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Acerca de la ruptura diplomática entre Argelia y Marruecos

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Acerca de la ruptura diplomática entre Argelia y Marruecos

Fecha 3/09/2021 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Desde su llegada a la presidencia, Abdelmadjid Tebboune ha empezado a generar movimientos en la dormida diplomacia del estado argelino. Sobre esto último, el mandatario ha dejado en claro cuál es su postura respecto de Marruecos, lo cual se consolidó con una serie de señales enviadas, por el gobierno de Argelia, durante 2020 y 2021. La última de ellas ha sido el rompimiento de las relaciones con Marruecos, razón por la cual es interesante comprender el contexto y las razones de este nuevo impasse diplomático.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre de 2021

Según el comunicado oficial del gobierno argelino, la decisión se tomó debido a una “serie de actos hostiles cometidos por el reino durante un largo tiempo”. Además, agregó que Marruecos no ha cumplido con lo establecido en el acuerdo de normalización de relaciones de 1988. Junto a lo anterior, se acusó a Marruecos de estar detrás de los incendios que recientemente afectaron a buena parte del territorio argelino. En relación con esto último, Argelia aseguró que la contraparte marroquí apoya a Rachad -asociación islamista creada en 2015- y al Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia (MAK, por sus siglas en francés), algo que, según el gobierno argelino, va en contra de la seguridad interna de Argelia, ya que esta última considera al Rachad y al MAK como organizaciones terroristas. También se apuntó a Israel, estableciendo que Marruecos ha sido el responsable que una potencia militar extranjera se haya inmiscuido[1] en los asuntos magrebíes (“nunca, desde 1948, habíamos escuchado a miembro del gobierno israelí amenazar a un país árabe desde el territorio de un país árabe”) y mencionando el escándalo de espionaje de Pegasus. Finalmente, el comunicado oficial responsabilizó a Marruecos de bloquear la solución al conflicto del Sahara Occidental y de torpedear la integración del Magreb.

Como complemento de lo anterior, Argelia también expresó la necesidad que la solución al conflicto en Libia sea alcanzada por los libios y sin injerencia externa, lo cual se puede interpretar como un guiño contra la iniciativa marroquí de Skhirat. Además, declaró que el gobierno argelino está dispuesto a mediar en el conflicto de la Gran Represa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés), aunque esto último trajo consecuencias, ya que el gobierno etíope anunció que cerrará su embajada en Argel. Si bien hace un tiempo se había declarado que se clausurarían diversas misiones diplomáticas, por motivos presupuestarios, no deja de llamar la atención que el cierre ocurriese justo después de la intención de Argelia de mediar en el conflicto que opone a Egipto, Etiopía y Sudán.

La respuesta marroquí fue rápida, directa y sin sorpresas. Aseguró que lamentaba la decisión y, al mismo tiempo, la catalogó como “injustificada, pero esperable, dada la lógica de escalada de las últimas semanas”.  El comunicado oficial también rechazó, categóricamente, “los pretextos falaciosos, incluso absurdos, que la sustentan”, mientras que dejó en claro que “el reino de Marruecos seguirá siendo un socio creíble y leal del pueblo argelino y continuará actuando con sabiduría y responsabilidad por el desarrollo de relaciones intermagrebíes sanas y fructíferas”.

Contexto previo

Para entender mejor lo que está sucediendo, es necesario revisar los últimos movimientos diplomáticos. El 23 de agosto, Ramtane Lamamra, ministro de Asuntos Exteriores, realizó una visita de trabajo a Túnez, donde se reunió con el presidente de aquel país, Kais Saied, y con su homólogo tunecino, Othman Jerandi. Previamente, Lamamra se había desplazado a Túnez el 27 de julio y el 2 de agosto. En ambos casos, expresó la preocupación, por parte de Argelia, sobre la crisis política que terminó con el congelamiento del Parlamento y de la dimisión del primer ministro, Hicham Mechichi.  Casi en paralelo, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se desplazó a Túnez, donde tuvo un encuentro con el presidente de Túnez, Kais Saied. En aquella ocasión, Bourita entregó dos mensajes del rey Mohammed VI al mandatario tunecino.

El 1 de agosto, Tebboune y Saied mantuvieron una conversación telefónica -lo cual se repetiría el 23 de agosto-, mientras que Lamamra realizó un viaje por Etiopía, Sudán y Egipto a fines de julio. Durante dicho periplo, Argelia propuso conversaciones directas entre los gobiernos etíope, sudanés y egipcio.  A propósito de las relaciones con África Subsahariana, Argelia ha comenzado una etapa de recuperación del terreno perdido, especialmente en el caso de Malí. Sobre este último, otros estados (africanos y foráneos) habían tenido injerencia, pero lo que preocupó de gran manera fue la entrada de Marruecos al escenario maliense. Es así que, el 5 de abril, Abdelmadjid Tebboune recibió al ministro de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional, Zeyni Moulaye. Luego, el 11 de agosto y tras un nuevo golpe de estado que trajo como consecuencia cambios en el gobierno de Malí el mandatario argelino se reunió, nuevamente en Argel, con el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de la Cooperación Internacional, Abdoulaye Diop. Finalmente, el 27 de agosto, Lamamra visitó Malí, donde se reunió con el presidente de transición de Malí, coronel Assimi Goita. Ya en septiembre, el mencionado Lamamra realizó un segundo periplo africano, en el cual, además de visitar Mauritania, se desplazó a Níger, República Democrática del Congo y República del Congo. A su vez, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se comunicó por teléfono, el 31 de agosto, con su par mauritano, Ismail Ould Cheikh Ahmed, mientras que, el 2 de septiembre, recibió en Rabat al presidente de la Cámara de Representantes de Libia, Aguila Saleh.

Otro hito a tomar en cuenta fue la reunión, celebrada el 30 y 31 de agosto, en Argel, de los ministros de Asuntos Exteriores de los “países vecinos de Libia”. En dicha instancia participaron los representantes de Argelia, Chad, Egipto, Libia, Níger, Sudán y Túnez. La ausencia de Mauritania es lógica, ya que dicho país está directamente implicado en el conflicto libio, pero haber dejado afuera a Marruecos es otra señal, una más, de la pugna diplomática que tienen Argelia y Marruecos por la influencia en Libia.

Por último, cabe recordar que, el 17 de diciembre de 2020, Abdelmadjid Tebboune anunció -luego de una llamada telefónica con su par tunecino, Kais Saied- que visitaría Túnez. Originalmente, el mandatario argelino lo haría el 16 y 17 de marzo de 2020, pero aquel viaje se anuló por la pandemia del covid-19. Posteriormente, el 13 de julio y el 14 de septiembre, se dio a conocer que Tebboune iría a Túnez, pero aquellos anuncios nunca se concretaron. Después, en octubre de 2020, el presidente argelino se contagió con covid-19. Lo concreto es que, tras la anunciada visita de diciembre de 2020, los presidentes de Argelia y Túnez no se han reunido en persona.

Conclusiones

La tensión entre Argelia y Marruecos ha sido constante desde la década de 1970, pero con ciclos de contracción y expansión. En el impasse actual, se puede concluir que se está pasando por una etapa de expansión de las diferencias, lo cual se debe, directamente, a ciertos hechos que ocurrieron en las últimas semanas e, indirectamente, a una serie de situaciones que se han generado durante 2020 y 2021. El escándalo de espionaje de Pegasus, acusar a Marruecos de ser responsable de los incendios en Argelia, la visita a Marruecos del ministro de Asuntos Exteriores de Israel  la declaración del representante de Marruecos ante la ONU sobre Cabilia y el incidente por la estadía de Brahim Ghali en España son parte del grupo de hechos que han acontecido en el último tiempo. A su vez, el reconocimiento, por parte de Estados Unidos, de la soberanía marroquí en el Sahara Occidental, la restauración de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel y la pugna por el Sahel son factores de mayor profundidad, los cuales han ido moldeando el vínculo argelino-marroquí en el último tiempo.  

Si bien lo acontecido entre ambos países no tiene una relación directa con Israel, es evidente que el establecimiento de vínculos diplomáticos entre Marruecos e Israel traería consecuencias. Como se puede ver, el gobierno argelino ha usado, a su favor, el comodín israelí, para así basar su postura en un discurso con amplio respaldo popular (“ningún gobernante israelí ha dado instrucciones desde un país árabe”). Es así que se puede concluir que lo acontecido son los “efectos colaterales” de la movida diplomática marroquí de sumar apoyo en el asunto del Sahara Occidental. Básicamente, porque para contar con el respaldo de Estados Unidos, tuvo que asumir el riesgo de normalizar los nexos con Israel. Si bien el momento elegido (en plena pandemia y, por ende, con movilidad reducida) y la histórica relación entre Marruecos y el judaísmo impidieron grandes manifestaciones, tarde o temprano habría repercusiones por el acercamiento entre Marruecos e Israel.

