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¿Por qué no existe Somalía?

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¿Por qué no existe Somalía?

Fecha 16/10/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El reciente fin de semana estuvo bastante tranquilo en Chile, pero en el lejano –física y mediáticamente- Cuerno de África todo pareció, una vez más, como la peor de las pesadillas. Claro, pues un grupo terrorista volvió a estremecer a una región y a un país que, lamentablemente, se han tenido que acostumbrar a vivir en medio de brutales ataques.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 16 de octubre de 2017

(Fuente: AMISOM)

En esta ocasión, se trató de Somalía, en cuya capital se produjo el peor atentado terrorista de su historia. Así, en un concurrido sector de la capital explotó un “camión-bomba”, dejando un triste e impresionante saldo de al menos 315 muertos y 400 heridos. A pesar que todavía no hay reivindicación del ataque, todo apunta a que el grupo terrorista Al Shabaab estaría detrás de esto.

Distante de todo este drama, en Chile la noticia llegó con retraso y poca cobertura. No hubo enviados especiales, ni tampoco un corresponsal (no los hay en África). No hubo programas especiales en la radio o la televisión, ni tampoco análisis. Simplemente, se publicó una nota, la cual, a su vez, se adquiere a las grandes agencias de noticias. En este escenario, cabe preguntarse por qué importa tan poco que mueran africanos y por qué importa tan poco que fallezcan musulmanes. Esto último, pues si en alguna parte de Europa Occidental, Estados Unidos, Rusia o Japón, por dar algunos ejemplos, se produce un ataque bastante menor (en ciertos casos, sin víctimas fatales), la cobertura de los medios es inmensamente más grande.

Alguien dirá que el periodismo vive de la proximidad, pero ¿acaso dicho paradigma no ha quedado obsoleto en un mundo globalizado y ultra conectado? Alguien dirá que se debe aplicar el paradigma de la cercanía, pero ¿acaso internet y las nuevas tecnologías no nos facilitan la comunicación? También, no faltará quién justifique esto apelando a que África es para los africanos y Sudamérica es para los sudamericanos. Sin embargo, si esto fuese así, ¿por qué los medios informan tanto sobre Europa, Estados Unidos y Rusia, por dar algunos ejemplos?

Y lo peor de todo es que también está el argumento comercial, o sea, decir que las noticias en África (y en otras partes del mundo) no venden. Dirán que a nadie le interesa saber sobre África y Somalía, pero eso es parte de los mitos. Al respecto, quisiera mencionar que en un trabajo en el cual participé (y perdonen por hablar en primera persona, pues nunca lo hago) durante más de un año escribí artículos sobre asuntos internacionales. Al terminar mi trabajo había un recuento con los contenidos más leídos y he aquí la gran sorpresa. Entre los cinco primeros había dos sobre Libia, uno sobre Costa de Marfil, uno sobre la muerte de Osama Bin Laden y otro que tenía relación con los problemas de Chile con Perú o Bolivia. Ciertamente, una muestra no permite elaborar juicios categóricos, pero lo importante es que esto fue en un medio importante, lo cual permite, como mínimo, poner en duda el paradigma impuesto que establece que a nadie le interesa saber sobre África.

También, y dado que he trabajado en temáticas africanas (particulamente, aquellas del Magreb, Sahel y, en menor medida, Cuerno de África), en diversas ocasiones he recibido la misma pregunta por parte de conocidos, amigas(os), estudiantes, etc. ¿Qué preguntan? Básicamente, dónde pueden encontrar más información sobre África. Esto demuestra, una vez más, que hay interés. Todo esto me recuerda debates sobre la cobertura de deportes en Chile. He sido testigo de debates en los cuales editores y periodistas dicen que no pueden transmitir básquetbol, vóleibol, atletismo o gimnasia porque sacan dos, cuatro o seis puntos de rating. Al respecto, ¿acaso la gente va a ver algo que se muestra a cuentagotas, en ocasiones en horarios complicados y sin una gran publicidad o difusión? Lo mismo ocurre sobre África, pues se informa de vez en cuando y, normalmente, cuando hay un drama. O un escándalo.

