Archivo de etiquetas | "política"

Guinea en busca de más democratización y libertad

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Guinea en busca de más democratización y libertad

Fecha 20/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El domingo 18 de octubre se llevó a cabo la primera vuelta de la elección presidencial en Guinea. Lo ocurrido en este proceso electoral es fundamental para el avance de la estabilidad en el país y África Occidental.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 20 de octubre de 2020

(Agencias)

A nivel interno, entre 1958 (independencia) y 1984 tuvo un régimen de partido único (bajo el mando de Ahmed Sékou Touré), el cual terminó con el golpe de estado de 1984. Luego, entre 1984 y 2008 (régimen de Lansana Conté), se estableció un período autoritario. En diciembre de 2008, falleció Conté y ocurrió un nuevo golpe de estado. Sin embargo, la junta militar cumplió el compromiso de organizar elecciones presidenciales dentro de dos años. Así, en diciembre de 2010, Alpha Condé venció y se convirtió en el primer presidente guineano elegido democráticamente. El país entraba, en teoría, a una etapa de mayor democratización, pero, con el paso del tiempo, Condé se fue transformando en un mandatario autoritario. Así, tras ganar los comicios presidenciales de 2015, tuvo un segundo mandato y en marzo de 2020 organizó un referéndum constitucional. A través de este último, aumentó el período de cinco a seis años, pero se mantuvo el máximo de diez años (un mandato y una reelección). Sin embargo, Alpha Condé consiguió un «reseteo» de los registros previos y, en caso de ganar, podría llegar a gobernar hasta 2032.

En este contexto, desde 2019 se han producido diversas y multitudinarias manifestaciones en Conakry, capital de Guinea. Una de ellas, en diciembre del año pasado, tuvo una adhesión de un millón de personas, aproximadamente. Lamentablemente, también ha habido mucha violencia y, según diversos informes de organizaciones nacionales e internacionales, han muerto entre 50 y 93 manifestantes.

En cuanto a la elección presidencial, la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) validó 12 candidaturas, de las cuales dos (16,67%) corresponden a mujeres. En 2015, hubo ocho candidaturas y solo participó una mujer, (12,5%).

Los principales contendientes son Alpha Condé y Cellou Dalein Diallo, quienes se enfrentaron en las presidenciales de 2010 y 2015, siempre con triunfo para Condé. En 2010 lo hizo en una reñida elección -definida en la segunda vuelta y con el 52.52% de los votos-, mientras que en 2015 se impuso, con un mayor margen (57.85%), en la primera vuelta.

Los resultados oficiales no serán publicados antes del miércoles 21 de octubre. Mientras, Cellou Dalein Diallo se declaró vencedor y Alpha Condé no respalda dicha afirmación y espera los números finales.

Es importante recordar que África Occidental tiene países con buenos índices democráticos (Ghana y Benín, por dar dos ejemplos), pero también hay otros que han sufrido por la inestabilidad política y social. Es el caso, por ejemplo, de Togo (con una dictadura familiar de años), Gambia (fin de la dictadura en 2017), Guinea-Ecuatorial (dictadura desde 1979), Malí (golpes de estado en abril de 2012 y agosto de 2020) y Costa de Marfil (elecciones el 31 de octubre, en un contexto de desorden político y social, con protestas, violencia e incluso muertos). Además, Burkina Faso y Níger, al igual que Costa de Marfil, tendrán elecciones presidenciales a fines del presente año, las cuales también serán claves.

Por último, la Comunidad Económica de África Occidental (Cedeao) sigue con atención este proceso electoral, pero también la situación en los otros países de la región. Este importante bloque regional tiene la misión de demostrar que puede jugar un rol positivo y concreto en las crisis y los conflictos de sus estados miembros.

Comentarios (0)

El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

Etiquetas: , , , , , , ,

El adiós de Abdelaziz Bouteflika: un proceso incierto

Fecha 3/04/2019 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El martes 3 de abril, el Consejo Constitucional de Argelia anunció que el mandatario argelino –quien estuvo en el poder durante 20 años- hizo efectiva su renuncia y, por ende, se declaró al cargo vacante. Ahora, Abdelkader Bensalah, presidente del Consejo de la Nación –cargo que ocupa hace 17 años-, debería ser el encargado de asumir la presidencia interina de Argelia. En teoría, debería organizar elecciones en tres meses más y sin que pueda presentarse como candidato presidencial. Más allá de esto, lo concreto es que se consolidó la salida de Abdelaziz Bouteflika, pero, al mismo tiempo, comienza lo más difícil. ¿Habrá un cambio total?, ¿Bouteflika y sus aliados gobernarán desde las sombras?, ¿hacia dónde irá Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de abril de 2019

Tras haber sufrido un accidente cerebrovascular en 2013, Abdelaziz Bouteflika prácticamente no apareció más en público y, cuando lo hizo, quedó la impresión que las secuelas físicas le impedirían gobernar. Sin embargo, Bouteflika –héroe de la independencia argelina y líder de la transición que puso fin a la década sangrienta de los años 90- permaneció en el poder por casi seis años más. Demasiado tiempo y eso, inevitablemente, le pasó la cuenta. No solo por su delicado estado de salud, sino que, lo principal, por sus evidentes problemas para tomar las riendas de Argelia. Esto significó que se profundizaran ciertos problemas –como la precariedad laboral, la excesiva dependencia de la economía argelina del petróleo, necesidad de reformas institucionales, democratización del sistema político, demandas étnicas y las relaciones exteriores, entre otros-, generando la sensación que el estancamiento argelino no tendría solución.

De esta forma, la gente se aburrió y salió a las calles. Fueron al menos seis semanas seguidas en las cuales se organizaron pacíficas y ordenadas protestas en Argel, pero también en otras ciudades del país. A pesar de ser un movimiento amorfo –sin líderes claros, ni tampoco peticiones consolidadas, salvo pedir la partida de Bouteflika y sus cercanos-, su unidad y persistencia le permitieron conseguir el objetivo. Tanto así, que se puso término a la era de Abdelaziz Bouteflika como presidente de Argelia.

Aunque la alegría es evidente, no se le debe dar demasiado espacio, pues de inmediato aparecen las dudas. La primera, quizás la más relevante, es quién liderará durante el proceso de transición. Esto último, pues muchos argelinos ya han anunciado que no quieren a los integrantes del círculo íntimo de Bouteflika –su hermano Said, Ahmed Ouyahia, Abdelmalek Sellal, Bachir Tartag y el general Gaid Salah, entre otros-, es decir, quieren un nuevo marco político en el cual los viejos estandartes ligados a la era Bouteflika queden fuera.

Luego, cabe preguntarse qué pasará con el movimiento, social y espontáneo, que emergió y generó la caída de Bouteflika. Al no tener una cabeza, ni tampoco dos, tres o cuatro, el escenario parece difuso. Recuerda, en cierta medida, al movimiento 20 de Febrero marroquí, el cual comenzó con mucha fuerza, pero después, cuando había que mostrar organización clara y propuestas bien definidas, desapareció. Básicamente, porque no tenía cohesión. Ciertamente, son dos países con sus propias realidades y en contextos diferentes, pero la comparación es necesaria para recordar que la oposición debe ser capaz de aglutinarse en torno a un objetivo común (lo cual lo consiguieron), pero también necesitan tener la capacidad de transformarse en un grupo político. En caso contrario, la transición quedará en las manos de los políticos, los mismos que generan tanta desconfianza.

Otra duda razonable tiene que ver con la institucionalidad democrática de Argelia. En este sentido, lo primero es ver si realmente terminará la “era Bouteflika” o si detrás de los muros gobernarán los mismos de siempre. Ya lo dijo el propio Abdelaziz Bouteflika, quien, al anunciar que dejaría el poder, aseguró que estaría atento al proceso de transición. En pocas palabras, él (o sus cercanos) vigilarán de cerca todo lo que ocurra. Y esto tiene dos lecturas. La positiva, que le interesa que el país evite el caos y asuma que debe haber un nuevo modelo político-social. La negativa, que desconfían de una democracia plena, ya sea por el temor a un eventual auge de los islamistas, su intención de no soltar el poder, la incapacidad de los nuevos líderes, la lucha antiterrorista, los ánimos revanchistas o la fuerza de las demandas separatistas o étnicas, entre otros. Además de lo anterior, Argelia tendrá el gran desafío de levantar un marco institucional nuevo y ajustado a los tiempos actuales. Y esto es aún más complejo cuando la institucionalidad ha estado marcada por el sello de un gobierno que ha dominado durante 20 años.  Liberarse de muchas ataduras y costumbres no será fácil y eso requerirá de mucha sapiencia y manejo político. En este contexto, será relevante conocer cuáles son las principales carencias –por más evidentes que parezcan algunas, como una mayor democratización- y cuáles son las percepciones de los argelinos. Establecer una buena sintonía entre gobernar y escuchar a la gente es una gran tarea y esto debiese marcar a la agenda política argelina. Relacionado con lo anterior, aparece la pregunta sobre el rol que cumplirán las fuerzas armadas argelinas en todo este proceso. Según lo visto en las últimas semanas, las demandas de la población generaron buena sintonía entre los militares, quienes, al mismo tiempo, parecen no querer intervenir demasiado y buscan un proceso que no los convierta en protagonistas, pero solo en la medida que sus deseos y la institucionalidad básica del país no se vean afectados.

Uno de los temas más potentes son las eventuales propuestas de políticas para el desarrollo interno y respecto de las relaciones internacionales. Dentro de las primeras, aparecen casos emblemáticos como una mayor diversificación de la economía argelina, el destino de las exportaciones petroleras, la lucha contra el desempleo de los jóvenes, la situación en Kabilia, la discriminación a los bereberes, los choques étnicos en el sur, el fenómeno migratorio y la lucha contra el terrorismo y el tráfico de personas. En cuanto a las segundas, por ejemplo, ¿qué pasará con el conflicto del Sahara y, por ende, con el apoyo al Polisario?, ¿se le dará un mayor espacio a la integración magrebí?, ¿qué pasará con África Subsahariana?, ¿cambiarán los vínculos con Europa?, ¿se mantendrá la alianza con Rusia?, ¿se buscará una mayor relevancia en los asuntos africanos?

Todo esto se podría resumir que lo que está ocurriendo es una verdadera Caja de Pandora y, por ende, todo debe ser realizado con mucha prudencia y estrategia. Además, será necesaria una gran capacidad de equilibro entre la necesidad imperiosa de grandes cambios, pero que, al mismo tiempo, vayan acompañados de políticas de mediano y largo plazo. Las transiciones políticas no son fáciles y en muchos casos suelen fracasar o tomar más tiempo de lo deseado. El problema es que en ocasiones esto trae consigo un contexto de confusión y caos –a veces con muertes y fracturas o fisuras sociales difíciles de solucionar-, asi que será importante que quienes lideren el nuevo proceso político-social de Argelia comprendan la realidad argelina, pero que también estudien los ejemplos de transiciones exitosas.

En este punto, la sociedad civil deberá asumir que no todas sus propuestas podrán ser puestas en marcha y, entonces, tendrán que comprender que ceder no será sinónimo de aflojar, sino que de ayudar a mantener el equilibrio. Si se empieza a pedir una limpieza total, aquello puede ser peligroso y poco realista. La sugerencia es que los representantes de la era Bouteflika consoliden su retirada y dejen a emisarios más jóvenes (y mejor evaluados por la población) en la mesa de negociaciones con los nuevos liderazgos sociales y políticos del país. Y estos dos últimos también deberán buscar lo mejor de sí, es decir, líderes reflexivos, capaces de transar y con reales intenciones de construir un mejor país. Por último, los militares deberán mostrar un comportamiento prudente, es decir, lo más alejados posible del proceso político. Sin embargo, pensar en verlos totalmente fuera es inviable, ya que han sido parte fundamental del aparato político argelino desde su independencia. Tanto así, que si Abdelaziz Bouteflika dejó el poder fue porque, entre otras cosas, las fuerzas armadas argelinas ya no veían con buenos ojos su permanencia.

Si lo anterior no se cumple, entonces Argelia podría entrar en una fase peligrosa, en la cual diversos problemas político-sociales saldrían a la superficie y, por ende, con el evidente riesgo de generar estallidos a nivel nacional y local. Y eso no es lo que necesita Argelia, ni tampoco el Magreb, el Sahel y la Europa Mediterránea.

