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Acerca de la ruptura diplomática entre Argelia y Marruecos

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Acerca de la ruptura diplomática entre Argelia y Marruecos

Fecha 3/09/2021 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Desde su llegada a la presidencia, Abdelmadjid Tebboune ha empezado a generar movimientos en la dormida diplomacia del estado argelino. Sobre esto último, el mandatario ha dejado en claro cuál es su postura respecto de Marruecos, lo cual se consolidó con una serie de señales enviadas, por el gobierno de Argelia, durante 2020 y 2021. La última de ellas ha sido el rompimiento de las relaciones con Marruecos, razón por la cual es interesante comprender el contexto y las razones de este nuevo impasse diplomático.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre de 2021

Según el comunicado oficial del gobierno argelino, la decisión se tomó debido a una “serie de actos hostiles cometidos por el reino durante un largo tiempo”. Además, agregó que Marruecos no ha cumplido con lo establecido en el acuerdo de normalización de relaciones de 1988. Junto a lo anterior, se acusó a Marruecos de estar detrás de los incendios que recientemente afectaron a buena parte del territorio argelino. En relación con esto último, Argelia aseguró que la contraparte marroquí apoya a Rachad -asociación islamista creada en 2015- y al Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia (MAK, por sus siglas en francés), algo que, según el gobierno argelino, va en contra de la seguridad interna de Argelia, ya que esta última considera al Rachad y al MAK como organizaciones terroristas. También se apuntó a Israel, estableciendo que Marruecos ha sido el responsable que una potencia militar extranjera se haya inmiscuido[1] en los asuntos magrebíes (“nunca, desde 1948, habíamos escuchado a miembro del gobierno israelí amenazar a un país árabe desde el territorio de un país árabe”) y mencionando el escándalo de espionaje de Pegasus. Finalmente, el comunicado oficial responsabilizó a Marruecos de bloquear la solución al conflicto del Sahara Occidental y de torpedear la integración del Magreb.

Como complemento de lo anterior, Argelia también expresó la necesidad que la solución al conflicto en Libia sea alcanzada por los libios y sin injerencia externa, lo cual se puede interpretar como un guiño contra la iniciativa marroquí de Skhirat. Además, declaró que el gobierno argelino está dispuesto a mediar en el conflicto de la Gran Represa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés), aunque esto último trajo consecuencias, ya que el gobierno etíope anunció que cerrará su embajada en Argel. Si bien hace un tiempo se había declarado que se clausurarían diversas misiones diplomáticas, por motivos presupuestarios, no deja de llamar la atención que el cierre ocurriese justo después de la intención de Argelia de mediar en el conflicto que opone a Egipto, Etiopía y Sudán.

La respuesta marroquí fue rápida, directa y sin sorpresas. Aseguró que lamentaba la decisión y, al mismo tiempo, la catalogó como “injustificada, pero esperable, dada la lógica de escalada de las últimas semanas”.  El comunicado oficial también rechazó, categóricamente, “los pretextos falaciosos, incluso absurdos, que la sustentan”, mientras que dejó en claro que “el reino de Marruecos seguirá siendo un socio creíble y leal del pueblo argelino y continuará actuando con sabiduría y responsabilidad por el desarrollo de relaciones intermagrebíes sanas y fructíferas”.

Contexto previo

Para entender mejor lo que está sucediendo, es necesario revisar los últimos movimientos diplomáticos. El 23 de agosto, Ramtane Lamamra, ministro de Asuntos Exteriores, realizó una visita de trabajo a Túnez, donde se reunió con el presidente de aquel país, Kais Saied, y con su homólogo tunecino, Othman Jerandi. Previamente, Lamamra se había desplazado a Túnez el 27 de julio y el 2 de agosto. En ambos casos, expresó la preocupación, por parte de Argelia, sobre la crisis política que terminó con el congelamiento del Parlamento y de la dimisión del primer ministro, Hicham Mechichi.  Casi en paralelo, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se desplazó a Túnez, donde tuvo un encuentro con el presidente de Túnez, Kais Saied. En aquella ocasión, Bourita entregó dos mensajes del rey Mohammed VI al mandatario tunecino.

El 1 de agosto, Tebboune y Saied mantuvieron una conversación telefónica -lo cual se repetiría el 23 de agosto-, mientras que Lamamra realizó un viaje por Etiopía, Sudán y Egipto a fines de julio. Durante dicho periplo, Argelia propuso conversaciones directas entre los gobiernos etíope, sudanés y egipcio.  A propósito de las relaciones con África Subsahariana, Argelia ha comenzado una etapa de recuperación del terreno perdido, especialmente en el caso de Malí. Sobre este último, otros estados (africanos y foráneos) habían tenido injerencia, pero lo que preocupó de gran manera fue la entrada de Marruecos al escenario maliense. Es así que, el 5 de abril, Abdelmadjid Tebboune recibió al ministro de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional, Zeyni Moulaye. Luego, el 11 de agosto y tras un nuevo golpe de estado que trajo como consecuencia cambios en el gobierno de Malí el mandatario argelino se reunió, nuevamente en Argel, con el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de la Cooperación Internacional, Abdoulaye Diop. Finalmente, el 27 de agosto, Lamamra visitó Malí, donde se reunió con el presidente de transición de Malí, coronel Assimi Goita. Ya en septiembre, el mencionado Lamamra realizó un segundo periplo africano, en el cual, además de visitar Mauritania, se desplazó a Níger, República Democrática del Congo y República del Congo. A su vez, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se comunicó por teléfono, el 31 de agosto, con su par mauritano, Ismail Ould Cheikh Ahmed, mientras que, el 2 de septiembre, recibió en Rabat al presidente de la Cámara de Representantes de Libia, Aguila Saleh.

Otro hito a tomar en cuenta fue la reunión, celebrada el 30 y 31 de agosto, en Argel, de los ministros de Asuntos Exteriores de los “países vecinos de Libia”. En dicha instancia participaron los representantes de Argelia, Chad, Egipto, Libia, Níger, Sudán y Túnez. La ausencia de Mauritania es lógica, ya que dicho país está directamente implicado en el conflicto libio, pero haber dejado afuera a Marruecos es otra señal, una más, de la pugna diplomática que tienen Argelia y Marruecos por la influencia en Libia.

Por último, cabe recordar que, el 17 de diciembre de 2020, Abdelmadjid Tebboune anunció -luego de una llamada telefónica con su par tunecino, Kais Saied- que visitaría Túnez. Originalmente, el mandatario argelino lo haría el 16 y 17 de marzo de 2020, pero aquel viaje se anuló por la pandemia del covid-19. Posteriormente, el 13 de julio y el 14 de septiembre, se dio a conocer que Tebboune iría a Túnez, pero aquellos anuncios nunca se concretaron. Después, en octubre de 2020, el presidente argelino se contagió con covid-19. Lo concreto es que, tras la anunciada visita de diciembre de 2020, los presidentes de Argelia y Túnez no se han reunido en persona.

Conclusiones

La tensión entre Argelia y Marruecos ha sido constante desde la década de 1970, pero con ciclos de contracción y expansión. En el impasse actual, se puede concluir que se está pasando por una etapa de expansión de las diferencias, lo cual se debe, directamente, a ciertos hechos que ocurrieron en las últimas semanas e, indirectamente, a una serie de situaciones que se han generado durante 2020 y 2021. El escándalo de espionaje de Pegasus, acusar a Marruecos de ser responsable de los incendios en Argelia, la visita a Marruecos del ministro de Asuntos Exteriores de Israel  la declaración del representante de Marruecos ante la ONU sobre Cabilia y el incidente por la estadía de Brahim Ghali en España son parte del grupo de hechos que han acontecido en el último tiempo. A su vez, el reconocimiento, por parte de Estados Unidos, de la soberanía marroquí en el Sahara Occidental, la restauración de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel y la pugna por el Sahel son factores de mayor profundidad, los cuales han ido moldeando el vínculo argelino-marroquí en el último tiempo.  

Si bien lo acontecido entre ambos países no tiene una relación directa con Israel, es evidente que el establecimiento de vínculos diplomáticos entre Marruecos e Israel traería consecuencias. Como se puede ver, el gobierno argelino ha usado, a su favor, el comodín israelí, para así basar su postura en un discurso con amplio respaldo popular (“ningún gobernante israelí ha dado instrucciones desde un país árabe”). Es así que se puede concluir que lo acontecido son los “efectos colaterales” de la movida diplomática marroquí de sumar apoyo en el asunto del Sahara Occidental. Básicamente, porque para contar con el respaldo de Estados Unidos, tuvo que asumir el riesgo de normalizar los nexos con Israel. Si bien el momento elegido (en plena pandemia y, por ende, con movilidad reducida) y la histórica relación entre Marruecos y el judaísmo impidieron grandes manifestaciones, tarde o temprano habría repercusiones por el acercamiento entre Marruecos e Israel.

También es fundamental comprender que la ofensiva de Argelia llega en un momento especial. Primero, porque, en diciembre pasado, Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos en el Sahara Occidental, algo que, sin el mismo tono, fue continuado por Joe Biden, nuevo presidente estadounidense. Luego, aquella decisión trajo una serie de consecuencias. Primero, a Marruecos no le gustó la postura adoptada por Alemania y España después del reconocimiento realizado por Estados Unidos. Mientras Alemania convocó al Consejo de Seguridad de la ONU, España no hizo declaraciones especiales sobre el asunto y no cambió su postura sobre el conflicto del Sahara Occidental. Esto trajo consigo problemas en las relaciones diplomáticas con Marruecos, lo cual se agravó por otros factores. En el caso de España, el lío producido por el ingreso de Brahim Ghali inflamó al máximo los vínculos hispano-marroquíes, mientras que, recientemente, un artículo publicado por Isabelle Werenfels -investigadora del SWP, un think tank alemán- también causó molestia en Marruecos. Sin embargo, muchos creen que el verdadero conflicto tiene que ver con la disputa por los límites marítimos entre España y Marruecos. Esto último, luego que, en enero de 2020, Marruecos delimitara su mar territorial en las cercanías de las islas Canarias. Al respecto, cabe mencionar que, en 2016, se descubrieron grandes yacimientos mineros -de cobalto, litio y telurio, entre otros- en el fondo marino de dicha zona. Estos minerales representarían cerca del 10% mundial y por eso habrían generado tanto interés en Alemania y España. ¿Por qué Alemania? Básicamente, pues los necesitaría para fabricar las baterías de los autos de lujo que actualmente produce. Este sería, entonces, el principal motivo de la disputa de estos países con Marruecos. Dejando a un lado esto, es evidente que Argelia tomó noto de lo que estaba ocurriendo y aprovechó esta “pérdida de sintonía” de Marruecos con España y Alemania, para así avanzar y romper las relaciones diplomáticas con Marruecos. De todas maneras, la estrategia quizás no entregue los resultados esperados por la diplomacia argelina, pues Marruecos y España anunciaron el fin de las hostilidades y han iniciado un proceso de acercamiento.

La situación interna de Argelia es otro elemento a tomar en cuenta. El movimiento Hirak lleva más de un año y medio protestando, a lo cual se suma la pandemia del covid-19, las históricas confrontaciones con ciertos grupos o regiones, el estancamiento económico y la cuestionada institucionalidad democrática del país. Estos factores han generado un contexto de fragilidad para el gobierno de Tebboune, el cual sigue contando con el apoyo de los militares, pero no tiene un gran respaldo popular. En este punto, hay que decir que no se trata del caso específico del actual presidente, sino que hay un rechazo colectivo al sistema imperante. Una demostración de aquello fue la bajísima tasa de participación (23,02%) en las últimas elecciones legislativas. Así, con tantos frentes con los cuales lidiar, la carta nacionalista siempre viene bien. Además, el gobierno argelino aprovechó los incendios provocados en el norte del país y, particularmente, en Cabilia, para generar enemigos. Tras apuntar a Rachad, movimiento islamista, y al MAK, el gobierno argelino también acusó a Marruecos e Israel de estar detrás de los siniestros ocurridos. En este contexto, la guinda de la torta fue romper los vínculos con Marruecos, acusándolo de atentar contra la seguridad interna y los intereses de la nación.

En paralelo, no se debe olvidar que Argelia está intentando recuperar el terreno perdido, a nivel diplomático, durante la parte final de la era de Abdelaziz Bouteflika. Sobre esto último, los notables avances de Marruecos en África -específicamente en el asunto del Sahara Occidental- y la irrupción de otros países (Ejemplos: Emiratos Árabes Unidos y Turquía) en el Magreb y el Sahel (zona de alto interés geopolítico para Argelia), provocaron cambios en la diplomacia argelina. Por eso, la ruptura de las relaciones con Marruecos obedece a la necesidad, por parte de Argelia, de buscar o, más bien, de definir aliados y rivales en África. Ante la apertura de diversos consulados en el Sahara Occidental y debido a los progresos de Marruecos en sus vínculos con estados que históricamente han estado a favor del Polisario o de Argelia (Ejemplos: Rwanda, Etiopía y Nigeria), Abdelmadjid Tebboune sabe que su país se encuentra en una posición desfavorable. En resumen, Argelia tiene como gran objetivo recuperar el terreno perdido en África, en general, pero, particularmente, en el Sahel. A eso, suma la imperiosa necesidad de indagar en nuevos campos de batalla diplomática, como el Mediterráneo y el Cuerno de África. Una demostración de aquello ha sido la propuesta de mediación en el conflicto del Gerd, aunque, por ahora, sin la respuesta deseada por el gobierno argelino.

