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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Fecha 7/11/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A propósito del 43er aniversario de la Marche Verde, el rey Mohammed VI realizó su tradicional discurso, aunque, a diferencia de otras ocasiones, tuvo un mensaje directo y conciliador para la vecina Argelia. ¿Será que ambos estados finalmente logren destrabar un conflicto que no solo los afecta a ellos, sino que a todo el Magreb?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 7 de noviembre de 2018

Hace 45 años, España dejó el Sahara y con eso se inició un problema que hasta hoy no tiene solución. Si bien la paz se ha establecido y no se han registrado enfrentamientos armados en más de dos décadas, el tema sigue siendo un gran dolor de cabeza para los directos implicados (Marruecos y Argelia), el Magreb –especialmente para la integración magrebí- y los refugiados.

En los últimos años, la situación no ha variado mucho. Se cambió al enviado especial de la ONU, se superaron algunas polémicas (como la decisión marroquí de expulsar al personal de la Minurso, para luego permitir su regreso) e incluso se intentó llevar el conflicto del Sahara al seno de la Unión Africana (asunto que no prosperó), pero, en su esencia, el problema sigue existiendo y, peor aún, mantiene el statu quo que lo ha caracterizado por largo tiempo.

Sin embargo, algunos hechos permiten tener una luz de esperanza respecto de una posible solución o, como mínimo, un eventual acercamiento que pueda generar las bases de un futuro y fructífero diálogo.

El discurso del rey Mohammed VI

En su habitual discurso del 6 de noviembre, el monarca marroquí recordó la gesta de quienes, con un Corán y una bandera, lograron devolverle el Sahara (provincias del Sur para el reino marroquí) a Marruecos, pero lo llamativo no fue eso –ya es parte de la retórica existente-, sino que los guiños que realizó a Argelia y, particularmente, a Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino.

Con frases como “las relaciones se encuentran en una situación inaceptable” o “desde mi entronización he llamado a la normalización de ellas”, Mohammed VI dejó en claro que en esta oportunidad quería ir más allá de lo usual y planteó, con hechos concretos, su postura de buscar una solución a los quebrados y débiles nexos entre Marruecos y Argelia. En este sentido, se puede destacar su gran propuesta, que es la creación de un mecanismo político conjunto de diálogo y concertación. Sobre este último, el rey mencionó que su estructura, formato y naturaleza se debe convenir entre ambas partes, agregando que Marruecos está abierto a propuestas e iniciativas que Argelia quiera sugerir en este asunto, pero también sobre la forma de mejorar las relaciones entre ambos estados.

En el plano retórico, Mohammed VI insistió en la necesidad de consolidar las relaciones –por medio de un diálogo franco y directo- sobre una base de confianza, solidaridad y buena vecindad. En esta dirección va su petición de reabrir las fronteras terrestres que ambos países tienen, las cuales fueron cerradas en 1994 y que ha generado, entre otras dificultades, la división de familias que viven en ciudades o pueblos fronterizos.

El encuentro de Génova

El alemán Horst Kohler, enviado de la ONU para el Sahara Occidental, tomó la decisión de darle un nuevo impulso al empantanado conflicto y para eso buscó retomar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, las cuales estaban congeladas desde 2012. En este contexto, Kohler no solo consiguió el visto bueno de ambas partes, sino que también invitó a participar en el diálogo a Argelia y Mauritania, los cuales, a su vez, aceptaron participar como observadores.

Si entre el 5 y 6 de diciembre ocurrirá algo novedoso o si se repetirá la tendencia de estas negociaciones –que normalmente suelen dejar escasos o inexistentes avances en concreto- aún está por verse. Sin embargo, es necesario destacar que, a diferencia de otras instancias de diálogo desarrolladas en anteriores años, ahora habrá un contexto regional o multilateral. Básicamente, pues Kohler ha integrado, con gran habilidad, a Argelia y Mauritania en la mesa de diálogo. Y estos último son actores regionales, pues ambos, por uno u otro motivo, siempre han estado implicados en este conflicto. Por ejemplo, los acuerdos de Madrid –los cuales cedían la administración- dejaron una parte del territorio bajo tutela de Mauritania, el cual, tras los enfrentamientos armados con el Polisario, decidió no reivindicar parte del territorio legado por España. A su vez, Argelia ha sido el principal soporte –político, económico y militar- del Frente Polisario. Es de esperar, entonces, que la visión del asunto como un conflicto regional traiga positivas modificaciones.

El contexto argelino

En 2019 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Argelia y, una vez más, Abdelaziz Bouteflika irá por la reelección, la cual, de ser conseguida, le otorgaría un quinto mandato. A pesar que parte de la sociedad y de los partidos políticos avalan esto, se ha ido generando una oposición que, aunque fragmentada, comienza a presionar por cambios reales y no modificaciones cosméticas. Es así que el asunto del Sahara podría ser una buena forma de demostrarle a los argelinos que el continuismo de Bouteflika no significa más de lo mismo y que Argelia puede ser un actor regional y africano de relevancia. A sabiendas de su delicado estado de salud, muchos dudan sobre sus reales capacidades, pero un avance en pos de un verdadero acercamiento con Marruecos sería bienvenido en buena parte de la sociedad argelina y en un importante sector de la política de aquel país.

Junto a esto, se pueden detectar ciertos movimientos subterráneos, al interior del gobierno argelino, que permiten concluir que podrían venir aires de cambio (aunque sean pequeños) sobre el asunto del Sahara. En paralelo, los cambios en las fuerzas armada de Argelia también podrían tener influencia, pues en caso de llegar un general pragmático, la situación podría tener un vuelco.

Y, finalmente, no debe soslayarse el sentido mensaje que envió Abdelaziz Bouteflika al rey Mohammed VI luego del dramático accidente ferroviario ocurrido hace unas semanas en las cercanías de Kenitra.

Precisiones finales

El llamado hecho por Mohammed VI no solo parece oportuno, sino que lógico. El Magreb, inserto en las lógicas regionales del Mediterráneo y el Sahel, enfrenta una serie de desafíos y conflictos que necesitan la puesta en marcha de propuestas y soluciones de tipo bilateral y multilateral. Entre otros temas, destacan la seguridad, la inmigración, la integración, las relaciones Sur-Norte del Mediterráneo, el desempleo juvenil y la lucha contra el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Además de estos importantes asuntos, claro está, resalta el gran tema, que es el conflicto del Sahara.

Dada la situación actual, tomando en cuenta las respuestas a las propuestas generadas, resulta imprescindible que Argelia y Marruecos –las grandes potencias del Magreb y dos referentes de África- unan sus conocimientos, capacidades y esfuerzos en pos de obtener mejores soluciones a los conflictos que minan un mayor desarrollo de dichos estados y de la región magrebí. Junto a esto, el comercio intramagrebí, que representa no más de un 5%, parecer ser una buena posibilidad a la hora de pensar en decisiones que permitan generar, poco a poco, más trabajo y más ingresos en las arcas estatales.

Además, el Magreb tiene la obligación de retomar la senda de la integración, la cual tuvo como punto culmine la creación de la Unión del Magreb Árabe, pero que desde aquel lejano entonces –su fundación fue en 1989- solo ha sabido de fracasos y fantasmas. Un Magreb unido y potente se encontraría en mejores condiciones a la hora de negociar con su vecino del norte (Unión Europea) y podría soñar con un desarrollo de toda la región. Si el gasoducto Maghreb-Europe se ha desarrollado en paralelo al congelamiento diplomático entre Marruecos y Argelia, ¿por qué no pensar que dicho modelo de cooperación energética pueda ser aplicado en toda la relación entre ambos países?

Es así que el conflicto del Sahara debe ser mirado con objetividad y pragmatismo. Se trata de un problema heredado de la época colonial y exacerbado por la disputa existente en la Guerra Fría. Por lo mismo, no es un conflicto propio del siglo 21 y su solución es obligatoria. Respecto de esto último, quizás sea momento de asumir que, hoy, es inviable la creación de un nuevo estado magrebí y que es igual de complicado realizar un referéndum de autodeterminación –, principalmente, por las dificultades que siempre han existido a la hora de establecer el universo de votantes y de definir quiénes son saharauis-, razones que hacen necesario reglar el asunto basándose en la propuesta marroquí, pero con nuevas ideas que puedan aportar Argelia, Mauritania, la Organización de Naciones Unidas u otros implicados como la Unión Africana y la Unión Europea. En pocas palabras, se trata que los estados involucrados sean capaces de ceder, para así llegar, finalmente, a un acuerdo conveniente para todas las partes.

Por último, vale la pena recordar los postulados del tanzano Julius Nyerere, quien en los años sesenta y setenta planteaba que si la independencia de África derivaba en fragmentación, entonces el desarrollo del continente estaría en grave peligro. Por lo mismo, Nyerere sugería, con una cuota de pragmatismo político, que se debía apostar por los organismos de integración regional. Y a esto último debe apostar el Magreb. Las riquezas naturales abundan -petróleo, gas, fosfato, frutas, verduras, pesca, un mercado de casi 100 millones de personas y energía solar, entre otros-, pero falta la voluntad política para que el sueño del gran Magreb se cumpla. Y mientras se busque una solución al conflicto del Sahara, los gobiernos magrebíes debiesen avanzar en otros aspectos de la integración, como la infraestructura, el intercambio académico-cultural, la cooperación en turismo, el establecimiento de posturas comunes en los foros multilaterales, la unión de fuerzas en temas como la inmigración y el terrorismo y, uno de los más importantes, la libre circulación de personas y bienes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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African countries processes to follow in 2018

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African countries processes to follow in 2018

Fecha 28/12/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

With the arrival of a new year, it is important to analyze some important topics that will fill the African agenda of international and specifically, interafrican, issues during the current year. So, this article will present some countries that should be tracked in 2018 as they will possibly face important changes and strong (and sometimes hard) sociopolitical processes.

Raimundo Gregoire Delaunoy | December 28th, 2017

(Fotografía: Agencias)

Only by looking the electoral calendar of Africa for 2018 it seems that it will be an important year. There will be nine presidential elections and 15 legislative ones, which will be complemented with others like local elections, referendums or municipal processes. Even more, Cameroon, Egypt, Democratic Republic of Congo, Mali, Madagascar, Mauritius, Sierra Leona, South Sudan and Zimbabwe will choose a new President. So, just talking about elections it will be a year full of expectations.

At the same time, there are key events that are developing in Africa and that, obviously, will be part of 2018’s agenda por this continent. For example, the dispute of the Nile, the tasks of the new chief of the MINURSO, the immigration issues in Northern Africa but also in Eastern and Central Africa, the transformation of the African Union, advances in the African integration, the rise of terrorism, the drug traffic routes and the fight against hunger, among others. Different and tough challenges for a continent that has improved in a lot of aspects but that still confronts eternal social conflicts and, surely, a lack of a deeper integration as a whole. As Julius Nyerere declared, the fragmentation of Africa still causes damage to the path that will give Africans better life conditions.

In the following paragraphs, the context of different countries will be analyzed, so that the study of such a huge continent can be realized in a less dense way.

Egypt

Abdelfatah Al Sisi’s announcement of running for the presidential election – which should be held on Mars 26th– confirmed what all Egyptians knew, it is, he will not hold out­ the power and he will continue with his ambitions. And if there was any doubt in relation to his rivals, now everything is clear, as all of the other candidates have ended their presidential dream and al Sisi’s victory is only a matter of time.

It is true that he saved the country from the Muslim Brotherhood -a group that tried to be seen as a moderate islamist political party but that finally tried to establish changes that would have conducted Egyptian society into a more conservative one- but Egypt still faces the problem of discrimination against women, Christian minorities (nearly 10% of the country’s population) and secular sectors of the society.­ Also, the threat of terrorism is very active in the Egyptian territory and specially in the Sinai. The attacks of last months are a demonstration of this and reflect the fragile security context of the country. The situation worsens if the analysis deepens in topics like the economic reality of Egypt, the corruption and the strong-hand leadership of al Sisi, who never hesitates before sending to prison political rivals, islamists, ONGs representatives and anyone who opposes to him.