Comentarios (0)

El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Fecha 10/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Islam ya se instaló en la superficie de la mesa cotidiana de diálogo y, al menos hoy, es imposible no darle la importancia que merece. En los nuevos tiempos, aquella religión está lejos de tener influencia en lo estrictamente religioso y, de hecho, sus raíces han crecido y se han establecido en el ámbito político.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de enero, 2014

mohammed-morsiEsto último no es novedad, pues el proceso comenzó hace décadas. Hace 86 años atrás se fundó la Hermandad Musulmana –en Egipto y en medio de los efectos colonizadores de las grandes potencias en la mayoría del mundo árabe-musulmán- y, desde entonces, el “Islam político” fue ganando cada vez más fuerza.

Entrar en detalles históricos no viene el caso –para eso se necesitaría escribir una enciclopedia de varios tomos-, pero lo que sí es apropiado es intentar comprender lo que está sucediendo con los islamistas, entendiéndolos como actores de la política y dejando a un lado lo netamente religioso.

Marcados por el hecho de pasar más tiempo en la lista de los partidos u organizaciones ilegales, la Hermandad Musulmana egipcia logró llegar al poder en 2012, pero unos meses más tarde recibió un duro golpe. Claro, pues el actual gobierno militar de Egipto –que en 2013 realizó un golpe de estado- los declaró como un grupo terrorista. Aquello no debiese sorprender, ya que bajo la era de Hosni Mubarak tuvieron duros reveses y siempre estuvieron apabullados por el gobierno dictatorial. Además, sus medidas, una vez al mando del país, dejaron mucho que desear y demostraron que lo que menos les importaba era la estabilidad del país y las libertades (entre ellas, la religiosa) de su población.

Obviamente, la Hermandad Musulmana no es la panacea y aunque muchos partidos políticos islamistas están ligados, de una u otra forma, a esta organización, hay otros que están fuera de esa órbita. Nuevamente, no viene al caso una explicación sobre los tipos de islamismo político, pero lo importante es ver qué está pasando con los islamistas que lograron llegar al poder o que al menos han participado en elecciones.

En la actualidad, su auge está en caída y eso no es noticia, pues es algo que viene aconteciendo en los últimos meses. En Marruecos, el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo un gran triunfo y eso le permitió acceder al gobierno, el cual tiene como principal figura al primer ministro. Lamentablemente, para los islamistas de la lámpara (aparece en su logo), su líder, Abdelilah Benkirane, ha tenido que enfrentar no sólo el descontento de la gente, sino que también el de otros partidos políticos y el del mismo rey Mohammed VI. Tanto así, que Benkirane tuvo que formar un nuevo gobierno.

En Argelia, los islamistas no fueron capaces de quedar en los dos primeros lugares de las legislativas realizadas en 2013, mientras que en Túnez llegaron al poder, pero sus erráticas medidas les significó tener grandes rivales. Hoy, la sociedad tunecina está fuertemente dividida por el tema religioso y una buena parte de ella acusa al actual –que acaba de caer- y anterior gobierno de estar detrás del descalabro, el mismo que, entre otras cosas, se ha visto representado por el auge de los islamistas más radicales y por la aparición de asesinatos políticos (supuestamente en manos de los fundamentalistas). Que en la nueva Constitución –la cual recién se está elaborando- se haya dejado a un lado la sharia como fuente principal del Derecho es una gran derrota para los islamistas más conservadores y radicales.

En Libia, bueno, el caos es total y es difícil establecer juicios o conclusiones en tan poco espacio. Sin embargo, no se puede desconocer que la progresiva y escondida islamización de ciertos miembros del Congreso Nacional General –el cual tiene el poder en forma transitoria- ha tenido un fuerte rechazo en diversos grupos de la población y la política libia. Por lo mismo, no ha tenido un camino llano hacia el establecimiento de sus pretensiones, algo que también se explica por la actual coyuntura social del país.

Por último, el caso de Mauritania es más auspicioso (para los islamistas), aunque en un contexto muy sui generis. En las recientes elecciones legislativas y municipales, Tawassoul –partido islamista que compitió por primera vez en los comicios y que es parte de la oposición- se consolidó como una interesante fuerza, pero sin pasar de los 16 asientos en la Asamblea Nacional (de un total de 146).

Hecha esta breve (quizás demasiado corta) explicación, es necesario revisar los puntos por los cuales los islamistas han caído en desgracia. Al respecto, todo se puede aglutinar en tres conceptos, que son conservadurismo, agresión pasiva y violación de las libertades personales.

Cada grupo o partido lo hará en distinta forma, pero, finalmente, todos apuntan a lo mismo, es decir, la imposición de una corriente religiosa (ellos parten de la base que todos son musulmanes). Esto último, a su vez, tiene como grandes representantes a hechos ya conocidos. Por ejemplo, establecimiento de la sharia, sumisión de la mujer, manejo de los programas de televisión y de los manuales de Educación en los colegios, satanización de ciertas conductas y vestimentas, etcétera. Nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, los islamistas moderados deberían ser la base para todos estos grupos y partidos, pero, lamentablemente, la mayoría de ellos apuesta por seguir otros modelos. Entre ellos, el de la Hermandad Musulmana. Y, como se ha visto, aquello sólo asegura problemas y división social.

Por eso, es momento que los islamistas comprendan que lo único que les puede ayudar a seguir en el poder (o llegar a éste en ciertos casos) es asumir que deben gobernar bajo un sistema de alianzas y que, para ellos, tendrán que ceder ante los grupos más liberales de la sociedad. El pragmatismo, entre otros factores, fue lo que les permitió gobernar, pero la ausencia de este concepto en sus gobiernos ha sido, justamente, lo que les provocó la gran crisis.

Resumiendo, la opción pasa por volver a lo pragmático o, cosa poco probable, apostar a un cambio radical de sus bases y entender que la renovación es algo necesario para todos los actores políticos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

Túnez y un aniversario sin grandes celebraciones

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

Túnez y un aniversario sin grandes celebraciones

Fecha 22/03/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 20 de marzo se conmemoró el 57° aniversario de la independencia de este país magrebí y, más allá de estos festejos, cabe analizar, brevemente, la delicada situación por la cual atraviesa este pequeño, pero importante estado norafricano.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 22 de marzo, 2013

Flickr

(Flickr)

Los últimos hechos hablan por sí solos. Tremenda crisis política –incluyendo cambio de gabinete y divisiones internas en los partidos y bloques- y un duro golpe al proceso de estabilidad social tras el asesinato de Chokri Belaid.

Y aunque estas dos realidades ya son suficiente para poder catalogar como “difícil” la situación actual en Túnez, todavía hay otras coyunturas que pueden ser mencionadas. Por ejemplo, el desempleo, la marginalidad social, el salafismo y la cada vez más evidente lucha entre laicos, islamistas moderados y los más fanáticos seguidores del Islam.

Por eso, no extrañó que el mismo día en el cual el nuevo gobierno, liderado por Ali Larayedh, recibía la aprobación por parte de los diputados (con 137 de los 217 votos, es decir, 30 por sobre del mínimo requerido) se anunciara la muerte de Adel Khadri.

Este último era un vendedor ambulante, que, al igual que el conocido Mohamed Bouazizi, optó por autoinmolarse ante su desesperante situación de pobreza, marginalidad y falta de oportunidades. Fue un retorno al pasado, hacia aquel día en el cual Bouazizi gatilló, seguramente sin saberlo, el proceso de cambios en su país.

Sin embargo, el fallecimiento de Khadri vuelve a poner en la superficie el tema central que afecta no sólo a Túnez, sino que a todos los países magrebíes. Se trata de la calidad de vida de su población y, particularmente, de los jóvenes y las mujeres.

En el caso tunecino, la cesantía llega a cerca del 17% de la población activa y en torno del 40% en los jóvenes. Sin embargo, eso sólo es una de las cifras que reflejan el duro momento que vive la Economía del país. Mientras la inflación amenaza con seguir escalando, la balanza comercial registra un saldo negativo cada vez mayor desde 2009. Al mismo tiempo, el déficit público se mantiene al alza (ha subido un 141% entre 2010 y  2013) y la deuda pública se acerca al 50% (ya está en 47.2%).

En este contexto, lo cual se suma a la marginalidad y la pobreza imperante, resulta aún más difícil luchar contra el otro gran rival que tiene Túnez en estos momentos. Es así que los salafistas se han convertido en un gran dolor de cabeza para la sociedad tunecina, no sólo por sus actos de violencia, como el  ataque a edificios públicos o embajadas, sino que también por sus intenciones de imponer la sharia e ir en contra del laicismo o, si se prefiere, de un islamismo moderado.  El problema es que miembros de Ennahda –partido político que ganó las elecciones para la Asamblea Constituyente y del cual es miembro, entre otros, Ali Larayedh, actual primer ministro- han aparecido con iniciativas y/o declaraciones preocupantes.

Por ejemplo, el diputado Habib Ellouze (de Ennahda) no tuvo problemas en decirle a un medio que la ablación femenina es una “operación cosmética”. Aunque luego lo negaría, el periodista que lo entrevistó afirmó que esas habían sido las palabras de Ellouz. Y no se debe olvidar la polémica del asunto “Nessma”, ya que los salafistas reclamaron con gran dureza por la exhibición de la película Persépolis.

Y aquello no debiese extrañar, pues desde que Ennahda llegó al poder han ocurrido una serie de eventos que han generado preocupación entre la población que lucha por una sociedad laica y con igualdad genérica. Al respecto, aquí se puede destacar otro hecho de gran relevancia y es que tras la última crisis gubernamental –que terminó con la renuncia del primer ministro Hamadi Jebali y la disolución del gabinete- se nombró a los integrantes del nuevo gobierno.

El asunto es que de los 27 puestos, sólo en uno de ellos se nombró a una mujer, es decir, la participación femenina es de apenas el 3.7%. Estos datos posicionan a Túnez, un anterior líder regional en la lucha por los derechos de la mujer, en el penúltimo lugar del Magreb. En primera posición está Mauritania (13.33%), seguido por Argelia (7.89%) y Libia (7.14%), mientras que la última casilla es para Marruecos (3.33%).

Lamentablemente, la pobreza, la cesantía y el auge de grupos que, como mínimo, pueden ser rotulados como “conservadores” no es lo único que afecta a Túnez. El país sigue sin una Constitución y, por lo tanto, no tiene instituciones fijas. Tampoco hay claridad respecto a la fecha de las próximas elecciones legislativas y presidenciales. Y, por si fuera poco, hay evidentes diferencias en torno al tipo de gobierno que debiese implementarse. Así es que mientras Ennahda apuesta por un sistema parlamentario, en tanto que la oposición y los laicos han expresado que el presidente debe mantener ciertos poderes.

En fin, la situación actual de Túnez es bastante nebulosa y, lo que está claro, es que el gobierno deberá enfrentar, a grandes rasgos, cuatro grandes conflictos. La situación económica (que incluye la cesantía y la marginalidad), el auge del conservadurismo (que incluye la situación de la mujer), la débil estructura política (que incluye la imperiosa necesidad de una criteriosa Constitución) y la seguridad del país. En este último punto no sólo habrá que poner atención respecto a los choques sociales internos (que incluye enfrentamientos tribales), sino que también en relación a las fronteras con Argelia y Libia.

Ya no solamente por lo que ocurre al interior de aquellos estados y por lo que sucede en Malí. Claro, pues ahora se ha sumado el anuncio, por parte de los salafistas tunecinos más radicales, de una alianza con Al Qaeda del Magreb Islámico.

Por esto y todo lo mencionado anteriormente, queda la impresión que el estado de urgencia imperante en Túnez, el cual ya fue ampliado por tres meses más en marzo, tendrá que seguir vigente por más tiempo. Así las cosas, los tunecinos y las tunecinas tendrán en sus manos el gran desafío de salvar al país de lo que parecer ser una aún más profunda crisis.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

Comentarios (0)

muammar-ghaddafi

Etiquetas: , , , , , , , ,

¿El primer gran error de Muammar al Ghaddafi?

Fecha 13/04/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A comienzos de abril pasado, el actual presidente de la Unión Africana (UA) y líder libio decidió visitar Mauritania, país que se encuentra bajo dominio de fuerzas golpistas, luego que el 6 de agosto de 2008 militares se tomaran el poder. Lo que pudo ser un viaje trivial se convirtió en un foco de división al interior del organismo panafricano. Claro, porque Gaddafi dio a entender que hay que legitimar al gobierno golpista y esperar que realicen las elecciones en junio próximo. A partir de este punto apareció el choque entre la UA y el gobernante libio, pues los primeros mantienen con firmeza las sanciones en contra del régimen mauritano, mientras que el segundo se opone tenazmente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de abril, 2009

muammar-ghaddafiEn la última Cumbre de la Unión Africana (UA), realizada a fines de enero y comienzos de febrero pasado, en Etiopía, se estableció que el nuevo presidente del organismo panafricano sería el actual gobernante de Libia, el coronel Muammar Al Gaddafi. Acto seguido, algunas personalidades del mundo político africano miraron con cierta suspicacia este nombramiento, ya que a pesar de ciertas modificaciones en las directrices del líder libio, su gobierno y su estilo sigue siendo bastante dictatorial y, en ocasiones, muy subjetivo.

