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La UE y su deuda con los refugiados

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La UE y su deuda con los refugiados

Fecha 2/10/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En los últimos días se ha debatido mucho (quizás demasiado) sobre las elecciones legislativas alemanas y el cuarto período de Angela Merkel a la cabeza de la política alemana (y europea). Entre otros temas, se ha dicho que ha sido el triunfo del “europeísmo” y se ha alabado la valentía de Merkel para enfrentar el tema de la migración.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de octubre de 2017

(Columna de opinión publicada en Cooperativa.cl)

(Fuente: Freedom House)

Sin embargo, cabe poner paños fríos y analizar la real situación de los refugiados en la Unión Europea (UE). Según datos de la Comisión Europea, la UE debió haber reasentado y reubicado a 182.504 refugiados al 26 de septiembre del presente año. Parecía ser un bonito compromiso –aunque las cifras son mínimas si se comparan con la cantidad de refugiados acogidos por Turquía, Líbano, Jordania y otros países de Medio Oriente, que superan los 4.000.000-, pero todo terminó mal, ya que la UE falló y no cumplió su promesa. Claro, pues apenas reasentó y reubicó al 25,49% del total comprometido. En una sola palabra, vergonzoso.

Cabe decir, en honor a la justicia, que hubo estados que sí respondieron. Por ejemplo, en el ítem de la reubicación (desde Grecia e Italia) Malta acogió al 113% de lo pactado, mientras que Finlandia (94%) e Irlanda (92%) estuvieron muy cerca de la meta fijada. La Alemania de la alabada Angela Merkel obtuvo un discreto 28%, mientras que Francia y España alcanzaron indignos 22% y 14%, respectivamente. Peor aún, hubo otros miembros de la UE que tuvieron menos de 10% y hubo otros que se negaron a recibir refugiados.

Si vemos el tema de los reasentamientos (desde fuera de la UE), los números mejoran bastante –diez países llegaron al 100%, dentro de los cuales está Alemania, y otros cinco mostraron cifras superiores al 80%, dentro de los cuales está Francia-, pero esto no borra la triste realidad. Y es que ese 25,49% de cumplimiento no se puedo soslayar, ni esconder o tapar. La crisis humanitaria está viva y lo acontecido con los reasentamientos y reubicaciones confirma, una vez más, que la política exterior de la UE en el tema de las migraciones ha fracasado.

Los motivos son diversos –existencia de criterios de selección poco atinados, falta de cohesión política al interior de la UE, carencia de mecanismos punitivos para los estados miembros que no cumplen o se niegan a asumir los acuerdos comunes, voluntad política y más empatía y solidaridad, entre otros- y es momento que el bloque de integración europeo analice la situación y reflexione sobre lo acontecido. Las crisis humanitarias siguen muy presentes en Irak, Siria, Afganistán, Libia, Sudán del Sur, Eritrea, Yemen y Palestina (por dar algunos ejemplos) y las medidas (léase, las políticas establecidas) tomadas por la UE han estado lejos de ser soluciones para estos conflictos, en lo cuales, vale recordar, el bloque europeo ha tenido mucha responsabilidad. Es cosa de ver lo que está ocurriendo en Libia, donde queda la impresión que la intervención francesa está empeorando la situación, y en Siria, donde Turquía, Irán y Rusia, aparentemente, han dejado a la UE en un segundo plano de influencia. Además, la fórmula de pagar a terceros para que éstos se hagan cargo del problema es una demostración de la pérdida de humanidad de países que olvidan su historia reciente, en la cual millones de sus habitantes –todos ellos refugiados o inmigrantes- fueron acogidos por países del “Tercer Mundo”.

Mientras, el fenómeno migratorio seguirá dejando muertos, heridos, violados y, en definitiva, una estela de abusos y sufrimiento. Solo por dar una cifra, al 25 de septiembre se registraban 4.147 inmigrantes muertos en el mundo, de los cuales el 64% corresponde a la famosa (y triste) ruta del Mediterráneo. Como se puede ver, el problema está en las mismas puertas de Europa, pero esta última aún no reacciona y sigue repitiendo, año tras años, fracasos en sus políticas.

Pero eso no importa, pues acaba de ganar Angela Merkel y eso augura buenos tiempos para la Unión Europea y el “europeísmo”. Si en medio de eso siguen muriendo personas, eso da lo mismo.

Solo son iraquíes, sirios, senegaleses, afganos o eritreos. Y ellos no cuentan.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Crisis diplomática entre Países Bajos y Turquía, ninguna sorpresa

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Crisis diplomática entre Países Bajos y Turquía, ninguna sorpresa

Fecha 17/03/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El reciente fin de semana ocurrió algo que llamó la atención, desde el punto de vista diplomático, pero que, finalmente, no puede ser considerado como una situación inesperada y aislada. La nueva polémica (una más) entre un estado de la Unión Europea (en este caso, Países Bajos) y Turquía ya no sorprende y, peor aún, parece ser algo sumamente lógico.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de marzo de 2017
(originalmente publicado en Cooperativa.cl)

Copyright by World Economic Forum
swiss-image.ch/Photo by Andy Mettler

La historia ya es conocida, pero vale la pena realizar un breve resumen. El ministro de Asuntos Exteriores de Turquía quiso participar en una actividad, a realizarse en Países Bajos, cuyo objetivo era informar a la comunidad turca –se estima en 500.000 la cantidad de ciudadanos turcos viviendo en territorio holandés- sobre el próximo referéndum que tendrá lugar en Turquía y que, como ya se sabe, definirá si se le entrega más poder a la figura del presidente. Esto último, es algo bastante relevante tomando en cuenta el proceso de “eternización” o “entronización” que está llevando a cabo Recep Tayyip Erdogan, actual mandatario de Turquía.

El problema es que las autoridades neerlandesas le negaron el ingreso al país al mencionado ministro. Ahí comenzó todo, pues el representante del gobierno turco no opuso mayor resistencia, pero se fue rumbo a Francia. Ahí, sí fue recibido y, de hecho, aprovechó para mandarle algunos mensajes a la administración de Países Bajos.

El asunto no se terminó ahí, ya que, algunas horas después, la ministra de Familia también sufrió con el trato dado por las autoridades neerlandesas. La mencionada representante del gobierno turco quiso entrar al consulado de Turquía en Rotterdam, pero se le impidió aquello y, posteriormente, fue llevada hacia el aeropuerto –acompañada por policías- y, una vez ahí, fue deportada (y declarada persona non grata) hacia Alemania, país del cual provenía.

Acto seguido, la “polémica” comenzó a subir de tono, pasando a convertirse en un grave incidente diplomático y político. Por un lado, el gobierno de Países Bajos expresaba su derecho a decidir quién entra a su territorio, mientras que, por el otro, la administración de Turquía consideraba que se habían violado principios relativos a los protocolos y a los derechos de los diplomáticos. Por ejemplo, respecto al uso del pasaporte diplomático. En medio de esto, aparecieron protestas en Países Bajos y Turquía, todas realizadas por turcos. Así, Países Bajos cerró su embajada y su consulado en Estambul, en tanto que un turco logró ingresar al consulado holandés, para luego sacar la bandera neerlandesa y poner, en su lugar, la de Turquía. En paralelo, el gobierno de Turquía le pedía el embajador de Países Bajos que “alargara sus vacaciones”, pues no sería recibido de regreso.

Ahora, dejemos a un lado el relato cronológico de los hechos y vayamos hacia los asuntos centrales. Primero, y más allá de si la administración neerlandesa tiene razón o no en la base de sus actuaciones, lo hecho con los ministros turcos fue un terrible error o, si se prefiere, un horror diplomático. ¿Qué costaba negociar y ver la posibilidad de anular (por medio de una vía pacífica) o posponer las actividades?, ¿era muy difícil dejarlos entrar y, luego, conversar para expresarles que no estaban de acuerdo con lo que ellos querían hacer en territorio holandés?, ¿acaso no pensaron que tirarle policías o negarle el ingreso a representantes de un gobierno traería consecuencias? Y, peor aún, ¿no entienden el contexto actual, en el cual Europa se enfrenta a serios problemas como la inmigración y el terrorismo, además de la creciente islamofobia? Así, por donde se le mire, el procedimiento de las autoridades neerlandesas estuvo lejos de ser algo correcto.

Segundo, la reacción del gobierno de Turquía o, más bien, de algunos de sus representantes pareció una rabieta de un niño y no la de un adulto que, en teoría, sabe que en el mundo de la diplomacia hay que cuidar la forma de expresarse. Entendiendo que recibieron un trato denigrante, hablar de una “Países Bajos nazi”, de “fascismo” o decir que “habrá serias repercusiones, incluso si se disculpan” no fue más que echarle más bencina al fuego.

Tercero, y esto es algo que no puede negarse –por más que algunos políticos europeos digan lo contrario-, la postura ambigua y cambiante de la Unión Europea (UE) respecto al proceso de adhesión de Turquía a la UE ha sido un elemente clave al momento de analizar el por qué de las fricciones que se vienen desarrollando, hace años, entre ambas partes. En este sentido, cabe consignar que la UE estableció, en 2004, que Turquía cumplía con todos los criterios políticos de Copenhague y, posteriormente, en 2005, dio inicio a las negociaciones para la adhesión.

Sin embargo, declaraciones como aquellas de Nicolas Sarkozy, realizadas en 2006, (“debemos decidir quién es europeo y quién no. No podemos dejar abierta esta cuestión”) comenzaron a mermar el proceso de adhesión. Así, diversos gobiernos europeos comenzaron a mostrar posturas poco claras en relación a Turquía y esto, obviamente, fue mermando la confianza del gobierno de Turquía respecto a los estados miembros de la Unión Europea. Eso sí, también es necesario decir que, en paralelo a esto, Turquía cometió errores, como su postura frente a la cuestión chipriota y la demora en ciertos aspectos claves que era necesario mejorar para así fortalecer el proceso de adhesión.

