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Acercamiento Sudán-Israel: ¿un nuevo triunfo diplomático de Trump?

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Acercamiento Sudán-Israel: ¿un nuevo triunfo diplomático de Trump?

Fecha 23/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Gracias a la mediación del gobierno de Estados Unidos, liderado por su presidente, Donald Trump, se ha generado un nuevo hito en la agitada y siempre importante diplomacia de Medio Oriente. Así es que, siguiendo los pasos de Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, Sudán se convirtió en el tercer país “árabe” que, durante 2020, establece relaciones diplomáticas con Israel.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 23 de octubre de 2020

(Star Vision News)

Uno de los ejes de la política exterior de Donald Trump ha sido involucrarse, activa y directamente, en Medio Oriente y, particularmente, en el conflicto árabe-israelí. Es así que sus esfuerzos han estado dirigidos a conseguir nuevos reconocimientos de Israel y, específicamente, la generación de vínculos diplomáticos oficiales entre dicho país y sus pares árabes. Al respecto, todo se concretó el 13 de agosto del presente año, día en el cual Emiratos Árabes Unidos e Israel anunciaron el establecimiento de relaciones diplomáticas, lo cual fue seguido, el 15 de septiembre, por la normalización de los nexos entre Bahrein e Israel. Estos últimos, consolidarían el acercamiento el 18 de octubre, ya que en esa fecha generaron vínculos diplomáticos. En ambos casos, la injerencia y participación de Estados Unidos fue fundamental.

Luego de lo ocurrido con Emiratos Árabes Unidos, una serie de proyecciones y rumores empezaron a circular, los cuales intentaban dilucidar cuáles serían los siguientes estados del “mundo árabe” que seguirían los pasos de Emiratos Árabes Unidos. Se dijo que Arabia Saudita -por ser aliado de Estados Unidos y tener nexos secretos o subterráneos con Israel- podría ser un buen candidato, pero también se mencionó, entre otros, a Sudán, Bahrein, Omán e incluso Marruecos. Finalmente, Bahrein despejó las dudas y se sumó a la lista que integran Egipto (relaciones diplomáticas con Israel desde 1979), Jordania (1994) y Emiratos Árabes Unidos (2020). Tras la normalización entre Bahrein e Israel, se repitió el mismo ejercicio y nuevamente aparecieron los mismos nombres. Varios gobiernos comunicaron, en forma clara, que no reconocerían a Israel, ni tampoco establecerían vínculos diplomáticos. Así fue que Kuwait, Omán, Marruecos y Argelia, por dar algunos ejemplos, anunciaron que no cambiarían su postura respecto del conflicto palestino-israelí. Empero, con mucha fuerza se apuntó a Sudán, cuyo gobierno de transición entregó unas declaraciones algo difusas y que, desde esa perspectiva, permitió que aumentaran las especulaciones sobre un eventual avance de Estados Unidos e Israel en Sudán.

En septiembre y octubre, Sudán y Estados Unidos profundizaron las negociaciones y el diálogo sobre dos hechos fundamentales. Los africanos insistieron en que su contraparte estadounidense los sacara de la lista de patrocinadores del terrorismo, mientras que los norteamericanos buscaban un acuerdo sobre la indemnización por atentados ocurridos en 1998 (contra embajadas de Estados Unidos en Dar es Salaam, Tanzania, y Nairobi, Kenya) y 2000 (contra un destructor que estaba en las costas de Yemen). Al final, Sudán y Estados Unidos acordaron que el primero pagaría una indemnización de 355 millones de dólares, gracias a lo cual también se confirmó que Sudán sería eliminado del listado de países que apoyan al terrorismo. En medio de todo esto, diversas fuentes y distintos investigadores aseguraban que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Sudán e Israel estuvo sobre la mesa y que, de hecho, habría sido parte de las condiciones para alcanzar el acuerdo. Más allá de esto, lo concreto es que el 23 de octubre se produjo el anuncio, por parte del gobierno de Estados Unidos, de la normalización entre Sudán e Israel. Así, ambos estados generarían relaciones diplomáticas, algo que, de todas formas, aún no está confirmado. Básicamente, pues la normalización debe ser aprobada por el Consejo Legislativo, un órgano que aún no se ha conformado en Sudán. Esto último, pues el país se encuentra en pleno proceso de transición, la cual finalizará con elecciones en 2022. Al respecto, no se debe soslayar que el Consejo Legislativo estará integrado por diversos sectores de la sociedad civil y esto permite concluir que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Sudán e Israel podría quedar detenido. Por ejemplo, según el último sondeo de Arab Opinion Index, el 79% de los ciudadanos sudaneses encuestados aseguró que se oponía al reconocimiento de Israel, mientras que apenas un 13% se mostraba favorable a reconocer al estado israelí. Una demostración de aquello es que el sábado 24 de octubre hubo protestas, por el anuncio de normalizar los nexos con Israel, en las calles de Khartoum.

