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Acerca de la ruptura diplomática entre Argelia y Marruecos

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Acerca de la ruptura diplomática entre Argelia y Marruecos

Fecha 3/09/2021 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Desde su llegada a la presidencia, Abdelmadjid Tebboune ha empezado a generar movimientos en la dormida diplomacia del estado argelino. Sobre esto último, el mandatario ha dejado en claro cuál es su postura respecto de Marruecos, lo cual se consolidó con una serie de señales enviadas, por el gobierno de Argelia, durante 2020 y 2021. La última de ellas ha sido el rompimiento de las relaciones con Marruecos, razón por la cual es interesante comprender el contexto y las razones de este nuevo impasse diplomático.

Raimundo Gregoire Delaunoy | 3 de septiembre de 2021

Según el comunicado oficial del gobierno argelino, la decisión se tomó debido a una “serie de actos hostiles cometidos por el reino durante un largo tiempo”. Además, agregó que Marruecos no ha cumplido con lo establecido en el acuerdo de normalización de relaciones de 1988. Junto a lo anterior, se acusó a Marruecos de estar detrás de los incendios que recientemente afectaron a buena parte del territorio argelino. En relación con esto último, Argelia aseguró que la contraparte marroquí apoya a Rachad -asociación islamista creada en 2015- y al Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia (MAK, por sus siglas en francés), algo que, según el gobierno argelino, va en contra de la seguridad interna de Argelia, ya que esta última considera al Rachad y al MAK como organizaciones terroristas. También se apuntó a Israel, estableciendo que Marruecos ha sido el responsable que una potencia militar extranjera se haya inmiscuido[1] en los asuntos magrebíes (“nunca, desde 1948, habíamos escuchado a miembro del gobierno israelí amenazar a un país árabe desde el territorio de un país árabe”) y mencionando el escándalo de espionaje de Pegasus. Finalmente, el comunicado oficial responsabilizó a Marruecos de bloquear la solución al conflicto del Sahara Occidental y de torpedear la integración del Magreb.

Como complemento de lo anterior, Argelia también expresó la necesidad que la solución al conflicto en Libia sea alcanzada por los libios y sin injerencia externa, lo cual se puede interpretar como un guiño contra la iniciativa marroquí de Skhirat. Además, declaró que el gobierno argelino está dispuesto a mediar en el conflicto de la Gran Represa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés), aunque esto último trajo consecuencias, ya que el gobierno etíope anunció que cerrará su embajada en Argel. Si bien hace un tiempo se había declarado que se clausurarían diversas misiones diplomáticas, por motivos presupuestarios, no deja de llamar la atención que el cierre ocurriese justo después de la intención de Argelia de mediar en el conflicto que opone a Egipto, Etiopía y Sudán.

La respuesta marroquí fue rápida, directa y sin sorpresas. Aseguró que lamentaba la decisión y, al mismo tiempo, la catalogó como “injustificada, pero esperable, dada la lógica de escalada de las últimas semanas”.  El comunicado oficial también rechazó, categóricamente, “los pretextos falaciosos, incluso absurdos, que la sustentan”, mientras que dejó en claro que “el reino de Marruecos seguirá siendo un socio creíble y leal del pueblo argelino y continuará actuando con sabiduría y responsabilidad por el desarrollo de relaciones intermagrebíes sanas y fructíferas”.

Contexto previo

Para entender mejor lo que está sucediendo, es necesario revisar los últimos movimientos diplomáticos. El 23 de agosto, Ramtane Lamamra, ministro de Asuntos Exteriores, realizó una visita de trabajo a Túnez, donde se reunió con el presidente de aquel país, Kais Saied, y con su homólogo tunecino, Othman Jerandi. Previamente, Lamamra se había desplazado a Túnez el 27 de julio y el 2 de agosto. En ambos casos, expresó la preocupación, por parte de Argelia, sobre la crisis política que terminó con el congelamiento del Parlamento y de la dimisión del primer ministro, Hicham Mechichi.  Casi en paralelo, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se desplazó a Túnez, donde tuvo un encuentro con el presidente de Túnez, Kais Saied. En aquella ocasión, Bourita entregó dos mensajes del rey Mohammed VI al mandatario tunecino.

El 1 de agosto, Tebboune y Saied mantuvieron una conversación telefónica -lo cual se repetiría el 23 de agosto-, mientras que Lamamra realizó un viaje por Etiopía, Sudán y Egipto a fines de julio. Durante dicho periplo, Argelia propuso conversaciones directas entre los gobiernos etíope, sudanés y egipcio.  A propósito de las relaciones con África Subsahariana, Argelia ha comenzado una etapa de recuperación del terreno perdido, especialmente en el caso de Malí. Sobre este último, otros estados (africanos y foráneos) habían tenido injerencia, pero lo que preocupó de gran manera fue la entrada de Marruecos al escenario maliense. Es así que, el 5 de abril, Abdelmadjid Tebboune recibió al ministro de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional, Zeyni Moulaye. Luego, el 11 de agosto y tras un nuevo golpe de estado que trajo como consecuencia cambios en el gobierno de Malí el mandatario argelino se reunió, nuevamente en Argel, con el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de la Cooperación Internacional, Abdoulaye Diop. Finalmente, el 27 de agosto, Lamamra visitó Malí, donde se reunió con el presidente de transición de Malí, coronel Assimi Goita. Ya en septiembre, el mencionado Lamamra realizó un segundo periplo africano, en el cual, además de visitar Mauritania, se desplazó a Níger, República Democrática del Congo y República del Congo. A su vez, Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, se comunicó por teléfono, el 31 de agosto, con su par mauritano, Ismail Ould Cheikh Ahmed, mientras que, el 2 de septiembre, recibió en Rabat al presidente de la Cámara de Representantes de Libia, Aguila Saleh.

