Archivo de etiquetas | "Malí"

Reporte – Crisis política y social de Malí

Etiquetas: , , , , ,

Reporte – Crisis política y social de Malí

Fecha 9/08/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 5 de junio comenzaron una serie de manifestaciones en Bamako, capital maliense, pero también en otras ciudades del país. Aquello parecía un movimiento espontáneo que, como muchos otros, quizás terminaría diluyéndose por su falta de consistencia. Sin embargo, civiles, opositores al actual gobierno de Ibrahim Boubacar Keita (IBK) e incluso figuras religiosas lograron, con gran éxito, unirse y desafiar a IBK.  A casi dos meses del inicio de esta nueva etapa, que no es más que la continuidad o, si se prefiere, una consecuencia del conflicto que estalló en 2012, el M5-RFP (coalición integrada por el Movimiento del 5 de Junio y la Agrupación de Fuerzas Patrióticas) sigue poniendo sobre la mesa la necesidad de reformas sociales y políticas.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de agosto de 2020

(Fuente: Agencias)

La historia es bastante conocida. Casi en paralelo a la caída de Muammar al Gaddafi, miles de mercenarios, provenientes de Malí y Níger, vuelven a su país de origen. Así, comienza a organizarse una nueva rebelión tuareg en el Sahel, aunque esta vez centrada en Malí y, específicamente, en el norte del territorio maliense. Meses después, en marzo de 2012, un golpe de estado puso fin al régimen de Amadou Toumani Touré. Tras esto, Dioncounda Traoré, presidente de la Asamblea Nacional, es nombrado como el nuevo mandatario de Malí. Luego, a fines de abril, se produjo una nueva intentona golpista, aunque esta vez sin éxito. A partir de entonces, se generó la confluencia de tres variables, que son la fragilidad institucional del país, la mencionada “rebelión tuareg” y la entrada al conflicto de diversos grupos terroristas (principalmente Al Qaeda del Magreb Islámico, Movimiento por la Unidad de la Jihad en África Occidental y Ansar Dine).

Durante los siguientes años, Malí fracasaría en su intento de recuperar el control de todo su territorio, pero, aún peor, también sucumbiría al auge del terrorismo. Todo esto fue creando un escenario perfecto para un deterioro generalizado de la calidad de vida de la población del país. Así, en septiembre de 2013, asumió como presidente el experimentado Ibrahim Boubacar Keita (conocido como IBK), quien sería reelegido en agosto de 2018. En ambas elecciones, Keita derrotó a Soumaila Cissé.

En abril del presente año se llevaron a cabo unas polémicas legislativas, ya que se acusó a la Corte Constitucional de favorecer al partido de Ibrahim Boubacar Keita y, además, se pusieron en duda 31 resultados. Sin embargo, días antes, el 25 de marzo, la situación ya se había enrarecido, luego que Soumaila Cissé fuese raptado. En paralelo, los problemas mencionados previamente (terrorismo, deterioro de la calidad de vida y disputa por el territorio) seguían siendo parte del debate nacional. De esta forma, lo acontecido en los comicios legislativos y la “desaparición” de Cissé fueron los ingredientes perfectos para generar una “bomba de tiempo”. Esto último ocurrió casi dos meses después, ya que el 5 de junio comenzaron a desarrollarse una serie de protestas en todo Malí, las cuales crecieron en violencia y tensión durante julio. Hasta hoy, se estima que al menos 11 manifestantes fallecieron durante los choques con las fuerzas policiales.

Detrás de estas protestas se encontraba una alianza formada por el Movimiento del 5 de Junio y la Agrupación de Fuerzas Patrióticas (M5-RFP). Dicha coalición integraba a la sociedad civil -incluso hubo manifestaciones realizadas por mujeres-, a la oposición política y a religiosos. De hecho, el imam Mahmoud Dicko es considerado como uno de los grandes pilares y organizadores de este movimiento político-social.

Cuando todo parecía llegar a un punto sin retorno, Ibrahim Boubacar Keita declaró, el 5 de julio, que estaba dispuesto a disolver la Asamblea Nacional y conformar un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, su propuesta no fue aceptada y se mantuvieron las manifestaciones. En los siguientes días, las protestas se intensificarían y, tras la muerte de civiles, se tomó la decisión de realizar plegarias en vez de protestas. Además, el 11 de julio, el primer ministro de Malí prometió que lo antes posible se generaría un “gobierno de apertura”. Luego, ante la inminente llegada del Eid al Kbir, conocida como Tabaski en las comunidades musulmanas de África Occidental, se hizo un llamado a la calma. Aprovechando esta “pausa”, una delegación de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) intentó generar un consenso y, por ende, una solución pacífica. Lamentablemente, el 20 de julio se anunciaba que la misión había fracasado en su intento. Acto seguido, cinco presidentes de países vecinos (Costa de Marfil, Ghana, Níger, Nigeria y Senegal) dieron continuidad a lo hecho por la delegación de la Cedeao. Lamentablemente, nuevamente no hubo acuerdos.  

¿Qué pide el movimiento?

Entre las principales demandas se encuentran la renuncia de Ibrahim Boubacar Keita y la disolución de la Asamblea Nacional y la Corte Constitucional. Además, el M5-RFP exige investigaciones independientes sobre la violencia contra civiles, la cual, según dicho movimiento, habría generado 23 muertos.

Cabe consignar que la partida de Keita no fue parte de las peticiones en un primer momento, pero tras los choques, que derivaron en fallecidos, el movimiento sumó la renuncia de IBK como algo insoslayable.

Como respuesta a lo que pide el M5-RFP, IBK removió a los miembros de la Corte Constitucional y su hijo renunció a su puesto como diputado. Sin embargo, al no querer disolver la Asamblea Nacional, ni tampoco presentar su renuncia, el M5-RFP siguió adelante con sus peticiones.

…..qué sugieren los mandatarios de la Cedeao

Tras las visitas de una delegación del organismo regional y de cinco mandatarios, el lunes 27 de julio se llevó a cabo una cumbre extraordinaria (a través de videoconferencia), en la cual estuvieron los 15 jefes de estado y gobierno de los países miembros.

En resumen, la Cedeao recomienda al gobierno de Malí que nombre un gobierno de unidad nacional -cuyo poder sería compartido por IBK, la oposición y la sociedad civil- y que haga efectiva la renuncia inmediata de los 31 diputados que lograron sus escaños gracias a la polémica decisión de la Corte Constitucional. Sobre este último órgano, sugieren que se realice una restructuración del mismo, pero dentro del marco legal establecido por la Constitución de Malí. En este sentido, la Cedeao propone que, una vez que se lleve a cabo la elección parcial (por los 31 asientos) de la Asamblea Nacional, sea esta la que designe sus tres representantes. En caso de bloqueo, el presidente Ibrahim Boubacar Keita podría ampararse en los poderes excepcionales que le otorga el artículo 50 de la Constitución y nominar a los nueve integrantes de la Corte Constitucional.

La Cedeao también pidió una investigación formal sobre los disturbios ocurridos en Bamako y que dejaron un saldo de al menos 11 muertos (según algunas fuentes, los fallecidos serían hasta 23). En paralelo, el comunicado final de la cumbre puso énfasis en la necesidad de redoblar los esfuerzos en la búsqueda y el rescate de Soumaila Cissé.

Junto a lo anterior, la Cedeao apuesta por la creación de un “Comité de Seguimiento”, el cual tendría como objetivo verificar que las medidas sugeridas se lleven a cabo. Este “Comité de Seguimiento” contaría con la participación de la Unión Africana y la ONU, a lo cual se sumaría la presidencia de la Cedeao. Por último, este comité estaría integrado por representantes de la sociedad civil, Parlamento, gobierno, M5-RFP, mujeres, jóvenes y magistrados.

Se contemplan sanciones para quienes cometan actos en contra del proceso de normalización y la fecha límite para desarrollar esta propuesta sería el 31 de julio. En pocas palabras, se le pide a las partes en conflicto que actúen con rapidez y que lleguen a un acuerdo lo antes posible, para así comenzar la reconstrucción política y social de Malí.

……y la respuesta del movimiento a la propuesta de la Cedeao

Junto con declarar que el proyecto elaborado por los mediadores no tomaba en cuenta el contexto sociopolítico del país y los riesgos que implica el mandato de Ibrahim Boubacar Keita, el M5-RFP rechazó la propuesta de la Cedeao. También, lamentó que lo ofrecido por la Cedeao no fuese muy diferente a lo que ya presentó IBK.

Al respecto, volvieron a decir que la renuncia del actual presidente es parte de la solución, algo que la Cedeao considera innecesario y, aún más, como una “línea roja” que no debe ser cruzada.

Por medio de un comunicado, generado el 23 de julio, el M5-RFP se comprometió a organizar manifestaciones dentro del marco legal (respetando a la Constitución, resoluciones adoptadas a nivel internacional y acuerdos intercomunitarios) y en un contexto absolutamente pacífico.  Además, afirmó que evitaría generar un vacío de poder, para así asegurar que las discusiones con IBK no impliquen mayor inseguridad para la población del país. El texto entregado a la Cedeao termina con algo importante y es que el M5-RFP espera contar con el apoyo de la Cedeao en su “búsqueda de seguridad, paz y prosperidad socioeconómica, a través de la restauración de un Malí democrático, republicano y laico”.

El 28 de julio, el movimiento nuevamente rechazó la propuesta de la Cedeao, aunque ese mismo día se produjo un encuentro entre el primer ministro de Malí, Boubou Cissé, y el imam Mahmoud Dicko. En esta reunión, llevada a cabo en la casa de Dicko, el representante del gobierno maliense le pidió al líder religioso que se implique en la propuesta de IBK, para que así logre convencer al M5-RFP de integrarse al gobierno de unidad nacional. Al día siguiente se vivió una dura jornada para el proceso de acercamiento, ya que la oposición volvió a pedir la salida de IBK y cerró la puerta a la propuesta de Cissé. Junto a eso, los 31 diputados involucrados en la polémica legislativa anunciaron que no dejarían sus cargos. En paralelo, el primer ministro aseguró que no renunciará, a menos que el presidente se lo pida. En resumen, todo llegó a punto cero, lo cual adquirió mayor gravedad una vez que el M5-RFP anunciara que el lunes 3 de agosto retomaría la desobediencia civil. En este sentido, el 30 de julio llegaría algo de calma, ya que Mahmoud Dicko declaró que se podría encontrar una solución que no contemplara la renuncia de IBK. Junto a lo anterior, mencionó que la salida del primer ministro podría ser una parte del compromiso. Empero, el imam aparecería, unos días más tarde, llamando a una gran marcha el 11 de agosto y pidiendo que fuese una “convocatoria histórica”.

Comentarios sobre la situación de Malí

Mientras el M5-RFP y el gobierno mantienen su “gallito”, el país sigue sin progresar y, peor aún, la situación amenaza con agravarse. De hecho, según datos del último Afrobarómetro, del 23 de julio, el 86% de los encuestados consideró que Malí va en una “mala dirección”. Al respecto, parece haber un consenso nacional sobre el delicado contexto, ya que Sikasso es la región donde hay una mejor percepción, pero aún así el 78% optó por la respuesta “mala dirección”. A nivel político, el asunto es bastante similar, ya que el 90% de los cercanos a la oposición considera que el país va en una “mala dirección”, mientras que los simpatizantes del gobierno y aquellos que no se identifican con ningún bando suman 82% y 85%, respectivamente.

