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Crisis diplomática entre Países Bajos y Turquía, ninguna sorpresa

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Crisis diplomática entre Países Bajos y Turquía, ninguna sorpresa

Fecha 17/03/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El reciente fin de semana ocurrió algo que llamó la atención, desde el punto de vista diplomático, pero que, finalmente, no puede ser considerado como una situación inesperada y aislada. La nueva polémica (una más) entre un estado de la Unión Europea (en este caso, Países Bajos) y Turquía ya no sorprende y, peor aún, parece ser algo sumamente lógico.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de marzo de 2017
(originalmente publicado en Cooperativa.cl)

Copyright by World Economic Forum
swiss-image.ch/Photo by Andy Mettler

La historia ya es conocida, pero vale la pena realizar un breve resumen. El ministro de Asuntos Exteriores de Turquía quiso participar en una actividad, a realizarse en Países Bajos, cuyo objetivo era informar a la comunidad turca –se estima en 500.000 la cantidad de ciudadanos turcos viviendo en territorio holandés- sobre el próximo referéndum que tendrá lugar en Turquía y que, como ya se sabe, definirá si se le entrega más poder a la figura del presidente. Esto último, es algo bastante relevante tomando en cuenta el proceso de “eternización” o “entronización” que está llevando a cabo Recep Tayyip Erdogan, actual mandatario de Turquía.

El problema es que las autoridades neerlandesas le negaron el ingreso al país al mencionado ministro. Ahí comenzó todo, pues el representante del gobierno turco no opuso mayor resistencia, pero se fue rumbo a Francia. Ahí, sí fue recibido y, de hecho, aprovechó para mandarle algunos mensajes a la administración de Países Bajos.

El asunto no se terminó ahí, ya que, algunas horas después, la ministra de Familia también sufrió con el trato dado por las autoridades neerlandesas. La mencionada representante del gobierno turco quiso entrar al consulado de Turquía en Rotterdam, pero se le impidió aquello y, posteriormente, fue llevada hacia el aeropuerto –acompañada por policías- y, una vez ahí, fue deportada (y declarada persona non grata) hacia Alemania, país del cual provenía.

Acto seguido, la “polémica” comenzó a subir de tono, pasando a convertirse en un grave incidente diplomático y político. Por un lado, el gobierno de Países Bajos expresaba su derecho a decidir quién entra a su territorio, mientras que, por el otro, la administración de Turquía consideraba que se habían violado principios relativos a los protocolos y a los derechos de los diplomáticos. Por ejemplo, respecto al uso del pasaporte diplomático. En medio de esto, aparecieron protestas en Países Bajos y Turquía, todas realizadas por turcos. Así, Países Bajos cerró su embajada y su consulado en Estambul, en tanto que un turco logró ingresar al consulado holandés, para luego sacar la bandera neerlandesa y poner, en su lugar, la de Turquía. En paralelo, el gobierno de Turquía le pedía el embajador de Países Bajos que “alargara sus vacaciones”, pues no sería recibido de regreso.

Ahora, dejemos a un lado el relato cronológico de los hechos y vayamos hacia los asuntos centrales. Primero, y más allá de si la administración neerlandesa tiene razón o no en la base de sus actuaciones, lo hecho con los ministros turcos fue un terrible error o, si se prefiere, un horror diplomático. ¿Qué costaba negociar y ver la posibilidad de anular (por medio de una vía pacífica) o posponer las actividades?, ¿era muy difícil dejarlos entrar y, luego, conversar para expresarles que no estaban de acuerdo con lo que ellos querían hacer en territorio holandés?, ¿acaso no pensaron que tirarle policías o negarle el ingreso a representantes de un gobierno traería consecuencias? Y, peor aún, ¿no entienden el contexto actual, en el cual Europa se enfrenta a serios problemas como la inmigración y el terrorismo, además de la creciente islamofobia? Así, por donde se le mire, el procedimiento de las autoridades neerlandesas estuvo lejos de ser algo correcto.

Segundo, la reacción del gobierno de Turquía o, más bien, de algunos de sus representantes pareció una rabieta de un niño y no la de un adulto que, en teoría, sabe que en el mundo de la diplomacia hay que cuidar la forma de expresarse. Entendiendo que recibieron un trato denigrante, hablar de una “Países Bajos nazi”, de “fascismo” o decir que “habrá serias repercusiones, incluso si se disculpan” no fue más que echarle más bencina al fuego.

Tercero, y esto es algo que no puede negarse –por más que algunos políticos europeos digan lo contrario-, la postura ambigua y cambiante de la Unión Europea (UE) respecto al proceso de adhesión de Turquía a la UE ha sido un elemente clave al momento de analizar el por qué de las fricciones que se vienen desarrollando, hace años, entre ambas partes. En este sentido, cabe consignar que la UE estableció, en 2004, que Turquía cumplía con todos los criterios políticos de Copenhague y, posteriormente, en 2005, dio inicio a las negociaciones para la adhesión.

Sin embargo, declaraciones como aquellas de Nicolas Sarkozy, realizadas en 2006, (“debemos decidir quién es europeo y quién no. No podemos dejar abierta esta cuestión”) comenzaron a mermar el proceso de adhesión. Así, diversos gobiernos europeos comenzaron a mostrar posturas poco claras en relación a Turquía y esto, obviamente, fue mermando la confianza del gobierno de Turquía respecto a los estados miembros de la Unión Europea. Eso sí, también es necesario decir que, en paralelo a esto, Turquía cometió errores, como su postura frente a la cuestión chipriota y la demora en ciertos aspectos claves que era necesario mejorar para así fortalecer el proceso de adhesión.

Cuarto, no es una mera casualidad que las últimas polémicas de Turquía hayan sido con países que, históricamente, han tenido altos grados de rechazo frente al ingreso de Turquía en la Unión Europea. Dentro de dichos estados se encuentran, justamente, Países Bajos, Austria y Alemania, con quienes ha habido choques durante marzo.

Quinto, la polémica con Turquía ha demostrado, una vez más, que existen serias grietas en el interior de la Unión Europea. En forma más directa y fácil, se evidencia, nuevamente, que hay muchas divisiones al interior de la UE. El hecho que Países Bajos expulsara a un ministro, pero que Francia lo dejara entrar es una prueba de ello, algo que, además, generó discusiones en la política interna gala.  Así, es momento que la UE defina, de una buena vez, qué hará con Turquía, aunque todo indica que el proceso de adhesión de Turquía parece estar más cerca del fracaso que de una etapa de renacimiento. Esto último, pues el letargo del mismo ha significado que aumenten los porcentajes de rechazo (de la población europea) en relación al ingreso de Turquía y que, en paralelo, se incremente la indiferencia y la oposición (de la población turca) al “sueño europeo”. Por ejemplo, ante la pregunta de si el ingreso de Turquía era algo positivo (para la población turca), la respuesta “sí” fue cayendo progresivamente. Si en 2004 un 73% aprobaba eso, en 2006 ya bajaba al 54%, mientras que en 2016 la caída era total y mostraba un 28% de apoyo. Junto a eso, un 46% considera (en 2016) que entrar a la UE no sería un beneficio. Al mismo tiempo, aumenta la valoración negativa en el tema del ingreso de nuevos miembros a la UE. Así, en Austria -según cifras del año pasado-, un 71% considera que no es bueno seguir alargando la UE, en tanto que los números en Alemania y Países Bajos llegan a un 68% y 64%, respectivamente.

Sexto y último, se puede concluir que lo acontecido entre Países Bajos y Turquía (confiando en que no pase a mayores y no se convierta en un problema entre la UE y Turquía) es la natural consecuencia de un proceso que ha variado demasiado con el paso de los años. Y no solo se trata de los elementos mencionados previamente, sino que también por el hecho que los contextos globales y regionales han variado mucho. Además, la “negligencia diplomática” se ha mantenido durante varios años y eso ha llevado, como era esperable, a permanentes roces, choques o conflictos. Y si a esto agregamos fenómenos del último tiempo (una cada vez más fuerte islamofobia, la “islamización” de Turquía, el drama de la inmigración, la presencia del Estado Islámico y la existencia de guerras en países como Libia y Siria), las proyecciones sobre la relación entre la UE y Turquía no pueden ser positivas. Por eso, es momento para que ambas partes reflexionen y entiendan que deben adaptarse a las nuevas condiciones, aunque, quizás, aquello no ocurrirá.

El distanciamiento ha aumentado y las diferencias se han convertido en protagonistas. Y el ambiente político-social está cada vez más revuelto.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

 

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UE

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Unión, ¿o (des)Unión Europea?

Fecha 3/09/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras la creación, en 1951, de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) y luego de los consiguientes tratados que dieron origen a la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957, y la Comunidad Europea (CE), en 1986, todo este proceso de integración del Viejo Continente llegó a su punto culmine con el Tratado de Maastricht, firmando en 1992 y que dio origen a lo que actualmente se conoce como Unión Europea (UE).  Un bloque original de seis estados terminó ampliándose a 27, con lo cual se generó una Europa pacífica, democrática y solidaria entre sí.  Sin embargo, lo que parecía ser un cuento de hadas ha dado muestras de importantes fisuras y, lo más preocupante, ha entregado señales contradictorias respecto a la anhelada y destacada fraternidad europea.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre, 2010

UELa actual expulsión de gitanos desde Francia, medida adoptada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy,  y la anterior, hecha por el gobierno de Silvio Berlusconi, en 2008, son una clara muestra de los nuevos tiempos de la Unión Europea.

La situación es peor aún si se consigna, tal cual asegura Robert Kushen, director ejecutivo del European Roma Rights Center, que Alemania, Dinamarca y Suecia también están llevando a cabo la xenófoba e inhumana acción del retorno obligado de miles de romaníes.

Esta tendencia quizás sea el mejor ejemplo, lamentablemente, de lo que podría llamarse el desmembramiento de los valores de igualdad, apertura, tolerancia y sana convivencia al interior de la Europa integrada.

Al respecto, cabe consignar que desde la parte legal no se están pasando a llevar preceptos, pues los ciudadanos rumanos y búlgaros no gozan de libertad de movimiento pleno, al menos hasta 2013.  Esto es algo que se acordó al momento que Bulgaria y Rumania ingresaron a la Unión Europea y es una postura que comparten Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Malta, y el Reino Unido.