Cuarto, no es una mera casualidad que las últimas polémicas de Turquía hayan sido con países que, históricamente, han tenido altos grados de rechazo frente al ingreso de Turquía en la Unión Europea. Dentro de dichos estados se encuentran, justamente, Países Bajos, Austria y Alemania, con quienes ha habido choques durante marzo.

Quinto, la polémica con Turquía ha demostrado, una vez más, que existen serias grietas en el interior de la Unión Europea. En forma más directa y fácil, se evidencia, nuevamente, que hay muchas divisiones al interior de la UE. El hecho que Países Bajos expulsara a un ministro, pero que Francia lo dejara entrar es una prueba de ello, algo que, además, generó discusiones en la política interna gala.  Así, es momento que la UE defina, de una buena vez, qué hará con Turquía, aunque todo indica que el proceso de adhesión de Turquía parece estar más cerca del fracaso que de una etapa de renacimiento. Esto último, pues el letargo del mismo ha significado que aumenten los porcentajes de rechazo (de la población europea) en relación al ingreso de Turquía y que, en paralelo, se incremente la indiferencia y la oposición (de la población turca) al “sueño europeo”. Por ejemplo, ante la pregunta de si el ingreso de Turquía era algo positivo (para la población turca), la respuesta “sí” fue cayendo progresivamente. Si en 2004 un 73% aprobaba eso, en 2006 ya bajaba al 54%, mientras que en 2016 la caída era total y mostraba un 28% de apoyo. Junto a eso, un 46% considera (en 2016) que entrar a la UE no sería un beneficio. Al mismo tiempo, aumenta la valoración negativa en el tema del ingreso de nuevos miembros a la UE. Así, en Austria -según cifras del año pasado-, un 71% considera que no es bueno seguir alargando la UE, en tanto que los números en Alemania y Países Bajos llegan a un 68% y 64%, respectivamente.

Sexto y último, se puede concluir que lo acontecido entre Países Bajos y Turquía (confiando en que no pase a mayores y no se convierta en un problema entre la UE y Turquía) es la natural consecuencia de un proceso que ha variado demasiado con el paso de los años. Y no solo se trata de los elementos mencionados previamente, sino que también por el hecho que los contextos globales y regionales han variado mucho. Además, la “negligencia diplomática” se ha mantenido durante varios años y eso ha llevado, como era esperable, a permanentes roces, choques o conflictos. Y si a esto agregamos fenómenos del último tiempo (una cada vez más fuerte islamofobia, la “islamización” de Turquía, el drama de la inmigración, la presencia del Estado Islámico y la existencia de guerras en países como Libia y Siria), las proyecciones sobre la relación entre la UE y Turquía no pueden ser positivas. Por eso, es momento para que ambas partes reflexionen y entiendan que deben adaptarse a las nuevas condiciones, aunque, quizás, aquello no ocurrirá.

El distanciamiento ha aumentado y las diferencias se han convertido en protagonistas. Y el ambiente político-social está cada vez más revuelto.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

 

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“Occidente” fallará…….nuevamente

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“Occidente” fallará…….nuevamente

Fecha 12/09/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Una coalición de 40 países anunció, con bombos y platillos, que luchará contra el temido Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, en inglés). De confirmarse las informaciones, veremos, nuevamente, a Estados Unidos y Francia, entre otros, metiendo sus narices (y mucho más que eso) en una complicada zona como Medio Oriente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de septiembre, 2014

Fotografía: AP

Fotografía: AP

A priori, se puede inferir que esta iniciativa podría estar condenada al fracaso. Esto último, por razones evidentes. Primero, se tratará de un esquema ya repetido y que, en los últimos casos, no dio resultados. Es cosa de ver lo que ha acontecido, por dar algunos ejemplos, en Libia, Siria y el mismo Irak. Segundo, el tiempo se ha encargado de confirmar que el mal llamado “mundo árabe” –concepto bastante general y que olvida las particularidades étnicas de cada país- suele ser, debido a sus notables desuniones, incapaz de ir más allá de la superficie. Tercero, se intentará apagar el fuego con bencina. Cuarto, queda la impresión que los gobiernos involucrados no tienen una clara idea sobre quién es su rival. Quinto, el campo de acción de ISIS también se estaría expandiendo a otras zonas y a través de alianzas con células terroristas que operan, de forma independiente o conectadas entre sí, en el Magreb.

Así, y ad portas de una nueva intervención militar, que seguramente se materializará con ataques aéreos (para así evitar bajas en el terreno) y con más destrucción, cabe poner énfasis en los últimos fracasos de las propuestas hechas por “Occidente”–otro concepto que amerita una revisión por parte de los académicos- en la resolución de conflictos en zonas o continentes como África y Medio Oriente. Por eso, vale la pena realizar una rápida revisión de ciertos casos emblemáticos.

En la mal llamada “Primavera Árabe” –concepto difuso, poco académico y alejado de la realidad- cayeron Zine el Abidine Ben Alí (en Túnez), Muammar Al Ghaddafi (Libia), Hosni Mubarak (Egipto) y Ali Saleh (Yemen). Y aunque cada uno de estos países ha desarrollado (y desarrolló y desarrollará) un proceso diferente, todos ellos tienen en común que el accionar de las “potencias occidentales” no fue más que un error. No sólo porque durante años le dieron la mano a estos dictadores, sino que después, y mediante la clásica vuelta de chaqueta, optaron por apoyar a las “masas” (otro concepto confuso) que querían sacar del poder a los mencionados líderes. Luego, vendría el descalabro en los estados mencionados.

En la actualidad, Libia tiene dos parlamentos (uno en Tripoli y otro en Benghazi) y dos gobiernos (uno islamista y otro de “unidad nacional”); Egipto nos ha recordado al Gatopardo; Yemen no logra salir de su frágil y casi inexistente institucionalidad democrática; y Túnez ha sufrido para intentar lograr la estabilidad política (la social no debería restablecerse  en el corto y mediano plazo). A eso, hay que sumar la guerra civil en Siria y, por supuesto, el caos imperante en Irak post invasión estadounidense y retirada de las tropas. Todo esto ha servido, además, como un detonante de algo que ya existía, pero que en las condiciones actuales encontró un camino más llano para avanzar. Se trata del terrorismo, tráfico de armas y otras preocupantes situaciones.

Como se puede ver, donde hubo intervención europea-estadounidense, sólo se generó desorden y se profundizaron los conflictos internos de los países y las regiones afectadas. Como última muestra, la guerra en Malí.

Por eso, no se cae en una exageración, ni tampoco en un panfleto político, cuando se afirma que las iniciativas europeo-estadounidenses sólo han fracasado. Si esto último es algo que se quería provocar (desde la perspectiva de las teorías conspirativas) o si simplemente se trató de un mal manejo de la situación (visión simplista, pero que no debe ser descartada) es otro tema y no viene al caso examinarlo en esta columna.

Es así que ahora, en momentos en los cuales se anuncia una coalición internacional (frase conocida) es importante recordar que este tipo de campañas suelen demostrar y confirmar que “Occidente” no es un interlocutor válido para solucionar problemas en África y Medio Oriente.

“Occidente” falló, falla y fallará. A menos que cambie sus paradigmas.

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La UE y el peligroso ingreso a la dimensión desconocida

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La UE y el peligroso ingreso a la dimensión desconocida

Fecha 19/03/2013 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Si antes fueron España, Portugal, Grecia e Irlanda, ahora lo es Chipre, otro estado miembro de la Unión Europea (UE) que ha necesitado el rescate financiero por parte del bloque de integración del Viejo Continente. El problema es que se mantiene la tendencia de salvar a los bancos, aunque esta vez en forma realmente preocupante.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 19 de marzo, 2013

Agencias

Agencias

La situación ya es conocida. Chipre necesita cerca de 17.000 millones de euros y la Unión Europea acordó entregarle 10.000. El resto lo tendrá que conseguir el propio gobierno de la isla mediterránea, el cual anunció que esa suma se obtendrá a partir de un impuesto especial que se cobrará en las cuentas de ahorro existentes en los bancos chipriotas.

Aún cuando Nikos Anastasiades, presidente de Chipre, ha dicho que la medida fue tomada por el gobierno chipriota, todos apuntan a Alemania –específicamente, Angela Merkel-, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Unión Europea. No hay dudas, según una buena parte de la población de la pequeña ínsula, que ellos fueron los artífices de la idea de pasar a llevar algo que, además, se había prometido no se violaría.

Existía la garantía de no afectar a los ahorradores de menos de 100.000 euros, pero rápidamente se olvidó aquello y así fue que el pasado sábado se anunció que las cuentas con más de 100.000 euros recibirían un impuesto del 9.9% y que las de menos de 100.000 tendrían que pagar el 6.75%.

Evidentemente, fue un error. Ciertamente, en lo humano, pues una solución así no sólo es macabra, sino que además supone entender que la UE sigue castigando a la población común y corriente, la misma que ya ha sufrido bastante a causa de la mala gestión de los políticos y de un sistema injusto que no ha sabido reinventarse.

Tan evidente fue la equivocación, que ya el lunes se hablaba de eliminar el impuesto al grupo de ahorradores con menos de 100.000 euros. A cambio, se aumentaría a cerca del 12.5% a quienes tienen más de 100.000 euros. Con esto, se buscaba disminuir el número de cuentas afectadas, ya que, por ejemplo, en España cerca del 90% de los depósitos pertenecían al grupo de menos de 100.000 euros.  Si bien las cifras varían de un país a otro, es probable que en Chipre la situación sea relativamente parecida.

Sin embargo, esto sigue siendo una mala vía de escape, ya que no importa si alguien ha logrado acumular mucha o poca plata. Lo esencial es que paguen los bancos y el sistema, pero no las personas.