Por último, y dejando de lado esta reflexión sobre el rol de los medios, es necesario mencionar otro aspecto importante y que es aún más potente y profundo. ¿Por qué hay ciudadanos de primer y segundo orden?, ¿por qué en Chile, un país con más similitudes a los procesos históricos vividos en África y Asia que con aquellos acontecidos en Europa y Estados Unidos, se sigue alejando de dichos continentes? Es notable que Chile tenga excelentes relaciones con la Unión Europea, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, pero es preocupante que ciertas regiones del planeta parezcan invisibles. El mundo de hoy debe tender hacia la integración y hacia el conocimiento mutuo. Los africanos se nutren de los estereotipos creados para los latinoamericanos y nosotros, al mismo tiempo, nos hemos alimentado de los estereotipos generados para los africanos. Eso no puede seguir.

Mientras, en la lejana Mogadiscio, se siguen contando cadáveres y se intenta establecer las identidades de las personas asesinadas. Fueron 315 muertos y 400 heridos, pero no habrá cadenas, ni slogans tipo “Je suis Somalie”.

Somalía no existe y, con ello, nosotros tampoco.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Libertad de expresión, terrorismo y respeto a los demás

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Libertad de expresión, terrorismo y respeto a los demás

Fecha 8/01/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Comencemos por lo obvio. El atentado terrorista ocurrido en las oficinas de Charlie Hebdo no tiene justificación alguna. Por donde se le mire es una aberración. Cobarde, cruel e inhumano. Ninguno de esos apelativos podría ser puesto en duda. Nadie puede morir por el hecho de publicar o decir algo, incluso si aquello publicado pueda ser considerado una estupidez, una falta de respeto o una provocación. Si a alguien le molesta, existen, por ejemplo, las protestas pacíficas y los tribunales.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 8 de enero de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Calle de los cónsules en Rabat, Marruecos. (Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Calle de los cónsules en Rabat, Marruecos. (Fotografía: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Pasemos al segundo punto, que es el más subjetivo. Charlie Hebdo publicaba caricaturas y, lo más importante, mensajes escondidos en un dibujo. Amparado en la “libertad de expresión”, no tenía problemas en pasar a llevar las creencias de otras personas. En particular, dado el contexto actual, se trata de las caricaturizaciones del profeta Muhammad (conocido como Mahoma en español), del Corán y, finalmente, del Islam. Al respecto, no fue una azarosa publicación, sino que varias. Algunas de ellas, incluso riéndose de la matanza de personas, como aconteció en una famosa portada (sobre Egipto, en 2013) en la cual se veía a un musulmán asesinado por balas, las cuales atravesaban un Corán. Dicha imagen iba acompañada de la frase “El Corán es una mierda. No para las balas”.

Años antes, en Dinamarca, ocurrió algo parecido. Se crearon diversas caricaturas de Muhammad y fueron publicadas por un diario danés. Una de estas ilustraciones mostraba al profeta con una bomba en su turbante. Como era de esperar, se produjo la lógica molestia en el universo musulmán y, por supuesto, llegaron las protestas. A partir de entonces, y luego que apareciesen serias amenazas de muerte por parte de islamistas radicales, el medio danés optó por lo sano y dejó de jugar con fuego.

Antes de volver al presente, cabe realizar un breve recordatorio. Para los musulmanes, la figura de Muhammad es sagrada y está prohibido dibujarlo. Dicha postura, como cualquier otra, merece ser respetada, especialmente en países en los cuales existen importantes comunidades musulmanas. Sin embargo, es aquí donde ciertos grupos europeos –desde nacionalistas acérrimos hasta pseudo intelectuales que piensan que reírse de los demás es parte de la libertad de expresión- han demostrado su total falta de respeto y, peor aún, su nula capacidad de entender cómo funcionan las sociedades actuales. Si a alguien no le interesan las religiones o, particularmente, el Islam, entonces no tiene por qué leer el Corán o ayunar durante Ramadan. Nadie lo obligará a eso.

Sin embargo, es aquí donde aparece el famoso etnocentrismo. Que en Europa, Estados Unidos, Chile u otros países se permita caricaturizar o, derechamente, reírse de figuras religiosas sagradas, aquello no significa que eso sea bueno y, además, aceptable para todos. Es así que se trata de entender que en el mundo existen muchas más visiones fuera de las europeas o estadounidenses. O, si se prefiere, “occidentales”. Y es aquí donde muchos no logran entender que la publicación de burlas hacia figuras sagradas no es humor, sino que, todo lo contrario, un acto violento que, obviamente, pone aún más obstáculos en la ya difícil convivencia entre musulmanes y “europeos no musulmanes”. Otro clásico ejemplo es el uso del velo, que para muchos ciudadanos “occidentales” es sinónimo de represión y de barbarie musulmana. Sin embargo, aquellas personas nunca se ponen en la otra vereda y nunca intentan entender cómo funciona el pensamiento en otras regiones del mundo. Si así lo hicieran, podrían entender que el uso de un velo no es sinónimo de represión. En algunos casos, claro que sí, pero en muchos otros es una simple costumbre, un hábito, una moda, un gusto o, incluso, una forma de, por ejemplo, esconder el pelo desordenado.