Si bien parece poco probable un conflicto armado, habrá que poner atención a una eventual escalada, la cual podría plasmarse con una disputa diplomática más abierta y más agresiva, especialmente en África. Esto podría agravarse en algunos años más, específicamente en 2023, cuando Francia, supuestamente, habrá terminado el proceso de retiro de todas sus tropas del Sahel. En paralelo, el Cuerno de África podría ser otro frente de batalla diplomática entre Argelia y Marruecos, a lo cual habrá que sumar, eventualmente, el espacio Mediterráneo. Los vínculos con los países del Golfo Arábigo y la política africana de Israel -la cual cuenta con el apoyo de Marruecos- también debiesen moldear la relación argelino-marroquí y podrían ser un foco de tensión. Otra región donde ha existido un choque entre ambas partes es América Latina, pero su relevancia es menor en comparación con el escenario africano. De todas maneras, es probable que la disputa diplomática entre Argelia y Marruecos también se intensifique en América Latina, aunque, a diferencia de África, la confrontación depende, casi exclusivamente, de los cambios de gobierno que ocurren en la región y no de otros factores.

La situación de Libia merece un párrafo aparte, ya que aquí se está desarrollando una pugna diplomática entre Argelia y Marruecos. Este último ha tenido un activo rol, el cual, además, ha sido bastante positivo. De hecho, la iniciativa de Skhirat ha dado frutos y, como demostración, en la última reunión llevada a cabo en Marruecos ambas facciones libias firmaron un acuerdo para realizar elecciones presidenciales a fines de año. La importancia de la mediación marroquí adquiere un valor aún más grande si se toma en consideración que la Cumbre de Berlín no logró grandes resultados. Esto último ha sido, sin dudas, un triunfo de la diplomacia marroquí y una derrota para Argelia y Alemania.

Acerca de quién gana o pierde en esta ocasión, ninguno verá afectado sus grandes intereses, pero igual habrá algunas leves pérdidas. A nivel comercial, los intercambios intermagrebíes son escuálidos y casi insignificantes, mientras que la integración magrebí está estancada hace décadas. A nivel diplomático, las dudas deberían estar puestas en la postura que podría tomar Alemania, pues ha tenido un comportamiento algo proclive hacia Argelia. Sin embargo, Marruecos puede contar con la excelente relación con el Reino Unido y Francia, a lo cual suma el apoyo de Estados Unidos y la obligatoria complementariedad con España, país con el cual ya se produjo un descongelamiento. Ambos se necesitan y, al menos en esta ronda, ha primado la cordura diplomática. Donde sí habrá un perdedor será en el asunto de los recursos, pero solo si se confirma, finalmente, que Argelia dejará de transportar gas (hacia España) por medio del gasoducto Maghreb-Europe. Si se cumple lo que se ha estado informando (que Argelia dirigirá todos sus envíos de gas a España por medio del gasoducto Medgaz), entonces Marruecos habrá sufrido una derrota en el campo de los recursos energéticos (afectaría, principalmente, a dos plantas energéticas ubicadas en el norte del país, que representan el 12% de la electricidad consumida) y, por ende, en sus arcas (aunque no superaría el 1% del presupuesto anual). Empero, aunque los efectos serán relevantes, en el mediano y largo plazo podrían ser absorbidos por Marruecos, especialmente por las exploraciones de gas que ya se están desarrollando, la opción de invertir en infraestructura para el gas licuado y porque se está apostando a la construcción del gasoducto de África Occidental, que conectará a Nigeria con Marruecos y, desde este último, pasará gas hacia España y Europa. También, la medida de desechar al gasoducto Maghreb-Europe choca con las capacidades de uno y otro gasoducto. Mientras Maghreb Europe tiene una capacidad de pasar 13.000 millones de metros cúbicos (m3) por año, Medgaz posee una capacidad de 8.000 millones de m3 anuales y, aunque a finales de 2021 sería aumentada, solo llegaría a 10.000 millones por año.  Otro dato a tomar en cuenta es que España y Portugal, pero principalmente el primero, se podrían ver perjudicados por la decisión de no transportar gas a través del gasoducto Maghreb-Europe, lo cual deja en claro que no es un asunto bilateral, sino que, como mínimo, entre tres partes (Argelia, España y Marruecos). Finalmente, si bien Marruecos podría perder una parte de su consumo interno de gas, que no sería superior al 10%, esto también traería como consecuencia una baja en los ingresos, por venta de gas, para Argelia. En resumen, la opción de desechar al gasoducto Maghreb Europe puede parecer un “buen castigo” para Marruecos, pero también significaría un perjuicio para Argelia. Por ende, es probable que esta medida no se concrete ahora, pero, en el mediano o largo plazo, dependiendo de la capacidad de Medgaz, podría ser un foco de tensión. Esto último va en línea con la decisión de Mohammed VI de poner énfasis en la construcción del gasoducto Nigeria-Marruecos.

Al momento de analizar la relación entre Argelia y Marruecos, se debe tomar en cuenta que ambos estados tienen un historial de disputas y el vínculo tiene una densidad que va más allá del conflicto del Sahara Occidental. Desde la independencia de ambos países, la relación se ha basado en aspectos como disputas ideológicas, lucha por los recursos, influencia en África, problemas limítrofes y modelos de desarrollo muy diferentes e, incluso, escasamente complementarios. Así las cosas, la ruptura de los nexos diplomáticos es algo a tener en consideración, pero tampoco adquiere la relevancia que tendría en otro contexto o, más bien, en otro historial entre ambas partes. La relación argelino-marroquí ha estado marcada por la irregularidad, con momentos de expansión y contracción, pero siempre dentro de ciertos márgenes. Por eso, no existen argumentos, hoy, para pensar que en el corto y mediano plazo pueda cambiar la tendencia histórica del vínculo. Eso sí, será interesante ver cómo se desarrolla esta pugna en el Magreb post-2011, ya que Libia solía jugar un importante rol en el Magreb (y el Sahel), pero ahora, con su precaria situación interna, la influencia libia es casi inexistente. Habrá que ver quién toma ese vacío de poder y, en el mediano o largo plazo, será motivo de análisis la postura que pueda apostar la Libia post-Ghaddafi.

La situación actual disminuye las probabilidades de conseguir una solución al conflicto del Sahara Occidental y lo esperable es que las posturas se alejen aún más. En este sentido, lo lógico sería que se continúe con la tendencia de las declaraciones cruzadas, las cuales han adquirido un mayor protagonismo en las últimas semanas. Al respecto, no se debe olvidar que las relaciones entre Argelia y Marruecos han pasado por momentos álgidos (1963, 1976 y 1994, entre otros), pero desde 1988 no se había consolidado la ruptura de los vínculos diplomáticos. Desde esta perspectiva, no se debe caer en un alarmismo exagerado, pero tampoco se le debe bajar el perfil a un hecho que, más allá de su real impacto, refleja el fracaso de la Unión Africana, la ONU, la Unión del Magreb Árabe y, por supuesto, de Argelia, Marruecos y el Polisario. 


[1] Esto, por las declaraciones realizadas, el 11 de agosto de 2021, por el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Yair Lapid, quien durante su visita a Marruecos expresó que le preocupaba el rol regional de Argelia, que, como nunca antes, está muy cerca de Irán y que lidera campaña contra la admisión de Israel como miembro observador de la Unión Africana”.

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Marruecos-Polisario: ¿un nuevo episodio militar en el Sahara?

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Marruecos-Polisario: ¿un nuevo episodio militar en el Sahara?

Fecha 15/11/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Durante el 12 y 13 de noviembre, las Fuerzas Armadas Reales (FAR) de Marruecos llevaron a cabo la misión de destrabar el conflicto que venía gestándose desde el 21 de octubre, día en el cual manifestantes saharaouis, provenientes del territorio bajo control del Polisario, realizaron un bloqueo de la ruta en la zona tampón de Guerguerat. Tras cerca de tres semanas y media de incertidumbre, el rey Mohammed VI tomó la determinación de poner fin a esta situación. Sin embargo, ¿qué pasó y por qué ocurrió esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy |  13 de noviembre de 2020

Los choques entre el Polisario y Marruecos no son una novedad y, de hecho, siempre hay movimientos a nivel mediático y diplomático. Sin embargo, desde el cese al fuego, firmado en 1991, ninguna crisis había escalado al nivel de generar una confrontación armada. De hecho, el conflicto de 2017 logró resolverse gracias a la mediación de Antonio Guterres y sin ataques por parte de ambos bandos.

Esto se mantuvo hasta la noche del 12 de noviembre y la madrugada del 13 del mismo mes, momento en el cual las fuerzas militares marroquíes procedieron a establecer un cordón de seguridad, para así permitir la libre circulación de personas, bienes y vehículos de transporte. Afortunadamente, no hubo muertos, ni tampoco heridos, y, de hecho, todo indica que los militares marroquíes se encargaron de dispersar a los manifestantes poniendo énfasis en su seguridad. Luego, según informaron diversos medios locales y argelinos, se habrían producido pequeños intercambios entre los efectivos del Polisario y de Marruecos, aunque sin grandes consecuencias. Durante la jornada del viernes 13 de noviembre, el gobierno de Marruecos dio por terminada la operación militar y se jactó de haber finalizado el asunto sin heridos, ni fallecidos.

(Agencias)

Más allá de este hecho, cabe preguntarse por qué sucedió este enfrentamiento. Al respecto, se podrían esgrimir las históricas variables, pero queda la impresión que lo de esta ocasión fue por las actuales coyunturas. En este sentido, vale la pena revisar, brevemente, qué ha pasado en los últimos meses. Para hacer esto, qué mejor que una revisión de la línea cronológica de eventos.

Cronología de hechos de los últimos tres meses

25 de agosto: El Polisario relanza su proyecto de población del territorio al este del muro de las arenas.

29 de septiembre: El Polisario rechaza los dichos de Pedro Sánchez, jefe de gobierno de España, sobre el Sahara Occidental. Se le acusó de apoyar la postura marroquí al realizar un discurso en la Asamblea General de la ONU.

2 de octubre: Antonio Guterres publica un nuevo reporte sobre el Sahara. Un día después, afirmó que sigue convencido que se puede alcanzar una solución pacífica.

7 de octubre: El Polisario declara que el reporte de Guterres no refleja la realidad del Sahara. El mismo día, Italia declara que le da la bienvenida a los serios y creíbles esfuerzos de Marruecos.

12 – 14 de octubre: Se realizan dos reuniones técnicas del Consejo de Seguridad de la ONU, como preparación para la resolución que se adoptará el 28 de octubre.

16 de octubre:  El Polisario amenaza con establecer relaciones de defensa mutua con estados africanos.

20 de octubre: Jordania reitera su apoyo al plan de autonomía propuesto por Marruecos. La Alianza del Pacífico también expresa lo mismo.

21 de octubre: Guinea-Bissau abre un consulado en Dakhla y firma cuatro acuerdos de cooperación con Marruecos. El mismo día, “decenas de civiles saharaouis” bloquean Guerguerat, una especie de zona tampón que une Nouadhibou (Mauritania) con las provincias del sur marroquíes (Sahara Occidental).

22 de octubre: República Centroafricana reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara. Bahrein expesa su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Marruecos. A su vez, Yemen valora los esfuerzos de Marruecos por encontrar una solución perduradera.Por último, Eswatini expresa su apoyo a la propuesta de autonomía y a la marroquinidad del Sahara.

23 de octubre: Arabia Saudita reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara y al plan de autonomía propuesto por Marruecos. En la misma línea, Gabón declara que el plan de autonomía  es la “solución de compromiso por excelencia”. Guinea-Bissau vuelve a decir que apoya en forma permanente la marroquinidad del Sahara. En este mismo día, Burkina Faso, Guinea Ecuatorial y Guinea-Bissau abren consulados en la ciudad de Dakhla.

24 de octubre: Malawi afirma que se debe llegar a una solución enmarcada en la integridad territorial de Marruecos. Islas Comoras reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara y al plan de autonomía, en tanto que Emiratos Árabes Unidos reconoce la marroquinidad del Sahara y la integridad territorial de Marruecos. En paralelo, Burundi expresa que mantener el diferendo “por el Sahara marroquí” entrave la integración magrebí. República Centroafricana, Kiribati, Guinea y tres países caribeños (Dominica, Santa Lucía y Antigua y Barbuda) realizan declaraciones similares, entregando su apoyo a Marruecos.  Zambia inaugura su embajada en Rabat y anuncia una pronta apertura de un consulado en Laayoune. El Polisario amenaza con retomar las armas.