En cuanto al gobierno, IBK llegó a tener un 75% de aprobación, pero luego fue bajando. Esto se debe al hecho de no poder concretar una serie de medidas y reformas sociales. Por ejemplo, según un Afrobarómetro de julio de 2018, en apenas cuatro ítems había un respaldo popular sobre ciertos asuntos. Se trata de la prevención de la violencia política en el período electoral (66%), mejoramiento de los servicios de salud básicos (62%), prevención de conflictos violentos entre comunidades (61%) y el fomento de los derechos y las oportunidades a favor de las mujeres (61%). En los restantes 15 temas, la aprobación fue igual o menor a 50%, destacando la mala evaluación en estabilidad de los precios (79%), reducción de la brecha entre ricos y pobres (78%), mejoramiento de la vida de los pobres (75%), creación de empleos (74%), suministro fiable de electricidad (71%), lucha contra la corrupción en la administración pública (71%), seguridad alimentaria para todos (66%), gestión de la economía (65%), tomar en cuenta las necesidades de los jóvenes (64%) y reducción de la criminalidad (63%). Como se puede ver, hay un alto rechazo en temas tan importantes como pobreza, desigualdades, corrupción, alimentación y seguridad, demostrando que, tal cual expresó la analista Niagalé Bagayoko, se trata de una “crisis multidimensional”.

Respecto a lo anterior, es necesario mencionar que hay asuntos que se vienen desarrollando hace varios años, como la brecha entre ricos y pobres. Así, en 2001, el 66% de los encuestados consideraba que el gobierno de aquel entonces lo estaba haciendo “mal” o “muy mal” en la lucha contra la desigualdad. En 2005, la cifra llegaba a 67% y en 2008 trepaba a un histórico 83%, en tanto que en 2012, en plena crisis política y social (especialmente en seguridad), se mantenía muy alto (80%). En 2014 y 2017 llegaría a 75 y 79%, respectivamente. Los números hablan por sí solos y demuestra que el problema de la gran brecha entre los más ricos y los más pobres no es responsabilidad de IBK, sino que de todos quienes han gobernado en los últimos 15 años.  Lo mismo ocurre con la gestión de la economía (62% en 2008, 69% en 2012, 56% en 2014 y 65% en 2017), mejoramiento de las condiciones de vida de los pobres (77% en 2008, 75% en 2012, 71% en 2014 y 75% en 2017) y la creación de empleos (55% en 2005, 72% en 2008, 73% en 2012, 68% en 2014 y 65% en 2017). Al revisar las cifras, se puede concluir que IBK no lo ha hecho mucho mejor que sus antecesores, pero tampoco lo ha hecho peor.

Se puede decir, entonces, que es un proceso que se mantiene desde hace mucho tiempo.  Hay una crisis política que se arrastra desde 2012, agravada por la situación de la seguridad. A pesar de esto, sigue habiendo un alto grado de apoyo al sistema de elecciones, ya que, en 2014, el 85% estaba a favor de elegir candidatos por medio de votaciones. En 2017, la cifra era 81%. En ambos casos, bastante parecido a lo que se podía apreciar en 2002 (82%), 2005 (86%), 2008 (81%) y 2012 (82%). Sin embargo, sería importante conocer la opinión de la gente sobre la transparencia de los procesos electorales. Esto, pues, en 2014, el 83% pensaba que las elecciones se habían desarrollado con plena transparencia o con pequeños problemas, mientras que en 2017 había bajado al 76%. Tras la polémica que ocurrió en las legislativas de 2020, ¿cuál sería el nuevo porcentaje? Lo mismo pasa con la Comisión Electoral, con una confianza, por parte de los encuestados, de 40% en 2012, 68% en 2014 y 51% en 2017.

En cuanto a la democracia, un 62% la apoyaba en 2012, mientras que aquella cifra aumentaría en 2014 (75%) y luego bajaría en 2017 (67%). En paralelo, el rechazo a las dictaduras de un hombre se mantiene sobre 80% desde 2012, con históricos montos de 86% y 87% en 2014 y 2017, respectivamente. La mayoría también suele mirar con recelo a los gobiernos de partido único (77% en 2012, 84% en 2014 y 76% en 2017) y a los regímenes militares (58% en 2012, 64% en 2014 y 66% en 2017). En resumen, se puede llegar a la conclusión que hay un evidente rechazo al trabajo de los políticos e incluso de instituciones como la Comisión Electoral, pero que aún se mantiene un fuerte apego respecto de la democracia. Sin embargo, ese descontento (un 61% consideraba, en 2017, no estar satisfecho con el funcionamiento de la democracia) debe ser tomado en cuenta, pues indican que no debe haber una reformulación del sistema, pero sí reformas urgentes.

Relacionado con lo anterior, a pesar de la desconfianza respecto de los políticos y de la violencia en ciertas regiones del país, se debe destacar que la libertad de expresión sigue teniendo una buena percepción por parte de la gente. De todas maneras, se debe poner atención al hecho que, según un Afrobarómetro de diciembre de 2018, el 40% se consideraba “nada libre” o “no muy libre” a la hora de expresar sus opiniones. Este resultado es mayor que aquellos de 2008 (15%), 2012 (30%) y 2014 (24%). Entrando en profundidades, es importante tomar en cuenta que apenas el 55% de los jóvenes entre 18 y 35 años declaró que se siente “algo libre” o “totalmente libre” en este ítem, mientras que los hombres (63%) se sienten con mayor libertad que las mujeres (54%). A estos datos se debe agregar que aquellos que nunca vivieron en la pobreza (68%) se sienten más libres que quienes tienen han vivido bajo una elevada pobreza (51%).

Algo de importancia es la participación en reuniones comunitarias. En este punto, lo más destacable es la diferencia entre el medio urbano y rural. En el primero, el 47% estaría dispuesto a participar, mientras que en el segundo la cifra llega a 70%. Al respecto, los resultados son de 2017 y cabe preguntarse cuáles serían los porcentajes hoy, tomando en cuenta que ha habido mucha violencia intercomunitaria. Más allá de eso, lo concreto es que en los sectores rurales -que es donde hay más choques entre comunidades- hay un mayor grado de participación en encuentros comunitarios, lo cual se podría explicar, entre otros motivos, por la desconfianza hacia los políticos y las fuerzas de seguridad, por un lado, y por el sentimiento de pertenencia a su comunidad, por el otro lado. Situación similar se vive a la hora de asociarse con otros para discutir un problema. En este ítem, el medio rural volvió a superar al urbano, ya que la respuesta afirmativa fue de 55% y 39%, respectivamente. Algo que llama la atención es que apenas el 46% de las personas entre 18 y 35 años se asociaría con otros para hablar sobre algún conflicto o situación problemática, en tanto que en el mayor porcentaje de intención positiva se ubica en el rango de 36 a 55 años, aunque apenas un 57%. Esto permite entender el por qué de los violentos choques ocurridos durante junio y julio en Bamako y otras ciudades del país. Claramente, mucha gente ya no tiene ganas de sentarse a debatir sobre los problemas que los afectan. Por último, la cantidad de ciudadanos que iría a una protesta o manifestación es otro tema que debe ser analizado. En este sentido, en 2012, el 73% decía que nunca lo haría, pero luego bajaría bastante en 2014 (46%) y 2017 (52%). A la inversa, en 2012, el 20% dijo no haber asistido a una manifestación en los últimos 12 meses, pero que lo haría si se presentara la oportunidad, lo cual varió bruscamente en 2014 y 2017, llegando a un 44% y 37%. A su vez, el porcentaje de personas que fue a una protesta se mantuvo estable (entre el 7% y 10%). Estos números permiten concluir que la gente está más dispuesta a ir a la calle y expresar lo que siente. Es algo que va de la mano con lo que ha ocurrido en la actual crisis, ya que la sociedad civil ha tenido un importante rol en las manifestaciones organizadas por el M5-RFP.

Conclusiones

Sin dudas, la respuesta del gobierno de IBK ha sido tardía, pero lo importante es que poco a poco empieza a generar cambios. Por ejemplo, se nombró a los nuevos integrantes de la Corte Constitucional, que era una de las peticiones del M5-RFP. Además, se formó un nuevo gabinete, acotado y con la misión, bajo el mando del primer ministro, de generar un gobierno de unidad nacional. Al respecto, la “hoja de ruta” de IBK tiene como una de las grandes prioridades lograr que el M5-RFP entre a este nuevo gobierno. En paralelo, se puso énfasis en retomar las condiciones mínimas que permitan el retorno de la “paz social”, lo cual incluye, entre otras medidas, una investigación sobre las muertes ocurridas en julio y la aplicación del artículo 39 del personal de Educación. En este contexto, es urgente que se siga avanzando en las principales reivindicaciones de los manifestantes, para así ir mejorando el clima político y social.  

Relacionado con esto último, es necesario generar un punto de encuentro entre el actual gobierno y la oposición, pero también entre la clase política en general y las necesidades del ciudadano común. Por eso, será vital que el M5-RFP comprenda que debe ceder y acercar las posiciones ante un gobierno que, tarde y presionado por la situación, finalmente optó por apostar por el diálogo y buscar una solución que evite un descalabro de la institucionalidad democrática del país. La naciente Coalición por el Sahel podría ser integrada en el proceso de estabilización del país.

En cuanto a la solución, esta debe ser generada por los actores directos del conflicto en Malí. Sin embargo, la participación de actores regionales, como la Cedeao parece ser apropiada. Es momento que los organismos de integración africanos demuestren que están a la altura y que no necesitan los buenos oficios de organismos multilaterales externos (UE, Estados Unidos, etc.). Al respecto, el rol de la ONU debe ser de observador y mediador, pero no más que eso. No se debe olvidar que la presencia militar ha generado rechazo hacia ciertos países, pero también hacia la injerencia extranjera. En este punto, es relevante que se evite un escenario como el que vive Libia, donde diversos actores se han involucrado. Esto ha distorsionado al conflicto en sí, pues a este mismo -que es lo central del asunto- se han sumado las pugnas geopolíticas entre otros estados ajenas al conflicto principal. Es así que el fracaso de la Cedeao ha sido un paso atrás, pero el regreso de Goodluck Jonathan, como mediador, podría fortalecer los esfuerzos llevados a cabo por la Cedeao. Así, es fundamental que este bloque de integración siga apoyando el proceso de diálogo de Malí y no solo para conseguir la estabilidad de dicho país, sino que también para seguir avanzando en la anhelada búsqueda de mayor democracia en la región. En resumen, se debe encontrar una solución debido al contexto nacional y regional.

La solución del conflicto debe tener una mirada amplia y de largo plazo. Si bien la crisis política y la inseguridad son los detonantes del actual proceso, este no es más que una consecuencia o una continuidad de aquel que comenzó en 2012. Así, se deben buscar soluciones a distintos problemas y, por lo mismo, se deberá involucrar a diversos sectores políticos y sociales. Aún más, hay temas (como el terrorismo) que merecen tener una visión regional, pues ningún país podrá ponerle fin sin la ayuda de sus vecinos.

Es fundamental que todas las partes involucradas comprendan que la defensa de la democracia y de su institucionalidad deben estar por sobre los intereses particulares de uno u otro grupo. Malí logró construir una incipiente democratización en los años 90, pero en el siglo XXI fue sufriendo una progresiva destrucción de lo conseguido. Esto último, entre otros motivos, por el mal desempeño de los políticos.

