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Malí, una caja de Pandora

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Malí, una caja de Pandora

Fecha 18/01/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

No es una novedad, ni tampoco algo sorprendente, pero ya se oficializó la intervención militar que tendrá lugar en pleno Sahel y que tiene por objetivo, aparentemente, la recuperación de la estabilidad político-social de un país.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 26 de diciembre, 2012

REUTERS/Adama Diarra

REUTERS/Adama Diarra

Se trata de las fuerzas internacionales que, según se ha dicho, a comienzos del segundo semestre de 2013 intervendrán el norte de Malí, territorio que se ha convertido en tierra de todos y de nadie en el último año.

La historia ya es conocida. Hace más de un siglo que ya existen antecedentes sobre las rebeliones tuareg en Malí, las cuales, año tras año y década tras década, han sido subestimadas e ignoradas –salvo excepciones- por los gobiernos (sahelianos y magrebíes) involucrados.

En 1963, 1990 y 2007 se originaron tres de los más famosos alzamientos de los tuaregs –en la era de África independiente-, pero en 2011 se produjo, quizás, la más potente de todas las revueltas de estos nómades.

En paralelo a eso, el gobierno de Amadou Toumani Touré fue víctima de un golpe de estado, liderado por militares y de esta forma comenzó a gestarse el ambiente propicio para que se iniciara una nueva rebelión tuareg. La acefalía gubernamental de Malí fue fundamental para que entrara en escena el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), un grupo que aunaba a los tuaregs que estaban dispuestos a luchar por su independencia.

El problema es que la precaria institucionalidad de Malí no sólo atrajo a los rebeldes tuareg, sino que también a los islamistas radicales y, particularmente, a quienes ven al terrorismo como una forma de conseguir sus objetivos.

Fue así que en cosa de meses aparecieron Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento por la Unidad y la Jihad en África Occidental (MUJAO). A ellos se sumaría Ansar Dine, una facción islamista de los tuaregs, grupo que se desprendería de los laicos del MNLA.

Cerrando el círculo, no se debe olvidar que el Sahel es una zona en la cual abunda el tráfico de drogas y personas.

Con todos estos elementos, Malí se ha convertido en un cuasi estado fallido. La parte septentrional (conocida como Azawad, que es el territorio reivindicado por el MNLA) está en disputa por el MNLA, islamistas radicales, terroristas, contrabandistas y traficantes, mientras que la zona al sur del Azawad está en dominio del gobierno transitorio de Malí, que poco y nada puede hacer al respecto.

Dicha situación ha generado mucha preocupación en los países directamente involucrados (Mauritania, Malí, Níger, Libia y Argelia), pero también en otros cercanos como Burkina Faso, Nigeria, Senegal y Marruecos. Es así que la Unión Africana (UA) y la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) apostaron por enviar una fuerza africana a la zona en disputa.

Tras el lobby necesario, se obtuvo el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU y, quizás más relevante aún, se cuenta con el estricto aval de Francia y, en menor medida, de Alemania.

Así las cosas, parece evidente que la vía de la intervención marcha a paso seguro y, en ese sentido, ya se empiezan a consolidar las especulaciones. Por ejemplo, Francia finalmente enviará 400 efectivos militares, contradiciendo su postura inicial de “sólo ayudar en el aspecto logístico”. Esto último reafirma el interés que tiene Francia en su antigua colonia, pero no desde un punto de vista altruista, sino que a partir de los intereses económicos.

Por eso, es hora que el mundo entienda que este conflicto pudo y debió tener una solución diplomática, pero que los gobiernos regionales y las potencias presentes en la zona (Estados Unidos y Francia) no quisieron o no fueron capaces de escuchar a los tuareg y negociar una salida pacífica.

En este contexto, la intervención militar en el norte de Malí quizás sea necesaria, pero no se debe olvidar que ésta puede generar un conflicto de alcances difíciles de prever y, peor aún, tal vez se convierta en un nuevo nicho de intervención fallida.

El robo de recursos naturales, la destrucción de estados y el abandono tras la división social y la ruina económica están a la vuelta de la esquina.

Y no son novedad en África.

