los años sesenta y setenta planteaba que si la independencia de África derivaba en fragmentación, entonces el desarrollo del continente estaría en grave peligro. Por lo mismo, Nyerere sugería, con una cuota de pragmatismo político, que se debía apostar por los organismos de integración regional. Y a esto último debe apostar el Magreb. Las riquezas naturales abundan -petróleo, gas, fosfato, frutas, verduras, pesca, un mercado de casi 100 millones de personas y energía solar, entre otros-, pero falta la voluntad política para que el sueño del gran Magreb se cumpla. Y mientras se busque una solución al conflicto del Sahara, los gobiernos magrebíes debiesen avanzar en otros aspectos de la integración, como la infraestructura, el intercambio académico-cultural, la cooperación en turismo, el establecimiento de posturas comunes en los foros multilaterales, la unión de fuerzas en temas como la inmigración y el terrorismo y, uno de los más importantes, la libre circulación de personas y bienes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

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Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

Fecha 2/11/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Según el informe realizado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), los estados del Magreb no tuvieron una buena ubicación en este ranking, el cual mide cuatro elementos (participación económica y oportunidad, alcance en educación, salud y sobrevivencia y empoderamiento político) y realiza medición en 144 países.

(Fotografía: Dennis Jarvis / Licencia Creative Commons. Edición: Periodismo Internacional)

Los números magrebíes no fueron muy positivos, ya que el mejor ubicado fue Túnez, que apareció en el 117° lugar. Más atrás quedaron Argelia (127°), Mauritania (132°) y Marruecos (136°), en tanto que Libia no es parte del ranking, ya que no fue examinado.

De todas formas, el Magreb tuvo su mejor desempeño en empoderamiento político, ya que ahí Túnez quedó en el casillero 55, Mauritania ocupó el número 57, Argelia trepó hasta el 86 y Marruecos escaló y finalizó en el 100. A la inversa, el ítem peor evaluado fue participación económica y oportunidad, donde todos se posicionaron entre el 130 y el 140. Cabe destacar que Túnez lideró en las cuatro categorías.

A nivel africano, 21 países quedaron mejor posicionados que los estados magrebíes, listado que incluye a Rwanda (4°), Namibia (13°),  Burundi (22°), Mozambique (29°), Uganda (45°), Botswana (46°), Zimbabwe (50°), Tanzania (68°), Ghana (72°), Lesotho (73°), Kenya (76°), Madagascar (80°), Camerún (87°), Cabo Verde (89°), Senegal (91°), Malawi (101°), Swazilandia (105°), Mauricio (112°), Guinea (113°), Etiopía (115°) y Benín (116°).

A nivel árabe, Túnez, Argelia, Mauritania y Marruecos tuvieron desempeños más parecidos a los de sus pares. De hecho, Túnez fue el segundo mejor posicionado, mientras que Argelia, Mauritania y Marruecos quedaron ubicados en los puestos 4°, 8° y 11° en el segmento “Medio Oriente y África del Norte).

Así las cosas, el Magreb tendrá que seguir trabajando en pos de reducir la brecha de género, de manera que la mujer no solo logre integrarse en las sociedades magrebíes, sino que además lo haga con plenas igualdades y en diversos ámbitos de la vida cotidiana. 

Para ver el informe completo, ingrese aquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de noviembre de 2017
@Ratopado

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El Mediterráneo y la desidia del mundo

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El Mediterráneo y la desidia del mundo

Fecha 1/09/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Las imágenes hablan por sí solas. Las cifras, también. Por ejemplo, ya son cerca de 300.000 personas las que han cruzado el Mediterráneo  -a lo cual se deben sumar más de 2.500 muertos- y, todas ellas, escapando de alguna desgracia. Muchos, de la guerra, otros de persecuciones étnicas y no faltan quienes se van de sus países por motivos religiosos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 1 de septiembre de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

También, varios miles optan por buscar nuevos rumbos ante la destrucción de sus Estados y el auge del terrorismo. Y cómo olvidar a los seres humanos que dejan su tierra ante la falta de oportunidades laborales, las precarias condiciones de higiene, la hambruna y/o la pobreza.

Sin embargo, parece ser que el debate de hoy no se centra en la urgente necesidad de acoger a todas estas personas. Claramente, la discusión se establece en la categorización de todos esos seres. Ahora dicen que un refugiado no es lo mismo que un inmigrante y que un demandante de asilo es diferente a los dos rótulos recientemente mencionados. Y, desde un punto de vista legal o, si se prefiere, técnico, no hay duda que tienen razón. Empero, cabe preguntarse si acaso todos escapan, finalmente, de lo mismo. Y ahí todos los casos llegan a la misma raíz.

Cualquiera se puede dar cuenta que escaparse de la guerra es mucho más duro que dejar el país por la falta de higiene, pero, en ambos casos, el final será el mismo, es decir, la muerte.

Por ende, la categorización que realizan organismos como el ACNUR y ciertos gobiernos europeos –además de periodistas, académicos y políticos- no es más que una excusa para cerrarle la puerta de entrada a Europa a miles de seres humanos que sólo buscan sobrevivir.

En Eslovaquia, por ejemplo, ya se dejó en claro que prefieren cristianos. Si antes no querían negros ahora sí los aceptarían, pero sólo si son cristianos. Al respecto, el argumento eslovaco es indigno. “Acá no tendrán mezquitas, ¿cómo podrían integrarse?”. Si esto último no es un eufemismo para no decir “no queremos musulmanes”, ¿qué es?

Y tal es la urgencia de la Unión Europea, que acordaron una cumbre de ministros para el 14 de septiembre. La gran pregunta, entonces, es saber cuántos más morirán en los próximos 14 días. Pero no sólo se trata de muertes, sino que también de cuántas personas serán humilladas y engañadas en el trayecto que los lleve a Europa. Tal cual decía una inmigrante –que tuvo la suerte de entrar a Europa-, “lo peor es la humillación que uno sufre”.