Otro hito a tomar en cuenta fue la reunión, celebrada el 30 y 31 de agosto, en Argel, de los ministros de Asuntos Exteriores de los “países vecinos de Libia”. En dicha instancia participaron los representantes de Argelia, Chad, Egipto, Libia, Níger, Sudán y Túnez. La ausencia de Mauritania es lógica, ya que dicho país está directamente implicado en el conflicto libio, pero haber dejado afuera a Marruecos es otra señal, una más, de la pugna diplomática que tienen Argelia y Marruecos por la influencia en Libia.

Por último, cabe recordar que, el 17 de diciembre de 2020, Abdelmadjid Tebboune anunció -luego de una llamada telefónica con su par tunecino, Kais Saied- que visitaría Túnez. Originalmente, el mandatario argelino lo haría el 16 y 17 de marzo de 2020, pero aquel viaje se anuló por la pandemia del covid-19. Posteriormente, el 13 de julio y el 14 de septiembre, se dio a conocer que Tebboune iría a Túnez, pero aquellos anuncios nunca se concretaron. Después, en octubre de 2020, el presidente argelino se contagió con covid-19. Lo concreto es que, tras la anunciada visita de diciembre de 2020, los presidentes de Argelia y Túnez no se han reunido en persona.

Conclusiones

La tensión entre Argelia y Marruecos ha sido constante desde la década de 1970, pero con ciclos de contracción y expansión. En el impasse actual, se puede concluir que se está pasando por una etapa de expansión de las diferencias, lo cual se debe, directamente, a ciertos hechos que ocurrieron en las últimas semanas e, indirectamente, a una serie de situaciones que se han generado durante 2020 y 2021. El escándalo de espionaje de Pegasus, acusar a Marruecos de ser responsable de los incendios en Argelia, la visita a Marruecos del ministro de Asuntos Exteriores de Israel  la declaración del representante de Marruecos ante la ONU sobre Cabilia y el incidente por la estadía de Brahim Ghali en España son parte del grupo de hechos que han acontecido en el último tiempo. A su vez, el reconocimiento, por parte de Estados Unidos, de la soberanía marroquí en el Sahara Occidental, la restauración de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel y la pugna por el Sahel son factores de mayor profundidad, los cuales han ido moldeando el vínculo argelino-marroquí en el último tiempo.  

Si bien lo acontecido entre ambos países no tiene una relación directa con Israel, es evidente que el establecimiento de vínculos diplomáticos entre Marruecos e Israel traería consecuencias. Como se puede ver, el gobierno argelino ha usado, a su favor, el comodín israelí, para así basar su postura en un discurso con amplio respaldo popular (“ningún gobernante israelí ha dado instrucciones desde un país árabe”). Es así que se puede concluir que lo acontecido son los “efectos colaterales” de la movida diplomática marroquí de sumar apoyo en el asunto del Sahara Occidental. Básicamente, porque para contar con el respaldo de Estados Unidos, tuvo que asumir el riesgo de normalizar los nexos con Israel. Si bien el momento elegido (en plena pandemia y, por ende, con movilidad reducida) y la histórica relación entre Marruecos y el judaísmo impidieron grandes manifestaciones, tarde o temprano habría repercusiones por el acercamiento entre Marruecos e Israel.

También es fundamental comprender que la ofensiva de Argelia llega en un momento especial. Primero, porque, en diciembre pasado, Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos en el Sahara Occidental, algo que, sin el mismo tono, fue continuado por Joe Biden, nuevo presidente estadounidense. Luego, aquella decisión trajo una serie de consecuencias. Primero, a Marruecos no le gustó la postura adoptada por Alemania y España después del reconocimiento realizado por Estados Unidos. Mientras Alemania convocó al Consejo de Seguridad de la ONU, España no hizo declaraciones especiales sobre el asunto y no cambió su postura sobre el conflicto del Sahara Occidental. Esto trajo consigo problemas en las relaciones diplomáticas con Marruecos, lo cual se agravó por otros factores. En el caso de España, el lío producido por el ingreso de Brahim Ghali inflamó al máximo los vínculos hispano-marroquíes, mientras que, recientemente, un artículo publicado por Isabelle Werenfels -investigadora del SWP, un think tank alemán- también causó molestia en Marruecos. Sin embargo, muchos creen que el verdadero conflicto tiene que ver con la disputa por los límites marítimos entre España y Marruecos. Esto último, luego que, en enero de 2020, Marruecos delimitara su mar territorial en las cercanías de las islas Canarias. Al respecto, cabe mencionar que, en 2016, se descubrieron grandes yacimientos mineros -de cobalto, litio y telurio, entre otros- en el fondo marino de dicha zona. Estos minerales representarían cerca del 10% mundial y por eso habrían generado tanto interés en Alemania y España. ¿Por qué Alemania? Básicamente, pues los necesitaría para fabricar las baterías de los autos de lujo que actualmente produce. Este sería, entonces, el principal motivo de la disputa de estos países con Marruecos. Dejando a un lado esto, es evidente que Argelia tomó noto de lo que estaba ocurriendo y aprovechó esta “pérdida de sintonía” de Marruecos con España y Alemania, para así avanzar y romper las relaciones diplomáticas con Marruecos. De todas maneras, la estrategia quizás no entregue los resultados esperados por la diplomacia argelina, pues Marruecos y España anunciaron el fin de las hostilidades y han iniciado un proceso de acercamiento.

La situación interna de Argelia es otro elemento a tomar en cuenta. El movimiento Hirak lleva más de un año y medio protestando, a lo cual se suma la pandemia del covid-19, las históricas confrontaciones con ciertos grupos o regiones, el estancamiento económico y la cuestionada institucionalidad democrática del país. Estos factores han generado un contexto de fragilidad para el gobierno de Tebboune, el cual sigue contando con el apoyo de los militares, pero no tiene un gran respaldo popular. En este punto, hay que decir que no se trata del caso específico del actual presidente, sino que hay un rechazo colectivo al sistema imperante. Una demostración de aquello fue la bajísima tasa de participación (23,02%) en las últimas elecciones legislativas. Así, con tantos frentes con los cuales lidiar, la carta nacionalista siempre viene bien. Además, el gobierno argelino aprovechó los incendios provocados en el norte del país y, particularmente, en Cabilia, para generar enemigos. Tras apuntar a Rachad, movimiento islamista, y al MAK, el gobierno argelino también acusó a Marruecos e Israel de estar detrás de los siniestros ocurridos. En este contexto, la guinda de la torta fue romper los vínculos con Marruecos, acusándolo de atentar contra la seguridad interna y los intereses de la nación.

