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Acercamiento Sudán-Israel: ¿un nuevo triunfo diplomático de Trump?

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Acercamiento Sudán-Israel: ¿un nuevo triunfo diplomático de Trump?

Fecha 23/10/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Gracias a la mediación del gobierno de Estados Unidos, liderado por su presidente, Donald Trump, se ha generado un nuevo hito en la agitada y siempre importante diplomacia de Medio Oriente. Así es que, siguiendo los pasos de Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, Sudán se convirtió en el tercer país “árabe” que, durante 2020, establece relaciones diplomáticas con Israel.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 23 de octubre de 2020

(Star Vision News)

Uno de los ejes de la política exterior de Donald Trump ha sido involucrarse, activa y directamente, en Medio Oriente y, particularmente, en el conflicto árabe-israelí. Es así que sus esfuerzos han estado dirigidos a conseguir nuevos reconocimientos de Israel y, específicamente, la generación de vínculos diplomáticos oficiales entre dicho país y sus pares árabes. Al respecto, todo se concretó el 13 de agosto del presente año, día en el cual Emiratos Árabes Unidos e Israel anunciaron el establecimiento de relaciones diplomáticas, lo cual fue seguido, el 15 de septiembre, por la normalización de los nexos entre Bahrein e Israel. Estos últimos, consolidarían el acercamiento el 18 de octubre, ya que en esa fecha generaron vínculos diplomáticos. En ambos casos, la injerencia y participación de Estados Unidos fue fundamental.

Luego de lo ocurrido con Emiratos Árabes Unidos, una serie de proyecciones y rumores empezaron a circular, los cuales intentaban dilucidar cuáles serían los siguientes estados del “mundo árabe” que seguirían los pasos de Emiratos Árabes Unidos. Se dijo que Arabia Saudita -por ser aliado de Estados Unidos y tener nexos secretos o subterráneos con Israel- podría ser un buen candidato, pero también se mencionó, entre otros, a Sudán, Bahrein, Omán e incluso Marruecos. Finalmente, Bahrein despejó las dudas y se sumó a la lista que integran Egipto (relaciones diplomáticas con Israel desde 1979), Jordania (1994) y Emiratos Árabes Unidos (2020). Tras la normalización entre Bahrein e Israel, se repitió el mismo ejercicio y nuevamente aparecieron los mismos nombres. Varios gobiernos comunicaron, en forma clara, que no reconocerían a Israel, ni tampoco establecerían vínculos diplomáticos. Así fue que Kuwait, Omán, Marruecos y Argelia, por dar algunos ejemplos, anunciaron que no cambiarían su postura respecto del conflicto palestino-israelí. Empero, con mucha fuerza se apuntó a Sudán, cuyo gobierno de transición entregó unas declaraciones algo difusas y que, desde esa perspectiva, permitió que aumentaran las especulaciones sobre un eventual avance de Estados Unidos e Israel en Sudán.

En septiembre y octubre, Sudán y Estados Unidos profundizaron las negociaciones y el diálogo sobre dos hechos fundamentales. Los africanos insistieron en que su contraparte estadounidense los sacara de la lista de patrocinadores del terrorismo, mientras que los norteamericanos buscaban un acuerdo sobre la indemnización por atentados ocurridos en 1998 (contra embajadas de Estados Unidos en Dar es Salaam, Tanzania, y Nairobi, Kenya) y 2000 (contra un destructor que estaba en las costas de Yemen). Al final, Sudán y Estados Unidos acordaron que el primero pagaría una indemnización de 355 millones de dólares, gracias a lo cual también se confirmó que Sudán sería eliminado del listado de países que apoyan al terrorismo. En medio de todo esto, diversas fuentes y distintos investigadores aseguraban que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Sudán e Israel estuvo sobre la mesa y que, de hecho, habría sido parte de las condiciones para alcanzar el acuerdo. Más allá de esto, lo concreto es que el 23 de octubre se produjo el anuncio, por parte del gobierno de Estados Unidos, de la normalización entre Sudán e Israel. Así, ambos estados generarían relaciones diplomáticas, algo que, de todas formas, aún no está confirmado. Básicamente, pues la normalización debe ser aprobada por el Consejo Legislativo, un órgano que aún no se ha conformado en Sudán. Esto último, pues el país se encuentra en pleno proceso de transición, la cual finalizará con elecciones en 2022. Al respecto, no se debe soslayar que el Consejo Legislativo estará integrado por diversos sectores de la sociedad civil y esto permite concluir que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Sudán e Israel podría quedar detenido. Por ejemplo, según el último sondeo de Arab Opinion Index, el 79% de los ciudadanos sudaneses encuestados aseguró que se oponía al reconocimiento de Israel, mientras que apenas un 13% se mostraba favorable a reconocer al estado israelí. Una demostración de aquello es que el sábado 24 de octubre hubo protestas, por el anuncio de normalizar los nexos con Israel, en las calles de Khartoum.