Even if the lack of civilian liberties has been a problem through decades, there was a hope that after Hosni Mubarak’s fall a new paradigm could be established, specially in freedom to express, religious liberty and, maybe the most important, the end of that deep and strong relation between politics and military in the government or power. Sadly, none of those situations have changed and, even worse, Egypt faces 2018 with lot of problems and big challenges in those issues. Then, it will be a key moment for the future of the country. The reforms are waiting and al Sisi has the opportunity to rectify the path and give, once again, hope to the Egyptians.

Libya

If there is a country that faces a crucial year for its social, political and economic re-order, it is Libya. Since the fall of Muammar al Gaddafi (in 2011), the former stable country has become into a semi-failed state. Two governments and two Parliaments, slavery, immigration crisis, difficulties for the oil production and social discontent. Also, the strong menace of Al Qaida of the Islamic Maghreb (AQIM) and the Islamic State, among other terrorist groups. So, the Libyan scenario doesn’t seem to be very well during 2018. Nevertheless, there are some challenges for the Maghrebian country.

During the last months was revealed the existence of numerous human-trafficking networks and, even worse, the practice of slavery in the Libyan territory. The dramatic issue generated summits, meetings and political compromises in Sub-Saharan Africa, the Maghreb, the European Union and the Organization of the United Nations (ONU), among others. However, this conflict should be solved as possible and, therefore, has to be one of the priorities for the Libyan authorities.

The problem is that in 2018 the expectations turn around two sociopolitical key facts, it is, the reconciliation process that brings with itself a new Constitution for the country and the correct realization of the presidential and legislative elections. Thus, the first step is to work for the re-construction of the state infrastructure, as with this goal being achieved all the further projects should be faced with more strength and order. This is why the oil situation is other of the key topics for Libya in 2018. Since 2017, the numbers of oil production and exportation have been showing a positive trend, so one of the ambitions should be the consolidation of this process. With oil, new Constitution, national reconciliations and a stronger and better state apparatus, the other challenges –as fight against immigration (and slavery), terrorism, separatism and ethnic conflicts (tebou and amazigh claims) should be developed in a better context, it is, one with high levels of chaos and violence but at least with the hope given by a newly created process of rebirth of the Libyan state and society.

South Sudan

The peace talks have failed and the future of the country will be shaped, once again, by violence, poverty and other conflicts associated to the main problem, that is, hunger, displacement and immigration. To avoid this, or at least soften the consequences, the efforts of the international community (and the government, of course) should be directed to the cessation of hostilities. In this scenario, the AU5 (an African Union commission of five countries) will have the great opportunity to recover the path and return the trust to an African solution as external powers like the European Union have not been able to establish as a trustful partner in this process.

The Nile conflict

Recently, Sudan, Egypt and Ethiopia met in the Ethiopian capital, Addis Abeba, to solve the dispute about the Grand Ethiopian Renaissance Dam (GERD), which has been involving these three countries and other ones, as Eritrea, in the conflict. While the image of seeing the governments of the three named states trying to find a final agreement is a positive step, the fact that Sudanese troops were deployed in the Eritrean border makes it impossible to assure that the problem will be ended in a peaceful way. Even more, the “Nile Conflict” involves countries that normally have faced diplomatic and/or military confrontations. That is the case, for example, of the ties between Sudan and Egypt, Ethiopia and Eritrea, Sudan and Eritrea and Ethiopia and Egypt. So, it is clear that a little spark could start a big fire and, therefore, the “Nile Conflict” should be solved as soon as possible.

Cameroon, Democratic Republic of Congo, Mali and Zimbabwe: recovery through presidential elections

For different reasons, this countries have been fighting for establishing a re-order of its social, political and economic situation. In Cameroon, the Anglophone region –which waves the flag of separatism- continues to give strong headaches to the government and riots that still generate disorder and, the worst, deaths. In the Democratic Republic of Congo, the challenge of eradicating the ‘Kabila Clan’ from the control of the country has been a very tough issue. So, the main goal in this giant state should be the organization and development of transparent and democratic elections. In Mali, another African semi-failed state, the division is still a great obstacle in the process of re-order of a country that has been facing conflicts –separatism of the Azawad region, rise of terrorism groups that formerly were not active in the Malian territory, consolidation of the governments power and drug and human trafficking- since 2012. Finally, in Zimbabwe, the end or Robert Mugabe’s era was a very good step but the next challenges seem to be even more difficult and heavy. The construction of a new state –as Mugabe was the only leader in the independent Zimbabwe-, which implies the modernization of the political structure and a huge change in the Zimbabwean social map is just the beginning of a long process.

So, these countries will need to do well in the presidential elections that will be held during 2018. Not only for having a president but, the most important, to return the hope of a better future for their population. Wars, divisions and corruption should be left aside and the African community should be able to help in this process. The same for the United Nations.

The Horn of Africa and the challenge of facing intern and extern sources of conflicts

Al Shabaab’s presence in Somalia is just enough to be worried about this region but if we add the recent political (and social) convulsions in Kenya –due to the still contested presidential election’s results- the outlook gets darker. Unfortunately, the Yemen conflict and the Arab-Iran-Turkey crisis have splitted into the Horn of Africa and, specially, into Somalia, a country that needs the help of states like United Arab Emirates, Saudi Arabia, Qatar and Turkey. About this latter context, the situation seems to be very cloudy, as the net of political supports has been changing in the last months and still is in motion.

Therefore, 2018 should be an opportunity to demonstrate that Somalia and Kenya –but also Ethiopia, which has given some tiny hints of a depressurization of the social and political situation- can reach balanced and strategic diplomacy objectives, in order that the Horn of Africa can avoid more tension in the region and, in consequence, to prevent a high risk of conflict. The decision that will be made in relation to Al Shabaab, ties with external powers, the Nile issue and political reconciliation will be key elements.

The Maghrebian context

Algeria, Morocco and Mauritania can be categorized as countries that have maintained the status quo and, also, the equilibrium in their social and political aspects. Surely, with risks –among others, Bouteflika’s health and Kabilia’s movement in Algeria; the social protests in the Rif and the raise of the life’s cost in Morocco; and the authoritarian rule of Abdelaziz in Mauritania- but with some stability. Different is the situation of Libya (already analyzed) and Tunisia. This latter has confronted economic crisis, political disfunction and protests of Tunisians that year after year lose hope of the country’s recovery.

Nevertheless, there is a silent topic that should be observed with a lot of care during 2018. It is the relation between Morocco and the Polisario and Algeria, which should change as in 2017 two important facts took place. The first, and most important, the official return of Morocco into de African Union. The second, the appointment of the Canadian Colin Stewart  and the German Horst Kohler as the new head of the MINURSO and as the new General Secretary Personal Envoy for Western Sahara, respectively.

With these movements and the permanent hostilities witnessed along 2018, the Sahara conflict should not be forgotten. Even if the risk of a military conflict is nearly nonexistent, the political consequences of this issue could threaten, once again, the political cohesion of the Maghreb and regional blocks of integration, including the African Union.

Countries looking for the democratization of their state and society

For different reasons, Equatorial-Guinea, Central African Republic, Angola, South Africa and Madagascar have the obligation of advancing towards democracy and/or social reconstruction. In Equatorial Guinea, Teodoro Obiang Nguema has been in power for 38 years and is the oldest African governor. In December, he faced another coup attempt and, as all the previous ones, he survived. However, the opposition will not stop their fight, even if the use of military abuses (detentions and repression) is one of the most recurrent strategies of the current government in order to confront the political and social rivals.

Central African Republic is still facing one of the most difficult and long peace processes in Africa, so in 2018 the goal is to achieve more objectives and to continue fostering arrangements, reconciliation and social peace. Concerning, Angola, South Africa and Madagascar, they will have new challenges. In Angola, there is a new (and younger) president, while in South Africa the corruption scandals are a big threat to Zuma’s era. Finally, Marc Ravalomanana, ousted and exiled president of the country, will try to return to power after he suffered a coup d’etat in 2009. He will do that amid political, economic and social crisis, so the scenario does not seem to be very calm in 2018.

Nigeria, the big leader in trouble

Oil? Not really. Sure it will be one of the most important topics, which explains many of economic,political or social processes that take place in Nigeria, but during 2018 the agenda should keep a special place for the territory conflicts. The first of them is one already known and is the current presence of Boko Haram in different regions of the country and, mainly, in the northeast part of the territory. Nevertheless, the main issue will be the territorial disputes between farmers (of Central region of Nigeria) and nomadic herdsmen (coming from the North), a conflict that should worsen due to the difficulties to find the necessary amount of water for agricultural activities and works. The clashes have already erupted and only in 2016 they took the life of nearly 2.500 people, a number that should be analyzed with special attention in a country that has within its margins more than 100 ethnical groups and also faces the threat of separatists from Biafra and terrorists of Boko Haram.

Liberia, with the hope of better times

With George Weah recently sworned as the new President of the country, Liberia starts a new political cycle, in which a former football star will be in charge of changing the country’s image but, the most important, of strengthening the sociopolitical transition that has been taking place in the westerner African state. The challenge will be very big, the same as the hopes and expectations of seeing a well carried transition in this state used, unfortunately, to see riots, political division and lack of democracy.

Final comments

Apart from the conflicts that were described in the previous paragraphs, it should be said that Africa, as a continent, will be facing problematic trends or contexts such terrorism, integration difficulties, fight against corruption, fragile situation of some states, economic growth, gender equality, relations with the European Union and United States of America and the advance of Turkey, China, Qatar, Saudia Arabia, Iran and United Arab Emirates.

These big challenges will be an opportunity for Africa, a continent that should demonstrate to itself and to the world –particularly, to the major powers- that African countries and leaders have the capacity and the will to affront this situations. In this context, the reform of the African Union, specially those about the origin of the funds, should have an important place and weight in the African agenda of 2018.

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Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

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Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

Fecha 2/11/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Según el informe realizado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), los estados del Magreb no tuvieron una buena ubicación en este ranking, el cual mide cuatro elementos (participación económica y oportunidad, alcance en educación, salud y sobrevivencia y empoderamiento político) y realiza medición en 144 países.

(Fotografía: Dennis Jarvis / Licencia Creative Commons. Edición: Periodismo Internacional)

Los números magrebíes no fueron muy positivos, ya que el mejor ubicado fue Túnez, que apareció en el 117° lugar. Más atrás quedaron Argelia (127°), Mauritania (132°) y Marruecos (136°), en tanto que Libia no es parte del ranking, ya que no fue examinado.

De todas formas, el Magreb tuvo su mejor desempeño en empoderamiento político, ya que ahí Túnez quedó en el casillero 55, Mauritania ocupó el número 57, Argelia trepó hasta el 86 y Marruecos escaló y finalizó en el 100. A la inversa, el ítem peor evaluado fue participación económica y oportunidad, donde todos se posicionaron entre el 130 y el 140. Cabe destacar que Túnez lideró en las cuatro categorías.

A nivel africano, 21 países quedaron mejor posicionados que los estados magrebíes, listado que incluye a Rwanda (4°), Namibia (13°),  Burundi (22°), Mozambique (29°), Uganda (45°), Botswana (46°), Zimbabwe (50°), Tanzania (68°), Ghana (72°), Lesotho (73°), Kenya (76°), Madagascar (80°), Camerún (87°), Cabo Verde (89°), Senegal (91°), Malawi (101°), Swazilandia (105°), Mauricio (112°), Guinea (113°), Etiopía (115°) y Benín (116°).

A nivel árabe, Túnez, Argelia, Mauritania y Marruecos tuvieron desempeños más parecidos a los de sus pares. De hecho, Túnez fue el segundo mejor posicionado, mientras que Argelia, Mauritania y Marruecos quedaron ubicados en los puestos 4°, 8° y 11° en el segmento “Medio Oriente y África del Norte).