Volviendo al tema del acercamiento entre Sudán e Israel, es importante mencionar que Estados Unidos ha tenido una activa participación y, en este sentido, ha sido un nuevo triunfo para Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Eso sí, queda la gran duda de cuánta validez tendrán estos progresos diplomáticos. Primero, pues, a días de las elecciones presidenciales estadounidenses, es lógico pensar que todos estos movimientos obedecen a la campaña electoral del actual mandatario de Estados Unidos. Junto a eso, queda la interrogante sobre qué pasaría en caso que Trump no logre la reelección. ¿Habrá una continuidad de la política exterior de Trump respecto de Israel?, ¿se le harán modificaciones o simplemente se tomará otra dirección en los asuntos de Medio Oriente? Luego, también es necesario mencionar que el reconocimiento de Israel, como un estado y una parte legítima al momento de dialogar, es fundamental para conseguir una solución a los antagonismos existentes en Medio Oriente. Sin embargo, para que esto ocurra, también debe ir acompañado de gestos por parte del estado israelí. Así, lo deseable sería que se anunciara el término de las anexiones, el establecimiento de los límites previos a 1967, el cese de las violaciones a los derechos humanos y, finalmente, llamar a negociaciones sobre la situación de Jerusalén y, específicamente, de Jerusalén Este. En la medida que Israel no haga esto, cualquier tipo de acercamiento con otros estados árabes carecerá de legitimidad y, de hecho, podría ser interpretado como un deseo de perpetuar el actual estado del conflicto.

En este contexto, es probable que otros gobiernos del “mundo árabe” establezcan relaciones diplomáticas con Israel, pero también es evidente que muchos otros no lo harán. Es el caso de Argelia, Marruecos, Líbano y Kuwait, quienes han expresado, con claridad, sus posturas. Lo de Omán es incierto, pues hubo un cambio en la dirección del país (un nuevo sultán) y habrá que ver si su política de neutralidad será mantenida. Qatar, como aliado de Turquía, seguramente no modificará su posición respecto de Israel, en tanto que Irak y Siria tampoco deberían realizar acercamientos. En este escenario, cabe agregar que Líbano e Israel acordaron resolver sus disputas limítrofes en el mar Mediterráneo, lo cual permite ver que los avances diplomáticos israelíes no solo apuntan a los vínculos diplomáticos oficiales, sino que también a conseguir acuerdos en materias complejas y de históricas dificultades. En línea con esto último, Israel es parte del recientemente lanzado Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, el cual incluye a Chipre, Egipto, Grecia, Jordania e Italia. Además, Francia pidió ingresar al mismo. Esta alianza, teóricamente por los recursos naturales, es también un nuevo frente de combate entre Turquía y diversos países de dicha región, dentro de los cuales está Israel. En este contexto, sería interesante ver qué postura podría tener el Líbano. Si bien es cierto que un avance en las relaciones con Israel podría ser muy peligroso -el país se encuentra sumido en una profunda crisis, económica y social-, la integración regional podría ser beneficiosa para aumentar el Producto Interno Bruno (PIB). Así, la definición de los límites marítimos con Israel, podrían permitir al gobierno libanés la exploración y eventual explotación de los recursos gasíferos.

