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Ahdesión a la Unión Europea: Croacia avanza y Turquía se estanca

Fecha 29/12/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El último informe entregado por la Comisión dio cuenta del actual contexto en el cual se encuentran los diversos procesos integracionistas del bloque europeo. Lo más destacable es el notable avance de Croacia, mientras Turquía y Macedonia siguen sumando más dificultades que facilidades en su intento de adhesión a la UE. Así las cosas, todo parece indicar que de aquí al 2010 el número de integrantes de la Unión Europea pasará de 27 a 28.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 29 de diciembre, 2008

turquia_croacia_ue_portadaEn octubre de 2005, Turquía y Croacia iniciaron, oficialmente, las negociaciones de adhesión. Posteriormente, en febrero de 2008, la Antigua República Yugoslava de Macedonia alcanzaría el mismo status de turcos y croatas. Así las cosas, estos tres estados se convertirían en los principales candidatos –en estos momentos- que pugnan por ingresar a la Unión Europea (UE). Obviamente, cada uno de estos países tiene una historia distinta con la UE y eso se refleja en los distintos procesos que han tenido.

Mientras Turquía lleva cerca de 50 años en pos de su sueño europeo, Croacia y ARY Macedonia son nacientes repúblicas y por ello se entiende que su peregrinar europeo es apenas incipiente. Sin embargo, estas notables diferencias no se hacen tan evidentes a la hora de analizar el camino de la ampliación de la Unión Europea. Puede sonar paradójico –para alguien que no conozca mucho el tema-, pero el sentido común hace pensar que el próximo estado miembro del principal bloque europeo no será Turquía, sino que Croacia. Cuesta entenderlo, pero esa es la realidad del momento.

Es por eso que el informe anual entregado por la Comisión -dirigido al Consejo y el Parlamento Europeo- adquiere gran relevancia, ya que permite establecer, a ciencia cierta, hacia dónde va el asunto de las próximas ampliaciones de la Unión Europea. Primero, en relación a los estados que ya están en las negociaciones de adhesión –Turquía, Croacia y ARY Macedonia- y, segundo, tomando en cuenta los potenciales candidatos como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia, todos pertenecientes a los Balcanes Occidentales.

En este sentido, es importante consignar que el informe anual acerca de la estrategia de ampliación y los desafíos para 2008 – 2009 da cuentas de ciertos aspectos que deben ser resaltados. Algo esencial es poner énfasis en uno de los principales mandatos, según el cual se necesita un consenso para las ampliaciones. Esta orden o recomendación hecha por la Comisión obviamente tiene una directa relación con lo sucedido en el caso de Turquía, país que no cuenta con el apoyo de todos los integrantes de la Unión Europea. Aún más, la Comisión aclara que se deben llevar a cabo ciertas mejoras, dentro de las cuales se incluye la necesidad de “cumplir lo pactado”. Nuevamente, otra alusión al caso turco y la negativa, por ejemplo, de Francia y Alemania al ingreso de Turquía en el seno del bloque europeo. En paralelo, el informe pide “condicionalidad justa y rigurosa”, además de una “mejor comunicación con el público” y la “capacidad de integrar nuevos miembros”. Por último, se pone de manifiesto que el imperio de la ley y el buen gobierno son “esenciales para ingresar a la UE” y que salvo Turquía, Croacia y ARY Macedonia, los “demás estados serán candidatos cuando lo demuestren”.

Turquía o una ampliación que complica

Tras ciertos acontecimientos ocurridos en el último año, el gobierno turco se ha convertido en un activo y relevante participante de la política internacional. Sabiendo que el actuar en las relaciones exteriores es un factor determinante en su entrada a la Unión Europea, Turquía ha recuperado su liderazgo regional. Si anteriormente se le conocía por ser la segunda mayor potencia militar de la OTAN (sólo superada por Estados Unidos), ahora puede jactarse de tener un rol bastante más benigno y alentador.

A diferencia de otros momentos, el gobierno turco ha tomado conciencia de sus responsabilidades como eje de conexión entre Europa y Medio Oriente. Es así que Turquía ha tenido una creciente y relevante participación en el proceso de paz de dicha zona. Trabajando en pos de una reconciliación y un entendimiento entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel, el gobierno turco no ha cesado en sus intentos de mostrarle al mundo que Turquía siempre busca la armonía regional. Por eso su intensa labor en el acercamiento entre Siria e Israel, el cual se ha producido gracias a la mediación del gobierno turco. Pero su política exterior no sólo ha estado destinada a Medio Oriente, ya que Turquía tuvo un relevante rol en el último conflicto entre Georgia y Rusia, originado en Osetia del Sur. Por último, y en algo que puede y debiera traer positivas consecuencias en su proceso de adhesión a la Unión Europea, el presidente de Turquía, Abdullah Gül viajó, en septiembre pasado, a la vecina Armenia. Este hecho no pasó desapercibido, ya que Gül se convirtió en el primer mandatario turco en visitar Armenia, país con el cual Turquía mantiene un antiguo conflicto por el genocidio armenio ocurrido a comienzos de siglo veinte.

Siguiendo con el aspecto internacional, Turquía ha consolidado su importancia estratégica debido a su posición geopolítica, algo que también tiene una directa relación con el tema energético y, en particular, con el proyecto del gasoducto Nabucco, que permitiría a Europa abastecerse de gas, pero sin depender de Rusia.

En definitiva, el activo e inteligente accionar de Turquía en la política exterior le ha significado establecerse como un estado capaz de prevenir y resolver conflictos, lo cual ha fortalecido aún más su robusta imagen de potencia regional. Quizás la única gran deuda sea el tema kurdo, pero es algo que poco a poco comienza a entregar señales positivas. La última de ellas fue la confirmación de la creación de un canal de televisión kurdo que será transmitido por la señal turca.

En cuanto a los aspectos internos, Turquía logró salir adelante de un duro 2008, en el cual hubo tensión política. Claro, porque el Procurador General intentó dejar fuera de acción al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), del cual son militantes el presidente, Abdullah Gül, y el primer ministro, Reccep Tayip Erdogan. Además, el Tribunal Constitucional revocó la medida del libre uso del velo en las universidades, algo que generó disconformidad en el AKP, que siempre recibe acusaciones de no respetar el laicismo. Afortunadamente, el gobierno turco supo manejar bien aquel momento de tensiones y así evitó lo que pudo ser una crisis política y social de peso.

Se han producido avances en la libertad de expresión y, de hecho, se hizo una enmienda al famoso artículo 301º del Código Penal. De todas formas, aún falta mucho camino por andar en lo relativo a este ítem, ya que el ejercicio del periodismo, sólo por dar un ejemplo, sigue siendo una tarea bastante difícil, por las barreras y la censura existentes. También se destacaron los esfuerzos y progresos en los derechos de las comunidades no musulmanas. Por contrapartida, se debe seguir fortaleciendo la institucionalidad democrática, hay que trabajar en los Derechos Humanos y se debe mantener el tranco modernizador del estado. Además, los derechos de la mujer y una mayor reglamentación de los partidos políticos se han convertido en dos puntos que necesitan atención especial.

Finalmente, la economía turca ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica, aunque con un crecimiento a una tasa menor. El sector banquero de Turquía no se ha visto seriamente afectado por la crisis mundial, pero el financiamiento externo de la economía turca aumenta la vulnerabilidad ante los sucesos internacionales. Se ha comprobado que Turquía posee una economía de mercado en los términos expuestos por los Criterios de Copenhague y debería estar en condiciones de competir al interior de la Unión Europea en un mediano plazo.

En conclusión, Turquía sigue mostrando avances e importantes progresos en su objetivo de ingresar a la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de adhesión está lejos de acercarse a la etapa final, ya que sólo ocho de los 35 capítulos han sido abiertos y algunos temas de gran peso siguen sin poder resolverse. Los Derechos Humanos, la libertad de expresión, la resolución de conflictos con países como Chipre y Armenia y la cuestión kurda siguen siendo grandes barreras y por ello parece imposible una adhesión de Turquía en el corto e incluso en el mediano plazo. Eso, sin siquiera contar el rechazo de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel a la integración de Turquía en el bloque europeo.

Ampliación en los Balcanes Occidentales

Tras la independencia de Kosovo, se pensó que esta región podría verse afectada, no sólo en lo geopolítico, sino que también en otros aspectos como, justamente, el proceso de integración en la Unión Europea. Como ya es sabido, Eslovenia es la única república de la Antigua Yugoslavia que ha sido aceptada en la UE. Esto último siempre ha sido un espejo para los demás estados de la zona, quienes ven los positivos efectos que ha generado esta adhesión al pueblo esloveno. Ahora, es cierto que los euroescépticos ponen especial atención a temas como la pérdida de identidad, la falta de una regulación justa en el conflicto balcánico y, ahora último, un nuevo orden tras el surgimiento de Kosovo independiente. Sin embargo, los países de los Balcanes Occidentales mantienen su postura de acercamiento al principal bloque europeo.

De todas formas, el camino se torna cuesta arriba, ya que, según el Informe de la Comisión, todavía existen carencias que hacen imposible un mayor avance en el proceso de adhesión de estados como Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Montenegro y Serbia. La consolidación de las instituciones, la construcción de un verdadero estado y el buen gobierno siguen siendo una deuda de la mayoría de estos países. A ellos se suman las deficiencias en seguridad, estabilidad y prosperidad de los pueblos. Por si fuera poco, el diálogo político debe ser reforzado (especialmente en asuntos étnicos), mientras que los asuntos de vecindad y fronteras deben ser resueltos en su totalidad.

Las políticas sociales y de empleo aún son insuficientes, lo cual se suma a temas económicos como la inflación, el déficit fiscal y el desempleo. También, se debe llevar a cabo un reforzamiento del imperio de la ley, al mismo tiempo que la lucha contra la corrupción y el crimen organizado debe ser erradicado, algo que hasta el momento no se ha podido lograr. Por último, el Informe Anual 2008 de la Comisión estableció que los desafíos macroeconómicos para la región han aumentado, algo que se intensificará durante 2009, debido a la crisis financiera y económica mundial.A continuación, un breve resumen de la situación de los países balcánicos:

Albania

El país ha mostrado ciertos progresos en algunas reformas políticas claves, pero el imperio de la ley y el correcto funcionamiento de la instituciones del estado siguen siendo los principales desafíos. Lo mismo ocurre con la administración y la capacidad de reforzamiento, que todavía no están a la altura de los cánones establecidos por la Unión Europea.

ARY Macedonia

El gobierno macedonio ha mostrado avances en la reforma judicial y policial, pero algo más importante aún es que ha cumplido con los requisitos delineados por el Acuerdo de Estabilidad y Asociación. Sin embargo, la últimas elecciones parlamentarias estuvieron afectadas por irregularidades y violentos incidentes. Además, falta consolidar un diálogo político constructivo y una acción determinada en miras a la implementación total de reformas de acuerdo a los requerimientos de una posible negociación para la adhesión.

Bosnia-Herzegovina

El consenso en reformas prioritarias sigue siendo el principal déficit. También existen problemas en torno al Acuerdo de Paz Dayton-Paris, ya que ciertos elementos constitucionales establecidos por este arreglo han sido puestos en duda por líderes claves. Algunas reformas relacionadas con el proceso de adhesión a la Unión Europea se han estancado.

Croacia

Las negociaciones para la adhesión han entrado en la fase final, lo cual ha permitido demostrar a la región que la posibilidad de ser miembro de la Unión Europea es una realidad, pero que requiere de muchos esfuerzos y, lo principal, del cumplimiento de los requisitos esenciales. Si todo se desarrolla con normalidad, Croacia debiese ingresar al bloque europeo a fines de 2009 o durante el primer semestre de 2010.

Kosovo

22 de los 27 estados miembros de la Unión Europea han reconocido a la república kosovar, lo cual debiese facilitar el accionar de la misión EULEX. Según el Informe Anual 2008 de la Comisión, la situación de Kosovo es «sui generis» y no se puede considerar como un precedente para otras hipotéticas independencias de facto. Otro punto importante tiene que ver con la Constitución Política de Kosovo, ya que según el reporte elaborado por la Comisión, la ley fundamental kosovar está en línea con los estándares europeos. En paralelo, se destaca el trabajo realizado en legislación clave, aunque todavía quedan tareas pendientes como la consolidación de las instituciones estatales, el reforzamiento del imperio de la ley y el diálogo y reconciliación entre las diversas comunidades.

Montenegro

Se han llevado a cabo importantes reformas políticas y la implementación de un acuerdo interino avanza en todos sus aspectos. De todas formas, se necesitan más cambios en la reforma judicial y una mayor fuerza del imperio de la ley. Por último, la capacidad de reforzamiento y la administración deben mejorar.

Serbia

El gobierno serbio ha confirmado su compromiso a cooperar con el Tribunal Criminal Internacional para la Antigua Yugoslavia (ICTY) y esto ha quedado demostrado con el arresto de Radovan Karadzic, uno de los criminales de guerra más buscados y que estaba prófugo desde 1996. Sin embargo, aunque se trata de un gran paso hacia adelante, aún falta mucho por realizar en el tema de los crímenes de guerra y las limpiezas étnicas ocurridas antes y durante la Guerra de la ex-Yugoslavia. Serbia ha mostrado capacidad administrativa para tener progresos en pos de ingresar a la Unión Europea, pero en los últimos años el ritmo de las reformas se estancó. Todavía hace falta una reforma judicial y una mayor lucha contra la corrupción, especialmente en el ámbito de la prevención.

Unión Europea de 28 estados, lo más lógico de aquí al mediano plazo

Tomando en consideración el contexto actual, lo establecido en el Informe Anual 2008 y la evidencia histórica de los procesos de adhesión a la UE, todo hace pensar que salvo Croacia, ninguno de los otros países debería ingresar al bloque europeo, al menos de aquí al 2015.