Así las cosas, el Magreb tendrá que seguir trabajando en pos de reducir la brecha de género, de manera que la mujer no solo logre integrarse en las sociedades magrebíes, sino que además lo haga con plenas igualdades y en diversos ámbitos de la vida cotidiana. 

Para ver el informe completo, ingrese aquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de noviembre de 2017
@Ratopado

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Cómo recibe el Magreb al 2014

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Cómo recibe el Magreb al 2014

Fecha 18/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Empezando este nuevo año, y sin que eso tenga gran validez en los análisis y las investigaciones, cabe realizar un somero resumen acerca de las presentes tendencias que se pueden apreciar en los cinco países magrebíes. Al respecto, y en algo que no sorprende, se pueden encontrar positivas y negativas señales, las cuales, lógicamente, corresponden a las naturales consecuencias de los actuales procesos que se están desarrollando en la región.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de enero, 2014

banderas-paises-umaClasificando estas coyunturas, todas ellas podrían ir bajo un mismo rótulo, es decir, fenómenos político-sociales. Y aunque no todos pueden ser incluidos en el proceso de cambios iniciado a fines de 2010 y comienzos de 2011, la mayoría de ellos tienen que ver con eso.

Los choques entre los Tebu y Zawy en Libia

Consumada la caída de Muammar al Gaddafi, rápidamente llegó el caos al territorio libio, lo cual se tradujo, entre otras cosas, con choques étnico-tribales en el sur –particularmente en el sureste- de Libia. Es así que las ciudades de Kufra, en 2012, y Sabha, en 2013, fueron testigos de la violencia entre los Zway y los Tebu.

Mientras los primeros son de origen árabe y tuvieron, bajo la era de Gaddafi, una posición de poder, los segundos pertenecen a etnias negroides y siempre acusaron la represión del dictador libio. Aún más, estos últimos afirmaban que bajo la administración Gaddafi siempre se dejó en un segundo plano a quienes no tenían un origen árabe o árabe-bereber.

Durante los últimos años estos choques tuvieron episodios críticos, los cuales terminaron con cientos de muertos y varios prisioneros (por ambas partes en conflicto). Sin embargo, en los últimos días llegaron buenas noticias o, como mínimo, esperanzadores indicadores. Claro, pues se reunieron los “ancianos” de ambos lados y acordaron el intercambio de detenidos. Así, queda la impresión que se estableció un primer paso hacia lo que podría ser un acuerdo de paz.

Es de esperar que las futuras negociaciones se lleven a cabo con normalidad –dentro del actual contexto que se vive- y que vayan apareciendo nuevas soluciones. En relación a esto último, será imprescindible la participación del Congreso General Libio (CGL) o al menos del gobierno de transición, ya que el tejido “invisible” de la estructura político-social del país tiene directa relación con la formación tribal del territorio. Y así como destaca este choque entre los Tebu y los Zawy, también está el problema de la autoproclamada autonomía de Cirenaica y de las fuertes presiones que están ejerciendo los bereberes libios.

En conclusión, la nueva Libia no podrá ser construida con éxito si no se trabaja a fondo en un sistema que permita la sana convivencia entre las diferentes etnias y vertientes religioso-políticas.

La nueva Constitución tunecina

Atribulados por la agresiva irrupción de los salafistas y complicados por la aparición de asesinatos políticos, el anterior gobierno –liderado por Rached Gannouchi- se vio obligado a renunciar en pos del bien común. Hoy, con nuevo ministro recientemente nominado –el islamista moderado Jomaa-, aparece el primer gran desafío de la administración, es decir, aprobar el borrador de la nueva Constitución de Túnez y, por ende, generar las instancias que permitan la aprobación popular de la misma carta.

Al respecto, en los últimos días se han ido conociendo algunos de los puntos que serán incluidos o que quedarán fuera. En este sentido, uno de los puntos más importantes tiene que ver con la igualdad entre “ciudadanas y ciudadanos”, lo cual es un establecimiento implícito de la igualdad genérica. Si bien esto es un avance, especialmente si se toma en cuenta la tradición tunecina de darle muchos derechos a las mujeres, queda la duda sobre el alcance que tendrá este principio.

A pesar que la mayoría de las organizaciones feministas y que buena parte de la sociedad considera que esto es un progreso, algunos sectores han hecho un llamado a mantener la prudencia. Esto último, pues el ideal, según ellos, habría sido reconocer, expresamente, la “igualdad entre mujeres y hombres” y no entre “ciudadanas y ciudadanos”. Además, no hubo una especial mención en el tema de la herencia.

Otro aspecto llamativo ha sido el reforzamiento de Túnez como una “república” que velará por la libertad de expresión. Junto a eso, se volvió a confirmar al árabe como la lengua oficial del país y se excluyó a la charia como fuente principal del Derecho.

Y, al igual que en el anterior punto, es bueno detenerse un poco en este asunto. Claro, ha sido fundamental que la ley islámica no sea el eje de la jurisprudencia, pero no se puede soslayar el hecho que el artículo estaría dejando un evidente vacío legal.

¿Qué se entiende por la frase “la charia no será fuente principal”?, ¿será que en algunos casos se le tomará en cuenta?, ¿se podrá acceder a ella bajo ciertas circunstancias? En fin, son diversas las preguntas, pero lo concreto es que a pesar de quedar relegada a un segundo o tercer plano, no fue eliminada de cuajo como fuente y eso puede generar eventuales problemas. Como siempre, todo quedará en manos de los jueces y sus interpretaciones de las leyes.

Por último, aún no se menciona lo que ocurrirá respecto a las reivindicaciones de los bereberes, quienes a pesar de representar menos del 10% de la población ya se han organizado en pos de mejorar su status. Al igual que en otros países magrebíes, ellos quieren un reconocimiento oficial, pero que no se quede en las letras, sino que vaya a un plano práctico y cotidiano.

La nueva política de inmigración marroquí

Hace algunos días se consolidó, por parte del gobierno del Reino de Marruecos, el compromiso de mejorar la situación respecto al drama de la inmigración en el Mediterráneo.

En este sentido, cabe recordar que en junio de 2013 se produjo un acuerdo de asociación entre Marruecos y la Unión Europea (UE) –el primero de este nivel firmado entre la UE y un país mediterráneo-, a través del cual ambas partes se comprometían a implementar una serie de medidas que permitan trabajar de mejor forma en el tránsito de personas por el Mediterráneo.

Gracias a esto es que hace pocos días llegó el anuncio del gobierno marroquí –impulsado por el rey Mohammed VI-, en el cual se consolidaba la regularización de miles de inmigrantes clandestinos. Es así que para dicha misión se implementaron, a partir del 1 de enero de 2014, las “Oficinas de Extranjeros”.

En total, se estima que entre 24.000 y 40.000 “sin papeles” –en su mayoría africanos subsaharianos- podrán quedarse en territorio marroquí y, lo principal, con la posibilidad de vivir y trabajar con normalidad. Además de eso, se le dio el carácter de refugiado a 850 ciudadanos del África Subsahariana.

Sin duda alguna, un gran golpe de Marruecos, pero en el buen sentido, ya que se ven las primeras medidas oficiales en torno a un tema tan delicado como el de la inmigración. Y no sólo por el hecho de haber un gran flujo (desde África hacia Europa), sino que por el drama humanitario. Esto último, pues según diversas cifras, al menos 20.000 inmigrantes clandestinos han muerto en aguas mediterráneas en los últimos 15 a 20 años.

¿El acercamiento entre el Polisario y Marruecos?

Para nadie es una sorpresa que Christopher Ross tiene mucho que ganar en el caso del Sahara Occidental, una zona que es reclamada por Argelia

y el Polisario, pero que, en la práctica, es parte del territorio marroquí.
Mientras Marruecos afirma que lo suyo es acorde a Derecho, el Polisario –que cuenta con el apoyo de Argelia- insiste en que el “pueblo saharaui” (concepto bastante difuso por lo demás) debería decidir su status.

Con el paso de los años, la postura marroquí ha ido ganando adeptos y apoyos, en tanto que el proyecto de Argelia y el Polisario se ha ido debilitando. Hace unos días, Paraguay anunció que eliminará el reconocimiento oficial a la República Árabe Sahrawi Democrática (RASD), lo cual está lejos de ser un mero simbolismo.

Claro, pues si a fines de la década de 1980 la RASD contaba con el apoyo de casi 90 países, hoy la cifra no supera los 30 ó 32 estados. Junto a eso, la mayoría de los gobiernos que mantienen su aval a dicho estado de facto (no ha sido reconocido por la ONU) pertenecen a lo que se conoció como la “órbita comunista” en la Guerra Fría, con lo cual la teoría de la “ideologización del conflicto” cada vez adquiere más potencia.

Más allá de estos datos, se dio a conocer, en las últimas semanas, la noticia de un posible encuentro entre el Polisario y Marruecos. Aquella reunión sería en un país europeo, en los primeros meses de 2014 y, he aquí la novedad, sin la participación de Argelia.

Tomando en cuenta que la ONU no ha descartado la posibilidad de la autodeterminación, pero que ha dado un gran impulso al proyecto marroquí (una avanzada autonomía para el Sahara Occidental), aquel posible encuentro generaba algunas ilusiones.

Sin embargo, rápidamente llegó un comunicado oficial por parte del Polisario, en el cual negaba todas estas informaciones. Como era de esperar, por lado y lado aparecieron los rumores y las declaraciones, pero lo concreto es que finalmente se volvió, como ya es costumbre, a un punto muerto en las negociaciones.

¿Qué irá a pasar en el mediano plazo? Difícil saberlo, aunque en realidad no tanto.

Bouteflika, en busca del cuarto mandato

Hace años que se habla sobre el precario estado de salud de Abdelaziz Bouteflika, actual presidente de Argelia, pero, a pesar de eso, el mandatario no entrega el poder y se mantiene al mando del control de su país. Sin embargo, en 2013 pasó varios meses hospitalizado en Francia y, por lo mismo, se pensó que podría ser el momento del adiós (de la política) de Bouteflika.

Pero no, aquello estuvo lejos de suceder y el casi octogenario argelino anunció que irá, nuevamente, por una reelección en las presidenciales del presente año. En caso de ganar, obtendría su cuarto período como presidente de Argelia.

Si bien este anuncio no cambia mucho las cosas –en el corto plazo-, en el futuro sí podría traer grandes consecuencias. En este sentido, ya se están llevando a cabo las clásicas tratativas previas a todo proceso electoral y será interesante ver lo que ocurra en los siguientes meses.

¿Qué irá a pasar con los islamistas, que obtuvieron el tercer lugar en las últimas legislativas?, ¿logrará unirse la oposición en torno al objetivo común de sacar del poder a Abdelaziz Bouteflika?

Hay miles de interrogantes y las miradas apuntarán hacia lo que ocurra en este gigante. Argelia es una gran potencia regional y de haber grandes cambios tras las presidenciales es posible que el Magreb tenga nuevos horizontes. Y, por supuesto, el conflicto en Malí, también.

Y algo que no debe dejar de tomarse en cuenta es el nombre de Abdelmalek Sellal. Según algunos, aunque nada oficial, el actual primer ministro de Argelia sería el candidato de Bouteflika en caso que este último opte por no presentarse a las presidenciales.

En Mauritania, elecciones boicoteadas y el debut de los islamistas

En medio de la férrea oposición que genera Mohammed Ould Abdelaziz –actual presidente, pero que llegó al poder tras haber dado un golpe de estado-, en noviembre pasado se llevó a cabo la primera ronda de las elecciones legislativas y municipales en Mauritania.

Tal cual se había anunciado, la oposición boicoteó los comicios, aunque un partido de dicho bloque optó por participar. Se trata de Tawassoul, agrupación islamista que debutaba en estas lides y que obtuvo el tercer lugar de las legislativas (con 12 escaños en la Asamblea Nacional y el 10% de los votos).