También es fundamental comprender que la ofensiva de Argelia llega en un momento especial. Primero, porque, en diciembre pasado, Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos en el Sahara Occidental, algo que, sin el mismo tono, fue continuado por Joe Biden, nuevo presidente estadounidense. Luego, aquella decisión trajo una serie de consecuencias. Primero, a Marruecos no le gustó la postura adoptada por Alemania y España después del reconocimiento realizado por Estados Unidos. Mientras Alemania convocó al Consejo de Seguridad de la ONU, España no hizo declaraciones especiales sobre el asunto y no cambió su postura sobre el conflicto del Sahara Occidental. Esto trajo consigo problemas en las relaciones diplomáticas con Marruecos, lo cual se agravó por otros factores. En el caso de España, el lío producido por el ingreso de Brahim Ghali inflamó al máximo los vínculos hispano-marroquíes, mientras que, recientemente, un artículo publicado por Isabelle Werenfels -investigadora del SWP, un think tank alemán- también causó molestia en Marruecos. Sin embargo, muchos creen que el verdadero conflicto tiene que ver con la disputa por los límites marítimos entre España y Marruecos. Esto último, luego que, en enero de 2020, Marruecos delimitara su mar territorial en las cercanías de las islas Canarias. Al respecto, cabe mencionar que, en 2016, se descubrieron grandes yacimientos mineros -de cobalto, litio y telurio, entre otros- en el fondo marino de dicha zona. Estos minerales representarían cerca del 10% mundial y por eso habrían generado tanto interés en Alemania y España. ¿Por qué Alemania? Básicamente, pues los necesitaría para fabricar las baterías de los autos de lujo que actualmente produce. Este sería, entonces, el principal motivo de la disputa de estos países con Marruecos. Dejando a un lado esto, es evidente que Argelia tomó noto de lo que estaba ocurriendo y aprovechó esta “pérdida de sintonía” de Marruecos con España y Alemania, para así avanzar y romper las relaciones diplomáticas con Marruecos. De todas maneras, la estrategia quizás no entregue los resultados esperados por la diplomacia argelina, pues Marruecos y España anunciaron el fin de las hostilidades y han iniciado un proceso de acercamiento.

La situación interna de Argelia es otro elemento a tomar en cuenta. El movimiento Hirak lleva más de un año y medio protestando, a lo cual se suma la pandemia del covid-19, las históricas confrontaciones con ciertos grupos o regiones, el estancamiento económico y la cuestionada institucionalidad democrática del país. Estos factores han generado un contexto de fragilidad para el gobierno de Tebboune, el cual sigue contando con el apoyo de los militares, pero no tiene un gran respaldo popular. En este punto, hay que decir que no se trata del caso específico del actual presidente, sino que hay un rechazo colectivo al sistema imperante. Una demostración de aquello fue la bajísima tasa de participación (23,02%) en las últimas elecciones legislativas. Así, con tantos frentes con los cuales lidiar, la carta nacionalista siempre viene bien. Además, el gobierno argelino aprovechó los incendios provocados en el norte del país y, particularmente, en Cabilia, para generar enemigos. Tras apuntar a Rachad, movimiento islamista, y al MAK, el gobierno argelino también acusó a Marruecos e Israel de estar detrás de los siniestros ocurridos. En este contexto, la guinda de la torta fue romper los vínculos con Marruecos, acusándolo de atentar contra la seguridad interna y los intereses de la nación.

En paralelo, no se debe olvidar que Argelia está intentando recuperar el terreno perdido, a nivel diplomático, durante la parte final de la era de Abdelaziz Bouteflika. Sobre esto último, los notables avances de Marruecos en África -específicamente en el asunto del Sahara Occidental- y la irrupción de otros países (Ejemplos: Emiratos Árabes Unidos y Turquía) en el Magreb y el Sahel (zona de alto interés geopolítico para Argelia), provocaron cambios en la diplomacia argelina. Por eso, la ruptura de las relaciones con Marruecos obedece a la necesidad, por parte de Argelia, de buscar o, más bien, de definir aliados y rivales en África. Ante la apertura de diversos consulados en el Sahara Occidental y debido a los progresos de Marruecos en sus vínculos con estados que históricamente han estado a favor del Polisario o de Argelia (Ejemplos: Rwanda, Etiopía y Nigeria), Abdelmadjid Tebboune sabe que su país se encuentra en una posición desfavorable. En resumen, Argelia tiene como gran objetivo recuperar el terreno perdido en África, en general, pero, particularmente, en el Sahel. A eso, suma la imperiosa necesidad de indagar en nuevos campos de batalla diplomática, como el Mediterráneo y el Cuerno de África. Una demostración de aquello ha sido la propuesta de mediación en el conflicto del Gerd, aunque, por ahora, sin la respuesta deseada por el gobierno argelino.

Si bien parece poco probable un conflicto armado, habrá que poner atención a una eventual escalada, la cual podría plasmarse con una disputa diplomática más abierta y más agresiva, especialmente en África. Esto podría agravarse en algunos años más, específicamente en 2023, cuando Francia, supuestamente, habrá terminado el proceso de retiro de todas sus tropas del Sahel. En paralelo, el Cuerno de África podría ser otro frente de batalla diplomática entre Argelia y Marruecos, a lo cual habrá que sumar, eventualmente, el espacio Mediterráneo. Los vínculos con los países del Golfo Arábigo y la política africana de Israel -la cual cuenta con el apoyo de Marruecos- también debiesen moldear la relación argelino-marroquí y podrían ser un foco de tensión. Otra región donde ha existido un choque entre ambas partes es América Latina, pero su relevancia es menor en comparación con el escenario africano. De todas maneras, es probable que la disputa diplomática entre Argelia y Marruecos también se intensifique en América Latina, aunque, a diferencia de África, la confrontación depende, casi exclusivamente, de los cambios de gobierno que ocurren en la región y no de otros factores.

La situación de Libia merece un párrafo aparte, ya que aquí se está desarrollando una pugna diplomática entre Argelia y Marruecos. Este último ha tenido un activo rol, el cual, además, ha sido bastante positivo. De hecho, la iniciativa de Skhirat ha dado frutos y, como demostración, en la última reunión llevada a cabo en Marruecos ambas facciones libias firmaron un acuerdo para realizar elecciones presidenciales a fines de año. La importancia de la mediación marroquí adquiere un valor aún más grande si se toma en consideración que la Cumbre de Berlín no logró grandes resultados. Esto último ha sido, sin dudas, un triunfo de la diplomacia marroquí y una derrota para Argelia y Alemania.

Acerca de quién gana o pierde en esta ocasión, ninguno verá afectado sus grandes intereses, pero igual habrá algunas leves pérdidas. A nivel comercial, los intercambios intermagrebíes son escuálidos y casi insignificantes, mientras que la integración magrebí está estancada hace décadas. A nivel diplomático, las dudas deberían estar puestas en la postura que podría tomar Alemania, pues ha tenido un comportamiento algo proclive hacia Argelia. Sin embargo, Marruecos puede contar con la excelente relación con el Reino Unido y Francia, a lo cual suma el apoyo de Estados Unidos y la obligatoria complementariedad con España, país con el cual ya se produjo un descongelamiento. Ambos se necesitan y, al menos en esta ronda, ha primado la cordura diplomática. Donde sí habrá un perdedor será en el asunto de los recursos, pero solo si se confirma, finalmente, que Argelia dejará de transportar gas (hacia España) por medio del gasoducto Maghreb-Europe. Si se cumple lo que se ha estado informando (que Argelia dirigirá todos sus envíos de gas a España por medio del gasoducto Medgaz), entonces Marruecos habrá sufrido una derrota en el campo de los recursos energéticos (afectaría, principalmente, a dos plantas energéticas ubicadas en el norte del país, que representan el 12% de la electricidad consumida) y, por ende, en sus arcas (aunque no superaría el 1% del presupuesto anual). Empero, aunque los efectos serán relevantes, en el mediano y largo plazo podrían ser absorbidos por Marruecos, especialmente por las exploraciones de gas que ya se están desarrollando, la opción de invertir en infraestructura para el gas licuado y porque se está apostando a la construcción del gasoducto de África Occidental, que conectará a Nigeria con Marruecos y, desde este último, pasará gas hacia España y Europa. También, la medida de desechar al gasoducto Maghreb-Europe choca con las capacidades de uno y otro gasoducto. Mientras Maghreb Europe tiene una capacidad de pasar 13.000 millones de metros cúbicos (m3) por año, Medgaz posee una capacidad de 8.000 millones de m3 anuales y, aunque a finales de 2021 sería aumentada, solo llegaría a 10.000 millones por año.  Otro dato a tomar en cuenta es que España y Portugal, pero principalmente el primero, se podrían ver perjudicados por la decisión de no transportar gas a través del gasoducto Maghreb-Europe, lo cual deja en claro que no es un asunto bilateral, sino que, como mínimo, entre tres partes (Argelia, España y Marruecos). Finalmente, si bien Marruecos podría perder una parte de su consumo interno de gas, que no sería superior al 10%, esto también traería como consecuencia una baja en los ingresos, por venta de gas, para Argelia. En resumen, la opción de desechar al gasoducto Maghreb Europe puede parecer un “buen castigo” para Marruecos, pero también significaría un perjuicio para Argelia. Por ende, es probable que esta medida no se concrete ahora, pero, en el mediano o largo plazo, dependiendo de la capacidad de Medgaz, podría ser un foco de tensión. Esto último va en línea con la decisión de Mohammed VI de poner énfasis en la construcción del gasoducto Nigeria-Marruecos.

Al momento de analizar la relación entre Argelia y Marruecos, se debe tomar en cuenta que ambos estados tienen un historial de disputas y el vínculo tiene una densidad que va más allá del conflicto del Sahara Occidental. Desde la independencia de ambos países, la relación se ha basado en aspectos como disputas ideológicas, lucha por los recursos, influencia en África, problemas limítrofes y modelos de desarrollo muy diferentes e, incluso, escasamente complementarios. Así las cosas, la ruptura de los nexos diplomáticos es algo a tener en consideración, pero tampoco adquiere la relevancia que tendría en otro contexto o, más bien, en otro historial entre ambas partes. La relación argelino-marroquí ha estado marcada por la irregularidad, con momentos de expansión y contracción, pero siempre dentro de ciertos márgenes. Por eso, no existen argumentos, hoy, para pensar que en el corto y mediano plazo pueda cambiar la tendencia histórica del vínculo. Eso sí, será interesante ver cómo se desarrolla esta pugna en el Magreb post-2011, ya que Libia solía jugar un importante rol en el Magreb (y el Sahel), pero ahora, con su precaria situación interna, la influencia libia es casi inexistente. Habrá que ver quién toma ese vacío de poder y, en el mediano o largo plazo, será motivo de análisis la postura que pueda apostar la Libia post-Ghaddafi.

La situación actual disminuye las probabilidades de conseguir una solución al conflicto del Sahara Occidental y lo esperable es que las posturas se alejen aún más. En este sentido, lo lógico sería que se continúe con la tendencia de las declaraciones cruzadas, las cuales han adquirido un mayor protagonismo en las últimas semanas. Al respecto, no se debe olvidar que las relaciones entre Argelia y Marruecos han pasado por momentos álgidos (1963, 1976 y 1994, entre otros), pero desde 1988 no se había consolidado la ruptura de los vínculos diplomáticos. Desde esta perspectiva, no se debe caer en un alarmismo exagerado, pero tampoco se le debe bajar el perfil a un hecho que, más allá de su real impacto, refleja el fracaso de la Unión Africana, la ONU, la Unión del Magreb Árabe y, por supuesto, de Argelia, Marruecos y el Polisario. 


[1] Esto, por las declaraciones realizadas, el 11 de agosto de 2021, por el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Yair Lapid, quien durante su visita a Marruecos expresó que le preocupaba el rol regional de Argelia, que, como nunca antes, está muy cerca de Irán y que lidera campaña contra la admisión de Israel como miembro observador de la Unión Africana”.

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Chad after Idriss Déby’s death: comments and projections

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Chad after Idriss Déby’s death: comments and projections

Fecha 2/05/2021 por Raimundo Gregoire Delaunoy

On April 20th, the longtime President of Chad was killed and, according to the official statement, no specific information was given. Beyond this confusing issue, the fact is that Idriss Déby, who had recently won the presidential election, is dead and, therefore the country is facing an unknown fate.

Raimundo Gregoire Delaunoy | May 2nd, 2021

In order to understand the situation, it is necessary to briefly explain  the context in which Deby’s death happened. As it would be too long to describe the whole scenario, the focus will be put on the latest circumstances that took place before the passing away of Idriss Déby.

Firstly, presidential elections were held on April 11th, in an electoral process that was boycotted by three of the main opposition candidates. These latter ones argued that the insecurity and the lack of transparency, among other problems, where an obstacle to democratic elections.

At the same time, Idriss Déby’s regime experienced clashes with the Front for Change and Concorde in Chad (FACT), a rebel group founded in 2016, that supposedly has 1.500 fighters and that has found shelter in the southern part of Libya’s territory. After fighting against Khalifa Haftar’s Libyan National Army (LNA), in 2017 they signed a pact of ‘non-agression’ with Haftar and in 2019 became part of this latter’s forces. As it can be seen, the FACT is composed by tchadian mercenaries that, due to their implication in the Libyan conflict, were able to form a well equiped strength. Nevertheless, it must be pointed out that, according to local and foreign sources, the FACT lost at least 300 fighters during the latest clashes -which started on April 11th, the day of the presidential election- against the Chadian government.

It is necessary to add that while the FACT members are mainly Tubus (an ethnical group spread through Chad, Libya and Niger), Idriss Déby was a Zaghawa. While this is not the main reason of the confrontation between the FACT and Déby’s regime, it could be relevant in the further events that could take place in the political and social arena. Why? Basically, because the Tubus would surely like to return to power and other ethnical grups, like the Arabs, could also have the same goal in mind. However, the Tubus and Arabs would not be the only ethnical groups implied in the fight for power as Déby’s nepotism generated annoyance and rage in the Zaghawa people. In fact, an opposition branch emerged during the latest years and confronted the abuse of power of the recently dead president. 

Finally, on April 19th,the official results of the presidential election, held on April 11th, were published. Idriss Déby won with 79.32% of the votes and therefore assured a sixth period as President of Chad. The participation rate was 64.81% and the process was contested by opposition parties and the civil society. Among other accusations, the main were political harassment, violence against civilians, imprisonment of political rivals and lack of transparency. As a matter of fact, Human Rights Watch published a report about the mentioned abuses.

What will happen now

The fight against terrorism is the main topic that keeps attention, as Idriss Déby played an important role in Sahel’s counterterrorism. For instance, Chadian forces joined the United Nations Multidimensional Integrated Stabilization Mission in Mali (MINUSMA) and also were part of the Multinational Joint Task Force (MJTF). Even more, Chad had sent some troops to Nigeria, in order to attack and control Boko Haram movements in that country. Now, the big question is what will happen but there should not be any big change in Chad’s approach to this issue. Albeit, in the short-term, Chadian forces could return to Chad, in order to maintain the internal security of the country and, especifically, to confront FACT and other rebel groups that, eventually, could follow the steps of the Military Command Council for the Salvation of the Republic (CCMSR), which has joined the FACT in its political-military fight against the Chadian government. In fact, there are reports about the withdrawal ()  of Chadian troops from the triple border. Also, France has already expressed its concern and Jean-Yves Le Drian, France’s Minister of Foreign Affairs, recently recognised that they have analysed if Chad will be able or not to accomplish the military engagements in the Sahel. Furthermore, it should be put on the table the possibility that AQMI and Islamic State decide to attack Chad, so that they force Chadian troops to return to the country and, therefore, allow the terrorists to achieve some victories in the Lake Chad and triple border areas. In this scenario, it is not a surprise that on April 27th 12 Chadian militaries were killed in an attack mady by terrorists in the Lake Chad region.

France has lost a big ally in the Sahel and, thus, it is a logical thing that Emmanuel Macron declared that France will support the Transitional Military Council (TMC). Security is one of the most important issues for the French government and Chad’s efforts in counter-terrorism are well appreciated by France, especially after Chad deployed 1.200 militaries in the triple border region (Mali, Niger and Burkina Faso), where Barkhane -whose headquarters are located in N’Djamena- is already fighting against terrorist groups.

The tie with France has been very strong in the military field, and, for example, Idriss Déby was able to send 2.000 troops in 2013 to northern Mali. That is why Chad is a key player for France in the Sahel. As a matter of fact, Déby confronted more than ten rebellions or attempted coups, highlighting those of 2006, 2008 and 2019, and in the two last ones, he received France’s military support, something that allowed him to continue in power.

Another relevant aspect will be the challenge of having a military-civilian transition that allows Chad to have stability and start a process of slow, but progressive democratisation. In regard to this issue, a transitional chart has been published and it created three main bodies. The most important is the Transitional Military Council (TMC) will be led by Mahamat Déby. The TMC will be in charge of the security aspects, the peace of the nation, the stability of the country and the main frameworks of cultural, political and economic affairs. A Transitional Government, composed by the Primer Minister and ministers, has also been established and its main task will be to “lead and implement the national policy defined by the Transitional Military Council”.  As it may be seen, it will not be an independent entity and it should work within the limits given by the TMC. Finally, the Transitional National Council -whose members will be chosen by the TMC’s President- is going to be responsible for the legislative function and will examine and adopt a new Constitution Project.

Currently, Mahamat Déby -Idriss Deby’s son- has come to power as the chief of the Transitional Military Council. Even though he has been described as a respected and well prepared leader, the problem is that the Chadian Constitution has been overtaken/surpassed. In fact, according to this latter one, in case of a void presidency, the President of the National Assembly should hold the attributions of the President and if there was an impediment for that, then the first Vice-President should come into power. Furthermore, article 82 of the Constitution establishes that the interim President cannot dissolve the National Assembly, nor change the Constitution or remove members of the government. Unfortunately, these three limitations have not been respected by the Transitional Military Council, which has argued that they have done that in order to preserve national security. In this context, those measures have been categorised as part of a military coup. Thus, the situation of the militaries will be a key issue, as a split of the Chadian forces could destabilize even more the social and political situation. Actually, there have been some testimonies of internal divisions within the Chadian army but there have been no official statement. So, until now, it seems that those informations are merely rumours or just opinions but, as expressed in this article, Mahamat Déby will have to face the challenge of conveincing the older generals of his capacities and, at the same time, keep united the ethnically mixed Chadian forces.

It must be pointed out that, on April 26th, Albert Pahimi Padacke was appointed as the new Prime Minister. This designation was rejected by the opposition, which has claimed that Padacke was a former member of Idriss Déby’s cabinet (he was Prime Minister between 2016 and 2018). Even if he participated in the recently held presidential election, obtaining the second place with nearly 10% of the votes, he is seen as a continuity of the old regime. Nevertheless, external powers, like the United States and France, have approved the appointment of Padacke. Basically, because he is a civilian and not a military, something that could reinforce the necessity of a civilian or civilian-military transition instead of a merely military transitional government. This latter issue is very relevant, as clashes between policemen and protesters have erupted in N’Djamena and the southern part of the country. The confrontations have left  at least six dead, 36 wounded and 12 arrested people. So, that is why it is so important that the TMC has already named a new government, which has been recognised by Saleh Kebzabo, main oppository of Idriss Déby. The leader of the National Union for Democracy and Renewal (UNDR) declared that they made this decision in order to be part of the transitional government. In regard to this latter one, it included some opposition members and even Lydie Beasssemda, the only woman that ran for the recently held presidential election (arriving in the third place). The fact that Mahamat Ahmat Alhabo, from the Party for Freedom and Development (PFD), has been appointed as Minister of Justice and Human Rights can be seen as a signal of conceding power to the opposition. Also, it must be highlighted that the cabinet will have 40 members and nine of them will be women. Finally, the creation of a Ministry of National Reconciliation and Dialogue -given to Acheick Ibn Oumar, a former rebel- seems to be interesting and, consequently, something to observe during the political process of the transition.

Another key issue is the relation between the rebel groups, the TMC and the transitional government. While the rebels of the FACT stated, on April 25th, that they were keen to a ceasefirse and talks that could lead to a political arrengement, the TMC rejected their offer and declared that there would not be any dialogue with them. Even more, the head of the TMC, Mahamat Déby, claimed that they would ask Niger to provide help in order to capture and bring to justice those ‘war criminals’. Some days later, on April 29th, the FACT knocked down a helicopter of the Chadian Armed Forces, worsening the situation and demonstrating that the military confrontation will not stop before an agreement is signed.

Finally, Chad’s situation has spread fears and worries along the Sahel and other bordering regions. For example, the Head of the Presidential Council of Libya, Mohammed Menfi, and the recently elected President of Niger, Mohamed Bazoum, held a phone call in which they shared views about the current situation in Chad. On the same line, on April 24th, Libya, Niger and Sudan expressed their concern about Chad’s situation and, among other issues, called for a meeting of the African Union Security Council. Menfi went beyond the diplomatic encounter and ordered the Libyan army to secure the southern border with Chad. On April 27th, South Sudan sent a security representative to Chad, while on April 29th a mission of the African Union arrived to N’Djamena. Its delegation should stay in the chadian capital until May 6th and will publish a report with conclusions not later of May 8th.

Conclusions

Idriss Déby was a symbol of an old school-type military leader, that is, one that used to wear the uniform and go the battle front. He was one of the last African autocrats or dictators coming from the militaries, such as Muammar Al Ghaddafi, Omar Al Bashir or Isaias Afwerki, that gave political stability but through autoritharism and a regime that put individual or collective freedom -and even Human Rights- under the security needs. While being able to make some tiny changes in Chad’s political system, he just disguised a leadership of a past era. Therefore, even if the sudden murder of Déby was a shock for the country -Chad was not prepared to a quick and unexpected transition- it may be an opportunity to democratise the institutionality of the country and, the most important, to strengthen Chad as a modern State. Being one of the poorest nations in the world, the task will be tough and very riskful, especially with the current context of insecurity, instability and changes in the Sahel and neighbouring regions or countries.  

In regard with the ideas exposed in the previous paragraph, there should be an análisis and revision of the political stability model based on authorisarism. In different contexts and with diverse variables, it has failed in a lot of African countries. The process of political and social change that started in the Maghrebian states in 2011 is a proof of that failure and Algeria, Libya and Tunisia are well demonstrated and studied cases. In the Sahel, Mali has tried to advance steps in the democratisation process but the security risks and the lack of good governance have become a massive osbtacle. Similiar situations affect other Sahelian states, such as Niger, Burkina Faso and Mauritania. Nevertheles, the bet for democratic stability has to be a priority. The big deal is how to compatibilise that task with the capacity of solving current problems and, especially, in urgent issues like counterterrorism, immigration, climate change, covid-19’s pandemic, social unrest and human development.

So, the current situation of Chad must be analysed taking into account the regional context, in which there are lot of menaces (terrorism, drug smuggling, person trafficking, climate change, intercommunity violence, poltical and social instability, among others), conflicts (war in Mali and Libya, Gerd dispute,  political and social instability in Central African Republic, weak stability in South Sudan and transition in Sudan, Niger and Mali) and even nearly failed States, Chad was seen as an example of stability and this allowed Idriss Déby to control the country with an iron fist. Now, Chad will face the mission of maintaining the stability but, at the same time, starting a democratisation process. If it is already a massive task for a nation that has no democratic tradition, the challenge seems even tougher due to the previously described current context.

In this scenario, it is probably that the main powers support the TMC and the transitional government, even if, according to some elements, it is against democratic principles. Actually, France has expressed its will to help Deby’s son and the United Nations has declared that Idriss Déby’s death was a “loss of an essential partner”, demonstrating that the securrity issues are far more relevant than democratic reforms. In the same line, Amina Abba Sidick, Minister of Foreign Affairs of Idriss Déby, has said that even democracy is essential, sometimes the reality makes impossible to avoid some situations or decisions, that is, to put the security as the priority issue. That is why he suggests to support the TMC in order to maintain the unity and stability of the country. As it can be seen, pragmatism seems to be the most accepted approach in the current context as regional and external powers know that the collapse of Chad could have disastrous consequences for the Sahel and bordering regions.

The present conflict will be a test for the G5 Sahel, in order to see if they can take the responsibility of mediating in the conflict. According to some information, the G5 Sahel asked Niger and Mauritania to play an active role in this issue, something that could also have positive consequences, in case of achieving good results, for the transitional processes that both countries are witnessing. If they are able to manage the current conflict towards a civilian transition that paves the way to more democratic institutionality in Chad, including transparent and democratic elections, they could strengthen their leadership as presidents of Mauritania and Niger, countries that also need to work hard for improvements in their quest for a stable and more democratic institutionalities. At the same time, it will be a good way to measure the extent of the diplomatic arms of France and if Emmanuel Macron will understand that his latest failures (Mali and Libya) impose him not to play an active role and just give the demanded support. Concerning other African countries, it will be a challenge for integration blocs (as CEDEAO, Sahelo-Saharian Community, African Union) and neighbouring States. In this point, it could be a good opportunity to see mediations from the Maghrebian countries or even from those coming from the Horn of Africa, as conflicts in the Sahel have direct implications for the mentioned regions.

Another relevant topic is the presence of thousands of mercenaries in Libya. Since last February, Libya has a national union government -something that happened after seven years of confrontation between the National Government (GNA) and Khalifa Haftar’s forces- and recently have been signed some agreements, including, among others, a cease-fire arrangement. Furthermore, different parties involved in the conflict have stated that it is imperative to expel or withdraw diverse mercenary forces that currently are involved in Libya. This could have important consequences for Chadian rebel groups that are based in Libya’s southern region but also for neighbouring countries. What could happen with the rebels, and especially the FACT, if they are compeled to quit Libyan territory but without being able to return to Chad? This is just one of the questions about this issue and, in fact, United Nations’ Security Councial has already expressed its concern about the future of nearly 25,000 thousand mercenaries that currently are in Libya.

The consolidation of a civilian transition will strongly depend on the ability of the FACT to be a leader of diverse rebel groups that represent different ethnical groups. The civil society can put a lot of pressure and, for example, the Union of Syndicats of Chad (UST), called the people to go on strike and to protest against a transition led by a military. Also, the participation of the rebels should be taken into account, as the FACT has already expressed, on April 24th, their desire of a cease-fire that is accompanied by a political solution to the conflict. In regard to this issue, it is important to recall that the FACT has a political purpose (to topple Déby) and, at least until now, they are just a rebel group trying to change the political scenario and not a terrorist grup. Thus, in order to have a strong and durable dialogue, they should be part of the transition, as an exclusion of them could lead to further confrontations between the FACT (and maybe other rebel groups that have declared their support to them) and the TMC. So, the latter one’s decision to do not negotiate with the FACT, officialized on April 25th, can be categorised as a mistake. However, there have been positive signals, as the announcement of a transitional government with civilians and opposition members in it, the support of the Syndical Confederation of Chad (CST) and the meeting between Mahamat Déby and representatives of the CNJT, among others.

It should be said that the current situation in Chad is a demonstration of how different political, social and military issues are so connected between them. Chad is part of the Sahel, a region that is always linked with the Maghreb, Wesstern Africa and the Horn of Africa. In these three geopolitical zones, diverse players are defending their interests and, therefore, complicating even more the board. For example, the dispute between Turkey and Qatar against United Arab Emirates and Saudi Arabia -even though there have been some approaches during the last weeks- is taking place in Libya  and Somalia, but also in the Eastern Mediterranean. In the case of Egypt, it is implied in the Gerd’s conflict (against Ethiopia and involving Sudan), has played an important role in Libya -where it confronts Turkey- and is always paying attention to what happens in its southern borders (that is whay Chad is very relevant for Egypt). Russia is a key actor in Central African Republic, but also in Libya and even in the Horn of Africa (mainly Sudan), while the United States and the European Union have a strong presence in the Sahel and Libya.  There are more examples of how connected the diplomatic moves and the geopolitical interest are, so it seems that the region composed by the Maghreb, the Sahel and the Horn of Africa may get even more attention and will witness the fight for power between the most powerful nations but also among regional or other international key players.

It is important to understand that Chad’s developments could aggravate the humanitarian situation in the country and in the Sahel, a region in which, according to a report published by UN on April 27th, 29 million people were in need of assistance. Even more, OCHA has established that 6,4 million people are in need of assistance in Chad but only 3,8 millions of them have been targeted. The country hosts 473,000 refugees and has 236,000 internally displaced people.  Futhermore, nearly 4 million people are facing alimentary insecurity, a number that could rise up to 5,1 millions during the June-August period. Finally, 15 of the 23 provinces have an alarming nutritional situation. Refugiados y desplazados.

Internally, it must not be forgotten that clashes between herders and farmers have been taking place in the Salamat region (Southeastern region of Chad) and this situation could worsen with the sum of various of the elements previously mentioned in this article.

Finally, it is impossible to project what will happen in the future, as it depends on the international developments taking place in Chad. In this regard, there are three main scenarios. The first one is that Idriss Deby’s son gives continuity to his father’s regime, something that could be very bad news for the Chadian people but good news to the regional or international powers that do not want to lose an excellent ally in their fight against terrorism in the Sahel and the Chad Lake Basin. The second one is a transitional period in which opposition forces progressively come into power. It could be through a national unity government or due to a well constructed relation between the official power (the 18-months TMC), the civil society and the political parties. The third one is the rupture of the regime and political institutionality, something that could lead to unpredictable or unknown scenarios. This should be the worst of all the situations, as it could plunge Chad into chaos and, therefore, worsen the already complex context of the Sahel, Horn of Africa and the North of Africa.

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Guinea en busca de más democratización y libertad

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Guinea en busca de más democratización y libertad

Fecha 20/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El domingo 18 de octubre se llevó a cabo la primera vuelta de la elección presidencial en Guinea. Lo ocurrido en este proceso electoral es fundamental para el avance de la estabilidad en el país y África Occidental.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 20 de octubre de 2020

(Agencias)

A nivel interno, entre 1958 (independencia) y 1984 tuvo un régimen de partido único (bajo el mando de Ahmed Sékou Touré), el cual terminó con el golpe de estado de 1984. Luego, entre 1984 y 2008 (régimen de Lansana Conté), se estableció un período autoritario. En diciembre de 2008, falleció Conté y ocurrió un nuevo golpe de estado. Sin embargo, la junta militar cumplió el compromiso de organizar elecciones presidenciales dentro de dos años. Así, en diciembre de 2010, Alpha Condé venció y se convirtió en el primer presidente guineano elegido democráticamente. El país entraba, en teoría, a una etapa de mayor democratización, pero, con el paso del tiempo, Condé se fue transformando en un mandatario autoritario. Así, tras ganar los comicios presidenciales de 2015, tuvo un segundo mandato y en marzo de 2020 organizó un referéndum constitucional. A través de este último, aumentó el período de cinco a seis años, pero se mantuvo el máximo de diez años (un mandato y una reelección). Sin embargo, Alpha Condé consiguió un «reseteo» de los registros previos y, en caso de ganar, podría llegar a gobernar hasta 2032.

En este contexto, desde 2019 se han producido diversas y multitudinarias manifestaciones en Conakry, capital de Guinea. Una de ellas, en diciembre del año pasado, tuvo una adhesión de un millón de personas, aproximadamente. Lamentablemente, también ha habido mucha violencia y, según diversos informes de organizaciones nacionales e internacionales, han muerto entre 50 y 93 manifestantes.

En cuanto a la elección presidencial, la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) validó 12 candidaturas, de las cuales dos (16,67%) corresponden a mujeres. En 2015, hubo ocho candidaturas y solo participó una mujer, (12,5%).

Los principales contendientes son Alpha Condé y Cellou Dalein Diallo, quienes se enfrentaron en las presidenciales de 2010 y 2015, siempre con triunfo para Condé. En 2010 lo hizo en una reñida elección -definida en la segunda vuelta y con el 52.52% de los votos-, mientras que en 2015 se impuso, con un mayor margen (57.85%), en la primera vuelta.

Los resultados oficiales no serán publicados antes del miércoles 21 de octubre. Mientras, Cellou Dalein Diallo se declaró vencedor y Alpha Condé no respalda dicha afirmación y espera los números finales.

Es importante recordar que África Occidental tiene países con buenos índices democráticos (Ghana y Benín, por dar dos ejemplos), pero también hay otros que han sufrido por la inestabilidad política y social. Es el caso, por ejemplo, de Togo (con una dictadura familiar de años), Gambia (fin de la dictadura en 2017), Guinea-Ecuatorial (dictadura desde 1979), Malí (golpes de estado en abril de 2012 y agosto de 2020) y Costa de Marfil (elecciones el 31 de octubre, en un contexto de desorden político y social, con protestas, violencia e incluso muertos). Además, Burkina Faso y Níger, al igual que Costa de Marfil, tendrán elecciones presidenciales a fines del presente año, las cuales también serán claves.

Por último, la Comunidad Económica de África Occidental (Cedeao) sigue con atención este proceso electoral, pero también la situación en los otros países de la región. Este importante bloque regional tiene la misión de demostrar que puede jugar un rol positivo y concreto en las crisis y los conflictos de sus estados miembros.

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El fútbol, una vía para la igualdad genérica en Marruecos

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El fútbol, una vía para la igualdad genérica en Marruecos

Fecha 12/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace algunas décadas, el deporte más popular del mundo parecía ser un asunto de ciertos países y reservado solo para los hombres. Sin embargo, en los últimos 30 años y, particularmente, en los últimos dos decenios, la práctica del balompié no solo se extendió por todas las regiones del planeta, sino que además atrajo la atención de las mujeres. Tanto así, que la rama femenina cada vez suma más jugadoras profesionales, amateurs y recreacionales, algo que se puede apreciar en Marruecos, donde el asunto va más allá de lo netamente deportivo y aparece como un elemento de igualdad entre mujeres y hombres.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de octubre de 2020

(Agencias)

Según el Reporte de Fútbol Femenino de la FIFA de 2019, 13,36 millones de mujeres y niñas juegan fútbol organizado a nivel mundial. De ellas, 3,12 millones de jugadoras juveniles (menores de 18 años) se encuentran registradas, en tanto que, en el caso de las adultas, la cifra bordea el millón (945.068). En paralelo, existen 63.126 entrenadoras en todo el mundo y 80.545 árbitros, equivalentes al 7% y 10%, respectivamente, del total mundial.

En cuanto al rol de las asociaciones nacionales, el 91% afirmó estar promocionado al fútbol femenino a través de las redes sociales y los medios tradicionales. Junto a eso, 74 asociaciones reciben exposición mediática semanal y 81 usan el sistema de streaming para transmitir fútbol femenino. Cabe agregar que las redes sociales más usadas son Facebook (135 de las 210 asociaciones), Instagram (103), Twitter (84), Youtube (71), Otras (40) y Snapchat (16).

En relación al trabajo de las asociaciones, 76% tiene una estrategia específica para el fútbol femenino y el 49,5% ha implementado un departamento o sección de fútbol femenino. La participación en cargos también merece atención, ya que las mujeres representan el 28% de los puestos administrativos y el 25% de los puestos más relevantes (presidenta, secretaria general y jefa de departamento o sección).

Algo muy interesante es el hecho que el 74% de las asociaciones trabajan con ONG, para así conseguir, a través del fútbol, un impacto positivo en la vida de mujeres y niñas. En este asunto, destacan temas como lucha contra el racismo, inclusión a la mujer en el deporte, lucha contra las desigualdades genéricas, vida sana, empoderamiento de la mujer, deporte inclusivo, integración de personas con capacidades diferentes, protección de las niñas, rechazo al acoso sexual, prevención del bullying y fair-play, entre otros. Estas políticas han generado diversos efectos positivos y uno de eso es la percepción que tienen los niños del fútbol femenino. Por ejemplo, la Confederación de Fútbol de Oceanía implementó, en 2010, Just Play -un proyecto deportivo de desarrollo social-, el cual ha beneficiado a 300.000 niñas y niños de 11 países diferentes. Dentro de sus resultados destaca que, en 2010, el 53% de los niños disfrutaba jugar fútbol con niñas, mientras que en 2019 la cifra subió al 72%. Este caso demuestra que, más allá del fútbol competitivo, existen otras instancias aún más importantes, pues generan profundos impactos sociales, los cuales provocan cambios en los paradigmas existentes.

Por último, vale la pena revisar, brevemente, cómo es la realidad del fútbol femenino en los mundiales. Al respecto, la Copa del Mundo es el principal torneo del fútbol internacional y en ella participan 32 selecciones, en la rama masculina, y 24 en la femenina. En este sentido, no hay una gran diferencia respecto del proceso histórico de participantes en estos eventos. De hecho, recién en 1998, cuando el fútbol se había desarrollado en prácticamente todos los países, los mundiales de hombres pasaron a tener 32 escuadras. Si el auge del fútbol femenino continúa su escalada, entonces no sería raro que en dos o tres mundiales ya tengan 32 escuadras en la fase de grupos.

Donde sí se pueden apreciar diferencias es en la cantidad de equipos que compiten en las eliminatorias mundialistas. Para el Mundial de Rusia 2018, la participación de las selecciones fue muy alta en el caso de los hombres, con 208 de 210 combinados nacionales (99%) siendo parte del proceso. A la inversa, en el caso de las mujeres solo estuvieron presentes 140 de los 210 elencos (67%). Sobre esto último, la Confederación Sudamericana de Fútbol (100%), la Confederación de Fútbol de Oceanía (100%) y la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (85%) tuvieron los mejores registros, dejando más atrás a la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (77%), la Confederación Asiática de Fútbol (48%) y a la Confederación Africana de Fútbol (44%).

En el caso de los torneos juveniles (sub-20 y sub-17), el escenario es similar. A nivel sub-20, las cifras de selecciones participantes en proceso eliminatorios fueron 180 en los hombres (86%) y 122 en las mujeres (58%), en tanto que, tratándose de los campeonatos sub-17, los números llegaron a 184 (88%) y 127 (60%), respectivamente.

La realidad del fútbol femenino en tierras africanas

En África, se estima que 563.554 mujeres juegan en algún tipo de fútbol organizado. De ellas, 73.306 menores de 18 años se encuentran registradas y 66.626 adultas también están en los registros. Además, 26 de las 54 asociaciones tiene una selección adulta activa y cerca de 30 países cuentan con ligas nacionales femeninas. Los principales torneos continentales de selecciones son la Copa Africana de Naciones, el torneo de clasificación a los Juegos Olímpicos y las eliminatorias para los mundiales sub-20 y sub-17. En cuanto a campeonatos de clubes, se ha anunciado la creación de una Champions League a partir de 2021. En paralelo, se llevan a cabo copas regionales, como la Cosafa, Cecafa, Ouest A, Unaf y Ouest B).

En los últimos años, el fútbol femenino africano ha ido sumando hitos en su proceso de consolidación. Por ejemplo, Sudán realizó su primera liga local en 2019 (con 19 equipos y una final que contó con 6.000 espectadores), Malí revivió su torneo nacional tras tres años de pausa y Togo, en 2017, también tuvo su primer campeonato. Además, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anunció la puesta en marcha de un plan de desarrollo de este deporte, lo cual se llevará a cabo durante el período 2020-2023 y basado en cinco ejes (desarrollo, competencias, promoción, profesionalización y liderazgo e inclusión social).

En cuanto al desarrollo del fútbol, los países más fuertes -en términos deportivos- son Nigeria, Camerún, Ghana, Sudáfrica y Guinea Ecuatorial. Luego, aparecen otras selecciones como Malí, Costa de Marfil, Zambia y República Democrática del Congo. Como se puede ver, los países magrebíes no destacan en el fútbol femenino africano y es por eso que el desarrollo de esta actividad parecer ser algo necesario. Y no solo pensando en la competencia, sino que, lo más importante, como una vía hacia la igualdad genérica, la disminución de la pobreza y la integración de la mujer en diversos espacios que, históricamente, han sido considerados típicamente masculinos.

El Magreb: fútbol femenino en desarrollo

Argelia comenzó el proceso de masificación en la década de 1990, aunque las turbulencias internas -guerra civil e inestabilidad política- generaron el estancamiento del fútbol femenino. Tras su primer partido internacional (contra Francia, en 1998), en 2009 se lanzó un nuevo campeonato local, el cual reagrupaba a todos los equipos del país. Si bien en 2020 se anunció una reorganización de la liga local, la Federación Argelina de Fútbol (FAF) anunció que los equipos solo podrían tener un máximo de tres jugadoras mayores de 30 años. Esta medida causó mucha polémica y fue catalogada como discriminatoria y contraria a la igualdad genérica.

En Túnez, el tema es bastante nuevo, ya que recién en 2004 se creó la sección femenina y, también, el torneo local. En 2006, la selección de Túnez jugaría su primer partido internacional. Lamentablemente, la precariedad también se nota en el territorio tunecino, pues apenas hay un centro de formación en el país y la competencia nacional estuvo congelada durante algunos años (2017-2020).

En Mauritania, el fútbol femenino competitivo recién comenzó en 2017, año en el cual contó con recursos entregados por la FIFA. Dos años más tarde, gracias a la clasificación de la selección masculina a la Copa Africana de Naciones, se tomó la determinación de crear un combinado nacional femenino. El primer encuentro fue contra Djibouti y luego disputó un torneo amistoso contra Bolivia, España e India. La buena noticia es que la Federación de Fútbol de la República Islámica de Mauritania (FFRIM) generó un proyecto de desarrollo del fútbol femenino.

En Libia, el fútbol femenino tuvo un renacer tras la caída de Muammar Al Ghaddafi (2011), aunque sin dar grandes pasos. En 2016, la selección libia jugó su primer encuentro internacional, pero aún no hay una liga local y, de hecho, para armar la selección se nominan jugadores de escuelas y lugares similares.

En cuanto a resultados, ninguna selección magrebí ha logrado clasificar a la Copa del Mundo o a los Juegos Olímpicos. En este contexto, lo más destacado han sido las clasificaciones a la Copa Africana de Nacionales, en la cual han participado Argelia (cinco ocasiones), Marruecos (dos) y Túnez (una). Sin embargo, ninguna escuadra pudo pasar la fase de grupos.

El fútbol femenino en Marruecos

El primer torneo se realizó en 2002, pero con un sistema regional. Recién en la temporada 2007/08 se puso en marcha un nuevo formato, según el cual los equipos de las diversas regiones se dividían en dos grupos (Sur y Norte). En cuanto a la selección femenina marroquí, esta dio sus primeros pasos en 1998 y desde entonces ha estado activa, aunque sin grandes logros.

En 2018, se llevó a cabo, en Marruecos, el Primer Simposio sobre el Fútbol Femenino, el cual fue organizado por la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y contó con el patrocinio del rey Mohammed VI. Aquel sería un momento histórico, pues fueron las primeras piedras de un camino que se consolidaría dos años más tarde. Así fue que, en 2020, la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) firmó contratos de objetivos con Liga Nacional de Fútbol Femenino (LNFF), 12 ligas regionales y la Dirección Técnica Nacional. Dentro de otros compromisos, habrá un apoyo de 60 millones de dirhams anuales durante los próximos cuatro años, a lo cual se sumará un apoyo técnico y financiero a lo clubes, las jugadoras y las federaciones regionales. Además, a partir de la temporada 2020/21, habrá torneos de Primera División (D1) y Segunda División (D2), pero también un campeonato nacional sub-17 y torneos regionales en categorías de juveniles.

El objetivo es convertir al fútbol en el deporte más practicado por las mujeres en Marruecos. En este sentido, se espera llegar a al menos 89.802 jugadoras registradas de aquí a 2024. También incluye la formación de 1.000 directivos técnicos y el desarrollo de una economía del fútbol femenino. Junto a lo anterior, se entregará una subvención (para el correcto funcionamiento) de 1.200.000 de dirhams a la Primera División, 800.000 a la Segunda División y 100.00 para las ligas regionales (para el desarrollo).

Otra gran novedad es que se aplicará el Código de Trabajo y, por ende, todas las jugadoras de equipos adultos deberán tener un contrato. Por si fuese poco, se estableció un sueldo mínimo de 350 y 260 euros mensuales para las futbolistas de Primera y Segunda División, respectivamente.

En lo deportivo, se plantea clasificar al Mundial de 2023 y a los Juegos Olímpicos de 2024, pero también se desea ganar alguna Copa Africana de Naciones (en alguna categoría juvenil) y clasificar, en forma permanente, al torneo adulto.

Como un perfecto complemento para este programa, el 10 de octubre de 2020 se produjo un hito en el fútbol femenino marroquí. Esto último, pues Bouchra Karboubi arbitró el partido entre Moghreb Athlétic Tétouan y Olympique Khouribga. De esta forma, fue la primera vez que una mujer tuvo el rol principal de árbitro en un duelo válido por el torneo de Primera División del fútbol masculino marroquí. Y eso no fue todo, ya que uno de los dos árbitros asistentes fue Fatiha Jarmouni.

Todo lo mencionado anteriormente se plantea como una manera de promover la igualdad entre mujeres y hombres, pero también para derribar estereotipos y paradigmas antiguos y machistas. La intención es que las mujeres se integren, a través del deporte, con aún más fuerza en la sociedad y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades laborales. En resumen, se trata de luchar contra la discriminación genérica y darle a la mujer el rol que merece, es decir, los mismos derechos e iguales oportunidades que los hombres.

Es así que el proyecto de desarrollo del fútbol femenino marroquí va en línea con las directrices del rey Mohammed VI, quien en 2004 lanzó la Moudawana (Código de la Familia) y, posteriormente, en 2008, establecería el Día de la Mujer (10 de octubre). Junto a esto, el monarca ha puesto como gran prioridad la igualdad genérica y ha promovido, aunque todavía sin conseguir los objetivos, la paridad entre sexos en cargos políticos.

Lamentablemente, al igual que en otros países magrebíes, las viejas costumbres, la tozudez de los grupos islamistas y la negativa de sectores conservadores han hecho imposible avanzar a mayor velocidad en el desarrollo del fútbol femenino marroquí, pero, aún más importante, en otros ámbitos de la vida. Por eso, es de esperar que los proyectos de Marruecos y Mauritania sean un ejemplo para la región, de manera que las mujeres, a través del fútbol, puedan ocupar más espacios en la sociedad y así se avance hacia la anhelada igualdad entre mujeres y hombres.

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

Fecha 30/09/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Apoyado por el gobierno de Donald Trump, el estado israelí ha conseguido establecer relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (agosto de 2020) y Bahrein (septiembre de 2020), dos países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) y aliados de Arabia Saudita en la Península Arábiga. Tras estos avances, se ha rumoreado con cuáles podrían ser los siguientes  estados “árabes” o “musulmanes” en generar vínculos oficiales con Israel y, en este sentido, Marruecos ha aparecido en algunos artículos, columnas de opinión y análisis. ¿Será posible esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 30 de septiembre de 2020

Antes de responder la pregunta, es necesario revisar la historia de los nexos entre Marruecos e Israel, los cuales, vale la pena recordarlo, no son oficiales (no hay relaciones diplomáticas establecidas), ni tampoco tienen una gran profundidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el sultán Mohammed V enfrentó a las potencias dominantes y desafió al nazismo. En aquel entonces, el líder marroquí declaró, ante estupefactos periodistas:

“No apruebo, para nada, las nuevas leyes anti-judíos y rechazo asociarme a una medida que desapruebo. Les informo que, como en el pasado, los israelíes seguirán bajo mi protección”.

Aquellas palabras eran un reflejo de la permanente postura, de Mohammed V, de no solo oponerse a leyes que menoscabaran los derechos de los judíos, sino que también de defenderlos e incluso negarse a darle una lista de ciudadanos marroquíes judíos al mariscal Philippe Petain (régimen de Vichy). Durante la década de 1940, el sultán expresaría su rechazo a medidas sectarias o discriminatorias:

“Acá no hay judíos. Solo hay marroquíes”.

La historia es aún más antigua, ya que, la presencia judía en el norte de África se remonta a más de 2.000 años. Sin embargo, tras la expulsión de judíos desde España, importantes asentamientos se registraron en el Magreb. En Marruecos, se estima que la colonia judía llegó a tener cerca de 300.000 integrantes y que, en las cercanías de la independencia marroquí, en 1956, el total había bajado, pero seguía siendo bastante importante (280.000 habitantes). Con el paso de las décadas y ante los diversos sucesos geopolíticos de la región y el mundo- fin de la Segunda Guerra Mundial, creación del estado de Israel y Guerra de los Siete Días, entre otros- la población judía emigró de Marruecos y se asentó en Israel, pero también en Francia, Estados Unidos y Canadá. Actualmente, la comunidad de judíos sigue presente en Marruecos, pero con una pequeña representación de unas 2.500 o 3.000 personas, aproximadamente (la colonia judía más numerosa en los países del “mundo árabe”).

Entre otros reconocimientos, el matrimonio judío es oficial en Marruecos, el rey Mohammed VI pidió que la Shoah (“Holocausto”) sea parte de los textos escolares y existen 54 sinagogas en todo el territorio marroquí. Mohammed VI, actual rey, ha fomentado el diálogo entre civilizaciones y religiones, lo cual ha quedado de manifiesto con diferentes medidas adoptadas por el monarca. En 2020, se inauguró la nueva Beyt Dakira (“Casa de la Memoria”), que es una prueba viva del patrimonio cultural judío en Marruecos y, específicamente, en Essaouira. Además, Mohammed VI anunció, en 2019, la construcción de un Museo de la Cultura Judía en Fez y ha restaurado sinagogas, cementerios y antiguos barrios judíos. Estos proyectos se deben sumar a otros desarrollados antes de la llegada al trono del actual monarca. De hecho, su padre, Hassan II, inauguró, en 1997, el Museo del Judaísmo Marroquí de Casablanca. Cabe mencionar que estos proyectos (museos) son inéditos en el “mundo árabe”. Por último, no se debe olvidar que André Azoulay, consejero real de Hassan II y Mohammed VI es parte de la comunidad judía marroquí.

¿Un acercamiento imposible?

Mirando hacia atrás, lo más cercano a un acercamiento entre Marruecos e Israel fue el acuerdo de intercambiar oficinas de enlace, iniciativa que se llevó a cabo entre 1994 y 2000 (con una sede marroquí en Jerusalén y otra israelí en Rabat). Con el inicio de la Segunda Intifada, el recientemente entronizado Mohammed VI congeló dicho acercamiento, que, en realidad, era un legado de su padre, Hassan II.

A pesar de lo expresado en el párrafo anterior y de los vínculos históricos mencionados previamente, parece ser improbable que Marruecos establezca relaciones diplomáticas con Israel. Al respecto, hay varios motivos que explicarían la postura marroquí sobre este asunto.

Primero, el rey Mohammed VI ha optado por una política estatal de permanente apoyo a Palestina y, particularmente, hacia la población palestina. De hecho, Marruecos es uno de los países que más apoya a Palestina y, como demostración de aquello, rechazó, oficialmente, el “acuerdo del siglo” propuesto por Donald Trump en 2020. Además, la causa palestina es muy popular entre la población marroquí y, en una época de demandas sociales en el Magreb -incluyendo a Marruecos-, un eventual acercamiento con Israel sería muy mal visto y, seguramente, generaría protestas masivas en las calles de las grandes ciudades marroquíes.  Por último, si bien es el monarca quien tiene la palabra final en este tipo de asuntos, es importante recordar que el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista) tiene a su cargo el actual gobierno marroquí y su postura, respecto de Palestina, es de total rechazo a Israel.

Luego, desde un punto de vista estrictamente diplomático, Marruecos y Palestina han compartido reconocimientos mutuos. Mientras la monarquía marroquí defiende el derecho a tener un estado palestino, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) apoya la integridad territorial de Marruecos. Por ende, ya en términos más conceptuales, el nexo entre las dos partes se convierte en una relación de tipo “win-win”, lo cual permite concluir que sería poco probable mover piezas que generen un desajuste en el vínculo y en los intereses de los dos estados involucrados.

Relacionado con lo anterior, no se debe olvidar que Marruecos enfrenta, en términos diplomáticos, a Argelia y al Polisario. Esto último, por el siempre complejo conflicto del Sahara Occidental. En este contexto, cabe consignar que la diplomacia marroquí ha obtenido grandes éxitos en las últimas décadas -apoyo de diversos países, disminución de la cantidad de estados que reconocen a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática, consolidación del proyecto de autonomía como una vía razonable y regreso a la Unión Africana, entre otros- y siempre se han movido con mucha prudencia en su política exterior. Es así que establecer relaciones diplomáticas con Israel sería un paso hacia atrás en su política exterior respecto del asunto del Sahara. Básicamente, porque Argelia y el Polisario usarían un eventual acercamiento (entre Marruecos e Israel) para demostrar que Marruecos no busca soluciones pacíficas y que avala a estados que realizan ocupación de territorios. En consecuencia, parece imposible que el rey Mohammed VI tome la decisión de generar vínculos diplomáticos con Israel.

Sobre este mismo punto, se ha comentado que a Marruecos le convendría establecer relaciones con Israel, pues así ganaría el apoyo de Estados Unidos. En este tema, cabe resaltar dos hechos. Primero, que el nexo entre Marruecos y Estados Unidos es antiguo y valorado por ambas partes. Segundo, que un eventual sustento estadounidense tampoco cambiaría mucho el panorama en el conflicto del Sahara Occidental. Si se toma en consideración al Consejo de Seguridad de la ONU, es probable que Rusia vete cualquier resolución que busque modificar el actual estado del territorio en disputa, razón por la cual el apoyo de Estados Unidos no sería tan relevante. Junto a lo anterior, Marruecos ha conseguido que su postura sea aceptada o que al menos la mayoría de los países declaren que esperan una solución al interior del marco establecido por la ONU, es decir, ha logrado que casi ningún estado apueste por algún proyecto derechamente contrario a las aspiraciones marroquíes. En paralelo, la única región donde aún debe mejorar su presencia es América Latina y ahí Estados Unidos no tiene gran influencia y menos aún con el actual presidente (Donald Trump). Resumiendo, establecer relaciones diplomáticas con Israel a cambio del apoyo de Estados Unidos en el asunto del Sahara Occidental parece ser una estrategia con la cual Marruecos ganaría poco y perdería mucho.  

Finalmente, no se debe dejar a un lado que Emiratos Árabes ya confirmó las relaciones diplomáticas con Israel y que Arabia Saudita tiene buena comunicación con la parte israelí. A eso se debe sumar el hecho que Bahrein -un permanente aliado de Arabia Saudita- también firmó el establecimiento de vínculos diplomáticos con Israel. Esto adquiere gran relevancia, pues Marruecos ha tenido tensos momentos, durante los últimos años, con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, razón por la cual resulta poco probable que Mohammed VI decida sumarse a una iniciativa liderada por dos estados con los cuales no tiene, actualmente, un buen vínculo a nivel diplomático.

(Fuente elaboración propia)

Comentarios finales y proyecciones

La densidad y frecuencia de las relaciones entre Marruecos e Israel no debería variar mucho, ya que la postura marroquí está muy clara. Primero, en su política exterior (apostar por el multilateralismo y las soluciones bajo el aval de la ONU) y, segundo, la diplomacia marroquí ha dejado en claro que no tiene una posición beligerante, respecto de Israel, pero que tampoco se sentará a dialogar en la medida que no cesen las colonias israelíes, que no se reconozca a Palestina como estado (con los límites previos a 1967) y que Jerusalén Este no sea establecida como capital de Palestina.

En este sentido, lo esperable es que se mantengan los vínculos “secretos” en asuntos como inteligencia, armamento o agricultura y que, eventualmente, en el futuro más lejano, se genere un acuerdo para tener vuelos directos entre Marruecos e Israel. Sobre esto último, el establecimiento de vuelos comerciales no sería contradictorio, ni tampoco una demostración de un acercamiento entre ambas partes, y mantendría la línea histórica de las relaciones entre Marruecos e Israel. La única gran diferencia es que sería una medida con menos “secretismo”, pero entendiendo que se trata más bien de un asunto de nexos históricos entre poblaciones judías viviendo en Marruecos y ciudadanos israelíes de origen marroquí. Esto último, cabe resaltarlo, es la base de la relación entre ambas partes y, por ende, más que un vínculo entre estados es uno que se lleva a cabo entre grupos específicos de la población de uno y otro país. Además, en el caso de Marruecos, no busca establecer relaciones diplomáticas con un estado (Israel), sino que reivindicar y mantener un elemento histórico (el judaísmo) de la cultura marroquí.