Nadie tiene una bola de cristal que permita asegurar hechos, pero sí se puede establecer que Croacia, tal cual lo indica el reporte elaborado por la Comisión, está en la fase final de este camino de integración. Por contrapartida, Turquía sigue entrampado entre sus problemas y la reticencia de ciertos estados emblemáticos como Alemania y Francia. Con apenas ocho de los 35 capítulos abiertos, el ritmo de las negociaciones es demasiado lento y, peor aún, nada hace presagiar que esta velocidad vaya a aumentar. En cuanto a la Antigua República Yugoslava de Macedonia, ésta se encuentra recién en las primeras etapas del proceso de adhesión. En este sentido, deberá trabajar bastante, especialmente en lo que respecta a la institucionalidad y seguridad democrática.

Por último, da la impresión que Albania llegará a ser candidato a la ampliación en el corto plazo, pues ha evidenciado importantes avances. Lo mismo para Bosnia-Herzegovina y, en menor medida, Serbia y Montenegro. Casa aparte es el de Kosovo, que recién está intentando consolidarse como estado independiente.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Unión por el Mediterráneo, ¿y ahora qué?

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Unión por el Mediterráneo, ¿y ahora qué?

Fecha 15/09/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace cerca de dos meses se realizó la mediática Cumbre de Paris, cuyo objetivo era darle mayor potencia al proyecto ideado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy.  Ahora, más allá de opiniones y visiones subjetivas, lo importante es intentar dilucidar hacia dónde va la naciente Unión por el Mediterráneo, que todavía no pasa de ser una incipiente iniciativa del mandatario galo.  En este sentido, se hace imperioso analizar, ya sin la euforia post cumbre, la verdadera esencia del ahora denominado “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 15 de septiembre, 2008

Reuters

Reuters

Muchos insisten en que el concepto de hoy y las próximas décadas será la integración.  Local, regional, continental y mundial.  Económica, política y cultural.  Comercial y tecnológica.  Y así, sucesivamente, buscando diversos puntos en los cuales gobiernos de diversos países puedan complementar sus carencias y fortalezas.

Bajo este paradigma –el de la integración regional- el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha comenzado una interminable campaña en pos de obtener el apoyo necesario para llevar a cabo uno de sus grandes proyectos.  Se trata de la Unión por el Mediterráneo, una iniciativa que aun cuando se encuentra en pañales, al menos ya dio sus primeros pasos hace poco más de un mes, momento en el cual 43 jefes de estado y gobierno se reunieron en la capital francesa.  Nadie puede discutir que la organización de la Cumbre de Paris fue un éxito y que el proyecto de Sarkozy ha comenzado en buen pie.  Sin embargo, es importante navegar por aguas más profundas e iniciar un análisis objetivo y exhaustivo, para así tomar una radiografía perfecta al “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

En este sentido, la gran relevancia de la Cumbre de Paris fue que permitió establecer tres cosas.  Primero, que tras esta reunión se llegó a resultados concretos (pocos, pero no por eso dejan de ser reales).  Segundo, este evento permitió que se dieran a conocer, directa o indirectamente, hechos puntuales y coyunturas de gran relevancia, no sólo para este proceso, sino que también para otros.  Tercero y final, el encuentro realizado en la capital francesa sirvió para develar una serie de dudas y para dar cuenta de ciertas proyecciones a futuro.

De lo poco, ¿bueno?

Tras el término de la Cumbre de Paris se elaboró una declaración final en la cual se establecían conclusiones y, lo principal, las principales decisiones adoptadas en consenso.  Al respecto, era importante saber cuáles serían los acuerdos obtenidos, especialmente en temas o áreas que de por sí son conflictivas o, por decirlo de otra forma, causan divisiones o visiones diferentes.

Uno de estos asuntos era, lógicamente, el Proceso de Paz en Medio Oriente.  En este sentido no extraña que la declaración final se retrasara, justamente, por la reticencia de los países árabes, que buscaban imponer sus términos en torno a la conformación de este proyecto mediterráneo.  Dichos estados querían que la Liga Árabe pudiese tener un rol activo en este proceso, cosa que no causaba gran alegría entre los europeos.  Sin embargo, finalmente se acordó incluir a este organismo como observador, pero no se incluyó en la declaración final un reconocimiento expreso sobre el estado palestino.

Otro punto polémico tenía que ver con el movimiento de personas, algo que, por ejemplo, causa grandes dudas en el gobierno argelino liderado por su presidente, Abdelaziz Boutlefika.  Sobre este asunto no se llegó a acuerdos y eso, justamente, una piedra de tope, ya que antes del inicio de esta cumbre Argelia ya había expresado ciertos temores.

Ahora, más allá del tema del traslado humano y de las disputas entre árabes e israelíes, se lograron ciertos avances, que permitieron elaborar proyectos concretos y resoluciones definitivas.

Lo más relevante lo constituye la conformación, poco a poco, de toda la estructura de este Proceso de Barcelona renovado.  Para empezar, se decidió darle un nuevo bautizo a este proyecto, que ahora será conocido como “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Esto último tiene que ver con el hecho que al gobierno español no le agradaba mucho la idea de una Unión por el Mediterráneo, mientras que a Francia no le interesaba mucho mantener el nombre de un proyecto que, según Nicolas Sarkozy y el mismo Hosni Mubarak, había fallado y que era necesario actualizarlo y mejorarlo.  Debido a esta pequeña lucha se optó por una decisión salomónica, que aunque no era el del absoluto agrado, al menos dejaba a ambas partes conformes.  La diplomacia utilizada en este ámbito fue demasiado fina, lo que llevó al mandatario galo a decir que “no se trata de borrar el Proceso de Barcelona, sino que de complementarlo”.

Si bien la nomenclatura es importante, lo relevante es ver cuáles fueron, efectivamente, las medidas concretas que se adoptaron tras la Cumbre de Paris.  En este sentido, se estableció que este proyecto funcionará con una copresidencia, una de la ribera norte y otra del sur.  Quienes debutaron con este nombramiento fueron los presidentes de Francia y Egipto, Nicolas Sarkozy y Hosni Mubarak, respectivamente.  Además, se realizará una reunión anual de ministros de Relaciones Exteriores y cada dos años tendrá lugar una cumbre del bloque.  También, se dio origen a la secretaría, pero quedó en suspenso la elección de la sede de aquella institución.  Al respecto, este asunto se zanjará en la próxima reunión de ministros, a realizarse en noviembre próximo, en la ciudad portuguesa de Lisboa.  Las candidaturas ya han sido presentadas –en forma formal o informal- y se trata de cinco países. Barcelona (España), Rabat (Marruecos), Ciudad de Túnez (Túnez) y Malta se disputarán este honor y, por ejemplo, el mismo día de la cumbre el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo el anuncio respecto a la postulación de Barcelona como sede de la secretaría.  Finalmente, el secretariado será la institución encargada del financiamiento y de supervisar la ejecución de los diversos proyectos elaborados.

Párrafo aparte para las iniciativas a las cuales se comprometieron los asistentes a la Cumbre de Paris.  Se trata de seis ideas que serán puestas en marcha lo antes posible.  Los proyectos son los siguientes:

  • Descontaminación del Mediterráneo
  • Autopistas del mar y construcción de infraestructura terrestre en la ribera sur
  • Plan de energía solar
  • Programa de protección civil
  • Universidad euromeditarránea, con sede en Eslovenia
  • Apoyo al desarrollo de las empresas

De esta forma, se dieron los primeros pasos en pos de darle una estructura sólida a este proceso, aunque, objetivamente, aún falta mucho por delante.  Por ejemplo, cabe preguntarse de dónde se sacarán los fondos económicos.  Ya se sabe que el Banco Europeo de Inversión (BEI) será una de las instituciones que colaborará en forma estrecha con la puesta en marcha de este proyecto, pero quedan dudas respecto a cuánto podrá ayudar, ya que desde 2002 a la fecha el BEI ha invertido siete millones de euros en el Mediterráneo.

De momento, no queda más que observar si las primeras piedras que se han puesto en este camino serán suficientes para ir construyendo una sólida base, que, a su vez, permita la consolidación del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Lo que demuestra la Cumbre de Paris

Teniendo en claro cuáles fueron os avances en concreto de la Cumbre de Paris, es importante dar cuenta de algo que incluso puede ser más importante que aquellos logros obtenido en el encuentro realizado en la capital francesa.  Se trata de navegar en profundidades y develar tendencias que superficialmente son imposibles de ser reconocidas.

Problemas de cohesión

Lo primero es decir que parece imposible soslayar los serios problemas de cohesión que posee el proyecto ideado por el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.  Si intentar olvidar lo difícil que es intentar unir a 43 gobiernos en un solo bloque, aún más complicado es disfrazar u ocultar las grandes falencias de este proyecto, especialmente si se trata de implantar la cohesión necesaria para darle éxito a esta iniciativa.  Al respecto, los diversos actores involucrados en el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” presentan evidentes señales de fisuras internas.

En Europa, no todos ven con los mismos ojos el proyecto mediterráneo.  Para empezar, no se puede olvidar que el plan original de Sarkozy tuvo que ser modificado, para así lograr el apoyo de Alemania y muchos otros países europeos.  Ahora, el hecho de haber incluido a la Unión Europea en este proyecto no significa que no exista un cisma al interior de este bloque.  De hecho, existe un importante grado de reticencia por parte de algunos mandatarios europeos.  Además, las directrices políticas de los estados son bastante disímiles y, por ejemplo, no se pueden comparar las posturas de José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolas Sarkozy.  Mientras el primero ha trabajado arduamente por una mayor y mejor comunicación y cooperación con el Magreb y, particularmente, con Marruecos, el segundo ha generado leyes cuyo objetivo es endurecer el sistema de migraciones.  Siguiendo con este punto, la nueva ley de inmigración de la Unión Europea mostró las evidentes diferencias entre los miembros del bloque.  Aún más, el hecho que el Consejo de Europa la haya rechazado demuestra que mientras algunos buscan un trato digno para los inmigrantes, otros, simplemente, no quieren saber más de este asunto.  Es por eso que es necesario reflexionar acerca de cuán factible es juntar a los 27 estados miembros de la Unión Europea en un proyecto que los uniría con los que, para algunos, se trataría de países con una población amenazadora.

Ahora, la Unión Europea no es el único bloque que presenta problemas de cohesión.  En este sentido, es importante destacar la división existente al interior de la Unión del Magreb Árabe (UMA).  Mientras Marruecos y Túnez ven con buenos ojos el proyecto mediterráneo, Argelia y Libia tienen muchas dudas respecto a esta iniciativa y, de hecho, para el líder libio, Muammar al Ghadaffi, el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” es sinónimo de problemas, división y amenazas para el mundo árabe y africano.  En resumen, se podría decir que existen tres posturas entre los miembros de la UMA.  La oposición extrema liderada por Libia, la tibia reticencia de Argelia y el apoyo incondicional de Túnez y Marruecos.  Mauritania aparece un tanto aislada y seguramente seguirá así, ya que tiene asuntos mucho más importantes a los cuales dedicarse como, por ejemplo, el golpe de estado realizado por los militares hace cerca de un mes.  Sin embargo, más allá de todas estas diferencias, lo concreto es que el Magreb dio señales evidentes respecto a que ellos desean un rol principal en este proyecto y que no se repita la tendencia histórica de los países europeos, que, generalmente, terminan controlando el desarrollo de los procesos.

Conflictos persistentes

Otra conclusión, bastante palpable, es la continuidad de ciertos choques o focos conflictivos.  Algunos con mayor intensidad, otros sin tanto eco, pero siempre impidiendo un equilibrio en las relaciones entre países, bloques o regiones.  Al interior del Magreb, Argelia y Marruecos aún mantienen tensos vínculos, debido a diferencias en ciertas políticas y, particularmente, por el asunto del Sahara Occidental.    Cerca de ahí, en Mauritania, un golpe de estado realizado hace cerca de un mes ha puesto en jaque el proceso de incipiente democratización de aquel país y amenaza con transformarse en tierra pantanosa, algo que favorecería el accionar de células terroristas.  Esto último ya es un problema bastante serio en Argelia.

En Medio Oriente, las evidentes y lógicas diferencias entre los estados árabes e Israel han quedado expuestas ante los ojos de todos los asistentes de la Cumbre de Paris.  En algo que era obvio y que se mantendrá durante muchos años más, el gobierno israelí aún no ha podido solucionar sus conflictos con Palestina, Siria y Líbano.  En la medida que esta situación se mantenga en el tiempo parece imposible que se pueda aglutinar en un solo bloque a árabes a israelíes.  Si bien es cierto que se han realizado esfuerzos para llegar a acuerdos, todavía no hay grandes hechos concretos que permitan vislumbrar una salida positiva.  Tanto así, que la firma y lectura de la Declaración de la Cumbre de Paris se retrasó ante las exigencias de los países árabes respecto a la cuestión palestino-israelí.

En pleno mar Mediterráneo, otros dos conflictos siguen con vida.  Se trata de la división de Chipre y la lucha por recursos petrolíferos entre Libia, Malta y Argelia.  El primero de ellos ha sido un verdadero dolor de cabeza para Turquía, que en este asunto ha encontrado una barrera para su proceso de adhesión a la Unión Europea.  En cuanto al segundo problema, es una situación que sin ser grave, ni categórica, sí causa cierto temor, ya que estas viejas disputas impiden un mayor entendimiento y desarrollo económico de la región.

Por último, el accionar de la Unión Europea en el conflicto árabe-israelí deja en claro, que aquel bloque desea una paz que sea beneficiosa para sus intereses.  Por eso, hasta el momento, la postura del bloque europeo ha sido bastante ambigua y poco definida.  Son capaces de establecer sanciones económicas para los territorios palestinos y, al mismo tiempo, de elaborar un discurso conciliador, pero muchas veces omiten las matanzas realizadas por las ofensivas israelíes al interior de las fronteras palestinas.  Además, con la llegada de Nicolas Sarkozy al poder en Francia y con una cada vez mayor actitud recelosa hacia los árabes y musulmanes, da la impresión que Europa comienza a tomar una postura más favorable a Israel.