Parece ser que el imam Mahmoud Dicko no tiene intenciones de ser presidente o algo así. De hecho, le acomoda estar por detrás de los poderes, para así controlar y “fiscalizar” a quienes toman las decisiones. Será necesario contar con su presencia al momento de negociar con grupos terroristas, especialmente con aquellos que cuentan con buenas relaciones con Dicko. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la islamización del conflicto político y social sería un gran retroceso. Si bien resulta erróneo establecer la participación del imam solo en el plano religioso, no se debe olvidar lo que ha ocurrido, por ejemplo, con los islamistas en Marruecos, Túnez y Egipto. En todos estos casos, supieron aprovechar el descontento transversal de la sociedad, para luego llegar al poder e intentar realizar reformas tendientes a una sociedad más conservadora o, si se prefiere, más “islamizada”. Esto no quiere decir que en Malí vaya a pasar eso mismo -las comparaciones no son recomendables-, pero es importante ir viendo si Dicko y los islamistas tienen otras intenciones.

En medio de un contexto regional muy preocupante y con diversas amenazas -sequía, choques intercomunitarios, terrorismo, inmigración, inestabilidad sociopolítica y conflictos en zonas cercanas-, Malí no se puede dar el lujo de caer y generar otro “tierra de nadie”. Es importante que el Estado recupere el control territorial, para que así pueda ejercer su poder y, por ende, sus medidas en materia de seguridad. Sin embargo, al igual como ha pasado en otros países de la zona, se debe tomar mucho cuidado a la hora de reforzar la seguridad, ya que ha habido diversos casos de violaciones a los derechos humanos, llegando incluso a cometer verdaderas matanzas contra civiles (por parte de las fuerzas estatales y de grupos terroristas), pero también se han producido intensas confrontaciones entre las comunidades que habitan en la región.

El M5-RFP comienza a dar señales de evidentes diferencias y una demostración de aquello es el tema de la renuncia de IBK. Mientras los sectores más duros no ceden en su afán de sacar al actual presidente, otros grupos, incluyendo al mismo Mahmoud Dicko, no tienen como principal prioridad la partida del actual mandatario. Esto último puede generar, con el desgaste propio del paso del tiempo, una fractura al interior del M5-RFP. Además de lo anterior, no se debe olvidar que este movimiento tiene mucha adhesión en Bamako, pero no así en otras regiones del país. Desde este punto de vista, la misión de la Cedeao fracasó en su intento de generar acuerdos, pero significó un apoyo fundamental para IBK, ya logró validarlo como presidente. Esta situación se refuerza con la reciente declaración de la Unión Africana, que apostó por sumarse a las propuestas elaboradas por la Cedeao. En resumen, si IBK logra manejar bien la relación con el M5-RFP, el actual conflicto podría tener, eventualmente, un mejor futuro.

Un tema que no se debe olvidar son las elecciones de 2023, ya que si bien el movimiento parece ser espontáneo y con objetivos de corto plazo, sí puede haber líderes, partidos políticos o grupos que estén pensando en los comicios presidenciales de 2023. Es el caso, por ejemplo, de la Coordinación de Movimientos, Asociaciones y Simpatizantes del imam Mahmoud Dicko (CMAS), una agrupación formada en enero de 2020 y que tiene como objetivo las elecciones legislativas, que aún no tienen fecha, e incluso las presidenciales de 2023.

Si bien la pandemia del Covid-19 no ha sido un detonante de la actual crisis, puede jugar un rol. Esto, pues una mala gestión del gobierno agravaría las tensiones, pero un buen manejo permitiría que IBK ganara más apoyo.  

Por último, la situación actual del país es el reflejo de un proceso histórico que mezcla una deficiente administración del Estado y crisis de confianza respecto de las instituciones estatales y políticas. Lo que actualmente ocurre es la explosión de un material acumulado durante años, período en el cual no se solucionaron grandes problemas en temas como educación, salud, justicia, servicios básicos (agua y electricidad), descentralización y gobernabilidad. Aún peor, a partir de 2012 se sumó una crisis en la seguridad, la lucha contra el terrorismo y el control efectivo del territorio. En este escenario, el Estado y la población de Malí deben actuar con rapidez, fomentar la puesta en marcha de medidas concretas y consolidar una política de diálogo y acuerdos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl


 

Comentarios (0)

Abdelmalek Droukdel: profile of a key jihadist in the Maghreb and the Sahel

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Abdelmalek Droukdel: profile of a key jihadist in the Maghreb and the Sahel

Fecha 6/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

On June 5, Florence Parly, Ministry of the French Armed Forces, announced that Al Qaeda of the Islamic Maghreb’s chief was killed -together with other important members of his inner circle- two days before, during a military operation carried on by the French Army. Without any doubt it was a shocking information, especially for the jihadist movement that Abdelmalek Droukdel used to lead in the Maghreb and Sahel regions. With the Algerian chief dead, it is necessary to know a bit more about his role in Northern Africa’s terrorist scenary.

Raimundo Gregoire Delaunoy | June 6, 2020

Abdelmalek Droukdel was born in Meftah, southern Algeria, on 20 April 1970, in a very religious family. He completed school studies and then obtained a bachelor degree in the University of Bilda (1989-1993). At the same time, he was preparing his way towards jihadism and terrorism, something he had already begun at the end of the 80s, when he even went to fight the Soviet troops during Soviet Union’s invasion of Afghanistan. His first steps toward an extremist group are dated in 1993, when he started having contact with the Movement of the Islamic State (MEI). After that, in the 90s, he advanced to the ranks of the Armed Islamic Group (GIA) and, in 2001, to the Salafist Group for the Preaching and Combat (GSPC). In 2004, he became the leader of this latter one, which he finally merged with Al Qaeda, forming, in 2006, the known movement of the Al Qaeda of the Islamic Maghreb (AQMI).

Droukdel’s role in Mali’s fragmentation

After Muammar Al Ghadaffi’s fall and murder, in October 2011, hundreds or even thousands of veteran and young fighters, now armed with the arms that they received as Ghadaffi’s mercenaries, started to escape to other bordering countries, such as Mali. This latter one was the perfect place for Tuaregs that came from Libya and wanted to revive, once again, the dream of an independent State. Therefore, in 2011 they founded the National Movement for the Liberation of the Azawad (MNLA) and in March 2012 they defeated the Malian government and declared the birth of the Azawad, which is an independent State for the Tuareg people.

(Fuente: Agencias)

With a direct collision of governmental forces, Tuareg independentists, jihadists and terrorist groups, the ground was prepared for the irruption of Abdelmalek Droukdel’s into Mali’s arena. After merging with Ansar Eddine (AE) -group that received AQMI’s financial, logistical and military help since 2011-, AQMI decided to form an alliance with AE and the Movement for the Unity and Jihad in Western Africa (Mujao), something that was concretised in 2012. Since then, Malian, French and international troops and installations have been objectives of this terrorist merge, consolidating Droukdel’s change from a local to a regional terrorist leader.

His last years

With less power and control than before, he needed to recover importance, as the Islamic State had won a lot of ground in Africa and even provoqued a fracture in the ranks of AQIM, with important members leaving the group and joining the IS. Even worse, the intervention of France in Mali, since 2013, weakened the strength of AQIM and Droukdel, making him to disappear from the main scenes. According to local sources and medias, Droukdel was capable to enter Tunisia in 2016, where he established his operation center. Nevertheless, he was still active and, in fact, was planning his return to Algeria, country in which he seemingly hid before being able to pass the Tunisian border. The consolidation of the Western Africa as a jihadist hub was one of his goals as Droukdel only controlled some feuds in Kabilya and the Sahara region.

In this context, his last victory was the creation, thanks to the ties with Iyad ag-Ghali -an important islamist leader in Mali- of the Group for the Support of Islam and Muslims (GSIM). It was a merge of different terrorist associations that, according to some sources, had nearly 2.000 fighters and that counted with the presence of Mokhtar Belmokhtar’s Al Mourabitoun, Ansar Eddine and Macina. Eventhough it was a great moment for the jihadist movements in Africa, Droukdel’s weakened status and influence seemed to be evident as he did not participate in the ceremony and was not part of the official photo. Instead, he sent an envoy.

Some final comments

He never received training in Yemen or Afghanistan, being a strange case in Al Qaeda. His ideological thought was a mixture between Arab nationalism and islamism (political islam) and he had the capacity to make alliances with groups that shared with him the same goals. That explains, for example, his close collaboration with jihadist groups in Mali and his plans to extend his collaboration to other terrorist cells in Western Africa.

His mentor was Abou Mousab al Zarqawi, a former leader of Al Qaeda in Irak. He had a strong character and was a tough person. Nevertheless, he had excellent oratory skills and, therefore, he used to be seen as a charismatic leader. Also, he was very ambitious and cold-blooded, as he did not have any problem to eliminate or leave aside other member, that is what happened with Mokhtar Belmokhtar, a veteran jihadist  that was “expelled” from AQIM in 2012 due to ‘ideological differences’ (according to Droukdel).

His harsh line can be seen with the fact that he transformed the SGPC into a terrorist group that could attack and kill civilians. Then, as AQIM, he did not have any problem to kidnap algerians or foreigners in order to demand randsoms.  He was also an intelligent leader, which allowed him to obtain massive sums of funds and to increase the number of terrorist incidents in which AQIM had a direct participation.

His main legacy was to expand jihadism through Africa, especially in the Maghreb and the Sahel. He was able to organize and carry on attacks in Algeria, Burkina Faso, Mali, Mauritania and Morocco, always fighting against foreign activities and spreading the roots of radical islam.

Related articles:

Comentarios (0)

African countries processes to follow in 2018

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

African countries processes to follow in 2018

Fecha 28/12/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

With the arrival of a new year, it is important to analyze some important topics that will fill the African agenda of international and specifically, interafrican, issues during the current year. So, this article will present some countries that should be tracked in 2018 as they will possibly face important changes and strong (and sometimes hard) sociopolitical processes.

Raimundo Gregoire Delaunoy | December 28th, 2017

(Fotografía: Agencias)

Only by looking the electoral calendar of Africa for 2018 it seems that it will be an important year. There will be nine presidential elections and 15 legislative ones, which will be complemented with others like local elections, referendums or municipal processes. Even more, Cameroon, Egypt, Democratic Republic of Congo, Mali, Madagascar, Mauritius, Sierra Leona, South Sudan and Zimbabwe will choose a new President. So, just talking about elections it will be a year full of expectations.

At the same time, there are key events that are developing in Africa and that, obviously, will be part of 2018’s agenda por this continent. For example, the dispute of the Nile, the tasks of the new chief of the MINURSO, the immigration issues in Northern Africa but also in Eastern and Central Africa, the transformation of the African Union, advances in the African integration, the rise of terrorism, the drug traffic routes and the fight against hunger, among others. Different and tough challenges for a continent that has improved in a lot of aspects but that still confronts eternal social conflicts and, surely, a lack of a deeper integration as a whole. As Julius Nyerere declared, the fragmentation of Africa still causes damage to the path that will give Africans better life conditions.

In the following paragraphs, the context of different countries will be analyzed, so that the study of such a huge continent can be realized in a less dense way.

Egypt

Abdelfatah Al Sisi’s announcement of running for the presidential election – which should be held on Mars 26th– confirmed what all Egyptians knew, it is, he will not hold out­ the power and he will continue with his ambitions. And if there was any doubt in relation to his rivals, now everything is clear, as all of the other candidates have ended their presidential dream and al Sisi’s victory is only a matter of time.