Por último, unas palabras sobre las responsabilidades en este drama. Partamos por Europa o, si se prefiere, la Unión Europea. Diversos gobiernos del Viejo Continente invadieron o apoyaron invasiones en países como Afganistán e Irak. Luego, en los años más cercanos, avalaron los derrocamientos de dictadores de países como Libia, Túnez, Egipto, Siria y Yemen (los mismos a los cuales antes les daban ayudas económicas y los recibían con honores en visitas oficiales).

Aún más, no sólo les bastó con derribar a dichos gobernantes, sino que estuvieron de acuerdo en dinamitar el tejido político-social de aquellos estados y de abrir una caja de Pandora demasiado peligrosa. Hoy, el terrorismo avanza a grandes pasos y ya casi no se habla de Al Qaeda, sino que del Estado Islámico. “Curiosamente”, estos grupos operan en los países en los cuales Estados Unidos y Europa suelen intervenir.

La responsabilidad del Viejo Continente no se detiene ahí. De hecho, el drama de la inmigración en el Mediterráneo tiene al menos dos décadas de existencia, en las cuales murieron, como mínimo unas 24.000 personas. No hay cifras precisas, pero las diversas fuentes entregan números que, en ningún caso, bajan de 22.000 muertos.

¿Qué hizo la Unión Europea para frenar este proceso? Además de la Política Europea de Vecindad, la creación de Frontex o de operaciones fallidas como Tritón, entre otros, poco más. Junto a eso, algunos millones de euros por aquí y por allá, entrega de recursos y tecnología a cambio que los países del norte de África frenaran los flujos migratorios y la inoperante fundación de la Unión por el Mediterráneo. Alguien dirá que ha habido muchas más iniciativas y, seguramente, tendrá razón, pero si hablamos de proyectos concretos y exitosos, la respuesta será otra.

Sin embargo, los gobiernos europeos y la UE no son los únicos responsables. Los países magrebíes, los africanos subsaharianos y aquellos ubicados en Medio Oriente y la Península Arábiga también tienen mucho que decir al respecto.

En este sentido, no pueden seguir usando el argumento de “la colonización nos dejó demasiado dañados” para explicar la ausencia de gobiernos que den libertades a sus ciudadanos. La inoperancia de la Unión Africana, la casi inexistente Unión del Magreb Árabe y la eterna división de los estados árabes del Medio Oriente también son parte del problema y  no se debe soslayar el apoyo de países como Arabia Saudita y Qatar hacia grupos terroristas.

Y qué decir de la incapacidad de muchos de dichos estados –del Magreb, África Subsahariana y Medio Oriente y la Península Arábiga- para frenar al islamismo, ese mismo que no es sinónimo de terrorismo, pero que, evidentemente, acerca a los jóvenes a las posturas más conservadoras y/o radicales.

Los gobiernos de estos países no han sido capaces de frenar el desempleo de los jóvenes o de aumentar aún más la participación de la mujer en la vida cotidiana y laboral. Tampoco ofrecen perspectivas y, por lo mismo, muchos optan por dejar su país. Y si tampoco hay libertad de prensa o de expresión, ¿acaso eso es culpa de Europa? Y la endémica corrupción, ¿también es responsabilidad del imperialismo estadounidense o de la colonización europea?

Vayamos a Estados Unidos. Llevó su poderío militar hacia países lejanos como Irak, Afganistán y Siria, para luego lavarse las manos y ver cómo Europa se llena de inmigrantes o como quieran llamarles. Luego, algunas donaciones y apoyo diplomático, pero nada más que eso.

Veamos la Cooperación Sur-Sur. ¿Qué han hecho, por ejemplo, los países latinoamericanos al respecto?, ¿qué han hecho las agrupaciones de Derechos Humanos?, ¿qué han hecho organismos regionales?, ¿alguna vez intentaron concretar una ayuda permanente para los inmigrantes?. ¿se organizaron para recibir inmigrantes, en forma oficial, a través de planes de acogida?, ¿y qué decir, por ejemplo, de la Cumbre Sudamérica-Países Árabes?

Terminemos con el mundo. Según las últimas cifras, 2014 fue el año con más desplazados en la historia. La cifra (59,5 millones, aproximadamente) da escalofríos. Cuánto sufrimiento y cuánta guerra en el mundo. Y cuántos morirán de hambre. Cuántos fallecieron, anónimamente, por el Ébola. Cuántos se deshidratarán hasta la muerte. Cuántos morirán por las radiaciones tóxicas de las armas usadas en diversas partes del planeta. Cuántos animales sufren por lo mismo. Cuánta destrucción en el planeta.

Por eso, lo que ocurre en el Mediterráneo es sólo el reflejo de un mundo perdido. No importa la persona. Lo único relevante es lo económico. Lo otro importante es relacionarse con aquel de similar visión y no con quienes tienen una cultura, una religión o un color de piel diferente.

Así, imposible que el drama del Mediterráneo termine. Y, tristemente, el mundo se encamina a tener muchos más mediterráneos.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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Cómo recibe el Magreb al 2014

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Cómo recibe el Magreb al 2014

Fecha 18/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Empezando este nuevo año, y sin que eso tenga gran validez en los análisis y las investigaciones, cabe realizar un somero resumen acerca de las presentes tendencias que se pueden apreciar en los cinco países magrebíes. Al respecto, y en algo que no sorprende, se pueden encontrar positivas y negativas señales, las cuales, lógicamente, corresponden a las naturales consecuencias de los actuales procesos que se están desarrollando en la región.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de enero, 2014

banderas-paises-umaClasificando estas coyunturas, todas ellas podrían ir bajo un mismo rótulo, es decir, fenómenos político-sociales. Y aunque no todos pueden ser incluidos en el proceso de cambios iniciado a fines de 2010 y comienzos de 2011, la mayoría de ellos tienen que ver con eso.