No todos están con este proyecto

Uno de los aspectos más fundamentales y evidentes ha sido el hecho que este proceso ha generado diversas posturas y velocidades.  Mientras algunos gobiernos se han convertido en bastiones de este proyecto, otros sólo se limitan a seguir a la masa.  En paralelo, algunos estados han dejando en claro que tienen dudas respecto al funcionamiento y/o la utilidad de esta iniciativa y, finalmente, aparecen los escépticos.

Esta situación, en honor a la objetividad, no debiera sorprender, ya que es evidente que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, no tiene el mismo nivel de relaciones con todos los jefes de estado y/o gobierno involucrados en este proyecto.  Además, su discurso pro-israelí genera ciertas dudas en los estados árabes, especialmente en aquellos donde la relación con Francia nunca ha sido fluida, como es el caso de Argelia.

Ahora, cabe preguntarse quiénes son los “mediterránescépticos” o, más simple, contrarios al nuevo cariz que adoptó el Proceso de Barcelona.  El primero en aparecer es el líder libio Muammar al Gaddafi, que en todo momento ha dejado en claro que ni él, ni su gobierno se prestarán para una iniciativa como esta.  De hecho, el pasado 10 de junio –casi un mes antes de la realización de la Cumbre de Paris- Gaddafi se reunió con los presidente de Argelia, Mauritania, Siria y Túnez y con el primer ministro de Marruecos.  En aquella ocasión, el coronel Gaddafi dio a entender su postura y analizó, junto a los otros representantes de naciones árabes el proyecto propuesto por Nicolas Sarkozy.  Tras considerar como una afrenta este proceso, el líder libio se despachó frases como “nosotros no somos hambrientos, ni perros para que nos echen huesos” o “nos toman por idiotas.  Nosotros no pertenecemos a Bruselas.  Nuestra Liga Árabe está en El Cairo y nuestra Unión Africana en Addis Abeba”.

En todo caso, más allá de estas expresiones, que puedan parecer mediáticas o de simple perogrullo, hay algo que dijo Gaddafi y que es, finalmente, el principal acontecimiento que molesta, específicamente, a los países árabes y magrebíes (africanos).  Claro, porque Gaddafi declaró que “la Unión Europea persigue su cohesión y por eso ha rechazado el proyecto inicial del presidente francés.  Claramente no querían una división al interior del bloque”.  En este sentido, es importante analizar con mayor profundidad esta frase, porque tiene mucho de cierto.  Nadie podría juzgar a la Unión Europea por preocuparse de su unidad y, de hecho, aquello es algo positivo.  Sin embargo, alguien podría preguntarse por qué los europeos propulsan y apoyan un proyecto que si bien ya no produciría divisiones internas en su bloque, sí podría generarlas en el contexto, árabe, africano y magrebí.  De esta forma, se entiende la molestia de ciertos líderes como Gaddafi, Bouteflika o Al Assad, quienes ven un doble stándard por parte de la Unión Europea.  En pocas palabras, se trata de saber por qué ellos hablan de la unidad, si al final sólo les interesa mantener su cohesión y no la de los otros bloques involucrados en este proyecto.

Ahora, directamente relacionado con esta situación, se puede establecer la existencia de un “club de los rebeldes”.  A la cabeza de este grupo está, era que no, Muammar al Ghaddafi, apoyado por los presidentes de Argelia y Siria, Abdelaziz Boutlefika y Bashar Al Assad, respectivamente.  Ahora, estos tres gobiernos no están solos en su cruzada, ya que reciben el apoyo de otros estados como Mauritania y Turquía.  En el caso mauritano, las cosas cambiaron mucho desde que se produjo el golpe de estado militar, asi que el asunto mediterráneo ha pasado a un segundo o tercer plano de relevancia.  En cuanto a los turcos,  existe mucho recelo respecto a este proyecto, ya que se piensa que podría una maniobra cuyo fin fuese dejar, definitivamente, fuera de la Unión Europea a Turquía.  Además, existen severas dudas respecto al carácter mediterráneo de este país, ya que si bien tiene costas en este mar, sus relaciones políticas, económicas y sociales están orientadas, en muchos casos, hacia otras regiones como Asia Central, el mundo musulmán, los estados turcomanos y, últimamente, África.

Por último, no se puede dejar de mencionar que al Mashrek no le interesa esta iniciativa y parece estar mucho más enfocado en solucionar los problemas existentes en Medio Oriente y seguir puliendo un bloque en el Golfo.

Avances en relaciones entre países

Un aspecto positivo de la Cumbre Euromediterránea de Paris es el hecho que esta reunión sirvió para que produjeran necesarios e imprescindibles acercamientos entre estados que no poseen buenos nexos entre sí.  Es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre entre Francia y Siria, Libia y Siria e Israel y Líbano.  Las relaciones entre dichos países han tenido serios inconvenientes en los últimos años y es por eso que un aproximamiento a nivel gubernamental se consideraba esencial para mantener con vida las esperanzas de un cierto éxito para este proceso que recién comienza.

Al respecto, quizás en este ámbito se establecieron los hechos concretos más relevantes y cuyo alcance va mucho más allá del espacio mediterráneo e involucra, directamente, al conflicto árabe-israelí y a todo lo que acontece en Medio Oriente.  Lo de Francia y Siria es muy positivo, ya que ambos países mantenían bloqueadas sus relaciones desde 2005, año del asesinato del entonces primer ministro libanés Rafik Hariri.  Igual de esperanzador ha sido el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Siria y Líbano, algo inédito desde que ambos países lograran su independencia en 1943.  Si bien este hecho se produjo el 13 de agosto, un mes antes, en Paris, ambos gobiernos ya habían anunciado que estaban en serias negociaciones para iniciar el camino diplomático entre los dos países.  Por último, y aunque sólo fueron declaraciones, no se puede dejar de mencionar que el presidente sirio, Bashar Al-Assad, y el primer ministro israelí, Ehud Olmert, dejaron abierta la opción a un diálogo, algo que ya ha comenzado desde hace un tiempo gracias a la mediación de Turquía.

Reinserción de Egipto en el contexto mediterráneo

Si bien siempre se ha dicho que Egipto es uno de los países más importantes dentro del contexto africano, árabe, musulmán y mediterráneo, las relaciones que aquel estado mantiene con gobiernos europeos ha sido un tema de gran relevancia.  A sabiendas de las buenas conexiones existentes entre Egipto y Estados Unidos, era necesario establecer lo mismo, pero con la Unión Europea.  Ahora, hasta el momento no se puede decir que egipcios y europeos gozan de una gran relación, pero al menos se le está empezando a dar mayor poder e importancia al gobierno egipcio en el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

No es coincidencia que la primera copresidencia de este bloque haya quedado en manos, justamente, de Francia y Egipto.  En este sentido, hay que destacar la figura de Hosni Mubarak, un líder que, como ya se ha hecho costumbre, sirve para demostrar el doble discurso de los europeos.  Claro, porque al igual que en otras naciones árabes y/o musulmanas, la Unión Europea apoya a un presidente que claramente ha caído en violaciones a los derechos civiles de su población.  Sin embargo, Europa parece preferir esta situación en la medida que se mantenga un gobierno laico en Egipto u otros estados árabes.  Es por esto que surge la pregunta, ¿realmente existe una conciencia democrática?, ¿o sólo se trata de buscar los beneficios personales?  Da la impresión que se trata de lo segundo y por eso, aunque suene majadero, no es una mera casualidad ver a Egipto teniendo un rol protagónico.

Finalmente, cabe consignar que cuando se inició el Proceso de Barcelona original, muy pocos estados árabes estaban con esta iniciativa.  Hoy, la situación ha cambiado y ahora el único que no está es Libia.  Por eso, nuevamente aparece como fundamental el rol que pueda cumplir Egipto en la primera copresidencia correspondiente a la ribera sur del Mediterráneo.  ¿Será capaz Hosni Mubarak de torcer la mano de Muammar al Gaddafi?, ¿logrará seguir frenando las revoluciones religiosas y sociales que amenazan con explotar en países como Argelia y Líbano?, ¿podrá el gobierno egipcio establecer nexos con una Mauritania bajo el poder de los militares?  Estos y muchos otros serán los desafíos que tendrá Egipto.  Y siempre bajo la firme observación de Europa.

Conclusiones y proyecciones

Entendiendo la etapa previa a la Cumbre de Paris, el desarrollo de la reunión y el paso de los meses, se pueden elaborar un comentario u observación final.  Si bien el nuevo formato del original Proceso de Barcelona ha demostrado mayor acción y presencia -básicamente gracias a la campaña del presidente francés Nicolas Sarkozy-, nada hace presagiar que esta iniciativa está encaminada al éxito.  En paralelo, tampoco se puede decir que es la crónica de una muerte anunciada.  Sin embargo, existen evidentes señales que sugieren prudencia a la hora de pensar en un futuro positivo para el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

Claro, ya se realizó una primera reunión con 43 jefes de gobierno y/o estado, pero aquello aún no es suficiente para sentir que la base de este proyecto es sólida y con una importante garantía de permanencia en el tiempo.  Alguien dirá que ya cuenta con una secretaría, con una copresidencia y con seis proyectos de alto vuelo.  Empero, hay que hacer un cuestionamiento lógico respecto a cómo concretar las iniciativas y los planes ideados en la Cumbre de Paris.  Por ejemplo, preguntarse de dónde vendrán los recursos económicos o qué sienten los pueblos de los 43 estados involucrados en esta unión mediterránea.  ¿Realmente existirá un apoyo por parte de las masas en cada uno de los países involucrados?, ¿podrá aportar la Unión Europea con dinero si ya tiene hecho su presupuesto hasta 2013?, ¿será capaz el Banco Europeo de Inversión de soportar todo el costo económico?, ¿estará dispuesto a hacerlo?

Otro asunto muy importante es saber si aquellos proyectos de infraestructura en la zona costera magrebí tendrán un alto impacto en el ecosistema de la región.  Se debe realizar un estudio profundo, que permita estar seguro que lo que se construirá sólo traerá beneficios y no turbulencias para los estados involucrados.  En países como Argelia, Egipto y Túnez un estallido social podría agudizar más la inestabilidad política de sus gobiernos y aquello traería nefastas consecuencias para Europa.  El riesgo de enfrentamientos ideológicos es demasiado grande y un error en la concepción de los proyectos euromediterráneos podría, en vez de aunar posturas, agudizar las divisiones ya existentes entre la ribera sur y norte.

En este sentido, cabe preguntarse qué sucederá con los diversos bloques regionales que de una u otra forma tienen nexos con el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Por ejemplo, ¿será capaz la Unión Europea de sobrellevar su división interna?, ¿afectará esto al equilibrio europeo?

Misma pregunta debe hacerse respecto a la Unión por el Magreb Árabe (UMA), un organismo que está prácticamente paralizado desde hace cerca de 15 años.  Es por esto que el cuestionamiento apunta a la nueva realidad de la UMA, que deberá definir, en conjunto, qué importancia le darán a la unión mediterránea recientemente planteada.  Será interesante ver cómo dialogan entre sí Argelia y Marruecos, líderes de la región, pero que aún mantienen una disputa por el Sahara Occidental.  Hay que ver cómo lo hacen estos países para convivir en un proyecto euromediterráneo tomando en cuenta que ya arrastran difíciles relaciones con sus vecinos.  Aparte, ¿qué ocurrirá con la UMA?, ¿se debilitará o fortalecerá en caso que el “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo” sea un éxito o fracaso?

Tampoco se puede soslayar lo expresado por Muammar al Gaddafi y que fue respaldado, implícitamente, por el presidente senegalés Abdoulaye Wade.  El asunto tiene que ver con la principal advertencia hecha por el líder libio, quien asegura que este proyecto podría generar divisiones al interior del mundo africano y árabe.  Es así que Wade fue bastante claro, al decir que “la idea de una Unión por el Mediterráneo, si se realiza, permitirá a África del Norte arrimarse a Europa, pero será una barrera que aislará a África del Sur del Sahara.  De eso, los africanos deben estar muy conscientes”.

Los conflictos regionales son otro factor a tomar en cuenta y que permite no ser tan optimista respecto al devenir del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  Claro, porque en los alrededores y en la misma cuenca mediterránea, una serie de problemas y litigios fronterizos deben convivir, obligatoriamente.  Existen focos conflictivos de gran preocupación y que pueden influir en las relaciones entre los estados involucrados y, por ende, al interior de esta nueva unión mediterránea.  Sólo basta recordar el conflicto palestino-israelí, el proceso de paz en Medio Oriente, la crisis interna del Líbano, la división de la isla de Chipre, las disputas por yacimientos petrolíferos entre Malta y Argelia y, por supuesto, la rebeldía de Libia y la reticencia de Turquía.  Todo eso, sin siquiera contar el conflicto del Sahara, el eterno problema de la inmigración clandestina e ilegal y, relacionado con esto último, las consecuencias de la última ley de inmigración aprobada por la Unión Europea.

Todo eso hace ver que la realidad empírica demuestra una mayor probabilidad o tendencia hacia la división, más que a la unión.  Ese será, entonces, el verdadero desafío del naciente “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

 

 

 

 

 

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Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo, ¿un capricho condenado al fracaso?

Fecha 11/07/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Dentro de las próximas horas se realizará la esperada Cumbre Euromediterranea de Paris, una de las obsesiones del presidente francés Nicolas Sarkozy.  Tras un arduo trabajo diplomático, giras por Medio Oriente y el Norte de África, finalmente se llevará a cabo este encuentro y, para felicidad del mandatario galo, contará con la mayoría, si es que no todos, sus invitados.  El único ausente será el líder libio Muammar Al Gaddafi, quien no está de acuerdo con este proyecto.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 11 de julio, 2008

union_for_the_mediterraneanLos 43 estados que tomarán parte en este evento tendrán mucho por hablar.  Quizás demasiado y, justamente, ese es uno de los principales problemas de este encuentro.  Al ver que un hombre piensa reunir tal cantidad de países en pos de un mismo camino, las proyecciones no pueden ser muy optimistas.  No se trata de ser alarmista, pero emprender una misión así es demasiado difícil y, especialmente, tomando en consideración a quienes integrarían este nuevo “barrio” o espacio común.