En paralelo, no se debe olvidar que Argelia está intentando recuperar el terreno perdido, a nivel diplomático, durante la parte final de la era de Abdelaziz Bouteflika. Sobre esto último, los notables avances de Marruecos en África -específicamente en el asunto del Sahara Occidental- y la irrupción de otros países (Ejemplos: Emiratos Árabes Unidos y Turquía) en el Magreb y el Sahel (zona de alto interés geopolítico para Argelia), provocaron cambios en la diplomacia argelina. Por eso, la ruptura de las relaciones con Marruecos obedece a la necesidad, por parte de Argelia, de buscar o, más bien, de definir aliados y rivales en África. Ante la apertura de diversos consulados en el Sahara Occidental y debido a los progresos de Marruecos en sus vínculos con estados que históricamente han estado a favor del Polisario o de Argelia (Ejemplos: Rwanda, Etiopía y Nigeria), Abdelmadjid Tebboune sabe que su país se encuentra en una posición desfavorable. En resumen, Argelia tiene como gran objetivo recuperar el terreno perdido en África, en general, pero, particularmente, en el Sahel. A eso, suma la imperiosa necesidad de indagar en nuevos campos de batalla diplomática, como el Mediterráneo y el Cuerno de África. Una demostración de aquello ha sido la propuesta de mediación en el conflicto del Gerd, aunque, por ahora, sin la respuesta deseada por el gobierno argelino.

Si bien parece poco probable un conflicto armado, habrá que poner atención a una eventual escalada, la cual podría plasmarse con una disputa diplomática más abierta y más agresiva, especialmente en África. Esto podría agravarse en algunos años más, específicamente en 2023, cuando Francia, supuestamente, habrá terminado el proceso de retiro de todas sus tropas del Sahel. En paralelo, el Cuerno de África podría ser otro frente de batalla diplomática entre Argelia y Marruecos, a lo cual habrá que sumar, eventualmente, el espacio Mediterráneo. Los vínculos con los países del Golfo Arábigo y la política africana de Israel -la cual cuenta con el apoyo de Marruecos- también debiesen moldear la relación argelino-marroquí y podrían ser un foco de tensión. Otra región donde ha existido un choque entre ambas partes es América Latina, pero su relevancia es menor en comparación con el escenario africano. De todas maneras, es probable que la disputa diplomática entre Argelia y Marruecos también se intensifique en América Latina, aunque, a diferencia de África, la confrontación depende, casi exclusivamente, de los cambios de gobierno que ocurren en la región y no de otros factores.

La situación de Libia merece un párrafo aparte, ya que aquí se está desarrollando una pugna diplomática entre Argelia y Marruecos. Este último ha tenido un activo rol, el cual, además, ha sido bastante positivo. De hecho, la iniciativa de Skhirat ha dado frutos y, como demostración, en la última reunión llevada a cabo en Marruecos ambas facciones libias firmaron un acuerdo para realizar elecciones presidenciales a fines de año. La importancia de la mediación marroquí adquiere un valor aún más grande si se toma en consideración que la Cumbre de Berlín no logró grandes resultados. Esto último ha sido, sin dudas, un triunfo de la diplomacia marroquí y una derrota para Argelia y Alemania.

Acerca de quién gana o pierde en esta ocasión, ninguno verá afectado sus grandes intereses, pero igual habrá algunas leves pérdidas. A nivel comercial, los intercambios intermagrebíes son escuálidos y casi insignificantes, mientras que la integración magrebí está estancada hace décadas. A nivel diplomático, las dudas deberían estar puestas en la postura que podría tomar Alemania, pues ha tenido un comportamiento algo proclive hacia Argelia. Sin embargo, Marruecos puede contar con la excelente relación con el Reino Unido y Francia, a lo cual suma el apoyo de Estados Unidos y la obligatoria complementariedad con España, país con el cual ya se produjo un descongelamiento. Ambos se necesitan y, al menos en esta ronda, ha primado la cordura diplomática. Donde sí habrá un perdedor será en el asunto de los recursos, pero solo si se confirma, finalmente, que Argelia dejará de transportar gas (hacia España) por medio del gasoducto Maghreb-Europe. Si se cumple lo que se ha estado informando (que Argelia dirigirá todos sus envíos de gas a España por medio del gasoducto Medgaz), entonces Marruecos habrá sufrido una derrota en el campo de los recursos energéticos (afectaría, principalmente, a dos plantas energéticas ubicadas en el norte del país, que representan el 12% de la electricidad consumida) y, por ende, en sus arcas (aunque no superaría el 1% del presupuesto anual). Empero, aunque los efectos serán relevantes, en el mediano y largo plazo podrían ser absorbidos por Marruecos, especialmente por las exploraciones de gas que ya se están desarrollando, la opción de invertir en infraestructura para el gas licuado y porque se está apostando a la construcción del gasoducto de África Occidental, que conectará a Nigeria con Marruecos y, desde este último, pasará gas hacia España y Europa. También, la medida de desechar al gasoducto Maghreb-Europe choca con las capacidades de uno y otro gasoducto. Mientras Maghreb Europe tiene una capacidad de pasar 13.000 millones de metros cúbicos (m3) por año, Medgaz posee una capacidad de 8.000 millones de m3 anuales y, aunque a finales de 2021 sería aumentada, solo llegaría a 10.000 millones por año.  Otro dato a tomar en cuenta es que España y Portugal, pero principalmente el primero, se podrían ver perjudicados por la decisión de no transportar gas a través del gasoducto Maghreb-Europe, lo cual deja en claro que no es un asunto bilateral, sino que, como mínimo, entre tres partes (Argelia, España y Marruecos). Finalmente, si bien Marruecos podría perder una parte de su consumo interno de gas, que no sería superior al 10%, esto también traería como consecuencia una baja en los ingresos, por venta de gas, para Argelia. En resumen, la opción de desechar al gasoducto Maghreb Europe puede parecer un “buen castigo” para Marruecos, pero también significaría un perjuicio para Argelia. Por ende, es probable que esta medida no se concrete ahora, pero, en el mediano o largo plazo, dependiendo de la capacidad de Medgaz, podría ser un foco de tensión. Esto último va en línea con la decisión de Mohammed VI de poner énfasis en la construcción del gasoducto Nigeria-Marruecos.