26 de octubre: Chad reitera que rompió relaciones con la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD) en 2006.

27 de octubre: Emiratos Árabes Unidos y Marruecos anuncian que el primero de ellos abrirá un consulado en Laayoune. El mismo día, Eswatini y Zambia inauguran sus respectivos consulados en Laayoune.

28 de octubre: Gabón reafirma su apoyo constante a la marroquinidad del Sahara.

30 de octubre: Estados Unidos anuncia que la iniciativa marroquí de autonomía es creíble, seria y realista.

30 de octubre: El Consejo de Seguridad de la ONU renueva por un año más el mandato de la Minurso.

1 de noviembre: Argelia expresa que no le teme a nadie.

2 de noviembre: Las carga pesquera, estimada en unas 200 toneladas, de cinco barcos gallegos se encuentra detenida, luego que manifestantes saharauis hayan mantenido el bloqueo por cerca de dos semanas.

4 de noviembre: Emiratos Árabes Unidos abre su consulado en Laayoune, mientras que Libia anuncia que hará lo propio en las próximas semanas. En la misma jornada, Argelia reitera su constante postura a favor de la autodeterminación del pueblo saharaoui.

5 de noviembre: Djibouti respalda el plan de autonomía propuesto por Marruecos.

6 de noviembre: Diversos medios informan que prontamente se abrirán más consulados en Laayoune y Dakhla. Dentro de los posibles candidatos, aparecen países del Golfo Pérsico, pero incluso se menciona a otros como Jordania.

10 de noviembre: El Polisario amenaza con romper el cese al fuego, establecido en 1991 y que, desde entonces, ha sido respetado por ambas partes.

11 de noviembre: El gobierno de Mauritania anuncia que sus fuerzas militares habían reforzado sus posiciones en la frontera con el Sahara Occidental.    

12 de noviembre: Se intensifican los movimientos en la zona controlada por el Polisario. Se llama a los saharaouis a manifestarse. En paralelo, Gambia y Marruecos firmaron acuerdos de cooperación y el primero de ellos reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara. El mismo día, se informa que Sudáfrica intentaría realizar una mediación en el conflicto y que Argelia habría ordenado, a sus embajadores en América Latina, que activen su presencia en la región, para así defender al Polisario.

12 – 13 de noviembre: En la noche del 12 al 13 de noviembre, las Fuerzas Armadas Reales establecieron un cordón de seguridad, para así permitir la circulación de personas, camiones y vehículos por el paso de Guerguerat. Se informa que las fuerzas marroquíes respondieron a las provocaciones de las fuerzas militares del Polisario. Mientras Marruecos asegura que tres observadores militares y otros dos representantes de la ONU fueron testigos del incidente, Brahim Ghali, secretario general del Polisario, contactó a Antonio Guterres y le pidió una intervención de la ONU. Esto último, ante los supuestos ataques contra civiles realizados por los militares marroquíes.

Comentarios sobre lo ocurrido

Como se puede apreciar, Marruecos ha tenido importantes avances diplomáticos respecto del Sahara Occidental. En primer lugar, durante 2020, 16 países africanos abrieron o anunciaron la apertura de consulados en Dakhla y Laayoune, ciudades que se ubican en lo que las autoridades marroquíes denominan “provincias del sur”. Junto a esto, Emiratos Árabes Unidos inauguró un consulado el 4 de noviembre, mientras que Libia confirmó que también hará lo mismo.

En paralelo a lo anterior, ciertos países han vuelto a decir que la propuesta marroquí de autonomía es “seria”, “creíble” y “realista”, lo cual va de la mano con las últimas resoluciones elaboradas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Este último, parece ser que cada vez más se va ajustando a una solución “justa”, “duradera” y “realista”. Por ende, se puede concluir que en la ONU entienden que, por diversos motivos, la realización del referéndum es casi imposible. Primero, por lo difícil que sería establecer quiénes serían saharaouis y quiénes no lo serían. Además, es altamente probable que ninguna de las partes involucradas acepte el resultado final de un eventual referéndum de autodeterminación. Por último, en la parte administrada por Marruecos viven cerca de 600.000 personas, distribuidas en varias localidades y en ciudades de mediano tamaño como Laayoune (218.000 habitantes aproximadamente) y Dakhla (107.000). En paralelo, la postura marroquí no va a cambiar, en el sentido que ellos no se sentarán a negociar una salida que implique la pérdida del Sahara Occidental. En este contexto, la ONU, pero también muchos países, asumen que lo mejor es buscar una solución “justa”, “duradera” y “realista”.

Tampoco se debe soslayar que el Polisario ha seguido perdiendo apoyos y una demostración de aquello son las declaraciones de Chad y Guyana, países que en su momento reconocieron a la autodenominada República Árabe Saharaoui Democrática, pero que han anunciado el fin de dicho reconocimiento. Así es que, recientemente, Chad confirmó (el 26 de octubre) la ruptura de las relaciones con la RASD en 2006, mientras que Guyana declaró (el 14 de noviembre) que dejaría de reconocer a la RASD.­­ Si a fines de la década de 1980 el Polisario podía jactarse del apoyo de al menos 80 estados, hoy la cifra se sitúa entre 27 y 30.

Relacionado con lo mencionado en los anteriores párrafos, se ha especulado con el eventual establecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel. Si bien esto parece improbable en el corto e incluso mediano plazo, no sería extraño que ciertos países comiencen a realizar gestos diplomáticos a Marruecos, para que este último tome la decisión de generar nexos con Israel. Es así que se espera que otros estados del “mundo árabe” sigan los pasos de Emiratos Árabes Unidos (primer país del Golfo Arábigo y del Consejo de Cooperación del Golfo que cuenta con un consulado en el Sahara Occidental) y Libia (primer  país del Magreb que anunció la apertura de una misión diplomática en el Sahara Occidental). En esta línea, cabe destacar que Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar expresaron su apoyo a Marruecos por la operación militar desarrollada en Guerguerat y, al mismo tiempo, rechazaron la “provocación” del Polisario.

Por último, el Polisario siempre ha contado con el apoyo de Argelia, pero este último se encuentra en un complicado momento. El movimiento Hirak, que comenzó en febrero de 2019 y sigue activo, mantiene sus demandas sociales y pide cambios en la institucionalidad democrática del país, a lo cual se suma la desconfianza de la ciudadanía respecto de la clase política argelina. Una demostración de esto último fue la baja participación en el referéndum constitucional ocurrido el 1 de noviembre, en el cual votó cerca del 27% del electorado. En paralelo, el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, sufrió el contagio de Covid-19 y, tras ser internado en un hospital militar argelino, fue trasladado a Alemania. En dicho país ha permanecido hospitalizado y su estado de salud es una incógnita. Si bien se había anunciado una mejoría de su estado de salud, en los últimos días se ha difundido que su situación se habría agravado. Más allá de esto, Argelia nuevamente se ve enfrentado a un vacío de poder, lo cual podría ser aún peor en caso que el actual mandatario no pudiese retomar sus funciones en el corto plazo. En este contexto, se ve poco probable que Argelia desee un conflicto armado en sus propias fronteras, especialmente porque atraviesa por una crisis económica, la cual se agravó por la pandemia del Covid-19.

Además, el conflicto de Malí, que tiene implicancias para Argelia, es otra preocupación para el gobierno argelino y, por lo mismo, sumar más inestabilidad política y social en la región sería catastrófico para Argelia, pero también para todo el Magreb, el Sahel e incluso África Occidental.

En resumen, todo apunta a que, en un acto de desesperación, el Polisario intentó militarizar un conflicto que, aunque sigue existiendo, desde 1991 se había mantenido dentro de ciertos márgenes razonables, es decir, privilegiando la paz de la región y la estabilidad de los países involucrados. En este escenario, la respuesta marroquí fue un acierto del rey Mohammed VI, ya que dispersó a los manifestantes, desbloqueó la ruta y, tal cual se informó el sábado 14 de noviembre, el paso fronterizo de Guerguerat volvió a funcionar con normalidad. Así, el Polisario no logró que Marruecos cayera en la trampa e iniciara un feroz ataque que pudiese generar una escalada del conflicto. Así las cosas, Marruecos se anotó un triunfo diplomático, mientras que el Polisario sumó un nuevo traspié.

Ahora, habrá que ver lo que ocurra en los siguientes días, aunque el Polisario sabe que no puede plantear una guerra en la cual, además de perder militarmente, podría generar la muerte de civiles. Eso sería un desastre para el Magreb, África y, finalmente, para países europeos del Mediterráneo como España, Francia e Italia. Si el Polisario realmente quiere alcanzar una solución, debe dejar las armas y tiene que buscar un acuerdo con Marruecos. Esto último, con la mediación de la ONU, pero, idealmente, por medio de una solución generada y consensuada en el Magreb. La experiencia de Libia, donde gracias a las negociaciones desarrolladas en Marruecos y Túnez se ha logrado establecer la fecha de las próximas elecciones, debería ser tomada en cuenta.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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El fútbol, una vía para la igualdad genérica en Marruecos

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El fútbol, una vía para la igualdad genérica en Marruecos

Fecha 12/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace algunas décadas, el deporte más popular del mundo parecía ser un asunto de ciertos países y reservado solo para los hombres. Sin embargo, en los últimos 30 años y, particularmente, en los últimos dos decenios, la práctica del balompié no solo se extendió por todas las regiones del planeta, sino que además atrajo la atención de las mujeres. Tanto así, que la rama femenina cada vez suma más jugadoras profesionales, amateurs y recreacionales, algo que se puede apreciar en Marruecos, donde el asunto va más allá de lo netamente deportivo y aparece como un elemento de igualdad entre mujeres y hombres.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 12 de octubre de 2020

(Agencias)

Según el Reporte de Fútbol Femenino de la FIFA de 2019, 13,36 millones de mujeres y niñas juegan fútbol organizado a nivel mundial. De ellas, 3,12 millones de jugadoras juveniles (menores de 18 años) se encuentran registradas, en tanto que, en el caso de las adultas, la cifra bordea el millón (945.068). En paralelo, existen 63.126 entrenadoras en todo el mundo y 80.545 árbitros, equivalentes al 7% y 10%, respectivamente, del total mundial.

En cuanto al rol de las asociaciones nacionales, el 91% afirmó estar promocionado al fútbol femenino a través de las redes sociales y los medios tradicionales. Junto a eso, 74 asociaciones reciben exposición mediática semanal y 81 usan el sistema de streaming para transmitir fútbol femenino. Cabe agregar que las redes sociales más usadas son Facebook (135 de las 210 asociaciones), Instagram (103), Twitter (84), Youtube (71), Otras (40) y Snapchat (16).

En relación al trabajo de las asociaciones, 76% tiene una estrategia específica para el fútbol femenino y el 49,5% ha implementado un departamento o sección de fútbol femenino. La participación en cargos también merece atención, ya que las mujeres representan el 28% de los puestos administrativos y el 25% de los puestos más relevantes (presidenta, secretaria general y jefa de departamento o sección).

Algo muy interesante es el hecho que el 74% de las asociaciones trabajan con ONG, para así conseguir, a través del fútbol, un impacto positivo en la vida de mujeres y niñas. En este asunto, destacan temas como lucha contra el racismo, inclusión a la mujer en el deporte, lucha contra las desigualdades genéricas, vida sana, empoderamiento de la mujer, deporte inclusivo, integración de personas con capacidades diferentes, protección de las niñas, rechazo al acoso sexual, prevención del bullying y fair-play, entre otros. Estas políticas han generado diversos efectos positivos y uno de eso es la percepción que tienen los niños del fútbol femenino. Por ejemplo, la Confederación de Fútbol de Oceanía implementó, en 2010, Just Play -un proyecto deportivo de desarrollo social-, el cual ha beneficiado a 300.000 niñas y niños de 11 países diferentes. Dentro de sus resultados destaca que, en 2010, el 53% de los niños disfrutaba jugar fútbol con niñas, mientras que en 2019 la cifra subió al 72%. Este caso demuestra que, más allá del fútbol competitivo, existen otras instancias aún más importantes, pues generan profundos impactos sociales, los cuales provocan cambios en los paradigmas existentes.

Por último, vale la pena revisar, brevemente, cómo es la realidad del fútbol femenino en los mundiales. Al respecto, la Copa del Mundo es el principal torneo del fútbol internacional y en ella participan 32 selecciones, en la rama masculina, y 24 en la femenina. En este sentido, no hay una gran diferencia respecto del proceso histórico de participantes en estos eventos. De hecho, recién en 1998, cuando el fútbol se había desarrollado en prácticamente todos los países, los mundiales de hombres pasaron a tener 32 escuadras. Si el auge del fútbol femenino continúa su escalada, entonces no sería raro que en dos o tres mundiales ya tengan 32 escuadras en la fase de grupos.

