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Comentarios sobre el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel

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Comentarios sobre el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel

Fecha 15/08/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En una potente noticia, aunque nada sorpresiva, el gobierno de Estados Unidos anunció que Emiratos Árabes Unidos e Israel establecerían relaciones diplomáticas. De inmediato, diversos mandatarios, líderes o grupos dieron a conocer su postura sobre este asunto, lo cual demostró, una vez más, que Israel genera mucha división al interior del “mundo árabe”, pero también de la “comunidad internacional”.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de agosto de 2020

(Agencias)

El hecho en sí es muy importante, pero no es una sorpresa. Lo primero, pues Emiratos Árabes Unidos no solo se convertiría en el tercer país árabe en tener relaciones diplomáticas con Israel, sino que, además, en el primero de la Península Arábiga y del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC). Lo segundo, porque desde hace un tiempo se ha conocido la estrategia israelí de sumar apoyos o al menos nexos con estados del “mundo árabe” o incluso del “universo musulmán”. En su momento, se sospechó de sus intenciones en África, lo cual quedó de manifiesto, en enero de 2019, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Chad. En aquel entonces, incluso se especuló con una intención secreta, por parte de Israel, de alcanzar algún acuerdo o avance con Sudán. Sin embargo, aquello quedó en el olvido.

Ahora, respecto de los nexos entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, hay datos que permitían entender el acercamiento entre ambas partes. Por ejemplo, desde 2015 que Israel tiene una representación oficial en la Agencia Internacional de Energías Renovables, ubicada en Dubai, para la Dubai World Expo 2020 se había construido un pabellón israelí y se está construyendo una sinagoga en la isla de Saadiyat. Junto a lo anterior, el intercambio comercial y el apoyo en seguridad también han ido al alza. Últimamente, Emiratos Árabes Unidos pidió ayuda a Israel en la lucha contra la pandemia del Covid-19 (a lo cual también se sumaron Bahrein y Kuwait). Tampoco se debe olvidar que, en octubre de 201, la ministra de Cultura y Deportes de Israel, Miri, Regev, se convirtió en la primera autoridad israelí en visitar Emiratos Árabes Unidos, lo cual fue seguido por viajes de los ministros de Comunicación y Asuntos Exteriores.

En paralelo, hace meses que se han filtrado informaciones sobre el acercamiento de Israel respecto de países árabes. Uno de ellos ha sido Arabia Saudita, especialmente bajo la administración de Donald Trump en Estados Unidos. El otro es Emiratos Árabes Unidos, que ahora da un paso adelante y establece este compromiso de inaugurar, oficialmente, relaciones diplomáticas con Israel. Sobre esto último, vale la pena revisar qué han dicho diversos gobiernos de la región. Mientras Egipto, Jordania, Bahrein y Omán celebraron este acuerdo, Palestina -que incluso llamó a su embajador en Emiratos Árabes Unidos-, Turquía -que amenazó con suspender los nexos con Emiratos Árabes Unidos o con al menos llamar a su embajador en dicho país- e Irán lo rechazaron. Otros, como Líbano, Qatar, Kuwait y Arabia Saudita han permanecido en silencio. A su vez, Al Fatah y Hizbullah, como era de esperar, se mostraron contrarios al establecimiento de relaciones entre Emiratos Árabes e Israel. Fuera de Medio Oriente, Pakistán aseguró que su postura se definirá según lo que ocurra con los derechos y las aspiraciones de Palestina, pero también con la paz, seguridad y estabilidad de la región. España, Francia, la Unión Europea, Reino Unido y Alemania también se sumaron a las felicitaciones por el acuerdo, en tanto que la ONU declaró que aprueba cualquier iniciativa que busque la paz. En esta misma línea, China, Japón e India declararon su satisfacción por iniciativas que tengan como objetivo la paz regional, aunque recalcando que apoyan la causa palestina.

¿Por qué este acuerdo?

La pregunta del momento tiene que ver con el motivo que explicaría el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Emiratos Árabes Unidos e Israel. La respuesta no tiene un argumento, sino que varios, y es necesario revisar cuáles podrían ser las razones de este acercamiento.