Al momento de analizar la relación entre Argelia y Marruecos, se debe tomar en cuenta que ambos estados tienen un historial de disputas y el vínculo tiene una densidad que va más allá del conflicto del Sahara Occidental. Desde la independencia de ambos países, la relación se ha basado en aspectos como disputas ideológicas, lucha por los recursos, influencia en África, problemas limítrofes y modelos de desarrollo muy diferentes e, incluso, escasamente complementarios. Así las cosas, la ruptura de los nexos diplomáticos es algo a tener en consideración, pero tampoco adquiere la relevancia que tendría en otro contexto o, más bien, en otro historial entre ambas partes. La relación argelino-marroquí ha estado marcada por la irregularidad, con momentos de expansión y contracción, pero siempre dentro de ciertos márgenes. Por eso, no existen argumentos, hoy, para pensar que en el corto y mediano plazo pueda cambiar la tendencia histórica del vínculo. Eso sí, será interesante ver cómo se desarrolla esta pugna en el Magreb post-2011, ya que Libia solía jugar un importante rol en el Magreb (y el Sahel), pero ahora, con su precaria situación interna, la influencia libia es casi inexistente. Habrá que ver quién toma ese vacío de poder y, en el mediano o largo plazo, será motivo de análisis la postura que pueda apostar la Libia post-Ghaddafi.

La situación actual disminuye las probabilidades de conseguir una solución al conflicto del Sahara Occidental y lo esperable es que las posturas se alejen aún más. En este sentido, lo lógico sería que se continúe con la tendencia de las declaraciones cruzadas, las cuales han adquirido un mayor protagonismo en las últimas semanas. Al respecto, no se debe olvidar que las relaciones entre Argelia y Marruecos han pasado por momentos álgidos (1963, 1976 y 1994, entre otros), pero desde 1988 no se había consolidado la ruptura de los vínculos diplomáticos. Desde esta perspectiva, no se debe caer en un alarmismo exagerado, pero tampoco se le debe bajar el perfil a un hecho que, más allá de su real impacto, refleja el fracaso de la Unión Africana, la ONU, la Unión del Magreb Árabe y, por supuesto, de Argelia, Marruecos y el Polisario. 


[1] Esto, por las declaraciones realizadas, el 11 de agosto de 2021, por el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Yair Lapid, quien durante su visita a Marruecos expresó que le preocupaba el rol regional de Argelia, que, como nunca antes, está muy cerca de Irán y que lidera campaña contra la admisión de Israel como miembro observador de la Unión Africana”.

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Marruecos-Polisario: ¿un nuevo episodio militar en el Sahara?

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Marruecos-Polisario: ¿un nuevo episodio militar en el Sahara?

Fecha 15/11/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Durante el 12 y 13 de noviembre, las Fuerzas Armadas Reales (FAR) de Marruecos llevaron a cabo la misión de destrabar el conflicto que venía gestándose desde el 21 de octubre, día en el cual manifestantes saharaouis, provenientes del territorio bajo control del Polisario, realizaron un bloqueo de la ruta en la zona tampón de Guerguerat. Tras cerca de tres semanas y media de incertidumbre, el rey Mohammed VI tomó la determinación de poner fin a esta situación. Sin embargo, ¿qué pasó y por qué ocurrió esto?

Raimundo Gregoire Delaunoy |  13 de noviembre de 2020

Los choques entre el Polisario y Marruecos no son una novedad y, de hecho, siempre hay movimientos a nivel mediático y diplomático. Sin embargo, desde el cese al fuego, firmado en 1991, ninguna crisis había escalado al nivel de generar una confrontación armada. De hecho, el conflicto de 2017 logró resolverse gracias a la mediación de Antonio Guterres y sin ataques por parte de ambos bandos.

Esto se mantuvo hasta la noche del 12 de noviembre y la madrugada del 13 del mismo mes, momento en el cual las fuerzas militares marroquíes procedieron a establecer un cordón de seguridad, para así permitir la libre circulación de personas, bienes y vehículos de transporte. Afortunadamente, no hubo muertos, ni tampoco heridos, y, de hecho, todo indica que los militares marroquíes se encargaron de dispersar a los manifestantes poniendo énfasis en su seguridad. Luego, según informaron diversos medios locales y argelinos, se habrían producido pequeños intercambios entre los efectivos del Polisario y de Marruecos, aunque sin grandes consecuencias. Durante la jornada del viernes 13 de noviembre, el gobierno de Marruecos dio por terminada la operación militar y se jactó de haber finalizado el asunto sin heridos, ni fallecidos.

(Agencias)

Más allá de este hecho, cabe preguntarse por qué sucedió este enfrentamiento. Al respecto, se podrían esgrimir las históricas variables, pero queda la impresión que lo de esta ocasión fue por las actuales coyunturas. En este sentido, vale la pena revisar, brevemente, qué ha pasado en los últimos meses. Para hacer esto, qué mejor que una revisión de la línea cronológica de eventos.

Cronología de hechos de los últimos tres meses

25 de agosto: El Polisario relanza su proyecto de población del territorio al este del muro de las arenas.

29 de septiembre: El Polisario rechaza los dichos de Pedro Sánchez, jefe de gobierno de España, sobre el Sahara Occidental. Se le acusó de apoyar la postura marroquí al realizar un discurso en la Asamblea General de la ONU.