Ya no se trata de aunar naciones con una religión común o con un pasado cultural similar.   Tampoco son gobiernos que tengan excelentes relaciones y, en el caso de algunos, que ni siquiera han entrado en mayor profundidad con algunos de los estados reunidos bajo el amparo de la Unión por el Mediterráneo.  Peor aún, existen grandes diferencias económicas, políticas y sociales entre muchos de los países en cuestión y, finalmente, una serie de conflictos aún permanecen sin solución.  Por eso, pensar en que una unión como la que plantea el presidente francés, Nicolas Sarkozy, parece, al menos de momento, muy poco viable.  Al menos en el corto y mediano plazo.

Un ejemplo sirve para consolidar lo anteriormente expresado.  Si la Unión Europea, quizás el  bloque regional más avanzado del mundo, ha tenido que enfrentar serias crisis internas ante ciertas coyunturas (Ej.- el “No” de Irlanda, Holanda y Francia a ciertos referéndums, los problemas de políticas inmigratorias y los dolores de cabeza provocados por Polonia), cabe preguntarse qué ocurriría con la famosa Unión por el Mediterráneo.  Mientras el bloque europeo cuenta con 27 miembros, el nuevo grupo mediterráneo llegaría a 43 estados.  Además, lo curioso es que se habla de una “Unión por el Mediterráneo”, pero más de la mitad de las naciones que son parte de este conglomerado están más cerca del Mar del Norte, el Mar Báltico o incluso del Polo Norte.  Y esto último no es un capricho, sino que busca demostrar la verdadera realidad de un grupo de estados que no son homogéneos y que, dadas sus condiciones específicas –sociales, políticas y económicas- hacen bastante inviable este proyecto.

Puede ser que la voluntad de crear un ente nuevo, capaz de ir solucionando los problemas que afectan al Mar Mediterráneo sea un buen motivo para creer en esta cruzada quijotesca, pero eso no es suficiente para que la Unión por el Mediterráneo llegue a consolidarse y a funcionar tal cual Nicolas Sarkozy lo quiere.  De momento, y esa es la impresión que queda, es que al igual que otros bloques poco estudiados, improvisados y carentes de una sólida base, aquí ocurrirá lo mismo, es decir, seguramente se avanzará en un principio, pero luego todo debiera entramparse en pantanos políticos.

Algunos motivos para el escepticismo

Una visión general de lo que ha sido el Proceso de Barcelona, desde sus inicios, en 1995, hasta lo que es hoy, permite elaborar ciertas proyecciones.  La primera, y que parece demasiado lógica, es el hecho de ver cómo se ha desvirtuado un proyecto que tal cual estaba originalmente planteado era muy interesante.  Sólo los estados con costas en el Mediterráneo serían parte de lo que sería aquella unión.   Sin embargo, aparecieron las voces discordantes en Europa, diciendo que este tipo de asociaciones podrían ir en contra del espíritu de la Unión Europea.  Este fue, justamente, uno de los motivos que introdujo Angela Merkel y, de hecho, gracias a este argumento logró que se incluyera a todos los estados miembros del bloque europeo.  Ahora, lo que llama la atención es que una persona tan interesada en mantener la unión de una región, no haga lo mismo con sus vecinos de al frente, es decir, africanos y árabes.  Es el doble standard que tanto molesta y que, realmente, es lo que provoca tantos roces entre unos y otros.

No tiene sentido analizar en profundidad cada una de las aristas “negativas” que tiene este proyecto, ya que aquello sería muy largo y daría para una serie y profunda investigación.  En este sentido, lo que sí se puede hacer es revisar, someramente, algunos de los principales motivos que hacen dudar del éxito que pueda tener la Unión por el Mediterráneo.  Argumentos políticos, económicos y sociales.  Esa es la base de la desconfianza.

Lo primero es dejar en claro que no hay una postura única entre los diversos implicados en este asunto.  Al interior de la Unión Europea, no hay voces que vayan en contra de la corriente, pero ciertamente hay distintas velocidades, interpretaciones y expectativas en torno al Proceso de Barcelona.  Mientras la Francia “sarkozista” ha asumido un notable liderazgo y se ha movido para que este proyecto pueda dar sus primeros casos, otros países europeos no tienen la misma actitud.  Alemania, España e Italia mira con ciertas precauciones todo este suceso y da la impresión que tienen severas dudas respecto a si esto funcionará.  Otros miembros de la Unión Europea no están muy entusiasmados y sólo se preocupan de estar informados, lo cual es lógico, ya que, por ejemplo, es entendible que a los países bálticos les interesa más formar una alianza entre sí y con sus vecinos de la ex órbita soviética.  Finamente, también hay naciones, como Grecia, que se han convertido en fieles apoyos, aunque siempre desde un segundo plano.

Ahora, esta carencia de una mirada común es algo que también ocurre en los demás estados no europeos que forman parte del “Proceso de Barcelona: Unión por el Mediterráneo”.  En el norte de África, Argelia y Libia han dado muestras de no estar muy conformes con este proyecto y, tanto así, que el mandatario libio, Muammar Al Gaddafi, ha boicoteado la cumbre de Paris y ha dicho que él no está para que nuevamente los europeos vengan a pisotearlos.  No lo ha dicho con esas palabras, pero con el mensaje que entrega está claro que eso es lo que piensa.  Gaddafi incluso realizó un pequeño encuentro junto a otros líderes árabes, en junio pasado, en el cual dio a entender su postura y las dudas que tenía respecto al proyecto impulsado por Nicolas Sarkozy y avalado por los 27 estados miembros de la Unión Europea.  Los temores del coronel libio hacen referencia a una posible división al interior del mundo árabe y africano.  De hecho, le dijo a los representantes europeos que no se negocia, ni se dialoga con algunos países específicos, sino que con todos y que para eso están la Unión Africana y la Liga Árabe.  Finalmente, Gadaffi definió a este proceso como un “campo minado” y que en cualquier minuto puede estallar.

Pero él no es el único con aprensiones, ya que la mayoría de los estados magrebíes piensan que a la hora de establecer nexos y relaciones económicas los europeos van a intentar imponer sus términos, algo que no les gusta y que, de hecho, les ha ocurrido en el pasado.  Por eso, existen voces de discordia entre los países agrupados en la Unión del Magreb Árabe.  De ellos, son Argelia y Libia quienes muestran una mayor distancia respecto a una posible Unión del Mediterráneo.  Marruecos y Túnez, por el contrario, han manifestado su intención de colaborar con la creación de este proyecto, aunque siempre dejando en claro que no aceptarán ser socios de segunda categoría.

Respecto a los estados árabes, africanos y del Medio Oriente, el principal motivo que genera desconfianza es la idea de tener en un mismo bloque a Israel y otras naciones que todavía tienen problemas con dicho país. Y no son pocos, ya que Siria, Líbano, Autoridad Palestina, Libia y Argelia no tienen grandes relaciones con el gobierno israelí.  Incluso, anteriores aliados, como Mauritania, se han alejado un tanto.  Sólo Jordania y Egipto mantienen relaciones diplomáticas con Israel, a lo cual se suma una buena comunicación con las autoridades marroquíes.  Quizás, el único punto positivo sean los acercamientos entre Siria e Israel, bajo la mediación de Turquía.  Ahora, más allá de los problemas específicos que puedan tener países determinados, cabe preguntarse cómo se puede pensar incluir árabes e israelíes en una misma unión, si todavía no han solucionado muchos de sus conflictos.  Aún están presentes en la memoria árabe la invasión al Líbano, los altos del Golán y la creación del estado palestino como una nación reconocida legalmente en todo el mundo.  Por eso, pensar en una Unión del Mediterráneo con estos complejos escenarios aún sin resolver, no sólo parece inoportuno y desatinado, sino que también falto de respeto.  Antes de intentar crear nexos sólidos, lo primero es generar una base real de confianza y eso, claro está, no existe.

Además, por si fuera poco, las relaciones al interior de los diversos bloques regionales no son perfectas. La Unión Europea pasa por una nueva crisis tras el “No” de Irlanda al Tratado de Lisboa, la Unión del Magreb Árabe nunca ha podido consolidarse con una voz única y representativa de sus integrantes.  El conflicto del Sahara sigue dividiendo a marroquíes y argelinos y no da señales de pronta solución.  En Medio Oriente, los países árabes no están tan unidos, algo que no es novedad.  Siria y Egipto no poseen grandes relaciones;  Israel genera conflictos con Siria y Palestina; y, finalmente, no existe una entidad que agrupe a todos los estados de la región.  Lógico, porque mientras no se solucione el problema palestino aquello no podrá llevarse a cabo.

Estos hechos hacen pensar que quizás sería más lógico esperar que estas zonas logren unirse y cohesionarse como bloque, para, una vez que esto se lleve a cabo, intentar una unión de uniones.  Si el Magreb tiene una sola voz y lo mismo ocurriese con Medio Oriente, las reuniones y el diálogo con la Unión Europea serían mucho más fluidas y fáciles.  Lamentablemente, la realidad de hoy muestra falta de comprensión, pocos puntos de encuentro y muchos problemas aún por resolver.

Y hablando de coyunturas conflictivas, es necesario recordar algunas que, desafortunadamente, tienen mucho peso y relevancia.  Al mencionado problema árabe-israelí y a la cuestión palestino-israelí, hay que sumar el auge del terrorismo en el Magreb y, específicamente, en Argelia.  El asunto es que la mayoría de los blancos terroristas tienen como objetivo a los europeos o a representantes del gobierno argelino, que buscan una apertura y una menor influencia del Islam en la vida política.  Así las cosas, resulta difícil imaginar al pueblo de Argelia aceptando una unión con sus vecinos europeos, que, lamentablemente, para muchos argelinos no son más que rivales.  El Mar Mediterráneo también es escenario de enfrentamientos, ya que el asunto de la división de Chipre entre los greco y turcochipriotas es un problema de mucha profundidad y que incluso ha sido un obstáculo para el proceso de adhesión de Turquía a la Unión Europea.  Al respecto, nuevamente llama la atención que al gobierno turco le pongan como condición de entrada que normalice sus relaciones con Chipre, pero, curiosamente, para una Unión por el Mediterráneo, aquello no es un obstáculo.  Otra vez el doble estándar.  Finalmente, otro gran conflicto tiene que ver con las disputas por el petróleo, algo que involucra a Malta, Libia y Argelia, que no cesan en su disputa por yacimientos petrolíferos ubicados en la cuenca mediterránea.

Turquía es otro de los puntos fuertes dentro de los argumentos que permiten vislumbrar un futuro no muy promisorio para la Unión por el Mediterráneo.  Esto, porque Nicolas Sarkozy ha mencionado, en varias oportunidades, que no quiere a Turquía adentro de la Unión Europea, pero que a cambio les ofrece este proyecto mediterráneo.  Obviamente, esto es algo que no sólo molesta, sino que provoca un profundo sentimiento de traición por parte del gobierno turco, que ha realizado importantes avances en pos de obtener el anhelado ingreso a la Unión Europea.  Turquía ya ha dado muestras de su evidente prudencia y distanciamiento respecto al Proceso de Barcelona, tal cual se ha ido modificando con el paso del tiempo.  Los representantes del gobierno turco han dejado en claro que jamás serán integrantes si eso les significara no poder ser miembro pleno del bloque europeo.  Por eso, y como reflexión final, es necesario cuestionarse hasta qué punto se puede confiar en el “amigo” Sarkozy, que es capaz de acercarse a todos los árabes, africanos y turcos, pero no desde tan cerca.  Puede buscar puntos de encuentro, pero lejos de su casa, que es la Unión Europea.

En cuanto a la inmigración, es un tema que también puede traer muchas discusiones, especialmente tras la última y polémica medida adoptada por la Unión Europea, que permite, entre otras cosas, retener por hasta 18 meses a los inmigrantes ilegales antes de enviarlos de vuelta a sus países.  El punto es muy claro, ya que las políticas de inmigración y desarrollo utilizadas por España y la estrecha colaboración de este país con Marruecos en esta materia chocan con la postura intransigente de algunos gobiernos europeos.  Marroquíes y españoles ya han iniciado un trabajo conjunto y seguramente no estarán dispuestos a botarlo para satisfacer las necesidades o caprichos de otros estados.  Aún menos, porque lo que ellos han ido generando les ha entregado buenos resultados y, lo principal, un acercamiento entre ambas naciones.

Finalmente, es bueno reflexionar acerca de las realidades sociales, económicas y políticas.  Es un tema muy largo, pero claramente existe un desequilibrio en la manera de vivir entre los países que participan en el Proceso de Barcelona.  Por dar algunos ejemplos, las violaciones a los Derechos Humanos se mantienen como una constante en los estados magrebíes –con mayor y menor intensidad según el gobierno del cual se trate-, la pobreza sigue siendo una fuerte amenaza en el Magreb y Medio Oriente y la manera de sentir la religión es una diferencia demasiado grande entre europeos, árabes y africanos.  Si en la Unión Europea, el concepto ”Eurabia” genera temor y desconfianza, si las construcciones de realidad hechas por los medios mantienen una imagen negativa del Islam y si en países como Argelia la hostilidad hacia extranjeros no cesa, entonces es muy difícil lograr consensos, en todo tipo de nivel, ya sea gubernamental o entre los pueblos.

Último pensamiento

La Unión por el Mediterráneo suena muy bien y aparece como una idea muy bonita.  Sin embargo, no es lo que muchos quieren hacer creer.  Aquí, el espíritu está bien dividido y son muy pocos los que realmente quieren una integración plena con países magrebíes y árabes.  Se trata, más bien, de una unión que podría traer beneficios para todas las partes involucradas, pero especialmente  para algunos.