Primero, es importante destacar que los países del GCC no han tenido, históricamente, un choque directo con Israel. A diferencia de lo acontecido con los estados de Medio Oriente, los cuales se han enfrentado militarme -en coaliciones o en forma individual- con Israel, los miembros del GCC solo han sido rivales indirectos de la parte israelí. Esto ha significado, por ejemplo, que hayan apoyado económicamente o con ayuda humanitaria a Palestina, Jordania, Egipto y otros. En este sentido, Emiratos Árabes Unidos no representa un giro de 180 grados, sino que más bien la lógica consecuencia de un proceso histórico. Esto último, pues durante las últimas décadas y especialmente a partir de 2011, los países de la Península Arábiga han ido ganando terreno en el tablero diplomático y geopolítico de las zonas cercanas, es decir, el Cuerno de África, el mar Rojo y, por supuesto, Medio Oriente. Sobre esta última, el cambio se explica por el hecho que los históricos o tradicionales referentes de la región han caído en desgracia. Es lo que pasó con Egipto, hace muchos años, y, posteriormente, con Irak y Siria, ambos desgarrados por las guerras y la intervención extranjera. En este escenario, se produjo un vacío de “influencias” y esto fue aprovechado por potencias regionales emergentes como Irán, Turquía y Arabia Saudita, a las cuales se suma Israel.

Aquí es obligatorio detenerse y analizar algunas variables involucradas. Lo primero es mencionar que el conflicto palestino-israelí sigue siendo un protagonista esencial de Medio Oriente, pero que en la zona en cuestión han surgido una serie de otras disputas. A los conflictos armados (como los de Siria e Irak) y la histórica pugna árabe-israelí se han sumado nuevos elementos. El auge de Turquía, bajo la era de Recep Tayyip Erdogan, ha marcado hitos en la región, pero no solo su presencia ha sido fundamental, sino que también su alianza con Qatar, para así luchar contra Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Básicamente, por visiones opuestas sobre el islamismo, ya que mientras Turquía y Qatar apoyan a la Hermandad Musulmana, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos se alejan de dicha postura. Esto se enreda aún más cuando se agrega el choque hegemónico entre los estados que promueven un islam sunita (liderados por Arabia Saudita) y aquellos que fomentan la rama chiíta (Irán).

Acerca del motivo por el cual Emiratos Árabes Unidos optó por establecer relaciones diplomáticas con Israel, hay varios elementos a tomar en cuenta. Primero, era evidente que el nexo entre ambos había progresado y ya no era una sorpresa para nadie. En este sentido, lo lógico era oficializar el vínculo. Ahora, el por qué de esto es lo que merece análisis. Emiratos Árabes Unidos apuesta por convertirse en un actor más relevante en la política de Medio Oriente, pues así podría, por un lado, transformarse en el primer país árabe que logre un retroceso de la política israelí en Palestina -principalmente por la política de colonias y anexiones- y, por el otro, ganar terreno en la geopolítica de la zona e intentar afirmar sus intereses. Una buena relación con Israel no solo permitiría aumentar el intercambio comercial, sino que, eventualmente, llegar al mar Mediterráneo. Esto último, por medio de diversos proyectos de integración en el ámbito de la infraestructura.

Junto a lo anterior, Emiratos Árabes Unidos puede ocupar el rol que Arabia Saudita no logra ejercer del todo, es decir, como un mediador confiable y validado por la “comunidad internacional”. Esto, pues al régimen saudí se le conoce por las duras leyes, las violaciones a los derechos humanos y la tremenda desigualdad genérica. Además, Arabia Saudita es vista como un país hermético y donde existen pocas libertades personales y de expresión. Así, cualquier intento de negociación en la cual participe Arabia Saudita puede ser puesta en duda o, derechamente, rechazada. Así es que Emiratos Árabes Unidos representa a un país más abierto y en el cual hay espacio para la mezcla cultural entre los diversos extranjeros que viven ahí. Junto a eso, se ha abierto al mundo y ha dado fuertes pasos para convertirse en un lugar turístico.

Desde otra perspectiva, se ha mencionado o, si se prefiere, se ha planteado que el acuerdo firmado entre Emiratos Árabes Unidos e Israel sería una especie de alianza contra Irán, pero en realidad esto no es así. Si bien Irán ha sido un contendiente permanente, hoy el principal rival de Emiratos Árabes Unidos es Irán, con quien tiene una disputa hegemónica, religiosa y comercial. Por lo mismo, lo ocurrido parece ser más bien una medida “pro-Israel” más que una de tipo “anti-Irán”.