2 de octubre: Antonio Guterres publica un nuevo reporte sobre el Sahara. Un día después, afirmó que sigue convencido que se puede alcanzar una solución pacífica.

7 de octubre: El Polisario declara que el reporte de Guterres no refleja la realidad del Sahara. El mismo día, Italia declara que le da la bienvenida a los serios y creíbles esfuerzos de Marruecos.

12 – 14 de octubre: Se realizan dos reuniones técnicas del Consejo de Seguridad de la ONU, como preparación para la resolución que se adoptará el 28 de octubre.

16 de octubre:  El Polisario amenaza con establecer relaciones de defensa mutua con estados africanos.

20 de octubre: Jordania reitera su apoyo al plan de autonomía propuesto por Marruecos. La Alianza del Pacífico también expresa lo mismo.

21 de octubre: Guinea-Bissau abre un consulado en Dakhla y firma cuatro acuerdos de cooperación con Marruecos. El mismo día, “decenas de civiles saharaouis” bloquean Guerguerat, una especie de zona tampón que une Nouadhibou (Mauritania) con las provincias del sur marroquíes (Sahara Occidental).

22 de octubre: República Centroafricana reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara. Bahrein expesa su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Marruecos. A su vez, Yemen valora los esfuerzos de Marruecos por encontrar una solución perduradera.Por último, Eswatini expresa su apoyo a la propuesta de autonomía y a la marroquinidad del Sahara.

23 de octubre: Arabia Saudita reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara y al plan de autonomía propuesto por Marruecos. En la misma línea, Gabón declara que el plan de autonomía  es la “solución de compromiso por excelencia”. Guinea-Bissau vuelve a decir que apoya en forma permanente la marroquinidad del Sahara. En este mismo día, Burkina Faso, Guinea Ecuatorial y Guinea-Bissau abren consulados en la ciudad de Dakhla.

24 de octubre: Malawi afirma que se debe llegar a una solución enmarcada en la integridad territorial de Marruecos. Islas Comoras reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara y al plan de autonomía, en tanto que Emiratos Árabes Unidos reconoce la marroquinidad del Sahara y la integridad territorial de Marruecos. En paralelo, Burundi expresa que mantener el diferendo “por el Sahara marroquí” entrave la integración magrebí. República Centroafricana, Kiribati, Guinea y tres países caribeños (Dominica, Santa Lucía y Antigua y Barbuda) realizan declaraciones similares, entregando su apoyo a Marruecos.  Zambia inaugura su embajada en Rabat y anuncia una pronta apertura de un consulado en Laayoune. El Polisario amenaza con retomar las armas.

26 de octubre: Chad reitera que rompió relaciones con la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD) en 2006.

27 de octubre: Emiratos Árabes Unidos y Marruecos anuncian que el primero de ellos abrirá un consulado en Laayoune. El mismo día, Eswatini y Zambia inauguran sus respectivos consulados en Laayoune.

28 de octubre: Gabón reafirma su apoyo constante a la marroquinidad del Sahara.

30 de octubre: Estados Unidos anuncia que la iniciativa marroquí de autonomía es creíble, seria y realista.

30 de octubre: El Consejo de Seguridad de la ONU renueva por un año más el mandato de la Minurso.

1 de noviembre: Argelia expresa que no le teme a nadie.

2 de noviembre: Las carga pesquera, estimada en unas 200 toneladas, de cinco barcos gallegos se encuentra detenida, luego que manifestantes saharauis hayan mantenido el bloqueo por cerca de dos semanas.

4 de noviembre: Emiratos Árabes Unidos abre su consulado en Laayoune, mientras que Libia anuncia que hará lo propio en las próximas semanas. En la misma jornada, Argelia reitera su constante postura a favor de la autodeterminación del pueblo saharaoui.

5 de noviembre: Djibouti respalda el plan de autonomía propuesto por Marruecos.

6 de noviembre: Diversos medios informan que prontamente se abrirán más consulados en Laayoune y Dakhla. Dentro de los posibles candidatos, aparecen países del Golfo Pérsico, pero incluso se menciona a otros como Jordania.

10 de noviembre: El Polisario amenaza con romper el cese al fuego, establecido en 1991 y que, desde entonces, ha sido respetado por ambas partes.

11 de noviembre: El gobierno de Mauritania anuncia que sus fuerzas militares habían reforzado sus posiciones en la frontera con el Sahara Occidental.    

12 de noviembre: Se intensifican los movimientos en la zona controlada por el Polisario. Se llama a los saharaouis a manifestarse. En paralelo, Gambia y Marruecos firmaron acuerdos de cooperación y el primero de ellos reitera su apoyo a la marroquinidad del Sahara. El mismo día, se informa que Sudáfrica intentaría realizar una mediación en el conflicto y que Argelia habría ordenado, a sus embajadores en América Latina, que activen su presencia en la región, para así defender al Polisario.

12 – 13 de noviembre: En la noche del 12 al 13 de noviembre, las Fuerzas Armadas Reales establecieron un cordón de seguridad, para así permitir la circulación de personas, camiones y vehículos por el paso de Guerguerat. Se informa que las fuerzas marroquíes respondieron a las provocaciones de las fuerzas militares del Polisario. Mientras Marruecos asegura que tres observadores militares y otros dos representantes de la ONU fueron testigos del incidente, Brahim Ghali, secretario general del Polisario, contactó a Antonio Guterres y le pidió una intervención de la ONU. Esto último, ante los supuestos ataques contra civiles realizados por los militares marroquíes.

Comentarios sobre lo ocurrido

Como se puede apreciar, Marruecos ha tenido importantes avances diplomáticos respecto del Sahara Occidental. En primer lugar, durante 2020, 16 países africanos abrieron o anunciaron la apertura de consulados en Dakhla y Laayoune, ciudades que se ubican en lo que las autoridades marroquíes denominan “provincias del sur”. Junto a esto, Emiratos Árabes Unidos inauguró un consulado el 4 de noviembre, mientras que Libia confirmó que también hará lo mismo.