Por contrapartida, muchas personas veían en Gaddafi la opción de un acercamiento verdadero entre las “dos Áfricas”, es decir la magrebí y la subsahariana. Aquellos que daban su apoyo incondicional al gobernante de Libia daban como fiel argumento el discurso panafricanista del coronel libio y, además, sus sólidos avances en las relaciones con Estados Unidos y parte del mundo europeo, especialmente con Italia.

Con el paso de las semanas, todo aquel manto de dudas fue dando paso a una realidad tan clara como conflictiva. Claro, porque tras asumir la presidencia de la Unión Africana, Muammar Al Gaddafi tuvo, rápidamente, la oportunidad de mostrar cuál sería su apuesta en este camino que acababa de emprender. La coyuntura escogida fue la crisis política que afecta a Mauritania, país en el cual, en agosto de 2008, militares golpistas sacaron del poder a Sidi Ould Cheikh Abdallahi, presidente mauritano y que llegó a la presidencia por la vía democrática.

En este contexto, es importante recordar que apenas se concretó este golpe militar, la Unión Africana no dudó en condenar lo acontecido y, de hecho, dio un mes de plazo a los golpistas para que restituyeran a Abdallahi en el poder. Como aquello no aconteció, se impusieron sanciones, las cuales también fueron apoyadas y llevadas a cabo por otros países u organismos internacionales. A partir de entonces, se pensó que la junta militar reaccionaría, pero aquello no ocurrió y lo único que hicieron, a fines de 2008, fue dejar en libertad al derrocado presidente, a quien se le permitió vivir en un lugar de residencia determinado y siempre con vigilancia. Además, se le prohibió volver a la presidencia.

De esta forma, los militares, liderados por el general Mohamed Ould Abdel Aziz, iniciaron su camino al mando del gobierno y la política mauritana. Sin embargo, el rechazo en la mayoría de los países ha impedido que puedan realizar su accionar con plena libertad.

Y así fue que durante los últimos meses la junta militar mauritana ha estado sumida en un casi absoluto desamparo, algo, por lo demás, bastante lógico. Sin embargo, durante marzo y abril la situación cambiaría un tanto. Ciertamente, no se produjo una modificación sustancial, pero sí ocurrió algo que quizás no tuvo tanta influencia en el conflicto mismo, sino que en la figura de Muammar al Gaddafi y, en consecuencia, lo que se puede esperar de la Unión Africana durante el mandato del coronel libio.

Legitimación de un proceso antidemocrático, el peor error posible

A fines de marzo, el actual presidente de la UA realizó una visita a Mauritania, país en el cual se reunió con los líderes golpistas. Lo que pudo ser una maniobra de apoyo al proceso democrático que en 2007 había entregado el poder a Sidi Ould Cheikh Abdallahi, lamentablemente se convirtió en la contracara, es decir, un aval para la dictatorial gestión del general Ould Abdel Aziz. Es así que el 31 de marzo pasado, Muammar al Gaddafi declararía que no estaba de acuerdo con que la Unión Africana mantuviese las sanciones en contra de la junta golpista, algo que ya había dicho a comienzos del mismo mes. En aquel entonces, el mandatario libio aseguró que los militares golpistas se habían comprometido a realizar elecciones presidenciales el próximo 6 de junio y que, por lo mismo, “a partir de ahora, el caso está cerrado”.

Sin embargo, aquel expreso apoyo sería reafirmado con las palabras de Gaddafi, quien, como se mencionó, se opuso a la mantención del castigo a Mauritania. Esto último, es algo que se estableció en febrero, luego que el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana lo decidiera, tomando en cuenta el evidente ataque contra las fuerzas democráticas que estaban intentando recomponer la agitada y desequilibrada realidad política de la nación mauritana. Según Muammar al Gaddafi, la decisiones tienen que ser aprobada por todos los integrantes del bloque panafricano y no sólo por un órgano de este.

Manteniendo su postura, el mismo 31 de marzo, el coronel libio aclaró que si bien la junta militar había llegado por un medio inconstitucional, “ya está ahí y se debe aceptar eso”. Aún más, Gaddafi dijo que esa era la realidad y que todos los estados africanos debían asumirla. Por lo mismo, se mostró bastante alegre con la posibilidad que el 6 de junio se llevaran a cabo comicios presidenciales y no tuvo impedimentos a la hora de sugerir que el camino a seguir era apoyar este proceso golpista, ya que, finalmente, llevaría a nuevas elecciones.

Posteriormente, una delegación de la Unión Africana volvería a dar una corta visita a la junta militar de Mauritania y, tras aquel viaje, las declaraciones serían bastante similares a las expresadas unos días antes. El único cambio era que Muammar al Gaddafi aclaraba que los militares no podían seguir en el poder y, por ende, no debían presentarse en las elecciones presidenciales. Sin embargo, los golpistas aclararon que ellos iban a presentar un candidato en los comicios de junio y que, en tal caso, abandonarían su condición de militar.

A partir de entonces, el asunto mauritano pareció perder fuerza y a casi un mes de las elecciones presidenciales del próximo 6 de junio, al parecer todos han optado por la postura más sencilla, es decir, el silencio y darle vuelta la espalda al proceso democrático que culminara en 2007 con la elección de Sidi Ould Cheikh Abdallahi como presidente de la República Islámica de Mauritania.

Reflexiones ulteriores sobre el accionar de Muammar al Gaddafi

Lo anteriormente mencionado no significa que el actual presidente de la Unión Africana sea responsable del golpe de estado –y seguramente no lo es-, pero aquello tampoco es sinónimo que Gaddafi esté libre de responsabilidades en la parte final de este proceso.

Los problemas internos existentes en Mauritania –entre ellos, crisis agro-económica, el auge del terrorismo, diferencias políticas y caída del turismo- trajeron consigo una cadena de lamentables sucesos, los cuales tuvieron como triste corolario el golpe de estado liderado por el general Mohamed Ould Abdel Aziz.

Y es a partir de aquel momento en el cual se puede establecer un potente nexo entre Muammar al Gaddafi y la resolución final de este conflicto. Claro, porque la Unión Africana adoptó una postura unívoca en la parte final de 2008, condenando la irrupción golpista y, posteriormente, sugiriendo y ejecutando sanciones a la junta militar mauritana. Sin embargo, el coronel libio –que llegó a la presidencia de la UA a comienzos de febrero 2009- no tomó en consideración estos hechos que, mal que mal, representan la voluntad de los “pueblos políticos” africanos.

Lamentablemente, este hecho se convierte en un pésimo ejemplo de política mal llevada, ya que no sólo contravino lo que los países decidieron y lo que el Consejo de Paz y Seguridad estableció, sino que, peor aún, con su accionar legitimó la llegada al poder de una junta militar golpista.

Entonces, si el nombramiento de Muammar al Gaddafi como máximo representante de la Unión Africana daba esperanzas que su discurso panafricanista lograse darle unidad política y social al continente, su respuesta ante la crisis mauritana cubrió con un manto de dudas la real capacidad del líder libio de ser objetivo y estar capacitado para realizar un cambio real en la atribulada política africana.

De momento que se avala y, aún más grave, se apoya a militares o políticos que tomen el poder por la fuerza, se está dando pie a un nocivo y peligroso antecedente. Es así que era lógico preguntarse qué ocurriría cuando ocurriesen procesos similares. Al respecto, no hubo que esperar mucho tiempo, luego que tuviesen lugar los conflictos políticos en Guinea-Bissau y Madagascar, en los cuales da la impresión que la intervención de Muammar al Gaddafi fue mucho más tibia y la evidencia demuestra que la Unión Europea estuvo bastante más involucrada, especialmente en lo ocurrido en la crisis malgache.

Esto último permite especular que el actuar de Gaddafi fue bastante más impetuoso y directo en Mauritania, lo cual no parece descabellado si se toma en cuenta que habían otros factores involucrados. Primero, al momento de apoyar a los militares golpistas, se estaba dando aval a un gobierno que buscaría recuperar la histórica postura mauritana respecto al conflicto árabe-israelí, es decir, alejarse de Israel. Esto último aconteció, ya que al República Islámica de Mauritania e Israel rompieron las relaciones diplomáticas tras la crisis de Gaza. Este hecho trajo como consecuencia el acercamiento entre los gobiernos de Mauritania y Libia, lo cual sirve para dar cuenta que Muammar al Gaddafi se involucró en el conflicto mauritano, más que como presidente de la UA, como mandatario libio.

Y esto sigue teniendo otra lógica, ya que lo que busca el dictador es seguir reforzando las viejas alianzas al interior del Magreb, cuyo último fin sería, no cabe duda, aislar a Marruecos y así tener mayor presión sobre el reinado marroquí a la hora de tomar determinaciones al interior de la Unión del Magreb Árabe (UMA), bloque de integración que está prácticamente estacionado desde hace unos 15 años. Esto último no es algo menor, ya que debe recordarse que el conflicto del Sahara Occidental ha sido la principal piedra de tope en las relaciones intermagrebíes. En este sentido, el acercamiento entre Mauritania y Libia ayudaría a la postura de Argelia y del Frente Polisario, quienes encontrarían apoyo en su lucha por el referéndum de autodeterminación del «territorio saharaui».

Otro punto, tiene que ver con la eterna disputa de Gaddafi con la Unión Europea, especialmente tras la mediática Cumbre Euromediterránea de Paris, realizada en julio de 2008 y en la cual se lanzó el rebautizado “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”. Al respecto, hasta antes de la caída de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, las relaciones mauritano-europeas habían tenido un gran auge, no sólo a nivel económico, sino que también político. Y eso, claramente, asustó a Muammar al Gaddafi, quien veía con malos ojos que Europa pudiese ganar un aliado y, por ende, obtener un espacio de influencia en la estratégica zona noroccidental de África.

También, es legítimo pensar que mediante el apoyo entregado al general Mohamed Ould Abdel Aziz, el coronel libio no sólo está siendo muy parcial –por ejemplo, en sus visitas a Mauritania no se reunió con la oposición con el destituido Sidi Ould Cheikh Abdallahi-, sino que se está legitimando a sí mismo, lo cual es un hecho grave. Claro, porque esto significa que quienes tenían dudas sobre el historial de Gaddafi –específicamente, su autoritarismo y el hecho de tomarse el poder por la fuerza hace cerca de cuatro décadas- ahora podrán decir que el mandatario libio sigue siendo un dictador. Y esto es algo no menor, ya que, entonces, sería necesario reflexionar de por qué la Unión Africana aceptó que un dictador esté al mando de un bloque que, supuestamente, vela por los correctos procesos democráticos. Vaya contradicción. Parece que no sólo Gaddafi adhiere a la frase “si ya está en el poder, hay que aceptarlo”.

Por último, y quizás esto sea lo más preocupante, la junta militar golpista ha sufrido el aislamiento y el reproche de la Unión Europea, Estados Unidos, la Unión Africana y la Organización de Naciones Unidas. Sin embargo, el abandono no ha sido pleno. Sólo durante abril y mayo, por dar algunos ejemplos, representantes golpistas han tenido reuniones con emisarios de los gobiernos de Qatar, Iraq, Venezuela y Sudán. Además, la República Islámica de Mauritania participó en la 21ª Cumbre Árabe –llevada a cabo en Qatar- y en un encuentro de los Países No Alineados.

También, y esto sí es preocupante, fue parte de la última reunión del “5+5”, que es la agrupación de los diez países mediterráneos (España, Portugal, Francia y Malta por Europa; Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania por África), celebrada en la ciudad española de Córdoba. Y, sólo para demostrar que la junta golpista no está muy sola, China ha seguido aumentado su presencia en territorio mauritano, algo que quedó demostrado con la construcción de un nuevo hospital en Nouakchott, capital mauritana. Obviamente, con importantes aportes económicos del gobierno chino.

Es así que la Unión Africana y los gobiernos de los diversos estados del continente deberán reflexionar sobre lo que ha ocurrido en la crisis mauritana post-golpe militar. Los sucesos posteriores incitan al cuestionamiento de ciertas procederes y obliga a ser más selectivos a la hora de elegir sus representantes en el mayor bloque de integración panafricano, es decir, la Unión Africana.