Y aunque no hubo grandes sorpresas en este proceso, queda de manifiesto que los próximos meses podrían ser fundamentales en el juego político mauritano. Sí, pues se supone que a mediados de año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales y aquello podría ser, en caso de perder el actual mandatario, un positivo avance en la siempre truncada transición política de la República Islámica de Mauritania.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Fecha 10/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Islam ya se instaló en la superficie de la mesa cotidiana de diálogo y, al menos hoy, es imposible no darle la importancia que merece. En los nuevos tiempos, aquella religión está lejos de tener influencia en lo estrictamente religioso y, de hecho, sus raíces han crecido y se han establecido en el ámbito político.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de enero, 2014

mohammed-morsiEsto último no es novedad, pues el proceso comenzó hace décadas. Hace 86 años atrás se fundó la Hermandad Musulmana –en Egipto y en medio de los efectos colonizadores de las grandes potencias en la mayoría del mundo árabe-musulmán- y, desde entonces, el “Islam político” fue ganando cada vez más fuerza.

Entrar en detalles históricos no viene el caso –para eso se necesitaría escribir una enciclopedia de varios tomos-, pero lo que sí es apropiado es intentar comprender lo que está sucediendo con los islamistas, entendiéndolos como actores de la política y dejando a un lado lo netamente religioso.

Marcados por el hecho de pasar más tiempo en la lista de los partidos u organizaciones ilegales, la Hermandad Musulmana egipcia logró llegar al poder en 2012, pero unos meses más tarde recibió un duro golpe. Claro, pues el actual gobierno militar de Egipto –que en 2013 realizó un golpe de estado- los declaró como un grupo terrorista. Aquello no debiese sorprender, ya que bajo la era de Hosni Mubarak tuvieron duros reveses y siempre estuvieron apabullados por el gobierno dictatorial. Además, sus medidas, una vez al mando del país, dejaron mucho que desear y demostraron que lo que menos les importaba era la estabilidad del país y las libertades (entre ellas, la religiosa) de su población.

Obviamente, la Hermandad Musulmana no es la panacea y aunque muchos partidos políticos islamistas están ligados, de una u otra forma, a esta organización, hay otros que están fuera de esa órbita. Nuevamente, no viene al caso una explicación sobre los tipos de islamismo político, pero lo importante es ver qué está pasando con los islamistas que lograron llegar al poder o que al menos han participado en elecciones.

En la actualidad, su auge está en caída y eso no es noticia, pues es algo que viene aconteciendo en los últimos meses. En Marruecos, el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo un gran triunfo y eso le permitió acceder al gobierno, el cual tiene como principal figura al primer ministro. Lamentablemente, para los islamistas de la lámpara (aparece en su logo), su líder, Abdelilah Benkirane, ha tenido que enfrentar no sólo el descontento de la gente, sino que también el de otros partidos políticos y el del mismo rey Mohammed VI. Tanto así, que Benkirane tuvo que formar un nuevo gobierno.

En Argelia, los islamistas no fueron capaces de quedar en los dos primeros lugares de las legislativas realizadas en 2013, mientras que en Túnez llegaron al poder, pero sus erráticas medidas les significó tener grandes rivales. Hoy, la sociedad tunecina está fuertemente dividida por el tema religioso y una buena parte de ella acusa al actual –que acaba de caer- y anterior gobierno de estar detrás del descalabro, el mismo que, entre otras cosas, se ha visto representado por el auge de los islamistas más radicales y por la aparición de asesinatos políticos (supuestamente en manos de los fundamentalistas). Que en la nueva Constitución –la cual recién se está elaborando- se haya dejado a un lado la sharia como fuente principal del Derecho es una gran derrota para los islamistas más conservadores y radicales.

En Libia, bueno, el caos es total y es difícil establecer juicios o conclusiones en tan poco espacio. Sin embargo, no se puede desconocer que la progresiva y escondida islamización de ciertos miembros del Congreso Nacional General –el cual tiene el poder en forma transitoria- ha tenido un fuerte rechazo en diversos grupos de la población y la política libia. Por lo mismo, no ha tenido un camino llano hacia el establecimiento de sus pretensiones, algo que también se explica por la actual coyuntura social del país.

Por último, el caso de Mauritania es más auspicioso (para los islamistas), aunque en un contexto muy sui generis. En las recientes elecciones legislativas y municipales, Tawassoul –partido islamista que compitió por primera vez en los comicios y que es parte de la oposición- se consolidó como una interesante fuerza, pero sin pasar de los 16 asientos en la Asamblea Nacional (de un total de 146).

Hecha esta breve (quizás demasiado corta) explicación, es necesario revisar los puntos por los cuales los islamistas han caído en desgracia. Al respecto, todo se puede aglutinar en tres conceptos, que son conservadurismo, agresión pasiva y violación de las libertades personales.

Cada grupo o partido lo hará en distinta forma, pero, finalmente, todos apuntan a lo mismo, es decir, la imposición de una corriente religiosa (ellos parten de la base que todos son musulmanes). Esto último, a su vez, tiene como grandes representantes a hechos ya conocidos. Por ejemplo, establecimiento de la sharia, sumisión de la mujer, manejo de los programas de televisión y de los manuales de Educación en los colegios, satanización de ciertas conductas y vestimentas, etcétera. Nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, los islamistas moderados deberían ser la base para todos estos grupos y partidos, pero, lamentablemente, la mayoría de ellos apuesta por seguir otros modelos. Entre ellos, el de la Hermandad Musulmana. Y, como se ha visto, aquello sólo asegura problemas y división social.

Por eso, es momento que los islamistas comprendan que lo único que les puede ayudar a seguir en el poder (o llegar a éste en ciertos casos) es asumir que deben gobernar bajo un sistema de alianzas y que, para ellos, tendrán que ceder ante los grupos más liberales de la sociedad. El pragmatismo, entre otros factores, fue lo que les permitió gobernar, pero la ausencia de este concepto en sus gobiernos ha sido, justamente, lo que les provocó la gran crisis.

Resumiendo, la opción pasa por volver a lo pragmático o, cosa poco probable, apostar a un cambio radical de sus bases y entender que la renovación es algo necesario para todos los actores políticos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
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¿La excepción marroquí?

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¿La excepción marroquí?

Fecha 27/08/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Desde que el proceso de revoluciones magrebíes y árabes comenzara, a fines de 2011, se ha repetido una frase, respecto a Marruecos,  que tiene mucho de cierto, pero, al mismo tiempo, se trata de un juicio poco profundo y subjetivo.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 27 de agosto, 2012

Mientras en Libia cayó Muammar al Gaddafi, en Túnez ocurrió lo mismo con Zine El Abidine Ben Alí. Ambos tuvieron el mismo final, pero con procesos y contextos muy diferentes.

En paralelo, en Mauritania la situación político-social se hace cada vez más inestable y ya son muchos los que están pidiendo el fin de la era del golpista Mohammed Ould Abdelaziz.

Y, en algo que no sorprende, Argelia sigue estando dominada por los militares y esa maquiavélica y egoísta forma de gobernar que tiene Abdelaziz Bouteflika, que de presidente sólo tiene el nombre, pues no tiene un gran apego a la democracia y, además, el verdadero poder argelino sigue estando en manos de las fuerzas armadas.

Así, en este contexto, algunos han bautizado la realidad marroquí como una “excepción”. Esto último, pues consideran que Marruecos ha vivido un proceso muy diferente (lo cual es cierto) y que esto ha significado que el reino cherifiano esté exento de las grandes turbulencias que azotan al Magreb, al Sahel o a los estados árabes (lo cual no es cierto).

Sí, es cierto que el rey Mohammed VI ha sido un hábil estratega y también es verdadero que el monarca ha logrado generar importantes avances en el desarrollo del país, incluso en el cuestionado ámbito social. La mano de fierro de Hassan II no debe ser olvidada y la llegada al trono de su hijo debe ser entendida como una especie de transición monárquica.

Sin embargo, esto no significa que Marruecos esté fuera del mundo de los cambios y las luchas, especialmente en lo relativo a mejorar la calidad de vida de los cerca de 34 millones de marroquíes que viven en el milenario Reino de Marruecos.

Por eso, es necesario decir algunas cosas. Primero, la represión de las manifestaciones callejeras no ha sido brutal, salvo algunas excepciones, y, aún más, muchas de ellas se han llevado a cabo en forma pacífica, lo cual es un mérito de todas las partes involucradas.

Segundo, las elecciones legislativas fueron transparentes y, en este sentido, se repitió la tendencia observada en el referéndum que permitió modificar la Constitución marroquí.

Tercero, Marruecos ha sabido enfrentar el proceso de cambios que llegó a la región y, a diferencia de sus vecinos magrebíes, fue capaz de mover bien las piezas a lo largo y ancho del tablero de ajedrez. En algunos casos, con un evidente interés social y, en otros, con la intención de generar movimientos políticos que permitan cambiar ciertas cosas, pero sin entrar en profundidades.

Cuarto, y relacionado con lo anterior, el rey Mohammed VI ha perdido poderes tras las modificaciones realizadas en la nueva Constitución –destacando un primer ministro con más prerrogativa que antes-, pero, a pesar de eso, sigue siendo la última voz en las materias más importantes.

Quinto, el Movimiento 20 de Febrero fue incapaz de responder a las expectativas y eso es algo lógico. Claro, pues se trata de un grupo sin sólidas bases, ni potentes argumentos. En pocas palabras, son jóvenes que tienen un bonito discurso y que luchan por algo justo, como es una mejor calidad de vida,  pero que no están preparados para asumir un liderazgo. No tienen experiencia, no están bien organizados y su postura de “buscar cambios políticos sin tener ideología” ha sido un completo error. Tal cual lo fue, por ejemplo, el boicot al referéndum constitucional, tras el cual el gran beneficiado fue Mohammed VI.

Los “diplomados cesantes” y los ex combatientes del Tindouf tampoco han podido establecer grandes cambios, aunque en el caso de los primeros consiguieron ciertos resultados. Así es que algunos de ellos fueron reposicionados en ciertos trabajos públicos.

Sexto, el Sahara Occidental no es un problema al interior de Marruecos. Por más que sea un tema tabú, una gran parte de la población considera que este territorio es parte del Reino de Marruecos y no una república independiente. Que Argelia –en su política de generar inestabilidad regional y, particularmente, en sus vecinos magrebíes- y que el Polisario –una organización poco y nada democrática, en la cual hay elementos que generan inseguridad para el Magreb y el Sahel- intervengan en un conflicto en el cual no tienen voz, ni voto, es otro asunto.

El pueblo saharaui no existe y no es más que un discurso mediático cuyo fin es construir una realidad deforme. Lo que ocurra en el Sahara Occidental es un asunto entre el gobierno marroquí, su gente y los nómades que solían deambular por aquella zona.  ¿Hubiese sido bueno realizar un referéndum hace 20 años atrás? Sí, pero ya no se hizo y, hoy, el contexto sugiere mantener el proyecto de autonomía avanzada.

Séptimo, que va ligado con lo anterior, esta iniciativa puede ser un dolor de cabeza para Marruecos, pues en el Rif siempre ha habido un sentimiento nacionalista rifeño. No quiere decir que dicha zona sea separatista, pero sí se sienten “especiales”. Una autonomía avanzada para el Sahara Occidental podría generar que en el Rif se pidiera lo mismo. Y esto último quizás sería bueno para el equilibrio del Reino de Marruecos. No se trata de desmembrar al país, sino que de darle una organización acorde a las circunstancias.

Octavo, Marruecos es un país que entrega muchas libertades a su población, pero no es la panacea. Aún hay temas pendientes en, por ejemplo, la libertad de prensa, la libre expresión sobre ciertos temas y la libertad de credo.

Noveno, los bereberes (imazighen, como les gusta denominarse en su propia lengua, que es el tamazight) sí tienen un status mucho más avanzado que en Argelia, Túnez y Libia. Básicamente, pues el bereber ha sido incluido, a la par del árabe, como lengua oficial del país. Esta es una medida inédita en el Magreb, aunque aún falta ver cómo implementarán el estudio del tamazight en las escuelas y en los colegios marroquíes. Esta nueva posición de los bereberes será real si lo escrito en el papel se lleva a cabo en la práctica.