Otro punto que merece ser analizado es la campaña mediática que se ha realizado a partir del atentado terrorista de ayer. Se ha dicho que esto vulnera la libertad de expresión o, incluso más potente, que atenta contra las libertades individuales. Al respecto, cabe preguntar si prohibir el uso de ciertas vestimentas a las mujeres musulmanas no es un acto que va contra las libertades de expresión o contra las libertades personales. Esto último es algo que ocurrió en Francia y que, peor aún, fue confirmado, en 2014, por la Corte Europea de los Derechos del Hombre (CEDH). Lo mismo sobre la prohibición de usar velo en las escuelas públicas, lo cual se estableció en 2004. Como se puede ver, las libertades no sólo han sido violadas por terroristas, sino que, también, por legisladores y políticos.

Y qué decir sobre el famoso slogan “democracias europeas”. Las mismas que reclaman que los terroristas atentan contra los principios democráticos, pero que olvidan su apoyo reciente a dictadores como Muammar al Gaddafi, Zine El Abidine Ben Ali o Hosni Mubarak. Y parece ser que tampoco recuerdan que tropas francesas actualmente están presentes en Malí o que “Occidente” apoyó a las milicias islamistas que intentaron e intentan derrocar a Bashar Al Assad (quien, en 2008, se paseó por Paris en la inauguración de la Unión por el Mediterráneo). O qué decir de la postura de la Unión Europea, incluida Francia, sobre el reconocimiento de Palestina como estado. Ni siquiera se han atrevido a dar ese paso para permitir que los palestinos tengan un país oficialmente constituido.

Por eso, para entender y proyectar el atentado en Charlie Hebdo hay que analizar todos los factores involucrados. Y ahí aparecen, entre otros, la xenofobia, la Islamofobia, la marginación social y la maquiavélica política exterior de Francia y otros países europeos. En paralelo, en la otra vereda, el islamismo radical, los nefastos gobiernos que promueven el odio a “Occidente” y otros tantos líderes, gobernantes o grupos que apoyan a organizaciones terroristas como Hamas o Hizbullah. Y, en medio de eso, se encuentra el doble stándard de Europa y, particularmente, Francia, que ostentan un discurso de respeto hacia todas las culturas y religiones, pero que en la práctica no se concreta. Como mayor demostración, la persistente negativa –en el último tiempo- por parte de Alemania y Francia sobre la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Y a eso sumemos los factores históricos, como el colonialismo, el auge del islamismo radical, los atentados del 11 de Septiembre de 2001, la lucha por los recursos naturales, las invasiones a Irak y Afganistán y un largo etcétera.

Usando datos estadísticos, también se puede comprobar que el proceso ha tenido fallas por ambas partes. Por un lado, el auge del terrorismo (de grupos islamistas radicales) es innegable y el número de ataques ha aumentado en la última década. Por el otro lado, los ataques “islamófobos” (en Europa) también han seguido creciendo. En 2013 la cifra aumentó en un 47% respecto a 2012 y en este último aumentó en un 57% respecto a 2011.

Por último, los medios también deben realizar un mea culpa. Reírse de alguien, de una religión o de una figura sagrada no ayuda a construir una paz duradera, sino que genera más odio y, por lo tanto, allana el campo para que desequilibrados y sádicos –como los que realizaron el atentado en las oficinas de Charlie Hebdo- hagan de las suyas.

Todo lo anterior, para evitar tergiversaciones o lecturas alejadas del mensaje original del presente texto, tiene por objetivo demostrar que lo ocurrido ayer es parte de un proceso. Y esto no es jugar a la “Teoría del Empate”, sino que intentar analizar los hechos como parte de un todo. Matar a alguien nunca tendrá justificación, pero esto es producto de una mala relación entre dos visiones que no logran crear un marco de paz.

Como reflexión final, es momento que políticos y ciudadanos comprendan que el fenómeno actual (terrorismo de los islamistas radicales) no tiene una fácil, ni tampoco rápida solución. Igualmente, es muy preocupante el auge de los movimientos xenófobos e “islamófobos”. Y ambos procesos se unen en un mismo camino. Por eso, hay que empezar a trabajar formando una base de diálogo, comprensión y, lo principal, respeto. Siempre se habla de tolerancia, pero lo que realmente permite tener sólidos cimientos es respetar al otro, es decir, no aceptarlo, sino que mirarlo como un igual.

