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30ma Sesión Ordinaria de la Asamblea de la UA: interesantes proyectos y proceso olvidados

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30ma Sesión Ordinaria de la Asamblea de la UA: interesantes proyectos y proceso olvidados

Fecha 2/02/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Este importante encuentro, realizado entre el 22 y 29 de enero, en Addis Abeba, Etiopía, dejó una serie de positivas iniciativas, pero también puso en un costado temas de gran importancia que actualmente azotan a ciertas regiones de África.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 31 de enero de 2018

(Fuente: Comisión de la Unión Africana)

Al inicio de esta cumbre, algunos de los grandes temas eran la inmigración, los conflictos político-sociales, la reforma del organismo panafricano, el espionaje chino, la creación de un mercado único y la puesta en marcha de un espacio aéreo común. Una vez finalizada este encuentro interafricano, el balance es esperanzador, pero, al mismo tiempo, deja algunas dudas.

En concreto, se deben celebrar algunos anuncios claves, como el establecimiento de un Mercado de Transporte Aéreo Africano –al cual adhirieron, de inmediato, 23 estados de África-, los avances en pos de la generación de un Área Continental de Libre Comercio –que volverá a ser analizada en marzo próximo- y la adopción de un protocolo para el tratado que establecerá la Comunidad Económica Africana en relación a la libre circulación de personas. También, son importantes la ampliación de diez a 15 miembros en el Comité de Ministros de Finanzas –basado en principios de distribución equitativa por geografía y con sistema rotativo-, el refuerzo del Grupo de Contacto sobre Libia y los progresos en el proceso de estudio de la reforma de la Unión Africana.

¿Algo más? Sí, pues hubo buenas noticias en temas como cambio climático, igualdad de género, lucha contra la desnutrición –con ambiciosas metas de cara a 2025, apostando a tener cifras menores a 10% en tópicos como malnutrición o hambruna- y la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD).

Sin embargo, quizás las principales espinas tengan que ver con dos temas fundamentales. El primero, sobre los conflictos que se están viviendo en África, ya que se mencionó lo ocurrido en Libia y en Sudán del Sur, pero no hubo grandes avances en las situaciones de países como República Democrática del Congo, Egipto, Etiopía o Nigeria, por dar algunos  casos. Lo mismo sobre la inmigración, pues se extrañó algún paso adelante en términos concretos con, por ejemplo, anuncio de nuevas medidas o de novedosos proyectos a seguir analizando en próximas reuniones. El segundo, sobre la discusión relativa al financiamiento de la Unión Africana –que depende, esencialmente, de la Unión Africana-, dado que el actual sistema choca con las aspiraciones de tener un organismo de integración continental libre de las presiones de otras regiones u poderes. Es así que la propuesta de Paul Kagame (impuesto de un 0,2% a las importaciones, la cual ha sido puesta en marcha por 22 de los 54 estados africanos) pudo haber sido contrapuesta con fuerzas con aquellas que busque recaudar impuestos a través de las trasnacionales y, especialmente, aquellas de origen extranjero. Es un debate ideológico, pero que tiene que ser relevante al momento de pensar en un organismo de integración que en sus orígenes buscaba la independencia. Los tiempos han cambiado y lo urgente es contar con los recursos económicos, pero quizás haya que ver otras opciones.

Finalmente, se echó de menos un mayor debate sobre lo acontecido con el espionaje chino. Según una investigación del diario francés Le Monde, China habría espiado a la Unión Africana al menos durante el período 2012-2017, lo cual debe ser investigado a fondo. El asunto es llamativo, dado que, entre otras cosas, China fue el principal soporte económico para la nueva sede de la Unión Africana, ubicada en la capital etíope.

Por último, y pensando en el futuro, es urgente que la Unión Africana siga avanzando, con profundidad, en la elaboración de bloques de integración que logren mejorar sus velocidades. Los distintos organismos integracionistas aún no logran calzar del todo entre sí y eso genera que las grandes decisiones del continente deban adoptarse a nivel de la UA y no a través de los votos de los bloques de integración. Esto último es fundamental, pues las votaciones entre 12, 13 ó 14 unidades son más fáciles que aquellas que cuentan con el voto de los 54 estados africanos.