Volviendo al tema del acercamiento entre Sudán e Israel, es importante mencionar que Estados Unidos ha tenido una activa participación y, en este sentido, ha sido un nuevo triunfo para Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Eso sí, queda la gran duda de cuánta validez tendrán estos progresos diplomáticos. Primero, pues, a días de las elecciones presidenciales estadounidenses, es lógico pensar que todos estos movimientos obedecen a la campaña electoral del actual mandatario de Estados Unidos. Junto a eso, queda la interrogante sobre qué pasaría en caso que Trump no logre la reelección. ¿Habrá una continuidad de la política exterior de Trump respecto de Israel?, ¿se le harán modificaciones o simplemente se tomará otra dirección en los asuntos de Medio Oriente? Luego, también es necesario mencionar que el reconocimiento de Israel, como un estado y una parte legítima al momento de dialogar, es fundamental para conseguir una solución a los antagonismos existentes en Medio Oriente. Sin embargo, para que esto ocurra, también debe ir acompañado de gestos por parte del estado israelí. Así, lo deseable sería que se anunciara el término de las anexiones, el establecimiento de los límites previos a 1967, el cese de las violaciones a los derechos humanos y, finalmente, llamar a negociaciones sobre la situación de Jerusalén y, específicamente, de Jerusalén Este. En la medida que Israel no haga esto, cualquier tipo de acercamiento con otros estados árabes carecerá de legitimidad y, de hecho, podría ser interpretado como un deseo de perpetuar el actual estado del conflicto.

En este contexto, es probable que otros gobiernos del “mundo árabe” establezcan relaciones diplomáticas con Israel, pero también es evidente que muchos otros no lo harán. Es el caso de Argelia, Marruecos, Líbano y Kuwait, quienes han expresado, con claridad, sus posturas. Lo de Omán es incierto, pues hubo un cambio en la dirección del país (un nuevo sultán) y habrá que ver si su política de neutralidad será mantenida. Qatar, como aliado de Turquía, seguramente no modificará su posición respecto de Israel, en tanto que Irak y Siria tampoco deberían realizar acercamientos. En este escenario, cabe agregar que Líbano e Israel acordaron resolver sus disputas limítrofes en el mar Mediterráneo, lo cual permite ver que los avances diplomáticos israelíes no solo apuntan a los vínculos diplomáticos oficiales, sino que también a conseguir acuerdos en materias complejas y de históricas dificultades. En línea con esto último, Israel es parte del recientemente lanzado Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, el cual incluye a Chipre, Egipto, Grecia, Jordania e Italia. Además, Francia pidió ingresar al mismo. Esta alianza, teóricamente por los recursos naturales, es también un nuevo frente de combate entre Turquía y diversos países de dicha región, dentro de los cuales está Israel. En este contexto, sería interesante ver qué postura podría tener el Líbano. Si bien es cierto que un avance en las relaciones con Israel podría ser muy peligroso -el país se encuentra sumido en una profunda crisis, económica y social-, la integración regional podría ser beneficiosa para aumentar el Producto Interno Bruno (PIB). Así, la definición de los límites marítimos con Israel, podrían permitir al gobierno libanés la exploración y eventual explotación de los recursos gasíferos.