Los choques entre los Tebu y Zawy en Libia

Consumada la caída de Muammar al Gaddafi, rápidamente llegó el caos al territorio libio, lo cual se tradujo, entre otras cosas, con choques étnico-tribales en el sur –particularmente en el sureste- de Libia. Es así que las ciudades de Kufra, en 2012, y Sabha, en 2013, fueron testigos de la violencia entre los Zway y los Tebu.

Mientras los primeros son de origen árabe y tuvieron, bajo la era de Gaddafi, una posición de poder, los segundos pertenecen a etnias negroides y siempre acusaron la represión del dictador libio. Aún más, estos últimos afirmaban que bajo la administración Gaddafi siempre se dejó en un segundo plano a quienes no tenían un origen árabe o árabe-bereber.

Durante los últimos años estos choques tuvieron episodios críticos, los cuales terminaron con cientos de muertos y varios prisioneros (por ambas partes en conflicto). Sin embargo, en los últimos días llegaron buenas noticias o, como mínimo, esperanzadores indicadores. Claro, pues se reunieron los “ancianos” de ambos lados y acordaron el intercambio de detenidos. Así, queda la impresión que se estableció un primer paso hacia lo que podría ser un acuerdo de paz.

Es de esperar que las futuras negociaciones se lleven a cabo con normalidad –dentro del actual contexto que se vive- y que vayan apareciendo nuevas soluciones. En relación a esto último, será imprescindible la participación del Congreso General Libio (CGL) o al menos del gobierno de transición, ya que el tejido “invisible” de la estructura político-social del país tiene directa relación con la formación tribal del territorio. Y así como destaca este choque entre los Tebu y los Zawy, también está el problema de la autoproclamada autonomía de Cirenaica y de las fuertes presiones que están ejerciendo los bereberes libios.

En conclusión, la nueva Libia no podrá ser construida con éxito si no se trabaja a fondo en un sistema que permita la sana convivencia entre las diferentes etnias y vertientes religioso-políticas.

La nueva Constitución tunecina

Atribulados por la agresiva irrupción de los salafistas y complicados por la aparición de asesinatos políticos, el anterior gobierno –liderado por Rached Gannouchi- se vio obligado a renunciar en pos del bien común. Hoy, con nuevo ministro recientemente nominado –el islamista moderado Jomaa-, aparece el primer gran desafío de la administración, es decir, aprobar el borrador de la nueva Constitución de Túnez y, por ende, generar las instancias que permitan la aprobación popular de la misma carta.

Al respecto, en los últimos días se han ido conociendo algunos de los puntos que serán incluidos o que quedarán fuera. En este sentido, uno de los puntos más importantes tiene que ver con la igualdad entre “ciudadanas y ciudadanos”, lo cual es un establecimiento implícito de la igualdad genérica. Si bien esto es un avance, especialmente si se toma en cuenta la tradición tunecina de darle muchos derechos a las mujeres, queda la duda sobre el alcance que tendrá este principio.

A pesar que la mayoría de las organizaciones feministas y que buena parte de la sociedad considera que esto es un progreso, algunos sectores han hecho un llamado a mantener la prudencia. Esto último, pues el ideal, según ellos, habría sido reconocer, expresamente, la “igualdad entre mujeres y hombres” y no entre “ciudadanas y ciudadanos”. Además, no hubo una especial mención en el tema de la herencia.

Otro aspecto llamativo ha sido el reforzamiento de Túnez como una “república” que velará por la libertad de expresión. Junto a eso, se volvió a confirmar al árabe como la lengua oficial del país y se excluyó a la charia como fuente principal del Derecho.

Y, al igual que en el anterior punto, es bueno detenerse un poco en este asunto. Claro, ha sido fundamental que la ley islámica no sea el eje de la jurisprudencia, pero no se puede soslayar el hecho que el artículo estaría dejando un evidente vacío legal.

¿Qué se entiende por la frase “la charia no será fuente principal”?, ¿será que en algunos casos se le tomará en cuenta?, ¿se podrá acceder a ella bajo ciertas circunstancias? En fin, son diversas las preguntas, pero lo concreto es que a pesar de quedar relegada a un segundo o tercer plano, no fue eliminada de cuajo como fuente y eso puede generar eventuales problemas. Como siempre, todo quedará en manos de los jueces y sus interpretaciones de las leyes.

Por último, aún no se menciona lo que ocurrirá respecto a las reivindicaciones de los bereberes, quienes a pesar de representar menos del 10% de la población ya se han organizado en pos de mejorar su status. Al igual que en otros países magrebíes, ellos quieren un reconocimiento oficial, pero que no se quede en las letras, sino que vaya a un plano práctico y cotidiano.

La nueva política de inmigración marroquí

Hace algunos días se consolidó, por parte del gobierno del Reino de Marruecos, el compromiso de mejorar la situación respecto al drama de la inmigración en el Mediterráneo.

En este sentido, cabe recordar que en junio de 2013 se produjo un acuerdo de asociación entre Marruecos y la Unión Europea (UE) –el primero de este nivel firmado entre la UE y un país mediterráneo-, a través del cual ambas partes se comprometían a implementar una serie de medidas que permitan trabajar de mejor forma en el tránsito de personas por el Mediterráneo.

Gracias a esto es que hace pocos días llegó el anuncio del gobierno marroquí –impulsado por el rey Mohammed VI-, en el cual se consolidaba la regularización de miles de inmigrantes clandestinos. Es así que para dicha misión se implementaron, a partir del 1 de enero de 2014, las “Oficinas de Extranjeros”.

En total, se estima que entre 24.000 y 40.000 “sin papeles” –en su mayoría africanos subsaharianos- podrán quedarse en territorio marroquí y, lo principal, con la posibilidad de vivir y trabajar con normalidad. Además de eso, se le dio el carácter de refugiado a 850 ciudadanos del África Subsahariana.