Hoy, las medidas adoptadas, en conjunto, por la UE y el gobierno chipriota no han logrado calmar a la gente y, todo lo contario, han empezado a crear un ambiente de inseguridad y, peor aún, se quebró la confianza. De ahí que miles de ahorradores fuesen, diariamente, a los cajeros automáticos para retirar el máximo de 800 euros permitido por día.

La molestia es evidente. Los chipriotas no sólo se sienten abandonados por su gobierno, sino que, principalmente, por la Unión Europea. Y aunque la demostración de ayer (lunes) no contó con la presencia de miles de personas, los cerca de 500 manifestantes mostraban letreros con consignas como “Fuck Europe” o, aún más lejos, usaban carteles con el símbolo nazi en vez de las estrellas de la bandera de la UE.

Esto último no es algo nuevo, pues el sentimiento anti Unión Europea es algo común en los países que han sido rescatados. Su población ve en Angela Merkel una líder negativa, que sólo se preocupa de defender  sus intereses personales, los de Alemania y los de los bancos. Se sienten traicionados por un bloque de integración que aseguraba protegerlos, pero que ahora, en medio de la crisis, parece tomar partido por las bancas y los grupos de poder.

Más allá de esto, el escenario es complejo, pues ya hay países que se han sentido incómodos con esta modalidad de rescate. Reino Unido está preocupado por la situación de sus funcionarios públicos y sus militares (que son cerca de 3.000) -que trabajan en suelo chipriota- y, en caso de verse afectados por la retirada de sus ahorros, serán protegidos y compensados.

Donde también hay mucha molestia es en Rusia, país en el cual el primer ministro, Dmitry Medvedeev, no tuvo problemas en declarar que lo que está ocurriendo en la isla mediterránea parece ser “una simple confiscación de dinero ajeno”. Y claro que tienen motivos para estar preocupados, ya que los depósitos rusos en bancos chipriotas representan entre el 20% y 25% del total de la isla (unos 80.000 millones de euros).

Y en este punto amerita detenerse, ya que no es descabellado pensar que la rudeza de la Unión Europea hacia Chipre sea producto de esta situación. Por sus leyes, el sistema financiero chipriota se ha convertido en una especie de paraíso fiscal en Europa, lo cual habría generado que muchos de esos millones procedentes de Rusia no sean más que lavado de dinero o, como mínimo, ingresos de dudosa reputación.

Por eso, queda la impresión que la UE está aprovechando este contexto para castigar aquel sistema –en el cual, además, existe un bajo impuesto social-, pero el problema es que con eso no sólo se le da una advertencia a los depósitos rusos y al mecanismo fiscal de Chipre, sino que se perjudica a los chipriotas comunes y corrientes.

Y eso es, justamente, lo peligroso del asunto. Ya no se trata de cesantía, sueldos más bajos, disminución del gasto social o el recorte de la inversión en Salud y Educación, sino que ahora se trata de meterse donde nadie lo había hecho, es decir, los ahorros. Por eso, es momento que la Unión Europea y el gobierno chipriota recapaciten.

Así como el rescate de cada país ha tenido características diferentes, se ha mantenido la constante de salvar a los bancos y al sistema que generó toda esta tremenda crisis. Los gobiernos de turno han perdido la presidencia, pero más allá de eso no han sufrido, mientras que el ciudadano común ha visto que su nivel de vida sigue en franca decadencia.

Más allá de lo estrictamente económico y técnico –para lo cual están los analistas de aquellos ámbitos-, queda la impresión que la Unión Europea están entrando en una dimensión desconocida, en la cual se conjugan intereses personales (reelecciones políticas) e intereses nacionales (mantener el liderazgo regional). En este sentido, los dardos seguirán apuntando hacia Alemania, un país que ha llevado a la UE hacia una segunda recesión, pero sin aún tener claridad sobre cuándo se podrá salir de este abismo político, social y económico.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

 

 

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Implicancias del triunfo de François Hollande en Francia

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Implicancias del triunfo de François Hollande en Francia

Fecha 8/05/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Como ya es tradición, las elecciones presidenciales francesas estuvieron marcadas Seguir leyendo

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Presidenciales en Francia: ¿cómo entender un posible triunfo del socialismo?

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Presidenciales en Francia: ¿cómo entender un posible triunfo del socialismo?

Fecha 13/03/2012 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El próximo 22 de abril se llevarán a cabo las elecciones presidenciales francesas, tras la cual se sabrá si el centroderechista Nicolas Sarkozy tendrá un segundo mandato o si el socialismo logrará retomar el poder.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de marzo, 2012

Al respecto, cabe consignar que el escenario no es el mismo de los últimos comicios presidenciales –por más que algunas tendencias en la intención de voto se repitan- y que uno de los grandes dilemas (para la izquierda) es cómo conseguir la victoria, siendo que los sondeos previos le dan más del 50% de los votos a la centroderecha, derecha y ultraderecha francesa.

Según la última encuesta, realizada por Ifop, François Hollande –candidato del Partido Socialista- ganaría la primera vuelta con un 29% de apoyo. Tras él quedaría el actual presidente (Sarkozy), que llegaría al 27% del total de preferencias. La nacionalista y ultraderechista Marine Le Pen obtendría el 17% y más atrás quedarían el centrista François Bayrou (11.5%) y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon (9.5%).

En una hipotética segunda vuelta, Hollande ganaría con el 55%, dejando a Sarkozy con sólo el 45% -cifra que puede considerarse positiva para el actual presidente, ya que hace un tiempo los sondeos , lo cual suena contradictorio si se toma en cuenta que la suma de votos (en la primera vuelta) le daría un 55.5% a la centroderecha, la derecha y la ultraderecha unidas. Las cifras mencionadas no varían mucho en los diversos sondeos que se han realizado en las últimas semanas.

En este sentido, es importante destacar que cerca del 40% de los encuestados reconoció no tener claro aún por quién votará. Además, es muy probable que haya una importante fuga de votos desde los seguidores de Bayrou hacia Hollande. ¿Por qué? Simplemente, pues algunos de ellos no están dispuestos a ver un nuevo mandato del actual presidente galo.

¿Existe la posibilidad que seguidores de la ultraderecha opten por el candidato socialista en un hipotético balotaje? Nunca se puede asegurar algo, pero salvo excepciones aquello no debiese ser el natural proceso. Mucho más razonable y probable es que de aquí a mayo Le Pen pierda una importante cantidad de preferencias ante la fuerte irrupción de Mélenchon, que ha tenido un gran progreso. Tanto así, que el postulante izquierdista superó, hace algunos días, la barrera histórica del 10%, lo cual confirma que su apoyo va en franco ascenso.

Jean-Luc Mélenchon ha tenido un discurso inteligente y estratégico, el cual le ha significado ganar muchos votos en los sectores más pobres de la sociedad. Estos últimos solían simpatizar con Marine Le Pen, pero el hábil Mélenchon les ha recordado que “nosotros somos los que hemos luchado, históricamente, por los pobres y no la ultraderecha”.

La teoría del avance de Mélenchon adquiere mayor potencia si se toma en cuenta que hace un año las encuestas le daban entre un 20% y un 24% a la candidata ultraderechista, mientras que Mélenchon sólo recibía entre un 4% y 5%.

En junio de 2011, Hollande ya lideraba con un 26.5%, en tanto que Sarkozy y Le Pen (20.5%) luchaban por el segundo puesto. Mélenchon ya trepaba al 7% y desplazaba a Bayrou (6%).

A fines de 2011, Bayrou remontaba y llegaba al 11%, lo cual coincidía con la baja de Hollande (entre 27% y 29%, es decir, una caída de hasta diez o 12 puntos porcentuales). Sarkozy ganaba unos votos (25%) y Le Pen comenzaba su declive (entre el 16% y 20%).

En enero de 2012, Bayrou lograría uno de sus mejores resultados (14%) y Mélenchon doblaba su rendimiento y llegaba al 8.5%. Sarkozy ya se adelantaba en unos siete puntos a Le Pen y Hollande se consolidaba en el primer lugar. Fue en este momento que las tendencias quedaron muy claras. La segunda vuelta sería, sin dudas, entre el candidato socialista y el actual presidente, alejando el fantasma (y el horror) de ver a un miembro de la familia Le Pen en balotaje (2002, año en el cual Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, “humilló” a Lionel Jospin y lo dejó en tercer lugar).

Reflexiones previas a las presidenciales

  • Nicolas Sarkozy ha podido mantenerse en carrera gracias a la crisis económica de la Unión Europea. A pesar de no tener grandes números, la economía francesa ha tenido una relativa estabilidad y eso es apreciado por el electorado.
  • La fuerza de la ultraderecha ha comenzado a bajar y es muy probable que el día de la elección llegue a cerca del 15%. Por contrapartida, la izquierda podría aspirar al 11% o incluso 12%.
  • Es evidente que François Hollande es el gran favorito para ganar las presidenciales.
  • Los comicios presidenciales estuvieron muy marcados por la caída de Dominique Straus-Kahn, que era el natural candidato del socialismo. Sus problemas han hecho reflexionar a los votantes, pues ¿qué tipo de gobierno quiere?, ¿un socialismo burgués tipo DSK?, ¿una derecha “consecuente”, pero con tintes xenófobos? Difícil decisión.
  • La inmigración ha sido un tema central en las campañas y no es casualidad que en el último tiempo Sarkozy comenzara a proponer fuertes medidas contra el flujo migratorio. Con esto, seguramente pretende sumar más votos en la primera vuelta y así “asustar” a los socialistas.
  • Si bien la centroderecha y la derecha suman más del 50% de los votos, no se debe olvidar la debacle sufrida en las elecciones cantonales, en las cuales el UMP tuvo una dura y humillante derrota.
  • En un momento en el cual los ciudadanos europeos han castigado a los gobiernos socialistas, por su mal manejo en cuestiones económicas, la caída de Nicolas Sarkozy podría significar muchas cosas. Entre ellas, que la crisis económica no es patrimonio del socialismo. También, que los franceses no sólo votan en función del dinero. Esto último sería un potente mensaje para Europa.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy

raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado
Fotografía: Nicolas Sarkozy (Licencia Creative Commons)

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UE

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Unión, ¿o (des)Unión Europea?