Décimo, la situación de la mujer ha mejorado bastante en Marruecos. Suelen vestir con libertad, tienen acceso al trabajo y con el establecimiento de la Mudawana ganaron muchos derechos y quedaron en un mejor nivel. Sin embargo, las mujeres aún no logran la anhelada igualdad frente al hombre. El caso de Amina (la adolescente que se suicidó tras ser obligada a casarse con su violador, el cual podía evitar la cárcel si los padres de la menor aceptaban que ella y él se casaran) ha remecido a ciertos grupos de la sociedad marroquí y ha dejado en evidencia que aún hay cosas por mejorar.

Por último, el desarrollo económico del país es evidente, pero el problema, al igual que en la mayoría de los estados emergentes, sigue siendo una justa redistribución de la riqueza. En Marruecos la gente no muere de hambre y con muy poco (un euro o menos incluso) puede comer y sobrevivir. Sin embargo, los estudios y la salud (de calidad) son caros e inabordables para la mayoría.

Además, es importante que la lucha contra la corrupción sea total, ya que esta última está muy presente en ciertos ámbitos y, por lo mismo, es un obstáculo para una buena distribución de las riquezas nacionales.

Resumiendo, el Reino de Marruecos goza de estabilidad político-social a nivel interno y está lejos de llegar a una fractura nacional, tal cual ha ocurrido en los demás países magrebíes. También, se han generado nuevas políticas, en los últimos años, que han permitido avanzar en aspectos macroeconómicos, sociales y, en menor medida, políticos.

Sin embargo, muchos de los “males” existentes en Argelia, Libia, Túnez y Mauritania están presentes en Marruecos. En un menor nivel, sí, pero ahí están y eso no puede ser olvidado. Por eso, más que hablar de una “excepción marroquí”, sería aconsejable referirse al “caso marroquí”.

Así, quedaría en claro que el Reino de Marruecos está en una posición avanzada y privilegiada respecto de sus vecinos regionales, pero que eso, en ningún caso, significa que la prosperidad sea patrimonio de cada uno de los cerca de 34 millones de marroquíes.

Es así que la gran apuesta de Marruecos es seguir progresando, pues tiene todo para convertirse en un modelo regional y continental.  Y, con eso, ser una voz respetada en foros internacionales.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy

 

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Mauritania y la demostración de un fallido proceso democrático

Fecha 9/10/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En marzo de 2007,  la victoria de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ponía fin a décadas de gobiernos autoritarios y, al mismo tiempo, daba comienzo a una nueva etapa en la débil e incipiente institucionalización democrática de la República Islámica de Mauritania.  Lamentablemente, dos años y medio después de aquel histórico hecho, todo quedó en nada y las esperanzas de un camino sin retorno hacia la estabilidad social, política y económica parecen estar perdidas.  Los golpistas se tomaron el poder y luego obtuvieron la victoria en los comicios presidenciales de julio pasado.  Ante esta situación, no queda otra que preguntarse qué es lo que falló en este proceso.

 Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de octubre, 2009

Fotografía: AFP

Fotografía: AFP

La respuesta puede parecer compleja, pero, finalmente, no lo es tanto.  Claro, todo dependerá del prisma con el cual se analice y observe el cúmulo de acontecimientos sucedidos en la realidad política y social mauritana durante los últimos años, pero se podría decir que hay dos grandes temas de gran peso a la hora de establecer ciertas conclusiones o de elaborar juicios categóricos.

Tratándose de un asunto netamente interno, la lógica obliga a pensar que todas las variables involucradas en este proceso político, social y económico –puede parecer reiterativo mencionarlo, pero esto no tiene que ver sólo con uno de los tres factores nombrados- deberían tener una matriz en el pueblo mauritano.  Sin embargo, los hechos demuestran que aquello no es así y, desafortunadamente, una serie de agentes externos han tenido y, casi son seguridad, tendrán un importante rol en la vida de la aún joven República Islámica de Mauritania.

Así las cosas, a la hora de intentar entender el fracaso del proceso de lenta democratización en Mauritania, aparecen dos grandes ejes.  Primero, la injerencia de las potencias extranjeras (principalmente, Estados Unidos y la Unión Europea) y del actual líder libio y presidente de la Unión Africana (UA), Muammar al Gadaffi.  Segundo, la historia y actualidad político-social de la República Islámica de Mauritania.

Los hechos ya son conocidos.  Desde las elecciones presidenciales de marzo de 2007, la política mauritana vivió momentos de zozobras, disputas y dudas.  Así fue que en mayo de 2008 renunció el primer ministro de Mauritania, Zeine Ould Zeidan, siendo reemplazado por Yahya Ould Ahmed El Waghf.  Pero este último tampoco duró mucho en el cargo, pues en julio del mismo año presentó su dimisión.  Este hecho se produjo ante una moción de censura en su contra y que había sido ideada por el Pacto Nacional por la Democracia y el Desarrollo (PNDD).  El motivo de esta acusación radicaba en la cada vez mayor pobreza del país, el estancamiento económico y la supuesta corrupción en ciertas cuentas del estado.  Sin embargo, el entonces presidente de Mauritania, Sidi Ould Cheikh Abdallahi, rechazó la renuncia de su primer ministro y éste fue reintegrado.

Así se llegó a agosto de 2008 y, específicamente, al día seis de aquel mes.  En aquella fecha, el coronel Mohammed Abdel Aziz lideró un golpe de estado militar, que abruptamente puso fin al gobierno democrático, legal y legítimo de Sidi Ould Cheikh Abdallahi.  El principal motivo fue la destitución de la plana mayor del Ejército, algo que causó gran molestia en Mohammed Ould Abdelaziz, jefe de la guardia presidencial.   A partir de entonces, la junta militar creó el Alto Consejo de Estado, el cual era liderado por Abdelaziz.  Unos días más tarde, Mulay Ould Mohammed Laghdaf sería nombrado primer ministro de la República Islámica de Mauritania.  Mientras, Sidi Ould Cheikh Abdallahi y Yahya Ould Ahmed El Waghf fueron aprisionados y se les impidió salir del país.

Ante esta situación, las reacciones de la “comunidad internacional” no se hicieron esperar.  La Unión Europea, Rusia, Estados Unidos, la Organización de Naciones Unidas, la Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental expresaron el repudio ante los lamentables sucesos.  Más tarde, la Liga Árabe se sumaría a este mensaje.  Otros organismos, como la Organización de la Conferencia Islámica y la Unión del Magreb Árabe fueron más cautos y aunque declararon sentirse preocupados por la situación, no elaboraron grandes juicios al golpe de estado militar.

Y después de los hechos, ¿qué?

Lamentablemente, lo que parecía ser una gran condena a nivel mundial comenzó a desvanecerse con una tibieza que realmente asombra.  Así como los juicios fueron muy categóricos durante agosto y septiembre de 2008, con el tiempo se fue apagando la luz de aquellos mensajes.

Una demostración de esto último es el relativo aislamiento al cual fue sometida la junta militar.  Estados Unidos y la Unión Europea mantuvieron su amenaza de congelar las ayudas económicas, pero no adoptaron un rol tan preponderante como el que tuvieron en otros conflictos africanos como, por ejemplo, Sudán o República Democrática del Congo.  Peor aún, la República Islámica de Mauritania estuvo presente en una reunión del Foro 5+5 y el coronel Mohammed Abdelaziz recibió en su país a una serie de gobernantes extranjeros.  Y, por si esto fuera poco, China mantuvo un fuerte lazo económico-comercial con Mauritania, demostrando que sus intereses monetarios no tienen un colador a la hora de ser ejecutados.

En paralelo, ni la Organización de la Conferencia Islámica, ni la Liga Árabe y ni la Unión Africana fueron capaces de establecer sanciones ejemplificadoras.  Esto último demuestra que este tipo de organismos sirven para muchas cosas, pero escasamente cuando se trata de solución de conflictos armados.

Lo de la Unión Africana fue realmente decepcionante, ya que aparte de tener un rol bastante pasivo –en un primer momento se declaró en contra del golpe, pero luego dio pie para que esta situación se consolidara- demostró que el influjo de quien esté en la presidencia rotativa no es algo menor.  Esto último tiene que ver con la presencia de Muammar al Gaddafi, líder libio y coronel que lleva 40 años al poder en Libia.  No tiene sentido desviarse del tema, pero lo cierto es que Gaddafi fue, en su momento, un golpista y parece ser que aquella naturaleza le impidió ver con objetividad e imparcialidad el proceso de la República Islámica de Mauritania.  De otra forma, no se puede entender que haya dado apoyo implícito a Mohammed Abdelaziz y que, finalmente, sugiriera que el camino era reconocer a la junta militar y trabajar por nuevas elecciones.

Las elecciones, la participación de Abdelaziz y el comienzo de una nueva etapa

Tras una serie de cuestionamientos y falsas expectativas, el 23 de enero de 2009 se estableció que los nuevos comicios presidenciales serían el seis de junio y que en ellos podría participar el coronel golpista Abdelaziz.  Esto trajo el rechazo de una parte importante de la sociedad mauritana y, por supuesto, de la oposición, liderada por Messaoud Ould Boulkheir, representante de la Alianza Popular por el Progreso (APP).

Sin embargo, las protestas no lograron grandes cosas y el 15 de abril de 2009 Mohammed Abdelaziz renunciaba a su puesto de Jefe de la Junta Militar, para así poder inscribirse y participar en las vitales elecciones que darían el nombre del nuevo presidente de la República Islámica de Mauritania.

Pero apenas unos días de realizarse estos comicios la oposición y la Junta Militar llegarían a un acuerdo, según el cual se retrasarían las elecciones hasta el 18 de julio.  Durante ese período se crearía un gobierno de unidad nacional.

Así fue que el 18 de julio de 2009 se llevaron a cabo los comicios presidenciales, en los cuales participaron diez candidatos, aunque de ellos sólo tres contaban con opciones reales de convertirse en el nuevo mandatario mauritano.  Un día después de las elecciones, se entregaron los resultados, que no dejaron muy conformes a una parte de la “sociedad política” mauritana.  Claro, porque el coronel Mohammed Abdelaziz (apoyado por la Unión para la República) se impuso con el 52.58% de los votos, muy por delante del principal opositor Messaoud Ould Boulkheir (16.29%) y del histórico Ahmed Ould Daddah (13.66%).  Otros candidatos obtendrían menores porcentajes, pero se destaca la figura de Ely Ould Mohammed  Vall, desplazado al sexto lugar con apenas 3.81% de las preferencias.

Si bien en un comienzo hubo un intento de impugnación de las cifras oficiales, con el paso de los días los rivales fueron reconociendo la derrota y todas las dudas se disiparían luego que el Grupo de Contacto Internacional para Mauritania –integrado por la Unión Africana, la Liga Árabe, la ONU, la Unión Europea, la Organización de la Francofonía y los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU- declarara que las quejas recibidas no tenían argumentos válidos.  Además, una serie de otras tendencias observadas durante las votaciones llevaron a este grupo a concluir que no hubo fraude y que las elecciones fueron transparentes.

El 5 de agosto de 2009, Mohammed Abdelaziz juró como el nuevo presidente de la República Islámica de Mauritania, en una ceremonia a la cual asistieron mandatarios o representantes de influyentes países africanos como Marruecos y Senegal.

Algunas reflexiones

Conociendo los hechos, es necesario establecer algunos comentarios u observaciones finales, para así ir dejando en claro el por qué del fallido proceso democrático de la República Islámica de Mauritania.

Primero, la débil institucionalidad política mauritana no fue capaz de resistir ante el menor ataque, sea este de gran o baja intensidad.  En término médico-metafórico, el enfermo aún estaba convaleciente y, por lo mismo, era esperable que en los primeros pasos de este nuevo proceso hubiese recaídas.  Lamentablemente, esto es lo que pasó y esto último se relaciona con la segunda variable involucrada.

