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Marruecos-Polisario: ¿un nuevo episodio militar en el Sahara?

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Marruecos-Polisario: ¿un nuevo episodio militar en el Sahara?

Fecha 15/11/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Durante el 12 y 13 de noviembre, las Fuerzas Armadas Reales (FAR) de Marruecos llevaron a cabo la misión de destrabar el conflicto que venía gestándose desde el 21 de octubre, día en el cual manifestantes saharaouis, provenientes del territorio bajo control del Polisario, realizaron un bloqueo de la ruta en la zona tampón de Guerguerat. Tras cerca de tres semanas y media de incertidumbre, el rey Mohammed VI tomó la determinación de poner fin a esta situación. Sin embargo, ¿qué pasó y por qué ocurrió esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy |  13 de noviembre de 2020

Los choques entre el Polisario y Marruecos no son una novedad y, de hecho, siempre hay movimientos a nivel mediático y diplomático. Sin embargo, desde el cese al fuego, firmado en 1991, ninguna crisis había escalado al nivel de generar una confrontación armada. De hecho, el conflicto de 2017 logró resolverse gracias a la mediación de Antonio Guterres y sin ataques por parte de ambos bandos.

Esto se mantuvo hasta la noche del 12 de noviembre y la madrugada del 13 del mismo mes, momento en el cual las fuerzas militares marroquíes procedieron a establecer un cordón de seguridad, para así permitir la libre circulación de personas, bienes y vehículos de transporte. Afortunadamente, no hubo muertos, ni tampoco heridos, y, de hecho, todo indica que los militares marroquíes se encargaron de dispersar a los manifestantes poniendo énfasis en su seguridad. Luego, según informaron diversos medios locales y argelinos, se habrían producido pequeños intercambios entre los efectivos del Polisario y de Marruecos, aunque sin grandes consecuencias. Durante la jornada del viernes 13 de noviembre, el gobierno de Marruecos dio por terminada la operación militar y se jactó de haber finalizado el asunto sin heridos, ni fallecidos.

(Agencias)

Más allá de este hecho, cabe preguntarse por qué sucedió este enfrentamiento. Al respecto, se podrían esgrimir las históricas variables, pero queda la impresión que lo de esta ocasión fue por las actuales coyunturas. En este sentido, vale la pena revisar, brevemente, qué ha pasado en los últimos meses. Para hacer esto, qué mejor que una revisión de la línea cronológica de eventos.

Cronología de hechos de los últimos tres meses

25 de agosto: El Polisario relanza su proyecto de población del territorio al este del muro de las arenas.

29 de septiembre: El Polisario rechaza los dichos de Pedro Sánchez, jefe de gobierno de España, sobre el Sahara Occidental. Se le acusó de apoyar la postura marroquí al realizar un discurso en la Asamblea General de la ONU.

2 de octubre: Antonio Guterres publica un nuevo reporte sobre el Sahara. Un día después, afirmó que sigue convencido que se puede alcanzar una solución pacífica.

7 de octubre: El Polisario declara que el reporte de Guterres no refleja la realidad del Sahara. El mismo día, Italia declara que le da la bienvenida a los serios y creíbles esfuerzos de Marruecos.

12 – 14 de octubre: Se realizan dos reuniones técnicas del Consejo de Seguridad de la ONU, como preparación para la resolución que se adoptará el 28 de octubre.

16 de octubre:  El Polisario amenaza con establecer relaciones de defensa mutua con estados africanos.

20 de octubre: Jordania reitera su apoyo al plan de autonomía propuesto por Marruecos. La Alianza del Pacífico también expresa lo mismo.

21 de octubre: Guinea-Bissau abre un consulado en Dakhla y firma cuatro acuerdos de cooperación con Marruecos. El mismo día, “decenas de civiles saharaouis” bloquean Guerguerat, una especie de zona tampón que une Nouadhibou (Mauritania) con las provincias del sur marroquíes (Sahara Occidental).

22 de octubre: República Centroafricana reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara. Bahrein expesa su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Marruecos. A su vez, Yemen valora los esfuerzos de Marruecos por encontrar una solución perduradera.Por último, Eswatini expresa su apoyo a la propuesta de autonomía y a la marroquinidad del Sahara.

23 de octubre: Arabia Saudita reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara y al plan de autonomía propuesto por Marruecos. En la misma línea, Gabón declara que el plan de autonomía  es la “solución de compromiso por excelencia”. Guinea-Bissau vuelve a decir que apoya en forma permanente la marroquinidad del Sahara. En este mismo día, Burkina Faso, Guinea Ecuatorial y Guinea-Bissau abren consulados en la ciudad de Dakhla.