It is true that he saved the country from the Muslim Brotherhood -a group that tried to be seen as a moderate islamist political party but that finally tried to establish changes that would have conducted Egyptian society into a more conservative one- but Egypt still faces the problem of discrimination against women, Christian minorities (nearly 10% of the country’s population) and secular sectors of the society.­ Also, the threat of terrorism is very active in the Egyptian territory and specially in the Sinai. The attacks of last months are a demonstration of this and reflect the fragile security context of the country. The situation worsens if the analysis deepens in topics like the economic reality of Egypt, the corruption and the strong-hand leadership of al Sisi, who never hesitates before sending to prison political rivals, islamists, ONGs representatives and anyone who opposes to him.

Even if the lack of civilian liberties has been a problem through decades, there was a hope that after Hosni Mubarak’s fall a new paradigm could be established, specially in freedom to express, religious liberty and, maybe the most important, the end of that deep and strong relation between politics and military in the government or power. Sadly, none of those situations have changed and, even worse, Egypt faces 2018 with lot of problems and big challenges in those issues. Then, it will be a key moment for the future of the country. The reforms are waiting and al Sisi has the opportunity to rectify the path and give, once again, hope to the Egyptians.

Libya

If there is a country that faces a crucial year for its social, political and economic re-order, it is Libya. Since the fall of Muammar al Gaddafi (in 2011), the former stable country has become into a semi-failed state. Two governments and two Parliaments, slavery, immigration crisis, difficulties for the oil production and social discontent. Also, the strong menace of Al Qaida of the Islamic Maghreb (AQIM) and the Islamic State, among other terrorist groups. So, the Libyan scenario doesn’t seem to be very well during 2018. Nevertheless, there are some challenges for the Maghrebian country.

During the last months was revealed the existence of numerous human-trafficking networks and, even worse, the practice of slavery in the Libyan territory. The dramatic issue generated summits, meetings and political compromises in Sub-Saharan Africa, the Maghreb, the European Union and the Organization of the United Nations (ONU), among others. However, this conflict should be solved as possible and, therefore, has to be one of the priorities for the Libyan authorities.

The problem is that in 2018 the expectations turn around two sociopolitical key facts, it is, the reconciliation process that brings with itself a new Constitution for the country and the correct realization of the presidential and legislative elections. Thus, the first step is to work for the re-construction of the state infrastructure, as with this goal being achieved all the further projects should be faced with more strength and order. This is why the oil situation is other of the key topics for Libya in 2018. Since 2017, the numbers of oil production and exportation have been showing a positive trend, so one of the ambitions should be the consolidation of this process. With oil, new Constitution, national reconciliations and a stronger and better state apparatus, the other challenges –as fight against immigration (and slavery), terrorism, separatism and ethnic conflicts (tebou and amazigh claims) should be developed in a better context, it is, one with high levels of chaos and violence but at least with the hope given by a newly created process of rebirth of the Libyan state and society.

South Sudan

The peace talks have failed and the future of the country will be shaped, once again, by violence, poverty and other conflicts associated to the main problem, that is, hunger, displacement and immigration. To avoid this, or at least soften the consequences, the efforts of the international community (and the government, of course) should be directed to the cessation of hostilities. In this scenario, the AU5 (an African Union commission of five countries) will have the great opportunity to recover the path and return the trust to an African solution as external powers like the European Union have not been able to establish as a trustful partner in this process.

The Nile conflict

Recently, Sudan, Egypt and Ethiopia met in the Ethiopian capital, Addis Abeba, to solve the dispute about the Grand Ethiopian Renaissance Dam (GERD), which has been involving these three countries and other ones, as Eritrea, in the conflict. While the image of seeing the governments of the three named states trying to find a final agreement is a positive step, the fact that Sudanese troops were deployed in the Eritrean border makes it impossible to assure that the problem will be ended in a peaceful way. Even more, the “Nile Conflict” involves countries that normally have faced diplomatic and/or military confrontations. That is the case, for example, of the ties between Sudan and Egypt, Ethiopia and Eritrea, Sudan and Eritrea and Ethiopia and Egypt. So, it is clear that a little spark could start a big fire and, therefore, the “Nile Conflict” should be solved as soon as possible.

Cameroon, Democratic Republic of Congo, Mali and Zimbabwe: recovery through presidential elections

For different reasons, this countries have been fighting for establishing a re-order of its social, political and economic situation. In Cameroon, the Anglophone region –which waves the flag of separatism- continues to give strong headaches to the government and riots that still generate disorder and, the worst, deaths. In the Democratic Republic of Congo, the challenge of eradicating the ‘Kabila Clan’ from the control of the country has been a very tough issue. So, the main goal in this giant state should be the organization and development of transparent and democratic elections. In Mali, another African semi-failed state, the division is still a great obstacle in the process of re-order of a country that has been facing conflicts –separatism of the Azawad region, rise of terrorism groups that formerly were not active in the Malian territory, consolidation of the governments power and drug and human trafficking- since 2012. Finally, in Zimbabwe, the end or Robert Mugabe’s era was a very good step but the next challenges seem to be even more difficult and heavy. The construction of a new state –as Mugabe was the only leader in the independent Zimbabwe-, which implies the modernization of the political structure and a huge change in the Zimbabwean social map is just the beginning of a long process.

So, these countries will need to do well in the presidential elections that will be held during 2018. Not only for having a president but, the most important, to return the hope of a better future for their population. Wars, divisions and corruption should be left aside and the African community should be able to help in this process. The same for the United Nations.

The Horn of Africa and the challenge of facing intern and extern sources of conflicts

Al Shabaab’s presence in Somalia is just enough to be worried about this region but if we add the recent political (and social) convulsions in Kenya –due to the still contested presidential election’s results- the outlook gets darker. Unfortunately, the Yemen conflict and the Arab-Iran-Turkey crisis have splitted into the Horn of Africa and, specially, into Somalia, a country that needs the help of states like United Arab Emirates, Saudi Arabia, Qatar and Turkey. About this latter context, the situation seems to be very cloudy, as the net of political supports has been changing in the last months and still is in motion.

Therefore, 2018 should be an opportunity to demonstrate that Somalia and Kenya –but also Ethiopia, which has given some tiny hints of a depressurization of the social and political situation- can reach balanced and strategic diplomacy objectives, in order that the Horn of Africa can avoid more tension in the region and, in consequence, to prevent a high risk of conflict. The decision that will be made in relation to Al Shabaab, ties with external powers, the Nile issue and political reconciliation will be key elements.

The Maghrebian context

Algeria, Morocco and Mauritania can be categorized as countries that have maintained the status quo and, also, the equilibrium in their social and political aspects. Surely, with risks –among others, Bouteflika’s health and Kabilia’s movement in Algeria; the social protests in the Rif and the raise of the life’s cost in Morocco; and the authoritarian rule of Abdelaziz in Mauritania- but with some stability. Different is the situation of Libya (already analyzed) and Tunisia. This latter has confronted economic crisis, political disfunction and protests of Tunisians that year after year lose hope of the country’s recovery.

Nevertheless, there is a silent topic that should be observed with a lot of care during 2018. It is the relation between Morocco and the Polisario and Algeria, which should change as in 2017 two important facts took place. The first, and most important, the official return of Morocco into de African Union. The second, the appointment of the Canadian Colin Stewart  and the German Horst Kohler as the new head of the MINURSO and as the new General Secretary Personal Envoy for Western Sahara, respectively.

With these movements and the permanent hostilities witnessed along 2018, the Sahara conflict should not be forgotten. Even if the risk of a military conflict is nearly nonexistent, the political consequences of this issue could threaten, once again, the political cohesion of the Maghreb and regional blocks of integration, including the African Union.

Countries looking for the democratization of their state and society

For different reasons, Equatorial-Guinea, Central African Republic, Angola, South Africa and Madagascar have the obligation of advancing towards democracy and/or social reconstruction. In Equatorial Guinea, Teodoro Obiang Nguema has been in power for 38 years and is the oldest African governor. In December, he faced another coup attempt and, as all the previous ones, he survived. However, the opposition will not stop their fight, even if the use of military abuses (detentions and repression) is one of the most recurrent strategies of the current government in order to confront the political and social rivals.

Central African Republic is still facing one of the most difficult and long peace processes in Africa, so in 2018 the goal is to achieve more objectives and to continue fostering arrangements, reconciliation and social peace. Concerning, Angola, South Africa and Madagascar, they will have new challenges. In Angola, there is a new (and younger) president, while in South Africa the corruption scandals are a big threat to Zuma’s era. Finally, Marc Ravalomanana, ousted and exiled president of the country, will try to return to power after he suffered a coup d’etat in 2009. He will do that amid political, economic and social crisis, so the scenario does not seem to be very calm in 2018.

Nigeria, the big leader in trouble

Oil? Not really. Sure it will be one of the most important topics, which explains many of economic,political or social processes that take place in Nigeria, but during 2018 the agenda should keep a special place for the territory conflicts. The first of them is one already known and is the current presence of Boko Haram in different regions of the country and, mainly, in the northeast part of the territory. Nevertheless, the main issue will be the territorial disputes between farmers (of Central region of Nigeria) and nomadic herdsmen (coming from the North), a conflict that should worsen due to the difficulties to find the necessary amount of water for agricultural activities and works. The clashes have already erupted and only in 2016 they took the life of nearly 2.500 people, a number that should be analyzed with special attention in a country that has within its margins more than 100 ethnical groups and also faces the threat of separatists from Biafra and terrorists of Boko Haram.

Liberia, with the hope of better times

With George Weah recently sworned as the new President of the country, Liberia starts a new political cycle, in which a former football star will be in charge of changing the country’s image but, the most important, of strengthening the sociopolitical transition that has been taking place in the westerner African state. The challenge will be very big, the same as the hopes and expectations of seeing a well carried transition in this state used, unfortunately, to see riots, political division and lack of democracy.

Final comments

Apart from the conflicts that were described in the previous paragraphs, it should be said that Africa, as a continent, will be facing problematic trends or contexts such terrorism, integration difficulties, fight against corruption, fragile situation of some states, economic growth, gender equality, relations with the European Union and United States of America and the advance of Turkey, China, Qatar, Saudia Arabia, Iran and United Arab Emirates.

These big challenges will be an opportunity for Africa, a continent that should demonstrate to itself and to the world –particularly, to the major powers- that African countries and leaders have the capacity and the will to affront this situations. In this context, the reform of the African Union, specially those about the origin of the funds, should have an important place and weight in the African agenda of 2018.

Comentarios (0)

Processus des pays Africains à suivre en 2018

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Processus des pays Africains à suivre en 2018

Fecha 28/12/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Avec l’arrivée d’une nouvelle année, il est important d’analyser quelques thèmes majeurs qui seront partie de l’agenda africaine des affaires internationales et, particulièrement, des affaires interafricains pendant 2018. Cet article présentera quelques pays qui devraient être suivis en 2018 parce que, possiblement, ils vont confronter importants changements et forts (et parfois durs) processus sociopolitiques.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 décembre, 2017

(Fotografía: Agencias)

En observant le calendrier electoral de l’Afrique en 2018, il semble qu’il sera une année importante. Au total, se dérouleront neuf élections présidentielles et 15 législatives, lesquelles seront complémentées avec d’autres comme élections locales, référendums et processus municipaux. En plus, le Cameroun, l’Egypte, la République démocratique du Congo, le Mali, le Madagascar, l’île Maurice, la Sierra Leone, le Soudan du Sud et le Zimbabwe vont élire un nouveau Président. Donc, en parlant seulement des élections ça sera une année avec beaucoup d’attentes.