Sin embargo, la gran pregunta es cómo puede haber una contradicción tan grande en el bloque de integración europeo, que, por un lado, promueve la fraternidad y la solidaridad, pero, por el otro, no tiene problemas en expulsar a ciudadanos europeos, pues los gitanos rumanos y búlgaros son, guste o no, parte de la población del Viejo Continente.  Que tengan libertad para moverse por Europa durante tres meses, pero que en caso de no obtener un trabajo sean devueltos a sus países no sólo es algo incoherente –según los valores esenciales de la UE- sino que se convierte en una desgraciada política poco humanitaria, injusta y, por sobre todo, racista.

Por eso, no extraña que al interior del gobierno francés ya haya serias disputas por esta medida, que a algunos ministros ha causado gran desagrado.  Lo mismo para la Iglesia Católica y diversas asociaciones gitanas.  Mientras, la Unión Europea, con demasiada lentitud y parsimonia, ha decidido que Francia explique esta iniciativa, para ver si se toman medidas.  La interrogante es, ¿se atreverá el bloque europeo a sancionar a uno de los pilares de esta unión?

La desunión en otros ámbitos

Lamentablemente, la (des)Unión Europea se puede apreciar, y con aún mayor claridad, en otros aspectos de gran relevancia.  El primer tema tiene relación con los evidentes conflictos internos y con las fuertes diferencias de opinión de los estados miembros ante importantes asuntos comunitarios.  El fracaso de la Constitución, con los emblemáticos “No” de Francia y Holanda, en 2005, fue un duro golpe para el conglomerado europeo, pero, por si eso fuera poco, el Tratado de Lisboa, finalmente firmado en 2009, pasó por diversas zozobras.  Mientras República Checa y Polonia hicieron ruido y generaron angustia ante un posible rechazo o aceptación mediante concesiones, en Irlanda la situación fue bastante más clara y los irlandeses, en junio de 2008, le dijeron “No” a este documento, que buscaba reemplazar a la fallida Constitución.  El cambio de algunas normas que disgustaban, un fuerte lobby europeo y una gran campaña del gobierno irlandés finalmente lograron que en octubre de 2009 Irlanda diera el ansiado “Sí”.  La Unión Europea volvía a respirar.

Pero eso no es todo, pues en Reino Unido –país que no ha querido cambiar su moneda por el euro, en otra señal a tomar en cuenta- cada cierto tiempo aparece el rumor de un referéndum para ver si el país se mantiene en la Unión Europea.

Respecto a los asuntos políticos exteriores de la UE, el tema de la adhesión de Turquía al bloque de integración quizás sea el gran dolor de cabeza respecto a las ampliaciones (asunto que por las circunstancias actuales ya es problemático).  Por cerca de medio siglo, Turquía y Europa han firmado diversos acuerdos, de toda índole, pero quizás el momento más relevante fue en diciembre de 2004, cuando el Consejo Europeo concluyó que Turquía cumplía con satisfacción los criterios políticos de Copenhague y, consecuencialmente, sugería el comienzo de las negociaciones de adhesión, las cuales se iniciaron, oficialmente en octubre de 2005.

A partir de entonces, Turquía pasó a ser motivo de conflictos al interior de la Unión Europea, especialmente luego que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel llegasen a la presidencia de Francia y Alemania, respectivamente.  Mientras Sarkozy y Merkel –apoyados por –Austria, Bélgica y Holanda- han sido enfáticos respecto a que Turquía no puede ser parte de la Unión Europea, otros países como España, Italia, Portugal y Reino Unido aseguran que los turcos tienen un espacio en la Unión Europea y que sería una deshonra para Europa no cumplir la palabra.

Esta serie de disputas internas ha tenido como principal consecuencia que las posiciones de la UE y Turquía se han polarizado.  Según un estudio del German Marshall Fund, realizado en 2009, sólo el 19% de los europeos consideraba como “positivo” el ingreso de Turquía a la Unión Europea, mientras que los turcos también variaron sus posturas.  Si en 2004 un 73% creía que la adhesión a la UE era “buena”, en 2009 apenas un 48% mantenía esa postura.

La situación de las ampliaciones podría ser aún más compleja si Croacia e Islanda consiguen su ingreso definitivo, ya que el gobierno turco comienza a perder la paciencia y últimamente ha dicho, con claridad que “si no nos quieren en Europa, estaremos felices con nuestros amigos musulmanes”, haciendo énfasis en los cada vez mayor acuerdos e intercambios con países de Asia Central.

Otros asuntos de relevancia son la inmigración y el racismo.  Al respecto, la creación, en octubre de 2009, de un marco legal común a la política migratoria de la Unión Europea causó división.  La dureza de las nuevas normas provocó gran rechazo en partidos de izquierda europeos y muchos gobiernos tampoco estuvieron muy de acuerdo.  Por ejemplo, Dinamarca no quiso sumarse a esta iniciativa.

Justamente, esta normativa, según muchos, está orientada a ordenar el asunto migratorio, lo cual es cierto y, además, muy necesario, pero no deja de ser posible que detrás de esto haya una matriz xenófoba.  Dicha teoría se confirma con lo que ocurre con los gitanos, con africanos y latinoamericanos.  El concepto “Eurabia”, el interminable conflicto del velo y la segregación social de “hijos de inmigrantes” siguen siendo una piedra de tope para la Unión Europea.

Por último, el asunto de Kosovo –con 31 estados europeos reconociendo su independencia-, la falta de una voz clara respecto al mundo árabe-musulmán  y la apatía de algunos sobre el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” han mostrado otros ejemplos de división.

Es por eso que los ciudadanos europeos comienzan a dudar sobre este bloque de integración que los aunaba bajo ciertos preceptos bastante nobles, pero que hoy no han traído consigo buenas consecuencias, ni más fraternidad.

Por último, según el Eurobarómetro 73, publicado en agosto reciente, un 49% cree que es “positivo” estar en la UE, pero hace tres años era un 58%.  Un 53% cree que su país se ha beneficiado por el ingreso a este bloque, pero en 2007 era un 59%.  Las cifras no mienten y los hechos tampoco.

La Unión Europea enfrenta una fase clave y sin saber hacia dónde va el buque.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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Ahdesión a la Unión Europea: Croacia avanza y Turquía se estanca

Fecha 29/12/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El último informe entregado por la Comisión dio cuenta del actual contexto en el cual se encuentran los diversos procesos integracionistas del bloque europeo. Lo más destacable es el notable avance de Croacia, mientras Turquía y Macedonia siguen sumando más dificultades que facilidades en su intento de adhesión a la UE. Así las cosas, todo parece indicar que de aquí al 2010 el número de integrantes de la Unión Europea pasará de 27 a 28.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 29 de diciembre, 2008

turquia_croacia_ue_portadaEn octubre de 2005, Turquía y Croacia iniciaron, oficialmente, las negociaciones de adhesión. Posteriormente, en febrero de 2008, la Antigua República Yugoslava de Macedonia alcanzaría el mismo status de turcos y croatas. Así las cosas, estos tres estados se convertirían en los principales candidatos –en estos momentos- que pugnan por ingresar a la Unión Europea (UE). Obviamente, cada uno de estos países tiene una historia distinta con la UE y eso se refleja en los distintos procesos que han tenido.

Mientras Turquía lleva cerca de 50 años en pos de su sueño europeo, Croacia y ARY Macedonia son nacientes repúblicas y por ello se entiende que su peregrinar europeo es apenas incipiente. Sin embargo, estas notables diferencias no se hacen tan evidentes a la hora de analizar el camino de la ampliación de la Unión Europea. Puede sonar paradójico –para alguien que no conozca mucho el tema-, pero el sentido común hace pensar que el próximo estado miembro del principal bloque europeo no será Turquía, sino que Croacia. Cuesta entenderlo, pero esa es la realidad del momento.

Es por eso que el informe anual entregado por la Comisión -dirigido al Consejo y el Parlamento Europeo- adquiere gran relevancia, ya que permite establecer, a ciencia cierta, hacia dónde va el asunto de las próximas ampliaciones de la Unión Europea. Primero, en relación a los estados que ya están en las negociaciones de adhesión –Turquía, Croacia y ARY Macedonia- y, segundo, tomando en cuenta los potenciales candidatos como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia, todos pertenecientes a los Balcanes Occidentales.

En este sentido, es importante consignar que el informe anual acerca de la estrategia de ampliación y los desafíos para 2008 – 2009 da cuentas de ciertos aspectos que deben ser resaltados. Algo esencial es poner énfasis en uno de los principales mandatos, según el cual se necesita un consenso para las ampliaciones. Esta orden o recomendación hecha por la Comisión obviamente tiene una directa relación con lo sucedido en el caso de Turquía, país que no cuenta con el apoyo de todos los integrantes de la Unión Europea. Aún más, la Comisión aclara que se deben llevar a cabo ciertas mejoras, dentro de las cuales se incluye la necesidad de “cumplir lo pactado”. Nuevamente, otra alusión al caso turco y la negativa, por ejemplo, de Francia y Alemania al ingreso de Turquía en el seno del bloque europeo. En paralelo, el informe pide “condicionalidad justa y rigurosa”, además de una “mejor comunicación con el público” y la “capacidad de integrar nuevos miembros”. Por último, se pone de manifiesto que el imperio de la ley y el buen gobierno son “esenciales para ingresar a la UE” y que salvo Turquía, Croacia y ARY Macedonia, los “demás estados serán candidatos cuando lo demuestren”.

Turquía o una ampliación que complica

Tras ciertos acontecimientos ocurridos en el último año, el gobierno turco se ha convertido en un activo y relevante participante de la política internacional. Sabiendo que el actuar en las relaciones exteriores es un factor determinante en su entrada a la Unión Europea, Turquía ha recuperado su liderazgo regional. Si anteriormente se le conocía por ser la segunda mayor potencia militar de la OTAN (sólo superada por Estados Unidos), ahora puede jactarse de tener un rol bastante más benigno y alentador.