Finalmente, no se debe descartar que esta decisión esté unida a los conflictos de Libia y el Mediterráneo Oriental. Sobre lo primero, es conocido el antagonismo entre Turquía y Emiratos Árabes Unidos en el conflicto libio, ya que mientras el primero apoya al general Khalifa Haftar, el segundo se puso del lado del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), que es reconocido internacionalmente. Al respecto, el acuerdo con Israel vendría a profundizar la grieta en las relaciones entre emiratíes y turcos. En cuanto a la situación del Mediterráneo Oriental, Turquía tiene grandes rivales en esa zona -no solo por los recursos energéticos, sino que también por procesos históricos como la invasión y ocupación del norte de Chipre y disputas marítimas con Grecia- y uno de ellos es Israel, país que es parte de la alianza que han formado Chipre, Egipto, Francia y Grecia. En este escenario, Emiratos Árabes Unidos podría sumarse con mayor protagonismo a este grupo. De hecho, en mayo de este año participó en una reunión de ministros de asuntos exteriores, la cual finalizó con una declaración oficial que, entre otras cosas, rechazaba y condenaba el actuar de Turquía respecto de Chipre, Grecia y Libia.

¿Quiénes ganan y pierden?

Es evidente que Israel y Estados Unidos son los grandes vencedores, aunque más bien se trata de una victoria obtenida por Benjamin Netanyahu y Donald Trump. Esto adquiere aún mayor relevancia si se considera que ambos enfrentan escenarios políticos inciertos. De hecho, Trump intentará ir por un segundo mandato en las elecciones presidenciales que se harán a fines del presente año y este acuerdo es, por ahora, su único gran logro en asuntos internacionales.

Luego, es evidente que Emiratos Árabes Unidos también gana en este asunto. Aumenta su radio de influencia y apuesta por convertirse en un interlocutor de mayor valor que Arabia Saudita. Además, podrá seguir reforzando los nexos comerciales y acelerar la cooperación en otros ámbitos, tal cual ya lo venía haciendo con Israel.

Egipto pierde, pues vuelve a demostrar que muchas veces parece estar más cercano a Israel y Estados Unidos que de sus vecinos árabes. Su profunda dependencia de los recursos económicos entregados por el gigante norteamericano le significan tener un radio de acción limitado, especialmente cuando se encuentra en medio de un proceso político y social plagado de inestabilidad.

Irán y Turquía también han sido derrotados, ya que su gran rival forjó una alianza con otro contendiente. Sin embargo, esto les puede servir para exacerbar su discurso anti-Israel y, por ende, generar mayor simpatía entre los sectores más radicales o menos abierto a generar una solución pacífica que implique sumar a Israel como un estado valido. De todas maneras, este “triunfo” para ellos significaría una polarización del conflicto y, por ende, una derrota para todos.

Finalmente, el gran perdedor es Palestina, que ve como Israel suma apoyo de un estado árabe. Es una nueva derrota diplomática y, tal cual han expresado ciertos dirigentes, una “traición. Quizás sea momento que los políticos palestinos reflexiones sobre las divisiones internas y el fracaso de su diplomacia en la región.

Comentarios finales

Confirmado el acuerdo y entendiendo que lo principal es que las dos partes comenzarán a profundizar su relación bilateral y que se suspenden, momentáneamente, las anexiones por parte de Israel, quedan algunas interrogantes. Por ejemplo, si la política de anexión de territorios será retomada en el mediano o corto plazo, ya que el mismo Netanyahu aseguró que esto “sigue estando sobre la mesa”. Relacionado con este punto, cabe preguntarse cuál sería la postura de Emiratos Árabes Unidos en caso que Israel decidiera continuar con las anexiones.

También, surge la incertidumbre sobre lo que harán los demás estados árabes respecto de sus nexos con Israel. Es bastante probable que Arabia Saudita siga los pasos de Emiratos Árabes Unidos, lo cual podría ser imitado, en el mediano plazo por otros países del Consejo de Cooperación del Golfo.