Respecto del comercio, no sería raro ver un aumento en los intercambios entre Marruecos e Israel, así como tampoco sería extraño que se avanzara, siempre en forma acotada y secreta, en la eventual cooperación en temas como seguridad y lucha contra la desertificación.

Finalmente, no se debe olvidar que, ad portas de la elección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump ha volcado su política exterior hacia temas complejos como el conflicto palestino-israelí y el litigio marítimo entre Líbano e Israel. En consecuencia, queda la sensación que, por ahora, los acercamientos con Israel son parte de la campaña presidencial de Trump y no reflejan, hasta ahora, un cambio en la política exterior estadounidense sobre Medio Oriente. En este contexto, es evidente que Marruecos tomará en cuenta eso y será aún más precavido.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Abdelmalek Droukdel: profile of a key jihadist in the Maghreb and the Sahel

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Abdelmalek Droukdel: profile of a key jihadist in the Maghreb and the Sahel

Fecha 6/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

On June 5, Florence Parly, Ministry of the French Armed Forces, announced that Al Qaeda of the Islamic Maghreb’s chief was killed -together with other important members of his inner circle- two days before, during a military operation carried on by the French Army. Without any doubt it was a shocking information, especially for the jihadist movement that Abdelmalek Droukdel used to lead in the Maghreb and Sahel regions. With the Algerian chief dead, it is necessary to know a bit more about his role in Northern Africa’s terrorist scenary.

Raimundo Gregoire Delaunoy | June 6, 2020

Abdelmalek Droukdel was born in Meftah, southern Algeria, on 20 April 1970, in a very religious family. He completed school studies and then obtained a bachelor degree in the University of Bilda (1989-1993). At the same time, he was preparing his way towards jihadism and terrorism, something he had already begun at the end of the 80s, when he even went to fight the Soviet troops during Soviet Union’s invasion of Afghanistan. His first steps toward an extremist group are dated in 1993, when he started having contact with the Movement of the Islamic State (MEI). After that, in the 90s, he advanced to the ranks of the Armed Islamic Group (GIA) and, in 2001, to the Salafist Group for the Preaching and Combat (GSPC). In 2004, he became the leader of this latter one, which he finally merged with Al Qaeda, forming, in 2006, the known movement of the Al Qaeda of the Islamic Maghreb (AQMI).

Droukdel’s role in Mali’s fragmentation

After Muammar Al Ghadaffi’s fall and murder, in October 2011, hundreds or even thousands of veteran and young fighters, now armed with the arms that they received as Ghadaffi’s mercenaries, started to escape to other bordering countries, such as Mali. This latter one was the perfect place for Tuaregs that came from Libya and wanted to revive, once again, the dream of an independent State. Therefore, in 2011 they founded the National Movement for the Liberation of the Azawad (MNLA) and in March 2012 they defeated the Malian government and declared the birth of the Azawad, which is an independent State for the Tuareg people.

(Fuente: Agencias)

With a direct collision of governmental forces, Tuareg independentists, jihadists and terrorist groups, the ground was prepared for the irruption of Abdelmalek Droukdel’s into Mali’s arena. After merging with Ansar Eddine (AE) -group that received AQMI’s financial, logistical and military help since 2011-, AQMI decided to form an alliance with AE and the Movement for the Unity and Jihad in Western Africa (Mujao), something that was concretised in 2012. Since then, Malian, French and international troops and installations have been objectives of this terrorist merge, consolidating Droukdel’s change from a local to a regional terrorist leader.

His last years

With less power and control than before, he needed to recover importance, as the Islamic State had won a lot of ground in Africa and even provoqued a fracture in the ranks of AQIM, with important members leaving the group and joining the IS. Even worse, the intervention of France in Mali, since 2013, weakened the strength of AQIM and Droukdel, making him to disappear from the main scenes. According to local sources and medias, Droukdel was capable to enter Tunisia in 2016, where he established his operation center. Nevertheless, he was still active and, in fact, was planning his return to Algeria, country in which he seemingly hid before being able to pass the Tunisian border. The consolidation of the Western Africa as a jihadist hub was one of his goals as Droukdel only controlled some feuds in Kabilya and the Sahara region.

In this context, his last victory was the creation, thanks to the ties with Iyad ag-Ghali -an important islamist leader in Mali- of the Group for the Support of Islam and Muslims (GSIM). It was a merge of different terrorist associations that, according to some sources, had nearly 2.000 fighters and that counted with the presence of Mokhtar Belmokhtar’s Al Mourabitoun, Ansar Eddine and Macina. Eventhough it was a great moment for the jihadist movements in Africa, Droukdel’s weakened status and influence seemed to be evident as he did not participate in the ceremony and was not part of the official photo. Instead, he sent an envoy.

Some final comments

He never received training in Yemen or Afghanistan, being a strange case in Al Qaeda. His ideological thought was a mixture between Arab nationalism and islamism (political islam) and he had the capacity to make alliances with groups that shared with him the same goals. That explains, for example, his close collaboration with jihadist groups in Mali and his plans to extend his collaboration to other terrorist cells in Western Africa.

His mentor was Abou Mousab al Zarqawi, a former leader of Al Qaeda in Irak. He had a strong character and was a tough person. Nevertheless, he had excellent oratory skills and, therefore, he used to be seen as a charismatic leader. Also, he was very ambitious and cold-blooded, as he did not have any problem to eliminate or leave aside other member, that is what happened with Mokhtar Belmokhtar, a veteran jihadist  that was “expelled” from AQIM in 2012 due to ‘ideological differences’ (according to Droukdel).

His harsh line can be seen with the fact that he transformed the SGPC into a terrorist group that could attack and kill civilians. Then, as AQIM, he did not have any problem to kidnap algerians or foreigners in order to demand randsoms.  He was also an intelligent leader, which allowed him to obtain massive sums of funds and to increase the number of terrorist incidents in which AQIM had a direct participation.

His main legacy was to expand jihadism through Africa, especially in the Maghreb and the Sahel. He was able to organize and carry on attacks in Algeria, Burkina Faso, Mali, Mauritania and Morocco, always fighting against foreign activities and spreading the roots of radical islam.

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El “Día de África”, un momento para celebrar y reflexionar

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El “Día de África”, un momento para celebrar y reflexionar

Fecha 1/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El 25 de mayo de 1963, los nacientes estados africanos pusieron la primera piedra en el largo camino de la integración regional. En aquel entonces, 32 países decidieron unirse bajo el alero de la Organización de la Unidad Africana (OUA), un organismo que se gestó en Addis Abeba, Etiopía, y que emergía en plena Guerra Fría. Además, el escenario regional era muy particular, con millones de africanos luchando contra el colonialismo y el Apartheid, para así lograr concretar el anhelo de una África independiente y capaz de crear sus propias vías.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 25 de mayo de 2020

Basada en el panafricanismo de aquellos años, el respeto a los Derechos Humanos y el multilateralismo propuesto por la Organización de Naciones Unidas (ONU), la OUA fue creciendo en la medida que nuevos estados fueron apareciendo. El camino no fue fácil, ya que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Estados Unidos se involucraron en los diversos procesos africanos. Con esto, lo cual fue responsabilidad de élites locales corruptas e ideologizadas, la integración regional entró en una época de retrocesos. El factor Gaddafi generó divisiones y confusión, la disputa ideológica destruyó a buena parte del continente y diversas dictaduras permitieron que los conflictos se convirtiesen en los verdaderos protagonistas del contexto sociopolitico africano. Una demostración de aquello fue la aceptación de la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD) -un estado que no existe como tal- como miembro de la OUA. Esto trajo como consecuencia el retiro de Marruecos, en 1985, de dicho organismo, generando un nuevo quiebre y un estancamiento del proceso de integración continental.

En paralelo, diversos bloques subregionales fueron emergiendo, los cuales comenzaron, en algunos casos, a tener mayor relevancia que la OUA. A fines del siglo XXI, era evidente que África había vencido al colonialismo y al Apartheid, pero también que la integración del continente necesitaba nuevos aires y, más que eso, una estructura más moderna y acorde a los nuevos tiempos que se vivían en África. De esta forma, en 1999 tuvo lugar la Declaración de Sirte y en 2002, en Durban, Sudáfrica, nació la Unión Africana. Con 52 estados, más la autodenominada RASD, la UA se convirtió en el principal proyecto de todo un continente, al cual se sumaron Sudán del Sur (2011) y Marruecos (2017). Este último, regresando después de 32 años de ausencia.

Hoy, la Unión Africana tiene todo el derecho (y el deber) de festejar un nuevo aniversario del “Día de África”. Si bien persisten grandes problemas (pobreza, sequía, desigualdades de diverso tipo, terrorismo e inestabilidad sociopolítica, entre otros), es evidente que ha habido grandes progresos. Con sus idas y vueltas, la democracia se ha ido consolidando, mientras que los pobres comienzan a disminuir, especialmente en ciertos países o algunas regiones en particular. La integración subregional ha avanzado con un interesante ritmo, en tanto que la infraestructura ha ido mejorando. La actual pandemia del Covid-19 es un buen ejemplo, ya que se esperaba que fuese una tortura para África, pero la misma OMS ha declarado, este 25 de mayo, que es la región menos afectada. De hecho, el continente representa al 1.5% del total de infectados en el mundo y al 0.1% de todas las muertes.

Claro que quedan muchos desafíos por delante, pero África debe dejar de ser mirada como el “patito feo” o “patio trasero” de todos. Así, la Agenda 2063 y el Área Continental Africana de Libre Comercio (AfCFTA) son dos de los grandes proyectos que tendrán como misión consolidar los avances de África.

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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