Donde sí se pueden apreciar diferencias es en la cantidad de equipos que compiten en las eliminatorias mundialistas. Para el Mundial de Rusia 2018, la participación de las selecciones fue muy alta en el caso de los hombres, con 208 de 210 combinados nacionales (99%) siendo parte del proceso. A la inversa, en el caso de las mujeres solo estuvieron presentes 140 de los 210 elencos (67%). Sobre esto último, la Confederación Sudamericana de Fútbol (100%), la Confederación de Fútbol de Oceanía (100%) y la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (85%) tuvieron los mejores registros, dejando más atrás a la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (77%), la Confederación Asiática de Fútbol (48%) y a la Confederación Africana de Fútbol (44%).

En el caso de los torneos juveniles (sub-20 y sub-17), el escenario es similar. A nivel sub-20, las cifras de selecciones participantes en proceso eliminatorios fueron 180 en los hombres (86%) y 122 en las mujeres (58%), en tanto que, tratándose de los campeonatos sub-17, los números llegaron a 184 (88%) y 127 (60%), respectivamente.

La realidad del fútbol femenino en tierras africanas

En África, se estima que 563.554 mujeres juegan en algún tipo de fútbol organizado. De ellas, 73.306 menores de 18 años se encuentran registradas y 66.626 adultas también están en los registros. Además, 26 de las 54 asociaciones tiene una selección adulta activa y cerca de 30 países cuentan con ligas nacionales femeninas. Los principales torneos continentales de selecciones son la Copa Africana de Naciones, el torneo de clasificación a los Juegos Olímpicos y las eliminatorias para los mundiales sub-20 y sub-17. En cuanto a campeonatos de clubes, se ha anunciado la creación de una Champions League a partir de 2021. En paralelo, se llevan a cabo copas regionales, como la Cosafa, Cecafa, Ouest A, Unaf y Ouest B).

En los últimos años, el fútbol femenino africano ha ido sumando hitos en su proceso de consolidación. Por ejemplo, Sudán realizó su primera liga local en 2019 (con 19 equipos y una final que contó con 6.000 espectadores), Malí revivió su torneo nacional tras tres años de pausa y Togo, en 2017, también tuvo su primer campeonato. Además, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anunció la puesta en marcha de un plan de desarrollo de este deporte, lo cual se llevará a cabo durante el período 2020-2023 y basado en cinco ejes (desarrollo, competencias, promoción, profesionalización y liderazgo e inclusión social).

En cuanto al desarrollo del fútbol, los países más fuertes -en términos deportivos- son Nigeria, Camerún, Ghana, Sudáfrica y Guinea Ecuatorial. Luego, aparecen otras selecciones como Malí, Costa de Marfil, Zambia y República Democrática del Congo. Como se puede ver, los países magrebíes no destacan en el fútbol femenino africano y es por eso que el desarrollo de esta actividad parecer ser algo necesario. Y no solo pensando en la competencia, sino que, lo más importante, como una vía hacia la igualdad genérica, la disminución de la pobreza y la integración de la mujer en diversos espacios que, históricamente, han sido considerados típicamente masculinos.

El Magreb: fútbol femenino en desarrollo

Argelia comenzó el proceso de masificación en la década de 1990, aunque las turbulencias internas -guerra civil e inestabilidad política- generaron el estancamiento del fútbol femenino. Tras su primer partido internacional (contra Francia, en 1998), en 2009 se lanzó un nuevo campeonato local, el cual reagrupaba a todos los equipos del país. Si bien en 2020 se anunció una reorganización de la liga local, la Federación Argelina de Fútbol (FAF) anunció que los equipos solo podrían tener un máximo de tres jugadoras mayores de 30 años. Esta medida causó mucha polémica y fue catalogada como discriminatoria y contraria a la igualdad genérica.

En Túnez, el tema es bastante nuevo, ya que recién en 2004 se creó la sección femenina y, también, el torneo local. En 2006, la selección de Túnez jugaría su primer partido internacional. Lamentablemente, la precariedad también se nota en el territorio tunecino, pues apenas hay un centro de formación en el país y la competencia nacional estuvo congelada durante algunos años (2017-2020).

En Mauritania, el fútbol femenino competitivo recién comenzó en 2017, año en el cual contó con recursos entregados por la FIFA. Dos años más tarde, gracias a la clasificación de la selección masculina a la Copa Africana de Naciones, se tomó la determinación de crear un combinado nacional femenino. El primer encuentro fue contra Djibouti y luego disputó un torneo amistoso contra Bolivia, España e India. La buena noticia es que la Federación de Fútbol de la República Islámica de Mauritania (FFRIM) generó un proyecto de desarrollo del fútbol femenino.

En Libia, el fútbol femenino tuvo un renacer tras la caída de Muammar Al Ghaddafi (2011), aunque sin dar grandes pasos. En 2016, la selección libia jugó su primer encuentro internacional, pero aún no hay una liga local y, de hecho, para armar la selección se nominan jugadores de escuelas y lugares similares.

En cuanto a resultados, ninguna selección magrebí ha logrado clasificar a la Copa del Mundo o a los Juegos Olímpicos. En este contexto, lo más destacado han sido las clasificaciones a la Copa Africana de Nacionales, en la cual han participado Argelia (cinco ocasiones), Marruecos (dos) y Túnez (una). Sin embargo, ninguna escuadra pudo pasar la fase de grupos.

El fútbol femenino en Marruecos

El primer torneo se realizó en 2002, pero con un sistema regional. Recién en la temporada 2007/08 se puso en marcha un nuevo formato, según el cual los equipos de las diversas regiones se dividían en dos grupos (Sur y Norte). En cuanto a la selección femenina marroquí, esta dio sus primeros pasos en 1998 y desde entonces ha estado activa, aunque sin grandes logros.

En 2018, se llevó a cabo, en Marruecos, el Primer Simposio sobre el Fútbol Femenino, el cual fue organizado por la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y contó con el patrocinio del rey Mohammed VI. Aquel sería un momento histórico, pues fueron las primeras piedras de un camino que se consolidaría dos años más tarde. Así fue que, en 2020, la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) firmó contratos de objetivos con Liga Nacional de Fútbol Femenino (LNFF), 12 ligas regionales y la Dirección Técnica Nacional. Dentro de otros compromisos, habrá un apoyo de 60 millones de dirhams anuales durante los próximos cuatro años, a lo cual se sumará un apoyo técnico y financiero a lo clubes, las jugadoras y las federaciones regionales. Además, a partir de la temporada 2020/21, habrá torneos de Primera División (D1) y Segunda División (D2), pero también un campeonato nacional sub-17 y torneos regionales en categorías de juveniles.

El objetivo es convertir al fútbol en el deporte más practicado por las mujeres en Marruecos. En este sentido, se espera llegar a al menos 89.802 jugadoras registradas de aquí a 2024. También incluye la formación de 1.000 directivos técnicos y el desarrollo de una economía del fútbol femenino. Junto a lo anterior, se entregará una subvención (para el correcto funcionamiento) de 1.200.000 de dirhams a la Primera División, 800.000 a la Segunda División y 100.00 para las ligas regionales (para el desarrollo).

Otra gran novedad es que se aplicará el Código de Trabajo y, por ende, todas las jugadoras de equipos adultos deberán tener un contrato. Por si fuese poco, se estableció un sueldo mínimo de 350 y 260 euros mensuales para las futbolistas de Primera y Segunda División, respectivamente.

En lo deportivo, se plantea clasificar al Mundial de 2023 y a los Juegos Olímpicos de 2024, pero también se desea ganar alguna Copa Africana de Naciones (en alguna categoría juvenil) y clasificar, en forma permanente, al torneo adulto.

Como un perfecto complemento para este programa, el 10 de octubre de 2020 se produjo un hito en el fútbol femenino marroquí. Esto último, pues Bouchra Karboubi arbitró el partido entre Moghreb Athlétic Tétouan y Olympique Khouribga. De esta forma, fue la primera vez que una mujer tuvo el rol principal de árbitro en un duelo válido por el torneo de Primera División del fútbol masculino marroquí. Y eso no fue todo, ya que uno de los dos árbitros asistentes fue Fatiha Jarmouni.

Todo lo mencionado anteriormente se plantea como una manera de promover la igualdad entre mujeres y hombres, pero también para derribar estereotipos y paradigmas antiguos y machistas. La intención es que las mujeres se integren, a través del deporte, con aún más fuerza en la sociedad y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades laborales. En resumen, se trata de luchar contra la discriminación genérica y darle a la mujer el rol que merece, es decir, los mismos derechos e iguales oportunidades que los hombres.

Es así que el proyecto de desarrollo del fútbol femenino marroquí va en línea con las directrices del rey Mohammed VI, quien en 2004 lanzó la Moudawana (Código de la Familia) y, posteriormente, en 2008, establecería el Día de la Mujer (10 de octubre). Junto a esto, el monarca ha puesto como gran prioridad la igualdad genérica y ha promovido, aunque todavía sin conseguir los objetivos, la paridad entre sexos en cargos políticos.

Lamentablemente, al igual que en otros países magrebíes, las viejas costumbres, la tozudez de los grupos islamistas y la negativa de sectores conservadores han hecho imposible avanzar a mayor velocidad en el desarrollo del fútbol femenino marroquí, pero, aún más importante, en otros ámbitos de la vida. Por eso, es de esperar que los proyectos de Marruecos y Mauritania sean un ejemplo para la región, de manera que las mujeres, a través del fútbol, puedan ocupar más espacios en la sociedad y así se avance hacia la anhelada igualdad entre mujeres y hombres.

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

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Acerca de un eventual acercamiento entre Marruecos e Israel

Fecha 30/09/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Apoyado por el gobierno de Donald Trump, el estado israelí ha conseguido establecer relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (agosto de 2020) y Bahrein (septiembre de 2020), dos países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) y aliados de Arabia Saudita en la Península Arábiga. Tras estos avances, se ha rumoreado con cuáles podrían ser los siguientes  estados “árabes” o “musulmanes” en generar vínculos oficiales con Israel y, en este sentido, Marruecos ha aparecido en algunos artículos, columnas de opinión y análisis. ¿Será posible esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 30 de septiembre de 2020

Antes de responder la pregunta, es necesario revisar la historia de los nexos entre Marruecos e Israel, los cuales, vale la pena recordarlo, no son oficiales (no hay relaciones diplomáticas establecidas), ni tampoco tienen una gran profundidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el sultán Mohammed V enfrentó a las potencias dominantes y desafió al nazismo. En aquel entonces, el líder marroquí declaró, ante estupefactos periodistas:

“No apruebo, para nada, las nuevas leyes anti-judíos y rechazo asociarme a una medida que desapruebo. Les informo que, como en el pasado, los israelíes seguirán bajo mi protección”.

Aquellas palabras eran un reflejo de la permanente postura, de Mohammed V, de no solo oponerse a leyes que menoscabaran los derechos de los judíos, sino que también de defenderlos e incluso negarse a darle una lista de ciudadanos marroquíes judíos al mariscal Philippe Petain (régimen de Vichy). Durante la década de 1940, el sultán expresaría su rechazo a medidas sectarias o discriminatorias:

“Acá no hay judíos. Solo hay marroquíes”.

La historia es aún más antigua, ya que, la presencia judía en el norte de África se remonta a más de 2.000 años. Sin embargo, tras la expulsión de judíos desde España, importantes asentamientos se registraron en el Magreb. En Marruecos, se estima que la colonia judía llegó a tener cerca de 300.000 integrantes y que, en las cercanías de la independencia marroquí, en 1956, el total había bajado, pero seguía siendo bastante importante (280.000 habitantes). Con el paso de las décadas y ante los diversos sucesos geopolíticos de la región y el mundo- fin de la Segunda Guerra Mundial, creación del estado de Israel y Guerra de los Siete Días, entre otros- la población judía emigró de Marruecos y se asentó en Israel, pero también en Francia, Estados Unidos y Canadá. Actualmente, la comunidad de judíos sigue presente en Marruecos, pero con una pequeña representación de unas 2.500 o 3.000 personas, aproximadamente (la colonia judía más numerosa en los países del “mundo árabe”).

Entre otros reconocimientos, el matrimonio judío es oficial en Marruecos, el rey Mohammed VI pidió que la Shoah (“Holocausto”) sea parte de los textos escolares y existen 54 sinagogas en todo el territorio marroquí. Mohammed VI, actual rey, ha fomentado el diálogo entre civilizaciones y religiones, lo cual ha quedado de manifiesto con diferentes medidas adoptadas por el monarca. En 2020, se inauguró la nueva Beyt Dakira (“Casa de la Memoria”), que es una prueba viva del patrimonio cultural judío en Marruecos y, específicamente, en Essaouira. Además, Mohammed VI anunció, en 2019, la construcción de un Museo de la Cultura Judía en Fez y ha restaurado sinagogas, cementerios y antiguos barrios judíos. Estos proyectos se deben sumar a otros desarrollados antes de la llegada al trono del actual monarca. De hecho, su padre, Hassan II, inauguró, en 1997, el Museo del Judaísmo Marroquí de Casablanca. Cabe mencionar que estos proyectos (museos) son inéditos en el “mundo árabe”. Por último, no se debe olvidar que André Azoulay, consejero real de Hassan II y Mohammed VI es parte de la comunidad judía marroquí.

¿Un acercamiento imposible?