Los recursos naturales ubicados en las costas africanas del Mediterráneo (petróleo, gas y fosfatos, entre otros), los productos pesqueros de Mauritania y Marruecos, la posición estratégica de Medio Oriente y la gran importancia de Turquía, como vía de transporte de petróleo y gas desde Asia Central han llamado la atención de una Europa que está cada vez más preocupada por la escasez de recursos productivos.  Ya explotaron sus costas y su dependencia de Rusia en temas energéticos es algo muy grave para ellos.

Al mismo tiempo, la necesidad de mejorar las relaciones y así evitar más confrontaciones y nuevos peligros para la sociedad europea, han llevado a los líderes del Viejo Continente a realizar esfuerzos en pos de obtener nexos más positivos con estados árabes y africanos.

Pero no será fácil, ya que hay temas muy profundos por resolver.  Esta vez, a diferencia de anteriores ocasiones, África y el Mundo Árabe no están dispuestos a ser explotados y ya han reivindicado sus derechos.  Trato igualitario y nada de miradas con desprecio.  Ni favores, ni regalos. Simplemente, lo que corresponde.

Es así que la Unión por el Mediterráneo deja un manto de dudas, por mucho que la Cumbre de Paris llegue a ser un éxito.  Así, brota la gran pregunta.

Unión por el Mediterráneo, ¿un capricho destinado al fracaso?

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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Entrevista a Abdelhadi Boucetta, embajador de Marruecos en Chile

Fecha 17/03/2008 por Raimundo Gregoire Delaunoy

“Una nueva cumbre de la Unión del Magreb Árabe debería ser una iniciativa demasiado importante, ya que el bloque está prácticamente paralizado desde hace unos 15 años”

Erick Belair / Yofui.com

Erick Belair / Yofui.com

Como en anteriores ocasiones, el recibimiento es fraternal, cálido y amable.  Da la impresión de estar en un lugar conocido, afable y acogedor.  Es aquí donde Abdelhadi Boucetta abre las puertas de la Embajada de Marruecos en Chile, dando inicio a un interesante diálogo con el embajador marroquí.  Diversos tópicos y diferentes miradas.  La visión del Marruecos de hoy.  Su política interna y sus relaciones con el mundo.  Los procesos de integración.  Y, por supuesto, el Sahara.  De todo se habló en esta grata conversación.

Por Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de marzo, 2008
Entrevista realizada en la Embajada de Marruecos
Santiago, Chile

Qusiera comenzar con un hecho actual.  Hace un tiempo los presidentes de Túnez y Mauritania se reunieron y hablaron sobre la posibilidad de realizar una nueva Cumbre de la Unión del Magreb Árabe.  ¿Qué piensa de esto?

Debería ser una iniciativa muy importante, porque la Unión del Magreb Árabe está prácticamente paralizada desde hace 14-15 años, asi que para los países y pueblos del Magreb Árabe una integración regional a través de una unión puede ser un punto muy positivo para el desarrollo de esta zona.  Además, para la Unión Europea, la Unión del Magreb Árabe podría ser un bloque muy importante, ya que aquí viven cerca de 100 millones de personas.  Hemos intentado acercarnos a Argelia, con quien tenemos las fronteras cerradas después de mucho tiempo, pero no ha habido una respuesta positiva por parte de nuestros hermanos argelinos y pienso que este tipo de cosas impide tener una verdadera Unión del Magreb Árabe.  Esta falta de comunicación, pero particularmente entre Argelia y Marruecos, es una piedra de tope.

Al analizar un poco la historia del Magreb, uno puede ver que hay países, como Marruecos y Túnez, que han tomado un camino muy diferente al de Libia y Argelia.  Estos últimos se han centrado mucho más en el contexto árabe y africano, mientras Marruecos y Túnez se han abierto al mundo.  Entonces, las relaciones magrebíes son muy inestables y cabe preguntarse de quién es la responsabilidad de esta situación.  ¿Es algo que incumbe a todos o sólo a los que se encierran en su marco regional?

Escúcheme, no puedo hablar de otros países, sólo puedo referirme a Marruecos.  Nuestra política siempre ha sido de apertura.  Marruecos es un país que trabaja mucho sobre las libertades públicas, libertad económica, liberación de la mujer, acceso a la salud y de un mejor vivir para la población.  Luchamos de manera firme contra la precariedad y hay una serie de asuntos que en estos momentos se analizan en el país.  Por ejemplo, los derechos humanos, que tiene un reflejo en el proceso de reconciliación que se está gestando, después de todo lo que ocurrió en los años duros de Marruecos.  Se trata de una comisión similar a la Comisión Valech de Chile y ha hecho avances extraordinarios, reconocidos por todas las instituciones y ONGs internacionales que trabajar en esta materia.  La situación de la familia y particularmente el rol de la mujer en la sociedad ha tenido un vuelvo muy grande tras la entrada en vigor de la Mudawana, una ley que ha sido considerada como revolucionaria y, específicamente, tratándose de un país árabe y musulmán.  La mujer tiene, prácticamente, los mismos derechos que el hombre.  Hemos avanzado mucho en temas como los niños, el divorcio, el matrimonio, el acceso a trabajo, etc.  Entonces, nosotros estamos en pleno movimiento y con una dinámica de modernización y apertura hacia el mundo.  La política exterior marroquí es, igualmente, una política de apertura hacia todo lo que ocurre en el mundo.  Y nosotros continuaremos ofreciendo todo lo que podamos en pos de asegurar la estabilidad, la seguridad y la paz en el mundo.

Hoy, debido a su apertura al mundo, a los cambios sociales y a las buenas relaciones con otras regiones y países, Marruecos podría ser considerado como un modelo para los países magrebíes.  Entonces, ¿cree que Marruecos pueda ser el camino a seguir en el Magreb?

Nosotros trabajamos en Marruecos, pero de ahí a ser considerado como modelo, bueno, eso no es nuestra decisión.  Son aquellos que desean vivir esa experiencia los que deben decidir si somos o no un modelo, porque cada país tiene sus particularidades y, entonces, cada uno decide seguir un modelo que sea el mejor para preservar sus intereses y la estabilidad.  Nosotros tenemos nuestras particularidades y utilizamos los medios necesarios para mantener la estabilidad que conoce Marruecos después de mucho tiempo.  Todo el trabajo que hacemos y los caminos que hemos abierto son para una mejor condición  para la población.  Ese es el objetivo esencial de nuestra política.

¿Cuál es la importancia de Marruecos en el Magreb?

Todos los países magrebíes son importantes, aunque claramente el motor lo constituyen Argelia y Marruecos, así como Alemania y Francia lo han hecho en la Unión Europea.  Entonces, es importante que existan relaciones sólidas e intercambios entre los estados magrebíes.  Si no tenemos eso, será muy difícil lograr una verdadera unión.

Tengo entendido que existe un proyecto de una Universidad del diálogo en el Magreb…

Escuche, hay una idea que está en vías de circular y es la creación de una universidad interreligiosa.  El movimiento fue iniciado por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, por el mandatario turco Abdullah Gül y con el apoyo de la ONU, dentro del contexto de la Alianza de Civilizaciones.  Existe un grupo de alto nivel constituido por importantes personalidades políticas del mundo, dentro de los cuales se cuenta un consejero judío de su majestad el rey Mohammed VI, algo inédito en un país musulmán.  Todo aquello que tenga una naturaleza de acercamiento de civilizaciones, culturas y religiones es bienvenido, especialmente en este mundo de hoy, tan lleno de turbulencias.  Existe una tendencia a encerrerarse dentro de las fronteras, de no abrir las puertas a los otros y de rechazar a los demás.  Por eso, hay que luchar por el proyecto de la Alianza de las Civilizaciones, que es defendido por la comunidad internacional y la ONU.  En eso estamos ahora.

A grandes rasgos, ¿cómo ve la situación del mundo árabe?

Nosotros tenemos una posición importante dentro del mundo árabe y de la Liga Árabe.  Sin embargo, adentro del mundo árabe hay problemas y dificultades.  Existen muchos conflictos como los que ocurren en el Sahara, Iraq, Líbano, la cuestión palestino-israelí y árabe israelí, Chad, Libia y Somalía.  Entonces, es importante tener una unión y un espacio para ésta.  Por ejemplo, el Consejo de la Cooperación del Golfo y la Unión del Magreb Árabe.  Es una contribución a la estabilidad del mundo árabe.  La Unión por el Mediterráneo podría ser importante también.  Es importante tener estabilidad.

Una parte de la política mundial sigue pensando en un mundo occidental europeo-cristiano y otro oriental.  Entonces, ven muy difícil una comprensión entre Europa y los países árabes y musulmanes.  Vemos el Proceso de Barcelona, la Unión por el Mediterráneo y la Unión del Magreb Árabe, ¿se podría decir que estos son ejemplos que demuestran la capacidad de diálogo entre árabes, musulmanes y europeos?

Claro que se puede vivir juntos.  Cada uno con sus particularidades e identidad.  La preservación de la identidad es algo esencial para el diálogo.  Es importante que cada uno defienda su identidad y que esté dispuesto a dialogar con el otro.  La política marroquí siempre ha sido, y lo vuelvo a repetir, una política de apertura, diálogo y alianzas.  El choque de civilizaciones, del cual tanto hablan, no lo considero como tal.  Es un choque de ignorancias, porque esas personas ni siquiera se conocen entre ellos.  Cuando haya diálogo, comunicación y conocimiento del otro, entonces ya no habrá choque.  Ocurriá una osmósis y eso es importante.  Toda la política de Marruecos , desde siempre, ha incluido el conflicto de Medio Oriente, por ejemplo, y siempre con ideas de acercamiento y apertura.  Nosotros luchamos para que haya paz definitiva entre dos estados de la región de Medio Oriente.  Palestina e Israel.  Ese es el factor esencial para la paz en esta parte del mundo.

Hoy, el terrorismo está muy presente, especialmente, en Argelia.  Tomando en cuenta esto, ¿puede existir una política regional, no sólo entre los magrebíes, sino que también con los estados mediterráneos, para luchar contra el terrorismo?

Claro que es posible.  Sólo falta la voluntad política para hacerlo, ya que la lucha contra el terrorismo se ha convertido en un fenómeno global y, por lomismo, no puede ser sino que global.  Una lucha a lo largo del mundo es lo lógico, ya que el terrorismo se nutre, igualmente, de los problemas y defectos.  A nivel mundial, regional, local, internacional.  En forma frecuente, se mueven en la brecha del descontento y la desunión.  El terrorismo es un fenómeno que se alimenta de los problemas existentes en el planeta.  Es por que que es bueno acercarse para resolver este problema.  Es un fenómeno complicado y tomaría mucho tiempo comenzar a unirse para luchar contra el terrorismo.

Marruecos tienes buenas relaciones con países tan diversos como Malí, Mauritania, Senegal, Estados Unidos, España y Bélgica, por dar algunos ejemplos.  Entonces, quisiera saber qué opina respecto a la posición de Marruecos dentro del contexto mediterráneo, africano, mabgrebí, árabe y, en general.

Marruecos es un país árabe y africano, que tiene como prioridad la consolidación de la Unbión del Magreb Árabe.  Evidentemente, tenemos informes abiertos acerca del mundo diverso que nos rodea.  Nuestras relaciones con los países árabes son ejemplares, con los africanos es muy profunda.  Todos los proyectos que se han hecho, decididos por su majestad el rey Mohammed VI, han estado en el nivel de los países menos desarrollados de África.  Nuestra política con los africanos es muy digna, porque hemos, por ejemplo, suprimido la deuda externa de los países menos avanzados del continente.  Es algo que muy pocos han hecho en todo el mundo.  Nuestra apertura en el Mediterráneo es histórica y antigua.  Por siempre, Marruecos ha sido un pueblo atlántico y mediterráneo.  Nuestra apertura al Mediterráneo es muy importante.  Hemos apoyado la propuesta del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de la Unión por el Mediterráneo, declarada en marzo, en Tánger, en la visita de Sarkozy en Marruecos.  Esta Unión por el Mediterráneo ha sido aceptada por todos los miembros de la Unión Europea y empezó a tomar forma.  El Proceso de Barcelona también ha sido muy importante.  Siempre hemos sido un elemento activo de este proyecto, porque reafirma y consolida las relaciones entre el norte y el sur del Mediterráneo, entendiendo a ambas regiones como complementarias.  Eso tiene que vivirse en la comunión.

¿Cómo calificaría las relaciones entre España y Marruecos?

Bueno, España y Marruecos, como lo hemos dicho siempre, están condenados a entenderse, debido a la geografía.  Esta última determina muchas cosas y, frecuentemente, determina la historia.  Somos países vecinos y hay fricciones, como es entendible.  Son diferencias que relevan el peso de la historia, pero en estos momentos tenemos una dinámica muy positiva con España.  Existe, evidentemente, un problema con la inmigración, pero aquello no sólo compete a Marruecos y España, sino que es una temática global.  Prontamente tendremos una población de 200 millones de personas que seguirán emigrando hacia el norte.  Estos inmigrantes vendrán de países del sur y, específicamente, desde África.  Y, justamente, el paso de entrada más importante es Marruecos, en África, y España, en Europa.  Entonces, tiene que haber una unión a nivel internacional, para ayudar a estos países a controlar la inmigración ilegal.  Nosotros estamos por el desarrollo de los países del sur, hemos suprimido la deuda externa, para así mantener la población de esos países en su lugar natural de vida.  Pero, aparece de ese problema de inmigración, que es global, también hay otros asuntos con España.  Está el tema de la pesca, algunos problemas con marroquíes que viven en territorio español y otros puntos importantes.  Sin embargo, siempre hay una solución y el medio es el diálogo.  Podemos hablar de todo, podemos encontrar solución a todo.  Sólo es necesario dialogar, comunicarse y estar preparados para encontrar soluciones mediante las conversaciones.  Cada cual tendrá que hacer concesiones, porque no todos pueden ganar, y es importante discutir de igual a igual.  Las soluciones, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre han sido encontradas después de las guerras.  Entonces, es importante darse cuenta que no es necesario pasar de nuevo por estos hechos  y que lo relevante es discutir desde el comienzo y así evitar la guerra.  Tenemos el ejemplo de Europa, con países que lucharon entre sí y que tuvieron terribles conflictos armados.  Sin embargo, ellos se sentaron para hablar y hoy vemos a una Europa modelo de integración y unión, sin fronteras y con plena apertura, a pesar de todo lo acontecido en el pasado.