24 de octubre: Malawi afirma que se debe llegar a una solución enmarcada en la integridad territorial de Marruecos. Islas Comoras reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara y al plan de autonomía, en tanto que Emiratos Árabes Unidos reconoce la marroquinidad del Sahara y la integridad territorial de Marruecos. En paralelo, Burundi expresa que mantener el diferendo “por el Sahara marroquí” entrave la integración magrebí. República Centroafricana, Kiribati, Guinea y tres países caribeños (Dominica, Santa Lucía y Antigua y Barbuda) realizan declaraciones similares, entregando su apoyo a Marruecos.  Zambia inaugura su embajada en Rabat y anuncia una pronta apertura de un consulado en Laayoune. El Polisario amenaza con retomar las armas.

26 de octubre: Chad reitera que rompió relaciones con la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD) en 2006.

27 de octubre: Emiratos Árabes Unidos y Marruecos anuncian que el primero de ellos abrirá un consulado en Laayoune. El mismo día, Eswatini y Zambia inauguran sus respectivos consulados en Laayoune.

28 de octubre: Gabón reafirma su apoyo constante a la marroquinidad del Sahara.

30 de octubre: Estados Unidos anuncia que la iniciativa marroquí de autonomía es creíble, seria y realista.

30 de octubre: El Consejo de Seguridad de la ONU renueva por un año más el mandato de la Minurso.

1 de noviembre: Argelia expresa que no le teme a nadie.

2 de noviembre: Las carga pesquera, estimada en unas 200 toneladas, de cinco barcos gallegos se encuentra detenida, luego que manifestantes saharauis hayan mantenido el bloqueo por cerca de dos semanas.

4 de noviembre: Emiratos Árabes Unidos abre su consulado en Laayoune, mientras que Libia anuncia que hará lo propio en las próximas semanas. En la misma jornada, Argelia reitera su constante postura a favor de la autodeterminación del pueblo saharaoui.

5 de noviembre: Djibouti respalda el plan de autonomía propuesto por Marruecos.

6 de noviembre: Diversos medios informan que prontamente se abrirán más consulados en Laayoune y Dakhla. Dentro de los posibles candidatos, aparecen países del Golfo Pérsico, pero incluso se menciona a otros como Jordania.

10 de noviembre: El Polisario amenaza con romper el cese al fuego, establecido en 1991 y que, desde entonces, ha sido respetado por ambas partes.

11 de noviembre: El gobierno de Mauritania anuncia que sus fuerzas militares habían reforzado sus posiciones en la frontera con el Sahara Occidental.    

12 de noviembre: Se intensifican los movimientos en la zona controlada por el Polisario. Se llama a los saharaouis a manifestarse. En paralelo, Gambia y Marruecos firmaron acuerdos de cooperación y el primero de ellos reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara. El mismo día, se informa que Sudáfrica intentaría realizar una mediación en el conflicto y que Argelia habría ordenado, a sus embajadores en América Latina, que activen su presencia en la región, para así defender al Polisario.

12 – 13 de noviembre: En la noche del 12 al 13 de noviembre, las Fuerzas Armadas Reales establecieron un cordón de seguridad, para así permitir la circulación de personas, camiones y vehículos por el paso de Guerguerat. Se informa que las fuerzas marroquíes respondieron a las provocaciones de las fuerzas militares del Polisario. Mientras Marruecos asegura que tres observadores militares y otros dos representantes de la ONU fueron testigos del incidente, Brahim Ghali, secretario general del Polisario, contactó a Antonio Guterres y le pidió una intervención de la ONU. Esto último, ante los supuestos ataques contra civiles realizados por los militares marroquíes.

Comentarios sobre lo ocurrido

Como se puede apreciar, Marruecos ha tenido importantes avances diplomáticos respecto del Sahara Occidental. En primer lugar, durante 2020, 16 países africanos abrieron o anunciaron la apertura de consulados en Dakhla y Laayoune, ciudades que se ubican en lo que las autoridades marroquíes denominan “provincias del sur”. Junto a esto, Emiratos Árabes Unidos inauguró un consulado el 4 de noviembre, mientras que Libia confirmó que también hará lo mismo.