Mientras aquello no pase, entonces la comunicación seguirá siendo confusa y, peor aún, agresiva, devastadora y letal. Así, el reto es fomentar la circulación de ideas, conocer al otro y dejar de lado los prejuicios y las construcciones mediáticas de la realidad.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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“Occidente” fallará…….nuevamente

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“Occidente” fallará…….nuevamente

Fecha 12/09/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Una coalición de 40 países anunció, con bombos y platillos, que luchará contra el temido Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, en inglés). De confirmarse las informaciones, veremos, nuevamente, a Estados Unidos y Francia, entre otros, metiendo sus narices (y mucho más que eso) en una complicada zona como Medio Oriente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de septiembre, 2014

Fotografía: AP

Fotografía: AP

A priori, se puede inferir que esta iniciativa podría estar condenada al fracaso. Esto último, por razones evidentes. Primero, se tratará de un esquema ya repetido y que, en los últimos casos, no dio resultados. Es cosa de ver lo que ha acontecido, por dar algunos ejemplos, en Libia, Siria y el mismo Irak. Segundo, el tiempo se ha encargado de confirmar que el mal llamado “mundo árabe” –concepto bastante general y que olvida las particularidades étnicas de cada país- suele ser, debido a sus notables desuniones, incapaz de ir más allá de la superficie. Tercero, se intentará apagar el fuego con bencina. Cuarto, queda la impresión que los gobiernos involucrados no tienen una clara idea sobre quién es su rival. Quinto, el campo de acción de ISIS también se estaría expandiendo a otras zonas y a través de alianzas con células terroristas que operan, de forma independiente o conectadas entre sí, en el Magreb.

Así, y ad portas de una nueva intervención militar, que seguramente se materializará con ataques aéreos (para así evitar bajas en el terreno) y con más destrucción, cabe poner énfasis en los últimos fracasos de las propuestas hechas por “Occidente”–otro concepto que amerita una revisión por parte de los académicos- en la resolución de conflictos en zonas o continentes como África y Medio Oriente. Por eso, vale la pena realizar una rápida revisión de ciertos casos emblemáticos.

En la mal llamada “Primavera Árabe” –concepto difuso, poco académico y alejado de la realidad- cayeron Zine el Abidine Ben Alí (en Túnez), Muammar Al Ghaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Ali Saleh (Yemen). Y aunque cada uno de estos países ha desarrollado (y desarrolló y desarrollará) un proceso diferente, todos ellos tienen en común que el accionar de las “potencias occidentales” no fue más que un error. No sólo porque durante años le dieron la mano a estos dictadores, sino que después, y mediante la clásica vuelta de chaqueta, optaron por apoyar a las “masas” (otro concepto confuso) que querían sacar del poder a los mencionados líderes. Luego, vendría el descalabro en los estados mencionados.

En la actualidad, Libia tiene dos parlamentos (uno en Tripoli y otro en Benghazi) y dos gobiernos (uno islamista y otro de “unidad nacional”); Egipto nos ha recordado al Gatopardo; Yemen no logra salir de su frágil y casi inexistente institucionalidad democrática; y Túnez ha sufrido para intentar lograr la estabilidad política (la social no debería restablecerse  en el corto y mediano plazo). A eso, hay que sumar la guerra civil en Siria y, por supuesto, el caos imperante en Irak post invasión estadounidense y retirada de las tropas. Todo esto ha servido, además, como un detonante de algo que ya existía, pero que en las condiciones actuales encontró un camino más llano para avanzar. Se trata del terrorismo, tráfico de armas y otras preocupantes situaciones.

Como se puede ver, donde hubo intervención europea-estadounidense, sólo se generó desorden y se profundizaron los conflictos internos de los países y las regiones afectadas. Como última muestra, la guerra en Malí.

Por eso, no se cae en una exageración, ni tampoco en un panfleto político, cuando se afirma que las iniciativas europeo-estadounidenses sólo han fracasado. Si esto último es algo que se quería provocar (desde la perspectiva de las teorías conspirativas) o si simplemente se trató de un mal manejo de la situación (visión simplista, pero que no debe ser descartada) es otro tema y no viene al caso examinarlo en esta columna.