Fecha 3/09/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Tras la creación, en 1951, de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) y luego de los consiguientes tratados que dieron origen a la Comunidad Económica Europea (CEE), en 1957, y la Comunidad Europea (CE), en 1986, todo este proceso de integración del Viejo Continente llegó a su punto culmine con el Tratado de Maastricht, firmando en 1992 y que dio origen a lo que actualmente se conoce como Unión Europea (UE).  Un bloque original de seis estados terminó ampliándose a 27, con lo cual se generó una Europa pacífica, democrática y solidaria entre sí.  Sin embargo, lo que parecía ser un cuento de hadas ha dado muestras de importantes fisuras y, lo más preocupante, ha entregado señales contradictorias respecto a la anhelada y destacada fraternidad europea.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre, 2010

UELa actual expulsión de gitanos desde Francia, medida adoptada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy,  y la anterior, hecha por el gobierno de Silvio Berlusconi, en 2008, son una clara muestra de los nuevos tiempos de la Unión Europea.

La situación es peor aún si se consigna, tal cual asegura Robert Kushen, director ejecutivo del European Roma Rights Center, que Alemania, Dinamarca y Suecia también están llevando a cabo la xenófoba e inhumana acción del retorno obligado de miles de romaníes.

Esta tendencia quizás sea el mejor ejemplo, lamentablemente, de lo que podría llamarse el desmembramiento de los valores de igualdad, apertura, tolerancia y sana convivencia al interior de la Europa integrada.

Al respecto, cabe consignar que desde la parte legal no se están pasando a llevar preceptos, pues los ciudadanos rumanos y búlgaros no gozan de libertad de movimiento pleno, al menos hasta 2013.  Esto es algo que se acordó al momento que Bulgaria y Rumania ingresaron a la Unión Europea y es una postura que comparten Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Malta, y el Reino Unido.

Sin embargo, la gran pregunta es cómo puede haber una contradicción tan grande en el bloque de integración europeo, que, por un lado, promueve la fraternidad y la solidaridad, pero, por el otro, no tiene problemas en expulsar a ciudadanos europeos, pues los gitanos rumanos y búlgaros son, guste o no, parte de la población del Viejo Continente.  Que tengan libertad para moverse por Europa durante tres meses, pero que en caso de no obtener un trabajo sean devueltos a sus países no sólo es algo incoherente –según los valores esenciales de la UE- sino que se convierte en una desgraciada política poco humanitaria, injusta y, por sobre todo, racista.

Por eso, no extraña que al interior del gobierno francés ya haya serias disputas por esta medida, que a algunos ministros ha causado gran desagrado.  Lo mismo para la Iglesia Católica y diversas asociaciones gitanas.  Mientras, la Unión Europea, con demasiada lentitud y parsimonia, ha decidido que Francia explique esta iniciativa, para ver si se toman medidas.  La interrogante es, ¿se atreverá el bloque europeo a sancionar a uno de los pilares de esta unión?

La desunión en otros ámbitos

Lamentablemente, la (des)Unión Europea se puede apreciar, y con aún mayor claridad, en otros aspectos de gran relevancia.  El primer tema tiene relación con los evidentes conflictos internos y con las fuertes diferencias de opinión de los estados miembros ante importantes asuntos comunitarios.  El fracaso de la Constitución, con los emblemáticos “No” de Francia y Holanda, en 2005, fue un duro golpe para el conglomerado europeo, pero, por si eso fuera poco, el Tratado de Lisboa, finalmente firmado en 2009, pasó por diversas zozobras.  Mientras República Checa y Polonia hicieron ruido y generaron angustia ante un posible rechazo o aceptación mediante concesiones, en Irlanda la situación fue bastante más clara y los irlandeses, en junio de 2008, le dijeron “No” a este documento, que buscaba reemplazar a la fallida Constitución.  El cambio de algunas normas que disgustaban, un fuerte lobby europeo y una gran campaña del gobierno irlandés finalmente lograron que en octubre de 2009 Irlanda diera el ansiado “Sí”.  La Unión Europea volvía a respirar.

Pero eso no es todo, pues en Reino Unido –país que no ha querido cambiar su moneda por el euro, en otra señal a tomar en cuenta- cada cierto tiempo aparece el rumor de un referéndum para ver si el país se mantiene en la Unión Europea.

Respecto a los asuntos políticos exteriores de la UE, el tema de la adhesión de Turquía al bloque de integración quizás sea el gran dolor de cabeza respecto a las ampliaciones (asunto que por las circunstancias actuales ya es problemático).  Por cerca de medio siglo, Turquía y Europa han firmado diversos acuerdos, de toda índole, pero quizás el momento más relevante fue en diciembre de 2004, cuando el Consejo Europeo concluyó que Turquía cumplía con satisfacción los criterios políticos de Copenhague y, consecuencialmente, sugería el comienzo de las negociaciones de adhesión, las cuales se iniciaron, oficialmente en octubre de 2005.

A partir de entonces, Turquía pasó a ser motivo de conflictos al interior de la Unión Europea, especialmente luego que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel llegasen a la presidencia de Francia y Alemania, respectivamente.  Mientras Sarkozy y Merkel –apoyados por –Austria, Bélgica y Holanda- han sido enfáticos respecto a que Turquía no puede ser parte de la Unión Europea, otros países como España, Italia, Portugal y Reino Unido aseguran que los turcos tienen un espacio en la Unión Europea y que sería una deshonra para Europa no cumplir la palabra.

Esta serie de disputas internas ha tenido como principal consecuencia que las posiciones de la UE y Turquía se han polarizado.  Según un estudio del German Marshall Fund, realizado en 2009, sólo el 19% de los europeos consideraba como “positivo” el ingreso de Turquía a la Unión Europea, mientras que los turcos también variaron sus posturas.  Si en 2004 un 73% creía que la adhesión a la UE era “buena”, en 2009 apenas un 48% mantenía esa postura.

La situación de las ampliaciones podría ser aún más compleja si Croacia e Islanda consiguen su ingreso definitivo, ya que el gobierno turco comienza a perder la paciencia y últimamente ha dicho, con claridad que “si no nos quieren en Europa, estaremos felices con nuestros amigos musulmanes”, haciendo énfasis en los cada vez mayor acuerdos e intercambios con países de Asia Central.

Otros asuntos de relevancia son la inmigración y el racismo.  Al respecto, la creación, en octubre de 2009, de un marco legal común a la política migratoria de la Unión Europea causó división.  La dureza de las nuevas normas provocó gran rechazo en partidos de izquierda europeos y muchos gobiernos tampoco estuvieron muy de acuerdo.  Por ejemplo, Dinamarca no quiso sumarse a esta iniciativa.

Justamente, esta normativa, según muchos, está orientada a ordenar el asunto migratorio, lo cual es cierto y, además, muy necesario, pero no deja de ser posible que detrás de esto haya una matriz xenófoba.  Dicha teoría se confirma con lo que ocurre con los gitanos, con africanos y latinoamericanos.  El concepto “Eurabia”, el interminable conflicto del velo y la segregación social de “hijos de inmigrantes” siguen siendo una piedra de tope para la Unión Europea.

Por último, el asunto de Kosovo –con 31 estados europeos reconociendo su independencia-, la falta de una voz clara respecto al mundo árabe-musulmán  y la apatía de algunos sobre el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” han mostrado otros ejemplos de división.

Es por eso que los ciudadanos europeos comienzan a dudar sobre este bloque de integración que los aunaba bajo ciertos preceptos bastante nobles, pero que hoy no han traído consigo buenas consecuencias, ni más fraternidad.

Por último, según el Eurobarómetro 73, publicado en agosto reciente, un 49% cree que es “positivo” estar en la UE, pero hace tres años era un 58%.  Un 53% cree que su país se ha beneficiado por el ingreso a este bloque, pero en 2007 era un 59%.  Las cifras no mienten y los hechos tampoco.

La Unión Europea enfrenta una fase clave y sin saber hacia dónde va el buque.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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Una cumbre intrascendente, pero de gran relevancia

Fecha 5/06/2010 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace algunas semanas culminó un nuevo encuentro entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe, algo que se ha repetido en seis ocasiones desde 1999.  Y aunque la integración de estas dos zonas tan grandes es algo que a priori puede ser catalogado como positivo, la evidencia ha ido demostrando que estas negociaciones, basadas en principios económicos, presentan algunas vallas de difícil salto y que, con el tiempo, se han convertido en grandes dificultades para esta iniciativa que busca aunar conceptos entre latinoamericanos, caribeños y europeos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 5 de junio, 2010

ue-alc-2010Algunos podrán decir que es muy negativo decir que las relaciones eurolatinoamericanas no pasan por un buen momento, pero otros podrían asegurar que aquello no es más que la realidad.  Y, también, estarán quienes afirmarán que los nexos se han mantenido dentro de los márgenes acostumbrados.

En honor a la objetividad y, dependiendo del prisma con el cual se observe, los tres postulados mencionados podrían ser ajustados a lo que efectivamente sucede.  Es por eso que se puede catalogar como ambiguo el proceder entre ambos bloques.

Primero, porque a pesar de algunos logros concretados tras la VI Cumbre UE/ALC quedó en evidencia que se negocia en busca de beneficios económicos, pero, en paralelo, se intentan imponer medidas tendientes a limitar ciertas conductas.  Esto último tiene que ver, por ejemplo, con el pedido de Argentina en orden a revisar el tema de las Islas Malvinas.  También, tiene relación con las políticas migratorias del organismo europeo hacia los viajeros latinoamericanos.