De no ser así, se puede estar engendrando una metodología bastante nociva y que lejos de ser una solución para la débil institucionalidad política de África, se podría convertir en un propulsor de más conflictos en la región.

Tiempo al tiempo. Pero con mucha prudencia.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

abdelhadi-boucetta

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

Entrevista a Abdelhadi Boucetta, embajador de Marruecos en Chile

Fecha 17/03/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

“Una nueva cumbre de la Unión del Magreb Árabe debería ser una iniciativa demasiado importante, ya que el bloque está prácticamente paralizado desde hace unos 15 años”

Erick Belair / Yofui.com

Erick Belair / Yofui.com

Como en anteriores ocasiones, el recibimiento es fraternal, cálido y amable.  Da la impresión de estar en un lugar conocido, afable y acogedor.  Es aquí donde Abdelhadi Boucetta abre las puertas de la Embajada de Marruecos en Chile, dando inicio a un interesante diálogo con el embajador marroquí.  Diversos tópicos y diferentes miradas.  La visión del Marruecos de hoy.  Su política interna y sus relaciones con el mundo.  Los procesos de integración.  Y, por supuesto, el Sahara.  De todo se habló en esta grata conversación.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de marzo, 2008
Entrevista realizada en la Embajada de Marruecos
Santiago, Chile

Qusiera comenzar con un hecho actual.  Hace un tiempo los presidentes de Túnez y Mauritania se reunieron y hablaron sobre la posibilidad de realizar una nueva Cumbre de la Unión del Magreb Árabe.  ¿Qué piensa de esto?

Debería ser una iniciativa muy importante, porque la Unión del Magreb Árabe está prácticamente paralizada desde hace 14-15 años, asi que para los países y pueblos del Magreb Árabe una integración regional a través de una unión puede ser un punto muy positivo para el desarrollo de esta zona.  Además, para la Unión Europea, la Unión del Magreb Árabe podría ser un bloque muy importante, ya que aquí viven cerca de 100 millones de personas.  Hemos intentado acercarnos a Argelia, con quien tenemos las fronteras cerradas después de mucho tiempo, pero no ha habido una respuesta positiva por parte de nuestros hermanos argelinos y pienso que este tipo de cosas impide tener una verdadera Unión del Magreb Árabe.  Esta falta de comunicación, pero particularmente entre Argelia y Marruecos, es una piedra de tope.

Al analizar un poco la historia del Magreb, uno puede ver que hay países, como Marruecos y Túnez, que han tomado un camino muy diferente al de Libia y Argelia.  Estos últimos se han centrado mucho más en el contexto árabe y africano, mientras Marruecos y Túnez se han abierto al mundo.  Entonces, las relaciones magrebíes son muy inestables y cabe preguntarse de quién es la responsabilidad de esta situación.  ¿Es algo que incumbe a todos o sólo a los que se encierran en su marco regional?

Escúcheme, no puedo hablar de otros países, sólo puedo referirme a Marruecos.  Nuestra política siempre ha sido de apertura.  Marruecos es un país que trabaja mucho sobre las libertades públicas, libertad económica, liberación de la mujer, acceso a la salud y de un mejor vivir para la población.  Luchamos de manera firme contra la precariedad y hay una serie de asuntos que en estos momentos se analizan en el país.  Por ejemplo, los derechos humanos, que tiene un reflejo en el proceso de reconciliación que se está gestando, después de todo lo que ocurrió en los años duros de Marruecos.  Se trata de una comisión similar a la Comisión Valech de Chile y ha hecho avances extraordinarios, reconocidos por todas las instituciones y ONGs internacionales que trabajar en esta materia.  La situación de la familia y particularmente el rol de la mujer en la sociedad ha tenido un vuelvo muy grande tras la entrada en vigor de la Mudawana, una ley que ha sido considerada como revolucionaria y, específicamente, tratándose de un país árabe y musulmán.  La mujer tiene, prácticamente, los mismos derechos que el hombre.  Hemos avanzado mucho en temas como los niños, el divorcio, el matrimonio, el acceso a trabajo, etc.  Entonces, nosotros estamos en pleno movimiento y con una dinámica de modernización y apertura hacia el mundo.  La política exterior marroquí es, igualmente, una política de apertura hacia todo lo que ocurre en el mundo.  Y nosotros continuaremos ofreciendo todo lo que podamos en pos de asegurar la estabilidad, la seguridad y la paz en el mundo.

Hoy, debido a su apertura al mundo, a los cambios sociales y a las buenas relaciones con otras regiones y países, Marruecos podría ser considerado como un modelo para los países magrebíes.  Entonces, ¿cree que Marruecos pueda ser el camino a seguir en el Magreb?

Nosotros trabajamos en Marruecos, pero de ahí a ser considerado como modelo, bueno, eso no es nuestra decisión.  Son aquellos que desean vivir esa experiencia los que deben decidir si somos o no un modelo, porque cada país tiene sus particularidades y, entonces, cada uno decide seguir un modelo que sea el mejor para preservar sus intereses y la estabilidad.  Nosotros tenemos nuestras particularidades y utilizamos los medios necesarios para mantener la estabilidad que conoce Marruecos después de mucho tiempo.  Todo el trabajo que hacemos y los caminos que hemos abierto son para una mejor condición  para la población.  Ese es el objetivo esencial de nuestra política.

¿Cuál es la importancia de Marruecos en el Magreb?

Todos los países magrebíes son importantes, aunque claramente el motor lo constituyen Argelia y Marruecos, así como Alemania y Francia lo han hecho en la Unión Europea.  Entonces, es importante que existan relaciones sólidas e intercambios entre los estados magrebíes.  Si no tenemos eso, será muy difícil lograr una verdadera unión.

Tengo entendido que existe un proyecto de una Universidad del diálogo en el Magreb…

Escuche, hay una idea que está en vías de circular y es la creación de una universidad interreligiosa.  El movimiento fue iniciado por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, por el mandatario turco Abdullah Gül y con el apoyo de la ONU, dentro del contexto de la Alianza de Civilizaciones.  Existe un grupo de alto nivel constituido por importantes personalidades políticas del mundo, dentro de los cuales se cuenta un consejero judío de su majestad el rey Mohammed VI, algo inédito en un país musulmán.  Todo aquello que tenga una naturaleza de acercamiento de civilizaciones, culturas y religiones es bienvenido, especialmente en este mundo de hoy, tan lleno de turbulencias.  Existe una tendencia a encerrerarse dentro de las fronteras, de no abrir las puertas a los otros y de rechazar a los demás.  Por eso, hay que luchar por el proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, que es defendido por la comunidad internacional y la ONU.  En eso estamos ahora.

A grandes rasgos, ¿cómo ve la situación del mundo árabe?

Nosotros tenemos una posición importante dentro del mundo árabe y de la Liga Árabe.  Sin embargo, adentro del mundo árabe hay problemas y dificultades.  Existen muchos conflictos como los que ocurren en el Sahara, Iraq, Líbano, la cuestión palestino-israelí y árabe israelí, Chad, Libia y Somalía.  Entonces, es importante tener una unión y un espacio para ésta.  Por ejemplo, el Consejo de la Cooperación del Golfo y la Unión del Magreb Árabe.  Es una contribución a la estabilidad del mundo árabe.  La Unión por el Mediterráneo podría ser importante también.  Es importante tener estabilidad.

Una parte de la política mundial sigue pensando en un mundo occidental europeo-cristiano y otro oriental.  Entonces, ven muy difícil una comprensión entre Europa y los países árabes y musulmanes.  Vemos el Proceso de Barcelona, la Unión por el Mediterráneo y la Unión del Magreb Árabe, ¿se podría decir que estos son ejemplos que demuestran la capacidad de diálogo entre árabes, musulmanes y europeos?

Claro que se puede vivir juntos.  Cada uno con sus particularidades e identidad.  La preservación de la identidad es algo esencial para el diálogo.  Es importante que cada uno defienda su identidad y que esté dispuesto a dialogar con el otro.  La política marroquí siempre ha sido, y lo vuelvo a repetir, una política de apertura, diálogo y alianzas.  El choque de civilizaciones, del cual tanto hablan, no lo considero como tal.  Es un choque de ignorancias, porque esas personas ni siquiera se conocen entre ellos.  Cuando haya diálogo, comunicación y conocimiento del otro, entonces ya no habrá choque.  Ocurriá una osmósis y eso es importante.  Toda la política de Marruecos , desde siempre, ha incluido el conflicto de Medio Oriente, por ejemplo, y siempre con ideas de acercamiento y apertura.  Nosotros luchamos para que haya paz definitiva entre dos estados de la región de Medio Oriente.  Palestina e Israel.  Ese es el factor esencial para la paz en esta parte del mundo.

Hoy, el terrorismo está muy presente, especialmente, en Argelia.  Tomando en cuenta esto, ¿puede existir una política regional, no sólo entre los magrebíes, sino que también con los estados mediterráneos, para luchar contra el terrorismo?

Claro que es posible.  Sólo falta la voluntad política para hacerlo, ya que la lucha contra el terrorismo se ha convertido en un fenómeno global y, por lomismo, no puede ser sino que global.  Una lucha a lo largo del mundo es lo lógico, ya que el terrorismo se nutre, igualmente, de los problemas y defectos.  A nivel mundial, regional, local, internacional.  En forma frecuente, se mueven en la brecha del descontento y la desunión.  El terrorismo es un fenómeno que se alimenta de los problemas existentes en el planeta.  Es por que que es bueno acercarse para resolver este problema.  Es un fenómeno complicado y tomaría mucho tiempo comenzar a unirse para luchar contra el terrorismo.

Marruecos tienes buenas relaciones con países tan diversos como Malí, Mauritania, Senegal, Estados Unidos, España y Bélgica, por dar algunos ejemplos.  Entonces, quisiera saber qué opina respecto a la posición de Marruecos dentro del contexto mediterráneo, africano, mabgrebí, árabe y, en general.

Marruecos es un país árabe y africano, que tiene como prioridad la consolidación de la Unbión del Magreb Árabe.  Evidentemente, tenemos informes abiertos acerca del mundo diverso que nos rodea.  Nuestras relaciones con los países árabes son ejemplares, con los africanos es muy profunda.  Todos los proyectos que se han hecho, decididos por su majestad el rey Mohammed VI, han estado en el nivel de los países menos desarrollados de África.  Nuestra política con los africanos es muy digna, porque hemos, por ejemplo, suprimido la deuda externa de los países menos avanzados del continente.  Es algo que muy pocos han hecho en todo el mundo.  Nuestra apertura en el Mediterráneo es histórica y antigua.  Por siempre, Marruecos ha sido un pueblo atlántico y mediterráneo.  Nuestra apertura al Mediterráneo es muy importante.  Hemos apoyado la propuesta del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de la Unión por el Mediterráneo, declarada en marzo, en Tánger, en la visita de Sarkozy en Marruecos.  Esta Unión por el Mediterráneo ha sido aceptada por todos los miembros de la Unión Europea y empezó a tomar forma.  El Proceso de Barcelona también ha sido muy importante.  Siempre hemos sido un elemento activo de este proyecto, porque reafirma y consolida las relaciones entre el norte y el sur del Mediterráneo, entendiendo a ambas regiones como complementarias.  Eso tiene que vivirse en la comunión.

¿Cómo calificaría las relaciones entre España y Marruecos?

Bueno, España y Marruecos, como lo hemos dicho siempre, están condenados a entenderse, debido a la geografía.  Esta última determina muchas cosas y, frecuentemente, determina la historia.  Somos países vecinos y hay fricciones, como es entendible.  Son diferencias que relevan el peso de la historia, pero en estos momentos tenemos una dinámica muy positiva con España.  Existe, evidentemente, un problema con la inmigración, pero aquello no sólo compete a Marruecos y España, sino que es una temática global.  Prontamente tendremos una población de 200 millones de personas que seguirán emigrando hacia el norte.  Estos inmigrantes vendrán de países del sur y, específicamente, desde África.  Y, justamente, el paso de entrada más importante es Marruecos, en África, y España, en Europa.  Entonces, tiene que haber una unión a nivel internacional, para ayudar a estos países a controlar la inmigración ilegal.  Nosotros estamos por el desarrollo de los países del sur, hemos suprimido la deuda externa, para así mantener la población de esos países en su lugar natural de vida.  Pero, aparece de ese problema de inmigración, que es global, también hay otros asuntos con España.  Está el tema de la pesca, algunos problemas con marroquíes que viven en territorio español y otros puntos importantes.  Sin embargo, siempre hay una solución y el medio es el diálogo.  Podemos hablar de todo, podemos encontrar solución a todo.  Sólo es necesario dialogar, comunicarse y estar preparados para encontrar soluciones mediante las conversaciones.  Cada cual tendrá que hacer concesiones, porque no todos pueden ganar, y es importante discutir de igual a igual.  Las soluciones, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre han sido encontradas después de las guerras.  Entonces, es importante darse cuenta que no es necesario pasar de nuevo por estos hechos  y que lo relevante es discutir desde el comienzo y así evitar la guerra.  Tenemos el ejemplo de Europa, con países que lucharon entre sí y que tuvieron terribles conflictos armados.  Sin embargo, ellos se sentaron para hablar y hoy vemos a una Europa modelo de integración y unión, sin fronteras y con plena apertura, a pesar de todo lo acontecido en el pasado.