Claro, porque el segundo punto a tomar en cuenta es la eterna presencia de los militares en la vida política del país.  La militarización de la política y sociedad es uno de los males que aún padece Mauritania.  La pregunta es cómo eliminar esto.  Quizás lo mejor sea ir robusteciendo la democracia, es decir, ampliar el número de grupos políticos participantes.  En la medida que cada agrupación, por muy pequeña que sea, sienta que tiene herramientas de representación, entonces el accionar de los militares será cada vez más resistido y, en consecuencia, irá quitándole terreno al influjo militar.  Sin embargo, este proceso no es algo de meses, sino que de años y, tal vez, décadas.

Tercero, la crisis económica terminó por pasarle la cuenta al gobierno de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, que a pesar de los esfuerzos (la economía mauritana estaba creciendo durante 2007 y 2008) no logró darle calma a sectores tan importantes como el agrícola y el pesquero.  Los acuerdos, en el área pesquera, parecían darle mayores beneficios a las empresas extranjeras más que a los pescadores mauritanos y eso es algo que debió preveer.

Cuarto, en las elecciones presidenciales de 2007, Abdallahi no había podido ser la primera preferencia en Nouakchott, capital del país.  Aquello que para muchos pudo ser una anécdota, nunca lo fue y eso quedó demostrado con la organización y las facilidades que tuvieron los golpistas, siempre con el apoyo de una importante parte de los habitantes de Nouakchott.  Faltó visión en este punto, pues se pudo haber tenido una mayor seguridad o, buscando otra fórmula, haber intentado darle alegrías a los ciudadanos de la capital.  ¿Populismo? No, el ideal habría sido generar medidas políticas y sociales claras, pero a favor de los habitantes de Nouakchott.

Quinto, las potencias tuvieron un rol bastante apagado en comparación a otros conflictos regionales existentes en África.  Esto se explicaría por la escasa importancia, al menos hasta hoy, que representa Mauritania en términos económicos y de recursos naturales.  No es lo mismo la República Democrática del Congo –donde abundan el oro, el coltán y otros materiales- o Sudán –el verdadero granero de África- que la República Islámica de Mauritania.  Ese parece ser el mensaje enviado por Estados Unidos y la Unión Europea, que tuvieron una tibia reacción ante los golpistas mauritanos.  Lo peor estuvo en manos de China, que nunca dejó de invertir en Mauritania.  Parece ser que da lo mismo quién y cómo gobierne.  Al menos para el gobierno.

Sexto, la Unión Europea demostró que su rol en África debe ser analizado, pues el doble stándard con el cual actuó en el caso de la República Islámica de Mauritania genera preocupación.  ¿Las democracias y los abusos en contra del pueblo son importante en Europa, pero no en Mauritania?, ¿las violaciones a la institucionalidad de un país no tienen relevancia en Mauritania, pero sí en Chad, Sudán o el Sahara Occidental?  Son preguntas que flotan y cuya respuesta es bastante confusa.  La Unión Europea debió tener un mayor rol y una respuesta bastante más dura contra los golpistas.

Séptimo, la Unión Africana no tiene el peso suficiente, ni a un líder (Muammar al Gaddafi) que pueda afrontar con la objetividad y el estricto apego a los valores democráticos que un organismo de integración debiese tener.  Si los conflictos en Somalía, Sudán y Zimbabwe habían sido un gran dolor de cabeza y una nueva demostración de la ineficacia de la Unión Africana, ¿qué se puede decir ahora?

Por último, ha quedado de manifiesto la escasa importancia que el mundo le entrega a un país como la República Islámica de Mauritania.  En los últimos meses se pueden encontrar diversos ejemplos de cómo los gobiernos y los medios tuvieron un papel preponderante a la hora de vivir ciertos problemas.  Por ejemplo, Irán, Abjazia y Honduras.  Sin embargo, parece ser que el pueblo mauritano no genera la misma empatía que lo que sí provocaron iraníes, abjazos y hondureños.

En fin, todas estas variables no hacen más que confirmar algo que parecía bastante predecible, es decir, un primer fracaso en el proceso de lenta democratización de la República Islámica de Mauritania.

Pero no hay que perder las esperanzas, pues esto recién comienza.  Vendrán más desafíos y nuevas oportunidades de consolidar este proceso.  El tiempo irá dando algunas claves, aunque otras ya están a la vista.

Es de esperar que los políticos sepan abrir las puertas correctas y que sepan cerrar las que sólo generan conflictos.

Y con un buen candado.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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¿El primer gran error de Muammar al Ghaddafi?

Fecha 13/04/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A comienzos de abril pasado, el actual presidente de la Unión Africana (UA) y líder libio decidió visitar Mauritania, país que se encuentra bajo dominio de fuerzas golpistas, luego que el 6 de agosto de 2008 militares se tomaran el poder. Lo que pudo ser un viaje trivial se convirtió en un foco de división al interior del organismo panafricano. Claro, porque Gaddafi dio a entender que hay que legitimar al gobierno golpista y esperar que realicen las elecciones en junio próximo. A partir de este punto apareció el choque entre la UA y el gobernante libio, pues los primeros mantienen con firmeza las sanciones en contra del régimen mauritano, mientras que el segundo se opone tenazmente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de abril, 2009

muammar-ghaddafiEn la última Cumbre de la Unión Africana (UA), realizada a fines de enero y comienzos de febrero pasado, en Etiopía, se estableció que el nuevo presidente del organismo panafricano sería el actual gobernante de Libia, el coronel Muammar Al Gaddafi. Acto seguido, algunas personalidades del mundo político africano miraron con cierta suspicacia este nombramiento, ya que a pesar de ciertas modificaciones en las directrices del líder libio, su gobierno y su estilo sigue siendo bastante dictatorial y, en ocasiones, muy subjetivo.

Por contrapartida, muchas personas veían en Gaddafi la opción de un acercamiento verdadero entre las “dos Áfricas”, es decir la magrebí y la subsahariana. Aquellos que daban su apoyo incondicional al gobernante de Libia daban como fiel argumento el discurso panafricanista del coronel libio y, además, sus sólidos avances en las relaciones con Estados Unidos y parte del mundo europeo, especialmente con Italia.

Con el paso de las semanas, todo aquel manto de dudas fue dando paso a una realidad tan clara como conflictiva. Claro, porque tras asumir la presidencia de la Unión Africana, Muammar Al Gaddafi tuvo, rápidamente, la oportunidad de mostrar cuál sería su apuesta en este camino que acababa de emprender. La coyuntura escogida fue la crisis política que afecta a Mauritania, país en el cual, en agosto de 2008, militares golpistas sacaron del poder a Sidi Ould Cheikh Abdallahi, presidente mauritano y que llegó a la presidencia por la vía democrática.

En este contexto, es importante recordar que apenas se concretó este golpe militar, la Unión Africana no dudó en condenar lo acontecido y, de hecho, dio un mes de plazo a los golpistas para que restituyeran a Abdallahi en el poder. Como aquello no aconteció, se impusieron sanciones, las cuales también fueron apoyadas y llevadas a cabo por otros países u organismos internacionales. A partir de entonces, se pensó que la junta militar reaccionaría, pero aquello no ocurrió y lo único que hicieron, a fines de 2008, fue dejar en libertad al derrocado presidente, a quien se le permitió vivir en un lugar de residencia determinado y siempre con vigilancia. Además, se le prohibió volver a la presidencia.

De esta forma, los militares, liderados por el general Mohamed Ould Abdel Aziz, iniciaron su camino al mando del gobierno y la política mauritana. Sin embargo, el rechazo en la mayoría de los países ha impedido que puedan realizar su accionar con plena libertad.

Y así fue que durante los últimos meses la junta militar mauritana ha estado sumida en un casi absoluto desamparo, algo, por lo demás, bastante lógico. Sin embargo, durante marzo y abril la situación cambiaría un tanto. Ciertamente, no se produjo una modificación sustancial, pero sí ocurrió algo que quizás no tuvo tanta influencia en el conflicto mismo, sino que en la figura de Muammar al Gaddafi y, en consecuencia, lo que se puede esperar de la Unión Africana durante el mandato del coronel libio.

Legitimación de un proceso antidemocrático, el peor error posible

A fines de marzo, el actual presidente de la UA realizó una visita a Mauritania, país en el cual se reunió con los líderes golpistas. Lo que pudo ser una maniobra de apoyo al proceso democrático que en 2007 había entregado el poder a Sidi Ould Cheikh Abdallahi, lamentablemente se convirtió en la contracara, es decir, un aval para la dictatorial gestión del general Ould Abdel Aziz. Es así que el 31 de marzo pasado, Muammar al Gaddafi declararía que no estaba de acuerdo con que la Unión Africana mantuviese las sanciones en contra de la junta golpista, algo que ya había dicho a comienzos del mismo mes. En aquel entonces, el mandatario libio aseguró que los militares golpistas se habían comprometido a realizar elecciones presidenciales el próximo 6 de junio y que, por lo mismo, “a partir de ahora, el caso está cerrado”.

Sin embargo, aquel expreso apoyo sería reafirmado con las palabras de Gaddafi, quien, como se mencionó, se opuso a la mantención del castigo a Mauritania. Esto último, es algo que se estableció en febrero, luego que el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana lo decidiera, tomando en cuenta el evidente ataque contra las fuerzas democráticas que estaban intentando recomponer la agitada y desequilibrada realidad política de la nación mauritana. Según Muammar al Gaddafi, la decisiones tienen que ser aprobada por todos los integrantes del bloque panafricano y no sólo por un órgano de este.

Manteniendo su postura, el mismo 31 de marzo, el coronel libio aclaró que si bien la junta militar había llegado por un medio inconstitucional, “ya está ahí y se debe aceptar eso”. Aún más, Gaddafi dijo que esa era la realidad y que todos los estados africanos debían asumirla. Por lo mismo, se mostró bastante alegre con la posibilidad que el 6 de junio se llevaran a cabo comicios presidenciales y no tuvo impedimentos a la hora de sugerir que el camino a seguir era apoyar este proceso golpista, ya que, finalmente, llevaría a nuevas elecciones.

Posteriormente, una delegación de la Unión Africana volvería a dar una corta visita a la junta militar de Mauritania y, tras aquel viaje, las declaraciones serían bastante similares a las expresadas unos días antes. El único cambio era que Muammar al Gaddafi aclaraba que los militares no podían seguir en el poder y, por ende, no debían presentarse en las elecciones presidenciales. Sin embargo, los golpistas aclararon que ellos iban a presentar un candidato en los comicios de junio y que, en tal caso, abandonarían su condición de militar.

A partir de entonces, el asunto mauritano pareció perder fuerza y a casi un mes de las elecciones presidenciales del próximo 6 de junio, al parecer todos han optado por la postura más sencilla, es decir, el silencio y darle vuelta la espalda al proceso democrático que culminara en 2007 con la elección de Sidi Ould Cheikh Abdallahi como presidente de la República Islámica de Mauritania.

Reflexiones ulteriores sobre el accionar de Muammar al Gaddafi

Lo anteriormente mencionado no significa que el actual presidente de la Unión Africana sea responsable del golpe de estado –y seguramente no lo es-, pero aquello tampoco es sinónimo que Gaddafi esté libre de responsabilidades en la parte final de este proceso.

Los problemas internos existentes en Mauritania –entre ellos, crisis agro-económica, el auge del terrorismo, diferencias políticas y caída del turismo- trajeron consigo una cadena de lamentables sucesos, los cuales tuvieron como triste corolario el golpe de estado liderado por el general Mohamed Ould Abdel Aziz.

Y es a partir de aquel momento en el cual se puede establecer un potente nexo entre Muammar al Gaddafi y la resolución final de este conflicto. Claro, porque la Unión Africana adoptó una postura unívoca en la parte final de 2008, condenando la irrupción golpista y, posteriormente, sugiriendo y ejecutando sanciones a la junta militar mauritana. Sin embargo, el coronel libio –que llegó a la presidencia de la UA a comienzos de febrero 2009- no tomó en consideración estos hechos que, mal que mal, representan la voluntad de los “pueblos políticos” africanos.