Mirando hacia atrás, lo más cercano a un acercamiento entre Marruecos e Israel fue el acuerdo de intercambiar oficinas de enlace, iniciativa que se llevó a cabo entre 1994 y 2000 (con una sede marroquí en Jerusalén y otra israelí en Rabat). Con el inicio de la Segunda Intifada, el recientemente entronizado Mohammed VI congeló dicho acercamiento, que, en realidad, era un legado de su padre, Hassan II.

A pesar de lo expresado en el párrafo anterior y de los vínculos históricos mencionados previamente, parece ser improbable que Marruecos establezca relaciones diplomáticas con Israel. Al respecto, hay varios motivos que explicarían la postura marroquí sobre este asunto.

Primero, el rey Mohammed VI ha optado por una política estatal de permanente apoyo a Palestina y, particularmente, hacia la población palestina. De hecho, Marruecos es uno de los países que más apoya a Palestina y, como demostración de aquello, rechazó, oficialmente, el “acuerdo del siglo” propuesto por Donald Trump en 2020. Además, la causa palestina es muy popular entre la población marroquí y, en una época de demandas sociales en el Magreb -incluyendo a Marruecos-, un eventual acercamiento con Israel sería muy mal visto y, seguramente, generaría protestas masivas en las calles de las grandes ciudades marroquíes.  Por último, si bien es el monarca quien tiene la palabra final en este tipo de asuntos, es importante recordar que el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD, islamista) tiene a su cargo el actual gobierno marroquí y su postura, respecto de Palestina, es de total rechazo a Israel.

Luego, desde un punto de vista estrictamente diplomático, Marruecos y Palestina han compartido reconocimientos mutuos. Mientras la monarquía marroquí defiende el derecho a tener un estado palestino, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) apoya la integridad territorial de Marruecos. Por ende, ya en términos más conceptuales, el nexo entre las dos partes se convierte en una relación de tipo “win-win”, lo cual permite concluir que sería poco probable mover piezas que generen un desajuste en el vínculo y en los intereses de los dos estados involucrados.

Relacionado con lo anterior, no se debe olvidar que Marruecos enfrenta, en términos diplomáticos, a Argelia y al Polisario. Esto último, por el siempre complejo conflicto del Sahara Occidental. En este contexto, cabe consignar que la diplomacia marroquí ha obtenido grandes éxitos en las últimas décadas -apoyo de diversos países, disminución de la cantidad de estados que reconocen a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática, consolidación del proyecto de autonomía como una vía razonable y regreso a la Unión Africana, entre otros- y siempre se han movido con mucha prudencia en su política exterior. Es así que establecer relaciones diplomáticas con Israel sería un paso hacia atrás en su política exterior respecto del asunto del Sahara. Básicamente, porque Argelia y el Polisario usarían un eventual acercamiento (entre Marruecos e Israel) para demostrar que Marruecos no busca soluciones pacíficas y que avala a estados que realizan ocupación de territorios. En consecuencia, parece imposible que el rey Mohammed VI tome la decisión de generar vínculos diplomáticos con Israel.

Sobre este mismo punto, se ha comentado que a Marruecos le convendría establecer relaciones con Israel, pues así ganaría el apoyo de Estados Unidos. En este tema, cabe resaltar dos hechos. Primero, que el nexo entre Marruecos y Estados Unidos es antiguo y valorado por ambas partes. Segundo, que un eventual sustento estadounidense tampoco cambiaría mucho el panorama en el conflicto del Sahara Occidental. Si se toma en consideración al Consejo de Seguridad de la ONU, es probable que Rusia vete cualquier resolución que busque modificar el actual estado del territorio en disputa, razón por la cual el apoyo de Estados Unidos no sería tan relevante. Junto a lo anterior, Marruecos ha conseguido que su postura sea aceptada o que al menos la mayoría de los países declaren que esperan una solución al interior del marco establecido por la ONU, es decir, ha logrado que casi ningún estado apueste por algún proyecto derechamente contrario a las aspiraciones marroquíes. En paralelo, la única región donde aún debe mejorar su presencia es América Latina y ahí Estados Unidos no tiene gran influencia y menos aún con el actual presidente (Donald Trump). Resumiendo, establecer relaciones diplomáticas con Israel a cambio del apoyo de Estados Unidos en el asunto del Sahara Occidental parece ser una estrategia con la cual Marruecos ganaría poco y perdería mucho.  

Finalmente, no se debe dejar a un lado que Emiratos Árabes ya confirmó las relaciones diplomáticas con Israel y que Arabia Saudita tiene buena comunicación con la parte israelí. A eso se debe sumar el hecho que Bahrein -un permanente aliado de Arabia Saudita- también firmó el establecimiento de vínculos diplomáticos con Israel. Esto adquiere gran relevancia, pues Marruecos ha tenido tensos momentos, durante los últimos años, con Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, razón por la cual resulta poco probable que Mohammed VI decida sumarse a una iniciativa liderada por dos estados con los cuales no tiene, actualmente, un buen vínculo a nivel diplomático.

(Fuente elaboración propia)

Comentarios finales y proyecciones

La densidad y frecuencia de las relaciones entre Marruecos e Israel no debería variar mucho, ya que la postura marroquí está muy clara. Primero, en su política exterior (apostar por el multilateralismo y las soluciones bajo el aval de la ONU) y, segundo, la diplomacia marroquí ha dejado en claro que no tiene una posición beligerante, respecto de Israel, pero que tampoco se sentará a dialogar en la medida que no cesen las colonias israelíes, que no se reconozca a Palestina como estado (con los límites previos a 1967) y que Jerusalén Este no sea establecida como capital de Palestina.

En este sentido, lo esperable es que se mantengan los vínculos “secretos” en asuntos como inteligencia, armamento o agricultura y que, eventualmente, en el futuro más lejano, se genere un acuerdo para tener vuelos directos entre Marruecos e Israel. Sobre esto último, el establecimiento de vuelos comerciales no sería contradictorio, ni tampoco una demostración de un acercamiento entre ambas partes, y mantendría la línea histórica de las relaciones entre Marruecos e Israel. La única gran diferencia es que sería una medida con menos “secretismo”, pero entendiendo que se trata más bien de un asunto de nexos históricos entre poblaciones judías viviendo en Marruecos y ciudadanos israelíes de origen marroquí. Esto último, cabe resaltarlo, es la base de la relación entre ambas partes y, por ende, más que un vínculo entre estados es uno que se lleva a cabo entre grupos específicos de la población de uno y otro país. Además, en el caso de Marruecos, no busca establecer relaciones diplomáticas con un estado (Israel), sino que reivindicar y mantener un elemento histórico (el judaísmo) de la cultura marroquí.

Respecto del comercio, no sería raro ver un aumento en los intercambios entre Marruecos e Israel, así como tampoco sería extraño que se avanzara, siempre en forma acotada y secreta, en la eventual cooperación en temas como seguridad y lucha contra la desertificación.

Finalmente, no se debe olvidar que, ad portas de la elección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump ha volcado su política exterior hacia temas complejos como el conflicto palestino-israelí y el litigio marítimo entre Líbano e Israel. En consecuencia, queda la sensación que, por ahora, los acercamientos con Israel son parte de la campaña presidencial de Trump y no reflejan, hasta ahora, un cambio en la política exterior estadounidense sobre Medio Oriente. En este contexto, es evidente que Marruecos tomará en cuenta eso y será aún más precavido.

Raimundo Gregoire Delaunoy
@Ratopado
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

Fecha 10/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile dio a conocer la noticia del cierre de las misiones diplomáticas chilenas en Dinamarca, Grecia, Rumania, Siria y Argelia. Fue una noticia que generó sorpresa, pues no hubo mayores explicaciones por parte de la cancillería de Chile. De hecho, la información se difundió a través de un medio nacional. Más allá de esto, ¿qué se puede analizar de la decisión de cerrar la Embajada de Chile en Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de junio de 2020

Antes de vislumbrar las proyecciones del asunto, es necesario recordar que África tiene una mínima importancia para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Minrel) y esto ha sido la tendencia histórica en la diplomacia chilena. Actualmente, el estado chileno tiene apenas siete representaciones en territorio africano, que son las embajadas en Argelia, Egipto, Marruecos (norte de África), Ghana (África Occidental), Kenya, Etiopía (Cuerno de África) y Sudáfrica (África Austral). Si proporcionalmente ya parece insuficiente (solo hay misiones diplomáticas en siete de los 54 estados africanos), se debe agregar que la Embajada de Chile en Etiopía en realidad se cuelga de la presencia chilena en la ONU y responde, más bien, a la necesidad de tener presencia en un organismo internacional. La situación en Kenya es bastante similar, mientras que en Ghana y Marruecos se comparte la sede diplomática con Colombia. En resumen, es evidente que la política exterior chilena no le da mucha importancia, ni recursos, a su proyección en África.

Ahora, dentro de este contexto, es importante revisar, brevemente, cómo ha sido el historial diplomático de Chile con el Magreb. Al respecto, el puntapié inicial fue en 1961, cuando Chile estableció relaciones diplomáticas con Marruecos y Túnez, situación que repitió con Argelia, en 1962, al reconocerlo como un estado independiente. En 1963, Chile nombraría embajadores en Argelia y Túnez, mientras que en Marruecos optó por tener un encargado de Negocios. A su vez, en 1964, Argelia nombraría a su primer embajador en Chile. Cabe mencionar que el estado chileno inició sus nexos diplomáticos con Mauritania en 1965, en tanto que con Libia lo hizo en 1971. Como se puede ver, Chile tuvo un cierto interés en generar vínculos con estos nacientes países, pero no pasó de ser un gesto inicial.

En el caso de Marruecos, la primera embajada chilena residente se estableció en 1977, pero poco tiempo después sería cerrada y recién en 1998 volvería a abrir. Argelia y Chile vivieron una “luna de miel” entre 1970 y 1973, pero los nexos entre ambos estados se cortarían tras el golpe de estado militar ocurrido en Chile. En cuanto a Túnez, dicho país pareció tener mayor relevancia estratégica para Chile, especialmente en la década de 1960, pero poco a poco perdió peso. Con el regreso de la democracia a Chile, en 1990, las cosas cambiarían. Así fue que Argelia y Chile retomarían sus nexos, Marruecos y Chile los estrecharían y, por contrapartida, Chile anunciaría, en 2000, el cierre de su misión diplomática en Túnez. Quedaba claro, entonces, que la política chilena apostaría por los dos grandes del Magreb, es decir, Argelia y Marruecos.

Sin embargo, aquello tampoco sería un gran cambio, pues durante el siglo XXI la diplomacia chileno estuvo enfocada en sus históricos vínculos y también en otros emergentes. Estos últimos, principalmente, comerciales. Es así que Chile comenzó, en la década de 1990, su apuesta por la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) y, en este sentido, se enfocó en potencias con las cuales ya tenía buenos nexos (Europa y Estados Unidos), pero también en mercados emergentes como Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y otros países asiáticos (especialmente del Asia-Pacífico y Sudeste Asiático). En este escenario, remarcando el nulo interés por África, no se firmaron TLC con países africanos, ni tampoco acuerdos de otra índole.  En lo político, el asunto tampoco se modificó mucho.

Algunos datos sobre la relación diplomática entre Chile y el Magreb

La relación entre las dos partes ha sido poco densa e, incluso, con un comportamiento irregular. Argelia y Marruecos concentran casi toda la actividad del vínculo entre Chile y sus pares magrebíes, dejando en un segundo plano, bastante irrelevante, a Libia, Mauritania y Túnez. De hecho, tomando en consideración la información oficial publicada en las Memorias del Minrel -la cual llega hasta 2017-, en los últimos diez años los números son contundentes. En este sentido, la agenda bilateral Chile-Magreb muestra que entre Argelia y Marruecos suman el 88.79% del total de hitos durante el período 2008-20017. [1] Si bien la actividad diplomática de Chile con estos dos estados es bastante pareja, con Marruecos parece ir adquiriendo algo más de peso. Esto se refleja, por ejemplo, con el hecho de que, en los últimos cinco años, Marruecos concentra 26 hitos, en tanto que Argelia llega solo a 15.

Lo mencionado anteriormente también se ve reflejado en los acuerdos, de diversa índole, firmados entre Chile y sus pares magrebíes. Si con Argelia tiene dos tratados, con Marruecos llega a siete. Esto demuestra, por un lado, que las relaciones con los dos principales países magrebíes no tienen mucha densidad y que, por el otro lado, Marruecos ha ido generando un mayor acercamiento. La puesta en marcha del Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones, por más que el proyecto parezca estar estancado, y la visita del rey Mohammed VI, en 2004 y que fue la primera de un monarca de un “país árabe” a Chile, parecen consolidar que Marruecos tomó la delantera respecto de sus vecinos magrebíes.

En cuanto al comercio, durante el período 2013-2018, Chile registra una balanza comercial de 41,4 millones de dólares con Argelia, mientras que con Marruecos es de 97,2 millones de la divisa estadounidense. Además, se debe mencionar que hace algunos años hubo acercamientos para analizar la factibilidad de un TLC entre Chile y Marruecos, lo cual confirma que el nexo con los marroquíes parece ser más atractivo para la parte chilena.