Se debe tomar en cuenta que la decisión de Emiratos Árabes Unidos, en caso de no haber sido consensuada con sus pares del “mundo árabe”, podría generar, eventualmente, un quiebre al interior de la Liga Árabe, pero también entre los países que conforman al “mundo árabe” y al “universo musulmán”. De hecho, ya son evidentes las diferencias con Turquía, Irán y Palestina. Habrá que ver qué postura adoptarán, por ejemplo, los países del Magreb y aquellos del Cuerno de África, como Sudán y Somalía.

Finalmente, lo acontecido no significa un gran cambio en términos diplomáticos, ni en las alianzas previamente existentes. Simplemente, se trata de la oficialización de algo que se había hecho evidente y que, por lo mismo, generó sus efectos hace un tiempo atrás. Es así que hoy, esto no genera grandes modificaciones, pero sí deja de manifiesto que un tercer país árabe optó por sumarse a la lista de aquellos que establecieron relaciones diplomáticas con Israel.

Las condiciones de vida de los palestinos, el reconocimiento de Palestina como estado, la disputa por Jerusalén, la contienda por los Altos del Golán, la situación de los refugiados palestinos, el accionar de grupos terroristas (como Hizbullah) y la influencia de terceros (como Irán o Estados Unidos) sigue igual que antes. Para peor, lo hecho por Emiratos Árabes Unidos puede dejar abierta la puerta para que se normalice establecer vínculos diplomáticos con Israel sin haber exigido, como mínimo, la eliminación de la política de anexiones y la necesidad de reconocer a un estado palestino con las fronteras previas a 1967. Desde esta perspectiva, el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel sería un gran retroceso para el respeto a los derechos humanos.

Eso sí, se debe dejar en claro que para llegar a una solución pacífica y justa es importante que Israel sea reconocido como estado. Sin embargo, esto no debe ser a cualquier precio y debe incluir un mínimo de límites, que son los expresados en el párrafo anterior.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Reconocimiento oficial al estado de Palestina, ¿un momento único?

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Reconocimiento oficial al estado de Palestina, ¿un momento único?

Fecha 14/10/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Durante 2014 se han vivido diversos hechos, los cuales han generado que, como ya es habitual, el conflicto palestino-israelí se mantenga en la primera plana de los medios y, lo más importante, de los debates políticos y académicos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de octubre, 2014

Majdi Fathi / APA

Majdi Fathi / APA

Al respecto, se pueden mencionar, entre otros hitos del presente año, la última ofensiva militar de Israel (como siempre, abusiva, descontrolada y con muchas muertes), la reciente e inédita reunión del Gobierno de Unidad Palestino en Gaza y dos propuestas, formuladas en países europeos, que buscan el reconocimiento de Palestina como un estado.

En relación a esto último, se trata de las declaraciones del primer ministro de Suecia, Stefan Löfven, quien dijo que el nuevo gobierno sueco intentará reconocer a Palestina a través de un proyecto que no necesitaría la aprobación del Parlamento, pero sí el aval del Consejo de Ministros. Junto a eso, se suma la reciente votación (simbólica, pues no es vinculante) por parte de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, la cual votó a favor de reconocer a Palestina por 274 votos contra 12 (en total, 650 miembros).

Y aunque se trate de dos iniciativas que, por ahora, no han llevado a algún reconocimiento oficial, ya es una presión para Europa Occidental, región que, hasta hoy, está en deuda con Palestina. Claro, pues apenas 15 países europeos reconocen a Palestina y ninguno de ellos es una potencia y, la mayoría, se encuentra en Europa Oriental.

Al respecto, cabe destacar ciertos datos estadísticos. Según informaciones oficiales (y confiables y verificables), 134 países reconocen a Palestina, es decir, el 69,43% de los miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Con excepciones, África, Sudamérica, Centroamérica, el Caribe y Asia, además de Europa Oriental, se han convertido en grandes avales de la propuesta palestina, o sea, saldar una histórica deuda y darle a Palestina la categoría de un estado como todos los demás.

Cuando se analizan diversos conflictos territoriales (todavía abiertos o activos), cuesta encontrar uno que tenga un apoyo tan masivo como en el caso de Palestina. Es así que las potencias, especialmente las occidentales (y otras como Australia) se den cuenta que es momento de negociar por la paz en Palestina y, por qué no, en Medio Oriente. En medio del caos actual, la pavimentación de un camino que vaya en dirección al reconocimiento oficial de Palestina –al mismo nivel que el de Israel- no sólo será un bálsamo para la conflictiva zona en cuestión, sino que además planteará derechos y obligaciones por ambas partes.