¿Cómo calificaría las relaciones entre Marruecos y Chile?

Tenemos una muy buena relación con Chile y, particularmente, después de la visita del rey de Marruecos en 2004, que fue la primera vez en la historia que un jefe de estado árabe visitaba Chile.  Es algo muy importante, porque la primera visita de un rey marroquí es, al mismo tiempo, la primera de un gobernante árabe.  En esa ocasión se firmaron acuerdos de cooperación en agricultura, pesca y cultura.  Tenemos un acuerdo sobre el diálogo político entre ambos países y, también, exista una dinámica de inversiones.  Actualmente, inversores chilenos están interesados en invertir en el sector pesquero y agrícola marroquí.  Tenemos una comisión mixta, entonces existe una dinámica realmente interesante, basada en el diálogo y la cooperación.  Es una buena señal.

China es el cuarto socio comercial de Marruecos y posee, además, una gran presencia en África.  Por lo mismo, algunas personas piensan que esto es muy bueno, aunque otras afirman que hay que ser más cuidadoso con la presencia china en África.  ¿Qué piensa usted respecto a esta situación?, ¿existe realmente un riesgo o sólo son ideas en el aire?

No se puede olvidar que China es un mercado enorme y una economía en pleno crecimiento.  La economía china debe frenar un poco el ritmo de crecimiento, para así no desestabilizar la situación económica mundial.  El mercado chino es demandante de todo y la presencia china en África es importante, porque África es un continente en el cual están las reservas más grandes de materias primas en el mundo, algo que es demasiado relevante para el desarrollo de China y otros países.  No creo que exista un peligro, porque lo que está ocurriendo es una reformulación de todo el equilibrio mundial.  No se trata solamente de la presencia china y obviamente China no será el único factor que va a cambiar las cosas en el mundo.  Es cierto que China ha aumentado su presencia en África y, también, en otras partes.  Uno puede verla en América Latina, en Asia y en Europa.  China está por todas partes, algo que es normal.  Es un fenómeno que comienza a desarrollarse y por eso la integración es importante, ya que un país de 100.000 habitantes no puede negociar con la China, porque ese mercado no será importante para la economía china.  Sin embargo, un grupo regional puede entregar y recibir algo de China.

Hablaba de China, porque hay países que critican el actuar chino en el caso de Darfur.  En Sudán, China está muy presente económicamente, pero dejan aparte el contexto político y no se involucran mucho en la crisis sudanesa.  Entonces, algunos exigen que China también tenga un rol activo en el proceso de paz.  ¿Qué opina de esto?

Es muy sabido que la política exterior de China se basa en la no injerencia en políticas internas de los países y de siempre tomar una postura equilibrada.  Es algo muy sabio, pero también de interés, porque China no quiere verse involucrada en conflictos.  Lo que quiere China es mantener buenas relaciones con todos y por eso creo que su accionar en temas como Kosovo y Darfur va a ser muy moderado.  China no puede darse el lujo de enfriar o perder relaciones potenciales con otros estados, sea quien sea.

Si analizamos el devenir del gobierno marroquí y las informaciones publicadas en diversos medios, podríamos decir que existe una apertura cultural en Marruecos, pero también hacia el exterior.  ¿Piensa que eso puede ayudar a que los marroquíes tomen conciencia de sus valores culturales y, también, para que otros estados se acerquen a la cultura marroquí?

La cultura marroquí es muy conocida en el mundo y tenemos muchas cosas para mostrar, compartir y defender.  La cultura marroquí está enraizada en la historia.  La cultura es el punto principal de unión con los otros y, particularmente, con los países que geográficamente están ubicados lejos de Marruecos.  Por ejemplo, el objetivo de las jornadas culturales marroquíes que hemos organizado el año pasado en Chile fue, justamente, un hecho que posibilitó mostrar la cultura marroquí y eso es importante, porque la gente no conoce bien el lenguaje de otras naciones.  Las personas siempre aprenden las palabras vulgares.  En la cultura de los otros, uno aprende lo malo, pero siempre hay muchas cosas muy buenas e interesantes que no se conocen bien.  Entonces, lo más conocido son asuntos negativos.  La gente aprende los insultos, pero no, por ejemplo, la filosofía del lenguaje.  Por eso es importante acercar la cultura y el lenguaje a los otros, para que haya un mayor y mejor conocimiento.  Las relaciones culturales determinan, frecuentemente, todas las relaciones políticas, comeciales y sociales establecidas entre los países.  Se trata del conocimiento de pueblo a pueblo, de la cultura y no de un país a otro.  Son las costumbres, los hábitos, las tradiciones y los pueblos.

En Marruecos, el turismo, la agricultura y la pesca siguen siendo las principales fuentes económicas.  Entonces, quisiera saber si cree que algunos aspectos de la economía marroquí aún están subdesarrollados o que al menos necesiten un mayo trabajo específico.

La economía del país tiene aspectos muy importantes.  Tenemos sectores productivos como la agricultura, la pesca, el turismo y la minería.  Existe un Código de Inversiones que es muy liberal y ventajoso para los inversores extranjeros y nacionales.  Hay una tendencia  muy positiva por parte de los inversores extranjeros que se establecen en Marruecos.  Eso es un signo importante de estabilidad, de la existencia de un entorno de negocios importante y que es provechoso para los proyectos.  Claro que todavía hay cosas por mejorar, tenemos un tejido económico cada vez mejor en calidad, que atrae a muchos inversores de otros países hacia Marruecos.  Por ejemplo, hay chilenos que están interesados en realizar inversiones en el sector agrícola y pesquero.  También, están los estadounidenses, chinos coreanos y europeos.  Tenemos cerca de mil empresas españolas que se han instalado en Marrucos y unas 800 compañías francesas.  Renault, por ejemplo, va a instalar la usina de fabricación más grande en el norte de Marruecos, cerca de Tánger.  Entonces, hay un movimiento que es interesante.  Estamos en camino a contstruir uno de los más grandes puertos del Mediterráneo, el Tánger-Med, cerca del Estrecho de Gibraltar, que es muy importante en la ruta comercial y, hay que mencionarlo, es una de las más relevantes de todas las vías de comercio en el mundo.  Canal de Suez, Tánger-Med, Panamá.  Esa es la ruta ideal para el mercado asiático, americanos, europeo y africano.  Estamos en la zona de cruce de cinco continentes y es una posición estratégica.  En consecuencia, la cooperación con España es esencial, lo mismo que la estabilidad del sur del Mediterráneo.

Quisiera hablar un poco sobre la sociedad marroquí.  Marruecos es un país musulmán, pero con minorías cristianas y judías.  Lo positivo es que existe una tolerancia religiosa y, por ejemplo, la Unión Europea ha reconocido los evidentes progresos y el buen andar de Marruecos.    La gente tiene, en general, libertad para vivir y elegir y la Mudawana es una demostración.  Sin embargo, quisiera saber si cree que aún hay aspectos por mejorar.

La sociedad marroquí ha sido siempre muy tolerante y pluralista.  En Marruecos se pueden ver los distintos tipos físicos que existen en el mundo.  Desde la raza negra subsahariana hasta el prototipo escandinavo.  Por ejemplo, en las montañas del Rif viven mujeres y hombres que son muy parecidos a los habitantes de Suecia, Finlandia y Noruega.  En Marruecos están todos los tipos.  Escandinavo, negro, árabe, bereber, latino, etc.  Entonces, por definición, la sociedad marroquí es pluralista, multiétnica, multicultural y siempre mantienendo el diálogo entre las etnias, tribus y razas diferentes.  De por sí es una mezcla que ha existido a lo largo de toda la historia.  Podemos ver rutas de inmigración humana, de las más importantes, que pasan por Marruecos.  África, Medio Oriente, Europa y el acceso al Atlántico.  Es por esto que el territorio marroquí se ha convertido en un espacio de cruces, en el cual se conocen personas de diversas culturas, razas y religiones.  Siempre se ha hablado de Marruecos como un país de tolerancia y convivencia.  Por ejemplo, durante la presencia árabe en Andalucía, aquella región era considera como el modelo de convivencia y tolerancia en todo el mundo.  Judíos, cristianos y musulmanes vivían en una sociedad absolutamente abierta y respetuosa.  Además, hubo grandes desarrollos en las ciencias, la filosofía, la astronomía, en asuntos de sociedad y en códigos civiles, por ejemplo.  Hoy, todavía podemos ver nuevas Andalucías en este mundo y Marruecos es, justamente, una de esas nuevas Andalucías.

Marruecos es un país democrático, estable, en el cual los militares no tienen una gran influencia y, finalmente, donde sólo el terrorismo es una amenza.  Desde ese punto de vista, ¿cree que Marruecos es un ejemplo que desmitifica a los países árabes y africanos como centros neurálgicos de conflictos y problemas?

Como le decía, son los otros quienes deben decir “decido seguir a Marruecos como ejemplo”.  Nosotros trabajamos para dar, digamos, algo mejor a nuestro pueblo, que es lo más importante.  Buscamos facilitar las condiciones de vida y que haya un verdadero estado de derecho en todo el territorio del país.  Muchas organizaciones han reconocido nuestros esfuerzos orientados hacia ciertas áreas.  Y esto es una realidad extraordinaria para un país aún en vías de desarrollo.  Es la apuesta que hemos hecho, adoptada por su majestad el rey Mohammed VI, para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.

Quisiera hablar de uno de los temas más complicados, es decir, el Sahara.  En marzo pasado se realizó la cuarta ronda de negociaciones y las posturas siguen siendo muy claras por lado y lado.  ¿Cómo vislumbra este asunto?

La historia del Sahara es muy simple y no es necesario complicarse.  Para nosotros, se trata de un grupo de separatistas marroquíes, apoyados por Argelia y que desean crear un nuevo estado en la región, para así facilitar el acceso de Argelia al Océano Altántico y encerrar a Marruecos dentro de una presencia hegemónica argelina.  Para nosotros se trata de un asunto de integración y soberanía nacional y nunca abandonaremos esto, porque un país no negocia su soberanía, ni tampoco su integridad territorial.  Es cosa de revisar la historia.  Y cuando el Frente Polisario y los argelinos hablan de la decolonización, ¿de qué hablan?, ¿qué fue colonizado?, ¿acaso un estado que se llamaba Sahara?.  Eso no existe, no había ningún país llamado Sahara al momento de la colonización europeo.  Lo colonizado era un territorio marroquí y la decolonización significa devolver los terrenos conquistados a la patria original.  Ese es el objetivo del acuerdo que firmamos con España, en Madrd.  Los saharawis son tribus que se mueven a lo largo y ancho del Sahara.  Están en Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí y Chad.  Están en toda la continuidad de la zona sahariana.

Marruecos habla de una autonomía.  ¿Cree que ese sea el camino?

Ya hemos entregado un proyecto de autonomía y estamos muy abiertos a la negociación, pero no podemos ir más lejos, ya que no podemos negociar nuestra soberanía e integridad nacional.  La autonomía es una solución.  Queremos hablar con los separatistas y no sé si algún otro país ha hecho eso, pero nosotros sí.  Estamos abiertos a todas las soluciones y negociaciones, pero nuestra soberanía e integridad no se negocia.  También, debemos decir que el problema del Sahara es entre Marruecos y Argelia y no entre el Frente Polisario y Marruecos, porque el Frente Polisario es Argelia.

Entonces, ¿el conflicto del Sahara sería un obstáculo para una verdadera Unión del Magreb Árabe?

Sí.  De momento que se firmó la creación de la Unión del Magreb Árabe, en Marrakesh, en 1989, todos los jefes de estado se comprometieron a respetar la soberanía e integridad territorial de los países firmantes.  Todo eso quedó muy claro, entonces empezar un proceso de creación de un nuevo estado adentro de esta unión es aberrante.  Personalmente, no veo que la Organización de Estados Americanos, por ejemplo, vaya a crear un nuevo país en América.  Tampoco veo que las organizaciones internacionales apoyen la creación de las FARC como un estado.  En Asia tampoco se puede pedir el nacimiento de un nuevo país.  Entonces, la situación del Sahara podría crear precedentes peligrosos para el mundo.

¿Se puede encontrar una solución al problema del Sahara?

En política todo es posible.  La solución depende de Marruecos y Argelia.  Cuando nuestros vecinos deseen encontrar la solución al conflicto del Sahara, entonces habrá solución.  Ahora, si Argelia continúa apoyando la creación de un nuevo estado en el Magreb, ella misma tendrá problemas en su territorio.  Ellos tienen el asunto de la Kabilia y los tuaregs, que luchan por su independencia.  De hecho, existe una guerra contra los tuaregs de Malí y Argelia.  Eso puede entregar una inestabilidad a toda la región del Sahara.  La solución al problema del Sahara contribuirá a darle estabilidad a la zona y a lucha de mejor forma contra el terrorismo.  Ahora, si desean crear un estado saharawi, entonces eso debiera incluir a todo el Sahara.  Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, Chad, Sudán, Libia y Egipto.  El Sahara es eso y no solamente el Sahara marroquí.  Entonces por qué tiene que ser Marruecos quien entregue una parte de su territorio.  Por qué no lo hace otro país.