El enredo del Sahara Occidental

Si hay algo que le importa por igual a Argelia y Marruecos, aquello es el asunto del Sahara, un conflicto que sigue impidiendo la unidad magrebí, pero que, en términos diplomáticos, es uno de los pilares de la política exterior de ambos estados. En este contexto, pensar que América Latina o, si se prefiere, Sudamérica quedarían fuera de aquello sería un error. Para Argelia y Marruecos son más importantes otras regiones del mundo, pero la lucha diplomática por el Sahara Occidental no cesa.

Al respecto, América Latina tiene una importancia histórica, ya que, en el pasado, muchos países de la región apoyaron al Polisario e incluso llegaron a reconocer a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD). Sin embargo, con el paso del tiempo, Marruecos fue ganando terreno en el subcontinente latinoamericano. Tanto así, que si hace algunas décadas el Polisario contaba con el sustento de 29 estados latinoamericanos y caribeños, hoy solo diez mantienen dicha postura[2]. Además, Argentina, Brasil y Chile, tres importantes países de la región, nunca reconocieron a la RASD, ni tampoco se pusieron del lado del Polisario. Hoy, el apoyo regional que conserva el Polisario se encuentra muy amenazado, ya que se basa, principalmente, en un asunto ideológico. Esto último se relaciona con gobiernos que adhirieron a la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez y que, entre otras cosas, retomaba ciertas fidelidades o lealtades diplomáticas generadas en la época de la Guerra Fría. En resumen, es un asunto ideológico, lo cual puede variar con la caída de los actuales mandatarios. Es lo que ocurrió, en enero del presente año, con Bolivia, ya que tras la caída de Evo Morales -uno de los firmes sustentos de la revolución bolivariana- el nuevo gobierno optó por romper relaciones con la RASD. Esto permite concluir que los apoyos de Cuba, México y Venezuela podrían correr riesgo. Junto a eso, en Ecuador y Panamá se han visto posturas ambiguas y cambiantes, lo cual demuestra que el terreno latinoamericano podría cambiar y empeorar para el Polisario y, por ende, Argelia.

¿Por qué Chile tomó la decisión de cerrar su misión diplomática en Argel?

Comprendiendo el contexto que rodea a las relaciones entre Chile y los estados magrebíes, quizás se pueda tener más claridad a la hora de intentar entender cuál fue el motivo que llevó al gobierno chileno a bajar la cortina de la Embajada de Chile en Argelia.

Oficialmente, fue para bajar los gastos -el estado chileno se ahorraría entre 3.000 y 4.000 millones de pesos anuales por el cierre de las cinco misiones diplomáticas en cuestión-, pero quedan algunas dudas. Primero, hace años que se escucha, en los pasillos del Minrel, pero también en los medios, que la política exterior y la diplomacia chilena están en “modernización” o “restructuración”. Sin embargo, todavía no queda claro cuál es ese nuevo paradigma, ni tampoco cuáles serían sus pilares. Básicamente, se mantiene la tradicional postura de participación en foros internacionales, de apego al multilateralismo, de consolidar los vínculos económico-comerciales y de respetar al derecho internacionales. Sobre África, se han hecho algunos tímidos anuncios, pero casi ninguno se ha concretado (salvo algunos acuerdos y acercamientos con pocos estados). Es así que vuelve a aparecer la pregunta, es decir, ¿por qué se cerró la Embajada de Chile en Argelia?

Por ahora, habría que asumir que fue por un costo económico, pero que esto último va asociado a una decisión política -y esto sí es una novedad- de restarle relevancia a Argelia y de consolidar a Marruecos como polo en el norte de África. De hecho, en entrevistas o artículos publicados en medios se puede apreciar que las autoridades chilenas suelen referirse a Marruecos como una “puerta de entrada hacia África”. Además, Marruecos ingresó, como observador y en 2014, a la Alianza del Pacífico.

En los últimos años, Chile ha confirmado su apoyo a la resolución pacífica, acorde a los formatos y las decisiones de la ONU, del conflicto del Sahara Occidental, pero parece ser que, poco a poco, comienza a inclinarse hacia el plan marroquí. Es así que, en enero de 2018, la Cámara de Diputados de Chile reiteró que considera a la propuesta marroquí (de autonomía para el Sahara) como un “esfuerzo serio y creíble”.

En resumen, el cierre de la Embajada de Chile en Argel debe ser visto como una decisión administrativa, pero que, en el fondo, refleja una intención política. Ambos estados (Argelia y Marruecos) están involucrados en un conflicto y, por más que Chile no tenga un rol relevante en dicho asunto, cerrar la misión diplomática chilena en uno de esos países genera un nuevo escenario político y diplomático. Es muy probable que a Argelia le preocupe lo ocurrido, pues Chile se aleja de su postura en el asunto del Sahara, pero tampoco es que pierda tanto. Al contrario, Marruecos sí puede considerar como un triunfo de su diplomacia este gesto chileno. La unión de distintas señales permite concluir que esto sea, quizás, parte de una nueva postura del estado chileno. Sin embargo, también puede que sea un mero hecho administrativo que refleje el descuido de la diplomacia chilena respecto de sus pares. Todo esto se esclarecerá cuando se comunique cuál será la nueva política exterior de Chile y, particularmente, en el contexto africano.

Por último, tal vez sea momento que Argelia revise su política exterior, ya que durante los últimos años del gobierno de Abdelaziz Bouteflika sufrió diversos reveses diplomáticos. Argelia es un referente africano, pero ha perdido peso e influencia en África y en otras regiones. A la inversa, la diplomacia marroquí ha estado muy activa y eso le ha significado avanzar en el asunto del Sahara, pero, aún más importante, recuperar espacios en África y América Latina y el Caribe.


[1] Elaboración propia, basándose en la información obtenida en las Memorias del Minrel.

[2] Cuba, Ecuador, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela son los únicos estados que mantienen el apoyo. A la inversa, los países que se alejaron de dicha postura son Antigua y Barbuda, Bolivia, Barbados, Colombia, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Haití, Jamaica, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Suriname.

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

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La relación Marruecos-Argelia, ¿hacia una nueva dirección?

Fecha 7/11/2018 por Raimundo Gregoire Delaunoy

A propósito del 43er aniversario de la Marche Verde, el rey Mohammed VI realizó su tradicional discurso, aunque, a diferencia de otras ocasiones, tuvo un mensaje directo y conciliador para la vecina Argelia. ¿Será que ambos estados finalmente logren destrabar un conflicto que no solo los afecta a ellos, sino que a todo el Magreb?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 7 de noviembre de 2018

Hace 45 años, España dejó el Sahara y con eso se inició un problema que hasta hoy no tiene solución. Si bien la paz se ha establecido y no se han registrado enfrentamientos armados en más de dos décadas, el tema sigue siendo un gran dolor de cabeza para los directos implicados (Marruecos y Argelia), el Magreb –especialmente para la integración magrebí- y los refugiados.

En los últimos años, la situación no ha variado mucho. Se cambió al enviado especial de la ONU, se superaron algunas polémicas (como la decisión marroquí de expulsar al personal de la Minurso, para luego permitir su regreso) e incluso se intentó llevar el conflicto del Sahara al seno de la Unión Africana (asunto que no prosperó), pero, en su esencia, el problema sigue existiendo y, peor aún, mantiene el statu quo que lo ha caracterizado por largo tiempo.

Sin embargo, algunos hechos permiten tener una luz de esperanza respecto de una posible solución o, como mínimo, un eventual acercamiento que pueda generar las bases de un futuro y fructífero diálogo.

El discurso del rey Mohammed VI

En su habitual discurso del 6 de noviembre, el monarca marroquí recordó la gesta de quienes, con un Corán y una bandera, lograron devolverle el Sahara (provincias del Sur para el reino marroquí) a Marruecos, pero lo llamativo no fue eso –ya es parte de la retórica existente-, sino que los guiños que realizó a Argelia y, particularmente, a Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino.

Con frases como “las relaciones se encuentran en una situación inaceptable” o “desde mi entronización he llamado a la normalización de ellas”, Mohammed VI dejó en claro que en esta oportunidad quería ir más allá de lo usual y planteó, con hechos concretos, su postura de buscar una solución a los quebrados y débiles nexos entre Marruecos y Argelia. En este sentido, se puede destacar su gran propuesta, que es la creación de un mecanismo político conjunto de diálogo y concertación. Sobre este último, el rey mencionó que su estructura, formato y naturaleza se debe convenir entre ambas partes, agregando que Marruecos está abierto a propuestas e iniciativas que Argelia quiera sugerir en este asunto, pero también sobre la forma de mejorar las relaciones entre ambos estados.

En el plano retórico, Mohammed VI insistió en la necesidad de consolidar las relaciones –por medio de un diálogo franco y directo- sobre una base de confianza, solidaridad y buena vecindad. En esta dirección va su petición de reabrir las fronteras terrestres que ambos países tienen, las cuales fueron cerradas en 1994 y que ha generado, entre otras dificultades, la división de familias que viven en ciudades o pueblos fronterizos.

El encuentro de Génova

El alemán Horst Kohler, enviado de la ONU para el Sahara Occidental, tomó la decisión de darle un nuevo impulso al empantanado conflicto y para eso buscó retomar las negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, las cuales estaban congeladas desde 2012. En este contexto, Kohler no solo consiguió el visto bueno de ambas partes, sino que también invitó a participar en el diálogo a Argelia y Mauritania, los cuales, a su vez, aceptaron participar como observadores.

Si entre el 5 y 6 de diciembre ocurrirá algo novedoso o si se repetirá la tendencia de estas negociaciones –que normalmente suelen dejar escasos o inexistentes avances en concreto- aún está por verse. Sin embargo, es necesario destacar que, a diferencia de otras instancias de diálogo desarrolladas en anteriores años, ahora habrá un contexto regional o multilateral. Básicamente, pues Kohler ha integrado, con gran habilidad, a Argelia y Mauritania en la mesa de diálogo. Y estos último son actores regionales, pues ambos, por uno u otro motivo, siempre han estado implicados en este conflicto. Por ejemplo, los acuerdos de Madrid –los cuales cedían la administración- dejaron una parte del territorio bajo tutela de Mauritania, el cual, tras los enfrentamientos armados con el Polisario, decidió no reivindicar parte del territorio legado por España. A su vez, Argelia ha sido el principal soporte –político, económico y militar- del Frente Polisario. Es de esperar, entonces, que la visión del asunto como un conflicto regional traiga positivas modificaciones.

El contexto argelino

En 2019 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Argelia y, una vez más, Abdelaziz Bouteflika irá por la reelección, la cual, de ser conseguida, le otorgaría un quinto mandato. A pesar que parte de la sociedad y de los partidos políticos avalan esto, se ha ido generando una oposición que, aunque fragmentada, comienza a presionar por cambios reales y no modificaciones cosméticas. Es así que el asunto del Sahara podría ser una buena forma de demostrarle a los argelinos que el continuismo de Bouteflika no significa más de lo mismo y que Argelia puede ser un actor regional y africano de relevancia. A sabiendas de su delicado estado de salud, muchos dudan sobre sus reales capacidades, pero un avance en pos de un verdadero acercamiento con Marruecos sería bienvenido en buena parte de la sociedad argelina y en un importante sector de la política de aquel país.

Junto a esto, se pueden detectar ciertos movimientos subterráneos, al interior del gobierno argelino, que permiten concluir que podrían venir aires de cambio (aunque sean pequeños) sobre el asunto del Sahara. En paralelo, los cambios en las fuerzas armada de Argelia también podrían tener influencia, pues en caso de llegar un general pragmático, la situación podría tener un vuelco.

Y, finalmente, no debe soslayarse el sentido mensaje que envió Abdelaziz Bouteflika al rey Mohammed VI luego del dramático accidente ferroviario ocurrido hace unas semanas en las cercanías de Kenitra.

Precisiones finales

El llamado hecho por Mohammed VI no solo parece oportuno, sino que lógico. El Magreb, inserto en las lógicas regionales del Mediterráneo y el Sahel, enfrenta una serie de desafíos y conflictos que necesitan la puesta en marcha de propuestas y soluciones de tipo bilateral y multilateral. Entre otros temas, destacan la seguridad, la inmigración, la integración, las relaciones Sur-Norte del Mediterráneo, el desempleo juvenil y la lucha contra el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Además de estos importantes asuntos, claro está, resalta el gran tema, que es el conflicto del Sahara.

Dada la situación actual, tomando en cuenta las respuestas a las propuestas generadas, resulta imprescindible que Argelia y Marruecos –las grandes potencias del Magreb y dos referentes de África- unan sus conocimientos, capacidades y esfuerzos en pos de obtener mejores soluciones a los conflictos que minan un mayor desarrollo de dichos estados y de la región magrebí. Junto a esto, el comercio intramagrebí, que representa no más de un 5%, parecer ser una buena posibilidad a la hora de pensar en decisiones que permitan generar, poco a poco, más trabajo y más ingresos en las arcas estatales.