A diferencia de otros momentos, el gobierno turco ha tomado conciencia de sus responsabilidades como eje de conexión entre Europa y Medio Oriente. Es así que Turquía ha tenido una creciente y relevante participación en el proceso de paz de dicha zona. Trabajando en pos de una reconciliación y un entendimiento entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel, el gobierno turco no ha cesado en sus intentos de mostrarle al mundo que Turquía siempre busca la armonía regional. Por eso su intensa labor en el acercamiento entre Siria e Israel, el cual se ha producido gracias a la mediación del gobierno turco. Pero su política exterior no sólo ha estado destinada a Medio Oriente, ya que Turquía tuvo un relevante rol en el último conflicto entre Georgia y Rusia, originado en Osetia del Sur. Por último, y en algo que puede y debiera traer positivas consecuencias en su proceso de adhesión a la Unión Europea, el presidente de Turquía, Abdullah Gül viajó, en septiembre pasado, a la vecina Armenia. Este hecho no pasó desapercibido, ya que Gül se convirtió en el primer mandatario turco en visitar Armenia, país con el cual Turquía mantiene un antiguo conflicto por el genocidio armenio ocurrido a comienzos de siglo veinte.

Siguiendo con el aspecto internacional, Turquía ha consolidado su importancia estratégica debido a su posición geopolítica, algo que también tiene una directa relación con el tema energético y, en particular, con el proyecto del gasoducto Nabucco, que permitiría a Europa abastecerse de gas, pero sin depender de Rusia.

En definitiva, el activo e inteligente accionar de Turquía en la política exterior le ha significado establecerse como un estado capaz de prevenir y resolver conflictos, lo cual ha fortalecido aún más su robusta imagen de potencia regional. Quizás la única gran deuda sea el tema kurdo, pero es algo que poco a poco comienza a entregar señales positivas. La última de ellas fue la confirmación de la creación de un canal de televisión kurdo que será transmitido por la señal turca.

En cuanto a los aspectos internos, Turquía logró salir adelante de un duro 2008, en el cual hubo tensión política. Claro, porque el Procurador General intentó dejar fuera de acción al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), del cual son militantes el presidente, Abdullah Gül, y el primer ministro, Reccep Tayip Erdogan. Además, el Tribunal Constitucional revocó la medida del libre uso del velo en las universidades, algo que generó disconformidad en el AKP, que siempre recibe acusaciones de no respetar el laicismo. Afortunadamente, el gobierno turco supo manejar bien aquel momento de tensiones y así evitó lo que pudo ser una crisis política y social de peso.

Se han producido avances en la libertad de expresión y, de hecho, se hizo una enmienda al famoso artículo 301º del Código Penal. De todas formas, aún falta mucho camino por andar en lo relativo a este ítem, ya que el ejercicio del periodismo, sólo por dar un ejemplo, sigue siendo una tarea bastante difícil, por las barreras y la censura existentes. También se destacaron los esfuerzos y progresos en los derechos de las comunidades no musulmanas. Por contrapartida, se debe seguir fortaleciendo la institucionalidad democrática, hay que trabajar en los Derechos Humanos y se debe mantener el tranco modernizador del estado. Además, los derechos de la mujer y una mayor reglamentación de los partidos políticos se han convertido en dos puntos que necesitan atención especial.

Finalmente, la economía turca ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica, aunque con un crecimiento a una tasa menor. El sector banquero de Turquía no se ha visto seriamente afectado por la crisis mundial, pero el financiamiento externo de la economía turca aumenta la vulnerabilidad ante los sucesos internacionales. Se ha comprobado que Turquía posee una economía de mercado en los términos expuestos por los Criterios de Copenhague y debería estar en condiciones de competir al interior de la Unión Europea en un mediano plazo.

En conclusión, Turquía sigue mostrando avances e importantes progresos en su objetivo de ingresar a la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de adhesión está lejos de acercarse a la etapa final, ya que sólo ocho de los 35 capítulos han sido abiertos y algunos temas de gran peso siguen sin poder resolverse. Los Derechos Humanos, la libertad de expresión, la resolución de conflictos con países como Chipre y Armenia y la cuestión kurda siguen siendo grandes barreras y por ello parece imposible una adhesión de Turquía en el corto e incluso en el mediano plazo. Eso, sin siquiera contar el rechazo de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel a la integración de Turquía en el bloque europeo.

Ampliación en los Balcanes Occidentales

Tras la independencia de Kosovo, se pensó que esta región podría verse afectada, no sólo en lo geopolítico, sino que también en otros aspectos como, justamente, el proceso de integración en la Unión Europea. Como ya es sabido, Eslovenia es la única república de la Antigua Yugoslavia que ha sido aceptada en la UE. Esto último siempre ha sido un espejo para los demás estados de la zona, quienes ven los positivos efectos que ha generado esta adhesión al pueblo esloveno. Ahora, es cierto que los euroescépticos ponen especial atención a temas como la pérdida de identidad, la falta de una regulación justa en el conflicto balcánico y, ahora último, un nuevo orden tras el surgimiento de Kosovo independiente. Sin embargo, los países de los Balcanes Occidentales mantienen su postura de acercamiento al principal bloque europeo.

De todas formas, el camino se torna cuesta arriba, ya que, según el Informe de la Comisión, todavía existen carencias que hacen imposible un mayor avance en el proceso de adhesión de estados como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia. La consolidación de las instituciones, la construcción de un verdadero estado y el buen gobierno siguen siendo una deuda de la mayoría de estos países. A ellos se suman las deficiencias en seguridad, estabilidad y prosperidad de los pueblos. Por si fuera poco, el diálogo político debe ser reforzado (especialmente en asuntos étnicos), mientras que los asuntos de vecindad y fronteras deben ser resueltos en su totalidad.

Las políticas sociales y de empleo aún son insuficientes, lo cual se suma a temas económicos como la inflación, el déficit fiscal y el desempleo. También, se debe llevar a cabo un reforzamiento del imperio de la ley, al mismo tiempo que la lucha contra la corrupción y el crimen organizado debe ser erradicado, algo que hasta el momento no se ha podido lograr. Por último, el Informe Anual 2008 de la Comisión estableció que los desafíos macroeconómicos para la región han aumentado, algo que se intensificará durante 2009, debido a la crisis financiera y económica mundial.A continuación, un breve resumen de la situación de los países balcánicos:

Albania

El país ha mostrado ciertos progresos en algunas reformas políticas claves, pero el imperio de la ley y el correcto funcionamiento de la instituciones del estado siguen siendo los principales desafíos. Lo mismo ocurre con la administración y la capacidad de reforzamiento, que todavía no están a la altura de los cánones establecidos por la Unión Europea.

ARY Macedonia

El gobierno macedonio ha mostrado avances en la reforma judicial y policial, pero algo más importante aún es que ha cumplido con los requisitos delineados por el Acuerdo de Estabilidad y Asociación. Sin embargo, la últimas elecciones parlamentarias estuvieron afectadas por irregularidades y violentos incidentes. Además, falta consolidar un diálogo político constructivo y una acción determinada en miras a la implementación total de reformas de acuerdo a los requerimientos de una posible negociación para la adhesión.

Bosnia-Herzegovina

El consenso en reformas prioritarias sigue siendo el principal déficit. También existen problemas en torno al Acuerdo de Paz Dayton-Paris, ya que ciertos elementos constitucionales establecidos por este arreglo han sido puestos en duda por líderes claves. Algunas reformas relacionadas con el proceso de adhesión a la Unión Europea se han estancado.

Croacia

Las negociaciones para la adhesión han entrado en la fase final, lo cual ha permitido demostrar a la región que la posibilidad de ser miembro de la Unión Europea es una realidad, pero que requiere de muchos esfuerzos y, lo principal, del cumplimiento de los requisitos esenciales. Si todo se desarrolla con normalidad, Croacia debiese ingresar al bloque europeo a fines de 2009 o durante el primer semestre de 2010.

Kosovo

22 de los 27 estados miembros de la Unión Europea han reconocido a la república kosovar, lo cual debiese facilitar el accionar de la misión EULEX. Según el Informe Anual 2008 de la Comisión, la situación de Kosovo es «sui generis» y no se puede considerar como un precedente para otras hipotéticas independencias de facto. Otro punto importante tiene que ver con la Constitución Política de Kosovo, ya que según el reporte elaborado por la Comisión, la ley fundamental kosovar está en línea con los estándares europeos. En paralelo, se destaca el trabajo realizado en legislación clave, aunque todavía quedan tareas pendientes como la consolidación de las instituciones estatales, el reforzamiento del imperio de la ley y el diálogo y reconciliación entre las diversas comunidades.

Montenegro

Se han llevado a cabo importantes reformas políticas y la implementación de un acuerdo interino avanza en todos sus aspectos. De todas formas, se necesitan más cambios en la reforma judicial y una mayor fuerza del imperio de la ley. Por último, la capacidad de reforzamiento y la administración deben mejorar.

Serbia

El gobierno serbio ha confirmado su compromiso a cooperar con el Tribunal Criminal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY) y esto ha quedado demostrado con el arresto de Radovan Karadzic, uno de los criminales de guerra más buscados y que estaba prófugo desde 1996. Sin embargo, aunque se trata de un gran paso hacia adelante, aún falta mucho por realizar en el tema de los crímenes de guerra y las limpiezas étnicas ocurridas antes y durante la Guerra de la ex-Yugoslavia. Serbia ha mostrado capacidad administrativa para tener progresos en pos de ingresar a la Unión Europea, pero en los últimos años el ritmo de las reformas se estancó. Todavía hace falta una reforma judicial y una mayor lucha contra la corrupción, especialmente en el ámbito de la prevención.

Unión Europea de 28 estados, lo más lógico de aquí al mediano plazo

Tomando en consideración el contexto actual, lo establecido en el Informe Anual 2008 y la evidencia histórica de los procesos de adhesión a la UE, todo hace pensar que salvo Croacia, ninguno de los otros países debería ingresar al bloque europeo, al menos de aquí al 2015.

Nadie tiene una bola de cristal que permita asegurar hechos, pero sí se puede establecer que Croacia, tal cual lo indica el reporte elaborado por la Comisión, está en la fase final de este camino de integración. Por contrapartida, Turquía sigue entrampado entre sus problemas y la reticencia de ciertos estados emblemáticos como Alemania y Francia. Con apenas ocho de los 35 capítulos abiertos, el ritmo de las negociaciones es demasiado lento y, peor aún, nada hace presagiar que esta velocidad vaya a aumentar. En cuanto a la Antigua República Yugoslava de Macedonia, ésta se encuentra recién en las primeras etapas del proceso de adhesión. En este sentido, deberá trabajar bastante, especialmente en lo que respecta a la institucionalidad y seguridad democrática.