Mientras, África debe seguir mirando con esperanzas su futuro. El solo hecho de no contar con Robert Mugabe en la última cumbre fue algo positivo. Empero, aún quedan muchos dictadores o gobernantes autoritarios en África. Y eso es algo que debe mejorar. Se avanzó mucho en comparación a décadas previas, pero es algo que, junto a la corrupción, puede estar incluido en la lista de las fallas africanas que han impedido un mayor y mejor desarrollo en la calidad de vida del continente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Mauritania y la demostración de un fallido proceso democrático

Fecha 9/10/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En marzo de 2007,  la victoria de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ponía fin a décadas de gobiernos autoritarios y, al mismo tiempo, daba comienzo a una nueva etapa en la débil e incipiente institucionalización democrática de la República Islámica de Mauritania.  Lamentablemente, dos años y medio después de aquel histórico hecho, todo quedó en nada y las esperanzas de un camino sin retorno hacia la estabilidad social, política y económica parecen estar perdidas.  Los golpistas se tomaron el poder y luego obtuvieron la victoria en los comicios presidenciales de julio pasado.  Ante esta situación, no queda otra que preguntarse qué es lo que falló en este proceso.

 Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de octubre, 2009

Fotografía: AFP

Fotografía: AFP

La respuesta puede parecer compleja, pero, finalmente, no lo es tanto.  Claro, todo dependerá del prisma con el cual se analice y observe el cúmulo de acontecimientos sucedidos en la realidad política y social mauritana durante los últimos años, pero se podría decir que hay dos grandes temas de gran peso a la hora de establecer ciertas conclusiones o de elaborar juicios categóricos.

Tratándose de un asunto netamente interno, la lógica obliga a pensar que todas las variables involucradas en este proceso político, social y económico –puede parecer reiterativo mencionarlo, pero esto no tiene que ver sólo con uno de los tres factores nombrados- deberían tener una matriz en el pueblo mauritano.  Sin embargo, los hechos demuestran que aquello no es así y, desafortunadamente, una serie de agentes externos han tenido y, casi son seguridad, tendrán un importante rol en la vida de la aún joven República Islámica de Mauritania.

Así las cosas, a la hora de intentar entender el fracaso del proceso de lenta democratización en Mauritania, aparecen dos grandes ejes.  Primero, la injerencia de las potencias extranjeras (principalmente, Estados Unidos y la Unión Europea) y del actual líder libio y presidente de la Unión Africana (UA), Muammar al Gadaffi.  Segundo, la historia y actualidad político-social de la República Islámica de Mauritania.

Los hechos ya son conocidos.  Desde las elecciones presidenciales de marzo de 2007, la política mauritana vivió momentos de zozobras, disputas y dudas.  Así fue que en mayo de 2008 renunció el primer ministro de Mauritania, Zeine Ould Zeidan, siendo reemplazado por Yahya Ould Ahmed El Waghf.  Pero este último tampoco duró mucho en el cargo, pues en julio del mismo año presentó su dimisión.  Este hecho se produjo ante una moción de censura en su contra y que había sido ideada por el Pacto Nacional por la Democracia y el Desarrollo (PNDD).  El motivo de esta acusación radicaba en la cada vez mayor pobreza del país, el estancamiento económico y la supuesta corrupción en ciertas cuentas del estado.  Sin embargo, el entonces presidente de Mauritania, Sidi Ould Cheikh Abdallahi, rechazó la renuncia de su primer ministro y éste fue reintegrado.

Así se llegó a agosto de 2008 y, específicamente, al día seis de aquel mes.  En aquella fecha, el coronel Mohammed Abdel Aziz lideró un golpe de estado militar, que abruptamente puso fin al gobierno democrático, legal y legítimo de Sidi Ould Cheikh Abdallahi.  El principal motivo fue la destitución de la plana mayor del Ejército, algo que causó gran molestia en Mohammed Ould Abdelaziz, jefe de la guardia presidencial.   A partir de entonces, la junta militar creó el Alto Consejo de Estado, el cual era liderado por Abdelaziz.  Unos días más tarde, Mulay Ould Mohammed Laghdaf sería nombrado primer ministro de la República Islámica de Mauritania.  Mientras, Sidi Ould Cheikh Abdallahi y Yahya Ould Ahmed El Waghf fueron aprisionados y se les impidió salir del país.

Ante esta situación, las reacciones de la “comunidad internacional” no se hicieron esperar.  La Unión Europea, Rusia, Estados Unidos, la Organización de Naciones Unidas, la Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental expresaron el repudio ante los lamentables sucesos.  Más tarde, la Liga Árabe se sumaría a este mensaje.  Otros organismos, como la Organización de la Conferencia Islámica y la Unión del Magreb Árabe fueron más cautos y aunque declararon sentirse preocupados por la situación, no elaboraron grandes juicios al golpe de estado militar.

Y después de los hechos, ¿qué?

Lamentablemente, lo que parecía ser una gran condena a nivel mundial comenzó a desvanecerse con una tibieza que realmente asombra.  Así como los juicios fueron muy categóricos durante agosto y septiembre de 2008, con el tiempo se fue apagando la luz de aquellos mensajes.