Además, el Magreb tiene la obligación de retomar la senda de la integración, la cual tuvo como punto culmine la creación de la Unión del Magreb Árabe, pero que desde aquel lejano entonces –su fundación fue en 1989- solo ha sabido de fracasos y fantasmas. Un Magreb unido y potente se encontraría en mejores condiciones a la hora de negociar con su vecino del norte (Unión Europea) y podría soñar con un desarrollo de toda la región. Si el gasoducto Maghreb-Europe se ha desarrollado en paralelo al congelamiento diplomático entre Marruecos y Argelia, ¿por qué no pensar que dicho modelo de cooperación energética pueda ser aplicado en toda la relación entre ambos países?

Es así que el conflicto del Sahara debe ser mirado con objetividad y pragmatismo. Se trata de un problema heredado de la época colonial y exacerbado por la disputa existente en la Guerra Fría. Por lo mismo, no es un conflicto propio del siglo 21 y su solución es obligatoria. Respecto de esto último, quizás sea momento de asumir que, hoy, es inviable la creación de un nuevo estado magrebí y que es igual de complicado realizar un referéndum de autodeterminación –, principalmente, por las dificultades que siempre han existido a la hora de establecer el universo de votantes y de definir quiénes son saharauis-, razones que hacen necesario reglar el asunto basándose en la propuesta marroquí, pero con nuevas ideas que puedan aportar Argelia, Mauritania, la Organización de Naciones Unidas u otros implicados como la Unión Africana y la Unión Europea. En pocas palabras, se trata que los estados involucrados sean capaces de ceder, para así llegar, finalmente, a un acuerdo conveniente para todas las partes.

Por último, vale la pena recordar los postulados del tanzano Julius Nyerere, quien en los años sesenta y setenta planteaba que si la independencia de África derivaba en fragmentación, entonces el desarrollo del continente estaría en grave peligro. Por lo mismo, Nyerere sugería, con una cuota de pragmatismo político, que se debía apostar por los organismos de integración regional. Y a esto último debe apostar el Magreb. Las riquezas naturales abundan -petróleo, gas, fosfato, frutas, verduras, pesca, un mercado de casi 100 millones de personas y energía solar, entre otros-, pero falta la voluntad política para que el sueño del gran Magreb se cumpla. Y mientras se busque una solución al conflicto del Sahara, los gobiernos magrebíes debiesen avanzar en otros aspectos de la integración, como la infraestructura, el intercambio académico-cultural, la cooperación en turismo, el establecimiento de posturas comunes en los foros multilaterales, la unión de fuerzas en temas como la inmigración y el terrorismo y, uno de los más importantes, la libre circulación de personas y bienes.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

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Países magrebíes en deuda en el Índice de Brecha de Género

Fecha 2/11/2017 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Según el informe realizado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), los estados del Magreb no tuvieron una buena ubicación en este ranking, el cual mide cuatro elementos (participación económica y oportunidad, alcance en educación, salud y sobrevivencia y empoderamiento político) y realiza medición en 144 países.

(Fotografía: Dennis Jarvis / Licencia Creative Commons. Edición: Periodismo Internacional)

Los números magrebíes no fueron muy positivos, ya que el mejor ubicado fue Túnez, que apareció en el 117° lugar. Más atrás quedaron Argelia (127°), Mauritania (132°) y Marruecos (136°), en tanto que Libia no es parte del ranking, ya que no fue examinado.

De todas formas, el Magreb tuvo su mejor desempeño en empoderamiento político, ya que ahí Túnez quedó en el casillero 55, Mauritania ocupó el número 57, Argelia trepó hasta el 86 y Marruecos escaló y finalizó en el 100. A la inversa, el ítem peor evaluado fue participación económica y oportunidad, donde todos se posicionaron entre el 130 y el 140. Cabe destacar que Túnez lideró en las cuatro categorías.

A nivel africano, 21 países quedaron mejor posicionados que los estados magrebíes, listado que incluye a Rwanda (4°), Namibia (13°),  Burundi (22°), Mozambique (29°), Uganda (45°), Botswana (46°), Zimbabwe (50°), Tanzania (68°), Ghana (72°), Lesotho (73°), Kenya (76°), Madagascar (80°), Camerún (87°), Cabo Verde (89°), Senegal (91°), Malawi (101°), Swazilandia (105°), Mauricio (112°), Guinea (113°), Etiopía (115°) y Benín (116°).

A nivel árabe, Túnez, Argelia, Mauritania y Marruecos tuvieron desempeños más parecidos a los de sus pares. De hecho, Túnez fue el segundo mejor posicionado, mientras que Argelia, Mauritania y Marruecos quedaron ubicados en los puestos 4°, 8° y 11° en el segmento “Medio Oriente y África del Norte).

Así las cosas, el Magreb tendrá que seguir trabajando en pos de reducir la brecha de género, de manera que la mujer no solo logre integrarse en las sociedades magrebíes, sino que además lo haga con plenas igualdades y en diversos ámbitos de la vida cotidiana. 

Para ver el informe completo, ingrese aquí.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 2 de noviembre de 2017
@Ratopado

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Tarifa, un espacio mágico

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Tarifa, un espacio mágico

Fecha 14/08/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Ubicada en el sur de España, a solo 14 kilómetros de Tánger, Marruecos, esta pequeña localidad de casi 19.000 habitantes se puede jactar de tener todos los elementos para que la gente pueda vivir en paz y alegría. Buen clima, frutas, verduras, personas amables, mar y pescado. Por si fuese poco, el turismo permite aplacar los efectos de la crisis económica que ha azotado a España y, con particular fuerza, a Andalucía.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de agosto de 2014

(Fuente: Raimundo Gregoire Delaunoy)

La figura de Guzmán el Bueno es un sello de Tarifa. Tiene estatua y un castillo, pero, además de eso, es un personaje histórico que nadie puede ignorar, ya que, a fines del siglo 13, tuvo un rol fundamental en la liberación de Tarifa de manos de los merinidas (dinastía de origen bereber que tuvo su principal eje de dominio en el actual Marruecos). Esta historia, justamente, define muy bien lo que es Tarifa, es decir, un punto de encuentro entre Europa y África; entre Marruecos y España; entre árabes y bereberes y españoles; entre cristianos y musulmanes; entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico.

Su arquitectura es una fiel demostración de aquello, ya que en el pueblo conviven la Puerta de Jérez, el castillo de Guzmán el Bueno y el edificio del Ayuntamiento. Ahí, se pueden apreciar los distintos estilos arquitectónicos, mezclando lo árabe y lo español, o sea, lo andaluz. Y lo mismo se puede decir de su gastronomía, abundante en pescados (un clásico es el filete de atún), calamares, pulpos, frutas y verduras, sabores que se repiten en Tánger, al otro lado del mar. Las aceitunas, el aceite de oliva, el vino tinto, el gazpacho y la refrescante sangría también son parte del menú tarifeño.

(Fuente: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Y todo esto se puede comer en el paso peatonal de la Alameda, donde se ubican algunos sencillos y bonitos restaurantes, pero también en las casas de los acogedores habitantes locales. Con su acento típico andaluz, pero específicamente tarifeño. Como si fuese otro continente. Ni África, ni Europa. Algo intermedio. Siempre ordenado y limpio. Con mucho viento, pero sin frío, ni tampoco gran calor.

(Fuente: Raimundo Gregoire Delaunoy)

Y ahí están las playas, con sus agradables aguas, ideales, entre otras cosas, para el windsurf y el kitesurf, dos actividades deportivas y turísticas que sustentan económica y recreativamente a Tarifa.

En las cercanías, la isla de las Palomas –donde se dice que hay un centro de detención de inmigrantes clandestino-, reservas naturales y las carreteras que llevan a diversos puntos de la hermosa Andalucía.

Recorrer el pueblo no tomará mucho tiempo, pero sí dejará gratas conversaciones con los tarifeños, pero también con los extranjeros que decidieron radicarse en este punto  de encuentro y fusión cultural. Y a solo 45 minutos de Marruecos, otro mundo y otra cultura.

Pero que no es tan lejana a la de Tarifa. Y eso, justamente, uno de los grandes atractivos de esta ciudad, es decir, la convergencia de historias y civilizaciones como los fenicios, los bereberes, los árabes, los ibéricos y, ya en época modernas, los españoles y marroquíes.

Un imperdible.

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Cómo recibe el Magreb al 2014

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Cómo recibe el Magreb al 2014

Fecha 18/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Empezando este nuevo año, y sin que eso tenga gran validez en los análisis y las investigaciones, cabe realizar un somero resumen acerca de las presentes tendencias que se pueden apreciar en los cinco países magrebíes. Al respecto, y en algo que no sorprende, se pueden encontrar positivas y negativas señales, las cuales, lógicamente, corresponden a las naturales consecuencias de los actuales procesos que se están desarrollando en la región.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 17 de enero, 2014

banderas-paises-umaClasificando estas coyunturas, todas ellas podrían ir bajo un mismo rótulo, es decir, fenómenos político-sociales. Y aunque no todos pueden ser incluidos en el proceso de cambios iniciado a fines de 2010 y comienzos de 2011, la mayoría de ellos tienen que ver con eso.

Los choques entre los Tebu y Zawy en Libia

Consumada la caída de Muammar al Gaddafi, rápidamente llegó el caos al territorio libio, lo cual se tradujo, entre otras cosas, con choques étnico-tribales en el sur –particularmente en el sureste- de Libia. Es así que las ciudades de Kufra, en 2012, y Sabha, en 2013, fueron testigos de la violencia entre los Zway y los Tebu.

Mientras los primeros son de origen árabe y tuvieron, bajo la era de Gaddafi, una posición de poder, los segundos pertenecen a etnias negroides y siempre acusaron la represión del dictador libio. Aún más, estos últimos afirmaban que bajo la administración Gaddafi siempre se dejó en un segundo plano a quienes no tenían un origen árabe o árabe-bereber.

Durante los últimos años estos choques tuvieron episodios críticos, los cuales terminaron con cientos de muertos y varios prisioneros (por ambas partes en conflicto). Sin embargo, en los últimos días llegaron buenas noticias o, como mínimo, esperanzadores indicadores. Claro, pues se reunieron los “ancianos” de ambos lados y acordaron el intercambio de detenidos. Así, queda la impresión que se estableció un primer paso hacia lo que podría ser un acuerdo de paz.

Es de esperar que las futuras negociaciones se lleven a cabo con normalidad –dentro del actual contexto que se vive- y que vayan apareciendo nuevas soluciones. En relación a esto último, será imprescindible la participación del Congreso General Libio (CGL) o al menos del gobierno de transición, ya que el tejido “invisible” de la estructura político-social del país tiene directa relación con la formación tribal del territorio. Y así como destaca este choque entre los Tebu y los Zawy, también está el problema de la autoproclamada autonomía de Cirenaica y de las fuertes presiones que están ejerciendo los bereberes libios.

En conclusión, la nueva Libia no podrá ser construida con éxito si no se trabaja a fondo en un sistema que permita la sana convivencia entre las diferentes etnias y vertientes religioso-políticas.

La nueva Constitución tunecina

Atribulados por la agresiva irrupción de los salafistas y complicados por la aparición de asesinatos políticos, el anterior gobierno –liderado por Rached Gannouchi- se vio obligado a renunciar en pos del bien común. Hoy, con nuevo ministro recientemente nominado –el islamista moderado Jomaa-, aparece el primer gran desafío de la administración, es decir, aprobar el borrador de la nueva Constitución de Túnez y, por ende, generar las instancias que permitan la aprobación popular de la misma carta.

Al respecto, en los últimos días se han ido conociendo algunos de los puntos que serán incluidos o que quedarán fuera. En este sentido, uno de los puntos más importantes tiene que ver con la igualdad entre “ciudadanas y ciudadanos”, lo cual es un establecimiento implícito de la igualdad genérica. Si bien esto es un avance, especialmente si se toma en cuenta la tradición tunecina de darle muchos derechos a las mujeres, queda la duda sobre el alcance que tendrá este principio.

A pesar que la mayoría de las organizaciones feministas y que buena parte de la sociedad considera que esto es un progreso, algunos sectores han hecho un llamado a mantener la prudencia. Esto último, pues el ideal, según ellos, habría sido reconocer, expresamente, la “igualdad entre mujeres y hombres” y no entre “ciudadanas y ciudadanos”. Además, no hubo una especial mención en el tema de la herencia.

Otro aspecto llamativo ha sido el reforzamiento de Túnez como una “república” que velará por la libertad de expresión. Junto a eso, se volvió a confirmar al árabe como la lengua oficial del país y se excluyó a la charia como fuente principal del Derecho.

Y, al igual que en el anterior punto, es bueno detenerse un poco en este asunto. Claro, ha sido fundamental que la ley islámica no sea el eje de la jurisprudencia, pero no se puede soslayar el hecho que el artículo estaría dejando un evidente vacío legal.