Así como Israel (y sus aliados, entre ellos Europa Occidental y Estados Unidos) deberá asumir y respetar la creación del estado palestino, Palestina (y los más fuertes detractores de Israel) tendrán que demostrar, con actos concretos, que el reconocimiento a la existencia de Israel tiene que ser una realidad cotidiana y, al respecto, será esencial que las posturas radicales sean desterradas.  Junto a eso, también surgirá la misión de comenzar a resolver las diversas variables del conflicto actual, que van más allá de Palestina e Israel y de luchas fronterizas (entre ellas el avance del Estado Islámic, la situación de los kurdos y la guerra en Siria).

Es así que, tal cual como ocurrió en la década de 1990, quizás estemos frente a un momento histórico, en el cual Europa pueda producir un vuelco y reparar una injusticia que se ha mantenido durante décadas. Las muertes de inocentes no pueden seguir siendo el precio de no querer reconocer a un país que cumple con todos los requisitos para ser un estado con pleno derecho y, en tal condición, tener las mismas capacidades de los demás. Esto último, además, permitirá que la solución del conflicto palestino-israelí se pueda retomar entre partes iguales. Algo esencial a la hora de resolver problemas.
Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

 

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barack-obama

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Implicancias de la reelección de Obama en el mundo árabe-magrebí

Fecha 21/11/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 6 de noviembre pasado se concretó la reelección de Barack Obama, actual presidente de Estados Unidos. A partir de eso, ya se puede empezar a vislumbrar lo que podría modificarse (o no) en el Magreb y el Mashrek.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 21 de noviembre, 2012

Fotografía: AP

Fotografía: AP

El contexto ya es conocido. A fines de 2010 comenzó un proceso de cambios en el mundo árabe y magrebí, lo cual trajo como consecuencia la caída de dictadores como Muammar al Gaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Zine el Abidine Ben Alí (Túnez).

Junto a eso, llegó la curiosa “transición democrática” de Yemen y, en paralelo, ciertos países árabes y magrebíes lograron enfrentar de mejor forma el nuevo camino. Ahí se cuentan, con diferentes matices, Marruecos, Argelia, Jordania y Omán, por dar algunos ejemplos.

Ayer, hablar del proceso de cambios significaba referirse a Siria, país que está sumido en una terrible guerra civil. Quiérase o no, este conflicto es el que se estaba llevando toda la atención, desplazando lo que al mismo tiempo ocurre en Bahrein y Mauritania, países que en cualquier minuto pueden “reventar”.

Incluso las clásicas tensiones al interior del Líbano pasaron a un segundo plano, algo que también se repetiría, en una zona mucho más lejana. Se trata de la famosa rebelión tuareg de Malí, la cual, hoy por hoy, ha convertido a este país en un cuasi estado fallido.

Las informaciones, provenientes desde Malí,  dan a entender que los rebeldes laicos del MNLA han perdido terreno frente a los islamistas radicales de Ansar Dine, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y del Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO). Todo estos grupos tienen nexos con Boko Haram (Nigeria) y Al Shabaab (Somalía).

Resumiendo, ayer, la atención estaba puesta en la guerra civil de Siria y, en menor medida, en la inminente intervención militar de Malí (aprobada por la ONU).

Hoy, con una nueva y agresiva operación de Israel en Gaza, el contexto ha cambiado. Las miradas se centran en Medio Oriente y es ahí donde cabe preguntarse qué influencia pueda tener Estados Unidos en este conflicto.

La respuesta no es difícil de imaginar. El gobierno de Barack Obama ya declaró que le da un total apoyo a Israel y, con eso, desechó la opción de haber dado un giro histórico.

Aún más, Obama desaprovechó la oportunidad de haberse convertido en una especie de Recep Tayyip Erdogan de Estados Unidos, es decir, un líder admirado y respetado por el mundo árabe y magrebí.

En este contexto, la reelección de Barack Obama no trae consigo un cambio en la política exterior de Estados Unidos, ni tampoco en los nexos de los países involucrados en este conflicto, que ya no puede ser catalogado como “árabe-israelí”, pues involucra a otros actores. Como Turquía o Irán, por ejemplo.