Sin duda alguna, un gran golpe de Marruecos, pero en el buen sentido, ya que se ven las primeras medidas oficiales en torno a un tema tan delicado como el de la inmigración. Y no sólo por el hecho de haber un gran flujo (desde África hacia Europa), sino que por el drama humanitario. Esto último, pues según diversas cifras, al menos 20.000 inmigrantes clandestinos han muerto en aguas mediterráneas en los últimos 15 a 20 años.

¿El acercamiento entre el Polisario y Marruecos?

Para nadie es una sorpresa que Christopher Ross tiene mucho que ganar en el caso del Sahara Occidental, una zona que es reclamada por Argelia

y el Polisario, pero que, en la práctica, es parte del territorio marroquí.
Mientras Marruecos afirma que lo suyo es acorde a Derecho, el Polisario –que cuenta con el apoyo de Argelia- insiste en que el “pueblo saharaui” (concepto bastante difuso por lo demás) debería decidir su status.

Con el paso de los años, la postura marroquí ha ido ganando adeptos y apoyos, en tanto que el proyecto de Argelia y el Polisario se ha ido debilitando. Hace unos días, Paraguay anunció que eliminará el reconocimiento oficial a la República Árabe Sahrawi Democrática (RASD), lo cual está lejos de ser un mero simbolismo.

Claro, pues si a fines de la década de 1980 la RASD contaba con el apoyo de casi 90 países, hoy la cifra no supera los 30 ó 32 estados. Junto a eso, la mayoría de los gobiernos que mantienen su aval a dicho estado de facto (no ha sido reconocido por la ONU) pertenecen a lo que se conoció como la “órbita comunista” en la Guerra Fría, con lo cual la teoría de la “ideologización del conflicto” cada vez adquiere más potencia.

Más allá de estos datos, se dio a conocer, en las últimas semanas, la noticia de un posible encuentro entre el Polisario y Marruecos. Aquella reunión sería en un país europeo, en los primeros meses de 2014 y, he aquí la novedad, sin la participación de Argelia.

Tomando en cuenta que la ONU no ha descartado la posibilidad de la autodeterminación, pero que ha dado un gran impulso al proyecto marroquí (una avanzada autonomía para el Sahara Occidental), aquel posible encuentro generaba algunas ilusiones.

Sin embargo, rápidamente llegó un comunicado oficial por parte del Polisario, en el cual negaba todas estas informaciones. Como era de esperar, por lado y lado aparecieron los rumores y las declaraciones, pero lo concreto es que finalmente se volvió, como ya es costumbre, a un punto muerto en las negociaciones.

¿Qué irá a pasar en el mediano plazo? Difícil saberlo, aunque en realidad no tanto.

Bouteflika, en busca del cuarto mandato

Hace años que se habla sobre el precario estado de salud de Abdelaziz Bouteflika, actual presidente de Argelia, pero, a pesar de eso, el mandatario no entrega el poder y se mantiene al mando del control de su país. Sin embargo, en 2013 pasó varios meses hospitalizado en Francia y, por lo mismo, se pensó que podría ser el momento del adiós (de la política) de Bouteflika.

Pero no, aquello estuvo lejos de suceder y el casi octogenario argelino anunció que irá, nuevamente, por una reelección en las presidenciales del presente año. En caso de ganar, obtendría su cuarto período como presidente de Argelia.

Si bien este anuncio no cambia mucho las cosas –en el corto plazo-, en el futuro sí podría traer grandes consecuencias. En este sentido, ya se están llevando a cabo las clásicas tratativas previas a todo proceso electoral y será interesante ver lo que ocurra en los siguientes meses.

¿Qué irá a pasar con los islamistas, que obtuvieron el tercer lugar en las últimas legislativas?, ¿logrará unirse la oposición en torno al objetivo común de sacar del poder a Abdelaziz Bouteflika?

Hay miles de interrogantes y las miradas apuntarán hacia lo que ocurra en este gigante. Argelia es una gran potencia regional y de haber grandes cambios tras las presidenciales es posible que el Magreb tenga nuevos horizontes. Y, por supuesto, el conflicto en Malí, también.

Y algo que no debe dejar de tomarse en cuenta es el nombre de Abdelmalek Sellal. Según algunos, aunque nada oficial, el actual primer ministro de Argelia sería el candidato de Bouteflika en caso que este último opte por no presentarse a las presidenciales.

En Mauritania, elecciones boicoteadas y el debut de los islamistas

En medio de la férrea oposición que genera Mohammed Ould Abdelaziz –actual presidente, pero que llegó al poder tras haber dado un golpe de estado-, en noviembre pasado se llevó a cabo la primera ronda de las elecciones legislativas y municipales en Mauritania.

Tal cual se había anunciado, la oposición boicoteó los comicios, aunque un partido de dicho bloque optó por participar. Se trata de Tawassoul, agrupación islamista que debutaba en estas lides y que obtuvo el tercer lugar de las legislativas (con 12 escaños en la Asamblea Nacional y el 10% de los votos).

Y aunque no hubo grandes sorpresas en este proceso, queda de manifiesto que los próximos meses podrían ser fundamentales en el juego político mauritano. Sí, pues se supone que a mediados de año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales y aquello podría ser, en caso de perder el actual mandatario, un positivo avance en la siempre truncada transición política de la República Islámica de Mauritania.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Fecha 10/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Islam ya se instaló en la superficie de la mesa cotidiana de diálogo y, al menos hoy, es imposible no darle la importancia que merece. En los nuevos tiempos, aquella religión está lejos de tener influencia en lo estrictamente religioso y, de hecho, sus raíces han crecido y se han establecido en el ámbito político.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de enero, 2014

mohammed-morsiEsto último no es novedad, pues el proceso comenzó hace décadas. Hace 86 años atrás se fundó la Hermandad Musulmana –en Egipto y en medio de los efectos colonizadores de las grandes potencias en la mayoría del mundo árabe-musulmán- y, desde entonces, el “Islam político” fue ganando cada vez más fuerza.