Lamentablemente, este hecho se convierte en un pésimo ejemplo de política mal llevada, ya que no sólo contravino lo que los países decidieron y lo que el Consejo de Paz y Seguridad estableció, sino que, peor aún, con su accionar legitimó la llegada al poder de una junta militar golpista.

Entonces, si el nombramiento de Muammar al Gaddafi como máximo representante de la Unión Africana daba esperanzas que su discurso panafricanista lograse darle unidad política y social al continente, su respuesta ante la crisis mauritana cubrió con un manto de dudas la real capacidad del líder libio de ser objetivo y estar capacitado para realizar un cambio real en la atribulada política africana.

De momento que se avala y, aún más grave, se apoya a militares o políticos que tomen el poder por la fuerza, se está dando pie a un nocivo y peligroso antecedente. Es así que era lógico preguntarse qué ocurriría cuando ocurriesen procesos similares. Al respecto, no hubo que esperar mucho tiempo, luego que tuviesen lugar los conflictos políticos en Guinea-Bissau y Madagascar, en los cuales da la impresión que la intervención de Muammar al Gaddafi fue mucho más tibia y la evidencia demuestra que la Unión Europea estuvo bastante más involucrada, especialmente en lo ocurrido en la crisis malgache.

Esto último permite especular que el actuar de Gaddafi fue bastante más impetuoso y directo en Mauritania, lo cual no parece descabellado si se toma en cuenta que habían otros factores involucrados. Primero, al momento de apoyar a los militares golpistas, se estaba dando aval a un gobierno que buscaría recuperar la histórica postura mauritana respecto al conflicto árabe-israelí, es decir, alejarse de Israel. Esto último aconteció, ya que al República Islámica de Mauritania e Israel rompieron las relaciones diplomáticas tras la crisis de Gaza. Este hecho trajo como consecuencia el acercamiento entre los gobiernos de Mauritania y Libia, lo cual sirve para dar cuenta que Muammar al Gaddafi se involucró en el conflicto mauritano, más que como presidente de la UA, como mandatario libio.

Y esto sigue teniendo otra lógica, ya que lo que busca el dictador es seguir reforzando las viejas alianzas al interior del Magreb, cuyo último fin sería, no cabe duda, aislar a Marruecos y así tener mayor presión sobre el reinado marroquí a la hora de tomar determinaciones al interior de la Unión del Magreb Árabe (UMA), bloque de integración que está prácticamente estacionado desde hace unos 15 años. Esto último no es algo menor, ya que debe recordarse que el conflicto del Sahara Occidental ha sido la principal piedra de tope en las relaciones intermagrebíes. En este sentido, el acercamiento entre Mauritania y Libia ayudaría a la postura de Argelia y del Frente Polisario, quienes encontrarían apoyo en su lucha por el referéndum de autodeterminación del «territorio saharaui».

Otro punto, tiene que ver con la eterna disputa de Gaddafi con la Unión Europea, especialmente tras la mediática Cumbre Euromediterránea de Paris, realizada en julio de 2008 y en la cual se lanzó el rebautizado “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”. Al respecto, hasta antes de la caída de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, las relaciones mauritano-europeas habían tenido un gran auge, no sólo a nivel económico, sino que también político. Y eso, claramente, asustó a Muammar al Gaddafi, quien veía con malos ojos que Europa pudiese ganar un aliado y, por ende, obtener un espacio de influencia en la estratégica zona noroccidental de África.

También, es legítimo pensar que mediante el apoyo entregado al general Mohamed Ould Abdel Aziz, el coronel libio no sólo está siendo muy parcial –por ejemplo, en sus visitas a Mauritania no se reunió con la oposición con el destituido Sidi Ould Cheikh Abdallahi-, sino que se está legitimando a sí mismo, lo cual es un hecho grave. Claro, porque esto significa que quienes tenían dudas sobre el historial de Gaddafi –específicamente, su autoritarismo y el hecho de tomarse el poder por la fuerza hace cerca de cuatro décadas- ahora podrán decir que el mandatario libio sigue siendo un dictador. Y esto es algo no menor, ya que, entonces, sería necesario reflexionar de por qué la Unión Africana aceptó que un dictador esté al mando de un bloque que, supuestamente, vela por los correctos procesos democráticos. Vaya contradicción. Parece que no sólo Gaddafi adhiere a la frase “si ya está en el poder, hay que aceptarlo”.

Por último, y quizás esto sea lo más preocupante, la junta militar golpista ha sufrido el aislamiento y el reproche de la Unión Europea, Estados Unidos, la Unión Africana y la Organización de Naciones Unidas. Sin embargo, el abandono no ha sido pleno. Sólo durante abril y mayo, por dar algunos ejemplos, representantes golpistas han tenido reuniones con emisarios de los gobiernos de Qatar, Iraq, Venezuela y Sudán. Además, la República Islámica de Mauritania participó en la 21ª Cumbre Árabe –llevada a cabo en Qatar- y en un encuentro de los Países No Alineados.

También, y esto sí es preocupante, fue parte de la última reunión del “5+5”, que es la agrupación de los diez países mediterráneos (España, Portugal, Francia y Malta por Europa; Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania por África), celebrada en la ciudad española de Córdoba. Y, sólo para demostrar que la junta golpista no está muy sola, China ha seguido aumentado su presencia en territorio mauritano, algo que quedó demostrado con la construcción de un nuevo hospital en Nouakchott, capital mauritana. Obviamente, con importantes aportes económicos del gobierno chino.

Es así que la Unión Africana y los gobiernos de los diversos estados del continente deberán reflexionar sobre lo que ha ocurrido en la crisis mauritana post-golpe militar. Los sucesos posteriores incitan al cuestionamiento de ciertas procederes y obliga a ser más selectivos a la hora de elegir sus representantes en el mayor bloque de integración panafricano, es decir, la Unión Africana.

De no ser así, se puede estar engendrando una metodología bastante nociva y que lejos de ser una solución para la débil institucionalidad política de África, se podría convertir en un propulsor de más conflictos en la región.

Tiempo al tiempo. Pero con mucha prudencia.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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África, otra variable para la misma historia

Fecha 30/03/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Finalmente ocurrió lo que se veía venir. En Madagascar, militares contrarios al presidente Marc Ravalomanana y leales al líder opositor Andry Rajoelina tomaron el poder por la fuerza. Unos días antes, el presidente de Guinea-Bissau, José Bernardo Vieria, fue asesinado por tropas opositoras, en un hecho que tuvo ribetes de venganza. Antes, en diciembre, Guinea-Conakry presenciaba la muerte del dictador Lansana Conté, que sería reemplazado, sin mediación de por medio, por un capitán del Ejército. Por último, todavía está muy presente el golpe de estado militar en Mauritania, el cual está lejos de encontrar una solución. Así las cosas, desde fines de 2008 el fantasma de las dictaduras y las intervenciones de las fuerzas armadas nuevamente ronda a la frágil política africana. Lamentablemente, nada nuevo bajo el sol.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 30 de marzo, 2009

Agencias

Agencias

Estos hechos no sorprenden, ni tampoco generan mayores cambios en el devenir político histórico de África. Puede sonar descabellado e ilógico, pero ciertamente se trata de acontecimientos bastante frecuentes en la gobernabilidad africana. Claramente se producen importantes modificaciones en los gobiernos de hoy y, por lo tanto, en las relaciones entre los diversos estados africanos y, también, con otras regiones del mundo. Sin embargo, dejando a un lado lo particular y analizando el proceso global, lo que está produciéndose se acerca más a lo esperado que a lo inesperado.

Esa es, justamente, la gran pena y carga que tiene la realidad política africana. No llama la atención ver militares tomándose el poder por la fuerza, pero sí causa gran revuelo un gobierno democrático, transparente y que sea capaz de asumir con naturalidad y calma el voto del pueblo. Así ha sido, lamentablemente, desde que África lograse independizarse de sus antiguas colonias. La mayoría de los países magrebíes y subsaharianos han pasado, con algunas diferencias y excepciones, por procesos bastante similiares. De la independencia a los gobiernos unipartidistas. De dicha condición a los golpes militares. Y así, un grupo de las fuerzas armadas desplazaba a otro. Entremedio, algunos de los dictadores optaban por dar algunas mínimas libertades, otros por establecer sistemas muy represivos y otros que tras cumplir con su misión dejaban en manos del pueblo la elección del nuevo gobernante. Esto último, claro está, ha ocurrido en la menor cantidad de casos. Los estados africanos que han logrado avanzar y solidificar sus procesos políticos han dado el siguiente paso, que es pasar del unipartidismo al multipartidismo y, tras ello, a elecciones libres. Ejemplos hay, como el caso emblemático de Ghana y otros más recientes, donde destacan Benín, Cabo Verde, Etiopía y Burkina Faso.

Desafortunadamente, estos casos son la minoría y el trabajo de estabilización de la política africana tiene mucho camino por delante. En el Magreb y el norte del continente, existe mayor avance, pero todavía quedan muchas deudas pendientes. Egipto tiene un presidente que ha recurrido a herramientos antidemocráticas para así impedir la llegada de la Fraternidad Musulmana al poder; Túnez y Libia poseen gobiernos autoritarios. En poder tunecino se basa en las innumerables enmiendas a la Constitución de aquel país, mientras que la política libia no registrar elecciones democráticas desde que Muammar Al Gaddafi se tomara el control del país hace casi cuatro décadas. Argelia vive con la permanente amenaza del terrorismo y aún están muy frescos los recuerdos de la trágica guerra civil. En cuanto a Marruecos, quizás sea el estado norafricano de mayor estabilidad, pero su gobierno está lejos de ser una democracia ejemplar. Por último, está el caso de Mauritania, pero eso será examinado más adelante.

En el África subsahariana, los conflictos son eternos. La acefalía en Somalía, la crisis de Darfur en Sudán, las rencillas internas en Nigeria, la caótica zona de los lagos, en la cual la República Democrática del Congo aún no logra zafar de las disputas étnicas y económicas. Lo mismo se repite en algunos de sus vecinos. La frágil situación de la política en Chad, con una oposición que en cualquier minuto puede repetir ataques al gobierno. Lo acontecido en Kenya en 2008 y la terrible crisis política, social y económica de Zimbabwe. Estos son sólo algunos de los ejemplos más emblemáticos y que han sido noticia permanente. Sin embargo, no son los únicos y muchos otros aún están presentes.

Sin embargo, en esta oportunidad es importante detenerse en los hechos más actuales y que, por lo demás, no están en el plano de las especulaciones, sino que en el ámbito de lo real. Están oleadas y sacramentados, lastimosamente. Ahora, el motivo principal a la hora de examinar los golpes de estado ocurridos en Mauritania, Guinea-Conakry, Guinea-Bissau y Madagascar es dar cuenta de una variable que ha pasado desapercibida para muchos, pero que es de gran relevancia. Como se mencionó antes, no es novedad que fuerzas militares se tomen el poder, pero lo acontecido en los cuatro países africanos permite ir más allá y establecer una nueva variante. A diferencia de lo que pasa en Somalía, República Democrática del Congo, Nigeria, Sudán o Kenya, la realidad política de Mauritania, Guinea-Conakry, Guinea-Bissau y Magadascar permiten asegurar que estos conflictos internos tuvieron como matriz un elemento más político que religioso, étnico o tribal. Si bien es cierto que las tribus, etnias y religiones siempre tienen una influencia en los problemas africanos, en los casos particulares mencionados anteriormente el principal motor de inestabilidad fue, simplemente, político y militar.