Turquía es, sin duda, el gran perdedor en esta oportunidad. Si bien hay otros derrotados, empezando por Palestina e Irán, Recep Tayyip Erdogan ha sufrido un duro revés, ya que, tras la caída de Omar al Bashir y la llegada de un gobierno de transición, el gobierno turco deseaba aumentar los nexos con Sudán y, en particular, aumentar su presencia e injerencia en dicho país. Esto último, continuando su lucha contra el bloque integrado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes. En los últimos años, especialmente en la última década, los dos principales estados de la Península Arábiga han iniciado una fuerte y ascendente penetración en la geopolítica del Cuerno de África y Turquía deseaba contrarrestar el poder que estaba obtenidos sus dos rivales, con los cuales se enfrenta, además, en Libia (principalmente, Emiratos Árabes Unidos), el Mediterráneo Oriental (Emiratos Árabes Unidos) y en el conflicto palestino-israelí.

Por último, el acercamiento entre Sudán e Israel debiese traer consecuencias en el Cuerno de África. Básicamente, pues, en el largo plazo, los puertos de Eritrea, Djibouti y Somalía (también la región de Somaliland) tendrán que reacomodar sus fichas ante un eventual desarrollo de la infraestructura portuaria sudanesa. Además, Etiopía y Somalía habían acordado invertir en cuatro puertos del mar Rojo, lo cual podría chocar con eventuales inversiones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos e Israel en los puertos y las costas de Sudán. Esto último se sumaría a la compleja presencia de diferentes países en la región, lo cual ha generado roces entre los gobiernos del Cuerno de África. Finalmente, Sudán podría maximizar su explotación petrolera y recuperar su importante rol en la zona. Sobre esto, queda la interrogante en relación al posible uso de Sudán como vía de entrada hacia países de la región que tienen buenos vínculos con Sudán.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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El Mediterráneo y la desidia del mundo

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El Mediterráneo y la desidia del mundo

Fecha 1/09/2015 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Las imágenes hablan por sí solas. Las cifras, también. Por ejemplo, ya son cerca de 300.000 personas las que han cruzado el Mediterráneo  -a lo cual se deben sumar más de 2.500 muertos- y, todas ellas, escapando de alguna desgracia. Muchos, de la guerra, otros de persecuciones étnicas y no faltan quienes se van de sus países por motivos religiosos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 1 de septiembre de 2015

(Originalmente publicada en Cooperativa.cl)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

Inmigrantes en un bote, en las cercanías de Lampedusa. (Fotografía: Reuters)

También, varios miles optan por buscar nuevos rumbos ante la destrucción de sus Estados y el auge del terrorismo. Y cómo olvidar a los seres humanos que dejan su tierra ante la falta de oportunidades laborales, las precarias condiciones de higiene, la hambruna y/o la pobreza.

Sin embargo, parece ser que el debate de hoy no se centra en la urgente necesidad de acoger a todas estas personas. Claramente, la discusión se establece en la categorización de todos esos seres. Ahora dicen que un refugiado no es lo mismo que un inmigrante y que un demandante de asilo es diferente a los dos rótulos recientemente mencionados. Y, desde un punto de vista legal o, si se prefiere, técnico, no hay duda que tienen razón. Empero, cabe preguntarse si acaso todos escapan, finalmente, de lo mismo. Y ahí todos los casos llegan a la misma raíz.

Cualquiera se puede dar cuenta que escaparse de la guerra es mucho más duro que dejar el país por la falta de higiene, pero, en ambos casos, el final será el mismo, es decir, la muerte.

Por ende, la categorización que realizan organismos como el ACNUR y ciertos gobiernos europeos –además de periodistas, académicos y políticos- no es más que una excusa para cerrarle la puerta de entrada a Europa a miles de seres humanos que sólo buscan sobrevivir.