Una demostración de esto último es el relativo aislamiento al cual fue sometida la junta militar.  Estados Unidos y la Unión Europea mantuvieron su amenaza de congelar las ayudas económicas, pero no adoptaron un rol tan preponderante como el que tuvieron en otros conflictos africanos como, por ejemplo, Sudán o República Democrática del Congo.  Peor aún, la República Islámica de Mauritania estuvo presente en una reunión del Foro 5+5 y el coronel Mohammed Abdelaziz recibió en su país a una serie de gobernantes extranjeros.  Y, por si esto fuera poco, China mantuvo un fuerte lazo económico-comercial con Mauritania, demostrando que sus intereses monetarios no tienen un colador a la hora de ser ejecutados.

En paralelo, ni la Organización de la Conferencia Islámica, ni la Liga Árabe y ni la Unión Africana fueron capaces de establecer sanciones ejemplificadoras.  Esto último demuestra que este tipo de organismos sirven para muchas cosas, pero escasamente cuando se trata de solución de conflictos armados.

Lo de la Unión Africana fue realmente decepcionante, ya que aparte de tener un rol bastante pasivo –en un primer momento se declaró en contra del golpe, pero luego dio pie para que esta situación se consolidara- demostró que el influjo de quien esté en la presidencia rotativa no es algo menor.  Esto último tiene que ver con la presencia de Muammar al Gaddafi, líder libio y coronel que lleva 40 años al poder en Libia.  No tiene sentido desviarse del tema, pero lo cierto es que Gaddafi fue, en su momento, un golpista y parece ser que aquella naturaleza le impidió ver con objetividad e imparcialidad el proceso de la República Islámica de Mauritania.  De otra forma, no se puede entender que haya dado apoyo implícito a Mohammed Abdelaziz y que, finalmente, sugiriera que el camino era reconocer a la junta militar y trabajar por nuevas elecciones.

Las elecciones, la participación de Abdelaziz y el comienzo de una nueva etapa

Tras una serie de cuestionamientos y falsas expectativas, el 23 de enero de 2009 se estableció que los nuevos comicios presidenciales serían el seis de junio y que en ellos podría participar el coronel golpista Abdelaziz.  Esto trajo el rechazo de una parte importante de la sociedad mauritana y, por supuesto, de la oposición, liderada por Messaoud Ould Boulkheir, representante de la Alianza Popular por el Progreso (APP).

Sin embargo, las protestas no lograron grandes cosas y el 15 de abril de 2009 Mohammed Abdelaziz renunciaba a su puesto de Jefe de la Junta Militar, para así poder inscribirse y participar en las vitales elecciones que darían el nombre del nuevo presidente de la República Islámica de Mauritania.

Pero apenas unos días de realizarse estos comicios la oposición y la Junta Militar llegarían a un acuerdo, según el cual se retrasarían las elecciones hasta el 18 de julio.  Durante ese período se crearía un gobierno de unidad nacional.

Así fue que el 18 de julio de 2009 se llevaron a cabo los comicios presidenciales, en los cuales participaron diez candidatos, aunque de ellos sólo tres contaban con opciones reales de convertirse en el nuevo mandatario mauritano.  Un día después de las elecciones, se entregaron los resultados, que no dejaron muy conformes a una parte de la “sociedad política” mauritana.  Claro, porque el coronel Mohammed Abdelaziz (apoyado por la Unión para la República) se impuso con el 52.58% de los votos, muy por delante del principal opositor Messaoud Ould Boulkheir (16.29%) y del histórico Ahmed Ould Daddah (13.66%).  Otros candidatos obtendrían menores porcentajes, pero se destaca la figura de Ely Ould Mohammed  Vall, desplazado al sexto lugar con apenas 3.81% de las preferencias.

Si bien en un comienzo hubo un intento de impugnación de las cifras oficiales, con el paso de los días los rivales fueron reconociendo la derrota y todas las dudas se disiparían luego que el Grupo de Contacto Internacional para Mauritania –integrado por la Unión Africana, la Liga Árabe, la ONU, la Unión Europea, la Organización de la Francofonía y los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU- declarara que las quejas recibidas no tenían argumentos válidos.  Además, una serie de otras tendencias observadas durante las votaciones llevaron a este grupo a concluir que no hubo fraude y que las elecciones fueron transparentes.

El 5 de agosto de 2009, Mohammed Abdelaziz juró como el nuevo presidente de la República Islámica de Mauritania, en una ceremonia a la cual asistieron mandatarios o representantes de influyentes países africanos como Marruecos y Senegal.