Entrar en detalles históricos no viene el caso –para eso se necesitaría escribir una enciclopedia de varios tomos-, pero lo que sí es apropiado es intentar comprender lo que está sucediendo con los islamistas, entendiéndolos como actores de la política y dejando a un lado lo netamente religioso.

Marcados por el hecho de pasar más tiempo en la lista de los partidos u organizaciones ilegales, la Hermandad Musulmana egipcia logró llegar al poder en 2012, pero unos meses más tarde recibió un duro golpe. Claro, pues el actual gobierno militar de Egipto –que en 2013 realizó un golpe de estado- los declaró como un grupo terrorista. Aquello no debiese sorprender, ya que bajo la era de Hosni Mubarak tuvieron duros reveses y siempre estuvieron apabullados por el gobierno dictatorial. Además, sus medidas, una vez al mando del país, dejaron mucho que desear y demostraron que lo que menos les importaba era la estabilidad del país y las libertades (entre ellas, la religiosa) de su población.

Obviamente, la Hermandad Musulmana no es la panacea y aunque muchos partidos políticos islamistas están ligados, de una u otra forma, a esta organización, hay otros que están fuera de esa órbita. Nuevamente, no viene al caso una explicación sobre los tipos de islamismo político, pero lo importante es ver qué está pasando con los islamistas que lograron llegar al poder o que al menos han participado en elecciones.

En la actualidad, su auge está en caída y eso no es noticia, pues es algo que viene aconteciendo en los últimos meses. En Marruecos, el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo un gran triunfo y eso le permitió acceder al gobierno, el cual tiene como principal figura al primer ministro. Lamentablemente, para los islamistas de la lámpara (aparece en su logo), su líder, Abdelilah Benkirane, ha tenido que enfrentar no sólo el descontento de la gente, sino que también el de otros partidos políticos y el del mismo rey Mohammed VI. Tanto así, que Benkirane tuvo que formar un nuevo gobierno.

En Argelia, los islamistas no fueron capaces de quedar en los dos primeros lugares de las legislativas realizadas en 2013, mientras que en Túnez llegaron al poder, pero sus erráticas medidas les significó tener grandes rivales. Hoy, la sociedad tunecina está fuertemente dividida por el tema religioso y una buena parte de ella acusa al actual –que acaba de caer- y anterior gobierno de estar detrás del descalabro, el mismo que, entre otras cosas, se ha visto representado por el auge de los islamistas más radicales y por la aparición de asesinatos políticos (supuestamente en manos de los fundamentalistas). Que en la nueva Constitución –la cual recién se está elaborando- se haya dejado a un lado la sharia como fuente principal del Derecho es una gran derrota para los islamistas más conservadores y radicales.

En Libia, bueno, el caos es total y es difícil establecer juicios o conclusiones en tan poco espacio. Sin embargo, no se puede desconocer que la progresiva y escondida islamización de ciertos miembros del Congreso Nacional General –el cual tiene el poder en forma transitoria- ha tenido un fuerte rechazo en diversos grupos de la población y la política libia. Por lo mismo, no ha tenido un camino llano hacia el establecimiento de sus pretensiones, algo que también se explica por la actual coyuntura social del país.

Por último, el caso de Mauritania es más auspicioso (para los islamistas), aunque en un contexto muy sui generis. En las recientes elecciones legislativas y municipales, Tawassoul –partido islamista que compitió por primera vez en los comicios y que es parte de la oposición- se consolidó como una interesante fuerza, pero sin pasar de los 16 asientos en la Asamblea Nacional (de un total de 146).

Hecha esta breve (quizás demasiado corta) explicación, es necesario revisar los puntos por los cuales los islamistas han caído en desgracia. Al respecto, todo se puede aglutinar en tres conceptos, que son conservadurismo, agresión pasiva y violación de las libertades personales.

Cada grupo o partido lo hará en distinta forma, pero, finalmente, todos apuntan a lo mismo, es decir, la imposición de una corriente religiosa (ellos parten de la base que todos son musulmanes). Esto último, a su vez, tiene como grandes representantes a hechos ya conocidos. Por ejemplo, establecimiento de la sharia, sumisión de la mujer, manejo de los programas de televisión y de los manuales de Educación en los colegios, satanización de ciertas conductas y vestimentas, etcétera. Nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, los islamistas moderados deberían ser la base para todos estos grupos y partidos, pero, lamentablemente, la mayoría de ellos apuesta por seguir otros modelos. Entre ellos, el de la Hermandad Musulmana. Y, como se ha visto, aquello sólo asegura problemas y división social.

Por eso, es momento que los islamistas comprendan que lo único que les puede ayudar a seguir en el poder (o llegar a éste en ciertos casos) es asumir que deben gobernar bajo un sistema de alianzas y que, para ellos, tendrán que ceder ante los grupos más liberales de la sociedad. El pragmatismo, entre otros factores, fue lo que les permitió gobernar, pero la ausencia de este concepto en sus gobiernos ha sido, justamente, lo que les provocó la gran crisis.

Resumiendo, la opción pasa por volver a lo pragmático o, cosa poco probable, apostar a un cambio radical de sus bases y entender que la renovación es algo necesario para todos los actores políticos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Túnez y un aniversario sin grandes celebraciones

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Túnez y un aniversario sin grandes celebraciones

Fecha 22/03/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 20 de marzo se conmemoró el 57° aniversario de la independencia de este país magrebí y, más allá de estos festejos, cabe analizar, brevemente, la delicada situación por la cual atraviesa este pequeño, pero importante estado norafricano.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 22 de marzo, 2013

Flickr

(Flickr)

Los últimos hechos hablan por sí solos. Tremenda crisis política –incluyendo cambio de gabinete y divisiones internas en los partidos y bloques- y un duro golpe al proceso de estabilidad social tras el asesinato de Chokri Belaid.