En Eslovaquia, por ejemplo, ya se dejó en claro que prefieren cristianos. Si antes no querían negros ahora sí los aceptarían, pero sólo si son cristianos. Al respecto, el argumento eslovaco es indigno. “Acá no tendrán mezquitas, ¿cómo podrían integrarse?”. Si esto último no es un eufemismo para no decir “no queremos musulmanes”, ¿qué es?

Y tal es la urgencia de la Unión Europea, que acordaron una cumbre de ministros para el 14 de septiembre. La gran pregunta, entonces, es saber cuántos más morirán en los próximos 14 días. Pero no sólo se trata de muertes, sino que también de cuántas personas serán humilladas y engañadas en el trayecto que los lleve a Europa. Tal cual decía una inmigrante –que tuvo la suerte de entrar a Europa-, “lo peor es la humillación que uno sufre”.

Por último, unas palabras sobre las responsabilidades en este drama. Partamos por Europa o, si se prefiere, la Unión Europea. Diversos gobiernos del Viejo Continente invadieron o apoyaron invasiones en países como Afganistán e Irak. Luego, en los años más cercanos, avalaron los derrocamientos de dictadores de países como Libia, Túnez, Egipto, Siria y Yemen (los mismos a los cuales antes les daban ayudas económicas y los recibían con honores en visitas oficiales).

Aún más, no sólo les bastó con derribar a dichos gobernantes, sino que estuvieron de acuerdo en dinamitar el tejido político-social de aquellos estados y de abrir una caja de Pandora demasiado peligrosa. Hoy, el terrorismo avanza a grandes pasos y ya casi no se habla de Al Qaeda, sino que del Estado Islámico. “Curiosamente”, estos grupos operan en los países en los cuales Estados Unidos y Europa suelen intervenir.

La responsabilidad del Viejo Continente no se detiene ahí. De hecho, el drama de la inmigración en el Mediterráneo tiene al menos dos décadas de existencia, en las cuales murieron, como mínimo unas 24.000 personas. No hay cifras precisas, pero las diversas fuentes entregan números que, en ningún caso, bajan de 22.000 muertos.

¿Qué hizo la Unión Europea para frenar este proceso? Además de la Política Europea de Vecindad, la creación de Frontex o de operaciones fallidas como Tritón, entre otros, poco más. Junto a eso, algunos millones de euros por aquí y por allá, entrega de recursos y tecnología a cambio que los países del norte de África frenaran los flujos migratorios y la inoperante fundación de la Unión por el Mediterráneo. Alguien dirá que ha habido muchas más iniciativas y, seguramente, tendrá razón, pero si hablamos de proyectos concretos y exitosos, la respuesta será otra.

Sin embargo, los gobiernos europeos y la UE no son los únicos responsables. Los países magrebíes, los africanos subsaharianos y aquellos ubicados en Medio Oriente y la Península Arábiga también tienen mucho que decir al respecto.

En este sentido, no pueden seguir usando el argumento de “la colonización nos dejó demasiado dañados” para explicar la ausencia de gobiernos que den libertades a sus ciudadanos. La inoperancia de la Unión Africana, la casi inexistente Unión del Magreb Árabe y la eterna división de los estados árabes del Medio Oriente también son parte del problema y  no se debe soslayar el apoyo de países como Arabia Saudita y Qatar hacia grupos terroristas.

Y qué decir de la incapacidad de muchos de dichos estados –del Magreb, África Subsahariana y Medio Oriente y la Península Arábiga- para frenar al islamismo, ese mismo que no es sinónimo de terrorismo, pero que, evidentemente, acerca a los jóvenes a las posturas más conservadoras y/o radicales.

Los gobiernos de estos países no han sido capaces de frenar el desempleo de los jóvenes o de aumentar aún más la participación de la mujer en la vida cotidiana y laboral. Tampoco ofrecen perspectivas y, por lo mismo, muchos optan por dejar su país. Y si tampoco hay libertad de prensa o de expresión, ¿acaso eso es culpa de Europa? Y la endémica corrupción, ¿también es responsabilidad del imperialismo estadounidense o de la colonización europea?