Turquía es, sin duda, el gran perdedor en esta oportunidad. Si bien hay otros derrotados, empezando por Palestina e Irán, Recep Tayyip Erdogan ha sufrido un duro revés, ya que, tras la caída de Omar al Bashir y la llegada de un gobierno de transición, el gobierno turco deseaba aumentar los nexos con Sudán y, en particular, aumentar su presencia e injerencia en dicho país. Esto último, continuando su lucha contra el bloque integrado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes. En los últimos años, especialmente en la última década, los dos principales estados de la Península Arábiga han iniciado una fuerte y ascendente penetración en la geopolítica del Cuerno de África y Turquía deseaba contrarrestar el poder que estaba obtenidos sus dos rivales, con los cuales se enfrenta, además, en Libia (principalmente, Emiratos Árabes Unidos), el Mediterráneo Oriental (Emiratos Árabes Unidos) y en el conflicto palestino-israelí.

Por último, el acercamiento entre Sudán e Israel debiese traer consecuencias en el Cuerno de África. Básicamente, pues, en el largo plazo, los puertos de Eritrea, Djibouti y Somalía (también la región de Somaliland) tendrán que reacomodar sus fichas ante un eventual desarrollo de la infraestructura portuaria sudanesa. Además, Etiopía y Somalía habían acordado invertir en cuatro puertos del mar Rojo, lo cual podría chocar con eventuales inversiones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos e Israel en los puertos y las costas de Sudán. Esto último se sumaría a la compleja presencia de diferentes países en la región, lo cual ha generado roces entre los gobiernos del Cuerno de África. Finalmente, Sudán podría maximizar su explotación petrolera y recuperar su importante rol en la zona. Sobre esto, queda la interrogante en relación al posible uso de Sudán como vía de entrada hacia países de la región que tienen buenos vínculos con Sudán.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Comentarios sobre el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel

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Comentarios sobre el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel

Fecha 15/08/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

En una potente noticia, aunque nada sorpresiva, el gobierno de Estados Unidos anunció que Emiratos Árabes Unidos e Israel establecerían relaciones diplomáticas. De inmediato, diversos mandatarios, líderes o grupos dieron a conocer su postura sobre este asunto, lo cual demostró, una vez más, que Israel genera mucha división al interior del “mundo árabe”, pero también de la “comunidad internacional”.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 13 de agosto de 2020

(Agencias)

El hecho en sí es muy importante, pero no es una sorpresa. Lo primero, pues Emiratos Árabes Unidos no solo se convertiría en el tercer país árabe en tener relaciones diplomáticas con Israel, sino que, además, en el primero de la Península Arábiga y del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC). Lo segundo, porque desde hace un tiempo se ha conocido la estrategia israelí de sumar apoyos o al menos nexos con estados del “mundo árabe” o incluso del “universo musulmán”. En su momento, se sospechó de sus intenciones en África, lo cual quedó de manifiesto, en enero de 2019, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Chad. En aquel entonces, incluso se especuló con una intención secreta, por parte de Israel, de alcanzar algún acuerdo o avance con Sudán. Sin embargo, aquello quedó en el olvido.

Ahora, respecto de los nexos entre Emiratos Árabes Unidos e Israel, hay datos que permitían entender el acercamiento entre ambas partes. Por ejemplo, desde 2015 que Israel tiene una representación oficial en la Agencia Internacional de Energías Renovables, ubicada en Dubai, para la Dubai World Expo 2020 se había construido un pabellón israelí y se está construyendo una sinagoga en la isla de Saadiyat. Junto a lo anterior, el intercambio comercial y el apoyo en seguridad también han ido al alza. Últimamente, Emiratos Árabes Unidos pidió ayuda a Israel en la lucha contra la pandemia del Covid-19 (a lo cual también se sumaron Bahrein y Kuwait). Tampoco se debe olvidar que, en octubre de 201, la ministra de Cultura y Deportes de Israel, Miri, Regev, se convirtió en la primera autoridad israelí en visitar Emiratos Árabes Unidos, lo cual fue seguido por viajes de los ministros de Comunicación y Asuntos Exteriores.