En paralelo a lo anterior, ciertos países han vuelto a decir que la propuesta marroquí de autonomía es “seria”, “creíble” y “realista”, lo cual va de la mano con las últimas resoluciones elaboradas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Este último, parece ser que cada vez más se va ajustando a una solución “justa”, “duradera” y “realista”. Por ende, se puede concluir que en la ONU entienden que, por diversos motivos, la realización del referéndum es casi imposible. Primero, por lo difícil que sería establecer quiénes serían saharaouis y quiénes no lo serían. Además, es altamente probable que ninguna de las partes involucradas acepte el resultado final de un eventual referéndum de autodeterminación. Por último, en la parte administrada por Marruecos viven cerca de 600.000 personas, distribuidas en varias localidades y en ciudades de mediano tamaño como Laayoune (218.000 habitantes aproximadamente) y Dakhla (107.000). En paralelo, la postura marroquí no va a cambiar, en el sentido que ellos no se sentarán a negociar una salida que implique la pérdida del Sahara Occidental. En este contexto, la ONU, pero también muchos países, asumen que lo mejor es buscar una solución “justa”, “duradera” y “realista”.

Tampoco se debe soslayar que el Polisario ha seguido perdiendo apoyos y una demostración de aquello son las declaraciones de Chad y Guyana, países que en su momento reconocieron a la autodenominada República Árabe Saharaoui Democrática, pero que han anunciado el fin de dicho reconocimiento. Así es que, recientemente, Chad confirmó (el 26 de octubre) la ruptura de las relaciones con la RASD en 2006, mientras que Guyana declaró (el 14 de noviembre) que dejaría de reconocer a la RASD.­­ Si a fines de la década de 1980 el Polisario podía jactarse del apoyo de al menos 80 estados, hoy la cifra se sitúa entre 27 y 30.

Relacionado con lo mencionado en los anteriores párrafos, se ha especulado con el eventual establecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel. Si bien esto parece improbable en el corto e incluso mediano plazo, no sería extraño que ciertos países comiencen a realizar gestos diplomáticos a Marruecos, para que este último tome la decisión de generar nexos con Israel. Es así que se espera que otros estados del “mundo árabe” sigan los pasos de Emiratos Árabes Unidos (primer país del Golfo Arábigo y del Consejo de Cooperación del Golfo que cuenta con un consulado en el Sahara Occidental) y Libia (primer  país del Magreb que anunció la apertura de una misión diplomática en el Sahara Occidental). En esta línea, cabe destacar que Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar expresaron su apoyo a Marruecos por la operación militar desarrollada en Guerguerat y, al mismo tiempo, rechazaron la “provocación” del Polisario.

Por último, el Polisario siempre ha contado con el apoyo de Argelia, pero este último se encuentra en un complicado momento. El movimiento Hirak, que comenzó en febrero de 2019 y sigue activo, mantiene sus demandas sociales y pide cambios en la institucionalidad democrática del país, a lo cual se suma la desconfianza de la ciudadanía respecto de la clase política argelina. Una demostración de esto último fue la baja participación en el referéndum constitucional ocurrido el 1 de noviembre, en el cual votó cerca del 27% del electorado. En paralelo, el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, sufrió el contagio de Covid-19 y, tras ser internado en un hospital militar argelino, fue trasladado a Alemania. En dicho país ha permanecido hospitalizado y su estado de salud es una incógnita. Si bien se había anunciado una mejoría de su estado de salud, en los últimos días se ha difundido que su situación se habría agravado. Más allá de esto, Argelia nuevamente se ve enfrentado a un vacío de poder, lo cual podría ser aún peor en caso que el actual mandatario no pudiese retomar sus funciones en el corto plazo. En este contexto, se ve poco probable que Argelia desee un conflicto armado en sus propias fronteras, especialmente porque atraviesa por una crisis económica, la cual se agravó por la pandemia del Covid-19.

Además, el conflicto de Malí, que tiene implicancias para Argelia, es otra preocupación para el gobierno argelino y, por lo mismo, sumar más inestabilidad política y social en la región sería catastrófico para Argelia, pero también para todo el Magreb, el Sahel e incluso África Occidental.

En resumen, todo apunta a que, en un acto de desesperación, el Polisario intentó militarizar un conflicto que, aunque sigue existiendo, desde 1991 se había mantenido dentro de ciertos márgenes razonables, es decir, privilegiando la paz de la región y la estabilidad de los países involucrados. En este escenario, la respuesta marroquí fue un acierto del rey Mohammed VI, ya que dispersó a los manifestantes, desbloqueó la ruta y, tal cual se informó el sábado 14 de noviembre, el paso fronterizo de Guerguerat volvió a funcionar con normalidad. Así, el Polisario no logró que Marruecos cayera en la trampa e iniciara un feroz ataque que pudiese generar una escalada del conflicto. Así las cosas, Marruecos se anotó un triunfo diplomático, mientras que el Polisario sumó un nuevo traspié.