Vayamos a Estados Unidos. Llevó su poderío militar hacia países lejanos como Irak, Afganistán y Siria, para luego lavarse las manos y ver cómo Europa se llena de inmigrantes o como quieran llamarles. Luego, algunas donaciones y apoyo diplomático, pero nada más que eso.

Veamos la Cooperación Sur-Sur. ¿Qué han hecho, por ejemplo, los países latinoamericanos al respecto?, ¿qué han hecho las agrupaciones de Derechos Humanos?, ¿qué han hecho organismos regionales?, ¿alguna vez intentaron concretar una ayuda permanente para los inmigrantes?. ¿se organizaron para recibir inmigrantes, en forma oficial, a través de planes de acogida?, ¿y qué decir, por ejemplo, de la Cumbre Sudamérica-Países Árabes?

Terminemos con el mundo. Según las últimas cifras, 2014 fue el año con más desplazados en la historia. La cifra (59,5 millones, aproximadamente) da escalofríos. Cuánto sufrimiento y cuánta guerra en el mundo. Y cuántos morirán de hambre. Cuántos fallecieron, anónimamente, por el Ébola. Cuántos se deshidratarán hasta la muerte. Cuántos morirán por las radiaciones tóxicas de las armas usadas en diversas partes del planeta. Cuántos animales sufren por lo mismo. Cuánta destrucción en el planeta.

Por eso, lo que ocurre en el Mediterráneo es sólo el reflejo de un mundo perdido. No importa la persona. Lo único relevante es lo económico. Lo otro importante es relacionarse con aquel de similar visión y no con quienes tienen una cultura, una religión o un color de piel diferente.

Así, imposible que el drama del Mediterráneo termine. Y, tristemente, el mundo se encamina a tener muchos más mediterráneos.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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Reconocimiento oficial al estado de Palestina, ¿un momento único?

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Reconocimiento oficial al estado de Palestina, ¿un momento único?

Fecha 14/10/2014 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Durante 2014 se han vivido diversos hechos, los cuales han generado que, como ya es habitual, el conflicto palestino-israelí se mantenga en la primera plana de los medios y, lo más importante, de los debates políticos y académicos.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 14 de octubre, 2014

Majdi Fathi / APA

Majdi Fathi / APA

Al respecto, se pueden mencionar, entre otros hitos del presente año, la última ofensiva militar de Israel (como siempre, abusiva, descontrolada y con muchas muertes), la reciente e inédita reunión del Gobierno de Unidad Palestino en Gaza y dos propuestas, formuladas en países europeos, que buscan el reconocimiento de Palestina como un estado.

En relación a esto último, se trata de las declaraciones del primer ministro de Suecia, Stefan Löfven, quien dijo que el nuevo gobierno sueco intentará reconocer a Palestina a través de un proyecto que no necesitaría la aprobación del Parlamento, pero sí el aval del Consejo de Ministros. Junto a eso, se suma la reciente votación (simbólica, pues no es vinculante) por parte de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, la cual votó a favor de reconocer a Palestina por 274 votos contra 12 (en total, 650 miembros).

Y aunque se trate de dos iniciativas que, por ahora, no han llevado a algún reconocimiento oficial, ya es una presión para Europa Occidental, región que, hasta hoy, está en deuda con Palestina. Claro, pues apenas 15 países europeos reconocen a Palestina y ninguno de ellos es una potencia y, la mayoría, se encuentra en Europa Oriental.

Al respecto, cabe destacar ciertos datos estadísticos. Según informaciones oficiales (y confiables y verificables), 134 países reconocen a Palestina, es decir, el 69,43% de los miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Con excepciones, África, Sudamérica, Centroamérica, el Caribe y Asia, además de Europa Oriental, se han convertido en grandes avales de la propuesta palestina, o sea, saldar una histórica deuda y darle a Palestina la categoría de un estado como todos los demás.