Por último, da la impresión que Albania llegará a ser candidato a la ampliación en el corto plazo, pues ha evidenciado importantes avances. Lo mismo para Bosnia-Herzegovina y, en menor medida, Serbia y Montenegro. Casa aparte es el de Kosovo, que recién está intentando consolidarse como estado independiente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Unión por el Mediterráneo, ¿y ahora qué?

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Unión por el Mediterráneo, ¿y ahora qué?

Fecha 15/09/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace cerca de dos meses se realizó la mediática Cumbre de Paris, cuyo objetivo era darle mayor potencia al proyecto ideado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.  Ahora, más allá de opiniones y visiones subjetivas, lo importante es intentar dilucidar hacia dónde va la naciente Unión por el Mediterráneo, que todavía no pasa de ser una incipiente iniciativa del mandatario galo.  En este sentido, se hace imperioso analizar, ya sin la euforia post cumbre, la verdadera esencia del ahora denominado “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de septiembre, 2008

Reuters

Reuters

Muchos insisten en que el concepto de hoy y las próximas décadas será la integración.  Local, regional, continental y mundial.  Económica, política y cultural.  Comercial y tecnológica.  Y así, sucesivamente, buscando diversos puntos en los cuales gobiernos de diversos países puedan complementar sus carencias y fortalezas.

Bajo este paradigma –el de la integración regional- el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha comenzado una interminable campaña en pos de obtener el apoyo necesario para llevar a cabo uno de sus grandes proyectos.  Se trata de la Unión por el Mediterráneo, una iniciativa que aun cuando se encuentra en pañales, al menos ya dio sus primeros pasos hace poco más de un mes, momento en el cual 43 jefes de estado y gobierno se reunieron en la capital francesa.  Nadie puede discutir que la organización de la Cumbre de Paris fue un éxito y que el proyecto de Sarkozy ha comenzado en buen pie.  Sin embargo, es importante navegar por aguas más profundas e iniciar un análisis objetivo y exhaustivo, para así tomar una radiografía perfecta al “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

En este sentido, la gran relevancia de la Cumbre de Paris fue que permitió establecer tres cosas.  Primero, que tras esta reunión se llegó a resultados concretos (pocos, pero no por eso dejan de ser reales).  Segundo, este evento permitió que se dieran a conocer, directa o indirectamente, hechos puntuales y coyunturas de gran relevancia, no sólo para este proceso, sino que también para otros.  Tercero y final, el encuentro realizado en la capital francesa sirvió para develar una serie de dudas y para dar cuenta de ciertas proyecciones a futuro.

De lo poco, ¿bueno?

Tras el término de la Cumbre de Paris se elaboró una declaración final en la cual se establecían conclusiones y, lo principal, las principales decisiones adoptadas en consenso.  Al respecto, era importante saber cuáles serían los acuerdos obtenidos, especialmente en temas o áreas que de por sí son conflictivas o, por decirlo de otra forma, causan divisiones o visiones diferentes.

Uno de estos asuntos era, lógicamente, el Proceso de Paz en Medio Oriente.  En este sentido no extraña que la declaración final se retrasara, justamente, por la reticencia de los países árabes, que buscaban imponer sus términos en torno a la conformación de este proyecto mediterráneo.  Dichos estados querían que la Liga Árabe pudiese tener un rol activo en este proceso, cosa que no causaba gran alegría entre los europeos.  Sin embargo, finalmente se acordó incluir a este organismo como observador, pero no se incluyó en la declaración final un reconocimiento expreso sobre el estado palestino.

Otro punto polémico tenía que ver con el movimiento de personas, algo que, por ejemplo, causa grandes dudas en el gobierno argelino liderado por su presidente, Abdelaziz Boutlefika.  Sobre este asunto no se llegó a acuerdos y eso, justamente, una piedra de tope, ya que antes del inicio de esta cumbre Argelia ya había expresado ciertos temores.

Ahora, más allá del tema del traslado humano y de las disputas entre árabes e israelíes, se lograron ciertos avances, que permitieron elaborar proyectos concretos y resoluciones definitivas.

Lo más relevante lo constituye la conformación, poco a poco, de toda la estructura de este Proceso de Barcelona renovado.  Para empezar, se decidió darle un nuevo bautizo a este proyecto, que ahora será conocido como “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Esto último tiene que ver con el hecho que al gobierno español no le agradaba mucho la idea de una Unión por el Mediterráneo, mientras que a Francia no le interesaba mucho mantener el nombre de un proyecto que, según Nicolas Sarkozy y el mismo Hosni Mubarak, había fallado y que era necesario actualizarlo y mejorarlo.  Debido a esta pequeña lucha se optó por una decisión salomónica, que aunque no era el del absoluto agrado, al menos dejaba a ambas partes conformes.  La diplomacia utilizada en este ámbito fue demasiado fina, lo que llevó al mandatario galo a decir que “no se trata de borrar el Proceso de Barcelona, sino que de complementarlo”.

Si bien la nomenclatura es importante, lo relevante es ver cuáles fueron, efectivamente, las medidas concretas que se adoptaron tras la Cumbre de Paris.  En este sentido, se estableció que este proyecto funcionará con una copresidencia, una de la ribera norte y otra del sur.  Quienes debutaron con este nombramiento fueron los presidentes de Francia y Egipto, Nicolas Sarkozy y Hosni Mubarak, respectivamente.  Además, se realizará una reunión anual de ministros de Relaciones Exteriores y cada dos años tendrá lugar una cumbre del bloque.  También, se dio origen a la secretaría, pero quedó en suspenso la elección de la sede de aquella institución.  Al respecto, este asunto se zanjará en la próxima reunión de ministros, a realizarse en noviembre próximo, en la ciudad portuguesa de Lisboa.  Las candidaturas ya han sido presentadas –en forma formal o informal- y se trata de cinco países. Barcelona (España), Rabat (Marruecos), Ciudad de Túnez (Túnez) y Malta se disputarán este honor y, por ejemplo, el mismo día de la cumbre el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo el anuncio respecto a la postulación de Barcelona como sede de la secretaría.  Finalmente, el secretariado será la institución encargada del financiamiento y de supervisar la ejecución de los diversos proyectos elaborados.

Párrafo aparte para las iniciativas a las cuales se comprometieron los asistentes a la Cumbre de Paris.  Se trata de seis ideas que serán puestas en marcha lo antes posible.  Los proyectos son los siguientes:

  • Descontaminación del Mediterráneo
  • Autopistas del mar y construcción de infraestructura terrestre en la ribera sur
  • Plan de energía solar
  • Programa de protección civil
  • Universidad euromeditarránea, con sede en Eslovenia
  • Apoyo al desarrollo de las empresas

De esta forma, se dieron los primeros pasos en pos de darle una estructura sólida a este proceso, aunque, objetivamente, aún falta mucho por delante.  Por ejemplo, cabe preguntarse de dónde se sacarán los fondos económicos.  Ya se sabe que el Banco Europeo de Inversión (BEI) será una de las instituciones que colaborará en forma estrecha con la puesta en marcha de este proyecto, pero quedan dudas respecto a cuánto podrá ayudar, ya que desde 2002 a la fecha el BEI ha invertido siete millones de euros en el Mediterráneo.

De momento, no queda más que observar si las primeras piedras que se han puesto en este camino serán suficientes para ir construyendo una sólida base, que, a su vez, permita la consolidación del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Lo que demuestra la Cumbre de Paris

Teniendo en claro cuáles fueron os avances en concreto de la Cumbre de Paris, es importante dar cuenta de algo que incluso puede ser más importante que aquellos logros obtenido en el encuentro realizado en la capital francesa.  Se trata de navegar en profundidades y develar tendencias que superficialmente son imposibles de ser reconocidas.

Problemas de cohesión

Lo primero es decir que parece imposible soslayar los serios problemas de cohesión que posee el proyecto ideado por el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.  Si intentar olvidar lo difícil que es intentar unir a 43 gobiernos en un solo bloque, aún más complicado es disfrazar u ocultar las grandes falencias de este proyecto, especialmente si se trata de implantar la cohesión necesaria para darle éxito a esta iniciativa.  Al respecto, los diversos actores involucrados en el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” presentan evidentes señales de fisuras internas.

En Europa, no todos ven con los mismos ojos el proyecto mediterráneo.  Para empezar, no se puede olvidar que el plan original de Sarkozy tuvo que ser modificado, para así lograr el apoyo de Alemania y muchos otros países europeos.  Ahora, el hecho de haber incluido a la Unión Europea en este proyecto no significa que no exista un cisma al interior de este bloque.  De hecho, existe un importante grado de reticencia por parte de algunos mandatarios europeos.  Además, las directrices políticas de los estados son bastante disímiles y, por ejemplo, no se pueden comparar las posturas de José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolas Sarkozy.  Mientras el primero ha trabajado arduamente por una mayor y mejor comunicación y cooperación con el Magreb y, particularmente, con Marruecos, el segundo ha generado leyes cuyo objetivo es endurecer el sistema de migraciones.  Siguiendo con este punto, la nueva ley de inmigración de la Unión Europea mostró las evidentes diferencias entre los miembros del bloque.  Aún más, el hecho que el Consejo de Europa la haya rechazado demuestra que mientras algunos buscan un trato digno para los inmigrantes, otros, simplemente, no quieren saber más de este asunto.  Es por eso que es necesario reflexionar acerca de cuán factible es juntar a los 27 estados miembros de la Unión Europea en un proyecto que los uniría con los que, para algunos, se trataría de países con una población amenazadora.

Ahora, la Unión Europea no es el único bloque que presenta problemas de cohesión.  En este sentido, es importante destacar la división existente al interior de la Unión del Magreb Árabe (UMA).  Mientras Marruecos y Túnez ven con buenos ojos el proyecto mediterráneo, Argelia y Libia tienen muchas dudas respecto a esta iniciativa y, de hecho, para el líder libio, Muammar al Ghadaffi, el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” es sinónimo de problemas, división y amenazas para el mundo árabe y africano.  En resumen, se podría decir que existen tres posturas entre los miembros de la UMA.  La oposición extrema liderada por Libia, la tibia reticencia de Argelia y el apoyo incondicional de Túnez y Marruecos.  Mauritania aparece un tanto aislada y seguramente seguirá así, ya que tiene asuntos mucho más importantes a los cuales dedicarse como, por ejemplo, el golpe de estado realizado por los militares hace cerca de un mes.  Sin embargo, más allá de todas estas diferencias, lo concreto es que el Magreb dio señales evidentes respecto a que ellos desean un rol principal en este proyecto y que no se repita la tendencia histórica de los países europeos, que, generalmente, terminan controlando el desarrollo de los procesos.