Ahora, habrá que ver lo que ocurra en los siguientes días, aunque el Polisario sabe que no puede plantear una guerra en la cual, además de perder militarmente, podría generar la muerte de civiles. Eso sería un desastre para el Magreb, África y, finalmente, para países europeos del Mediterráneo como España, Francia e Italia. Si el Polisario realmente quiere alcanzar una solución, debe dejar las armas y tiene que buscar un acuerdo con Marruecos. Esto último, con la mediación de la ONU, pero, idealmente, por medio de una solución generada y consensuada en el Magreb. La experiencia de Libia, donde gracias a las negociaciones desarrolladas en Marruecos y Túnez se ha logrado establecer la fecha de las próximas elecciones, debería ser tomada en cuenta.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

Fecha 10/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile dio a conocer la noticia del cierre de las misiones diplomáticas chilenas en Dinamarca, Grecia, Rumania, Siria y Argelia. Fue una noticia que generó sorpresa, pues no hubo mayores explicaciones por parte de la cancillería de Chile. De hecho, la información se difundió a través de un medio nacional. Más allá de esto, ¿qué se puede analizar de la decisión de cerrar la Embajada de Chile en Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de junio de 2020

Antes de vislumbrar las proyecciones del asunto, es necesario recordar que África tiene una mínima importancia para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Minrel) y esto ha sido la tendencia histórica en la diplomacia chilena. Actualmente, el estado chileno tiene apenas siete representaciones en territorio africano, que son las embajadas en Argelia, Egipto, Marruecos (norte de África), Ghana (África Occidental), Kenya, Etiopía (Cuerno de África) y Sudáfrica (África Austral). Si proporcionalmente ya parece insuficiente (solo hay misiones diplomáticas en siete de los 54 estados africanos), se debe agregar que la Embajada de Chile en Etiopía en realidad se cuelga de la presencia chilena en la ONU y responde, más bien, a la necesidad de tener presencia en un organismo internacional. La situación en Kenya es bastante similar, mientras que en Ghana y Marruecos se comparte la sede diplomática con Colombia. En resumen, es evidente que la política exterior chilena no le da mucha importancia, ni recursos, a su proyección en África.

Ahora, dentro de este contexto, es importante revisar, brevemente, cómo ha sido el historial diplomático de Chile con el Magreb. Al respecto, el puntapié inicial fue en 1961, cuando Chile estableció relaciones diplomáticas con Marruecos y Túnez, situación que repitió con Argelia, en 1962, al reconocerlo como un estado independiente. En 1963, Chile nombraría embajadores en Argelia y Túnez, mientras que en Marruecos optó por tener un encargado de Negocios. A su vez, en 1964, Argelia nombraría a su primer embajador en Chile. Cabe mencionar que el estado chileno inició sus nexos diplomáticos con Mauritania en 1965, en tanto que con Libia lo hizo en 1971. Como se puede ver, Chile tuvo un cierto interés en generar vínculos con estos nacientes países, pero no pasó de ser un gesto inicial.

En el caso de Marruecos, la primera embajada chilena residente se estableció en 1977, pero poco tiempo después sería cerrada y recién en 1998 volvería a abrir. Argelia y Chile vivieron una “luna de miel” entre 1970 y 1973, pero los nexos entre ambos estados se cortarían tras el golpe de estado militar ocurrido en Chile. En cuanto a Túnez, dicho país pareció tener mayor relevancia estratégica para Chile, especialmente en la década de 1960, pero poco a poco perdió peso. Con el regreso de la democracia a Chile, en 1990, las cosas cambiarían. Así fue que Argelia y Chile retomarían sus nexos, Marruecos y Chile los estrecharían y, por contrapartida, Chile anunciaría, en 2000, el cierre de su misión diplomática en Túnez. Quedaba claro, entonces, que la política chilena apostaría por los dos grandes del Magreb, es decir, Argelia y Marruecos.

Sin embargo, aquello tampoco sería un gran cambio, pues durante el siglo XXI la diplomacia chileno estuvo enfocada en sus históricos vínculos y también en otros emergentes. Estos últimos, principalmente, comerciales. Es así que Chile comenzó, en la década de 1990, su apuesta por la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) y, en este sentido, se enfocó en potencias con las cuales ya tenía buenos nexos (Europa y Estados Unidos), pero también en mercados emergentes como Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y otros países asiáticos (especialmente del Asia-Pacífico y Sudeste Asiático). En este escenario, remarcando el nulo interés por África, no se firmaron TLC con países africanos, ni tampoco acuerdos de otra índole.  En lo político, el asunto tampoco se modificó mucho.