Quizás esto último sea lo más importante, ya que mientras el asunto de las Malvinas tiene un carácter más político, aquello relativo a las condiciones de ingreso a Europa cae dentro de lo que se conoce como “temas humanitarios”.

¿Se puede hablar de igualdad si a los habitantes de una parte se les impide la entrada a un lugar determinado sólo por tener rasgos indígenas?

Ciertamente, no.  Y, lamentablemente, eso es lo que ocurre en la práctica.  Es cosa de sentarse a ver la diferencia de tratos en el aeropuerto de Barajas.  Los sudamericanos blancos, de apellidos europeos y con una profesión seguramente podrán ingresar a tierras del Viejo Continente, en tanto que aquel peruano, ecuatoriano o boliviano de piel café, con el pelo negro y de baja estatura seguramente deberá esperar que un milagro le permita pasar las barreras.

Las medidas establecidas en contra de los miles de latinos que van a Europa como delincuentes son necesarias y positivas, pero se debe entender que cuando se cae en discriminaciones raciales se produce un fuerte problema.  Y en el caso de la Unión Europea es aún peor, ya que se genera una contradicción muy fuerte.

Por un lado se habla de igualdad entre latinoamericanos y europeos, pero, por el otro, aquello sólo es una hermosa retórica.  Queda demostrado, entonces, que si se trata de obtener beneficios económicos da lo mismo si se conversa con un latino de origen caucásico o aborigen.  Sin embargo, llegada la hora de compartir cultura, cambia el paradigma y se produce una terrible discriminación.

Otro elemento que permite reafirmar la ambigüedad del proceso de integración entre la Unión Europea y Latinoamérica tiene que ver con asuntos pendientes aún sin resolución y que, normalmente, son tapados con un dedo.

Por parte del Viejo Continente, los derechos humanos siguen siendo un tema difuso.  Mientras realizan una férrea defensa de éstos, caen en violaciones a los mismos preceptos que ellos postulan como inquebrantables.  Las políticas de migración vuelven a aparecer en este horizonte y no sólo en relación a los latinoamericanos, sino que, particularmente, en relación a los inmigrantes africanos.  También, porque muchas veces caen en la tentación de darle lecciones sobre Derechos Humanos a los latinos, pero ellos mismos han sido bastante subjetivos en tratar sus temas al interior.

El colonialismo también se mantiene como otro problema sin solución.  Guayana Francesa, Islas Malvinas y la gran cantidad de islas convertidas en territorios de ultramar por Francia y el Reino Unido aún generan incomodidad.  Si se desea una verdadera integración, el primer paso es sentarse a conversar sobre asuntos como estos.  Sin embargo, ahí vuelve a aparecer la crítica hacia ambos lados.  A los europeos, por no ser capaces de aceptar este diálogo y, a los latinoamericanos, por no oponer mayor resistencia y hacer vista gorda ante la posibilidad de firmar acuerdos económicos.

Pero quizás el principal responsable de todo esto sea la misma Latinoamérica, incapaz de generar una postura común, sea favorable o no a lo propuesto por la Unión Europea.  ¿Acaso existe una verdadera unión entre los países latinoamericanos?, ¿se puede hablar de una integración real si existen Mercosur, Caricom, Aladi, Comunidad Andina, Alba, Unasur y Sica, entre otros mecanismos integracionistas, pero a pesar de eso las disputas se mantienen y los problemas siguen sin encontrar solución?

Claramente hay un quiebre en Latinoamérica y eso queda demostrado por la fragmentación de sus zonas geográficas.  Centroamérica, el Caribe y Sudamérica están separados y trabajan cada cual por su cuenta.  Quizás el caso más emblemático sea el de Sudamérica y, de hecho, es el subcontinente que aún no logra consolidar hechos verdaderamente de peso con la Unión Europea.

De ahí que los europeos hayan optado por negociaciones directas con países (Colombia y Perú, por dar ejemplos) o con bloques regionales (Mercosur y Comunidad Andina).

La desunión americana es absoluta y de eso deberían preocuparse los líderes continentales.  Brasil parece estar más preocupado de consolidar su ingreso a las grandes ligas mundiales.  Cuánto gustaría ver la actitud brasileña mostrada en las negociaciones con Irán, pero en los conflictos sudamericanos como el litigio entre Argentina y Uruguay (por las papeleras), las odiosidades entre Colombia y Ecuador y Venezuela o, por último, el asunto marítimo de Chile y Perú.

Y qué decir del gobierno argentino, que está más preocupado de la imagen exterior antes que de solucionar sus problemas internos.  Otro caso corresponde a Venezuela, que no cede en su propósito de seguir instaurando una revolución bolivariana que cada vez tiene menos adeptos y que, a la inversa, sigue generando más conflictos y división.

Quizás lo único rescatable es que a pesar del abanico de tendencias políticas, Sudamérica ha logrado vivir en cierta armonía.  Pero claro, siempre aparece algún presidente dispuesto a romper ese equilibrio.  Como Alan García y la demanda marítima.  Un desastre la postura peruana.  La contracara es lo que ha acontecido entre Bolivia y Chile, quienes dejaron de mandarse mensajes por la prensa y desde hace algunos años dialogan acerca de la salida al mar para Bolivia.  Sin embargo, todo lo positivo que puede tener eso queda empañado ante la inexistencia de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Por último, a Latinoamérica le ha faltado generosidad, para así adoptar posturas comunes.  Ahora, en este punto cabe analizar la realidad con mayor precisión.

Si bien se necesita una voz única, es importante reflexionar acerca de cuán factible es eso, tomando en cuenta las evidentes diferencias culturales entre caribeños, centroamericanos y sudamericanos.

Un proceso de integración que debe ser revisado

Debido a lo anteriormente expuesto surge un llamado de alerta para la Unión Europea y Latinoamérica.  ¿No será que equivocaron el camino al intentar reunir 60 estados en un solo bloque de integración, que de por sí presenta barreras como las distancias geográficas, sociales, culturales y económicas?

Bajo este contexto, cabe reflexionar acerca de la VI Cumbre UE/ALC, para así darse cuenta de por qué el proceso de integración está entrampado hace años.  En este sentido, aparecen varias conclusiones.

La primera, existe una desconfianza mutua a nivel social y eso afecta las relaciones, pues a nivel político se ve algo, pero bajo el prisma de los pueblos se observa otra cosa.  Queda la impresión que el europeo medio no ve con muy buenos ojos al latinoamericano, mientras que este último comienza a sentir el rechazo proveniente desde el Viejo Continente y eso genera, a su vez, resentimiento.

En segundo lugar, para garantizar el éxito de los objetivos, hay que reprogramar a estos últimos.  Si se busca un mero intercambio comercial, entonces las negociaciones y los discursos deben ser más claros al respecto.  Esto último queda de manifiesto ante la pregunta de cuál es la integración que se piensa desarrollar.  Por momentos, parece sólo económica, pero en otros puede dar la impresión que es algo más social.  Y a veces, una combinación de los dos o de otras variables.  Falta claridad.

Relacionado con lo anterior, quizás lo más razonable sea esperar a que Latinoamérica y la Unión Europea deciden trabajan en conjunto, pero a través de bloques subregionales.  Esto quiere decir que el camino son diálogos entre el bloque europeo  y Sica, Caricom y Unasur.  Cada cual con sus respectivas particularidades y entendiendo que los latinoamericanos podrán tener muchas cosas en común, pero también grandes diferencias de todo ámbito.  Es así que es deber de Latinoamérica trabajar bien y organizarse para poder conversar con plenas formalidades con la Unión Europea.

Que Mercosur, Comunidad Andina y Alba se unan en un organismo.  Que Unasur sea la instancia de unión y conversación con otras regiones del mundo.  Pero para eso se debe trabajar intensamente en la compleja labor de darle una seria institucionalidad a Unasur.  Mientras aquello no ocurra, será difícil negociar con la Unión Europea.  Es por eso que los sudamericanos deben hacer un mea culpa al respecto, pues Centroamérica y el Caribe han sido más sabido y han logrado entender la velocidad y la tendencia del proceso integracionista con la Unión Europea.

Por último, Unión Europea y Latinoamérica deben definir sus prioridades, pues si se desea tener buenos resultados en este proyecto, se le debe dedicar más tiempo y con mayor convicción.  ¿Qué importa más a Europa?, ¿el Mediterráneo, Latinoamérica o los problemas con Rusia?  Ninguno de estos temas es excluyente y todos son igual de importantes, pero ante los hechos la conclusión es evidente, es decir, los asuntos mediterráneos y los tensos nexos con el gobierno ruso ponen toda la atención de los europeos.  Y desde cierto punto de vista aquello es entendible, pero, entonces, mejor terminar las tareas pendientes y luego lanzarse en busca de nuevos desafíos.

Lo mismo para Latinoamérica, que debe redefinir las prioridades.  Antes de salir al mundo e intentar demostrar que es una región con grandes virtudes, primero tiene que definir con claridad sus objetivos. Mientras países como Brasil, Chile y Méjico buscan asociaciones con los grandes países del mundo, otros como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela mantienen las esperanzas en la revolución bolivariana.  El factor “Irán” también tiene una importante incidencia en la zona, pues una postura cada vez más proclive hacia el régimen iraní puede dañas los nexos con Europa.

Argentina sigue con sus voladores de luces y al proyecto del tren de alta velocidad ahora se suma el submarino nuclear.  Parece que el gobierno argentino no entiende cuáles son las prioridades internas y externas.

Perú sigue generando ruidos y conflictos en la región, no sólo con Chile, sino que también con Bolivia y Ecuador, involucrándolos en problemas que, en algunos casos, no tienen gran relación con aquellos países.

Colombia se desvela en su lucha contra el narcotráfico, pero en pos de aquel objetivo se olvida de sus vecinos, quienes, a su vez, también aportan polvorín a la zona septentrional de Sudamérica.