Y aunque estas dos realidades ya son suficiente para poder catalogar como “difícil” la situación actual en Túnez, todavía hay otras coyunturas que pueden ser mencionadas. Por ejemplo, el desempleo, la marginalidad social, el salafismo y la cada vez más evidente lucha entre laicos, islamistas moderados y los más fanáticos seguidores del Islam.

Por eso, no extrañó que el mismo día en el cual el nuevo gobierno, liderado por Ali Larayedh, recibía la aprobación por parte de los diputados (con 137 de los 217 votos, es decir, 30 por sobre del mínimo requerido) se anunciara la muerte de Adel Khadri.

Este último era un vendedor ambulante, que, al igual que el conocido Mohamed Bouazizi, optó por autoinmolarse ante su desesperante situación de pobreza, marginalidad y falta de oportunidades. Fue un retorno al pasado, hacia aquel día en el cual Bouazizi gatilló, seguramente sin saberlo, el proceso de cambios en su país.

Sin embargo, el fallecimiento de Khadri vuelve a poner en la superficie el tema central que afecta no sólo a Túnez, sino que a todos los países magrebíes. Se trata de la calidad de vida de su población y, particularmente, de los jóvenes y las mujeres.

En el caso tunecino, la cesantía llega a cerca del 17% de la población activa y en torno del 40% en los jóvenes. Sin embargo, eso sólo es una de las cifras que reflejan el duro momento que vive la Economía del país. Mientras la inflación amenaza con seguir escalando, la balanza comercial registra un saldo negativo cada vez mayor desde 2009. Al mismo tiempo, el déficit público se mantiene al alza (ha subido un 141% entre 2010 y  2013) y la deuda pública se acerca al 50% (ya está en 47.2%).

En este contexto, lo cual se suma a la marginalidad y la pobreza imperante, resulta aún más difícil luchar contra el otro gran rival que tiene Túnez en estos momentos. Es así que los salafistas se han convertido en un gran dolor de cabeza para la sociedad tunecina, no sólo por sus actos de violencia, como el  ataque a edificios públicos o embajadas, sino que también por sus intenciones de imponer la sharia e ir en contra del laicismo o, si se prefiere, de un islamismo moderado.  El problema es que miembros de Ennahda –partido político que ganó las elecciones para la Asamblea Constituyente y del cual es miembro, entre otros, Ali Larayedh, actual primer ministro- han aparecido con iniciativas y/o declaraciones preocupantes.

Por ejemplo, el diputado Habib Ellouze (de Ennahda) no tuvo problemas en decirle a un medio que la ablación femenina es una “operación cosmética”. Aunque luego lo negaría, el periodista que lo entrevistó afirmó que esas habían sido las palabras de Ellouz. Y no se debe olvidar la polémica del asunto “Nessma”, ya que los salafistas reclamaron con gran dureza por la exhibición de la película Persépolis.

Y aquello no debiese extrañar, pues desde que Ennahda llegó al poder han ocurrido una serie de eventos que han generado preocupación entre la población que lucha por una sociedad laica y con igualdad genérica. Al respecto, aquí se puede destacar otro hecho de gran relevancia y es que tras la última crisis gubernamental –que terminó con la renuncia del primer ministro Hamadi Jebali y la disolución del gabinete- se nombró a los integrantes del nuevo gobierno.

El asunto es que de los 27 puestos, sólo en uno de ellos se nombró a una mujer, es decir, la participación femenina es de apenas el 3.7%. Estos datos posicionan a Túnez, un anterior líder regional en la lucha por los derechos de la mujer, en el penúltimo lugar del Magreb. En primera posición está Mauritania (13.33%), seguido por Argelia (7.89%) y Libia (7.14%), mientras que la última casilla es para Marruecos (3.33%).

Lamentablemente, la pobreza, la cesantía y el auge de grupos que, como mínimo, pueden ser rotulados como “conservadores” no es lo único que afecta a Túnez. El país sigue sin una Constitución y, por lo tanto, no tiene instituciones fijas. Tampoco hay claridad respecto a la fecha de las próximas elecciones legislativas y presidenciales. Y, por si fuera poco, hay evidentes diferencias en torno al tipo de gobierno que debiese implementarse. Así es que mientras Ennahda apuesta por un sistema parlamentario, en tanto que la oposición y los laicos han expresado que el presidente debe mantener ciertos poderes.

En fin, la situación actual de Túnez es bastante nebulosa y, lo que está claro, es que el gobierno deberá enfrentar, a grandes rasgos, cuatro grandes conflictos. La situación económica (que incluye la cesantía y la marginalidad), el auge del conservadurismo (que incluye la situación de la mujer), la débil estructura política (que incluye la imperiosa necesidad de una criteriosa Constitución) y la seguridad del país. En este último punto no sólo habrá que poner atención respecto a los choques sociales internos (que incluye enfrentamientos tribales), sino que también en relación a las fronteras con Argelia y Libia.

Ya no solamente por lo que ocurre al interior de aquellos estados y por lo que sucede en Malí. Claro, pues ahora se ha sumado el anuncio, por parte de los salafistas tunecinos más radicales, de una alianza con Al Qaeda del Magreb Islámico.

Por esto y todo lo mencionado anteriormente, queda la impresión que el estado de urgencia imperante en Túnez, el cual ya fue ampliado por tres meses más en marzo, tendrá que seguir vigente por más tiempo. Así las cosas, los tunecinos y las tunecinas tendrán en sus manos el gran desafío de salvar al país de lo que parecer ser una aún más profunda crisis.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Los inmigrantes en el Mediterráneo y el silencio de las agrupaciones de DD.HH.

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Los inmigrantes en el Mediterráneo y el silencio de las agrupaciones de DD.HH.