En paralelo a lo anterior, ciertos países han vuelto a decir que la propuesta marroquí de autonomía es “seria”, “creíble” y “realista”, lo cual va de la mano con las últimas resoluciones elaboradas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Este último, parece ser que cada vez más se va ajustando a una solución “justa”, “duradera” y “realista”. Por ende, se puede concluir que en la ONU entienden que, por diversos motivos, la realización del referéndum es casi imposible. Primero, por lo difícil que sería establecer quiénes serían saharaouis y quiénes no lo serían. Además, es altamente probable que ninguna de las partes involucradas acepte el resultado final de un eventual referéndum de autodeterminación. Por último, en la parte administrada por Marruecos viven cerca de 600.000 personas, distribuidas en varias localidades y en ciudades de mediano tamaño como Laayoune (218.000 habitantes aproximadamente) y Dakhla (107.000). En paralelo, la postura marroquí no va a cambiar, en el sentido que ellos no se sentarán a negociar una salida que implique la pérdida del Sahara Occidental. En este contexto, la ONU, pero también muchos países, asumen que lo mejor es buscar una solución “justa”, “duradera” y “realista”.

Tampoco se debe soslayar que el Polisario ha seguido perdiendo apoyos y una demostración de aquello son las declaraciones de Chad y Guyana, países que en su momento reconocieron a la autodenominada República Árabe Saharaoui Democrática, pero que han anunciado el fin de dicho reconocimiento. Así es que, recientemente, Chad confirmó (el 26 de octubre) la ruptura de las relaciones con la RASD en 2006, mientras que Guyana declaró (el 14 de noviembre) que dejaría de reconocer a la RASD.­­ Si a fines de la década de 1980 el Polisario podía jactarse del apoyo de al menos 80 estados, hoy la cifra se sitúa entre 27 y 30.

Relacionado con lo mencionado en los anteriores párrafos, se ha especulado con el eventual establecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel. Si bien esto parece improbable en el corto e incluso mediano plazo, no sería extraño que ciertos países comiencen a realizar gestos diplomáticos a Marruecos, para que este último tome la decisión de generar nexos con Israel. Es así que se espera que otros estados del “mundo árabe” sigan los pasos de Emiratos Árabes Unidos (primer país del Golfo Arábigo y del Consejo de Cooperación del Golfo que cuenta con un consulado en el Sahara Occidental) y Libia (primer  país del Magreb que anunció la apertura de una misión diplomática en el Sahara Occidental). En esta línea, cabe destacar que Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar expresaron su apoyo a Marruecos por la operación militar desarrollada en Guerguerat y, al mismo tiempo, rechazaron la “provocación” del Polisario.

Por último, el Polisario siempre ha contado con el apoyo de Argelia, pero este último se encuentra en un complicado momento. El movimiento Hirak, que comenzó en febrero de 2019 y sigue activo, mantiene sus demandas sociales y pide cambios en la institucionalidad democrática del país, a lo cual se suma la desconfianza de la ciudadanía respecto de la clase política argelina. Una demostración de esto último fue la baja participación en el referéndum constitucional ocurrido el 1 de noviembre, en el cual votó cerca del 27% del electorado. En paralelo, el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, sufrió el contagio de Covid-19 y, tras ser internado en un hospital militar argelino, fue trasladado a Alemania. En dicho país ha permanecido hospitalizado y su estado de salud es una incógnita. Si bien se había anunciado una mejoría de su estado de salud, en los últimos días se ha difundido que su situación se habría agravado. Más allá de esto, Argelia nuevamente se ve enfrentado a un vacío de poder, lo cual podría ser aún peor en caso que el actual mandatario no pudiese retomar sus funciones en el corto plazo. En este contexto, se ve poco probable que Argelia desee un conflicto armado en sus propias fronteras, especialmente porque atraviesa por una crisis económica, la cual se agravó por la pandemia del Covid-19.

Además, el conflicto de Malí, que tiene implicancias para Argelia, es otra preocupación para el gobierno argelino y, por lo mismo, sumar más inestabilidad política y social en la región sería catastrófico para Argelia, pero también para todo el Magreb, el Sahel e incluso África Occidental.

En resumen, todo apunta a que, en un acto de desesperación, el Polisario intentó militarizar un conflicto que, aunque sigue existiendo, desde 1991 se había mantenido dentro de ciertos márgenes razonables, es decir, privilegiando la paz de la región y la estabilidad de los países involucrados. En este escenario, la respuesta marroquí fue un acierto del rey Mohammed VI, ya que dispersó a los manifestantes, desbloqueó la ruta y, tal cual se informó el sábado 14 de noviembre, el paso fronterizo de Guerguerat volvió a funcionar con normalidad. Así, el Polisario no logró que Marruecos cayera en la trampa e iniciara un feroz ataque que pudiese generar una escalada del conflicto. Así las cosas, Marruecos se anotó un triunfo diplomático, mientras que el Polisario sumó un nuevo traspié.

Ahora, habrá que ver lo que ocurra en los siguientes días, aunque el Polisario sabe que no puede plantear una guerra en la cual, además de perder militarmente, podría generar la muerte de civiles. Eso sería un desastre para el Magreb, África y, finalmente, para países europeos del Mediterráneo como España, Francia e Italia. Si el Polisario realmente quiere alcanzar una solución, debe dejar las armas y tiene que buscar un acuerdo con Marruecos. Esto último, con la mediación de la ONU, pero, idealmente, por medio de una solución generada y consensuada en el Magreb. La experiencia de Libia, donde gracias a las negociaciones desarrolladas en Marruecos y Túnez se ha logrado establecer la fecha de las próximas elecciones, debería ser tomada en cuenta.

Raimundo Gregoire Delaunoy
raimundo.gregoire@periodismointernacional.cl
@Ratopado

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

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Implicancias del cierre de la Embajada de Chile en Argelia

Fecha 10/06/2020 por Raimundo Gregoire Delaunoy

Hace unos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile dio a conocer la noticia del cierre de las misiones diplomáticas chilenas en Dinamarca, Grecia, Rumania, Siria y Argelia. Fue una noticia que generó sorpresa, pues no hubo mayores explicaciones por parte de la cancillería de Chile. De hecho, la información se difundió a través de un medio nacional. Más allá de esto, ¿qué se puede analizar de la decisión de cerrar la Embajada de Chile en Argelia?