En même temps, il y a des faits clés qui actuellement se déroulent en Afrique et qui, sûrement, feront partie de l’agenda 2018 du continent. Comme example, la dispute du Nil, les tâches du nouveau chef de la Mission des Nations Unis pour le Sahara (MINURSO), les affaires d’immigration en Afrique du Nord mais aussi en Afrique orientale et centrale, la transformation de l’Union africaine, progres dans l’intégration africaine, la montée du terrorisme, les routes du traffic de drogues et la lutte contre la famine, entre autres. Ils sont défis différents et difficiles pour un continent qui a connu des advances en beaucoup de matières mais qui toujours confronte eternels conflits sociaux et, bien sûr, une réalité qui manque d’une intégration plus approfondie dans son ensemble. Comme Julius Nyerere déclarait, il y a quelques décennies, la fragmentation de l’Afrique est toujours un obstacle pour l’amélioration de la qualité de vie des Africains.

Dans les paragraphes suivants seront analysés les contextes de différents pays qui auront une place importante pendant 2018.

Egypte

L’annonce de Abdelfatah Al Sisi de participer dans l’élection presidentielle  -laquelle devrait se dérouler à partir de Mars 26- a confirmé ce qui tous les Egyptiens connaissaient déjà, c’est-à-dire, il ne veut pas transférer le pouvoir et il va continuer avec ses ambitions. Et même s’il y avait quelque doute en ce qui concerne ses rivaux, maintenant tout et clair, parce que tous les autres candidats ont mis un point final pour ses rêves presidentiels et la victoire d’Al Sisi ce n’est qu’une question de temps.

Certainement, il a sauvé le pays du danger de la Fraternité musulmane –une groupe qui s’est présenté comme un parti politique modéré mais qui, finalement, a essayé d’établir changements qui avait comme but l’islamisation de la societé egyptienne- mais l’Egytpe toujours confronte le problème de la discrimination a l’egard des femmes, des minorités chrétiennes (environ 10% de la population du pays) et des sécteurs séculaires.

 

Également, la menace du terrorisme est très active dans le territoire egyptien et, particulièrement, dans le Sinaï. Les attaques mennés dans les derniers mois sont une démontration de cette situation et représentent la fragilité du contexte sécuritaire de l’État. La situation est encore pire si l’analyse s’approfondi dans des rubriques comme la réalité économique de l’Egypte, la corruption et le “main-de-fer” leadership imposé par al Sisi, qui jamais hésite au moment d’emprisonner adversaires politiques, islamistes, représentants des ONGs et quiconque qui s’opposse à son régime.

Même si la manque de libertés civiles est un problème qui se traîne depuis des décennies, il y a avait un espoir de changements après la chute de Hosni Mubarak, particulièrement dans les domains de la libérté d’expression, la libérté religieuse et, peut être la plus importante, l’etroite rélation entre la politique (espécialment, les gouvernements) et les militaires. Hélas, aucune de ces situations ont changé et, encore pire, l’Egypte fera façe (cette année) à ces affaires avec beaucoup de problèmes et de grands défis. Donc, 2018 sera un moment clé pour le future du pays. Les réformes sont très attendues et al Sisi a l’opportunité de rectifier la voie et de donner, une fois plus, l’espoir aux Egyptiens.

Libye

S’il y a un pays qui fait face à une année décisive pour son réarrangement social, politique et economique, c’est la Libye. Après la chute de Muammar al Ghaddafi (en 2011), le pays, une fois stable, est devenu en État “en situation de faillite”. Deux gouvernements et deux Parlements, esclavage, crise d’immigration, difficultés pour la production pétrolière et mécontentement social. En plus, la forte menace d’Al Qaida du Maghreb Islamique (AQMI) et du Daesh, parmi d’autres groupes terroristes. Alors, le scénario libyen ne semble pas d’être bien aspecté en 2018. Cependant, il y a de gros défis pour le pays maghrébin.

Pendant les derniers mois a été révelé l’existence de nombreux réseaux de trafic des êtres humains et, encore pire, la pratique de l’esclavage dans le territoire libyen. C’est un fait aussi dramatique qui a suscité une grande préoccupation en Afrique subsaharienne, le Maghreb, l’Union européenne et l’Organisation des nations unies, entre autres. Donc, des sommets et rencontres se sont déroulés et de compromis politiques se sont adoptés. Néanmoins, ce conflit doit être résolu le plus tôt possible et, donc, il doit s’établir comme une des principales priorités pour les authorités libyennes.

Le problème c’est que en 2018 les expectatives tournent autour de deux faits sociopolitiques clés, qui sont le processus de reconciliation –qui doit doter le pays d’une nouvelle Constitution- et un normal et bon déroulement des éléctions législatives et presidentielles. Donc, le premier pas est travailler pour la reconstruction de l’infrastructure de l’État, parce qu’avec la réussite de ce but, d’autres projets pourraient être confrontés d’une manière plus forte et mieux organisée. Voilà pourquoi la situation petrolière est un des sujets clés pour la Libye en 2018. Depuis 2017, les chiffres de la production et l’exportation du pétrole ont montré une tendance positive et c’est pour ça que la consolidation de cet processus devrait être une des ambitions de l’année en cours. Avec une meilleure situation petrolière, une nouvelle Constitution, la reconciliation nationale et un appareil d’État plus forte et solide, les autres défis –comme la lutte contre l’immigration (et la sclavitude), le terrorisme, le separatisme et les conflits ethniques (réclamations des minorités tebou et amazigh)- devraient se developper dans un meilleur contexte, c’est-à-dire, celui avec un haut niveau de chaos et violence mais au moins avec l’espoir donné grace a un tout nouveau processus de renaissance de l’État et la société libyenne.

Soudan du Sud

Les pourparlers de paix ont échoué et le future du pays sera façonnée, une fois plus, par la violence, la pauvreté et d’autres conflits associés aux principales problèmes, c’est-à-dire, famine, deplacements et immigration. Pour éviter ce scénario ou au moins pour atténuer les conséquences, les efforts de la communauté internationale (et bien sûr du gouvernement) devraient être dirigé vers l’arrête des hostilités. Dans ce cas de figure, le AU5 (une commission de l’Union africaine composée par cinq pays) aura la grande opportunité de reprendre la voie et de récuperer la confiance d’une solution Africaine. Particulièrement, parce que les pouvoirs ou les puissances hors-Afrique n’ont pas été capables de s’établir comme de partenaires dignes de confiance dans le processus de réconstruction pacifique du pays.

Le conflit du Nil

                Récemment, emmisaires du Soudan, l’Egypte et l’Éthiopie se sont rétrouvés dans la capitale Ethiopienne, Addis Abeba, pour résoudre la dispute de la Grande Barrage Ethiopienne de la Renaissance, qui a impliqué ces trois pays et d’autres, comme l’Eritrée, dans le conflit. Tandis que l’image des trois gouvernements cherchant une solution est un pas positif, le fait que les troupes   Soudanaises ont été déployées dans la frontière Eritréenne ne permet pas d’assurer que le problème finira d’une manière pacifique. Encore plus, le “conflit du Nil” implique pays qui normalement ont du confronter, dans le passé, des tensions diplomatiques ou militaires. C’est le cas, par example, des liens entre le Soudan et l’Egypte, l’Éthiopie et l’Eritrée, le Soudan et l’Eritrée et l’Éthiopie et l’Egypte. Alors, il est clair qu’une toute petite étincelle pourrait allumer un grand feu dans la region et, donc, le conflit du Nil doit être résolu le plus tôt possible.

Cameroun, République démocratique du Congo, Mali et Zimbabwe: récupération à travers des éléctions presidentielles

Pour des raisons différentes, ces pays se battent pour l’establissement d’un nouvel ordre dans les domains politique, social et economique. Au Cameroun, la région Anglophone –qui flotte le dreapeau du separatisme- est toujours une source de préoccupations (pour le gouvernement) et des émeutes (qui continuent á donner de troubles et, le pire, décès). En République démocratique du Congo, le défis d’éradiquer le “Clan Kabila” du control du pays a été une question très difficile. Donc, le principal objectif du geant africain devrait être l’organisation et le déroulement des éléctions transparentes et démocratiques. Au Mali, un autre état africain qui peut être categorisé comme “presque failli”, la division est toujours un grand obstacle pour le processus de réorganisation d’un pays qui confronte, depuis quelques années –particulièrement, à partir de 2012- des conflits comme le separatisme de la región de l’Azawad, la montée des groupes terroristes qu’avant n’était pas actifs dans le territoire malien, la lutte pour consolider le pouvoir du gouvernement central et le trafic d’êtres humaines et de la drogue, entre autres. Finalement, au Zimbabwe, la fin du reigne de Robert Mugabe a été une positive signale mais les prochains défis semble encore plus difficiles et lourds que celui de tomber l’ancien dictateur zimbabween.  La construction d’un nouvel État –puisque Mugabe était le seule leader du Zimbabwe indépendent-, une tâche qui implique la modernisation de la structure politique et un grand changement dans la carte sociale du Zimbabwe, est seulement le début d’un long processus.

Alors, ces pays auront besoin d’organiser de la meilleure manière possible leurs éléctions présidentielles de 2018. Ne pas seulement pour élire un Président mais, le plus important, pour retourner au peuple l’espoir d’un meilleur future. Les guerres, le divisions et la corruption doivent être laissées de côté et la communauté africaine doit être disponible pour aider ces processus. Et le même pour les Nations unis.

La Corne de l’Afrique et le défis de confronter sources internes et externes de conflits

La presence d’Al Shabaab en Somalie est déjà un motif assez préoccupant pour la région, mais si on ajoute les dernières convulsions politiques et sociales au Kenya –en raison des résultats de l’éléction presidentielle toujours contestée-, les perspectives sont encore plus sombres. Malheureusement, le conflit du Yemen et la crise “Pays arabes-Iran-Turquie” ont éclaboussé dans la Corne de l’Afrique et, particulièrement, en Somalie, un pays qui a besoin de l’aide d’autres États comme les Émirats arabes unis, l’Arabie saoudite, le Qatar et la Turquie. Concernant ce dernier contexte, la situation semble très nuagée, parce que le réseau politique d’appuie a changé pendant les derniers mois et il est toujours en marche.

Donc, 2018 devrait être une opportunité pour démontrer que la Somalie et le Kenya –mais aussi l’Ethiopie, qui a montré de pétits indices de dépressurisation de la situation sociale et politique- peuvent atteindre objetifs diplomatiques equilibrés et stratégiques, afin que la Corne de l’Afrique peut éviter que la tension monte dans la région et, en conséquence, prévenir hauts risques de conflit. Alors, la décision concernant Al Shabaab, les liens avec les puissances étrangeres, l’affair du Nil et la réconciliation politique seront éléments clés.

Le context Maghrébin

L’Algérie, le Maroc et la Mauritanie peuvent être catégorisés comme pays qui ont été capables de mantenir le statu quo et, aussi, l’équilibre dans les affaires sociales et politiques.Bien sûr, avec de risques –entre autres, la santé de Bouteflika et le mouvement Kabylien en Algérie; les manifestations sociales dans le Rif et la hausse du coute de vie au Maroc;  et le régime authoritaire d’Abdelaziz en Mauritanie- mais avec quelque stabilité. Au même temps, la situation de la Libye (déjà analysé) et la Tunisie est complétement differente. Celle de cette dernière a confronté une crise économique, le dysfonctionnément politique et les manifestations des Tunisiens, qui chaque année perdent l’espoir de régarder la recuperation du pays.