Algunas reflexiones

Conociendo los hechos, es necesario establecer algunos comentarios u observaciones finales, para así ir dejando en claro el por qué del fallido proceso democrático de la República Islámica de Mauritania.

Primero, la débil institucionalidad política mauritana no fue capaz de resistir ante el menor ataque, sea este de gran o baja intensidad.  En término médico-metafórico, el enfermo aún estaba convaleciente y, por lo mismo, era esperable que en los primeros pasos de este nuevo proceso hubiese recaídas.  Lamentablemente, esto es lo que pasó y esto último se relaciona con la segunda variable involucrada.

Claro, porque el segundo punto a tomar en cuenta es la eterna presencia de los militares en la vida política del país.  La militarización de la política y sociedad es uno de los males que aún padece Mauritania.  La pregunta es cómo eliminar esto.  Quizás lo mejor sea ir robusteciendo la democracia, es decir, ampliar el número de grupos políticos participantes.  En la medida que cada agrupación, por muy pequeña que sea, sienta que tiene herramientas de representación, entonces el accionar de los militares será cada vez más resistido y, en consecuencia, irá quitándole terreno al influjo militar.  Sin embargo, este proceso no es algo de meses, sino que de años y, tal vez, décadas.

Tercero, la crisis económica terminó por pasarle la cuenta al gobierno de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, que a pesar de los esfuerzos (la economía mauritana estaba creciendo durante 2007 y 2008) no logró darle calma a sectores tan importantes como el agrícola y el pesquero.  Los acuerdos, en el área pesquera, parecían darle mayores beneficios a las empresas extranjeras más que a los pescadores mauritanos y eso es algo que debió preveer.

Cuarto, en las elecciones presidenciales de 2007, Abdallahi no había podido ser la primera preferencia en Nouakchott, capital del país.  Aquello que para muchos pudo ser una anécdota, nunca lo fue y eso quedó demostrado con la organización y las facilidades que tuvieron los golpistas, siempre con el apoyo de una importante parte de los habitantes de Nouakchott.  Faltó visión en este punto, pues se pudo haber tenido una mayor seguridad o, buscando otra fórmula, haber intentado darle alegrías a los ciudadanos de la capital.  ¿Populismo? No, el ideal habría sido generar medidas políticas y sociales claras, pero a favor de los habitantes de Nouakchott.

Quinto, las potencias tuvieron un rol bastante apagado en comparación a otros conflictos regionales existentes en África.  Esto se explicaría por la escasa importancia, al menos hasta hoy, que representa Mauritania en términos económicos y de recursos naturales.  No es lo mismo la República Democrática del Congo –donde abundan el oro, el coltán y otros materiales- o Sudán –el verdadero granero de África- que la República Islámica de Mauritania.  Ese parece ser el mensaje enviado por Estados Unidos y la Unión Europea, que tuvieron una tibia reacción ante los golpistas mauritanos.  Lo peor estuvo en manos de China, que nunca dejó de invertir en Mauritania.  Parece ser que da lo mismo quién y cómo gobierne.  Al menos para el gobierno.

Sexto, la Unión Europea demostró que su rol en África debe ser analizado, pues el doble stándard con el cual actuó en el caso de la República Islámica de Mauritania genera preocupación.  ¿Las democracias y los abusos en contra del pueblo son importante en Europa, pero no en Mauritania?, ¿las violaciones a la institucionalidad de un país no tienen relevancia en Mauritania, pero sí en Chad, Sudán o el Sahara Occidental?  Son preguntas que flotan y cuya respuesta es bastante confusa.  La Unión Europea debió tener un mayor rol y una respuesta bastante más dura contra los golpistas.

Séptimo, la Unión Africana no tiene el peso suficiente, ni a un líder (Muammar al Gaddafi) que pueda afrontar con la objetividad y el estricto apego a los valores democráticos que un organismo de integración debiese tener.  Si los conflictos en Somalía, Sudán y Zimbabwe habían sido un gran dolor de cabeza y una nueva demostración de la ineficacia de la Unión Africana, ¿qué se puede decir ahora?

Por último, ha quedado de manifiesto la escasa importancia que el mundo le entrega a un país como la República Islámica de Mauritania.  En los últimos meses se pueden encontrar diversos ejemplos de cómo los gobiernos y los medios tuvieron un papel preponderante a la hora de vivir ciertos problemas.  Por ejemplo, Irán, Abjazia y Honduras.  Sin embargo, parece ser que el pueblo mauritano no genera la misma empatía que lo que sí provocaron iraníes, abjazos y hondureños.