En Mauritania existen, a grandes rasgos, dos zonas étnicas, que son la del norte árabe-bereber y la del sur negroide. Sin embargo, el golpe de estado militar no tuvo como raíz las diferencia étnicas, sino que se trató de intolerancia política. El entonces presidente Sidi Ouldh Cheikh Abdallahi -electo en forma democrática y transparente en 2007- fue derrocado por militares que habían sido removido del gobierno del presidente mauritano. Antes de eso, el gabinete de gobierno había tenido importantes modificaciones. La primera de ellas fue en mayo de 2008, momento en el cual Abdallahi destituyó a todo el gobierno por su supuesta inoperancia ante el tema del alza de precios en la alimentación. Apenas unos meses más tarde, en julio, dimitó el segundo gabinete -que no integraba al principal partido de oposición, ni tampoco a los islamistas de Tawassoul- ante la moción de censura que se había generado en su contra. Unas horas antes del golpe de estado, un grupo de parlamentarios pertencientes al partido del presidente mauritano habían decidido formar otra coalición. De esta forma, lo que gatilló esta crisis política fueron diferencias al interior del gobierno o con parte de la oposición. Más que tribus y clanes, lo que primó fue la crisis económica, la difícil situación agrícola o la caída del turismo.

La realidad de Guinea-Conakry también apunta hacia problemas estrictamente políticos. La muerte del dictador Lansana Conté -que llevaba 24 años en el poder- generó un vacío, pues su estilo autoritario de gobierno nunca permitió la formación de grupos opositores o de una sistema político de diversos partidos. Entonces, una vez que Conté falleció el país quedó a la deriva, absolutamente en tierra de nadie. Sin una institucionalización democrática (o al menos con algún esbozo de aquello) lo que pudiese acontecer tras la muerte del dictador guineano era previsible. Así fue que el capitán Moussa Dadis Camara, junto a sus tropas leales, se tomó el poder y el gobierno de Guinea-Conakry. Nuevamente, la variable étnico-tribal no estuvo presente. La religiosa, tampoco.

Lo acontecido en Guinea-Bissau también permita vislumbrar la variable política como el principal factor. El presidente Joao Bernardo Vieira fue asesinado por militares, quienes habrían realizada este crimen por venganza o, dicho de otra forma, como represalia. Claro, porque un día antes del fallecimiento de Vieira, un atentado explosivo había terminado con la muerte del máximo representante del Ejército, el general Batista Tagmé Na Wai. Sucede que este militar había sido un gran opositor y crítico del gobierno de Vieira y, según se especulaba, se culpaba al presidente de Guinea-Bissau de haber estado detrás del ataque que acabó con la vida de Na Wai. Tras largos años como presidente, aunque primero como dictador, Joao Bernardo Vieira sucumbió en la misma ley que aplicó con dureza durante su mandato, es decir, la eliminación de sus rivales.

Por último, la crisis de Madagascar ha sido otro de los referentes obligados al momento de llevar a cabo un análisis de la política africana actual. Las eternas disputas entre el presidente malgache, Marc Ravalomanana, y el destituido alcalde de Antananarivo, Andy Rajoelina, culminaron de la forma más lógica si se toma en cuenta la cadena de enfrentamientos públicos entre ambos políticos. Rajoelina se había convertido en un ferviente crítico de Ravolomanana, a quien acusaba de ser, en la práctica, un dictador. Su postura era defendida por una parte importante de la sociedad malgache, pero otro sector seguía declarándose fiel al presidente. Sin embargo, las fuerzas militares terminaron dividiénose y los sectores simpatizantes del ex-alcalde de la capital de Madagascar no dudaron a la hora de realizar un golpe de estado. Así, la lucha política llegaba a su fin, aunque de manera transitoria.

De esta forma, aunque ciertamente de un modo bastante somero, se puede concluir que la variable política fue la principal, por sobre temas étnicos, tribales o religiosos. Ni Mauritania, ni Guinea-Conaky, ni Guinea-Bissau y ni Madagascar fueron testigos de grandes enfrentamientos entre tribus. Tampoco debieron soportar luchas religiosas o conflictos étnicos. Se trata, básicamente, de una lucha de poder entre políticos y militares. Fue, en cierta medida, revivir la historia del pasado, aquella en la cual quien llega por la fuerza se va por aquella vía. Lamentablemente, no todos tuvieron aquel camino. Sidi Ould Cheikh Abdallahi fue un presidente democrático y que estaba realizando una interesante labor como mandatario de Mauritania. Marc Ravalomanana también llegó al poder a través de la vía del voto popular. Distinto fue el caso de Lansana Conté y Joao Bernardo Vieria, fieles representantes de la clásica camada de militares golpistas.

En fin, lo importante es darse cuenta que la tradición golpista africana sigue en pie. La inestabilidad política sigue siendo la fuente principal de estos movimientos militares aunque también se podría decir que lo falta de estabilidad en los gobiernos obedece a la presencia de estos sectores de las fuerzas armadas. ¿El huevo o la gallina?

Ya se verá.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Los desafíos de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, nuevo presidente de Mauritania

Fecha 18/06/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras el conteo de votos de la segunda vuelta electoral, los resultados dieron por ganador a Sidi Ould Cheikh Abdallahi,  ex ministro del anterior presidente y dictador mauritano Maaouya Ould Taya.  ¿Cuál será el devenir de la política en la nación islámica?, ¿será capaz de mantener hasta las últimas consecuencias un gobierno democrático, que continúe con el proceso de democratización en Mauritania?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 18 de junio de 2007

sidi-ould-cheikh-abdallahiA fines de marzo se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Mauritania. Aquello no sólo era importante desde el punto de vista político, ya que entregaría el nombre del nuevo Presidente de la nación africana, sino que también era un hecho histórico, pues nunca antes se había realizado un «desempate» en la República Islámica de Mauritania.

El proceso comenzó el 11 de marzo pasado, día en el cual veinte candidatos participaron en las elecciones presidenciales, de los cuales sólo los dos de mayor votación definirían en una hipotética segunda vuelta. Finalmente, ocurrió algo previsible y ningún candidato obtuvo más del 25% de los votos. Sidi Ould Cheikh Abdallahi (24,79%) y Ahmed Ould Daddah (20,68%) se ubicaron en el primer y segundo lugar de las preferencias, respectivamente, y de esta forma llegaron al balotaje del domingo 25 de marzo.

Luego de la primera vuelta, la población apenas pudo conocer los procedimientos democráticos, los cuales eran muy novedodos para una nación que se familiarizaba más con dictaduras o gobiernos de partido único. Tanto así, que muchos electores ni siquiera fueron a votar en la segunda ronda electoral, pensando que aquello no los incluía o que era, simplemente, una sumatoria de votos. El hecho concreto es que Sidi Ould Cheikh Abdallahi -ex ministro del anterior presidente Ould Taya- obtuvo un estrecho triunfo ante Ahmed Ould Daddah, uno de los principales detractores y opositores del regimen autoritario de Maaouya Ould Taya. Visto como uno de los mejores represenantes del antiguo gobierno, Sidi Ould obtuvo un 52, 85% de los votos, lo cual le permitió transformarse como el nuevo Presidente de la República Islámica de Mauritania.

Cabe recordar que el proceso democrático mauritano comenzó en agosto de 2005, cuando el coronel Ely Ould Mohammed Vall aprovechó un viaje del entonces Presidente Ould Taya para derrocarlo, tras 21 años de gobierno, represión y elecciones fraudulentas. La promesa del militar fue que establecería un mandato de transición durante los próximos dos años, luego del cual se realizarían elecciones libres y transparentes. Además, se comprometió a no participar en dichos comicios y aseguró que los militares dejarían el poder tras ese período.

Las promesas se fueron cumpliendo, realizando enmiendas a la Constitución, aumentando las libertades personales y promoviendo el multipartidismo. El año pasado se llevó a cabo un referéndum acerca de las modificaciones constitucionales y, también, se desarrollaron las elecciones parlamentarias. Todo siguió su curso, hasta que tuvieron lugar las elecciones presidenciales, de primera y segunda vuelta.

Ahora, sólo queda por dilucidar qué ocurrirá con Mauritania, un país que ha podido llegar a una democracia, a pesar de los difíciles momentos acaecidos en las décadas de los ochenta y noventa. Ciertamente lo importante es destacar que el espíritu democrático y el respeto hacia la Constitución han triunfado, pero no será fácil lidiar con una serie de problemas.

En primer lugar, el ganador de las elecciones tendrá que revertir su derrota ante los electores de Nouakchott -capital de Mauritania- que dieron por vencedor a Ahmed Ould Daddah con un 52,67% contra un 47,32% de Sidi Ould Cheikh Abdallahi.

En segundo lugar, deberá afrontar con alturas de mira una situación que se presta para los abusos políticos. Se trata de la mayoría parlamentaria, ya que la coalición de 18 partidos que apoyó al reciente ganador cuenta con 55 de los 95 escaños del Parlamento, mientras que la Unión de Fuerzas Democráticas (RDF) -el único apoyo de su opositor-  posee sólo 15 asientos.

En tercer lugar, deberá convivir con la presión de realizar un buen gobierno, amagado por la historia militar de la política mauritana.  El peso de ser el primer gobierno democrático y que no tenga a un miembro de las Fuerzas Armadas como Presidente desde 1978 será una permanente preocupación y, de no saber asimilarlo, puede tener un alto costo para sus pretensiones.  De hecho, muchos especialistas califican como muy probable la posibilidad de que Elly Ould Mohammed Vall decida presentarse como candidato en las próximas elecciones.

En cuarto lugar, deberá hacer frente al Partido Republicano para la Democracia y la Renovación (PRDR), que corresponde a la nueva versión del antiguo Partido Republicano Democrático y Social (PRDS), y que fue el fiel aliado de Maaouya Ould Taya. La pregunta es si acaso Sidi Ould Cheikh Abdallahi será capaz de soslayar el hecho que él fue Ministro del antiguo régimen, avalado por este mismo partido.  La sombra de su pasado será un constante motivo de dudas y ataques por parte de sus opositores, razón por la cual se verá en la obligación de mantener el equilibrio de fuerzas políticas.

Afortunadamente, dicho grupo no sólo disminuyó notablemente su influencia política en el Parlamento (en 2001 obtuvo 64 puestos, mientras que en 2006 y con la nueva denominación sólo alcanzó 7 asientos), sino que también ha cambiado algunas de sus directrices, especialmente en el tema israelí. De hecho, el año pasado hicieron una declaración pública en la cual criticaban el actuar de Israel en la invasión al Líbano, lo cual demuestra que han dejado a un lado el accionar pro-Israel que tanto impulsó Ould Taya.

En quinto lugar, el nuevo gobierno tendrá el desafío de involucrar a las diversas etnias que componen al pueblo mauritano. Es así que deberá eliminar las barreras existentes entre los árabes y bereberes -apoyados por el anterior gobierno de Taya y que constituyen cerca del 70% de la población- y los mauritanos del sur –de tipo negroide, representando al 30% de los habitantes-, olvidados y desperfilados durante los 21 años de mandato de Maaouya Ould Taya.

En sexto lugar, será el momento ideal para insertar a Mauritania dentro del mundo económico, intentando minimizar la dependencia de su economía en la agricultura y la pesca, la primera de ellas menguada por la avanzada desertificación de ciertas zonas del país y, también, amenazada por las plagas de langostas. Para ello, será necesario insistir en la explotación de recursos minerales -cobre, hierro y oro- y la exploración de fuentes energéticas como el petróleo y el gas.

Finalmente, tendrá la obligación de mejorar la pésima imagen que tiene Mauritania en lo que respecta a la política exterior. Bajo el mandato de Ould Taya se empobrecieron las relaciones con países limítrofes como Malí y Senegal (con este último tuvo serios problemas en 1989) y, además, se enfriaron aún más los contactos con Marruecos, al apoyar y reconocer con firmeza a la República Árabe Saharawi Democrática.  También, deberá demostrar que el apoyo brindado por parte del gobierno de Taya a Iraq en la Guerra del Golfo de 1991 fue un error y, por lo mismo, tiene la obligación de restituir sus relaciones con los países árabes, las cuales fueron muy cuestionadas por parte de estos últimos tras el mencionado caso de Iraq y el apoyo mauritano a Israel.

Seguramente vendrán inmensos desafíos, pero como ya se mencionó anteriormente, lo principal es dar cuenta de un proceso democrático como pocos. Ha sido un ejemplo para la atribulada política africana y, también, sirve para que Occidente deje de estigmatizar a África como un continente de barbarie.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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