En paralelo, hace meses que se han filtrado informaciones sobre el acercamiento de Israel respecto de países árabes. Uno de ellos ha sido Arabia Saudita, especialmente bajo la administración de Donald Trump en Estados Unidos. El otro es Emiratos Árabes Unidos, que ahora da un paso adelante y establece este compromiso de inaugurar, oficialmente, relaciones diplomáticas con Israel. Sobre esto último, vale la pena revisar qué han dicho diversos gobiernos de la región. Mientras Egipto, Jordania, Bahrein y Omán celebraron este acuerdo, Palestina -que incluso llamó a su embajador en Emiratos Árabes Unidos-, Turquía -que amenazó con suspender los nexos con Emiratos Árabes Unidos o con al menos llamar a su embajador en dicho país- e Irán lo rechazaron. Otros, como Líbano, Qatar, Kuwait y Arabia Saudita han permanecido en silencio. A su vez, Al Fatah y Hizbullah, como era de esperar, se mostraron contrarios al establecimiento de relaciones entre Emiratos Árabes e Israel. Fuera de Medio Oriente, Pakistán aseguró que su postura se definirá según lo que ocurra con los derechos y las aspiraciones de Palestina, pero también con la paz, seguridad y estabilidad de la región. España, Francia, la Unión Europea, Reino Unido y Alemania también se sumaron a las felicitaciones por el acuerdo, en tanto que la ONU declaró que aprueba cualquier iniciativa que busque la paz. En esta misma línea, China, Japón e India declararon su satisfacción por iniciativas que tengan como objetivo la paz regional, aunque recalcando que apoyan la causa palestina.

¿Por qué este acuerdo?

La pregunta del momento tiene que ver con el motivo que explicaría el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Emiratos Árabes Unidos e Israel. La respuesta no tiene un argumento, sino que varios, y es necesario revisar cuáles podrían ser las razones de este acercamiento.

Primero, es importante destacar que los países del GCC no han tenido, históricamente, un choque directo con Israel. A diferencia de lo acontecido con los estados de Medio Oriente, los cuales se han enfrentado militarme -en coaliciones o en forma individual- con Israel, los miembros del GCC solo han sido rivales indirectos de la parte israelí. Esto ha significado, por ejemplo, que hayan apoyado económicamente o con ayuda humanitaria a Palestina, Jordania, Egipto y otros. En este sentido, Emiratos Árabes Unidos no representa un giro de 180 grados, sino que más bien la lógica consecuencia de un proceso histórico. Esto último, pues durante las últimas décadas y especialmente a partir de 2011, los países de la Península Arábiga han ido ganando terreno en el tablero diplomático y geopolítico de las zonas cercanas, es decir, el Cuerno de África, el mar Rojo y, por supuesto, Medio Oriente. Sobre esta última, el cambio se explica por el hecho que los históricos o tradicionales referentes de la región han caído en desgracia. Es lo que pasó con Egipto, hace muchos años, y, posteriormente, con Irak y Siria, ambos desgarrados por las guerras y la intervención extranjera. En este escenario, se produjo un vacío de “influencias” y esto fue aprovechado por potencias regionales emergentes como Irán, Turquía y Arabia Saudita, a las cuales se suma Israel.

Aquí es obligatorio detenerse y analizar algunas variables involucradas. Lo primero es mencionar que el conflicto palestino-israelí sigue siendo un protagonista esencial de Medio Oriente, pero que en la zona en cuestión han surgido una serie de otras disputas. A los conflictos armados (como los de Siria e Irak) y la histórica pugna árabe-israelí se han sumado nuevos elementos. El auge de Turquía, bajo la era de Recep Tayyip Erdogan, ha marcado hitos en la región, pero no solo su presencia ha sido fundamental, sino que también su alianza con Qatar, para así luchar contra Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Básicamente, por visiones opuestas sobre el islamismo, ya que mientras Turquía y Qatar apoyan a la Hermandad Musulmana, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos se alejan de dicha postura. Esto se enreda aún más cuando se agrega el choque hegemónico entre los estados que promueven un islam sunita (liderados por Arabia Saudita) y aquellos que fomentan la rama chiíta (Irán).