Es así que ahora, en momentos en los cuales se anuncia una coalición internacional (frase conocida) es importante recordar que este tipo de campañas suelen demostrar y confirmar que “Occidente” no es un interlocutor válido para solucionar problemas en África y Medio Oriente.

“Occidente” falló, falla y fallará. A menos que cambie sus paradigmas.

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Boko Haram, una amenaza real y un problema mal abordado

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Boko Haram, una amenaza real y un problema mal abordado

Fecha 14/05/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El secuestro de más de 200 niñas y las posteriores imágenes de aquellas adolescentes vestidas con el tradicional hijab han generado gran revuelo. Gobiernos, políticos, organismos internacionales y ciudadanos comunes y corrientes han expresado su rechazo a este tipo de metodologías e incluso comenzaron una campaña cuyo slogan es “Bring back our girls” (“Devuélvannos a nuestras niñas”).

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de mayo, 2014

boko-haramTodo muy bonito, pero, lamentablemente, bastante poco efectivo. La evidencia demuestra que a los grupos terroristas no se les enfrenta con frases hechas o con reuniones o cumbres que sólo sirven para seguir botando los siempre escasos recursos económicos, cosa que adquiere aún mayor valor en el caso de Nigeria. Esto último, pues es un país petrolero que genera mucha riqueza, pero que, finalmente, no le llega a la mayoría de los más de 170 millones de habitantes de aquel país.

Ya se sabe, Nigeria es un estado federal en el cual conviven dos grandes religiones. En el norte, el Islam, y, en el sur, el Cristianismo. No hay divisiones precisas, ni nada parecido, pero en aquellas zonas hay supremacía de una u otra religión. Este contexto es fundamental para entender el conflicto actual del gobierno nigeriano (pero también de África o, como mínimo, África noroccidental), pues Boko Haram es un grupo terrorista que cae dentro de la categoría “islamismo radical”.

No viene el caso analizar las diversas interpretaciones que se pueden hacer sobre “islamismo radical”, asi que lo mejor es entender que aquellas palabras significan, en el fondo, que es una agrupación de musulmanes que han optado por llevar al extremo sus preceptos. Y no se trata de algo solamente religioso, pues hay otras variables involucradas.

En este sentido, cabe recordar que Boko Haram fue creado en 2002 por Muhammad Yusuf, un importante líder islamista. Durante su período, el grupo nigeriano mantuvo cierto equilibrio, ya que aunque tenía demandas muy agresivas (como la instauración de la sharia) no había un choque armado, ni tampoco atentados terroristas. Sin embargo, en 2009 se juntaron diversos factores –entre ellos un aumento de la violencia por parte de integrantes de Boko Haram y una agresiva respuesta de las fuerzas policiales-, los cuales llevaron a un poderoso ataque del gobierno.

El saldo dejó, según algunos, al menos 800 muertos en las huestes de Boko Haram y, entre ellos, estaba Muhammad Yusuf. Parecía ser que Boko Haram había sido exterminado, pero aquello estaba lejos de ser real. Todo lo contrario, la agrupación se reorganizó y en la cúpula quedó Abubakar Shekau, quien tenía una “línea ideológica”  mucho más radical. A partir de entonces, comenzó el accionar terrorista de Boko Haram, el cual ha dejado miles de muertos.

Entre 2009 y 2013 las cifras muestran sumas bastante oscilantes, pero se cree que el número de fallecidos (por los ataques de Boko Haram) no sería menor a 6.000 personas e incluso podría llegar a poco menos de 20.000. Más allá de estos números, lo concreto es que la amenaza terrorista entró en un plano concreto.

Lo mismo sucedió respecto a los métodos usados por Boko Haram, un grupo que, además, tiene una estructura bastante difícil de examinar o, más bien, reconocer. No se sabe bien qué es Boko Haram, ni tampoco quiénes son los que realmente toman decisiones. Igualmente, se ignora de dónde viene su financiamiento (por más que haya nociones sobre cuáles podrían ser sus fuentes). Por ejemplo, se ha dicho que políticos nigerianos estarían involucrados e incluso se mencionó que algunos de ellos no sólo darían dinero, sino que también tendrían fuertes nexos con algunos de los integrantes de Boko Haram.

Además, el hecho de organizarse sobre la base de células (a nivel nacional e internacional, aparentemente) hace aún más complejo el estudio de su estructura, pues nadie sabe quiénes serían las cabezas de estos subgrupos o cuál sería el grado de comunicación, si es que lo hubiese.