Quisiera saber si usted cree que lo acontecido en Kosovo podría ser un precedente para el conflicto del Sahara.  Le pregunto esto, porque el Polisario ha dicho que esto sería así…

Es algo que no tiene relación.  El problema es, por ejemplo, que Argelia apoya la autodeterminación del Sahara, pero se declara en contra de la independencia de Kosovo.  Entonces, qué quiere decir esto.  Es una contradicción y lo que les interesa es preservar las relaciones con Rusia.  Son intereses y no principios.  Hablando de Kosovo, es algo absolutamente diferente, porque es toda la región de los Balcanes la que ha sufrido con las masacres y se trata de un país dividido y con muchas diferencias étnicas.  Los kosovares y los serbios, por ejemplo, son dos religiones, dos etnias y dos culturas.  Sin embargo, en el Magreb y el Sahara, es una sececión de un grupo minoritario muy pequeño de Marruecos, pero que habla la misma lengua y que tiene la misma cultura y religión de los marroquíes.  Lo que quiero decir es que el asunto de Kosovo es una excepción y no la regla.   Es un problema muy especial, muy sui generis y que no se va a repetir.  No podemos seguir ofreciendo independencias a todos grupo humano que tenga una cultura, un idioma y hábitos diferentes, porque así llegaríamos a tener una infinidad de países en el mundo.  La integración es la opción.

Kosovo, Osetia del Sur, el Sahara, etc., ¿estos movimientos sólo existirían para hacer ruido, ya que carecerían de una base lógica?

Nada de lógica. Nada.  Todo lo que ha pasado en el espacio soviético, igualmente, es un problema.   Es la desintegración de un país y eso es un enorme problema para el mundo.  Sin embargo, no podemos empezar a revisar todos los tratados antiguos y no podemos permitir eso, porque si empezamos, entonces nunca terminaremos.  Tenemos que encontrar soluciones integrales y hay que modificar el nuevo concepto de soberanía.  No estamos en el siglo 19, eso es tiempo pasado.  Con Internet y la tecnología no podemos quedarnos encerrados en las fronteras.

Entonces, ¿cree que la integración no sólo es el futuro en África y el Magreb, sino que en todo el mundo?

Escuche. Escuche, la futura lucha del mundo va a ser por la sobrevivencia, por la salud, por la distribución del agua y para compartir.  La lucha no será por conquistas de territorios o por la creación de nuevos estados.  Existen peligros mucho más importantes para la humanidad…

En ese contexto, ¿la integración sería la mejor solución?

Es la solución.  La integración con autonomías al interior de los países, esa es la opción.  Existen, por ejemplo, las autonomías españolas que en realidad son verdaderos países al interior de uno, pero eso se realiza porque existen particularidades muy especiales.  En todos los estados hay diferentes costumbres, culturas, personas, etc., pero todos viven en el mismo país.  En Chile, la gente es difererente, pero no vemos una división entre los del norte y los del sur.  Acá todos son chilenos.  También puede ver lo mismo en el caso de Alsacia y el País Vasco.

Para terminar, ¿cómo ve a Marruecos en el futuro?

Tenemos que trabajar en el presente para asegurar el futuro.  Veo a Marruecos en el contexto de la globalización y esto es muy importante.  Por eso, hay que reducir la brecha digital existente entre el norte y el sur.  Tenemos que realizar más inversiones en tecnología y educación.  Debemos trabajar unidos en temas como la salud, prevención de riesgos, etc.  Por ejemplo, los virus no atacan países, sino que regiones.  Tenemos que luchar contra las amenazas externas y no contra estados.  Los fenómenos climáticos, la salud, las diferencias económicas y la contaminación.  Esa es nuestra lucha.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Turquía y Chad, ¿las dos caras del lobo?

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Turquía y Chad, ¿las dos caras del lobo?

Fecha 4/11/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Se mueve, pero sigue estática.  Un paso sin movimientos.  Así podría describirse la actual situación de Turquía.  Y no se trata del difícil ingreso como miembro a la Unión Europea (aunque bien podría serlo), sino que de la tensa espera por parte de las milicias kurdas del PKK, el ejército turco, el gobierno iraquí y los diversos países del mundo involucrados, directa o indirectamente, en la política turco-kurda-iraquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 4 de noviembre, 2007

Fotografía: Licencia Creative Commons

Fotografía: Licencia Creative Commons

A partir del 9 de octubre, día en el cual un ataque realizado por rebeldes kurdos del PKK dejó un saldo de 15 soldados turcos muertos, el nivel de tensión en la zona ha ido aumentando en forma sostenida.  En primer lugar, porque Turquía amenazó con llevar a cabo una operación militar en contra de las bases de los separatistas kurdos, tanto en territorio turco, como iraquí.  En segundo lugar, porque el PKK no ha cedido en sus pretensiones y sigue defendiéndose.  En tercer lugar, porque el gobierno de Iraq ha sido incapaz de adoptar una postura firme, clara y de una sola línea.  En cuarto y último lugar, porque una operación militar turca en territorio iraquí podría, hipotéticamente, causar un gran conflicto bélico en la zona.

Se mueve, pero no sigue estática.  Un paso con movimientos.  Así podría describirse la actual situación de Chad.  Y no se trata del tema humanitario, de los refugiados provenientes de Darfur o de las grandes sequías que tanta desgracia han causado en Chad, sino que de la crisis política originada tras la detención de siete españoles y nueve franceses, acusados de intentar llevar, en forma ilegal, a 103 niños -presumiblemente chadianos y sudaneses- hacia Francia.  Aún no se ha aclarado la situación, en el sentido que se han elaborado diversas hipótesis, tales como supuesta venta de menores o red de pedofilia.  Lo concreto es que más allá de si hay un trasfondo “negativo” o “positivo” se ha iniciado una investigación judicial, que buscará establecer la ilegalidad e irresponsabilidad de esta acción.

Hasta hoy, los ciudadanos españoles y franceses aún permanecían en Chad.  Sin embargo, nuevamente apareció él, un defensor de las causas ajenas.  Sí, se trata del amado y odiado, pero nunca olvidado Nicolas Sarkozy.  Tal cual ha sido la tónica de su comportamiento desde que asumió la presidencia de Francia, el mandatario francés ha mostrado un especial interés por consolidar la participación gala en África y, específicamente, en la zona norafricana.

Primero, tuvo una gran gestión e importancia en la liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino apresados en Libia.  Y, ahora, viajó hasta N’Djamena, capital de Chad, para solucionar este problema.  Los resultados no se hicieron esperar y a la liberación de tres periodistas franceses y cuatro azafatas españolas se sumó el encuentro entre Idriss Déby y Nicolas Sarozy, presidentes de Chad y Francia, respectivamente.

Con estos dos hechos, ocurridos en Turquía y Chad, queda claro que la actitud del gobierno francés ha sido muy diferente.  Mientras en el país africano se convirtió en un protagonista esencial, en la nación euroasiática ha pasado casi desapercibido.  Aún más, da la impresión que cuando se trata de hablar de la posible adhesión de Turquía a la Unión Europea, ahí aparece otro Nicolas Sarkozy y otra Francia.  Y ahí cabe hablar de protagonismos, tratamientos especiales y políticas de corto, mediano y largo alcance.

Pero ahora, cuando un posible conflicto bélico entre Turquía, Iraq y los rebeldes kurdos del PKK puede estallar, el silencio y la neutralidad dominan.  Como si fuera una partida de ajedrez.  Esperando el movimiento del rival o, más bien, el error de éste.

¿Será posible que el gobierno francés espere con toda parsimonia un descalabro humanitario, para así tener los argumentos necesarios para defender uno de sus principales discursos, que es el rechazo al ingreso de Turquía en la Unión Europea?

Mal pensado.  Desatinado.  Parcial.  Y subjetivo.  Asqueroso pensamiento. ¿O realista, atinado, imparcial, objetivo y evidente?

Ojalá sea lo primero.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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roya-sarkozy

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Presidenciales en Francia: Sarkozy, la inmigración y la cuestión turca

Fecha 23/05/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hasta que lo consiguió. Nicolas Sarkozy se convirtió en el nuevo Presidente de Francia, algo que de seguro no debe tener muy contenta y tranquila a Ségòlene Royal y a quienes votaron por ella. Sin embargo, los números son categóricos y no admiten mayor duda o cuestionamiento: 53.06% de los votos para el hijo de inmigrantes húngaros, 46.94% de apoyo para la «africana», nacida en Dakar.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 23 de mayo, 2007

roya-sarkozyQuizás estos últimos dos datos nos puedan entregar una señal de lo que está ocurriendo en Francia. Uno de los principales temas es la inmigración, no sólo la ilegal, sino que también aquella que se ajusta a la ley. Mientras Sarkozy tiene una política mucho más dura respecto a este asunto, Royal parecía tener una actitud más comprensiva hacia los inmigrantes.

De hecho, «Speedy Sarko» tiene como una de sus principales cartas de presentación un sistema de inmigración selectiva, en el cual no cualquier extranjero puede ingresar a Francia. Por el contrario, la representante del Partido Socialista promovía un método de integración, incluso dando facilidades a ciertos inmigrantes ilegales.

Pero volviendo a lo expresado al comienzo, no puede pasar desapercibido el hecho que Sarkozy sea hijo de húngaros y que Royal haya nacido en el actual Senegal. Quizás ahí comienza el tema de los inmigrantes y, por lo mismo, las soluciones a este problema no pasan por una ley de mayor o menor severidad. Tal vez sea que Francia deba asumir que tiene una tarea pendiente y que se relaciona con un análisis profundo de lo que fue su accionar durante gran parte del siglo veinte.

Al respecto, cabe preguntarse si acaso los franceses tienen el derecho de rechazar a los negroafricanos que intentan ingresar al territorio francés. Otro cuestionamiento apunta hacia el tema de los argelinos, específicamente hacia los hijos de aquellos hombres que fueron forzados a trabajar en Francia durante los años del imperialismo francés. Si la política francesa de antes fue obligar a obreros argelinos a dejar su tierra y trabajar en Francia, ¿entonces el hijo de aquel trabajador, nacido en Francia, no tiene los mismos derechos que otro francés?

En fin, parece ser que la inmigración va más allá de lo meramente ideológico y claramente responde a lo que conocemos como «mea culpa». No puedes explotar a alguien y luego dejarlo sumido en el desamparo. Corrección. Puedes hacerlo, pero luego no te quejes si aparece el odio, la pobreza o la violencia. No te quejes de un sistema, si fuiste el encargado de alimentarlo y fomentarlo. Eso es lo que está ocurriendo, pero no sólo en Francia. Los galos están preocupados por los africanos negros y los magrebíes; en Alemania no saben qué hacer con los turcos; en el Reino Unido deben convivir (forzosamente) con paquistaníes e indios; en España acusan de ladrones a los marroquíes. Esa es la situación en Europa. Y eso que no se menciona otro tipo de inmigración tan poco deseada como la de africanos y árabes: los rumanos.

Por eso, los franceses deben tener mucho cuidado. Especialmente ahora que Sarkozy llegó al poder. No se trata de satanizar al representante de la Unión por un Movimiento Popular. Tampoco debemos mostrar a Ségòlene Royal como una blanca paloma de la paz. Cada cual tenía debilidades en sus programas y propuestas. Por ejemplo, el tema de la inmigración y el rotundo rechazo a Turquía, por parte de Sarkozy; la ambigüedad respecto a China y su insistencia en realizar una nueva votación acerca de la Constitución Europea, por parte de Royal.

Pero el recelo tiene que ver con temas de extrema relevancia y que, quizás, no han sido abordados de la forma en que debieran. El principal es el asunto turco o, más bien, todo lo que tenga que ver con el proceso de adhesión de Turquía a la Unión Europea (UE). Ahora, bajo el mandato de Sarkozy y tomando en cuenta la convergencia actual en el seno de la misma UE (se necesita unanimidad de los estados miembros para aceptar a otro país y actualmente están congelados los procesos de ingreso), parece imposible ver a Turquía dentro de la UE, en el corto e incluso en el mediano plazo. El problema radica en la actitud adoptada por Nicolas Sarkozy, el cual ha dejado muy en claro que no quiere a Turquía dentro de la Unión Europea. Su motivo, muy simple: los turcos no son europeos.

Ahora bien, Sarkozy no es el único que se opone al ingreso de Turquía. De hecho, prácticamente todos los candidatos de la primera vuelta electoral así lo hicieron saber. Incluso Ségòlene Royal, que no rechazaba de plano la idea de incluir a Turquía como miembro de la UE, pero tampoco la apoyaba a rajatabla y se limitaba a dejar para más adelante una posible solución. Lo concreto es que en Francia pocos quieren ver a los turcos como parte de la UE.Algunos declaran que la real motivación de aquella decisión tiene que ver con el hecho que Turquía sea un país cuya población es mayoritariamente musulmana. Otros, aseguran que la razón se basa en un fuerte sentimiento ultranacionalista y xenófobo, que no sólo rechaza a los turcos, sino que también a los negros, a los árabes y a otras razas.

También, las agrupaciones de Derechos Humanos insisten en que Turquía aún tiene problemas de esta índole por resolver. Lo fundamental es el tema de los kurdos, pero también aparecen la deuda histórica del genocidio armenio (Turquía nunca ha reconocido aquello) y el hecho que Turquía sea la única nación que reconozca a la parte turca de Chipre. Finalmente, también están quienes se oponen al ingreso de Turquía, por considerarlo un estado asiático y no europeo, ya que cerca del 95% de su territorio se encuentra en Asia.

Entrando en el plano de las especulaciones, quizás el principal motivo apunte a que en caso que Turquía llegase a ser parte de la UE, se convertiría en uno de los países de mayor representatividad en el Parlamento Europeo. Esto último, tomando en cuenta el criterio de proporcionalidad, que aunque no se basa únicamente en la población, si otorga gran importancia a este elemento. ¿Qué pasaría con una Unión Europea en la cual un nuevo miembro pasa a ser una figura de alto peso, al menos en cuanto al número de eurodiputados?, ¿qué ocurriría con una Unión Europea con 70 millones de turcos?, ¿acaso no se podría producir un excesivo flujo de mano de obra turca a lo largo de Europa?