Fecha 12/03/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Mar Mediterráneo es conocido, entre otros motivos, por su rica historia de intercambios culturales, por su gran atractivo turístico y por ser el punto de encuentro y desencuentro entre el norte de África y el sur de Europa.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de marzo, 2013

inmigrantes-clandestinosSin embargo, una macabra realidad se esconde detrás de una dura, fría y triste cortina. Se trata de la inmigración clandestina, aquella que afecta a miles de africanos -en su mayoría subsaharianos, aunque también se cuentan magrebíes-, quienes se juegan la vida en busca de una mejor existencia.

El procedimiento ya es conocido. Dejan sus países de origen para radicarse, temporalmente, en el Magreb y, particularmente, en Marruecos, Túnez y Libia. Luego, aguantan el racismo, la precariedad de sus viviendas, el hacinamiento y  la falta de trabajo estable, entre otros.

“Vivimos en una casa, en la medina de Rabat, y ahí dormimos entre diez y 15 personas. El número depende, pues siempre hay algunos que se van a otra parte o que logran intentar cruzar hacia Europa”, me comentó, alguna vez, Mame, una senegalesa de 24 años.

Ella trabajaba en la calle, vendiendo artesanía, cremas, cinturones, billeteras y relojes, entre otros artículos. En tres oportunidades perdió todos los materiales de venta, ya que la Policía suele realizar “redadas”. La llevaron detenida y aunque siempre los liberan, pierden todos los objetos con los cuales intentan ganar el dinero suficiente para, algún día, subirse a un bote inflable o una patera.

“Puedo llegar a ganar 2.000 dirhams (unos 115.000 pesos chilenos) en un mes, pero a veces es mucho menos. Como arrendamos una casa entre muchos, al final no gasto más de 500 dirhams mensuales en mis cosas, asi que el resto lo puedo ahorrar”, confiesa Mame, nacida en Dakar y que no sabe cuándo volverá a ver a su familia.

En diversas ocasiones fui a comer al lugar en la cual ella vivía con muchos senegaleses. Muy generosos, compartían su comida conmigo, mientras me invitaban a escuchar su música y a ver el canal nacional de Senegal. Los fui conociendo y me di cuenta que eran personas de gran fuerza, con mucho sufrimiento a cuestas y con la esperanza de mejorar su vida.

“Quiero ir a Noruega, trabajar ahí, juntar plata y con eso volver a Dakar. Ahí me compraré una casa. He dejado mi país para conseguir este objetivo y eso haré”, me comentó ella, una morenaza que bien podría trabajar como modelo, gracias a su 1.78 de estatura y su hermoso rostro.

Un día pasé a saludarla, pero me di cuenta que no estaba en su “puesto de trabajo”, ahí en la Avenida Mohamed V de Rabat. Recorrí el sector y no la encontré. Sus amigos me comentaron que había desaparecido. Me dio pena no poder despedirme de ella y su clásico amigo, el gigantón Lamine, un senegalés que parecía basquetbolista.

Varios meses después, Mame me agregó como amigo en Facebook y Skype. Ahí supe que estaba viva y ella se encargó de contarme su drama. Pagó para ser transportada hacia Europa. Primero, viajó hasta Nador, una ciudad ubicada en el noreste de Marruecos, muy cercana a Argelia. Desde ahí, se subió a una patera y, en pleno viaje, esta débil embarcación sucumbió ante la fiereza de las corrientes que dominan en el Mediterráneo.

Quedaron a la deriva en medio de las olas y cuando el umbral de la agonía los perseguía, entonces pudieron ser rescatados por la guardia costera española. “Nos dijeron, en el hospital, que 15, 20 ó 30 minutos más y hubiésemos muerto por hipotermia”, relató mi amiga Mame.

Una vez dados de alta, fueron derivados a un centro policial y tras eso se decidió enviar de regreso a todos, salvo a Mame y su compañero Lamine. Los llevaron a un centro de acogida en un pueblo cercano a Madrid y desde ahí saltaron hacia Barcelona. Allá encontraron alojamiento en casa de un familiar de Lamine y, por ahora, no pasan penurias.

Sin embargo, al no tener documentos, no pudieron buscar trabajo. Varios meses después lograron recuperar su carnet de identidad, el pasaporte y otros papeles, pero de nada les ha servido, pues la crisis europea los ha hecho enfrentarse a la dura realidad del desempleo. A pesar de todo, Mame y Lamine siguen vivos, algo que muchos otros viajeros clandestinos no pueden contar.

Entre 1988 y 2012, más de 20.000 personas murieron intentando cruzar desde África o las Islas Canarias hacia España. Es un promedio de 2.2 inmigrantes fallecidos en forma diaria durante este período.

Sólo en 2011, al menos 1.500 africanos perdieron la vida al intentar cruzar el Mediterráneo y la mayoría de ellos en condición de “ahogados” o “desaparecidos”. Es que muchos de ellos ni siquiera logran ser recuperados de las aguas. Son verdaderos detenidos desaparecidos, pero no por una dictadura, sino que por la frialdad y la desorganización de los políticos de turno.

Algunos han elaborado programas de ayuda y la Unión Europea ha ido creando diferentes iniciativas, como Eurosur, pero aquello no es suficiente. Muchos inmigrantes que son recuperados en tierras españolas son devueltos a Marruecos y desde ahí son enviados a Argelia. Y en este último los llevan al sur del territorio argelino, “liberándolos” en pleno Sahara. De ahí, que caminen y sobrevivan, si es que lo logran.

Esta realidad es ignorada por muchos medios y gobiernos, los cuales nada hacen para encontrar una solución. Lo peor de todo es que muchas agrupaciones de Derechos Humanos no luchan por la vida de estos inmigrantes.

Claro, pues no son víctimas de una dictadura y no se trata de un asunto político. Por eso, no les interesa y, con ello, queda demostrado que los paladines de la defensa de los Derechos Humanos no son más que marionetas ideológicas.