Conflictos persistentes

Otra conclusión, bastante palpable, es la continuidad de ciertos choques o focos conflictivos.  Algunos con mayor intensidad, otros sin tanto eco, pero siempre impidiendo un equilibrio en las relaciones entre países, bloques o regiones.  Al interior del Magreb, Argelia y Marruecos aún mantienen tensos vínculos, debido a diferencias en ciertas políticas y, particularmente, por el asunto del Sahara Occidental.    Cerca de ahí, en Mauritania, un golpe de estado realizado hace cerca de un mes ha puesto en jaque el proceso de incipiente democratización de aquel país y amenaza con transformarse en tierra pantanosa, algo que favorecería el accionar de células terroristas.  Esto último ya es un problema bastante serio en Argelia.

En Medio Oriente, las evidentes y lógicas diferencias entre los estados árabes e Israel han quedado expuestas ante los ojos de todos los asistentes de la Cumbre de Paris.  En algo que era obvio y que se mantendrá durante muchos años más, el gobierno israelí aún no ha podido solucionar sus conflictos con Palestina, Siria y Líbano.  En la medida que esta situación se mantenga en el tiempo parece imposible que se pueda aglutinar en un solo bloque a árabes a israelíes.  Si bien es cierto que se han realizado esfuerzos para llegar a acuerdos, todavía no hay grandes hechos concretos que permitan vislumbrar una salida positiva.  Tanto así, que la firma y lectura de la Declaración de la Cumbre de Paris se retrasó ante las exigencias de los países árabes respecto a la cuestión palestino-israelí.

En pleno mar Mediterráneo, otros dos conflictos siguen con vida.  Se trata de la división de Chipre y la lucha por recursos petrolíferos entre Libia, Malta y Argelia.  El primero de ellos ha sido un verdadero dolor de cabeza para Turquía, que en este asunto ha encontrado una barrera para su proceso de adhesión a la Unión Europea.  En cuanto al segundo problema, es una situación que sin ser grave, ni categórica, sí causa cierto temor, ya que estas viejas disputas impiden un mayor entendimiento y desarrollo económico de la región.

Por último, el accionar de la Unión Europea en el conflicto árabe-israelí deja en claro, que aquel bloque desea una paz que sea beneficiosa para sus intereses.  Por eso, hasta el momento, la postura del bloque europeo ha sido bastante ambigua y poco definida.  Son capaces de establecer sanciones económicas para los territorios palestinos y, al mismo tiempo, de elaborar un discurso conciliador, pero muchas veces omiten las matanzas realizadas por las ofensivas israelíes al interior de las fronteras palestinas.  Además, con la llegada de Nicolas Sarkozy al poder en Francia y con una cada vez mayor actitud recelosa hacia los árabes y musulmanes, da la impresión que Europa comienza a tomar una postura más favorable a Israel.

No todos están con este proyecto

Uno de los aspectos más fundamentales y evidentes ha sido el hecho que este proceso ha generado diversas posturas y velocidades.  Mientras algunos gobiernos se han convertido en bastiones de este proyecto, otros sólo se limitan a seguir a la masa.  En paralelo, algunos estados han dejando en claro que tienen dudas respecto al funcionamiento y/o la utilidad de esta iniciativa y, finalmente, aparecen los escépticos.

Esta situación, en honor a la objetividad, no debiera sorprender, ya que es evidente que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, no tiene el mismo nivel de relaciones con todos los jefes de estado y/o gobierno involucrados en este proyecto.  Además, su discurso pro-israelí genera ciertas dudas en los estados árabes, especialmente en aquellos donde la relación con Francia nunca ha sido fluida, como es el caso de Argelia.

Ahora, cabe preguntarse quiénes son los “mediterránescépticos” o, más simple, contrarios al nuevo cariz que adoptó el Proceso de Barcelona.  El primero en aparecer es el líder libio Muammar al Gaddafi, que en todo momento ha dejado en claro que ni él, ni su gobierno se prestarán para una iniciativa como esta.  De hecho, el pasado 10 de junio –casi un mes antes de la realización de la Cumbre de Paris- Gaddafi se reunió con los presidente de Argelia, Mauritania, Siria y Túnez y con el primer ministro de Marruecos.  En aquella ocasión, el coronel Gaddafi dio a entender su postura y analizó, junto a los otros representantes de naciones árabes el proyecto propuesto por Nicolas Sarkozy.  Tras considerar como una afrenta este proceso, el líder libio se despachó frases como “nosotros no somos hambrientos, ni perros para que nos echen huesos” o “nos toman por idiotas.  Nosotros no pertenecemos a Bruselas.  Nuestra Liga Árabe está en El Cairo y nuestra Unión Africana en Addis Abeba”.

En todo caso, más allá de estas expresiones, que puedan parecer mediáticas o de simple perogrullo, hay algo que dijo Gaddafi y que es, finalmente, el principal acontecimiento que molesta, específicamente, a los países árabes y magrebíes (africanos).  Claro, porque Gaddafi declaró que “la Unión Europea persigue su cohesión y por eso ha rechazado el proyecto inicial del presidente francés.  Claramente no querían una división al interior del bloque”.  En este sentido, es importante analizar con mayor profundidad esta frase, porque tiene mucho de cierto.  Nadie podría juzgar a la Unión Europea por preocuparse de su unidad y, de hecho, aquello es algo positivo.  Sin embargo, alguien podría preguntarse por qué los europeos propulsan y apoyan un proyecto que si bien ya no produciría divisiones internas en su bloque, sí podría generarlas en el contexto, árabe, africano y magrebí.  De esta forma, se entiende la molestia de ciertos líderes como Gaddafi, Bouteflika o Al Assad, quienes ven un doble stándard por parte de la Unión Europea.  En pocas palabras, se trata de saber por qué ellos hablan de la unidad, si al final sólo les interesa mantener su cohesión y no la de los otros bloques involucrados en este proyecto.

Ahora, directamente relacionado con esta situación, se puede establecer la existencia de un “club de los rebeldes”.  A la cabeza de este grupo está, era que no, Muammar al Ghaddafi, apoyado por los presidentes de Argelia y Siria, Abdelaziz Boutlefika y Bashar Al Assad, respectivamente.  Ahora, estos tres gobiernos no están solos en su cruzada, ya que reciben el apoyo de otros estados como Mauritania y Turquía.  En el caso mauritano, las cosas cambiaron mucho desde que se produjo el golpe de estado militar, asi que el asunto mediterráneo ha pasado a un segundo o tercer plano de relevancia.  En cuanto a los turcos,  existe mucho recelo respecto a este proyecto, ya que se piensa que podría una maniobra cuyo fin fuese dejar, definitivamente, fuera de la Unión Europea a Turquía.  Además, existen severas dudas respecto al carácter mediterráneo de este país, ya que si bien tiene costas en este mar, sus relaciones políticas, económicas y sociales están orientadas, en muchos casos, hacia otras regiones como Asia Central, el mundo musulmán, los estados turcomanos y, últimamente, África.

Por último, no se puede dejar de mencionar que al Mashrek no le interesa esta iniciativa y parece estar mucho más enfocado en solucionar los problemas existentes en Medio Oriente y seguir puliendo un bloque en el Golfo.

Avances en relaciones entre países

Un aspecto positivo de la Cumbre Euromediterránea de Paris es el hecho que esta reunión sirvió para que produjeran necesarios e imprescindibles acercamientos entre estados que no poseen buenos nexos entre sí.  Es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre entre Francia y Siria, Libia y Siria e Israel y Líbano.  Las relaciones entre dichos países han tenido serios inconvenientes en los últimos años y es por eso que un aproximamiento a nivel gubernamental se consideraba esencial para mantener con vida las esperanzas de un cierto éxito para este proceso que recién comienza.

Al respecto, quizás en este ámbito se establecieron los hechos concretos más relevantes y cuyo alcance va mucho más allá del espacio mediterráneo e involucra, directamente, al conflicto árabe-israelí y a todo lo que acontece en Medio Oriente.  Lo de Francia y Siria es muy positivo, ya que ambos países mantenían bloqueadas sus relaciones desde 2005, año del asesinato del entonces primer ministro libanés Rafik Hariri.  Igual de esperanzador ha sido el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Siria y Líbano, algo inédito desde que ambos países lograran su independencia en 1943.  Si bien este hecho se produjo el 13 de agosto, un mes antes, en Paris, ambos gobiernos ya habían anunciado que estaban en serias negociaciones para iniciar el camino diplomático entre los dos países.  Por último, y aunque sólo fueron declaraciones, no se puede dejar de mencionar que el presidente sirio, Bashar Al-Assad, y el primer ministro israelí, Ehud Olmert, dejaron abierta la opción a un diálogo, algo que ya ha comenzado desde hace un tiempo gracias a la mediación de Turquía.

Reinserción de Egipto en el contexto mediterráneo

Si bien siempre se ha dicho que Egipto es uno de los países más importantes dentro del contexto africano, árabe, musulmán y mediterráneo, las relaciones que aquel estado mantiene con gobiernos europeos ha sido un tema de gran relevancia.  A sabiendas de las buenas conexiones existentes entre Egipto y Estados Unidos, era necesario establecer lo mismo, pero con la Unión Europea.  Ahora, hasta el momento no se puede decir que egipcios y europeos gozan de una gran relación, pero al menos se le está empezando a dar mayor poder e importancia al gobierno egipcio en el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

No es coincidencia que la primera copresidencia de este bloque haya quedado en manos, justamente, de Francia y Egipto.  En este sentido, hay que destacar la figura de Hosni Mubarak, un líder que, como ya se ha hecho costumbre, sirve para demostrar el doble discurso de los europeos.  Claro, porque al igual que en otras naciones árabes y/o musulmanas, la Unión Europea apoya a un presidente que claramente ha caído en violaciones a los derechos civiles de su población.  Sin embargo, Europa parece preferir esta situación en la medida que se mantenga un gobierno laico en Egipto u otros estados árabes.  Es por esto que surge la pregunta, ¿realmente existe una conciencia democrática?, ¿o sólo se trata de buscar los beneficios personales?  Da la impresión que se trata de lo segundo y por eso, aunque suene majadero, no es una mera casualidad ver a Egipto teniendo un rol protagónico.