Boko Haram se ha convertido en una agrupación que azota y asusta, pero que no tiene un cuerpo visible y eso es, entre otras cosas, algo que dificulta la lucha contra sus acciones. Tampoco ayuda la forma en que el gobierno nigeriano ha decidido enfrentar este problema y una prueba de ello fue lo acontecido en 2009. Ese “letal ataque” estuvo lejos de poner fin al conflicto y, todo lo contrario, generó una radicalización por parte de Boko Haram. Y esto no es algo que sorprenda, pues en Somalía también pasó algo similar con Al Shabaab. Este último  -otro grupo terrorista, pero que opera en el Cuerno de África- perdió mucho terreno con la intervención militar de Etiopía, pero luego logró rearmarse y, aunque diezmado, todavía sigue presente en tierras somalíes.

Las desigualdades sociales también tienen mucho que decir en este asunto. La mayoría de los alumnos universitarios (90%) no vienen de los 12 estados de principal mayoría musulmana –zona donde Boko Haram es más poderoso-, mientras que el alfabetismo femenino sería cercano al 90% en el sur, en tanto que en algunos estados del norte la cifra no superaría el 5%.  Y, según estimaciones, 72% de la población del norte viviría en pobreza,  algo muy diferente a la realidad del sur (27%).

Es así que aparece la variable socioeconómica del conflicto. No es casualidad que las zonas más pobres del país sean aquellas en las cuales Boko Haram marca más presencia. Por eso, diversos analistas del caso nigeriano han sugerido que una solución a este problema no está en las armas, sino que en una mejor redistribución de la renta y una mayor capacidad de darle Educación a las masas.

Pero esto no es todo, ya que el problema de Boko Haram también involucra otros factores. Nigeria es un país de 174 millones, en el cual habría cerca de 350 grupos étnicos diferentes. Esto último se complementa con la actual disputa entre musulmanes y cristianos.

Por último, cabe detenerse en algo de gran relevancia. Si bien no hay confirmaciones oficiales, se ha podido concluir que Boko Haram tendría importantes nexos con Al Qaeda del Magreb Islámico y Al Shabaab. Además, mantendría relaciones con Ansaru, una rama escindida. En algo que preocupa a buena parte de África, se ha conformado una región en la cual los terroristas (además de traficantes, contrabandistas, delincuentes, truhanes, mafiosos y otros peligrosos personajes) se han convertido en una potente amenaza. Tanto así, que ya controlan ciertas partes de Mauritania, Malí, Níger, Camerún y Nigeria, por dar algunos ejemplos. Con Al Qaeda del Magreb Islámico en el norte de África, Boko Haram en el centro-occidente, Al Shabaab en el centro-oriente y Mujao (y otros) en el Sahel, se ha formado un “rectángulo terrorista” de gran potencia.

En definitiva, Boko Haram es un peligro real, pero una parte importante de esta situación tiene como fuente a las malas decisiones que se han tomado al respecto. Pobreza, macabra explotación del petróleo (a muy pocos les llega la plata de este recurso),  malas decisiones políticas del gobierno nigeriano y escasa voluntad para una real solución del problema (por parte de Nigeria, pero de otros países, como Camerún, las potencias occidentales, China y Rusia), entre otros, han sido bencina más que agua en el fuego.

En este contexto, y sabiendo que habrá elecciones presidenciales en 2015, el panorama no sólo es incierto, sino que muy preocupante.

Raimundo Gregoire Delaunoy
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(Publicado en Cooperativa.cl)

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La preocupante amenaza del terrorismo en África

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La preocupante amenaza del terrorismo en África

Fecha 15/02/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos años, hablar de grupos terroristas significaba mencionar a Al Qaeda, la Jemaah Islamiyah, Hizbullah o ETA, por dar algunos clásicos (y algo manoseados) ejemplos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de febrero, 2013

boko-haramSin embargo, a través de diversos hechos –algunos súbitos y otros absolutamente esperables- fueron apareciendo nuevas agrupaciones cuyo principal modo de acción operaba en base al terror. Aún más, no sólo se produjo este cambio, sino que también se modificó el mapa de los grupos terroristas.

Así como ayer se miraba a los “objetivos occidentales”, hoy eso está alejado de la realidad, pues los atentados, ataques suicidas y toma de rehenes, entre otros, ya son casi cotidianos en lugares normalmente olvidados como Asia Central, Filipinas y África.

En relación a este último, cabe realizar una breve mirada superficial sobre su actual situación, especialmente en el centro-norte del continente.