Algunos datos sobre la relación diplomática entre Chile y el Magreb

La relación entre las dos partes ha sido poco densa e, incluso, con un comportamiento irregular. Argelia y Marruecos concentran casi toda la actividad del vínculo entre Chile y sus pares magrebíes, dejando en un segundo plano, bastante irrelevante, a Libia, Mauritania y Túnez. De hecho, tomando en consideración la información oficial publicada en las Memorias del Minrel -la cual llega hasta 2017-, en los últimos diez años los números son contundentes. En este sentido, la agenda bilateral Chile-Magreb muestra que entre Argelia y Marruecos suman el 88.79% del total de hitos durante el período 2008-20017. [1] Si bien la actividad diplomática de Chile con estos dos estados es bastante pareja, con Marruecos parece ir adquiriendo algo más de peso. Esto se refleja, por ejemplo, con el hecho de que, en los últimos cinco años, Marruecos concentra 26 hitos, en tanto que Argelia llega solo a 15.

Lo mencionado anteriormente también se ve reflejado en los acuerdos, de diversa índole, firmados entre Chile y sus pares magrebíes. Si con Argelia tiene dos tratados, con Marruecos llega a siete. Esto demuestra, por un lado, que las relaciones con los dos principales países magrebíes no tienen mucha densidad y que, por el otro lado, Marruecos ha ido generando un mayor acercamiento. La puesta en marcha del Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones, por más que el proyecto parezca estar estancado, y la visita del rey Mohammed VI, en 2004 y que fue la primera de un monarca de un “país árabe” a Chile, parecen consolidar que Marruecos tomó la delantera respecto de sus vecinos magrebíes.

En cuanto al comercio, durante el período 2013-2018, Chile registra una balanza comercial de 41,4 millones de dólares con Argelia, mientras que con Marruecos es de 97,2 millones de la divisa estadounidense. Además, se debe mencionar que hace algunos años hubo acercamientos para analizar la factibilidad de un TLC entre Chile y Marruecos, lo cual confirma que el nexo con los marroquíes parece ser más atractivo para la parte chilena.

El enredo del Sahara Occidental

Si hay algo que le importa por igual a Argelia y Marruecos, aquello es el asunto del Sahara, un conflicto que sigue impidiendo la unidad magrebí, pero que, en términos diplomáticos, es uno de los pilares de la política exterior de ambos estados. En este contexto, pensar que América Latina o, si se prefiere, Sudamérica quedarían fuera de aquello sería un error. Para Argelia y Marruecos son más importantes otras regiones del mundo, pero la lucha diplomática por el Sahara Occidental no cesa.

Al respecto, América Latina tiene una importancia histórica, ya que, en el pasado, muchos países de la región apoyaron al Polisario e incluso llegaron a reconocer a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD). Sin embargo, con el paso del tiempo, Marruecos fue ganando terreno en el subcontinente latinoamericano. Tanto así, que si hace algunas décadas el Polisario contaba con el sustento de 29 estados latinoamericanos y caribeños, hoy solo diez mantienen dicha postura[2]. Además, Argentina, Brasil y Chile, tres importantes países de la región, nunca reconocieron a la RASD, ni tampoco se pusieron del lado del Polisario. Hoy, el apoyo regional que conserva el Polisario se encuentra muy amenazado, ya que se basa, principalmente, en un asunto ideológico. Esto último se relaciona con gobiernos que adhirieron a la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez y que, entre otras cosas, retomaba ciertas fidelidades o lealtades diplomáticas generadas en la época de la Guerra Fría. En resumen, es un asunto ideológico, lo cual puede variar con la caída de los actuales mandatarios. Es lo que ocurrió, en enero del presente año, con Bolivia, ya que tras la caída de Evo Morales -uno de los firmes sustentos de la revolución bolivariana- el nuevo gobierno optó por romper relaciones con la RASD. Esto permite concluir que los apoyos de Cuba, México y Venezuela podrían correr riesgo. Junto a eso, en Ecuador y Panamá se han visto posturas ambiguas y cambiantes, lo cual demuestra que el terreno latinoamericano podría cambiar y empeorar para el Polisario y, por ende, Argelia.

¿Por qué Chile tomó la decisión de cerrar su misión diplomática en Argel?