Finalmente, cabe consignar que cuando se inició el Proceso de Barcelona original, muy pocos estados árabes estaban con esta iniciativa.  Hoy, la situación ha cambiado y ahora el único que no está es Libia.  Por eso, nuevamente aparece como fundamental el rol que pueda cumplir Egipto en la primera copresidencia correspondiente a la ribera sur del Mediterráneo.  ¿Será capaz Hosni Mubarak de torcer la mano de Muammar al Gaddafi?, ¿logrará seguir frenando las revoluciones religiosas y sociales que amenazan con explotar en países como Argelia y Líbano?, ¿podrá el gobierno egipcio establecer nexos con una Mauritania bajo el poder de los militares?  Estos y muchos otros serán los desafíos que tendrá Egipto.  Y siempre bajo la firme observación de Europa.

Conclusiones y proyecciones

Entendiendo la etapa previa a la Cumbre de Paris, el desarrollo de la reunión y el paso de los meses, se pueden elaborar un comentario u observación final.  Si bien el nuevo formato del original Proceso de Barcelona ha demostrado mayor acción y presencia -básicamente gracias a la campaña del presidente francés Nicolas Sarkozy-, nada hace presagiar que esta iniciativa está encaminada al éxito.  En paralelo, tampoco se puede decir que es la crónica de una muerte anunciada.  Sin embargo, existen evidentes señales que sugieren prudencia a la hora de pensar en un futuro positivo para el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Claro, ya se realizó una primera reunión con 43 jefes de gobierno y/o estado, pero aquello aún no es suficiente para sentir que la base de este proyecto es sólida y con una importante garantía de permanencia en el tiempo.  Alguien dirá que ya cuenta con una secretaría, con una copresidencia y con seis proyectos de alto vuelo.  Empero, hay que hacer un cuestionamiento lógico respecto a cómo concretar las iniciativas y los planes ideados en la Cumbre de Paris.  Por ejemplo, preguntarse de dónde vendrán los recursos económicos o qué sienten los pueblos de los 43 estados involucrados en esta unión mediterránea.  ¿Realmente existirá un apoyo por parte de las masas en cada uno de los países involucrados?, ¿podrá aportar la Unión Europea con dinero si ya tiene hecho su presupuesto hasta 2013?, ¿será capaz el Banco Europeo de Inversión de soportar todo el costo económico?, ¿estará dispuesto a hacerlo?

Otro asunto muy importante es saber si aquellos proyectos de infraestructura en la zona costera magrebí tendrán un alto impacto en el ecosistema de la región.  Se debe realizar un estudio profundo, que permita estar seguro que lo que se construirá sólo traerá beneficios y no turbulencias para los estados involucrados.  En países como Argelia, Egipto y Túnez un estallido social podría agudizar más la inestabilidad política de sus gobiernos y aquello traería nefastas consecuencias para Europa.  El riesgo de enfrentamientos ideológicos es demasiado grande y un error en la concepción de los proyectos euromediterráneos podría, en vez de aunar posturas, agudizar las divisiones ya existentes entre la ribera sur y norte.

En este sentido, cabe preguntarse qué sucederá con los diversos bloques regionales que de una u otra forma tienen nexos con el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Por ejemplo, ¿será capaz la Unión Europea de sobrellevar su división interna?, ¿afectará esto al equilibrio europeo?

Misma pregunta debe hacerse respecto a la Unión por el Magreb Árabe (UMA), un organismo que está prácticamente paralizado desde hace cerca de 15 años.  Es por esto que el cuestionamiento apunta a la nueva realidad de la UMA, que deberá definir, en conjunto, qué importancia le darán a la unión mediterránea recientemente planteada.  Será interesante ver cómo dialogan entre sí Argelia y Marruecos, líderes de la región, pero que aún mantienen una disputa por el Sahara Occidental.  Hay que ver cómo lo hacen estos países para convivir en un proyecto euromediterráneo tomando en cuenta que ya arrastran difíciles relaciones con sus vecinos.  Aparte, ¿qué ocurrirá con la UMA?, ¿se debilitará o fortalecerá en caso que el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” sea un éxito o fracaso?

Tampoco se puede soslayar lo expresado por Muammar al Gaddafi y que fue respaldado, implícitamente, por el presidente senegalés Abdoulaye Wade.  El asunto tiene que ver con la principal advertencia hecha por el líder libio, quien asegura que este proyecto podría generar divisiones al interior del mundo africano y árabe.  Es así que Wade fue bastante claro, al decir que “la idea de una Unión por el Mediterráneo, si se realiza, permitirá a África del Norte arrimarse a Europa, pero será una barrera que aislará a África del Sur del Sahara.  De eso, los africanos deben estar muy conscientes”.

Los conflictos regionales son otro factor a tomar en cuenta y que permite no ser tan optimista respecto al devenir del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Claro, porque en los alrededores y en la misma cuenca mediterránea, una serie de problemas y litigios fronterizos deben convivir, obligatoriamente.  Existen focos conflictivos de gran preocupación y que pueden influir en las relaciones entre los estados involucrados y, por ende, al interior de esta nueva unión mediterránea.  Sólo basta recordar el conflicto palestino-israelí, el proceso de paz en Medio Oriente, la crisis interna del Líbano, la división de la isla de Chipre, las disputas por yacimientos petrolíferos entre Malta y Argelia y, por supuesto, la rebeldía de Libia y la reticencia de Turquía.  Todo eso, sin siquiera contar el conflicto del Sahara, el eterno problema de la inmigración clandestina e ilegal y, relacionado con esto último, las consecuencias de la última ley de inmigración aprobada por la Unión Europea.

Todo eso hace ver que la realidad empírica demuestra una mayor probabilidad o tendencia hacia la división, más que a la unión.  Ese será, entonces, el verdadero desafío del naciente “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

 

 

 

 

 

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Turquía y Chad, ¿las dos caras del lobo?

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Turquía y Chad, ¿las dos caras del lobo?

Fecha 4/11/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Se mueve, pero sigue estática.  Un paso sin movimientos.  Así podría describirse la actual situación de Turquía.  Y no se trata del difícil ingreso como miembro a la Unión Europea (aunque bien podría serlo), sino que de la tensa espera por parte de las milicias kurdas del PKK, el ejército turco, el gobierno iraquí y los diversos países del mundo involucrados, directa o indirectamente, en la política turco-kurda-iraquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 4 de noviembre, 2007

Fotografía: Licencia Creative Commons

Fotografía: Licencia Creative Commons

A partir del 9 de octubre, día en el cual un ataque realizado por rebeldes kurdos del PKK dejó un saldo de 15 soldados turcos muertos, el nivel de tensión en la zona ha ido aumentando en forma sostenida.  En primer lugar, porque Turquía amenazó con llevar a cabo una operación militar en contra de las bases de los separatistas kurdos, tanto en territorio turco, como iraquí.  En segundo lugar, porque el PKK no ha cedido en sus pretensiones y sigue defendiéndose.  En tercer lugar, porque el gobierno de Iraq ha sido incapaz de adoptar una postura firme, clara y de una sola línea.  En cuarto y último lugar, porque una operación militar turca en territorio iraquí podría, hipotéticamente, causar un gran conflicto bélico en la zona.

Se mueve, pero no sigue estática.  Un paso con movimientos.  Así podría describirse la actual situación de Chad.  Y no se trata del tema humanitario, de los refugiados provenientes de Darfur o de las grandes sequías que tanta desgracia han causado en Chad, sino que de la crisis política originada tras la detención de siete españoles y nueve franceses, acusados de intentar llevar, en forma ilegal, a 103 niños -presumiblemente chadianos y sudaneses- hacia Francia.  Aún no se ha aclarado la situación, en el sentido que se han elaborado diversas hipótesis, tales como supuesta venta de menores o red de pedofilia.  Lo concreto es que más allá de si hay un trasfondo “negativo” o “positivo” se ha iniciado una investigación judicial, que buscará establecer la ilegalidad e irresponsabilidad de esta acción.

Hasta hoy, los ciudadanos españoles y franceses aún permanecían en Chad.  Sin embargo, nuevamente apareció él, un defensor de las causas ajenas.  Sí, se trata del amado y odiado, pero nunca olvidado Nicolas Sarkozy.  Tal cual ha sido la tónica de su comportamiento desde que asumió la presidencia de Francia, el mandatario francés ha mostrado un especial interés por consolidar la participación gala en África y, específicamente, en la zona norafricana.

Primero, tuvo una gran gestión e importancia en la liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino apresados en Libia.  Y, ahora, viajó hasta N’Djamena, capital de Chad, para solucionar este problema.  Los resultados no se hicieron esperar y a la liberación de tres periodistas franceses y cuatro azafatas españolas se sumó el encuentro entre Idriss Déby y Nicolas Sarozy, presidentes de Chad y Francia, respectivamente.

Con estos dos hechos, ocurridos en Turquía y Chad, queda claro que la actitud del gobierno francés ha sido muy diferente.  Mientras en el país africano se convirtió en un protagonista esencial, en la nación euroasiática ha pasado casi desapercibido.  Aún más, da la impresión que cuando se trata de hablar de la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, ahí aparece otro Nicolas Sarkozy y otra Francia.  Y ahí cabe hablar de protagonismos, tratamientos especiales y políticas de corto, mediano y largo alcance.

Pero ahora, cuando un posible conflicto bélico entre Turquía, Iraq y los rebeldes kurdos del PKK puede estallar, el silencio y la neutralidad dominan.  Como si fuera una partida de ajedrez.  Esperando el movimiento del rival o, más bien, el error de éste.

¿Será posible que el gobierno francés espere con toda parsimonia un descalabro humanitario, para así tener los argumentos necesarios para defender uno de sus principales discursos, que es el rechazo al ingreso de Turquía en la Unión Europea?

Mal pensado.  Desatinado.  Parcial.  Y subjetivo.  Asqueroso pensamiento. ¿O realista, atinado, imparcial, objetivo y evidente?