Cuando se analizan diversos conflictos territoriales (todavía abiertos o activos), cuesta encontrar uno que tenga un apoyo tan masivo como en el caso de Palestina. Es así que las potencias, especialmente las occidentales (y otras como Australia) se den cuenta que es momento de negociar por la paz en Palestina y, por qué no, en Medio Oriente. En medio del caos actual, la pavimentación de un camino que vaya en dirección al reconocimiento oficial de Palestina –al mismo nivel que el de Israel- no sólo será un bálsamo para la conflictiva zona en cuestión, sino que además planteará derechos y obligaciones por ambas partes.

Así como Israel (y sus aliados, entre ellos Europa Occidental y Estados Unidos) deberá asumir y respetar la creación del estado palestino, Palestina (y los más fuertes detractores de Israel) tendrán que demostrar, con actos concretos, que el reconocimiento a la existencia de Israel tiene que ser una realidad cotidiana y, al respecto, será esencial que las posturas radicales sean desterradas.  Junto a eso, también surgirá la misión de comenzar a resolver las diversas variables del conflicto actual, que van más allá de Palestina e Israel y de luchas fronterizas (entre ellas el avance del Estado Islámic, la situación de los kurdos y la guerra en Siria).

Es así que, tal cual como ocurrió en la década de 1990, quizás estemos frente a un momento histórico, en el cual Europa pueda producir un vuelco y reparar una injusticia que se ha mantenido durante décadas. Las muertes de inocentes no pueden seguir siendo el precio de no querer reconocer a un país que cumple con todos los requisitos para ser un estado con pleno derecho y, en tal condición, tener las mismas capacidades de los demás. Esto último, además, permitirá que la solución del conflicto palestino-israelí se pueda retomar entre partes iguales. Algo esencial a la hora de resolver problemas.
Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
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A man sits in front of a cartoon graffiti depicting Libyan leader Muammar Gaddafi in Benghazi

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El futuro de la «Primavera Árabe»

Fecha 18/06/2011 por Nicole Saffie Guevara

Sin duda que los cambios que han sacudido Medio Oriente han sido espectaculares. Pero, ¿qué viene ahora?, ¿Qué tan profundas son las raíces de estos movimientos?, ¿Es la democracia al estilo occidental el modelo a seguir?, ¿Obama podrá hacer reales avances en el proceso de paz entre palestinos e israelíes? Un grupo de expertos analiza las claves de este verdadero rompecabezas.

Nicole Saffie Guevara | 18 de junio, 2011

 

Fotografía: شبكة برق | B.R.Q

Fotografía: شبكة برق | B.R.Q

Los alzamientos populares que comenzaron tímidamente en Medio Oriente con la caída del presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali, a principios de año, han dado origen a cambios sin precedentes en la región, lo que ya se conoce como la “Primavera árabe”.

Uno a uno se han ido desencadenando los hechos que, hasta solo unos meses, parecían imposibles: la caída de Hosni Mubarak en Egipto después de tres décadas en el poder, el surgimiento de un movimiento rebelde libio que ha puesto en jaque a Muammar Gaddafi y las protestas que se han extendido por toda Siria.

Las demandas de una mayor apertura han surgido por doquier: Yemen, Bahréin, Marruecos, Jordania, Arabia Saudita… El denominador común es que todos estos movimientos han surgido de los propios ciudadanos, especialmente los jóvenes, quienes a través de las redes sociales han actuado como agente catalizador de un cambio del que ya no hay vuelta atrás.

Sin embargo, como advierte el experto de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres Arshin Adib-Moghaddam, “los levantamientos han creado una oportunidad, pero aún no hay un desenlace. Las fuerzas anti-democráticas se han reunido en torno a Arabia Saudita y las monarquías conservadoras del Golfo Pérsico, mientras que en Egipto y Túnez los militares continúan conteniendo las aspiraciones populares”. Los países tienen que enfrentar serios desafíos. Tal como expresa el académico de la Universidad de Texas Zoltan Barany, “Egipto aún sigue estando dominado por las fuerzas armadas, son dueñas de entre el 10 y 20 por ciento de la economía”, afirma; otra dificultad es la Hermandad Musulmana y su poderosa ala extremista.