¿Qué se entiende por la frase “la charia no será fuente principal”?, ¿será que en algunos casos se le tomará en cuenta?, ¿se podrá acceder a ella bajo ciertas circunstancias? En fin, son diversas las preguntas, pero lo concreto es que a pesar de quedar relegada a un segundo o tercer plano, no fue eliminada de cuajo como fuente y eso puede generar eventuales problemas. Como siempre, todo quedará en manos de los jueces y sus interpretaciones de las leyes.

Por último, aún no se menciona lo que ocurrirá respecto a las reivindicaciones de los bereberes, quienes a pesar de representar menos del 10% de la población ya se han organizado en pos de mejorar su status. Al igual que en otros países magrebíes, ellos quieren un reconocimiento oficial, pero que no se quede en las letras, sino que vaya a un plano práctico y cotidiano.

La nueva política de inmigración marroquí

Hace algunos días se consolidó, por parte del gobierno del Reino de Marruecos, el compromiso de mejorar la situación respecto al drama de la inmigración en el Mediterráneo.

En este sentido, cabe recordar que en junio de 2013 se produjo un acuerdo de asociación entre Marruecos y la Unión Europea (UE) –el primero de este nivel firmado entre la UE y un país mediterráneo-, a través del cual ambas partes se comprometían a implementar una serie de medidas que permitan trabajar de mejor forma en el tránsito de personas por el Mediterráneo.

Gracias a esto es que hace pocos días llegó el anuncio del gobierno marroquí –impulsado por el rey Mohammed VI-, en el cual se consolidaba la regularización de miles de inmigrantes clandestinos. Es así que para dicha misión se implementaron, a partir del 1 de enero de 2014, las “Oficinas de Extranjeros”.

En total, se estima que entre 24.000 y 40.000 “sin papeles” –en su mayoría africanos subsaharianos- podrán quedarse en territorio marroquí y, lo principal, con la posibilidad de vivir y trabajar con normalidad. Además de eso, se le dio el carácter de refugiado a 850 ciudadanos del África Subsahariana.

Sin duda alguna, un gran golpe de Marruecos, pero en el buen sentido, ya que se ven las primeras medidas oficiales en torno a un tema tan delicado como el de la inmigración. Y no sólo por el hecho de haber un gran flujo (desde África hacia Europa), sino que por el drama humanitario. Esto último, pues según diversas cifras, al menos 20.000 inmigrantes clandestinos han muerto en aguas mediterráneas en los últimos 15 a 20 años.

¿El acercamiento entre el Polisario y Marruecos?

Para nadie es una sorpresa que Christopher Ross tiene mucho que ganar en el caso del Sahara Occidental, una zona que es reclamada por Argelia

y el Polisario, pero que, en la práctica, es parte del territorio marroquí.
Mientras Marruecos afirma que lo suyo es acorde a Derecho, el Polisario –que cuenta con el apoyo de Argelia- insiste en que el “pueblo saharaui” (concepto bastante difuso por lo demás) debería decidir su status.

Con el paso de los años, la postura marroquí ha ido ganando adeptos y apoyos, en tanto que el proyecto de Argelia y el Polisario se ha ido debilitando. Hace unos días, Paraguay anunció que eliminará el reconocimiento oficial a la República Árabe Sahrawi Democrática (RASD), lo cual está lejos de ser un mero simbolismo.

Claro, pues si a fines de la década de 1980 la RASD contaba con el apoyo de casi 90 países, hoy la cifra no supera los 30 ó 32 estados. Junto a eso, la mayoría de los gobiernos que mantienen su aval a dicho estado de facto (no ha sido reconocido por la ONU) pertenecen a lo que se conoció como la “órbita comunista” en la Guerra Fría, con lo cual la teoría de la “ideologización del conflicto” cada vez adquiere más potencia.

Más allá de estos datos, se dio a conocer, en las últimas semanas, la noticia de un posible encuentro entre el Polisario y Marruecos. Aquella reunión sería en un país europeo, en los primeros meses de 2014 y, he aquí la novedad, sin la participación de Argelia.

Tomando en cuenta que la ONU no ha descartado la posibilidad de la autodeterminación, pero que ha dado un gran impulso al proyecto marroquí (una avanzada autonomía para el Sahara Occidental), aquel posible encuentro generaba algunas ilusiones.

Sin embargo, rápidamente llegó un comunicado oficial por parte del Polisario, en el cual negaba todas estas informaciones. Como era de esperar, por lado y lado aparecieron los rumores y las declaraciones, pero lo concreto es que finalmente se volvió, como ya es costumbre, a un punto muerto en las negociaciones.

¿Qué irá a pasar en el mediano plazo? Difícil saberlo, aunque en realidad no tanto.

Bouteflika, en busca del cuarto mandato

Hace años que se habla sobre el precario estado de salud de Abdelaziz Bouteflika, actual presidente de Argelia, pero, a pesar de eso, el mandatario no entrega el poder y se mantiene al mando del control de su país. Sin embargo, en 2013 pasó varios meses hospitalizado en Francia y, por lo mismo, se pensó que podría ser el momento del adiós (de la política) de Bouteflika.

Pero no, aquello estuvo lejos de suceder y el casi octogenario argelino anunció que irá, nuevamente, por una reelección en las presidenciales del presente año. En caso de ganar, obtendría su cuarto período como presidente de Argelia.

Si bien este anuncio no cambia mucho las cosas –en el corto plazo-, en el futuro sí podría traer grandes consecuencias. En este sentido, ya se están llevando a cabo las clásicas tratativas previas a todo proceso electoral y será interesante ver lo que ocurra en los siguientes meses.

¿Qué irá a pasar con los islamistas, que obtuvieron el tercer lugar en las últimas legislativas?, ¿logrará unirse la oposición en torno al objetivo común de sacar del poder a Abdelaziz Bouteflika?

Hay miles de interrogantes y las miradas apuntarán hacia lo que ocurra en este gigante. Argelia es una gran potencia regional y de haber grandes cambios tras las presidenciales es posible que el Magreb tenga nuevos horizontes. Y, por supuesto, el conflicto en Malí, también.

Y algo que no debe dejar de tomarse en cuenta es el nombre de Abdelmalek Sellal. Según algunos, aunque nada oficial, el actual primer ministro de Argelia sería el candidato de Bouteflika en caso que este último opte por no presentarse a las presidenciales.

En Mauritania, elecciones boicoteadas y el debut de los islamistas

En medio de la férrea oposición que genera Mohammed Ould Abdelaziz –actual presidente, pero que llegó al poder tras haber dado un golpe de estado-, en noviembre pasado se llevó a cabo la primera ronda de las elecciones legislativas y municipales en Mauritania.

Tal cual se había anunciado, la oposición boicoteó los comicios, aunque un partido de dicho bloque optó por participar. Se trata de Tawassoul, agrupación islamista que debutaba en estas lides y que obtuvo el tercer lugar de las legislativas (con 12 escaños en la Asamblea Nacional y el 10% de los votos).

Y aunque no hubo grandes sorpresas en este proceso, queda de manifiesto que los próximos meses podrían ser fundamentales en el juego político mauritano. Sí, pues se supone que a mediados de año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales y aquello podría ser, en caso de perder el actual mandatario, un positivo avance en la siempre truncada transición política de la República Islámica de Mauritania.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

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El por qué de la caída de los islamistas en el norte de África

Fecha 10/01/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

El Islam ya se instaló en la superficie de la mesa cotidiana de diálogo y, al menos hoy, es imposible no darle la importancia que merece. En los nuevos tiempos, aquella religión está lejos de tener influencia en lo estrictamente religioso y, de hecho, sus raíces han crecido y se han establecido en el ámbito político.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 10 de enero, 2014

mohammed-morsiEsto último no es novedad, pues el proceso comenzó hace décadas. Hace 86 años atrás se fundó la Hermandad Musulmana –en Egipto y en medio de los efectos colonizadores de las grandes potencias en la mayoría del mundo árabe-musulmán- y, desde entonces, el “Islam político” fue ganando cada vez más fuerza.

Entrar en detalles históricos no viene el caso –para eso se necesitaría escribir una enciclopedia de varios tomos-, pero lo que sí es apropiado es intentar comprender lo que está sucediendo con los islamistas, entendiéndolos como actores de la política y dejando a un lado lo netamente religioso.

Marcados por el hecho de pasar más tiempo en la lista de los partidos u organizaciones ilegales, la Hermandad Musulmana egipcia logró llegar al poder en 2012, pero unos meses más tarde recibió un duro golpe. Claro, pues el actual gobierno militar de Egipto –que en 2013 realizó un golpe de estado- los declaró como un grupo terrorista. Aquello no debiese sorprender, ya que bajo la era de Hosni Mubarak tuvieron duros reveses y siempre estuvieron apabullados por el gobierno dictatorial. Además, sus medidas, una vez al mando del país, dejaron mucho que desear y demostraron que lo que menos les importaba era la estabilidad del país y las libertades (entre ellas, la religiosa) de su población.

Obviamente, la Hermandad Musulmana no es la panacea y aunque muchos partidos políticos islamistas están ligados, de una u otra forma, a esta organización, hay otros que están fuera de esa órbita. Nuevamente, no viene al caso una explicación sobre los tipos de islamismo político, pero lo importante es ver qué está pasando con los islamistas que lograron llegar al poder o que al menos han participado en elecciones.

En la actualidad, su auge está en caída y eso no es noticia, pues es algo que viene aconteciendo en los últimos meses. En Marruecos, el Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD) obtuvo un gran triunfo y eso le permitió acceder al gobierno, el cual tiene como principal figura al primer ministro. Lamentablemente, para los islamistas de la lámpara (aparece en su logo), su líder, Abdelilah Benkirane, ha tenido que enfrentar no sólo el descontento de la gente, sino que también el de otros partidos políticos y el del mismo rey Mohammed VI. Tanto así, que Benkirane tuvo que formar un nuevo gobierno.

En Argelia, los islamistas no fueron capaces de quedar en los dos primeros lugares de las legislativas realizadas en 2013, mientras que en Túnez llegaron al poder, pero sus erráticas medidas les significó tener grandes rivales. Hoy, la sociedad tunecina está fuertemente dividida por el tema religioso y una buena parte de ella acusa al actual –que acaba de caer- y anterior gobierno de estar detrás del descalabro, el mismo que, entre otras cosas, se ha visto representado por el auge de los islamistas más radicales y por la aparición de asesinatos políticos (supuestamente en manos de los fundamentalistas). Que en la nueva Constitución –la cual recién se está elaborando- se haya dejado a un lado la sharia como fuente principal del Derecho es una gran derrota para los islamistas más conservadores y radicales.

En Libia, bueno, el caos es total y es difícil establecer juicios o conclusiones en tan poco espacio. Sin embargo, no se puede desconocer que la progresiva y escondida islamización de ciertos miembros del Congreso Nacional General –el cual tiene el poder en forma transitoria- ha tenido un fuerte rechazo en diversos grupos de la población y la política libia. Por lo mismo, no ha tenido un camino llano hacia el establecimiento de sus pretensiones, algo que también se explica por la actual coyuntura social del país.

Por último, el caso de Mauritania es más auspicioso (para los islamistas), aunque en un contexto muy sui generis. En las recientes elecciones legislativas y municipales, Tawassoul –partido islamista que compitió por primera vez en los comicios y que es parte de la oposición- se consolidó como una interesante fuerza, pero sin pasar de los 16 asientos en la Asamblea Nacional (de un total de 146).

Hecha esta breve (quizás demasiado corta) explicación, es necesario revisar los puntos por los cuales los islamistas han caído en desgracia. Al respecto, todo se puede aglutinar en tres conceptos, que son conservadurismo, agresión pasiva y violación de las libertades personales.

Cada grupo o partido lo hará en distinta forma, pero, finalmente, todos apuntan a lo mismo, es decir, la imposición de una corriente religiosa (ellos parten de la base que todos son musulmanes). Esto último, a su vez, tiene como grandes representantes a hechos ya conocidos. Por ejemplo, establecimiento de la sharia, sumisión de la mujer, manejo de los programas de televisión y de los manuales de Educación en los colegios, satanización de ciertas conductas y vestimentas, etcétera. Nada nuevo bajo el sol.

En definitiva, los islamistas moderados deberían ser la base para todos estos grupos y partidos, pero, lamentablemente, la mayoría de ellos apuesta por seguir otros modelos. Entre ellos, el de la Hermandad Musulmana. Y, como se ha visto, aquello sólo asegura problemas y división social.

Por eso, es momento que los islamistas comprendan que lo único que les puede ayudar a seguir en el poder (o llegar a éste en ciertos casos) es asumir que deben gobernar bajo un sistema de alianzas y que, para ellos, tendrán que ceder ante los grupos más liberales de la sociedad. El pragmatismo, entre otros factores, fue lo que les permitió gobernar, pero la ausencia de este concepto en sus gobiernos ha sido, justamente, lo que les provocó la gran crisis.

Resumiendo, la opción pasa por volver a lo pragmático o, cosa poco probable, apostar a un cambio radical de sus bases y entender que la renovación es algo necesario para todos los actores políticos.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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