Comprendiendo el contexto que rodea a las relaciones entre Chile y los estados magrebíes, quizás se pueda tener más claridad a la hora de intentar entender cuál fue el motivo que llevó al gobierno chileno a bajar la cortina de la Embajada de Chile en Argelia.

Oficialmente, fue para bajar los gastos -el estado chileno se ahorraría entre 3.000 y 4.000 millones de pesos anuales por el cierre de las cinco misiones diplomáticas en cuestión-, pero quedan algunas dudas. Primero, hace años que se escucha, en los pasillos del Minrel, pero también en los medios, que la política exterior y la diplomacia chilena están en “modernización” o “restructuración”. Sin embargo, todavía no queda claro cuál es ese nuevo paradigma, ni tampoco cuáles serían sus pilares. Básicamente, se mantiene la tradicional postura de participación en foros internacionales, de apego al multilateralismo, de consolidar los vínculos económico-comerciales y de respetar al derecho internacionales. Sobre África, se han hecho algunos tímidos anuncios, pero casi ninguno se ha concretado (salvo algunos acuerdos y acercamientos con pocos estados). Es así que vuelve a aparecer la pregunta, es decir, ¿por qué se cerró la Embajada de Chile en Argelia?

Por ahora, habría que asumir que fue por un costo económico, pero que esto último va asociado a una decisión política -y esto sí es una novedad- de restarle relevancia a Argelia y de consolidar a Marruecos como polo en el norte de África. De hecho, en entrevistas o artículos publicados en medios se puede apreciar que las autoridades chilenas suelen referirse a Marruecos como una “puerta de entrada hacia África”. Además, Marruecos ingresó, como observador y en 2014, a la Alianza del Pacífico.

En los últimos años, Chile ha confirmado su apoyo a la resolución pacífica, acorde a los formatos y las decisiones de la ONU, del conflicto del Sahara Occidental, pero parece ser que, poco a poco, comienza a inclinarse hacia el plan marroquí. Es así que, en enero de 2018, la Cámara de Diputados de Chile reiteró que considera a la propuesta marroquí (de autonomía para el Sahara) como un “esfuerzo serio y creíble”.

En resumen, el cierre de la Embajada de Chile en Argel debe ser visto como una decisión administrativa, pero que, en el fondo, refleja una intención política. Ambos estados (Argelia y Marruecos) están involucrados en un conflicto y, por más que Chile no tenga un rol relevante en dicho asunto, cerrar la misión diplomática chilena en uno de esos países genera un nuevo escenario político y diplomático. Es muy probable que a Argelia le preocupe lo ocurrido, pues Chile se aleja de su postura en el asunto del Sahara, pero tampoco es que pierda tanto. Al contrario, Marruecos sí puede considerar como un triunfo de su diplomacia este gesto chileno. La unión de distintas señales permite concluir que esto sea, quizás, parte de una nueva postura del estado chileno. Sin embargo, también puede que sea un mero hecho administrativo que refleje el descuido de la diplomacia chilena respecto de sus pares. Todo esto se esclarecerá cuando se comunique cuál será la nueva política exterior de Chile y, particularmente, en el contexto africano.

Por último, tal vez sea momento que Argelia revise su política exterior, ya que durante los últimos años del gobierno de Abdelaziz Bouteflika sufrió diversos reveses diplomáticos. Argelia es un referente africano, pero ha perdido peso e influencia en África y en otras regiones. A la inversa, la diplomacia marroquí ha estado muy activa y eso le ha significado avanzar en el asunto del Sahara, pero, aún más importante, recuperar espacios en África y América Latina y el Caribe.


[1] Elaboración propia, basándose en la información obtenida en las Memorias del Minrel.

[2] Cuba, Ecuador, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela son los únicos estados que mantienen el apoyo. A la inversa, los países que se alejaron de dicha postura son Antigua y Barbuda, Bolivia, Barbados, Colombia, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Haití, Jamaica, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Suriname.

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Fecha 7/11/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A propósito del 43er aniversario de la Marche Verde, el rey Mohammed VI realizó su tradicional discurso, aunque, a diferencia de otras ocasiones, tuvo un mensaje directo y conciliador para la vecina Argelia. ¿Será que ambos estados finalmente logren destrabar un conflicto que no solo los afecta a ellos, sino que a todo el Magreb?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 7 de noviembre de 2018

Hace 45 años, España dejó el Sahara y con eso se inició un problema que hasta hoy no tiene solución. Si bien la paz se ha establecido y no se han registrado enfrentamientos armados en más de dos décadas, el tema sigue siendo un gran dolor de cabeza para los directos implicados (Marruecos y Argelia), el Magreb –especialmente para la integración magrebí- y los refugiados.