En Siria, las protestas que comenzaron hace unos tres meses en ciudades como Daraa, Homs y Aleppo, y que llegaron rápidamente a Damasco, han sido reprimidas. La resistencia del pueblo ha llevado a su presidente a ofrecer una amnistía, pero probablemente las manifestaciones continuarán hasta lograr mayores libertades y una mejora en las condiciones de vida. En Yemen, el panorama no es muy alentador. “Es un Estado corrupto dominado por tribus y extremismo religioso”, dice Barany. La gran interrogante es Libia. Como afirma este mismo experto, “si Gaddafi deja o es removido del poder, la pregunta es quién lo va a reemplazar. Sus lugartenientes que le dieron la espalda o el extremismo religioso son las alternativas más probables”.

Pero las naciones árabes no están dispuestas a desaprovechar esta oportunidad única. “El proceso de democratización continuará, debido a que la gente está harta de la falta de libertades políticas, la persistencia de corrupción, las humillaciones y los malos resultados económicos”, afirma el analista político y columnista del diario Al-Ayyam Mohammad Yaghi, y agrega: “El tren de la democracia en Medio Oriente está en marcha, pero necesita tiempo para llegar a un destino”.

Son las propias sociedades árabes las que deben definir su camino, el que seguramente distará del modelo occidental. El propio Islam choca con algunos de los pilares básicos de la democracia instaurada en Occidente, como la separación entre la Iglesia y el Estado. Como explica la experta Laleh Khalili, también de la Universidad de Londres, los diferentes sistemas que adopten estos estados dependerán de factores tan diversos como sus propias constituciones y las características geopolíticas e internas de cada uno de ellos.

El rol de Estados Unidos

Ante los vertiginosos cambios que han sacudido Medio Oriente, el mundo occidental se ha volcado a apoyar el clamor popular. “La administración de Barack Obama entiende que algo sorprendente está sucediendo en la región y quiere construir alianzas con sus líderes”, afirma el académico de la Universidad de Indiana Abdulkader Sinno. De ahí el fuerte respaldo que entregó el presidente estadounidense en su discurso y el anuncio de ayudas económicas que muchos compararon con el plan Marshall para la reconstrucción de la Europa de postguerra.

Sin embargo, como recuerda Mohammad Yaghi, la administración Obama no tiene la misma política para todo Medio Oriente. “La política hacia Egipto no es la misma que para Bahréin. Los intereses estadounidenses le impiden apoyar la democracia en toda la región”. De hecho, una fuerte crítica que se le hizo a Obama tras su discurso es que no dijera ni una sola palabra sobre Arabia Saudita.

Lo que sí dijo, y ha causado gran controversia, es que se debe crear un Estado Palestino basado en las fronteras de 1967, lo que constituye un hecho histórico. Es la primera vez que un presidente estadounidense hace tal reconocimiento. Sin embargo, como opina el abogado palestino George Bisharat, “entrando en un año electoral, es poco probable que el presidente Obama pueda hacer frente a Israel en la medida necesaria para lograr cambios significativos”.

Como agrega el sociólogo y miembro del directorio de la Federación Palestina de Chile Daniel Jadue, “creo que Obama no podrá avanzar a menos que salga reelegido, pues ha puesto a todo el lobby sionista de EE.UU. en su contra y será casi imposible que gane su reelección. Por lo demás, durante su gobierno hemos visto que nada de aquello a lo que se comprometió ha sido materializado, pues quien gobierna no es el presidente sino más bien el pentágono. Obama no es más que la figura amable y rupturista que EE.UU. necesitaba para reinventarse después de la crisis”. Debe enfrentar una opinión pública interna que tradicionalmente ha sido pro israelí y un lobby judío poderoso, además debe lidiar con Benjamin Netanyahu, quien expresó no estar dispuesto a volver a las fronteras de 1967. El discurso que dio ante el Congreso de EE.UU, en el que más bien expuso sus numerosas condiciones para un acuerdo con los palestinos –como mantener varios de los asentamientos de Cisjordania dentro de sus fronteras y exigir al presidente palestino Mahmud Abbas que acabe su acuerdo con Hamas–, fue ovacionado por los congresistas, tanto republicanos como demócratas.