Raimundo Gregoire Delaunoy | 9 de junio de 2020

Antes de vislumbrar las proyecciones del asunto, es necesario recordar que África tiene una mínima importancia para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Minrel) y esto ha sido la tendencia histórica en la diplomacia chilena. Actualmente, el estado chileno tiene apenas siete representaciones en territorio africano, que son las embajadas en Argelia, Egipto, Marruecos (norte de África), Ghana (África Occidental), Kenya, Etiopía (Cuerno de África) y Sudáfrica (África Austral). Si proporcionalmente ya parece insuficiente (solo hay misiones diplomáticas en siete de los 54 estados africanos), se debe agregar que la Embajada de Chile en Etiopía en realidad se cuelga de la presencia chilena en la ONU y responde, más bien, a la necesidad de tener presencia en un organismo internacional. La situación en Kenya es bastante similar, mientras que en Ghana y Marruecos se comparte la sede diplomática con Colombia. En resumen, es evidente que la política exterior chilena no le da mucha importancia, ni recursos, a su proyección en África.

Ahora, dentro de este contexto, es importante revisar, brevemente, cómo ha sido el historial diplomático de Chile con el Magreb. Al respecto, el puntapié inicial fue en 1961, cuando Chile estableció relaciones diplomáticas con Marruecos y Túnez, situación que repitió con Argelia, en 1962, al reconocerlo como un estado independiente. En 1963, Chile nombraría embajadores en Argelia y Túnez, mientras que en Marruecos optó por tener un encargado de Negocios. A su vez, en 1964, Argelia nombraría a su primer embajador en Chile. Cabe mencionar que el estado chileno inició sus nexos diplomáticos con Mauritania en 1965, en tanto que con Libia lo hizo en 1971. Como se puede ver, Chile tuvo un cierto interés en generar vínculos con estos nacientes países, pero no pasó de ser un gesto inicial.

En el caso de Marruecos, la primera embajada chilena residente se estableció en 1977, pero poco tiempo después sería cerrada y recién en 1998 volvería a abrir. Argelia y Chile vivieron una “luna de miel” entre 1970 y 1973, pero los nexos entre ambos estados se cortarían tras el golpe de estado militar ocurrido en Chile. En cuanto a Túnez, dicho país pareció tener mayor relevancia estratégica para Chile, especialmente en la década de 1960, pero poco a poco perdió peso. Con el regreso de la democracia a Chile, en 1990, las cosas cambiarían. Así fue que Argelia y Chile retomarían sus nexos, Marruecos y Chile los estrecharían y, por contrapartida, Chile anunciaría, en 2000, el cierre de su misión diplomática en Túnez. Quedaba claro, entonces, que la política chilena apostaría por los dos grandes del Magreb, es decir, Argelia y Marruecos.

Sin embargo, aquello tampoco sería un gran cambio, pues durante el siglo XXI la diplomacia chileno estuvo enfocada en sus históricos vínculos y también en otros emergentes. Estos últimos, principalmente, comerciales. Es así que Chile comenzó, en la década de 1990, su apuesta por la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) y, en este sentido, se enfocó en potencias con las cuales ya tenía buenos nexos (Europa y Estados Unidos), pero también en mercados emergentes como Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y otros países asiáticos (especialmente del Asia-Pacífico y Sudeste Asiático). En este escenario, remarcando el nulo interés por África, no se firmaron TLC con países africanos, ni tampoco acuerdos de otra índole.  En lo político, el asunto tampoco se modificó mucho.

Algunos datos sobre la relación diplomática entre Chile y el Magreb

La relación entre las dos partes ha sido poco densa e, incluso, con un comportamiento irregular. Argelia y Marruecos concentran casi toda la actividad del vínculo entre Chile y sus pares magrebíes, dejando en un segundo plano, bastante irrelevante, a Libia, Mauritania y Túnez. De hecho, tomando en consideración la información oficial publicada en las Memorias del Minrel -la cual llega hasta 2017-, en los últimos diez años los números son contundentes. En este sentido, la agenda bilateral Chile-Magreb muestra que entre Argelia y Marruecos suman el 88.79% del total de hitos durante el período 2008-20017. [1] Si bien la actividad diplomática de Chile con estos dos estados es bastante pareja, con Marruecos parece ir adquiriendo algo más de peso. Esto se refleja, por ejemplo, con el hecho de que, en los últimos cinco años, Marruecos concentra 26 hitos, en tanto que Argelia llega solo a 15.

Lo mencionado anteriormente también se ve reflejado en los acuerdos, de diversa índole, firmados entre Chile y sus pares magrebíes. Si con Argelia tiene dos tratados, con Marruecos llega a siete. Esto demuestra, por un lado, que las relaciones con los dos principales países magrebíes no tienen mucha densidad y que, por el otro lado, Marruecos ha ido generando un mayor acercamiento. La puesta en marcha del Centro Cultural Mohammed VI para el Diálogo de las Civilizaciones, por más que el proyecto parezca estar estancado, y la visita del rey Mohammed VI, en 2004 y que fue la primera de un monarca de un “país árabe” a Chile, parecen consolidar que Marruecos tomó la delantera respecto de sus vecinos magrebíes.

En cuanto al comercio, durante el período 2013-2018, Chile registra una balanza comercial de 41,4 millones de dólares con Argelia, mientras que con Marruecos es de 97,2 millones de la divisa estadounidense. Además, se debe mencionar que hace algunos años hubo acercamientos para analizar la factibilidad de un TLC entre Chile y Marruecos, lo cual confirma que el nexo con los marroquíes parece ser más atractivo para la parte chilena.