Acerca del motivo por el cual Emiratos Árabes Unidos optó por establecer relaciones diplomáticas con Israel, hay varios elementos a tomar en cuenta. Primero, era evidente que el nexo entre ambos había progresado y ya no era una sorpresa para nadie. En este sentido, lo lógico era oficializar el vínculo. Ahora, el por qué de esto es lo que merece análisis. Emiratos Árabes Unidos apuesta por convertirse en un actor más relevante en la política de Medio Oriente, pues así podría, por un lado, transformarse en el primer país árabe que logre un retroceso de la política israelí en Palestina -principalmente por la política de colonias y anexiones- y, por el otro, ganar terreno en la geopolítica de la zona e intentar afirmar sus intereses. Una buena relación con Israel no solo permitiría aumentar el intercambio comercial, sino que, eventualmente, llegar al mar Mediterráneo. Esto último, por medio de diversos proyectos de integración en el ámbito de la infraestructura.

Junto a lo anterior, Emiratos Árabes Unidos puede ocupar el rol que Arabia Saudita no logra ejercer del todo, es decir, como un mediador confiable y validado por la “comunidad internacional”. Esto, pues al régimen saudí se le conoce por las duras leyes, las violaciones a los derechos humanos y la tremenda desigualdad genérica. Además, Arabia Saudita es vista como un país hermético y donde existen pocas libertades personales y de expresión. Así, cualquier intento de negociación en la cual participe Arabia Saudita puede ser puesta en duda o, derechamente, rechazada. Así es que Emiratos Árabes Unidos representa a un país más abierto y en el cual hay espacio para la mezcla cultural entre los diversos extranjeros que viven ahí. Junto a eso, se ha abierto al mundo y ha dado fuertes pasos para convertirse en un lugar turístico.

Desde otra perspectiva, se ha mencionado o, si se prefiere, se ha planteado que el acuerdo firmado entre Emiratos Árabes Unidos e Israel sería una especie de alianza contra Irán, pero en realidad esto no es así. Si bien Irán ha sido un contendiente permanente, hoy el principal rival de Emiratos Árabes Unidos es Irán, con quien tiene una disputa hegemónica, religiosa y comercial. Por lo mismo, lo ocurrido parece ser más bien una medida “pro-Israel” más que una de tipo “anti-Irán”.

Finalmente, no se debe descartar que esta decisión esté unida a los conflictos de Libia y el Mediterráneo Oriental. Sobre lo primero, es conocido el antagonismo entre Turquía y Emiratos Árabes Unidos en el conflicto libio, ya que mientras el primero apoya al general Khalifa Haftar, el segundo se puso del lado del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), que es reconocido internacionalmente. Al respecto, el acuerdo con Israel vendría a profundizar la grieta en las relaciones entre emiratíes y turcos. En cuanto a la situación del Mediterráneo Oriental, Turquía tiene grandes rivales en esa zona -no solo por los recursos energéticos, sino que también por procesos históricos como la invasión y ocupación del norte de Chipre y disputas marítimas con Grecia- y uno de ellos es Israel, país que es parte de la alianza que han formado Chipre, Egipto, Francia y Grecia. En este escenario, Emiratos Árabes Unidos podría sumarse con mayor protagonismo a este grupo. De hecho, en mayo de este año participó en una reunión de ministros de asuntos exteriores, la cual finalizó con una declaración oficial que, entre otras cosas, rechazaba y condenaba el actuar de Turquía respecto de Chipre, Grecia y Libia.

¿Quiénes ganan y pierden?

Es evidente que Israel y Estados Unidos son los grandes vencedores, aunque más bien se trata de una victoria obtenida por Benjamin Netanyahu y Donald Trump. Esto adquiere aún mayor relevancia si se considera que ambos enfrentan escenarios políticos inciertos. De hecho, Trump intentará ir por un segundo mandato en las elecciones presidenciales que se harán a fines del presente año y este acuerdo es, por ahora, su único gran logro en asuntos internacionales.