Lo que sí es cierto es que Estados Unidos puede tener, eventualmente, una fuerte implicancia, pues si sigue apoyando fuertemente a Israel, podría generarse un conflicto a gran escala.  Y si bien se dio a conocer la noticia de una tregua, eso está lejos de ser la solución al asunto en cuestión.

Así, sólo Egipto podría evitar el gran descalabro. Mohammed Mursi ha sido un hábil político y ha sabido aunar a las potencias regionales (Irán, Egipto, Arabia Saudita y Turquía) en el grupo de “reflexión” sobre los asuntos de Medio Oriente.

Si la postura egipcia –que se ha acercado a África, que ha puesto límites a Estados Unidos y que va encaminado a un modelo de Islam político moderado como el turco-  es la que finalmente prima, entonces será una gran derrota para Estados Unidos e Israel.

Parece ser, entonces, que el gobierno de Barack Obama no será capaz de asumir el desafío de adaptarse al nuevo mundo árabe y magrebí.  La sombra de Israel sigue dominando en el Congreso estadounidense.

Y eso, nadie lo puede y/o quiere cambiar.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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A man sits in front of a cartoon graffiti depicting Libyan leader Muammar Gaddafi in Benghazi

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El futuro de la «Primavera Árabe»

Fecha 18/06/2011 por Nicole Saffie Guevara

Sin duda que los cambios que han sacudido Medio Oriente han sido espectaculares. Pero, ¿qué viene ahora?, ¿Qué tan profundas son las raíces de estos movimientos?, ¿Es la democracia al estilo occidental el modelo a seguir?, ¿Obama podrá hacer reales avances en el proceso de paz entre palestinos e israelíes? Un grupo de expertos analiza las claves de este verdadero rompecabezas.

Nicole Saffie Guevara | 18 de junio, 2011

 

Fotografía: شبكة برق | B.R.Q

Fotografía: شبكة برق | B.R.Q

Los alzamientos populares que comenzaron tímidamente en Medio Oriente con la caída del presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali, a principios de año, han dado origen a cambios sin precedentes en la región, lo que ya se conoce como la “Primavera árabe”.

Uno a uno se han ido desencadenando los hechos que, hasta solo unos meses, parecían imposibles: la caída de Hosni Mubarak en Egipto después de tres décadas en el poder, el surgimiento de un movimiento rebelde libio que ha puesto en jaque a Muammar Gaddafi y las protestas que se han extendido por toda Siria.

Las demandas de una mayor apertura han surgido por doquier: Yemen, Bahréin, Marruecos, Jordania, Arabia Saudita… El denominador común es que todos estos movimientos han surgido de los propios ciudadanos, especialmente los jóvenes, quienes a través de las redes sociales han actuado como agente catalizador de un cambio del que ya no hay vuelta atrás.

Sin embargo, como advierte el experto de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres Arshin Adib-Moghaddam, “los levantamientos han creado una oportunidad, pero aún no hay un desenlace. Las fuerzas anti-democráticas se han reunido en torno a Arabia Saudita y las monarquías conservadoras del Golfo Pérsico, mientras que en Egipto y Túnez los militares continúan conteniendo las aspiraciones populares”. Los países tienen que enfrentar serios desafíos. Tal como expresa el académico de la Universidad de Texas Zoltan Barany, “Egipto aún sigue estando dominado por las fuerzas armadas, son dueñas de entre el 10 y 20 por ciento de la economía”, afirma; otra dificultad es la Hermandad Musulmana y su poderosa ala extremista.

En Siria, las protestas que comenzaron hace unos tres meses en ciudades como Daraa, Homs y Aleppo, y que llegaron rápidamente a Damasco, han sido reprimidas. La resistencia del pueblo ha llevado a su presidente a ofrecer una amnistía, pero probablemente las manifestaciones continuarán hasta lograr mayores libertades y una mejora en las condiciones de vida. En Yemen, el panorama no es muy alentador. “Es un Estado corrupto dominado por tribus y extremismo religioso”, dice Barany. La gran interrogante es Libia. Como afirma este mismo experto, “si Gaddafi deja o es removido del poder, la pregunta es quién lo va a reemplazar. Sus lugartenientes que le dieron la espalda o el extremismo religioso son las alternativas más probables”.