Y así, suma y sigue.  Falta más claridad y definición en las prioridades sudamericanas y europeas.

Por eso,  más allá que la Unión Europea firmara acuerdos o estableciera trabajos conjuntos con Chile, Méjico, Perú, Colombia, Centroamérica y el Caribe, lo que más quedó en evidencia en la VI Cumbre UE/ALC es que no hubo grandes avances.

Y esa es la gran paradoja de este último encuentro, porque a pesar de ser una reunión intrascendente adquirió gran relevancia, pues develó todas las ambigüedades y falencias existentes en este proceso de integración.

Y eso es demasiado trascendente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

 

 

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Mauritania y la demostración de un fallido proceso democrático

Fecha 9/10/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En marzo de 2007,  la victoria de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ponía fin a décadas de gobiernos autoritarios y, al mismo tiempo, daba comienzo a una nueva etapa en la débil e incipiente institucionalización democrática de la República Islámica de Mauritania.  Lamentablemente, dos años y medio después de aquel histórico hecho, todo quedó en nada y las esperanzas de un camino sin retorno hacia la estabilidad social, política y económica parecen estar perdidas.  Los golpistas se tomaron el poder y luego obtuvieron la victoria en los comicios presidenciales de julio pasado.  Ante esta situación, no queda otra que preguntarse qué es lo que falló en este proceso.

 Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de octubre, 2009

Fotografía: AFP

Fotografía: AFP

La respuesta puede parecer compleja, pero, finalmente, no lo es tanto.  Claro, todo dependerá del prisma con el cual se analice y observe el cúmulo de acontecimientos sucedidos en la realidad política y social mauritana durante los últimos años, pero se podría decir que hay dos grandes temas de gran peso a la hora de establecer ciertas conclusiones o de elaborar juicios categóricos.

Tratándose de un asunto netamente interno, la lógica obliga a pensar que todas las variables involucradas en este proceso político, social y económico –puede parecer reiterativo mencionarlo, pero esto no tiene que ver sólo con uno de los tres factores nombrados- deberían tener una matriz en el pueblo mauritano.  Sin embargo, los hechos demuestran que aquello no es así y, desafortunadamente, una serie de agentes externos han tenido y, casi son seguridad, tendrán un importante rol en la vida de la aún joven República Islámica de Mauritania.

Así las cosas, a la hora de intentar entender el fracaso del proceso de lenta democratización en Mauritania, aparecen dos grandes ejes.  Primero, la injerencia de las potencias extranjeras (principalmente, Estados Unidos y la Unión Europea) y del actual líder libio y presidente de la Unión Africana (UA), Muammar al Gadaffi.  Segundo, la historia y actualidad político-social de la República Islámica de Mauritania.

Los hechos ya son conocidos.  Desde las elecciones presidenciales de marzo de 2007, la política mauritana vivió momentos de zozobras, disputas y dudas.  Así fue que en mayo de 2008 renunció el primer ministro de Mauritania, Zeine Ould Zeidan, siendo reemplazado por Yahya Ould Ahmed El Waghf.  Pero este último tampoco duró mucho en el cargo, pues en julio del mismo año presentó su dimisión.  Este hecho se produjo ante una moción de censura en su contra y que había sido ideada por el Pacto Nacional por la Democracia y el Desarrollo (PNDD).  El motivo de esta acusación radicaba en la cada vez mayor pobreza del país, el estancamiento económico y la supuesta corrupción en ciertas cuentas del estado.  Sin embargo, el entonces presidente de Mauritania, Sidi Ould Cheikh Abdallahi, rechazó la renuncia de su primer ministro y éste fue reintegrado.

Así se llegó a agosto de 2008 y, específicamente, al día seis de aquel mes.  En aquella fecha, el coronel Mohammed Abdel Aziz lideró un golpe de estado militar, que abruptamente puso fin al gobierno democrático, legal y legítimo de Sidi Ould Cheikh Abdallahi.  El principal motivo fue la destitución de la plana mayor del Ejército, algo que causó gran molestia en Mohammed Ould Abdelaziz, jefe de la guardia presidencial.   A partir de entonces, la junta militar creó el Alto Consejo de Estado, el cual era liderado por Abdelaziz.  Unos días más tarde, Mulay Ould Mohammed Laghdaf sería nombrado primer ministro de la República Islámica de Mauritania.  Mientras, Sidi Ould Cheikh Abdallahi y Yahya Ould Ahmed El Waghf fueron aprisionados y se les impidió salir del país.

Ante esta situación, las reacciones de la “comunidad internacional” no se hicieron esperar.  La Unión Europea, Rusia, Estados Unidos, la Organización de Naciones Unidas, la Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental expresaron el repudio ante los lamentables sucesos.  Más tarde, la Liga Árabe se sumaría a este mensaje.  Otros organismos, como la Organización de la Conferencia Islámica y la Unión del Magreb Árabe fueron más cautos y aunque declararon sentirse preocupados por la situación, no elaboraron grandes juicios al golpe de estado militar.

Y después de los hechos, ¿qué?

Lamentablemente, lo que parecía ser una gran condena a nivel mundial comenzó a desvanecerse con una tibieza que realmente asombra.  Así como los juicios fueron muy categóricos durante agosto y septiembre de 2008, con el tiempo se fue apagando la luz de aquellos mensajes.

Una demostración de esto último es el relativo aislamiento al cual fue sometida la junta militar.  Estados Unidos y la Unión Europea mantuvieron su amenaza de congelar las ayudas económicas, pero no adoptaron un rol tan preponderante como el que tuvieron en otros conflictos africanos como, por ejemplo, Sudán o República Democrática del Congo.  Peor aún, la República Islámica de Mauritania estuvo presente en una reunión del Foro 5+5 y el coronel Mohammed Abdelaziz recibió en su país a una serie de gobernantes extranjeros.  Y, por si esto fuera poco, China mantuvo un fuerte lazo económico-comercial con Mauritania, demostrando que sus intereses monetarios no tienen un colador a la hora de ser ejecutados.

En paralelo, ni la Organización de la Conferencia Islámica, ni la Liga Árabe y ni la Unión Africana fueron capaces de establecer sanciones ejemplificadoras.  Esto último demuestra que este tipo de organismos sirven para muchas cosas, pero escasamente cuando se trata de solución de conflictos armados.

Lo de la Unión Africana fue realmente decepcionante, ya que aparte de tener un rol bastante pasivo –en un primer momento se declaró en contra del golpe, pero luego dio pie para que esta situación se consolidara- demostró que el influjo de quien esté en la presidencia rotativa no es algo menor.  Esto último tiene que ver con la presencia de Muammar al Gaddafi, líder libio y coronel que lleva 40 años al poder en Libia.  No tiene sentido desviarse del tema, pero lo cierto es que Gaddafi fue, en su momento, un golpista y parece ser que aquella naturaleza le impidió ver con objetividad e imparcialidad el proceso de la República Islámica de Mauritania.  De otra forma, no se puede entender que haya dado apoyo implícito a Mohammed Abdelaziz y que, finalmente, sugiriera que el camino era reconocer a la junta militar y trabajar por nuevas elecciones.

Las elecciones, la participación de Abdelaziz y el comienzo de una nueva etapa

Tras una serie de cuestionamientos y falsas expectativas, el 23 de enero de 2009 se estableció que los nuevos comicios presidenciales serían el seis de junio y que en ellos podría participar el coronel golpista Abdelaziz.  Esto trajo el rechazo de una parte importante de la sociedad mauritana y, por supuesto, de la oposición, liderada por Messaoud Ould Boulkheir, representante de la Alianza Popular por el Progreso (APP).

Sin embargo, las protestas no lograron grandes cosas y el 15 de abril de 2009 Mohammed Abdelaziz renunciaba a su puesto de Jefe de la Junta Militar, para así poder inscribirse y participar en las vitales elecciones que darían el nombre del nuevo presidente de la República Islámica de Mauritania.

Pero apenas unos días de realizarse estos comicios la oposición y la Junta Militar llegarían a un acuerdo, según el cual se retrasarían las elecciones hasta el 18 de julio.  Durante ese período se crearía un gobierno de unidad nacional.

Así fue que el 18 de julio de 2009 se llevaron a cabo los comicios presidenciales, en los cuales participaron diez candidatos, aunque de ellos sólo tres contaban con opciones reales de convertirse en el nuevo mandatario mauritano.  Un día después de las elecciones, se entregaron los resultados, que no dejaron muy conformes a una parte de la “sociedad política” mauritana.  Claro, porque el coronel Mohammed Abdelaziz (apoyado por la Unión para la República) se impuso con el 52.58% de los votos, muy por delante del principal opositor Messaoud Ould Boulkheir (16.29%) y del histórico Ahmed Ould Daddah (13.66%).  Otros candidatos obtendrían menores porcentajes, pero se destaca la figura de Ely Ould Mohammed  Vall, desplazado al sexto lugar con apenas 3.81% de las preferencias.

Si bien en un comienzo hubo un intento de impugnación de las cifras oficiales, con el paso de los días los rivales fueron reconociendo la derrota y todas las dudas se disiparían luego que el Grupo de Contacto Internacional para Mauritania –integrado por la Unión Africana, la Liga Árabe, la ONU, la Unión Europea, la Organización de la Francofonía y los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU- declarara que las quejas recibidas no tenían argumentos válidos.  Además, una serie de otras tendencias observadas durante las votaciones llevaron a este grupo a concluir que no hubo fraude y que las elecciones fueron transparentes.

El 5 de agosto de 2009, Mohammed Abdelaziz juró como el nuevo presidente de la República Islámica de Mauritania, en una ceremonia a la cual asistieron mandatarios o representantes de influyentes países africanos como Marruecos y Senegal.

Algunas reflexiones

Conociendo los hechos, es necesario establecer algunos comentarios u observaciones finales, para así ir dejando en claro el por qué del fallido proceso democrático de la República Islámica de Mauritania.