Luego, es evidente que Emiratos Árabes Unidos también gana en este asunto. Aumenta su radio de influencia y apuesta por convertirse en un interlocutor de mayor valor que Arabia Saudita. Además, podrá seguir reforzando los nexos comerciales y acelerar la cooperación en otros ámbitos, tal cual ya lo venía haciendo con Israel.

Egipto pierde, pues vuelve a demostrar que muchas veces parece estar más cercano a Israel y Estados Unidos que de sus vecinos árabes. Su profunda dependencia de los recursos económicos entregados por el gigante norteamericano le significan tener un radio de acción limitado, especialmente cuando se encuentra en medio de un proceso político y social plagado de inestabilidad.

Irán y Turquía también han sido derrotados, ya que su gran rival forjó una alianza con otro contendiente. Sin embargo, esto les puede servir para exacerbar su discurso anti-Israel y, por ende, generar mayor simpatía entre los sectores más radicales o menos abierto a generar una solución pacífica que implique sumar a Israel como un estado valido. De todas maneras, este “triunfo” para ellos significaría una polarización del conflicto y, por ende, una derrota para todos.

Finalmente, el gran perdedor es Palestina, que ve como Israel suma apoyo de un estado árabe. Es una nueva derrota diplomática y, tal cual han expresado ciertos dirigentes, una “traición. Quizás sea momento que los políticos palestinos reflexiones sobre las divisiones internas y el fracaso de su diplomacia en la región.

Comentarios finales

Confirmado el acuerdo y entendiendo que lo principal es que las dos partes comenzarán a profundizar su relación bilateral y que se suspenden, momentáneamente, las anexiones por parte de Israel, quedan algunas interrogantes. Por ejemplo, si la política de anexión de territorios será retomada en el mediano o corto plazo, ya que el mismo Netanyahu aseguró que esto “sigue estando sobre la mesa”. Relacionado con este punto, cabe preguntarse cuál sería la postura de Emiratos Árabes Unidos en caso que Israel decidiera continuar con las anexiones.

También, surge la incertidumbre sobre lo que harán los demás estados árabes respecto de sus nexos con Israel. Es bastante probable que Arabia Saudita siga los pasos de Emiratos Árabes Unidos, lo cual podría ser imitado, en el mediano plazo por otros países del Consejo de Cooperación del Golfo.

Se debe tomar en cuenta que la decisión de Emiratos Árabes Unidos, en caso de no haber sido consensuada con sus pares del “mundo árabe”, podría generar, eventualmente, un quiebre al interior de la Liga Árabe, pero también entre los países que conforman al “mundo árabe” y al “universo musulmán”. De hecho, ya son evidentes las diferencias con Turquía, Irán y Palestina. Habrá que ver qué postura adoptarán, por ejemplo, los países del Magreb y aquellos del Cuerno de África, como Sudán y Somalía.

Finalmente, lo acontecido no significa un gran cambio en términos diplomáticos, ni en las alianzas previamente existentes. Simplemente, se trata de la oficialización de algo que se había hecho evidente y que, por lo mismo, generó sus efectos hace un tiempo atrás. Es así que hoy, esto no genera grandes modificaciones, pero sí deja de manifiesto que un tercer país árabe optó por sumarse a la lista de aquellos que establecieron relaciones diplomáticas con Israel.

Las condiciones de vida de los palestinos, el reconocimiento de Palestina como estado, la disputa por Jerusalén, la contienda por los Altos del Golán, la situación de los refugiados palestinos, el accionar de grupos terroristas (como Hizbullah) y la influencia de terceros (como Irán o Estados Unidos) sigue igual que antes. Para peor, lo hecho por Emiratos Árabes Unidos puede dejar abierta la puerta para que se normalice establecer vínculos diplomáticos con Israel sin haber exigido, como mínimo, la eliminación de la política de anexiones y la necesidad de reconocer a un estado palestino con las fronteras previas a 1967. Desde esta perspectiva, el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel sería un gran retroceso para el respeto a los derechos humanos.

Eso sí, se debe dejar en claro que para llegar a una solución pacífica y justa es importante que Israel sea reconocido como estado. Sin embargo, esto no debe ser a cualquier precio y debe incluir un mínimo de límites, que son los expresados en el párrafo anterior.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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