Togo,
¿descalificado?, ¿salvado? ¿o simplemente
abandonado?
(Fotografía:
El País)
Tras
el atentado llevado a cabo por el Frente
de Liberación del Estado de Cabinda (FLEC),
en el cual murieron al menos dos personas,
la selección de Togo finalmente no pudo
participar en la Copa Africana de Naciones
2010, organizada por Angola y que se esperaba
pudiese ser una nueva fiesta para África.
Lamentablemente, la violencia vuelve a
imponer sus términos en un país azotado
por rebeliones, guerras civiles y el terror,
aunque también queda la impresión que
se cometieron graves errores administrativos.
El último de ellos, haber materializado
la descalificación del equipo togolés
de la principal competencia del fútbol
africano.
Raimundo Gregoire Delaunoy
11 de enero, 2010
Está claro que la masa prejuiciosa e ignorante
ha utilizado este terrible hecho para
seguir satanizando a África y sus habitantes.
Por eso, no extraña ver a comunicadores
de influencia declarando que esto es una
lección y un aviso para los organizadores
del Mundial de Sudáfrica 2010. Dicen,
ellos, que este tipo de ataques podrían
poner en duda la correcta realización
de la copa mundial de fútbol y que, en
el peor de los casos, podrían repetirse
en suelo sudafricano.
Nada más subjetivo e irresponsable que
este tipo de comentarios. Tal cual lo
sería soslayar la gran cantidad de problemas
político-sociales existentes en Angola
y en muchos otros países africanos.
Es por eso que molesta ver tanta ligereza
a la hora de transmitir información y
opinión acerca del hecho puntual. Angola
no es Sudáfrica. Y si se revierte la frase,
ocurre lo mismo, es decir, Sudáfrica no
es Angola. Los conflictos de un lado no
son los del otro, ni tampoco los del continente.
Es así que la gran preocupación de cara
al Mundial de Sudáfrica 2010 debe ser
el alto índice de criminalidad en muchas
ciudades sudafricanas, pero no la posible
presencia de grupos armados y aún menos
de células terroristas. Obviamente, nadie
tiene la bola de cristal y por eso no
se puede asegurar que lo mencionado anteriormente
no ocurra, pero un breve análisis y estudio
del contexto permite establecer que aquello
sería una sorpresa. Y bien desagradable.
De momento, lo concreto es que la actual
versión de la Copa Africana de Naciones
comenzó el domingo 10 de enero, tal cual
se había previsto y apenas dos días después
del trágico hecho que enlutó a toda África
y, por qué no, al mundo. Angola y Malí
dieron un tremendo espectáculo en la cancha,
pero aquello no impidió que las sombras
del ataque acontecido el viernes siguiesen
avanzando y dejando una estela de reflexiones.
Lo primero, y casi lógico, es preguntarse
por qué se optó por elegir a Cabinda como
una de las sedes de este gran evento del
fútbol africano. Algunos van más allá
e incluso cuestionan que un país como
Angola recibiese la oportunidad de organizar
un torneo como este, sabiendo que recién
hace pocos años ha comenzado el proceso
de reconciliación nacional, luego de 27
años de guerra civil, cuyo fin llegó en
2002.
De todas formas, la decisión de haber
escogido a Angola como anfitrión no puede
ser considerada errónea, mas sí se debe
cuestionar el hecho de incluir a Cabinda
como una de las sedes del torneo. Más
allá de la existencia del FLEC, con sólo
leer un poco de historia y actualidad
quedaba de manifiesto la actual realidad
de dicho región, es decir, conflicto,
inestabilidad y patente riesgo. Por eso,
haber optado por Cabinda fue un error
del gobierno de Angola y de la Federación
Angolesa de Fútbol (Federaçao Angolana
de Futebol), quienes fueron los responsables
de la elección de las ciudades en las
cuales se disputaría el campeonato.
La Confederación Africana de Fútbol (CAF)
también debe realizar un mea culpa, pues
si bien ellos no tienen a su cargo la
organización del evento, si tienen algo
que decir. Claro, pues como el principal
organismo del fútbol africana tienen que
fiscalizar de mejor forma, especialmente
en este tipo de torneos internacionales,
en los cuales, lamentablemente, muchas
veces se mezclan política y deporte. La
CAF pudo (y debió) impugnar el nombramiento
de Cabinda como sede de la Copa Africana
de Naciones. Tan sólo una pequeña presión
habría significado, casi con seguridad,
el cambio de Cabinda por otra localidad.
Por último, la Federación Internacional
de Fútbol Asociado (FIFA) debió tener
un rol más activo e involucrarse en este
asunto. Así como ha mostrado una gran
preocupación por el Mundial de Sudáfrica
2010, lo mismo debió haber hecho con este
evento. Económicamente no será lo mismo
que la Copa Europea o la Copa América,
pero deportivamente es un gran certamen.
Sólo por dar algunos nombres, Didier Drogba,
Sulley Ali Muntari, Michael Essien, Seydou
Keita y Samuel Eto’o están compitiendo
en este evento. Se trata, no cabe duda,
de figurar de nivel mundial y por algo
juegan en los principales equipos europeos
como Chelsea, Inter de Milán y Barcelona,
por ejemplo.
Sin embargo, dejando a un lado el tema
de la polémica decisión sobre Cabinda,
el punto de reflexión tiene que ver con
la reacción de todos los entes involucrados,
luego del atentado del pasado viernes
8 de enero.
Da la impresión que cada cual impuso sus
términos sin escuchar la voz de la delegación
de Togo. Es así que los protagonistas
pasaron a ser meros comparsas y su voz
no fue extinguida, sino que ignorada del
todo.
La FIFA sólo comentó que lamentaba el
asunto y que en Sudáfrica no ocurriría
algo así. La CAF expresó sus condolencia
y llevó a cabo un minuto de silencio,
pero, acto seguido, confirmó la realización
del torneo. El gobierno de Angola y la
FAF apenas se pronunciaron, sin asumir
responsabilidades y bajándole el perfil
a toda esta macabra situación.
Mientras, los jugadores togoleses decidían
seguir en competencia, más allá que en
un comienzo habían dicho que volverían
a su país. Con el paso de las horas tomaron
la decisión de competir y así honrar a
los muertos. Sin embargo, la réplica llegó
de inmediato, pues el gobierno de Togo
“sugirió” que la delegación togolesa retornara
lo antes posible y no participara en la
Copa Africana de Naciones.
Finalmente, los futbolistas togoleses
no tuvieron más que obedecer a las órdenes
de su presidente y emprendieron vuelo,
cual gavilanes que son, hacia su tierra.
La consecuencia inmediata fue la descalificación
oficial por parte de la organización del
campeonato.
Es así que aparecen preguntas. ¿Por qué
no se optó por suspender el evento?, ¿acaso
no habría sido mejor cambiar el orden
de los partidos y así buscar una solución
que dejara a todos contentos?, ¿se puede
justificar la intervención política de
un gobierno en un certamen deportivo?
Por eso, la conclusión final no puede
ser más que una sola. Nadie escuchó la
voz de los únicos y sufridos protagonistas,
es decir, los integrantes de la delegación
de Togo. Ellos querían seguir, pero no
pudieron hacerlo. Que los obligaron, que
no les diferon facilidades, que el poder
del dinero nuevamente pesó, etc. Da lo
mismo, lo único concreto es que el grito
de los atacados no fue tomando en cuenta.
Y así, brota la gran interrogante. Togo,
¿descalificado?, ¿salvado? ¿o simplemente
abandonado?
Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl