Archivo de etiquetas | "diplomacia"

bolivia-paraguay-chaco

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Una memoria vale más que mil palabras

Fecha 29/04/2009 por Lester Cabrera

El día 28 de abril del 2009, será un día para recordar entre algunos de los países de nuestra Sudamérica, y no porque haya sido un día en que la gripe porcina haya entrado oficialmente en la tierra de “los libertadores”, ni tampoco por algún otro discurso con características geopolíticas de Chávez, sino porque después de 74 años, los dos países con características mediterráneas en el subcontinente, Bolivia y Paraguay, solucionaron un contencioso limítrofe que derivaba de la confrontación bélica denominada “Guerra del Chaco”. No sólo buenas palabras o intenciones, ni tampoco gestos. Simplemente, voluntad, una palabra que es exigua en la clase política sudamericana.

Lester Cabrera Toledo | 29 de abril, 2009

Agencias

Agencias

¿Un producto del panorama político contingente?

Ciertamente, la respuesta si bien importa, es en realidad poco trascendente. No es necesario un análisis exhaustivo para visualizar las actuales afinidades políticas entre los dos países que solucionaron sus límites, y si los actuales mandatarios aprovecharon aquella coyuntura para solucionar un problema de varias décadas Lo realmente importante en este plano no es el “progresismo” que invade Sudamérica, sino saber aprovechar el momento de “cordialidad” entre varios países y pasar por alto las diferencias, fortaleciendo las similitudes. Y finalmente, actuar.

Lo anterior no significa que la base misma del instrumento jurídico en cuestión sea sólida, pero si se cae nuevamente en un conflicto, se posee un instrumento para validar diferentes mecanismos de solución pacifica de controversias. Pero incluso considerando lo anterior, y con una base netamente pragmática, la aceptación de la Memoria Final de demarcación del límite internacional entre Bolivia y Paraguay demuestra la capacidad, y que de a poco a comenzado a germinar en estas latitudes, de poder generar muestras concretas de voluntad política para superar problemas de variada índole.

No obstante la anterior panacea jurídica, caldo de cultivo en las aspiraciones reduccionistas de integración y solución de problemas en la región, no es más que letra sobre un papel, si no se posee la voluntad de hacerla efectiva. Es cierto, la voluntad de aunar coincidencias y puntos de vistas distintos primó por sobre la visión Estado-céntrica rígida en este caso. Pero aquello tampoco significa dejar a un lado y olvidar los orígenes mismos de las controversias, así como tampoco las implicancias que puede causar un instrumento político-jurídico en las futuras generaciones. El pragmatismo es bueno en estos casos, pero también debe estar presente en un importante porcentaje una visión en el largo plazo.

¿Y cuáles fueron las causas de la anterior guerra? No se puede responder a la anterior interrogante en un par de líneas, pero las clases gobernantes tanto de Bolivia y Paraguay, incluso en este punto, se pusieron de acuerdo, un discurso muy cargado a la vez de un sentimiento ideológico propio del sector político en común. En este plano el Presidente Morales señalaba que “la guerra…no fue provocada por sus pueblos, sino impulsada por las transnacionales para controlar los recursos naturales”. Y añadía la Presidenta Fernández que la Guerra de Chaco “tuvo olor a petróleo” y “llevó agua a los molinos que no estaban precisamente en América del Sur”. Sin mellar en los sentimentalismos propios de la ceremonia de aceptación de la Memoria, basta mencionar el proceso cíclico de la historia, y que hoy en día son los Estados mismos que, a través de empresas transnacionales, extienden sus influencias y posesiones en el mundo de los recursos naturales no renovables. Hecho a considerar hoy, y siempre.

Voluntad y acción, no palabras ni gestos

Es muy frecuente en nuestra región recurrir a reuniones, encuentros o citas para “comenzar a construir”, o bien simplemente delinear algunas directrices sobre algún tema que se “pudiere concretar”. A grandes rasgos, simplemente especulación o palabras rimbombantes que se las lleva el viento o mueren aplastadas por la triste miopía visionaria de las clases dirigentes. De hecho, la política en general se puede articular en gran parte a través de simples gestos o alocuciones realizadas en discursos. Pero una cosa es una mención sutil, a concretar de hecho una actividad relevante, y con el peso añadido de ser conjunta entre Estados.

Sudamérica ha vivido en gran parte de gestos políticos de menor magnitud a lo largo de su historia, al tiempo que cosecha la intrascendencia de los mismos. Sin embargo durante estos últimos años, se ha comenzado a fraguar una nueva forma de hacer las cosas en política bi y multilateral. Es característico (y normal) el uso de un léxico frondoso para definir algunos postulados, sin dejar de lado el uso propio que le dan diferentes sectores de espectro político-ideológico en Sudamérica, pero pese a esa forma de abordar las necesidades, hoy por hoy las cosas se hacen. Está, a diferencia de años atrás, la voluntad de realizar las cosas articuladas a través de gestos y discursos, lo cual de por sí es un importante avance en materias de decisión conjunta.

Pero a pesar de lo anterior, dicha mancomunión de voluntades solamente puede observar a través de un solo ojo, el de la acción misma. Ahora falta generar la visión, metafóricamente hablando, en el ojo del largo plazo, con sólidas bases institucionales, situación que sólo puede resolverse mediante reformas estatales amplias, tanto a nivel transversal como horizontal en el aparataje público de los países en cuestión. Por lo tanto, si bien se aplaude la capacidad de los gobiernos de generar puntos de cohesión en materias de política exterior, no debe dejarse de lado la verdadera debilidad de nuestra región: la inoperancia de las instituciones que, después de largos y múltiples gestos, pudieron cultivarse. Ahora las interrogantes son, ¿cómo las hacemos germinar? y ¿cómo hacemos que crezcan derechas?

Con el gesto entre Bolivia y Paraguay se sembró una semilla. Ahora hay que esperar que la tierra en que se plantó sea fértil y capaz de dar buenos frutos, en este árbol de varios frutos agridulces y hojas caducas llamado Sudamérica.

 

Lester Cabrera
Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas

Comentarios (0)

muammar-ghaddafi

Etiquetas: , , , , , , , ,

¿El primer gran error de Muammar al Ghaddafi?

Fecha 13/04/2009 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A comienzos de abril pasado, el actual presidente de la Unión Africana (UA) y líder libio decidió visitar Mauritania, país que se encuentra bajo dominio de fuerzas golpistas, luego que el 6 de agosto de 2008 militares se tomaran el poder. Lo que pudo ser un viaje trivial se convirtió en un foco de división al interior del organismo panafricano. Claro, porque Gaddafi dio a entender que hay que legitimar al gobierno golpista y esperar que realicen las elecciones en junio próximo. A partir de este punto apareció el choque entre la UA y el gobernante libio, pues los primeros mantienen con firmeza las sanciones en contra del régimen mauritano, mientras que el segundo se opone tenazmente.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de abril, 2009

muammar-ghaddafiEn la última Cumbre de la Unión Africana (UA), realizada a fines de enero y comienzos de febrero pasado, en Etiopía, se estableció que el nuevo presidente del organismo panafricano sería el actual gobernante de Libia, el coronel Muammar Al Gaddafi. Acto seguido, algunas personalidades del mundo político africano miraron con cierta suspicacia este nombramiento, ya que a pesar de ciertas modificaciones en las directrices del líder libio, su gobierno y su estilo sigue siendo bastante dictatorial y, en ocasiones, muy subjetivo.

Por contrapartida, muchas personas veían en Gaddafi la opción de un acercamiento verdadero entre las “dos Áfricas”, es decir la magrebí y la subsahariana. Aquellos que daban su apoyo incondicional al gobernante de Libia daban como fiel argumento el discurso panafricanista del coronel libio y, además, sus sólidos avances en las relaciones con Estados Unidos y parte del mundo europeo, especialmente con Italia.

Con el paso de las semanas, todo aquel manto de dudas fue dando paso a una realidad tan clara como conflictiva. Claro, porque tras asumir la presidencia de la Unión Africana, Muammar Al Gaddafi tuvo, rápidamente, la oportunidad de mostrar cuál sería su apuesta en este camino que acababa de emprender. La coyuntura escogida fue la crisis política que afecta a Mauritania, país en el cual, en agosto de 2008, militares golpistas sacaron del poder a Sidi Ould Cheikh Abdallahi, presidente mauritano y que llegó a la presidencia por la vía democrática.

En este contexto, es importante recordar que apenas se concretó este golpe militar, la Unión Africana no dudó en condenar lo acontecido y, de hecho, dio un mes de plazo a los golpistas para que restituyeran a Abdallahi en el poder. Como aquello no aconteció, se impusieron sanciones, las cuales también fueron apoyadas y llevadas a cabo por otros países u organismos internacionales. A partir de entonces, se pensó que la junta militar reaccionaría, pero aquello no ocurrió y lo único que hicieron, a fines de 2008, fue dejar en libertad al derrocado presidente, a quien se le permitió vivir en un lugar de residencia determinado y siempre con vigilancia. Además, se le prohibió volver a la presidencia.

De esta forma, los militares, liderados por el general Mohamed Ould Abdel Aziz, iniciaron su camino al mando del gobierno y la política mauritana. Sin embargo, el rechazo en la mayoría de los países ha impedido que puedan realizar su accionar con plena libertad.

Y así fue que durante los últimos meses la junta militar mauritana ha estado sumida en un casi absoluto desamparo, algo, por lo demás, bastante lógico. Sin embargo, durante marzo y abril la situación cambiaría un tanto. Ciertamente, no se produjo una modificación sustancial, pero sí ocurrió algo que quizás no tuvo tanta influencia en el conflicto mismo, sino que en la figura de Muammar al Gaddafi y, en consecuencia, lo que se puede esperar de la Unión Africana durante el mandato del coronel libio.

Legitimación de un proceso antidemocrático, el peor error posible

A fines de marzo, el actual presidente de la UA realizó una visita a Mauritania, país en el cual se reunió con los líderes golpistas. Lo que pudo ser una maniobra de apoyo al proceso democrático que en 2007 había entregado el poder a Sidi Ould Cheikh Abdallahi, lamentablemente se convirtió en la contracara, es decir, un aval para la dictatorial gestión del general Ould Abdel Aziz. Es así que el 31 de marzo pasado, Muammar al Gaddafi declararía que no estaba de acuerdo con que la Unión Africana mantuviese las sanciones en contra de la junta golpista, algo que ya había dicho a comienzos del mismo mes. En aquel entonces, el mandatario libio aseguró que los militares golpistas se habían comprometido a realizar elecciones presidenciales el próximo 6 de junio y que, por lo mismo, “a partir de ahora, el caso está cerrado”.

Sin embargo, aquel expreso apoyo sería reafirmado con las palabras de Gaddafi, quien, como se mencionó, se opuso a la mantención del castigo a Mauritania. Esto último, es algo que se estableció en febrero, luego que el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana lo decidiera, tomando en cuenta el evidente ataque contra las fuerzas democráticas que estaban intentando recomponer la agitada y desequilibrada realidad política de la nación mauritana. Según Muammar al Gaddafi, la decisiones tienen que ser aprobada por todos los integrantes del bloque panafricano y no sólo por un órgano de este.

Manteniendo su postura, el mismo 31 de marzo, el coronel libio aclaró que si bien la junta militar había llegado por un medio inconstitucional, “ya está ahí y se debe aceptar eso”. Aún más, Gaddafi dijo que esa era la realidad y que todos los estados africanos debían asumirla. Por lo mismo, se mostró bastante alegre con la posibilidad que el 6 de junio se llevaran a cabo comicios presidenciales y no tuvo impedimentos a la hora de sugerir que el camino a seguir era apoyar este proceso golpista, ya que, finalmente, llevaría a nuevas elecciones.

Posteriormente, una delegación de la Unión Africana volvería a dar una corta visita a la junta militar de Mauritania y, tras aquel viaje, las declaraciones serían bastante similares a las expresadas unos días antes. El único cambio era que Muammar al Gaddafi aclaraba que los militares no podían seguir en el poder y, por ende, no debían presentarse en las elecciones presidenciales. Sin embargo, los golpistas aclararon que ellos iban a presentar un candidato en los comicios de junio y que, en tal caso, abandonarían su condición de militar.

A partir de entonces, el asunto mauritano pareció perder fuerza y a casi un mes de las elecciones presidenciales del próximo 6 de junio, al parecer todos han optado por la postura más sencilla, es decir, el silencio y darle vuelta la espalda al proceso democrático que culminara en 2007 con la elección de Sidi Ould Cheikh Abdallahi como presidente de la República Islámica de Mauritania.

Reflexiones ulteriores sobre el accionar de Muammar al Gaddafi

Lo anteriormente mencionado no significa que el actual presidente de la Unión Africana sea responsable del golpe de estado –y seguramente no lo es-, pero aquello tampoco es sinónimo que Gaddafi esté libre de responsabilidades en la parte final de este proceso.

Los problemas internos existentes en Mauritania –entre ellos, crisis agro-económica, el auge del terrorismo, diferencias políticas y caída del turismo- trajeron consigo una cadena de lamentables sucesos, los cuales tuvieron como triste corolario el golpe de estado liderado por el general Mohamed Ould Abdel Aziz.

Y es a partir de aquel momento en el cual se puede establecer un potente nexo entre Muammar al Gaddafi y la resolución final de este conflicto. Claro, porque la Unión Africana adoptó una postura unívoca en la parte final de 2008, condenando la irrupción golpista y, posteriormente, sugiriendo y ejecutando sanciones a la junta militar mauritana. Sin embargo, el coronel libio –que llegó a la presidencia de la UA a comienzos de febrero 2009- no tomó en consideración estos hechos que, mal que mal, representan la voluntad de los “pueblos políticos” africanos.

Lamentablemente, este hecho se convierte en un pésimo ejemplo de política mal llevada, ya que no sólo contravino lo que los países decidieron y lo que el Consejo de Paz y Seguridad estableció, sino que, peor aún, con su accionar legitimó la llegada al poder de una junta militar golpista.

Entonces, si el nombramiento de Muammar al Gaddafi como máximo representante de la Unión Africana daba esperanzas que su discurso panafricanista lograse darle unidad política y social al continente, su respuesta ante la crisis mauritana cubrió con un manto de dudas la real capacidad del líder libio de ser objetivo y estar capacitado para realizar un cambio real en la atribulada política africana.

De momento que se avala y, aún más grave, se apoya a militares o políticos que tomen el poder por la fuerza, se está dando pie a un nocivo y peligroso antecedente. Es así que era lógico preguntarse qué ocurriría cuando ocurriesen procesos similares. Al respecto, no hubo que esperar mucho tiempo, luego que tuviesen lugar los conflictos políticos en Guinea-Bissau y Madagascar, en los cuales da la impresión que la intervención de Muammar al Gaddafi fue mucho más tibia y la evidencia demuestra que la Unión Europea estuvo bastante más involucrada, especialmente en lo ocurrido en la crisis malgache.

Esto último permite especular que el actuar de Gaddafi fue bastante más impetuoso y directo en Mauritania, lo cual no parece descabellado si se toma en cuenta que habían otros factores involucrados. Primero, al momento de apoyar a los militares golpistas, se estaba dando aval a un gobierno que buscaría recuperar la histórica postura mauritana respecto al conflicto árabe-israelí, es decir, alejarse de Israel. Esto último aconteció, ya que al República Islámica de Mauritania e Israel rompieron las relaciones diplomáticas tras la crisis de Gaza. Este hecho trajo como consecuencia el acercamiento entre los gobiernos de Mauritania y Libia, lo cual sirve para dar cuenta que Muammar al Gaddafi se involucró en el conflicto mauritano, más que como presidente de la UA, como mandatario libio.

Y esto sigue teniendo otra lógica, ya que lo que busca el dictador es seguir reforzando las viejas alianzas al interior del Magreb, cuyo último fin sería, no cabe duda, aislar a Marruecos y así tener mayor presión sobre el reinado marroquí a la hora de tomar determinaciones al interior de la Unión del Magreb Árabe (UMA), bloque de integración que está prácticamente estacionado desde hace unos 15 años. Esto último no es algo menor, ya que debe recordarse que el conflicto del Sahara Occidental ha sido la principal piedra de tope en las relaciones intermagrebíes. En este sentido, el acercamiento entre Mauritania y Libia ayudaría a la postura de Argelia y del Frente Polisario, quienes encontrarían apoyo en su lucha por el referéndum de autodeterminación del «territorio saharaui».

Otro punto, tiene que ver con la eterna disputa de Gaddafi con la Unión Europea, especialmente tras la mediática Cumbre Euromediterránea de Paris, realizada en julio de 2008 y en la cual se lanzó el rebautizado “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”. Al respecto, hasta antes de la caída de Sidi Ould Cheikh Abdallahi, las relaciones mauritano-europeas habían tenido un gran auge, no sólo a nivel económico, sino que también político. Y eso, claramente, asustó a Muammar al Gaddafi, quien veía con malos ojos que Europa pudiese ganar un aliado y, por ende, obtener un espacio de influencia en la estratégica zona noroccidental de África.

También, es legítimo pensar que mediante el apoyo entregado al general Mohamed Ould Abdel Aziz, el coronel libio no sólo está siendo muy parcial –por ejemplo, en sus visitas a Mauritania no se reunió con la oposición con el destituido Sidi Ould Cheikh Abdallahi-, sino que se está legitimando a sí mismo, lo cual es un hecho grave. Claro, porque esto significa que quienes tenían dudas sobre el historial de Gaddafi –específicamente, su autoritarismo y el hecho de tomarse el poder por la fuerza hace cerca de cuatro décadas- ahora podrán decir que el mandatario libio sigue siendo un dictador. Y esto es algo no menor, ya que, entonces, sería necesario reflexionar de por qué la Unión Africana aceptó que un dictador esté al mando de un bloque que, supuestamente, vela por los correctos procesos democráticos. Vaya contradicción. Parece que no sólo Gaddafi adhiere a la frase “si ya está en el poder, hay que aceptarlo”.

Por último, y quizás esto sea lo más preocupante, la junta militar golpista ha sufrido el aislamiento y el reproche de la Unión Europea, Estados Unidos, la Unión Africana y la Organización de Naciones Unidas. Sin embargo, el abandono no ha sido pleno. Sólo durante abril y mayo, por dar algunos ejemplos, representantes golpistas han tenido reuniones con emisarios de los gobiernos de Qatar, Iraq, Venezuela y Sudán. Además, la República Islámica de Mauritania participó en la 21ª Cumbre Árabe –llevada a cabo en Qatar- y en un encuentro de los Países No Alineados.

También, y esto sí es preocupante, fue parte de la última reunión del “5+5”, que es la agrupación de los diez países mediterráneos (España, Portugal, Francia y Malta por Europa; Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania por África), celebrada en la ciudad española de Córdoba. Y, sólo para demostrar que la junta golpista no está muy sola, China ha seguido aumentado su presencia en territorio mauritano, algo que quedó demostrado con la construcción de un nuevo hospital en Nouakchott, capital mauritana. Obviamente, con importantes aportes económicos del gobierno chino.

Es así que la Unión Africana y los gobiernos de los diversos estados del continente deberán reflexionar sobre lo que ha ocurrido en la crisis mauritana post-golpe militar. Los sucesos posteriores incitan al cuestionamiento de ciertas procederes y obliga a ser más selectivos a la hora de elegir sus representantes en el mayor bloque de integración panafricano, es decir, la Unión Africana.

De no ser así, se puede estar engendrando una metodología bastante nociva y que lejos de ser una solución para la débil institucionalidad política de África, se podría convertir en un propulsor de más conflictos en la región.

Tiempo al tiempo. Pero con mucha prudencia.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

abdelhadi-boucetta

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

Entrevista a Abdelhadi Boucetta, embajador de Marruecos en Chile

Fecha 17/03/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

“Una nueva cumbre de la Unión del Magreb Árabe debería ser una iniciativa demasiado importante, ya que el bloque está prácticamente paralizado desde hace unos 15 años”

Erick Belair / Yofui.com

Erick Belair / Yofui.com

Como en anteriores ocasiones, el recibimiento es fraternal, cálido y amable.  Da la impresión de estar en un lugar conocido, afable y acogedor.  Es aquí donde Abdelhadi Boucetta abre las puertas de la Embajada de Marruecos en Chile, dando inicio a un interesante diálogo con el embajador marroquí.  Diversos tópicos y diferentes miradas.  La visión del Marruecos de hoy.  Su política interna y sus relaciones con el mundo.  Los procesos de integración.  Y, por supuesto, el Sahara.  De todo se habló en esta grata conversación.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de marzo, 2008
Entrevista realizada en la Embajada de Marruecos
Santiago, Chile

Qusiera comenzar con un hecho actual.  Hace un tiempo los presidentes de Túnez y Mauritania se reunieron y hablaron sobre la posibilidad de realizar una nueva Cumbre de la Unión del Magreb Árabe.  ¿Qué piensa de esto?

Debería ser una iniciativa muy importante, porque la Unión del Magreb Árabe está prácticamente paralizada desde hace 14-15 años, asi que para los países y pueblos del Magreb Árabe una integración regional a través de una unión puede ser un punto muy positivo para el desarrollo de esta zona.  Además, para la Unión Europea, la Unión del Magreb Árabe podría ser un bloque muy importante, ya que aquí viven cerca de 100 millones de personas.  Hemos intentado acercarnos a Argelia, con quien tenemos las fronteras cerradas después de mucho tiempo, pero no ha habido una respuesta positiva por parte de nuestros hermanos argelinos y pienso que este tipo de cosas impide tener una verdadera Unión del Magreb Árabe.  Esta falta de comunicación, pero particularmente entre Argelia y Marruecos, es una piedra de tope.

Al analizar un poco la historia del Magreb, uno puede ver que hay países, como Marruecos y Túnez, que han tomado un camino muy diferente al de Libia y Argelia.  Estos últimos se han centrado mucho más en el contexto árabe y africano, mientras Marruecos y Túnez se han abierto al mundo.  Entonces, las relaciones magrebíes son muy inestables y cabe preguntarse de quién es la responsabilidad de esta situación.  ¿Es algo que incumbe a todos o sólo a los que se encierran en su marco regional?

Escúcheme, no puedo hablar de otros países, sólo puedo referirme a Marruecos.  Nuestra política siempre ha sido de apertura.  Marruecos es un país que trabaja mucho sobre las libertades públicas, libertad económica, liberación de la mujer, acceso a la salud y de un mejor vivir para la población.  Luchamos de manera firme contra la precariedad y hay una serie de asuntos que en estos momentos se analizan en el país.  Por ejemplo, los derechos humanos, que tiene un reflejo en el proceso de reconciliación que se está gestando, después de todo lo que ocurrió en los años duros de Marruecos.  Se trata de una comisión similar a la Comisión Valech de Chile y ha hecho avances extraordinarios, reconocidos por todas las instituciones y ONGs internacionales que trabajar en esta materia.  La situación de la familia y particularmente el rol de la mujer en la sociedad ha tenido un vuelvo muy grande tras la entrada en vigor de la Mudawana, una ley que ha sido considerada como revolucionaria y, específicamente, tratándose de un país árabe y musulmán.  La mujer tiene, prácticamente, los mismos derechos que el hombre.  Hemos avanzado mucho en temas como los niños, el divorcio, el matrimonio, el acceso a trabajo, etc.  Entonces, nosotros estamos en pleno movimiento y con una dinámica de modernización y apertura hacia el mundo.  La política exterior marroquí es, igualmente, una política de apertura hacia todo lo que ocurre en el mundo.  Y nosotros continuaremos ofreciendo todo lo que podamos en pos de asegurar la estabilidad, la seguridad y la paz en el mundo.

Hoy, debido a su apertura al mundo, a los cambios sociales y a las buenas relaciones con otras regiones y países, Marruecos podría ser considerado como un modelo para los países magrebíes.  Entonces, ¿cree que Marruecos pueda ser el camino a seguir en el Magreb?

Nosotros trabajamos en Marruecos, pero de ahí a ser considerado como modelo, bueno, eso no es nuestra decisión.  Son aquellos que desean vivir esa experiencia los que deben decidir si somos o no un modelo, porque cada país tiene sus particularidades y, entonces, cada uno decide seguir un modelo que sea el mejor para preservar sus intereses y la estabilidad.  Nosotros tenemos nuestras particularidades y utilizamos los medios necesarios para mantener la estabilidad que conoce Marruecos después de mucho tiempo.  Todo el trabajo que hacemos y los caminos que hemos abierto son para una mejor condición  para la población.  Ese es el objetivo esencial de nuestra política.

¿Cuál es la importancia de Marruecos en el Magreb?

Todos los países magrebíes son importantes, aunque claramente el motor lo constituyen Argelia y Marruecos, así como Alemania y Francia lo han hecho en la Unión Europea.  Entonces, es importante que existan relaciones sólidas e intercambios entre los estados magrebíes.  Si no tenemos eso, será muy difícil lograr una verdadera unión.

Tengo entendido que existe un proyecto de una Universidad del diálogo en el Magreb…

Escuche, hay una idea que está en vías de circular y es la creación de una universidad interreligiosa.  El movimiento fue iniciado por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, por el mandatario turco Abdullah Gül y con el apoyo de la ONU, dentro del contexto de la Alianza de Civilizaciones.  Existe un grupo de alto nivel constituido por importantes personalidades políticas del mundo, dentro de los cuales se cuenta un consejero judío de su majestad el rey Mohammed VI, algo inédito en un país musulmán.  Todo aquello que tenga una naturaleza de acercamiento de civilizaciones, culturas y religiones es bienvenido, especialmente en este mundo de hoy, tan lleno de turbulencias.  Existe una tendencia a encerrerarse dentro de las fronteras, de no abrir las puertas a los otros y de rechazar a los demás.  Por eso, hay que luchar por el proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, que es defendido por la comunidad internacional y la ONU.  En eso estamos ahora.

A grandes rasgos, ¿cómo ve la situación del mundo árabe?

Nosotros tenemos una posición importante dentro del mundo árabe y de la Liga Árabe.  Sin embargo, adentro del mundo árabe hay problemas y dificultades.  Existen muchos conflictos como los que ocurren en el Sahara, Iraq, Líbano, la cuestión palestino-israelí y árabe israelí, Chad, Libia y Somalía.  Entonces, es importante tener una unión y un espacio para ésta.  Por ejemplo, el Consejo de la Cooperación del Golfo y la Unión del Magreb Árabe.  Es una contribución a la estabilidad del mundo árabe.  La Unión por el Mediterráneo podría ser importante también.  Es importante tener estabilidad.

Una parte de la política mundial sigue pensando en un mundo occidental europeo-cristiano y otro oriental.  Entonces, ven muy difícil una comprensión entre Europa y los países árabes y musulmanes.  Vemos el Proceso de Barcelona, la Unión por el Mediterráneo y la Unión del Magreb Árabe, ¿se podría decir que estos son ejemplos que demuestran la capacidad de diálogo entre árabes, musulmanes y europeos?

Claro que se puede vivir juntos.  Cada uno con sus particularidades e identidad.  La preservación de la identidad es algo esencial para el diálogo.  Es importante que cada uno defienda su identidad y que esté dispuesto a dialogar con el otro.  La política marroquí siempre ha sido, y lo vuelvo a repetir, una política de apertura, diálogo y alianzas.  El choque de civilizaciones, del cual tanto hablan, no lo considero como tal.  Es un choque de ignorancias, porque esas personas ni siquiera se conocen entre ellos.  Cuando haya diálogo, comunicación y conocimiento del otro, entonces ya no habrá choque.  Ocurriá una osmósis y eso es importante.  Toda la política de Marruecos , desde siempre, ha incluido el conflicto de Medio Oriente, por ejemplo, y siempre con ideas de acercamiento y apertura.  Nosotros luchamos para que haya paz definitiva entre dos estados de la región de Medio Oriente.  Palestina e Israel.  Ese es el factor esencial para la paz en esta parte del mundo.

Hoy, el terrorismo está muy presente, especialmente, en Argelia.  Tomando en cuenta esto, ¿puede existir una política regional, no sólo entre los magrebíes, sino que también con los estados mediterráneos, para luchar contra el terrorismo?

Claro que es posible.  Sólo falta la voluntad política para hacerlo, ya que la lucha contra el terrorismo se ha convertido en un fenómeno global y, por lomismo, no puede ser sino que global.  Una lucha a lo largo del mundo es lo lógico, ya que el terrorismo se nutre, igualmente, de los problemas y defectos.  A nivel mundial, regional, local, internacional.  En forma frecuente, se mueven en la brecha del descontento y la desunión.  El terrorismo es un fenómeno que se alimenta de los problemas existentes en el planeta.  Es por que que es bueno acercarse para resolver este problema.  Es un fenómeno complicado y tomaría mucho tiempo comenzar a unirse para luchar contra el terrorismo.

Marruecos tienes buenas relaciones con países tan diversos como Malí, Mauritania, Senegal, Estados Unidos, España y Bélgica, por dar algunos ejemplos.  Entonces, quisiera saber qué opina respecto a la posición de Marruecos dentro del contexto mediterráneo, africano, mabgrebí, árabe y, en general.

Marruecos es un país árabe y africano, que tiene como prioridad la consolidación de la Unbión del Magreb Árabe.  Evidentemente, tenemos informes abiertos acerca del mundo diverso que nos rodea.  Nuestras relaciones con los países árabes son ejemplares, con los africanos es muy profunda.  Todos los proyectos que se han hecho, decididos por su majestad el rey Mohammed VI, han estado en el nivel de los países menos desarrollados de África.  Nuestra política con los africanos es muy digna, porque hemos, por ejemplo, suprimido la deuda externa de los países menos avanzados del continente.  Es algo que muy pocos han hecho en todo el mundo.  Nuestra apertura en el Mediterráneo es histórica y antigua.  Por siempre, Marruecos ha sido un pueblo atlántico y mediterráneo.  Nuestra apertura al Mediterráneo es muy importante.  Hemos apoyado la propuesta del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de la Unión por el Mediterráneo, declarada en marzo, en Tánger, en la visita de Sarkozy en Marruecos.  Esta Unión por el Mediterráneo ha sido aceptada por todos los miembros de la Unión Europea y empezó a tomar forma.  El Proceso de Barcelona también ha sido muy importante.  Siempre hemos sido un elemento activo de este proyecto, porque reafirma y consolida las relaciones entre el norte y el sur del Mediterráneo, entendiendo a ambas regiones como complementarias.  Eso tiene que vivirse en la comunión.

¿Cómo calificaría las relaciones entre España y Marruecos?

Bueno, España y Marruecos, como lo hemos dicho siempre, están condenados a entenderse, debido a la geografía.  Esta última determina muchas cosas y, frecuentemente, determina la historia.  Somos países vecinos y hay fricciones, como es entendible.  Son diferencias que relevan el peso de la historia, pero en estos momentos tenemos una dinámica muy positiva con España.  Existe, evidentemente, un problema con la inmigración, pero aquello no sólo compete a Marruecos y España, sino que es una temática global.  Prontamente tendremos una población de 200 millones de personas que seguirán emigrando hacia el norte.  Estos inmigrantes vendrán de países del sur y, específicamente, desde África.  Y, justamente, el paso de entrada más importante es Marruecos, en África, y España, en Europa.  Entonces, tiene que haber una unión a nivel internacional, para ayudar a estos países a controlar la inmigración ilegal.  Nosotros estamos por el desarrollo de los países del sur, hemos suprimido la deuda externa, para así mantener la población de esos países en su lugar natural de vida.  Pero, aparece de ese problema de inmigración, que es global, también hay otros asuntos con España.  Está el tema de la pesca, algunos problemas con marroquíes que viven en territorio español y otros puntos importantes.  Sin embargo, siempre hay una solución y el medio es el diálogo.  Podemos hablar de todo, podemos encontrar solución a todo.  Sólo es necesario dialogar, comunicarse y estar preparados para encontrar soluciones mediante las conversaciones.  Cada cual tendrá que hacer concesiones, porque no todos pueden ganar, y es importante discutir de igual a igual.  Las soluciones, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre han sido encontradas después de las guerras.  Entonces, es importante darse cuenta que no es necesario pasar de nuevo por estos hechos  y que lo relevante es discutir desde el comienzo y así evitar la guerra.  Tenemos el ejemplo de Europa, con países que lucharon entre sí y que tuvieron terribles conflictos armados.  Sin embargo, ellos se sentaron para hablar y hoy vemos a una Europa modelo de integración y unión, sin fronteras y con plena apertura, a pesar de todo lo acontecido en el pasado.

¿Cómo calificaría las relaciones entre Marruecos y Chile?

Tenemos una muy buena relación con Chile y, particularmente, después de la visita del rey de Marruecos en 2004, que fue la primera vez en la historia que un jefe de estado árabe visitaba Chile.  Es algo muy importante, porque la primera visita de un rey marroquí es, al mismo tiempo, la primera de un gobernante árabe.  En esa ocasión se firmaron acuerdos de cooperación en agricultura, pesca y cultura.  Tenemos un acuerdo sobre el diálogo político entre ambos países y, también, exista una dinámica de inversiones.  Actualmente, inversores chilenos están interesados en invertir en el sector pesquero y agrícola marroquí.  Tenemos una comisión mixta, entonces existe una dinámica realmente interesante, basada en el diálogo y la cooperación.  Es una buena señal.

China es el cuarto socio comercial de Marruecos y posee, además, una gran presencia en África.  Por lo mismo, algunas personas piensan que esto es muy bueno, aunque otras afirman que hay que ser más cuidadoso con la presencia china en África.  ¿Qué piensa usted respecto a esta situación?, ¿existe realmente un riesgo o sólo son ideas en el aire?

No se puede olvidar que China es un mercado enorme y una economía en pleno crecimiento.  La economía china debe frenar un poco el ritmo de crecimiento, para así no desestabilizar la situación económica mundial.  El mercado chino es demandante de todo y la presencia china en África es importante, porque África es un continente en el cual están las reservas más grandes de materias primas en el mundo, algo que es demasiado relevante para el desarrollo de China y otros países.  No creo que exista un peligro, porque lo que está ocurriendo es una reformulación de todo el equilibrio mundial.  No se trata solamente de la presencia china y obviamente China no será el único factor que va a cambiar las cosas en el mundo.  Es cierto que China ha aumentado su presencia en África y, también, en otras partes.  Uno puede verla en América Latina, en Asia y en Europa.  China está por todas partes, algo que es normal.  Es un fenómeno que comienza a desarrollarse y por eso la integración es importante, ya que un país de 100.000 habitantes no puede negociar con la China, porque ese mercado no será importante para la economía china.  Sin embargo, un grupo regional puede entregar y recibir algo de China.

Hablaba de China, porque hay países que critican el actuar chino en el caso de Darfur.  En Sudán, China está muy presente económicamente, pero dejan aparte el contexto político y no se involucran mucho en la crisis sudanesa.  Entonces, algunos exigen que China también tenga un rol activo en el proceso de paz.  ¿Qué opina de esto?

Es muy sabido que la política exterior de China se basa en la no injerencia en políticas internas de los países y de siempre tomar una postura equilibrada.  Es algo muy sabio, pero también de interés, porque China no quiere verse involucrada en conflictos.  Lo que quiere China es mantener buenas relaciones con todos y por eso creo que su accionar en temas como Kosovo y Darfur va a ser muy moderado.  China no puede darse el lujo de enfriar o perder relaciones potenciales con otros estados, sea quien sea.

Si analizamos el devenir del gobierno marroquí y las informaciones publicadas en diversos medios, podríamos decir que existe una apertura cultural en Marruecos, pero también hacia el exterior.  ¿Piensa que eso puede ayudar a que los marroquíes tomen conciencia de sus valores culturales y, también, para que otros estados se acerquen a la cultura marroquí?

La cultura marroquí es muy conocida en el mundo y tenemos muchas cosas para mostrar, compartir y defender.  La cultura marroquí está enraizada en la historia.  La cultura es el punto principal de unión con los otros y, particularmente, con los países que geográficamente están ubicados lejos de Marruecos.  Por ejemplo, el objetivo de las jornadas culturales marroquíes que hemos organizado el año pasado en Chile fue, justamente, un hecho que posibilitó mostrar la cultura marroquí y eso es importante, porque la gente no conoce bien el lenguaje de otras naciones.  Las personas siempre aprenden las palabras vulgares.  En la cultura de los otros, uno aprende lo malo, pero siempre hay muchas cosas muy buenas e interesantes que no se conocen bien.  Entonces, lo más conocido son asuntos negativos.  La gente aprende los insultos, pero no, por ejemplo, la filosofía del lenguaje.  Por eso es importante acercar la cultura y el lenguaje a los otros, para que haya un mayor y mejor conocimiento.  Las relaciones culturales determinan, frecuentemente, todas las relaciones políticas, comeciales y sociales establecidas entre los países.  Se trata del conocimiento de pueblo a pueblo, de la cultura y no de un país a otro.  Son las costumbres, los hábitos, las tradiciones y los pueblos.

En Marruecos, el turismo, la agricultura y la pesca siguen siendo las principales fuentes económicas.  Entonces, quisiera saber si cree que algunos aspectos de la economía marroquí aún están subdesarrollados o que al menos necesiten un mayo trabajo específico.

La economía del país tiene aspectos muy importantes.  Tenemos sectores productivos como la agricultura, la pesca, el turismo y la minería.  Existe un Código de Inversiones que es muy liberal y ventajoso para los inversores extranjeros y nacionales.  Hay una tendencia  muy positiva por parte de los inversores extranjeros que se establecen en Marruecos.  Eso es un signo importante de estabilidad, de la existencia de un entorno de negocios importante y que es provechoso para los proyectos.  Claro que todavía hay cosas por mejorar, tenemos un tejido económico cada vez mejor en calidad, que atrae a muchos inversores de otros países hacia Marruecos.  Por ejemplo, hay chilenos que están interesados en realizar inversiones en el sector agrícola y pesquero.  También, están los estadounidenses, chinos coreanos y europeos.  Tenemos cerca de mil empresas españolas que se han instalado en Marrucos y unas 800 compañías francesas.  Renault, por ejemplo, va a instalar la usina de fabricación más grande en el norte de Marruecos, cerca de Tánger.  Entonces, hay un movimiento que es interesante.  Estamos en camino a contstruir uno de los más grandes puertos del Mediterráneo, el Tánger-Med, cerca del Estrecho de Gibraltar, que es muy importante en la ruta comercial y, hay que mencionarlo, es una de las más relevantes de todas las vías de comercio en el mundo.  Canal de Suez, Tánger-Med, Panamá.  Esa es la ruta ideal para el mercado asiático, americanos, europeo y africano.  Estamos en la zona de cruce de cinco continentes y es una posición estratégica.  En consecuencia, la cooperación con España es esencial, lo mismo que la estabilidad del sur del Mediterráneo.

Quisiera hablar un poco sobre la sociedad marroquí.  Marruecos es un país musulmán, pero con minorías cristianas y judías.  Lo positivo es que existe una tolerancia religiosa y, por ejemplo, la Unión Europea ha reconocido los evidentes progresos y el buen andar de Marruecos.    La gente tiene, en general, libertad para vivir y elegir y la Mudawana es una demostración.  Sin embargo, quisiera saber si cree que aún hay aspectos por mejorar.

La sociedad marroquí ha sido siempre muy tolerante y pluralista.  En Marruecos se pueden ver los distintos tipos físicos que existen en el mundo.  Desde la raza negra subsahariana hasta el prototipo escandinavo.  Por ejemplo, en las montañas del Rif viven mujeres y hombres que son muy parecidos a los habitantes de Suecia, Finlandia y Noruega.  En Marruecos están todos los tipos.  Escandinavo, negro, árabe, bereber, latino, etc.  Entonces, por definición, la sociedad marroquí es pluralista, multiétnica, multicultural y siempre mantienendo el diálogo entre las etnias, tribus y razas diferentes.  De por sí es una mezcla que ha existido a lo largo de toda la historia.  Podemos ver rutas de inmigración humana, de las más importantes, que pasan por Marruecos.  África, Medio Oriente, Europa y el acceso al Atlántico.  Es por esto que el territorio marroquí se ha convertido en un espacio de cruces, en el cual se conocen personas de diversas culturas, razas y religiones.  Siempre se ha hablado de Marruecos como un país de tolerancia y convivencia.  Por ejemplo, durante la presencia árabe en Andalucía, aquella región era considera como el modelo de convivencia y tolerancia en todo el mundo.  Judíos, cristianos y musulmanes vivían en una sociedad absolutamente abierta y respetuosa.  Además, hubo grandes desarrollos en las ciencias, la filosofía, la astronomía, en asuntos de sociedad y en códigos civiles, por ejemplo.  Hoy, todavía podemos ver nuevas Andalucías en este mundo y Marruecos es, justamente, una de esas nuevas Andalucías.

Marruecos es un país democrático, estable, en el cual los militares no tienen una gran influencia y, finalmente, donde sólo el terrorismo es una amenza.  Desde ese punto de vista, ¿cree que Marruecos es un ejemplo que desmitifica a los países árabes y africanos como centros neurálgicos de conflictos y problemas?

Como le decía, son los otros quienes deben decir “decido seguir a Marruecos como ejemplo”.  Nosotros trabajamos para dar, digamos, algo mejor a nuestro pueblo, que es lo más importante.  Buscamos facilitar las condiciones de vida y que haya un verdadero estado de derecho en todo el territorio del país.  Muchas organizaciones han reconocido nuestros esfuerzos orientados hacia ciertas áreas.  Y esto es una realidad extraordinaria para un país aún en vías de desarrollo.  Es la apuesta que hemos hecho, adoptada por su majestad el rey Mohammed VI, para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Quisiera hablar de uno de los temas más complicados, es decir, el Sahara.  En marzo pasado se realizó la cuarta ronda de negociaciones y las posturas siguen siendo muy claras por lado y lado.  ¿Cómo vislumbra este asunto?

La historia del Sahara es muy simple y no es necesario complicarse.  Para nosotros, se trata de un grupo de separatistas marroquíes, apoyados por Argelia y que desean crear un nuevo estado en la región, para así facilitar el acceso de Argelia al Océano Altántico y encerrar a Marruecos dentro de una presencia hegemónica argelina.  Para nosotros se trata de un asunto de integración y soberanía nacional y nunca abandonaremos esto, porque un país no negocia su soberanía, ni tampoco su integridad territorial.  Es cosa de revisar la historia.  Y cuando el Frente Polisario y los argelinos hablan de la decolonización, ¿de qué hablan?, ¿qué fue colonizado?, ¿acaso un estado que se llamaba Sahara?.  Eso no existe, no había ningún país llamado Sahara al momento de la colonización europeo.  Lo colonizado era un territorio marroquí y la decolonización significa devolver los terrenos conquistados a la patria original.  Ese es el objetivo del acuerdo que firmamos con España, en Madrd.  Los saharawis son tribus que se mueven a lo largo y ancho del Sahara.  Están en Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí y Chad.  Están en toda la continuidad de la zona sahariana.

Marruecos habla de una autonomía.  ¿Cree que ese sea el camino?

Ya hemos entregado un proyecto de autonomía y estamos muy abiertos a la negociación, pero no podemos ir más lejos, ya que no podemos negociar nuestra soberanía e integridad nacional.  La autonomía es una solución.  Queremos hablar con los separatistas y no sé si algún otro país ha hecho eso, pero nosotros sí.  Estamos abiertos a todas las soluciones y negociaciones, pero nuestra soberanía e integridad no se negocia.  También, debemos decir que el problema del Sahara es entre Marruecos y Argelia y no entre el Frente Polisario y Marruecos, porque el Frente Polisario es Argelia.

Entonces, ¿el conflicto del Sahara sería un obstáculo para una verdadera Unión del Magreb Árabe?

Sí.  De momento que se firmó la creación de la Unión del Magreb Árabe, en Marrakesh, en 1989, todos los jefes de estado se comprometieron a respetar la soberanía e integridad territorial de los países firmantes.  Todo eso quedó muy claro, entonces empezar un proceso de creación de un nuevo estado adentro de esta unión es aberrante.  Personalmente, no veo que la Organización de Estados Americanos, por ejemplo, vaya a crear un nuevo país en América.  Tampoco veo que las organizaciones internacionales apoyen la creación de las FARC como un estado.  En Asia tampoco se puede pedir el nacimiento de un nuevo país.  Entonces, la situación del Sahara podría crear precedentes peligrosos para el mundo.

¿Se puede encontrar una solución al problema del Sahara?

En política todo es posible.  La solución depende de Marruecos y Argelia.  Cuando nuestros vecinos deseen encontrar la solución al conflicto del Sahara, entonces habrá solución.  Ahora, si Argelia continúa apoyando la creación de un nuevo estado en el Magreb, ella misma tendrá problemas en su territorio.  Ellos tienen el asunto de la Kabilia y los tuaregs, que luchan por su independencia.  De hecho, existe una guerra contra los tuaregs de Malí y Argelia.  Eso puede entregar una inestabilidad a toda la región del Sahara.  La solución al problema del Sahara contribuirá a darle estabilidad a la zona y a lucha de mejor forma contra el terrorismo.  Ahora, si desean crear un estado saharawi, entonces eso debiera incluir a todo el Sahara.  Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, Chad, Sudán, Libia y Egipto.  El Sahara es eso y no solamente el Sahara marroquí.  Entonces por qué tiene que ser Marruecos quien entregue una parte de su territorio.  Por qué no lo hace otro país.

Quisiera saber si usted cree que lo acontecido en Kosovo podría ser un precedente para el conflicto del Sahara.  Le pregunto esto, porque el Polisario ha dicho que esto sería así…

Es algo que no tiene relación.  El problema es, por ejemplo, que Argelia apoya la autodeterminación del Sahara, pero se declara en contra de la independencia de Kosovo.  Entonces, qué quiere decir esto.  Es una contradicción y lo que les interesa es preservar las relaciones con Rusia.  Son intereses y no principios.  Hablando de Kosovo, es algo absolutamente diferente, porque es toda la región de los Balcanes la que ha sufrido con las masacres y se trata de un país dividido y con muchas diferencias étnicas.  Los kosovares y los serbios, por ejemplo, son dos religiones, dos etnias y dos culturas.  Sin embargo, en el Magreb y el Sahara, es una sececión de un grupo minoritario muy pequeño de Marruecos, pero que habla la misma lengua y que tiene la misma cultura y religión de los marroquíes.  Lo que quiero decir es que el asunto de Kosovo es una excepción y no la regla.   Es un problema muy especial, muy sui generis y que no se va a repetir.  No podemos seguir ofreciendo independencias a todos grupo humano que tenga una cultura, un idioma y hábitos diferentes, porque así llegaríamos a tener una infinidad de países en el mundo.  La integración es la opción.

Kosovo, Osetia del Sur, el Sahara, etc., ¿estos movimientos sólo existirían para hacer ruido, ya que carecerían de una base lógica?

Nada de lógica. Nada.  Todo lo que ha pasado en el espacio soviético, igualmente, es un problema.   Es la desintegración de un país y eso es un enorme problema para el mundo.  Sin embargo, no podemos empezar a revisar todos los tratados antiguos y no podemos permitir eso, porque si empezamos, entonces nunca terminaremos.  Tenemos que encontrar soluciones integrales y hay que modificar el nuevo concepto de soberanía.  No estamos en el siglo 19, eso es tiempo pasado.  Con Internet y la tecnología no podemos quedarnos encerrados en las fronteras.

Entonces, ¿cree que la integración no sólo es el futuro en África y el Magreb, sino que en todo el mundo?

Escuche. Escuche, la futura lucha del mundo va a ser por la sobrevivencia, por la salud, por la distribución del agua y para compartir.  La lucha no será por conquistas de territorios o por la creación de nuevos estados.  Existen peligros mucho más importantes para la humanidad…

En ese contexto, ¿la integración sería la mejor solución?

Es la solución.  La integración con autonomías al interior de los países, esa es la opción.  Existen, por ejemplo, las autonomías españolas que en realidad son verdaderos países al interior de uno, pero eso se realiza porque existen particularidades muy especiales.  En todos los estados hay diferentes costumbres, culturas, personas, etc., pero todos viven en el mismo país.  En Chile, la gente es difererente, pero no vemos una división entre los del norte y los del sur.  Acá todos son chilenos.  También puede ver lo mismo en el caso de Alsacia y el País Vasco.

Para terminar, ¿cómo ve a Marruecos en el futuro?

Tenemos que trabajar en el presente para asegurar el futuro.  Veo a Marruecos en el contexto de la globalización y esto es muy importante.  Por eso, hay que reducir la brecha digital existente entre el norte y el sur.  Tenemos que realizar más inversiones en tecnología y educación.  Debemos trabajar unidos en temas como la salud, prevención de riesgos, etc.  Por ejemplo, los virus no atacan países, sino que regiones.  Tenemos que luchar contra las amenazas externas y no contra estados.  Los fenómenos climáticos, la salud, las diferencias económicas y la contaminación.  Esa es nuestra lucha.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

Turquía y Chad, ¿las dos caras del lobo?

Etiquetas: , , , , , , ,

Turquía y Chad, ¿las dos caras del lobo?

Fecha 4/11/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Se mueve, pero sigue estática.  Un paso sin movimientos.  Así podría describirse la actual situación de Turquía.  Y no se trata del difícil ingreso como miembro a la Unión Europea (aunque bien podría serlo), sino que de la tensa espera por parte de las milicias kurdas del PKK, el ejército turco, el gobierno iraquí y los diversos países del mundo involucrados, directa o indirectamente, en la política turco-kurda-iraquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 4 de noviembre, 2007

Fotografía: Licencia Creative Commons

Fotografía: Licencia Creative Commons

A partir del 9 de octubre, día en el cual un ataque realizado por rebeldes kurdos del PKK dejó un saldo de 15 soldados turcos muertos, el nivel de tensión en la zona ha ido aumentando en forma sostenida.  En primer lugar, porque Turquía amenazó con llevar a cabo una operación militar en contra de las bases de los separatistas kurdos, tanto en territorio turco, como iraquí.  En segundo lugar, porque el PKK no ha cedido en sus pretensiones y sigue defendiéndose.  En tercer lugar, porque el gobierno de Iraq ha sido incapaz de adoptar una postura firme, clara y de una sola línea.  En cuarto y último lugar, porque una operación militar turca en territorio iraquí podría, hipotéticamente, causar un gran conflicto bélico en la zona.

Se mueve, pero no sigue estática.  Un paso con movimientos.  Así podría describirse la actual situación de Chad.  Y no se trata del tema humanitario, de los refugiados provenientes de Darfur o de las grandes sequías que tanta desgracia han causado en Chad, sino que de la crisis política originada tras la detención de siete españoles y nueve franceses, acusados de intentar llevar, en forma ilegal, a 103 niños -presumiblemente chadianos y sudaneses- hacia Francia.  Aún no se ha aclarado la situación, en el sentido que se han elaborado diversas hipótesis, tales como supuesta venta de menores o red de pedofilia.  Lo concreto es que más allá de si hay un trasfondo “negativo” o “positivo” se ha iniciado una investigación judicial, que buscará establecer la ilegalidad e irresponsabilidad de esta acción.

Hasta hoy, los ciudadanos españoles y franceses aún permanecían en Chad.  Sin embargo, nuevamente apareció él, un defensor de las causas ajenas.  Sí, se trata del amado y odiado, pero nunca olvidado Nicolas Sarkozy.  Tal cual ha sido la tónica de su comportamiento desde que asumió la presidencia de Francia, el mandatario francés ha mostrado un especial interés por consolidar la participación gala en África y, específicamente, en la zona norafricana.

Primero, tuvo una gran gestión e importancia en la liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino apresados en Libia.  Y, ahora, viajó hasta N’Djamena, capital de Chad, para solucionar este problema.  Los resultados no se hicieron esperar y a la liberación de tres periodistas franceses y cuatro azafatas españolas se sumó el encuentro entre Idriss Déby y Nicolas Sarozy, presidentes de Chad y Francia, respectivamente.

Con estos dos hechos, ocurridos en Turquía y Chad, queda claro que la actitud del gobierno francés ha sido muy diferente.  Mientras en el país africano se convirtió en un protagonista esencial, en la nación euroasiática ha pasado casi desapercibido.  Aún más, da la impresión que cuando se trata de hablar de la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, ahí aparece otro Nicolas Sarkozy y otra Francia.  Y ahí cabe hablar de protagonismos, tratamientos especiales y políticas de corto, mediano y largo alcance.

Pero ahora, cuando un posible conflicto bélico entre Turquía, Iraq y los rebeldes kurdos del PKK puede estallar, el silencio y la neutralidad dominan.  Como si fuera una partida de ajedrez.  Esperando el movimiento del rival o, más bien, el error de éste.

¿Será posible que el gobierno francés espere con toda parsimonia un descalabro humanitario, para así tener los argumentos necesarios para defender uno de sus principales discursos, que es el rechazo al ingreso de Turquía en la Unión Europea?

Mal pensado.  Desatinado.  Parcial.  Y subjetivo.  Asqueroso pensamiento. ¿O realista, atinado, imparcial, objetivo y evidente?

Ojalá sea lo primero.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

ahmadinejad-talabani

Etiquetas: , , , ,

Irán e Iraq, dos países con una gran responsabilidad

Fecha 16/01/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A lo largo de su historia, el mundo musulmán ha luchado por un sitial que ellos consideran merecido. Más allá de ser escuchados y entendidos en sus mensajes, se han preocupado por expandir sus ideas y, en los últimos sesenta años, han expresado en forma clara que ellos no vienen a ser los acompañantes de Occidente. Quieren poder. Necesitan ejercer influencias. Auguran tiempos mejores. Sin embargo, ¿por qué han fracasado en este intento?, ¿cómo se explica, a grandes rasgos la débil unión -si es que existe- entre dichos estados?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 16 de enero, 2006

ahmadinejad-talabaniDurante el siglo veinte las naciones islámicas parecieron estar condenadas a un lugar secundario dentro de la política internacional. Si bien hubo ciertos hechos que remecieron el contexto mundial, la gran mayoría de los países musulmanes estuvieron centrados en sus disputas internas y, salvo casos excepcionales, poco peso tuvieron en los conflictos internacionales de gran escala.

Sin embargo, la cuestión palestina, la expansión demográfica del Islam en África, el reformismo islámico en Irán, la llegada de Saddam Hussein al poder en Iraq y el nacimiento de Al Qaeda tendieron a cambiar el clima político de Medio Oriente y, más que eso, establecieron un nuevo mapa dentro del universo islámico y, por supuesto, del mundo.

Lamentablemente, la guerra entre Irán e Iraq confirmó que ambos países representaban –en aquel entonces- dos ejes distintos de poder y, lo más importante, se mostraban ante el mundo occidental como dos estados de población mayoritariamente musulmana, pero con matices que, en vez de aunarlos, los dividían. Mientras el ayatollah Jomeini destacaba por su rigurosidad y devoción religiosa, Hussein aparecía ante el mundo como un seguidor del Islam, pero casi por obligación. Se podría decir que ambos líderes seguían y profesaban la misma religión, mas la manera de sentir dicho credo era distinta. El primero era un fiel devoto, en tanto que el segundo rozaba los límites del laicicismo. De todas formas, tanto Irán como Iraq se establecieron como los máximos referentes del chiísmo y, consecuencialmente, su accionar significó una modificación total y radical dentro del mapa político internacional y, también, al interior del mundo islámico.

Si en 1979 el derrocamiento del shá y los consecuentes paradigmas políticos del gobierno teocrático iraní trajeron consigo un aislamiento de Irán, en 1991 la Guerra del Golfo Pérsico vino a demostrar, por un lado, la peligrosidad y belicosidad del régimen de Hussein y, por otro lado, dio claras luces acerca del interés occidental en los gobiernos de los países petroleros, dentro de los cuales destacaban Irán e Iraq.

Pero más allá de estos hechos, lo realmente importante es darse cuenta de las profundas diferencias existentes entre dos países, que por medio de sus políticas nacionales se convirtieron en íconos y ejes del Islam. Y esta influencia no sólo se limita a lo político, sino que también se arrastra hacia lo religioso y, aún más importante, a lo social. Ahora bien, cuesta entender que dos naciones fronterizas, islámicas y de mayoría chiíta puedan haber llegado a tener tales disimilitudes -las cuales quedaron de manifiesto en la larga guerra sostenida entre ambos durante 1980 y 1988- y, aún más, parece ilógico que tanto Irán como Iraq no hayan realizado mayores gestiones para pulir sus diferencias y buscar un frente común ante, lo que ellos han denominado, la prepotencia, la decadencia y el materialismo occidental. Y es este punto en particular –la división entre ambas naciones- lo que ha impedido que el mundo islámico logre estabilizarse y ordenarse como un bloque uniforme, al menos en lo que a sus posturas frente a Occidente se refiere.

Ya es sabido que intentar descubrir nexos culturales entre los cerca de 1.200 millones de musulmanes es un imposible y, aún más, un absurdo. Sin embargo, sí se puede aspirar a juntarlos en torno a una idea o un concepto común, que tenga directa relación con su postura frente al mundo occidental. Y para lograr esto se hace imperioso contar con países que estén dispuestos a asumir el liderazgo en torno a esta misión.

Entonces, cabe preguntarse quiénes podrían asumir un rol tan importante como es el de reordenar el seno interno de la política internacional islámica. Iraq está inmerso en una guerra civil entre chiítas y sunitas y, al mismo tiempo, presenta el problema de la ocupación de las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos; Irán parece estar más preocupado de continuar con sus planes nucleares que de abrirse al mundo; Arabia Saudita mantiene su apertura hacia Europa y Norteamérica y, en particular, mantiene nexos con empresas occidentales; Turquía pugna por ingresar a la Unión Europea; y, finalmente, Egipto está sumido en lo que es el discutido mandato de Hosni Mubarak y el triunfo de la Fraternidad Musulmana en las últimas elecciones parlamentarias.

 

Resumiendo, se puede apreciar que los países que podrían o, más bien, deberían tomar la batuta en torno a una unión islámica no están en condiciones de hacerlo y, por lo tanto, pensar en un mundo musulmán reorganizado es algo un tanto utópico. Y esto último no es tan ilógico, si se piensa que ni siquiera conflictos como la invasión estadounidense en Iraq o la eterna lucha del pueblo palestino por conformar un estado propio han suscitado el apoyo unánime de todas las naciones islámicas. La situación es aún más incierta si se toman en cuenta conflictos como el que tienen Argelia y Marruecos por el Sahara Occidental o la lucha del pueblo afgano contra los talibanes en Afganistán. Y qué decir de las pugnas internas entre los miembros de la Liga Árabe.

En conclusión, mientras los propios musulmanes no resuelvan sus conflictos, no podrán lograr lo que ha sido uno de sus grandes anhelos, como es aunarse en pos de un objetivo común: la independencia frente al poderío de Occidente. Y gran responsabilidad de este fracaso lo tienen países como Irán e Iraq, que son naciones dominantes y de gran influencia, no sólo por su historia, sino que también por su importancia en el mapa geopolítico y religioso. Ahora, ha llegado el momento en que ambos estados asuman que el siglo veintiuno viene a entregarles el protagonismo que tanto han buscado.

Dependerá de ellos si son capaces de recibir esta oportunidad histórica y tomar las decisiones que les permitan trazar los nuevos límites de la política internacional.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

Comentarios (0)

Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

[…] Seguir leyendo

Encuestas

La integración político-social africana es:

View Results

Cargando ... Cargando ...

Podcast