En los últimos años, la situación no ha variado mucho. Se cambió al enviado especial de la ONU, se superaron algunas polémicas (como la decisión marroquí de expulsar al personal de la Minurso, para luego permitir su regreso) e incluso se intentó llevar el conflicto del Sahara al seno de la Unión Africana (asunto que no prosperó), pero, en su esencia, el problema sigue existiendo y, peor aún, mantiene el statu quo que lo ha caracterizado por largo tiempo.

Sin embargo, algunos hechos permiten tener una luz de esperanza respecto de una posible solución o, como mínimo, un eventual acercamiento que pueda generar las bases de un futuro y fructífero diálogo.

El discurso del rey Mohammed VI

En su habitual discurso del 6 de noviembre, el monarca marroquí recordó la gesta de quienes, con un Corán y una bandera, lograron devolverle el Sahara (provincias del Sur para el reino marroquí) a Marruecos, pero lo llamativo no fue eso –ya es parte de la retórica existente-, sino que los guiños que realizó a Argelia y, particularmente, a Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino.

Con frases como “las relaciones se encuentran en una situación inaceptable” o “desde mi entronización he llamado a la normalización de ellas”, Mohammed VI dejó en claro que en esta oportunidad quería ir más allá de lo usual y planteó, con hechos concretos, su postura de buscar una solución a los quebrados y débiles nexos entre Marruecos y Argelia. En este sentido, se puede destacar su gran propuesta, que es la creación de un mecanismo político conjunto de diálogo y concertación. Sobre este último, el rey mencionó que su estructura, formato y naturaleza se debe convenir entre ambas partes, agregando que Marruecos está abierto a propuestas e iniciativas que Argelia quiera sugerir en este asunto, pero también sobre la forma de mejorar las relaciones entre ambos estados.

En el plano retórico, Mohammed VI insistió en la necesidad de consolidar las relaciones –por medio de un diálogo franco y directo- sobre una base de confianza, solidaridad y buena vecindad. En esta dirección va su petición de reabrir las fronteras terrestres que ambos países tienen, las cuales fueron cerradas en 1994 y que ha generado, entre otras dificultades, la división de familias que viven en ciudades o pueblos fronterizos.

El encuentro de Génova

El alemán Horst Kohler, enviado de la ONU para el Sahara Occidental, tomó la decisión de darle un nuevo impulso al empantanado conflicto y para eso buscó retomar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, las cuales estaban congeladas desde 2012. En este contexto, Kohler no solo consiguió el visto bueno de ambas partes, sino que también invitó a participar en el diálogo a Argelia y Mauritania, los cuales, a su vez, aceptaron participar como observadores.

Si entre el 5 y 6 de diciembre ocurrirá algo novedoso o si se repetirá la tendencia de estas negociaciones –que normalmente suelen dejar escasos o inexistentes avances en concreto- aún está por verse. Sin embargo, es necesario destacar que, a diferencia de otras instancias de diálogo desarrolladas en anteriores años, ahora habrá un contexto regional o multilateral. Básicamente, pues Kohler ha integrado, con gran habilidad, a Argelia y Mauritania en la mesa de diálogo. Y estos último son actores regionales, pues ambos, por uno u otro motivo, siempre han estado implicados en este conflicto. Por ejemplo, los acuerdos de Madrid –los cuales cedían la administración- dejaron una parte del territorio bajo tutela de Mauritania, el cual, tras los enfrentamientos armados con el Polisario, decidió no reivindicar parte del territorio legado por España. A su vez, Argelia ha sido el principal soporte –político, económico y militar- del Frente Polisario. Es de esperar, entonces, que la visión del asunto como un conflicto regional traiga positivas modificaciones.

El contexto argelino

En 2019 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Argelia y, una vez más, Abdelaziz Bouteflika irá por la reelección, la cual, de ser conseguida, le otorgaría un quinto mandato. A pesar que parte de la sociedad y de los partidos políticos avalan esto, se ha ido generando una oposición que, aunque fragmentada, comienza a presionar por cambios reales y no modificaciones cosméticas. Es así que el asunto del Sahara podría ser una buena forma de demostrarle a los argelinos que el continuismo de Bouteflika no significa más de lo mismo y que Argelia puede ser un actor regional y africano de relevancia. A sabiendas de su delicado estado de salud, muchos dudan sobre sus reales capacidades, pero un avance en pos de un verdadero acercamiento con Marruecos sería bienvenido en buena parte de la sociedad argelina y en un importante sector de la política de aquel país.