Néanmoins, il faut observer avec précission une rubrique qui peut gagner du terrain (et tension) pendant 2018. C’est la relation entre le Maroc et le Polisario et l’Algérie, qui devrait changer dû au déroulement de deux importants faits. Le premier, et le plus important, le retour official du Maroc dans l’Union africaine. Le déuxieme, la nomination du Canadien Colin Stewart et l’Allemand Horst Kohler comme le nouveau chef de la MINURSO et comme le nouveau Envoyé personel du Secrétaire general pour le Sahara Occidental, respectivement.

Avec ces mouvements et les permanents hostilités observées pendant 2017, le conflit du Sahara ne devrait pas être oublié. Même si le risque d’un conflit militaire et presque inexistent, les conséquences politiques de ce sujet pourrait menacer, encore une fois, la cohésion politique du Maghreb et des blocs régionaux d’intégration, y compris l’Union africaine.

Pays qui cherchent la démocratisation de leur État et leur société

Pour des motifs différents, la Guinée équatoriale, la République centrafricaine, l’Angola, l’Afrique du Sud et le Madagascar ont l’obligation d’avancer vers la démocratie et/ou la reconstruction sociale.  En Guinée équatoriale, Teodoro Obiang Nguema est au pouvoir depuis 38 ans et il est le plus ancien gouverneur africain. En décembre, il a confronté une nouvelle tentative de coup d’État et, comme les précédentes, il a survécu. Toutefois, l’opposition n’arrêtera pas sa lutte, même si les abus commis par les militaires (déténtions et répression) sont une des plus recurrentes stratégies de l’actuel gouvernement pour confronter leurs rivaux sociaux et politiques.

Quant à la République centrafricaine, elle fait encore face à un des plus difficiles et longs processus de paix en Afrique, donc le but, en 2018, est d’atteindre plus d’objectifs et de continuer l’encouragement d’accords, de réconciliation et de paix sociale.  En ce qui concerne l’Angola, l’Afrique du Sud et le Madagascar, ils confronteront nouveaux défis. En Angola, un nouveau (et plus jeune) Président a pris le pouvoir du pays, tandis que les scandals de corruption sont une grande menace pour l’ère de Zuma en Afrique du Sud. Finalement, à Madagascar, Marc Ravalomanana –ancien président renversé et exilé en 2009- essaiera de retourner au pouvoir après le coup d’État de 2009. Sa tentative se déroulera en milieu d’une crise politique, sociale et économique, donc l’ambience ne semble pas d’être en calme pendant 2018.

Nigeria, le grand leader en difficultés

Pétrole? Pas réellement. Bien sûr qu’il sera un des sujets les plus importants –qui explique beaucoup des processus economiques, politiques ou sociaux qui se déroulent au Nigeria-, mais en 2018 l’agenda devrait résérver une place spéciale pour les conflits territoriaux. Le premier est déjà connu et il s’agit de la présence de Boko Haram dans différentes régions du pays et, principalement, dans le nord-est du territoire. Néanmoins, l’affaire céntrale sera la dispute territorial entre les éleveurs (qui habitent dans la région céntrale du pays) et les bergers nomads (qui viennent du nord), un conflit qui devrait s’aggraver en raison des difficultés pour avoir un bon approvisionnement en eau pour les activités agricoles.  Les affrontements ont déjà  commencé et seulement en 2016 ils ont laissé un bilan d’environ 2.500 morts. C’est une chiffre qui doit être analysé avec une spéciale attention dans un pays qui a -dans l’intérieur de ses frontiers- plus de 100 groupes ethniques et qui aussi confronte la menace des separatistes de Biafra et les terroristes de Boko Haram.

Libéria, avec l’espoir de temps meilleurs

Avec une George Weah qui viennent d’être récemment assermenté comme le nouveau, demarre un nouveau cycle politique dans lequel un ancient jouer de football sera en charge de changer l’image de son pays, mais, le plus important, de renforcer la transition sociopolitique qui le Libéria a connu pendant les derniers temps. Le défis sera aussi grande que les espoirs et les expectatives de voir une bien gérée transition dans un État qui est habitué à voir des émeutes, division politique et manque de démocratie.

Commentaires finaux

Outre les conflits qui ont été décrits dans le paragraphes précédents, il est important de dire que l’Afrique, comme un continent, devra faire face aux contexts ou tendences problématiques comme le terrorisme, l’immigration, la sécheresse, les difficultés de l’intégration, la lutte contre la corruption, la faible situation des quelques états, la croissance economique, l’égalité du genre, les relations avec l’Union européenne et les États Unis et l’avance de la Turquie, la Chine, le Qatar, l’Arabie Saoudite, l’Iran et les Émirats arabes unis, entre autres.

Tous ces grands défis seront une opportunité pour l’Afrique, un continent qui devrait démontrer, a elle-même et au monde –particulièrement aux grands États ou les majeures puissances-, que les pays africains et ses leaders ont la capacité et l’intention d’afronter cettes situations. Dans ce context, la réforme de l’Union africaine devrait avoir une place importante et un lourd poid dans l’agenda de l’Afrique en 2018.

 

Comentarios (0)

El Mediterráneo y la desidia del mundo

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

El Mediterráneo y la desidia del mundo

Fecha 1/09/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Las imágenes hablan por sí solas. Las cifras, también. Por ejemplo, ya son cerca de 300.000 personas las que han cruzado el Mediterráneo  -a lo cual se deben sumar más de 2.500 muertos- y, todas ellas, escapando de alguna desgracia. Muchos, de la guerra, otros de persecuciones étnicas y no faltan quienes se van de sus países por motivos religiosos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 1 de septiembre de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

También, varios miles optan por buscar nuevos rumbos ante la destrucción de sus Estados y el auge del terrorismo. Y cómo olvidar a los seres humanos que dejan su tierra ante la falta de oportunidades laborales, las precarias condiciones de higiene, la hambruna y/o la pobreza.

Sin embargo, parece ser que el debate de hoy no se centra en la urgente necesidad de acoger a todas estas personas. Claramente, la discusión se establece en la categorización de todos esos seres. Ahora dicen que un refugiado no es lo mismo que un inmigrante y que un demandante de asilo es diferente a los dos rótulos recientemente mencionados. Y, desde un punto de vista legal o, si se prefiere, técnico, no hay duda que tienen razón. Empero, cabe preguntarse si acaso todos escapan, finalmente, de lo mismo. Y ahí todos los casos llegan a la misma raíz.

Cualquiera se puede dar cuenta que escaparse de la guerra es mucho más duro que dejar el país por la falta de higiene, pero, en ambos casos, el final será el mismo, es decir, la muerte.

Por ende, la categorización que realizan organismos como el ACNUR y ciertos gobiernos europeos –además de periodistas, académicos y políticos- no es más que una excusa para cerrarle la puerta de entrada a Europa a miles de seres humanos que sólo buscan sobrevivir.

En Eslovaquia, por ejemplo, ya se dejó en claro que prefieren cristianos. Si antes no querían negros ahora sí los aceptarían, pero sólo si son cristianos. Al respecto, el argumento eslovaco es indigno. “Acá no tendrán mezquitas, ¿cómo podrían integrarse?”. Si esto último no es un eufemismo para no decir “no queremos musulmanes”, ¿qué es?

Y tal es la urgencia de la Unión Europea, que acordaron una cumbre de ministros para el 14 de septiembre. La gran pregunta, entonces, es saber cuántos más morirán en los próximos 14 días. Pero no sólo se trata de muertes, sino que también de cuántas personas serán humilladas y engañadas en el trayecto que los lleve a Europa. Tal cual decía una inmigrante –que tuvo la suerte de entrar a Europa-, “lo peor es la humillación que uno sufre”.

Por último, unas palabras sobre las responsabilidades en este drama. Partamos por Europa o, si se prefiere, la Unión Europea. Diversos gobiernos del Viejo Continente invadieron o apoyaron invasiones en países como Afganistán e Irak. Luego, en los años más cercanos, avalaron los derrocamientos de dictadores de países como Libia, Túnez, Egipto, Siria y Yemen (los mismos a los cuales antes les daban ayudas económicas y los recibían con honores en visitas oficiales).

Aún más, no sólo les bastó con derribar a dichos gobernantes, sino que estuvieron de acuerdo en dinamitar el tejido político-social de aquellos estados y de abrir una caja de Pandora demasiado peligrosa. Hoy, el terrorismo avanza a grandes pasos y ya casi no se habla de Al Qaeda, sino que del Estado Islámico. “Curiosamente”, estos grupos operan en los países en los cuales Estados Unidos y Europa suelen intervenir.

La responsabilidad del Viejo Continente no se detiene ahí. De hecho, el drama de la inmigración en el Mediterráneo tiene al menos dos décadas de existencia, en las cuales murieron, como mínimo unas 24.000 personas. No hay cifras precisas, pero las diversas fuentes entregan números que, en ningún caso, bajan de 22.000 muertos.

¿Qué hizo la Unión Europea para frenar este proceso? Además de la Política Europea de Vecindad, la creación de Frontex o de operaciones fallidas como Tritón, entre otros, poco más. Junto a eso, algunos millones de euros por aquí y por allá, entrega de recursos y tecnología a cambio que los países del norte de África frenaran los flujos migratorios y la inoperante fundación de la Unión por el Mediterráneo. Alguien dirá que ha habido muchas más iniciativas y, seguramente, tendrá razón, pero si hablamos de proyectos concretos y exitosos, la respuesta será otra.

Sin embargo, los gobiernos europeos y la UE no son los únicos responsables. Los países magrebíes, los africanos subsaharianos y aquellos ubicados en Medio Oriente y la Península Arábiga también tienen mucho que decir al respecto.

En este sentido, no pueden seguir usando el argumento de “la colonización nos dejó demasiado dañados” para explicar la ausencia de gobiernos que den libertades a sus ciudadanos. La inoperancia de la Unión Africana, la casi inexistente Unión del Magreb Árabe y la eterna división de los estados árabes del Medio Oriente también son parte del problema y  no se debe soslayar el apoyo de países como Arabia Saudita y Qatar hacia grupos terroristas.

Y qué decir de la incapacidad de muchos de dichos estados –del Magreb, África Subsahariana y Medio Oriente y la Península Arábiga- para frenar al islamismo, ese mismo que no es sinónimo de terrorismo, pero que, evidentemente, acerca a los jóvenes a las posturas más conservadoras y/o radicales.

Los gobiernos de estos países no han sido capaces de frenar el desempleo de los jóvenes o de aumentar aún más la participación de la mujer en la vida cotidiana y laboral. Tampoco ofrecen perspectivas y, por lo mismo, muchos optan por dejar su país. Y si tampoco hay libertad de prensa o de expresión, ¿acaso eso es culpa de Europa? Y la endémica corrupción, ¿también es responsabilidad del imperialismo estadounidense o de la colonización europea?

Vayamos a Estados Unidos. Llevó su poderío militar hacia países lejanos como Irak, Afganistán y Siria, para luego lavarse las manos y ver cómo Europa se llena de inmigrantes o como quieran llamarles. Luego, algunas donaciones y apoyo diplomático, pero nada más que eso.

Veamos la Cooperación Sur-Sur. ¿Qué han hecho, por ejemplo, los países latinoamericanos al respecto?, ¿qué han hecho las agrupaciones de Derechos Humanos?, ¿qué han hecho organismos regionales?, ¿alguna vez intentaron concretar una ayuda permanente para los inmigrantes?. ¿se organizaron para recibir inmigrantes, en forma oficial, a través de planes de acogida?, ¿y qué decir, por ejemplo, de la Cumbre Sudamérica-Países Árabes?