Pero las naciones árabes no están dispuestas a desaprovechar esta oportunidad única. “El proceso de democratización continuará, debido a que la gente está harta de la falta de libertades políticas, la persistencia de corrupción, las humillaciones y los malos resultados económicos”, afirma el analista político y columnista del diario Al-Ayyam Mohammad Yaghi, y agrega: “El tren de la democracia en Medio Oriente está en marcha, pero necesita tiempo para llegar a un destino”.

Son las propias sociedades árabes las que deben definir su camino, el que seguramente distará del modelo occidental. El propio Islam choca con algunos de los pilares básicos de la democracia instaurada en Occidente, como la separación entre la Iglesia y el Estado. Como explica la experta Laleh Khalili, también de la Universidad de Londres, los diferentes sistemas que adopten estos estados dependerán de factores tan diversos como sus propias constituciones y las características geopolíticas e internas de cada uno de ellos.

El rol de Estados Unidos

Ante los vertiginosos cambios que han sacudido Medio Oriente, el mundo occidental se ha volcado a apoyar el clamor popular. “La administración de Barack Obama entiende que algo sorprendente está sucediendo en la región y quiere construir alianzas con sus líderes”, afirma el académico de la Universidad de Indiana Abdulkader Sinno. De ahí el fuerte respaldo que entregó el presidente estadounidense en su discurso y el anuncio de ayudas económicas que muchos compararon con el plan Marshall para la reconstrucción de la Europa de postguerra.

Sin embargo, como recuerda Mohammad Yaghi, la administración Obama no tiene la misma política para todo Medio Oriente. “La política hacia Egipto no es la misma que para Bahréin. Los intereses estadounidenses le impiden apoyar la democracia en toda la región”. De hecho, una fuerte crítica que se le hizo a Obama tras su discurso es que no dijera ni una sola palabra sobre Arabia Saudita.

Lo que sí dijo, y ha causado gran controversia, es que se debe crear un Estado Palestino basado en las fronteras de 1967, lo que constituye un hecho histórico. Es la primera vez que un presidente estadounidense hace tal reconocimiento. Sin embargo, como opina el abogado palestino George Bisharat, “entrando en un año electoral, es poco probable que el presidente Obama pueda hacer frente a Israel en la medida necesaria para lograr cambios significativos”.

Como agrega el sociólogo y miembro del directorio de la Federación Palestina de Chile Daniel Jadue, “creo que Obama no podrá avanzar a menos que salga reelegido, pues ha puesto a todo el lobby sionista de EE.UU. en su contra y será casi imposible que gane su reelección. Por lo demás, durante su gobierno hemos visto que nada de aquello a lo que se comprometió ha sido materializado, pues quien gobierna no es el presidente sino más bien el pentágono. Obama no es más que la figura amable y rupturista que EE.UU. necesitaba para reinventarse después de la crisis”. Debe enfrentar una opinión pública interna que tradicionalmente ha sido pro israelí y un lobby judío poderoso, además debe lidiar con Benjamin Netanyahu, quien expresó no estar dispuesto a volver a las fronteras de 1967. El discurso que dio ante el Congreso de EE.UU, en el que más bien expuso sus numerosas condiciones para un acuerdo con los palestinos –como mantener varios de los asentamientos de Cisjordania dentro de sus fronteras y exigir al presidente palestino Mahmud Abbas que acabe su acuerdo con Hamas–, fue ovacionado por los congresistas, tanto republicanos como demócratas.

Como dice Adib-Moghaddam, “el ala derecha israelí está apostando al tiempo y a que llegue otro presidente neo-conservador a Washington. Pero creo que Obama hará el intento”. Aunque más allá de lo que el presidente de Estados Unidos y su gobierno pueda o no hacer, los expertos llaman a centrar las energías en las propias partes involucradas. Como finaliza Magnus Norell, académico asociado de The Washington Institute for Near East Policy, solo los palestinos e israelíes por sí mismos pueden lograr un acuerdo. “Ha sido una ilusión por mucho tiempo la creencia de que alguien más puede hacer la paz. Unas negociaciones directas y francas, nada más, pueden hacer que la paz sea posible”.

 

Nicole Saffie Guevara
Periodista y Magíster en Relaciones Internacionales

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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