Que esos negros miserables se ahoguen, da lo mismo. Total, son sólo negros y hay millones de ellos en el mundo.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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La preocupante amenaza del terrorismo en África

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La preocupante amenaza del terrorismo en África

Fecha 15/02/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos años, hablar de grupos terroristas significaba mencionar a Al Qaeda, la Jemaah Islamiyah, Hizbullah o ETA, por dar algunos clásicos (y algo manoseados) ejemplos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de febrero, 2013

boko-haramSin embargo, a través de diversos hechos –algunos súbitos y otros absolutamente esperables- fueron apareciendo nuevas agrupaciones cuyo principal modo de acción operaba en base al terror. Aún más, no sólo se produjo este cambio, sino que también se modificó el mapa de los grupos terroristas.

Así como ayer se miraba a los “objetivos occidentales”, hoy eso está alejado de la realidad, pues los atentados, ataques suicidas y toma de rehenes, entre otros, ya son casi cotidianos en lugares normalmente olvidados como Asia Central, Filipinas y África.

En relación a este último, cabe realizar una breve mirada superficial sobre su actual situación, especialmente en el centro-norte del continente.

El Sahel seguramente será uno de los grandes focos, ya que a los problemas generales de dicha zona –hambruna, sequía, narcotráfico, comercio de humanos, terrorismo y rebeldes tuaregs- se sumará, en lo específico la durísima situación que afecta a Malí, en la cual luchan el estado maliense (lo que queda de él) y las fuerzas internacionales (lideradas por Francia) contra Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unidad Yihadista del África Occidental (MUJAO), Ansar Dine, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y otros grupos que, en cosa de días, aparecen.

Mientras AQMI y MUJAO son grupos terroristas, Ansar Dine ha recibido el rótulo de “yihadista”, concepto poco claro, pero que hace referencia al pensamiento radical de sus adeptos. Como demostración de aquello, Ansar Dine es una rama escindida del laico MNLA.

Este conflicto, que tiene una importante variable terrorista involucrada, afecta  a países cercanos como Mauritania, Burkina Faso, Níger, Libia, Argelia, Senegal, Nigeria y Chad.

A su vez, llegará al Magreb –zona que incluye al norte de África, menos Egipto-, una región que ya lidia con sus propios problemas, los cuales derivan del actual proceso de cambios. Los “barbudos” ya hacen de las suyas en Túnez, algo que también debiese suceder en Libia (una vez que llegue la estabilidad). Argelia vive en su mundo interno, pero su política del “status quo” ya no le servirá, pues la rebelión tuareg llegó a sus fronteras, igual como hace años ocurre con grupos terroristas y partidos islamistas. El reciente caso de In Amenas (toma de rehenes por parte de terroristas ligados a AQMI.) dejó en claro que el “fantasma” terrorista sigue vivo en territorio argelino.

En cuanto a Marruecos, tiene más tranquilidad, pero en los últimos meses se han desmantelado una serie de células terroristas ligadas a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y no se debe olvidar que en 2011 se produjo un atentado en Marrakesh. Y Mauritania, bueno, las posibilidades de un nuevo golpe de estado están a la vuelta de la esquina en un país que vive en permanente lucha contra el terrorismo.

Estas dos regiones (Sahel y Magreb) se encuentran ligadas a Nigeria y Somalía. ¿Por qué? Básicamente, pues grupos terroristas que operan en estos países tienen nexos con AQMI, Mujao y Ansar Dine, que realizan lo propio en el Magreb, el Sahel y, según afirman los servicios de inteligencia, en África Occidental.

Mientras Boko Haram ha sido el gran dolor de cabeza de Nigeria, Al Shabaab ha hecho lo mismo, pero en la atribulada y acéfala Somalía. Si bien Al Shabaab ha perdido mucho en el territorio somalí, Boko Haram sigue poderoso en Nigeria.

Lo preocupante es que Boko Haram, Al Shabaab, AQMI y MUJAO tendrían nexos de cooperación entre sí, algo que ha quedado de manifiesto en la actual situación en Malí. Así es que, por ejemplo, se ha informado que miembros de Boko Haram han transitado por Burkina Faso, Senegal e incluso Malí. También se ha dicho que diversos combatientes “yihadistas” fueron entrenados en “zonas perdidas” del Sahel y en parte del territorio nigeriano, donde suele haber campos de entrenamiento.

Mirando el mapa de África, se puede establecer una especie de “rectángulo del terror”, cuyos ejes serían el Magreb (norte), el Sahel (sur), Somalía (este y siempre conectado con Yemen) y Malí (oeste).

De ahí que sea tan relevante lo que está ocurriendo con Al Shabaab, que ha perdido control de Mogadiscio (capital somalí) y Kismayo (importante puerto) y ha cedido parte de los territorio que había logrado dominar. El problema es que la lucha contra Al Shabaab ya ha tenido repercusiones en Kenya, asi que no será fácil de eliminarlo, por más que esté debilitado.

El problema es que Boko Haram, AQMI y MUJAO parecen estar muy activos, bien preparados y con una importante capacidad de ataque y, por supuesto, defensa. En este sentido, la “guerra” contra ellos estará condenada a su fin si no se unen las fuerzas militares de Francia, Mauritania, Argelia y Chad.

Los franceses tienen la tecnología, la disciplina y los recursos económicos, mientras que mauritanos y chadianos son los únicos que saben pelear en la difícil geografía saheliana. Los argelinos son potencia regional (magrebí y saheliana) y llevan años luchando contra el terrorismo.

Y además de eso, sería ideal sumar fuerzas provenientes de Marruecos y Senegal, importantes líderes en el Magreb y el África Occidental, respectivamente.

Pero ojo, que no es llegar y atacar. Etiopía lo hizo en Somalía y aunque, por ahora, significó el repliegue de Al Shabaab, también significó, en su momento, un fortalecimiento de aquel grupo terrorista.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado
Fotografía: Flickr

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