¿Cómo calificaría las relaciones entre Marruecos y Chile?

Tenemos una muy buena relación con Chile y, particularmente, después de la visita del rey de Marruecos en 2004, que fue la primera vez en la historia que un jefe de estado árabe visitaba Chile.  Es algo muy importante, porque la primera visita de un rey marroquí es, al mismo tiempo, la primera de un gobernante árabe.  En esa ocasión se firmaron acuerdos de cooperación en agricultura, pesca y cultura.  Tenemos un acuerdo sobre el diálogo político entre ambos países y, también, exista una dinámica de inversiones.  Actualmente, inversores chilenos están interesados en invertir en el sector pesquero y agrícola marroquí.  Tenemos una comisión mixta, entonces existe una dinámica realmente interesante, basada en el diálogo y la cooperación.  Es una buena señal.

China es el cuarto socio comercial de Marruecos y posee, además, una gran presencia en África.  Por lo mismo, algunas personas piensan que esto es muy bueno, aunque otras afirman que hay que ser más cuidadoso con la presencia china en África.  ¿Qué piensa usted respecto a esta situación?, ¿existe realmente un riesgo o sólo son ideas en el aire?

No se puede olvidar que China es un mercado enorme y una economía en pleno crecimiento.  La economía china debe frenar un poco el ritmo de crecimiento, para así no desestabilizar la situación económica mundial.  El mercado chino es demandante de todo y la presencia china en África es importante, porque África es un continente en el cual están las reservas más grandes de materias primas en el mundo, algo que es demasiado relevante para el desarrollo de China y otros países.  No creo que exista un peligro, porque lo que está ocurriendo es una reformulación de todo el equilibrio mundial.  No se trata solamente de la presencia china y obviamente China no será el único factor que va a cambiar las cosas en el mundo.  Es cierto que China ha aumentado su presencia en África y, también, en otras partes.  Uno puede verla en América Latina, en Asia y en Europa.  China está por todas partes, algo que es normal.  Es un fenómeno que comienza a desarrollarse y por eso la integración es importante, ya que un país de 100.000 habitantes no puede negociar con la China, porque ese mercado no será importante para la economía china.  Sin embargo, un grupo regional puede entregar y recibir algo de China.

Hablaba de China, porque hay países que critican el actuar chino en el caso de Darfur.  En Sudán, China está muy presente económicamente, pero dejan aparte el contexto político y no se involucran mucho en la crisis sudanesa.  Entonces, algunos exigen que China también tenga un rol activo en el proceso de paz.  ¿Qué opina de esto?

Es muy sabido que la política exterior de China se basa en la no injerencia en políticas internas de los países y de siempre tomar una postura equilibrada.  Es algo muy sabio, pero también de interés, porque China no quiere verse involucrada en conflictos.  Lo que quiere China es mantener buenas relaciones con todos y por eso creo que su accionar en temas como Kosovo y Darfur va a ser muy moderado.  China no puede darse el lujo de enfriar o perder relaciones potenciales con otros estados, sea quien sea.

Si analizamos el devenir del gobierno marroquí y las informaciones publicadas en diversos medios, podríamos decir que existe una apertura cultural en Marruecos, pero también hacia el exterior.  ¿Piensa que eso puede ayudar a que los marroquíes tomen conciencia de sus valores culturales y, también, para que otros estados se acerquen a la cultura marroquí?

La cultura marroquí es muy conocida en el mundo y tenemos muchas cosas para mostrar, compartir y defender.  La cultura marroquí está enraizada en la historia.  La cultura es el punto principal de unión con los otros y, particularmente, con los países que geográficamente están ubicados lejos de Marruecos.  Por ejemplo, el objetivo de las jornadas culturales marroquíes que hemos organizado el año pasado en Chile fue, justamente, un hecho que posibilitó mostrar la cultura marroquí y eso es importante, porque la gente no conoce bien el lenguaje de otras naciones.  Las personas siempre aprenden las palabras vulgares.  En la cultura de los otros, uno aprende lo malo, pero siempre hay muchas cosas muy buenas e interesantes que no se conocen bien.  Entonces, lo más conocido son asuntos negativos.  La gente aprende los insultos, pero no, por ejemplo, la filosofía del lenguaje.  Por eso es importante acercar la cultura y el lenguaje a los otros, para que haya un mayor y mejor conocimiento.  Las relaciones culturales determinan, frecuentemente, todas las relaciones políticas, comeciales y sociales establecidas entre los países.  Se trata del conocimiento de pueblo a pueblo, de la cultura y no de un país a otro.  Son las costumbres, los hábitos, las tradiciones y los pueblos.

En Marruecos, el turismo, la agricultura y la pesca siguen siendo las principales fuentes económicas.  Entonces, quisiera saber si cree que algunos aspectos de la economía marroquí aún están subdesarrollados o que al menos necesiten un mayo trabajo específico.

La economía del país tiene aspectos muy importantes.  Tenemos sectores productivos como la agricultura, la pesca, el turismo y la minería.  Existe un Código de Inversiones que es muy liberal y ventajoso para los inversores extranjeros y nacionales.  Hay una tendencia  muy positiva por parte de los inversores extranjeros que se establecen en Marruecos.  Eso es un signo importante de estabilidad, de la existencia de un entorno de negocios importante y que es provechoso para los proyectos.  Claro que todavía hay cosas por mejorar, tenemos un tejido económico cada vez mejor en calidad, que atrae a muchos inversores de otros países hacia Marruecos.  Por ejemplo, hay chilenos que están interesados en realizar inversiones en el sector agrícola y pesquero.  También, están los estadounidenses, chinos coreanos y europeos.  Tenemos cerca de mil empresas españolas que se han instalado en Marrucos y unas 800 compañías francesas.  Renault, por ejemplo, va a instalar la usina de fabricación más grande en el norte de Marruecos, cerca de Tánger.  Entonces, hay un movimiento que es interesante.  Estamos en camino a contstruir uno de los más grandes puertos del Mediterráneo, el Tánger-Med, cerca del Estrecho de Gibraltar, que es muy importante en la ruta comercial y, hay que mencionarlo, es una de las más relevantes de todas las vías de comercio en el mundo.  Canal de Suez, Tánger-Med, Panamá.  Esa es la ruta ideal para el mercado asiático, americanos, europeo y africano.  Estamos en la zona de cruce de cinco continentes y es una posición estratégica.  En consecuencia, la cooperación con España es esencial, lo mismo que la estabilidad del sur del Mediterráneo.

Quisiera hablar un poco sobre la sociedad marroquí.  Marruecos es un país musulmán, pero con minorías cristianas y judías.  Lo positivo es que existe una tolerancia religiosa y, por ejemplo, la Unión Europea ha reconocido los evidentes progresos y el buen andar de Marruecos.    La gente tiene, en general, libertad para vivir y elegir y la Mudawana es una demostración.  Sin embargo, quisiera saber si cree que aún hay aspectos por mejorar.

La sociedad marroquí ha sido siempre muy tolerante y pluralista.  En Marruecos se pueden ver los distintos tipos físicos que existen en el mundo.  Desde la raza negra subsahariana hasta el prototipo escandinavo.  Por ejemplo, en las montañas del Rif viven mujeres y hombres que son muy parecidos a los habitantes de Suecia, Finlandia y Noruega.  En Marruecos están todos los tipos.  Escandinavo, negro, árabe, bereber, latino, etc.  Entonces, por definición, la sociedad marroquí es pluralista, multiétnica, multicultural y siempre mantienendo el diálogo entre las etnias, tribus y razas diferentes.  De por sí es una mezcla que ha existido a lo largo de toda la historia.  Podemos ver rutas de inmigración humana, de las más importantes, que pasan por Marruecos.  África, Medio Oriente, Europa y el acceso al Atlántico.  Es por esto que el territorio marroquí se ha convertido en un espacio de cruces, en el cual se conocen personas de diversas culturas, razas y religiones.  Siempre se ha hablado de Marruecos como un país de tolerancia y convivencia.  Por ejemplo, durante la presencia árabe en Andalucía, aquella región era considera como el modelo de convivencia y tolerancia en todo el mundo.  Judíos, cristianos y musulmanes vivían en una sociedad absolutamente abierta y respetuosa.  Además, hubo grandes desarrollos en las ciencias, la filosofía, la astronomía, en asuntos de sociedad y en códigos civiles, por ejemplo.  Hoy, todavía podemos ver nuevas Andalucías en este mundo y Marruecos es, justamente, una de esas nuevas Andalucías.

Marruecos es un país democrático, estable, en el cual los militares no tienen una gran influencia y, finalmente, donde sólo el terrorismo es una amenza.  Desde ese punto de vista, ¿cree que Marruecos es un ejemplo que desmitifica a los países árabes y africanos como centros neurálgicos de conflictos y problemas?

Como le decía, son los otros quienes deben decir “decido seguir a Marruecos como ejemplo”.  Nosotros trabajamos para dar, digamos, algo mejor a nuestro pueblo, que es lo más importante.  Buscamos facilitar las condiciones de vida y que haya un verdadero estado de derecho en todo el territorio del país.  Muchas organizaciones han reconocido nuestros esfuerzos orientados hacia ciertas áreas.  Y esto es una realidad extraordinaria para un país aún en vías de desarrollo.  Es la apuesta que hemos hecho, adoptada por su majestad el rey Mohammed VI, para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Quisiera hablar de uno de los temas más complicados, es decir, el Sahara.  En marzo pasado se realizó la cuarta ronda de negociaciones y las posturas siguen siendo muy claras por lado y lado.  ¿Cómo vislumbra este asunto?

La historia del Sahara es muy simple y no es necesario complicarse.  Para nosotros, se trata de un grupo de separatistas marroquíes, apoyados por Argelia y que desean crear un nuevo estado en la región, para así facilitar el acceso de Argelia al Océano Altántico y encerrar a Marruecos dentro de una presencia hegemónica argelina.  Para nosotros se trata de un asunto de integración y soberanía nacional y nunca abandonaremos esto, porque un país no negocia su soberanía, ni tampoco su integridad territorial.  Es cosa de revisar la historia.  Y cuando el Frente Polisario y los argelinos hablan de la decolonización, ¿de qué hablan?, ¿qué fue colonizado?, ¿acaso un estado que se llamaba Sahara?.  Eso no existe, no había ningún país llamado Sahara al momento de la colonización europeo.  Lo colonizado era un territorio marroquí y la decolonización significa devolver los terrenos conquistados a la patria original.  Ese es el objetivo del acuerdo que firmamos con España, en Madrd.  Los saharawis son tribus que se mueven a lo largo y ancho del Sahara.  Están en Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí y Chad.  Están en toda la continuidad de la zona sahariana.

Marruecos habla de una autonomía.  ¿Cree que ese sea el camino?

Ya hemos entregado un proyecto de autonomía y estamos muy abiertos a la negociación, pero no podemos ir más lejos, ya que no podemos negociar nuestra soberanía e integridad nacional.  La autonomía es una solución.  Queremos hablar con los separatistas y no sé si algún otro país ha hecho eso, pero nosotros sí.  Estamos abiertos a todas las soluciones y negociaciones, pero nuestra soberanía e integridad no se negocia.  También, debemos decir que el problema del Sahara es entre Marruecos y Argelia y no entre el Frente Polisario y Marruecos, porque el Frente Polisario es Argelia.

Entonces, ¿el conflicto del Sahara sería un obstáculo para una verdadera Unión del Magreb Árabe?