En fin, todas estas variables no hacen más que confirmar algo que parecía bastante predecible, es decir, un primer fracaso en el proceso de lenta democratización de la República Islámica de Mauritania.

Pero no hay que perder las esperanzas, pues esto recién comienza.  Vendrán más desafíos y nuevas oportunidades de consolidar este proceso.  El tiempo irá dando algunas claves, aunque otras ya están a la vista.

Es de esperar que los políticos sepan abrir las puertas correctas y que sepan cerrar las que sólo generan conflictos.

Y con un buen candado.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Elecciones en Costa de Marfil, la otra cara de la moneda

Fecha 28/06/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 30 de octubre tendrían que haberse realizado las elecciones presidenciales en Costa de Marfil. Sin embargo, éstas fueron suspendidas, ya que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) consideró que el país no estaba preparado para aquello, tomando en cuenta la recomendación de la Unión Africana (UA),  que propuso extender en un año más el proceso de pacificación en Costa de Marfil. Tras esta nueva resolución, se estableció que las próximas elecciones presidenciales se llevarán a cabo de aquí al 30 de octubre del 2006.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 de junio, 2006

laurent-gbagbo1El país aún está muy dividido entre los seguidores de Laurent Gbagbo -elegido en forma democrática, el 2000- y los rebeldes, agrupados en las Fuerzas Nuevas (FN). Estas últimas presentan tres ramas o grupos de lucha -Movimiento Patriótico de Costa de Marfil (MPCI), Movimiento Popular Marfileño del Gran Oeste (MPIGO) y Movimiento Por La Justicia Y La Paz (MJP)-, que controlan el norte del país después de septiembre del 2002.

El proceso de paz no ha tenido éxito, pues ambas partes (Gbagbo y las FN) han adoptado postruas muy lejanas y no han demostrado una gran apertura hacia el diálogo. En pocas palabras, se trata de intransigencia por parte de lado y lado. De hecho, ahora ha aumentado la tensión, pues en los últimos días se ha producido una guerra mediática, en la cual los líderes de cada sector han dado a conocer sus ideas. El actual presidente dijo que «jamás permitirá la decapitación del estado de Costa de Marfil» y que continuará en su mandato hasta que las elecciones se realicen. A su vez, las fuerzas rebeldes designaron al líder del MPCI, Guillaume Soro, como Primer Ministro del futuro gobierno de transición.

De todas formas, las declaraciones hechas por las FN no tuvieron mayor acogida en el resto del país. Incluso partidos políticos opositores le negaron legitimidad a lo establecido por las Fuerzas Nacionales. Uno de los miembros del G7 (agrupación compuesta por las FN y los opositores al gobierno de Gbagbo), Alphonse Djedje Mady, aseguró que «las Fuerzas Nacionales pueden proponer un nombre al cargo de Primer Ministro, pero no tienen la facultad para nombrarlo en condición de tal».

Lo preocupante es que la situación es aún peor, ya que no sólo flaquea la estabilidad del país, sino que la división geográfica amenaza con alargar aún más un conflicto político, extremadamente peligroso y que puede terminar en una guerra civil de grandes proporciones.

En este sentido, se hace imperioso contar con la ayuda de los mismos países africanos. Lamentablemente, los rebeldes rechazan a Sudáfrica como mediador del enfrentamiento y aseguran que no acatarán lo establecido en conversaciones en las cuales participe el estado sudafricano. Según ellos, Sudáfrica es un mediador parcial y, además, lo acusan de haber vendido armas al gobierno marfileño, lo cual constituye una violación a la resolución de embargo establecida por parte de la ONU.

Hoy, el estancamiento del proceso de paz parece amenazar fuertemente el equilibrio de la política y sociedad marfileña. Los problemas no logran superarse y lamentablemente se han postergado diversos encuentros, en los cuales ambas partes tenían que conversar acerca de varios puntos aún sin solución pacífica. Mientras, los rebeldes no dejarán sus armas y proseguirán su lucha. Sin embargo, dijeron estar de acuerdo en reanudar el diálogo, siempre y cuando Sudáfrica no actúe como intermediario. Nigeria aparece como posible candidato, pero eso aún debe discutirse.

En conclusión, ahora será el turno de la Unión Africana de velar por el correcto funcionamiento de la democracia e institucionalidad en Costa de Marfil. El presidente de la UA, el nigeriano Olusegun Obasanjo, deberá adoptar un rol más activo. De seguro le tocará responder como máximo representante de la UA, pero puede ser que su país deba interceder como mediador. Sea cual sea el caso, lo importante es que aún queda una luz de esperanza.

Muy pequeña, pero aún con vida.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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