El Sahel seguramente será uno de los grandes focos, ya que a los problemas generales de dicha zona –hambruna, sequía, narcotráfico, comercio de humanos, terrorismo y rebeldes tuaregs- se sumará, en lo específico la durísima situación que afecta a Malí, en la cual luchan el estado maliense (lo que queda de él) y las fuerzas internacionales (lideradas por Francia) contra Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unidad Yihadista del África Occidental (MUJAO), Ansar Dine, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y otros grupos que, en cosa de días, aparecen.

Mientras AQMI y MUJAO son grupos terroristas, Ansar Dine ha recibido el rótulo de “yihadista”, concepto poco claro, pero que hace referencia al pensamiento radical de sus adeptos. Como demostración de aquello, Ansar Dine es una rama escindida del laico MNLA.

Este conflicto, que tiene una importante variable terrorista involucrada, afecta  a países cercanos como Mauritania, Burkina Faso, Níger, Libia, Argelia, Senegal, Nigeria y Chad.

A su vez, llegará al Magreb –zona que incluye al norte de África, menos Egipto-, una región que ya lidia con sus propios problemas, los cuales derivan del actual proceso de cambios. Los “barbudos” ya hacen de las suyas en Túnez, algo que también debiese suceder en Libia (una vez que llegue la estabilidad). Argelia vive en su mundo interno, pero su política del “status quo” ya no le servirá, pues la rebelión tuareg llegó a sus fronteras, igual como hace años ocurre con grupos terroristas y partidos islamistas. El reciente caso de In Amenas (toma de rehenes por parte de terroristas ligados a AQMI.) dejó en claro que el “fantasma” terrorista sigue vivo en territorio argelino.

En cuanto a Marruecos, tiene más tranquilidad, pero en los últimos meses se han desmantelado una serie de células terroristas ligadas a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y no se debe olvidar que en 2011 se produjo un atentado en Marrakesh. Y Mauritania, bueno, las posibilidades de un nuevo golpe de estado están a la vuelta de la esquina en un país que vive en permanente lucha contra el terrorismo.

Estas dos regiones (Sahel y Magreb) se encuentran ligadas a Nigeria y Somalía. ¿Por qué? Básicamente, pues grupos terroristas que operan en estos países tienen nexos con AQMI, Mujao y Ansar Dine, que realizan lo propio en el Magreb, el Sahel y, según afirman los servicios de inteligencia, en África Occidental.

Mientras Boko Haram ha sido el gran dolor de cabeza de Nigeria, Al Shabaab ha hecho lo mismo, pero en la atribulada y acéfala Somalía. Si bien Al Shabaab ha perdido mucho en el territorio somalí, Boko Haram sigue poderoso en Nigeria.

Lo preocupante es que Boko Haram, Al Shabaab, AQMI y MUJAO tendrían nexos de cooperación entre sí, algo que ha quedado de manifiesto en la actual situación en Malí. Así es que, por ejemplo, se ha informado que miembros de Boko Haram han transitado por Burkina Faso, Senegal e incluso Malí. También se ha dicho que diversos combatientes “yihadistas” fueron entrenados en “zonas perdidas” del Sahel y en parte del territorio nigeriano, donde suele haber campos de entrenamiento.

Mirando el mapa de África, se puede establecer una especie de “rectángulo del terror”, cuyos ejes serían el Magreb (norte), el Sahel (sur), Somalía (este y siempre conectado con Yemen) y Malí (oeste).

De ahí que sea tan relevante lo que está ocurriendo con Al Shabaab, que ha perdido control de Mogadiscio (capital somalí) y Kismayo (importante puerto) y ha cedido parte de los territorio que había logrado dominar. El problema es que la lucha contra Al Shabaab ya ha tenido repercusiones en Kenya, asi que no será fácil de eliminarlo, por más que esté debilitado.

El problema es que Boko Haram, AQMI y MUJAO parecen estar muy activos, bien preparados y con una importante capacidad de ataque y, por supuesto, defensa. En este sentido, la “guerra” contra ellos estará condenada a su fin si no se unen las fuerzas militares de Francia, Mauritania, Argelia y Chad.

Los franceses tienen la tecnología, la disciplina y los recursos económicos, mientras que mauritanos y chadianos son los únicos que saben pelear en la difícil geografía saheliana. Los argelinos son potencia regional (magrebí y saheliana) y llevan años luchando contra el terrorismo.