Sí.  De momento que se firmó la creación de la Unión del Magreb Árabe, en Marrakesh, en 1989, todos los jefes de estado se comprometieron a respetar la soberanía e integridad territorial de los países firmantes.  Todo eso quedó muy claro, entonces empezar un proceso de creación de un nuevo estado adentro de esta unión es aberrante.  Personalmente, no veo que la Organización de Estados Americanos, por ejemplo, vaya a crear un nuevo país en América.  Tampoco veo que las organizaciones internacionales apoyen la creación de las FARC como un estado.  En Asia tampoco se puede pedir el nacimiento de un nuevo país.  Entonces, la situación del Sahara podría crear precedentes peligrosos para el mundo.

¿Se puede encontrar una solución al problema del Sahara?

En política todo es posible.  La solución depende de Marruecos y Argelia.  Cuando nuestros vecinos deseen encontrar la solución al conflicto del Sahara, entonces habrá solución.  Ahora, si Argelia continúa apoyando la creación de un nuevo estado en el Magreb, ella misma tendrá problemas en su territorio.  Ellos tienen el asunto de la Kabilia y los tuaregs, que luchan por su independencia.  De hecho, existe una guerra contra los tuaregs de Malí y Argelia.  Eso puede entregar una inestabilidad a toda la región del Sahara.  La solución al problema del Sahara contribuirá a darle estabilidad a la zona y a lucha de mejor forma contra el terrorismo.  Ahora, si desean crear un estado saharawi, entonces eso debiera incluir a todo el Sahara.  Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, Chad, Sudán, Libia y Egipto.  El Sahara es eso y no solamente el Sahara marroquí.  Entonces por qué tiene que ser Marruecos quien entregue una parte de su territorio.  Por qué no lo hace otro país.

Quisiera saber si usted cree que lo acontecido en Kosovo podría ser un precedente para el conflicto del Sahara.  Le pregunto esto, porque el Polisario ha dicho que esto sería así…

Es algo que no tiene relación.  El problema es, por ejemplo, que Argelia apoya la autodeterminación del Sahara, pero se declara en contra de la independencia de Kosovo.  Entonces, qué quiere decir esto.  Es una contradicción y lo que les interesa es preservar las relaciones con Rusia.  Son intereses y no principios.  Hablando de Kosovo, es algo absolutamente diferente, porque es toda la región de los Balcanes la que ha sufrido con las masacres y se trata de un país dividido y con muchas diferencias étnicas.  Los kosovares y los serbios, por ejemplo, son dos religiones, dos etnias y dos culturas.  Sin embargo, en el Magreb y el Sahara, es una sececión de un grupo minoritario muy pequeño de Marruecos, pero que habla la misma lengua y que tiene la misma cultura y religión de los marroquíes.  Lo que quiero decir es que el asunto de Kosovo es una excepción y no la regla.   Es un problema muy especial, muy sui generis y que no se va a repetir.  No podemos seguir ofreciendo independencias a todos grupo humano que tenga una cultura, un idioma y hábitos diferentes, porque así llegaríamos a tener una infinidad de países en el mundo.  La integración es la opción.

Kosovo, Osetia del Sur, el Sahara, etc., ¿estos movimientos sólo existirían para hacer ruido, ya que carecerían de una base lógica?

Nada de lógica. Nada.  Todo lo que ha pasado en el espacio soviético, igualmente, es un problema.   Es la desintegración de un país y eso es un enorme problema para el mundo.  Sin embargo, no podemos empezar a revisar todos los tratados antiguos y no podemos permitir eso, porque si empezamos, entonces nunca terminaremos.  Tenemos que encontrar soluciones integrales y hay que modificar el nuevo concepto de soberanía.  No estamos en el siglo 19, eso es tiempo pasado.  Con Internet y la tecnología no podemos quedarnos encerrados en las fronteras.

Entonces, ¿cree que la integración no sólo es el futuro en África y el Magreb, sino que en todo el mundo?

Escuche. Escuche, la futura lucha del mundo va a ser por la sobrevivencia, por la salud, por la distribución del agua y para compartir.  La lucha no será por conquistas de territorios o por la creación de nuevos estados.  Existen peligros mucho más importantes para la humanidad…

En ese contexto, ¿la integración sería la mejor solución?

Es la solución.  La integración con autonomías al interior de los países, esa es la opción.  Existen, por ejemplo, las autonomías españolas que en realidad son verdaderos países al interior de uno, pero eso se realiza porque existen particularidades muy especiales.  En todos los estados hay diferentes costumbres, culturas, personas, etc., pero todos viven en el mismo país.  En Chile, la gente es difererente, pero no vemos una división entre los del norte y los del sur.  Acá todos son chilenos.  También puede ver lo mismo en el caso de Alsacia y el País Vasco.

Para terminar, ¿cómo ve a Marruecos en el futuro?

Tenemos que trabajar en el presente para asegurar el futuro.  Veo a Marruecos en el contexto de la globalización y esto es muy importante.  Por eso, hay que reducir la brecha digital existente entre el norte y el sur.  Tenemos que realizar más inversiones en tecnología y educación.  Debemos trabajar unidos en temas como la salud, prevención de riesgos, etc.  Por ejemplo, los virus no atacan países, sino que regiones.  Tenemos que luchar contra las amenazas externas y no contra estados.  Los fenómenos climáticos, la salud, las diferencias económicas y la contaminación.  Esa es nuestra lucha.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

roya-sarkozy

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Presidenciales en Francia: Sarkozy, la inmigración y la cuestión turca

Fecha 23/05/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hasta que lo consiguió. Nicolas Sarkozy se convirtió en el nuevo Presidente de Francia, algo que de seguro no debe tener muy contenta y tranquila a Ségòlene Royal y a quienes votaron por ella. Sin embargo, los números son categóricos y no admiten mayor duda o cuestionamiento: 53.06% de los votos para el hijo de inmigrantes húngaros, 46.94% de apoyo para la «africana», nacida en Dakar.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 23 de mayo, 2007

roya-sarkozyQuizás estos últimos dos datos nos puedan entregar una señal de lo que está ocurriendo en Francia. Uno de los principales temas es la inmigración, no sólo la ilegal, sino que también aquella que se ajusta a la ley. Mientras Sarkozy tiene una política mucho más dura respecto a este asunto, Royal parecía tener una actitud más comprensiva hacia los inmigrantes.

De hecho, «Speedy Sarko» tiene como una de sus principales cartas de presentación un sistema de inmigración selectiva, en el cual no cualquier extranjero puede ingresar a Francia. Por el contrario, la representante del Partido Socialista promovía un método de integración, incluso dando facilidades a ciertos inmigrantes ilegales.

Pero volviendo a lo expresado al comienzo, no puede pasar desapercibido el hecho que Sarkozy sea hijo de húngaros y que Royal haya nacido en el actual Senegal. Quizás ahí comienza el tema de los inmigrantes y, por lo mismo, las soluciones a este problema no pasan por una ley de mayor o menor severidad. Tal vez sea que Francia deba asumir que tiene una tarea pendiente y que se relaciona con un análisis profundo de lo que fue su accionar durante gran parte del siglo veinte.

Al respecto, cabe preguntarse si acaso los franceses tienen el derecho de rechazar a los negroafricanos que intentan ingresar al territorio francés. Otro cuestionamiento apunta hacia el tema de los argelinos, específicamente hacia los hijos de aquellos hombres que fueron forzados a trabajar en Francia durante los años del imperialismo francés. Si la política francesa de antes fue obligar a obreros argelinos a dejar su tierra y trabajar en Francia, ¿entonces el hijo de aquel trabajador, nacido en Francia, no tiene los mismos derechos que otro francés?

En fin, parece ser que la inmigración va más allá de lo meramente ideológico y claramente responde a lo que conocemos como «mea culpa». No puedes explotar a alguien y luego dejarlo sumido en el desamparo. Corrección. Puedes hacerlo, pero luego no te quejes si aparece el odio, la pobreza o la violencia. No te quejes de un sistema, si fuiste el encargado de alimentarlo y fomentarlo. Eso es lo que está ocurriendo, pero no sólo en Francia. Los galos están preocupados por los africanos negros y los magrebíes; en Alemania no saben qué hacer con los turcos; en el Reino Unido deben convivir (forzosamente) con paquistaníes e indios; en España acusan de ladrones a los marroquíes. Esa es la situación en Europa. Y eso que no se menciona otro tipo de inmigración tan poco deseada como la de africanos y árabes: los rumanos.

Por eso, los franceses deben tener mucho cuidado. Especialmente ahora que Sarkozy llegó al poder. No se trata de satanizar al representante de la Unión por un Movimiento Popular. Tampoco debemos mostrar a Ségòlene Royal como una blanca paloma de la paz. Cada cual tenía debilidades en sus programas y propuestas. Por ejemplo, el tema de la inmigración y el rotundo rechazo a Turquía, por parte de Sarkozy; la ambigüedad respecto a China y su insistencia en realizar una nueva votación acerca de la Constitución Europea, por parte de Royal.

Pero el recelo tiene que ver con temas de extrema relevancia y que, quizás, no han sido abordados de la forma en que debieran. El principal es el asunto turco o, más bien, todo lo que tenga que ver con el proceso de adhesión de Turquía a la Unión Europea (UE). Ahora, bajo el mandato de Sarkozy y tomando en cuenta la convergencia actual en el seno de la misma UE (se necesita unanimidad de los estados miembros para aceptar a otro país y actualmente están congelados los procesos de ingreso), parece imposible ver a Turquía dentro de la UE, en el corto e incluso en el mediano plazo. El problema radica en la actitud adoptada por Nicolas Sarkozy, el cual ha dejado muy en claro que no quiere a Turquía dentro de la Unión Europea. Su motivo, muy simple: los turcos no son europeos.

Ahora bien, Sarkozy no es el único que se opone al ingreso de Turquía. De hecho, prácticamente todos los candidatos de la primera vuelta electoral así lo hicieron saber. Incluso Ségòlene Royal, que no rechazaba de plano la idea de incluir a Turquía como miembro de la UE, pero tampoco la apoyaba a rajatabla y se limitaba a dejar para más adelante una posible solución. Lo concreto es que en Francia pocos quieren ver a los turcos como parte de la UE.Algunos declaran que la real motivación de aquella decisión tiene que ver con el hecho que Turquía sea un país cuya población es mayoritariamente musulmana. Otros, aseguran que la razón se basa en un fuerte sentimiento ultranacionalista y xenófobo, que no sólo rechaza a los turcos, sino que también a los negros, a los árabes y a otras razas.

También, las agrupaciones de Derechos Humanos insisten en que Turquía aún tiene problemas de esta índole por resolver. Lo fundamental es el tema de los kurdos, pero también aparecen la deuda histórica del genocidio armenio (Turquía nunca ha reconocido aquello) y el hecho que Turquía sea la única nación que reconozca a la parte turca de Chipre. Finalmente, también están quienes se oponen al ingreso de Turquía, por considerarlo un estado asiático y no europeo, ya que cerca del 95% de su territorio se encuentra en Asia.

Entrando en el plano de las especulaciones, quizás el principal motivo apunte a que en caso que Turquía llegase a ser parte de la UE, se convertiría en uno de los países de mayor representatividad en el Parlamento Europeo. Esto último, tomando en cuenta el criterio de proporcionalidad, que aunque no se basa únicamente en la población, si otorga gran importancia a este elemento. ¿Qué pasaría con una Unión Europea en la cual un nuevo miembro pasa a ser una figura de alto peso, al menos en cuanto al número de eurodiputados?, ¿qué ocurriría con una Unión Europea con 70 millones de turcos?, ¿acaso no se podría producir un excesivo flujo de mano de obra turca a lo largo de Europa?

Sin duda que es un tema delicado y, dejando de lado el carácter islámico de Turquía (que no es tan importante, ya que es un estado laico), quizás los miedos europeos se basan en el hecho de ver a una población de origen altaico, proveniente del Asia Central, mezclada con grupos étnicos o razas «europeas». ¿Cómo se puede sostener aquello en el tiempo?, ¿se podrá convivir en paz y armonía? La pregunta nace espontánea, pero también la respuesta: ¿se puede hablar de una real Unión Europea, si uno de los criterios a la hora de elaborarla es la homogeneidad racial y/o religiosa?

En definitiva, puede parecer que el rechazo a Turquía no va más allá de una oposición. De hecho, muchos estados europeos ofrecen un status especial para los turcos, en el cual exista un nexo mayor que el existente con países como Marruecos (que pidió formalmente su ingreso en 1987, pero que le fue negado en forma tajante). Sin embargo, nadie ha querido profundizar en un tema que parece demasiado importante. Y tiene que ver con la respuesta del pueblo turco y del mundo político de aquella nación en caso de no conseguir su objetivo de ser estado miembro de la Unión Europea.