Terminemos con el mundo. Según las últimas cifras, 2014 fue el año con más desplazados en la historia. La cifra (59,5 millones, aproximadamente) da escalofríos. Cuánto sufrimiento y cuánta guerra en el mundo. Y cuántos morirán de hambre. Cuántos fallecieron, anónimamente, por el Ébola. Cuántos se deshidratarán hasta la muerte. Cuántos morirán por las radiaciones tóxicas de las armas usadas en diversas partes del planeta. Cuántos animales sufren por lo mismo. Cuánta destrucción en el planeta.

Por eso, lo que ocurre en el Mediterráneo es sólo el reflejo de un mundo perdido. No importa la persona. Lo único relevante es lo económico. Lo otro importante es relacionarse con aquel de similar visión y no con quienes tienen una cultura, una religión o un color de piel diferente.

Así, imposible que el drama del Mediterráneo termine. Y, tristemente, el mundo se encamina a tener muchos más mediterráneos.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

La preocupante amenaza del terrorismo en África

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,

La preocupante amenaza del terrorismo en África

Fecha 15/02/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos años, hablar de grupos terroristas significaba mencionar a Al Qaeda, la Jemaah Islamiyah, Hizbullah o ETA, por dar algunos clásicos (y algo manoseados) ejemplos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de febrero, 2013

boko-haramSin embargo, a través de diversos hechos –algunos súbitos y otros absolutamente esperables- fueron apareciendo nuevas agrupaciones cuyo principal modo de acción operaba en base al terror. Aún más, no sólo se produjo este cambio, sino que también se modificó el mapa de los grupos terroristas.

Así como ayer se miraba a los “objetivos occidentales”, hoy eso está alejado de la realidad, pues los atentados, ataques suicidas y toma de rehenes, entre otros, ya son casi cotidianos en lugares normalmente olvidados como Asia Central, Filipinas y África.

En relación a este último, cabe realizar una breve mirada superficial sobre su actual situación, especialmente en el centro-norte del continente.

El Sahel seguramente será uno de los grandes focos, ya que a los problemas generales de dicha zona –hambruna, sequía, narcotráfico, comercio de humanos, terrorismo y rebeldes tuaregs- se sumará, en lo específico la durísima situación que afecta a Malí, en la cual luchan el estado maliense (lo que queda de él) y las fuerzas internacionales (lideradas por Francia) contra Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unidad Yihadista del África Occidental (MUJAO), Ansar Dine, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y otros grupos que, en cosa de días, aparecen.

Mientras AQMI y MUJAO son grupos terroristas, Ansar Dine ha recibido el rótulo de “yihadista”, concepto poco claro, pero que hace referencia al pensamiento radical de sus adeptos. Como demostración de aquello, Ansar Dine es una rama escindida del laico MNLA.

Este conflicto, que tiene una importante variable terrorista involucrada, afecta  a países cercanos como Mauritania, Burkina Faso, Níger, Libia, Argelia, Senegal, Nigeria y Chad.

A su vez, llegará al Magreb –zona que incluye al norte de África, menos Egipto-, una región que ya lidia con sus propios problemas, los cuales derivan del actual proceso de cambios. Los “barbudos” ya hacen de las suyas en Túnez, algo que también debiese suceder en Libia (una vez que llegue la estabilidad). Argelia vive en su mundo interno, pero su política del “status quo” ya no le servirá, pues la rebelión tuareg llegó a sus fronteras, igual como hace años ocurre con grupos terroristas y partidos islamistas. El reciente caso de In Amenas (toma de rehenes por parte de terroristas ligados a AQMI.) dejó en claro que el “fantasma” terrorista sigue vivo en territorio argelino.

En cuanto a Marruecos, tiene más tranquilidad, pero en los últimos meses se han desmantelado una serie de células terroristas ligadas a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y no se debe olvidar que en 2011 se produjo un atentado en Marrakesh. Y Mauritania, bueno, las posibilidades de un nuevo golpe de estado están a la vuelta de la esquina en un país que vive en permanente lucha contra el terrorismo.

Estas dos regiones (Sahel y Magreb) se encuentran ligadas a Nigeria y Somalía. ¿Por qué? Básicamente, pues grupos terroristas que operan en estos países tienen nexos con AQMI, Mujao y Ansar Dine, que realizan lo propio en el Magreb, el Sahel y, según afirman los servicios de inteligencia, en África Occidental.

Mientras Boko Haram ha sido el gran dolor de cabeza de Nigeria, Al Shabaab ha hecho lo mismo, pero en la atribulada y acéfala Somalía. Si bien Al Shabaab ha perdido mucho en el territorio somalí, Boko Haram sigue poderoso en Nigeria.

Lo preocupante es que Boko Haram, Al Shabaab, AQMI y MUJAO tendrían nexos de cooperación entre sí, algo que ha quedado de manifiesto en la actual situación en Malí. Así es que, por ejemplo, se ha informado que miembros de Boko Haram han transitado por Burkina Faso, Senegal e incluso Malí. También se ha dicho que diversos combatientes “yihadistas” fueron entrenados en “zonas perdidas” del Sahel y en parte del territorio nigeriano, donde suele haber campos de entrenamiento.

Mirando el mapa de África, se puede establecer una especie de “rectángulo del terror”, cuyos ejes serían el Magreb (norte), el Sahel (sur), Somalía (este y siempre conectado con Yemen) y Malí (oeste).

De ahí que sea tan relevante lo que está ocurriendo con Al Shabaab, que ha perdido control de Mogadiscio (capital somalí) y Kismayo (importante puerto) y ha cedido parte de los territorio que había logrado dominar. El problema es que la lucha contra Al Shabaab ya ha tenido repercusiones en Kenya, asi que no será fácil de eliminarlo, por más que esté debilitado.

El problema es que Boko Haram, AQMI y MUJAO parecen estar muy activos, bien preparados y con una importante capacidad de ataque y, por supuesto, defensa. En este sentido, la “guerra” contra ellos estará condenada a su fin si no se unen las fuerzas militares de Francia, Mauritania, Argelia y Chad.

Los franceses tienen la tecnología, la disciplina y los recursos económicos, mientras que mauritanos y chadianos son los únicos que saben pelear en la difícil geografía saheliana. Los argelinos son potencia regional (magrebí y saheliana) y llevan años luchando contra el terrorismo.

Y además de eso, sería ideal sumar fuerzas provenientes de Marruecos y Senegal, importantes líderes en el Magreb y el África Occidental, respectivamente.

Pero ojo, que no es llegar y atacar. Etiopía lo hizo en Somalía y aunque, por ahora, significó el repliegue de Al Shabaab, también significó, en su momento, un fortalecimiento de aquel grupo terrorista.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado
Fotografía: Flickr

Comentarios (0)

Malí, una caja de Pandora

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Malí, una caja de Pandora

Fecha 18/01/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

No es una novedad, ni tampoco algo sorprendente, pero ya se oficializó la intervención militar que tendrá lugar en pleno Sahel y que tiene por objetivo, aparentemente, la recuperación de la estabilidad político-social de un país.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 26 de diciembre, 2012

REUTERS/Adama Diarra

REUTERS/Adama Diarra

Se trata de las fuerzas internacionales que, según se ha dicho, a comienzos del segundo semestre de 2013 intervendrán el norte de Malí, territorio que se ha convertido en tierra de todos y de nadie en el último año.

La historia ya es conocida. Hace más de un siglo que ya existen antecedentes sobre las rebeliones tuareg en Malí, las cuales, año tras año y década tras década, han sido subestimadas e ignoradas –salvo excepciones- por los gobiernos (sahelianos y magrebíes) involucrados.

En 1963, 1990 y 2007 se originaron tres de los más famosos alzamientos de los tuaregs –en la era de África independiente-, pero en 2011 se produjo, quizás, la más potente de todas las revueltas de estos nómades.

En paralelo a eso, el gobierno de Amadou Toumani Touré fue víctima de un golpe de estado, liderado por militares y de esta forma comenzó a gestarse el ambiente propicio para que se iniciara una nueva rebelión tuareg. La acefalía gubernamental de Malí fue fundamental para que entrara en escena el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), un grupo que aunaba a los tuaregs que estaban dispuestos a luchar por su independencia.

El problema es que la precaria institucionalidad de Malí no sólo atrajo a los rebeldes tuareg, sino que también a los islamistas radicales y, particularmente, a quienes ven al terrorismo como una forma de conseguir sus objetivos.

Fue así que en cosa de meses aparecieron Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento por la Unidad y la Jihad en África Occidental (MUJAO). A ellos se sumaría Ansar Dine, una facción islamista de los tuaregs, grupo que se desprendería de los laicos del MNLA.

Cerrando el círculo, no se debe olvidar que el Sahel es una zona en la cual abunda el tráfico de drogas y personas.

Con todos estos elementos, Malí se ha convertido en un cuasi estado fallido. La parte septentrional (conocida como Azawad, que es el territorio reivindicado por el MNLA) está en disputa por el MNLA, islamistas radicales, terroristas, contrabandistas y traficantes, mientras que la zona al sur del Azawad está en dominio del gobierno transitorio de Malí, que poco y nada puede hacer al respecto.

Dicha situación ha generado mucha preocupación en los países directamente involucrados (Mauritania, Malí, Níger, Libia y Argelia), pero también en otros cercanos como Burkina Faso, Nigeria, Senegal y Marruecos. Es así que la Unión Africana (UA) y la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) apostaron por enviar una fuerza africana a la zona en disputa.

Tras el lobby necesario, se obtuvo el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU y, quizás más relevante aún, se cuenta con el estricto aval de Francia y, en menor medida, de Alemania.

Así las cosas, parece evidente que la vía de la intervención marcha a paso seguro y, en ese sentido, ya se empiezan a consolidar las especulaciones. Por ejemplo, Francia finalmente enviará 400 efectivos militares, contradiciendo su postura inicial de “sólo ayudar en el aspecto logístico”. Esto último reafirma el interés que tiene Francia en su antigua colonia, pero no desde un punto de vista altruista, sino que a partir de los intereses económicos.

Por eso, es hora que el mundo entienda que este conflicto pudo y debió tener una solución diplomática, pero que los gobiernos regionales y las potencias presentes en la zona (Estados Unidos y Francia) no quisieron o no fueron capaces de escuchar a los tuareg y negociar una salida pacífica.

En este contexto, la intervención militar en el norte de Malí quizás sea necesaria, pero no se debe olvidar que ésta puede generar un conflicto de alcances difíciles de prever y, peor aún, tal vez se convierta en un nuevo nicho de intervención fallida.

El robo de recursos naturales, la destrucción de estados y el abandono tras la división social y la ruina económica están a la vuelta de la esquina.

Y no son novedad en África.

Comentarios (0)

Malí, de la rebelión tuareg a la intervención militar

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Malí, de la rebelión tuareg a la intervención militar

Fecha 10/10/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En algo nada novedoso, grupos nómades del Sahel (aunque cada vez más cercanos a una especie de “semi nomadismo”) iniciaron un nuevo proceso de alzamiento y lucha por sus demandas.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de octubre, 2012

Aquello comenzó en enero de 2012, motivado por distintos factores político-sociales y económicos, y gatillado, en buena parte, por la caída de Muammar al Gaddafi en Libia. Esto último permitió que diversos mercenarios tuareg regresara desde territorio libio cargados del armamento y el dinero suficiente para poder llevar a cabo una nueva rebelión tuareg.