Ojalá sea lo primero.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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El Magreb dentro del mundo árabe-musulmán, ¿ser o no ser?

Fecha 23/05/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Por su ubicación geográfica, el Magreb aparece como una zona geopolítica de alta importancia y, por lo mismo, se convierte en un área estratégica.  Establecido en el norte de África, se constituye como un punto de encuentro, no sólo entre los estados que lo componen, sino que entre las diversas culturas, razas y religiones colindantes.

 Raimundo Gregoire Delaunoy  | 23 de mayo, 2007
francia (disponible en francés)

bandera-umaPara entender la realidad del Magreb es necesario ir más allá de sus límites.  En términos más precisos, se trata de vislumbrar al “vecindario” completo.  Hacia el sur limita con el África Negra; por el norte se encuentra con el mundo mediterráneo y la Europa Latina; en el borde oriental choca con Medio Oriente y Asia; y, hacia la parte occidental se hunde en el Océano Atlántico.  Entonces, se pueden desprender algunas conclusiones, que aunque parezcan demasiado obvias, es bueno recordarlas.

En primer lugar, el Magreb es africano, pero de población mayoritariamente árabe y musulmana.  En segundo lugar, en las costas mediterráneas se fusionan el legado europeo (francés, español, italiano y griego) y el de otras civilizaciones (fenicios, turcos, árabes y cartagineses).  En tercer lugar, junto al sur europeo, Turquía, Líbano e Israel forman una zona marítima común.  En cuarto lugar, el Magreb es la puerta de entrada a Europa, África, Asia y Medio Oriente.  Finalmente, junto a los países árabe-africanos, poseen cerca del 70% de la población árabe del mundo[1].

Es así que hablar del Magreb significa hacer mención a un “camino de caminos”, los cuales conducen a diversas regiones geopolíticas.  Pero no sólo se trata de términos físicos o territoriales, sino que también involucra la variable ideológica o religiosa.

Ya se ha dicho que el Magreb forma parte de África y, por ende, de la Unión Africana (UA); también se conoce la existencia de la Unión del Magreb Árabe (UMA); y, obviamente, es parte del mundo mediterráneo.  Ahora bien, dichas uniones, salvo la UMA, no tienen relación con la religión o la cultura de los países.  Entonces, si apelamos a estos elementos, nos encontramos con la real amplitud del mundo magrebí.  Como países eminentemente árabe-musulmanes, son parte insoslayable de la visión cósmica del universo islámico y árabe y, entonces,  no debiera extrañar que los integrantes de la UMA tengan un campo de acción, pero ya no sólo en África, sino que también en una dimensión que no tiene límites físicos: Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez son estados miembros de la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia Islámica.

Concretamente, la Unión del Magreb Árabe (UMA) aún carece de la fuerza necesaria para establecerse como una organización de influencia mundial o continental.  Sólo tiene injerencia en lo relativo a los países magrebíes, pero debido a su debilidad estructural y al escaso tiempo de vida[2], todavía no se ha podido constituir como un bloque poderoso y capaz de imponer sus términos.

Con este contexto, todo indica que los países por sí solos pueden tener más peso que la UMA.  En la práctica los hechos son así, ya que Argelia y Marruecos, pero especialmente el primero de ellos, son importantes actores dentro del mundo árabe y musulmán.  A ellos se suma Egipto, un estado que no pertenece al Magreb, pero que sí está en África.  La República Árabe de Egipto es un país que siempre ha tenido relevancia en la política mundial, quizás bajo el eterno recuerdo de la grandilocuencia de la antigua civilización egipcia, pero no se puede desconocer su peso dentro del entorno árabe y musulmán.

Para darse cuenta de la importancia de estas naciones se hace imperioso realizar un análisis de la situación política, económica y social en el Magreb, el África árabe-musulmana[3], Medio Oriente, Egipto y la Península Arábiga.  A ellos, hay que sumarle las minorías musulmanas en India y China[4], la región separatista de Chechenia, Bosnia-Herzegovina y otros estados islámicos del mundo[5].

En términos políticos, Turquía, Irán, Egipto, Irak, Palestina y Arabia Saudita son los países de mayor influencia, no sólo en el seno de la Conferencia Islámica o la Liga Árabe (en caso que corresponda), ya que también poseen un alto grado de injerencia en la diplomacia internacional.  La importancia de estas naciones radica, esencialmente, en la historia de sus pueblos, el liderazgo natural que han llevado durante siglos y la contingencia actual que los envuelve.

Turquía lucha por ingresar a la Unión Europea, mientras se acentúan las diferencias entre los grupos laicistas e islamistas; Irán prosigue con su programa nuclear y hace un tiempo anunció el inicio del proceso industrial del enriquecimiento de Uranio; Egipto busca evitar la instauración de una teocracia y enfrenta a la Fraternidad Musulmana; Irak sigue sumido en los problemas originados por la invasión de las fuerzas internacionales y por la guerra civil entre sunitas y chiítas; Palestina no cesa en sus intenciones legítimas y ajustadas a derecho de convertirse en un estado, pero debe buscar una solución a las divisiones internas y la difícil convivencia del gobierno de unidad; y, finalmente, Arabia Saudita mantiene sus vínculos con Estados Unidos, se establece como el  bastión del wahabismo y, últimamente, ha tenido un rol importante en el conflicto palestino-israelí.

En lo referente al comercio y la economía mundial, se repiten Irán, Irak y Arabia Saudita, a los cuales se unen Indonesia, Nigeria, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.  Todos los países en cuestión poseen importantes reservas de petróleo, lo que les otorga gran relevancia a la hora de fijar precios y, por ende, entregarle estabilidad a los mercados bursátiles nacionales e internacionales.  Pero en estados como Irán e Indonesia, no sólo reciben ingresos por la explotación del “oro negro”, sino que también gracias al gas, un bien que cada vez se hace más valioso.  A tal nivel llega la dependencia de otras naciones en el gas o el petróleo iraní, que, por ejemplo, China y Rusia han sido acérrimos defensores del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad.  A ello se suma el hecho que en marzo pasado se inauguró un gasoducto –ubicado en territorio iraní y armenio-, que permitirá a la vecina Armenia conseguir gas por medio de un abastecedor que no sea Rusia.

En el aspecto socio-cultural, Irán, Turquía, Arabia Saudita, Palestina, Egipto y Argelia aparecen como los principales centros impulsores de movimientos reformistas o, por el contrario, tradicionalistas del Islam.  Mientras Turquía se muestra ante el mundo como una nación musulmana, pero de gobierno laico, en Arabia Saudita, Egipto y Argelia destacan corrientes o grupos radicales como los wahabitas, la Fraternidad Musulmana y el Frente Islámico de Salvación.  Dichas tendencias político-religiosas –el caso de estas dos últimas- aparecen con la fuerza necesaria para transformar sociedades.  Mientras la Fraternidad Musulmana lucha por aquello, el Frente Islámico de Salvación ya tuvo un papel trascendente en la reconstrucción del país y en la política argelina.  En Irán, pero específicamente en Qom, se desarrolla el más alto estudio del Islam, destacando la rigurosidad de los teólogos.

En cuanto a Palestina, se produce una atractiva fusión entre distintas tendencias islámicas, diversas ideologías políticas –muchas de ellas arraigadas en un sustento socialista o marxista- y las diferentes estructuras culturales.

Situación actual del Magreb

Tomando en cuenta el sucinto análisis del mundo árabe-musulmán, cabe preguntarse cuáles son las reales posibilidades del Magreb.  ¿Hasta dónde puede llegar el poder y la influencia de las naciones magrebíes? ¿tienen un sustento lo suficientemente sólido para convertirse en un cuarto centro árabe e islámico, tras Medio Oriente, la Península Arábiga y Egipto? ¿el sueño de un Gran Magreb, líder del universo árabe-musulmán, es real o fantasía?

Para contestar estas preguntas, es importante conocer el hoy de la región.  En este sentido, hay que destacar que a pesar de las notorias diferencias entre los estados magrebíes, no se puede soslayar el hecho que poseen una historia bastante similar.  Es cierto, con distintos matices y procesos que no siempre fueron de la mano, pero, superficialmente, se podría establecer la siguiente secuencia:

colonización – independencia – falta de estructura política – falta de recursos – problemas  étnicos – gobiernos totalitarios – socialismo – apertura hacia el liberalismo – lenta democratización – crecimiento económico – aparición del terrorismo – mano dura con los grupos terroristas – resurgimiento de movimientos religiosos extremos

Claro, no todos los países pasaron por la misma línea de sucesos, pero se podría decir que esa es la columna vertebral.  Ahora bien, ¿cuál es la utilidad de esta espiral secuencial?  Bueno, sirve para entender el proceso por el cual ha pasado el Magreb y que, por lo mismo, ha impedido un mayor progreso –en los campos políticos, económicos y sociales- de la región.

Económicamente, existe una desigualdad evidente.  Los índices de PIB per cápita (2007) de Libia, Argelia y Túnez están por sobre los de Marruecos y Mauritania[6].  Las cifras son inapelables y muestran a Libia con 5.271 dólares, Argelia con 4.027 y Túnez con 3.180.  Bastante más abajo se ubican Marruecos y Mauritania, con 1.989 y 1.194, respectivamente.  Lo más preocupante es que mientras Mauritania posee la mayor tasa de crecimiento para el 2007, con una proyección del 10.6%, Marruecos apenas llega a un 3.3%, siendo el más bajo del Magreb.  Túnez, Argelia y Libia se ubican entre los dos polos, al registrar una proyección de crecimiento de 6.0%, 5.0% y 4.6%, respectivamente[7].  Cabe recordar que la tasa de crecimiento de África está fijada en 5.9% para el 2007, lo cual nos demuestra que muchos países africanos –especialmente los productores de petróleo- están creciendo a un ritmo mayor al de los magrebíes.

Como era de esperar, Argelia posee el mayor PIB de la zona (137.178 billones de dólares), seguido por Marruecos (61.110), Libia (38.800), Túnez (33.080) y Mauritania (3.537)[8].