Lo primero, aunque parezca débil o de poca trascendencia, es analizar un hipotético sentimiento anti-europeo. Aquello podría aflorar en caso de no ser aceptados por parte de las naciones europeas. Recordemos que Turquía es un país ubicado entre Europa y Medio Oriente, es decir, es el puente entre la sociedad «occidental-cristiana» y el mundo «árabe-musulmán». Durante años, Turquía ha querido acercarse a Europa y, de hecho, las reformas de Atatürk y otras políticas posteriores lo han demostrado. Sin embargo, ésto le ha significado alejarse de los países árabo-musulmanes.

Claro, los turcos son, en su mayoría, una población de tipo altaico y provienen del Asia Central y, por eso, no extraña que tengan una mayor cercanía con la población de países como Turkmenistán y otros estados de la disuelta Unión Soviética en desmedro de los estados árabes. Sin embargo, el Islam se ha transformado en un motivo de unión y comunión entre países de diversas razas y culturas. Entonces, si Turquía se da cuenta que Europa no lo acepta, ¿acaso no intentaría volcarse hacia el otro bando o, mejor dicho, su otro vecindario?

Turquía, por su posición geopolítica, es un estado demasiado valioso desde un punto de vista estratégico. Por algo Estados Unidos presiona para que Europa lo acepte en la UE y por algo Turquía es parte de la OTAN. ¿Qué ocurriría en caso que Turquía se «arabice» o «islamice» y cierre las puertas a Occidente? Aquello sería un gran problema para Europa y Estados Unidos. Ya no podrían tener una plataforma en Asia Menor, se les cortaría una histórica vía de paso de gran trascendencia y, finalmente, perderían a un aliado en Medio Oriente.

Y desde el punto de vista árabo-musulmán, ¿acaso a ellos no les convendría recibir a un nuevo «socio», de unos 70 millones de musulmanes, descontentos con Europa? En el mundo árabe y musulmán la política está muy activa y si en la última cumbre de la Liga Árabe se aceptó a Irán como un «amigo», ¿acaso no podría ocurrir lo mismo con Turquía, en un mediano plazo?

Siguiendo con esta misma línea de análisis, ¿se puede hablar de un peligro terrorista? Es difícil asegurar una respuesta, pero por el momento aquello se acerca más a la ficción que a la realidad. De hecho, un supuesto sentimiento anti-europeo ya es parte de la especulación y la fantasía. Para que ocurriese aquello (terrorismo turco anti-europeo), entonces tendrían que pasar muchos años en los cuales las relaciones entre Europa y Turquía empeoraran en demasía. Pero, si los europeos saben manejar el asunto y si, independientemente del status que tenga Turquía respecto a la UE, logran establecer un buen flujo de relaciones, hablar de otro tipo de riesgos parece poco atinado e incluso absurdo. Al menos por el momento.

En conclusión, la cuestión turca no sólo afecta a la Unión Europea, sino que también a los países europeos. Y Francia bien sabe aquello, ya que es un estado que lleva años intentando equilibrar las fuerzas de la inmigración extranjera con la población francesa que busca mejorar su calidad de vida. Es por esto que a la hora de actuar, respecto a política exterior o a directrices internas, pero que puedan reflejarse con grupos de inmigrantes, es importante que se tomen las decisiones correctas. Ya no queda margen de error. En el mundo actual las equivocaciones se pagan caro. Es cosa de abrir los ojos y percibir la realidad tal cual es.

Francia tiene la gran responsabilidad de arreglar sus problemas internos -cesantía, economía en recesión e inmigración ilegal, entre otros-, pero también debe velar por el correcto funcionamiento de su política exterior y, por supuesto, no debe descuidar su histórico peso dentro de la Unión Europea, el cual ya ha sido cuestionado por algunos sectores.

Por eso es que Nicolas Sarkozy debe ser más cauteloso y no ser tan tajante a la hora de hablar de inmigrantes y turcos. Apuntar a los africanos o árabes y catalogarlos como «escoria» no ayuda al equilibrio y sólo enciende aún más los agitados ánimos. Negar de plano la posibilidad de incluir a Turquía como un estado europeo, tampoco es algo positivo. No hay que olvidar que una parte del territorio turco está en Europa, que Chipre está al frente de Turquía y bien podría ser un argumento a la hora de poner en duda el carácter europeo de los chipriotas y que Malta -miembro de la UE- posee una superficie territorial más pequeña que la Turquía continental europea.

Entonces, a tener cautela y a no olvidar que todos los países tienen vecinos, áreas de influencia y, quizás lo más importante, sus decisiones pueden afectar el devenir de las relaciones internacionales.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

bandera-uma

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,

El Magreb dentro del mundo árabe-musulmán, ¿ser o no ser?

Fecha 23/05/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Por su ubicación geográfica, el Magreb aparece como una zona geopolítica de alta importancia y, por lo mismo, se convierte en un área estratégica.  Establecido en el norte de África, se constituye como un punto de encuentro, no sólo entre los estados que lo componen, sino que entre las diversas culturas, razas y religiones colindantes.

 Raimundo Gregoire Delaunoy  | 23 de mayo, 2007
francia (disponible en francés)

bandera-umaPara entender la realidad del Magreb es necesario ir más allá de sus límites.  En términos más precisos, se trata de vislumbrar al “vecindario” completo.  Hacia el sur limita con el África Negra; por el norte se encuentra con el mundo mediterráneo y la Europa Latina; en el borde oriental choca con Medio Oriente y Asia; y, hacia la parte occidental se hunde en el Océano Atlántico.  Entonces, se pueden desprender algunas conclusiones, que aunque parezcan demasiado obvias, es bueno recordarlas.

En primer lugar, el Magreb es africano, pero de población mayoritariamente árabe y musulmana.  En segundo lugar, en las costas mediterráneas se fusionan el legado europeo (francés, español, italiano y griego) y el de otras civilizaciones (fenicios, turcos, árabes y cartagineses).  En tercer lugar, junto al sur europeo, Turquía, Líbano e Israel forman una zona marítima común.  En cuarto lugar, el Magreb es la puerta de entrada a Europa, África, Asia y Medio Oriente.  Finalmente, junto a los países árabe-africanos, poseen cerca del 70% de la población árabe del mundo[1].

Es así que hablar del Magreb significa hacer mención a un “camino de caminos”, los cuales conducen a diversas regiones geopolíticas.  Pero no sólo se trata de términos físicos o territoriales, sino que también involucra la variable ideológica o religiosa.

Ya se ha dicho que el Magreb forma parte de África y, por ende, de la Unión Africana (UA); también se conoce la existencia de la Unión del Magreb Árabe (UMA); y, obviamente, es parte del mundo mediterráneo.  Ahora bien, dichas uniones, salvo la UMA, no tienen relación con la religión o la cultura de los países.  Entonces, si apelamos a estos elementos, nos encontramos con la real amplitud del mundo magrebí.  Como países eminentemente árabe-musulmanes, son parte insoslayable de la visión cósmica del universo islámico y árabe y, entonces,  no debiera extrañar que los integrantes de la UMA tengan un campo de acción, pero ya no sólo en África, sino que también en una dimensión que no tiene límites físicos: Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez son estados miembros de la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia Islámica.

Concretamente, la Unión del Magreb Árabe (UMA) aún carece de la fuerza necesaria para establecerse como una organización de influencia mundial o continental.  Sólo tiene injerencia en lo relativo a los países magrebíes, pero debido a su debilidad estructural y al escaso tiempo de vida[2], todavía no se ha podido constituir como un bloque poderoso y capaz de imponer sus términos.

Con este contexto, todo indica que los países por sí solos pueden tener más peso que la UMA.  En la práctica los hechos son así, ya que Argelia y Marruecos, pero especialmente el primero de ellos, son importantes actores dentro del mundo árabe y musulmán.  A ellos se suma Egipto, un estado que no pertenece al Magreb, pero que sí está en África.  La República Árabe de Egipto es un país que siempre ha tenido relevancia en la política mundial, quizás bajo el eterno recuerdo de la grandilocuencia de la antigua civilización egipcia, pero no se puede desconocer su peso dentro del entorno árabe y musulmán.

Para darse cuenta de la importancia de estas naciones se hace imperioso realizar un análisis de la situación política, económica y social en el Magreb, el África árabe-musulmana[3], Medio Oriente, Egipto y la Península Arábiga.  A ellos, hay que sumarle las minorías musulmanas en India y China[4], la región separatista de Chechenia, Bosnia-Herzegovina y otros estados islámicos del mundo[5].

En términos políticos, Turquía, Irán, Egipto, Irak, Palestina y Arabia Saudita son los países de mayor influencia, no sólo en el seno de la Conferencia Islámica o la Liga Árabe (en caso que corresponda), ya que también poseen un alto grado de injerencia en la diplomacia internacional.  La importancia de estas naciones radica, esencialmente, en la historia de sus pueblos, el liderazgo natural que han llevado durante siglos y la contingencia actual que los envuelve.

Turquía lucha por ingresar a la Unión Europea, mientras se acentúan las diferencias entre los grupos laicistas e islamistas; Irán prosigue con su programa nuclear y hace un tiempo anunció el inicio del proceso industrial del enriquecimiento de Uranio; Egipto busca evitar la instauración de una teocracia y enfrenta a la Fraternidad Musulmana; Irak sigue sumido en los problemas originados por la invasión de las fuerzas internacionales y por la guerra civil entre sunitas y chiítas; Palestina no cesa en sus intenciones legítimas y ajustadas a derecho de convertirse en un estado, pero debe buscar una solución a las divisiones internas y la difícil convivencia del gobierno de unidad; y, finalmente, Arabia Saudita mantiene sus vínculos con Estados Unidos, se establece como el  bastión del wahabismo y, últimamente, ha tenido un rol importante en el conflicto palestino-israelí.

En lo referente al comercio y la economía mundial, se repiten Irán, Irak y Arabia Saudita, a los cuales se unen Indonesia, Nigeria, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.  Todos los países en cuestión poseen importantes reservas de petróleo, lo que les otorga gran relevancia a la hora de fijar precios y, por ende, entregarle estabilidad a los mercados bursátiles nacionales e internacionales.  Pero en estados como Irán e Indonesia, no sólo reciben ingresos por la explotación del “oro negro”, sino que también gracias al gas, un bien que cada vez se hace más valioso.  A tal nivel llega la dependencia de otras naciones en el gas o el petróleo iraní, que, por ejemplo, China y Rusia han sido acérrimos defensores del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad.  A ello se suma el hecho que en marzo pasado se inauguró un gasoducto –ubicado en territorio iraní y armenio-, que permitirá a la vecina Armenia conseguir gas por medio de un abastecedor que no sea Rusia.

En el aspecto socio-cultural, Irán, Turquía, Arabia Saudita, Palestina, Egipto y Argelia aparecen como los principales centros impulsores de movimientos reformistas o, por el contrario, tradicionalistas del Islam.  Mientras Turquía se muestra ante el mundo como una nación musulmana, pero de gobierno laico, en Arabia Saudita, Egipto y Argelia destacan corrientes o grupos radicales como los wahabitas, la Fraternidad Musulmana y el Frente Islámico de Salvación.  Dichas tendencias político-religiosas –el caso de estas dos últimas- aparecen con la fuerza necesaria para transformar sociedades.  Mientras la Fraternidad Musulmana lucha por aquello, el Frente Islámico de Salvación ya tuvo un papel trascendente en la reconstrucción del país y en la política argelina.  En Irán, pero específicamente en Qom, se desarrolla el más alto estudio del Islam, destacando la rigurosidad de los teólogos.

En cuanto a Palestina, se produce una atractiva fusión entre distintas tendencias islámicas, diversas ideologías políticas –muchas de ellas arraigadas en un sustento socialista o marxista- y las diferentes estructuras culturales.

Situación actual del Magreb

Tomando en cuenta el sucinto análisis del mundo árabe-musulmán, cabe preguntarse cuáles son las reales posibilidades del Magreb.  ¿Hasta dónde puede llegar el poder y la influencia de las naciones magrebíes? ¿tienen un sustento lo suficientemente sólido para convertirse en un cuarto centro árabe e islámico, tras Medio Oriente, la Península Arábiga y Egipto? ¿el sueño de un Gran Magreb, líder del universo árabe-musulmán, es real o fantasía?