Y además de eso, sería ideal sumar fuerzas provenientes de Marruecos y Senegal, importantes líderes en el Magreb y el África Occidental, respectivamente.

Pero ojo, que no es llegar y atacar. Etiopía lo hizo en Somalía y aunque, por ahora, significó el repliegue de Al Shabaab, también significó, en su momento, un fortalecimiento de aquel grupo terrorista.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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@Ratopado
Fotografía: Flickr

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Malí, una caja de Pandora

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Malí, una caja de Pandora

Fecha 18/01/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

No es una novedad, ni tampoco algo sorprendente, pero ya se oficializó la intervención militar que tendrá lugar en pleno Sahel y que tiene por objetivo, aparentemente, la recuperación de la estabilidad político-social de un país.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 26 de diciembre, 2012

REUTERS/Adama Diarra

REUTERS/Adama Diarra

Se trata de las fuerzas internacionales que, según se ha dicho, a comienzos del segundo semestre de 2013 intervendrán el norte de Malí, territorio que se ha convertido en tierra de todos y de nadie en el último año.

La historia ya es conocida. Hace más de un siglo que ya existen antecedentes sobre las rebeliones tuareg en Malí, las cuales, año tras año y década tras década, han sido subestimadas e ignoradas –salvo excepciones- por los gobiernos (sahelianos y magrebíes) involucrados.

En 1963, 1990 y 2007 se originaron tres de los más famosos alzamientos de los tuaregs –en la era de África independiente-, pero en 2011 se produjo, quizás, la más potente de todas las revueltas de estos nómades.

En paralelo a eso, el gobierno de Amadou Toumani Touré fue víctima de un golpe de estado, liderado por militares y de esta forma comenzó a gestarse el ambiente propicio para que se iniciara una nueva rebelión tuareg. La acefalía gubernamental de Malí fue fundamental para que entrara en escena el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), un grupo que aunaba a los tuaregs que estaban dispuestos a luchar por su independencia.

El problema es que la precaria institucionalidad de Malí no sólo atrajo a los rebeldes tuareg, sino que también a los islamistas radicales y, particularmente, a quienes ven al terrorismo como una forma de conseguir sus objetivos.

Fue así que en cosa de meses aparecieron Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento por la Unidad y la Jihad en África Occidental (MUJAO). A ellos se sumaría Ansar Dine, una facción islamista de los tuaregs, grupo que se desprendería de los laicos del MNLA.

Cerrando el círculo, no se debe olvidar que el Sahel es una zona en la cual abunda el tráfico de drogas y personas.

Con todos estos elementos, Malí se ha convertido en un cuasi estado fallido. La parte septentrional (conocida como Azawad, que es el territorio reivindicado por el MNLA) está en disputa por el MNLA, islamistas radicales, terroristas, contrabandistas y traficantes, mientras que la zona al sur del Azawad está en dominio del gobierno transitorio de Malí, que poco y nada puede hacer al respecto.

Dicha situación ha generado mucha preocupación en los países directamente involucrados (Mauritania, Malí, Níger, Libia y Argelia), pero también en otros cercanos como Burkina Faso, Nigeria, Senegal y Marruecos. Es así que la Unión Africana (UA) y la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) apostaron por enviar una fuerza africana a la zona en disputa.

Tras el lobby necesario, se obtuvo el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU y, quizás más relevante aún, se cuenta con el estricto aval de Francia y, en menor medida, de Alemania.

Así las cosas, parece evidente que la vía de la intervención marcha a paso seguro y, en ese sentido, ya se empiezan a consolidar las especulaciones. Por ejemplo, Francia finalmente enviará 400 efectivos militares, contradiciendo su postura inicial de “sólo ayudar en el aspecto logístico”. Esto último reafirma el interés que tiene Francia en su antigua colonia, pero no desde un punto de vista altruista, sino que a partir de los intereses económicos.

Por eso, es hora que el mundo entienda que este conflicto pudo y debió tener una solución diplomática, pero que los gobiernos regionales y las potencias presentes en la zona (Estados Unidos y Francia) no quisieron o no fueron capaces de escuchar a los tuareg y negociar una salida pacífica.

En este contexto, la intervención militar en el norte de Malí quizás sea necesaria, pero no se debe olvidar que ésta puede generar un conflicto de alcances difíciles de prever y, peor aún, tal vez se convierta en un nuevo nicho de intervención fallida.

El robo de recursos naturales, la destrucción de estados y el abandono tras la división social y la ruina económica están a la vuelta de la esquina.

Y no son novedad en África.

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