Primero, la débil institucionalidad política mauritana no fue capaz de resistir ante el menor ataque, sea este de gran o baja intensidad.  En término médico-metafórico, el enfermo aún estaba convaleciente y, por lo mismo, era esperable que en los primeros pasos de este nuevo proceso hubiese recaídas.  Lamentablemente, esto es lo que pasó y esto último se relaciona con la segunda variable involucrada.

Claro, porque el segundo punto a tomar en cuenta es la eterna presencia de los militares en la vida política del país.  La militarización de la política y sociedad es uno de los males que aún padece Mauritania.  La pregunta es cómo eliminar esto.  Quizás lo mejor sea ir robusteciendo la democracia, es decir, ampliar el número de grupos políticos participantes.  En la medida que cada agrupación, por muy pequeña que sea, sienta que tiene herramientas de representación, entonces el accionar de los militares será cada vez más resistido y, en consecuencia, irá quitándole terreno al influjo militar.  Sin embargo, este proceso no es algo de meses, sino que de años y, tal vez, décadas.

Tercero, la crisis económica terminó por pasarle la cuenta al gobierno de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, que a pesar de los esfuerzos (la economía mauritana estaba creciendo durante 2007 y 2008) no logró darle calma a sectores tan importantes como el agrícola y el pesquero.  Los acuerdos, en el área pesquera, parecían darle mayores beneficios a las empresas extranjeras más que a los pescadores mauritanos y eso es algo que debió preveer.

Cuarto, en las elecciones presidenciales de 2007, Abdallahi no había podido ser la primera preferencia en Nouakchott, capital del país.  Aquello que para muchos pudo ser una anécdota, nunca lo fue y eso quedó demostrado con la organización y las facilidades que tuvieron los golpistas, siempre con el apoyo de una importante parte de los habitantes de Nouakchott.  Faltó visión en este punto, pues se pudo haber tenido una mayor seguridad o, buscando otra fórmula, haber intentado darle alegrías a los ciudadanos de la capital.  ¿Populismo? No, el ideal habría sido generar medidas políticas y sociales claras, pero a favor de los habitantes de Nouakchott.

Quinto, las potencias tuvieron un rol bastante apagado en comparación a otros conflictos regionales existentes en África.  Esto se explicaría por la escasa importancia, al menos hasta hoy, que representa Mauritania en términos económicos y de recursos naturales.  No es lo mismo la República Democrática del Congo –donde abundan el oro, el coltán y otros materiales- o Sudán –el verdadero granero de África- que la República Islámica de Mauritania.  Ese parece ser el mensaje enviado por Estados Unidos y la Unión Europea, que tuvieron una tibia reacción ante los golpistas mauritanos.  Lo peor estuvo en manos de China, que nunca dejó de invertir en Mauritania.  Parece ser que da lo mismo quién y cómo gobierne.  Al menos para el gobierno.

Sexto, la Unión Europea demostró que su rol en África debe ser analizado, pues el doble stándard con el cual actuó en el caso de la República Islámica de Mauritania genera preocupación.  ¿Las democracias y los abusos en contra del pueblo son importante en Europa, pero no en Mauritania?, ¿las violaciones a la institucionalidad de un país no tienen relevancia en Mauritania, pero sí en Chad, Sudán o el Sahara Occidental?  Son preguntas que flotan y cuya respuesta es bastante confusa.  La Unión Europea debió tener un mayor rol y una respuesta bastante más dura contra los golpistas.

Séptimo, la Unión Africana no tiene el peso suficiente, ni a un líder (Muammar al Gaddafi) que pueda afrontar con la objetividad y el estricto apego a los valores democráticos que un organismo de integración debiese tener.  Si los conflictos en Somalía, Sudán y Zimbabwe habían sido un gran dolor de cabeza y una nueva demostración de la ineficacia de la Unión Africana, ¿qué se puede decir ahora?

Por último, ha quedado de manifiesto la escasa importancia que el mundo le entrega a un país como la República Islámica de Mauritania.  En los últimos meses se pueden encontrar diversos ejemplos de cómo los gobiernos y los medios tuvieron un papel preponderante a la hora de vivir ciertos problemas.  Por ejemplo, Irán, Abjazia y Honduras.  Sin embargo, parece ser que el pueblo mauritano no genera la misma empatía que lo que sí provocaron iraníes, abjazos y hondureños.

En fin, todas estas variables no hacen más que confirmar algo que parecía bastante predecible, es decir, un primer fracaso en el proceso de lenta democratización de la República Islámica de Mauritania.

Pero no hay que perder las esperanzas, pues esto recién comienza.  Vendrán más desafíos y nuevas oportunidades de consolidar este proceso.  El tiempo irá dando algunas claves, aunque otras ya están a la vista.

Es de esperar que los políticos sepan abrir las puertas correctas y que sepan cerrar las que sólo generan conflictos.

Y con un buen candado.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
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Ahdesión a la Unión Europea: Croacia avanza y Turquía se estanca

Fecha 29/12/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El último informe entregado por la Comisión dio cuenta del actual contexto en el cual se encuentran los diversos procesos integracionistas del bloque europeo. Lo más destacable es el notable avance de Croacia, mientras Turquía y Macedonia siguen sumando más dificultades que facilidades en su intento de adhesión a la UE. Así las cosas, todo parece indicar que de aquí al 2010 el número de integrantes de la Unión Europea pasará de 27 a 28.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 29 de diciembre, 2008

turquia_croacia_ue_portadaEn octubre de 2005, Turquía y Croacia iniciaron, oficialmente, las negociaciones de adhesión. Posteriormente, en febrero de 2008, la Antigua República Yugoslava de Macedonia alcanzaría el mismo status de turcos y croatas. Así las cosas, estos tres estados se convertirían en los principales candidatos –en estos momentos- que pugnan por ingresar a la Unión Europea (UE). Obviamente, cada uno de estos países tiene una historia distinta con la UE y eso se refleja en los distintos procesos que han tenido.

Mientras Turquía lleva cerca de 50 años en pos de su sueño europeo, Croacia y ARY Macedonia son nacientes repúblicas y por ello se entiende que su peregrinar europeo es apenas incipiente. Sin embargo, estas notables diferencias no se hacen tan evidentes a la hora de analizar el camino de la ampliación de la Unión Europea. Puede sonar paradójico –para alguien que no conozca mucho el tema-, pero el sentido común hace pensar que el próximo estado miembro del principal bloque europeo no será Turquía, sino que Croacia. Cuesta entenderlo, pero esa es la realidad del momento.

Es por eso que el informe anual entregado por la Comisión -dirigido al Consejo y el Parlamento Europeo- adquiere gran relevancia, ya que permite establecer, a ciencia cierta, hacia dónde va el asunto de las próximas ampliaciones de la Unión Europea. Primero, en relación a los estados que ya están en las negociaciones de adhesión –Turquía, Croacia y ARY Macedonia- y, segundo, tomando en cuenta los potenciales candidatos como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia, todos pertenecientes a los Balcanes Occidentales.

En este sentido, es importante consignar que el informe anual acerca de la estrategia de ampliación y los desafíos para 2008 – 2009 da cuentas de ciertos aspectos que deben ser resaltados. Algo esencial es poner énfasis en uno de los principales mandatos, según el cual se necesita un consenso para las ampliaciones. Esta orden o recomendación hecha por la Comisión obviamente tiene una directa relación con lo sucedido en el caso de Turquía, país que no cuenta con el apoyo de todos los integrantes de la Unión Europea. Aún más, la Comisión aclara que se deben llevar a cabo ciertas mejoras, dentro de las cuales se incluye la necesidad de “cumplir lo pactado”. Nuevamente, otra alusión al caso turco y la negativa, por ejemplo, de Francia y Alemania al ingreso de Turquía en el seno del bloque europeo. En paralelo, el informe pide “condicionalidad justa y rigurosa”, además de una “mejor comunicación con el público” y la “capacidad de integrar nuevos miembros”. Por último, se pone de manifiesto que el imperio de la ley y el buen gobierno son “esenciales para ingresar a la UE” y que salvo Turquía, Croacia y ARY Macedonia, los “demás estados serán candidatos cuando lo demuestren”.

Turquía o una ampliación que complica

Tras ciertos acontecimientos ocurridos en el último año, el gobierno turco se ha convertido en un activo y relevante participante de la política internacional. Sabiendo que el actuar en las relaciones exteriores es un factor determinante en su entrada a la Unión Europea, Turquía ha recuperado su liderazgo regional. Si anteriormente se le conocía por ser la segunda mayor potencia militar de la OTAN (sólo superada por Estados Unidos), ahora puede jactarse de tener un rol bastante más benigno y alentador.

A diferencia de otros momentos, el gobierno turco ha tomado conciencia de sus responsabilidades como eje de conexión entre Europa y Medio Oriente. Es así que Turquía ha tenido una creciente y relevante participación en el proceso de paz de dicha zona. Trabajando en pos de una reconciliación y un entendimiento entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel, el gobierno turco no ha cesado en sus intentos de mostrarle al mundo que Turquía siempre busca la armonía regional. Por eso su intensa labor en el acercamiento entre Siria e Israel, el cual se ha producido gracias a la mediación del gobierno turco. Pero su política exterior no sólo ha estado destinada a Medio Oriente, ya que Turquía tuvo un relevante rol en el último conflicto entre Georgia y Rusia, originado en Osetia del Sur. Por último, y en algo que puede y debiera traer positivas consecuencias en su proceso de adhesión a la Unión Europea, el presidente de Turquía, Abdullah Gül viajó, en septiembre pasado, a la vecina Armenia. Este hecho no pasó desapercibido, ya que Gül se convirtió en el primer mandatario turco en visitar Armenia, país con el cual Turquía mantiene un antiguo conflicto por el genocidio armenio ocurrido a comienzos de siglo veinte.