Para contestar estas preguntas, es importante conocer el hoy de la región.  En este sentido, hay que destacar que a pesar de las notorias diferencias entre los estados magrebíes, no se puede soslayar el hecho que poseen una historia bastante similar.  Es cierto, con distintos matices y procesos que no siempre fueron de la mano, pero, superficialmente, se podría establecer la siguiente secuencia:

colonización – independencia – falta de estructura política – falta de recursos – problemas  étnicos – gobiernos totalitarios – socialismo – apertura hacia el liberalismo – lenta democratización – crecimiento económico – aparición del terrorismo – mano dura con los grupos terroristas – resurgimiento de movimientos religiosos extremos

Claro, no todos los países pasaron por la misma línea de sucesos, pero se podría decir que esa es la columna vertebral.  Ahora bien, ¿cuál es la utilidad de esta espiral secuencial?  Bueno, sirve para entender el proceso por el cual ha pasado el Magreb y que, por lo mismo, ha impedido un mayor progreso –en los campos políticos, económicos y sociales- de la región.

Económicamente, existe una desigualdad evidente.  Los índices de PIB per cápita (2007) de Libia, Argelia y Túnez están por sobre los de Marruecos y Mauritania[6].  Las cifras son inapelables y muestran a Libia con 5.271 dólares, Argelia con 4.027 y Túnez con 3.180.  Bastante más abajo se ubican Marruecos y Mauritania, con 1.989 y 1.194, respectivamente.  Lo más preocupante es que mientras Mauritania posee la mayor tasa de crecimiento para el 2007, con una proyección del 10.6%, Marruecos apenas llega a un 3.3%, siendo el más bajo del Magreb.  Túnez, Argelia y Libia se ubican entre los dos polos, al registrar una proyección de crecimiento de 6.0%, 5.0% y 4.6%, respectivamente[7].  Cabe recordar que la tasa de crecimiento de África está fijada en 5.9% para el 2007, lo cual nos demuestra que muchos países africanos –especialmente los productores de petróleo- están creciendo a un ritmo mayor al de los magrebíes.

Como era de esperar, Argelia posee el mayor PIB de la zona (137.178 billones de dólares), seguido por Marruecos (61.110), Libia (38.800), Túnez (33.080) y Mauritania (3.537)[8].

Sin embargo, otros índices permiten ser más optimistas.  Es el caso de la inflación, que salvo el caso de Libia (24,4% en 2005)[9], todos los países del Magreb poseen registros de un solo dígito: Marruecos y Túnez, 2%; Mauritania, 5,1% y Argelia, 5,5%[10].  El promedio africano es de un 10,6%, lo cual demuestra la tendencia a la estabilidad de los precios no sólo en el Magreb, sino que también a lo largo de todo el continente.

Política y socialmente, las diferencias también son bastante explícitas.  En Túnez, Ben Alí gobierna desde 1987, siendo elegido Presidente en las elecciones de 1989, 1994, 1999 y 2004.  Para poder participar en los comicios de 2004, se debió realizar una modificación a la Constitución, para que así pudiese aspirar a un cuarto mandato[11].  Pero lo peor no es que en los últimos 20 años gobierne la misma persona, sino que la manera de establecer y manejar el poder.  Desde comienzos del régimen de Ben Alí se han llevado a cabo diversas protestas, demandas y acusaciones por parte de asociaciones de Derechos Humanos, acusando al Presidente tunecino de violar los derechos inalienables de toda persona.  Las torturas y detenciones se han convertido en algo normal dentro de este tipo de gobierno, que goza de poder absoluto, ya que en las últimas elecciones legislativas arrasó y se constituyó como la principal fuerza política.

En Argelia la situación no parece estar mejor y tras 15 años de inestabilidad, luchas armadas y lo que muchos consideran como una guerra civil, el poder parece tambalear.  Aun cuando se han celebrado elecciones presidenciales y legislativas, el ambiente está pletórico de rivalidades, muchas de ellas provenientes de hace décadas.  Uno de los principales problemas ha sido la irrupción del FIS como una importante fuerza política, en detrimento del FLN, acostumbrado a ser el partido de gobierno y amplio dominador en los comicios.  Al igual que su vecino Túnez, la represión por parte del gobierno y sus fuerzas de seguridad ha minado el proceso de lenta democratización.  A este gran problema se suman las constantes revueltas en la inagotable Kabilia, la difícil situación de etnias como los beréberes y los tuaregs y el siempre latente y presente peligro de grupos terroristas, dentro del cual destaca el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, el cual es uno de los principales aliados y brazos armados de Al Qaeda en el norte de África.

En Libia, Muammar al Gaddafi lleva 38 años en el poder y no ha dado grandes señales de cambiar el sistema imperante.  Si bien abandonó los métodos terroristas y los programas de construcción de armas de destrucción masiva, aún queda un manto de interrogantes por sobre la aparente pasividad del gobierno libio.  Su bonanza económica y una diplomacia mucho más inteligente le han permitido gozar de más estabilidad en los últimos años.  El último incidente tiene que ver con las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino, condenados a muerte luego de ser declarados culpables de haber infectado con SIDA y en forma voluntaria a 426 niños en el Hospital de Benghazi, en 1998.  La Unión Europea ha tenido una activa participación en el hecho y en enero de este año amenazó a Libia con “revisar” las relaciones en caso de no llegarse a una solución “positiva, equitativa y rápida”.

En Marruecos, se viven momentos de relativa calma y la mayor preocupación del rey Mohamed VI parece estar centrada en el desarrollo económico y cultural del reinado.  Atrás quedaron las malas experiencias del pasado, experimentadas, principalmente, por Hassan II en la década de los años setenta.  Hoy, Marruecos realiza intensos y sistemáticos intercambios y acuerdos comerciales, culturales y sociales con España, Bélgica, Burkina Faso, Malí y Camerún, entre otros países.  A pesar de tener estabilidad interna, el mayor problema tiene que ver con la cuestión del Sahara Occidental, que aún no ha sido definida.  En lo social, otro de los inconvenientes se relaciona con la inmigración ilegal, no sólo de marroquíes, sino que de africanos, los cuales utilizan a Marruecos e Islas Canarias como vía de ingreso hacia Europa. El tema humanitario y los abusos cometidos por las fuerzas marroquíes y españolas se han establecido como dos puntos fijos en la agenda de conversaciones entre Marruecos y España.

En Mauritania, hace poco se realizaron las primeras elecciones democráticas y transparentes de toda la historia, que culminaron con la victoria de Sidi Ould Cheikh Abdallahi en la segunda vuelta electoral.  El caso mauritano ha sido todo un ejemplo, ya que la transición democrática tuvo un camino menos sufrido que en el caso de otras naciones.  Para muchos, el actual reto de la República Islámica de Mauritania será saber mantener la institucionalidad y los elementos propios de la democracia, al mismo tiempo que deberá bregar por una serie de problemas, que han postrado a los mauritanos a vivir en la pobreza durante décadas.  Otro gran desafío tiene que ver con las pugnas entre la población árabe y beréber del norte mauritano y los habitantes negroafricanos del sur del país.  En años anteriores, estas diferencias provocaron sangrientas luchas y movilizaciones, las cuales incluso derivaron en problemas limítrofes entre Senegal y Mauritania.

¿Hacia dónde se dirige el buque magrebí?

Entonces, analizando la situación económica, política y social del Magreb las conclusiones comienzan a brotar espontáneamente.  Existen, como era de esperar, elementos que juegan a favor y en contra del mundo magrebí y sus pretensiones de transformarse en un referente del universo árabe-musulmán.  Claro, muchos caerán en la inevitable comparación con los otros ejes del mundo árabe e islámico, pero lo cierto es que aquello no es justo, ni tampoco correcto.  No se pueden comparar realidades tan distintas, ya que a pesar de tener una religión común y, en algunos casos, una cultura y un idioma compartido, las notorias diferencias geográficas, físicas y contextuales de una y otra región hacen estéril cualquier tipo de paralelo que busque establecer lo “mejor” y lo “peor”.

Efectivamente, el Magreb está a años luz de países ricos y desarrollados como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar, los cuales poseen grandes e importantes reservas de petróleo en pequeñas superficies territoriales.  Algunos de estos países apenas superan el millón de personas[12] y, por lo mismo, logran un nivel de vida demasiado alto en comparación al resto de las naciones árabes y musulmanas.  Respecto al Medio Oriente, Egipto y otras naciones asiáticas, la brecha se ha acortado y, de hecho, los índices económicos son bastante parejos.  De todas formas, la tarea no sólo incluye igualar o superar las tasas de crecimiento del PIB, los niveles de inflación o la balanza de pago.  Se trata de establecer una buena distribución de las riquezas y de educar a las masas.

Culturalmente, el Magreb nada tiene que envidiar a otras zonas del mundo, ya que posee una exquisita y especial fusión de elementos culturales, raciales y religiosos, que le otorgan un atractivo sin iguales.  Durante años se produjo un intercambio mercantil entre europeos, africanos y asiáticos, lo cual derivó en transmutaciones de la cultura.  Es así que el arte, la literatura, la arquitectura, la gastronomía y la pintura, por dar algunos ejemplos, presentan cánones y estilos incomparables y muy propios de esta zona.  Al mismo tiempo, la mezcla racial entre beréberes, árabes, negros, blancos europeos y otros pequeños grupos minoritarios entregan una composición étnica interesante y de gran trascendencia.  En ella se unen el nomadismo y el sedentarismo; el tribalismo africano y los sistemas modernos.

Quizás la aparición de líderes políticos de real peso a nivel internacional y un  vuelco hacia Oriente, mediante la oposición ante Occidente, podrían darle un rol más protagónico al Magreb.  Hoy, en una época de divisiones religiosas, muchas veces no se puede ser amigo de unos y otros.  Lamentablemente, la política actual y la diplomacia mundial obligan a establecer alianzas permanentes, aunque forzosas.  Es lo que ha ocurrido con la crisis nuclear iraní, con la famosa “guerra contra el terrorismo” y la crisis del pueblo palestino.

Tal vez, el error magrebí ha sido fijarse en los puntos de desencuentro más que en los de encuentro y, por ello, la Unión del Magreb Árabe sólo es un compromiso firmado.  Si eliminan sus fronteras ideológicas, si adoptan una postura abierta al diálogo y si buscan la solución a sus problemas limítrofes, entonces quizás logren entablar un lugar de reunión en el cual la conversación y los acuerdos sean lo principal.  Si aquello ocurre, podrán tener un mensaje único e inequívoco, capaz de ser comprendido por todo el mundo árabe y musulmán.  Recién ahí, la Conferencia Islámica y la Liga Árabe los mirarán con más respeto y les otorgarán las responsabilidades y el puesto que, previa demostración de aquello, les pertenece.

Pero si continúan en el balancín eterno, pensando si les conviene apoyar a Irán, Palestina e Iraq o si es mejor mantener  buenas relaciones con la Unión Europea y Estados Unidos, entonces no tendrán un lugar.  Ni en la comunidad europea y sajona, ni en el mundo árabe-musulmán. Ni en occidente, ni en oriente.

Ni en el Magreb, ni en el Mashrek.



[1] Según los datos estadísticos de la Guía del Mundo 2007, el Magreb aporta con el 23.08% de la población árabe total; si se le suman los otros estados africanos (43.80%), el total de los países árabe-africanos es de 66.88%).

[2] Hay que recordar que la Unión Africana se estableció recién en febrero de 1989.

[3] Defino como “África árabe-musulmana” a la zona que abarca países que sin ser parte del Magreb poseen una importante cultura árabe y/o musulmana y una población que, aunque negroide, presenta ciertos rasgos arábigos, moros o beréberes.  Hablamos de Malí, Níger, Chad, Djibouti, Sudán y Somalía.

[4] Se estima que en China habría al menos 30 millones de musulmanes.  En India, el número sería cercano a los 130 millones.

[5] Afganistán, Albania, Azerbaiyán, Bangladesh, Benín, Brunei, Burkina Faso, Camerún, Comoros, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Guyana, Indonesia, Kazajstán, Kirguistán, Maldivas, Mozambique, Nigeria, Pakistán, Senegal, Sierra Leona, Suriname, Tayikistán, Togo, Turkmenistán, Uganda y Uzbekistán.

[6] Fuente: Fondo Monetario Internacional

[7] Ibid

[8] Fuente: Fondo Monetario Internacional.  Las cifras de Libia corresponden a 2005.

[9] Fuente: Banco Mundial

[10] Fuente: Fondo Monetario Internacional

[11] La Constitución establecía que un Presidente podía ejercer como tal sólo tres veces.

[12] Entre los tres estados suman 8.472.507 habitantes.

Comentarios (0)

Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

[…] Seguir leyendo

Encuestas

La integración político-social africana es:

View Results

Cargando ... Cargando ...

Podcast