El enredo del Sahara Occidental

Si hay algo que le importa por igual a Argelia y Marruecos, aquello es el asunto del Sahara, un conflicto que sigue impidiendo la unidad magrebí, pero que, en términos diplomáticos, es uno de los pilares de la política exterior de ambos estados. En este contexto, pensar que América Latina o, si se prefiere, Sudamérica quedarían fuera de aquello sería un error. Para Argelia y Marruecos son más importantes otras regiones del mundo, pero la lucha diplomática por el Sahara Occidental no cesa.

Al respecto, América Latina tiene una importancia histórica, ya que, en el pasado, muchos países de la región apoyaron al Polisario e incluso llegaron a reconocer a la autodenominada República Árabe Saharawi Democrática (RASD). Sin embargo, con el paso del tiempo, Marruecos fue ganando terreno en el subcontinente latinoamericano. Tanto así, que si hace algunas décadas el Polisario contaba con el sustento de 29 estados latinoamericanos y caribeños, hoy solo diez mantienen dicha postura[2]. Además, Argentina, Brasil y Chile, tres importantes países de la región, nunca reconocieron a la RASD, ni tampoco se pusieron del lado del Polisario. Hoy, el apoyo regional que conserva el Polisario se encuentra muy amenazado, ya que se basa, principalmente, en un asunto ideológico. Esto último se relaciona con gobiernos que adhirieron a la revolución bolivariana iniciada por Hugo Chávez y que, entre otras cosas, retomaba ciertas fidelidades o lealtades diplomáticas generadas en la época de la Guerra Fría. En resumen, es un asunto ideológico, lo cual puede variar con la caída de los actuales mandatarios. Es lo que ocurrió, en enero del presente año, con Bolivia, ya que tras la caída de Evo Morales -uno de los firmes sustentos de la revolución bolivariana- el nuevo gobierno optó por romper relaciones con la RASD. Esto permite concluir que los apoyos de Cuba, México y Venezuela podrían correr riesgo. Junto a eso, en Ecuador y Panamá se han visto posturas ambiguas y cambiantes, lo cual demuestra que el terreno latinoamericano podría cambiar y empeorar para el Polisario y, por ende, Argelia.

¿Por qué Chile tomó la decisión de cerrar su misión diplomática en Argel?

Comprendiendo el contexto que rodea a las relaciones entre Chile y los estados magrebíes, quizás se pueda tener más claridad a la hora de intentar entender cuál fue el motivo que llevó al gobierno chileno a bajar la cortina de la Embajada de Chile en Argelia.

Oficialmente, fue para bajar los gastos -el estado chileno se ahorraría entre 3.000 y 4.000 millones de pesos anuales por el cierre de las cinco misiones diplomáticas en cuestión-, pero quedan algunas dudas. Primero, hace años que se escucha, en los pasillos del Minrel, pero también en los medios, que la política exterior y la diplomacia chilena están en “modernización” o “restructuración”. Sin embargo, todavía no queda claro cuál es ese nuevo paradigma, ni tampoco cuáles serían sus pilares. Básicamente, se mantiene la tradicional postura de participación en foros internacionales, de apego al multilateralismo, de consolidar los vínculos económico-comerciales y de respetar al derecho internacionales. Sobre África, se han hecho algunos tímidos anuncios, pero casi ninguno se ha concretado (salvo algunos acuerdos y acercamientos con pocos estados). Es así que vuelve a aparecer la pregunta, es decir, ¿por qué se cerró la Embajada de Chile en Argelia?

Por ahora, habría que asumir que fue por un costo económico, pero que esto último va asociado a una decisión política -y esto sí es una novedad- de restarle relevancia a Argelia y de consolidar a Marruecos como polo en el norte de África. De hecho, en entrevistas o artículos publicados en medios se puede apreciar que las autoridades chilenas suelen referirse a Marruecos como una “puerta de entrada hacia África”. Además, Marruecos ingresó, como observador y en 2014, a la Alianza del Pacífico.

En los últimos años, Chile ha confirmado su apoyo a la resolución pacífica, acorde a los formatos y las decisiones de la ONU, del conflicto del Sahara Occidental, pero parece ser que, poco a poco, comienza a inclinarse hacia el plan marroquí. Es así que, en enero de 2018, la Cámara de Diputados de Chile reiteró que considera a la propuesta marroquí (de autonomía para el Sahara) como un “esfuerzo serio y creíble”.

En resumen, el cierre de la Embajada de Chile en Argel debe ser visto como una decisión administrativa, pero que, en el fondo, refleja una intención política. Ambos estados (Argelia y Marruecos) están involucrados en un conflicto y, por más que Chile no tenga un rol relevante en dicho asunto, cerrar la misión diplomática chilena en uno de esos países genera un nuevo escenario político y diplomático. Es muy probable que a Argelia le preocupe lo ocurrido, pues Chile se aleja de su postura en el asunto del Sahara, pero tampoco es que pierda tanto. Al contrario, Marruecos sí puede considerar como un triunfo de su diplomacia este gesto chileno. La unión de distintas señales permite concluir que esto sea, quizás, parte de una nueva postura del estado chileno. Sin embargo, también puede que sea un mero hecho administrativo que refleje el descuido de la diplomacia chilena respecto de sus pares. Todo esto se esclarecerá cuando se comunique cuál será la nueva política exterior de Chile y, particularmente, en el contexto africano.

Por último, tal vez sea momento que Argelia revise su política exterior, ya que durante los últimos años del gobierno de Abdelaziz Bouteflika sufrió diversos reveses diplomáticos. Argelia es un referente africano, pero ha perdido peso e influencia en África y en otras regiones. A la inversa, la diplomacia marroquí ha estado muy activa y eso le ha significado avanzar en el asunto del Sahara, pero, aún más importante, recuperar espacios en África y América Latina y el Caribe.


[1] Elaboración propia, basándose en la información obtenida en las Memorias del Minrel.

[2] Cuba, Ecuador, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela son los únicos estados que mantienen el apoyo. A la inversa, los países que se alejaron de dicha postura son Antigua y Barbuda, Bolivia, Barbados, Colombia, Costa Rica, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Haití, Jamaica, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía y Suriname.

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