No es primera vez que ocurre algo así y, de hecho, ya a comienzos del siglo XX existen pruebas históricas sobre revueltas tuareg. En pleno período de descolonización africana, los tuareg mantuvieron su interminable deseo de lucha, aunque uno de los principales hitos llegaría en 1990, año en el cual se daría inicio a una de las más recordadas rebeliones impulsadas por estos habitantes autóctonos de esta zona.

Al respecto, cabe recordar algunas cosas que son de gran relevancia y que muchas veces son desconocidas. Los tuareg son parte de los pueblos bereberes, es decir, son una de las diversas ramas de las poblaciones indígenas de buena parte del Norte de África y del Sahel.

Históricamente, se trata de un pueblo nómade y que se distribuye, en forma irregular, a través del territorio de Argelia, Burkina Faso, Libia, Malí, Níger e, incluso, en el norte de Nigeria.

Los bereberes tienen su lengua, pero cada grupo tiene su propio dialecto. Suelen ser buenos comerciantes y, en algo lamentable, es común que sufran el olvido de sus gobiernos. Es por esto que han tenido que alzar su voz, y también las armas, para luchar por sus derechos. Eso es, justamente, lo que está ocurriendo en Malí, un país que va camino a la acefalía político-administrativa.

A fines de marzo de 2012, y ya con dos meses de rebelión tuareg en el norte del país, el presidente Amadou Toumani Traoré sufrió un golpe de estado. Según los militares golpistas, este hecho era la natural consecuencia de un pésimo manejo del alzamiento tuareg por parte de Touré.

Apenas unas semanas más tarde, el Movimiento Nacional para la Libertad del Azawad (MNLA) realizó la declaración de independencia del Azawad (que es la zona norte de Malí), tras lo cual se dio inicio al gran descalabro. El país quedó dividido en dos. El Azawad controlado por los rebeldes tuareg del MNLA y el resto bajo el mando de los golpistas. En medio de esto, los fieles al anterior presidente intentaban el retorno al poder de su mandatario.

La caída de Amadou Toumani Traoré (conocido como ATT) y la llegada al poder de los militares golpistas estuvo lejos de ser una solución a la crisis y, de hecho, allanó el camino hacia la división del territorio.

Así fue que los islamistas radicales de Ansar Dine no dudaron en aprovechar su oportunidad y en cosa de semanas ya se habían convertido en protagonistas del caos político y social. Entendiendo que las condiciones del país permitirían un buen avance, Ansar Dine fue desplazando al MNLA y le quitó dominio en gran parte del norte de Malí.

Luego, se produjo la entrada en escena de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y del Movimiento para la Unidad y la Jihad en África Occidental (MUJAO), quienes lograron consolidar una nefasta, sórdida y confusa alianza con Ansar Dine.

El MNLA, que en un momento anunció un sorpresivo pacto con Ansar Dine, finalmente quedó solo, ya que su carácter laico e independentista chocaba con el de los grupos islamistas radicales, que pregonaban la imposición de la sharia (ley islámica) y que no buscaban un separatismo del Azawad.

Un peligroso status quo

Han pasado los meses y la situación no ha cambiado mucho. Burkina Faso está intentando mediar, pero en paralelo se han descubierto inquietantes señales que apuntan a conexiones de los islamistas radicales con el gobierno de Argelia. A su vez, este último acusa a Marruecos de estar ayudando a los rebeldes, aunque, hasta el momento, no hay pruebas concretas de aquello. Mientras, las informaciones han dado a conocer extraños movimientos de guerrilleros y líderes islamistas radicales de Ansar Dine o del Mujao en Costa de Marfil, Senegal y Mauritania.

La Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) ya tiene planes de intervenir el norte de Malí, pero no ha encontrado el apoyo suficiente. Alemania y, especialmente, Francia sí están a favor de una fuerza conjunta (por parte de los países miembros de la CEDEAO), pero aún no se ha conseguido el aval de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, el gobierno transitorio (de Malí) y la Unión Africana realizan un fuerte lobby y todo indica, gracias al sustento galo, que tarde o temprano se “intervendrá” el Azawad.

Evidentemente, hay muchas conexiones y muchos objetivos subterráneos, los cuales seguramente nunca serán conocidos, pero lo que está por venir puede ser un momento bisagra en este conflicto.  Los intereses económicos son muy fuertes (en Malí y en países vecinos), los recursos energéticos están muy presentes en este asunto y, la geopolítica también marca una fuerte presencia.

Sin embargo, lo mencionado anteriormente es muy importante, pero no alcanza a tener la relevancia de la variable étnico-religiosa y social de esta situación.

Las reivindicaciones de los rebeldes tuareg deben ser analizadas y, posteriormente, puestas en la mesa de los gobiernos de los países sahelianos, pero también de los magrebíes y de los africanos subsaharianos que tienen directa influencia en esta región.

Mientras no se enfrente este asunto, los tuareg, de tanto en tanto, harán de las suyas y, tal cual ocurrió ahora, los terroristas, los traficantes, las empresas y los gobiernos con intereses específicos harán lo propio.

Por eso, gran parte de la responsabilidad de lo que está aconteciendo recae en la incapacidad de los bloques regionales de integración, los cuales no han podido o, peor aún, no han querido enfrentar este conflicto, que ya tiene muchas décadas de existencia.

Informaciones previas al inicio de la rebelión tuareg de 2012 ya daban cuenta de un posible alzamiento por parte de los tuareg. Y cuando se llegó a la agonía del régimen de Muammar al Gaddafi, la especulación ya se convertía en un hecho concreto.

¿Por qué los países del Sahel no quisieron negociar con el MNLA?, ¿por qué Argelia decidió apoyar a los rebeldes?, ¿por qué los golpistas de Malí no tuvieron capacidad de reacción?

Estas son algunas de las interminables preguntas que brotan en medio de este problema.

El horizonte del Azawad, ¿hacia dónde va?

Hoy, para algunos, existe una opción que podría ser una solución. A través de la mediación de Blaise Campaoré, presidente de Burkina Faso, se está postulando la idea de un MNLA que pida el derecho a la autodeterminación y no a la independencia.  Esto último podría permitir que ciertas potencias apoyen esta moción y así se tenga un postura común. Sin embargo, la gran pregunta es cómo realizar un referéndum en una zona de nadie.

Entonces, ahí se vuelve a la intervención militar y, lógicamente, aparecen ciertas dudas. Por ejemplo, ¿por qué están demorando algo que evidentemente se llevará a cabo?, ¿cuántas tajadas del comercio de los recursos energéticos se llevarán las potencias que intervendrán el norte de Malí?, ¿cuántas transnacionales se posicionarán en esta zona?, ¿con qué cara Argelia se uniría a una fuerza multinacional si su gobierno ha sido cómplice del actual caos?

Y, la principal interrogante, es saber quién dirigiría al nuevo Malí, sea éste una república federal con un Azawad con grandes poderes o un país con una zona desmembrada. Y si ocurriese esto último, ¿quién gobernaría en el Azawad y cómo eliminar a cada uno de los islamistas radicales que por ahí pululan?

Por eso, es momento, por más que ya sea demasiado tarde, que los países sahelianos y magrebíes asuman la tarea de encontrar una solución para todos los problemas que afectan al Magreb y Sahel. Ahí tenemos tráfico (de drogas y personas), inmigración clandestina y pasos migratorios, nidos terroristas (campos de entrenamiento), secuestros, luchas étnico-religiosas, desertificación avanzada y reconstrucción de fronteras y sistemas político-administrativos.

Y todo eso es nada en comparación al gran drama del Sahel. Según los últimos datos (de septiembre), 393.431 personas han tenido que dejar su casa (118.795 desplazados internos y 274.636 refugiados en países vecinos) y cerca de 4.6 millones de personas están en riesgo de inseguridad alimenticia.

¿Algo más? Sí, pues faltan 113.4 millones de dólares para cubrir las necesidades sanitarias y alimenticias más básicas y urgentes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
Fotografía:  Licencia Creative Commons

Comentarios (0)

timbuctu2

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Timbuctú, ni tan lejos…

Fecha 19/03/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Más de alguna vez habrán escuchado expresiones como «más lejos que el Timbuctú» o «ándate al Timbuctú». Dichas frases hacen referencia a la lejanía y al aislamiento de esta mítica ciudad, que en tiempo pasados fue un gran centro religioso y comercial, pero que hoy sólo es el vestigio de grandes tiempos pasados.

Timbuctú es una ciudad fundada en el 1100 por los tuareg, que llegaron a acampar en una zona de pozos, para así obtener algo muy preciado en esta árida región: agua. Ubicada en el centro de Malí, posee una rica cultura e interesante historia, que la transforman en un importante objeto de estudio. El diseño de sus mezquitas le ha otorgado gran fama y es así que está incluida dentro del programa patrimonial de la UNESCO.Desde sus orígenes estuvo controlada por diversos pueblos y reinos y así como los Tuareg (nómadas «camelleros») se establecieron ahí en el 1100, en el siglo XIII serían expulsados y el Imperio Malí convertiría a este pueblo en un gran centro comercial del África noroccidental. A fines de esta centuria, el sultán Mansa Musa construiría la mezquita Djingereyber, que es el símbolo del estilo saheliano, basado en el método del lodo-seco.

La época dorada llegaría bajo la dinastía de los Askia, momento en el cual se estima que el total de habitantes era cercano a 100.000, destacando diversas etnias como los bereberes, árabes, mauritanos y tuaregs.

En 1591 los ejércitos marroquíes se tomarían la ciudad con la intención de obtener grandes ganancias económicas, seducidos por los miles de relatos que se habían escrito acerca de las riquezas del Timbuctú. Sin embargo, no pudieron cumplir con lo deseado y ya por el año 1700 la ocupación morisca fue desapareciendo en forma progresiva.

Posteriormente, los franceses conquistarían la zona -tras derrotar a los tuaregs- e iniciarían un período de colonización que se prolongó desde 1893 hasta 1960.

Cabe consignar que durante siglos estuvo prohibida la entrada de no musulmanes al Timbuctú y, de hecho, este fue uno de los grandes problemas a los cuales debió enfrentarse el Imperio francés.

Finalmente, luego de la independencia de Malí (como país) y la apertura de este estado hacia el mundo, Timbuctú se ha transformado en un lugar de gran relevancia turística. Hoy, su población estable no supera los 20.000 habitantes, pero el gran legado cultural, comercial y arquitectónico se puede apreciar en sus añosas, polvorientas y estrechas calles y, por supuesto, en sus más famosas construcciones: sus mezquitas, la gran muralla y la Universidad Islámica, ubicada en lo que antes fue la Mezquita Sankore.

Entonces, y conociendo un poco de la historia del Timbuctú, es necesario preguntarse qué tan ciertas eran las expresiones que hacían mención a lo inexpugnable y lejano de este gran centro histórico, en pleno corazón del África saheliana.

Por años estuvo entregada al mundo islámico, pero realmente no estaba perdida en medio de la nada. Ciertamente era de difícil acceso, pero tampoco se constituyó como un enclave perdido y es por eso que hoy podemos disfrutar de la leyendas, los mitos e históricos relatos del Timbuctú.

Ni tan lejos, ni tan cerca……simplemente ahí.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

[…] Seguir leyendo

Encuestas

La integración político-social africana es:

View Results

Cargando ... Cargando ...

Podcast