Como dice Adib-Moghaddam, “el ala derecha israelí está apostando al tiempo y a que llegue otro presidente neo-conservador a Washington. Pero creo que Obama hará el intento”. Aunque más allá de lo que el presidente de Estados Unidos y su gobierno pueda o no hacer, los expertos llaman a centrar las energías en las propias partes involucradas. Como finaliza Magnus Norell, académico asociado de The Washington Institute for Near East Policy, solo los palestinos e israelíes por sí mismos pueden lograr un acuerdo. “Ha sido una ilusión por mucho tiempo la creencia de que alguien más puede hacer la paz. Unas negociaciones directas y francas, nada más, pueden hacer que la paz sea posible”.

 

Nicole Saffie Guevara
Periodista y Magíster en Relaciones Internacionales

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arafat

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Sobre tablas y Palestina

Fecha 28/06/2006 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hasta que cayó el caudillo.  Así de simple.  La muerte de Yasser Arafat fue una película demasiado corta e imprevista, aunque letal.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 28 de junio, 2006

Chrs Harris / Times

Chrs Harris / Times

Ahora, quedará un gran vacío en la cúpula de la nación palestina, la cual deberá asumir con gran madurez dos hechos de gran trascendencia: el deceso de su máximo líder y la gran oportunidad histórica de cumplir el sueño palestino, entregando un estado al pueblo de la vieja Palestina.

Y como ocurre con todo hecho importante e histórico, las piezas del tablero de ajedrez comienzan a moverse.  Las mal denominadas “potencias” mundiales ya han dado muestras de lo que será su postura y axioma principal frente al fallecimiento del Presidente de la Asociación Nacional Palestina (ANP).  Sin embargo, lo más importante radica en el asunto medular, que es saber cómo se resolverá la “cuestión palestina”, es decir, encontrar una solución salomónica, que permita la instauración de Palestina como estado y, al mismo tiempo, paz en Medio Oriente.

Es en este punto donde aparece con gran fuerza la figura de Ariel Sharon, Primer Ministro de Israel, quien durante años endosó la responsabilidad del conflicto palestino-israelí a Yasser Arafat, acusándolo de ser un terrorista.  Lo cierto es que tras la muerte del “rais”, Sharon deberá demostrarle al mundo que ahora sí es posible darle un punto final a la violencia.  Sin embargo, quedan muchas dudas de cuán flexible será el accionar del gobierno israelí, por cuanto las ideas y los conceptos de Ariel Sharon descansan en un maquiavélico sionismo.

El rol de la ONU también será fundamental y tendrá una doble cara.  Por un lado, deberá velar por el correcto funcionamiento del proceso de pacificación del Medio Oriente y, por otro lado, tendrá la gran posibilidad de recuperar su vigencia como organización, tras ser ignorada como autoridad en la invasión estadounidense en Irak.

Finalmente, aparecen los países más influyentes –como Francia, Alemania, EE.UU., Reino Unido, China, Rusia y Japón-, los cuales mediante su activa diplomacia podrán dejar un precedente y sentar las primeras bases para un Medio Oriente en paz.

En conclusión, se trata de lograr establecer el punto de partida en este largo proceso.  Sin embargo, mientras hayan dos naciones, pero solamente un estado y un pueblo errante, entonces todo será un sueño y, peor aún, una quimera.

Mientras tanto, la partida de ajedrez ha comenzado y cada cual estudia bien sus movimientos.

Que en Palestina e Israel el tablero termine en tablas.

 

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

 

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Los desafíos del Covid-19

En diciembre de 2019 comenzaba uno de los momentos más complicados del siglo XXI. Mientras el mundo seguía con su cotidianeidad, China se esforzaba para ocultar el avance de una nueva gripe, pero que, a diferencia de otras, parecía ser demasiado contagiosa y letal.

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