Sin embargo, otros índices permiten ser más optimistas.  Es el caso de la inflación, que salvo el caso de Libia (24,4% en 2005)[9], todos los países del Magreb poseen registros de un solo dígito: Marruecos y Túnez, 2%; Mauritania, 5,1% y Argelia, 5,5%[10].  El promedio africano es de un 10,6%, lo cual demuestra la tendencia a la estabilidad de los precios no sólo en el Magreb, sino que también a lo largo de todo el continente.

Política y socialmente, las diferencias también son bastante explícitas.  En Túnez, Ben Alí gobierna desde 1987, siendo elegido Presidente en las elecciones de 1989, 1994, 1999 y 2004.  Para poder participar en los comicios de 2004, se debió realizar una modificación a la Constitución, para que así pudiese aspirar a un cuarto mandato[11].  Pero lo peor no es que en los últimos 20 años gobierne la misma persona, sino que la manera de establecer y manejar el poder.  Desde comienzos del régimen de Ben Alí se han llevado a cabo diversas protestas, demandas y acusaciones por parte de asociaciones de Derechos Humanos, acusando al Presidente tunecino de violar los derechos inalienables de toda persona.  Las torturas y detenciones se han convertido en algo normal dentro de este tipo de gobierno, que goza de poder absoluto, ya que en las últimas elecciones legislativas arrasó y se constituyó como la principal fuerza política.

En Argelia la situación no parece estar mejor y tras 15 años de inestabilidad, luchas armadas y lo que muchos consideran como una guerra civil, el poder parece tambalear.  Aun cuando se han celebrado elecciones presidenciales y legislativas, el ambiente está pletórico de rivalidades, muchas de ellas provenientes de hace décadas.  Uno de los principales problemas ha sido la irrupción del FIS como una importante fuerza política, en detrimento del FLN, acostumbrado a ser el partido de gobierno y amplio dominador en los comicios.  Al igual que su vecino Túnez, la represión por parte del gobierno y sus fuerzas de seguridad ha minado el proceso de lenta democratización.  A este gran problema se suman las constantes revueltas en la inagotable Kabilia, la difícil situación de etnias como los beréberes y los tuaregs y el siempre latente y presente peligro de grupos terroristas, dentro del cual destaca el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, el cual es uno de los principales aliados y brazos armados de Al Qaeda en el norte de África.

En Libia, Muammar al Gaddafi lleva 38 años en el poder y no ha dado grandes señales de cambiar el sistema imperante.  Si bien abandonó los métodos terroristas y los programas de construcción de armas de destrucción masiva, aún queda un manto de interrogantes por sobre la aparente pasividad del gobierno libio.  Su bonanza económica y una diplomacia mucho más inteligente le han permitido gozar de más estabilidad en los últimos años.  El último incidente tiene que ver con las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino, condenados a muerte luego de ser declarados culpables de haber infectado con SIDA y en forma voluntaria a 426 niños en el Hospital de Benghazi, en 1998.  La Unión Europea ha tenido una activa participación en el hecho y en enero de este año amenazó a Libia con “revisar” las relaciones en caso de no llegarse a una solución “positiva, equitativa y rápida”.

En Marruecos, se viven momentos de relativa calma y la mayor preocupación del rey Mohamed VI parece estar centrada en el desarrollo económico y cultural del reinado.  Atrás quedaron las malas experiencias del pasado, experimentadas, principalmente, por Hassan II en la década de los años setenta.  Hoy, Marruecos realiza intensos y sistemáticos intercambios y acuerdos comerciales, culturales y sociales con España, Bélgica, Burkina Faso, Malí y Camerún, entre otros países.  A pesar de tener estabilidad interna, el mayor problema tiene que ver con la cuestión del Sahara Occidental, que aún no ha sido definida.  En lo social, otro de los inconvenientes se relaciona con la inmigración ilegal, no sólo de marroquíes, sino que de africanos, los cuales utilizan a Marruecos e Islas Canarias como vía de ingreso hacia Europa. El tema humanitario y los abusos cometidos por las fuerzas marroquíes y españolas se han establecido como dos puntos fijos en la agenda de conversaciones entre Marruecos y España.

En Mauritania, hace poco se realizaron las primeras elecciones democráticas y transparentes de toda la historia, que culminaron con la victoria de Sidi Ould Cheikh Abdallahi en la segunda vuelta electoral.  El caso mauritano ha sido todo un ejemplo, ya que la transición democrática tuvo un camino menos sufrido que en el caso de otras naciones.  Para muchos, el actual reto de la República Islámica de Mauritania será saber mantener la institucionalidad y los elementos propios de la democracia, al mismo tiempo que deberá bregar por una serie de problemas, que han postrado a los mauritanos a vivir en la pobreza durante décadas.  Otro gran desafío tiene que ver con las pugnas entre la población árabe y beréber del norte mauritano y los habitantes negroafricanos del sur del país.  En años anteriores, estas diferencias provocaron sangrientas luchas y movilizaciones, las cuales incluso derivaron en problemas limítrofes entre Senegal y Mauritania.

¿Hacia dónde se dirige el buque magrebí?

Entonces, analizando la situación económica, política y social del Magreb las conclusiones comienzan a brotar espontáneamente.  Existen, como era de esperar, elementos que juegan a favor y en contra del mundo magrebí y sus pretensiones de transformarse en un referente del universo árabe-musulmán.  Claro, muchos caerán en la inevitable comparación con los otros ejes del mundo árabe e islámico, pero lo cierto es que aquello no es justo, ni tampoco correcto.  No se pueden comparar realidades tan distintas, ya que a pesar de tener una religión común y, en algunos casos, una cultura y un idioma compartido, las notorias diferencias geográficas, físicas y contextuales de una y otra región hacen estéril cualquier tipo de paralelo que busque establecer lo “mejor” y lo “peor”.

Efectivamente, el Magreb está a años luz de países ricos y desarrollados como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar, los cuales poseen grandes e importantes reservas de petróleo en pequeñas superficies territoriales.  Algunos de estos países apenas superan el millón de personas[12] y, por lo mismo, logran un nivel de vida demasiado alto en comparación al resto de las naciones árabes y musulmanas.  Respecto al Medio Oriente, Egipto y otras naciones asiáticas, la brecha se ha acortado y, de hecho, los índices económicos son bastante parejos.  De todas formas, la tarea no sólo incluye igualar o superar las tasas de crecimiento del PIB, los niveles de inflación o la balanza de pago.  Se trata de establecer una buena distribución de las riquezas y de educar a las masas.

Culturalmente, el Magreb nada tiene que envidiar a otras zonas del mundo, ya que posee una exquisita y especial fusión de elementos culturales, raciales y religiosos, que le otorgan un atractivo sin iguales.  Durante años se produjo un intercambio mercantil entre europeos, africanos y asiáticos, lo cual derivó en transmutaciones de la cultura.  Es así que el arte, la literatura, la arquitectura, la gastronomía y la pintura, por dar algunos ejemplos, presentan cánones y estilos incomparables y muy propios de esta zona.  Al mismo tiempo, la mezcla racial entre beréberes, árabes, negros, blancos europeos y otros pequeños grupos minoritarios entregan una composición étnica interesante y de gran trascendencia.  En ella se unen el nomadismo y el sedentarismo; el tribalismo africano y los sistemas modernos.

Quizás la aparición de líderes políticos de real peso a nivel internacional y un  vuelco hacia Oriente, mediante la oposición ante Occidente, podrían darle un rol más protagónico al Magreb.  Hoy, en una época de divisiones religiosas, muchas veces no se puede ser amigo de unos y otros.  Lamentablemente, la política actual y la diplomacia mundial obligan a establecer alianzas permanentes, aunque forzosas.  Es lo que ha ocurrido con la crisis nuclear iraní, con la famosa “guerra contra el terrorismo” y la crisis del pueblo palestino.

Tal vez, el error magrebí ha sido fijarse en los puntos de desencuentro más que en los de encuentro y, por ello, la Unión del Magreb Árabe sólo es un compromiso firmado.  Si eliminan sus fronteras ideológicas, si adoptan una postura abierta al diálogo y si buscan la solución a sus problemas limítrofes, entonces quizás logren entablar un lugar de reunión en el cual la conversación y los acuerdos sean lo principal.  Si aquello ocurre, podrán tener un mensaje único e inequívoco, capaz de ser comprendido por todo el mundo árabe y musulmán.  Recién ahí, la Conferencia Islámica y la Liga Árabe los mirarán con más respeto y les otorgarán las responsabilidades y el puesto que, previa demostración de aquello, les pertenece.

Pero si continúan en el balancín eterno, pensando si les conviene apoyar a Irán, Palestina e Iraq o si es mejor mantener  buenas relaciones con la Unión Europea y Estados Unidos, entonces no tendrán un lugar.  Ni en la comunidad europea y sajona, ni en el mundo árabe-musulmán. Ni en occidente, ni en oriente.

Ni en el Magreb, ni en el Mashrek.



[1] Según los datos estadísticos de la Guía del Mundo 2007, el Magreb aporta con el 23.08% de la población árabe total; si se le suman los otros estados africanos (43.80%), el total de los países árabe-africanos es de 66.88%).

[2] Hay que recordar que la Unión Africana se estableció recién en febrero de 1989.

[3] Defino como “África árabe-musulmana” a la zona que abarca países que sin ser parte del Magreb poseen una importante cultura árabe y/o musulmana y una población que, aunque negroide, presenta ciertos rasgos arábigos, moros o beréberes.  Hablamos de Malí, Níger, Chad, Djibouti, Sudán y Somalía.

[4] Se estima que en China habría al menos 30 millones de musulmanes.  En India, el número sería cercano a los 130 millones.

[5] Afganistán, Albania, Azerbaiyán, Bangladesh, Benín, Brunei, Burkina Faso, Camerún, Comoros, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Guyana, Indonesia, Kazajstán, Kirguistán, Maldivas, Mozambique, Nigeria, Pakistán, Senegal, Sierra Leona, Suriname, Tayikistán, Togo, Turkmenistán, Uganda y Uzbekistán.

[6] Fuente: Fondo Monetario Internacional

[7] Ibid

[8] Fuente: Fondo Monetario Internacional.  Las cifras de Libia corresponden a 2005.

[9] Fuente: Banco Mundial

[10] Fuente: Fondo Monetario Internacional

[11] La Constitución establecía que un Presidente podía ejercer como tal sólo tres veces.

[12] Entre los tres estados suman 8.472.507 habitantes.

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