Sin duda que es un tema delicado y, dejando de lado el carácter islámico de Turquía (que no es tan importante, ya que es un estado laico), quizás los miedos europeos se basan en el hecho de ver a una población de origen altaico, proveniente del Asia Central, mezclada con grupos étnicos o razas «europeas». ¿Cómo se puede sostener aquello en el tiempo?, ¿se podrá convivir en paz y armonía? La pregunta nace espontánea, pero también la respuesta: ¿se puede hablar de una real Unión Europea, si uno de los criterios a la hora de elaborarla es la homogeneidad racial y/o religiosa?

En definitiva, puede parecer que el rechazo a Turquía no va más allá de una oposición. De hecho, muchos estados europeos ofrecen un status especial para los turcos, en el cual exista un nexo mayor que el existente con países como Marruecos (que pidió formalmente su ingreso en 1987, pero que le fue negado en forma tajante). Sin embargo, nadie ha querido profundizar en un tema que parece demasiado importante. Y tiene que ver con la respuesta del pueblo turco y del mundo político de aquella nación en caso de no conseguir su objetivo de ser estado miembro de la Unión Europea.

Lo primero, aunque parezca débil o de poca trascendencia, es analizar un hipotético sentimiento anti-europeo. Aquello podría aflorar en caso de no ser aceptados por parte de las naciones europeas. Recordemos que Turquía es un país ubicado entre Europa y Medio Oriente, es decir, es el puente entre la sociedad «occidental-cristiana» y el mundo «árabe-musulmán». Durante años, Turquía ha querido acercarse a Europa y, de hecho, las reformas de Atatürk y otras políticas posteriores lo han demostrado. Sin embargo, ésto le ha significado alejarse de los países árabo-musulmanes.

Claro, los turcos son, en su mayoría, una población de tipo altaico y provienen del Asia Central y, por eso, no extraña que tengan una mayor cercanía con la población de países como Turkmenistán y otros estados de la disuelta Unión Soviética en desmedro de los estados árabes. Sin embargo, el Islam se ha transformado en un motivo de unión y comunión entre países de diversas razas y culturas. Entonces, si Turquía se da cuenta que Europa no lo acepta, ¿acaso no intentaría volcarse hacia el otro bando o, mejor dicho, su otro vecindario?

Turquía, por su posición geopolítica, es un estado demasiado valioso desde un punto de vista estratégico. Por algo Estados Unidos presiona para que Europa lo acepte en la UE y por algo Turquía es parte de la OTAN. ¿Qué ocurriría en caso que Turquía se «arabice» o «islamice» y cierre las puertas a Occidente? Aquello sería un gran problema para Europa y Estados Unidos. Ya no podrían tener una plataforma en Asia Menor, se les cortaría una histórica vía de paso de gran trascendencia y, finalmente, perderían a un aliado en Medio Oriente.

Y desde el punto de vista árabo-musulmán, ¿acaso a ellos no les convendría recibir a un nuevo «socio», de unos 70 millones de musulmanes, descontentos con Europa? En el mundo árabe y musulmán la política está muy activa y si en la última cumbre de la Liga Árabe se aceptó a Irán como un «amigo», ¿acaso no podría ocurrir lo mismo con Turquía, en un mediano plazo?

Siguiendo con esta misma línea de análisis, ¿se puede hablar de un peligro terrorista? Es difícil asegurar una respuesta, pero por el momento aquello se acerca más a la ficción que a la realidad. De hecho, un supuesto sentimiento anti-europeo ya es parte de la especulación y la fantasía. Para que ocurriese aquello (terrorismo turco anti-europeo), entonces tendrían que pasar muchos años en los cuales las relaciones entre Europa y Turquía empeoraran en demasía. Pero, si los europeos saben manejar el asunto y si, independientemente del status que tenga Turquía respecto a la UE, logran establecer un buen flujo de relaciones, hablar de otro tipo de riesgos parece poco atinado e incluso absurdo. Al menos por el momento.

En conclusión, la cuestión turca no sólo afecta a la Unión Europea, sino que también a los países europeos. Y Francia bien sabe aquello, ya que es un estado que lleva años intentando equilibrar las fuerzas de la inmigración extranjera con la población francesa que busca mejorar su calidad de vida. Es por esto que a la hora de actuar, respecto a política exterior o a directrices internas, pero que puedan reflejarse con grupos de inmigrantes, es importante que se tomen las decisiones correctas. Ya no queda margen de error. En el mundo actual las equivocaciones se pagan caro. Es cosa de abrir los ojos y percibir la realidad tal cual es.

Francia tiene la gran responsabilidad de arreglar sus problemas internos -cesantía, economía en recesión e inmigración ilegal, entre otros-, pero también debe velar por el correcto funcionamiento de su política exterior y, por supuesto, no debe descuidar su histórico peso dentro de la Unión Europea, el cual ya ha sido cuestionado por algunos sectores.

Por eso es que Nicolas Sarkozy debe ser más cauteloso y no ser tan tajante a la hora de hablar de inmigrantes y turcos. Apuntar a los africanos o árabes y catalogarlos como «escoria» no ayuda al equilibrio y sólo enciende aún más los agitados ánimos. Negar de plano la posibilidad de incluir a Turquía como un estado europeo, tampoco es algo positivo. No hay que olvidar que una parte del territorio turco está en Europa, que Chipre está al frente de Turquía y bien podría ser un argumento a la hora de poner en duda el carácter europeo de los chipriotas y que Malta -miembro de la UE- posee una superficie territorial más pequeña que la Turquía continental europea.

Entonces, a tener cautela y a no olvidar que todos los países tienen vecinos, áreas de influencia y, quizás lo más importante, sus decisiones pueden afectar el devenir de las relaciones internacionales.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Tensión entre Irán y el Reino Unido, un «problemita» demasiado problemático

Fecha 10/05/2007 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Las relaciones entre Irán y las principales potencias occidentales están en un punto muerto. El pasado viernes 23 de marzo, las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria detuvieron a 15 marinos británicos, acusándolos de haber ingresado en forma ilegal a las aguas jurisdiccionales iraníes. ¿Qué se puede esperar en el corto plazo? ¿acaso este nuevo problema es una fase más del lógico proceder de ambos países?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de mayo, 2007

bandera-reino-unido-quemadaTras la captura y apresamiento de los 15 militares -catorce hombres y una mujer- el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán declaró que los detenidos estaban en buenas condiciones y que sus familiares, así como el gobierno británico podrían estar tranquilos al respecto.

La primera reacción por parte del Reino Unido fue exigir la inmediata liberación de sus militares, rechazando el accionar del gobierno iraní y catalogándolo como algo arbitrario e injusto. Según Tony Blair, Primer Ministro del Reino Unido, la embarcación británica cumplía con una inspección de rutina, avalada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), dentro de la zona marítima iraquí y jamás habrían sobrepasado la frontera, invadiendo territorio iraní.

Por contrapartida, Irán respondió con un reclamo formal ante la encargada de negocios del Reino Unido en Teherán. Además, la nación persa argumentó que los marinos habrían penetrado en forma ilegal al interior de la zona en cuestión y que, por lo mismo, los han apresado para someterlos a interrogatorios, en los cuales los acusados habrían reconocido y aceptado las acusaciones formuladas por el gobierno de Irán.

Curiosamente, al día siguiente Mahmoud Ahmadinejad, Presidente de la República Islámica de Irán, suspendió su viaje a Estados Unidos, ausentándose de la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, que realizaría una votación acerca de posibles nuevas sanciones al estado asiático, debido al incumplimiento de las obligaciones impuestas por la misma organización respecto al tema del enriquecimiento de Uranio.

Durante el fin de semana, hubo «fuego cruzado» de palabras, pero ninguna de ambas partes retrocedió en sus posturas, lo cual dejó a la deriva y sin solución al actual foco de enfrentamiento entre las dos naciones.

El lunes la situación cambió, aunque se agravó luego que el principal responsable de los asuntos navales de Irak, el General Hakim Yesam, declarara que los marinos británicos habían sido, efectivamente, detenidos fuera del territorio marítimo iraquí. Aún más, Yesam dijo que los militares europeos habían detenido a un barco mercantil en aguas iraníes, para luego abordarlo y, en consecuencia, provocando la intervención de las fuerzas navales de Irán.

El principal problema de este asunto es que este choque se produce en medio de la tensión existente entre Irán y el Reino Unido, Estados Unidos y otros integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, a propósito del programa nuclear iraní y su negativa para detenerlo. De hecho, el sábado pasado el organismo dependiente de la ONU confirmó el establecimiento de nuevas sanciones económicas y comerciales a Irán, ante lo cual la el estado islámico reaccionó diciendo que a partir de ahora suspendería su colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

Cabe preguntarse, entonces, qué irá a suceder en el corto plazo, ya que al problema de la crisis nuclear se suman el tema de los marinos británicos y el rechazo ruso hacia las restricciones impuestas a Irán por parte del Consejo de Seguridad. Además, a pesar que la ulterior resolución de este último organismo contó con la aprobación de todos sus miembros, es sabido que Sudáfrica, Qatar e Indonesia han mostrado ciertas dudas respecto al proceso y sus procedimientos. De hecho, los representantes qataríes e indonesios propusieron un «desarme total en Medio Oriente», lo cual incluía a Israel.

Pero la división más importante se encuentra dentro de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, ya que Rusia y China han sido las principales piedras de tope para las intenciones de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que buscan poner término al enriquecimiento de Uranio de Irán, acusándolo de tener serias intenciones de construir armas nucleares.

A nivel de rumores, se dice que Estados Unidos tendría elaborado un plan de ataque a puntos estratégicos en Irán. Al mismo tiempo, Irán ha señalado que no va a paralizar su programa nuclear, alegando su inocencia y el derecho a realizar actividades destinadas a la producción de nuevos métodos energéticos que puedan ayudar a su desarrollo. Y ante las constantes amenazas de sus rivales, Mahmoud Ahmadinejad se ha encargado de dejar en claro que continuarán hasta el final de las consecuencias y que están preparados para todos, incluso para una agresión física. Es por esto que las declaraciones hechas hoy por Tony Blair sólo sirvieron para aumentar la tensión, luego que dijera que «espero que consigamos que (las autoridades iraníes) se den cuenta de que tienen que liberarlos………si no, pasaremos a una fase diferente».

En definitiva, puede sonar a exageración decir que el problema de los marinos detenidos pueda transformarse en un bomba de tiempo. Sin embargo, no sería la primera vez que las grandes potencias de Occidente esperan por un mínimo detalle o un hecho de poca envergadura para así tener la justificación de un ataque armado. Especialmente cuando se trata de invadir un territorio rico en recursos naturales como gas y petróleo.

Ahora bien, seguramente el gobierno del Reino Unido esperará un tiempo y evitará un choque directo, pero la presión ejercida por Estados Unidos y, en menor medida, por la Unión Europea puede ser un impulso fatal. También es importante destacar que George W. Bush y Tony Blair están viviendo su último mandato y, por lo mismo, quizás no les tiemble la mano a la hora de optar por una nueva partida de ajedrez. Ya no en Afganistán, en Iraq o en Somalía, sino que en Irán.

Y ganas de atacar a la nación islámica no les faltan.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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arafat

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Sobre tablas y Palestina

Fecha 28/06/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hasta que cayó el caudillo.  Así de simple.  La muerte de Yasser Arafat fue una película demasiado corta e imprevista, aunque letal.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 de junio, 2006

Chrs Harris / Times

Chrs Harris / Times

Ahora, quedará un gran vacío en la cúpula de la nación palestina, la cual deberá asumir con gran madurez dos hechos de gran trascendencia: el deceso de su máximo líder y la gran oportunidad histórica de cumplir el sueño palestino, entregando un estado al pueblo de la vieja Palestina.

Y como ocurre con todo hecho importante e histórico, las piezas del tablero de ajedrez comienzan a moverse.  Las mal denominadas “potencias” mundiales ya han dado muestras de lo que será su postura y axioma principal frente al fallecimiento del Presidente de la Asociación Nacional Palestina (ANP).  Sin embargo, lo más importante radica en el asunto medular, que es saber cómo se resolverá la “cuestión palestina”, es decir, encontrar una solución salomónica, que permita la instauración de Palestina como estado y, al mismo tiempo, paz en Medio Oriente.

Es en este punto donde aparece con gran fuerza la figura de Ariel Sharon, Primer Ministro de Israel, quien durante años endosó la responsabilidad del conflicto palestino-israelí a Yasser Arafat, acusándolo de ser un terrorista.  Lo cierto es que tras la muerte del “rais”, Sharon deberá demostrarle al mundo que ahora sí es posible darle un punto final a la violencia.  Sin embargo, quedan muchas dudas de cuán flexible será el accionar del gobierno israelí, por cuanto las ideas y los conceptos de Ariel Sharon descansan en un maquiavélico sionismo.

El rol de la ONU también será fundamental y tendrá una doble cara.  Por un lado, deberá velar por el correcto funcionamiento del proceso de pacificación del Medio Oriente y, por otro lado, tendrá la gran posibilidad de recuperar su vigencia como organización, tras ser ignorada como autoridad en la invasión estadounidense en Irak.

Finalmente, aparecen los países más influyentes –como Francia, Alemania, EE.UU., Reino Unido, China, Rusia y Japón-, los cuales mediante su activa diplomacia podrán dejar un precedente y sentar las primeras bases para un Medio Oriente en paz.

En conclusión, se trata de lograr establecer el punto de partida en este largo proceso.  Sin embargo, mientras hayan dos naciones, pero solamente un estado y un pueblo errante, entonces todo será un sueño y, peor aún, una quimera.

Mientras tanto, la partida de ajedrez ha comenzado y cada cual estudia bien sus movimientos.

Que en Palestina e Israel el tablero termine en tablas.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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