Junto a esto, se pueden detectar ciertos movimientos subterráneos, al interior del gobierno argelino, que permiten concluir que podrían venir aires de cambio (aunque sean pequeños) sobre el asunto del Sahara. En paralelo, los cambios en las fuerzas armada de Argelia también podrían tener influencia, pues en caso de llegar un general pragmático, la situación podría tener un vuelco.

Y, finalmente, no debe soslayarse el sentido mensaje que envió Abdelaziz Bouteflika al rey Mohammed VI luego del dramático accidente ferroviario ocurrido hace unas semanas en las cercanías de Kenitra.

Precisiones finales

El llamado hecho por Mohammed VI no solo parece oportuno, sino que lógico. El Magreb, inserto en las lógicas regionales del Mediterráneo y el Sahel, enfrenta una serie de desafíos y conflictos que necesitan la puesta en marcha de propuestas y soluciones de tipo bilateral y multilateral. Entre otros temas, destacan la seguridad, la inmigración, la integración, las relaciones Sur-Norte del Mediterráneo, el desempleo juvenil y la lucha contra el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Además de estos importantes asuntos, claro está, resalta el gran tema, que es el conflicto del Sahara.

Dada la situación actual, tomando en cuenta las respuestas a las propuestas generadas, resulta imprescindible que Argelia y Marruecos –las grandes potencias del Magreb y dos referentes de África- unan sus conocimientos, capacidades y esfuerzos en pos de obtener mejores soluciones a los conflictos que minan un mayor desarrollo de dichos estados y de la región magrebí. Junto a esto, el comercio intramagrebí, que representa no más de un 5%, parecer ser una buena posibilidad a la hora de pensar en decisiones que permitan generar, poco a poco, más trabajo y más ingresos en las arcas estatales.

Además, el Magreb tiene la obligación de retomar la senda de la integración, la cual tuvo como punto culmine la creación de la Unión del Magreb Árabe, pero que desde aquel lejano entonces –su fundación fue en 1989- solo ha sabido de fracasos y fantasmas. Un Magreb unido y potente se encontraría en mejores condiciones a la hora de negociar con su vecino del norte (Unión Europea) y podría soñar con un desarrollo de toda la región. Si el gasoducto Maghreb-Europe se ha desarrollado en paralelo al congelamiento diplomático entre Marruecos y Argelia, ¿por qué no pensar que dicho modelo de cooperación energética pueda ser aplicado en toda la relación entre ambos países?

Es así que el conflicto del Sahara debe ser mirado con objetividad y pragmatismo. Se trata de un problema heredado de la época colonial y exacerbado por la disputa existente en la Guerra Fría. Por lo mismo, no es un conflicto propio del siglo 21 y su solución es obligatoria. Respecto de esto último, quizás sea momento de asumir que, hoy, es inviable la creación de un nuevo estado magrebí y que es igual de complicado realizar un referéndum de autodeterminación –, principalmente, por las dificultades que siempre han existido a la hora de establecer el universo de votantes y de definir quiénes son saharauis-, razones que hacen necesario reglar el asunto basándose en la propuesta marroquí, pero con nuevas ideas que puedan aportar Argelia, Mauritania, la Organización de Naciones Unidas u otros implicados como la Unión Africana y la Unión Europea. En pocas palabras, se trata que los estados involucrados sean capaces de ceder, para así llegar, finalmente, a un acuerdo conveniente para todas las partes.

Por último, vale la pena recordar los postulados del tanzano Julius Nyerere, quien en los años sesenta y setenta planteaba que si la independencia de África derivaba en fragmentación, entonces el desarrollo del continente estaría en grave peligro. Por lo mismo, Nyerere sugería, con una cuota de pragmatismo político, que se debía apostar por los organismos de integración regional. Y a esto último debe apostar el Magreb. Las riquezas naturales abundan -petróleo, gas, fosfato, frutas, verduras, pesca, un mercado de casi 100 millones de personas y energía solar, entre otros-, pero falta la voluntad política para que el sueño del gran Magreb se cumpla. Y mientras se busque una solución al conflicto del Sahara, los gobiernos magrebíes debiesen avanzar en otros aspectos de la integración, como la infraestructura, el intercambio académico-cultural, la cooperación en turismo, el establecimiento de posturas comunes en los foros multilaterales, la unión de fuerzas en temas como la inmigración y el terrorismo y, uno de los más importantes, la libre circulación de personas y bienes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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