Siguiendo con el aspecto internacional, Turquía ha consolidado su importancia estratégica debido a su posición geopolítica, algo que también tiene una directa relación con el tema energético y, en particular, con el proyecto del gasoducto Nabucco, que permitiría a Europa abastecerse de gas, pero sin depender de Rusia.

En definitiva, el activo e inteligente accionar de Turquía en la política exterior le ha significado establecerse como un estado capaz de prevenir y resolver conflictos, lo cual ha fortalecido aún más su robusta imagen de potencia regional. Quizás la única gran deuda sea el tema kurdo, pero es algo que poco a poco comienza a entregar señales positivas. La última de ellas fue la confirmación de la creación de un canal de televisión kurdo que será transmitido por la señal turca.

En cuanto a los aspectos internos, Turquía logró salir adelante de un duro 2008, en el cual hubo tensión política. Claro, porque el Procurador General intentó dejar fuera de acción al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), del cual son militantes el presidente, Abdullah Gül, y el primer ministro, Reccep Tayip Erdogan. Además, el Tribunal Constitucional revocó la medida del libre uso del velo en las universidades, algo que generó disconformidad en el AKP, que siempre recibe acusaciones de no respetar el laicismo. Afortunadamente, el gobierno turco supo manejar bien aquel momento de tensiones y así evitó lo que pudo ser una crisis política y social de peso.

Se han producido avances en la libertad de expresión y, de hecho, se hizo una enmienda al famoso artículo 301º del Código Penal. De todas formas, aún falta mucho camino por andar en lo relativo a este ítem, ya que el ejercicio del periodismo, sólo por dar un ejemplo, sigue siendo una tarea bastante difícil, por las barreras y la censura existentes. También se destacaron los esfuerzos y progresos en los derechos de las comunidades no musulmanas. Por contrapartida, se debe seguir fortaleciendo la institucionalidad democrática, hay que trabajar en los Derechos Humanos y se debe mantener el tranco modernizador del estado. Además, los derechos de la mujer y una mayor reglamentación de los partidos políticos se han convertido en dos puntos que necesitan atención especial.

Finalmente, la economía turca ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica, aunque con un crecimiento a una tasa menor. El sector banquero de Turquía no se ha visto seriamente afectado por la crisis mundial, pero el financiamiento externo de la economía turca aumenta la vulnerabilidad ante los sucesos internacionales. Se ha comprobado que Turquía posee una economía de mercado en los términos expuestos por los Criterios de Copenhague y debería estar en condiciones de competir al interior de la Unión Europea en un mediano plazo.

En conclusión, Turquía sigue mostrando avances e importantes progresos en su objetivo de ingresar a la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de adhesión está lejos de acercarse a la etapa final, ya que sólo ocho de los 35 capítulos han sido abiertos y algunos temas de gran peso siguen sin poder resolverse. Los Derechos Humanos, la libertad de expresión, la resolución de conflictos con países como Chipre y Armenia y la cuestión kurda siguen siendo grandes barreras y por ello parece imposible una adhesión de Turquía en el corto e incluso en el mediano plazo. Eso, sin siquiera contar el rechazo de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel a la integración de Turquía en el bloque europeo.

Ampliación en los Balcanes Occidentales

Tras la independencia de Kosovo, se pensó que esta región podría verse afectada, no sólo en lo geopolítico, sino que también en otros aspectos como, justamente, el proceso de integración en la Unión Europea. Como ya es sabido, Eslovenia es la única república de la Antigua Yugoslavia que ha sido aceptada en la UE. Esto último siempre ha sido un espejo para los demás estados de la zona, quienes ven los positivos efectos que ha generado esta adhesión al pueblo esloveno. Ahora, es cierto que los euroescépticos ponen especial atención a temas como la pérdida de identidad, la falta de una regulación justa en el conflicto balcánico y, ahora último, un nuevo orden tras el surgimiento de Kosovo independiente. Sin embargo, los países de los Balcanes Occidentales mantienen su postura de acercamiento al principal bloque europeo.

De todas formas, el camino se torna cuesta arriba, ya que, según el Informe de la Comisión, todavía existen carencias que hacen imposible un mayor avance en el proceso de adhesión de estados como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia. La consolidación de las instituciones, la construcción de un verdadero estado y el buen gobierno siguen siendo una deuda de la mayoría de estos países. A ellos se suman las deficiencias en seguridad, estabilidad y prosperidad de los pueblos. Por si fuera poco, el diálogo político debe ser reforzado (especialmente en asuntos étnicos), mientras que los asuntos de vecindad y fronteras deben ser resueltos en su totalidad.

Las políticas sociales y de empleo aún son insuficientes, lo cual se suma a temas económicos como la inflación, el déficit fiscal y el desempleo. También, se debe llevar a cabo un reforzamiento del imperio de la ley, al mismo tiempo que la lucha contra la corrupción y el crimen organizado debe ser erradicado, algo que hasta el momento no se ha podido lograr. Por último, el Informe Anual 2008 de la Comisión estableció que los desafíos macroeconómicos para la región han aumentado, algo que se intensificará durante 2009, debido a la crisis financiera y económica mundial.A continuación, un breve resumen de la situación de los países balcánicos:

Albania

El país ha mostrado ciertos progresos en algunas reformas políticas claves, pero el imperio de la ley y el correcto funcionamiento de la instituciones del estado siguen siendo los principales desafíos. Lo mismo ocurre con la administración y la capacidad de reforzamiento, que todavía no están a la altura de los cánones establecidos por la Unión Europea.

ARY Macedonia

El gobierno macedonio ha mostrado avances en la reforma judicial y policial, pero algo más importante aún es que ha cumplido con los requisitos delineados por el Acuerdo de Estabilidad y Asociación. Sin embargo, la últimas elecciones parlamentarias estuvieron afectadas por irregularidades y violentos incidentes. Además, falta consolidar un diálogo político constructivo y una acción determinada en miras a la implementación total de reformas de acuerdo a los requerimientos de una posible negociación para la adhesión.

Bosnia-Herzegovina

El consenso en reformas prioritarias sigue siendo el principal déficit. También existen problemas en torno al Acuerdo de Paz Dayton-Paris, ya que ciertos elementos constitucionales establecidos por este arreglo han sido puestos en duda por líderes claves. Algunas reformas relacionadas con el proceso de adhesión a la Unión Europea se han estancado.

Croacia

Las negociaciones para la adhesión han entrado en la fase final, lo cual ha permitido demostrar a la región que la posibilidad de ser miembro de la Unión Europea es una realidad, pero que requiere de muchos esfuerzos y, lo principal, del cumplimiento de los requisitos esenciales. Si todo se desarrolla con normalidad, Croacia debiese ingresar al bloque europeo a fines de 2009 o durante el primer semestre de 2010.

Kosovo

22 de los 27 estados miembros de la Unión Europea han reconocido a la república kosovar, lo cual debiese facilitar el accionar de la misión EULEX. Según el Informe Anual 2008 de la Comisión, la situación de Kosovo es «sui generis» y no se puede considerar como un precedente para otras hipotéticas independencias de facto. Otro punto importante tiene que ver con la Constitución Política de Kosovo, ya que según el reporte elaborado por la Comisión, la ley fundamental kosovar está en línea con los estándares europeos. En paralelo, se destaca el trabajo realizado en legislación clave, aunque todavía quedan tareas pendientes como la consolidación de las instituciones estatales, el reforzamiento del imperio de la ley y el diálogo y reconciliación entre las diversas comunidades.

Montenegro

Se han llevado a cabo importantes reformas políticas y la implementación de un acuerdo interino avanza en todos sus aspectos. De todas formas, se necesitan más cambios en la reforma judicial y una mayor fuerza del imperio de la ley. Por último, la capacidad de reforzamiento y la administración deben mejorar.

Serbia

El gobierno serbio ha confirmado su compromiso a cooperar con el Tribunal Criminal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY) y esto ha quedado demostrado con el arresto de Radovan Karadzic, uno de los criminales de guerra más buscados y que estaba prófugo desde 1996. Sin embargo, aunque se trata de un gran paso hacia adelante, aún falta mucho por realizar en el tema de los crímenes de guerra y las limpiezas étnicas ocurridas antes y durante la Guerra de la ex-Yugoslavia. Serbia ha mostrado capacidad administrativa para tener progresos en pos de ingresar a la Unión Europea, pero en los últimos años el ritmo de las reformas se estancó. Todavía hace falta una reforma judicial y una mayor lucha contra la corrupción, especialmente en el ámbito de la prevención.

Unión Europea de 28 estados, lo más lógico de aquí al mediano plazo

Tomando en consideración el contexto actual, lo establecido en el Informe Anual 2008 y la evidencia histórica de los procesos de adhesión a la UE, todo hace pensar que salvo Croacia, ninguno de los otros países debería ingresar al bloque europeo, al menos de aquí al 2015.

Nadie tiene una bola de cristal que permita asegurar hechos, pero sí se puede establecer que Croacia, tal cual lo indica el reporte elaborado por la Comisión, está en la fase final de este camino de integración. Por contrapartida, Turquía sigue entrampado entre sus problemas y la reticencia de ciertos estados emblemáticos como Alemania y Francia. Con apenas ocho de los 35 capítulos abiertos, el ritmo de las negociaciones es demasiado lento y, peor aún, nada hace presagiar que esta velocidad vaya a aumentar. En cuanto a la Antigua República Yugoslava de Macedonia, ésta se encuentra recién en las primeras etapas del proceso de adhesión. En este sentido, deberá trabajar bastante, especialmente en lo que respecta a la institucionalidad y seguridad democrática.

Por último, da la impresión que Albania llegará a ser candidato a la ampliación en el corto plazo, pues ha evidenciado importantes avances. Lo mismo para Bosnia-Herzegovina y, en menor medida, Serbia y Montenegro. Casa aparte es el de Kosovo, que recién está intentando consolidarse como estado independiente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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