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Elecciones en Costa de Marfil, la otra cara de la moneda

Fecha 28/06/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 30 de octubre tendrían que haberse realizado las elecciones presidenciales en Costa de Marfil. Sin embargo, éstas fueron suspendidas, ya que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) consideró que el país no estaba preparado para aquello, tomando en cuenta la recomendación de la Unión Africana (UA),  que propuso extender en un año más el proceso de pacificación en Costa de Marfil. Tras esta nueva resolución, se estableció que las próximas elecciones presidenciales se llevarán a cabo de aquí al 30 de octubre del 2006.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 de junio, 2006

laurent-gbagbo1El país aún está muy dividido entre los seguidores de Laurent Gbagbo -elegido en forma democrática, el 2000- y los rebeldes, agrupados en las Fuerzas Nuevas (FN). Estas últimas presentan tres ramas o grupos de lucha -Movimiento Patriótico de Costa de Marfil (MPCI), Movimiento Popular Marfileño del Gran Oeste (MPIGO) y Movimiento Por La Justicia Y La Paz (MJP)-, que controlan el norte del país después de septiembre del 2002.

El proceso de paz no ha tenido éxito, pues ambas partes (Gbagbo y las FN) han adoptado postruas muy lejanas y no han demostrado una gran apertura hacia el diálogo. En pocas palabras, se trata de intransigencia por parte de lado y lado. De hecho, ahora ha aumentado la tensión, pues en los últimos días se ha producido una guerra mediática, en la cual los líderes de cada sector han dado a conocer sus ideas. El actual presidente dijo que «jamás permitirá la decapitación del estado de Costa de Marfil» y que continuará en su mandato hasta que las elecciones se realicen. A su vez, las fuerzas rebeldes designaron al líder del MPCI, Guillaume Soro, como Primer Ministro del futuro gobierno de transición.

De todas formas, las declaraciones hechas por las FN no tuvieron mayor acogida en el resto del país. Incluso partidos políticos opositores le negaron legitimidad a lo establecido por las Fuerzas Nacionales. Uno de los miembros del G7 (agrupación compuesta por las FN y los opositores al gobierno de Gbagbo), Alphonse Djedje Mady, aseguró que «las Fuerzas Nacionales pueden proponer un nombre al cargo de Primer Ministro, pero no tienen la facultad para nombrarlo en condición de tal».

Lo preocupante es que la situación es aún peor, ya que no sólo flaquea la estabilidad del país, sino que la división geográfica amenaza con alargar aún más un conflicto político, extremadamente peligroso y que puede terminar en una guerra civil de grandes proporciones.

En este sentido, se hace imperioso contar con la ayuda de los mismos países africanos. Lamentablemente, los rebeldes rechazan a Sudáfrica como mediador del enfrentamiento y aseguran que no acatarán lo establecido en conversaciones en las cuales participe el estado sudafricano. Según ellos, Sudáfrica es un mediador parcial y, además, lo acusan de haber vendido armas al gobierno marfileño, lo cual constituye una violación a la resolución de embargo establecida por parte de la ONU.

Hoy, el estancamiento del proceso de paz parece amenazar fuertemente el equilibrio de la política y sociedad marfileña. Los problemas no logran superarse y lamentablemente se han postergado diversos encuentros, en los cuales ambas partes tenían que conversar acerca de varios puntos aún sin solución pacífica. Mientras, los rebeldes no dejarán sus armas y proseguirán su lucha. Sin embargo, dijeron estar de acuerdo en reanudar el diálogo, siempre y cuando Sudáfrica no actúe como intermediario. Nigeria aparece como posible candidato, pero eso aún debe discutirse.

En conclusión, ahora será el turno de la Unión Africana de velar por el correcto funcionamiento de la democracia e institucionalidad en Costa de Marfil. El presidente de la UA, el nigeriano Olusegun Obasanjo, deberá adoptar un rol más activo. De seguro le tocará responder como máximo representante de la UA, pero puede ser que su país deba interceder como mediador. Sea cual sea el caso, lo importante es que aún queda una luz de esperanza.

Muy pequeña, pero aún con vida.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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